Capítulo 3: El corazón debe ser fuerte


Después de aquella noche, al resguardo de un derruido edificio de la caballeriza oriental, Link se levantó con un buen ánimo. El joven había dormido de maravilla en ese pequeño espacio, y un saco de dormir que Tamina le había proporcionado justo antes de descansar, muy a pesar del sueño que tuvo, logró reponer sus energías.

Sentía como un pequeño viento matutino le rozaba las mejillas suavemente y le llenaba sus fosas nasales de un aroma delicioso. Sin embargo, no había nadie a su alrededor, y tampoco estaba su alforja improvisada y lo demás. Se tentó el pecho y por un segundo sintió alivio, la tableta estaba con él. Pero volvió a molestarse con la desaparición de sus cosas.

– ¡Maldición! – los únicos en dormir ahí habían sido ellos tres, bastante lejos de los vigilantes del puente Circan. Sintió una inmensa rabia después de todo, esa pequeña bastarda, le había…

– ¿Qué sucede? – Preguntó Nirman del otro lado de un muro.

– Ah… yo… no, nada – Dijo el rubio con las mejillas coloradas – Es sólo que… – El estómago le volvió a rugir de repente. Sus mejillas y todo el rostro se le coloro aún más.

– Supongo que estas hambriento. Tamina fue a ducharse al rio y a buscar algo de comer. Tomó prestado tu arco para cazar, espero que no te moleste – Comentó el joven un poco apenado.

Link suspiró profundo al escucharle decir aquello – No, esta bien. Pero debió haberme dicho que hiciera algo. Soy muy bueno cazando cualquier cosa "Hasta centalenoes" – Lo último lo dijo para si mismo, pero Nirman se carcajeo un poco.

– No pasa nada. Creo que Tamina te esta agradeciendo tu esfuerzo de ayer. Es decir mataste a cuatro monstruos que nos rodeaban de una sola vez.

El joven hyliano volvió a sonrojarse por pensar mal de la chica. Las palabras del día anterior sobre NO confiar en nadie, rondaron de tal forma su cabeza que ahora no podía dejarlas fuera de su instinto.

– Por cierto, ven un segundo – Le dijo el joven mientras parecía que del otro lado urgaba algo. Sólo podía ver una parte de su cuerpo a travez de una pequela avertura en la pared.

Link se acercó tan rápido como pudo, entonces se contró con una grata sorpresa.

– Me encontré esto – Dijo el joven enseñandole una prenda. Era una túnica hyliana bien conservada. Link recordaba haber usado una antes de convertirse en parte de la guardia. Esa vestimenta solía ser casual para los caballeros, cuando no hacian ni guardia en los puestos de vigilancia, en las entradas y en algunos lugares públicos. Las utilizaban para entrenar constantemente. – A pesar del aspecto pesa bastante. No creo que a Tamina le agrade la idea de usarla, y a mi me parece exagerado que pesé tanto. ¿No te molestaría remplazarla por esa sucia camiseta?

– No, en absoluto – A prisa se quedo tan sólo con el pantalon viejo para probarsela. Le quedaba perfecta. Además, Nirman le tendio un pantalon, botas y una capa.

– No le digas a Tamina que te di esto. Estaba en un cofre bastante enterrado. Si se entera, quiza se enfade conmigo.

– Bien – Link le sonrió al joven con gratitud, y este le devolvió el gesto – Pero primero me daré una ducha, siento que huelo fatal – Nirman se le acercó para conprovarlo, y si, olía como un monton de viejos, básicamente, olia a "guardado". Algo peculiar para un joven como él.

Link encontró un lugar tranquilo donde tomar un baño rápido. Las orillas del lago Kolomo fueron perfectas, y el cuartel, optimo para cambiarse. Encontró un espejó cercano y lo limpió con la ropa vieja que dejó tirada ahí.

Se vistió con los pantalones y las botas, pero antes de ponerse la túnica se detuvo a mirar su torso. Tenía unas marcas en el pecho, producto de diferentes encuentros con otros seres malignos, muy aparte de los guardianes, y luego una gran cicatriz que iba desde su hombro derecho hasta su muñeca.

– Fue una herida mortal… – Se acarició desde la muñeca hasta el hombro. Apretó sus manos con enfado. No le dolia en absoluto, de hecho, se sorprendía de que su habilidad de combate fuera la misma. Quiza producto del santuario de la vida.

– Oh, viejo… – Dijo Nirman al verlo con tantas cicatrices – ¿Qué hacias antes de estar donde estamos? Esas cosas en tu cuerpo se ven fatáles.

– Digamos que me gusta el peligro – Comentó el joven para no revelar quien era.

– Cielos… es increible que sigas vivo. ¿A caso te metiste con un centaleon? – Link se encogió de hombros al escuchar a Nirman bromear – Venía a decirte que Tamina cocino el desayuno y que te apresures.

– De acuerdo, gracias – El joven se puso la túnica y se ajusto algunas cosas de esta. Además, se colocó la capa, aunque la capucha se la reservó por si lloviznaba.

Nirman se había marchado, pero no sin antes dejarle en la entrada sus pertenencias y una alforja. La espada de soldado no tenía funda alguna, así que tomó el pantalon viejo y la envolvió ahí. Más que nada para evitar algun accidente. Se colocó el arco detrás de la espalda y las flechas las metio en su alforja.

Regresó con calma hasta donde Tamina y Nirman. La joven se quedo pasmada al verle. El joven que aprecía un mugroso ahora parecia un verdadero caballero. Sus mejillas se sonrojaron un poco. Había algo de lo que carecía ese mundo despues de cien años: hombres atractivos a primera vista.

Tamina tosió un poco lo que estaba comiendo, respiró profundamente y luego volvió a su compostura.

– Espero que no te moleste que me haya levantado a revisar las ruinas – Comentó Link mirandole con seriedad.

– No… esta bien. Al menos ya no pareces un vagabundo – Dijo Tamina con una risilla – Bueno, ven acá. Preparé arroz con carne – Tamina le extendió un plato a Link, este lo tomó con gusto.

Tenía cien años sin comer cosas deliciosas. No tenía comidas favoritas pero comía de todo, y también le encantaba cocinar de todo. El joven tentó su nueva alforja y sacó de esta la frutilla que tenía envuelta en esa bandera. Eran algunas nueces, manzanas y frutos de árbol. Tambien se había atrevido a robar miel a las abejas, a recoger sal de un mineral, yerbas del bosque, rabanos y plantas medicinales.

– El arroz con carne es delicoso, aunque si agregan esto – Tomó un fruto de arbol, que era como una nuez, a la vez que una extraña yerba verde y que pareciese que le crecería una flor – Y luego le agregan esto –De entre las cosas tomadas, también había encontrado chiles – y lo sazonan con esto – Sacó una pequeña roca de sal y la frotó contra una cacerola que había puesto Tamina – Es una pequeña salsa.

El joven invító a que estos lo probaran. Grande fue su sorpresa al encontrarlo sabroso.

– Esto es muy rico. Algo picante, pero sorprendentemente delicioso – Examinó Tamina al degustarlo a profundidad.

– ¡Cielo santo! Link, ¿a caso eres padre? – Este comentario hizo reír al joven.

– No, es que pasé mucho tiempo de mi vida viajando. Tenía que hacerme alimento yo sólo. Mi padre era un poco inutil para cocinar, así que todo lo aprendí de mi madre. – Aquella última mención provocó que al hyliano le saliera una mueca de tristeza, inperceptible para Nirman, pero visible para Tamina.

Conversaron un poco antes de mirarse por última vez.

– Link, espero que consigas llegar a Kakariko en una pieza – Bromeó Nirman con diversión.

– Ya veras que sí – Dijo Link con mucha confianza, pero con el mismo tono burlon – Ha sido un placer.

– Espero que nos encontremos luego, Link – Dijo Tamina con una sonrisa que Link conocía. Una de "cuando nos volvamos a ver, espero que hayas salvado a este mundo"

– Si, nos encontraremos en mejores circunstancias. Hasta pronto – El joven dio la vuelta y caminó hasta el puente. Los dos jovenes tambien habían marchado atrás para husmear en la caballeriza. Link postraba un escudo de soldado, un poco oxidado, su espada envuelta en su pantalon viejo, y su arco. Habían sido demasiado generosos. Especialmente Nirman. Parecía haber estado muy agradecido. Había sido tan generoso que le dio unas piedras preciosas. De un valor bajo, pero que con aquello sería suficiente, al menos hasta llegar a Kakariko.

El opalo lo vendes por mucho a sesenta rupias por pieza, así que toma tres. Y los ámbares a treinta por pieza, te podrían servir de algo, te daré ocho por que son bastánte fáciles de encontrar – Link recordó mentalmente las palabras de Nirman.

– Es un buen chico… – y continuó camiando por el puente. Un joven observaba a la lejanía a lo que aprecía un guardían chatarra.


Link acercó a este y estaba hablando a solas, pero en voz alta.

– últimamente están pasando cosas muy extrañas por estas tierras. Tengo un mal presentimiento…. – Suspiró profundo y luego, al sentir que le miraban dio media vuelta – ¡Ey! ¿De dónde saliste? – Preguntó con desconfianza, apretando un arpon en mano –No recuerdo haberte visto por aquí antes… Identifícate – El joven miró a Link con suma desconfianza.

Los viajeros tambien son peligrosos – Recordó la advertencia de Tamina.

– Soy… – Antes de seguir, el hyliano castaño le interrumpio.

– Bueno, en realidad no importa quien seas. Estoy cansado de hablar conmigo mismo, así que llegas en un buen momento – Link pensó que era un buen tipo. Aunque haberle interrumpido había sido poco educado – Por cierto, ¿sentiste aquel horrible terremoto? Pero no sólo eso, apareció una extraña aura en el castillo – Señaló un tipo de humareda violeta alrededor. era cierto, no había caido en cuenta que la luz de Zelda había disipado tan sólo un poco las tinieblas – Sabes que significa eso, ¿verdad? ¡El fin se acerca!

– Tranquilo, debe hacer una explicación racional, no hay que precipitarnos – Comentó Link un tanto nervioso. La verdad podría traer pánico a la gente, y él no queria eso.

– ¡Ah! – El hombre se le acercó y luego le picó la cabeza con un dedo – ¿De dónde vienes, niño? ¿Acaso no sabes por qué tiempos pasamos? – Link se sobó un poco la cabeza y luego se alejó – De todas formas, no voy a apartar la vista de esa cosa por si empieza a moverse.

Link se azomó a ver a donde este estaba revisando con anterioridad. ¿El guardían chatarra? – Ah, esa cosa…

– Sí, ese guadían de allá. Ya sabes lo que cuentan los viejos relatos sobre ellos.

– Lo se de primera mano… – El joven le miró confuso de lo dicho, Link se retracto – quiero decir, es cierto… son máquinas peligrosas.

– ¡Completamente! ¿Sabias que pueden moverse aun en ese estado? Uno de ellos me vio una vez y me persiguió sin descanso.

– Oh… menos mal que lo estas contando – Link sintió un poco de proecupación. Sabía de pellejo propio que ser perseguido por esas cosas generaba una ansiedad dificil de superar – ¿Te refieres al de allá? – Cuestionó Link, pensado en esa posibilidad.

– No, no, fue otro. Estaba cerca del castillo, justo antes de llegar al bosque, si no mal recuerdo – Link escuchó atentamente "En el castillo rondan muchísimos, así que más vale que cuando vayas ahí lo hagas bien preparado" Recordó las palabras de Tamina una vez más – ¡Cuando te localizan, te disparan rayos azules, y corren como el viento! Por suerte conseguí esconderme entre los árboles del bosque. En serio que no sé cómo salí vivo.

– Tuviste una buena idea, es todo – Replicó el rubio con los hombros alzados.

– Hay un montón de guardianes en la zona del castillo de Hyrule, por eso es peligroso acercarse. Vete con cuidado.

– Muchas gracias, aunque me dirijo a Kakariko –Comentó Link con una pequeña sonrisa.

– Ah, supongo que entonces lo que te dije fue un tanto en vano – Respondió ante las palabras de Link.

– Para nada, la experiencia de otras personas siempre puede sernos útil en el futuro. Nos vemos – Dijo Link apartandose hacia los picos gemelos.

Sólo escuchó un "Buena suerte, muchacho" y Link se despidió con la mano en alto, sin darse la vuelta.

A medida que Link caminaba por ese sendero, se sintió un tanto desolado. Observaba a lo lejos un tipo de estatua de caballo. – ¿Qué será eso? Tal vez debí preguntar – Se dijo asi mismo, pero le resto importancia.

Antes de ir hacía los picos gemelos sintió la necesidad de pasar a un lugar, desviandose un poco. No sabía que encontraría ahí. Tenía miedo de toparse con lo peor, pero estaría preparado. Inspiró aire para subir por la Meseta de Baumer, y seguir subiendo hasta la cima de una de las colinas que la conformaban. Cerró los ojos y luego los abrió quedandose en un silencio sepulcral. El corazón se le encogió. Recordaba aquella aldea como un sitió animado, con la gente y los niños corriendo de un lado a otro. Era una atareada parada de comercio de platillos. Su semblante se oscureció pero alzó la vista – Ya no importa… ¿no? Ya pasó y no hay forma de revertirlo – se dijo así mismo.

Caminó hasta el lugar donde quería ir. Esperaba encontrar la Aldea Adenya en un estado aceptable, pero fue lo contrario. Todo estaba destruido y como un pantano, como si alguna inhundación, los monstruos y los guardianes hubiesen atacado todos juntos. Se acercó hasta ese monte donde había conversado sobre cierto tema con Zelda


Se sentó justo donde ese día se había sentado ella y comenzó a recordar el momento.

La princesa y Link habian viajado un largo rato, documentando ciertos fenómenos que a la princesa le habían llamado la atención. Sé decía que un espíritu dragón emergía de las profundidades del lago Hylia, así que la princesa se intereso en documentarlo, aunque fue en vano.

La tarde estaba nublada y lloviznaba con algo de fuerza, tal que dejó varados a ambos jóvenes.

¡Ay! No parece que la lluvia vaya a parar pronto. Tal vez no debimos venir aquí a sacar esa fotografía…

No… era algo que deseabas… si querias hacerlo… no veo el problema… voy a donde tú vayas sin reproche… – Dijo Link mientras hacia pausa entre cara oración. Tambien gritaba un poco al blandir la espada, pues mientras Zelda descansaba, Link afinaba un poco sus habilidades, cortando la lluvia.

Tienes razón, es decir, el Lago Hylia se ve espectacular desde este punto, pero no hemos podido ver nada… quiza el espíritú no se muestra a cualquiera. – Dijo Zelda

No exhasperes… tarde o temprano tendra que salir… Aunque quiza hoy no es el día Comentó Link de la misma forma entrecortada que antes. La joven sonrió con alegría, e hizo una larga pausa.

Siempre quisite ser caballero ¿no? Es por eso que seguiste los pasos de tu padre. Siempre entrenas tan duro – Link sintió las mejillas arder tras ese comentario, y tal como siempre sólo asintió con la cabeza, sin perder el ritmo ni la concentración de su pequeño entrenamiento – Tu dedicación y entrega para alcanzar tu meta es digna de admiración. La espada hizo bien en elegirte… – Sin embargo, otra pausa un tanto diferente, atrajó la atención de rubio.

Muchísimas gracias, su alteza – Dijo Link con una reverencia un tanto burlona, que le sacó una sonrisilla a Zelda, aunque esta cambio a una expresión afligida de inmediato. Al sentir que había sido culpa suya, Link tomó la palabra – Disculpe… creo que estoy tomando demasiada confianza y eso no…

No es por eso, Link… quisiera preguntarte algo – Comentó con ojos suplicantes.

Link asintió dejando de practicar – Dime – respondió el joven.

Imagina… que no tuvieras las cualidades para ser un caballero – Los ojos celestes del rubio se abrieron de la sorpresa y de lo que venía – Y aún así te dijeran que… como naciste en una familia de caballeros, tu obligación es convertirte en uno – La mirada de Zelda decayó en suma tristeza. Muchó más que la que acostumbraba mostrarle – Si te lo repitieran sin cesar… ¿Qué camino elegirias?

El joven miró con tristeza a la princesa. Sabía a que se refería. Podria parecer poco inteligente, pero entendía aquello. La empatía que tenía por Zelda lo hizo sentarse a su lado – Bueno… – Link tomó su alforja y sacó unas frutas. – Podriamos hablar de ello si quieres. Siempre me he preguntado por qué soy incapaz de quejarme de lo que hago – Le tendió unas frambuesas que la joven aceptó sin demora, mientras se refugiaba de la lluvia con ella. Era como si la hubiera estudiado, pues esta era de sus frutas favoritas, además de la sandía del oasis – Y luego recuerdo que lo que hago es algo que toda mi vida he disfrutado.

Sí… se nota a kilometros que adoras entrenar con la espada… Respondió Zelda

Sí, lo amo. Es lo que siempre me ha encantado, aunque ahora no es lo mismo… – Dijo esta vez más tranquilo que usualmente – Quiero decir. Siempre fue un juego para mi, una afición convertirme en tan buen espadachín como mi padre y el padre de mi padre, pero el tiempo le quito la diversión que tenía. Ahora lo hago más por obligación que por que ame hacerlo. Estoy seguro de que ni siquiera mis amigos más cercanos entienden esto, pero… yo tampoco soy perfecto, princesa…

Zelda, por favor, dime Zelda – Insistió con una sonrisa ligera en su rostro.

De acuerdo… Zelda – Respondió de la misma forma que ella, aunque un poco titubeante por el cambio tan repentino – A lo que voy es… Desde que saqué la Espada que Doblega a la Oscuridad, todos esperan más de mi. Desde aquellos que envidian mis habilidades y que tengo el honor de ser escolta tuyo y usar esta espada legendaria… – Señalo la espada detrás de la espalda – hasta aquellos que me observan con honor, como Su Alteza, el rey… y mi padre – Link bajó la mirada al suelo, y luego sacudió la cabeza, de manera tan graciosa que Zelda hecho a reir – Todos esperan mucho de mi – Dio un mordizco a una manzana y siguió hablando con la boca llena – Y me temo que los decepcioné un día, creo que es a lo único que le temo – La princesa hecho a reir por la forma en la que hablababa con la manzana entre la boca.

Comprendo pero… ¿qué harías? – Era verdad, no había dicho nada al respecto, aún.

Link terminó de tragar la manzana y luego aclaró la voz – Si es algo tan importante, como que tiene la vida de muchas personas en juego, entonces lo intentaría una y otra vez. Porque a pesar de ser algo dificil, rendirse no sirve de nada si es un destino que ya esta en el camino. Sabes… sé que te refieres a ti, sé que es por todo lo que siempre has pasado con tu padre y las exigencias del pueblo – Miro directamente a los ojos a la princesa, a quien ahora le llamaba Zelda – ¿Por qué dejar de hacer lo que tanto te gusta? No es una perdida de tiempo. Una vez le dije a un amigo que sólo la concentración te hace sacar lo más fuerte de ti. Sé que lograras despertar tu poder por qué eres la princesa más inteligente, fuerte y audaz que este reino haya tenido, hayaras una forma tarde o temprano. Sea rezando o investigando sobre las reliquias, lo conseguiras – El joven le tocó la cabeza con un dedo – Sólo confia más en ti…

Zelda se quedó pasmada ante una hermosa sonrisa que jamás le había visto desde que lo conocío. Siempre era inexpresivo y parecía frio como un iceberg, pero en ese instante sintió como su pecho ardía con fuerza, algo dentro de ella hacía que sus mejillas ardieran sólo por verle sonreir.

Gracias – Dijo ella, con una expresión alegre, con los ojos cristalinos pero con una enorme sonrisa. Link sintió lo mismo que Zelda.


Luego de aquel recuerdo agridulce, Link continuó con su camino. Pasó un largo rato. El sendero a los picos gemelos era algo inusual. No recordaba que la gente lo atravesara frecuentemente. Además su padre le había dicho que ahí, algunos monstruos y también bandidos, se atrevían a asaltar viajeros. Pero no tuvo enfrentamiento con uno ni otro.

Al cruzar por ese estrecho camino, entre suelo y rio, se topó con otro viajero. Este se estaba confrontando a dos mosntruos, parecía necesitar ayuda. El joven no dudo ni dos segundos en ir a manejar el problema. Fue sigilosó hasta uno de ellos y clavó la espada con fuerza, salcandola de igual manera, y el monstruo explotó de nuevo.

El otro se dio cuenta de esto, y bajó la guardia ante el joven moreno de cabello rizado al que antes estaba atacando. Este hizo lo mismo que Link, y el bokoblin fue derrotado.

– Muchas gracias, parece que soy el platillo favorito de los monstruos, siempre me atacan – Expresó con repelus en el tono – Por favor, acepta esto – Le tendió la mano con un papel. Adentro había unas diez tiras de carne seca.

– ¿Eh? No es necesario, lo hice por que te vi en problemas – Dijo Link apenado y rascandose la nuca.

– No pasa nada, joven. De eso vivo. Además la carne seca es muy nutritiva y pareces ser un viajero. Aceptala – Esta vez Link no pudo contra decir y la aceptó algo avergonzado.

– Gracias… – Dijo resignado por el obsequió y le miró con gratitud.

– Por cierto, disculpa los modales, me llamo Bonto. Generalmente vendo carne y paseó mucho por esta zona. Tal vez pueda ayudarte, pareces un poco perdido – Mencionó el chico.

La cara de Link, en efecto, lucía algo confundida. La primera vez que llegó ahí fue cuando llevaba a Zelda de la mano. Tuvo que desviarse por esa ruta peligrosa para llegar a Kakariko, ya que los guardianes habían establecido un perimetro en la colina de Sahasraha, la entrada Noroeste de la Aldea y por la que solían llegar.

No había más. Link se atrevió a preguntarle sobre algun lugar tranquilo para pasar la noche – Esperaba llegar a Kakariko, pero se esta tornando tarde. Además voy a pie, ¿no hay un lugar donde pueda descanzar?

– Pues descansa en el rancho de los Picos Gemelos – Comentaba desconcertado – ¿Eres de algun lugar lejano? Hay muchos ranchos establecidos por todo Hyrule, para que la gente que viaja constantemente por aquí pueda descansar y no aventurarse a los peligros de la noche.

– Sí, soy de un lugar lejano. Fuera de Hyrule, estaba paseando y me encontré con un hombre que me dijo que en Kakariko habían… eh… buenos productos agrícolas, y como soy alguien que ama desgustar platillos, me parecío una buena oportunidad – Aquella había sido la mejor excusa jamas contada. Había algo de verdad en sus palabras. Realmente amaba comer cosas deliciosas, hasta roco perniles.

– ¡Ya veo! Seguramente alguien te mencionó la deliciosa gastronomía que tiene Hyrule, a pesar de todo. Tampoco imagino que sepan la situación del territorio, en fin. Espero que consigas algun buen platillo en Kakariko. Dicen que los Sheikah, además de buenos guerreros, son excelentes cocineros – Link esbozó una sonrisa torcida, eso no era del todo cierto. La verdad, Impa llegaba a cocinar un par de veces y la comida se volviá un desastre, lo mismo con Prunia, a pesar de ser hemanas y ser diferentes, era lo único que tenían en común.

– Gracias – Dijo el rubio y se marcho al mencionado rancho. Ahora entendía a que se refería. Frente al Puente Circan había visto esa misma cabeza de caballo. Ese debía ser un rancho de los que estan repartidos por Hyrule.

Se acercó hasta este y antes de preguntar nada, un muchacho con una gigantesca mochila en forma de escarabajo le salió de la nada, asustandole un poco.

– ¿Qué tal amigo? Mi nombre es Terry y soy un mercader. Te puedo vender algunas cosas y tambien puedes venderme algo. El cambio se hará por rupias – Link aprovechó el momento para intercambiar las piedras.

– Oh… ¿Cuánto me darias por un opalo y tres ámbares? – Link recordaba muy bien cuanto valía a lo mucho cada uno. Si intentaba estafarle, se daría cuenta.

– Bien, por todo eso serían ciento cincuenta rupias. ¿Estas de acuerdo? – El rubio asintió con amabilidad – Muy bien, veamos esas piedras.

Link se las tendió en la mano, el joven sacó de una bolsa un bonche de tres rupias púpuras.

– Muchas gracias, es un placer hacer negocios contigo – El muchacho siguió caminando y Link le despidió de la misma grata forma.

Después de todo, Tamina no había dicho que quedaba aún hylianos altruistas. Había gente amable como ese mercader, así que el mundo aún tenía esperanza. Luego se encaminó hasta el pequeño rancho. Tenía un tipo de puesto y decidio acercarse a pedir información.

– Buenas tardes – Dijo educadamente el rubio.

– Me llamo Saaren, y soy el mejor domador de la zona, y el es mi hermano gemelo, Tasio ¿En que podemos servirte?

– Disculpe ¿podría descansar por aquí? – Preguntó amablemente, a lo que los hombres hecharon a reir.

– Claro, joven. Parece ser tu primera vez en un rancho, ¿no? – Link observó atentamente a ambos hombres. Uno estaba afuera del rancho, cruzado de brazos. El otro en la pequeña cabina de información. Asintió ante la pregunta del hombre.

– Pues los concía de otra forma, pero sí, en uno así nunca había puesto el pie – Replicó el hyliano con una sonrisa perdida.

– Para pedir una cama tienes que ir al otro lado. Aquí registramos monturas, muchacho. – ¿Monturas? Ahora que lo pensaba, todo sería mucho más facil si tuviera un caballo.

– Pensé que era dificil domesticarlos – informó el joven. Quiza aquello incitaría al "mejor domador de la zona" para que le diera información sobre un caballo.

– Si, ¿qué no tienes uno? Vaya, debe ser cansado el viaje. Muchacho, ¿no te interesaría obtener un caballo? – dijo el de afuera con una gran sonrisa.

– El registro para pertenecer al "club ecuestre" sólo necesitas veinte rupias por caballo. Es un solo pago. Te daremos una tarjeta de socio y cada que vayas a otros ranchos sabran que eres parte del club y podras dejar a tu caballo en el rancho mientras descansas – Link veía todo demasiado barato, su cara delataba que pensaba de esa forma – No pongas esa cara, muchacho. En los tiempos que corren, la ayuda a un hyliano de un hyliano no viene mal. Además no nos hace falta absolutamente nada. Cubrimos los grastos con algo más. El dar tan accesible el precio nos facilita tambien poder recoger el excremento de los caballos. ¿Sabes que es el mejor abono? Además del rancho, tenemos la posta, donde puedes quedarte a dormir, muchos viajeros vienen constantemente, en especial mercaderes, por eso no nos hace falta nada.

Link entendió mejor la razón – Si, me interesaría tener una montura ¿qué debo hacer? – Cuestionó al de afuera.

– En esta zona hay muchos caballos, así que puedes acercarte con sigilo. Y recuerda, mientras menos manchas tenga, el caballo tendra más rapidez y resistencia. Si lo haces en menos de diez minutos te daré un premio, ¿qué me dices?

Diez minutos eran más que suficiente. Despues de cien años, todo el cuartel de Hatelia se veía en terribles condiciones. No le trastornaba demasiado ya que fue testigo de su destrucción el último día de hacía cien años. La naturaleza se había encargar de hacer suyo el lugar, y los caballos también – Trato hecho. ¿Qué hay si yo pierdo? – Preguntó con una mueca divertida.

– Nada, tan sólo tendré la satisfacción de seguir siendo el número uno – El viejo era agradable. Link intento no reir con aquello, pero le fue casi imposible.

El hombre contó hasta tres y Link corrió en busca de un caballo. Antes de darse cuenta, estaba encima de un arbol y observaba a su alrededor si había tales animales, en efecto, habían unos cuantos. Bajó del árbol con un sólo salto y se aventuro con lentitud hasta un caballo.

Este era de una tonalidad marron. Sus patas y la crin eran color hueso, era una combinación muy elegante. Le recordaba mucho a Yato, su caballo que, lamentablemente había sido herido por un guardían.

No le tomó nada subirse al caballo y agarrarse fuerte de su crin, sin lastimarle demasiado. El joven le calmaba con palmadas ligeras sobre el cuello y luego el caballo finalmente cedió. Probó un tanto su velocidad y su destreza para dar vuelta. El caballo estaba perfecto. No falto esfuerzo para llevarle hasta donde estaba Saaren y Tasio.

Saaren quedó con la boca completamente abierta. No había pasado ni cinco minutos y él ya está ahí, con la montura.

– Vaya, así que lo has hecho tan rápido – Expresó Tasio con una sonrisa – Parece que me debes dinero, hermano, y a ese joven el premio.

– B-Bien… – El hombre le pago cincuenta rupias a su hermano, y a Link le ofreció un carcaj de flechas, y este ya tenía algunas cuantas.

– ¡Wow, me viene como las perlas! – Expresó el joven, acomodándose el carcaj sobre la cintura – ¿Y ahora podré registrar mi caballo? – Preguntó curiosamente, Tasio asintió.

– Veo que es hembra, y la verdad es muy hermosa y brava, se nota en la mirada ¿Qué nombre le pondrás? – Link no sabía el género del caballo. Estaba un poco desconcertado de que fuese hembra, ya que, además de Daphne, la yegua de Zelda, nunca había tratado con otras – Bueno… viendo el color de su pelaje ¿por qué no te ponemos caoba? La yegua relinchó como si estuviera indignada – D-De acuerdo. Sabes, tu pelaje y tu crin, además de tu actitud, me recuerdan a una leyenda de una yegua ¿qué te parece Epona? – La yegua regresó un poco más calmada hasta Link. Era como si el nombre le hubiera agradado.

Hasta ahora, Saaren nunca había visto una conexión así entre jinete y montura. Era como si el joven entendiera sus gestos y su sentir. Saaren esbozó una sonrisa, aquel carcaj que le gustaba tanto para practicar a caballo ahora le pertenecía a un muchacho bonachón.

Tasio salió de la cabina y se acercó a la yegua – Muy bien, señorita, le pondremos unas cosas y luego descansara en el rancho, no se preocupe.

– Muchas gracias – Comentó Link. Saaren le preparó la tarjeta del club

cv– Cuídala muy bien, si se te pierde, enséñales el carcaj, era de un abuelo que le puso el sello del club, así que no habrá pierde, muchacho.

– Si es tan especial, debería quedárselo – Link iba a devolvérselo, pero Saaren le detuvo.

– No, joven, está bien. Creo que me demostraste que debo mejorar yo mismo. He perdido la noción de como relacionarme con los caballos, y me lo has hecho ver. Este carcaj le pertenecía a mi abuelo, él fue un gran arquero de algo llamado "La guardia", mi padre dijo que cuando falleció lo heredo a él, pero no le dio uso jamás.

Link le miro con otra expresión. ¿Un gran arquero en la guardia? Tal vez… ¡Pues claro! – Jacob – susurró por lo bajo. Saaren no entendió, por suerte, lo que Link había dicho.

Link agradeció a los dos hombres por sus servicios, les pago con una rupia de cincuenta, recibiendo dos de cinco y una de veinte como cambio.

Luego pasó a donde la posta. Las camas estaban todas en un mismo lugar, sin ningún tipo de privacidad, y estaban acomodadas en literas de hasta tres. Había de decir que eran bastantes los viajeros dentro. Unos gemelos, una jovencita, algo que parecía ser una familia y el mismo Terry.


Link se acostó cerca de la salida, guardando bien la tableta sheikah y sus pertenencias. A la mañana siguiente partiría junto a su nueva amiga.

Aun recuerdo a mis amigos… – Expresó en su mente con tristeza – Jacob, él me enseño a disparar con esa agilidad. Mi padre y él eran buenos amigos…

Cerró sus ojos y comenzó a recordarlo con una sonrisa.

Más rápido, muchacho. Si el gran Revali te ha retado, ¡es mejor que lleves un arco y le enseñes que podemos hacer los hylianos! No pueden menospreciarnos por no tener habilidades superiores.

Somos mejores en tierra que ellos. Lo mismo con los zora y los Gorons. Discutimos nuestras habilidades con las Gerudo, y a pesar de que son buenas guerreras, nosotros somos más ingeniosos – Dijo Link con una mirada enfadada. Su padre le dio un topetazo con un papel. A pesar de ser algo ligero se tuvo que sobar por la fuerza aplicada.

No se te ocurra expresarte así. Si te enfrentaras a Lady Urbosa, estarías retorciéndote sobre el suelo como una mosca, más respeto, muchacho – Dijo un hombre castaño de ojos azules. Era alto, fornido y mostraba intimidación. Vestía un traje característico de la guardia. Túnica con colores azules, rojos y toques dorados. Pantalón y camisa interior de manga larga, ambos en color negro. Además de botas blancas. En la cabeza llevaban una boina parecida a la túnica, pero con un escudo con el símbolo de la familia real. Jacob vestía igual.

Lo siento, padre – Link bajó la mirada. Desde que había sacado la espada, su padre era mucho más severo que antes.

Señor… en ese instante soy tu superior, aunque seas el Campeón Hyliano, sigo siendo el comandante de la guardia.

De acuerdo… lo lamento, señor – Su padre se marchó con enfado en la mirada. De verdad se había vuelto mucho más exigente con él.

Jacob se dio cuenta de los gesto del muchacho. Apenas tenía diecisiete y ya tenía un destino tan grande. Además de la responsabilidad de cuidar a la princesa.

Muchacho, tienes un don nato para blandir la espada, como toda tu descendencia. El único consejo para mejorar con el arco que podría darte es que te relajes. Concéntrate en lo que quieres lograr, respira y sentirás que el tiempo va despacio. Es como cuando Lady Urbosa te enseño la guardia perfecta – Link observó a Jacob y le sonrió. Asintió con la cabeza sin decir nada. El hombre moreno y de ojos verdes suspiró con profundidad – Confió en ti, desde que eras un pequeño niño, siempre he confiado en ti, hijo.

Jacob se marchó, dejando atrás a Lnk, que después de agradecer a su manera, se puso en marcha a practicar con el arco.


Ya no recordaba mucho de sus antiguos compañeros de la guardia. Por un lado, en ese momento y cuando todo se fue al carajo, no deseaba pensar demasiado en ello.

Por Zelda, que aún le esperaba en el castillo, y para vengar a sus amigos, a los inocentes, a su familia… debía hacer que su corazón se hiciera más fuerte.