En la actualidad…
A esa noche maravillosa le siguieron muchas más, la pasión… el amor parecía no extinguirse nunca.
Una sonrisa se dibujó en mi cara al recordar aquel día, el empezar de las cosas, de todas las cosas, de una vida. Nunca hubiera imaginado que comenzaría así, pero lo hizo y no podría estar más feliz.
Cierto es que después de ese día todo fue demasiada rápido, en solo 7 meses Gil me había pedido que viviéramos juntos y no se me planteó ninguna duda, acepte sin más. Esa fue la segunda vez que pude escuchar de su labios un te quiero.
Quisimos comprar una casita en las afueras, pero estaba un poco lejos para ir al laboratorio, y tener que tragarse todas las mañanas un atasco era un coñazo, así que por el momento nos mudamos a casa de Gil ya que la mía era alquilada. Poco a poco se fue convirtiendo en nuestro hogar, de igual forma tengo que decir que le di un cambio radical, esas paredes grises llenas de mariposas y bichos no iban con mi idea de hogar. Al final se volvió un lugar acogedor.
Nuestra primera discusión; unos de mis recuerdos, había sido… ¿Cómo olvidarla?, por culpa de su estúpida tarántula… Leo se llamaba. ¿Es ese nombre para un bicho tan feo?
Yo aceptaba sus especímenes de mariposas y algún que otro bicho de esos que tanto le gustaban. En cuanto a su tarántula… Leo, bueno, no es que tuviera ningún inconveniente con ella, mientras permaneciera en un terráqueo…
5 años atrás…
Llegué a casa cansada de trabajar y lo primero que hice fue quitarme los zapatos y tirarme en el sofá. Cerré los ojos por un momento y al abrirlos lo vi.
Otra vez había dejado el terráqueo de Leo abierto. Rápidamente me levanté y me puse de pie encima del sofá observando cada recoveco que tenía a mi alcance a ver si veía al maldito bicho ese. Nada… esto ya era el colmo, no era la primera vez que lo hacía, ni la segunda, tampoco la tercera, ¡ya era la cuarta!
Permanecí allí un rato, no quería bajar porque la primera vez que había pasado me la encontré entre las sabanas de la cama mientras yo estaba dentro y casi me da un patatús. Ya habíamos discutido varias veces por Leo… parecía que era nuestra mascota, Gil así lo creía. Yo en cambio la veía como algo que prefería que no se acercara demasiado a mí.
Al poco rato llegó él y antes de que pudiera decir nada le empecé a gritar como quien riñe a un niño pequeño.
"¡Gilbert Grissom! ¡Tu maldita tarántula se ha vuelto a escapar y anda por la casa! ¡Esto ya es demasiado! Admito tus bichos, pero esto… ¡no me gustan las arañas y lo sabes!"
"Sara, tranquilízate. Voy a buscar a Leo y lo volveré a meter en su casa."
"¡Grissom! ¡Por dios! Es una estúpida tarántula."
"¡No es una estúpida tarántula! Es nuestra mascota y si algunas veces se escapa es porque…"
"¡…porque SU sueño deja el terráqueo abierto para que cuando vuelva Sara, tenga que estar un rato sobre el sofá deseando que ese bicho no se le acerque!"
"No quiero discutir, ¿vale? Así que cálmate."
"No me calmo. Es la cuarta vez que pasa esto, y no es sólo eso. ¡Dejas lo calcetines siempre tirados por el suelo, la pasta de dientes abierta y se te olvida bajar la tapa del baño!"
Toda esta conversación se desarrolló conmigo encima del sofá gritando y Grissom cerca de la puerta sin haber dado apenas dos pasos y también gritando. Una situación muy cómica si se ve desde fuera, pero nada agradable desde dentro.
"¿Qué quieres empezar a sacar defectos? Por que tú no eres doña perfecta ¿sabes? Siempre dejas los botes de champú abiertos y en el borde de la bañera, estratégicamente colocados para que cuando vaya yo se caigan. Tienes la mesita del cuarto rebosante de libros y cosas y el armario del baño lleno de cremas y pijadas…
"¿¡Esos son defectos!? Perdona que te informe, ¡pero eso no son defectos! Y por favor encuentra ya a ese bicho que no me gusta estar encima del sofá por amor al arte."
Soltó un bufido y comenzó a buscar a su queridísima mascota, y ¿Dónde estaba? En la cama por supuesto, anda que no era lista que se iba al sitio más cómodo. Ahora tendría que cambiar las malditas sabanas.
Grissom se acercó con la tarántula susurrándole algo que agradecí no haber oído. La metió en el terráqueo y se dio la vuelta mirándome.
"Ya está. ¿Contenta?"
"No" Respondí enfadada bajándome del sofá y sentándome. El silencio se adueñó del ambiente. Grissom daba paseos de un lado a otro mientras yo miraba a la tele apagada, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
Yo, por mi parte no pensaba decir nada más. Quería a ese hombre y quería vivir con el, pero me conseguía sacar de quicio en más de una ocasión.
"Esto no puede seguir así…" Murmuró entre dientes ese personaje que me estaba poniendo histérica con tantas vueltas que estaba dando.
"¡Grissom! Por favor, ¡estate quieto! ¡Joder! Me estás poniendo nerviosa."
"¡Vale!" Pegó una voz que retumbó en mis oídos y se desplomó a mi lado en el sofá. Parecíamos críos de 10 años que se enfadan porque Pepito le quitó el juguete a Menganito y no se lo quiere dar.
El silencio volvió a reinar en la habitación. Esto era estúpido, éramos personas adultas que supuestamente podrían resolver sus problemas como gente civilizada.
"Esto es estúpido Sara." Se giró hacia a mí con todo su cuerpo, pero yo no le devolví la mirada. "Vamos. Mírame por favor." No podía soportar no hacerle caso cuando ponía esa voz tan… dulce. Así que me di la vuelta y le miré. "Venga. Hemos pasado cosas peores y siempre salimos adelante."
"Si, pero antes salíamos adelante por separado, ¿recuerdas? No estábamos juntos."
"Vale, ya veo que estas a la defensiva… Sara, venga…" se acercó un poco más. "Te prometo que cerraré el terráqueo de Leo, recogeré los calcetines y todo."
"Eso lo dijiste la última vez y aquí estamos discutiendo otra vez por lo mismo."
"Sara…"
"¡Gil! Odio discutir contigo, me siento fatal. No me gusta gritarte" Aparté de nuevo la mirada.
"¿Y crees que a mí si? Me doy asco a mi mismo cuando te levanto la voz" Acarició mi rostro con su mano. "Venga Sara. Tenemos que poner de nuestra parte para que esto funcione. Admito que mis razones son simples, pero ya sabes lo meticuloso que soy. Llegaste tu, cambiando mi vida, mi piso, cambiándome a mí…"
"Lo se. Lo siento."
"No cariño. No tienes por qué sentirlo, ahora soy más feliz que nunca y tú eres la razón. Solo tú." Mis ojos se mezclaron con los suyos. "Vamos…" No lo pude evitar, le tuve que besar. Era un cielo en el fondo.
¿A quién quería engañar? Era incapaz de enfadarme de verdad con ese hombre.
En la actualidad…
Todo eso había quedado en una estúpida discusión por una maldita araña que luego, por supuesto, se volvió a escapar, pero esa vez hubo suerte y estaba la ventana abierta. Me alegré en el fondo, porque estaba harta, pero a Griss no le hizo nada de gracia.
Al fin y al cabo el bicho ese fue reemplazado por una mascota de verdad. Bruno, un bóxer precioso y súper cariñoso.
Y allí estaba ahora, en casa, tirada en el sofá e intentando ver la tele, en vano, ya que no conseguía quitarme a Grissom de la cabeza. Estaba preocupada, inquieta y le echaba de menos. Así que decidí llamarle aunque sólo fuera para oír su voz.
