Disclaimer: Aplicado
Mi Delito
Capítulo IV
Departamento 203b
Blue jeans, White shirt
Walked into the room you know you made my eyes burn
It was like James Dean, for sure
You so fresh to death & sick as ca-cancer
You were sorta punk rock, I grew up on hip hop
But you fit me better than my favourite sweater, and I know
That love is mean, and love hurts
But I still remember that day we met in December, oh baby!
Lana del Rey: Blue Jeans
1.
Naruto manejaba con velocidad por las calles abarrotadas de Tokio. El aire que acariciaba su cabello, lo refrescaba luego de una tarde muy calurosa. Miro el semáforo, esperando que diera el verde para avanzar, y al levantar la vista, vislumbro una gran gigantografía de su mejor amigo: Sasuke.
Ahí estaba él, en todo su apogeo, mostrándose fuerte y varonil. Naruto río a mandíbula batiente. Si lo conocieran… Sasuke era muy simple y enigmático. No reía mucho y cuando lo hacía, era raro oírlo. Generalmente andaba serio y era arisco con la gente, sin embargo, cuando un amigo lo necesitaba, él era el primero en apoyarlo. Quizás no le daría un abrazo, menos pondría su hombro para que lloraran sobre él, pero si estaría ahí, haciendo presencia y acompañando en todo momento. No usaba tanta palabrería para levantar a un caído, simplemente tendía su mano y obligaba a pararse.
Sasuke era un gran tipo, aunque un poco bruto e insensible.
− ¡Apúrate, idiota! – la voz de un automóvil pasando por su lado, le hizo volver al presente. Aceleró con fuerza y a medio camino, cambio su ruta.
Avanzó por la arbolada, envolviéndose con el rico frescor y aroma de las distintas especie que ahí reposaban…
Freno de sopetón.
− !La Atropelle! – grito saliendo del auto para mirar a la mujer que se había cruzado delante de su camino. Al llegar al frente del auto, vio una larga melena negra azulada cubriendo la cara de una colegiala, que se tapaba los oídos y se encontraba acuclillada en el suelo. – Ni haciéndote bolita podrías salvarte de tremendo choque.
La chica levantó su vista y Naruto la reconoció de inmediato. Era la prima de su compañero de banda: Hinata Hyuga.
− Naru… Naru… − El rubio la levantó del suelo con delicadeza. La chica estaba roja como granate.
− Hinata. – dijo él, con firmeza y preocupado. − ¿Estás bien?
− Si. – respondió la chica, temblándole el labio. – Lamen… lamento haber… me cru…za… cruzado. – Naruto la miró con ternura. Esa chica era una delicia andante.
− También es mi culpa, por ir más preocupado del viento y los arboles que del camino. – Hinata sonrió con temor. La peliazul bajo la mirada hacía ambas manos que todavía la sostenían por los brazos. – Oh, lo lamento.
− No… no… impor… ta – El rubio se sintió tentado a lanzase sobre ella. Le encantaba desde siempre.
Cuando la vio por primera vez, ella tenía solo 12 años, y él 20. En ese minuto pensó que era una guapa niña, pero no le tomo mayor relevancia, pero con el pasar del tiempo, de manera sutil e imperceptible, la cuidaba, como cuando Neji la llevo un día a la sala de ensayos y ella nerviosa, tropezó con el cable del micrófono y cayó a sus pies. Sasuke, que sintió su voz acallarse, miro hacia el suelo y la encontró ahí, siendo recogida por el rubio. Naruto esperaba que el pelinegro la retara o algo, pero simplemente le dio una mirada lacónica y luego volvió a conectar todo. Hinata se deshizo en disculpas, pero los chicos le restaron importancia y ella volvió a sentarse en donde correspondía, siendo vigilada cada cierto momento, por el rubio. No quería que terminara electrocutándose.
− ¿Te llevo a casa? – la peliazul movió la cabeza afirmativamente. Naruto le caía bien, era un buen chico. − ¿Quieres pasar a comer un helado? – le propuso, rogando por dentro para que aceptara.
− No, gra…cias. – tartamudeo negándose a la oferta. El rubio se sintió rechazado y no hablo durante todo el trayecto a la mansión Hyuga.
Hinata ni siquiera reparaba en él.
2.
Shikamaru golpeaba con fuerza la batería. La rabia lo carcomía por dentro y estaba destruyendo todo a su paso.
Temari, la que llevaba siendo su novia por largos 5 años, lo terminaba para ir a cumplir su sueño de ser una de las mejores luchadoras de todo vale del mundo, sin siquiera darle la posibilidad de replicar, ni conversarlo. Simplemente tomo sus cosas, le dio un beso en su mejilla y se largó, dejándolo ahí, con las palabras en su boca y el corazón partiéndose en dos.
Una de las baquetas se partió por la mitad, lazando astillas. Shikamaru se quedo mirándola de hito a hito y soltó lo que tenía atorado en su garganta. Un sollozo de impotencia.
Su orgullo le impedía levantarse de ese lugar, tomar un vuelo e ir a pedirle explicaciones. Estaba herido, lastimado, rasgado por dentro. Como si Temari hubiese cercenado parte de su corazón, al largarse de esa forma.
Restregó sus ojos. Necesitaba pensar, pero también tranquilizarse. Llorar con rabia era peor que llorar con pena, porque le dejaba un sabor amargo y no aliviaba su dolor, más bien, acrecentaba la furia y lo convertía en un energúmeno capaz de hacer explotar todo a su paso, pero las lágrimas no le dieron escape. Se soltaron de manera brusca, cayendo con dolor sobre sus manos.
Shikamaru, el fuerte, el inteligente, el simple, el reservado. El chico que nunca sufriría porque era muy metódico, se encontraba ahí, llorando a lágrima viva por una mujer que lo había destrozado con su desplante, abandonándolo de manera brutal.
− Pensé que estaría solo… Shika. – Kiba, que iba entrando al lugar, se detuvo y miró a su amigo, que intentaba, vagamente, pasar desapercibido. – No soy idiota.
− Si lo eres. – respondió con la voz apagada y mirando hacia el suelo. − ¿Puedes obviar esto?
− No, pero tampoco te preguntaré. –dijo el castaño, sentándose a su lado, pero en el suelo. – Estoy aquí para lo que quieras. Sabes que cuentas conmigo.
− Inuzuka, no estás siendo problemático. – le reprocho el pelinegro, tratando de reír, pero no logro.
− Nunca lo he sido, coletitas. – El apodo se lo había ganado por usar el pelo amarrado y por tener una novia que también usaba un peinado parecido.
− No me llames así. – Kiba no necesito pensar mucho para entender que todo ese embrollo tenía que ver con penas de amor. – Se fue.
− ¿Murió? – Shikamaru abrió los ojos desmesuradamente y lo miró confuso.
− No. Me dejo. – y se levantó de hombros, con humildad. Como un hombre lo hace cuando en verdad está destrozado.
− Amigo, yo no entiendo mucho de esto, pero el único consejo que te puedo dar es: Si la quieres, lucha. – dijo el castaño.
− Necesito tiempo para entender que es lo que siento. Que es lo que me duele y si en verdad la extraño. – respondió con elocuencia. – Nuestra relación ya no era lo que yo esperaba ni mucho menos lo que ella quería. A veces todo era rutinario, sin variedad. Era como estar en una constante, sin sorpresas, sin animosidad, simplemente estar. – confeso con melancolía. Kiba, que lo miraba sorprendido, simplemente asintió, tratando de ser un apoyo para el pelinegro.
− Dicen que la rutina destruye más que los celos o la infidelidad. – Shikamaru dejo casi de forma ceremonial, las baquetas sobre la batería y miro a su amigo.
− Kiba, las mujeres son problemáticas. – y se levantó para largarse. – Si te enamoras, procura de que sea alguien con quien te sientas vivo, y no completo.
Como la brisa veraniega, Shikamaru salió del lugar.
Afuera, el sol ya había bajado.
3.
− Si, Ino. Estoy bien. – detrás de ella, unos golpes bruscos chocaban contra la puerta. – No, es un idiota que está martillando con su cabeza la pared. – se despego el teléfono de la oreja y tapando el micrófono grito: − ¡¿Puedes parar?!
− ¡No, hasta que me abras la puerta! – Sakura se volvió a poner el teléfono en la oreja. − ¡Abre!
− Ino, te dejo. Iré a poner un reclamo por culpa de este idiota. Adiós. – cortó la comunicación y se paro furiosa del asiento.
Abrió la puerta hasta atrás y se encontró con Sasuke apoyado en el marco de la puerta y con la cabeza gacha.
El pelinegro cuando vio por fin que la única separación que había entre ellos, se abría, se adentro de inmediato, para no darle tiempo a la pelirosa de cerrarle en la nariz y dejarlo nuevamente afuera.
− Sakura… − La pelirosa puso una mano frente a su cara, haciéndolo callar.
− No quiero hablar contigo. Si abrí es porque me da pena que mi vecino escuche tu griterío. – Paso por al lado de él, ignorándolo. El pelinegro, que sabía que el departamento era el único en ese piso, quiso replicar, pero reparo en ella, y su voz quedo enmudecida.
Vio sus piernas largas y descubiertas. Subió hasta su trasero pequeño y respingado, para luego llegar a su espalda, que también se encontraba a medio tapar. Estaba usando una especie de blusa corta, dejando al aire parte de su panza y espalda. Era la tentación con pies.
− Sakura, quiero disculparme. – dijo Sasuke, persiguiéndola hasta la cocina. Vio como se agachaba frente a él para sacar algo de la parte baja del refrigerador.
Si Sasuke no la conociera, pensaría que lo estaba provocando a propósito, pero Sakura era una niña, que no le importaba despertar las pasiones a nadie, al menos, no a sabiendas.
− ¿Por qué eres tan energúmeno? – mordió la manzana con fuerza.
− Cometí un error. – Sakura levantó una ceja.
− Eso es evidente, Uchiha. – Sasuke bufó.
− ¿Me perdonarás? – preguntó hastiado.
− Esa no es la manera de pedir perdón que me gusta. Deberías ser más humilde. – dijo a modo de corrección y petición, para luego volver a morder la manzana y hablar con la boca llena. – Te iría mejor en la vida.
− Y tú deberías ser más educada. – replico el moreno, molesto por la sugerencia.
− ¿Ves? Avanzas uno y retrocedes quince. ¿Te gusta molestarme?
− Tú eres molesta por completo. – Sakura, viendo que solo tenía la manzana como arma, se la lanzó. Sasuke logro esquivarla. − ¡Estás loca!
− ¡No más que tú! – le respondió, buscando otra cosa que lanzarle. − ¡Me sulfuras!
− Escúchame. – levantó las manos, tratando de tocarla y calmarla, pero Sakura con una simple mirada, lo espantó. Sasuke, que nunca había sido cobarde y mucho menos se había dejado reducir por nadie, se sintió intimidado. – Sakura, seremos compañeros de trabajo todo un año. Debemos llevarnos bien.
− Parte por dejar de decirme molestia y quizás ahí pensaré en comportarme como la gente.
Sasuke la miraba anonadado. Solo tenía 16 años, pero era terriblemente decidida y compleja. Luchaba contra él de par a par, sin amilanarse. Muy pocas personas se habían atrevido a hacerlo, y las estadísticas hablaban a su favor, ninguna le había ganado, pero Sakura, que solo llevaba una semana en su vida, ya lo había reducido en varias ocasiones.
− Me gusta ponerle apodos a la gente. – confesó. – Y molestia es el tuyo.
− Pero no me gusta. – rezongó. − ¿Te puedo decir pelos de gallina?
− No. – dijo escuetamente. Sakura abrió las manos, diciéndole con gestos: "¿Ves?" – Ese apodo es feo.
− Molestia también lo es. – Sasuke intento nuevamente acercarse a ella, pero Sakura se alejo, refugiándose detrás del comedor de diario. – No te acerques.
− ¿Me tienes miedo? – Sakura levantó el mentón.
− Eres un completo desconocido para mí. Estar contigo dentro de mi casa me pone nerviosa ¿quién me dice que en verdad no eres un violador u homicida en potencia? – Sasuke intento aguantar la risa, pero no lo logro por completo. – Y además te ríes.
− Me llamo Sasuke Uchiha, tengo 25 años. Naci un 23 de Julio. Me gustan todas las comidas que contenga tomate, y odio los dulces. Soy vocalista y hago las canciones de una banda conocida, además de ser actor y para sumar más dinero a fin de mes, a veces modelo. – Sakura lo miró estupefacta. Tomo asiento y él hizo lo mismo, aunque alejado de ella. – Vivo a 5 cuadras de acá, manejo un Lamborghinni Gallardo del año y gasto mi dinero en idioteces. Me gusta la cerveza muy helada y a veces fumo. – Sakura arisco la nariz, pero Sasuke no lo tomo en cuenta, y continuo: − Tengo novia y creo que el rosado es el peor color del mundo.
− A mi no me gusta el negro. – respondió cruzándose de brazos como niña pequeña. − ¿Hermanos? ¿Familia?
− Itachi, el manager de la banda y que lleva mi carrera, es mi hermano. – Sakura asintió. – De mi familia no hablo.
− Perdón. – murmuró ella de inmediato. Sasuke, con un gesto de cabeza aceptó las disculpas. – Los dulces son ricos.
− Son mejores los tomates. – refutó. − ¿Sigues pensando que soy un peligro?
− No me vuelvas a besar a menos que el guion lo pida. – Sasuke asintió no muy convencido. La pelirosa estiro su mano. – Sakura Haruno.
− Sasuke Uchiha. – volvieron a tocarse y sus cuerpos explotaron. – Lamento el comentario que hice sobre tu trasero.
− Eres el primero en tantearlo. – le confidencio riendo. – Veré que dicen los demás.
− No es necesario que busques más gente para comprobar mi punto. – le dijo, levemente celoso. No quería imaginar a Sakura siendo tocada por otro.
− En fin ¿te vas? – Sasuke asintió. – Bueno, chao.
Y lo dejo solo, sentado en el comedor y dejando una estela de perfume cítrico en el lugar. Cuando se iba a parar a reclamarle, Sakura volvio con algo y se lo entrego a modo de regalo.
− Toma. – era un dragón hecho de papel y pintado de colores chillones. – Es mi ofrenda de paz.
− Sakura… − dijo incrédulo.
− Es tuyo. Cuídalo. – Sasuke lo envolvió en sus manos y asintió. – Es tarde. Deberías irte.
− ¿No te da miedo estar sola?
− Algo. Es muy grande acá, pero intentó no pensar en eso, o me da pena. – sus ojos se llenaron de lagrimas, pero las disipo pestañando mucho.
− ¿Estás comiendo?
− Si. – Sasuke se levantó de su asiento y rozándola pasó por su lado para ir a mirar la nevera. – Sasuke, espera…
− No hay comida. ¿Qué estás comiendo? – Sakura miró la manzana que reposaba descuidada sobre el suelo.
− No he podido hacer las compras. De verdad. – El pelinegro la miró con desaprobación.
− Eres una niña y vivir sola es una gran responsabilidad. Hasta para mí, que soy mayor, me cuesta. – Sakura río con lágrimas corriendo por sus mejillas. Sasuke no supo qué hacer. – Voy a buscar algo.
Sasuke salió del departamento y se subió a su carro. Anduvo por muchos lugares, tratando de buscar alguna tienda abierta.
Encontró un minimarket que estaba abierto las 24 horas. Bajo presuroso y ni siquiera le importo camuflarse. Sakura estaba sola y con hambre. Caminó por las estanterías, sobresaliendo por su altura, porte y belleza. Todos los que se encontraban en el lugar, lo reconocieron y sacaron sus celulares de inmediato para inmortalizarlo.
Rebusco por todos lados, sacando chucherías y ramen instantáneo. Se le hacía asqueroso, pero era a lo único que podía aspirar en ese instante. Al girarse, unas 7 personas, lo miraban expectante, esperando aunque fuese un gesto de su parte. Sasuke, que estaba vestido con jeans oscuro y chaqueta de cuero, levantó una ceja. Las mujeres suspiraron sin medirse.
− Sasuke-chan, sácate una foto conmigo. – se le acercó una rubia bastante menuda. Posó con ella para la cámara frontal y vio su pelo desordenado. Intento ordenarlo con las manos, aunque fue en vano. Su pelo si era como el de una gallina.
− Sasuke, un autógrafo. – el pelinegro tomo el lápiz, y firmo la hoja que le estaba pasando el tipo, mientras lo grababa haciéndolo. – Un saludo a la cámara, por favor.
− Un saludo para ti y tus cercanos. – una media sonrisa, y tenía a todos a los pies. – Prometo recompensarlos, pero en este momento me hallo apurado.
− Oh, por Dios. Habla maravilloso. – Sasuke sorprendido frente a esa acotación, se volteo y camino hasta donde la dependienta. Otras dos de sus compañeras, la empujaban para ser ellas las que concretaran la compra.
− ¿Algo más? – gritaron las tres al mismo tiempo.
− Una cajetilla de cigarros, por favor. – las tres suspiraron y se pelearon por pasarle el paquete. Pago y se largo del lugar, dejando a una que otra desmayada y varios publicando sus fotos a través de twitter o facebook. Ya mañana hablaría con Itachi para explicarle.
Se subió al carro y aceleró con rapidez. Saludo al conserje que ya lo conocía desde hace mucho, porque también había vivido en ese edificio y subió al departamento de Sakura. Antes de golpear, la chica abrió la puerta.
− Wow, pensé que no volverías. – Sasuke, que estaba cargadísimo de cosas, le hizo un gesto para que lo dejara pasar. – Te demoraste.
− Es complejo encontrar algo abierto a esta hora. – Sakura le dio la razón y lo ayudo llevando algunas cosas. – Traje pura chatarra, pero mañana mismo vamos a comprar víveres.
− Sasuke, el vamos me suena a manada. Iré sola. – dijo mientras posaba las bolsas sobre el comedor de diario. – Yo sé lo que quiero.
− No irás sola. – y dio por zanjada toda discusión. Él iría con ella si o si. − ¿Ramen instantáneo? – Sakura saco la lengua, haciendo asco. – Lo imaginé.
− Trajiste doritos. – saco la bolsa y la abrazo contra su cara. – Son mis favoritos.
− Lo supuse. Hueles tan mal como ellos. – Sakura abrió la boca ofendida. – Es broma, mol… Sakura.
− Bien. Te estás amaestrando. – dijo la pelirosa, burlándose.
− Molestia. – Sakura lo miro feo. – Te gusta a ti nada más molestar. – le reclamo, instándola a dejar de mirarlo así.
− Estamos en mi casa. Mi territorio. Yo mando. – le falto golpearse el pecho para parecer un jefe de aldea indígena.
− Si, señorita alacalufe. – Sakura puso su mano en la frente y con dos dedos formo una "L" – pero miren, que madurez.
− ¿Cuánto te debo? – el Uchiha se sorprendió. – Oye, te estoy hablando.
− No te estoy cobrando. – Sakura iba a reclamar, pero nuevamente Sasuke no se lo permitió. – Basta. Esto lo pagaré yo, además, por lo que sé, es que tu primer sueldo todavía no ha sido depositado y si es así, llegará a manos de tu madre y no a las tuyas así que el dinero que tienes es de tus ahorros o de lo que te paso tu familia para sostenerte algunos días.
− ¿Puedes dejar de ser tan inteligente? – Sasuke se rió y Sakura se arrepintió de decir tamaña estupidez ¿no se lo había ocurrido algo mejor?
− Detente, cerebro. A Sakura la pones nerviosa. – La pelirosa tomo una bolsa de papas fritas y se la lanzó. – Infantil.
− Soy una niña, no lo olvides. – dijo Sakura, resuelta. Para Sasuke, esa simple frase lo hizo nuevamente darse cuenta de que tenía que alejarse de ella, pero sentía que ya no podía.
Estaba como embrujado por esos ojos verdes, que estaban desprotegidos y propensos a ser profanados por una industria destruye vida y la soledad que rodeaba a todos los que pertenecían a ella. Él era un afortunado porque tenía maravillosos amigos y una familia que lo contenía todo el tiempo, pero Sakura se encontraba sola, en una gran ciudad y con su madre quien sabe a cuantas horas. La miró. Era bellísima, sobretodo de esa forma. Siendo simple, sin necesidad de maquillaje o ropas de diseñador. Ni siquiera necesitaba peinarse. Ese moño que tomaba todo su cabello y que dejaba caer solo dos mechones gruesos por las mejillas, enmarcaban su rostro de forma exquisita.
− ¿Sasuke? – El pelinegro reacciono. − ¡Oh! Eres un robot ¿verdad? Ya sabía yo que la gente muy famosa tenía directa relación con los reptilianos. – Sasuke alzó una ceja. − ¿Cuántos años tienes en verdad? ¿1000? ¿Eres vampiro? No debes ser humano. Nadie se queda quieto tanto rato. – el pelinegro chasqueo la lengua y se volteo caminando hacía el hervidor de agua.
− Comerás ramen. – sentenció fríamente.
− ¡No! ¡El instantáneo es malo! – chillaba la pelirosa.
− Bueno, los reptilianos dominamos el mundo, así que te ordeno a que lo comas eso. – Sakura se sentó sobre el comedor de diario y miró la espalda de Sasuke en todo momento. Como se fruncía al estar haciendo fuerza y lo ancha que era.
− ¿No tienes calor? – Sasuke se irguió, pero no la miró. – Sácate esa chaqueta y come conmigo.
− ¿No puedes pedir las cosas por favor? Te aseguro que no se te caerá la lengua. – le respondió con ironía, sacándose la chaqueta, quedando con una camisa blanca. Tomo uno de los tomates que había comprado recién y lo lavó para pelarlo.
− ¿Eres nadador? – Sasuke la miró sobre el hombro, confuso. – Tienes una espalda ancha y eso que eres delgado. – Sasuke sonrió de oreja a oreja, sin poder contenerse. Sakura decía lo que sentía y nunca se medía. Le gustaba su autenticidad.
− ¿Lo puedo tomar como un piropo? – Sakura guardo silencio muchos segundos. Sasuke sabía que la había dejado lela. – Sakura.
− Perdón ¿me hablabas? – giro con el tomate sobre su mano y la vio ahí, sentada a lo indio y mirándolo con mucho interés. – Me gusta el tomate.
− Esta es mi comida. – respondió huraño. Sakura hizo un puchero muy gracioso. – No te daré, así que no hagas gestos de niñita pequeña.
− Eres un egoísta. – dijo la pelirosa, tomando una bolsa y buscando algún comestible diferente al ramen. Encontró unas galletas de mantequilla, y las abrió para degustarlas. − ¿Sabes? Estoy aburrida de comer este tipo de cosas.
− ¿No te preparas comida? – Sakura se levantó de hombro, y volvió su vista al paquete. − ¿No sabes cocinar?
− Si sé, pero no sé que tengo que comprar para comer. – Sasuke iba a regañarla, pero se adelanto. – Le dije a mi madre que tendría cocinero personal, para que no se preocupara de mi alimentación. Te agradecería que no le dijeras nada cuando la vuelvas a ver.
− Eres una irresponsable. – se acercó a ella y miró sus ojos fijamente, abriendo uno con sus manos e inspeccionándolo. Sakura se puso muy roja, casi al punto de la ebullición. – Por lo menos tus ojos se ven normales.
− ¿Podrías alejar tus garras de mí? – Sasuke se alejo de ella con brusquedad. La revisión se la había hecho por inercia. – Gracias.
− Apuesto que ni siquiera tomas desayuno. Comete ese ramen y anda a dormir. Mañana, yo te traeré comida. – Sakura se iba a negar. – no me interesan tus berrinches. No quiero que te enfermes, y el rodaje se retrase.
− Ya sabía yo que esto no lo hacías por filantropía. – dijo Sakura, medio decepcionada. – Iré a ver televisión. – Sakura se bajo del comedor y tomando el ramen luego de echarle agua hirviendo, se fue a sentar a la alfombra del living para mirar que programa bueno había en ese momento.
Sasuke, que se había quedado de pie ahí, miro desconcertado como ella se largaba dejándolo como siempre, con las palabras en la boca. Iba a reclamarle por ser como era, y aclararle que lo que hacía, lo hacía por ella, para que no le ocurriera nada, y no porque el rodaje se pudiese parar, sino porque le daba pánico pensar que se desmayara y nadie supiera porque se encontraba sola. Fue a decidido al living a reclamarle por no dejar que le explicara, pero al verla sentada sobre la alfombra, comiendo con muchas ganas el ramen, se contuvo. Su corazón se paralizó y por inercia llevo su mano al pecho. Se veía tan indefensa y a la vez fuerte. No quería dejarla sola.
− ¿Está rico? – pregunto, mirándola desde la altura. Sakura levantó su cara sonrojada y lo miro achinando los ojos, asintiendo en el proceso.
− Gracias. – respondió con la boca rebosante en comida. – Serán solo químicos, pero está rico.
− De nada, Sakura y para la próxima, no dudes en llamarme. Llevas varios días sin comer adecuadamente. Tu trasero seguirá desapareciendo a este paso. – la mirada asesina que le lanzó la pelirosa, lo hizo sonreír a él también. – Me iré, pero antes, anota mi número. – Sakura sacó su celular y anoto con dedos rápido. Le puso: Mandón, cosa que por suerte, Sasuke no vio.
− Gracias por todo, Uchiha. – el pelinegro le iba a reprochar por llamarlo tan impersonalmente, pero no lo hizo al ver como ella se debatía entre la seriedad y las sonrisas burlonas.
− ¿Nos vemos mañana? – Sakura asintió y poniéndose de pie, camino donde él y lo abrazo fuertemente, poniendo su cabeza en el pecho.
− Eres un gran tipo. – se apretó contra él. – Es tan raro abrazar a una súper estrella y descubrir que es de carne y hueso igual que yo. – A Sasuke le vibró el pecho. Se estaba riendo. − ¿No eres reptiliano?
− No, Sakura. Soy humano igual que tú. – acarició levemente su cabeza. – Aleja tus garras de mí. – murmuró burlándose de ella.
Sakura de la misma forma que lo abrazo, lo soltó. Abrió la puerta y lo despidió desde ahí. Sasuke salió medio tambaleante y se volteo para hacerle un gesto con la cabeza.
− Hasta pronto, Sakura. – la pelirosa cerró la puerta, y una placa de de platino, con números y una letra le pegaron de frente al pelinegro. – Departamento 203b. – murmuró.
Sin saberlo, ese número jamás lo olvidaría.
Holaa !, he vuelto con nuevo capítulo. Me costó un poco prepararlo, y es más corto de lo común, pero desde ahora, si o si tendré que alargarlos, porque hay hartas cosas que contar y obvio, tenemos que darle forma a todas las parejas.
Gracias por los reviews, no saben cuanto me alegran el día. Son la motivación que tengo para seguir escribiendo. Si ellos y sin ustedes, obvio, no existiría esto. De verdad, un millón de gracias por eso.
Mientras se sube el capítulo, los contestaré.
Espero les haya gustado y dejen aquí abajito su opinión. Esa es mi paga :)
Un abrazo para tod s, feliz año nuevo, y ojala el año que está comenzando, sea fructifero y maravilloso para ustedes (y para mi xD).
Las re contra quiero ! Besos
PD: Estoy escribiendo un fic de Sarada y Bolt, aunque lo subiré cuando terminé este. Les cuento porque no sirvo para guardarme las cosas xDDDD
LilyLoop
