Disclaimer: Aplicado


Mi Delito
Capítulo VI
Busquemos explicaciones

In the end
Everyone ends up alone
Losing her
The only one who's ever known
Who I am
Who I'm not, and who I want to be
No way to know
How long she will be next to me
The Fray: You Found Me

1.

Suigetsu no era un ser destacado por su gran inteligencia, tampoco era en extremo bello, ni siquiera tenía un tono de voz agradable, pero para Karin, era el ser más perfecto que alguna vez hubiese conocido. A pesar de su accidentada relación, que partió por culpa de su insistencia, el peliblanco se había convertido en parte fundamental de su vida, casi volviéndose su mundo. Sin embargo, la familia de Karin lo detestaba.

Su madre siempre le hacía ver lo poco fructífera que sería una relación con un tipo que con suerte tenía estudios y que sus neuronas las usaba solo para aprenderse un par de líneas de una historia ficticia. Su padre lo veía como un zángano al cual tendría que mantener el día que quedase sin trabajo, porque la vida de actor era un sube y baja. Al parecer, los padres de Karin no sabían que Suigetsu era conocido por casi todo el continente y otros países, haciendo casi imposible su desaparición por completo de la palestra.

− ¿Dónde estabas? – pregunto Murasaki.

− En el set junto a Suigetsu. – respondió la chica, sentándose en la silla para comenzar a cenar.

− ¿Qué he dicho sobre eso? – dijo la guapa mujer, sin perder la calma y comiendo con tranquilidad. – Sabes que no me gusta que te relaciones con ese tipo de gente.

− Te recuerdo que tu sobrino político pertenece al mismo mundo. – respondió de forma mordaz, ganándose una mirada reprobadora por parte de su padre.

− No le respondas así a tu madre, Karin – sermoneo Ken Uzumaki. – Nunca hemos aceptado esa relación, deberías tener un poco de consideración con nosotros y aceptar que Suigetsu no es para ti.

− Esperen un momento. – pidió molesta. – Tengo 20 años, mi carrera va viento en popa, he pasado todos los ramos con las máximas calificaciones y me he esforzado el triple para poder mantenerlos felices y ustedes me prohíben estar con la persona que amo ¿No consideran que es un poco inadecuado? – pregunto de forma maliciosa, con el tenedor a medio camino.

− Karin, queremos que salgas de este país y hagas algún doctorado en Estados Unidos. Estando con Suigetsu no lo lograrás. –dijo su madre. – La NASA sería un buen lugar para que te desempeñes. – el chirrido de una silla moviéndose detuvo su discurso.

− Ese es tu sueño, no el mío. – le recordó. – Yo aspiro a hacer mi carrera en Japón.

− Acá no conseguirás nada – dijo la mujer, muy molesta, pero sin evidenciarlo. Era la reina del hielo. – Toma asiento y hablemos como personas civilizadas.

− No puedo ser civilizada si se están metiendo en mis decisiones. – levanto el mentón y respirando hondo, volvió a hablar. – Sé que para ti yo fui tu mayor fracaso, pero no es necesario que por culpa de lo que a ti no te resulto, me obligues a mí a vivir tus sueños. – La mujer abrió la boca sin creerlo.

− ¿Qué estás diciendo? – pregunto completamente ofendida y roja de rabia. Se levantó, tirando la silla. − ¿Crees que fuiste mi peor error?

− ¿Lo fui? – pregunto de forma mordaz, agrandando más la situación. – Sé sincera una vez en la vida y di las cosas por su nombre.

− Si, fuiste un error. – Karin sintió un nudo gigantesco formarse en su garganta, impidiéndole respirar, quitándole el aliento y haciéndole tambalear. Su corazón estaba destrozado. – Pero cuando naciste las cosas cambiaron.

− Por favor. –escupió. − ¿Te das cuenta de lo que acabas de decir? ¿Eres consciente?

− Me obligas a esto, Karin. – chilló. – Tú eres una de las…

− ¡Basta! No quiero oírte más. – salió del comedor, con las lagrimas corriendo sin parar por sus mejillas. Sentía que su castillo se había roto en el aire. Siempre supo que su madre tenía cierto resentimiento hacía ella, pero que se lo gritara en la cara, la había destrozado. − ¿Cómo?

− Karin. – la voz de su padre la detuvo en la mitad de la escalera. – Tu madre no quiso decir eso.

− Papá, estabas ahí. Nadie la obligo. – siguió subiendo.

− Para mí no eres un error. – la chica soltó una carcajada triste. – Eres lo más maravilloso que tengo, por eso te protejo tanto y te exijo del mismo modo. Quiero que llegues a ser más de lo que fuimos tu madre y yo. – la pelirroja se volteó, mirándolo desde el descansillo.

− Papá, ser más o menos no necesariamente va de la mano con el éxito laboral. – contesto. – Deberían sentirse orgullosos porque su hija es sana, no anda metida en trifulcas, sólo se dedica a estudiar desde que tiene 3 años y a complacerlos en todo. – carraspeo para que no se notara el quiebre en su voz. – Suigetsu es el único que no ve en mí un cerebro andante. Que me quiere con todo y mis defectos.

− Pero es un chico que tiene muchas más vivencias. Recorre el mundo, quizás tiene chicas por otros lados y además es del espectáculo. – el hombre se sobo la calva cabeza. – A nosotros no nos agrada verte en las alfombras rojas, ni en las revista de chismes. ¿Qué pasara el día en que pillen a Suigetsu con otra chica y salga en un tabloide? ¡Te destruirán la vida!

− ¿Pero quién te asegura que eso pasara? Vivir de los supuestos es una tontería. – se cruzo de brazos y levantó el mentón, mirando hacia un punto por encima de él. – Si Suigetsu me hace algo así, te puedo asegurar que no me verás llorando aferrada a una foto de su rostro, ni mucho menos me volveré loca y saldré a todas las discoteque de Japón, porque seguiré siendo la misma chica de siempre. Estudiosa, aplicada y luchadora. – bajo un par de escalones. – Papá, él es parte importante de mi vida, pero solo yo tengo el poder para destruirme y trancarme. Si me quedo en Japón luego de terminar la carrera, no es por Suigetsu, es porque yo no quiero estar en otro lugar.

− Hija, es difícil. Llevan tanto tiempo. – murmuró. – Al principio pensamos que era un capricho de ambos, pero han pasado los años y siguen relacionados.

− Y la prensa apenas si me busca ¿sabes por qué? Porque él ha cuidado mi privacidad. En la universidad muy pocos saben que es mi novio.

− Eso es nuevo. – dijo el hombre sorprendido.

− Lo juzgan mal y lo peor de todo, es que lo conocen. – la pelirroja suspiró. – Me iré unos días.

− ¿Te quedarás con él? – Karin se levantó de hombros.

− O con Naruto.

− Preferiría que te quedaras con tu primo. Así evitamos situaciones adultas. – dijo el cabecilla de la familia, completamente azorado. Karin soltó una risotada real.

− Papá, deje de ser virgen a los dos meses de comenzar con Suigetsu. – el hombre abrió la boca enojadísimo. – Si en todo este tiempo no he quedado embarazada, créeme que no será está la situación, además, el sexo hace bien.

− Karin, no me interesa saber sobre tu vida sexual. Soy tu padre, por Dios. – casi gritó. – Para mi sigues siendo la niñita de 8 años que me obligaba a recorrer todos los museos de Tokio buscando respuestas de la creación del universo.

− Seguiré siendo tu niñita por el resto de tus días, pero lamentablemente me tienes que compartir. – el hombre frunció la boca. – Te quiero mucho, papá, pero déjame ser feliz y Suigetsu es mi felicidad en este momento.

− De verdad lo quieres. – Karin asintió con solemnidad.

− Contra todo pronóstico, logro meterse en mi vida y dudo que lo pueda sacar.

− Es un maldito suertudo. – la pelirroja le regalo una sonrisa a su padre, para luego voltearse y subir a su habitación, olvidando por un momento el mal rato que había pasado con su madre.

La mujer de hielo como la llamaban todos, era de temer. Tenía una inteligencia solo comprable con Einstein y una lengua viperina destructora. Desde pequeña la frialdad se había apoderado de su cuerpo y nunca logró erradicarla. Si con su padre no era cariñosa, mucho menos lo sería con ella.

Recordó todos sus cumpleaños, atiborrados en regalos de toda índole, menos juguetes y cada uno directamente relacionado con las ciencias. Su madre la obligaba a armarlos, en caso de que fueran armables, de estudiarlos, en caso de que fueran libros o de analizarlo en caso de que fueran seres vivos, pero no seres vivos normales, sino que microorganismos o colonias de bacterias. Una madre distinta al resto, pero no por eso mejor.

Suspiro, dejándose caer sobre la cama, mirando en el techo donde estaba pintada la constelación de géminis: Su signo zodiacal, y aunque no creía en la fanfarronería que hablaban esos seudos expertos en predicciones, no podía dejar de admirar ciertas cualidades solo atribuibles a las personas nacidas bajo ese alero del zodiaco, como su ambigüedad, sus estados de ánimo cambiante, egocéntricos, pero muy felices y joviales. En el amor no eran dados a ningún extremo, pero se entregaban por completo y así lo sentía.

Suigetsu era lo que ella llamaba amor. Esa cosa que nunca pensó conocer, que la atribuía a una elevada liberación de hormona oxitocina, haciéndole creer a las personas que el otro ser que, según ellos "amaban" era el más perfecto. Pero cuando conoció al peliblanco, dudo de todas esas teorías científicas, o certezas, y se dejo llevar, amándolo, sintiéndose rebosar a su lado. Atrapando cada uno de sus pensamientos y envolviéndola en una bruma de pasión, locura, afecto y mucho romanticismo.

Le gustaba darle besos, mirarlo dormir, sonreírle, retarlo, pelear, reconciliarse, abrazarlo, olerlo, hacerle el amor, disfrutarlo, quererlo, entenderlo, acompañarlo… todo se convertía para ella en "dos". Y aunque era consciente de que en algún momento de sus vidas podrían terminar, no temía. Sabía que si eso llegase a pasar, se sentiría satisfecha por todo lo que había dado y todo lo que había recibido.

Amarlo le había clarificado la vida, entregándole otra razón para seguir luchando y haciéndola más feliz de lo que jamás nunca pensó ser.

Una sonata de Mozart comenzó a sonar. Era su celular.

− Alo. – contesto sin mirar el numero.

− Mi amor, ¿cómo estás? – Suigetsu. – No me llamaste.

− Te iba a llamar, pero me quede tirada en la cama. – confeso. – Oye.

− Dígame. – pidió meloso.

− Me carga cuando te pones tan empalagoso. – el peliblanco rió. − ¿Me puedo ir a quedar contigo?

− Por supuesto, pero déjame echar a la chica que había invitado. – Karin gruño. – Kimberly, mañana te llamo.

− Suigetsu, si estás con una mujer, te juro que te corto las bolas. – el peliblanco rió desde el oro lado del teléfono. – No es broma, imbécil.

− ¿Para qué quiero a otras si tengo a la chica más hermosa del mundo entero conmigo? – Karin esbozo una leve sonrisa, encantada por las recientes palabras, pero como siempre, se hizo la desentendida y prosiguió.

− Me quedaré está noche contigo. Voy para allá.

− Te voy a buscar. – sentenció.

− No, iré en mi carro, porque mañana tengo clases y…

− No me interesa, Karin. – interrumpió. – Yo te voy a buscar y no hablamos más del tema.

− Suigetsu, te estoy diciendo que mañana tengo clases y no pienso llegar con un convertible a la facultad. – su voz estaba levemente teñida por un enojo que comenzaba a crecer dentro de ella.

− Te pasaré el otro carro. – Karin bufó. – Entiéndeme.

− Debes volver a confiar en mí y en mis habilidades conductivas. – el peliblanco se sintió abatido. No era que desconfiara de ella, pero la idea de volver a verla sobre esa cama de hospital, sin reaccionar por culpa de un accidente automovilístico, le paralizaba el pecho. – Recuerda que yo no fui la que choqué. Me chocaron.

− Si, lo sé, pero por favor, déjame a mi ir a buscarte. – la pelirroja enrolo los ojos y buscó su bolso sin despegarse del celular. – Mañana te paso a dejar a la Uni y de vuelta te voy a buscar.

− Me quedaré estudiando con Hiroto. Le pido a él que me lleve de vuelta.

− ¿Hiroto? ¿El pájaro? – Karin paró en seco y se golpeo la frente ¿cómo era tan bruta? – No te quedarás estudiando con él.

− Suigetsu, sigues con este circo y me voy a quedar con Naruto. – varios segundos de silencio.

− Te voy a buscar. – la seriedad que uso, no sorprendió a la pelirroja. Sabía que estaba molesto.

Desde que había entrado a la universidad, las disputas entre ambos habían comenzado. Suigetsu nunca había demostrado ser una persona celosa, pero con Hiroto sentía que sus tripas se retorcían al saber que se encontraba cerca de Karin y lo peor era que para ella, el pájaro era un buen amigo. Cercano y lo quería.

Ambos recordaban solo una vez donde se habían distanciado enormemente y por dos semanas no supieron el uno del otro y eso se desencadeno por culpa del compañero y amigo de Karin.

El chico dio una fiesta de fin de curso el primer año, invitando a casi toda la universidad, pero tildando a Karin como la invitada de honor. Suigetsu, que en ese entonces estaba en Estados Unidos promocionando una de sus películas, no tenía idea de lo que pasaba en Japón.

La fiesta estuvo grandiosa y Karin disfruto de un magnifico momento junto a sus compañeros e Hiroto, pero se le había pasado la mano con los tragos y cayo semi inconsciente en la cama del bonito moreno. Suigetsu por la mañana llamo a su celular, porque llevaba tiempo buscándola y no la ubicaba. Grande fue su sorpresa al escuchar la voz del tipo y no de su novia desde el otro lado y más aun, cuando el muy imbécil se mofo en su cara de tener a la linda pelirroja acostada a su lado.

Suigetsu sentía que el corazón se le desgarraba. La mujer por la cual había renunciado a muchas cosas, la que decía amarlo y respetarlo, se había ido a encamar con otro. Era como si mil esquirlas de metal se metieran por sus venas, haciéndole retorcer de dolor su pecho. Quiso gritar, pero se contuvo. Simplemente cortó el teléfono y no respondió ninguna de las llamadas de Karin, ignorándola por completo.

La pelirroja en su desesperación por no entender que pasaba y porque se estaba comportando así, salió a buscarlo furiosa. Se gritaron muchas cosas, hiriéndose brutalmente. En una especie de liberación, Karin agarro un macetero y se lo tiró por la cabeza. El peliblanco corrió hacia la puerta de salida y abriéndola, le pidió de forma amable que se largara. La chica acomodo sus anteojos y salió con el mentón alto, caminando como un pavo real, sin sentirse siquiera triste, pero por dentro, una ventisca se hospedaba, atravesándola de lado a lado.

Dos semanas más tarde, se encontraron en el departamento de Naruto. Borrachos y sin poder contenerse, se reconciliaron en la cama de él.

Naruto todavía les recordaba que tuvo que cambiar colchón, sabanas y hasta marquesa, porque le habían destruido el cuarto.

2.

− ¿Alo?

− Hasta que contestas, por Dios. Te he llamado todo el santo día ¿dónde estás? – Sasuke miró al pequeño bulto rosa que dormía en el sofá de su departamento. Acurrucada y con mejillas sonrosadas, Sakura disfrutaba de lo que era al parecer, un sueño reparador.

− Estoy en grabaciones, Fuka. – murmuro desganado, sentándose en el taburete del pequeño bar que tenía en un rincón.

− Si, pero no te cuesta nada mandarme aunque sea un mensaje. No me has llamado en dos días. – le reprocho la pelirojiza. – Necesito verte.

− ¿Ahora? – pregunto de forma brusca.

− Oh, perdón, creo que te he molestado. –ironizo la mujer. – No, ahora no, pero mañana puedes pasar por acá y no sé, disfrutamos de un grato momento.

− Si, mañana si puedo. – respondió, sirviéndose un vaso de vino. – Lamento no haberte llamado, he estado muy atareado.

− ¿Es muy dura la niñita? – pregunto con un deje de desdén que al pelinegro no le gusto.

− No, es excelente. – Fuka abrió la boca sorprendida desde el otro lado. Sasuke no era de defender a nadie, ni siquiera a sus amigos y mucho menos con tanto ahincó.

− Huelo algo extraño, Sasuke. ¿Te gusta? – El pelinegro chasqueo la lengua restándole importancia.

− Es una niña ¿Cómo crees que me va a gustar? No quiero quedar pasado a leche. – bromeo de forma brutal. – Prefiero mujeres más experimentadas. – coqueteo.

− ¿Cómo yo?

− Hmph – su monosílabo favorito entro en acción, pero a Fuka no le molesto.

− Antes de que se me olvide, el fin de semana tengo una sesión fotográfica y quieren hacerme algunas fotos contigo ¿podrás?

− Si.

− Genial, nos veremos divinos. – el pelinegro esbozo una sonrisa de costado. Fuka era una fanática de la moda y no darle en el gusto, era hacer despertar al monstruo que vivía dentro de ella. – Mi amor, te dejo porque tengo a Mei sentada frente a mí.

− Ok. Cuídate. – murmuró.

− Tú también. Te amo. – Y Sasuke colgó como siempre, evitando tener que contestar esa declaración.

Soltó el aire lentamente y miro a la chica que todavía parecía dormir sobre su sofá. Se veía tan quieta y tranquila. Imposible compararla con la Sakura desordenada, irreverente, parlanchina y poco criteriosa. La pelirosa estaba ahí como un pequeño bebé, disfrutando del calor que le brindaban sus cojines y la frazada que la cubría.

− Sasuke. – un carraspeo, seguido por una cabeza levantándose mientras se tallaba los ojos. El pelinegro la vio moverse buscándolo con la mirada. − ¿Dónde estás?

− Acá. – en un rincón, iluminado tenuemente, lo encontró Sakura. Se veía como un perfecto adonis. – ¿tienes hambre?

− ¿Dónde estoy? – pregunto mirando hacia todos lados, ignorando su pregunta. − ¿Es tu casa?

− En mi departamento. – se acercó a ella, pero se sentó en el sillón que se encontraba en frente. − ¿Quieres algo?

− Agua y comida ¿tienes? – el pelinegro movió la cabeza y camino hacia la cocina, buscándole lo que ella quería.

Regreso con un vaso de agua y un paquete de galletas.

− Toma. – se los entrego. Sakura de un sopetón se bebió el agua y abrió las galletas temblando. − ¿Sucede algo?

Silencio por algunos segundos.

− Sasuke, la cagué. – y se puso a llorar tapando sus ojos con las manos que no paraban de tiritar. – Escuché como Kabuto pedía mi despido. – sollozo, suspirando como una niña pequeña a la cual le roban su dulce.

− No te van a echar. – se sentó en la mesa de centro, intentado estar cerca y a la altura. – Mírame.

− No puedo, tengo rabia, pena y mucha vergüenza. Aparte tú te encargas de mí como si yo fuera tu cruz y eso me parece injusto. – el llanto se hizo más fuerte.

− Sakura, mírame. – la pelirosa levanto su cabeza, mostrando los ojos jades más lindos que alguna vez hubiese visto, tapados en lagrimas que luchaban por salir. – Lo que paso fue porque tú te excedes intentando abarcar todo. De ahora en adelante iremos paso a paso. – Sakura iba a replicar. – Si, dije iremos porque yo estaré a tu lado.

− No puedo aceptarlo. – susurro, dejando surcos de lagrimas en sus mejillas. – Me has ayudado bastante, no puedo aceptar más.

− No era una propuesta, Sakura. Es una realidad así que asúmelo. – la pelirosa abrió la boca sorprendida. – No tengas vergüenza, ni rabia, ni mucho menos pena. Para mí no eres una cruz. Me caes bien.

− Wow, eso sí que debe ser mucho para ti. – murmuró todavía sin creerlo y sonriendo a través del llanto.

− Molestia. – bisbiseo. La pelirosa se sonrojo al sentir esa complicidad tan perfecta que se daba entre ellos. – Quiero ayudarte a avanzar y guiarte en este camino del espectáculo.

− ¿No crees que te estés tomando muchas contemplaciones conmigo? – pregunto. – Eres un gran tipo, Sasuke, pero no puedo aceptarlo.

− Como te dije anteriormente, no es una propuesta, Sakura. – no supo cómo, pero su mano se guio hacia el rostro de la chica, y le limpio sus lagrimas con el dedo pulgar. La pelirosa sintió el tiempo detenerse y su corazón bombear más sangre de lo normal. – Estaré para ti todo el tiempo que dure la grabación.

− ¿Y después? – el temor y la extraña sensación de calor, se debatían de forma pareja dentro de su cuerpo. Sasuke le provocaba cosas inimaginables. – ¿Te irás?

− No te adelantes a los hechos. – despego su mano del cuerpo de ella y bajo la cabeza, reprochándose por esa actitud tan confianzuda y poco adecuada, más aun proviniendo de él. – Paso a paso.

− ¿Pasito de tortuga con muletas? Así es más lento y duras más en mi vida. – la sonrisa que le brindo, acompañada de esas mejillas sonrojadas y los ojos brillantes, detonaron una explosión de mariposas en su estomago, conociendo por primera vez lo que significaban.

− Bueno, a pasito de tortuga con muletas. – le respondió siguiéndole el juego, pero tenían que parar, o más bien, él debía parar.

En su cabeza tenía que entrar el hecho de que Sakura era una niña, nueve años menor y con una vida entera por conocer. No podía cortarle sus alas sometiéndola a una relación estable, porque siendo sincero consigo mismo y aunque le costara reconocerlo, él no querría menos de ella. No podría soportar estar y no estar. Si la tenía, sería por completo y no a medias para conformar a un instinto básico de su cuerpo. Sabía que Sakura era mucho más que eso.

¡Maldita sea!, pensó mientras se levantaba con brusquedad de la mesa de centro y caminaba a la cocina, buscando una excusa para mantenerse ocupado y no pensar en ella, ni en lo que le provocaba. Jiraya se lo había dicho: Ella revolucionaría su mundo y a pesar de que quería luchar contra eso, no podía.

No podía llamarlo amor, porque era imposible querer a una persona en un lapso tan corto de tiempo, pero sabía que si seguían por ese camino de la hermandad, terminaría colado hasta los pies, besando hasta el piso que pisaba y no podía seguir así.

Era mejor seguir siendo el maldito cubito de hielo que había sido toda su vida, ese que no involucraba muchos sentimientos en nada, que simplemente vivía y con eso le bastaba.

− ¿Qué estás haciendo? – se volteó, encontrándosela apoyada en el marco de la cocina, mirando con grandiosidad todo los implementos que tenía. – Wow, tu cocina parece de la NASA.

− Me gusta cocinar. – confeso.

− ¿De verdad? – incrédula se acercó a él y como siempre, se sentó sobre la mesa.

− Sakura, existen las sillas ¿te las presento? – la chica hizo un movimiento con la mano, restándole importancia.

− ¿Qué cocinas?

− De todo. – respondió escuetamente, volviéndose a girar para buscar los implementos que usaría para la cena. − ¿Quieres algo en especifico?

− Lasaña. – sus ojos brillaron como dos luceros. − ¿Si? – preguntó.

Sasuke enrolo los ojos. El hecho de tener que hacer la masa, las salsas y rayar queso, lo aburrían, pero aceptó, porque sabía que eso haría feliz a la chica.

− Ok. – respondió. Sakura dio un saltito de emoción y empezó a aplaudir como una pequeña foquita.

− ¿Te puedo ayudar? – pregunto temerosa.

− Es lo mínimo que esperaría. – la chica rió y caminó hacia él para mirar lo que hacía. – Toma la harina y échala en ese bol. – Sakura hizo lo que él le pidió, echando toda la harina. − ¡No!, solo se echa la mitad del paquete.

− Bueno, no especificaste eso. –se excuso, levantándose de hombros. − ¿Tienes algún delantal?

− Si, detrás de la puerta. – Sakura tomo el delantal, poniéndoselo y pidiéndole que se lo amarrara detrás. Sasuke temblando hizo un nudo, mientras miraba el cuello descubierto de la chica, ya que ella se sostuvo el cabello en lo alto. – Saca la mitad de lo que echaste.

− Pero… − refunfuñando lo hizo, tomando otro bol para guardar lo que le había sobrado.

− Muy bien. – felicito el pelinegro irónicamente. Sakura mirándolo, tomo un poco de harina y se la lanzo, dejándole la ropa blanca. – Eres una niña.

− Y tu un gruñón. – volvió a lanzarle harina, ensuciando su cabello está vez. – Oh, ahora pareces un viejito, aunque ya lo eres. – Sasuke, agarro un poco y se la restregó por la cabeza. − ¡Te pasaste! – le gritó.

Agarro el bol, para que Sasuke no pudiese sacar más, y comenzó a lanzarle, mientras escapaba por la cocina. Sasuke iba detrás de ella, persiguiéndola.

− Sakura, paremos. Después tú limpiaras. – le advirtió.

− ¡Ni en tus sueños! – le lanzó harina en la cara. – Pareces gasparín. – murmuró mordiéndose el labio.

− Y tú la dama blanca. – arrebatándole el bol, se lo lanzó sobre la cabeza, sorprendiendo a la pelirosa. – Touche.

− ¡Eres un idiota! – chilló. Sasuke comenzó a reírse sin parar, mirándola toda sucia y blanca. − ¿Te causa risa? – se acercó corriendo a él y enlazando sus manos en el cuello, colgó sus piernas en las caderas y comenzó a moverse sobre él, intentado ensuciarlo. – Mira como restriego harina sobre tu cuerpo.

Sasuke se quedo de una pieza en cuanto sintió el cuerpo de Sakura brutalmente cerca y refregándose. Un tirón en su ingle y un calor en la parte baja de su vientre, despertaron. El pelinegro se mordió el labio, intentando contenerse, pero le estaba resultando una tarea casi imposible. ¿Por qué le hacía eso? ¿Era una prueba?

− Sakura, bájate. – pidió con voz de ultratumba. La chica se detuvo y separándose de él, lo miró. – Bájate.

− ¿Por qué? – pregunto confusa.

− Solo hazlo. – la pelirosa bajo sus piernas y dio dos pasos hacia atrás, mirándolo como soltaba el aire por la nariz y mantenía su cuerpo duro, estático. – No te subas sobre mí, ni me toques.

− Yo… yo lo siento. – tartamudeo con pena. Sus ojos volvieron a aguarse, pero no lloro. Se trago las lágrimas y giro sobre sus talones, caminando por el lugar y encerrándose en el baño.

Sasuke se apoyo en la mesa y escondió su cabeza entre los brazos. Sakura lo encendía como ninguna chica lo había logrado jamás. Ni siquiera en su época más libertina había sentido la necesidad imperiosa de recorrer el cuerpo de una mujer como lo deseaba con ella.

Pero más que eso, más que algo carnal, Sasuke sentía algo raro con ella cerca. Era como si la jaula de mariposas que vivía en su estomago, se abriera y se liberaran volando por todos lados y haciendo sus terminaciones nerviosas más sensibles al tacto. Cuando la tocaba cada una de las partes que la rozaban, eran conscientes de que estaban en el lugar correcto. Su calor era perfecto, su olor embriagante y la exactitud con la que calzaba en sus brazos era asombrosa y curiosamente de otro mundo.

Se sintió patético. Él no era de pensar en esas cosas tan insulsas ni mucho menos imaginar bichos dentro de su cuerpo. Siendo práctico, en caso de que eso ocurriera, tendría que ir a pedir hora al médico para que le sacaran esas anómalas aves sensibles a cierta pelirosa.

− Sasuke, me iré. – Estaba más limpia. Su cara volvía a verse sin todo el blanco que le había echado encima, aunque en su ropa habían claras muestras de la guerra de harina que recientemente habían tenido. – Necesito descansar para mañana.

− Vamos, no te dejaré sin comer. – La pelirosa quiso replicar, pero Sasuke no se lo permitió, porque la tomo de su mano y la sentó en el sofá. – Pediremos comida china. Por mientras, verás algunos videos.

− ¿Qué videos? – pregunto ceñuda.

− De algunas actuaciones que hice y que te pueden servir para mejorar. – Sakura asintió gustosa, sorprendiendo al pelinegro. Esperaba que se molestara al juzgar su modo de trabajar, pero no, Sakura era tan humilde que aceptaba la ayuda sin rechistar, porque reconocía sus falencias, haciéndola una chica aun más madura. ¿Por qué no podía ser tonta, descerebrada y bien vivida? Así no se sentiría tan tentado a lanzarse sobre ella.

− Genial. Ponlas. – Sasuke lo hizo, intentando no pensar en que la pelirosa lo acaba de mandar. − ¿Cuántos años tenías cuándo partiste en esto?

− No lo recuerdo. Cuando pequeño hacía comerciales para bebés y niños – Sakura lo miró incrédula. – Si, era guapo. Como ahora.

− Tu modestia me supera. – respondió con tono divertido. Sasuke simplemente le hizo un gesto con la cabeza para que mirara la televisión y disfrutase del espectáculo.

Se les prometía una bonita tarde noche.

3.

− Me acosté con una prostituta. – Kiba que estaba bebiendo cerveza, soltó todo el contenido sobre Shikamaru. –Si, justo necesitaba bañarme.

− ¿Cómo es eso? – pregunto de manera inaudible. − ¿Una puta?

− Si. – respondió escueto, tomando su cerveza y dándole un gran sorbo. – No me preguntes como llegué a ella. Simplemente paso.

− ¿De verdad lo tomaras así? – pregunto asombrado. – No eres del tipo que justifique sus acciones con un "paso", porque cada uno de tus pasos está claramente medido. Dime, ¿Qué paso?

− ¿Quieres que te cuente como tuve sexo con ella? – levantó una ceja. Kiba le hizo una mueca desagradable. – Estaba demasiado ebrio y de repente se acercó esa rubia, me miró, la mire y desperté en una cama de un motel de mala muerte.

− ¿No te descubrieron? – Kiba lo miraba sin comprender. Shikamaru no era de hacer esas cosas ¿tan mal dejaban las mujeres?

− Solo la recepcionista me reconoció, pero le ofrecí un meet and greet con nosotros. – respondió muy suelto de cuerpo. – Si esto sale a la prensa, ya sabré que fue gracias a ella.

− O a la prostituta que dejaste durmiendo en el lugar. – le recordó Kiba, volviendo a beber.

− O al compañero de banda que tengo en frente. – el castaño le resto importancia. – Sé que no lo harías, pero nunca diré nunca.

− No lo digas entonces, pero puedes confiar en mí. – le guiño un ojo. – Deberías hacer un orden en este lugar, está hecho una mierda. – El pelinegro bufó. – Eres un flojo.

− Le pediré a mamá que venga. – dijo mirando todo el departamento.

Desde que se había ido Temari, no quería ordenar, manteniendo todo como el día en que ella saco sus cosas y se largó de ahí. Nuevamente pensó en ella y no pudo evitar cierto apretón en su pecho, pero ya no sentía odio ni rabia, más bien comenzaba a acostumbrarse a la idea de estar solo y de disfrutar de él mismo, cosa que no había hecho.

− Dudo que tu madre venga, pero no pierdes nada intentándolo. – Kiba dio el último sorbo de su botella, y se levantó estirándose. – Me largo.

− ¿Dónde vas? – pregunto el moreno. – En realidad no me importa. Adiós. – Kiba sonrió. Shikamaru era un caso perdido.

Salió del departamento de su amigo, sintiendo que a pesar de todo, comenzaba a superar la pena y estaba en vías a volver a ser otra persona. A lo mejor no alguien muy cariñoso, pero si distinto. Más preocupado por el resto, o demostrativo.

Su celular vibro y cuando miró la pantalla, una sonrisa estúpida partió su rostro.

− Hola belleza. – un jadeo desde el otro lado. − ¿Qué pasa?

− Kiba, estamos en problemas. – el castaño se detuvo. – Necesitamos juntarnos urgente.

− Dime dónde estás. – pregunto, tanteando las llaves de su auto y subiendo al carro luego de destrabar los seguros.

− A tres cuadras de la mansión Hyuga, por el costado derecho. – Kiba entendió de inmediato y tirándole un beso, cortó.

¿Qué habría pasado? ¿Los habían descubierto? ¿Estaría embarazada…? Al parecer, esa última opción comenzaba a tomar fuerza y era la más plausible. La última vez que habían estado juntos, era tal la necesidad de tenerse, que no pensaron en métodos anticonceptivos. Cuando fueron conscientes de eso, decidieron esperar, porque de nada les servía hacer una tormenta si no tenían certeza de nada, pero escucharla tan asustada y reclamándolo urgente, lo sobresalto. No quería ser papá, pero la idea no le parecía mala al lado de ella.

Freno en seco y se bajo del carro, buscando el pelo violeta de la mujer que lo trastocaba. A un par de metros la diviso. Se encontraba sentada en la berma, mirando el piso abatida. Corrió hacía ella.

− Llegaste. – dijo iluminando su rostro y levantándose con rapidez para abrazarlo. Kiba la apretó contra su cuerpo, temiendo que algo grave ocurriese. Enmarco su rostro entre sus manos y la miró. Sus ojos casi negros lo miraban con temor.

− ¿Qué pasa? − preguntó temeroso, pero infundiéndole valor.

− ¿Tú me amas? – Kiba frunció el ceño, asintiendo. − ¿Mucho?

− Si, te amo. – murmuró. A pesar de llevar solo cuatro meses juntos y estar entre las sombras, él sabía que había encontrado el amor. Ella era todo lo que necesitaba. − ¿Qué sucede?

− Es que… − se separó de él y arreglo su flequillo recto. Su cabello llegaba a la altura de los hombros y se formaban unas leves ondas al final. – La familia Hyuga ha sido muy buena conmigo y yo les debo la vida.

− Natsuki, me estás preocupando, ¿qué pasa? – la chica lo miro mordiéndose el labio y con los ojos llenos de lagrimas. – Nat... – pidió.

− Hoy estaba hablando con Hinata y Hanabi. – murmuro, comenzando a mover las manos de forma nerviosa. Kiba se las tomo y se las beso intentado tranquilizarla. – Y empezaron a decir quienes les gustaban.

− Ya. – dio el pase para que prosiguiera. − ¿Les contaste?

− No. – negó con vehemencia. – Hinata dijo que había estado siempre enamorada de Naruto, pero que él nunca la había mirado.

− Eso es mentira, al rubio le gusta Hyuga desde que la conoció. – La pelivioleta carraspeo, y sus lágrimas se derramaron. – Natsuki, habla, por favor.

− Nos contó que ahora les gustas tú. –el castaño abrió los ojos desmesuradamente, sin creerlo. – Si, Kiba, te quiere a ti y yo no quiero romperle el corazón.

− ¿De qué estás hablando? – murmuro sin comprender del todo.

− Que nosotros no podemos seguir juntos. – las lagrimas se desataron por su rostro. – Hinata me ha ayudado mucho, yo no puedo hacerle esto.

− Pero Natsuki, yo te amo a ti. – la chica se secó las lagrimas con la manga del suéter.

− Bueno, pero yo les debo mucho a ellos y tendré que prescindir de ti. – la voz se le fue apagando de a poco igual que el corazón del castaño. – No interferiré para que ustedes sean felices. – el castaño se agarró la cabeza con ambas manos, desencajado.

− ¿Te estás escuchando? No me puedes obligar a estar con alguien que no quiero. – dijo muy molesto, sorprendiendo a la chica. – Si esa es tu excusa para dejarme, deja decirte que es lo bastante burda, incluso para mí, un tipejo que no tiene mucha capacidad craneal.

− Tú eres muy inteligente. – chillo. – Por favor, Kiba. Intenta entenderme.

− ¿Y tú me entiendes a mi? – la chica se tapo la boca, llorando a mares. – Quieres terminar porque a tu "jefa" se le metió en la cabeza que le gusto yo.

− ¡Sabes que Hinata no es caprichosa! – le grito, defendiendo los sentimientos de la linda peliazul. – Entiende Kiba, estoy siendo sensata.

− Sensata y una mierda, Natsuki. – se giró y camino hacia su auto, completamente destruido. La miro sobre su hombro. – Si esto acabo es por ti, que quede claro.

Salió apretando el acelerador a más no poder, quemando los neumáticos.

Cuando se encontró alejado de todo y sin nadie que lo molestara, aferro el manubrio con ambas manos y lo apretó poniendo sus nudillos blancos.

− No lloraras, no lloraras. – se repitió a modo de mantra, obligándose a mantener sus sentimientos a raya. Ya tendría un momento para soltar el dolor.

Natsuki por su parte se dejo caer en el lugar, destruida y sin aliento. Su corazón había sido desgarrado, pero sabía que estaba haciendo lo correcto. Que Hinata merecía ser feliz y ella no sería el impedimento que la llevara a eso.

− Te equivocaste. – la pelivioleta levantó la cara y se encontró con la peliazul. – No debiste renunciar a él.

− Hanabi, tú no entiendes. – murmuro completamente abatida.

− ¿Eres una cobarde? – pregunto. – No lo creo.

− No se trata de eso. Hinata merece ser feliz; ha sufrido tanto con Naruto que… yo no le romperé el corazón. – la peliazul se acercó a ella y se acuclillo para estar a su altura.

− Si Hinata se entera de esto, se pondrá muy triste. – murmuró. – Ella no quiere que tú sufras.

− Y yo tampoco la quiero ver sufrir. – sollozo. – Ella lo hará feliz.

− Sabes que no es así. – le secó sus lagrimas. – vamos a casa.

− Pero termino mi turno. – la peliazul levantó una ceja.

− Natsuki, vamos a casa. – la guapa chica se levanto con ayuda de Hanabi y camino de regreso a la mansión, temblando y llorando. La peliazul se mordió el labio.

Hinata no quería a Kiba, o al menos no del modo que pensaba, pero no le competía a ella develar la verdad.

Natsuki y Hinata arreglarían sus problemas en el momento propicio.

El viento revolvió sus cabellos. Sí que sería un invierno frío.

4.

Naruto tiró por doceava vez la pelota y la atrapo en el aire. Intentaba desestresarse, pero no podía. Era como si su sistema nervioso central quisiera mandarle olas de estrés que arrasaban con todo a su paso, negándole pensar con claridad.

Molesto con todo, lanzó la bola lejos, rompiendo una de las copas que reposaba sobre la mesa. No le importó. El hastió se hacía de él de una forma que nunca espero, desencadenando una furia que nunca había sentido.

Recordó el porqué de eso, y se sintió un estúpido. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¿Acaso era bruto? Y sip, si lo pensaba con claridad, si lo era, pero como estaba avasallado con la sensación de enojo, sintió que no era un bruto del todo. Simplemente había querido ir a buscar respuestas, pero estás no fueron lo que quería escuchar, destruyendo así, un poco más de su ego.

Pensó en llamar a Samui y liberar tensiones a través del sexo. Total, eran ex pareja y se conocían perfectamente. No quedarían prendados el uno del otro, porque la etapa romántica ya había pasado, si es que alguna vez hubiera existido, pero no era lo correcto. La frustración era con él y tenía que saber sobrellevarla para poder liberarla, o si no, seguiría comiéndose la cabeza como lo estaba haciendo en ese momento.

Wow, si no es la chica más guapa de todo Tokio. – luego de haber estado en el set junto a varios de sus amigos, se fue a su casa, pero en el camino se desvió y fue directo a una escuela de piano que le era muy conocida y no necesariamente porque fuera un alumno del lugar. − ¿Cómo estas, Hinata?

Bien, gracias. – respondió parca, para seguir caminando como siempre, ignorándolo.

Eeh… ¿quieres que te lleve a casa? – le pregunto, mirándola con esperanza. La chica se volteo sobre sus talones y aun teniendo sus mejillas sonrosadas, hablo con frialdad.

Naruto, no me interesa. – murmuró. – Quiero caminar.

¿Qué pasa, Hinata? ¿Hice algo como para que actúes de esa manera conmigo? – la chica se alzo de hombros, sin darle a entender nada. – ¿Puedes responderme bien? – pidió.

No me interesas. – sus ojos brillaron y las manos de Naruto temblaron. – Eres una buena persona, pero no tienes para que mantener una relación cercana conmigo. – susurró.

Su voz, a pesar de ser de un tono bajo, era increíblemente hiriente, más aun, sus gestos de desprecio.

Hinata – murmuro. − ¿Qué hice?

Naruto, me gusta Kiba y que tú aparezcas para ir a dejarme, me aleja de él. – el rubio trago el nudo que se alojo en su garganta, destruyendo todo a su paso. – Permiso.

Y la dejo ir, junto con su corazón.

− Eres una tonta, Hinata. – dijo con odio, pero más hacia él mismo, que hacía ella.

No se había dado cuenta de que las cosas habían cambiado. Que ya no era la chica de 13 años que respiraba sus suspiros, ni que lo buscaba con la mirada en cada uno de los conciertos que daban. Lo único que había hecho era esperarla hasta que tuviera una edad decente, para así, poder cortejarla, y mostrarle que la quería de una manera no fraternal, pero al parecer se había demorado más de lo que debía, porque la muchacha de casi 17 años lo detestaba o más bien, pasaba de él.

Las mujeres de ahora no son abnegadas, hijo. Si no tomas las riendas en el momento adecuado, date por perdedor.

El puto consejo de Minato hizo resonancia en su cabeza, recordándole lo que había perdido recientemente. Sentía un vacio en su estomago y como cada uno de sus huesos estaban congelados. La pena se estaba dando un festín con él.

Quizás era tiempo de llamar a Shikamaru y hace un club de los despechados. Podían hasta formar un equipo de fútbol: Despechados F.C

El citofono de su departamento sonó, cosa rara, porque generalmente él era el que visitaba a la gente y no al revés. Se levantó para ir a levantar el auricular.

− Sr Uzumaki, el señor Inuzuka lo busca, ¿lo dejo pasar? − ¿No podía ser cualquier otra persona aparte del maldito imbécil que le había arrebatado el amor de la chica que quería?

− Si, déjelo. – murmuró antes de analizarlo bien. Igualmente tenía que conversar con él, para ponerle claro los límites y que si hacía sufrir a su Hinata… ya no era suya ¡Nunca fue tuya!, se gritó internamente. Si el chico-perro hacia sufrir a Hinata, ni en el lugar más recóndito de este mundo, podría esconderse, porque lo haría pagar.

Dejo la puerta semi abierta, para que entrara y se volvió a tirar sobre el sofá para descansar un poco la tensión de su cuerpo. Cerró los ojos y espero a que su amigo llegara. Cuando escucho el chirrido característico de su puerta, los abrió, encontrándose con un Kiba en evidente estado de bulto.

− Naruto. – murmuró antes de caer de bruces sobre su bonita mesa de centro, destruyéndola en muchas partes. El rubio se levanto de inmediato para ir a ayudarlo y revisar que no estuviera dañado.

− Maldita sea, Kiba. – se tranquilizó cuando vio que solo tenía un rasguño. − ¿Qué te pasa?

− Me dejaron y por tu culpa. – el rubio frunció el ceño.

− Y a mí no me quieren por tu culpa. – dejo caer a su amigo sobre el desastre que tenía por mesa.

− Bueno, al parecer es culpa de ellas. – hizo una mueca, intentando sonreír, pero Naruto pensó que era algo macabro. – Ayuda a levantarme.

− Debería dejarte en el suelo por romperme la mesa y la vida, pero para que veas que no soy rencoroso…

− ¿Puedes dejar de hablar y ayudarme? – preguntó hastiado. Naruto de un jalón lo puso de pie.

− ¿Qué te paso? – pregunto Naruto, sentándose en el sofá y haciéndole un gesto para que el hiciera lo mismo.

− Natsuki, la sirvienta y amiga de las Hyuga, me dejo. – la voz se le quebró.

− ¿Estabas de novio con ella? – pregunto Naruto incrédulo.

− No, no éramos novios, pero estábamos juntos. – se talló los ojos. – Dijo que Hinata me quería y que ella no la iba a hacer sufrir, porque por tú culpa, maldito zorro, ella ya había sufrido bastante. – El rubio se sintió ofendido.

−Yo no le he hecho nada a Hinata. – respondió molesto.

− Debe ser eso, entonces. Como no le has hecho nada, la chica te odia. – Naruto le tiró un cojín. – Arregla la situación, Naruto, o si no, olvídate de que somos amigos.

− ¿Qué estás diciendo? – el castaño se levantó tambaleante y pateo un pedazo de madera rota más allá.

− Lo que oíste, o arreglas la situación con Hinata y yo vuelvo con Natsuki o púdrete en tu mierda. – el rubio frunció el ceño y se levantó para enfrentarlo.

− ¿Consideras que es mi culpa? – El castaño asintió – Hinata tiene 16 años, imbécil, ¿querías que la cortejara cuando tuviera 14? Usa la cabeza.

− Lo dice el Einstein de la banda. – ironizó el castaño. – No sé qué harás, pero arreglaras está situación aunque sea lo último que hagas.

− Y tú por otro lado también podrías ayudar. – el rubio se cruzó de brazos, aumentando la tensión. – Déjale ver que a ti no te interesa.

− Creo que llevo haciendo eso desde que la conocí. – respondió con enojo mal disimulado. – No sé qué quiere Hinata, pero a mí no me importa.

− Hinata no es una mala chica. – defendió el rubio.

− Pero es tu chica, no la mía. – camino hacia la puerta. – Tienes esta semana para dejar todo saldado.

− ¿Te das cuenta? Si no he conseguido nada en casi 5 años, menos lo conseguiré ahora, iluminado. – el castaño se encogió de hombros.

− No es mi problema. – murmuró. – Ya sabes. Vuelve a conquistarla y hazlo como un hombre de verdad, no como el imbécil baboso que actúas siempre.

− ¡¿Quieres que te golpee?! – se acercó a Kiba, invadiéndolo. − ¿Quieres que lo haga?

− Estoy siendo sincero. – murmuro sin temor a la cercanía del rubio. – No la conquistaras sonriendo zorrunamente, ni abrazándola de improviso. Usa esa cabecita en algo decente y deja que los demás seamos felices.

− ¿Qué sería algo decente? – preguntó mucho más calmado.

− Búscala, halágala y luego ignórala. Siempre funciona. – Naruto abrió la boca. – No la ignores mucho tiempo, solo el suficiente y luego vuelve a ella para comportarte como una posible pareja y ¡zaz! Es tuya.

− Eso es básico.

− Naruto, las mujeres se hacen las rebuscadas, pero muchas veces son mil veces más simples de lo que nosotros mismos creemos. – Kiba soltó el aire. – Que las veamos como un teorema de Fermat, sólo las engrandece y nos complica. Adiós.

El rubio quedo mirando el vacio, sin saber que decir ni que hacer. Kiba había hablado como un experto en la materia, cosa inusual.

− ¿Teorema de qué…? – se preguntó.

Se metió al notebook y buscó en las redes sociales el nombre de Hinata Hyuga. La encontró de inmediato, junto a una linda foto donde salía con Natsuki riendo. La pelivioleta era muy bonita, pero la peliazul era hermosa y no la podía perder.

− Hinata, voy por ti. – dijo antes de cerrar todo y salir de la casa.

Tenía que ver a la peliazul e iría en ese momento.

5.

− Eras hermoso cuando pequeño. – Sasuke sonrió de medio lado.

− Todavía lo soy. – su "modesta" respuesta, hizo reír a la pelirosa. – ¿Qué aprendiste?

− Tengo que ser más seria. – respondió seguirá de sí misma. Sasuke se golpeo la frente, dándose por superado. – ¿No era eso?

− No. – murmuró. – Ven, levántate.

Sakura se puso de pie frente a él.

− ¿Qué hago ahora? – Sasuke se acercó tanto, que sus narices casi se rozaban. Sakura por inercia se lanzo hacia atrás. − ¿Qué haces?

− Tienes que acostumbrarte a mí, no temerme. – Sasuke se paseo por alrededor de ella, respirando cerca de su oído. – Siénteme, confía. – Sakura cerró los ojos con fuerza y se dejo llevar.

Sasuke aspiro su aroma con fascinación, llenándose sus pulmones de esencia pelirosa. Acarició con su nariz la parte trasera del cuello de Sakura y envolvió sus brazos en la cintura de la chica.

− Sasuke. – suspiró la pelirosa.

− No tienes que tener vergüenza porque yo me acerco o dar respingos cada vez que te toco. – murmuro apegado a su oreja, rozándola con sus labios. Acarició sus brazos y volvió a la posición con la cual habían partido, poniéndose en frente y tocándole la nariz con la punta del dedo. Sakura abrió los ojos, haciendo tambalear al pelinegro. Verde furioso se cruzó con negro azabache. La tensión era palpable. – Habrán escenas donde te tendré que tocar en lugares que no estás acostumbrada, como lo hice ayer. – Sakura frunció el ceño recordando el beso del pelinegro. – Pero las escenas más fuertes las haré con una doble tuya.

− Me parece. – respondió, mordiendo su labio. Sasuke quiso ser él el que lo mordiera. – Una pregunta.

− Dime. – Sakura sintió el aliento mentolado del hombre, envolviéndose en él.

− Los besos ¿no debo meter mi lengua? – Sasuke la miro intentando no reír y sopesando la respuesta. – Es que siempre dicen que los besos de película son falsos.

− Sakura, eso es algo que irás aprendiendo de a poco. – le contestó. − Cuando estés en el momento de una escena así, tienes que dejarte guiar. En este caso, yo haré de tu mentor.

− Dame un beso de película ahora. – le pidió completamente azorada e impresionada consigo misma y su desfachatez para pedirle algo de ese tipo.

− No, Sakura. – respondió cortante y se volteó. – En el set, con mucha gente alrededor lo podemos hacer, acá no.

− ¿Por qué no? ¿Te doy asco? – hizo una mueca de dolor y retorció sus manos. – Sé que no soy una experta besando. Mis estadísticas solo llevan dos besos y es imposible ser buena en algo de lo cual no se tiene práctica.

− Para besar bien no se necesita práctica. – espeto molesto, con él y con ella y esa lengua tonta que tenía para pedirle cosas que no le podía cumplir o más bien, no debía. – Cuando estás en el momento y sientes esa conexión con la otra persona, el beso se da solo. Se sincronizan.

− Mírame, Sasuke. – el pelinegro se volteo con sus ojos completamente oscurecidos de furia, contención y pasión. − ¿Nosotros tenemos química?

− Si. – respondió sinceramente. – y mucha, para mi gusto.

− ¿No te gusto? – Sasuke alzó una ceja. – No me refiero en un ámbito amoroso o sexual. Escuché lo que le decías a tu novia.

− Sakura… − la pelirosa puso una mano delante de su cara para que callara.

− Escuchame. – pidió. – Sé que solo tengo 16 años y que mi cuerpo no es extremadamente bello, pero no doy asco ¿verdad? ¿Te gusto como compañera?

− Sakura, créeme, no quieres saber. – la pelirosa abrió la boca, para luego cerrarla y morderse el labio. Sus ojos se entrecerraron. – Me gustas demasiado. – murmuró.

Sakura sorprendida lo miró intentando descifrar su rictus, pero se encontró con la típica pared que siempre veía y esa frialdad que helaba los huesos.

− Pero…

− Dijiste que no era en un sentido amoroso ni sexual, por lo tanto, si, me gustas y mucho. Creo que tienes pasta para ser una de las mejores actrices, eres linda, simpática, humilde, amorosa y un sinfín de atributos, pero también eres inmadura, irreverente, desfachatada e insolente y esas cosas debemos mejorarlas en conjunto. – se acercó a ella y le revolvió el cabello. – Yo te ayudaré en todo lo que pueda, Sakura.

− Gracias. – respondió sonrojada y arreglando su cabello. Miró el reloj que reposaba sobre la cabeza del pelinegro. – Son las 9 de la noche. Debo irme.

− Te voy a dejar. – Sakura asintió agradeciendo.

El camino a su casa fue en completo silencio, sólo interrumpido por la tenue música que daba la radio. Sakura iba metida en sus cavilaciones. En como enfrentar el día de mañana a toda la producción luego del numerito que se había mandado, pero sobre todo, pensando en Sasuke y esa forma tan sobreprotectora que tenía con ella. Tenerlo de tutor era como un sueño hecho realidad, aunque a la vez, las consecuencias podían ser dantescas y no era por ser fatalista, sino que ser consciente de lo que el pelinegro provocaba en ella.

Sasuke por su parte solo recordaba la cara de Sakura pidiendo ser besada. Esa había sido una prueba a su autocontrol, y al parecer la había pasado con un excelente.

Suspiro y la miró. Iba concentrada en el paisaje que se reflejaba en su ventana.

− Sasuke, ¿mañana hay una escena sexual, verdad? – el pelinegro asintió, mirando a la carretera. − ¿Con quién la harás?

− Con una chica que hará de tu doble. – Sakura asintió. – Grabaran tu rostro haciendo muecas, pero el contacto lo tendré con una mayor de edad.

− Al parecer la idea te gusta. – pico la pelirosa. Sasuke se alzo de hombros. − ¿No sientes nada?

− ¿Cómo nada? – pregunto confuso.

− Ya sabes. – murmuró sonrosada. – ¿No te provoca placer?

− ¿Estás preguntando si me excito? – esbozo una sonrisa de medio lado y la miro. Sakura se tapaba la cara con el pelo, azorada a más no poder. – No, Sakura, no me excito. – le respondió con sinceridad. – Obviamente pasan cosas cuando estás rozándote con otra persona, pero más allá de un leve escalofrió, no pasa.

− Yo tengo una escena con el personaje de Sasori, donde nos besamos y caemos sobre la hierba. – Sasuke no recordaba eso. En cuenta llegara a su casa, revisaría el guión. – Quiero hacerlo.

− ¿Qué quieres hacer? – pregunto estrangulado.

− Quiero hacer esa escena con Sasori. Simplemente nos besaremos y caeremos al suelo, pero no terminaremos en nada. – el pelinegro carraspeo, levemente molesto.

− ¿Te gusta?

− ¿Sasori? – el pelinegro asintió levemente. – Es guapo, pero no. Me cae bien.

− ¿Hay alguien que te caiga mal?

− Si, Kabuto ¿Cómo lo aguantan? Es la persona más intratable que conozco. – Sasuke volvió a sonreír. – ¿Tú lo soportas?

− Eeh… no me va ni me viene, sinceramente. Mientras no se meta conmigo, poco me importa. – respondió. – No te preocupes por él, sabes que tienes el apoyo de casi todos en la producción, así que la opinión de Kabuto no te tiene que importar. – la tranquilizó.

− Gracias.

− Cuando recibas tu primer sueldo, exijo que me invites algo.

− Preparo un yogurt con cereal digno de un restaurant de lujo. – Sasuke soltó una risotada.− Y no hay nada mejor que mi vaso de agua magistral. Le echo hielo para que sude.

− Estas loca. – dijo sin poder aguantar la risa. – Srta. Sakura, hemos llegado a su hogar.

− Muchas gracias, señorito Sasuke. – el pelinegro movió la cabeza fingiendo sentirse superado. – No es necesario que te bajes.

− Espera sentada a que te haga caso. – replico.

Bajándose del carro, ambos entraron al edificio, encontrándose de frente con el portero.

− Srta. Sakura. – llamo el hombre. – Buenas noches sr Uchiha. – Sasuke movió la cabeza a modo de saludo. – Hoy vinieron a dejarle mercadería de un supermercado súper top. Los deje subir ¿hice bien?

− Si. – respondió.

− No. – dijo al mismo tiempo Sasuke. Se miraron. – Motoki no puede dejar que ningún desconocido suba.

− Pero si son los encargados de entrar las bolsas. – defendió levemente molesta. –No haré escándalo porque alguien se mete a mi departamento.

− ¿Perdón? ¿Dejaras que cualquiera suba y se meta a tu casa? – Sakura enrolo los ojos.

− No seas tan literal. Me refiero a que son trabajadores. Dudo que se hayan robado algo. – puso las manos en su cadera y lo miro desafiante. – deja de ser tan protector.

− Me importa bastante poco si te roban o no, pero si me preocupa el hecho de que un día puedes estar sola y un desconocido, que se hace pasar por repartidor de víveres, entre a tu casa y haga algo. – Motoki, que nunca en su vida había escuchado a Sasuke hablar más de 4 palabras, quedo impresionado.

− Motoki, no hay problema. Sasuke ya se va ¿verdad? – el pelinegro alzo una ceja.

− No me iré hasta que revise que en tu departamento no hay nadie. – respondió, metiendo las manos en sus bolsillos.

− Estás siendo extremadamente metiche. – chillo molesta. – Ándate.

− No. – la agarro del brazo y jalo de ella para llegar al ascensor.

− Sasuke ¿acaso no escuchas? – se zafo del agarre y trastabillo hacia atrás, hasta lograr estabilizarse. –Quiero que te vayas.

− Bueno, hoy no es el día en que cumpla tus deseos. – Sakura se sonrojo, recordando la negación que tuvo Sasuke para besarla. – Vamos o me conocerás molesto.

− Estás molesto todo el puto día.

− No seas grosera. – la pelirosa dio un golpe al suelo con su pie. − ¿Puedes avanzar?

− Eres el ser más indeseable que conozco. Superas a Kabuto – chillo.

− Hace un rato nos estábamos llevando bien. – Sakura lo empujo y paso hacia al ascensor. – Eres muy madura. – dijo con sarcasmo.

− Y tú eres bipolar y tremendamente paternalista. – bufó. – Entraras y saldrás. No te quiero ver contaminar mi ambiente con tus malas vibras.

− Para Sakura. – advirtió.

− No, para tú. – la pelirosa estaba pasando de la rabia a la pena. – Déjame tomar mis decisiones.

− Entiende que eres una niña. – Sakura se cruzo de brazos y miró hacia al cielo, pidiendo valor. – Hasta que no demuestres que puedes hacerte cargo de ti misma, me tendrás acá.

− Pobrecita tu novia. No sé cómo te aguanta. – el pelinegro pensó en Fuka y la nula preocupación que sentía por ella. No era que no le importara, pero sabía que Fuka era capaz de cuidarse en cualquier situación y que sus decisiones serían maduras, sin necesidad de tener alguien más evaluándolas. Pensó en decirle eso a Sakura, pero sintió que era desleal y desacreditador. Simplemente se alzo de hombros y siguió escuchando su diatriba. – Eres una bestia.

− Sigue, Sakura, sigue y te arrepentirás. – la pelirosa se poso frente a él, desafiante.

− ¿Me golpearas? – el pelinegro la miro evaluando la situación.

No la golpearía, porque consideraba que eso era la bajeza más grande a la cual un hombre podía llegar. Tampoco la besaría, porque ya lo había hecho una vez y termino lastimándola ¿entonces que hacía? Simplemente se agacho y la tomo por las piernas, posándosela en el hombro, como si fuese un saco de papas.

− Quédate quieta. – pidió cuando Sakura comenzó a golpearlo y a gritarle que la bajara. En el piso 17 se subió una linda rubia de ojos azules que en cuanto lo reconoció se tapo la boca impresionada. – Hola.

− ¿Estás ligando, maldito idiota? – le grito mientras golpeaba su espalda. – Tú, oxigenada, él tiene novia.

− Ya lo sé. – respondió con voz nasal y expresión despectiva. Lo que tenía de bonita, se le iba con su forma de ser. "Equilibrio espiritual". − ¿Nos podemos sacar una selfie? – Sasuke la miró incrédulo ¿acaso no se daba cuenta que iba con una chica sobre su hombro y esta gritaba porque la bajara?

− Lo veo difícil. – respondió frunciendo la nariz. − ¡Sakura! Eso duele. – la pelirosa había subido parte de su camisa y estaba pellizcándolo. − ¡Basta!

− ¡Bájame! – le grito de vuelta.

La rubia que los miraba sin comprender que sucedía, saco su celular y comenzó a grabarlos. Sasuke a manotazos intentaba arrebatárselo, mientras Sakura pataleaba en el aire y golpeaba su trasero con los puños.

En cuanto llegaron al piso de Sakura, Sasuke se volteo y le arrebato el celular a la chica.

− Llama a este número. – le escribió en el celular. – y cenaré contigo, pero no subas el vídeo que grabaste.

− ¡Eres un coqueto! – volvió a gritar la pelirosa. – ¡un puto!

− ¿Será una buena noche? – preguntó la chica, sugerentemente.

− La mejor si así lo quieres. – guiñándole un ojo, salió del ascensor y camino hasta la puerta del departamento de Sakura. Para sorpresa de la pelirosa, abrió la puerta con una llave propia.

− Sasuke, bájame o sabrás lo que es verme enojada. – amenazó.

− Bueno. – la soltó dejándola caer sobre el sofá. Sakura se levantó de inmediato y caminó hacia él, empujándolo. − ¿Puedes calmarte?

− ¿Quién eres tú para hacer lo que hiciste? – bisbiseo. – Me humillaste.

− No hice eso. – respondió mirando su celular. – Debo llamar a Itachi, tengo mensajes de él.

− ¿Y a mí que me importa? ¡Estúpido! – chilló. – Te odio.

− Hace un rato me pedías que te besara y ahora me odias, ¿No crees que tienes un problema de estabilidad emocional?

− ¿Y tú? Eres un amargado, frío e impotente. – susurro.

−No soy impotente. – respondió muy molesto.

− Entonces asumes que eres amargado y frío. – Sasuke enrolo los ojos. – Eres impotente.

− Sakura, te estás metiendo en un terreno en el cual te aseguro, no quieres estar. – La pelirosa se alzo de hombros. − ¿Puedes parar?

− ¡Nunca!, hasta que reconozcas que te comportaste como un troglodita. – dijo Sakura.

− No. – tomo el celular y comenzó a caminar por todo el departamento, buscando algún ser extraño. Sakura le iba pisando los talones y refunfuñando con los brazos cruzados. – Al parecer no hay nadie.

− ¡Bravo! Acabas de descubrir América. – ironizo. – Lárgate y entrégame la llave. – Sasuke alzo la ceja y sonrió burlón. – Te estoy hablando.

− ¿Crees que te la pasaría? – hizo un sonido con la lengua a modo de negación. – Jamás.

− Eso es invasión a la privacidad. Te acusaré con Jiraya. – Sasuke estiro el brazo, entregándole su celular.

− Toma, llámalo. – la chica frunció la boca y tomando el celular lo tiró al suelo rompiéndolo en mil pedazos. − ¿Qué te pasa? ¿Estás loca? – preguntó consternado.

− Oh, lo lamento tanto. – fingió sentirse mal. –Ahora no podrás juntarte con la oxigenada, que pena.

− Sakura, ¿te das cuenta de lo que acabas de hacer? – la pelirosa asintió feliz. – Si, de verdad eres un caso clínico.

− Lárgate de mi casa o las consecuencias serán peores. – El pelinegro la tomo nuevamente por las piernas y la poso sobre su hombro. Casi corriendo llego a la habitación de la chica y la tiro sobre la cama. Sakura estaba asustadísima, reconociendo que se había pasado. Iba a pedirle disculpas y arreglar el embrollo, pero Sasuke estaba furioso. Agarrando las tapas, la envolvió.

− ¡Quédate dormida y deja de ser una molestia! – le grito, algo casi imposible, porque el pelinegro no perdía el control.

− Sasuke. – susurro sorprendida y temblando de pena. La había cagado. Destapándose lentamente lo buscó en la habitación, pero estaba sola.

Salió de la cama de forma sigilosa, pero se encontró con el departamento completamente desierto. Un nudo se alojo en su garganta y carraspeo para intentar tragarlo. Miró al suelo y vio el celular de Sasuke destruido. Un iphone último modelo que le costaría casi 24 meses de su mesada para poder comprar.

Las lagrimas cayeron por si solas, derramándose por su mejillas haciéndole sentir impotente, como una verdadera estúpida. ¿Por qué tenía esas actitudes tan arrebatas? ¿Por qué no podía ser más pensante en los momentos que lo ameritaban?

Tomo el aparato destruido entre sus manos y camino con él hasta su cuarto.

Iba a arreglar el desastre de la única manera que sabía hacerlo. A través del arte.

6.

Neji abrió la puerta con cara de pocos amigos. Era relativamente tarde y no tenía ánimos de recibir visitas, a menos que se tratara de Mei. Ahí podía hacer una excepción, pero en vez de la guapa mujer que lo ayudaba a calentar la cama, se encontró con su compañero de banda: El ruidoso molestoso.

− Hola. – le cerró la puerta en la nariz. − ¡Neji! – escucho desde el otro lado. Enrolando los ojos abrió.

− ¿Qué mierda haces acá? – Naruto se rasco la cabeza sin saber que decir.

− Necesito hablar con tu prima.

− ¿Ah? – una vena comenzó a asomar en la frente del pelicastaño. – No está.

− Neji la cena… Naruto. – Hinata estaba para detrás de su primo, mirándolo sin creer que estuviera ahí. – Buenas noches, Naruto. – haciendo una leve reverencia, se largo.

− ¿No estaba? – pregunto a modo de sarcasmo. – Necesito hablar con ella.

− No me interesa, Naruto. Mantente alejado de mi familia. – quiso volver a cerrar, pero el pie del rubio no se lo permitió. − ¿Tienes estiércol en la cabeza?

− Dicen. – respondió intentado bromear a pesar de la ofensa. – Permiso.

− Naruto, te dije que no pasarías. – insistió Neji, muy ofuscado. – Vuelve por donde viniste.

− Tengo que hablar con tu prima, Hyuga. Y lo haré, quieras o no. – empujándolo, entro al lugar y camino hacia el comedor, donde Hanabi, Hinata y Natsuki comían en silencio.

La irrupción del rubio las sorprendió, pero Hanabi fue la única en actuar con naturalidad.

− Te demoraste ¿eh? – el rubio la miró sin comprender. – Bueno, creo que buscas a alguien en específico ¿o me equivoco? – ¿De cuándo la menor de los Hyuga era tan elocuente? El rubio asintió casi por inercia. – Nat, vamos.

− No los pienso dejar solos. – dijo Neji, dejándose caer en una de las sillas. Miro a su prima y la encontró completamente avergonzada y mordiéndose el labio. – Aquí me quedaré.

− Creo que le contaré a papá que te encamas con una cualquiera. – murmuró Hanabi, mientras daba saltitos para salir del comedor.

− ¡Ven para acá! – Era raro ver al pelicastaño molesto, pero se notaba que en ese instante lo estaba. – Cinco minutos, Naruto y te largas.

− Si, si, si. Vuela. – espeto el rubio, ganándose una última mirada fulminadora por parte de su compañero de banda y amigo. – Hola Hinata.

La peliazul miraba su plato como si ese fuese la última maravilla del mundo. Inspeccionaba cada uno de los relieves de su comida, y como la mezcla entre en el arroz y el orégano era tan heterogénea. ¡Mierda!, ¿Por qué aparecía por su casa? ¿Acaso los últimos dos desplantes no habían dejado entrever que no lo quería en su vida?

− Toma asiento, Naruto. – el rubio se acercó lentamente a una de las sillas, quedando frente a ella y esperando que levantara la cabeza. La peliazul se hizo esperar, pero cuando sus ojos grandes y expresivos se posaron en él, Naruto pensó que podría haber esperado toda la vida. − ¿Qué necesitas?

− Explicaciones. – la chica coloreo sus mejillas, pero siguió manteniendo esa postura fría y distante. − ¿Qué hice?

− ¿Perdón? – preguntó confusa.

− ¿Por qué… por qué ya no me quieres? – la chica frunció el ceño, mientras Naruto retorcía sus manos. Cuando el rubio pensó que el silencio era la respuesta, escucho una leve risa. Corta, sigilosa, pero risa. Se estaba burlando. – Hinata…

− Lo lamento. – pero no lo hacía. – Me gusta Kiba.

− ¿Sabes que Kiba tiene una relación con Natsuki? – la peliazul por primera vez en toda la conversación se sintió sorprendida. – Aunque debes estar contenta. Natsuki termino con él para que tú pudieras ser feliz. ¿En qué te has convertido?

− Yo… yo… no sabía. – tartamudeo consternada. – Si hubiese…

− ¿Las cosas serían distintas? – preguntó molesto. – Sé que no eres una mala chica, Hinata, pero deberías ver que detrás de ti hay más gente.

− Nunca… nunca lo dijo. – volvió a tartamudear y sus ojos se llenaron de lagrimas.

− ¿Te gusta Kiba? – la pregunta sonaba tan fácil y simple, pero Naruto se había tenido que armar de valor para poder sacarla a flote. Sabía que una respuesta afirmativa, lo destruiría, pero también tenía claro que la mejor forma de enfrentarse a una pena, era directamente. Cercenar sin compasión.

− No. – y los colores le subieron. Naruto soltó el aire contenido y no pudo evitar esbozar una sonrisa. – Fue… fue un arrebato… decir eso. – confeso. Sus ojos pálidos lo miraron con pavor. − ¿Destruí su… relación?

− Un poco, pero se puede solucionar. – carraspeo. – Debes hablar con ella y aclararle todo.

− Soy una tonta. – murmuró bajito y a punto de largarse a llorar. – Gracias… gracias por venir a decírmelo. – A pesar de eso, Naruto aun sentía la distancia que la chica intentaba imponer.

− ¿Qué hice mal? – preguntó nuevamente, como la vez anterior y ahora esperando una respuesta satisfactoria.

− Meterte… con otras… chicas. – las mejillas de Hinata se volvieron más granate.

− ¿Tú me quieres? – la peliazul se levantó de golpe y salió del comedor.

Neji entro como relevo y lo levantó agarrando el pecho de su polera.

− ¿Qué le hiciste? – sus ojos lanzaban dagas de fuego.

− Nada que te importe. – el rubio se zafo del agarré y arreglándose la ropa, se giró saliendo del lugar.

Desde una ventana alta en la mansión, se veía la silueta de una linda chica, reposando su cabeza en el vidrio y viéndolo salir como alma que lleva el diablo. Suspiró y enjuago las lágrimas que corrían por sus mejillas.

− Naruto… yo no te quiero. – murmuró, mordiendo su labio, intentado contener los sollozos. – Yo te amo.

7.

− Disculpe el retraso, maestra. –Sakura entro al aula jadeando, mientras la profesora de inglés la hacía pasar a regañadientes. Si la chica no tuviese tantas regalías, no la aceptaría en sus clases. No tenía ni la altura, ni la clase que tenían el resto de sus alumnas. Y revisando sus informes, su familia tampoco pertenecía a algún clan importante, sólo era una actriz emergente.

La pelirosa ignoro el cuchicheo que se formo a su alrededor. Era algo común. Lanzando su bolso sobre su mesa, se sentó, pasando por al lado de Hinata. Está no levantó la cabeza para saludarla, ni siquiera para darle una sonrisa. Sakura frunció el ceño y le tomo la mano.

− ¿Pasa algo? – Hinata negó levemente y siguió pendiente de la clase. Sakura necesitaba saber que le pasaba a su recién estrenada amiga y fiel a su estilo, buscaría la respuesta.

Holaaaa! ¿Ke tienes?

Le paso el pequeño papelito con mesura. Hinata lo miró y miró a Sakura. La pelirosa con un gesto, la insto a que lo tomara.

A los segundos llego su respuesta.

¿Amor?

Sakura se sintió confusa en cuanto leyó lo que estaba escrito. Tomo nuevamente el lápiz, pero un leve dolor en sus manos le hizo detenerse para tomar aire. Tenía sus dedos cortados, al igual que las palmas. Apretando los labios y conteniendo el ardor, volvió a escribir.

¿A kien tenemos ke golpear?

Hinata sonrió con tristeza y sintió sus ojos aguarse de nuevo. Pensó que no le quedaban lágrimas, luego de haber estado la noche en vela, soltando su dolor, pero se equivocaba, porque nuevamente sus ojos ardían.

A Naruto.

Sakura casi dio un grito cuando leyó el nombre y la miró buscando una explicación, que obviamente no llego, porque la peliazul estaba metida en su cuaderno haciendo la tarea y tomando apuntes. La pelirosa se cruzo de brazos y espero con ansías el receso para poder averiguar mejor lo que realmente sucedía.

Pasaron los minutos lentamente. – como suelen pasar en la escuela. – Y luego de las últimas despedidas, Sakura guardo sus implementos rápidamente en su bolso y jalo a Hinata del brazo, aguantando el dolor. Caminaron hacia una de las partes más alejadas de la escuela y sentándose sobre el pasto, se miraron.

− ¿Qué te hizo? – la peliazul agacho la cabeza y se alzo de hombros. – Hinata, me asustas.

− Creo que el receso… será muy corto para… contar todo – y más aun, pensó la pelirosa, si Hinata hablaba con tanto tartamudeo.

− Cariño, tienes que relajarte y hablarme cuando lo creas prudente, pero solo necesito que me digas algo. –la peliazul asintió. − ¿te lastimo?

− ¿Anoche? – Sakura abrió los ojos, sorprendida al saber que Naruto le hacia visitas nocturnas a su amiga. – A lo largo… a lo largo de nuestra… relación, me ha hecho… daño. – la pelirosa asintió, comprendiéndola. Al parecer, la historia daba para largo.

− ¿Y porque sufres? ¿Lo quieres? – Hinata mordiendo su labio y soltando las lágrimas contenidas, asintió. – Pero si te hace sufrir, no merece ser amado.

− Es que… es que no es que me… haga sufrir. – hipo. – Naruto es bueno…

− Pero si es bueno, ¿Por qué lloras? – Hinata sollozaba sin parar, con sus ojos cristalizados y mejillas rojas de tanto refregárselas.

− Sakura… − sin creerlo, la peliazul se lanzó a sus brazos y la abrazo fuertemente. Sakura entendió que no era el momento de pedir explicaciones ni razones. Simplemente tenía que estar ahí, sosteniéndola a su lado, acompañándola en lo que era, al parecer, un duro proceso.

− Tranquila, Hinata. Aquí estoy para ti. – le murmuro al oído, mientras acariciaba su espalda.

Pasaron varios minutos así, Sakura siendo un bálsamo para el dolor de la peliazul. Cuando la campana de fin del receso sonó, se separaron lentamente y caminaron hacia el aula, pero antes, la pelirosa paso al negocio de la escuela y le compró un agua, así le calmaría un poco los hipidos.

Las clases fueron como siempre tediosas y muy exigentes. Las matemáticas nunca fueron lo suyo, aunque historia universal repuntó, porque era un área que le fascinaba.

Mientras hacía el informe sobre la construcción de la "Gran Muralla China", ayudándose por su libro, una hoja apareció entre sus apuntes. Venía por parte de Hinata.

Sakura la desdobló de inmediato y comenzó a leer lo que sería la explicación de todo lo que pasaba.

Historia de Hinata

Conocí a Naruto cuando solo tenía 12 años. Para mí, fue el chico más lindo y tierno que hubiese visto en mi vida. En parte, eso se vio influenciado por el poco contacto que tenía con el género masculino, dado que tanto papá como Neji, impedían que yo me relacionara bien con los hombres.

Dentro de toda mi timidez, recuerdo que me acerqué a ellos (estaban todos los de la banda y Sai, uno de los chicos que se salió, pero sigue siendo amigo) y completamente roja los saludé. Naruto fue el que más me tomo atención – no sabes lo feliz que fui con eso – e incluso me dio una sonrisa, mientras revolvía mi cabello. Neji, que estaba un poco más allá, con un empujón lo alejó de mí y al parecer le advirtió sobre mi edad y lo inalcanzable que era.

Naruto tenía 20 años (Sakura abrió la boca. Hinata se llevaba por menos que ella con Sasuke, pero a esa edad, era muy notoria la diferencia) Era imposible pensar en que el se fijaría en mi.

Pasado los años, las cosas comenzaron a cambiar. Naruto iba a nuestra casa y yo me esmeraba por verme linda. Él simplemente me sonreía y me hablaba banalidades. – banalidades que para mí, eran la resolución del mundo o la explicación más perfecta de la creación humana. – endiose cada una de las cosas que me decía. Cree en mi cabeza una idealización, que al final, termino destrozándome.

Para él, los años también trajeron otras cosas. La fama, el dinero, las mujeres, las fiestas, etc., pero aun así, yo me sentía capaz de perdonarle todo y estar a su lado.

En mi cumpleaños número 14, mis padres hicieron una pequeña fiesta, invitando a los más cercanos. Con ayuda de Hanabi, convencimos a Neji de que invitara a los chicos de la banda; Sasuke no pudo ir porque estaba rodando una película en Alemania. Shikamaru se iba de vacaciones con Temari (su novia) y Sai, comenzaba recién su carrera de Antropología y viajaba a Egipto.

Kiba y Naruto se presentaron. El primero llegó solo, y comenzó una charla con Natsuki (la chica que trabaja en mi casa y a la cual le acabo de romper el corazón) y Naruto llego con Samui, una hermosa rubia de pelo hasta los hombros y ojos azules

Mi pecho se apretó en cuanto los vi juntos. Naruto se acercó a mí acompañado de ella y me la presentó como su novia. Yo no sé cómo pude sostenerle la mirada, porque simplemente sentía mis oídos taponeados y mi corazón latía desbocado. Estaba triste. Natsuki, quien vio la escena, me rescató aludiendo que tenía compromisos que cumplir por ser la cumpleañera.

Nos encerramos en un baño y lloré durante dos horas, sintiéndome miserable y estúpida por albergar sentimientos por un hombre que no me veía más que como "la pequeña prima de su amigo". Ese día, pensé que mi vida amorosa se acababa y que Naruto quedaría enterrado en el pasado, pero no fue así.

Pasando el tiempo, Naruto se presentaba mucho por mi casa y cuando no estaba Neji, lo esperaba junto a mí, mientras yo practicaba piano. Conversábamos de trivialidades – que para mí ya no eran tan geniales como en un principio, pero seguían disparando mis latidos. – y nos reíamos de ciertas situaciones.

Él nunca me hablo de su novia, pero yo sabía que seguía con ella. Por revistas me enteraba que iban y volvían todo el tiempo y que entremedio de esos lapsos, había otras mujeres. Naruto, el lindo chico con sonrisa encantadora, era un completo Casanova y eso no me gustaba.

Cuando cumplí los 16, esperaba que por fin el se fijara en mi y comenzara a verme como una mujer, pero grande fue mi sorpresa al saber que nuevamente estaba con otra chica. Una nueva novia, que al parecer, no era ligue de una noche: Kurumi Hasegawa. (Sakura supo de inmediato quien era. Una idol muy conocida en Japón, que tenía una voz privilegiada y que alguna vez había hecho un dueto con la banda de Sasuke) Ella era hermosa. Alta morena y de pelo oscuro hasta la cintura, ondulado y brillante. Sus piernas eran perfectas y su cuerpo de infarto… yo no tenía nada con que competir.

Sentí rabia y pena, quise odiarlo, pero me era imposible, porque lo amaba…

Sakura miró detrás de la hoja, pero no había nada más escrito. ¡Ese no podía ser el final! Buscando respuestas miró a Hinata, quien le entrego un nuevo papel. Sakura presurosa comenzó a leerlo.

Me obligue a olvidarlo, pensando en otros chicos y aceptando invitaciones. Neji me descubrió una vez, comiendo un helado con Riko, un compañero de las clases de piano. Para mi desgracia – o quizás suerte – iba con Naruto y este lo calmo, tomándolo de un brazo. Ese día descubrí que él no me quería, porque ni siquiera se había puesto celoso, y no es que yo buscarla ponerlo en ese estado, pero por las casualidades de la vida nos topamos en esa situación y él no esbozo ningún tipo de contradicción.

Mi pena acrecentó y comencé a detestarlo ¿Qué me faltaba a mí? ¿Por qué no era conversadora? ¿Mi timidez le parecía inmadura? Las preguntas me torturaban y no sabía cómo sacarlas afuera. Muchas veces llore a gritos, siendo contenida por Hanabi y Natsuki, hasta que un día dije: "Basta" y paré. Me prometí salir adelante y comencé a hacerlo paso a paso. Disfrutaba de las clases de piano, o de comer algún helado con amigos. De reír con las chicas o mirar televisión sin estar pensar en tareas ni en él. Ya no me vivía comparando con parejas felices en el parque, ni me imaginaba con Naruto haciendo lo mismo. Comencé a vivir por mi y nada más.

Pero cuando comenzó mi cambio de actitud, él también cambio. Iba más a mi casa, mucho más que las veces anteriores − cenaba con nosotros, compartía con mi padre y ayudaba a Hanabi en sus clases de teatro. Era un asiduo visitante. También aparecía por mi escuela de piano y me iba a dejar a casa, para que así no sufriera ningún "traspié".

Comencé a ilusionarme de nuevo ¿Cómo no? E intentaba cambiar mi actitud con él. Le sonreía a medias o le hablaba, pero siempre manteniendo las distancias, hasta que un nuevo remezón llego a mi vida.

Antes de que tú aparecieras en escena, la banda de los chicos se tomo unas vacaciones (Volvieron a encontrarse cuando empezaron las grabaciones de tu película), pero antes de eso, llevaban dos meses sin ensayar juntos. Simplemente se juntaban de repente a conversar de la vida. El primer mes transcurrió sin grandes novedades, y con Naruto metido mucho tiempo en mi casa, junto con Kiba, pero al segundo mes, todo cambio.

Kiba venía solo y cuando Hanabi le preguntaba por Naruto. – Lo hacía por mi – Este decía que no sabía. Comencé a desesperarme, ¿le habría pasado algo? no, no le había pasado nada, simplemente se estaba encamando con una nueva chica. Una desconocida mesera. Por lo que contaba Kiba, cuando le sacábamos información, era que la chica era bajita, de pelo oscuro y muy blanca.

Hanabi y Natsuki decían que era una forma de reemplazarme, pero yo ya no estaba. – ni estoy. – para cuentos, así que las ignoré. Naruto me había decepcionado tantas veces, que prefería alejarme por completo de él, y de las cosas que me traía quererlo. Aislé mis sentimientos a la parte más lejana de mi corazón, acallando los gritos de desesperación que lanzaba. Ya no tenía lágrimas, ni tiempo para el dolor. Simplemente me tenía a mi misma y a mis ganas de ser distinta.

Cuando apareciste tú, me sentí acompañada y aunque sé que llevamos poco tiempo siendo amigas, siento que esto durara para siempre.

A la vuelta de todos los de la banda, volvió a aparecer por mi casa, pero esta vez sí que lo ignoraba. Me sentaba lejana a él y si me hablaba, respondía con frialdad. Cuando aparecía por mis clases de piano, le decía que no se preocupara, que me gustaba caminar. Hace unos días casi me atropello (Sakura abrió los ojos sin creerlo y la miró. Hinata estaba metida en la clase), pero no paso a mayores, alcanzó a frenar. Se ofreció a llevarme a casa, acepté y también me invito a un helado, pero me negué. Su cara se desfiguró, pero asintiendo, partió el auto y nos largamos de ahí.

Ayer por la mañana, me fue a buscar a mi clase de piano y entre sus chillidos y piropos, se ofreció nuevamente a llevarme, pero me negué. Él me miró confuso y me preguntó que había hecho mal para que lo tratara así. Le dije que no me interesaba y que me gustaba Kiba. (Sakura estaba estupefacta leyendo. Todo ese embrollo era digno de teleserie) Le reconocí que era una buena persona, pero que no estaba obligado a mantenerse cerca de mí y salí caminando de ahí. Él no me siguió y a pesar de que me hubiese molestado que lo hiciera, también había una parte de mi que lo deseaba con ansías.

Anoche llegó nuevamente a mi casa y todos se alejaron para dejarnos a hablar. Volvió a preguntarme que me pasaba a mí con él y yo me reí burlonamente, pero por dentro estaba devastada. Me contó que Kiba y Natsuki tenían una relación, y que ella lo había terminado porque quería verme feliz, y al lado de Kiba sabía que lo lograría. La cosa se salió de control, y todo lo que había planeado, se derrumbó.

Destruí el corazón de Nat, de Kiba y de paso el mío. Anoche apenas se fue, fui a hablar con Natsuki y arreglamos todo. Espero vuelva con Kiba y estén felices nuevamente.

Siento como su me hubiese convertido en una mala persona. Calculadora y fría, pero no soy así. Sé que Naruto es un buen chico, pero no lo quiero cerca mío, porque sé lo que me provoca.

Todo es tan confuso, Saku… Quiero comer un bote de helado de vainilla. ¿Me acompañarías?

Gracias por leer todo esto. Se me da mejor escribir que hablar.

Sakura levantó la vista en cuanto termino la última frase y la miro. Tomando un pequeño pedazo de papel, le respondió.

Que sean dos botes y ojala encontrar dos chicos de NUESTRA EDAD para compartir momentos de calidad.

Una leve risa, sigilosa para no ser descubiertas, y la promesa de que más tarde, tendrían un día de chicas, para destrozar chicos.

Sakura volvió a mirar sus manos y a pesar de que el dolor seguía latente, sabía que era por una buena causa.

En su mochila reposaba un celular a medio arreglar y también, la esperanza de que el perdón llegara.

Cerró los ojos y pensó en Sasuke.

¿Cómo sería la escena sexual?

− Quien sabe. – murmuró y volvió a sus estudios.

La muralla China la esperaba y no le daría la espalda.


Ohh Chicas, he vuelto. Contesté todos los reviews por interno, pero no subí el capítulo, porque debí salir urgente. Ya estoy acá y aquí tienen su dosis personal de "Mi Delito" xDD La verdad, es que cuando vi la cantidad de reviews, casi me pongo a llorar. No se imaginan el esfuerzo que yo pongo para traerles algo interesante, entretenido y que sea de su total agrado. Es un trabajo de mucho tiempo en el cual partí sabiendo nada, y ahora puedo decir que comienzo a escribir mejor, por lo mismo, las motivo a ustedes para que hagan lo mismo. No teman en escribir sus propios fic's y entregar algo tan lindo como es una historia sobre sus personajes favoritos. ¿Qué más puedo decir? Que lxs quiero mucho. Gracias por estar acá y acompañarme en esto y espero no decepcionarla.
No soy de dejar fic's a medias (y aunque tengo uno inconcluso, sé que lo terminaré) así que no duden de eso. Siempre me tendrán acá, subiéndoles aunque me demore.
Abajo contesté los review's sin cuenta, así que busquen su nombre y ya está.
Un besote enorme desde mi Chilito.
Nos leemos prontamente.

LilyLoop

Kubl: Te respondo por acá, porque no te logueaste xD. Que bueno que te haya gustado el cap anterior. Lo hice con mucho amor. Hahahha, Sasuke se muere al saber que Sakura lo veo como un hermano mayor o padre. Juugo es un lindo e Ino igual. Shika tiene que sufrir lo que corresponder. Con el sufrimiento viene el aprendizaje, cariño. Ojala este nuevo capítulo te haya gustado y te loguees para la próxima, así te respondo en privado xDDD Un besote enorme, espero leerte!

Who: Gracias por considerar que mi historia es buena y está bien narrada. Me esfuerzo harto en crear algo coherente y que tenga cohesión. Soy bien preocupada con eso, aunque a veces se me pasan cosas (cuando las veas, no dudes en decirme) La gente es weona desde tiempos inmemorables xDDD. Y si conozco los términos. Soy chilena de Chile, así que me puedes hablar con todos nuestros modismos y comprenderé xD. Espero el nuevo capítulo te guste, y también dejes tu opinión. ¡Hazte cuenta! Así te respondo por interno. Saludos linda y gracias por comentar!

Kiara: Que bueno que te hayas reído. Todas mis historias traen altas cuotas de humor. No me gusta mucho el drama, aunque a veces es necesario. Ojala el nuevo capítulo te guste y también comentes. Un abrazo enorme y también te pido ¡Hazte cuenta! Puedo responderte por interno y aclarar dudas si es que las tienes. Cuídate mucho y gracias por comentar!

CerezaDelPastel: ¿Crees que hago arte? De verdad tu comentario provocó algo en mi. Ha sido tan largo el trabajo como escritora de fan fic, donde he partido desde cero, para poder llegar ahora a algo mucho más decente. Todavía me falta mucho, pero no me gusta la falsa modestia y reconozco que he avanzado. De verdad muchas gracias por considerar mi historia como algo bueno y ojala te siga gustando. Espero leerte en este nuevo capítulo y gracias por comentar ¡Hazte cuenta! Así respondo como se debe, por interno xDD. Besos!

Andre: Me alegro de que valores eso. Soy tan perfeccionista para mis cosas y trabajo harto para logra satisfacerme y así traer algo decente para que lean. ¡Genial que te guste la trama! Igual siento que es algo bastante manoseado, pero quiero llevarlo desde otro punto. Algo más emocional y como se relacionan las personas, que no van directo al beso o al sexo, como se ve en muchos fics (según yo, ahí se pierde todo lo bueno, cuando no hay un desarrollo de personajes) Seguiré preocupándome de la gramática y las faltas ortográficas, como también la coherencia y cohesión. Un abrazo enorme, ojala seguir leyéndote y porfa ¡Hazte cuenta! Así te respondo por interno. Cuídate mucho y mil gracias por comentar!

May: ¡Bienvenida a mi fic! ¿No considerabas que era necesario dejar review? Pero mujer, esa es mi paga xDDD. Nah, tranquila, a mi también me daba flojera antes y un poco de vergüenza, pero con el tiempo, entendí que era algo necesario si es que quería tener a mi autora feliz hahaahah. La verdad es que me he preguntado si piensan que es un poco lento, pero con tu comentario, me tranquilizo un poco. He ido relacionándolos a todos, pero tampoco quiero lanzarlos a una lavadora y mezclarlos de inmediato. Se pierde la magia, creo. Y seguiré respetando los tiempos, de eso no dudes ;). Me alegro de que encuentres ese noséqué que ten envuelve. "Trabajamos para su satisfacción" xDD. Gracias por comentar, May y espero seguir leyéndote por acá. Ojala te guste el nuevo capítulo. Un abrazo y ¡Hazte cuenta! xD

ConyM: ¡Me encanta que te encante! xD. Ojala el nuevo capítulo también te guste, y dejes tu comentario por acá. Sigue enganchándote de mi escritura. Un abrazo enorme y bienvenida. Como final te diré ¡Hazte cuenta! xDDD Cuídate

Sharingan0: ¿De verdad lo leíste una y otra vez? Demás que encontraste más de un error xDD. Si es así, házmelo saber. Gracias por darle una oportunidad a mi fic y ojala el nuevo capítulo también te guste. Un abrazo enorme y espero leerte nuevamente. Como le he dicho a todos los anteriores, por favor ¡Hazte cuenta! Así te contesto por interno xD. Un besito

Guest: Gracias por tenerme esa confianza. Me demoré un poco más, pero ya llegué con capítulo nuevo. ¡Fiesta! xDD. Un abrazo y por favor ¡hazte cuenta!, cuídate mucho y gracias por comentar!

NaruhinaLOVE: Primero que todo, gracias por haber comentado en todos los capítulos. Pocxs lo hacen y la verdad es bonito leer a alguien que se da ese tiempo (no desmerezco a los otros, por si acaso, sólo me pareció un lindo gesto) Ya actualice y sé que este capítulo te gustará porque hay harto NaruHina y se entienden varias cosas. Un abrazo enorme, muchas gracias por comentar y espero seguir leyéndote. Otra cosa ¡Hazte cuenta!, mujer. Así te respondo por privado y contesto tus dudas, si es que las tienes. Nuevamente agradecida de que pienses que es una buena historia. Cuídate

Mirai Sekai: ¡Feliz cumple atrasado! Que mal que lo hayas pasado mal en tu día, pero me alegra haber contribuido un poquito para que se mejorara tu día. Esas cosas engrandecen mi corazón xD. Seguiré trabajando harto en dejar bien el fic, como he dicho en repetidas ocasiones, aunque eso me lleve a la cárcel xDDDD (me dio risa esa parte) Un abrazo enorme, ojala te siga sacando sonrisas (y lagrimas, soy DarkLilyLoop) Espero seguir leyéndote por acá y como le he dicho a todas ¡Hazte cuenta! Cuídate mucho y nos leemos!

Cafune: Tú cuenta no recibe mensajes internos, así que te contestaré acá. Lo de los reviews, al parecer, se está solucionando xD. Sakura tiene una personalidad de una chica adolescente, por ende, tiene que ser destellante e inocente (aunque no todas son así xDDD) Me preocupó de las historias secundarias, porque son importantes. Nuestra vida, no es solo nuestra historia. Se hace de muchas historias que chocan entre sí y nos convierten en lo que somos ¿no? Si, vi el error y lo corregiré cuanto antes. Un abrazo enorme, ojala sigas comentando y te siga gustando la historia. Nos leemos!