Capítulo 4: La determinación del Campeón

A los primeros rayos del alba, el joven hyliano se levantó. Enlistó todas sus cosas, precaviendo que no faltara nada. Así era, todo estaba en su sitio. Había pagado en total cincuenta rupias. Por hospedaje, por lo del club ecuestre, y diez más por un desayuno y almuerzo completos. Este último estaba seguro de que terminaría por llevárselo de camino.

Al cabo de unos minutos, un par de niños ya estaban sirviendo el desayuno para todos aquellos que lo habían pagado. Eran gemelos. Al parecer, la descendencia de Jacob había sido así de proliferada, eso le daba alegría.

Degustó su comida, bastante buena. Un poco de arroz con leche, manzanas asadas, pan y una taza de leche con miel. También habían servido unas frutas para el gusto de quienes fuera. Descansó un poco para que el alimento no le cayera mal. Luego de aquello se puso a entrenar con la espada.

– Hace años que no la ocupo. Cuando derrotamos a los monstruos en la caballeriza… sólo disparé con el arco. Espero que el señor Saaren no me haya dado el carcaj de su abuelo sólo por qué tengo un arco. En fin.

El muchacho se había alejado un poco del rancho y había empezado a blandir la espada como antaño. Pasó un largo rato así, y después aprovecho para ir a ducharse a un pequeño rio, cercano a un viejo puente. Ahí nadie le vería. Se acercó y lo hizo sin más demora. Terminó con rapidez de hacer aquello y posteriormente fue por su ración del almuerzo.

Los niños se lo dieron en un conveniente plato, enrollado en una tela. Estaba bien sellado. Link agradeció y antes de marcharse, Saaren se le acercó.

– Por favor, sigue siendo tan cercano a los caballos como siempre… y usa bien ese carcaj. –El hombre dio media vuelta, escuchando un "Sí, señor, gracias por todo" de parte del tímido joven rubio.

Este siguió su camino. Aun se observaba el pantano de Kokun, donde hacía cien años había un gran cuartel, y ahora estaba destruido. También había sido el campo de batalla donde dio su último aliento. Bajó la mirada con incomodidad por aquel recuerdo y su brazo volvió a dolerle.

Más adelante se toparía con el puente Kakariko. Pasó muy pocas veces por ahí cuando aún estaban los tiempos de gloría. Aunque nunca habían cruzado por el paso de los Picos Gemelos.

En fin. Link prosiguió la marcha. A caballo era mucho más cómodo. El puente estaba tan destrozado como imaginaba. Ver la escena era triste. Pero en fin. Iba tranquilamente, pero alguien llamó su atención, parecía perdido.

– ¿Esta perdido, señor? – Pregunto Link un tanto desconcertado. Bajó de Epona y se acercó al señor, que tenía un aspecto curioso.

– Hace como un año… iba tan tranquilo por aquí de noche cuando vi una luz y miré hacia el cielo. Había un objeto brillante que flotaba, y me quedé embobado… – Link empezaba a sospechar un poco, así que se sintió en la necesidad de tomar con ligereza su espada – Justo a continuación, me vi envuelto en una luz. Luego me desperté en mi cama.

– No le entiendo ¿se encuentra bien? – Volvió a preguntar desconcertado.

– Y tu ¿qué opinas? – Preguntó el hombre, casi pasando de lo dicho por Link.

– ¿De qué? No entiendo, señor ¿de verdad está bien? – Volvió a cuestionar el joven.

– Verás… Hace poco creí escuchar que alguien me llamaba, pero cuando abrí los ojos… estaba en una cama, en una habitación desconocida – Ya lo comprendía, los oídos del joven se agudizaron y comenzó a retroceder con lentitud – Cuando me fijé en la esquina… Y vi un arte facto extraño que brillaba. Me acerqué a tocarlo. Y en ese preciso instante me invadió una sensación muy familiar. Entonces me desperté y aparecí aquí. – Cuestiono de nuevo – Y ¿tú qué crees? – Link le miro con algo de disgusto.

– No sé, tengo que irme… – Dijo el rubio, dándose la vuelta.

– Espera, todo tiene que ver contigo… Campeón Hyliano – El hombre soltó un tipo de bomba de humo, y se transformó en algo que Link ya se estaba esperando.

El miembro del Clan Yiga se alejó de Link, con un arma en su mano, intentó cortarle, pero Link esquivó con agilidad. Desenfundó su espada rápidamente. Cortó parte del traje del tipo y un poco más. El Yiga sintió rabia al ver que… ¿se le habían caído unos plátanos de la alforja? Además de unas rupias. Aquello fue tan humillante para él tipo que se dispersó en otra bomba de humo.

– ¡Lo pagaras caro! – Link se quedó de piedra. De verdad eran inútiles en los tiempos actuales.

– Si, como dijo Tamina, son simples moscas molestando a la gente – Expresó el joven con un rostro de vergüenza ante las acciones de los "Yiga"

Subió a Epona y continuaron el camino. Se internaron por los pilares de Narisha y la cierra de Bonooru. Link volvió a sentirse un tanto cúlpale. La aldea lucía mucho más pequeña que antaño, en los alrededores se notaban las ruinas de lo que alguna vez fue la aldea más mágica de todo Hyrule. Bajó la mirada con un poco de tristeza pero continúo andando. La entrada estaría más profundo entonces, donde se hallaba la casa de Impa. Por ello, y por la cercanía, la princesa acostumbraba a llegar por la entrada noroeste del pueblo.

Link bajó el paso al ver que en la entrada había un guardia. Suspiró decaído, se colocó la capucha y bajó del caballo.

– ¡Alto ahí! ¿Qué buscas, viajero? – el joven aclaró la garganta.

– He venido a visitar a Lady Impa – Respondió con severidad sobre el tono – Busco la verdad de entre las sombras. La diosa siempre le sonríe al que por la oscuridad logra retornar al camino.

El hombre se quedó pasmado. Aquellas oraciones eran de la familia real, y nada más que de ellos. Nadie más conocía esas palabras y se usaban para evitar que algún impostor se hiciera pasar por ellos. De inmediato le abrió paso a Link. Además de eso, el joven había visto cierta tableta sobre su cintura… ¿acaso sería…?

Después de apretarse el corazón, el joven volvió a suspirar de alivio. Al menos la aldea rebosaba de alegría por dentro. Había niños, jóvenes y adultos mayores paseándose como si no hubiera cataclismo alguno. Pero era un número reducido al de antaño.

Aun colgaban esos adornos sobre tiras largas de lazos. El joven sonrió. Una señora junto a un fuego le saludo como si nada, Link le devolvió el gesto. A lo largo del tramo para ver a Impa se dio cuenta de que la aldea era autosuficiente. Tenían ganado, cultivos y tiendas. Link volvió a sonreír. Continuó hasta ver la casa de Impa. Ahí había dos guardias muy fornidos.

– ¡Alto! ¿Quién osa perturbar la paz de Lady Impa? – Link se paró frente a ambos con osadía.

– Soy el enviado del rey Roham Bosphoramus Hyrule y la princesa Zelda Bosphoramus Hyrule – Enseño la tableta Sheikah – Ahora, por favor déjenme pasar.

Los hombres se arrodillaron vertiginosamente, pidieron una disculpa y dejaron pasar a Link. Este subió las escalerillas, encontrándose con una joven limpiando el pasillo.

– Buenas tardes – Saludo el rubio con cortesía.

La muchacha no le saludo, de hecho, se levantó abruptamente y luego se tapó los ojos – B-Buenas t-ta-ta-ta-tardes…

Link soltó una pequeña risa. Su forma de saludar había sido un poco divertida – Disculpa… ¿por qué tienes esa expresión? No hay por qué temer.

La joven destapó ligeramente tú ojo izquierdo y casi se desmaya – ¡T-T-TÚ-TÚ! – La jovencita se precipitó hasta la puerta cerrándola en la nariz del rubio – ¡Abuela…!

Link también abrió la puerta agresivamente, en busca de la joven a la que había asustado – ¡Hey, no hice nada…! Malo…

La mujer abrió los ojos con lentitud y luego esbozó una sonrisa – Al fin has regresado… joven campeón. Cuanto me alegro – Dijo con una voz afable. Link tragó saliva ¿esa era Impa? Ya esperaba verla así, pero pensarlo era diferente a vivirlo. Aquella mujer de un aspecto bello, ahora estaba sumida en la tercera edad. Vaya sorpresa.

– Acércate, muchacho – Dijo esta con una sonrisa en los labios – ¿Cómo has estado? He sentido el despertar de la bestia, y a nuestra princesa sesgándole, quizá por tu despertar.

– Impa… ha pasado tanto tiempo, Lady Impa – La mujer le sonrió con alegría, al menos le recordaba y no fue como lo que predijo Prunia.

– La princesa temía que no le recordaras, por ello hizo preparativos antes de enfrentarse a la bestia. Pero teniendo en cuenta que sabes de tu pasado ¿por qué no te vistes cómo sólo el campeón es digno? – Detrás de un cofre, la anciana sacó una túnica y unos pantalones de una calidad superior a la antes vista – La princesa cosió ella misma esta versión de tu túnica, te dejó también estos pantalones, unas botas nuevas y… esto – Al ver todo junto, Link se conmovió. No por la ropa, si no por algo más. Sobre las manos de Impa había un bonito recuerdo. Lo había perdido el día del cataclismo, quizá…

– Zelda… – susurró por lo bajo apretando un pulsera sumamente especial. Desde la recolección de pequeñas piedras, hasta la creación de la liga, hecho todo a mano por la princesa.

Tenía un unas pequeñas piedras color azul celeste, que la princesa había recolectado de un rio. En todo el medio, también tenía un adorno especial. Era un dije con el símbolo de Farore en color verde.

El joven se soltó el cabello, solía usar esa pulsera para amarrarlo, pero antes de volverlo a sujetar, suspiró hondo.

– A pesar de recordar todo… ya no soy el mismo, Impa. Perdí toda mi fuerza y mi habilidad se redujo. Mi corazón ha sido débil ante este panorama del futuro. No quiero ser la sombra inocente del pasado, si he de cambiar, cambiaré en todos los aspectos, incluyendo esto – Link señaló su cabello. La mujer esbozó una sonrisa.

– Apaya, por favor, trae unas tijeras – Comentó la anciana con una sonrisa.

– P-Pero abuela, no sabes cortar el cabello – Expresó preocupada.

– No hay nadie más capaz de hacerlo. Tú podrías, pero tienes ese miedo ¿no? – Apaya negó con la cabeza.

– ¡No! Y-Yo… si es para ayudar al caballero, entonces l-l-lo haré – Su mirada se volvió furtiva e Impa esbozó una enorme sonrisa.

La joven tomó las tijeras y subió a su habitación para prepararle un lugar y cortarle el cabello al joven. Por mientras Link se quedó abajo, para conversar unos momentos a solas con Impa.

– ¿Te sorprende tanto verme en este estado? – Preguntó la mujer. Link desvió la mirada un tanto avergonzado – Ah, joven, yo también me sorprendo de haber llegado a esta edad y vivir para contar los destrozos del cataclismo. Aun cuando mi corazón desee lo contrario, vivo hasta este momento para darte la bienvenida. Como puedes ver, mi nieta es un tanto torpe hablando con personas jóvenes, así que era posible que el mensaje de Su Alteza no te hubiera llegado de su parte.

Link hecho a reír un poco – Puede ser, pero es tu nieta. Estoy seguro de que esa jovencita puede hacer grandes cosas – Respondía el joven analizando los alrededores de la casa – Ha cambiado mucho, ¿verdad? Todo lo que conocía ahora es absolutamente un simple recuerdo – Impa se percató de la mirada del joven, que parecía perdida y entristecida.

Todo lo ocurrido había dejado mella en su corazón. Desde haber fallado en su misión de detener a Ganon, hasta haberle fallado a todos los que confiaban en él, ahora lo entendía bien la vieja Impa.

– Ya entiendo mejor por qué deseas cambiar. Campeón, sé que lograras superponerte a este gran shock y a la culpa que tu consciencia te genera. No hace falta que te presiones demasiado por un error del destino – Insistió la mujer albina – Sólo hace falta que tu corazón vuelva a ser tan fuerte, incluso un poco más, y remiendes tus fallas, así como la princesa.

Link se quedó en silencio unos segundos, mirando a la nada, perdido. Apretó los labios y luego suspiró esbozando una sonrisa. Sus dos grandes cielos se enfocaron en la mujer de ojos rojos, sorprendiéndola. En ellos había una gran determinación y un espíritu de enorme coraje encendiéndose poco a poco. No fallaría otra vez, estaba segura.

– Si la princesa estuviese viéndote ahora mismo, es posible que cayese enamorada, Campeón – Dijo Impa, provocando un pequeño shock en el hyliano.

Ni siquiera ella había olvidado aquellas últimas palabras de Zelda, antes de ir a enfrentar al cataclismo, y después de todos sus preparativos.

Impa admiraba la cabellera de la princesa, mientras esta le rezaba a la diosa en el pequeño estanque en lo que quedaba del pueblo. Admiraba con paz a la joven que irradiaba una energía divina, sólo los sheikah podrían sentir a la diosa emanando el poder desde esa jovencita.

Disculpe, alteza, pero creo que es hora de irnos Dijo su voz jovial pero tranquila, tomando el hombro de Zelda.

Si, Impa, ya voy… es sólo que aún estoy preocupada por Link. Por ello le rezó a la diosa que lo devuelva con toda seguridad. Lucharé los años que sean para que su alma y su ser perduren. Espero que Prunia se equivoque, no desearía que olvidara nada de lo que pasamos juntos… jamás.

Impa se dio cuenta de que las mejillas de Zelda se habían coloreado de rojo, y se había masajeado lenta y delicadamente los labios con la yema de sus dedos.

Disculpe mi atrevimiento, Su Alteza… pero ¿entonces es verdad que usted y el joven campeón…? Zelda le interrumpió abruptamente.

El sonido del agua corriendo hasta el estanque había formado una atmosfera curiosa.

Si, Impa. Link es importante para mí. El me dio cariño y… me enseñó que la esperanza nunca muere hasta que uno lo desea Comentó con una seguridad jamás antes vista por Impa Y por eso es que voy a luchar hasta que el despierte, y continuaré hasta lo necesario. Tal como ha hecho era tras era. La diosa Hylia me ha mostrado su gran determinación.

Hasta ese entonces se percató de ese amor salvaje que la princesa había sentido por el joven más destacado entre los caballeros, el Campeón Hyliano.

– Creí que era un chiste, pero veo que ambos dan y reciben – Murmuró la anciana con una sonrisa – Espero que tu corazón se fortalezca, Link, la princesa te espera. Aunque debo decirte unas cosas antes de nada. Aunque supongo que Apaya ya habrá terminado de arreglar su habitación para ayudarte con tu cabello. ¿Verdad, querida? – Dijo la anciana con los ojos cerrados y una sonrisa burlona.

Apaya se escondió tras la elevación de las escalerillas, pero ya había sido vista por Link. Este se despidió de Impa, dejándola con una enorme dicha.

– Tu padre también cortó su larga cabellera cuando falló. Es una tradición ¿verdad? – Dijo para sí misma, recordando a aquel hombre, casi la viva imagen de Link, salvo por algunos detalles. – Como sea… Cien años han pasado desde entonces. Link, el caballero que doblega a la oscuridad ha regresado. Gracias, diosa Hylia, por cumplir los deseos de nuestra princesa.

El muchacho siguió a Apaya en la gran casona. La joven subió hasta un pasillo alargado con cinco puertas, dos de lado derecho, dos del izquierdo y una hasta el final. Link recordaba quedarse en una de las habitaciones y Zelda frente a la de él. La puerta del medio era un cuarto de baño, aunque en cada habitación había un baño completo. La joven se dirigió a la primera puerta de lado derecho y la dejó abierta.

– Ya estamos aquí – Dijo apenas audible para Link, era una habitación simple pero bonita.

Tenía una decoración bastante femenina. Al lado derecho de la puerta había un pequeño escritorio. Del lado izquierdo, un pequeño perchero con unos cuadros sobre la pared. A la esquina izquierda un closet y al lado en frente, una puerta del cuarto de baño. En la pared del frente de la entrada estaba un tocador, casi en todo el medio. Ahí había preparado el sitio para cortarle su cabello, y a dos metros, aproximadamente, de lado derecho estaba la cama de la joven. Tenía algunas plantas y pinturas en papiro alrededor de la habitación.

– Disculpa el desorden – Dijo la joven al sentir que Link lo miraba todo.

– No, no pasa nada. No me había percatado – Fingió no haber examinado nada. Apaya le indicó sentarse frente al tocador.

La jovencita sheikah le colocó una toalla alrededor del cuello y torso del joven, abrochándola detrás de su nuca. Soltó el cabello del joven y le dio la liga que tenía puesta. Pidió a Link que se retirara unos instantes sus pendientes, y eso hizo. Los dejo sobre el tocador.

Alrededor de la cómoda había cepillos, unas tijeras, perfumes, maquillajes y un tipo de atomizador. Recordaba que Zelda tenía cosas así sobre su propia cómoda. Mucho más grande y más elegante. Aunque a ella poco le agradara ese tipo de estilo. Pensaba en ese momento que estaría más cómoda con ese humilde tocador de Apaya.

El rubio se percató de que la jovencita tenía una foto de ella con Impa. Parecía pequeñita. Sonrió alegremente. Parecía una niña feliz, aunque Impa lucia más joven.

– Es mi madre – Dijo peinando el cabello del joven. Derramó agua con el atomizador y siguió peinando – Dice la abuela que me parezco mucho a ella, aunque también me parezco a mi difunto padre.

– Oh… con razón Lady Impa luce tan joven en esa foto – Comentó un poco avergonzado. Tal vez ella no estaba cómoda al hablar de ese tema – No era mi intención ser imprudente, disculpa.

– ¿E-Eh? ¡N-No! Está bien, Link… p-perdona. N-No pretendía ser descortés – Respiró profundo y luego continuó – N-No se p-preocupe, señor Link.

Este hecho a reír fuertemente ¿señor? Se sentía viejo al escucharlo aunque, bueno, oficialmente tenía más de cien años, y esa muchachita quizá apenas dieciocho primaveras.

– No te preocupes, Apaya, puedes llamarme Link. Creo que es mejor que me llames de tú, algo menos impropio. Tengo la sensación de que luzco como un anciano si me llamas señor con tanta formalidad. – Este comenzó a reír de nuevo, observándola por el reflejo del espejo.

Apaya había terminado de cepillarle el cabello – N-No, no era por eso. E-En realidad luces muy joven y a-a-apuesto – Dijo apenas, sin mirarle.

Link agradeció con modestia, aunque sus mejillas ardían un poco por el cumplido. Recordaba recibirlos a menudo cuando habitaba el castillo, en la parte de los cuarteles de la guardia. Paseaba por los jardines en busca de Zelda, topándose en el camino con jovencitas sirvientas que le alagaban, e incluso jóvenes de sociedad que visitaban al rey y le ofrecían obsequios para ganárselo. Era con esas con las que especialmente batallaba, ya que eran la clase de chiquillas ricas, y sus madres, las que criticaban fuertemente a Zelda. Recordaba que le pesaba mucho guardarse las ganas de ponerlas en su lugar cuando ya era amigo de Zelda, y mucho más, cuando ya sentía cosas por ella.

Apaya tenía unas manos sumamente cálidas y suaves. Link iba a caer dormido, si no fuese porque en varias ocasiones, a joven terminaba despertándole. Poco a poco caían pedazos de su largo cabello, podía sentirlo.

Pensaba en las palabras de su padre. "Nuestro cabello simboliza lo que somos, nuestros logros y nuestras fallas, como caballeros provenientes de Necluda, lo mantendremos largo siempre que nuestros logros sean mayores a nuestros fracasos"

Ahora mismo sus pensamientos sólo enfocaban haber perdido de tal manera. Su único fracaso había sido mayor ante todas sus victorias, y por ello había seguido las palabras de su padre.

Unos cuantos minutos más bastaron para que joven nieta de Impa terminará su trabajo.

– ¿Está bien así? – el largo de sus patillas había disminuido, y su cabello pesaba menos. Apaya tomó entre sus manos un espejo de mano y reflejo el cabello desde atrás –Intenté que tu cabello luciera igual de flequillo como estando largo. También recorté tus patillas un poco, tal como pediste. – El rubio se percató de que la joven no había tartamudeado una sola vez. Parecía satisfecha ante la sonrisa que él tenía por su cabello. Sin duda, era nieta de Impa.

Apaya sonrió hacia a Link. Le dio unas pequeñas instrucciones, como de ducharse para no dejar rastros del cabello. Así mismo, bajó para traerle la ropa de campeón a Link.

El hyliano intentó respirar. Después de ducharse tendría que usar su túnica de nuevo. Con una nueva imagen, con heridas del pasado. Eso le hacía sentir ansioso. Se duchó y luego se cambió la ropa.

Por instantes pensó ver en el reflejo a sus amigos, los campeones. Ahí estaba, Daruk, Mipha, Urbosa, y hasta el horrible "rival" Revali. Link rio un poco por el último. Y entonces, la princesa, tomándole la mano.

Ese roce despertó algunos recuerdos. Sus manos acariciando su rostro, después de haber fallado en la fuente del poder. Envolviéndola en un abrazo, sin importarle si su ropa se había mojado. Y también cuando visitaron el templo. Sus labios rozando con suavidad los de él.

A fuera del templo llovía con fuerza. Se habían quedado encerrados y a solas entre el Templo del Tiempo y la tormenta. Estaban en una de las cámaras de los lados, donde la gente le rezaba a la diosa de manera individual.

Sin embargo no estaban como siempre, pues Zelda había hecho algo que encendió los sentidos del campeón.

Zelda, te deseo muchísimo Le dijo el joven cuando la princesa lo había besado.

Link… La rubia se dejó llevar por el momento y en ese lugar. Dejo que sus hombros fueran perturbados por los besos del campeón

Su mirada era decisiva. Aquel recuerdo le perturbaba un poco, por ello inspiro profundo y saco el aire.

Apretó sus manos con fuerza. Pero con alegría en el rostro – Mantengo con firmeza nuestra promesa, y encima, tu padre ya me ha dado la bendición. ¿De verdad podría estar mal todo esto? No falta mucho, Zelda, sólo déjame recuperar mi fuerza y mi dignidad para volverte a verte.

Pronto recordó una cosa más. Se removió el bolsillo de la túnica de Campeón, pero no encontró lo que buscaba. Bajó con Impa y le preguntó si había encontrado cierto objeto en la túnica, pero ella negó con la cabeza. ¿Tal vez Zelda…? Quizá, esperaba que fuese así. Si eso había llegado hasta ella, esperaba que no se hubiese entristecido más el día del cataclismo.

"Zelda, el regalo que te preparé ese día… ojala te lo hayas tomado a bien"