Capítulo 2: Un mundo que desconozco


En un lugar al Noreste de Hyrule se alzaba una pequeña Aldea que era rodeada por algunas elevaciones de suelo, como pequeños montes, era como una protección natural, una aldea muy tranquila donde algunas personas iban y venían como turistas o mercaderes, y otras vivían ahí desde hacía mucho tiempo. Era conocido como la Aldea Kakariko.

Una mujer muy anciana se encontraba apaciblemente en una gran casona, en el medio superior de toda la aldea, meditando como siempre. Hoy nadie le visitaba. Todo parecía muy tranquilo. Sin embargo, aquella paz fue mermada un instante por un repentino temblor que provoco pánico en algunos miembros de la aldea. Sobre todo los más jóvenes.

Cuando cesó, la mujer abrió los ojos y sintió que un escalofrió le recorrió el cuerpo. "Ganon… es Ganon" Se dijo mentalmente mientras observaba temer a su nieta, una jovencita de unos diecinueve años y que estaba limpiando el suelo. Al sentir aquel movimiento, la jovencita se encogió como un niño temeroso, y luego se tapó la cabeza.

– No hay nada que temer, Paya – Dijo la mujer con un semblante serio – Si el temblor ha pasado es porque nuestra señora Zelda ha apaciguado a la bestia de nuevo. No escapará, por ahora.

– ¿P-Por a-ahora? – Tartamudeó como solía hacerlo siempre.

– Hay que tener fe en que el muchacho, él regresará… El héroe siempre estará ante el mal y le derrotará. Tengo fe en Link – Una vez terminó de hablar, volvió a meditar con los ojos cerrados y una expresión tranquila – Sólo espero que ese momento llegué pronto. A Su Alteza le quedan pocas fuerzas, cada vez hay más temblores… Esta situación es tan parecida a las leyendas del primer ser del mal…


Meseta de los Albores-

Link se dispuso a recorrer cada centímetro de la meseta, topándose con diversas "seudo" armas. De entre estas un hacha que no había notado antes cuando comió y converso con el viejo por el que se había hecho pasar Su Alteza, el rey Roham.

Sabía que en ese lugar había pequeños establecimientos de soldados pero el problema era que todos se encontraban en el interior de la meseta. Así pues se dispuso a bajar para entrar donde se guardaban todas las armas y provisiones.

Con un pedazo de tela de un asta bandera, se hizo una pequeña bolsa improvisada donde metió un montón de frutillas, raíces y yerbas comestibles. Era una suerte ser un viajero durante tanto tiempo. Empezaba a sentirse mal por hacer cosas que NO debía, pero tenía que quitarse la vergüenza. El reino de Hyrule era una simple leyenda ahora, así que seguramente sus leyes habrían sido desplazadas al segundo plano. El mundo sin un gobernante directo sería como un lugar libre a todo, hasta lo que no se debe. Es decir, todo se trataba de vivir la vida como salvajes.

Él sabía bien adaptarse a esa vida. Tres años vivió en un lugar inhóspito de hylianos. Su casa estaba rodeada por la nada, podría decirse. Tan sólo había bosques, ríos, animales, y cerca de ahí, la playa y bahía de Necluda. Seguramente habría desaparecido el lugar, tenía algunas ganas de ir a averiguar qué había pasado con esa pequeña Aldea de diez personas, que disminuyó el número a siete cuando sus padres y él se marcharon a la capital.

No, primero lo primero – Pensó para sí mismo al recordar que debía ir con Impa.

Antes de bajar recordó que cuando era un niño había guardado un arco en un cofre, en un lugar donde sólo cabía él. Por alguna razón, el templo del tiempo tenía una habitación con un estrecho agujero. Ahí había encontrado un cofre y, con este, un montón de joyas. Cuando era pequeño poco le importaba aquello, así que suponiendo que era un tesoro metió un arco, que le pertenecía a su padre, en el cofre.

A pesar de que pareciera un arcó común y corriente, era bastante pesado. Era de madera reforzada con metal. También era muy resistente. Según lo que dijo su padre es que ese arco había pasado de generación en generación. Le llamaban "El Arco del héroe" según su padre le había pertenecido a un muchacho que fue considerado un héroe, hacía incluso más que la leyenda del cataclismo que se había vuelto popular en Hyrule tras descubrir las bestias divinas.

Hoy ese arco sería un regalo de su pasado para el presente, y decidió intentar entrar en esa habitación, por muy estrecho que fuera. Incluso las joyas le serían útiles.

Cuando entró al Templo del Tiempo se percató de que esa habitación ya no estaba cerrada. Había un gran hoyo por el que era fácil pasar.

– Vaya, puede que no haya ni una ni otra cosa, pero… ¿qué pierdo al revisarlo? – Link pasó por esa cavidad, encontrándose con un cadáver de alguien, que se aferró al cofre con fuerza.

Sintió un escalofrió recorrerle todo el cuerpo, empezando de los talones, pasando por su espina dorsal y luego la nuca. Esa escena era algo aterradora. Con razón olía tan mal desde hacía un rato dentro del templo. No había sido su imaginación.

Supuso que era la o el dueño de las joyas. Retiro al cadáver de su posición y luego abrió el cofre. Miró unos segundos algo más aterrador. La persona que estuviera aferrándose así debía ser el dueño de las joyas, pero alguien más, una persona, seguramente le arrebató su tesoro…

– Esto debió ser una disputa por quien se quedaría con el cofre… es aterrador. Lo peor de todo es que parece algo reciente – Se dijo a si mismo con la piel de gallina.

Además de sentirse con algo de temor por eso, también comenzó a pensar como viviría la gente en ese instante. ¿Qué tan desesperados debían estar para matar a otros por joyas? Realmente sería un mundo salvaje. Sacudió la cabeza y finalmente abrió el cofre. Lo único que vio fue su arco. Suspiro con alivió ¿Quién se llevaría un arco así? Cualquiera que supiera de armas sabría que ese arcó tenía una calidad superior. Por más tiempo que hubiera pasado, no había perdido ni su tenacidad ni la forma. Era un arco especial.

– La gente a veces es torpe pero, muy torpe y poco observadora – Comentó con una pequeña sonrisa en los labios.

Sabiendo que era lo único que encontraría ahí, se dispuso a bajar de la meseta. Aunque sus sorpresa fue grande al encontrar la salida sellada. Pero no solo eso. Estaba completamente destruida y llena de agua. Era imposible que lo demás estuviese intacto.

– Maldición adiós a… – pero luego recordó algo más. Se dio un golpe en la frente con la palma de su mano – ¡Pero claro, la caballeriza de Hyrule! – Pegó un grito enorme con una sonrisa de oreja a oreja.

Caminó a prisa. Aún le costaba correr como debía, pues a pesar de haber sido revitalizado por la cámara donde estaba, seguían sin haberse ejercitado o entrenado por cien años. Eso era inaceptable.

No tardó en darse cuenta que la caballeriza estaba en tan mal estado que era posible no terminar encontrando nada. Lo peor de todo es que había un montón de alimañas rodeando la cabelleriza, al menos unos veinte. Comenzó a pensar en derrotarles. Con esa hacha sólo podría derrotar a unos siete y después terminaría rompiéndose. La espada oxidada carecía de resistencia. Sería la misma suerte. Pensó en el arco pero se percató de que sólo tenía cinco flechas – Básicamente nada – expresó a regañadientes para sí mismo. Si fallaba un tiro, no podría hacer nada. Además de que terminaría quedando uno. Siete con la espada, siete con el hacha y cinco, serían diecinueve objetivos. Tampoco podía ignorar que era posible que se rompiera antes de tiempo o que atacaran todos juntos.

Malditos sean – Expresó en su mente el hyliano, frustrado de la situación – Si tuviera la espada que doblega a la oscuridad…

Dio un paso hacia atrás, pelear sería en vano, tendría que encontrar algo más. Tal vez en el puesto de guardia habría algo, una espada de soldado o de caballero con la que pudiera deshacerse de todos esos asquerosos monstruos. Estaba cerca de la entrada, también estaba algo destruido, pero solían tener armas ahí. Con suerte hallaría una.

– Hay que intentarlo – Volvió a la entrada de la meseta, y justo a unos metros de frente se toparía con el puesto de guardia. Otra posibilidad se había abierto en su mente – ¡El cuartel Kolomo! Rayos, pasé tanto tiempo viajando con Zelda que había olvidado todos esos sitios militares – Expresó con pena de sí. Era un tonto a veces, y esa situación lo demostraba.


Llegó al susodicho puesto. Lo que no esperaba era encontrarse con hylianos. Era una mujer y un hombre. La chica tenía el cabello blanco amarrado en una coleta. Tenía un escudo y una espada. El hombre estaba en las mismas condiciones que la chica, pero este era castaño. Ambos vestían como viajeros. Eran dos bokoblins azules. Un poco más fuerte que los bokoblins normales de color carmín.

– ¡Sé más rápido, Nirman! – Renegó la joven mientras golpeaba al monstruo con agilidad.

– ¡D-De acuerdo! – El muchacho parecía batallar más que la chica.

El escudo del muchacho se agrieto con un ataque en salto del bokoblin. Posteriormente, con la porra volvió a abalanzarse y destrozó su escudo. Link sabía que no iba a resistir muchos más, así que decidió subir a un lugar alto y luego lanzarse desde ahí.

– ¡N-No puede ser! – El joven cerró los ojos, esperando el inminente final.

– "Es sólo cuestión de concentrarse…" – Recordó viejas palabras dichas a un amigo – "y el tiempo fluirá despacio, como si no existiera" – Disparó dos flechas limpias. Ambas cayeron atravesando el cráneo de los monstruos. Link cayó al suelo con las piernas flexionadas y de manera segura.

Los jóvenes se quedaron perplejos. Miraron a su salvador y luego corrieron hasta él.

– ¡Eso fue increíble! – Comentó el joven con una inmensa sonrisa que decía "gracias, habría muerto si no hubieras aparecido"

– Si, fue genial, pero yo lo tenía bajo control – Comentó la otra joven. Esta parecía más orgullosa y su mirada no era afable para Link.

– S-Si, Tamina – Dijo este algo temeroso de ella – Qué te quede una cosa clara… el tesoro que haya por ahí es de nosotros, ni te atrevas a husmear.

– ¡Eso mismo! Es lo que siempre digo. Bien dicho, Nirman – Felicitó la joven con una mirada orgullosa – Pero basta de charla, no te traje aquí para parlotear, hemos venido a buscar tesoros. Deja la charla y busca más cosas – Link pensó que la chica y el chico eran una pareja o algo así. Aunque parecía ser que ella era la dominante.

– Si, hermana – Volvió a expresar temeroso, pero esta vez con algo de disgusto. El campeón hyliano suspiró con pesadez, su idea fue desechada de inmediato. Eran hermanos, quizá ella la mayor.

– Vaya que Hyrule es deplorable, como su gente – Susurró el rubio con una mueca de disgusto – Lo único que quiero buscar son armas – Expresó con total seguridad a los jóvenes viajeros – Para deshacerme de esos monstruos en la caballeriza y poder abrirme paso a Kakariko. No busco robar absolutamente ningún objeto de valor, sólo una buena espada y quizá ropa más decente.

Al observarle fijamente era verdad. Ninguna persona vestía como ese joven. Ninguna que estuviera fuera de aldeas o ciudades. No parecía tener nada de valor, salvó sus armas y una bandera que envolvía algo. Por la forma y el olor, Tamina supo que era comida. Los ojos del rubio reflejaban verdad.

– Ah… – Exhaló Tamina con disgusto. Era orgullosa y eso le impedía dejar al hyliano sin nada en las manos después de haberles salvado la vida – Muy bien. Pareces perdido, hambriento y un vagabundo. Pero actúas muy formal para serlo ¿Cómo te llamas y de dónde vienes? – Link tragó saliva y luego comenzó a pensar en que decir – Si me respondes te ayudaremos a deshacernos de esos monstruos, pero a cambio nos dejarás quedarnos con las cosas de valor. En la caballeriza se puede encontrar ropa, escudos, espadas y alforjas. Supongo que la necesitas ya que llevas cosas en esa "bolsa" – Remarcó la joven observando hacía su pequeño bulto de provisiones amarrado a la cintura.

Era observadora, fría y calculadora. Las mujeres en Hyrule solían ser así, sobre todo las mujeres soldados. Por su complexión y su forma de actuar era posible que viniera de una línea de caballeros. Aunque pareciera que caballeros no eran.

– De acuerdo – Dijo el rubio – Me llamo Link… y vengo de un pequeño poblado, escondido entre las montañas de Necluda…

– Eso es una mentira. De ser así te habríamos conocido desde antes – Dijo ella con una mueca – Nunca habíamos escuchado de un tal "Link" en la Aldea de Hatelia.

– ¿Aldea Hatelia? Entonces si aumento el número del Poblado de Necluda– Se replicó mentalmente el rubio – No, no de esa aldea, en Necluda occidental se encuentra la Aldea Kakariko – Esta vez, el semblante de la joven cambió a uno más confiado, aunque dudaba un poco.

– ¿La aldea Kakariko? Si eres de ahí ¿Por qué tienes la ropa toda desgastada y sucia? Además, ¿qué hay de tus facciones? Diría que luces más como un hyliano que como un sheikah – Volvió a cuestionar con sospecha.

– ¡Hey! Te atreves a hacerme más preguntas cuando el trato era responderte mi nombre y de dónde vengo. La curiosidad no es algo demasiado bueno, señorita, ahora cumple tu palabra – Sentenció el joven algo enfadado. Se cruzó de brazos y esta aceptó a regañadientes.

Link buscó en el puesto de guardia, y en el cuartel Kolomo. En el puesto de guardia tan sólo había una espada de soldado, mientras que en el cuartel Kolomo otro bonche de flechas, unas diez más, y un escudo, era suficiente para Link. No había más, tendría que conformarse con eso. Estaba seguro de que en la caballeriza habría mucho más. Era un lugar plagado de monstros y seguramente nadie sería tan estúpido para enfrentarse solo a una horda.

– Bien, la estrategia es primero – Decía el joven sentándose cerca de ellos, tras de un arbusto – Podemos llamar la atención de uno a uno. Es decir, pelear tres contra tres o ustedes dos contra uno y yo contra otro.

– ¡Es ridículo! – Timina reflejo inconformidad con la idea – Yo puedo sola contra uno de esos bastardos.

– Sí, no lo dudo, pero tu hermano ya no tiene escudo ¿No crees que eso le generará problemas? – Opinó el muchacho ante la jovencita. Esta apretó los dientes y aceptó la propuesta – Puedo asestar las flechas sin fallar. Aunque no prometo nada. Después de mi letargo yo… – Estaba hablando de más, así que paró unos segundos. Ante las palabras, Timina le observó de nuevo con sospecha – creo que no dormí demasiado bien, así que tengo pocas energías.

– Muy bien, entonces teniendo esa "estrategia" – Recalcó la joven con sus dedos – ¡Vamos! – Esta hecho a correr en dirección a la caballeriza.

– ¡Diosa Hylia! ¿Siempre es así? – Inquirió el rubio a Nirman. Este asintió con una sonrisa nerviosa – Te compadezco, Nirman – Le tomó un hombro y se rieron el uno con el otro.

Estos siguieron a la joven que ya está enfrentándose contra un moblin. Link se quedó sorprendido. ¿De verdad era una simple caza recompensas? Le agradaba que tuviera tal espíritu de lucha. Quizá cuando el reino volviera a su gloría se alistaría en los caballeros y hasta podría llegar a la guardia, o tal vez no.

Nirman se le unió a su hermana y este atacó al moblin. Unos cuantos cortes dejaron incapacitado al monstruo, y Tamina aprovechó para degollarlo. Este volvió a desaparecer. Ellos no lo vieron como algo anormal. Era bastante curioso que se lo tomarán tan simple como untar mantequilla a un pan.

Siguieron con otro y con otro. Había más de veinte, era bueno saber que encontrarlos era como parte del destino de su viaje. El joven suspiró. Sentía alivio

– ¡Sólo quedan cinco! – Gritó la joven, atrayendo la atención de los restantes. Intentaron abalanzarse contra ella. Nirman se puso de espalda con su hermana. El único fuera del círculo era Link.

Los acorralaban cada vez más, sin poder hacer otra cosa más que esperar un milagro. Entonces Link volvió a saltar desde un lugar alto, y aventó cinco flechas a los cráneos, fallando tan sólo una. Estaba cansado por el nivel de concentración y al bokoblin que falló se le ocurrió tratar de golpearle, pero Tamina rechazó el ataque con guardia perfecta, contra atacando de inmediato.

Después de descansar unos momentos, el joven suspiró con las energías cargadas. Estaba realmente fascinado con las habilidades de Tamina.

– Guardia perfecta – Dijo Link con una sonrisa.

– ¿Qué cosa? – Curioseo Nirman ante lo dicho por Link.

– Tamina tiene talento. La guardia perfecta no es algo que todos puedan hacer. Sólo algunos caballeros, Sheikahs y mujeres Gerudos son capaces de hacer ese movimiento. Si practicas más, podrías aspirar a…

– ¿Caballeros? – Interrogó Timina con más curiosidad – Por supuesto, pero aspirar a ser algo más que un caza tesoros, granjero o mercader, en este mundo es una tontería. De verdad eres misterioso.

Nirman no parecía comprender mucho de lo que a Link se le llegaba a escapar. Pero Timina, por el contrario, parecía saber algo de él con ese efímero tiempo de conocerle.

– Por ser generosa, te invitó a cenar con nosotros. Es peligroso seguir de noche, por eso recomiendo descansar en los límites del Puente Circan. Ahí hay un puesto de vigilancia. Es donde a veces terminamos descansado, aunque un poco lejos de ellos. No nos gusta mezclarnos con esos remedos de protectores de Hyrule.

Link aceptó la propuesta, aunque con un poco de disgusto por su forma de expresarse de esas personas. Es posible que tuvieran sus razones, pero si era por proteger a la gente de Hyrule, no lo veía mal. Con todo lo sucedido no se percató de que el crepúsculo estaba en su auge.


La albina le pidió a Link que por favor trajera un poco de leña. Link asintió sin problemas e hizo uso del hacha. Tenía experiencia cortando leña, por ello trajo algunos bonches. Cenaron y luego Nirman se durmió. El joven tenía unos quince años, mientras que ella tenía diecisiete, o eso dijo al conversar con Link bajó la hoguera.

– Nos mentiste de tu procedencia – Comentó de repente, bebiendo un poco de agua de una cantimplora.

– N-No sé de qué estas… – Link no pudo continuar, pues Timina le arrebató las palabras.

– Eres el Campeón Hyliano de la leyenda, ¿verdad? – Cuestionó la muchacha, mirándole de manera firme y algo acusadora.

No había excusa para negarlo. Se había delatado así mismo con su experiencia sobre el combate, su forma de hablar, y ese estúpido momento en que dijo "letargo" donde levantó grandes sospechas.

– Lo sabía – Dijo con una sonrisa divertida.

– ¡Yo no he…! – Iba a gritar, pero observó que Nirman se movió con un gesto de disgusto – ¡No he dicho nada! – Susurró de manera que parecía estar gritando.

– Pero no lo has negado. Además has tardado demasiado en responder. Entonces, ¿seguirás mintiendo? – Preguntó con seriedad mirando a Link de la misma forma que antes, acusadoramente.

– De acuerdo… sí, lo soy. Pero no le digas a nadie. Después de mi fallo sería normal que todos me tomaran por un imbécil, y no los culpo. Prefiero que piensen que fallecí, a dejarles ver que tras mi resurrección soy esto – Se señaló así mismo con las manos – No soy ni la sombra de lo que fui. Es una vergüenza para mi familia, para quienes debí proteger… para Zelda…

Tamina abrió los ojos con tal sorpresa que Link se dio cuenta nuevamente que había cometido un grave error. Tal vez pocos recordaban su leyenda, pero era más que obvio que recordaban a su salvadora, la princesa Zelda, como una leyenda prevaleciente desde hace cien años.

– Qué formas de hablarle a la princesa que resguarda a la gente. ¿Era tu amiga o algo así? – Inquirió con una mirada poco convincente. Estaba acorralado.

– Por supuesto que lo era – Respondió con seguridad, esta vez parecía haber convencido a Timina – Así como los demás campeones. Eran mis amigos. Pero eso es parte del pasado, y ahora es posible que ninguno persista ni me esté esperando… incluso temó que Zelda haya sucumbido.

– Claro que no. Aunque la gente sea ignorante y dude de ella, muchos otros sabemos que sigue viva, peleando por nosotros. Su determinación es increíble. Tal vez por eso Celessa esta tan obsesionada con parecerse a la princesa, pero no estamos hablando de los que creemos en ella. Eres el campeón de la leyenda. Si lo hubieras mencionado antes tal vez hubiera sido menos mezquina.

– No entiendo la necesidad de comportarse así con otros hylianos – Rebatió el joven en desacuerdo.

– Tú no lo sabes, porque como dice la leyenda, has estado durmiendo hasta ahora. Quiere decir que no entiendes cómo funciona el mundo actualmente. Sobre todo por sus peligros – Tamina entendió que Link no tenía absolutamente nada de conocimiento sobre eso, entonces comenzó a relatar sobre diversos enemigos.

En primer lugar estaban los monstruos. Había desde su color normal, hasta una coloración extrañamente dorada. Decían algunas personas que monstruos de color plateado, por voluntad propia, dejaban que un rayo les pegara. Por su resistencia no morían de uno y estos se volvían color dorado. Eran muy fuertes y mortales para quienes se los encontraran en el camino. El hyliano quedó pasmado por esa revelación.

En segundo plano estaban los del Clan Yiga. Esos desgraciados seguían causando problemas. Aunque Timina mencionó algo curioso que NADIE se atrevería a decir del Clan Yiga que él conocía. Informaba que tras el paso del tiempo, estos se habían vuelto perezosos y más fáciles de derrotar. Pero que a su vez eran una mosca merodeando sin dejar de molestar. Al menos no eran sanguinarios como los que él conocía. Ahora sólo saqueaban a los viajeros sin importarles si la princesa seguía en el castillo o no. Se habían vuelto unos verdaderos pelmazos.

Algunos animales se habían hecho sumamente salvajes y agresivos. Por la casa excesiva en los primeros momentos luego del cataclismo. Con los guardianes merodeando y dándole a todo ser vivo que pueda menearse, estos tuvieron que volverse más cautelosos. También los guardianes formaban parte del peligro, aunque mucho menos grande, pues sólo estaban en ciertos lugares en ciertos momentos. Sólo sería peligroso e insensato si alguien se acercaba por voluntad propia a uno.

Y por último, y la más impactante de todas. Los mismos viajeros. Como lo había pensado antes. Un mundo sin reglas se volvería un total caos, tal como deseaba Ganon, El Cataclismo.

Timina también mencionaba que últimamente la gente se había vuelto mucho más recia. Como si todos los recursos estuvieran terminándose poco a poco. No había muchos trabajos, y algunas aldeas y mercaderes, aún basaban sus cambios de alimento con rupias.

– Es todo lo que hay en este mundo. A pesar de que la princesa nos salvó a todos, les dio la pauta a otros desgraciados a hacer lo que se les viniera en gana. Espero que todo cambie con tu llegada – Expresó con una mirada perdida en el cielo nocturno – Creo en ti. Desde niña, creí que eras alguien que existía de verdad, por eso… tuve esperanza y seguí avanzando con mi hermano. Así que, espero que muevas el trasero con precaución en esta tierra tan devastada, Campeón Hyliano.

Esa era la forma de expresarse de Timina. Le recordaba un poco a Revali. Ese orgulloso guerrero Orni que a menudo le menospreciaba pero, a la vez parecía apreciarlo como un rival. Casi siempre que se veían parecía decirle con la mirada que le retaba un duelo, como cuando se burló de él y de la Espada que Doblega a la Oscuridad. Ese día había sido "taaaaan" cansado. Estaba seguro de haber maldecido a Revali todo el bendito día "Ese estúpido pajarraco desgraciado" Link sonrió recordando ese momento… y luego suspiró con pesadez.

Hasta ahora la única persona en importarle era Zelda. Quizá porque sabía que estaba viva, pero ¿Qué habrá pasado con los campeones? Revali pudo escapar de Vah Medoh. Pero "escapar" no iba en su vocabulario. Urbosa, bueno, ella era muy fuerte pero no podía volar. Incluso si ella era sensata y hubiera escapado, una caída desde Vah Naboris no habría sido favorable para nada. Daruk también era un goron resistente, persistente y amigable. Pero al igual que Revali, era tan orgulloso que no le importaría dar su vida por su pueblo. Conocía a Daruk desde hacía más tiempo que a Urbosa y a Revali, aunque no más del tiempo que conocía a Mipha.

Al recordarla, sus lágrimas intentaron escapar de sus ojos, pero no lo hicieron. Daruk era su amigo, Revali su "rival" y Urbosa, alguien con quien era fácil hablar, pero Mipha… ella había sido como una hermana. Siempre ayudándole, aconsejándole, curando sus heridas cada vez que ella se daba cuenta de que un pequeño roce le afectaba si estaba de verdad lastimado. Le regañaba como una madre y lo cuidaba como una. Hubo un tiempo en que Link tuvo un tipo de atracción por ella, aunque después de no verse una larga temporada, supo que aquello era más como una relación familiar. De verdad le recordaba a su madre y la quería tanto como a ella antes de fallecer. Le cocinaba, lo cuidaba, jugaba con él. Mipha…

Sacudió la cabeza negándose a llorar otra vez. Aquel momento en que escapaba con su princesa había soltado lágrimas. Zelda podría emocionarlo, dejarlo en las nubes, pero también era fácil que su llanto provocara el suyo al instante, por qué verla sufrir era la peor de todas las torturas que existieran – No te preocupes, niña – Le sonrió esta vez, aunque Timina podía ver la tristeza en sus ojos – Esta vez no voy a fallarle a nadie… lo prometo.

Después de esa larga charla, ambos siguieron el ejemplo de Nirman y se durmieron profundamente. Link apretó la tableta sheikah con fuerza, metiéndola debajo de la playera para evitar que alguien la tomase sin permiso.


Esa noche soñó con un bonito recuerdo de hacía cien años. Uno donde estaba con su querida amiga zora, el último momento en que lo paso a solas con ella.

Mipha y él se encontraban encima de Ruta en el Embalse de Rutela, mientras ella le curaba unas heridas de hacía un par de semanas. Había pasado todo el día y la tarde con ella, en la región zora, y en ese instante ya se avecinaba el crepúsculo.

¿Te acuerdas? ¿Cuándo tú yo nos conocimos? – Preguntó la zora mirando el brazo que le estaba curando. Estaban sentados en la trompa de Ruta, descansando de un agotador día, a pesar de haber sido uno libre de obligaciones, como escolta de Zelda. En ese momento, el joven y la princesa ya eran amigos y se hablaban con confianza.

Un poco, era pequeño en ese entonces – Dijo el seriamente, admirando el paisaje. Mipha sonrió ligeramente.

No eras más que un niño inquieto, todo el tiempo te lastimabas – Comentó, sacando una ligera sonrisa a Link – En aquel entonces, yo te cure como lo estoy haciendo ahora. Pero aquel niño hyliano creció muy rápido, y ahora parece más adulto que yo – Sus palabras parecían nostálgicas. Estaban comenzando a poner nervioso a Link, quien recordaba que efímeramente haberle dicho a su padre que cuando fuese grande se casaría con Mipha.

Nuestras razas son así – Se atrevió a decir Link – Era inevitable – Le dijo sin mirarle aún.

Mipha hizo una pausa larga, y luego continuó – A mi… me hacía feliz curarte las heridas, como esta… – Bajó la mirada al brazo que Link se había lesionado. La mano de Mipha dejó de brillar y en ese momento ya estaba perfectamente bien.

Gracias, Mipha, ya no siento dolor al moverlo – Dijo, agitando ligeramente el brazo.

Me alegro de que haya funcionado –Volvió a hacer un silencio sepulcral, hasta que Mipha le llamó – Link…

Dime, Mipha – Respondió el joven, esta vez prestándole su total atención.

Si tenemos que enfrentarnos a Ganon me pregunto… – Aquella duda no era exclusiva de Mipha. Cuando había ido con Urbosa, se preguntaba exactamente lo mismo, y Daruk también. Y aunque no lo aparentara, Revali parecía tan inquieto como todos los capeones. Especialmente la princesa, quien era la más ansiosa de todos – ¿Qué tan poderoso es? ¿Cómo debemos luchar contra él?

Link no tenía respuesta concreta y por ello fue sincero – Yo tampoco tengo idea, Mipha – Expresó el joven dubitativo.

Si… es cierto. Aún no sabemos nada al respecto. Y de nadie es la culpa. Un enemigo de hace tanto tiempo, es difícil que alguien recuerde aquello. Pero… – La mirada de Link era penetrante, Mipha lo podía sentir observándole con atención, aquello la hacía feliz inmensamente – no importa lo ardua que la batalla sea, sí tú… – La joven se sonrojó un poco, ya que Link le prestó más atención al escucharle nombrarlo con exclusividad, y corrigió de inmediato observándole apenas con la cabeza en alto – o-o alguien más resultara herido… yo estaré ahí, para curarlos y para apoyarlos – Desvió el rostro con timidez – Recuerda: siempre te protegeré – Su mirada era intensa. Link lo sentía cada vez más. Este simplemente esbozaba una sonrisa amable pero no tan pronunciada.

Y yo a ustedes – Dijo Link con una ligera sonrisa, y una mirada determinante – A todos… intentaré con todas mis fuerzas protegerlos.

Otra larga pausa se hizo presente. La joven zora comenzó a jugar con sus manos. Sabía que cuando pasaba eso, era porque tenía una pregunta y era demasiado tímida para formularla, aunque terminaba haciéndola con dificultad.

Cuando termine la batalla de una vez por todas, y en honor a los viejos tiempos… Dime… ¿vendrás a visitarme de nuevo? – Aquella pregunta había sido entre cortada y con alguno que otro rodeo por lo mismo anterior dicho, su timidez. Pero notaba otra cosa. Mipha hablaba a manera de súplica, incluso sus ojos destellantes hablaban de esa forma.

Sin poderse negar, y siendo grandes amigos, Link contestó: – ¡Por supuesto, Mipha…! Antes de hoy había sido mucho el tiempo sin habernos visto… demasiado, diría yo – Esta vez, Link de verdad había sonreído, aquella sonrisa tan bonita que tanto le gustaba a Mipha. Una sonrisa inocente y llena de alegría.


"–Lo siento mucho, Mipha… – Dijo Link con profundo arrepentimiento, mientras observaba desde ese vació el recuerdo donde había asegurado que los protegería – Te falle, igual que a todos los demás… no creo merecer tu perdón"

Ese sueño feliz, se había convertido en un amargo recordatorio de su fallo…


Hola :3 Muchas gracias por el apoyo.

Tal como prometí aquí vine después de dos semanas, más o menos n.n Espero que lo hayan disfrutado, en fin, me voy a escribir más ya que al fin es sábado.

Nos leemos después

-Shirayuki