Nota aclaratoria: En vista de que Fanfiction no permite la inclusión de un doble "Mayor que", utilizado para mostrar que un mismo personaje sigue hablando, opto por sustituirlo por un "+".
05 - TESORO
La entrada a la gruta que se abría delante de Blinding Darkness era cuanto menos inusual, pues estaba achatada por el centro y estirada hacia los laterales, como si fuese la boca de una criatura en constante desasosiego. Tal hecho hizo mirar a la unicornio hacia arriba, para intentar descubrir algo que se asemejase a un par de ojos en la pared que conducía a la cima de la montaña, pero no encontró nada parecido.
Volvió entonces a fijar su atención hacia la embocadura que tenía ante sí, resultándole imposible que un dragón adulto hubiese podido caber por esa angosta abertura. Pero el sonido que resonaba en el interior de la cueva, junto al hedor de la carne cruda que infectaba el aire, no le daba opción de duda.
Cerró los ojos, y se permitió rememorar lo acontecido antes del inicio de su viaje en solitario: Su "querido" Maestro, Beel-Zebub, había despertado esa noche con supina rabia, y entre golpes y gritos, le había instado amablemente a buscar un objeto concreto en la parte más recóndita del mundo conocido, mientras "Él" viajaría a Canterlot para consultar en unos legajos antiguos de la Biblioteca Real sobre cómo transferir el poder de ese objeto. Dicho mandato se debió a la visión que había sufrido esa noche, donde, según había relatado el Mentor de forma atropellada, una gran y negruzca alicornio, ataviada con armadura pesada y de pelaje etéreo le había torturado hasta más allá de los límites, en busca de una pieza que él no poseía. Dicho elemento, la Gema de Sangre, era esencial para esa tal "Nightmare Moon", pues pretendía darle uso específico para construir un ejército de fieles "ferales". Por último, antes de despertar, esa yegua le ordenó entre dientes que dicha joya debía de ser fabricada nada más despertar, o lo transcurrido en el mundo onírico se convertiría en una inevitable realidad apenas coincidiesen en el tiempo… En fin, un mal sueño mezclado con la decrepitud propia de la locura, ansia de poder, y crueldad sin límites que Beel-Zebub poseía.
—Je —masculló entre dientes Blinding Darkness—, un mensaje del futuro para que dicho futuro no se produzca… Cada día estás más senil, hijo de mil putas… Mejor, pues en ese estado pronto cometerás un error, y te aseguro que la tortura a la que te ha sometido esa tal Nightmare Moon será una placentera orgía comparado con lo que tengo pensado hacerte…
Mientras penetraba al interior de la gruta, el cuál se iba agrandando hasta quedar a poco más de cuatro metros de alto, recordó todo lo que había descubierto sobre la pieza que venía a buscar: algo llamado "La Vara de Discord", cuya forma y función le eran completamente desconocidas. Lo único que sabía, a través de habladurías, era que estaba custodiado por un dragón de fiereza sin par. Y precisamente aquél que habitaba en esa caverna tenía aterrorizados a los habitantes de varios asentamientos cercanos. Y de ahí la extrañeza que supuso para ella el descubrir el insólito aspecto de la entrada, pues un dragón de más de veinte metros, tal y como lo habían descrito los lugareños, difícilmente podría reptar por tan mísero hueco.
—La Vara de Discord… —musitó para sí misma—. ¿Acaso es una creación del mismísimo Dios del Caos, como recreación de su reinado? ¿O fue fabricado por algún artesano e imbuido por magia ancestral, como ofrenda hacia él? —pestañeó dubitativa—. Sea como sea, debo ser extremadamente cuidadosa a la hora de llevármela.
Por fortuna para ella, una gran estalagmita situado a pocos metros de la entrada fue idónea para darle la mejor de las coberturas, mientras sopesaba qué hacer a continuación. Y, mientras se parapetaba tras la columna de material calcáreo, no pudo por menos que fijarse lo que se hallaba al fondo de la pequeña caverna: sobre un insignificante montículo de monedas y joyeros se hallaba lo que sin duda debía tratarse de una broma de la naturaleza.
Por más que pestañeó intentando despejar su mente una vez estuvo oculta, la incómoda criatura seguía estando allí… y, aunque al menos su interrogativa sobre la inusual forma de la entrada quedó más o menos aclarada, ese dragón, o lo que hocicos fuese, no era algo perteneciente a un mundo de reglas naturales establecidas. Y sus proporciones no correspondían sino otra alegoría a la caótica conjunción de estamentos imposibles, pues para ser una criatura cuya presencia aterraba a los pueblerinos de los asentamientos cercanos, esta medía poco más de cuatro ponis adultos de largo, incluyendo la cola. Esa aberración que coronaba el cuasi-insignificante tesoro poseía escamas verdosas, así como unos cuernos rectos y de color lila que le nacían en la nuca y apuntaban hacia atrás. Y, por si fuera poco risible, bajo su cuerpo surgían dos agrupaciones alejadas entre sí de cuatro pequeñas patas cuyas proporciones hacían imposible el siquiera imaginar que sujetasen todo el conjunto. Por último, dos alas de tamaño tan minúsculo como para mantener en el aire a ese ser, cuyas membranas amarillentas conjuntaban a la perfección con el grupo de diminutas aletas dorsales. Pero lo que más llamaba la atención era el estado raquítico en el que se encontraba ese ser.
En ese momento, Blinding Darkness barajó varias opciones para lograr destruir ese esperpento, o al menos alejarle de la cueva el tiempo suficiente como para sustraer con comodidad el objeto que había venido a buscar. Y, por mucho que lo intentó, sólo dos de ellas eran factibles… y ambas requerían la muerte de esa abominación.
Inspiró y espiró, concentrándose para atraer hacia sí misma la magia de los alrededores. Mientras lo hacía, decidió aplicar, de las dos que tenía en mente, la idea menos escatológica, viendo que ese error de la naturaleza aún seguía dormitando, ajeno a todo: como a pesar de su aspecto, esa criatura no era sino un dragón, asaltaría su interior a través de las fauces, pues era conocedora de la extrema dureza y protección que el cuerpo en general de una criatura de esa raza ofrece tanto a los ataques físicos como a los mágicos… con excepción, obviamente, del hocico y de la boca, por ser accesos naturales del aire y la comida respectivamente; y de la cloaca, por ser una abertura de salida de deshechos. A pesar de todo, había elegido ese lugar de entrada porque, aunque de seguro se encontraría con la oposición natural del sistema digestivo superior, al menos conocía ya de antemano las dificultades; mientras que si optaba como método de entrada la cloaca el peligro era aún mayor, pues aparte del conocido hecho de que un dragón sólo descansa para hacer la digestión, también surgía la posibilidad de que, de ser esa bestia una hembra, podría errar de orificio de entrada, algo que no le apetecía en absoluto encontrar, pues era un acceso sin salida natural hacia el Centro de Poder.
Pero, por más que Blinding Darkness intentó absorber los efluvios de los vientos mágicos, le fue imposible adquirir no ya una cantidad suficiente como para realizar una conversión efectiva hacia la magia oscura, sino siquiera obtener un mísero retazo que le indicase que había una existencia de corriente conjurable. Era algo incomprensible, pues la misma existencia de ese dragón denotaba de por sí la presencia de mínimo una conjunción de flujos mágicos.
Contrariada, optó por utilizar otro tipo de saber arcano, uno que era más aborrecible para cualquier hechicero oscuro de gran poder… y comenzó a transcribir runas específicas a su alrededor. Primero fue en la estalagmita que le servía como parapeto, y después a su alrededor, formando de esa forma un círculo imaginario cuyo núcleo era ella misma, o mejor dicho, su propio Centro de Poder. Pero a medida que iba avanzando en el hechizo, percibió la desaparición de la primera de las runas invocadas, haciendo imposible realizar, por ese método, un básico encantamiento de concentración de vientos mágicos. Y escogió otro tipo de hechicería arcana, y por otro más, y por todos los que conocía, con idénticos y nefastos resultados.
Rugió de forma rabiosa, sabiendo que se estaba quedando sin opciones.
—¿¡Quién está ahí!? —una potente voz bramó—. ¡Muéstrate, o te encontraré y acabaré con tu mísera vida!
Blinding Darkness abrió los ojos como platos, e instintivamente se recogió aún más tras la estalagmita, mientras se maldecía a sí misma por haber despertado a ese amago de dragón con su desmedido bufido.
+¡Sé que estás ahí! —volvió a gritar el gran reptil—. ¿Vienes a por mi tesoro? ¡Pues sal de donde estés y luchemos!
"Piensa, Blinding, Piensa", elucubró para sí misma la yegua, y se permitió observar por un hueco de la estalactita invertida, y así verificar la situación de su cada vez más probable contrincante: Éste se había levantado sobre sus ocho pequeñas patitas, y mantenía el cuello verticalmente erguido sobre el cuerpo, observando con detenimiento la entrada a la cueva. "Corrijo entonces las proporciones de este apestoso ser…", se explicó de forma inconsciente, mientras volvía a cubrirse, "Tres cuerpos de poni de largo, y dos de alto".
Debía salir de la cueva, aunque fuese para recuperar sus poderes, o siquiera replantear sus opciones, pero la escrutadora mirada -que aún sentía omnipresente en el lugar, e incluso sobre sí misma, a pesar de seguir oculta- de ese dragón se fijaría en ella apenas se alejase unos milímetros de su cada vez más pírrica cobertura, y recibiría toda la descarga de furia y fuego sin poder hacer prácticamente nada por evitarlo. La única opción era alejarse de allí con toda la velocidad que sus cascos podían proporcionarle, pero con celeridad desdeñó ese parecer, pues la única parte de la montaña que conocía era el acceso que había utilizado para llegar, mientras que esa lagartija desarrollada probablemente había memorizado cada recoveco y matorral de los alrededores, por lo de que de seguro la descubriría antes de siquiera intentar realizar el más básico hechizo de ataque o de defensa.
"¿Y si…?", volvió a pensar, esta vez con una efímera y escueta sonrisa en su boca, "Sí, a pesar de llevar tanto tiempo sin poder entrenarlo, quizá sea mi última opción...".
Se concentró de nuevo, aunque esta vez no intentó atraer hacia sí misma los flujos mágicos de los alrededores, sino que condensó su objetivo hacia los cascos delanteros, mientras imaginaba un específico pasillo circular entre su Centro de Poder hasta el suelo de la gruta sobre la que estaba situada, utilizando para ello sus patas anteriores. El procedimiento realmente era algo complejo, pero ella lo había logrado reducir mentalmente a tres meros pasos, haciendo que el resto de su cuerpo, por entero, completase de forma instintiva la tarea. Simplemente debía situarse a sí misma en el interior de un árbol vaciado para la ocasión, así como iluminado por material fosforescente natural, de tal forma que no sólo se afectase su visión, sino también el resto de sus sentidos: debía percibir la madera bajo sus cascos, así como a su alrededor, necesitaba aspirar los efluvios de la savia que llenaban tal lugar, percatar el sabor de la médula y, por último, escuchar los silenciosos latidos que emitían los nutrientes al ser transportados. Era su forma de contactar con su Afinidad a la tierra, al árbol, a la mismísima Naturaleza; era su manera de comunicarse con su Elemento análogo; y, a decir verdad, era una relación que, aunque largamente repudiado por los Hechiceros Oscuros, a ella le proporcionaba un candor íntimo equivalente al producido por un abrazo sincero y cariñoso. Al principio el corredor era tan minúsculo que apenas podría albergar un pelo de crin en su interior, pero poco a poco, según afianzaba el trayecto, se fue agrandando hasta lograr recrear una galería donde ya tenía cabida una de sus patas. Lamentablemente, todo el proceso resultaba ser exasperadamente lento, producto sin duda del desorden mágico que reinaba en el interior de la gruta.
—Bah, serán imaginaciones mías —el dragón bufó de mala gana, y volvió a recostarse—. Creo que últimamente hasta mis propios sentidos me juegan malas pasadas —inspiró y, al espirar de nuevo, una voluta de humo grisáceo escapó de sus ollares.
Quizá Blinding Darkness podría haber aprovechado el momento para, de forma sibilina, salir de nuevo al aire libre, pero estaba demasiado ocupada con su concentración, pues el pasillo ya era prácticamente del tamaño de su torso, por lo que siguió aumentando el volumen de su túnel imaginado, aunque para ello debía resituar sus cascos sobre el suelo, ejerciendo una distancia aún mayor entre las patas. Y así lo hizo, lo más despacio posible y separando un casco cada vez, no ya para evitar alertar de nuevo al dragón, sino para no perder la concentración ya adquirida.
Pero, al colocar su casco trasero izquierdo de nuevo sobre el terreno, pisoteó sin querer el extremo de una pequeña piedra que, aunque se movió ligeramente, terminó golpeando con otra situada un poco más allá, provocando de esa forma un sonido seco y perfectamente audible.
—¡Maldita sea! —exclamó el dragón, volviéndose a levantar, y esta vez decidió abandonar el minúsculo montón de riquezas—. ¡Seas quien seas, te encontraré! ¡Nadie escapa de mí!
A pesar de que los pasos de esa criatura no tuvieron compasión a la hora de impactar con el suelo, lo que Blinding Darkness percibió, según se acercaba a la estalagmita tras la que se encontraba, no era sino un perfecto compás rítmico que atronaba en todo su cuerpo, haciendo cada vez más difícil mantener la concentración.
"Debo… darme… prisa...".
Pero el pasillo dejó de agrandarse.
Las minúsculas patitas se pararon frente a la formación calcárea durante un instante.
—Sé que estás ahí detrás…
El ser escamoso inspiró tanto como pudo.
"No… No puede ser… No puedo morir aquí...".
+Y vas a morir, como tantos otros han hecho bajo mis llamas…
Exhaló un bocanada de fuego de proporciones imposibles, que envolvió la estalagmita, haciendo que el espacio libre por la parte trasera se redujese a unos escasos centímetros de aire ardiente.
El corredor comenzó a hacerse cada vez más y más pequeño.
"No… Me niego… ¿¡Me oyes, Muerte!? ¡Rechazaré tu llamada ahora y por toda la eternidad! ¡No hasta que me haya cobrado mi venganza!".
Ante esa amenaza, el pasadizo, que ya apenas era del tamaño de un peciolo, comenzó a palpitar cada vez más y más rápido, agrandándose con cada latido de forma exuberante.
Los pasitos del dragón retomaron el andar, y llevaron al resto del cuerpo a un lateral de la estalactita invertida, esperando descubrir los restos carbonizados de aquél infeliz que había osado entrar en sus dominios. Sin embargo, descubrió la nada tras la carbonizada formación natural.
—Crackle, cada día estás más neurótica —se fustigó a sí mismo la dragona, chasqueando de mala manera la lengua, antes de regresar y recostarse sobre su fortuna, no sin mantenerse alerta durante todo el recorrido.
Una vez la bestia se hubo echado sobre el montículo de monedas, Blinding Darkness emergió del suelo tras la estalagmita, dejando que la película de tierra y roca que la rodeaba se deslizase por todo su cuerpo hasta caer nuevamente en un siseo de victoria.
"¿Hembra?", pensó, acentuando más su mirada hacia la guardiana del tesoro, a pesar de que desde su posición sólo veía la aún humeante formación calcárea, "¿Es una hembra…? ¿¡Esa aberración es una hembra, como yo!?".
Sintiéndose asqueada por ese dato, dejó que su pelaje se erizase por la contrariedad, sin darse cuenta de que su Afinidad aún permanecía activa, por lo que primero fue una piedra cercana la que saltó, y después otra, y otra más, en un camino más o menos recto en dirección directa hacia el tesoro. Pero sólo se dio cuenta de sus gestos cuando, en vez de rocas, lo que botó fue una pequeña cantidad de monedas, seguido del sonido de una dentellada al aire.
—Invisible, ¿eh? —expresó la dragona, incorporándose nuevamente—. ¡Sabía que estabas tras esa estalagmita! ¡Noté tu hedor de poni!
Poniéndose a la defensiva, la bestia volvió a emitir un bocanada de fuego, esta vez hacia todas las direcciones que no implicasen peligro alguno sobre el tesoro que había bajo ella.
"¡Maldita sea, Blinding Darkness! ¡Céntrate!".
Una vez la dragona se cercioró de que el peligro había terminado, dispuso su atención a las doradas piezas que habían abandonado el refugio del montículo, y, agachando su cabeza, las golpeó con el mentón para atraerlas nuevamente hacia la pequeña y amarillenta colina.
—Hmm… Juraría que falta una… —se incorporó de nuevo, y buscó por los alrededores—. ¡Bah! ¡Estás haciéndote vieja, Crackle! ¿¡Qué crees, que se ha ido rodando hasta salirse de la cue…!?
Concentrándose en esa moneda que había atrapado, y aprovechando el impacto que la cabeza de esa bestia había ejercido sobre ella, Blinding Darkness la había hundido en el suelo, y la movió lentamente, a través de las enormes rocas del suelo, hacia la pared más cercana. Era hora de acabar con esa criatura, pues había perdido demasiado tiempo con estupideces. Y, una vez llevó la pieza de oro hasta el muro, comenzó a elevarla hasta el techo de la gruta, para después situarla sobre esa gran lagartija.
Pero la pregunta que se hizo a sí misma al finalizar, una vez logró sacar a la luz nuevamente la moneda sobre el montículo de doradas piezas fue un escueto y aterrador "¿¡Dónde está!? ¡No la siento sobre el tesoro!".
—¡Te pillé!
Blinding Darkness abrió los ojos al máximo, al descubrir aterrada que la voz, que provenía de un lateral de su cuerpo, distaba de ella apenas unos pocos centímetros.
"¿¡A… Acaso ha venido volando, sorteando la red detectora de mi Afinidad!?".
La respuesta a su nueva pregunta fue otro bocanada de fuego, uno mucho mayor y fortalecido que los anteriores.
El muro de roca que logró elevar entre ella y la tal Crackle fue providencial para evitar ser incinerada, pues el mineral utilizado para protegerla se tornó cristalino debido a la elevada temperatura, viéndose a sí misma reflejada. Percibió entonces el rictus de puro terror que la albergaba, así como, una vez la oleada ígnea hubo terminado, una cabeza de dragona al otro lado ansiando su alma y su carne… una verdosa cabeza de ojos rojizos deformada por la mezcla entreverada de las múltiples caras que poseía el sílice que se hallaba entre ambas… una cabeza de una depredadora natural en plena cacería, lo que denotaba que ella, Blinding Darkness, no era sino la presa. Una triste e indefensa presa…
Inclinando lateralmente su cabeza, la dragona mordió el cúmulo cristalino y la arrancó de cuajo, reduciéndola a meros fragmentos con la enorme presión de sus mandíbulas. Y bufó volutas de humo al aire, sabiéndose ganadora de la contienda.
Pero no tenía ante sí a una estúpida y horrorizada potrilla, como pensaba, sino a una verdadera Hechicera Oscura, una que sin duda defendería hasta la saciedad su vida…
Con un incólume deslizar, la moneda, la cuál estaba situada en el techo exactamente sobre la cabeza de la yegua, dejó que la gravedad le dominase y, con un acompasado movimiento de su pata delantera derecha, Blinding Darkness golpeó la dorada pieza hacia la enorme boca de la dragona que, otra vez abierta, invocaba por enésima vez el infinito y purificador poder de las llamas. Y, aprovechando el compás, la unicornio se alzó sobre sus patas traseras y giró lateralmente para colocarse a un costado de su contrincante, esperando encontrar así la salvación de lo que sabía iba a tener lugar a continuación.
Pero la cola de Crackle, en un movimiento demasiado rápido para siquiera seguirlo con los ojos, impactó de lleno en el cuerpo de la poni, lanzándola por los aires hasta hacerla chocar con la pared más cercana de la gruta.
Otra bocanada de fuego se acercó irremediablemente hacia la yegua, por lo que, aún estando gravemente dolorida por la gran colisión, Blinding Darkness optó por sumergirse en la roca, haciendo del proceso una horrible experiencia debido tanto a la desagradable posición de sus extremidades como del tormento que sus huesos y órganos le proporcionaban debido al impacto sufrido.
Y allí permaneció, incapaz siquiera de moverse y resituarse en una postura que no implicase una serie de oleadas de incalculable tortura.
Crackle dejó de exhalar llamas, y se acercó a la misma pared en la que la yegua se había fundido, se colocó sobre ella, y con sus cuatro patas delanteras comenzó a desgarrar con furia la roca.
Sabiéndose perdida en tal posición, la unicornio bicolor decidió desdeñar el dolor físico, y centrarse en lo único que le podía salvar en ese instante.
La moneda, o más bien el oro líquido en el que se hallaba convertido, comenzó a moverse en el interior del esófago de la dragona, y con una exasperante lentitud se deslizó hacia arriba, hasta situarse en la garganta de una bestia que, concentrada completamente en la búsqueda de la intrusa, simplemente ignoraba lo que estaba aconteciendo en su interior.
Aprovechando el membranoso paladar que poseen todos los dracónidos, el acuoso metal se dividió en partículas más pequeñas, y traspasó con desagradable facilidad esa cavidad, así como la faringe superior, hasta lograr situarse en la base del cráneo.
Pero un arañazo impactó en una de las patas traseras de Blinding Darkness, provocando un pequeño corte que, si bien en sí no era una herida grave, sí le alertaba sobre la proximidad que los garrazos de Crackle tenían ya sobre algún punto importante de su maltrecho cuerpo.
No le quedaba mucho tiempo.
Sin más miramientos, volvió a centrar su atención en el pasillo arbóreo que había concebido, y que conectaba su Punto de Poder con la moneda fundida, a través del suelo, las patas traseras de la dragona, y una malsana recta directa hasta su cerebro.
A través de ese túnel, Blinding Darkness corrió contra el tiempo y contra la cada vez más inevitable muerte, hasta el final del mismo. Allí, una enorme masa encefálica llenaba la protuberancia que marcaba el extremo, así como, en el suelo, un áureo fluido a gran temperatura, cuyo volumen le llegaba hasta las rodillas inferiores, le esperaban.
No hay tiempo para enfriar el líquido y convertirlo en un sólido, para así poder horadar el cerebro de esa dragona con suficiente potencia.
Otro arañazo, esta más profunda que la anterior, desgarró su carne, provocándole a la unicornio otra estocada de dolor. Y le siguió otro corte más. Y otro.
No hay tiempo...
A pesar de que los fluidos eran tratamiento exclusivo dentro del campo de la Afinidad con el Agua, la atrapada poni no tenía otra opción que tratar con ese acuoso elemento. Sin embargo, por más que lo intentó, no fue capaz más que de chapotear de forma infantil.
Un nuevo zarpazo impactó en su pata, y esta vez el tajo fue más penetrante, hasta el punto que la sangre comenzó a manar en la herida. Sangre cuyo hedor inundó sus ollares.
Sangre…
Sangre…
Sangre...
Una rama surgió del interior del suelo del pasillo arbóreo, y le atravesó, de forma basta, un lateral de la misma pata que su cuerpo real tenía lastimada, haciendo de esa manera que la sangre fluyese libre de la cárcel que su mismo cuerpo representaba. Y, cuando la sangre incidió con el oro fundido, el rojizo fluido se vio irremediablemente atraído por el metal, logrando enfriar la mezcla hasta convertirla en un coágulo solidificado.
—¡Ahí estás! —exclamó la dragona, al notar en la punta de la garra los restos del rojizo y vital líquido, y procedió a acelerar su fruición de desgarros.
Blinding Darkness asió el semisólido grumo y, con toda la fuerza de la que fue capaz, lo lanzó hacia el cerebro que coronaba el ensanchamiento arbóreo. Por desgracia, en vez de atravesarlo de parte a parte, la pieza quedó encajada en la base, hundiéndose mínimamente en la materia gris.
Primero fue un grito. Después un gañido. Y, a continuación, el silencio.
Como si una fuerza invisible la hubiese agarrado por el torso, y tirado de ella hacia atrás con inusitada energía, Blinding Darkness fue obligada a salir del agrandamiento, y transportada a través del túnel hasta su propio cuerpo.
Mientras la vuelta a su ser se hacía efectiva, Blinding Darkness recibió una nueva oleada de terrible dolor, aunque por fortuna la dragona había dejado de escarbar en la roca.
Incapaz de aguantar más, emergió lo más rápidamente posible de la pared, aunque más bien fue regurgitada. ¿O era acaso una alegoría cruel y perversa de un nuevo y salvador nacimiento? En cualquier caso, estaba ya dispuesta a recibir la estocada final. Lo había dado todo, sabiendo desde el principio que no podía vencer a un ser temible sin la ayuda de la Magia Oscura.
Pero nada ocurrió cuando ella cayó al suelo. Ni al instante siguiente. Ni al siguiente.
Sólo entonces se atrevió a abrir los ojos. Esperaba ver a la dragona abalanzándose sobre ella, pero lo que descubrió la dejó completamente atónita:
Efectivamente, Crackle seguía frente a ella, pero sus ojos de iris rojizos se hallaban girados hacia los lados externos de su cabeza, y su lengua se hallaba flácida junto a la comisura de la boca. Entonces… abrió la mandíbula.
Blinding Darkness intentó recular, aún a pesar de que las articulaciones de su cuerpo y extremidades aún seguían contrahechas.
Sin embargo, en vez de una nube de llamas, lo que llegó hasta ella fue el sonido de un gruñido lastimero, acompañado del batir de unas alas que, contra-natura, elevaron el cuerpo de la verdosa dragona. Otro gruñido, este lleno de rabia, llenó por completo la gruta, hasta convertir el lamentable sonido en una cacofonía infernal.
Y Crackle siguió bramando al aire hasta que, simplemente, cerró sus enormes fauces y abandonó volando la cueva.
No podía creerlo… a pesar de todas las contrariedades, y ante una contrincante que le superaba en absolutamente todo… había… ganado…
Con lentitud, y maldiciendo a todos los dioses -donde Celestia y Luna tuvieron gran parte de protagonismo- por el infinito dolor, Blinding Darkness procedió a rectificar sus extremidades. Le costó sobremanera lograrlo, y varias veces tuvo que parar debido a los constantes mareos y arranques de tos sanguinolenta que su cuerpo le otorgaba, pero finalmente consiguió situarse sobre las cuatro patas, y caminar cojeando de dos de ellas, pues aparte de la herida que tan amablemente le había proporcionado esa tal Crackle, el hueso caña de su extremidad delantera derecha se hallaba completamente dislocado.
Se acercó al tesoro, dispuesta a dar por finalizada su misión. Estaba en las últimas, pero esperaba que lo que restaba por hacer no debía darle ningún problema. Mientras lo hacía, decidió ignorar las múltiples punzadas de dolor, y optó por analizar los sentimientos que le embargaban.
Había vencido, sí, y ese hecho le asombraba, e incluso le hacía feliz… pero no estaba orgullosa: se había enfrentado estúpidamente a una dragona cuyo único delito, por así decirlo, había sido custodiar un objeto que ella necesitaba a toda costa.
Se situó junto a las primeras monedas que formaban el montículo, y no pudo por menos entablar mentalmente una relación… ¿Era posible que lo que la había impedido utilizar las múltiples variantes de Magia Oscura tuviese el mismo origen que lo que había provocado la extrema delgadez de Crackle? A medida que iba desentrañando lo ya establecido de antemano con lo ocurrido hasta ese momento, más factible le pareció esa idea. Fuese lo que fuese la fuente del problema, debía actuar con extrema cautela.
Usó su Afinidad una vez más, aunque esta vez de forma muy básica, para apartar las doradas piezas visibles hacia los laterales, hasta que no quedó más que unos pequeños joyeros ante ella, los cuales movió utilizando el mismo método… Y, al retirar el último grupo, vio lo que había venido a buscar:
Era más grande de lo que cualquiera podía imaginar al utilizar el término "Vara"; de hecho, la acepción "Bastón de mando" era más adecuado, siempre y cuando tuviese además un aspecto adecuado. Sin embargo, ese objeto no era sino una representación extremadamente fiel de una criatura quimérica con una forma excepcional: sobre un cuerpo de sierpe, una cola de dragón coronado con un penacho blanco; una alargada parte central cubierta de pelaje equino del que surgían dos patas traseras, siendo la derecha de lagarto y la izquierda de cabra, así como, por la parte delantera, otras dos extremidades, esta vez de un león la diestra y de águila la siniestra; y, entre los dos conjuntos de patas, por la parte trasera, nacían dos alas, de pegaso y de murciélago; por su parte, tras su anormalmente prolongado pescuezo, una cabeza de amorfo poni de tierra albergaba unos enormes ojos carmesí de amarillenta esclerótica, y que a su vez servían de base a unas muy pobladas cejas canosas; por último, una pizpireta boca mostraba un solitario colmillo a la parte derecha, y, como si hiciese las veces de contrapeso del resto de la testuz, una barba de chivo blanco asomaba bajo el mentón.
A lo largo de su vida, Blinding Darkness había tenido acceso a varios escritos que describían al Dios del Caos, teniendo algunos incluso dibujos representativos; pero ninguno de ellos ni por asomo era tan extraordinariamente fiel como ese objeto que se hallaba ante ella.
Sin embargo, había dos aspectos que le abrían la curiosidad, siendo uno de ellos el excesivo tamaño para un monarca draconequus que, situado sobre el trono, debía tener el honor de sujetarlo… y el otro, directamente relacionado con el anterior, era que no encontraba por ningún lado una adecuada agarradera, asa, empuñadura o similar, ya que su ausencia le parecía un descomunal error de diseño.
Pero precisaba encontrar primero la respuesta a esta última cuestión, por lo que optó por rodear la vara y escrutarla por la cabecera, pues intuía que, de ser obra de Discord, bien podría estar oculta del lado contrario, en favor de la denominación que una pieza así proporcionaba el Caos… Y, una vez situada en el otro extremo, entrecerró los ojos, extrañada, pues otra vez halló el bastón de mando mostrándole la misma imagen en vez de su contraria, teniendo ante ella otra vez las patas traseras en primer plano, y más allá la sonriente cabeza.
Volvió sobre sus pasos sin dejar de observar al draconequus, con la intención encontrar el momento justo donde tendría lugar el cambio, y fue justo al llegar al punto medio cuando percibió la variación. Retrocedió nuevamente unos milímetros, y vio por primera vez, durante una décima de segundo, una empuñadura de madera maciza por la que sin duda debía sujetarse.
Mientras sonreía por haber descubierto el truco, algo que denotaba que no era sino un presente de algún orfebre excepcional, y pagado por un hechicero muy laborioso, imaginó por un instante al gran Dios del Caos sobre su trono real conversando con una Princesa Celestia completamente sujeta por ataduras mágicas: "Sí, sí, sí, sí, sí… Lo que tú digas, Celesti… ¿Puedo llamarte Celesti? Estoy de acuerdo contigo en eso… Sí, en lo de que debería abdicar y daros Equestria a ti y a tu hermana… Pero verás, ésto es algo que no debería decidir yo, pues sería algo muy poco… propio de mí. Sin embargo, voy a ser generoso y dejar que esta vara que me representa decida el futuro: Si cae de cabeza, dejaré Equestria para siempre y tendréis vía libre para destrozar este país a vuestro antojo… Pero si cae de cola, os convertiré a ambas en dos palmeras tropicales que me proporcionarán de buen gusto el mejor batido de coco que jamás haya probado, y créeme, los he probado realmente buenos".
Aunque aún le faltaba saber cómo, viendo que ese objeto no era producto del Caos, éste había logrado tanto suprimir sus poderes, como arrebatar lentamente la esencia mágica de Crackle. Y sabía que, aunque probablemente no disponía de mucho tiempo, ya que la dragona podía volver en cualquier momento, la respuesta a esta nueva pregunta se hallaba en esa misma gruta.
Bordeó nuevamente la figura para seguir escudriñándola, y trastabilló con su pata delantera derecha al apoyarla sin cuidado, haciendo que una oleada de malsano dolor le recordase cierta dislocación.
—¡Arg! —masculló una vez se repuso—. ¡Maldita sea mi estampa!
Como si fuese un animal agazapado esperando el momento adecuado para saltar sobre su presa, el cuerno de Blinding Darkness comenzó a resplandecer, cosa que aprovechó la hechicera para sanar sus heridas.
—¿¡Por qué!? —espetó, mirando de nuevo la vara, una vez estuvo recuperada—. ¿¡Acaso te ha resultado satisfactoria la batalla, y me devuelves lo que es mío por derecho!? —resopló, intentando tranquilizarse—. No, no eres tan poderoso… Si fueses obra del mismo Discord, podría creer que hay inteligencia dentro de ti, pero no eres más que un objeto imbuido de magia arcana.
Volteó de nuevo el camino, esta vez para situarse en el punto donde el cambio de posición en el aspecto externo de la estatua tenía lugar. Una vez volvió a ver la empuñadura oculta, comenzó a atraer hacia sí los Vientos de la Magia, descubriendo no sólo que estas estaban completamente operativas, sino que el bastón que se hallaba a su frente no hacía siquiera ademán de alterar siquiera de forma ligera el vaivén con la que usualmente solían danzar.
+No eres más que algo inerte, sin fuerza ni resistencia mágica, pero hasta hace poco estabas consumiendo la energía vital de esa tal Crackle… ¡Je! Con razón era tan temible para los habitantes de los pueblos cercanos… ¡Sabía que se estaba muriendo, y estaba furiosa de no saber la causa!
Pero aún seguía indagando, y no cejaba de escudriñar cada centímetro de esa falsa representación del Dios del Caos.
+¿¡Qué es lo que ha variado para que la magia esté operativa de nuevo!?
Incapaz de dar con la respuesta, se alejó hacia la estalagmita y se giró, contemplando de esa forma la escena de forma más general.
—He entrado, y esa esquelética dragona estaba durmiendo sobre el montón de riquezas. Y ya entonces la magia no funcionaba en el interior de esta cueva. Me escondí aquí detrás, y por fortuna mi Afinidad con la tierra seguía intacta… —se llevó un casco al mentón—. Bueno, esta parte tiene lógica, ya que la Afinidad es diferente a la magia de por sí, independientemente de si es luminosa, oscura, o caótica.
Retomó el paso en dirección hacia el bastón.
+Crackle despertó, y luchamos. Y la magia seguía sin funcionar.
Se aproximó hasta la imagen del draconequus, y paró de nuevo frente a él.
+Vencí. Y la magia aún estaba vetada.
Una sonrisa empezó a asomar lentamente por la comisura de los labios de la yegua.
+Y, por último, me acerqué y aparté el tesoro que te ocultaba.
Acercó su cabeza a la Vara de Discord.
+¡Por lo tanto, eres tan inútil como… como las posibilidades de que esa apestosa de Celestia tenga descendencia!
Apartó su vista y lo centró en el pequeño grupo de monedas que habían tenido el honor de ser los últimos que había retirado.
+No, no soy buena haciendo comparativas, pero, como habrás podido comprobar, soy una excelente elucubradora.
Usando su magia, volteó una a una las doradas piezas, y su sonrisa se vio magnificada al percibir una pequeña línea de tizne en alguna de ellas. Sólo tuvo que situar mentalmente el lugar original de dichas monedas…
Por primera vez tuvo la apetencia de tocar la Vara de Discord, sabiendo ya que no tenía nada que temer; y lo empujó de un lado, girándolo sobre el plano horizontal. Allí, en el suelo, no solo había más tizne, sino también los restos de un pequeño objeto carbonizado, el cuál había quedado oculto por el falso aspecto del bastón.
"¿Cómo ha llegado ésto aquí?", se preguntó, "¿Es acaso lo que yo creo que es?".
Una risotada escapó de la garganta de Blinding Darkness. Y asió la Vara de Discord por la agarradera, orgullosa de sí misma.
—¡Deberías saber, Discord, que no hay nada más caótico, y a la vez más ordenado, que la propia probabilidad de la misma existencia!
Giró su cabeza hacia la entrada de la gruta.
—Crackle, si acaso escuchas ésto… Espero que encuentres la paz, y que vivas una infinidad de décadas, pues ya estás lejos de lo que ha estado marchitando tu energía, que no ha sido sino la conjunción de éstos dos objetos… una estúpida ofrenda a un Emperador, y un aro anti-magia.
Levantó la Vara de Discord, sopesándola. Era un objeto sorprendentemente bien equilibrado, algo que de seguro al Dios del Caos no le haría mucha gracia; y por eso mismo probablemente optase por desdeñarlo, terminando por perderse en el curso de la historia, y recalando como parte del tesoro de una dragona rabiosa y temible.
Pero ahora era propiedad suya, de Blinding Darkness, como ofrenda para su "querido" Maestro Beel-Zebub.
Estuvo tentada de llevarlo a casa y encajarle el aro anti-magia que poseían para aquellos unicornios que tenían el "honor" de ser torturados; pero esa idea dejó de ser rentable con rapidez, pues, aunque Beel-Zebub era reticente a mostrar su Afinidad, ella sabía de primera mano que era infinitamente superior al de cualquier otro ser vivo, incluyéndole a ella…
Pero… ¿Y si usaba el aro anti-magia en su propio cuerno y, cuando rebasase los límites, lanzaba la magia pura resultante hacia la Vara de Discord, que al fin y al cabo, tal como le había dicho su Mentor antes de partir, no era sino un cuasi infinito contenedor mágico?
Sí, era algo factible.
—Por cierto, Discord… No sé si alguien te lo ha dicho antes, pero eres realmente horrendo…
Y, doblando su menudillo sobre la agarradera del bastón, invocó a su Afinidad, fundiéndose ella, con su tesoro fuertemente amarrado, en el suelo de roca.
Nunca se dio cuenta, pero apenas hubo desaparecido del lugar, una masculina y tranquila risa llenó el interior de la cueva.
—Oh, Blinding Darkness, mi pequeña potrilla… Tus palabras son ciertamente un halago, pero no te emociones, pues pronto tendrá lugar un juego de poder, y allí descubrirás que no eres sino uno más de mis títeres.
FIN
Agradecimientos a Volgrand por permitirme utilizar elementos de sus fics para esta historia (los cuales son muy recomendables). De hecho, la "Joya de Sangre" es un elemento que está incluida en su fic "La guerra en las sombras".
