A/N: Parece ser que alguien todavía lee esto, así que seguiré actualizando. Gracias por los reviews!


En la actualidad…

Multitud de momentos asaltaban mis pensamientos. La boda, pequeña y sencilla, la reacción de los chicos cuando se lo dijimos… Todos alucinando excepto Catherine y Greg, quien por lo visto ya lo sabía y por eso se había estado comportando de forma extraña con Sara. Estaba enfadado porque no se lo había dicho. También recordé como se solucionó todo entre Warrick y Cath.

Al final todo había salido a pedir de boca, excepto esto.

Esto no estaba en el guión, no aparecía en mis planes. En realidad, ya no había planes. Todos los que podíamos haber hecho Sara y yo se iban a desmoronar.

"¿Preparado?"

"Para esto nunca se está preparado." Por un momento bajó la pistola y un ápice de esperanza se adueñó de mí.

"¿Sabes? En eso tienes razón. Nunca se está preparado para decir adiós."

No me lo podía creer… las palabras que había dicho… las mismas que Sara había pronunciado años atrás.

Brass había sido disparado unos meses después de que Sara y yo empezáramos a vivir juntos y recuerdo lo mal que lo pasó. Yo tuve mis altibajos durante esas semanas, pero como siempre me había mantenido fuerte y sosegado, y más ante los ojos de Sara. Brass era como un padre para ella y me mataba ver como se despertaba en la madrugada cubierta en frió sudor y con una sola cosa en mente. Decía, ¿no fue suficiente con Nick? Cada día que pasaba estaba más harta de todo, pero Jim salió adelante. Todavía recuerdo desde el interior de la habitación sus lágrimas de felicidad y cómo abrazaba a Warrick. Yo me sentí aliviado y feliz. No habría soportado perderle y tampoco hubiera sabido cómo afrontarlo.

Todos habían tenido sus momentos de flaqueza y debilidad, de estar casi al borde de la muerte o la desolación.

Greg en dos ocasiones. La explosión en el laboratorio, en la que también se vio envuelta Sara, y aquella paliza que le dieron un grupo de chavales. Me sentía culpable, en parte porque había sido yo quien lo había enviado solo al atraco de la licorería. La conversación que había tenido con él en el hospital no se me olvidará nunca.

Sara era la que me había dicho que hablara con Catherine, no me dijo por qué, pero luego lo supe. La violación, el secuestro de su hija y luego la muerte de Sam. Todo había pasado muy rápido, pero a la vez era como si cada segundo supusiera un cuchillo en el corazón para Cath.

Warrick tuvo sus problemillas, sobretodo con el caso de Holly Gribs. Se sintió culpable durante mucho tiempo y nunca lo olvidó. Luego sus trances con el juego y las drogas. Después de su divorcio todo fue empeorando hasta que la cosa pareció mejorar un tiempo, pero únicamente para volver a decaer.

Sara… cuando fuimos a aquel psiquiátrico. Aún no había pasado nada entre nosotros, pero al verla a través de ese cristal con aquel enfermo sosteniéndole un trozo de cerámica en el cuello, sentí que ya no había nada más. El chico intentando abrir la puerta mientras yo la miraba fijamente a los ojos diciéndole más cosas de las que hubiera sido capaz de expresar con palabras. Lo único que se me ocurrió decir fue, si quieres puedo pedir que te sustituyan. Ese caso fue horrible.

Todos habían pasado por algo, incluso yo hacía tiempo, pero nada parecido a esto.

Ahora tenía mucho más que perder.

"Una duda que tengo… ya que tu amiguita, la rubia, todavía anda dando vueltas. ¿Que te parece si jugamos un poco?"

"Creo que ya hemos jugado bastante." No quería ni imaginarme lo que ese bastardo tenía en mente.

"Vaya, yo creo que no. Te he hecho sufrir, pero quiero algo más… ¿cómo diría? Realista." De nuevo esa sonrisa diabólica se apoderó de su expresión, mientras la mía se cubría de pánico al ver la pistola que sostenía moverse por distintas zonas de mi cuerpo. Primero la cabeza, luego el brazo, el estómago, la pierna…

"¿Qué piensas hacer?" Pregunté asustado.

"¿Tú qué crees?" Y lo sentí. Un dolor insoportable atacó mi pierna y se extendió al resto del cuerpo en cuestión de segundos. En todos los años que llevaba trabajando, nunca en la vida había recibido un disparo. ¿Qué hacer? Nada.

Es cierto, dolía y esa sustancia rojiza no paraba de salir, pero en mi mente, entre tanto sufrimiento, sólo se podía observar una cosa. Ella…

Me encontraba en el suelo, sangrando sin parar y mirando como ese descerebrado apuntaba a mi brazo.

"No. ¡Espera!" Se puso a mi altura y me colocó la pistola en el cuello.

"¿Prefieres aquí o en el brazo? Tú eliges."

Permanecí en silencio, aunque por dentro todo mi ser gritaba por que no disparara. Verdaderamente estaba desquiciado, pero no podía dejar de pensar en que si lograba escapar le haría lo mismo a Sara.

Disparó de nuevo, esta vez la bala me rozó el hombro. No me había dado de pleno, pero aún así dolía, y mucho.

Se rió. Una y otra vez se rió.

"En fin. Creo que ya basta. Tendré otra ocasión para divertirme."

"No la tendrás." Conseguí decir mientras me debatía entre la realidad acompañada del dolor y la fantasía que en una parte de mi mente luchaba por inundar mis pensamientos.

"¿Y quién me lo dice? ¿Alguien que esta tirado en el suelo desarmado y desangrándose?" Volvió a reír, esta vez con más ímpetu. "Basta de cháchara." Apuntó a mi cabeza.

Cerré los ojos con la esperanza de no sentir dolor y con la confianza de que le pillarían antes de que encontrara a Sara.

Su imagen… un sentimiento. Eso quería inmortalizar.

Un disparo y un dolor muy fuerte pecho es lo último que recuerdo.

1 semana después…

Y ahora aquí estaba, tirado en una cama de hospital sin saber por qué estaba allí o cómo había llegado. Los recuerdos se difuminaban en mi mente como arena que se lleva el viento, sin poder contarme la historia de forma clara y concisa.

En un intento de centrarme, miré a mí alrededor y ahí la vi, sentada en un sofá con los ojos cerrados. Intenté llamarla, pero mi voz, débil y vacía, no lograba decir las palabras que en mi mente se formaban. Sencillamente la observé hasta que mis ojos, agotados y dolorosos, se volvieron a cerrar. Mientras dormía una pesadilla se coló por la puerta de atrás. Soñé que no estaba allí, que Sara estaba sola y que yo no estaba con ella para cuidarla. No podía conocer a mi hijo y había perdido toda una vida. Era horrible, era como si sólo pudiera mirar sin poder hacer nada, sin la posibilidad de acercarme y decirle que la quería. No lo soportaba.

Cuando abrí de nuevo los ojos Sara ya no estaba allí, y entonces pensé que lo que había visto no era real, que Sara en verdad nunca había estado allí. Incluso me planteé si yo realmente existía, o si simplemente era una mala pasada de mi subconsciente, pero el dolor era demasiado auténtico para que todo fuera una simple fantasía. Miré al otro lado de la cama y pude ver a Nick son la mirada perdida, observando lo que se podía ver a través de la ventana de la habitación. Dudaba que estuviera viendo algo, probablemente sólo pensaba con la mirada fija en ninguna parte. Se dio la vuelta; por alguna razón debió notar que estaba despierto.

"Grissom. Has despertado." Se acercó y me dio un poco de agua. "¿Cómo te encuentras?"

Con dificultad conseguí decir algo. "¿Sara?" Nick simplemente sonrió. "Esta con Catherine. La hemos obligado a comer algo."

Eso me hizo sonreír, estaba bien, y eso era lo importante. "¿Qué ha pasado?" Mi pregunta hizo que un ápice de inseguridad y pánico se apoderara de Nick.

"¿No lo recuerdas?"

No respondí.

"El médico nos dijo que era posible que tuvieras pérdidas de memoria, sobretodo a corto plazo. ¿Hasta dónde consigues recordar?"

Indagué en el interior de mi cerebro procurando encontrar mi último recuerdo de aquella pesadilla, y fue entonces cuando todo se volvió más claro. "Recuerdo que Cath y yo volvimos a la escena del crimen y que… Shelton apareció y… la pistola, recuerdo la pistola. Me apuntaba con ella a la cabeza y…" Callé. No quise seguir recordando, prefería no hacerlo. Nunca es bueno revivir las desazones y este caso no era una excepción. Por supuesto, Nicky se dio cuenta.

"Tranquilo, Griss. Tu memoria está bien."

Al final, me lo contó todo, porque yo se lo acabé pidiendo. Resulta que Sara se había quedado preocupada con mi llamada, así que avisó a Catherine inmediatamente, quien llegó justo en el momento en el que Shelton se disponía a propiciar el último y definitivo disparo. Por suerte, la bala de ese loco se desvió al dispararle Catherine y me dio en la parte derecha del tórax, quedándome yo inconsciente en el acto. Había perdido mucha sangre y estuve en estado crítico, pero aún vivía.

También se había desenmascarado quién había robado las pruebas y se las había arreglado para colocarse en los puntos muertos de las cámaras de seguridad. Un chico nuevo del turno de día había sido el culpable, pero ya no teníamos que preocuparnos más por él, ni por Shelton.

"Voy a avisar al médico." Nick se dispuso a salir de la habitación, pero yo le detuve.

"Nick" Se giró con una leve sonrisa en su rostro. No tuve que decir nada, entendió perfectamente lo que quería.

A los pocos minutos un hombre de unos 50 años con bata blanca entró por la puerta.

"¿Cómo se encuentra Dr. Grissom?"

"Bien." Respondí secamente. El médico se acercó al monitor, lo observó y de nuevo clavó su mirada en mí.

"Las constantes están bien. ¿Le duele mucho la cabeza?"

"Me duele el pecho."

"Eso es normal. Le dolerá un tiempo, pero le diré a la enfermera que le traiga calmantes." Escribió un par de cosas más en su libreta y al salir se giró. "¿Sabe? Tiene mucha suerte. Hay gente en este hospital que se muere sin que nadie venga a visitarles, en cambio usted, tiene gente que le quiere, sobretodo una chica que no se separó de su lado en ningún momento. Es muy afortunado."

No supe qué decir, por lo que simplemente sonreí.

Una vez el medico se ausentó, por fin entró la persona a la que realmente quería ver. Cómo añoraba esa mirada, esos labios…

"Gil…" Se sentó en la cama a mi lado y me agarró la mano con fuerza, no antes de besarme.

"Te echaba de menos." Dije con una sonrisa, viendo como los ojos de Sara se inundaban de agua haciendo que su mirada expresará más aún de lo que ya lo hacía.

"Y yo a ti. Cuando me llamaste… estaba muy asustada y… Creí que te iba a perder…"

"Lo sé. Yo también estaba asustado, pero ya ha pasado todo. Estamos los dos aquí y eso es lo importante."

La tranquilidad de la habitación ahogó todos los malos momentos, como queriendo inspirar una sinfonía de felicidad y ternura. Y, ¿qué mejor momento para decirlo?

"Te quiero." Sara rió con lágrimas en los ojos.

"Esta es la quinta. Te estás superando a ti mismo" Una pequeña sonrisa se formó en mi rostro.

"Espero superarme día a día, pero sólo si es contigo"

-o-

Las semanas siguientes transcurrieron tranquilas y apacibles. Yo estuve un par en el hospital recuperándome y fue Catherine quien me sustituyó, incluso me había comentado que había posibilidades de que empezara a trabajar en el turno de día, pues se rumoreaba que Ecklie iba a ser degradado o incluso despedido. Lo último era menos probable, ya sabemos que era especialista en besar culos.

Sara por otro lado estuvo a mi lado en todo momento, con sus más y sus menos, por el embarazo.

Recibí las visitas de todos. Warrick y Cath venían juntos con Lindsay, ya eran una familia, como la que yo iba a formar con Sara.

Cuando por fin me dejaron salir de las cuatro paredes del hospital, me entusiasmé porque sabía que iba a estar de baja un tiempo y podría disfrutar de la compañía de mi esposa y del pequeño. En realidad, no sabíamos si era niño o niña aún y habíamos decidido que fuera una sorpresa. Así que teníamos preparados ya los nombres. En caso de que fuera chica se llamaría Elizabeth, y si era chico, Sara quería Bobby y yo Nathan. Todavía estaba en duda, pero tampoco era demasiado importante. Los dos nombres eran muy guapos.

Ya estaba en casa y eso era lo realmente importante. Fui mejorando con el paso de los días. De vez en cuando teníamos alguna visita, pero no demasiadas, puesto que las cosas se estaban complicando en el trabajo. Efectivamente Ecklie había sido degradado y a Cath le habían propuesto ocuparse del turno de día. Recuerdo que vino a vernos para contárnoslo y pedirnos opinión. Después de lo pasado con Warrick decidió aceptar el puesto, iba a ser difícil, pero siempre podría revocar el ascenso.

Así que el caos reinaba en el laboratorio. Yo de baja, Sara también, Cath en el turno de día… hacían falta criminalistas. Warrick fue quien se encargó de todo en mi ausencia y con el ascenso de Catherine. Hodges pasó a trabajar más horas de lo normal, ya que se le pedía su colaboración en la calle. Era el que más tiempo llevaba allí y el más cualificado para ello.

Por otro lado, incluso se contrató en período de prueba a una chica joven, que yo aún no conocía, pero que cuando volviera estaría a mi cargo. Evidentemente Hodges no podía ser criminalista por mucho más tiempo, es más, tampoco es que quisiera serlo, prefería estar en el laboratorio.

En esas semanas de relativa paz para nosotros, estuvimos buscando una casita, ya que ambos pensábamos que era mejor criar a un niño en una casa que en un apartamento. Buscábamos algo como la casa de Catherine y que no estuviera muy lejos del trabajo. Un barrio tranquilo con un colegio no muy lejano. Probablemente era pedir demasiado, pero por pedir que no faltara.

Un día vino la inspiración. Catherine nos llamó diciendo que la prima de no se qué amiga suya vendía una casa, porque se iba a vivir a Los Angeles. Y en fin, cuando vimos la casa… Era perfecta, todo lo que habíamos imaginado, excepto las facilidades para llegar al trabajo, pero bueno, estar un poco más tiempo en el coche no importaba. Si Catherine y Warrick eran capaces, nosotros también.

No podía estar eternamente de baja, aunque así lo quisiera. Volví al trabajo una noche de lunes tormentosa y fría. El peor día para volver al trabajo, pero no me quedaba otra. Entré por la puerta y regresé a mi despacho. Seguía como siempre, pero con más papeles encima de la mesa que Warrick debería haber rellenado. Como se nota que a nadie le gusta hacer papeleo. Cogí de encima de la mesa las tareas de aquella noche y me dirigí a la sala de descanso donde estarían todos, y cuando digo todos incluyo a Catherine, cuyo turno había terminado hacía tiempo, a la chica nueva, Claire, incluso Hodges, que fue el primero en hablar.

"¿Qué tal jefe?"

"Hodges…" Le miré y afirmé con la cabeza para luego acercarme a la chica. "Tu debes de ser Claire, ¿verdad?"

"Si. Encantada de conocerle por fin Dr. Grissom."

"Igualmente. ¿Cómo llevas el trabajo?"

"Bien, bien."

"Me alegro." Me giré para encontrarme con Catherine dispuesta a darme un abrazo, yo simplemente me quedé quieto sin hacer nada y con cara de ¿qué haces?

"Bienvenido Gil."

"Eh… Gracias."

Nick se acercó y me dio una palmada en la espalda, bastante fuerte, pero no me quise quejar. "Si Griss, ya estas de vuelta."

"¿Cómo te sientes?" Ese fue Warrick

"Estoy bien. Gracias a todos." Greg no dijo nada simplemente sonrió. "En fin… toca trabajar."

"Si, y yo me voy que tengo que prepararle la cena a Lindsey." Catherine miró a Warrick y al pasar a mi lado, me susurró al oído, "me alegro que estés de vuelta."

"Bueno empecemos. Greg y Nick asesinato en la avenida Tropicana." Ambos, después de coger el informe salieron por la puerta. "Warrick, tu con Claire. Atropello con fuga en la 5ª con Blue Diamond."

Mientras los chicos estaban fuera, a mí me tocaba rellenar todo el papeleo, aunque aún tenía en mente ese bienvenido.

"Ya estoy de vuelta, eso esta claro."

Sí. Todo había vuelto a la normalidad.