Esa misma tarde…
Sara's POV
Me encontraba en casa descansando, aunque yo seguía empeñada en que no necesitaba ningún tipo de descanso. Gil estaba trabajando y llevaba unos días bastante raro, quizás un poco lejano.
Nadie más que yo sabía como podía afectar un caso y desde que había conocido a Gil realmente, o mejor dicho, desde que él me había dejado conocerle, supe que no era el hombre de hierro como tantos años atrás había creído. Es cierto que no era el típico mortal que mostraba sus sentimientos en todo momento. En 5 años que llevábamos juntos sólo había oído esas palabras cuatro veces, de todas formas, aunque no lo dijera, yo sabía lo que sentía.
La primera vez que fue capaz a pronunciar esas palabras, que parecían estar vedadas en su vocabulario, fue cuando hicimos el amor por primera vez. Recuerdo ese día como si fuera ayer.
Después del caso de Nick y todo lo que habíamos pasado, parecía como si Griss tuviera otra actitud frente a mí. Yo lo notaba distinto, más apegado, más… interesado.
Nos pasamos días en el hospital. Nick era como mi hermano y simplemente el hecho de pensar que podríamos haberle perdido me partía el corazón.
Las semanas siguientes transcurrieron sosegadas y escondidas.
Fueron duras.
Al caminar por los laboratorios y hablar con cualquiera podías ver en sus ojos una parte de miedo y dolor, casi como el que se podía ver en mi propia mirada, cansada y susurrante. Era incapaz de quitarme de la cabeza la idea de que cualquiera de nosotros podría haber estado en el lugar de Nicky… Si hubiera sido Grissom, no se que habría hecho. Verle por esa pantalla, encerrado entre esas paredes agobiantes de cristal. Me hubiese derrumbado por completo.
Una de esas semanas, recibí una visita inesperada en mi apartamento. Yo raramente utilizaba mis días libres, casi siempre iba al laboratorio, pero esos días no. Necesitaba estar sola, a pesar de mis actitudes de trabajar para olvidar ó beber para desaparecer, me quedaba en casa y salía a dar algún que otro paseo para pensar. Pensar en que mi vida dependía únicamente de una persona que no era capaz de avanzar y reaccionar, que era cobarde y resguardada. Una persona a la que había querido por muchos años y sin la que no podría soportar el día a día. Una mirada, una sonrisa, cualquier cosa había sido suficiente…
Pero ya no.
El dolor era demasiado y después del secuestro tenía más claro que no podía seguir así; un día podría ser yo la que estuviera en cualquier lugar desierto y puede que no tuviera la suerte de ser encontrada.
Había hecho lo necesario y Gil me había rechazado, pero no ese día.
Por segunda vez se presentó en mi apartamento y me pidió entrar.
5 años atrás…
Eran las 5 de la tarde y yo, sentada en mi sofá con una taza de té caliente, leía un libro al que ya le faltaba poco. De pronto oí el sonido del timbre, me levanté un poco frustrada por la interrupción y miré por la mirilla.
El corazón me dio un vuelco al ver a ese hombre al otro lado de la puerta. No se me ocurría ninguna razón lógica por la que pudiera estar aquí y bien todos saben que ese hombre no actuaba sin lógica.
Abrí la puerta, vestida en un chándal morado y una camiseta negra de tirantes.
"Hola" dijo
"¿Ha pasado algo?" Fue el único motivo que pude hallar al por qué estaba ese hombre frente a mí interrumpiendo los últimos capítulos de mi libro. Aunque tampoco me quejaba demasiado.
"¿Por qué tiene que pasar algo? Solo he venido a verte."
Me quedé con cara de atontada y desconfiada. "Grissom, tú nunca vienes a verme a no ser que pase algo."
"Bueno, pero… quería cambiar el hábito. ¿Puedo pasar?" Me hice a un lado y entró.
"¿Quieres un café, un té…?"
"¿Cerveza?"
"Claro. Te puedes sentar en el sofá." Saqué la cerveza y vi como de reojo Gil ojeaba el título de la novela que me impidió terminar.
Le entregué la cerveza y me senté a su lado.
"Gracias."
Silencio…
"Bueno… y, ¿qué te trae por aquí?"
"Pues como habías pedido unos días libres… decidí pasarme para ver cómo estabas."
"¿Me estás controlando?" Respondí directamente a la defensiva. ¿Qué creía que no podía cuidar de mi misma? "No pienses que cada vez que no estés conmigo voy a emborracharme o algo por el estilo."
"No. Sara no te estoy controlando, ni mucho menos, es que… vale… esto no funciona." Y esto último fue un mero susurro que no se porque pudo llegar a mis oídos.
"¿El qué no funciona?" Ahora estaba confusa.
"Nada. Será mejor que me vaya." Se levantó y se dirigió a la puerta.
"No, no, no. De eso nada, no vas a poder huir esta vez Gil Grissom." Parecía que el hecho de haber pronunciado su nombre completo llamó su atención y se giró hacia a mí algo asustado, porque mi expresión se había vuelto un poco… agresiva. "¡No puedes venir a mi apartamento con la estúpida excusa de… bueno en realidad sin excusa, e irte sin más a los 10 minutos!" Ahora estaba enfadada. Tenía mucha rabia acumulada y me parecía el momento ideal para dejarla salir.
"Sara, yo solo…"
"¡No intentes dar explicaciones! ¡Joder Grissom! ¡Siempre haces lo mismo! Unos días estás genial, receptivo, y otros seco e insustancial. Puedes llegar a ser realmente encantador y lo malgastas en ser un insulso. Y eso no es lo peor…" Estaba muy cerca de él, no lo suficiente para sentir su respiración en mi rostro, pero si para darme cuenta que estábamos MUY cerca.
"¿Qué acabas de decir?" Me contestó, manteniendo su tranquilidad como siempre, pero se podía sentir la tensión que se adueñaba del ambiente.
"Que eres seco e insustancial."
"No, eso no, lo otro."
"¿Qué eres un insulso?"
"No… ¿realmente crees que puedo ser encantador?" Y con eso dio un paso hacia a mí. Ahora sí podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo y su respiración, que era más apresurada de lo normal.
Estaba nerviosa.
"No creo que eso sea lo importante aquí. Así que por favor no me cambies de tema, que siempre haces igual. Cuando tienes que decir algo, te lo callas o…"
El calor se iba acrecentando. Se me había olvidado por completo que era lo que iba a decir, así que simplemente callé sabiendo que mis palabras ya no decían nada en realidad, que lo que ciertamente hablaba era mi mirada. La mía y la de él, inundada de fuego entre el azul oscuro de sus ojos.
Pasión, eso era lo que se percibía.
Y ocurrió. Sus labios se toparon con los míos de manera imprudente y atropellada. Como si hubiera poco tiempo, como si el mundo se fuera a acabar. ¿Quién dio el primer paso? Juraría que había sido él, pero tampoco me preocupaba. Tanto tiempo de tontear había hecho mella en los dos; la tensión sexual y el deseo se mostraban en todo su esplendor en ese beso.
Me agarró por la cintura y me acercó a él, pudiendo yo notar todo lo que estaba dispuesto a dar. Y fue cuando mis rodillas se dieron por vencidas. Me tambaleé un poco, pero conseguí rodear su cuello al mismo tiempo que él me alzaba y yo envolvía su cintura con mis piernas.
Verdaderamente increíble la sensación. Algo inexplicable, todo tipo de emociones recorrían mi cuerpo y se centraban sobre todo en ciertas partes.
No era algo dulce y suave, no, era locura y furor. Ninguno de nosotros tenía control sobre si mismo. Yo ya no me planteaba si aquello era un sueño, simplemente sabía que no lo era y punto. Lo que estaba sintiendo no podía ser una fantasía, era algo real.
Noté un golpe en mi cabeza que seguramente me dolería al día siguiente, pero en el momento no me importaba en absoluto. Mi espalda estaba contra la pared mientras Grissom me sostenía con una mano y con la otra intentaba recorrer cada centímetro de mi piel.
Fantástico… adoraba esa sensación de sentirme acorralada bajo las caricias y las miradas de aquel hombre que tanto tiempo había querido tener entre mis sábanas… o mis piernas.
Me deshice de la camiseta y fue cuando un tono rojizo se apoderó de mi cara. Gil se quedó anonadado ante la vista, y luego sus ojos recorrieron el camino que llevaba a los míos. Una mirada bastó para decir todo lo necesario, siempre había sido así.
Sus labios viajaron hasta mis pechos. No lo pude evitar, un gemido escapó a mi poder y tuvo su efecto en Grissom, quien sonrió.
Yo ya no estaba contra la pared; íbamos camino del dormitorio y al llegar me echó en la cama, para él permanecer de pie mientras se intentaba desprender se su camisa y sus pantalones.
Pero… ¿Cómo? ¿No me iba a dejar ese privilegio a mí?
Me incorporé y me acerqué a él, quien me miró un poco confuso pero pronto entendió mis intenciones. Le besé de nuevo a la vez que desabrochaba los últimos botones de su camisa y la tiraba al suelo. Mis manos se escurrieron por su pecho mientras las de él campaban a sus anchas por mi espalda y mis piernas.
Mientras el besaba mi cuello, yo intentaba mantener la cordura para quitarle los malditos pantalones, pero para mi sorpresa fui yo la que perdí el chándal. Y por un momento ya me di por vencida. Me alejé y me dejé caer sobre la cama. El permaneció ahí mirando con unos ojos azules que desbordaban pasión y conseguían intimidar a cualquiera.
Por fin se libró de sus pantalones y con ellos sus boxers. Ahora era yo la que estaba con cara de estúpida mirándole, y no precisamente a los ojos.
"Ven aquí…" Se acercó y se puso sobre mí. Yo estaba medio paralizada, era como si se me hubiera olvidado todo lo que había que hacer en ese tipo de casos, pero Gil se encargó de recordármelo deshaciéndome de la última y única prenda que todavía tenía en mi poder.
Ahora sí, ambos estábamos desprotegidos, sin barreras y eso me encantaba. Nuestros labios se volvieron a encontrar. Nuestras respiraciones apresuradas se confundían y difuminaban. Ya no sabía quien era el que gemía, si yo o él, pero era algo no me quitaría el sueño. Sus manos por todos lados acariciando, haciendo estremecer cada parte de mi cuerpo que sentía el calor de sus roces.
Pero yo también quería mi parte, así que comencé a explorar su piel y al llegar a la zona más sensible el agarró mi muñeca. Fue cuando me empecé a alarmar, pensando que algo pasaba.
Mi respiración se acortó cuando sus labios me abandonaron y mezcló su mirada con la mía.
"Me encanta… que me toques… pero…" realmente le estaba costando pronunciar esas palabras que me estaban poniendo histérica "creo que estoy… demasiado excitado para… ya sabes"
No necesitaba más explicaciones. Así que simplemente le volví a besar y él emprendió un examen por mi cuerpo con sus labios, haciéndome sentir cosas que nunca antes había sentido y descubriendo partes de mí que no podía imaginar que tuvieran sensibilidad alguna.
Una de mis manos estaba inmersa en su pelo mientras la otra intentaba alcanzar la mesita para poder coger el paquete de preservativos que estaría allí. Lo puse sobre la cama y mi mano regresó a la espalda, muy bien formada por cierto, de Grissom. Éste, mientras su boca jugueteaba con mis pechos, una de sus manos acariciaba mis partes más intimas haciendo que mis ojos se cerraran y que un gemido, que seguro que no había pasado desapercibido para los vecinos, escapaba de mis labios.
"Gil… te necesito ya" E hice hincapié en ese ya. Sabía que debía de haber unos preliminares, pero estaba lista para él, así que no los necesitaba. Ya había tenido que esperar bastante.
Grissom se puso la protección y se inclinó sobre mí sabiendo lo que vendría después. Nuestros jadeos mezclados con el calor del entorno. Nuestras miradas fijas; la pasión y el sentimiento estaban en ese mar azul y eso era suficiente, o al menos eso creía yo hasta que, mientras daba el paso final, dijo algo.
"Te quiero." Fueron las palabras que salieron de su boca, sin ni siquiera poder pensarlas. Yo me quedé observándole, la mirada llena con una mezcolanza de felicidad, placer y por supuesto apunto de cubrirse con lágrimas. Él vio mis lágrimas y lógicamente se inquietó un poco.
"¿Sara? ¿Quieres que pare? ¿Te hago daño?"
No me estaba haciendo daño, simplemente me había hecho la persona más feliz de este mundo y bueno, dicen que también se puede llorar de felicidad ¿no?
Limpio mis lágrimas y yo rodeé su cintura con mis piernas para permitirle un mejor acceso, mientras le besaba. "Yo también te quiero." Un silencioso suspiro de alivio escapó de sus labios.
"Gil… te necesito." Y así era, no solo en sentido sexual, que en ese momento puede que me refiriera más a eso que a otra cosa, pero también iba implícito otro mensaje no muy difícil de averiguar.
Él no me hizo esperar y pronto ya no supe donde acababa mi cuerpo y donde empezaba el suyo. Éramos como una sola persona que desesperadamente buscaba llegar al momento más deseado, más añorado…
Quería que ese momento durara eternamente, pero todo tiene su final y éste sería, sin duda, el comienzo de algo que si que no tendría fin.
