Capítulo 2
Escapando de la acechante oscuridad
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La melodía del arpa era escuchada desde el pasillo de luces opacas y aspecto lúgubre, al igual que los gritos de dolor de los dos hombres que eran torturados por la melancólica canción. Los finos dedos de porcelana, se mueven gracilmente sobre las delicadas cuerdas.
Él joven de surplice de color ébano como la noche, que se encuentra detrás de la mujer tocando el arpa, observaba con sus ojos azules; con una mezcla de lástima y desdén a esos espectros que sufren dolorosamente, retorciendose en el suelo, como si les estuvieran arrancando los órganos en vida. A pesar de que los odia y desprecia con cada célula de su ser, no puede regocijarse de su dolor, a diferencia del otro espectro a unos metros riéndose sin contemplacion.
¡Se suponía que debian traer al pequeño!—reclamó, deteniendo la música—esperó una explicación razonable para no aniquilarlos en este momento.
Señorita Pandora... fuimos a ese viejo orfanato e interrogamos a los encargados del lugar, los que se llevaron al pequeño eran dos hombres, uno joven y uno mayor—explicó Giganto, aún en el suelo, temblando—sus nombres eran Mu y Shion. Él primero es el actual santo de Aries y el segundo, al parecer es el patriarca... lo llevaron hace un par de semanas al santuario, fue lo último que pudimos averiguar.
Zelos de Rana... Giganto de Cíclope—la joven pronunció sus nombres con molestia—sí lo que consiguieron averiguar es cierto, significaría que el cuerpo huésped de Hades se encuentra en territorio enemigo...
¡Debemos recuperarlo!—dijo la voz del otro espectro, en un rincón de la sala—puedo enviar parte de mi tropa, señorita Pandora, déjelo en mis manos.
No, aún no resurgen todos los espectros. Sí van ahora, nos arriesgaremos a perderlos—la joven de cabello oscuro y ojos violeta se incorporó, tomando su fiel tridente en sus manos—sin embargo Radamanthys, necesito que alguien competente, se mantenga rondando y vigilando el santuario y nos traiga novedades.
Yo lo haré—se ofreció el joven detrás de ella.
En serio piensas que enviaremos a un mocoso como tú—se burló el espectro de Wyvern.
Tú no irás...—la joven volteó hacia él—sí lo ves, querrás ir tras él, te matarán antes de que puedas acercarte.
—¡Pero él...!
¡Silencio!—interrumpió, acercando el filo de su tridente a su cuello—osas retarme... espectro de Bennu.
No...—el joven apretó su mandíbula fuertemente, haciendo rechinar sus dientes.
Radamanthys, encargate—ordenó, la azabache—y en cuanto a ustedes, regresen a sus labores—dijo mirando a los otros dos espectros.
¿Porqué no enviaste espectros por él?—preguntó el joven de ojos azules, cuando quedaron sólos en la sala—tú me dijiste que...
¡Silencio...!—lo interrumpió de nuevo—todo esto no hubiera pasado en primer lugar, si tú me lo hubieras entregado esa vez hace tres años.
Yo sólo lo protegía—replicó, acercándose peligrosamente a la joven—además tú y él no tuvieron un poco de piedad por...
¿Sigues molesto por ese pequeño incidente?—le pregunto, sonriendo soberbiamente mientras acariciaba sus mechones azules.
¡Maldita seas!—el joven la tomo del cuello, y la estrello contra la pared con fuerza—¡deja de jugar conmigo!
En verdad eres un mocoso impertinente ¿No?—habló, aún con la sonrisa en sus labios—recuerda tu lugar ¿o prefieres que te lo recuerde como todas esas veces?—la mano de la joven, rozo la cicatriz en la frente del espectro que retrocedió abruptamente.
—¡Buen chico!
Nunca te atrevas a lastimarlo...—advirtió.
—¿Como podría lastimar a mi querido hermano menor?
La odiaba, la odiaban más que a los otros espectros, incluso mucho más que a los jueces del inframundo. Su sola presencia le generaba repulsión.
Él no es tu hermano—replicó, apretando los puños.
Pero muy pronto lo será...—la joven sonrió, volvió a sentarse, y comenzó a tocar nuevamente las cuerdas del arpa.
………
Se había convertido en una costumbre que el pequeño de ojos y cabello esmeralda, fuera al menos una tarde de cada semana a visitarla. Solían leer los libros que el patriarca les traía, hablaban de las cosas que hacían durante el día o él comenzaba a dibujar, ya que era el único momento libre que tenía de entretenimientos y tareas, y a ella le encantaba observarlo mientras lo hacia.
En la mayoría de las páginas de su cuaderno, aparecia una joven; de cabello oscuro y bellos rasgos, tocando un arpa o en compañia de una extraña sombra. Cuando le preguntó a Shun porque hacia esos dibujos, él sólo se encogió de hombros y le dijo que solía soñar con ella constantemente.
¿Qué es lo que ves en esos sueños?—preguntó, una tarde mientras lo miraba por encima del fuerte de viejos libros que construyó. Su mirada zafiro apenas y se asomaba por el borde.
Los sueños son confusos y borrosos, no recuerdo mucho cuando despierto—contesto Shun, cerrando el libro que tenía en manos—pero el rostro de esa joven se queda grabado en mi mente.
Tal vez sea alguien que conociste, la olvidaste y tu mente intenta que la recuerdes—la pequeña movió una pila de libros a un lado, para lograr salir del improvisado fuerte y sentarse a su lado—por cierto, mañana es tu cumpleaños ¿No?
La niña le extendió algo—es tu regalo de cumpleaños... la hice con las flores que recolecte cuando fui fuera de los templos—el ojiesmeralda la tomo delicadamente, temiendo que se rompiera.
—No te preocupes, no se romperá.
¿Estas segura?—a su parecer, el brazalete se veía sumamente frágil.
—Si, ahora póntela.
Gracias—el ojiesmeralda le dedico una dulce sonrisa mientras observaba las flores de un pálido rosa.
Shun, podemos irnos ya—pidió el niño de ojos castaños a un lado de él—estoy aburrido de estar aquí.
Shun lo miró con un poco de molestia ante sus palabras dichas enfrente de Athena. Su nuevo amigo nunca media sus acciones o palabras, siempre hacia lo primero que se le pasara por la cabeza.
Lo había traído con la intención de que Athena tuviera más amigos además de él, pero tal vez debió pensarlo mejor antes de traerlo. Las personalidades de Athena y Seiya eran muy diferentes, casi abismales, pero el castaño era bueno con él y era su amigo, además de que solía defenderlo de los demás aspirantes que querían golpearlo, y Shun quería que sus dos únicos amigos allí, se llevaran bien y entablaran una amistad.
No estarías aburrido, sí al menos te pusieras a leer—dijo la niña, mirandolo enojada.
Odio leer—replicó con una mueca.
Shun suspiró cansado, hacer que ellos se llevaran bien, tardaría más tiempo de lo que imagino.
………
Seiya volvamos—ya era la quinta vez que se lo pedía, el peliverde caminaba tras el castaño pero este solo ignoraba sus súplicas—ya estamos en los límites del santuario... es peligroso.
No seas cobarde Shun—dijo el castaño—además, tu me dijiste la otra vez que querías buscar a tu hermano. Sí logramos encontrar una salida de aquí, lo buscaremos y también a mi hermana.
Quiso volver a replicar pero no pudo. La oportunidad de irse y buscar a Ikki, ahora con ayuda de Seiya, penetraba su mente como una pequeña espina infiltrandose lentamente.
No, no, no podía hecerlo, se reprochó. Lo buscaría, claro que lo haría pero hasta convertirse en un santo, hasta convertirse en alguien fuerte y que sepa valerse por si mismo, no ahora... aún no.
Shun se detuvo abruptamente al sentir cerca un cosmos extraño, no era el de Seiya tampoco el de un santo... Era similar al de...
—¡Seiya!
El castaño volteó a verlo con molestia que luego se transformo en preocupación, al ver como el peliverde parecía asustado y temblaba.
—¿Shun? ¿Que suce...?
Unos largas extensiones en forma de gusano salieron de la tierra rápidamente sin darles tiempo de esquivarlas. Shun fue sujetado fuertemente del cuello oyendo un pequeño crack, dejándolo sin aire mientras Seiya fue sujetado del abdomen, haciendole escupir sangre, sintiendo como sus costillas crujian bajo la presión.
¡Je je je pero miren nada más que tenemos aquí!—un hombre con una armadura negra salió de la tierra, sus dientes afiliados se extendían en una chueca sonrisa—dos conejitos lejos de su madriguera.
Shun se estremece y Seiya se llena de furia.
¡Maldito...!—Seiya intentaba inútilmente soltarse del agarre mientras maldecia y gimoteaba—¡Bajame... bastardo!
Pero que boca tan sucia tienes, engendro—ejerció más presión sobre el agarre del castaño, sacándole un grito de dolor—yo, Raimi de Gusano, estrella terrestre de lo oculto, te enseñare a respetar a tus mayores. Primero rompere tus costillas, luego tus brazos y piernas y por último tu delgado y frágil cuello.
¡Detente...! por favor—rogó Shun. El aire apenas y llegaba a sus pulmones y ya empezaba a perder la conciencia—no... no lo lastimes... te lo pido.
Raimi ladeo la cabeza, pensativo. El cosmos de ese niño era cálido y enorme, pero no era más que un aprendiz al igual que el castaño, de eso estaba seguro.
¿Eh? Será posible que tú seas...—la duda lo asalto, el espectro acerco al ojiesmeralda a su rostro para verlo detenidamente—¡después de meses, por fin te encontré!—exclamó, al notar la mirada de ese niño—La señorita Pandora estará tan contenta y agradecida cuando te llevé ante ella.
No permitiré que te lleves a nadie de aquí, espectro de Hades—una voz suave se escucho—¡Rosa sangrienta!
—¿¡Qué... qué demonios es esto!?
El agarre sobre los dos aspirantes se desvaneció, cayendo ambos al suelo. El espectro miraba atónito la rosa blanca clavada sobre su pecho que poco a poco se tornaba roja.
Es mi técnica más poderosa—explicó el santo de piscis acercándose—esa rosa blanca absorberá toda tu sangre hasta que mueras.
No... no es posible que yo muera... aquí—el espectro cayó sin fuerzas, agonizando y como pudo se arrastró hasta ojiesmeralda—señor... señor Hade...
Había muerto, con un charco de sangre debajo de él, Shun podía ver sus ojos desorbitados al igual que los de ella en aquella ocasión. Sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal y como su estómago se revolvía por la imagen frente a él.
Shun se lleva una mano a la boca y su cuerpo se retuerce. Entonces sus dedos se arrastran por la humeda hierba mientras gatea, intentando alejarse lo más posible del cuerpo del espectro, y Afrodita le observa inclinarse más y súbitamente empezar a vomitar.
El sonido de las arcadas del joven aspirante mezclandose con el putrefacto olor es repulsivo pero Afrodita suspira pesadamente y camina hasta donde está el menor. Se hinca, extendiendo sus manos y recogiendo entre sus dedos, los mechones esmeraldas que se balancean cerca del rostro de Shun, ya que sus propias manos están ocupadas ayudándole como sostén para no caer de bruces al suelo.
Seiya lo mira con preocupación desde lejos, apretando sus costados por el intenso dolor mientras el santo de piscis aún le sostiene el cabello hacia atrás en lo que Shun continua regurgitando. Shun jadea exhausto y pesado, hay lágrimas en sus ojos, sudor recorriendo su frente y su cuerpo se sacude sin control. Traga, cuando piensa que ya ha terminado todo lo que va a vomitar, y el sabor de su saliva es asqueroso, las arcadas vuelven pero su estómago ya esta vacio.
Sí la muerte de una alimaña como este espectro te afecta de esta manera—le susurra Afrodita, ayudándole a su débil cuerpo a incorporarse hasta quedar sentado—eso quiere decir que tú no estás hecho para ser un santo.
De pronto, un miedo y un súbito odio hacia si mismo, acomete a Shun. Dándose cuenta de una aterradora verdad que siempre estuvo ante sus ojos, como un velo transparente que cubre una tétrica escena tras el telón.
Matar... era el deber de un santo.
Los ojos celeste del santo lo miran con tanta lástima, que es como si le hubiera leído el pensamiento, y Shun ya ni siquiera es capaz devolverle la mirada. Cierra los ojos un momento, y siente como su garganta palpita y le duele, debido a la presión ejercida por esa extensión con forma de gusano en su cuello momentos antes, y también por devolver todo lo que tenía en el estómago.
Como si Athena oyera su silenciosa plegaria, la oscuridad de la inconciencia lo envuelve lentamente, acunandolo en sus brazos amablemente, sumergiendolo en un antaño recuerdo que deseó con todas sus fuerzas que quedará en el vacío del olvido para la eternidad...
El sonido de algo rompiéndose y un goteo incesante hace eco en la habitación, que es iluminada sutilmente por un par de velas casi consumidas.
Crack
Su pequeño cuerpo tiritea en fuertes sacudidas duramente contenidas, la mano áspera de su hermano presionando, impide que los sollozos o gritos escapen de su boca.
Crack
Cierra los ojos fuertemente, mientras los agónicos gritos y súplicas taladran sus oídos, haciendo que se le revuelva el estómago. No quiere seguir escuchando... ya no más.
Crack
Por la delgada hendidura del armario donde se esconden él y su hermano, logra ver como el cuerpo de su madre cae estrepitosamente ya sin vida, con el cuello roto y sus ojos desorbitados, un charco de sangre formándose abajo de ella.
Ahoga un grito que le quema la garganta, mientras más lágrimas se derraman de sus ojos esmeraldas, y sus piernas flaquean. El brazo de Ikki lo sostiene de no caer.
El hombre con una extraña armadura de color ébano y unas enormes alas a su espalda, aún sonríe retorcidamente viendo los cuerpos inertes frente a él.
Minos, no podías hacerlo silenciosamente ¿Cierto?—la joven de unos trece años y cabello oscuro lo mira con furia contenida—gracias a sus gritos, alertaste a sus vecinos.
—No se preocupe señorita Pandora, yo me encargaré de esos patéticos humanos.
El hombre de cabello blanco sale, aún con la sonrisa en sus labios mientras la joven inspeciona la habitación. Camina varias veces recorriendo la habitación completa, ignorando los gritos de ayuda que provienen de afuera.
Sé que estan aquí—dijo sin mirar en algún lugar en específico, el ojiesmeralda siente el cuerpo de su hermano a su espalda tensarse aún más—no tienen porque temer, no los lastimare—su voz se torna suave, casi conciliadora.
Se acerca muy despacio, como esperando que los niños escondidos en el armario salgan por su cuenta. Tras unos segundos toma la manija y la gira, el niño mayor salta hacia ella con un cuchillo en mano, el filo apuntando a su blanquecino cuello. Retrocede, lo suficiente como para que no la atraviese pero la hiere superficialmente. Cae torpemente al suelo, golpeandose la parte de atrás de la cabeza con una mesa.
Aturdida, ve como Ikki lanza el cuchillo a una esquina, toma al menor, lo sube a su espalda y corre. Se palpa la herida sangrante en su cuello con la mano y lo maldice en alto. Se incorpora tambaleante, arrastrando sus manos por la pared como apoyo para no caer. Su visión es borrosa y la cabeza le da vueltas.
Lo primero que ve el peliazul al salir de la vieja casa son los cuerpos sin vida de varias personas con sus brazos, piernas y cuellos rotos. Ordena a Shun cerrar los ojos y hace caso omiso de ayudar a un hombre que es torturado por el sujeto de armadura negra. El miedo y la adrenalina recorren su cuerpo impulsandole hacia delante, reprime sus ganas de vomitar, inhala y vuelve a retomar su carrera.
Debe salir de ahí, es su único pensamiento mientras corre sin dirección alguna. Shun llora sobre su espalda y sus dedos se entierran fuertemente sobre su camisa y hombros, dejándole moretones sobre la piel.
Su corazón palpita desfrasado golpeandole el pecho mientras tropieza y cae varias veces en la oscuridad de una fría noche, sin estrellas ni luna que puedan guiarlo. Sus rodillas sangran por las pequeñas piedras incrustadas pero intenta ignorar el dolor, solo debe continuar, se dice una y otra vez.
Una faro de esperanza brilla ante él al ver las luces del siguiente pueblo a varios metros de distancia, sus piernas apenas le sostienen ya, pero las obliga a seguir.
Un extraño sonido metálico lo detiene en seco, voltea encontrándose con el hombre de la armadura y la joven de cabello oscuro en brazos de este. Retrocede inconscientemente, presa del pánico y terror.
En verdad pensaste que podías escapar de mi—la voz de la chica es cansada al igual que su aspecto pero no deja de ser impregnada por el enojo—sí quieres que tu muerte sea lo menos angustiosa posible, entregame a ese niño.
Siente como Shun tiembla, aferrandose más a él. Su oído capta el sonido del agua correr, hay un río detrás suyo. Sabé que no puede correr, ese sujeto lo alcanzaría antes de poder llegar al pueblo, y tampoco les entregará a Shun, primero muerto que dárselos.
Sólo tiene una opción.
No lo piensa dos veces y se lanza, bajo la aterrada mirada de Pandora y Minos. Shun siente el golpe del agua helada como si cientos de agujas se enquistaran en su piel, y el aire deja sus pulmones dolorosamente. Lo último que escucha es la voz de Ikki llamarlo con desesperación mientras la turbia y oscura agua lo engulle.
Espero les haya gustado :)
