(N/A:¡Disculpen la tardanza! Ya vine a actualizar. :') Había mencionado que podría tardar alrededor de un mes, y esto fue por sequía de creatividad. Bueno, espero que sigan acá. No lo dejaré hasta terminar, eso es seguro. Disfruten.)


Capítulo 7: Módulos Sheikah

Las puertas del "Laboratorio de Hatelia" se abrieron. La entrada del rubio llamó la atención de una pequeña niña, los rumores esparcidos eran verídicos y eso lo sorprendió. Aunque podría ser bien la nieta de Prunia.

"Se precavido…" Recordó las palabras de Impa antes de su partida y por ello se dejó la capa encima, así no revelaría su identidad por si algo hubiera sucedido. Sobre todo porque Impa no le mencionó a Link nada acerca de que Prunia tuviese una hija o parecido. Por ello se mantuvo al margen.

– B-Buenas tardes… – Anunció titubeante, más aún sin recibir ni gesto, ni respuesta de la pequeña – Hey, ¿podrías escucharme?

– Habla con el encargado del Laboratorio – Dijo ella con una vocecita aguda, pero con una extrañamente familiar entonación. Podría sospechar de su comportamiento tan sobrio, pero era una sheikah, al final de cuentas, pues solían ser así desde jóvenes.

La pequeña le observó curiosa. Link puso sentir como su mirada se clavaba en él, pero al dar media vuelta a su vista la niña seguía jugueteando entre un montón de papeles. ¿Era sólo su imaginación jugándole otra treta? Si, quizá; o la curiosidad por verle, a la vez que la vergüenza de la niña al sentir que podrían descubrirla. Como fuese, tan sólo acató lo que la niña le dijo.

Se acercó hasta un hombre sheikah que no se había percatado de su presencia. Estaba tan inmerso junto a un estante lleno de libros que ni siquiera escuchaba los pasos de Link acercársele. Es más, el hyliano podría jurar que siquiera prestó atención cuando estaba hablando con la pequeña.

– Disculpe – Dijo Link al tiempo que tocaba ligeramente el brazo del hombre. Este se volteó rápidamente.

– ¿Qué? ¿Quién eres? – El sheikah estaba muy desconcertado, especialmente porque no esperaban ver visitas ese día.

Link aclaró la garganta, y miró fijamente al hombre – Necesito ver a la Señora Prunia – Comentó con firmeza, sin embargo…

– ¡¿Señora?! – Inesperadamente la pequeña sheikah que estaba haciendo dibujillos en la mesa se levantó de golpe a encarar a Link – ¿a quién llamas señora, energúmeno?

El confundido hyliano dio unos pasos hacia atrás sintiéndose amenazado por la pequeña, pero potente niñita. Fue entonces que el hombre sheikah la intentó tranquilizar, tomándola de su ropa y jalándola hacia atrás.

– Lo siento mucho, jovencito… – Recitó el hombre con apenas fuerza. Los jaloneos de la niña se hacían más intenso, al igual que la confusión del rubio – pero la señorita Prunia no está dispo…

– ¡Déjame, Simón! ¡Este niñito insolente se merece una buena tunda! – Link se retiró la capa y desenvaino la espada. Entonces la niña exclamó: – ¡Qué la diosa blanca nos bendiga, igual que Su Alteza, la venerable princesa Zelda! – Luego de decir eso ambos miraban detalladamente el rostro de Link. Sus bocas estaban abiertas totalmente, en especial la de la pequeña. El otro simplemente estaba sorprendido, pero no demasiado – A-Al fin – La niñita paro de jalonearse, y el sujeto identificado como "Simón" la imitó – L-Link…

El joven, que poco a poco retrocedía ante la locura de esos dos, despertó su interés al escucharle hablarle con tanta familiaridad. Es decir, una niña de su edad nunca pudo haberlo conocido en su tiempo.

– Yo… Eh… creo que me equivoque de sitio, hasta luego – dio media vuelta, caminando a la puerta apresurado, pero la niñita se le montó en una pierna, impidiéndole seguir.

– ¡Espera, tonto! S-Sé que es difícil de digerir pero… ¡Soy yo, Prunia! Sé que Impa te dijo que vinieras a verme, por lo de tu… bueno… – Dijo esta, separándose del joven. No podía completar la frase. El joven no dejaba de observarla con curiosidad.

Estuvieron en silencio hasta que el mismo rubio hecho a reír, rompiendo este. Negó con la cabeza, agarró su estómago y luego suspiró profundo.

– Bueno, y yo soy un caballo. Ahora que te veo mejor estás vestida tal y como solía hacer tu abuelita. Pero no tengo tiempo, ¿de acuerdo pequeña? En serio, en serio necesito ver a tu abuela.

De nueva cuenta, la sheikah quedo totalmente pasmada "¿tal y como solía ser…?"

– ¡Santas diosas de Hyrule! ¡No perdiste la memoria como predije! – la pequeña comenzó a dar saltitos en la estancia, hasta acercarse al otro Sheikah – ¡Simón! ¡Simón! Es un gran milagro, y una gran hazaña. Prepara la mesa de revisiones, trae papel y tinta para anotar los registros. Y tú… – dijo mirando y señalando al muchacho rubio – Me alegra volverte a ver, campeón.

Aquella forma coqueta de decirlo, no para seducir, si no para burlarse… esa muletilla.

– P-P-P-P-P-P… – La pequeña comenzó a reírse, exactamente igual a como solía hacer la Doctora de tecnología ancestral – ¡¿Prunia?!

– ¡La misma! – Dijo acomodándose los lentes y con una inmensa energía– ¡Click, click!

El muchacho no dijo nada. No obstante la impresión lo hizo caer sobre el suelo, sus ojos estaban cerrados y parecía pálido.

– Bueno, facilitara las cosas así – Dijo la pequeña, siendo lo último audible para el rubio.


Horas más tarde.

El muchacho despertó abruptamente después de haber sido empapado del rostro con agua helada. Respiró con dificultad, además de toser y sacar el líquido que había entrado a su nariz y boca, provocándole un pequeño shock.

– ¡Maldición! ¡¿Pero qué rayos…?! – Gimió este luego de terminar de toser.

– Vaya que si es el mismo torpe jovencito – Dijo la pequeña subida en un banquito.

Claramente estaban en otra parte del laboratorio, muy parecida al santuario de la vida. Algo que llamó la atención a Link es que no parecían estar en el viejo molino ¿dónde estaban ahora? Antes de hacer la cuestión, la pequeña abrió la boca.

– Es un santuario de tipo laboratorio. No es como otros que son pruebas para ti, campeón – Dijo ante la duda del joven que se reflejaba claramente en su rostro.

– Vaya… – Respondió echando la mirada a lo demás en su alrededor – Es increíble, la verdad. ¿Cómo hiciste para entrar aquí?

La pequeña sonrió de oreja a oreja. Link recordaba muy bien que Prunia amaba las cuestiones interesantes que la hacían explicar con lujo de detalle, entonces sólo esperó a que la susodicha empezara a relatarle la historia, y así hizo. Las risas de Link no se hicieron esperar. Otra cosa de los relatos de Prunia, es que al ser tan exagerados lo hacían reír muchísimo, a pesar de que también lo dejaban boquiabierto. Era precisa en los detalles, y a veces complicada para hacer que los demás entendieran sus términos de la materia. Pero aquello le alegraba. Salvo por la apariencia, Prunia no había cambiado nada.

– ¿Ahora si va a decirme como llegó a esa forma? – Cuestionó el rubio con una mira seria, realmente deseaba saber la razón.

– Estaba en mi lecho de muerte. Ya sabes, soy mayor que Impa. – Dijo como si no pasara nada, aunque había algo que no estaba aclarando y por ello Link insistió.

– A detalle…

La pequeña suspiró profundo y comenzó a contarle:

– Estaba moribunda, y se me ocurrió recrear la cámara de la resurrección. Pero algo salió mal, y comencé a decrecer hasta hace poco. Quedando en el estado de una niña de ocho años. ¿Contento? Ahora estoy creciendo de nuevo, así que el objetivo se logró, aunque esperaba quedarme joven por siempre. Parece que aún es difícil soñar con la inmortalidad.

– Somos seres mortales, ¿Qué pensabas hacer viviendo una y mil vidas?

– Crear… crear muchos inventos, darle explicación a la ciencia ancestral. Y para eso al menos requiero de doscientas vidas.

– ¡Que exagerada! – Link sonrió divertidamente, pero a la pequeña no le hizo gracia.

– La ciencia ancestral es complicada, ¡nada de reírse niñito! – advirtió la "niña" con una mueca y el ceño fruncido. En ese momento, tomó uno de sus brazos y le dio un pequeño pellizco.

– ¡Ya, ya! – Clamó el joven con un respingo – ¡Auch! – Link se llevó la mano hasta el brazo pellizcado y sobó delicadamente hasta calmar el dolor.

– Te inyecté algunas vacunas, seguramente las tuyas perdieron su efecto después de tantos años con vida, y también el santuario. Estás como si fueras nuevo, así que es mejor prevenir. Levántate y vamos a almorzar algo.

– Si – Pronunció el muchacho con una sonrisa – Me alegra verla con vida, Prunia.

– Y a mí me alegra que al fin te dignaras a despertar, campeón.

Ambos se sonrieron con complicidad. Esas bromas de echarse algo en cara. Caminaron hasta un tipo de plataforma y esta se movió hacia arriba, como un elevador.

Salieron frente a la misma mesa desordenada donde antes estaba "jugueteando" Prunia, y Simón los esperaba con un banquete sobre la mesa. A pesar de que este no era nada lujoso, sino bastante humilde, olía tan deliciosamente que Link no pudo evitar sentarse lo antes posible sobre la mesa.

– Nota: El sujeto revela tener las mismas costumbres voraces antes de su letargo. Es posible que esté en aumento debido a la falta de nutrientes durante cien años.

Link ya tenía pedazos de comida en la boca y observaba curiosamente a Prunia. – ¿Qué haces? – Cuestionó el muchacho, masticando los alimentos y luego tragándolos.

– Más notas. Eres el sujeto de estudio, ¿entiendes? Y ahora que sé que recuerdas todo, es mejor llevar un registro de ti. Aunque sea por este cortó periodo de tiempo, porque luego tienes trabajo que hacer.

Las bestias divinas, eso era, seguro. Cuando el almuerzo terminó, los tres se quedaron sentados en la mesa. Viéndose unos a otros. Prunia haciendo notas y Simón observando las notas de ella.

– ¿Qué sé supone que haré en las bestias? Es decir. La señora Impa me mando aquí para recuperar los módulos de la tableta. Y también para decirme que debo hacer concretamente al estar dentro de las bestias.

Prunia aclaró su voz y miró a Simón. Este corrió hasta la estantería y sacó un libro bastante grueso y pesado. Lo dejó frente a Prunia y Link, con un pequeño azotó debido a lo difícil que era sostenerlo.

– Eso es la ingeniería de las Bestias Divinas. Aquí hay un registro completo de Su Alteza sobre las bestias. Debes darle una pasada y mientras yo arreglaré la tableta, ¿de acuerdo?

A pesar de lo mucho que le costaba entender la tecnología ancestral y su funcionamiento, Link estudiaría arduamente lo que había en el libro. De repente sintió que el corazón le dio un vuelco. La letra de Zelda estaba ahí, plasmada, le recordaba sus buenos momentos con ella. Dio la vuelta a la primera página y había una carta, sujetada a una cintilla.

Prunia y Simón estaban alejados de él, ni se había dado cuenta cuando ya no estaban a su lado. Este tomó la carta y le dio la vuelta.

– Para… ¿mí? – Link abrió el sobre, estaba una pequeña carta con una fotografía.

"Link, campeón de Hyrule

Este eres tú, y has sido en el pasado. Aunque suene
increíble has prevalecido en un letargo de cien años.
Eres un Campeón, parte de los más valerosos guerreros
que Hyrule haya tenido en su historia.

Disculpa que te pida esto, siendo una completa
desconocida para ti, posiblemente, pero necesito de
tu ayuda. Este mal que te lo pida así pero…

Por favor, ayuda a que este reino deje de caerse
en pedazos.

Sé que no los reconoces, pero ellos… son tus amigos,
yo me incluyo… Sálvalos, por favor…

Zelda"

Link rozó con una mano la pequeña fotografía que se tomó el día de su cumpleaños, del cumpleaños número diecisiete de Zelda, en Kakariko.

La princesa estaba junto a Link, Urbosa detrás de Zelda, Daruk detrás de ambos, Mipha al lado de la princesa y Revali, con una mala cara al lado de Link. Los seis sonreían, a pesar de que Revali no lo pareciera demasiado.

– Aun recuerdo esto – Se guardó la fotografía en su alforja y luego comenzó a leer lo relevante. Acerca del interior y mecanismo de las bestias.

No cabía en gozo de los maravillosos estudios que Zelda había empleado en las bestias. Explicaba desde la generación de tormentas de arena de Vah Naboris, pasando por la capacidad de sostenerse sobre el aire de Vah Medo, de soportar enormes temperaturas de Vah Rudania y su ser independiente sobre las demás, y finalmente, la incesante capacidad de generar un recurso indispensable para la vida: la generación de agua de Vah Ruto.

La forma en la que funcionaba constaba de un módulo principal, el cual tenía la capacidad de seguir órdenes mediante la tableta. Sólo bastaba con poner la tableta sobre el centro del módulo y así podía tomar el control de estas nuevamente. Pan comido. Tan fácil que le parecía un poco raro. Había un truco, es lo que presentía, pero no importaba nada. Link encontraría la manera de hacer que funcionara.

Al cabo de un par de horas, Prunia ya tenía lista la tableta, entregándosela a Link. – Arreglé las fallas en el funcionamiento de los módulos de viaje. Con este puedes acceder a una cámara, un diario de viaje, una enciclopedia y un organizador. Supongo que ahora sabes porque la princesa adoraba esto – Link soltó una pequeña sonrisa. Eso la verdad que era útil. Prunia continuó – Usa sabiamente esto. También está equipada con un rastreador, un mapa y un catalejo. Esto es oro para un aventurero, cuídalo como tal.

– Muchas gracias, Prunia. Hoy descansaré y luego voy a la región Zora, queda cerca – Link tomó imágenes de las partes más importantes del libro de las bestias.

– Eres más listo de lo que la gente cree. Mereces una oportunidad para demostrar que puedes cortejar a la princesa.

En cuanto escuchó las palabras de Prunia, que iban entre juego y como una verdad, Link echó a reír.

– Gracias, Prunia. Seguramente en cuanto la vea le diré que soy tan listo para tomar una imagen de la información.

– Nota: El sujeto de estudio parece haber perdido la vergüenza tras despertar del letargo.

– Supongo que al ver este Hyrule tan cambiado, no puedo evitar el pragmatismo.

El joven platicó con Prunia sobre demás hechos históricos suscitados por los acontecimientos del cataclismo. Sobre la valentía de la princesa Zelda al ir sola hacia el castillo, aunque antes había hecho una peregrinación de sitio en sitio, donde los guardianes habían tomado más posesión. Como los enfrentó ferozmente junto a una brigada de Sheikahs que cuidaban su espalda.

– Zelda es muy valiente. No esperaba menos – Dijo Link, dibujando una sonrisa orgullosa – Ahora me toca salvarla a ella.

– Así es. Y para eso necesitas un equipamiento digno, empezando por la espada que doblega a la oscuridad.

El muchacho sacó la túnica de campeón, que permanecía guardada en su alforja de viajero. Le enseño el relieve cuidadosamente bordado en la túnica y esta lo entendió de inmediato.

– Su Alteza sí que era ingeniosa. Pero esto es todo menos un mapa. Así que no te confíes – Dedujo Prunia con un aire misterioso – Parece como si tuviera escrito algo. Si es la ubicación de la espada, pero revuelta – acomodó sus lentes y tentó más el relieve – Como si fueran caminos diversos llevando a un solo punto de cohesión. ¿Impa te dijo algo acerca de esto?

– Si. La princesa pensaba ponerme a prueba, tal parece. – Dijo Link.

– Pues esta son las ubicaciones de las pruebas – Comentó Prunia sarcástica. Sin embargo, su sonrisa desapareció en cuanto notó algo – Un segundo… ¡Yo conozco esto! Es como un código – Prunia tomó la túnica y salió hacia el exterior.

– ¡Espera un segundo! – Gritó Link, siguiendo a la pequeña de cerca.

Extendió la prenda, mirando hacia la escasa luz del sol, pues comenzaba a notarse el crepúsculo, y entonces encontró algo extraño. – Lanayru… el monte… ¿El monte Lanayru? Mira, aquí hay lenguaje Sheikah, esto se interpreta como Monte Lanayru – Señaló el lugar donde se encontraba, justo debajo un primer camino en dirección al este – esto como poder y agua ¿qué significara? – Apuntó uno de sus pequeños dedos hacia el Noroeste – Además hay un emblema más, esto significa valor y tenacidad, justo hacia el medio en dirección al norte…

– ¡¿Sheikah antiguo?! – Dijo al tiempo que colocaba la palma de su mano sobre la frente – Esto jamás venía en dirección a mí. Todo el tiempo la intención de Zelda fue llevarme hasta ti – Comentó con una sonrisa divertida, y señaló a Prunia – Diosas… Princesa de Hyrule, es usted una mujer muy perspicaz.

– Ahora sólo resta adivinar a donde quería llevarte la princesa Zelda… – Dijo Prunia – Aunque no creo que esa sea mi tarea. Ya cumplí mi parte.

Link asintió con la cabeza suspiró profundamente. Ambos entraron, topándose con Simón que estaba arreglando un poco el desastre después de la comida. Link sacó los platos, y Prunia le ayudó. Salieron por la parte trasera del molino, al lado de la estantería con libros, y comenzaron a lavarlos, metiéndolos en una tina con agua y jabón. Luego llegó el turno de lavarlos.

Para la mañana del siguiente día, el joven rubio se dispuso a bajar para comprar algunos alimentos y quizá una prenda que le permitiera entrar en calor, ya que desde el molino podía apreciarse una enorme nube, que según Prunia, correspondía a una condena helada. Eso desde que el Cataclismo había azotado Hyrule, además de que el Otoño no era tampoco una estación especialmente cálida.

Aunque algo no andaba demasiado bien. La gente le miraba, extrañamente mucho más de lo que esperaba, y le hacían preguntas muy personales: "¿De dónde vienes? ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes?" esta última le hacía un tanto de mella. Era casi seguro que se le escapa decir "unos cien años" y con una sonrisa nerviosa. Por ello se limitó a sonreír coquetamente, sin responder a sus preguntas, salvo a decir que era un viajero. Ni siquiera estaba seguro de que fuera buena idea responder con su nombre.


Compró lo necesario para ir a su travesía. Enlistó a su amiga Epona y sus propias cosas. Y antes de ir a entrenar un poco para el día siguiente se dirigió hacia su antiguo hogar. Un tanto alejado de las casas nuevas de la Aldea.

Inhaló y exhaló profundamente. Caminó por el puentecillo de madera, que conectaba su casa con las demás alrededor.

De pronto pudo escuchar un extraño sonido. Como de algunos golpes. El muchacho se apresuró a revisar que sucedía, y se encontró con una desagradable sorpresa. Dos tipos martillaban los cimientos de su casa, a duras penas. Y otro más estaba ordenándoles la acción con una peculiar forma de hablar y expresarse. El muchacho corrió sobresaltado hasta llegar a la casa.

– ¡Paren! ¡Van a tirar mí casa! – Exigió el rubio, pero solo recibió de respuesta unas cuantas risas por parte de estos.

– Por supuesto, oigan chicos, ¿por qué no le hacemos caso al muchachito? – Rio jovial, aunque uno de ellos parecía creer que las palabras habían sido literales, hasta que empezó a reírse a la par de su compañero y "jefe"

– ¡Habló en serio! – Reclamó con enfado, pero estos le ignoraron por completo – ¡Hagan caso, idiotas!

En ese, instante el hombre que parecía al mando se dio media vuelta, quedando de frente a Link que mantenía una expresión severa.

– Mira, niño. Esta casa tiene abandonada más de cien años, y la gente del pueblo quiere que la demolemos para poder hacer otros proyectos. A menos que tengas un papel que diga que es tuya, o que la compres, esta casa va a ser tirada abajo.

– Y yo te digo que es mi casa. Si bien hace cien años que no pongo un… es decir, que mi sangre, mi familia, no ha puesto un pie en la casa. Aun así es de propiedad de los Wild, ¿entiendes? – Comentó el joven con una mirada amenazante.

El hombre hizo una señal con la mano. Los otros dos pararon el martilleo y luego este se acercó hasta el muchacho. – ¿Cómo te llamas?

Link tragó duro, sintiendo los nervios hasta la frente – Me llamo Link Wild.

El hombre le examino unos segundos – Si, lo pareces. Mi abuelo conoció a un hombre llamado Edmund Wild. Supongo que eres el bisnieto de Edmund.

– Si, Edmund Wild. Capitán de la Guardia real del antiguo Reino de Hyrule. Más bien, su hijo – Pensó esto último con una sonrisa un poco forzada – Edmund "El lobo de montaña"

– ¡Sí! El guapísimo capitán de la guardia – Link frunció el ceño ante tal muestra de… ¿admiración? El hombre continuó hablando – Vaya, si no conociera las pinturas que hay de él y su familia, diría que te pareces mucho a su hijo. Aunque desgraciadamente no sé el nombre de este.

– Se llamaba Darbus. Ah, ese nombre me gustaba mucho en mi juventud – Volvió a pensar el muchacho, esta vez con una cara risueña.

– De igual forma, respecto a las cláusulas del derecho a las propiedades en el reino de Hyrule. "Aquellas con más de cien años de abandono se convierten directamente en propiedades de una villa, un pueblo o una ciudad, y los habitantes de dichas comunidades podrán hacer de lo que sea sobre dicha propiedad" Así pues, los habitantes de Hatelia desean hacer espacios para construcciones nuevas sobre esta propiedad. Ya no le pertenece a la familia Wild, lastimosamente.

– ¡Es una idiotez! No siguen las reglas del reino, salvo aquellas que generan un beneficio económico. Son todos unos avariciosos – Respondió el joven con una enorme decepción – Si no regresaron fue por poner sus servicios a la corona. No sé cómo pueden quitarle la casa a una persona que vivió toda su vida ahí – El hombre alzo una ceja por lo dicho, Link suspiró hondo guardando un poco la calma – me refiero a mis ancestros. Creo en los espíritus, estoy seguro de que están muy enfadados por eso.

El hombre sonrío, pero ya no burlonamente. Se acercó hasta el rubio y le tomó un hombro – Muy bien, la única forma de devolver la custodia de esta casa a tu familia, es comprarla, muchacho. Sin embargo esto te costará alrededor de cincuenta mil rupias ¿qué me dices?

– Por ahora no tengo demasiado, pero si solo así podré recuperarla, acepto hacerlo. ¿Podrá esperarme al menos un año?

– ¡Miren al niño que nació en cuna de oro! Me gusta tu determinación, te hare un trato de amigo. Tráeme treinta montones de leña y a cambio la casa quedará en tres mil rupias ¿qué dices?

– ¡Qué es un avaricioso! Pero acepto su propuesta. Aunque como dije antes, habrá que esperarme un poco ¿le parece bien? Ahora mismo hay algo muy importante que tengo pendiente.

– Mientras cumplas la promesa, aquí me quedo esperando – el hombre se sentó al lado de una cacerola y cerró los ojos, como disfrutando de viento otoñal.

– Los Wild siempre cumplimos las promesas… todas – lo último lo dijo pensando en Zelda – Lo veo en un año, señor.

– Y yo a ti, jovencito. Llámame Karud, cariño.

Link se despidió con la mano, montó en Epona y se dirigió de nuevo a Kakariko. Ahí encontraría un camino que le ayudaría a llegar más fácil hacia el monte Lanayru…

...

Espero no tardar en la siguiente actualización, así que por favor, perdonen si pasa. :') Shirayuki se va.