Disclaimer: Aplicado
Mi Delito
Capítulo V
Ramen Instantáneo
Oh damn these walls
In the moment we're ten feet tall
And how you told me after it all
We'd remember tonight
For the rest of our lives
If these wings could fly
Birdy: Wings
Era una niebla oscura, brumosa, densa y la perseguía. Sakura se encontraba agotada, sentía que sus piernas no le respondían y que en cualquier momento sería alcanzada por ese maldito humo, que le impediría respirar. Tembló, y sus dientes castañearon. El frío asolaba con fuerza su cuerpo y su corazón comenzaba a quebrarse de manera brutal. Se estaba rindiendo, la bruma la había consumida.
Unas fuerzas renovadas hicieron mover sus miembros, obligándola a correr para poder salvarse, pero llegaban tarde. La niebla la había alcanzado, adentrándose por su boca y nariz, rompiéndole los pulmones y haciéndole sangrar los oídos.
Estaba muerta.
Una voz gruesa gritaba su nombre, haciéndola despertar de su letargo. Sus ojos negros y piel de alabastro. La tomo en brazos y corrió con ella y por ella, sacándola de la negrura, pero Sakura ya no respiraba. Sus pulmones se encontraban colapsados. Una sonrisa. Ese era el final.
− Es el comienzo. – La boca de él se poso sobre la suya, drenándole todo lo que la estaba matando. La niebla escapo con fiereza, arrancando de ellos. De esos dos cuerpos entrelazados, entregados a amarse.
Sakura volvió a respirar.
Sakura volvió a vivir.
1.
Se removió incomoda en la cama. Sentía sus miembros aletargados y un zumbido en su cabeza. Al parecer, esa noche, a pesar de dormir más de ocho horas, no había logrado descansar como era debido. El sodio del ramen instantáneo le estaba haciendo mal, por eso tenía la boca tan pastosa y una acidez que corroía desde su estomago a la boca.
Camino por el cuarto, rascándose la cabeza y estirándose como un felino, intentando re acomodar sus músculos. El frío de la cerámica que cubría el piso del baño, le hizo despertar de sopetón. Tenía que prepararse para ir a clases, y luego tener una agradable grabación junto a Sasuke y otros dos actores de renombre: Suigetsu y Juugo.
Suspiró. Amaba lo que estaba haciendo y más aun sabiendo que lo hacía bien, recibiendo harto apoyo, pero sobretodo, protección. Se lavo la cara y enjuago la boca, para luego tomar un vaso gigantesco de agua, depurando todo su cuerpo.
Se enfilo a la cocina, todavía bostezando, pero completamente despierta. Agradeció que fuera piso flotante el que cubriera gran parte del suelo del departamento. Así podía andar descalzas y no enfermarse, pero si seguía metiendo al baño, mojándose los pies, era muy probable que su salud se resintiera.
El timbre sonó, seguido por dos golpes secos contra la madera. Sakura en un principio se asustó, pero evaluando la situación con rapidez, recordó que el conserje del edificio, nunca permitiría la entrada a algún desconocido. Tenía órdenes estrictas sobre el cuidado que debía tener para con Sakura.
Abrió, encontrándose de frente a Sasuke, quien estaba apoyado en el marco de la puerta, mientras en su mano, sostenía una bolsa que emanaba un agradable olor a leche. Entro si pedir permiso.
− No te he invitado a pasar. – dijo molesta.
− No me importa. Te traje desayuno. – Sakura abrió la boca confundida.
− No debías. – murmuró. – De verdad.
− Tampoco debía traerte besarte y lo hice. Ya vez como no sigo las reglas. – se burlo el pelinegro, pero Sakura no se dejo llevar por la mordaz respuesta a su agradecimiento.
Se acercó a él casi brincando como una niña pequeña y lo abrazo por la cintura fuertemente, sorprendiendo al pelinegro. Sasuke abrió los ojos desmesuradamente completamente impresionado. No era dado a las muestras de cariño y mucho menos a aquellas que significaban contacto físico. – a menos que fuera sexo, aunque en el sexo tampoco se necesitaba tanto cariño para ejercerlo… − Su cuerpo reacciono de manera violenta, como si millones de micro bichos se hubiesen metido dentro de su piel, provocándole electricidad y sudor frío. ¡Sakura no lo podía abrazar cuando apenas llevaba una remera de chico que no cubría más allá de la mitad de su muslo y sin brasier! Se gritó internamente.
− Eres un buen hombre. – y lo soltó de la misma forma en que lo abrazo, con rapidez y sin necesidad de darle tanta vuelta, a pesar de tener sus mejillas sonrosadas. − ¿Qué me trajiste?
− Date una ducha primero. – sugirió Sasuke, todavía saliendo de su letargo. – Hueles mal.
− ¿De verdad? – puso las manos sobre su boca y nariz y se tiró el aliento. No era un olor a menta, pero tampoco parecía el de una cloaca. – Bueno, pero ni se te ocurra tocar mi desayuno.
−Yo lo traje. – le recordó.
− Pero me lo diste. – se enfilo hacía el baño, rascándose la cabeza, para luego mirarlo por sobre el hombro. – Recuerda, "lo que se da, no se quita" – le mostro la lengua de manera infantil y salió del lugar.
Sasuke quedo pasmado, con su cuerpo duro y caliente, para vergüenza y rabia de él. Necesitaba desfogue. Sakura al parecer no era consciente de lo que provocaba en los hombres. No podía andar abrazándose con todos vistiendo como estaba vestida y mucho menos rascarse la cabeza mostrando su ropa interior. Comenzaba a alucinar con sus bragas blancas cubiertas de puntos rojos.
Se obligo a pensar en su abuela bailando la conga en bikini, intentando calmar sus pasiones. Contar cerdos voladores o imaginar un ataque extraterrestres no lo iban a ayudar. Necesitaba medidas drásticas, y pensar en su abuela bailando la conga en bikini era una medida drástica.
− Eso, baila, baila. – caminó hacía la cocina, para apoyarse en el lavaplatos. Dio el agua y se mojo la cara, las muñecas y el cuello para enfriarse. – Baila horrible. – su imaginación le estaba fallando.
Fue a buscar la bolsa que había dejado abandonada en el sofá.
Leche, bollos cubiertos de caramelo, algunas frutas para hacer zumo y cereales de variados tipos, no sabía cuales le gustaban.
¿No encuentras que estás haciendo mucho? Se preguntó, pero no quiso analizar la respuesta. Sentía que era un deber ayudar a esa pobre adolescente, que estaba sola en un mundo terrorífico, consumidor de almas y destruidor de vidas. No quería que la odiosidad cubriera ese cuerpo tan puro e inocente… todavía.
− ¡Baila! – ya no recordaba a su abuelita, pero gracias a un ser divino, no tuvo que seguir peleando con eso. Itachi lo estaba llamando. − ¿Qué?
− Tan hosco, Sasuke. – dijo desde el otro lado el risueño Uchiha. – Ni el buen sexo te quita lo amargado.
− Si no tienes nada más que decir, adiós.
− ¡No!, no cortes. – le grito. − ¿Cómo estás?
− Al grano. – pidió con fiereza.
− Yo también estoy bien. – el Uchiha menor bufó. – Bueno, tengo un par de preguntas que hacerte. ¿Cómo es eso de que compras ramen instantáneo? ¿Acaso te gustan esos botes llenos de químicos?
− No. – dijo escuetamente.
− ¿No qué, Sasuke? – Itachi odiaba cuando Sasuke no le daba respuestas claras.
− No me gusta. – fue el turno de Itachi de bufar.
− Responde bien, maldita sea. Por tu culpa esas mierdas de se están vendiendo como pan caliente. – Sasuke soltó una leve risa. − Si ríete, bastardo. Las empresas de ramen instantáneo están pidiendo que uses tu bello rostro para promocionarlos.
− No les haré campaña.
− Entonces ¿Por qué compraste tantos botes? – Sasuke pensó la respuesta, pero prefirió ser sincero.
− Estaba ayudando a alguien. Y fueron tres nada más. – excuso. Le estaban dando mucho énfasis a una tontería.
− ¿Naruto? ¡El pobrecito me llamo llorando hace un par de minutos diciendo que por tu culpa cerraran el Ichiraku! – espetó Itachi. − ¿Consideras que es agradable despertar con la dulce voz del Uzumaki? Te respondo de inmediato que no.
− Debería agradecerme. Está pasado de peso. – Itachi quería jalarse los pelos, pero sopeso la situación y respiro hondo.
− Sasuke, respuestas claras o te juró que destruyo tu banda.
− ¿Cómo?
− ¿Te gustaría que toda la prensa mundial supiera que tomaste biberón hasta los 11 años y te acostabas en el regazo de mamá para que te acunara?
− Estoy ayudando a Sakura. – respondió molesto. Su vida privada no podía salir a la luz y menos esos hechos tan vergonzosos. − No tenía que comer y le compré lo primero que hallé.
− ¿Sakura? ¿Tu coprotagonista? – Itachi se levantó de su cama y camino por la habitación. − ¿Dónde estás ahora?
− ¿Importa? – el Uchiha mayor odiaba esa habilidad que tenía Sasuke para irse por la tangente contra preguntando.
− Sasuke… − advirtió.
− Estoy donde Sakura. – Itachi se golpeó la frente con fuerza. Caminó hacía su oficina que se encontraba dentro de su departamento y buscó con una mano la odiosa tarjetita del ser humano más indeseable que conocía.
− ¿Sabes cuántos años tiene? Apenas 17. Te estás metiendo en tremendo lio. – le reprocho. – Perderás todo si cometes un error.
− 16 años.
− ¿Qué? – preguntó Itachi sin comprender.
− Sakura tiene 16 años.
− ¡Y una mierda! ¿Crees que eso me tranquiliza? – Sasuke "hmphmeo" como siempre. – Si, tu maldito monosílabo. ¿Qué haré contigo? ¡Caerás a la cárcel si le tocas un pelo!
− Hey, para con tu mente perversa. – le grito Sasuke. Itachi enrolo los ojos. – La estoy ayudando nada más. Deja de pensar cosas que no son.
− ¿Hasta cuándo durará tu benevolencia? Tú no eres una persona conocida por tu caridad desinteresada – le recordó. − ¿Qué buscas?
− Nada. – Itachi no sabía porque, pero le creyó. – Por la tarde la llevaré a comprar vive…
− ¡Ni se te ocurra asomar la nariz junto a ella! – le gritó Itachi, completamente sacado de sus casillas. – Por fin la encontré. – La tarjeta del abogado reposaba en sus manos.
− ¿Encontraste qué? – Sasuke se volteo y vio a Sakura sentada sobre la mesa del comedor diario, zampándose un bollo y relamiéndose los labios. – Sé más delicada.
− Está exquisito. – dijo con la boca llena.
− ¿Con quién hablas? – pregunto el pelilargo desde el otro lado.
− Con Sakura.
− ¿Qué? – preguntó la pelirosa.
− Estoy hablándole al idiota de mi hermano. – le respondió a la chica, apuntando su celular.
− ¿Por qué le dices eso? – suspiró. – Yo enviaré comida al departamento de Sakura y procuraré que se encuentre abastecida. Tú sale de ahí y trata de no volver.
− Adiós Itachi. – zanjo Sasuke, dando por finalizada la conversación.
− ¡Sasuke!
− ¡¿Qué?! – gritó cansado.
− Sé sensato. – se cortó la comunicación.
Sasuke volvió a mirar a la chica, que seguía comiendo como si el mundo se fuese acabar. Miró como iba vestida y soltó un gruñido de desesperación. Su falda corta, sus calcetas altas y el chaleco que cubría su torso con la insignia clara del colegio para señoritas: "Konoha School"
− Van a ser las 7:00. ¿Me puedes llevar a la escuela? – Sasuke la miró caminar hacia el cuarto y el tambaleo de su falda lo hipnotizó.
Volvió con un bolso colgando en su hombro y la gabardina en el brazo. Sakura intentaba infructuosamente arreglarse la bufanda. El pelinegro molesto por lo que estaba a punto de hacer, se posiciono frente a ella y se la arreglo, para luego quitarle el bolso, obligarle a ponerse la gabardina y salir del lugar, con él cuidando sus pasos.
− Eres como un hermano mayor. – dijo Sakura sonrojada, mientras se establecían en el ascensor. – Me gusta que estés acá.
¿De verdad podría ser sensato?
2.
La cabeza le dolía a horrores, atravesándole sus sienes como si de un cuchillo se tratase, casi quitándole las ganas de moverse, pero debía reaccionar. En menos de 4 horas tenía ensayo y llegar tarde no era una opción plausible.
Estiró sus brazos, rezongando por tener que levantarse teniendo pedazo de resaca, pero paro en su parloteo interno cuando sintió un cuerpo a su lado. Giró la cabeza lentamente, y cada vez más atemorizado; Una guapa rubia dormía boca abajo, con su espalda desnuda y claras muestras de que la noche anterior se había convertido en un semental del sexo.
Dejo caer la cabeza contra la almohada, soltando el aire. Encontrarse de esa forma, le pareció un golpe directo a su plexo solar. Se había encamado con una desconocida y la había tratado como un animal, dejándole marcas por todos lados. Se sintió poco hombre. Ni siquiera sabía si se había cuidado… ¡mierda! Se sentó sobre la cama presuroso y buscó con la mirada, una prueba de que la noche anterior había tenido un momento de lucidez. Necesitaba encontrar un condón o un poco de sí mismo regado por las sabanas.
− No, no, no, no. – repitió al ver que no se encontraba nada de eso a su vista. Era hombre muerto y quizás padre con una completa desconocida. − ¿Qué hice?
Bajo sus piernas, intentando aguantar el dolor que tenía en su cabeza y despertando su cuerpo que se sentía molido, como si una manada de búfalos hubiese pasado sobre él. Sus brazos apoyados en las rodillas, sostuvieron su cara, su máscara que comenzaba a resquebrajarse. Con fuerza, el recuerdo del dolor que lo había llevado a eso, se instalo en su pecho.
La rabia, la impotencia, la pena, la sensación de injusticia, todo eso se manifestaba en el puto nudo que tenía en su garganta, impidiéndole incluso tragar su propia saliva.
Temari lo había dejado sin mayor explicación, dejándolo con todos sus proyectos en conjuntos y un corazón roto sobre las manos. Temari se había largado cambiando su vida por completo. Destruyendo la templanza y sensatez del chico.
Shikamaru ya no era el mismo.
Levantó la cabeza. Necesitaba largarse de ese motel de mala muerte. Cuando miró al suelo, una luz divina o quizás una señal del cielo, apareció. Dos condones usados estaban tirados desprolijamente en el suelo, casi pareciendo una obra de arte para él. Si fuera un poco más sentimental – y menos escrupuloso. – los hubiese tomado para besarlos, pero Shikamaru prefirió ir a buscar un pedazo de papel higiénico, envolverlos y botarlos. Luego de una ducha, las cosas estarían más claras, pero grande fue su sorpresa al descubrir que la habitación no tenía baño.
− ¿Dónde estaré? – se puso su ropa, buscó su billetera, sacando varios billetes que dejo sobre el buro junto a un cigarrillo para la chica. En sus vagos recuerdos se encontraba la evidente borrachera, acompañada de esa chica, que se presentó como Mina, y que le prestó sus servicios por una no despreciable suma de dinero. Shika estaba siendo más dadivoso dejando casi el doble de lo que le había pedido.
Al final, Mina le estaba sirviendo para despojarse un poco de la ira, aunque sabía que no volvería a pasar. O al menos esperaba que no.
Llego a la recepción del lugar, buscando respuestas y la salida.
− Hola, sabes estaba en la habitación 105 ¿Cuánto es? – la chica calculo y le dio la respuesta.
− 4000 yenes por todo el día. – respondió la pelivioleta, masticando chicle. – Dudo que su acompañante se levanté de aquí a un par de horas y si no quiere pasar una humillación pública, siendo buscado por una prostituta al quedarle debiendo, le propongo que pague el día completo.
¿Cómo alguien podía hablar tanto? Se preguntó el pelinegro. Sacudió su cabeza, olvidando la resaca, pero el leve tintineo que hizo su cabeza, acompañado del dolor agudo, lo hizo detenerse.
− De inmediato. – murmuró. Buscó su billetera nuevamente y saco la tarjeta.
− ¿De verdad quiere dejar rastros? – Shikamaru alzó una ceja. – No tiene cara de ser un hombre que frecuenta prostitutas.
− No me alcanza el efectivo. – La chica hizo un globo con su chicle y luego de reventarlo, se alzó de hombros y buscó la maquinita para hacer la transacción.
− ¿Le puedo hacer una pregunta? – Shika asintió levemente. – Tiene una cara rara.
¿Eh? El pelinegro la miró sin comprender.
− No todos tenemos la suerte de salir bellos. – respondió escuetamente, deslizando la tarjeta por la maquina.
− Espere… no me refería a eso. – la chica se sonrojo. – Usted se me hace conocido. − ¡No, por favor no! Pidió Shikamaru, mirándola con pavor. – Usted es Nara ¿verdad?
− Si. – dijo con tono cansino. De nada servía esconderse.
− Oh, por Dios. Nadie me creerá. – Shika se acercó a ella, tomándole las manos. La chica se sonrojo aun más fuerte y sus ojos brillaron como luceros.
− Intentemos que quede entre nosotros ¿Te parece? – la chica lo pensó algunos segundos.
− ¿Qué me das a cambio? – preguntó, intentado negociar. – No quiero dinero, así que ni se le ocurra ofrecerme.
− Mmm… ¿te gustaría conocer a algún famoso? – preguntó el pelinegro, tranzando.
− Si, amo a Sasuke-kun. – como no. Todas las adolescentes y mujeres en general se derretían por él. – Aunque también me gusta su banda. Tocan muy bien.
− ¿Te gustaría ir a un concierto y después encontrarte con nosotros detrás del escenario? – la chica comenzó a boquear intentado respirar. – Si o no. – presiono Shika.
− ¡Sí!, obvio que sí. – respondió gustosa. − ¿Cómo lo haremos?
− Dame tu número.
− 0303456. – Shikamaru anoto el número en su celular.
− ¿Cómo te llamas? – preguntó sin levantar la cabeza.
− Nozomi. – "esperanza" pensó el pelinegro. Levanto su rostro nuevamente para mirarla. Sus ojos avellanas le parecieron bonitos.
− Nos vemos, Nozomi. – se giró sobre sus talones y se enfilo a la salida.
Colocándose las gafas, sacó un cigarrillo y lo prendió.
El frío comenzaba a notarse con fuerza. Era el comienzo de diciembre.
3.
Tenten corría por entre la gente, esquivándolas con dificultad, pero evitando no botar a nadie. Comenzaba el mes de la navidad y todos salían a las calles de Tokio a comprar los regalos, abarrotando los lugares, pero sobretodo, ese lugar: Shibuya.
La castaña no paraba en su desesperación por llegar a la tienda que había montado junto a Tsubasa. Su mejor amigo desde que tenía memoria.
Tsubasa era rubio para sorpresa de todos y tenía unos ojos verdes tan penetrantes como cálidos. Era el chico más perfecto que podía existir. Pulcro, ordenando, sofisticado, educado, pero sobretodo, sostenedor a más no poder. El rubio era el prospecto perfecto para llegar a la casa en una cena familiar y presentarlo como el novio. Pero eso era imposible. El chico, desde que tenía memoria, había sentido una especie de repelencia al género femenino, desligándose por completo de todas las chicas. Tenten era la única mujer que traspasaba su línea.
Tsubasa era el gay menos gay que se pudiese conocer, es más, Tenten a veces pensaba que era un poco asexuado, porque desde que tenía memoria y sabía de la condición sexual de su amigo, nunca lo había visto interesado en ningún ser humano.
Choco de frente con un caballero, que a punta de insultos la obligo a recogerle todas las bolsas. Tenten, completamente desesperadas, las recogió y se las lanzó con fuerza para dejarlo reclamando solo. Necesitaba llegar a la tienda.
− ¡Llegué! – grito en cuanto puso un pie en el lugar. Tsubasa, que se encontraba tras el mostrador planchando un vestido, la miró sonriente. − ¿Cuál es?
− Esa. – Tenten se giró lentamente, dándole más ceremonia al encuentro. Frente a sus ojos, estaba la tela que los sacaría de las estrecheces, que los libraría de tener que trabajar en dos partes distintas para poder mantener la tienda y el subsistir. – Magnifica ¿no?
− Es maravillosa. – paso la mano sobre ella, tocándola con delicadeza. Seda francesa. – Oh, seremos famosisisisisisimos. – dijo la pelicastaña hiperbolizando.
− Bueno, a mi me basta con tener para comer todo el año. – Tsubasa era un obseso con la moda, pero tenía un leve problema con la comida. ¡Comía como cerdo! Tenten no sabía cómo su pobre madre lo había mantenido tantos años y la pregunta del millón era ¿dónde mierda se metía la comida? Era demasiado delgado como para entenderse. − ¿Qué piensas?
− Llevo dos días durmiendo en conjunto menos de 4 horas. – respondió la pelicastaña. Tsubasa la miró. Tenía ojeras y cara demacrada daban credibilidad a lo recién dicho. – Conocí a la chica perfecta para que use la tela y sobretodo, que llevará con soberbia el nuevo diseño que hice.
− Ilumíname. – pidió el rubio. − ¿Es guapa?
− Guapísima, además de humilde y te apuesto que aceptará de inmediato. – Tsubasa confiaba a ojos cerrados en su amiga, y a pesar de que anteriormente Tenten le había hecho meterse en otros proyectos, terminando los dos hasta el cuello con deudas, no podía abandonarla. Sabía que en algún momento, la pelicastaña tendría su golpe de suerte.
Tenten pensaba con ilusión en Sakura, en la tela y en el vestido que llevaba noches enteras diseñando. Tenía una especie de corazonada que le decía que todo resultaría. Que la pelirosa la llevaría alto. Y no era por un capricho de fama y reconocimiento, Tenten solo buscaba la aceptación de una persona: Su padre.
Toda la vida, la pelicastaña había estado sometida al escrutinio de su familia, pero sobretodo de su padre. Él le había quitado el respaldo cuando solo tenía 15 años y le había dicho que su sueño era ser diseñadora. Kazuo Ayame le dio la espalda, negándose a mantenerla: "Todos los que se las dan de artista terminan pidiendo dinero en las calles. Yo no reconoceré a una hija que pida limosna" fue su última frase para luego darle con la puerta en la nariz, arrojándola a la calle.
Tenten trabajaba con ahincó para demostrarle que de los sueños se movía el mundo. Ni las matemáticas, ni las ciencias, ni siquiera el dinero movían el engranaje que solventaba el vivir. Si no hubiesen existido soñadores, emprendedores y luchadores constantes, la gente seguiría viviendo en las cavernas.
− Todo resultará está vez. – dijo en voz alta, prometiéndose a sí misma lograr su cometido. − ¿Vamos?
− Si. – respondió el rubio, mirándola con cariño. – Hoy vendimos una blusa. – Tenten abrió la boca. – Si, ponte feliz. Fue la magenta de raso.
− Era hermosa. – la pelicastaña tomo el abrigo que había dejado tirado en el suelo luego de su entrada frenética. − ¿Hemos vendido muy poco?
− Nos alcanzará para vivir este mes y poder celebrar una navidad, austera, pero la celebraremos y eso es lo que importa. – Tenten sonrió. Desde que vivía con Tsubasa, su vida se había arreglado un poco.
Caminaron por el lugar lleno de gente, mirando sin mirar cada uno de los escaparates. No tenían dinero para darse el lujo de hacerse regalos decentes; con una linda cena, ambos eran felices.
Tenten se apretó el abrigo, metiendo sus manos en los bolsillos y pensó en Jiraya y la oportunidad maravillosa que le había dado, tomando en cuenta que todavía era una diseñadora emergente, que no tenía estudios. Era completamente autóctona. Kabuto, uno de sus mayores opositores, se había lanzado contra ella, insultándola de pies a cabezas, pero la pelicastaña no había caído en provocaciones. No desaprovecharía la oportunidad de ganar un poco más de dinero para mantener la tienda y el departamento.
− Está muy helado. – rezongo el rubio, abrazando a su amiga que era varios centímetros más pequeña que él. − ¿Cómo va todo en la película? ¿Sasuke es tan guapo como se ve en la tevé? ¿Suigetsu es risueño? – Tsubasa era un consumidor gigantesco de farándula y amaba mirar cada uno de los programas de espectáculos que daban en la tevé. Soñaba con estar un día sentado en alguno de esos set, hablando sobre diseños y vestidos, y haciendo una sección de "Fashion Emergency".
− Sasuke es demasiado guapo, aunque ya lo conocía. – Tsubasa recordó el porqué y cerró la boca. – Suigetsu todavía no aparece. Creo que hoy tiene grabación.
− Sácate alguna foto con ellos. – Tenten enrolo los ojos. – No seas así, recuérdale a Sasuke cuando tocaba en el "Bar de Abajo".
− Dudo que se acuerde de mi. Solo servía sus bebidas. – dijo la pelicastaña, desmereciéndose, como siempre.
− Déjale caer el tema cuando estés tomando sus medidas. Envidio esa parte de tu trabajo. – el rubio hizo un puchero.
− Es el comentario más gay que te he escuchado en años. – ambos rieron. – Bueno, le diré que nos saquemos una foto.
− Y de pasada que le mande saludos a Neji. – Tenten se separó bruscamente de su amigo, para golpearlo en el brazo. Tsubasa se río sin parar. – Era broma, energúmeno.
− Odio ese tipo de bromas. – respondió la chica, alisando su abrigo. – Hace unos días choqué de frente con él.
− ¡Y no me habías dicho, maldita! – el grito resonó por todo el lugar, haciendo que mucha gente se volteara a mirarlos. Tenten, muerta de vergüenza le pego un codazo en las costillas. – Lo lamento.
− De vedad caerías excelente en un programa de farándula. – le respondió herida. – Si chocamos y no me reconoció. Igual es raro chocar con una súper estrella.
− Recuerda que tú lo conociste cuando todavía no era un fanfarrón estirado.
− No es fanfarrón. Es demasiado famoso, por eso actúa tan engreídamente. – Tsubasa alzo una ceja. – Ok, si, es un idiota.
− Se nota tanto que todavía lo amas. – Tenten le hizo una mueca. – Nadie te ha hecho olvidarlo.
− Tomohisa fue como un hermano para mí y Horaru era demasiado "llamador de atención" – dijo la pelicastaña.
− Esas excusas son burdas, déjame decirte. A los pobrecitos nunca los llegaste a amar. – Tenten se cruzó de brazos. – Pero bueno, cosas de la vida ¿no? Además, tendrás una linda historia que contarles a tus nietos.
− ¿Cuál? ¿Qué todos mis novios tienen cierto parecido con un famoso rockero al cual le serví el agua por varios meses?
− No, tonta. Que perdiste la virginidad con un rockero rompedor de bragas. – Tenten enrojeció brutalmente.
− Ni siquiera lo debe recordar. Estaba borracho y atiborrado en drogas. – confesó cansinamente. – Neji es un idiota.
− Si, y tú eres demasiado perfecta para él. – Tsubasa la envolvió en su abrazo, apegándola a su costado. − ¿Vamos por comida chatarra? Hay que celebrar que vendimos una blusa.
Tenten sonriendo aceptó.
El frío invierno no se haría de ella. Tenten era distinta. Tenten era fuerte.
4.
Sasuke rayaba por doceava vez el cuadernillo de anotaciones que tenía frente a él, frustrándose nuevamente. Parecía como si estuviese stand by, su cabeza no funcionaba para crear ni media línea, provocándole rabia e impotencia. Se sentía tan inútil.
Prefirió tomar la guitarra y envolverse en los acordes, suspirando con algún tema que ya tuviesen a su haber. Cantó con un deje de aburrimiento y pensando en Sakura. La fatídica chica que osaba en posar sus zapatos sucios sobre el panel de su hermoso carro.
Le repitió un millón de veces que bajara los pies, pero ella lo ignoro, además de cambiarle la frecuencia de radio y revisarle la guantera, sorprendiéndose por la cantidad de lentes Ray Ban que guardaba dentro.
− ¿Para qué necesitas tanto? Aquí hay una fortuna en lentes. – dijo al pelirosa, tomando uno y poniéndoselo. – Este me queda muy grande.
− Son de hombre, molestia. – Sakura lo fulminó a través de los lentes. Tomo otros, unos más delicados y parecidos a los de un aviador; sus lentes favoritos. La pelirosa se los probó y tomando su espejo retrovisor, lo giro para admirándose con ellos puestos. Gesticulo con su cara, estirando la boca e hinchando los mofletes.
− Estos son míos. – Sasuke abrió la boca sorprendido. Sakura volvió a poner los pies sobre el panel y puso una canción de una chica que cantaba como si estuviese hablando con un árbol: Lorde. – Me veo genial ¿verdad?
− Sácatelos, son mis favoritos. – pidió Sasuke, mirándola reprobadoramente.
− No, dije que me los quedo y me los quedo. – concluyó la pelirosa. − ¿Te los regalo alguna chica?
− No, me los compré yo. – intento sacárselos, pero Sakura se alejo.
− Aleja tus garras, llorón. – Sasuke estaba furioso. – Dije que me los dejaré para mí. Asúmelo.
− Aparte de cambiarme la radio, moverme el espejo y plantar tus pies sobre el panel, eres una ladrona de lentes ¿Qué más me falta por conocer?
− Cuando te volteas, saco las monedas que tienes ahí. – apuntó hacía un pequeño recoveco que se encontraba detrás del freno de manos. – Tienes dinero de sobra y yo necesito comer en la escuela.
− Te metí en la mochila dos manzanas, una naranja y un pan con jamón. – Sakura lo miró de hito a hito. − ¿Qué?
− ¿Te puedo decir papá? – Sasuke completamente ofuscado, paro de golpe. – Hey, ten cuidado.
− No soy tu padre ni tu hermano, recuérdalo. – Sakura asintió con miedo. Sasuke tenía una mirada terrorífica cuando se enojaba.
− Al cabo que ni quería hacerte parte de mi familia. – el pelinegro soltó una risa sardónica. – Déjame unas cuadras antes.
− No me mandes, Sa ku ra. – silabeo. – soy capaz de dejarte en el aula y con el lápiz en la mano si me das ordenes.
− Ok, ok. – la pelirosa levantó las manos en son de paz. – Eres tan exagerado. – volvió a poner los pies sobre el panel y Sasuke se hizo un lista mental de porqué no lo podía hacer.
Manchaba el cuero
Era de mala educación
La falda se le subía por el muslo, mostrando su maravillosa pierna.
Por lo mismo, la próxima vez que Sakura se subiera a su auto, sería completamente amordazada.
Había que prevenir antes que lamentar.
− Buenas. – la voz de Shika lo volvió a la realidad reinante. Al rasgado de su guitarra, a las notas mal emitidas y al olor a ¿tabaco?
− ¿Fumas? – Shikamaru lo ignoro, sentándose en el taburete de la batería.
− Si, desde hace años. – respondió escuetamente. Una conversación entre ambos nunca tendría mucha elocuencia, pero generalmente eran de mucho significado.
− Ah. – Sasuke siguió en lo suyo, buscando encontrar alguna musa inspiradora que se dignara a ayudarlo a poder terminar aunque fuese una puta línea de una posible canción.
− Es una putada que te dejen ¿verdad? – Sasuke levantó la cabeza para mirar a Shikamaru, que jugaba con las baquetas. – Una mierda inexplicable.
− ¿Temari? – preguntó sin ahondar.
− Si, Temari. – respondió. − Se siente mal. – dijo Shika, como recién comprendiendo lo que sentía mucha gente al terminar una relación. Sasuke se alzó de hombros. No sabía mucho de los temas amorosos, él era más pensante que emocional.
− Cinco años no es poco tiempo. – le recordó, tratando de justificarle un poco el porqué de tanto dolor.
− Cinco años tirados a la basura. – sugirió, golpeando con fuerza los platillos, sorprendiendo a Sasuke.
− Nara, no te traiciones a ti mismo.
Y Shikamaru no necesito más. Sasuke le estaba haciendo ver algo que era demasiado evidente, pero que él estaba negándose a observar. El era centrado, inteligente, sabiondo y por lo tanto, frío. Nadie le decía que no debía sufrir, que debía ser fuerte, pero si tenía que ser constante consigo mismo. Recordarse quién era, que era lo que buscaba y hasta qué punto era capaz de hacer responsable a los demás de sus propios problemas.
En la vida se necesitaba sufrir para crecer, pero quedarse pegado era mero gusto.
− Gracias. – Sasuke movió la cabeza afirmativamente, aceptando los agradecimientos. Ambos volvieron a sumirse en sus instrumentos.
− ¡Teme! – un grito los saco de su ensoñación musical. − ¡Eres un maldito desconsiderado! – la voz del rubio penetro fuertemente sus oídos. − ¿Por qué? ¿Tienes un gusto sádico en hacerme sufrir? ¿Disfrutas? ¿Disfrutas? – Naruto se paró frente a Sasuke, que estaba sentando en un pequeño banquillo. – Habla, teme.
− Estás firmando tu sentencia, dobe. – murmuro con tranquilidad, pero usando su típica voz tétrica.
− Explícame. – el rubio se puso las manos en la cabeza. − ¿Por qué? Gozas con esto ¿verdad? Ichiraku cerrará y yo tendré que conformarme con esas mierdas de asqueroso sabor y con gusto a insecticida.
− Ya sabía yo que eras un bicho. − Naruto lo miró sin comprender, mientras Shikamaru giraba la cabeza intentando no reír.
− ¿Ahora les harás propaganda? – Sasuke se levantó del asiento, pasando por algunos centímetros al rubio. – No te pongas machote conmigo.
− Dobe, deja de gritar o te juro que meteré tu puto bajo en tu culo.
− ¿Ves? Eres un desviado. – Sasuke quería golpearlo, pero la voz de Kiba lo detuvo.
− Oye, lo del ramen se está volviendo un tema país. – Sasuke bufó, mientras Naruto camino hasta a un rincón para seguir sollozando. – Veía los noticiarios y tenían hasta gráficas de cómo había subido su consumo y venta.
− La gente es tan idiota. – dijo Sasuke. – No puede ser que porque una persona de renombre compre algo, esto se vuelva popular.
− Sasuke, puedes cagar en la mitad de la avenida más importante de Tokio y al otro día, la tres cuartas partes de Japón estará haciendo lo mismo. – Kiba se acercó a él, tendiéndole la mano para saludarlo. − ¿cómo ha estado tu día, Mr. Ramen Instantáneo?
− Estaba bien. – respondió mirando a Naruto, que seguía metido en su melancolía.
Kiba se acerco a Shikamaru y también le tendió la mano.
− ¿Cómo va todo? – Shika se encogió de hombros.
− Todo irá mejor. – El pelicastaño confiaba en que fuera así. − ¿Neji?
− No sé. – respondió Kiba. – Lo llame, pero su celular está apagado.
− ¿Entonces para qué llama a ensayo? – reclamo Sasuke. – Tengo cosas que hacer, aparte de aprenderme un puto guión.
− ¿Por qué ese genio, Sasuke? ¿Acaso la conciencia te está retorciendo? – la voz lastimera y temblorosa de Naruto, hizo que todos voltearan a verlo. – ¿Es culpa de los químicos que tiene el ramen instantáneo?
− Naruto ¿estás bien? – pregunto el castaño acercándose a él. – Te noto como denso.
− No, todo está perfecto. – el aura oscura asusto a Kiba, que prefirió alejarse.
− Déjalo, Inuzuka. Llora porque cerrarán Ichiraku. – un grito ahogado y Naruto a punto del desmayo. Todos lo miraban sorprendido.
− Nada me puede salir peor está semana. Primero Jiraya me obliga a hacer una apuesta, que estoy seguro que perderé, siguiendo con mi fallido intento de salir a tomar un helado con la chica que me gusta, pero que magistralmente rechazó y terminando con el posible cierre de mis restaurant favorito. – el rubio se agarro el pelo. – Y solo estamos a martes.
Todos lo intentaron, pero fue imposible no soltar la risa. Naruto era un dramático por esencia, todo lo exageraba, agrandaba y terminaba siendo un chiste para todos.
− ¿Quién te rechazó? – Naruto se sentó en el suelo y cruzándose de piernas y brazos, se amurró.
− No lo diré, porque un miembro de este lugar me matara. – Todos pararon de reír y comenzaron a sopesar posibilidades.
Sasuke temió que Naruto hubiese intentado algo con Sakura. Si era así, muy probablemente aceptaría hacerle promoción al ramen instantáneo para destruirlo…, aunque lo pensó mejor, y cambió el nombre de la pelirosa por Fuka, sin embargo, en algún momento Naruto había dejado ver sus intenciones con su coprotagonista. Comenzaba a asomarse una vena en su frente. Si el dobe se atrevía a proponerle algo a la molestia, era hombre muerto.
Por otro lado, Kiba pensó en Natsuki, la empleada y amiga de las Hyuga. Quizás de tanto que iba a ver a Neji, el idiota del rubio la hubiese visto con otros ojos y ahora estaría intentando algo con ella.
Shikamaru pensó en Temari, pero descartó la idea de inmediato. La rubia se encontraba a muchos kilómetros de distancia cumpliendo su sueño… ¡Ja!
− ¿Quién? – preguntaron el pelinegro y el castaño al mismo tiempo, mirándolo.
− ¿Prometen guardarlo en secreto? – todos asintieron. – Hinata.
− ¿La prima de Neji? – el rubio afirmo con la cabeza. − ¿Desde cuándo te gusta? – preguntó Sasuke.
− ¿Tú interesado por mi vida amorosa? ¿Acaso también la piensas destruir?
− Noticia de último momento: En todos los ámbitos estás destruido. – le respondió de forma brutal. Kiba y Shikamaru quisieron reír, pero ignoraron la contienda, evitando tener que buscar un lado que apoyar.
− Eres lo peor y te haces llamar mi mejor amigo.
− Solo en tu cabeza somos amigos. – Naruto lo miró con odio. – Dobe, deja el drama y ensayemos.
− Me largo. – el rubio se puso de pie y camino a la salida.
− ¡Uzumaki! – la voz de Itachi entrando al lugar. − ¿Cómo es eso de que trataste de quemar una industria de ramen?
− ¡Yo me voy! – grito, corriendo con todas sus fuerzas.
Hasta siempre Naruto.
5.
Neji soltó el aire contenido en sus pulmones a modo de gruñido. Estaba satisfecho y exhausto. Mei, la bella mujer que se encontraba bajo él, comenzaba a reponerse del orgasmo arrollador que recientemente había vivido gracias al castaño. Se giro, cayendo de espaldas a la cama y mirando el techo, recordó el ensayo.
− Wow, Neji. Sí que me extrañabas. – Neji se devolvió a mirarla y los ojos que vio, compensaron toda falta de responsabilidad. Mei siempre sería la única persona que lograría hacerle faltar a sus compromisos. – Estuvo muy, pero muy rico.
− Quédate conmigo y tendrás esto siempre. – La chica se volteó bufando algo inentendible. Neji se sintió agotado emocionalmente. Estar con Mei lo ultrajaba a nivel sentimental. – Mei.
− Neji, está conversación la hemos tenido millones de veces en los últimos dos años. – La pelirojiza lo miro desde su altura, vistiéndose – Sabes que no soy de un solo hombre. Me gusta la variedad, las cosas sin compromiso.
− No sigas, por favor. – le pidió completamente lastimado. Poniéndose de pie, se dirigió al baño, para bañarse. Desnudo como estaba camino por todo el lugar, sin pudor.
El agua remojando su cuerpo era una catarsis para sus pensamientos. Lograba tranquilizarlo, recordarle sus objetivos, pero por sobretodo, lo ayudaban a decidirse darle una oportunidad en su cabeza a la testaruda Mei. A su relación algo le faltaba y eso era el compromiso. Ya muchas veces le había propuesto llevar las cosas a otro nivel. No matrimonio, pero quizás convivir no sería mala idea. Mei siempre se negó. Su libertad era imprescindible e intocable. Quien quisiera mermarla salía trasquilado.
¿Por qué se había enamorado de ella?
Porque era libre, porque no pedía explicaciones, porque le había enseñado todo lo que sabía sobre el sexo y lo guiaba por un camino lleno de seducción. Era la sexualidad con piernas, el placer con cara. Mei era todo lo que el soñaba en sus pensamientos lujuriosos, pero la falta de compromiso de su parte, le restaba puntos en su cabeza. Necesitaba sentirse correspondido, acompañado y protegido. Estaba aburrido de tener que ser el sostén de todos, pero no tener quien lo sostuviera a él. Años atrás, su vida había sido distinta. Le era imposible olvidar los ojos avellanas de la chica a la cual le robo la virginidad y luego abandono a su suerte, sin saber si habían consecuencias o si la había lastimado. Gracias a eso, a su falta de escrúpulos con ella, había dado un giro a todo lo que era; dejo las drogas y el alcohol, para volverse en alguien más comedido, pensante y mucho menos abrasante con su alrededor. No quería volver a lastimar a nadie como lo había hecho con ella.
La pobre camarera del "Bar de Abajo" no tenía la culpa de que en su cabeza hubiese millones de explosiones dándose un festín.
− Neji. – la voz de Mei lo saco de sus cavilaciones. – Lo lamento.
− No hay problema. – se giró para mirarla. Estaba con su cabeza asomada por la cortina, mirando con libido su cuerpo. Neji reacciono de inmediato.
− Eres tan guapo. – el castaño se giro, lanzándose un chorro de agua helada. Les había fallado a sus compañeros de banda, pero no haría más largo su atraso. – Toma. – le paso una toalla, para que se la envolviera en sus caderas. Neji salió de la ducha, mirándola con duda.
− ¿Qué pasa?
− Estoy un poco estresada con todo. – Mei se sentó sobre la taza del baño. – Perder ese papel me trastoco un montón. – paso ambas manos por su pelo, desenredándolo. Neji se acuclillo frente a ella. – Chiyo iba a convertir mi carrera en algo internacional. Ya no sería la tonta que se pasea sobre la pasarela, sino que la mujer que destaca con sus grandes habilidades actorales, pero la llegada de esa estúpida niñata cambio todo.
− Sakura no es una mala chica. – la mirada que le envió Mei, calló sus siguientes comentarios. − ¿Qué piensas hacer?
− Kabuto me llamó ayer por la tarde. – Neji sabía que el peliblanco era el productor más maquiavélico que podía existir, pero Mei ya era bastante grandecita como para saber defenderse. – Dijo que volvería a hablar con Jiraya para que me devolviera el papel. Según lo que he escuchado, la chica no es tan genial como se esperaba.
− No he hablado con Sasuke como para saber. – respondió con sinceridad.
− Eso también me da rabia. Yo quería trabajar con Sasuke. – Neji se sintió herido. – No, cariño, no va en ese sentido. Tu amigo es guapísimo, pero te prefiero a ti.
− Bueno. – respondió escuetamente.
− Sasuke es famoso internacionalmente. Su rostro es reconocido hasta en el recoveco más alejado de la mano de Dios. – Neji sabía que tenía razón. – Coprotagonizar una película con él, es un pasaje directo a Hollywood. Recuerda que el trabajo con Demi Moore y Drew Barrymore. Scarleth Johansenn todavía espera su turno.
− Sasuke es un gran actor, por algo está donde está. – Mei pensó que su amiga Fuka era muy inteligente. Si hubiese sabido antes que el pelinegro estaba soltero y con necesidad de establecerse, no estaría ahí, llorando en un baño de un hotel por haber perdido un papel importante.
Fuka gracias a Sasuke modelaba en Nueva York y ya había tenido apariciones en series gringas. Maldita suertuda.
− ¿Ya te vas? – le preguntó, cambiando drásticamente de tema. Neji le asintió, levantándose de su posición.
− Tengo ensayo.
− ¿Te acompaño? – Neji negó.
− No es necesario. –se vistió con rapidez, intentado salir rápido de ahí. Se sentía un poco ahogado con todo.
Cuando estuvo completamente vestido y perfumado, caminó hacía la mujer y tomándola de la cadera, la acercó a su cuerpo para besarla. Fue rápido, pero profundo.
− Cuídate. – un último piquito y se largó.
Detrás de él, la puerta 415 se cerraba junto con la mujer que lo trataba como un secreto sórdido.
¿Merecía la pena?
6.
− ¿Te llevo desayuno? – Sakura afirmo. – Oh, eso sí que es nuevo. – Sakura se encogió de hombros.
− El ramen que compro ayer también fue para mí. – Ino se tapo la boca.
− Ha sido todo un tema eso. – Sakura sonrió. Por lo que había escuchado en la escuela, Sasuke había sido captado en un minimarket comprando cosas para comer. Si supieran que era para ella, nadie la zafaba de un interrogatorio.
− Hoy en la mañana me fue a dejar a la escuela. – la rubia no daba más de asombro. – Se está portando bastante bien conmigo.
− ¿Querrá algo?
− Lo dudo. – respondió apenada. Ino tomo asiento a su lado, mirando los canapés que Sakura comía con tanto afán. – Es complejo.
− ¿Qué es complejo? – preguntó tomándole toda la atención del mundo.
− No sé, todo esto. – hizo una pausa. – Estoy sola y a pesar de que he peleado toda mi vida por encontrar la libertad, ahora me siento extrañamente sola. Es como si hubiese sido abandonada a mi suerte. – miró a su alrededor. – además de todo esto. Nunca pensé que llegaría a estar acá, con famosos actores a mi lado, trabajando a la par y haciéndolo bien. A veces pienso que es un sueño del cual despertaré.
− No es un sueño, Sakura. Estás acá. – la pelirosa sonrió con melancolía.
− Si, lo sé, pero es complejo asumirlo. Hace menos de un mes era una chica cualquiera, de un pueblo alejado de Tokio, donde comíamos gracias a que Mebuki trabajaba todo el día siendo cajera en un supermercado. Konohamaru, mi hermanito con el cual peleaba, se acostaba en mi cama y mirábamos películas juntos. –Ino sintió tristeza. – A veces nos cuesta valorar lo que tenemos.
− Eso es cierto. – aceptó la rubia. – pero no puedes vivir lamentándote por lo que haces. Piensa que apenas tengas el dinero, te traerás a tu madre y podrás hacerla vivir como una reina, sin necesidad de que trabaje nunca más.
− Esa es una de las pocas cosas que me motiva. – Ino hizo un puchero. – Y el haberte conocido a ti, obvio.
− Linda. – la abrazo. – ¿Sasuke? ¿Qué pinta él? – levanto las cejas sugerentemente, molestando a la pelirosa. – Hace unos días me decías que era el hombre más guapo del universo.
− ¡No lo dije así! – grito sonrosada, haciendo reír a Ino. – Sigue siendo muy guapo.
− ¡Wow! Te lo quieres comer ¿verdad? – Sakura la miró consternada y completamente azorada.
− ¡Eres una cerda! Desde ahora en adelante serás Ino-cerda. – la rubia río. – Mira, si fuera de chocolate me lo comería, pero es de carne y hueso.
− La carne también es rica. – volvió a levantar las cejas. Sakura estuvo tentada a darle un golpe, pero se contuvo. – ¿Qué te pasa con él?
− Mmm… siendo sincera, me pasan muchas cosas. –Ino se tapo la boca para no dar un chillido. Más allá se grababa una escena. – Pero soy realista. Sé que él tiene novia y yo soy una colegiala.
− A algunos hombres eso les excita. – Sakura sabía que sí, pero Sasuke no era de ese tipo de hombres.
− No va simplemente en eso, Ino. – la rubia la insto a continuar. – Sasuke es como un sueño, algo inalcanzable, pero raramente palpable. Me gusta, me encanta, lo encuentro maravillosamente apuesto, pero también, ahora que comparto más con él y lo conozco, me doy cuenta que es bastante humano. Irónico, desagradable, frío y algo petulante. – Sakura hizo una pausa, mirando el guión. – Se ha portado extrañamente tan bien conmigo, pero siento que lo hace por compromiso. Luego de besarme a la fuerza comenzó con to… ¿Qué pasa?
− ¿Te besaste con Sasuke sin decirme? – La rubia comenzaba a enrabiarse. Sakura la tomo de una mano.
− Paso ayer nada más. Por eso me fui. – Ino aceptó a medias sus disculpas. – Ino, déjame acabar.
− Ok. – la miró de refilón.
− Deja de hacer eso. – ambas esbozaron una sonrisa y continuaron. – Sasuke es el hombre que me encantaría tener, pero no lo tendré. – respondió mirándola a los ojos. – Luego de que se fue de mi casa, me puse a revisar en google sobre él y su novia. Se ven tan perfectos, tan bien. Sus vacaciones en diversos lados, besándose sobre la arena, recorriendo pueblos de la mano. Siendo felices.
− Pero… − Sakura la interrumpió.
− Escuchame. – pidió. – Yo no pinto nada ahí. Destruir una relación no va conmigo. Además, Sasuke se está convirtiendo en alguien importante para mí y hacerlo dudar o cambiarle los planes, me parece malévolo. Prefiero obligar a mi cabeza a que piense que es como un hermano mayor, un amigo. Alguien que nunca jamás, ni en mil vidas se fijaría en una chica de 16 años, cuando tiene a una modelo de pasarela, con muchos años más de experiencia e independiente, que le caliente la cama.
− ¿Y el corazón? ¿Dónde dejas lo que pasa por tu corazón? – le preguntó con mesura.
− A veces se puede obligar al corazón a que deje de gritar y que te deje vivir. – tomo un nuevo canapé. – Seamos realistas, Ino. Sasuke es un hombre hecho y derecho. Sabe hacía donde va su vida, con quien está y tiene una meta clara. Yo no. – Ino la miró con compresión. – Yo recién estoy dando mis primeros pasos y son muy tambaleantes.
− Aunque yo veo que vas bastante bien encaminada, considerando que Sasuke es tu tutor. – Sakura movió la cabeza, como diciendo "contigo no se puede". – En fin, ¿quieres un jugo?
− ¡Sí! – chilló. – De manzana o piña.
− ¿Si no hay de ninguno de esos sabores?
− Última opción, naranja… aunque podría ser de naranja, luego manzana y después piña. – la rubia la miró confundida. – Si, así. Naranja, manzana o piña, como última opción.
− Si que eres indecisa. – dijo Ino riendo. Sakura la miró fingiendo molestia, pero brindándole una sonrisa final.
Se concentró en ver como todos actuaban y recordó sus líneas. Se venía una escena bastante brutal y algo incomoda.
Luego de haberse leído todo el guión, un sabor amargo quedo en su boca. Chiyo había sufrido un montón, aunque eso se compensaba un poco con todo el amor que le profesaba su abuelo Hayato, pero aun así, el camino hacia la felicidad y entrega fue largo y tortuoso, lleno de bajos. A Sakura le pareció demasiado complejo llevar una relación con alguien si está persona no estaba dentro de tu propio mundo, como le había pasado a Chiyo con Hayato. Dos personas que se cruzaban y por las circunstancias de la vida, tenían que ser enemigos por antonomasia, pero que por culpa del corazón, terminaban enamorándose brutalmente el uno del otro, obviando todas las diferencias, haciéndolas sorteables.
− Toma. – un paquete cayó sobre su regazo. – Comételo todo. – levantó la cabeza y miró los ojos azabaches más lindos que conocía.
− Hola Sasuke, ¿cómo estás?, yo bien, gracias. – dijo retóricamente. – Se saluda, bruto.
− Bueno, hola. – Sakura quería golpearlo.
− Toma, no pienso recibir algo de esta forma. Las cosas no se tiran. – Sasuke bufando, tomo el paquete y se lo volvió a entregar. − ¿Cómo se dice?
− Molestia, te traje algo. Cómelo. – Sakura, a pesar de sentirse ofendida por el apelativo, lo tomo, sin antes enviarle una mirada de advertencia. – Deja de hacer eso, pareces más pequeña de lo que eres. Arrugas la nariz.
− ¿Qué es esto? – pregunto ignorándolo.
− Ábrelo. – Sakura abrió el pequeño paquetito, encontrándose con dos boles de comida. Uno estaba caliente y el otro a temperatura ambiente. Abrió el primer bol, encontrándose con una rica ensalada de tomates. − ¿Te gustan?
− Me encantan. – dijo feliz, escarbando para abrir el otro. – Oh. – ensaladas verdes y un pedazo de bife recién preparado.
− Cómelo todo. – a Sakura se le llenaron los ojos de lagrimas.
− Dile a tu sirvienta que gracias. – le pidió con voz ahogada.
− No tengo servidumbre en mi departamento. Lo hice yo. – dijo para sorpresa de la pelirosa. – Aunque fue lo que sobro de mi comida. – intento restarle importancia. Sakura levantó la cabeza, con sus ojos inundados. − ¿Paso algo? ¿No te gusta?
− Sasuke… − dejo los potes en la mesa que se encontraba a su lado y se levantó para abrazar al pelinegro, sorprendiendo a todo el set. – Grac… gracias. – besando su mejilla, lo soltó y se concentró de lleno en comer. − ¿Quieres?
− Eh… no. – respondió todavía lelo. Jiraya y Kakashi los miraban sonriendo zorrunamente. Ambos peliblancos sabían hacía donde iba la cosa.
− Sasuke. – la voz de Ino lo hizo despabilar. A modo de saludo y despedida, movió la cabeza, largándose con rapidez de ahí. – Creo que está medio difícil que te sigas conteniendo.
− Si va por este camino, lo siento Fuka, pero te lo quitaré.
El viento helado removía los arboles fuera del lugar. Las promesas siempre se cumplían.
7.
Sasuke se alejo del par de chicas caminando casi tambaleante, aunque solo en su cabeza. Tenía un revoltijo de pensamientos que no lo dejaban estar en paz. Había un pedazo de su mente que le decía: "Corre, o joderas" y la otra lo retenía pregonando: "te vas, y pierdes" ¿cómo podía una persona tener pensamientos tan contradictorios? Y menos alguien de su tipo, que toda la vida había tenido un cronograma casi obsesivo con lo hacía.
− Me pondré a cocinar para que guapas chicas me den ese tipo de abrazos. – La voz del segundo idiota en su lista de los "idiotas más idiotas", lo saco de sus cavilaciones. – Nunca espere ver llegar el día en que Sasuke Uchiha hiciese algo por alguien y lo tomase con tanta ligereza.
− ¿No tienes nada más interesante que hacer, Suigetsu? – preguntó ofuscado, aunque no sabía si con él o con el peliblanco. Al parecer era con ambos y en igual proporcionalidad.
− Si, molestarte. – Sasuke retomo su caminata. – Hey, era broma. ¿Sakura Haruno? – Sasuke "hmphmeo" como siempre. – Es muy bonita. Podrías hacerme un enlace ahí para, ya tú sabes, conocernos mejor.
− Creo que llamaré a Karin. – dijo Sasuke sacando el celular de su bolsillo. Al pelinegro no le temblaba la mano para dejar a sus amigos en evidencia.
− Ni se te ocurra. – Suigetsu estaba aterrado. La idea de que Karin lo pillara coqueteando con otra, lo ponía de los nervios. La pelirroja estaba por entero loca. – ¿Me extrañaste?
− Te vi hace menos de un mes. – respondió Sasuke, apoyándose al lado de él, en la misma pared, pero sin tocarse. − ¿Tú?
− Bien, no me quejo. Feliz por esta oportunidad, de poder hacer lo que me gusta y junto con varios amigos. – Sasuke simplemente asentía. – Juugo también estará.
− Por fin una persona que me agrada. – dijo el pelinegro gratamente sorprendido. Suigetsu rezongo.
− A mí también me quieres. – quiso recordarle, aunque Sasuke lo ignoro.
− ¿Vas de yakuza?
− Sí, soy uno de tus guardianes. – confidencio el peliblanco. – Juugo actuará de la misma forma.
− Ok. – guardaron silencio algunos segundos.
− ¿Cómo está Fuka?
− Bien, como siempre.
− Karin me dijo que te dijera que nunca más ira a tu casa a comer si se encuentra tal excusa de mujer. – Sasuke soltó un gruñido. – Estoy siendo literal.
− ¿Por qué no quiere? – preguntó.
− Porque tu novia la trato de zanahoria. – Sasuke alzó una ceja. – Si, sé que es estúpido, pero por alguna extraña razón, las mujeres siempre esperan que uno tome un bando y que ensalce las virtudes del elegido, para luego desprestigiar al otro. Karin me hizo hablar pestes de tu chica, aunque me contuve.
− ¿No sabes omitir? Hay información que no es de vital importancia, cara de tiburón. – El peliblanco se volteo ofendido y hundido por el apodo.
− En fin. No iremos a comer mientras este ella. – Sasuke se irguió de hombros, restándole por completo importancia. – Yo pensé que te iba a importar.
− Siempre me puedes recibir tú en tu casa, sin Fuka. – Suigetsu sonrió mostrando todos los dientes. El Uchiha sabía cómo manejar a los demás.
− Me parece. – Sasuke se iba a largar. – Sigo pensando que Sakura es muy linda.
− Le diré a Karin. – Suigetsu hizo un sonido parecido al de una pedorra. − ¿Qué quieres?
− Sakura tiene algo más encantador que Fuka, y por lo que veo, para ti no es indiferente. – dijo cizañadoramente. – Digamos que soy un experto en los artes del amor.
− Lo dice quien fue abofeteado por su chica el día que lo conoció. – se burlo.
− Bueno, Karin es un poco impulsiva, pero me ama. – Sasuke se acercó a su amigo, pero mantuvo el espacio prudencial.
− Fuka es mi chica, Sakura es una niña de 16 años que necesita apoyo.
− ¿16 años? Oh mierda, mejor corre de ahí. Si sigues por el camino de la dadivosidad, te aseguro que terminaras con ella metida en los huesos y con tus huevos como los de una avestruz de tanto contenerte. – Sasuke le dio un golpe en la cabeza. – Tan bruto que eres.
− Sakura y yo es igual a nada. Dejen de pensar que me gustará o me enamoraré perdidamente de ella. – sonrió con soltura. – Tengo una mujer hecha y derecha en la cama. No necesito buscar a otra y enseñarle como me gusta.
− Mientras tú te las das de macho recién, golpeador de seres indefensos y pregonando de las artes amatorias de tu chica, hay otro que se te adelanto y creo que si tiene ganas de enseñarle a Sakura lo que a él le gusta. – el peliblanco volteo a mirar a su amigo.
Sasuke devolvió la vista donde había dejado a Sakura, encontrándosela enfrascada en una "alucinante" conversación con Gaara. ¿Qué tenía de genial el paliducho? ¡Se pintaba los ojos!
− Cosa de ella. – y se largo dando pisoteadas que resonaban para todo aquel que se encontraba cerca.
Diciembre traía consigo el frío y nuevos sentimientos.
8.
− Hola Naruto ¿qué hay de nuevo contigo? – Karin se dejo caer sobre el largo sofá que adornaba el departamento de su primo. –Wow, tienes una muy mala cara.
− ¿Quién te invito? – Karin le levantó el dedo corazón. – En fin, no sé ni para qué pregunto. Todo el mundo pasa de mi ¿acaso me volví invisible? – pregunto sentándose un poco más allá.
− ¿Hablas en serio? – la pelirroja se quiso reír, pero viendo el deplorable estado de su primo, se contuvo. – Yo te veo, aun.
− Ves, lo condicionas con el "aun". – Naruto dejo caer su rostro en las manos. – Han sido días horribles.
− Sabes que el viejo no cerrará Ichiraku. – el rubio chasqueo la lengua. – Hey, deja el aura negra. – dijo la pelirroja moviendo los dedos de forma tétrica. – Naru, el viejo es millonario gracias a ti y a tu desmedida forma de comer ramen.
− Pero cerrará porque todos están comprando de esa mierda química. Estoy casi seguro que esto lo hizo premeditamente el teme. – Karin enrolo los ojos. Sasuke era el ser más cruel del mundo, pero era demasiado rebuscado pensar que atacaría a Naruto a través de la comida. – Tú también crees que es una bobería.
− La verdad es que sí. – Se levantó del lugar y camino a la cocina. – Naruto, siempre te tendrás a ti mismo para poder cocinarte. – le grito desde donde estaba.
− Eres una bruja mala, zanahoria. – espetó el rubio, mientras sollozaba. – Hinata rechazó mi invitación a tomar un helado.
− ¿No te creo? –Karin corrió de vuelta donde su primo y lo miro estupefacta. – Pero si Hinata muere por ti.
− Parece que la época del enamoramiento se le paso, porque diplomáticamente me dijo no. – se mordió el labio. – Karin, creo que la vida no tiene sentido.
−Ah, no. Para con el melodrama. – A Naruto le tirito la boca. – Llamaré a tía Kushina y le contaré las idioteces que estás hablando.
− Llámala y dile que la amo. – Karin lo sacudió con fuerza. − ¿Qué te pasa, loca?
− Si haces algo contra a ti, te mato.
− Eso es un poco contraproducente. – Karin alzo una ceja.
− Estás hablando más sofisticado, limoncito. – Naruto la odio por el apodo. Desde que era pequeño se lo decían y le parecía horripilante.
− Comencé a instruirme. – sonrió. – Ahora leo libros.
− Wow, me alegro que intentes mejorar tu dialecto. – dijo Karin. – dejabas bastante que desear.
Naruto no quiso responderle. Sabía de sobra que si seguían en ese camino de los insultos por debajo, terminarían agarrándose del moño y golpeándose sin parar. Suigetsu ya le había advertido, de manera casual y sonriendo, que si volvía a dejarle un brazo morado a su chica por pegarle esos típicos "dormilones", le iba a dejar más manchas en la cara a punta de puñetazos. El amor entre la bruja de su prima y el cara de tiburón, era extrañamente complejo, pero lindo.
Suspiro. Ojala algún tuviese algo parecido, pensó. Tomo el control remoto y prendió el televisor, encontrándose de frente con Sasuke, que entraba con la cabeza gacha y unos nuevos lentes al set de grabación.
−Sasuke, habla con las cámaras. – la periodista casi le metía el micrófono por la boca. El pelinegro con sabia maestría la esquivaba. − ¿Qué opinas de que las industrias del ramen estén agotando sus productos? Dicen que los sindicatos de restaurantes harán una huelga.
Esa parte alegro a Naruto. Apenas terminara la entrevista, correría a hacerse un cartel con la cara del dobe tachada.
− Por lo que hacen revuelo. – murmuro Karin, volviendo a dejarse caer sobre el sofá. – De esta forma, es como el gobierno controla las masas. Con noticias burdas, pero que alimentan a los de inteligencia inferior, convirtiéndolos en neófitos de un sistema desigual. – Naruto la miró sin comprender media palabra. − ¿No qué leías?
− Leo a Coelho. – Karin hizo una pedorra.
− Pensé que habías avanzado, pero veo que no. – crueldad a flor de piel.
− Sasuke, ¿qué crees que pase? ¿De verdad harás campaña? – nuevamente la periodista sobre el teme.
− No le haré campaña a una mierda química. – respondió con habitual tono de desagrado. – Dejen de comprar esos botes y coman ramen de verdad.
− Wow, esas son fuertes declaraciones. – pico la notera. – Cuéntanos porque compraste ramen instantáneo.
− Déjame pasar. – insistió el pelinegro, intentando zafar.
− Sasuke, responde.
− Estaba ayudando a alguien. – fue su escueta respuesta y avanzó.
− Estás fueron las declaraciones de la súper estrella.
− Debe estar en grabaciones. – sugirió la pelirroja, mirando como el semblante de su primo volvía a resplandecer. – Vaya, te pusiste feliz.
− Claramente. El teme es un buen amigo. – Karin era una de las pocas personas que se acercaba al pelinegro sin temor y lo miraba como alguien más, por ende, lo conocía mucho y si había algo de lo que no dudaba era que Sasuke, era un muy buen amigo.
Quizás no estaría para ponerte el hombro y que le mojases la camiseta carísima que llevaba. Tampoco soportaría que lo llamaras a las 3 de la mañana llorando por una idiotez, ni menos te iría a rescatar si estabas a punto de lanzarte del puente, porque lo encontraba desmedido. Sasuke era fortaleza, fuerza y perseverancia. De cada cosa que le pasaba, aprendía algo. Era un tipo duro y constante, no necesitaba palabras para decirte que estaba a tu lado, e indirectamente protegía a todos a su alrededor.
− Ya lo creo. – respondió bromeando. − ¿Vamos a verlos?
− ¿A los chicos? A todo esto ¿Dónde dejaste a tu novio? – pregunto recién dándose cuenta de que su prima había llegado sola. − ¿Terminaron?
− Ojala. – volvió a bromear. – Está trabajando con Sasuke.
− Todos trabajan juntos.
− Será porque son actores, idiota. – Naruto asintió, obviando el insulto. − ¿Vamos?
− Si, pero manejo yo. – Karin iba a reclamar. – Tú no estabas cuando le avisaron a Suigetsu que habías chocado. El pobre casi murió de un infarto.
− Alguna vez que se preocupe por mí. – inquirió la pelirroja, aunque por dentro se encontraba feliz. No sabía que el peliblanco se había preocupado tanto, es más, cuando despertó lo primero que le dijo fue: "casi quedas como tomate reventado"… un amor de novio.
Inconscientemente recordó el día en que se conocieron y como había empezado esa relación tan rara, poco habitual, pero llena de amor.
Karin miraba hacia todos lados, esperando a sus compañeras de clases. Era su último año y necesitaba esforzarse el triple, porque quería entrar a la universidad de Tokio a estudiar lo que era su sueño desde que tenía memoria: Física nuclear.
Si, para sorpresa de todos, Karin saco la inteligencia de su madre, una doctora en antropología química, que trabajaba en la morgue de Japón, siendo muy destacada. La chica desde pequeña tuvo una directa relación con las ciencias. En su quinto cumpleaños, su madre en vez de llevarle una muñeca o un nenuco para que fingiera ser una madre, le llevo un cerebro desarmado y la insto para que lo terminara. Desde ese día, Karin supo que no necesitaba realizarse como el mundo esperaba. Ser madre no era su propósito. Los estudios si lo eran, no por nada, fue la mejor durante toda su época escolar, y ahora que estaba en el último año, tampoco dejaría de serlo.
− Chicas, por fin llegan. – miró a sus compañeras de escuela. – Cuídenme las cosas, necesito orinar. – todas rieron, pero asintieron, dándole el pase para que fuera.
La pelirroja corrió por todo el lugar, atravesando el patio de comida como si se tratase de la hermana de Usain Bolt.
Cuando llego al lugar, se vio completamente atrapada por una masa de personas, y chicas que gritaban un nombre. La entrada al baño estaba taponeada en gente y la única forma de pasar, era saltando arriba de la cabeza de todas esas personas, cosas imposible.
Fiel a su estilo desinhibido y poco criterioso, se abrió paso entre todos, empujando y dando codazos. Llego al inicio del tumulto y se encontró una larga mesa, donde había varias personas sentadas. Entre todos, un peliblanco destacaba y posaba para todas las cámaras que lo inmortalizaban. Levantó la cabeza para leer algún cartel que le diera muestra de quién era ese tipejo que le impedía su paso al baño.
− Suigetsu. – murmuró. En su vida había oído un nombre tan idiota.
Alguien la empujo desde atrás, obligándola a avanzar hacia la mesa, tropezando con esta. Suigetsu levanto sus ojos y la miró completamente anonadado. Nunca había visto un pelo tan rojo y feo.
− ¿Qué quieres que te autografié? – Karin lo miró sin comprender.
− Niñita necesitamos que te apures. – le pidió sin delicadeza una mujer que estaba a su lado, escribiendo en una libreta y hablando por celular. Desde atrás empezaron a resonar los abucheos.
− ¿Qué quieres que te…? – no pudo acabar el peliblanco.
Karin salto por arriba de la mesa y abandono el lugar corriendo. Su pipí no iba a esperar más.
Suigetsu se quedo mirando la espalda de la chica, completamente sorprendido y miró a su manager.
− Ayato, termina esto. Tengo algo que hacer. – y se levantó del lugar para perseguir a la loca pelirroja de uniforme escolar… quizás era una niña, pero no le importó. – Seiya, Kaito. – llamó. – Vayan en busca de la endemoniada pelirroja y tráiganla a mí.
Pasaron varias horas y Suigetsu ya mermaba en esfuerzos de seguir buscándola. Detrás de él, más de un centenar de personas se aglomeraba, completamente extasiados con su presencia y esperando algún movimiento de él, para poder abalanzarse. Se paró en la intersección de un pasillo y bufó. Estaba cansado.
− Suigetsu, debemos irnos. – Ayato llego con guardias del centro comercial y un contingente de policías. – Esto terminará en tragedia. – Y no se equivocaba. La cantidad de personas se había triplicado y era imposible salir sin ayuda.
Con hombros caídos, aceptó los jalones de su manager y camino hacia la salida. Nunca más volvería a ver a la pelirroja y pensar en eso lo devastaba. La chica lo había impresionado.
− Jefe. – la voz de Kaito. – la encontramos.
Y ahí estaba, con su bolso colgando del hombro, su uniforme escolar puesto desprolijamente y una mirada de asesinato.
− ¿Tú eres el imbécil que me busca? – Suigetsu sonrió zorrunamente.
− Si. – su cara se volteo por el grueso golpe que había recibido. Todos los presentes quedaron en silencio mirando la escena.
− Me llamo Karin y la próxima vez que mandes a tus gorilas a buscarme, dile que esperen que termine de usar el baño. – Suigetsu volvió a mirarla y le dio una sonrisa sincera, haciéndole temblar las rodillas.
Karin ese día descubrió dos cosas:
Tenía cistitis.
Suigetsu sería una persona recurrente en su vida. El amor.
9.
− Pueden improvisar un poco, pero aténganse a lo que dice el guión. – pidió Jiraya. – Sakura, déjate llevar y estate tranquila.
Todos miraron a la pelirosa que temblaba levemente por la nueva escena. Más que nerviosismo, sentía pena y dolor. Era una parte de la historia que no le gustaba.
− Bueno. – respondió escuetamente. Sasuke la miro desde su distancia y quiso tranquilizarla, pero se abstuvo. Sakura no era de su incumbencia.
Historia de Chiyo
3° Escena: Sakura los vuelve locos
Chiyo caminaba por todo el lugar, de un lado a otro sin parar. Su rostro le ardía con fuerza luego del golpe que le había dado Hayato y cuerpo estaba completamente entumecido tanto por el frío, como por el miedo. Se encontraba hace varias horas encerradas en el lugar, bajo la constante amenaza de todos los hombres que se paseaban por fuera, casi prometiéndole lo que harían con su cuerpo.
Chiyo prefería morir antes de dejar que alguno de ellos la profanara.
− Hola. – miró con ojos temblorosos al chico que entraba. – Me llamo Kai. – Chiyo pensó lo peor. Su condena ya tenía nombre y la cara de la maldad se le materializaba. Sería violada hasta perder la consciencia y morir. – No te haré daño.
− Todos dicen lo mismo. – escupió con dolor. – Déjame salir, te lo ruego.
− No puedo. – le respondió poniendo una cara de compresión y tristeza que la consterno. – Puedes confiar que yo no te tocaré.
− ¿Qué quieren de mi? – El peliblanco sonrió.
− Te metiste en el lugar equivocado en el momento inadecuado. – respondió con mesura. – Mírame, Chiyo. – la chica levantó la cabeza. – Me recuerdas a mi hermana.
− ¿Qué le paso?
− La mataron. – dijo con frialdad. – La mataron los del clan enemigo. – repuso. Sakura tembló de miedo. – Era una niña de 12 años. No tenía nada que ver con esto, pero necesitaban dejar en claro su posición hacía nosotros y no hallaron nada mejor que destruir la vida de mi hermana.
− Kai. – murmuro con temor. – En nombre de ella, déjame salir. – pidió.
− No uses a Ai para salvarte, Chiyo. – le respondió con brusquedad. – Eres mayor.
− Solo tengo 15 años. – sollozo.
− Bueno, viéndolo de ese modo… − movió la cabeza en repetidas ocasiones. Necesitaba ordenar sus ideas. – No Chiyo, no te puedo dejar. El jefe me ha ayudado demasiado.
Chiyo se dejo caer de rodillas, temblando de impotencia y soltando su llanto desesperado. La garganta se le desgarraba. Kai se acuclillo frente a ella, acariciándole la cabeza.
− Déjame.
− El jefe no te hará nada. Cometiste el error de venir a buscar algo a un territorio de guerra.
− Mi mamá siempre decía que las flores de este lugar eran las más bellas de la región. – se justifico. – Solo quería conocerlas. No soy una amenaza.
− Kai, el jefe viene hacía acá. – el peliblanco se levantó de sopetón, mirando a Yuu, el gigantón de pelo naranjo. – Ella es el enemigo.
− ¿De qué hablas? – pregunto Kai sin entender.
− Que está pequeñita es una Yamazaki. – los ojos violetas de Kai se abrieron con crueldad. – Si, el mismo clan que mato a Ai.
El peliblanco se acercó a Chiyo y la jaló con fuerza hacia su cuerpo.
− Tu familia mató a mi hermana. – Chiyo se encontraba consternada. No entendía nada.
− Mi familia no… − otro golpe, ahora por parte de Kai. Chiyo gritó de dolor. – Escúchenme, mis papás murieron…
− Si, los matamos. – dijo Yuu, gozando con el pavor que mostraba la chica. – Cruel y brutalmente, como lo hicieron ustedes con Ai.
− No sé quién es Ai. – los temblores ya eran visibles para el resto. Estaba entrando a un colapso nervioso. – De verdad, no sé de qué hablan. Sé que es su hermana, pero es primera vez que oigo su nombre.
−Tu padre es Miyao Yamazaki y tu madre es Carey Bristow, ¿verdad? – Chiyo asintió con temor. – Tu abuelo, Takeshi Yamazaki era el cabecilla de un clan sanguinario. Tu clan.
− Pero todos ellos están muertos. Solo quedo yo. – confidencio. – De verdad, están con la persona equivocada. – Kai la soltó con fuerza, haciéndola caer como saco de papas sobre el lugar.
− ¿Qué pasa acá? – la voz del jefe los alejo de la chica que caminaba hacia atrás impulsándose con las manos y los pies y se apegaba a la pared, intentado mimetizarse con está. – Hasta que nos volvemos a ver.
− Por favor, sr Hayato, yo no sabía que mi familia… − el pelinegro soltó una risotada terrorífica. – Escúcheme.
− No, escuchame tú a mí, niñata. – se puso frente a ella, agachándose a su altura. –Pagaras con sangre el dolor que nos han provocado. Tú serás la paga de tanto sufrimiento. –acercó su mano a la boca de la chica, acariciándole el labio. – Kai, Yuu. – los llamó levantándose.
− Si. – ambos dijeron.
− Está noche comenzaremos la venganza. No permitas que nadie se meta a este lugar, ni menos la toquen. – Kai y Yuu asintieron. – Y tú. – la apuntó. – está noche me mostrarás como funciona esa boquita.
Si, sería brutalmente violada.
10.
Jiraya gritó corten y corrió hacía los actores.
− Oh, les salió maravilloso. – miró a Suigetsu. – ese golpe estuvo bien. – Sasuke gruño. No le había gustado la idea de ver a Sakura voltear su rostro por una cachetada. Iba a discernir, pero un movimiento extraño lo detuvo. – Sasuke y Juugo, como siempre excelente. Sakura… Sakura estás pálida.
− No me siento bien. – murmuro tambaleante. Camino dos pasos, afirmándose en el peliblanco que era el más cercano a ella y tambaleante lo miró con agradecimiento. – continua… – su voz comenzaba a apagarse, y sus ojos se cerraron sin poder evitarlo.
Sakura cayó de bruces desmayada, pero el peliblanco y Juugo la alcanzaron a sostener.
− ¿Qué pasa? – pregunto el pelinaranjo. Sasuke camino con rapidez hacía ella y la tomo en brazos para sorpresa de todos. – Sasuke.
− Tuvo un colapso nervioso. – respondió, dirigiéndose a la ambulancia seguido por casi toda la producción.
− ¿Qué le habrá pasado? – pregunto Jiraya confundido y asustado.
− Lleva días sin comer bien, está sola, echa de menos su casa y además la historia de su familia es cruelmente violenta. – Jiraya le encontró la razón y viendo como Sasuke depositaba a la chica sobre la camilla, sopeso las posibilidades que tenía.
− Quizás deberíamos cambiar de actriz. – propuso, mirando a Sasuke, Suigetsu y Juugo. Los dos últimos se miraron sin proferir comentarios, pero Sasuke de inmediato se negó.
− No. Este es su sueño. – defendió.
− Si, pero no podemos permitir que cada vez que una escena sea violenta, ella se desmaye y terminemos llevándola a un centro asistencial. – dijo Kabuto. – Sakura es una niña. Necesitábamos a una mujer experimentada, que conozca del medio y sepa lo que significa grabar este tipo de situaciones.
− Kabuto, no contrataré a Mei. Asúmelo. – le respondió Jiraya, dando por zanjado el tema, para desgracia del peliblanco. Kakashi que estaba en el lugar, se acercó a dar su opinión.
− No, no la debemos cambiar. Sakura es perfecta para el papel. – miró a Sasuke. – Necesitamos que se genere un lazo entre ustedes. Uchiha, tú al parecer eres más cercano a ella. Ayúdala.
− Eso hago. – dijo sin dar mayores declaraciones. – Sakura quiere esto. Nadie más lo valorará tanto como ella. – Todos miraron a la pelirosa que comenzaba a recuperar el color dentro de la ambulancia, pero sin ser retirada su mascarilla. – Jiraya, cúmplele.
− Tendremos que trabajar con un psicólogo para que pueda sostenerla en momentos así. – miró al pelinegro. – Tú también tendrás que hacer de soporte. – Sasuke asintió con solemnidad. – Chicos, vamos. Todos necesitamos un tentempié luego de esto. Quedas a cargo. – le dijo mirando a Sasuke.
Sasuke se subió a la ambulancia y miró a Sakura. Se veía tan tranquila, tan sutil, tan señorita, no como la desordenada e impertinente chica que era. Tomo un mechón de su cabello y lo alejo de su cara, pero no alejo su mano del rostro. Con su dedo índice paso por su nariz, sacando la mascarilla, y reparando en sus labios. En la escena que recientemente habían grabado, se los había tocado, pero Sakura estaba tan metida en su personaje que lo miraba con pavor.
− ¿Qué paso? – preguntó la rubia recién llegada muy afligida. − ¿Le hicieron algo?
− No, simplemente se desmayo. – Ino se metió al vehículo junto a Sasuke. – Ino ¿vives sola?
− No, con mi familia. – Sasuke chasqueo la lengua. – Puedo quedarme con ella todo el día si quieres, pero por las noches tengo que volver a casa.
− En las noches yo me preocupo. – dijo Sasuke. Ino sorprendida aceptó. – Y nos preocuparemos de mantener su despensa llena de comida.
− Si.
− Después no tiene escena ¿verdad?
− No, está libre. – comentó. – Yo salgo a las 6, pero puedo pedir permiso para llevármela. Quizás la pueda dejar dormir en mi casa.
− No, mantenla bajo tu cuidado hasta las 3, luego de eso yo me llevo. – La rubia volvió a asentir. – Gracias.
Se bajo del vehículo y dándole una última mirada a la pelirosa camino hacia los demás. Tenía más escenas que terminar. Ino pensó que su amiga era una suertuda, tenía al chico de sus sueños completa y absolutamente preocupado por su persona.
− Cuando te lo cuente, no creerás. – le dijo, mirando a la inconsciente Sakura. – Veremos cómo serán estás semanas.
11.
− Si que me asusté cuando la vi caer a mis pies. – Suigetsu miraba a Juugo y a Sasuke que recién llegaba. – No pensé que fuera tan eficiente mi perfume. Me dijeron que las chicas caerían como moscas, pero no esperaba que fuera literal. – Sasuke le golpeo la cabeza. – Hey, para lo boxeador.
− Si, y tu deja de decir idioteces. – se apoyo a un lado de Suigetsu, bebiendo un vaso de agua.
− ¿Cómo está? – preguntó el pelinaranjo.
− Pálida y aun no vuelve en sí, pero hay que dejarla descansar. Solo es un colapso de sus nervios. – respondió de manera automática el pelinegro.
− La escena era brutal. Me dio mucha pena tener que golpearla. – Sasuke lo fulminó con la mirada. – ¡lo decía el guion! – justificó.
− No me lo recuerdes. – pidió. − ¿Mañana también andarás por acá?
− Si, me toca grabar con ella luego de que pase por tu cama. – levanto las cejas sugerentemente. − ¿Cómo harás esa escena? Temo que quedarás como pedófilo.
− ¿Puedes callarte? – preguntó Sasuke hastiado. –La escena no la haré con ella.
− ¿A quién usaran? – Sasuke miró hacia el frente, donde se encontraba el grupo de dobles. Una de las chicas lo miraba emocionada. – A ya lo veo. Debe morir por dentro al saber que se besara contigo.
− Gajes del oficio. – dijo el pelinegro sonriendo con malicia. La chica no era fea y nunca era malo disfrutar de una escena candente con una chica guapa. Juugo lo miró risueño y le golpeo el hombro. – Soy hombre.
− Igualmente, cuando me tocan ese tipo de escenas, pienso en Karin. – el peliblanco era un imbécil enamorado. – Si, sé lo que soy, pero es que imagino que para ella debe ser incomodo verme ahí refregándome con otras chicas. A mí no me gustaría verla de ese modo.
− Pero es actuación. – excuso Juugo. – Karin es compleja.
− Pero la amo. – concluyo con una sonrisa de amor el peliblanco.
− Yo también te amo. – dijo la recién llegada, lanzándose al cuello de su novio, envolviéndolo en un abrazo. − ¿Por qué no me dices esas cosas a mí? – le reprocho, sin soltarlo y rozando su nariz con la nariz de él.
− Porque se te suben los humos, zanahoria. – la tomo por las caderas y le dio un corto beso. − ¿Viniste a verme?
− Vino a vigilarte. – repuso Naruto, haciendo reír a los presentes. – Sasuke, vi tu entrevista. Gracias por no hacerle promoción al ramen instantáneo.
− No te imaginas cuanto ha llorado por eso. – secundo Karin, mirando al pelinegro, pero sin soltar a su novio que aprovechaba de esconder su rostro en el cuello de ella. – Suigetsu, para.
− Me gustaría tener novia. – Naruto dejo sus hombros caer.
− Con esa actitud de perdedor no lo lograrás. – dijo Sasuke, mirándolo por encima de su vaso.
− Si, lo sé. – se volvió a enderezar. – Juugo, ¿cómo va la vida?
− Excelente, como siempre.
− ¿Y el bebé? – pregunto está vez Sasuke.
− Creciendo como loco. – El pelinaranjo era el único que se encontraba completamente establecido con una chica: Hana Inuzuka. Solo les faltaba casarse. – Pero feliz.
− Contigo como padre cualquiera sería feliz – halago la pelirroja, volteándose y apoyando su espalda en el pecho de Suigetsu, quien aprovechaba de abrazarla.
− Son en extremo empalagosos. – reclamó el pelinegro.
− Parece como si no llevaran 3 años. Se comportan como al comienzo. – Juugo y Sasuke asintieron. Pasado el tiempo, las cosas se enfriaban un poco, pero al parecer, Karin y Suigetsu todavía no llegaban a esa etapa.
− Nos reinventamos todos los días. – contesto el peliblanco. – Siempre nos sorprendemos.
− Pero cuando peleamos, vaya que hacemos saltar hasta el techo de la casa. – inquirió la pelirroja.
− Aunque las reconciliaciones… − dejo en suspenso el resto. Sasuke, Naruto y Juugo se taparon la cara; mucha información.
− ¿Sakura? – preguntó el rubio cambiando de tema.
− ¿Qué te importa? – le respondió Sasuke, molesto.
−Hey, perrito guardián. No te la va a comer, todavía. – Sasuke miró con frialdad y evidente enojo a Suigetsu. – Era broma.
− ¿Te gusta la coprotagonista? – pregunto Karin, pegándole en las costillas con sus dedos. – Te lo tenías guardadito.
− No me gusta.
− Y no sabes lo más divertido. Sakura tiene 16 años. – Karin abrió la boca sin creerlo. – Si, es un asalta cuna.
− ¿De dónde sacan que me gusta Sakura? – preguntó molesto.
− Le trajiste almuerzo. – le recordó Juugo.
− Y le debe haber caído mal porque se desmayo.
− ¿Te gusta la pelirosa? – pregunto Naruto. – No lo creo, aunque debo decir que la chica es bastante guapa… Hey, no me mires así. Es un piropo.
− Cualquier chica es mejor que Fuka. – Sasuke sabía de la odiosidad de Karin hacía su novia. Siempre lo hacía evidente. – Así que apoyo esta moción de amor pederasta.
− Después te veremos en las páginas policiales. – bromeo el rubio. – Las mujeres esconderán a sus niñas.
− Oh, no sé porque los aguanto. – camino alejándose de ellos, escuchando como seguían riéndose a sus expensas. – Imbéciles.
Su celular vibro en el bolsillo. Molesto lo contesto.
− ¿Qué?
− Sasuke, ¿Por qué no me dijiste? – Sasuke frunció el ceño.
− ¿Qué cosa Itachi?
− Que Mei se acostaba con Neji. – el pelinegro se detuvo.
− Pensé que lo sabías.
− No, no lo sabía. – dijo con furia.
− ¿Qué pasa con eso?
− ¿Qué qué pasa? Con Mei también me acuesto yo.
¡Oh, mierda!
¡26 páginas! y un poco más de puro capítulo. Sé que me demoré más, pero hay tres explicaciones.
1.- El capítulo se me borró por completo hace unos días, perdiendo más de 17 páginas. No se imaginan la frustración que sentía y todo lo que putee a mi Word, pero luego de relajarme y pensar con la cabeza fría (todo un día) me dispuse a comenzarlo de nuevo y siento que quedo aun mejor que el anterior.
2.- Esperaba que llegáramos a los 20 reviews, pero sólo nos quedamos en los 19 (u.u) en fin, no me lamentaré por eso, pero si me gustaría que me regalaran sus hermosos comentarios. No saben como me motivan cuando las leo. Generan más ideas en mi cabeza :)
3.- Los capítulos son mucho más largos, por ende, tengo que esforzarme el triple para darles algo interesante, luego revisar la gramática y la coherencia del texto y recién ahí, poder pensar en subirlo (soy una obsesa con eso xD) Me gusta hacer las cosas bien
Y bueno, eso serían las razones, así que disculpas y espero que para la próxima entrega tengan la paciencia de esperar, les aseguro que su paciencia será recompensada.
Hice un mapa conceptual, enlazando las parejas y las relaciones que tendrían ¡Deje la cagada en el cuaderno! xDDDD
En fin, estoy trabajando harto para traerles un buen trabajo. Ojala lo valoren.
Nos leemos en el capítulo VI
Pd1: El Fic se llamaba "Mi delito", pero por una confusión mía con el primer capítulo, le puse mi perdición. Apenas me di cuenta (si, tres capítulos más tarde) lo arregle y puse canciones en cada uno de los capítulos. Pueden leerlos escuchándolas si quieren :)
Pd2: Disculpen lo largo del texto anterior.
Pd3: Cualquier error hagánmelo saber.
Besos salvajes, y abrazos arrolladores !
LilyLoop
