La corriente del río continuaba arrastrandolo, el agua helada había entumecido casi por completo sus extremidades, dificultandole más nadar en contra, y su cuerpo deseando hundirse por la presión. Su brazo izquierdo sujeta fuertemente a su pequeño hermano que permanece inconsciente; Shun se ha golpeado con una roca mientras él intentaba alcanzarlo, y la sangre que emana de la herida en su cabeza se diluye con la cristalina agua.
Su mano libre se aferra con desesperación de una de las ramas que sobresalen de un árbol a la orilla del río. Junta las pocas energías que le quedan, y como sí una deidad piadosa le brindará parte de su fuerza, finalmente logra impelerse hasta salir del agua.
Se arrastra por el suelo, ensuciando su ropa de barro y hojas secas, jalando el escuálido cuerpo de Shun con él. Jadea exhausto, temblando incontrolablemente por el frío que cala hasta sus huesos, sintiendo como si le martillaran el cuerpo entero. El vaho dibuja circulos cuando sale de su labios, que han adquirido un tono violáceo. Ve la sangre que continúa emergiendo de la herida de la cabeza del menor, deslizandose lentamente por su cabello y rostro.
Shun... despierta—su mano temblorosa toca la pálida mejilla del peliverde—. Vamos... despierta, por favor Shun... ¡Shun!
Lo continua llamando una, y otra, y otra vez con voz trémula pero sus ojos siguen cerrados. Miedo y desesperación se clavan como dagas al rojo vivo en su espalda. Torpemente atrae el álgido cuerpo del menor hacia él, y posa su oído en el pecho de este para comprobar que su corazón siga latiendo.
Una cálida sensación de sosiego se instala en su ser, al escuchar los débiles latidos. Una risa tonta y opaca de alegría junto con unas amargas lágrimas brotan sin que él pueda evitarlo mientraslo envuelve en sus brazos, en un vano intento por darle algo de calor.Resiste, Shun... sólo un poco más ¿Sí?—se levanta tambaleante, con el menor en brazos y rogando a cualquier dios que se apiade de su suerte y lo ayude a no desfallecer hasta llegar al siguiente pueblo.
………
El ligero murmullo del viento es lo primero que escucha cuando la conciencia vuelve a él, intenta abrir sus párpados que por alguna razón se sienten más pesados que de costumbre. Sus esmeraldas logran divisar un rostro borroso frente a él, poco a poco la vista se aclara, permitiéndole ver el rostro apaciblemente dormido de Ikki que esta a su lado.
Parpadea varias veces, intentando acostumbrarse a la luz que entra por la ventana, quemandole los ojos. Nota que están en un viejo y asolado granero, ambos están sobre una cama hecha de paja, además escucha el trinar de unos pájaros y ladridos que provienen desde afuera, el lugar es completamente extraño para él. Sacude el hombro del mayor para despertarlo pero este sólo se remueve un poco y lo atrae más a él, en un sofocante abrazo.
Ikki...—lo llama y este se queja, diciéndole que vuelva a dormir—. Hermano... ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Dónde estamos?
Ikki exhala un suspiro y enreda sus dedos en sus hebras esmeraldas, deteniendose en la venda que rodea su cabeza— ¿No lo recuerdas? —pregunta a su oído.
—Todo esta confuso y borroso.
Shun suelta a llorar mientras Ikki le relata lo sucedido; como unos extraños entraron a la casa, y mientras papá los enfrentaba, mamá los escondia en el armario y le daba un cuchillo a él junto con un objeto plateado que guardo en su bolsillo. Le cuenta como lograron escapar cuando el hirió a uno de esos extraños y cuando él creía que estaban a salvó, esos "monstruos" lo acorralaron y él no tuvo más opción que saltar al río, y luego un hombre de uno de los pueblos cercanos los ayudó, curando su herida y dándoles donde dormir temporalmente.
Omitió las partes escabrosas que no era necesario que conociera —y que esperaba que Shun no recordará nunca— lo consuela, diciéndole que todo estará bien, que él va a estar a su lado y lo protegerá, no importa de qué o de quién. Shun vuelve a quedarse dormido entre sollozos y sacudidas mientras Ikki lo acuna en sus protectores brazos.
………
Estar en ese viejo orfanato era mejor que estar en las calles, durmiendo en la fría intemperie, rodeado de mugre y ratas. O al menos eso es lo que quiere pensar Ikki. Él y Shun, junto con varios otros niños estaban en una habitación en el que un penetrante hedor de algo pudriéndose embargaba el lugar, dormían en una arruinada litera sin una sola frazada para arroparse. El frío se colaba sin piedad, haciéndolos tiritear en las noches e Ikki se acurrucaba más junto al menor para darse un poco de calor entre ambos.
Sólo les daban lo que parecían sobras de comida una sola vez día, la mayoría del tiempo su estómago y el de Shun rugia por el hambre. El menor había adelgazado notablemente y eso preocupaba a Ikki, que temía que Shun enfermara. Por esa razón una tarde se escapó del lugar, y fue al centro del pueblo para pedir trabajo.
Después de ir a varios lugares por un par de días,un hombre mayor, que era herrero le dio la oportunidad de trabajar para él pero advirtiéndole de que no le pagaría mucho, Ikki aceptó, yendo todas las tardes desde entonces. A los encargados del orfanato no les interesaba sí los niños se iban o se perdían temporalmente del lugar, incluso si algunos morían por una u otra enfermedad, a ellos no podía importarles menos, así que nadie preguntaba por sus notables ausencias.
El mayor llevaba la comida que compraba con su mísera paga y Shun en ocasiones compartía parte de su propia comida con algunos de los demás niños. Aunque Ikki después lo regañara cuando se enteraba, diciéndole que el traía esos alimentos sólo para él, que no tenía porque darle a los demás pero el menor seguía haciéndolo, replicándole que no es justo que sólo él tenga su estómago lleno y los otros no.
Eres demasiado bondadoso—Ikki sujetaba los hombros del menor—. Por eso, muchos se aprovechan de ti.
Ellos no se me acercan porque temen que tú los golpees como aquella vez—musito—. Yo soy quien les ofrece la comida.
Ikki suspiro frustrado, razonar con Shun era imposible, era incluso más terco y obstinado que él. Revolvió su cabello y tomo su mano para volver adentro, estaba demasiado cansado como para comenzar otra discusión que—seguramente— terminaría igual que las otras.
Y como cada una de las noches desde hace meses, ikki despertaba asustado, con el pánico y la ansiedad recorriendo sus venas, temiendo que esos "monstruos" volvieran y se llevaran a Shun de su lado como en sus pesadillas. Comprobaba que el ojiesmeralda siguiera a su lado, lo atraía más cerca de él y lo arropaba mejor con la frazada que había comprado, se mantenía atento de los ruidos en el lugar mientras su mente volvía a los pensamientos que lo acechaban día y noche.
¿Por cuento tiempo estarían seguros?
El que hubieran escapado de ellos fue un milagro, pero dudaba mucho que contarán con la misma suerte sí volvían a aparecer de nuevo.
¿Como lo protegeria?
¿Como podía volverse más fuerte?
Recordó los relatos de su padre sobre los santos de Athena, que eran capaces de destruir con sus puños la tierra y de rasgar el cielo de un puntapié. Sí él se convertía en uno, podría proteger a Shun pero... tendría que dejarlo durante un par de años mientras él concluyera su entrenamiento.
Pero... ¿Y sí ellos volvían en su ausencia?
Podía llevárselo, pero Shun era Shun, era demasiado bondadoso y noble. Él no soportaría el entrenamiento ni la carga de un santo. Debía tomar el riesgo de dejarlo sólo, y esperar que ellos no lo encontrarán. Todo lo que hacía era por su bienestar, intentó convencerse de eso todas las noches hasta que tuvo el valor y el coraje suficiente para decirle que se iría.
Unos días antes de partir le compro a Shun un cuaderno y esas cosas que usaban los pintores para que fuera a las clases de arte que daba la iglesia del pueblo, además le dejó un poco de dinero que había guardado para que comprará los alimentos necesarios durante unas semanas más.
Se escabullo de la litera lo más silencioso que pudo, tratando de no despertarlo pero el menor no había logrado conciliar el sueño en toda la noche. Cuando sintió que Ikki se movía lo tomo del brazo, apretandolo con tanta fuerza que seguramente le dejaría las uñas marcadas en la piel.
Shun...—su voz enmudecio al ver la mirada suplicante del menor.
¡No... no me dejes!—rogó, las lágrimas ya escurrian por su rostro—. Por favor... no te vayas.
Es por tu bienestar, ya te lo explique—intento safarse del agarre pero el peliverde lo apretaba con más fuerza—¡Shun, sueltame!
El peliverde lo liberó finalmente con la mirada gacha, reprimio el impulso de abrazarlo y bajo de un saltó de la litera, antes de salir por la puerta le advirtió que no lo siguiera. Bastaron unos minutos más para volver a escuchar la voz del menor a lo lejos, Shun lo abrazo con desesperación cuando llegó hasta él y por unos instantes quiso desistir de marcharse pero no podía, debía irse. Recordó el collar que su madre le entregó "ese día" y como con un leve susurro en medio del pánico, le dijo que se lo diera a Shun.
Ya había pasado un año desde eso y aún no se lo entregaba, pensaba llevárselo para tener algo del menor con él pero quizá, Shun lo necesite más. Lo sacó de su bolsillo y se lo dio, y por un momento juraría ver que el collar resplandeció extrañamente, debía ser por el reflejo del sol, pensó. Entonces, con unas últimas palabras partió, prometiendole que volvería.
………
Los entrenamientos eran más duros y exhaustivos de lo que imagino, muchos días creyó morir por el cansancio y el calcinante sol que se cernia sobre él, quemandole la piel y el cabello. Después de un año en el santuario con el entrenamiento básico, iría a Alemania para conseguir su armadura junto con su maestro, que debía hacer cierta misión en ese país.
El peso de la enorme roca sobre su espalda hace que sus pies se hundan y agrieten el suelo con su andar lento y pesado. No puede evitar recordar la historia del titán Atlas que cargaba el mundo sobre él como castigo de Zeus, en estos momentos era la representación perfecta de ello.
¡Vamos, Ikki!—el joven santo de leo lo observa desde unos cuantos metros de distancia—. Ya casi lo logras.
Con unas últimas maldiciones murmuradas y un esfuerzo sobrehumano llega hasta su maestro, quien sonríe satisfecho. La roca cae a un costado de él, haciendo un estruendoso sonido contra el choque del suelo.
Jadea, arrodillado y respirando agitadamente, Aioria le ofrece un odre con agua e Ikki lo bebe casi atragantadose con el vital líquido.
A este paso te convertiras en un santo rápidamente, Ikki—el castaño se sienta en una roca próxima a él—. Tu motivación debe ser muy importante.
—Lo es... cuando sea un santo, podré traer a mi hermano menor a Rodorio, ya que sólo personas con vínculos con los santos y el santuario pueden vivir ahí.
—Sin embargo tu motivación no sólo es por él.
Ikki sabía que no era una pregunta, sino una rotunda afirmación. Aioria lo miraba con una repentina seriedad, pero Ikki no se inmuto ni un poco ante ello.
He visto odio y sed de venganza en ti...—el castaño siguió hablando, pero ahora podía notar que lo miraba con un poco de lástima—. No se lo que has visto o lo que te han hecho para que tengas tanto odio acumulado en tu interior, pero un santo no debe buscar venganza para su propio beneficio.
Lo que yo busco es justicia, maestro—replicó con demasiada convicción.
—¿Y que sucederá cuando hayas hecho tu justicia?
Podré vivir sin miedo—respondió, incorporándose—. Sin miedo de que me arrebaten lo más importante para mi.
Ikki se alejo del lugar bajo la mirada cansada de Aioria, quien sólo exhalo un suspiro pesado y no trato de detenerlo. Ikki tenía mucho potencial pero debía dejar de lado sus propósitos personales, ya que sí quería ser un santo debía entregar su devoción y propósito sólo a Athena, no a otra cosa.
La cabaña y la zona de entretenimiento estaban a una larga distancia de la aldea más cercana, este los proveia de víveres cada mes y una de sus tareas es ir a recogerlas. Ikki suspira mientras se lava con el agua de un pequeño arroyo, quitándose los residuos de tierra que han quedado sobre su piel y cabello, y no puede evitar reprenderse mentalmente por su actitud con su maestro minutos atrás, deberá disculparse cuando regrese, piensa, entretanto sacude el polvo de su ropa.
De pronto, oye un grito a la distancia, gira, logrando ver una silueta a lo lejos. Debe esforzarse un poco para distinguir el rostro del chico que continúa corriendo con cierta torpeza. Lo reconoce, lo ha visto cuando va a la aldea, es el hijo del comerciante que los provee de los víveres. Es de su misma edad pero de complexión más delgada y baja estatura, cuando finalmente llega hasta él, este cae de rodillas, rendido y jadeando.
El santo... de leo... la aldea... ayuda—las palabras incoherentes con angustia impregnadas, emergian de la boca del chico, quien todavía intentaba recuperar el aire.
No logró entender nada de lo que me dices—Ikki lo toma fuertemente de los hombros hasta que este deja de jadear—. Dime que es lo que sucede... ¿Porqué buscas a mi maestro?
—¡La aldea esta siendo atacada...! mi padre me envió a buscar al santo dorado de Leo.
No había mucha tiempo para pensar, así que Ikki dijo lo primero que se le ocurrió hacer. Sin imaginar lo que ocurriría después.
—Escuchame bien, sigue por este sendero, mi maestro debe estar en la cabaña al final de este. Avisale de lo ocurrido mientras yo voy al lugar para intentar ayudar ¿Bien?
Ikki no espera una respuesta, y entonces comienza a correr lo más rápido que sus piernas pueden. No tarda en llegar, el olor de madera quemandose llega hasta su nariz, varias casas del lugar estan consumiendose por las incesantes llamas que se esparcen a una gran velocidad.
Hay gente corriendo, asustada y en pánico, huyendo del fuego y de unos sujetos con armaduras de color ébano. Ikki se queda petrificado en su sitio, olvidándose de las personas que gritan alrededor suyo por ayuda. Y recuerda —lo recuerda claramente— el sujeto de esa noche tenía el mismo tipo de armadura que los que están frente a él, aunque la de él cubría casi todo su cuerpo y no era tan simple como la de ellos.
Va hacia donde están, presa de un repentino odio y adrenalina, y mientras ellos golpean a unos hombres con sus guadañas. Ikki lanza su puño hacia uno, el sujeto sale disparado, estrellándose contra la pared de una casa, derrumbandola y quedando inconsciente con la mandíbula rota, bajo los escombros. Su mano sangra bajo los vendajes desgastados y un dolor agudo se esparce, pero no le importa. Lo único que le importa es acabar con esos tipos, aunque tenga que romperse todos los huesos de la mano.
A pesar del casco que cubre la mayor parte de los rostros de los sujetos que aún siguen en pie, puede notar un dejo de asombro e incredulidad en las pocas facciones que quedan al descubierto. Sonríe, cuando uno de ellos retrocede y sale corriendo. Los demás lo rodean, como lobos famélicos contemplando su presa. El que él no tenga una armadura y el combate sea tres contra uno lo pone en una desventaja, Ikki sabé que sí comete un sólo descuido, perderá.
El de la izquierda se lanza contra él, lo esquiva, saltando en el aire y aprovechando su posición, arremete con un puntapié en la cabeza de este, destruyendo el casco y parte del cráneo. Los otros dos no esperan que toque el suelo para atacarlo, el filo de una de las guadañas hiere su costado, reprime el gemido de dolor, y golpea —con la misma mano lastimada— y un ruido sordo la quijada del sujeto, quien trastibilla y cae, aturdido. El otro, con la parte del mango del arma lo sujeta del cuello desde atrás, la presión sobre su tráquea es demasiado. Su vista se nubla y comienza a perder la conciencia por la falta de aire.
No, no puede morir tan fácil, se dice. Y como puede, mueve su cabeza hacia atrás, golpeando la nariz del sujeto, que lo suelta y retrocede, con la sangre escurriendo desde su nariz. Ikki tose, sintiendo su garganta palpitar dolorosamente. El tipo vuelve a lanzarse sobre él, el filo del arma intentando arremeter contra su abdomen. Ikki esquiva una y otra vez la guadaña, como en un frenético baile de muerte, y el arma sólo alcanza a rozar su camisa.
La guadaña destroza la tierra, donde sólo milisegundos atrás estuvieron sus pies. Ikki lanza una patada, que golpea de lleno el pecho del sujeto, rompiendole el peto de la armadura, y saliendo volando hacia atrás. Respira aceleradamente, apretando su costado donde la sangre emerge abundante de la herida.
Alguien aplaude. Ikki voltea bruscamente, encontrándose con unos ojos violeta, y un fino y hermoso rostro conocido.
Acabaste con algunos de mis Skeletons. Debo admitir que estoy un poco impresionada—ella se había acercado a uno de los cuerpos de los skeletons, y sin nada de amabilidad lo había pateado—. Aunque son soldados de rango inferior, son buenos destruyendo todo a su paso.
Tú... tú eres...—Ikki no lograba articular una oración completa, y es que ver de nuevo a uno de los responsables de la muerte de sus padres era una emoción demasiado abrumadora.
Veo que no has podido olvidarme. Yo tampoco, y menos después de lo que me hiciste—dijo tocando su cuello, y mirándolo con odio—. Pero luego saldaremos esas cuentas pendientes. Ahora, te exijo que me digas dónde está el cuerpo de Hades.
—¿El cuerpo de Hades...?
—¿Esta segura que es él, señorita Pandora?
Y sólo hasta escuchar esa voz masculina preguntando, fue que Ikki notó la presencia de un hombre con una armadura de color ébano junto a ella, y por unos momentos pensó que era el mismo que la acompañaba esa noche pero no, este tenía el cabello oscuro, y la armadura y alas de esta eran diferentes.
—Por supuesto Aiacos, me sería imposible olvidar su rostro.
—Entonces, ¿Qué hacemos con él? ¿Lo torturó hasta que nos diga?
—Por ahora lo llevaremos con nosotros. Siento un cosmos de gran poder acercándose y no permitiré que lo único que me lleve al paradero del cuerpo del señor Hades me sea arrebatado. Cuando estemos allá, veremos que métodos usamos sí opone resistencia.
Puedo luchar con el santo que se acerca, dejeme demostrarle mi poder, señorita Pandora—pidió el espectro.
No, Aiacos. Aún no es momento, toma a ese mocoso y luego ordena a los skeletons que regresen al castillo—ordenó la joven, subiendo a un carruaje que recién llegaba, era halado por tres caballos de pelaje negro como la noche, estos bufaban fuertemente y sus cascos chocaban contra el suelo estremecedoramente.
El juez del inframundo se acercó al peliazul, quien ya había tomado una posición de ataque, y a una velocidad inhumana tomo a Ikki de la cabeza con fuerza, sin que este pudiera hacer nada y lo estrelló contra el suelo reiteradas veces, hasta hacerlo perder la conciencia. Lo último que logró ver fue el fuego devorando y consumiendo la iglesia de la aldea.
………
Las personas pueden acostumbrarse a todo, e Ikki ya lo había hecho. Se acostumbró al frío y mugriento suelo donde dormía. También a las torturas, al dolor de sus heridas y músculos de su cuerpo, al ya no saber sí era de día o de noche, ni del tiempo que llevaba en ese lugar. Incluso se acostumbró a la cotidiana presencia de ella.
Tu resistencia es admirable... y también molesta—comentó ella, desde una esquina de la pequeña celda—. Pero dime ¿En verdad vale la pena todo lo que has sufrido por él?
Ikki la miró inmutable, encogido en su sitio— por él doy, incluso mi vida...—respondió, y luego miró con recelo la comida que ella había dejado en el suelo, momentos antes.
Estoy aburrida de jugar al "yo te torturó y tú no dices nada"—Pandora se dirigió hasta donde estaba y se arrodilló junto a él, que intento alejarse pero el grillete en su tobillo se lo impidió—. Los jueces sugieren que terminé contigo, ya que no has sido de mucha ayuda para encontrar a Shun.
—¿Porqué no lo haces, entonces?
—Sería demasiado piadoso de mi parte acabar con tu miserable vida. Yo no soy esa clase de persona.
Es cierto, tu eres una mujer taimada y cruel—ella sólo sonrió mientras enredaba sus dedos en su cabello áspero y sucio, y él sólo se dejó hacer. Ya no tenía fuerzas para oponerse a sus caricias.
Pandora podría torturarlo tanto tiempo como ella quisiera, pero el peliazul le había demostrado que no se quebrantaria con el dolor físico, asi que debía usar otro método. Ya que sí el paradero de Shun aún fuese incierto cuando los dioses gemelos despierten, le costará caro.
Incluso si tú no me dices dónde está, lo encontraré, creeme. Tardaré un tiempo pero lo haré—susurró contra su oído, erizandole los vellos de la nuca al sentir su tibio aliento—. Sin embargo, debés saber que sí el santuario se entera de su existencia, querrán eliminarlo...
¡Mientes! los santos de Athena protegen a las personas, no las lastiman—replicó, tomando sus muñecas y lanzadola al suelo, colocándose sobre ella.
Shun es el cuerpo destinado para ser el avatar del dios del inframundo, y sí lo matan, podrán evitar la guerra santa. ¿Crees que perderán una oportunidad como esa?—Ikki no supo que responder, las palabras de ella resonaban con una aterradora verdad en su mente—. No respondes, porque sabes que tengo razón... yo sólo intentó protegerlo, al igual que tú, Ikki.
—¡Déjate de bromas!
Lo digo en serio, ese es mi deber; cuidar y proteger el cuerpo huésped del dios del inframundo—finalmente vio un ápice de duda en sus ojos azules, y debía aprovecharlo—. Que te parece sí te propongo un trato. Sí tu me dices dónde encontrarlo, te permitiré que estés a su lado; cuidandolo, protegiendolo. Serás su sombra día y noche.
Pandora sonrió ampliamente cuando él la liberó con cautela, después de unos momentos.
¿Lo prometes...?—preguntó.
—Te lo prometo, tú estarás a su lado en todo momento.
Quizás, fue culpa del miedo y la angustia en ese momento que lo impulsaron a aceptar el trato que ella le ofreció, y decirle dónde estaba Shun. Aún, hasta el día de hoy viendo distraidamente el tablero de ajedrez frente a él, Ikki se pregunta sí al menos esa fue la decisión correcta o condenó el destino de Shun y el suyo hacia un abismo.
La guerra es como un juego de ajedrez ¿Sabes?—dijo ella, moviendo su torre hacia su alfil, derribandolo—. Debes mover la pieza indicada, en el momento justo para ganar.
¿Cuando atacaremos el santuario para recuperar a Shun?—preguntó, moviendo su último peón.
Gracias al idiota de Raimi la seguridad en el santuario se redoblo, pero por fortuna las mariposas de Papillón ahora se encargarán de vigilarlo y traer novedades de lo que ocurre allí—Pandora tomó su rey y lo movió lentamente hasta acorralar a su reina, dando por terminado el juego—. El sello de los dioses gemelos aún no se rompe. Entonces, esperaremos hasta que falte poco, y con la pieza indicada y el momento justo; atacaremos y traeremos a nuestro querido hermano menor donde realmente pertenece.
………
Debo agradecerte por salvarlo—Shaka había llegado hasta él, que se mantenía en el umbral de la puerta del templo de la doncella, sin atreverse a entrar en el lugar.
Había llegado hace como una hora atrás, después de hablar con el patriarca y Athena sobre lo sucedido con el espectro, pero en el relato suprimió ciertos detalles que —por alguna razón que no lograba entender— quería compartirlo sólo con Shaka.
Era mi deber—respondió—. Cualquier santo lo hubiera hecho.
—De igual manera te lo agradezco, Afrodita.
—¿Athena, aún sigue sin separarse de su lado?
La pequeña Athena había insistido en ver al peliverde desde que se enteró del incidente, y el patriarca no había logrado convencerla de que esperará hasta el día de mañana, así que él se hizo cargo de llevarla con él.
Si, al igual que Seiya, a pesar de que él también esta herido—dijo, apoyándose contra uno de los pilares del templo.
¿Porqué lo aceptaste como tú discípulo?—preguntó, tenía esa duda desde hace mucho. Algunos de sus camaradas eran exigentes y quisquillosos cuando se les asignaba a un pupilo, y Shaka era uno de ellos—. Alguien más pudo ser su maestro, sí tú te hubieras negado a entrenarlo.
Afrodita había visto los entrenamientos del ojiesmeralda, y le sorprendió que Shaka siguiera entrenadolo, a pesar del poco—por no decir nulo— progreso que Shun mostraba en los combates.
Fue porque me vi reflejado en él—la voz de Shaka se torno nostálgica, como anhelando esos tiempos—. Cuando pensaba y era igual que él en mis días como aspirante, cuando aún era inocente e ingenuo con la maldad y crueldad de las personas...
Y después, la indudable verdad te golpeó sin compasión—Afrodita, miraba la rosa roja entre sus dedos y luego inhalo el perfume de esta, vivir tantos años rodeado de rosas envenenadas lo había hecho inmune, permitiendole deleitarse con el olor de una hermosa arma letal.
Hubo unos minutos de incómodo silencio hasta que Afrodita decidió romperlo, contándole a su compañero lo que quería decirle desde que llegó.
Ese espectro... pensaba llevarse a Shun, parecía feliz de encontrarlo—el santo de piscis notó el semblante confundido de Shaka—. Lo llevaría ante alguien, y dijo que esa persona estaría muy contenta por ello.
¿Porqué un espectro querría llevarse a un aspirante, Afrodita?—el rubio no veía lógica en las palabras de su compañero.
—Eso es lo que quiero entender, Shaka... ¿Acaso, hay algo especial en Shun?
La pregunta quedó suspendida en el aire, por un tiempo que parecía haberse detenido por un ente capaz de controlarlo. De repente, una idea vaga y poco concisa paso por la mente del santo de virgo, su cuerpo se estremeció y deshecho el pensamiento rápidamente.
No es posible
Lo negó fervientemente varias veces. Intentando convencerse de lo absurdo que sonaba esa idea, sin embargo, una pequeña parte de su lógica lo convencía de lo contrario.
………
………
Impeler:dar empuje, impulsar.
Álgido: que es muy frío.
Odre: recipiente hondo, de cuero o piel, cocida en forma de saco para contener líquidos.
Skeletons (esqueletos):Son los soldados de menor rango del ejército deHades, los equivalentes delos soldados sin rango de Athena. A diferencia de ellos, los Skeletons usan versiones débiles de Surplicesy a menudo están armados con hoces(guadañas), ya que no tienen dominio sobrecosmo.
Notas de autor.
Tarde más de lo esperado en actualizar, mil perdones por ello. Pero tener más de un fic en curso es más difícil de lo que uno puede pensar, así que mis actualizaciones serán más tardías de lo usual.
Cuando comence con la idea de esta historia, era completamente distinta de lo que he escrito hasta ahora, incluso se suponía que sería un fic yaoi pero a mi no se me da escribir esos tipos de historias—llevo dos intentos fallidos— pero las ideas van llegando y ya tengo pensado un final predeterminado—sí no cambio de idea a última minuto, como suelo hacerlo— así que este fic terminaría en dos o tres capítulos más.
Agradezco que lean mi fic, y dejen comentarios, no se imaginan la alegría y emoción que se siente al leer un comentario.
Aún sigo sin saber como responder reviews, pero les agradezco a Saga Dreamer, Selitte, doremishine itsuko, SakuraK Li, Luzei, Mary Martin, darkacuario, dfigueroavelasquez. Por dejar sus comentarios, en cuento descubra como contestar, lo haré. Mil gracias y hasta la próxima.
