A/N: Como ya comenté en el fic Bajo la lluvia, depues de unos años regreso para completar los fics que había dejado sin terminar en caso de que alguien esté interesado en leerlos. No están demasiado revisados, así que perdonad si hay algún error.

Siempre se agradecen los reviews, ya que son fics que en su momento llevaron mucho tiempo. Gracias a quien los lea.

Disfrutad!


Después de mucho papeleo y muchas charlas con el sheriff y otros, la conclusión fue la misma. Las pruebas habían sido robadas y probablemente destruidas. Analizamos las cámaras de vigilancia, la caja de pruebas, quien entró, quien salió…Todo, y no encontramos nada sólido. Era como si hubieran desaparecido sin más.

Habían pasado ya dos días y aunque lo odiara, había estado más tiempo en el trabajo que en casa con Sara. Ella sabía y entendía perfectamente como era esto. No le quise mencionar nada sobre Shelton; estaba seguro de que sería peor. Simplemente le conté más o menos el caso, pero sin entrar en detalles escabrosos y por supuesto se lo dije porque ella insistió.

Aún así parecía que el caso iba avanzando. No teníamos ni idea del paradero de Scott, pero Matt, el marido, nos había servido de ayuda. Al parecer habían sido socios en un pasado, Matt dejó el negocio por los pocos beneficios que obtenía y Shelton no se lo tomó muy bien. Tuvieron varias disputas que acabaron con la nariz rota de Matt. Ahí fue cuando su relación concluyó.

También pudo hablarnos de Kate, la mujer de Shelton. Liz, la esposa de Matt, y ella habían sido amigas muy íntimas.

No nos pudo decir nada más, pero con eso y con las pruebas, Shelton era nuestro primer y único sospechoso.

Regresé a casa un día más, agotado y deseando echarme junto a mi esposa y disfrutar de su compañía que parecía ir desvaneciéndose a causa del maldito caso que me estaba consumiendo por dentro. Antes de este asunto, llegaba a casa y conseguía desconectar, olvidar y solo una cosa invadía mi mente: Ella.

Crucé la puerta con tranquilidad, esperando encontrar a Sara dormida en la habitación, pero sabiendo que estaría despierta.

"Gil…" En efecto ahí estaba, sentada en el sofá, esperándome.

"Cariño. Deberías estar descansando." Me acerqué a ella sin darle oportunidad a que se levantara.

"No puedo si no estas aquí." La abracé con la esperanza de que sintiera que estaba con ella y que siempre estaría.

"Lo siento, pero últimamente la cosa se esta poniendo difícil…" Odiaba hacerle esto. Odiaba estar encerrado en las paredes del laboratorio, pero lo que más detestaba de todo es que aún fuera, el trabajo no abandonaba mis pensamientos. Me sentía un ser egoísta y despreciable, pero sabía que tenía que hacer todo lo que estuviera en mi mano para detener a ese bastardo. Por la familia asesinada, por Kate… pero por encima de todos por Sara. Sabía todo lo que había sufrido en ese caso y el hecho de que supiera que Shelton estaba suelto, era algo que le afectaría más de lo que yo hubiera deseado.

"¿Es el mismo caso que me mencionaste?" Simplemente asentí, acariciando su cara y compartiendo mis labios con los de ella. "Bueno, ahora estas aquí y eso es lo que importa." Eso era lo que importaba realmente, poder volver a casa cada día y tener una vida junto a ella.

"¿Cómo estás? ¿Quieres algo?"

"¿Estás de broma? Quiero que descanses, quiero disfrutar de la compañía de mi marido, de sus abrazos, de sus caricias y de sus besos… ¿Crees que será mucho pedir?" Sabía que sus palabras no denotaban ningún doble sentido sexual, conocía su mirada y lo que podía llegar a decirme.

"Sabes que no. Siempre es un placer estar junto a ti y… junto a él." Dije acariciando su vientre, lo que formó sin duda alguna una sonrisa perfecta en su rostro. Una sonrisa que sólo era para mí. Era afortunado y adoraba poder devolverle esa sonrisa.

-o-

Allí estábamos de nuevo. Cath y yo tuvimos que volver al siguiente día a la escena del crimen para intentar buscar pruebas que vincularan a Shelton. Antes no habíamos sido tan minuciosos, ya que no sabíamos la relación del sospechoso con la familia.

En el coche fue Catherine la que dijo las primeras palabras.

"¿Qué tal está Sara?" Me giré por un momento para mirarla, pero pronto volví la vista a la carretera. No estaba seguro de si su pregunta era simplemente para entablar conversación, o porque de verdad se interesaba por ella. Tampoco quise averiguarlo.

"Bien, tu más que nadie sabrás lo que es un embarazo."

"Si lo se, pero también se que estos días has estado más ocupado."

"También es verdad, pero ella lo entiende más que nadie. Tiene el mismo trabajo…" El silencio se apoderó del ambiente hasta que Catherine dijo unas palabras que me costó llegar a creer.

"Ya sabes que si necesita algo, consejo o lo que sea puede llamarme." Le contesté con una pequeña sonrisa.

"Ya estamos aquí."

-o-

Yo me ocupé de la casa, mientras Catherine recorría más a fondo las calles del barrio y los alrededores de la vivienda.

Volví a entrar en ese lugar; el aire cargado de dolor y sufrimiento; el olor a sangre todavía permanecía en la casa y parecía que en alguna esquina se escondía el recuerdo de momentos felices, pero al observar mejor descubrías que sólo había oscuridad y desolación.

Subí al piso de arriba con la esperanza de poder encontrar algo que me fuera de utilidad.

La desesperación se había apoderado de mí hacía unos minutos al pasárseme por la cabeza la imagen de Shelton, fuera, libre… Tenía que hacer lo que fuese para meter a ese canalla entre rejas.

Y allí me encontraba de nuevo, en ese pasillo sin fin que me susurraba palabras en un idioma que no era capaz de comprender. Lo deseaba, lo deseaba con toda mi fuerza, pero era algo que escapaba a mí entender. Sabía que esa angostura tenía algo más que contarme, pero ignoraba por donde empezar.

Fui mirando concienzudamente cada recoveco de pared, suelo o techo que había en el camino a la primera de las habitaciones, donde había estado la niña de apenas 7 añitos. Entré en el dormitorio y después de un tiempo mirando con minuciosidad cada lugar, me pareció ver algo en el escritorio de la chiquilla. Me acerqué esperanzado.

Una pequeña gotita de sangre yacía entre un libro de matemáticas y la mesa. Diminuta y escondida, pero con ADN. Era prácticamente imposible que fuera de la niña, ya que estaba en un ángulo que las salpicaduras no podrían alcanzar, pero al fin y al cabo todo era posible.

Una vez hecho esto y con un poco más de confianza en las pruebas analicé la zona de debajo del escritorio con mi linterna. Fue entonces cuando me sonó el móvil y una pequeña sonrisa se apoderó de mi expresión.

"Hey cielo. ¿Cómo estas?"

"Bien. ¿Tu? ¿Mucho trabajo?"

"Más o menos, como siempre"

"Siento llamarte pero es que tenía una sensación rara en el estomago y…" Pronto me alarmé.

"¿El bebé está bien?"

"Si, si, no es por eso. No se, simplemente tenía una extraña sensación y quería llamarte. ¿Dónde estas?"

"Revisando la escena del crimen, por si algo se nos pasó por alto."

"¿Y es así?"

"Si…" Mientras hablaba con ella miré de nuevo cerca del escritorio en el suelo y ahí la vi de nuevo. Otra pequeña gotita de sangre. "Sara oye mira acabo de encontrar algo que no había visto antes. ¿Te importa llamarme dentro de un rato?"

"Vale. Luego te llamo." Colgué… sin decir adiós, sin decir nada. Estaba tan obcecado que no reparé en lo que había hecho, pero pensé que luego hablaría con ella y le explicaría la situación.

Me agaché para observar más de cerca la prueba y comencé a rociarla con Luminol. Seguí el procedimiento y fue al guardar la muestra de ADN cuando lo sentí. Una presencia tras de mí, no sabía que o quien era, pero lo que tenía claro es que había alguien más conmigo en la habitación. Imaginé que podría ser Catherine, pero era imposible que hubiera recorrido el barrio con tanta rapidez. Sólo me quedaba una opción…

Pero fui interrumpido…

Algo álgido y tembloroso descansó sobre mi pelo, nada más sentirlo supe sin lugar a dudas lo que era y quien era el que sostenía ese objeto del diablo. Una pistola apuntando directamente a mi cabeza y sustentada por Scott Shelton.

Fue entonces cuando sentí el final más cerca que nunca. Por una milésima de segundo recordé todo lo ocurrido con el secuestro de Nick, pero pronto una única imagen invadió mi mente. Sólo podía pensar en ella, en como quería recordarla, en lo que me perdería… Toda una vida olvidada, una vida rota…

"Levántate" Su voz… tan impasible y gélida, millones de escalofríos que entraban por mis oídos queriendo yo asimilarlos, pero sin éxito alguno.

Lo repitió de nuevo, esta vez con más firmeza e impetuosidad asestándome un pequeño golpe. Y regresé a la realidad. Era como si todos los momentos que había vivido, felices y apenados, se hubieran sucedido en mi mente como quien ve el trailer de una película. Era cierto eso que decían que antes de morir ves pasar toda tu vida por delante de tus ojos.

Me incorporé con suavidad y tembloroso, sabía lo que vendría después. Parecía que era capaz de escuchar y sentir el sonido de la bala que iba a ser liberada…

No podía…

Algo así no me podía pasar…

No dejaría a Sara de esa forma… Nunca.

Siempre había cumplido mis promesas y ahora más que nunca deseaba cumplir aquella que hice una tarde de otoño junto a la mujer que amaba en el sofá cuando aún era todo perfecto.

"Espera" Esas fueron mis palabras; las únicas que logré confeccionar en el interior de mi mente que aún se debatía entre la vida y la muerte. Y entonces oí un pequeño "clic" a mis espaldas, cerré los ojos, pero nada ocurrió, seguía allí, de pie, mirando a la pared ensangrentada del dormitorio de la niña.

Estaba vivo…

Pero de nuevo percibí esa sucia voz a mis espaldas.

"¿Sabes quién soy?"

"Si…" Él rió.

"Bien. Veo que ya te has informado. No esperaba menos de ti." No dije nada, permanecí en silencio, haciéndole creer que controlaba la situación, cosa que realmente era verdad, ya que no era yo quién sostenía una pistola apuntando a mi cráneo.

"¿No tienes nada más que decir a parte de ese ridículo espera? Porque digas eso no me voy a detener. He llegado asta aquí sólo para poder verte la cara… a ti y a esa otra chica…"Sin duda se refería a Sara. "No creas que me olvidado de su nombre. Sidle, una mujer tan puta no se olvida nunca" La sangre me empezó a hervir en el interior, quería darme la vuelta y partirle la cara a ese cabronazo. "Primero serás tu y luego ella, ¿qué te parece?"

"Como le toques un solo pelo…"

"¿Qué? Para entonces tú no podrás hacer nada. Aunque… me gustaría saber dónde cojones está. No la he visto por aquí ni en tu queridísimo laboratorio" Había estado allí y en la casa. Nos había estado vigilando. "Es curioso, sabía que si cometía un crimen lo suficientemente grande acudiríais todos, sobretodo esa pequeña putita…" Estaba ardiendo por dentro, pero no era momento para heroicidades. "Pero no apareció. Se que sigue trabajando allí y…"

Esa persona indeseable fue interrumpida por el sonido de mi móvil. Cerré los ojos sabiendo quien era la persona al otro lado de la línea y deseé que Shelton simplemente lo ignorara, pero no sucedió a si.

"Al señor súper importante le suena el móvil. ¿No lo va a coger?" Dijo con tono burlón. "Date la vuelta" Yo obedecí.

Por fin estaba cara a cara con ese demente y con una pistola apuntándome directamente a la cabeza. Sus ojos estaban llenos de furia y odio. El arma que sostenía era la que se había usado para matar a Kate y probablemente la usada para el asesinato de la familia. El hombre frente a mí no era el que yo había conocido años atrás. Era peor si aun cabía. Sus ojos me miraban fijamente transmitiéndome ira, tenía barba y estaba hecho en general un adefesio, pero eso no era algo que me importara realmente.

El teléfono seguía sonando y una pistola aún estaba encarada a mí.

"Dame el móvil, ya que por lo visto tú no vas a contestar." Se acercó un poco solo para introducir su mano en mi bolsillo y sacar el aparato. Por un momento creí que iba a contestar él y ya me temía lo peor, pero sólo observó curioso la pantalla para luego volver la vista a mí.

"Sara Sidle. Te llama. Tu compañera y tu amiga. ¿No te gustaría decirle tus últimas palabras o por lo menos que las transmitiera a la persona que quieres? Si eso es capaz, claro." ¡Dios! Sí, adoraba la idea de poder decirle que todo saldría bien, que la quería y al bebé también. Que siempre la querría, pero entonces Scott, que por lo visto no sabía nada de lo nuestro, se enteraría de todo y sabría que haciéndome daño a mí también se lo haría a ella.

"No tengo porque decirle nada. Es solo mi compañera de trabajo." Conseguí mantener la cordura y contestar fríamente a sus palabras.

"Es una pena que tu no quieras, porque yo sí. Contesta" Me ofreció el móvil y yo titubeé a la hora de cogerlo. Apuntó más firmemente a mi cabeza y fue cuando lentamente reaccioné. "Como oiga algo de dónde estamos o escuche mi nombre estás muerto y ella podrá oír como la bala atraviesa tu cabeza."

Tome el teléfono en mi mano y contesté. "¿Si?" Oí como Shelton susurraba que pusiera el manos libres y así lo hice, después de todo no era yo quien sostenía esa pistola.

"Hola cielo. ¿QuÉ tal tus recién encontradas pruebas?" El hombre frente a mi se extraño bastante de la muletilla que Sara dijo.

"Las pruebas bien" respondí secamente deseando terminar esa conversación lo ante posible.

"¿Cuándo regresarás a casa?" Y esa fue la prueba final que Scott necesitó para averiguar lo que ocurría. Sonrió con una sonrisa diabólica que me hizo estremecer de los pies a la cabeza.

"Pronto." Dije sabiendo que no iba a ser así.

"Dile cuanto la quieres. Te permito que te despidas ya que ella luego no podrá hacerlo."

"¿Quién esta contigo? Dijo Sara preocupada oyendo una voz de fondo

"Nadie. Es que…" Dudé si sería bueno decírselo, ya que no era tonta y sospecharía que algo ocurría, pero tampoco tendría tiempo a avisar a nadie para que viniera a evitar lo que ya era inevitable. Por otro lado ya no tendría otra ocasión para decirle lo mucho que la quería y cuánto la echaría de menos.

"¡Díselo!" gritó Shelton apoyando la pistola en mi frente

"¿Qué pasa? ¿Quién te grita?" Ahora realmente estaba alarmada.

"Sara…quiero que me escuches con mucha atención por favor."

"¿Qué ocurre? Gil me estás asustando."

"No tienes por qué asustarte, todo va bien. Solo quiero que sepas que te quiero con todo mi corazón, que siempre te he querido, desde que te conocí, y siempre te querré. Nunca jamás te olvidare, ni a ti ni…" titubeé un poco pero decidí decirlo. "…ni al bebé. Sois lo más importante de mi vida. Os quiero, te quiero mi vida."

"Gil, ¿qué pasa? ¿Quién está contigo? ¿Va todo bien?"