Capítulo 6: El viajero de ojos azules

Las personas del pueblo, al enterarse de su identidad, no hicieron más que mostrarle su respeto. Pero, entre los más jóvenes del pueblo, el respeto era más por el miedo… Si, el miedo al verlo tan tranquilo después de su arrebato de ira contra el Yiga.

Los días subsecuentes, el muchacho hyliano tuvo pesadillas con su contrincante, la conciencia y algo más, lo estaban atormentando cruelmente. Y por si fuera poco, las miradas de la gente y sus cuchicheos sobre él, no le daban ninguna tranquilidad.

Ese desgraciado había elegido el peor de los días. Había tantos turistas que se habían enterado de aquel incidente, aunque no sabían quién era él. No sabían su nombre ni tampoco que se trataba del antiguo Campeón Hyliano. No sabían, pero lo cierto es que Impa pensaba pedirle algo de discreción respecto a su identidad. Primero porque la gente le iba a tomar de loco. Muchos estaban convencidos de que la princesa de Hyrule ni siquiera había existido, y que todo había sido un invento para ver más "increíble" la caída de un reino que había sido tan prospero como Hyrule. Y el segundo motivo era claro, ¿Quién podría creer que ese joven tendría semejantes cien años? Los ancianos seguramente se reirían de ellos. Entre hylianos habría que guardar discreción. Las demás razas confiaban plenamente en que había sucedido aquel acontecimiento. No tenían dudas al respecto.

No paso ni un día con la intranquilidad que le generaba todo lo antes mencionado. Al menos en dos semanas. Habiendo transcurrido tres meses más desde su llegada a Kakariko, el joven había superado aquellas pesadillas constantes –aunque aún se daban de vez en cuando– y no solo eso. Sus brazos habían vuelto a tener la misma fortaleza de entonces. Incluso un poco más. Había crecido tanto de forma física como mental.

Parecía más decidido y más concentrado en su misión. Había pasado día a día enfrentándose a los mejores guerreros del clan sheikah, e incluso, entrenado en el santuario que se encontraba justo a la entrada del pequeño bosque donde estaba la fuente de Seddha. Ahí había guardianes de combate, pequeños pero útiles para entrenar. Estos estaban a salvo de Ganon, fue lo mejor de todo ese tiempo. No se desperdició ni una gota.

Link parecía más sereno, más tranquilo que cuando había llegado a Kakariko. No lucía más feliz, pero al menos las preocupaciones disminuyeron desde entonces.

Su mirada era más fiera, nada que ver con el joven campeón de corazón puro. Algo había hecho mella en él. La culpa le comía inconscientemente desde entonces. Desde que había decidido poner una mano encima, llevado por el odio, a ese hombre poseído por Ganon.

Ya no temía por la princesa, ni por los campeones. Tarde o temprano se iba a enfrentar a ellos. Sin embargo, aquella muerte llevada a cabo por sus propias manos… eso había sido demasiado para él. Una carga que aún desconocía. Una carga nunca antes vivida por él.

A pesar de ser felicitado por todos en la aldea, no se sentía cómodo con la idea de haber asesinado sin piedad, y más aún, con un terrible odio, a alguien que podría haber sido inocente de ser ayudado a redimirse. Su corazón volvió a flaquear, ignorante a los hechos. La realidad y su deber le tapaban los ojos, como una banda negra que no deja traspasar la luz. Y ahí estaba pensante, sólo. Esperando a que la lluvia parase para de una vez emprender su viaje.

Después de sentirse preparado había llegado el momento de partir. Impa se sentía realizada por haber ayudado al elegido de Su Alteza, la princesa Zelda. Era como un enorme honor. Link ahora partiría con su túnica hyliana. No había decidido llevar puesta la de campeón, puesto que ahí se encontraba el mapa hacia la espada. Esta fue guardada en su alforja. Sus pensamientos retornaron a él, ya que desde dos meses atrás había estado en ese estado mental de reposo. Cabe mencionar que el joven ya era capaz de realizar las tres técnicas de "La Guardia de la Calma" aunque aún seguía siendo muy difícil la Elución precisa.

Eran las primeras horas de la mañana cuando ya tenía todo preparado para su largo viaje. La túnica de campeón la llevaba en su alforja, mientras que como sustituto, aun llevaba la túnica Hyliana que Nirman le había regalado como muestra de su gratitud. El entrenamiento del joven no se había limitado al convencional, la túnica ya ni le pesaba, al igual que sus armas que en un principio, a pesar de su agilidad, le costaba todavía sostener con algo de trabajo. También había labrado de cargar paquetes pesados, arar la tierra. Limpió el pueblo varias veces, ayudó con los animales, y por ello, además de las joyas que le había dado Nirman, también se hizo con un pequeño ahorro. Impa, incluso, le había guardado en tanto tiempo lo que su padre había dejado en herencia. Después del cataclismo no había demasiado, pero para link fue más que suficiente.

Al fin, la lluvia había cesado. Impa mencionó que esa sería la última lluvia del año. Puesto que en otoño era nulo, y en invierno, si acaso lloviese, terminaba convirtiéndose en pequeños copos de nieve.

– Campeón Hyliano – Le llamó Impa con sutileza – Hay una última sugerencia para tu viaje. – Link paró oídos al entender que las palabras de Impa sonaban importantes – Allá en la Aldea que nombraron Hatelia, en honor al cuartel y la muralla de Hatelia, se encuentra Prunia, mi hermana. Supongo que aún la recuerdas. – El joven asintió, a su memoria llegó la mujer con un aura juvenil y con lentes, sonrió para sus adentros – La princesa sugería este como un lugar de interés para visitar una vez despertaras sin memoria. Lo que es cierto es que parece que si le faltan módulos a la tableta Sheikah. ¿Recuerdas las herramientas que usaba la princesa?

En ese entonces Zelda exploraba mucho de la tableta, esperando encontrar respuesta para entrar a los santuarios. La utilizaba para sus investigaciones y demás. Incluso para fotografías. Recordó con una pequeña sonrisa que había hecho algo que llamo "álbum de fotografías" En un cuaderno en blanco pegó un montón de imágenes que se habían hecho, o bueno, que la princesa había tomado con ambos. Era cuando se llevaban bien. Además ponía fecha y título detrás de cada imagen. Era tan íntimo, que cuando ya sabían sus sentimientos llegaban a abrazarse en estas y a tomarse de la manera más ferviente. Algo indecoroso para cualquiera que se enterase, aunque nunca fue así.

– Entendido, iré a ver a Prunia. Sirve que le saludo ya que ha pasado un largo tiempo sin verla. – Comentó Link, con un gesto afable que se dibujó por sus recuerdos – Entonces, muchísimas gracias por todo su apoyo, Impa. Espero verle pronto, pero ya con Su Alteza acompañándome.

Esta se sorprendió por su forma de hablarle. Parecía más educado. Sin duda había cambiado, a pesar de todo.

Link se sentía preparado por fin. No hizo falta demasiado tiempo para volver a sentir el afable viento sobre las mejillas. Tomó la ruta hacia el este después de cruzar el Puente de Kakariko.

Su buena amiga, Epona, iba a buen paso. Se había hecho más cercano a ella desde entonces. Se entendían tan perfectamente. E incluso Link recuperó la brida y silla de su antiguo amigo. La brida tenía el emblema de la familia real sobre el medio del pecho, y la silla un lugar detrás de la montura para poner una pequeña colcha. Ambas habían estado en posesión de Impa.

Siguieron el camino casi por más de unas tres horas. La aldea Hatelia si estaba algo lejos de ellos. Apenas iba a llegar a la muralla y ya llevaba tanto.

Admiró los restos del paisaje. Eran tristes. Dentro de su mente había melancolía de solo mirarles. Ganon lo había hecho él sólo. Si, había sido obra de guardianes, pero también obra de Ganon y su control. El odio inundo los ojos del rubio nuevamente. Recordaba como si fuese ayer aquel ataque inesperado. Su Zelda llena de miedo, de arrepentimiento y desasosiego.

De repente sintió como el pecho le dolía. Un dolor equiparable al de una flecha atravesando la piel. Cayó de Epona, justo en el fango y un charco cercano de la última lluvia del año. Suspiró profundo, intentando calmar el dolor. Si se salpicaba el rostro seguramente terminaría cesando. Antes de tomar el agua en ese charquillo noto algo extraño. Sus ojos parecían fuego rojo, violeta y manchas negras, la pupila era amarilla y dilatada, pero en lugar de ser redonda estaba alargada, como un rombo muy delgado. Su sonrisa se sentía oscura y sus manos mantenían una espada que había tomado de los sheikah. Entonces observó a Zelda, lucía su vestido blanco de meditación, y estaba con sus manos en forma de plegaria, manteniendo los ojos cerrados. Además de estar dentro de una cúpula amarilla. Link estaba congelado y no sabía que decir. Una risa malévola hizo eco en su mente además de una frase "Ya no eres el mismo mocoso inocente" y luego reaccionó, aventando el agua del charco con el sudor en frio.

Epona no sabía que pasaba. Su amo tenía una expresión de muerto y estaba alterado. La cabeza de Epona chocando contra su espalda lo devolvió a la realidad.

Se limpió el rostro y luego azotó el puño derecho en el suelo – Maldición… – dirigió la mirada a Epona, que con el golpe sobre el suelo, había dado unos pasos hacia atrás – Lo siento, y gracias – La yegua se le acercó de nuevo al saber que no corría peligro.

Volvió a subir a esta, parecía incluso alentarlo, lo que enterneció al rubio. Siguió el camino sin dilación alguna.

Calmó su mente enredada observando como el agua de un antiguo pasaje y rio albergaban un montón de vida. Muchos peses nadaban tranquilos sobre las corrientes del agua, a contra y pro. Nadaban en grupo y Link pudo reconocer –gracias a su conocimiento culinario– a diferentes especies de peces. Había lubinas hylianas y en especial, lubinas peregrinas, carpas acorazadas, y carpas recias. Suspiró hondo y alzo la mirada con una sonrisa, la naturaleza intentaba hacerle desahogar sus pesares. Recorrió un antiguo sendero, que parecía aun estar en funcionamiento, y más ahora que nunca antes. Se notaba claramente el sendero por el que iban los transeúntes, el césped no crecía en el este, parecía tierra estéril, seca.

Siguió recorriendo el camino hasta que algunas señales de humo se presentaron entre la espesura de los árboles. Al alzar aún más la vista logró ver algo que no pretendía encontrar aun en pie. Su antigua residencia.

Dio rienda al caballo y entonces encontró algo maravilloso después de cabalgar por ese sendero. Un arco señalando la entrada a la "Aldea Hatelia" y un guardia, que en realidad parecía más bien un granjero, que le impidió la entrada de buenas a primeras.

– ¡Eh, alto ahí! – Al verle a los ojos, este cambio el semblante – ¿Podrías decirme quien eres y a que has vendió?

– Me llamo Link – respondió con seguridad ante el joven castaño. Podía notársele el cabello un poco a pesar de la gorra para el campo que tenía encima – Soy un viajero.

– Un viajero… – respondió este no muy seguro. Su ropa era muy distante a la de cualquier viajero. Inclusive, el mismo semblante lo delataba – Muy bien, Link. Bienvenido a la Aldea Hatelia. Tenemos una tienda de víveres, un establecimiento modista, el famoso entintado de telas y una posada. Ahí podrá descansar tu compañero – Dijo este con una sonrisa medio torcida – No soy un turista, así que ve a verlo por ti mismo si te apetece.

Link no dijo nada, sólo avanzó con su yegua. Ese chico hablaba muy recio para lo que suponía estar en la entrada ¿Había pasado algo antes que les hiciera tener la necesidad de un supuesto guardia en la entrada? Como fuese. Este avanzó colina arriba. La aldea era muy animada, por esa razón soltó una pequeña sonrisa. Aquello le recordaba a la atareada ciudadela de Hyrule, pues la gente iba de un lugar a otro, con canastas de comida o ropa, cargando cajas, niños jugando y personas paseándose simplemente. Se acercó hasta una panadería de la que salía un aroma hechizante. Aquello le había traído un recuerdo:

La princesa tomó uno de sus brazos. Caminaron durante unos minutos por la ciudadela, tranquilos a la vez que atareados por el movimiento de todos en esta.

Zelda llevaba una peluca castaña, la cual tenía la frente totalmente descubierta en lugar de su rubio cabello con un par de flequillos a los lados, además de pintar sus rubias cejas pronunciadas del mismo tono que la peluca. Esta usaba un vestido sumamente sencillo color violeta, por la cual nadie lograba reconocerla. Aunque Link era otro caso.

La gente le saludaba con cordialidad, algunas muchachas le soltaban ojitos, y muchas otras, le miraban con tristeza al verlo pasear con una muchacha tan apegada a él. Pronto llegaron a su destino, una bonita panadería, que también era una especie de cafetería, donde vendían el mejor pastel de frutas de Hyrule, el favorito de cierta rubia gruñona que lo acompañaba siempre y con la cual había forjado una amistad grande, aunque aún compleja.

No me dijiste que tenías novia, muchacho, además es muy hermosa… Comentó un panadero en su establecimiento, mismo que Link solía visitar constantemente. Su rostro enrojeció bastante con aquello dictado de la boca de ese hombre ¡Aunque siempre has tenido la fama de rompecorazones! La "castaña" frunció el ceño con las palabras del panadero.

Repuso el gesto al percatarse de que no tenía sentido haberlo fruncido por algo así.

N-No es eso… ella Zelda le pisoteó uno de sus pies, y este sólo pudo quejarse internamente para no llamar la atención Es una amiga Respondió con una sonrisa forzada.

No importa, señor panadero. Es un bobo tímido que no sabe de lo que se pierde tanto Zelda como el panadero, comenzaron a reírse de él, dejándolo con el rostro avergonzado.

La sonrisa de Link se esfumó luego del recuerdo. Siguió su camino en el pueblo. Bajo de Epona y la tomó únicamente de la rienda.

Uno de los niños que estaban jugando se acercó hasta él y le jalo por su vestimenta. Link se dio media vuelta y agachó la mirada para poder observarlo.

– ¡Oiga, señor! – El rubio sintió un poco de pesadez al escuchar "señor" de por medio – ¿Señor?

Aunque de verdad podríamos decir que era un señor. Sólo que no lo aparentaba – Si tú supieras, niño – se le escapó al joven, confundiendo al niño – Quiero decir, ¿qué necesitas, pequeño?

El niño espabilo, ignorando lo que anteriormente le había confundido y luego sonrió, dejando ver una pequeña ventana asomarse, su pequeña dentadura estaba incompleta. A Link le causo gracia esto.

– Es un viajero ¿no? – Link asintió, sin embargo el niño le observó con ojos destellantes – Pero nunca había visto a un viajero equipado con tantas armas – el niño dio pequeños saltitos – ¡Es genial! ¿Me enseña su espada?

Link sonrió un poco nuevamente. Ese niño le recordaba a él cuando era pequeño. Siempre ansioso por ver las nuevas adquisiciones de su padre, o encontrarse frente a los soldados de otras regiones, y así mismo, sus armas. Como las elegantes lanzas de los zora, o las tocas y pesadas espadas de los Goron, que usaban más para la minería que para pelear, y como un mandoble en lugar de espadas.

– Por supuesto – Link le mostró la espada, desde un punto algo lejano al niño, para evitar accidentes.

– ¡WHOAAA! – El niño se abrazó con los puños y luego dio un salto, alzando los mismos puños en alto – ¡Gracias, muchas gracias! – recito el muchachito con una voz alegre.

– No es nada, pequeño – Respondió el rubio con cortesía. Enfundó la espada y luego el niño le tomó una mano.

– ¡Tenga! – Link se sorprendió, intento devolverle la rupia roja que le había otorgado, pero el niño negó con la cabeza – No, no… quédesela. Mi abuelo me dijo que se la diera a la gente que me enseñase sus armas. Esta es una espada de soldado de hace mucho, mi abuelo me la enseño en los libros, pero verla en persona es diferente. Si encuentra más armas que yo no haya visto, por favor, ¡enséñemelas! Es la primera vez que lo veo por aquí, siempre salgo a jugar con mi hermana.

– Bien, pero no es necesario que me des esto – Sonrió el joven hyliano con nervios. Aunque en los tiempos que corrían, las iba a necesitar – ¿De verdad estas seguro que no la quieres de vuelta?

– No, está bien. Cumplo los últimos deseos de mi abuelo – Con esa pequeña sonrisa melancólica, Link entendió que aquello era un tipo de promesa y terminó aceptándola. – Bueno, gracias por todo, voy a seguir jugando, ¡hasta luego!

Antes de que se fuera, Link le tomó un brazo delicadamente – Disculpa que te detenga, pero… ¿de casualidad sabes dónde están los investigadores sheikah? – el niño se rio.

– No sé qué es eso, pero puede preguntarle a mi madre, está en los lavaderos – Link se giró para ver hacia donde el niño señalaba. Al lado había una tienda de suvenires para viajeros. – ¡Adiós!

El niño hecho a correr, y Link sólo se despidió de él con un gesto.

Tal como dijo el niño, había un par de señoras ahí, una más pequeña que la otra –de tamaño– Se acercó hasta ellas. Seguramente preguntarle a los adultos a su alrededor era mejor idea que a un par de infantes.

– Disculpe…

– ¿Eh? ¿Pero quién te crees muchacho? ¿Qué no sabes que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación? – Dijo la bajita de cabello chino y negro.

– ¡Ah, hoy en día los jóvenes no saben de respeto! – Se dieron la vuelta, ahuyentándole con un sutil empujón de sus posaderas.

Link se quedó quieto y callado. En primera, aquello había sido más que vulgar de su parte. Si alguien de la ciudadela las viera pensarían que eran un par de mujeres de baja estirpe, y además, unas majaderas por hablarle así, sobre todo cuando apenas se había acercado.

– Gracias… viejas brujas… – susurró con mal genio, alejándose de las dos mujeres.

Camino hasta una enorme edificación, parecía una posada. Aunque antes de continuar se topó con un tipo cruzado de brazos y posado en la madera de lo que parecía una caseta muy humilde para dejar algún caballo.

– ¡Eh, tú! No iras a quedarte en la posada, ¿o sí? – Link volvió a poner la expresión de antes. ¿Qué le pasaba a la gente en ese pueblo?

– No, sólo quería…

– Menos mal. No queremos caras "bonitas" rondando alrededor de las mujeres ¿Te quedó claro?

El joven rubio se alejó ante la "amenaza" del tipo con un rostro amargo. Poco a poco iba perdiendo los estribos, hasta que se topó con dos pequeños corriendo y chocando contra él.

– Te juro que la vi, una niña sheikah en el molino ¿Eh…? – El niño se levantó y sacudió su ropa – Tú no eres Ruth.

– ¿Una niña sheikah? – Link preguntó al niño, que asintió de inmediato – ¿Será la hija de Prunia…? – Pensó Link desconcertado, no era esa clase de mujer que apreciara la compañía de un niño y… ¿a su edad podría engendrar uno?

– ¡Si! Yo la vi, pero nadie me cree – agachó la mirada – Mi mami dice que ahí solo vive una anciana y su ayudante. Que deje de inventar cosas…

– ¡¿De casualidad su nombre es Prunia, el de la anciana?! – El pequeño alzó los brazos en señal de no saberlo, pero Link sonrió – ¿Es el viejo molino de la colina?

– Si, ahí viven ¿Cómo…? ¡Hey! – Link se apresuró. Subió a Epona y ayudó al niño a subirse para llevarlo al pie de la colina.

Pasaron cerca de un pequeño establo, y un poco más arriba de la altura de este se encontraba el molino.

– ¡Hylia santa! No puedo creer que esto siga en p… – Se detuvo ante la curiosa mirada del niño – Que esto siga a pie. Es muy largo el tramo – el rubio rascó su nuca avergonzado.

– Lo sé, gracias por el aventón – Dijo el niño – Pero no puedo ir más allá. Si voy, mi mami me va a regañar. Además hay señales que no nos dejan ir ¿ves?

Link se acercó hasta uno de los carteles: "Advertencia: ¡PROHIBIDO EL PASO A LOS NIÑOS!" y una carita de una calavera adornando el cartel. Esa caligrafía ¡es de Prunia!

Al ver que el joven se acercaba hasta el molino, el niño gritó – "Si ves a una niña, me dices" – Link le alzo la mano con el pulgar arriba en señal de aprobación.

– ¡Tengo que decirles a todos que el viajero de ojos azules es genial! – el niño se apresuró a ir colina abajo, gritando en los alrededores:

"¡El viajero de ojos azules fue a ver a la niña sheikah!"

Y lógicamente todos, a excepción de Link y los Sheikahs, habrían escuchado de un rumor de que un joven oji–azul iba a encontrarse con los hostiles Sheikahs, una tribu que desde su llegada, jamás se había involucrado demasiado con otros hylianos.

¿Quién era ese viajero tan misterioso? Un joven metiche, según las viejas chismosas, un muchacho impertinente, según el portero, un don juan de esos que sólo viene a robarnos las mujeres, según el tipo de la caseta… ¡Es un señor muy amable que viaja alrededor del mundo! Según el pequeño niño al que le había enseñado sus armas.

Nadie sabía con seguridad quien era ese viajero de ojos azules, profundos como el cielo.