Disclaimer: Aplicado

50 páginas !


Mi Delito
Capítulo IX
¿Destino, casualidad o simple suerte?

Hold on darling
This body is yours this body is yours and mine
Well hold on my darling
This mess was yours
Now your mess is mine
Mess Is Mine: Vance Joy

1.

− Sr Uzumaki ¿qué opina usted de toda la parafernalia que genera su amigo? Se conocen desde pequeños y supongo que lo ha visto en sus peores facetas. – la mujer frente ellos, tenía una libreta donde anotaba todo, aparte de la grabadora que se encontraba sobre la mesa de centro.

Naruto sonrió incomodo mirando a Sasuke. Era como si el pelinegro no estuviera ahí. Mentalmente estaba en otro lado y eso era notorio para cualquiera que lo conociera.

− Eeh… − se rascó la cabeza achinando los ojos y fingiendo estar feliz. – Creo que Sasuke es más de lo que la gente ve en televisión. Puede ser hosco, agrio, mal genio, idiota muchas veces, desagradable, petulante… − un fuerte golpe en la cabeza lo hizo detenerse. Volteó su rostro para mirar a Sasuke, que apretaba la boca y respiraba fuertemente por la nariz. − ¡Eso dolió, teme!

− ¡Deja de hablar de mí, dobe! – gritó.

− Wow, esto quedará genial en el artículo. – Sasuke la fulmino con la mirada. – Ok, no.

− Naruto es mi amigo porque no pude deshacerme de él. Si fuera por mí, hace bastante tiempo lo hubiese desechado. – se cruzo de brazos y sonrió con majestuosidad. Era el puto amo.

− ¿Qué opina de eso Sr Uzumaki? – el rubio ofuscado, miró a la chica luego de enviarle una mirada sentida a su amigo.

− Creo que es un idiota de tomo y lomo por no saber valorarme. – Sasuke se largó a reír, sorprendiendo a los dos. Era raro escuchar las carcajadas del pelinegro, es más, se paraban los pelos al oírlo. – Está loco.

− Sr Uchiha, supimos que su relación con la Srta. Fuka no está en los mejores términos ¿Qué puede decirnos sobre eso? – el moreno guardo silencio algunos segundos y se acomodo mejor en su silla.

− Nunca he hablado de mi vida privada y no comenzaré ahora. – respondió hoscamente. – Me dijeron que está entrevista sería sobre mi relación con el dobe.

− Sí, lamento haberme desviado, pero el tema salió a relucir está mañana y tenía que preguntarlo. – levantó los apuntes y sonrió apenada. – Ya saben, ordenes editoriales.

− Bueno, pues dile a tus "editores" que ni ayer, ni hoy, ni mañana hablaré sobre las chicas con las que estoy. –siseo. Naruto lo miro de reojo. − ¿Alguna otra pregunta?

− Sí. – suspiró apenada. − ¿Cuándo comienza está amistad? ¿Es verdad que pasaron casi toda su escolaridad juntos? – miró a Naruto. El rubio era tres veces más tratable que el Uchiha.

− Nuestras madres son amigas desde pequeñas. Crecieron juntas y siempre soñaron con tener hijos al mismo tiempo. – Naruto sonrió. – Nunca fuimos compañeros de clase. Sasuke es un año mayor y con la cabezota que tiene, logró adelantarse varios cursos. Fuimos a la misma escuela y conocimos a la misma gente: Shikamaru, Neji, Kiba y Sai son de ahí. – Sasuke carraspeó. – El teme aparecía por allá siempre que tenía tiempo libre. Por culpa de sus grabaciones, a veces lo veíamos con suerte una vez al mes, pero con el tiempo, me di cuenta que la actuación comenzaba a quedar de lado…

− No digas eso, idiota. – advirtió el pelinegro, tomándose el puente de la nariz. –Si sales con la estupidez de que yo me iba a la escuela para mirar chicas, te pateare el culo. – Naruto sonrió zorrunamente.

− Es la pura y santa verdad. – el rubio se volteo hacia la periodista. – Sasuke comenzaba aparecerse más seguido. Su despertar hormonal lo obligó a buscar chicas, dado que en el mundo del espectáculo casi ninguna llamaba su atención. – Sasuke se levantó bruscamente, asustando a ambos, pero se dirigió al bar que había en el salón del hotel y se sirvió un vaso de Whisky.

Era su forma de mirar disimuladamente el celular, para ver si tenía noticias de cierta pelirosa.

Sólo había mensajes de Jiraya y Yamato. Tenía todo ese fin de semana libre, porque las grabaciones se habían detenido. El día lunes tendrían junta directiva para ver que podían hacer. Todo había quedado en Stand By, luego de la renuncia impuesta a Sakura.

Cuando lo dejo dentro de su camarín, sin saber qué hacer, todo cayó dentro de su cabeza. El hecho de que muy probablemente no la volvería a ver, le revolvía el estomago y esa sensación era tan nueva, como despreciable.

− ¿Sr Uzumaki? – Naruto reacciono y siguió dando las respuestas que la mujer buscaba.

− Sasuke comenzó a conocer chicas, como también dejo entrever su pasión por la música. – el pelinegro recordó esa época con afecto. – Se metía al salón donde se guardaban todos los instrumentos y tocaba lo que encontraba: Violín, batería, chelo, arpa, piano, teclado, guitarra… A cada uno le sacaba su potencial y hacía arte. – miró a su amigo. –No te estoy halagando, así que no te creas lo mejor.

− Salud, Naruto. – dijo el pelinegro levanto su vaso, burlándose del rubio.

− En fin, la cosa es que además de ver chicas, tocaba instrumentos y cuando lo escuché cantar, supe que también tenía facultades para eso. – el rubio le hizo un gesto a su amigo para que fuera donde ellos. – Siempre sentí que Sasuke era superior al resto. Tenía una cabeza brillante, una carrera reconocida a nivel mundial a pesar de tener solo 16 años, entonces me dije: "¿Por qué no acompañarlo?" Lo conocía y sabía cuál era su nivel de exigencia. – el pelinegro carraspeo.

− Naruto fue el que le puso calma a mi descontrolada sed de perfeccionismo. – murmuró, sorprendiendo a la periodista. – Trabajé con él y le exigí que sacara toda su genialidad o se podía ir a joder a otro lado. – una pausa, para luego acotar. − No me decepciono.

− No es que Sasuke sea el dueño de la banda, pero la idea creativa es de él. Lo que tocamos, muchas veces nace de sus dedos y con la ayuda del resto, lo perfeccionamos. – suspiró. – Al principio costó acomodarse, pero lo logramos. Sasuke siempre ha demostrado su compromiso con nosotros, a pesar de tener ese nivel de presión en los hombros por su carrera actoral.

− ¿Consideras a Naruto es como un hermano? – el pelinegro miró de refilón al rubio.

− Sí. –respondió escuetamente, para luego beber de su vaso. No quería que notaran su sonrisa.

− ¿Ves que me amas? – Sasuke enrolo los ojos.

− ¿Alguna vez les ha tocado enamorarse de la misma chica? – ambos quedaron pensativos.

− Creo que sí, cuando teníamos como 14 o 15 años. – Sasuke frunció el ceño, sin recordar. – La chica francesa que estudió una temporada con nosotros.

− Aah, Amalie. – dijo recordando. – Sí, nos gustó a ambos, pero eligió al dobe porque yo era demasiado famoso.

− ¿De verdad esa fue su respuesta? –ambos hombres asintieron sonriendo con incredulidad, como si todavía no dieran crédito a que esa fuese su excusa. – Digo, si a mí me dieran a elegir, también erigiría a Naruto, pero es por un tema de personalidad. Sin ofender, Sasuke, eres demasiado mandón.

− No eres la única que lo piensa. – la chica se alzó de hombros. Era agradable conocer a una mujer que no se le tirara encima.

− Prosigamos ¿Alguna vez han peleado llegando al límite de no hablarse?

− No, generalmente cuando discutimos nos arreglamos de inmediato. – respondió Naruto. – Hemos llegado a los golpes y así botamos nuestras tensiones.

− ¿Se han golpeado? – pregunto asombrada.

− Claro que si, ¿o crees que es fácil lidiar con la idiotez hecha humano? – respondió Sasuke mordazmente. La chica se mordió el labio, intentando no sonreír luego de la seudo broma del pelinegro.

− Las peleas generalmente terminan de la misma forma que comenzaron: En nada. – respondió el rubio, ignorando el insulto. La periodista rió abiertamente.

− Considérate un afortunado, no muchos tienen la suerte de decir que salieron casi intactos de una pelea conmigo. – nuevamente el ególatra que vivía dentro de Sasuke, salia a relucir. Le encantaba llamar la atención.

− ¿Fuiste un chico problema? – prosiguió la periodista. El "uuh" de Naruto, acompañado de ese gesto bien característico del "si supiera" fue toda la respuesta. Estaba entrando a un terreno caliente.

− Digamos que a Sasuke no le gusta que le toquen las bolas y habían muchos idiotas que lo molestaban. – el rubio se enserio. – Hubo un tiempo, donde a Sasuke no lo dejaban en paz. Gritaban muchas cosas, como que era el "niño bonito" o el "famoso Uchiha" de forma sarcástica. – la chica se imagino a un pequeño Sasuke siendo molestado hasta el hartazgo y le dio pena. – Hey, no pongas esa cara. Sasuke no era de los que agachaban la cabeza y caminaba.

− ¿Peleabas? – le pregunto está vez, mirando directamente al pelinegro. Sasuke se alzó de hombros.

− Tenía que hacerlo. – la chica escribió con rapidez en su cuaderno de anotaciones. – Eran ellos o yo.

− Siempre salió vencedor. − aporto el rubio, como un padre orgulloso.

− Tengo que preguntarles esto. Espero Sasuke, no te molestes. – Lo tuteo, aunque no le molesto. Odiaba el mote de "Sr Uchiha" Tenía 25 años, no 80. – Naruto, en la época más turbia de Sasuke, ¿Qué pensabas?

− Que se comportaba como un verdadero imbécil. – el rubio bajó la cabeza y miró sus manos. – En algún momento creí que lo iban a encontrar muerto y el momento más crítico fue cuando lo encontraron inconsciente por una sobredosis. No entendía por qué actuaba de manera tan autodestructiva siendo que tenía una vida de ensueño. Pronto comprendí que él necesitaba ayuda y que no había que entender las razones, sólo estar ahí.

− La fama trae muchas cosas, y muchos falsos amigos que te influencia un montón a cometer errores. – acotó el pelinegro. Era la primera vez que se refería a ese episodio tan oscuro y poco enorgullecedor que manchaba su historial. – Tenía 17 años, acceso a muchas drogas, dinero y mujeres ¿Qué esperabas? Era como un puto auto sin freno. Me sentía un Dios, hasta que choque con la realidad, encontrándome sumido en las drogas.

− Tigre negro. – el pelinegro asintió, recordando ese apodo que lo había perseguido. – Nació en ese momento.

− Sí, ahí nació la leyenda. – susurro casi con cobardía. – Es difícil desligarse de algo tan pesado como ese pasado, más aún cuando se me ocurrió la genial idea de tatuarme un tigre negro. – el rubio rió.

− Creo que esa es una de las cosas que más destacan de ti. Ese tatuaje. – la chica se sintió sofocada casi sin razón, aunque era evidente que iba de la mano con el recuerdo del torso desnudo del moreno, mostrando esos abdominales casi perfectos y como ese tigre reposaba desde la cadera, pasando por las costillas, terminando en una parte de la espalda. – Sigamos. Naruto ¿Proyectos personales a destacar?

− Por ahora completamente enfocado en la banda, aunque estoy en una campaña de prevención del Sida. Necesitamos hacer entender a los jóvenes sobre la importancia que tiene el uso del condón. – Sasuke asintió sorprendido. No sabía que su amigo participaba en esa obra benéfica. – Así que me gustaría ocupar el medio para recordar eso. La responsabilidad sexual tiene que ser un tema país y no un tabú como se trata muchas veces. Con el condón, aparte de prevenir embarazos, se previenen enfermedades venéreas.

− Muy buen consejo. – alabó la chica. − ¿Emparejado?

− No, completamente soltero y feliz de estarlo. – recalcó. Quería que cierta persona leyera la revista y notará su "disponibilidad" para amar. La chica miró a Sasuke. Sacarle una cuña de su vida amorosa sería estupendo, pero siguió estoico. Ningún ápice de querer hablar sobre ello. Rendida dejo caer los hombros y prosiguió con la entrevista.

− Samui recientemente llegó a Japón luego de una larga temporada modelando en Europa, ¿planes de reencuentro? – el rubio se negó de inmediato.

− Como dije: Soltero y feliz. Cambiaría mi estado por una sola persona. – Sasuke meneó la cabeza. Naruto no era más bruto porque no había nacido antes.

− Wow, fuertes declaraciones ¿Se puede saber el nombre de la chica que tiene el corazón de nuestro guapo bajista? – Naruto iba a hablar, pero Sasuke se metió.

− Dejemos el tema amoroso y enfoquémonos en nosotros. – Naruto captó al vuelo. Si Sasuke no se inmiscuía, hubiese terminado metiendo la pata.

− Sí, apoyo eso. – aceptó el rubio, mirando con agradecimiento a su amigo. La periodista vio como nuevamente se le escapaba la posibilidad de una noticia impacto.

− Ok. – la chica miró que le quedaban pocas preguntas y aun más dudas, así que trataría de ser concisa para sacarles información. – Sasuke ¿Cómo es Sakura actuando? – el pelinegro sintió como su pecho saltaba al escuchar ese nombre e incomodo se enderezó en la silla.

− Muy buena. – respondió carraspeando. Naruto se quería largar a reír ahí mismo. Como se le notaba a su amigo que estaba complicado con la pelirosa.

− No se conocen muchas imágenes de ella, pero se sabe que es una chica muy hermosa, con ojos preciosos, A tu juicio y teniendo claro como conoces el medio ¿crees que llegara lejos? − ¿Cómo responder eso si Sakura ya no actuaba? Sonrió incomodo.

− Puede que sí, como puede que no. Es algo imposible de determinar en este momento. – respondió sin dar mayores detalles. Típico de él.

− Sakura llegará lejos. – Naruto sabía lo que había sucedido, pero tenía la certeza de que la situación era reversible. Su optimismo a veces era exasperante, aunque por primera vez el pelinegro quería confiar en esos presentimientos nada de empíricos de su amigo. – Es una chica hermosa, genial, con una personalidad avasallante y profesionalmente hablando, muy responsable. Te aseguro que en un periodo de seis meses la verás a ella sentada dando conferencia y opacando a Sasuke.

− Es lo que más quisiera. – Recordarla le daba nostalgia. No llevaba ni 24 horas sin verla y ya la extrañaba. – Sea como sea, todo es un supuesto.

− Ya verás. Conociendo lo que conozco de Sakura, te firmo que se moverá con soltura frente a las cámaras. – el pelinegro bufó. Estaba bien ser optimista, pero llegar al punto de imaginarse todo un futuro, era demasiado.

− Ni siquiera le gustan los periodistas. – le recordó al rubio.

− No es cosa de gustar, 'ttebayo. Sakura se sabrá manejar con los medios. – Sasuke lo ignoro.

− ¿Es menor de edad? – ambos asintieron. − ¿La protegen harto dentro de la producción? – Naruto lo miró con burla, esperando una respuesta. Más que la producción, Sasuke era el más interesado en resguardar la integridad de la pelirosa.

− Lo suficiente para mantenerla alejada de la parte más sórdida de esta carrera. – la chica asintió.

− Muchas gracias por su tiempo. Espero no haya sido molesta la entrevista e intentaré atenerme lo que más pueda a sus palabras. – ambos aceptaron. – Antes de que se vayan, ¿podemos sacarnos una foto? – Sasuke tomo el celular de la chica y se sacaron una selfie.

Suertuda. Estaba entre dos grandes estrellas y abrazándolos. Sería la envidia de muchas y muchos.

− Cuídate. – le dijo Naruto, saliendo del lugar.

− No olviden que tienen sesión fotográfica a un lado. Nos vemos en otra ocasión – se despidió.

− Me cayó bien – dijo el rubio mirando a su amigo. – Sentí que no fue tan cargante.

− Algo bueno que tienen las revistas de música es que no son metiches como lo son las de espectáculo. – Naruto le dio la razón. – Espero que haga un buen reportaje.

− Lo hará, le dimos buena información. – Naruto se puso serio, aunque Sasuke no lo noto hasta que llegaron a la puerta que tenía como bienvenida la placa de "fotógrafo" − ¿Te puedo hacer una pregunta?

− Acabamos de salir de una entrevista ¿crees que quiero más preguntas? – le hizo ver el moreno de forma hosca. Como siempre.

− ¿Qué te pasa? Estás más raro que de costumbre.

− ¿Raro? – Hizo una pedorreta – Simplemente intento pensar en una solución para el problema "Sakura" – el rubio enroló los ojos.

− Ya sabía que algo tenía que ver la pelirosa. – Sasuke iba abrir la puerta, para así dejar al imbécil de su amigo hablando solo, pero el pie del rubio trabo la puerta impidiéndole avanzar. − ¿Te molesta que ya no este?

− A mi no me importa si está o no está, solo quiero terminar la película para poder dedicarme ciento por ciento a la grabación de un nuevo disco.

− Eso no te lo crees ni tú mismo. – murmuró el rubio, mirándolo de forma feroz. – ¿Qué van a hacer?

− Posiblemente elegir otra actriz. Quizás llamen a Mei. – Sasuke hizo una mueca. – En fin, vamos a sacarnos esas fotos y terminemos luego con esto.

− Estás estresado. – El pelinegro volvió a tomar el pomo de la puerta y está vez Naruto lo dejo pasar. − ¿Hagamos alguna presentación?

− ¿Hoy? – el rubio asintió. − ¿Tienes ganas?

− Siempre tengo ganas. – el pelinegro sonrió levemente. Si había algo que amaba era poder cantar. – Podríamos hablar con Pein y nos presentamos hoy en la noche en su bar ¿Te parece?

− Estás teniendo ideas bastante buenas ¿eh? – el rubio le golpeo el hombro. – Vamos, hay que sacarse esas fotos.

− Ay sí, la vida de actor y cantante es tan terrible… − ironizó el rubio.

− Si supieras, imbécil. Si supieras.

2.

Sakura miraba el techo de su cuarto como si ahí se encontrase la respuesta a todas las preguntas mentales que tenía. ¿Por qué le pasaba eso? ¿Por qué no le resultaban las cosas? ¿Por qué tenía que tener una madre tan sobreprotectora? ¿Por qué no podía ser mayor de edad?, pero a pesar de que diera un brazo para saber las respuestas, sabía que ella nada más podía darse las soluciones y sobretodo, respetar el tiempo, porque él era el único que traía la verdad, la estabilidad y sobretodo nuestros sueños en bandeja, siempre y cuando, hubiésemos luchado sin parar por ellos. Por lo mismo, Sakura se sentía frustrada. Sabía que tenía las herramientas, estaba en el lugar correcto, con las personas correctas y con el ánimo perfecto. Tenía todo a sus manos, pero se lo arrebataron de un manotazo, como cuando le quitan el chupete a un bebé para meterle una papilla que no le gustará, porque según los mayores eso "le hacía bien". Viles pamplinas; cuando las putas papillas eran malas, ni el kétchup las salvaba.

− ¿Por qué piensas tantas estupideces juntas? – se susurró, mirando sus pies pisar el techo, o más bien, el efecto óptico que le hacía ver eso.

−Sakura tenemos que ir donde los abuelos. – la pelirosa miró a su hermano irrumpir en su habitación sin siquiera golpear. Estuvo tentada a lanzarle un almohadón, pero soltando el aire, se calmó y se levantó de la cama. – Podrías cambiar la cara.

− ¿Y tú porque no te chupas un huevo? – Konohamaru se largo a reír, contagiando a su hermana, que a pesar de tener pena, se sentía feliz de poder estar cerca de ese pequeño diablillo genio de la informática y amante de los videojuegos. − ¿Para qué iremos allá?

− Visita institucional donde los abuelos. – Sakura hizo una mueca. – En realidad no sé, mamá quiere que vayamos.

− Y como no podemos decirle que no, tenemos que ir detrás de ella como perritos falderos, ¿verdad? – ironizó la pelirosa. Konohamaru se levantó de hombros. – En fin.

− Sé que lo que hizo fue algo drástico y quizás brutal, pero tienes que entender a mamá. – la pelirosa se giro y camino hasta su ventana. Desde ahí vio a su madre meter varias cosas al auto y caminar con el celular pegado en la oreja, reclamando al aire.

− ¿Por qué tengo que entenderla? Que me haya tenido no quiere decir que sea de su propiedad. – el castaño se sentó en la cama de su hermana y apoyo la espalda en la muralla.

− De un día para otro decides largarte y cumplir tu sueño dejándonos atrás…

− Para ahí mismo. – detuvo la pelirosa. – Yo nunca los deje atrás. Es más, mi sueño también los incluye. – replicó molesta. – Con mi primer sueldo me los iba a llevar a vivir conmigo, pero tenía que hablarlo con mamá porque no puede llegar y sacarte de la escuela. Estás en una de las mejores de la zona y perder la matricula por estar cerca de mí sería muy egoísta ¿no lo crees?

− Sakura, en Tokio hay mejores escuelas para mí. Incluso puedo soñar con entrar a su universidad, ¿pensaste en eso? – la pelirosa negó. – Yo también quiero escapar de este pueblo donde todo el mundo nos mira como paria por culpa de nuestro padre y sus putas estafas, además de llevar el peso de ser nietos de quienes somos. – su voz estaba cargada de resentimiento – Yo también sueño con cosas grandes y tenerlas a ustedes a mi lado, pero sé que todo tiene su tiempo como también tiene sus requisitos. El tuyo era simplemente que no te metieras en escenas sexuales y lo hiciste ¿Cómo crees que se sintió mamá? Fue como si te importara un soberano rábano su opinión.

− Quiero ser la mejor, Konoha ¿por eso soy mala? – el castaño la miró con pena no contenida. Sabía que estaba sufriendo, pero no podía hacer más. Cuando a Mebuki se le metía algo en la cabeza, ni con taladro de cemento se lo sacaban. – Pero bueno, no hay necesidad de seguir hablando de esto. Todo acabó.

− Sakura, llegarás lejos. – se levantó y apoyo una mano en su hombro. A pesar de ser menor que ella, era mucho más alto y fuerte. La pelirosa se lanzó a sus brazos y apretó la cabeza en el pecho del chico. – Piensa que más adelante lo conseguirás. Tienes que cumplir la mayoría de edad y llegarás lejos.

− Ojala. – susurró.

Mebuki desde el otro lado de la puerta mordía su labio sin saber qué hacer ni decir. Se encontraba entre la espada y la pared y su reciente conversación con Jiraya no había hecho más que alterarla. Los ruegos del peliblanco pidiendo una nueva oportunidad y que las cosas serían distintas le habían molestado. Nada de eso estaría pasando si ellos fuesen respetuosos con su única petición, ¿Por qué no lo entendían? ¡Sakura seguía siendo una niña!

Mebuki, podemos llegar a un acuerdo. Verdaderamente necesitamos a Sakura. – la mujer enrolo los ojos, tirando con más fuerza de la necesaria la puerta del maletero. – Mira, las cosas se podrían acelerar un poco. Te traemos hasta acá y conversamos la posibilidad de darle una buena educación al hermano de Sakura, pero no te la lleves. Es de lo mejor que he encontrado en años. De verdad se perderá si no le damos la posibilidad ahora, teniendo un buen equipo y actores de renombre mundial. ¿Tú crees que una oportunidad así se le presentará de nuevo? Es claro que el destino quiso que la conociera, porque ella es perfecta. – la mujer masculló por lo bajo.

Jiraya, Sakura no participara más, entiéndelo. – el hombre desde el otro lado dejo caer la cabeza hacia atrás, frustrado y de manos atadas. Kakashi y Yamato se miraron entre ambos y se dieron el mensaje no verbal de que había que comenzar a buscar una nueva actriz. – Y de verdad, puedes intentarlo una docena de veces y la respuesta seguirá siendo que no, porque si en una sola cosa que pido no me toman en cuenta, me imagino que sucederá después. Saltaran sobre mi cabeza y mis peticiones. – la castaña caminó hacia el centro de su casa y tomo el pequeño paquete donde resguardaba un recuerdo para sus padres. Hace mucho que no los veía. − ¿Algo más que agregar?

Podemos subirle el sueldo. Darle mejores regalías, tenerla con profesores particulares si quieres. Mebuki, es cosa de que pidas lo que quieras y te lo daremos. – la mujer se tomo la cabeza con la mano libre.

Les pedí que Sakura no participara en escenas eróticas y no cumplieron. Con eso me basta. – subió las escaleras para llegar al cuarto de su hija y hacerla bajar, pero escucho que conversaba con su hermano. – Jiraya, tengo cosas que hacer y la verdad es que está conversación no tiene punto. Las cosas no cambiaran, así que busca a una nueva actriz, porque mi pequeña no participará. Adiós.

¿Mal? – Jiraya asintió a la pregunta de Kakashi luego de cortar.

Peor que mal. Casting masivo y sacaremos una nueva actriz. – ambos hombres asintieron. – Ah, y Mei no entra. Ella no es Chiyo.

− ¡Chicos, hay que irse! – grito desde un lugar más alejado, evitando ser descubierta escuchando a hurtadillas. – Apúrense.

− ¡Ya vamos! – respondió su hijo menor.

Bajó caminando y a los minutos, ambos chicos llegaron a su lado. Mebuki por inercia buscó los ojos verdes de su hija, pero estos la esquivaron y cuando se cruzaron levemente, pudo vislumbrar a través de ellos la cortina de tristeza que los cubría. Estaban tan apagados, que ya no parecían esas lagunas esmeraldas que ella tanto amaba y reconocía a leguas. Era como si Sakura se hubiese esfumado, pero no podía caer en ese juego psicológico al verla mal. No podía sucumbir bajo los deseos de su hija, porque era rendirse y darle la libertad que tanto añoraba. Sakura necesitaba un párale en su vida, alguien que le dijese que las cosas no se conseguían llevando la contraria en todo momento.

− Iremos donde sus abuelos…

− Ya me lo dijo Konoha. – la interrumpió Sakura pasando por su lado. Mebuki iba a replicar, pero su hijo menor le tomo la mano y negó. No era el momento para confrontaciones.

Todos caminaron hacía el auto y la mujer espero la típica pelea que se daba entre ellos dos de quien tomaba el asiento de copiloto, pero esta vez no fue necesaria. Sakura de inmediato abrió la puerta trasera y se adentró sin rechistar ni hacer de la subida al auto un tema. Mebuki bajo los hombros. Esa era una muestra clara de intenciones: Sakura estaba sentida y no sabía lidiar con eso.

Se sentó en el asiento de piloto y acomodando el espejo, miró hacia atrás. Sakura tenía los audífonos puestos y escuchaba a todo volumen, ignorando completamente a su madre. Mebuki se mordió el labio y sintió sus ojos llenarse de lagrimas, pero aun así, no iba dejarla ir. Sakura tenía que aprender y aunque a ella le doliera el alma verla tan distante, no permitiría que su hija se desbandara por cumplir su sueño.

− Mamá, dale tiempo. – la mujer miró a su hijo pequeño. Él no le devolvió la mirada, pero si iba pendiente de lo que sucedía. – Sakura está triste y sentida, pero ya verás que pronto se le pasa y volverá a ser ese grano en el cul… − la mirada de advertencia de su madre lo retuvo. – Volverá a ser la chica molestosa que tú y yo conocemos.

− No me des sermones, Konohamaru. – dijo Mebuki. – No olvides que yo soy la madre.

− Pero eso no te deja exenta de cometer errores, mamá. Eres humana. – le recordó, como si a Mebuki se le hubiese olvidado ese pequeño y gran detalle. − ¿Por qué vamos donde los abuelos?

− Porque prepararon un almuerzo para nosotros con sus comidas favoritas. – Los ojos del chico brillaron, pero los de Sakura seguían perdidos en el paisaje. – Ponte el cinturón.

− Ok.

El camino fue en completo silencio, sólo interrumpido por el leve sonido de la radio y los monosílabos que le daba por respuesta su hijo cuando le preguntaba algo.

Llegaron al pequeño campo que se abría lisonjero frente a ellos, mostrándose glorioso y verde, con un pequeño riachuelo al final y árboles de cerezo que lo colindaban. Una mujer regordeta y baja salió de entremedio de toda esa majestuosidad y se acercó corriendo.

− ¡Mis niños! – abrazó a Mebuki y a Konohamaru, para luego acercarse a su nieta que le sonreía con amor. –Cada vez más hermosa. Que difícil tarea la de tu madre para espantarte hombres.

− No, Mebuki tiene una experticia espantando mis sueños. – la castaña iba a replicar, pero nuevamente la intervención de su hijo la detuvo. − ¿Cómo estás, abuelita?

− Feliz y muy emocionada. Leí por los diarios que trabajaras en una producción que habla de la historia de amor entre tu abuelo y yo. Me pone un poco nerviosa el que te pueda pasar algo. – le tomo las manos y el calor de la matriarca la envolvió, haciéndola sentir vulnerable. Era como si una ola de emociones se hubiese desencadenado en su pecho y no hallo otra manera de liberarlo que soltando un sollozo y abrazando a esa mujer admirable. –Mi Sakurita. – murmuró la mujer apretándola contra ella. − ¿Qué paso?

− ¿Me puedo quedar este fin de semana contigo? – la mujer asintió sin pensarlo. Mebuki por su parte apretó los puños y mordió sus mejillas por dentro. También quería llorar, pero no lo haría. Era adulta y una mujer con decisión, Sakura no se saldría con la suya apelando al sentimentalismo. – Iré a buscar ropa a mi casa y me quedaré acá.

− Como quieras, mi amor. – se separaron y luego de unas palabras reconfortantes por parte de esa mujer activa y risueña, se adentraron al hogar.

Una casa de campo humilde, pero muy bien equipada. Tenía lo necesario para vivir tranquilo y feliz. La decoración dentro era maravillosa, llena de madera y color caoba, donde resaltaban las fotografías de ella, de su hermano y de su madre en muchas etapas de la vida. Hayato bajo caminando para encontrarse con su familia. El pelo mojado explicaba su demora.

− Siento como si no los hubiese visto en meses y solo fueron dos semanas. – el hombre alto y fuerte, que en algún momento tuvo el pelo negro azabache, a diferencia de ese momento que el blanco cubría toda su cabeza, los abrazó de la misma forma, apretándolos en el proceso. – Sakura, ¿Cómo es eso de que actúas en la película que habla de la historia entre tu abuela y yo? Me sorprendí al enterarme.

− Sí, ya me di cuenta de eso, pero no tienen de que preocuparse. – tomando aire verbalizó lo que no podía decir desde que había llegado a su casa. – No participaré en la película porque mamá renunció por mí.

− Me parece bien. – dijo la mujer, mientras su abuelo se tapaba la boca con consternación. Mebuki por su parte miraba con furia a su hija mayor. El don de la pertinencia no lo había heredado y siempre soltaba las verdades de sopetón, como cuando era pequeña y llego gritando que tendría un hermanito.

− ¿Cómo que fabuloso, mujer? La niña se ve triste por eso. – Sakura sonrió con tristeza. − ¿Por qué renunciaste por ella, Mebuki? –le pregunto a su hija, sintiéndose molesto.

− Porque protagonizó una escena erótica. – Chiyo sonrió de medio lado. − ¡Mamá!

− Es que Sasuke es tan guapo, así que te entiendo. – el carraspeo de Hayato la hizo reír. – Mebuki, a pesar de que no me gusta la idea de que Sakura se vea involucrada en esto, no debías renunciar por ella. Era el sueño de tu hija, además, ¿Por qué vienes ahora a hacer un escándalo? Tu adolescencia no fue un vaso de leche e hiciste cosas aun más terribles que querer participar en una película.

− Embarazarme no fue un error. – Chiyo negó de inmediato, consternada por hacer creer a su hija que sus nietos eran un fallo. − ¿Entonces qué?

− Te escapabas y si no era por tu padre que conocía a mucha gente, todavía andarías por ahí vagando. – reclamó mirándola de reojo. – Eras tremendamente revoltosa, igual que Sakura.

− Eran distintas épocas. Ahora la vida corre más riesgo que antes. – intento justificar.

− Eso es mentira. Antes era igual de peligroso, pero la diferencia era que las cosas no se sabían, porque no tenían internet ni redes sociales. – reclamó la pelirosa. – Abuelita, hoy me quedo contigo y todo lo que resta de fin de semana.

− Sakura, no te he permitido…

− Mebuki, déjala. – pidió Hayato con voz autoritaria. – Dale la confianza a tu hija.

− Linda la cosa, ahora se ponen de parte de este demonio. – Chiyo y Hayato la miraron con desagrado. – Lo siento, pero es la verdad.

− Mamá, te estás pasando. – le dijo su hijo menor, sorprendido por esa actitud tan infantil. – Saku, me quedaré contigo.

− Oh, son todos unos… siempre tengo la culpa de todo ¿verdad? Yo fui la idiota que los dejo en la banca rota. Yo fui la imbécil que le dio todo a un hombre que no lo merecía. Yo fui la idiota que acepto que su hija, menor de edad, fuera a hacer una película junto a un hombre 10 años mayor que ella.

− 9 años. – interrumpió Sakura.

− La misma mierda. – miró a todos con odio reprimido. − ¿Saben qué? Me largo. Esta conversación no tiene ninguna relevancia. Ustedes encárguense de hacer lo que quieran. – caminó a paso presuroso y seguro hacía su auto y luego de enviarles una ofuscada diatriba que decía muchas groserías, se montó, apretando el acelerador a fondo.

− ¿Ven? ¿Cómo no iba a sacar los genes actorales? – Sakura le sonrió a sus abuelos de oreja a oreja. – Los extrañé.

− Nosotras también mi pequeño demonio. – susurró el hombre, apretándola contra su pecho. – Vamos adentro, hay muchas cosas que conversar y Konohamaru, también tenemos ciertos temas que tocar.

− ¿Sobre qué? – preguntó ceñudo. Sakura se golpeo la frente y lo miro haciendo una mueca de burla.

− Te hablaran de sexo, enano.

El color rojo se tomo las mejillas del chico.

− Sí, eres un maldito demonio.

− Te amo. – dijo dando por zanjada la conversación.

3.

Suigetsu miró por última vez su maleta. Estaba completa, con todo perfectamente guardado junto a la ropa de su chica, que también reposaba con igual orden. La miró revolotear por la habitación, buscando las últimas prendas que quedaban rezagadas y terminaban siendo de vital importancia.

Mi amor, si justo hay un temporal o tifón y no tenemos la ropa adecuada, nos enfermaremos fuertemente. Tenemos que prevenir.

Con esa vaga excusa, explicó el porqué de esa necesidad imperiosa de meter y meter sacos de prendas a la maleta que estaba a medio reventar. Sonriendo, la dejo hacer lo que quisiera, total, existía la posibilidad de pagarle a alguien para que las llevara a su cuarto.

− Karin, vamos por 3 días. – le recordó, al verla pasar frente a él con un traje de noche. ¿Para qué mierda quería eso?

− Tengo que estar decente para ver a tus padres y hermano. – el peliblanco bufó. – Estoy casi segura de que tu madre sueña con que terminemos. – la pelirroja se dejo caer sobre la cama, a un lado de la maleta.

− Mi amor, mamá no dice nada de ti. Sabe que tú fuiste la chica que elegí para pasar mi vida y lo acepta. – se acercó acuclillándose frente a ella. − ¿Dónde está esa Karin fuerte y decidida que me manda a volar en cuanto meto la pata? – la pelirroja sonrió levemente. – Mi madre es seria por esencia. Ya viste a mi hermano, es igual que ella. En cambio papá es conversador, dicharachero y bueno para la parranda, igual que yo. – paso sus brazos detrás de las caderas de su chica y apego su cabeza al pecho de ella. – Yo no te dejaría ni aunque me obligaran a patadas a hacerlo. Te amo tanto, Karin que a veces me pregunto si todavía me quiero a mi mismo.

− Suigetsu… − susurró incrédula. Esa declaración de amor tan explícita y hermosa, había hecho reventar miles de burbujas dentro de su pecho. – Yo también te amo mucho.

− Lo sé. Nadie se me resiste. – respondió como siempre, con ese egocentrismo y poca modestia, aunque tenía claro que eran bromas. Levantó la cabeza de su pecho y la miro desde su altura. – Eres la mujer que me hace levantarme por las mañanas y me hace querer un mundo distinto. Llegaste a cambiar todo, esa realidad de distorsiones, donde todo eran fiestas y mujeres. No te imaginas cuanto agradezco que te haya dado cistitis. – ambos rieron. – Eres única y mía.

− Sólo tuya, mi amor. – se besaron con fogosidad y aunque Suigetsu quería llevar la situación a otro nivel, la pelirroja lo detuvo poniendo la mano sobre su pecho. – También quiero estar contigo, pero debo seguir ordenando.

− Pero Karin… − rezongó el peliblanco. Dejando salir el aire de sus pulmones se levantó y comenzó a ayudar, para sorpresa de la pelirroja. – No pienso llevar estos pantalones. Son horribles. – en sus manos, un pantalón de chándal color vino tinto reposaban de manera desprolija. – No iremos a hacer yoga.

− ¿Quién dice? – le pregunto su novia de manera tendenciosa y con esa pose altiva que tanto lo enervaba al mismo tiempo que le gustaba. – Ok, aceptó. No los lleves. – Suigetsu enviándole una mirada, los tiró lejos. − ¿Alguna otra cosa que no quieras llevar?

El peliblanco revisó la maleta y tirando sobre su cabeza remeras, pantalones y uno que otro calcetín, dio por terminada su inspección.

− Creo que con eso estoy bien. – Un pantalón, dos camisetas, dos bóxer y dos pares de calcetines. − ¿Dime si no soy eficiente? – pidió inflando el pecho. Karin miró las prendas que estaban dentro y se largo a reír. – Hey, lastimas mi ego.

− Mi amor, estamos en invierno. ¿Dónde están las chaquetas y los polerones? – le preguntó. El peliblanco se rasco la cabeza sin saber que responder. – Vamos, yo ordeno todo y prometo que está vez no será tanta tontera.

− Bueno, bueno. Si insistes. – dijo el peliblanco, haciéndose el rendido. – iré a mirar algo de televisión.

− ¿A qué hora nos vamos? – pregunto Karin.

− Por la madrugada. – dándole un beso salió de la habitación y fue a prender la tevé.

Como dicen por ahí: Para el amor no hay edad.

Suigetsu abrió los ojos desmesuradamente. Ese era el idiota de su amigo Sasuke hablando de ¿amor? Frente a las cámaras. Se largó a reír sin parar. ¿Por qué no había grabado ese momento?

Buscando su celular, envió un mensaje.

Para el amor no hay edad? Creo que te perdimos.

La respuesta no se hizo esperar.

Deja de ver programas mata-neuronas, idiota.

Suigetsu se agarró la panza riendo. Todos los hombres se volvían unos idiotas cuando se enamoraban ¡él era un claro ejemplo!

Lástima que ya no la veremos :(

Lo decía sinceramente. Sentía que Sakura era la mujer correcta para representar Chiyo, además, tenía esa forma de ser tan decidida y se notaba que gozaba trabajando. Era de esas personas que hacía de su oficio un placer y no lo veía como una simple entrada de ingresos. Sasuke estaba embobado con ella, pero si lo veía desde otro punto, se notaba que todos en el set tenían cierto cariño hacía la pelirosa. Era muy cariñosa con todos y a cada uno de los integrantes del equipo saludaba, incluyendo a los señores del aseo y porteros.

Lástima.

El peliblanco sonrió de medio lado.

Qué harás está noche?

Tenía ganas de despejarse e ir a un bar se le hacía una idea excelente.

Tocamos donde Pein.

Cool, pensó. Siempre era agradable compartir con los amigos.

Inclúyanme.

Pidió.

¿Karin?

Preguntó el Uchiha.

También va. Nos vemos.

Fin de la conversación.

Suigetsu se levantó del asiento y volvió donde su chica. Quería contarle sobre los planes de esa noche.

− Por fin acabé. – dijo la pelirroja, dejándose caer sobre la cama e invitando a su novio a seguirla. Suigetsu no necesitó mayor explicación y se acostó a su lado. − ¿Por qué esa cara de felicidad?

− Vi unas declaraciones de Sasuke y me dieron risa. – Karin asintió sonriendo al igual que él. – ¿Las viste?

−Sí, anoche mientras dormías. – Suigetsu asintió y apoyo su cabeza en el hombro de la chica, mientras acariciaba su vientre. – Se me hace que Sasuke terminará con Fuka.

− Eso dalo por hecho. – el peliblanco comenzó a recorrer con sus labios la mandíbula de Karin, dejando leves marcas de besos.

− ¿Tú andarías con una mujer guapa, pero desagradable? – Suigetsu se separo para mirarla.

− Antes de ti hubieron varias de ese tipo. – Karin puso mala cara.

− Pero me conociste a mí y ellas desaparecieron ¿verdad? – el peliblanco alzó una ceja. No era el único celoso en esa relación.

− Sí. Cambió para mejor. – se subió sobre ella y la beso como venía deseando hace rato.

De una patada tiró la maleta de la cama y se acomodaron mejor. Karin abriendo sus piernas, se dejo acariciar por la necesidad imperiosa de su novio.

− Una de las mejores cosas que conocí contigo, fue el sexo. Qué cosa más deliciosa. – le confesó Karin, intentando deshacerse de la camiseta que cubría el torso levemente trabajado del peliblanco.

− Eso pasa porque lo haces conmigo. Un gurú del amor. – molestó Suigetsu, haciéndola reír.

Tomando su polera con una mano, la saco con rapidez por el costado y comenzó a repartir besos desesperados sobre el cuerpo de Karin.

− Suigetsu, no quiero tantos preámbulos. – exigió con voz entrecortada.

Las palabras de su chica fueron un detonante para que su cuerpo se endureciera intentando con desesperación satisfacerla.

Le bajo los pantalones, al igual que él, acompañados con la ropa interior y con brusquedad se adentró en ella, sacándole el aliento.

− Te amo, mucho, mucho. – farfullo, apretando los dientes sabiendo que su orgasmo se le venía con brutalidad. Aceleró las embestidas y besando su boca, se trago el placer de esa mujer lujuriosa y amante perfecta. – Karin. – murmuró dejándose caer sobre ella.

− Siempre me sorprendes. – le tomo el rostro y lo miro con ojos soñadores. – Tres años y todavía hay cosas nuevas.

− El amor rompe la rutina. – la chica asintió dándole la razón. – En la noche iremos a un concierto.

− ¿Tocan los chicos? – preguntó.

− Sí y desde ahí partiremos a casa con mis padres. – la pelirroja hizo una mueca. – Karin… − pidió.

−Ok, ok. – se removió bajo el peso del peliblanco. Separándose se levantó y buscó su ropa. – Pero después de eso tendrás que pasar la navidad con mi familia.

− Eso es cruel. – dijo Suigetsu. Sabía que terminaría mordido por todos lados.

− Hazlo por mí.

Se mordió el labio.

− Todo por ti.

4.

Shikamaru cortó la llamada y busco a Kiba entre el gentío que en ese momento recorría las calles de Tokio. Habían quedado de juntarse en ese café tan discreto a almorzar algo, pero como siempre, el muy idiota llegaba tarde. Eso de tener amistades con Naruto, les pegaba la irresponsabilidad a todos.

− ¡Lo lamento! – grito desesperado, dejándose caer sobre la silla y tomando aire. – Es que me encontré con Natsuki y me demoré un poco más de lo que pensaba.

− Para eso existe el celular. – le recordó con tranquilidad, bebiendo de su café y mirándolo con ojos aburridos. – Tenemos concierto en la noche.

− ¿De verdad? – los ojos del castaño brillaron. – Genial, ¿podré invitar a mi chica?

− Yo creo. – Shikamaru recordó un momento de su vida, donde Temari lo había acompañado a cada uno de sus conciertos y gritaba desesperada por él. A pesar de mostrarse aburrido con todo ese jolgorio, dentro de su corazón danzaba por saber que su novia lo apoyaba y era su mayor fan. Ahora le tocaba aprender a aceptar que Temari no estaría en el público gritando por él, ni saltando al son de sus choques de platillos. – ¿Me hablabas?

− Sí, pero te vi tan ensimismado que preferí dejarte volar. – Kiba esbozo una sonrisa complaciente. − ¿Cómo has estado?

− Viviendo. – respondió. No iba fingir tranquilidad cuando todavía no la encontraba por completo. − ¿Tú?

− Me encantaría hablarte de mi felicidad, pero se me hace un poco injusto tomando en cuenta que vienes saliendo de una ruptura. – el pelinegro se alzó de hombros. – Ya vendrán nuevas chicas y nuevas emociones.

− No me interesa estar emparejado todavía. – En la cabeza de Shikamaru apareció la imagen de Kiba a Natsuki felices. La pelivioleta le hacía bien a su amigo… − Tengo que invitar a alguien al concierto.

− ¿A quién? –preguntó el castaño ceñudo.

− A la chica que guardo silencio el día que me acosté con prostituta. – Kiba asintió. – Tiene el pelo violeta igual que Natsuki.

− Creí que te gustaban las rubias. – molesto el pelicastaño. – Ya veo que no.

− No es mi tipo de chica. Digamos que las prefiero con un poco más de cerebro. – el comentario fue tan cruel que hasta él mismo se dio cuenta de eso. – En fin, la llamaré por la tarde.

− No puedes juzgar sin haberla conocido. – le reprocho Kiba. No quería que su amigo se convirtiera en un descorazonado e insensible tipo por culpa de una sola mujer. – Intenta no lanzar comentarios de ese tipo frente a ella. La lastimarás.

− Será la única vez que la veas, Kiba. – dijo el pelinegro pasando sus brazos sobre la cabeza en clara señal de agotamiento.

− Aun así, Shikamaru. No es la forma. – dieron por zanjada la conversación y llamaron a la camarera. − ¿Qué pedirás?

− Cualquier cosa. – tomaron la carta y miraron las propuestas. – Comeré un sándwich. No tengo ganas de algo más pesado.

− Yo pediré carne. – el pelinegro rió levemente. Si había algo que destacaba de Kiba era su afán casi enfermizo de comer carne. Se hacía llamar un "carnívoro por excelencia", mal que se acrecentaba al tener una familia con restaurant. Siempre que podía, pedía carne. Terminaría con ataque de gota antes de tiempo. – Natsuki quiere ser vegetariana.

− Creo que ese es tu karma. – ambos rieron, aunque evitando llamar la atención. Ya bastante tenían con ser quienes eran, como para ahora hacerse destacar por las risotadas. – Llama al camarero.

− Es camarera. – cuando vieron el cuerpo de otra persona a su lado, ambos levantaron la cabeza. – Hola, quiero pedir… − el carraspeo de Shikamaru lo hizo detenerse. − ¿qué sucede? – lo miró y vio como sus ojos se encontraban abiertos a más no poder. – Shika. – llamó.

− Tanto tiempo sr Nara. – Kiba miró el cabello de la chica. Era violeta.

− Pero tú trabajas en un motel de recepcionista. – se recordó el pelinegro, sin entender mayormente que sucedía.

− Debo pagar mi carrera de medicina y con un solo trabajo no me alcanza. – los ojos de la chica estaban apagados y alejados de ahí. Kiba miró a su amigo azorarse. Estaba arrepentido por lo que había dicho anteriormente. − ¿Qué van a pedir?

− Yo quiero carne. – la chica anoto en su libreta. – Shika, pide tú.

− Eeh… yo quiero un sándwich de pollo. – nuevamente sus manos repasaron sobre la libreta. − ¿Estudias medicina?

− Sí. ¿Ves que no soy idiota como piensas? – le dijo realmente sentida. – De inmediato llegan sus pedidos. – se volteó sobre sus talones intentando salir del lugar.

− Nozomi. – llamó el pelinegro, sorprendiendo a su amigo y a la chica. Que recordara su nombre era algo inverosímil e increíble. Shikamaru con suerte sabía quiénes eran los que lo rodeaban. – Hoy tocamos.

− Felicidades. – le respondió la chica. – Tengo que estudiar.

− Es viernes. Deberías descansar. – Sugirió Kiba haciéndola voltear – Estaba intentando salvar del entuerto al tarado de Shikamaru y su bocota que casi nunca se abría, pero cuando lo hacía, la cagaba. – Te gustará.

− Sr. Inuzuka verdaderamente tengo que estudiar. Se vienen los exámenes semestrales y tengo que pasarlos. – haciendo una leve reverencia camino de vuelta a las cocinas.

− Es bonita. – dijo el castaño intentando romper el hielo.

− A ti te gustan las mujeres con colores llamativos en el cabello. – se alzó de hombros sin desacreditar por completo ese argumento. – Creo que le debo una disculpa.

− Sí.

− Estudiante de medicina. Si que debe ser inteligente. – Kiba se atraganto con su café. − ¿Qué te pasa?

− Que eres tan inteligente, pero tan brutalmente obtuso en las relaciones humanas que me sorprende el hecho de que hayas tenido novia. – Shikamaru lo miro con cansancio. – Al parecer eres tú el problemático.

− ¿Es el día de reventar al imbécil de Shikamaru? – Kiba asintió.

− No lo iba a llamar así, pero si tú insistes.

Conversaron de trivialidades intentando olvidar por un momento los problemas, sobre todo el pelinegro que tenía una ensalada por cerebro y se sentía miserable 23 horas del día. La hora que le quedaba libre la usaba golpeándose la cabeza contra la pared, intentando sacarse todo los pensamientos que lo atormentaban y regresar al cauce natural de su vida.

Pensó en la chica que recientemente había denostado. No se merecía esa opinión tan poco acertada y alejada de la realidad. Nozomi era muy inteligente al parecer, porque no cualquiera entraba a la universidad ni mucho menos estudiaba medicina. Se sintió una basura, nuevamente. ¿Acaso desde que lo había dejado Temari, el don de la asertividad lo había abandonado? Era irrisorio que más de la mitad de lo que hablaba fueran metidas de patas o crueldades y lo más divertido era que no hablaba mucho, como para justificarse con lo directamente proporcional que podían ser sus idioteces en comparación con sus comentarios.

− Creo que Sasuke está loco. – Shikamaru miró a Kiba. – Está como ido.

− Lo veo igual que siempre. – replicó él. – Oliendo mierda todo el día.

− Sí, pero lo noto más hablador con la prensa y despistado con la banda ¿Crees que tenga que ver con alguna chica?

− Sasuke tiene novia hace tiempo. Dudo que ande detrás de otra. – Kiba poso su mano sobre el mentón haciendo una pose pensante.

− Yo creo que sí. Según lo que escuché de Natsuki, el pelinegro siempre está con Sakura. ¿Viste que las llevo a desayunar? – Shikamaru asintió. – Me contó que él había llegado por la mañana para llevarse a Sakura a la escuela y que las terminó invitando a todas a comer. Eso no es típico en él.

− En todo caso… − Shikamaru frunció el ceño. – Está raro, pero es cosa de él.

− No es sólo cosa de él, Shika. Si se mete con Sakura la banda se acaba. – el pelinegro no entendió. – Sakura es menor de edad.

− ¿De verdad? – Kiba alzó las cejas. Shikamaru reciclaba la información que según él no le servía. – Que problemático.

− Bastante diría yo. – se sobó la cabeza. – No me gustaría verlo tras las rejas.

− Kiba, cada uno elije su camino. Si a Sasuke le gusta su coprotagonista, nosotros no tenemos que dar ninguna opinión. No nos compete. – el castaño seguía inquieto. Sabía que no podía dar juicios de valor, porque tampoco tenía un historial intachable, pero no quería perder la banda y menos por la calentura de momento que sufría Sasuke. – Además, si Sasuke se mete en problemas, será solo él. Nosotros no tenemos nada que ver.

− La banda no podría seguir sin él y lo sabes.

− Puede que sea la cara visible, pero Sasuke sabe que sin nosotros él no sería tan grande. Creo que los demás son los que lo endiosan. Él simplemente quiere hacer las cosas bien. – dijo Shikamaru.

− No logro captar. – le dijo con sinceridad.

− Que Sasuke no sufre de egocentrismo. – Kiba alzó una ceja incrédulo. – Es la verdad. Él trabaja duro por conseguir lo que tiene y cada uno de los frutos que ha recopilado ha sido gracias a su perseverancia y entrega. Los demás le dan el titulo de genial, pero él siempre ha intentado bajarle el perfil, porque no quiere ser mirado como uno solo. Al menos en la banda él siempre ha dejado en claro que somos 5.

− Puede ser. – respondió aun reticente.

− Es así.

− Permiso, sus pedidos. – Nozomi llegó con sus comidas El silencio se apodero de la mesa. Cuando termino de posar el último plato, abrazó la bandeja metálica y miro a ambos chicos con frialdad. − ¿Algo más?

− No… − Shikamaru interrumpió a su amigo.

− Lamento que hayas escuchado el comentario anterior. – le dijo mirándola fijamente. La chica se sonrojo. – No soy de juzgar a buenas y primeras, pero me deje llevar por la apariencia.

− No hay problema. – murmuró Nozomi. – Con permiso.

− Espera. – llamo el pelinegro, sorprendiendo a Kiba. − ¿Iras por la noche? – la chica dudo nuevamente. – Puedo hablar con Sasuke para que puedas pasar un momento con él.

− ¿De verdad? – preguntó interesada.

− Sí, lo puedo hacer. – Nozomi se mordió el labio. − ¿Qué dices?

− Háblame por la noche. – y se largó.

− Wow, creo que alguien está a punto de perder la cabeza, nuevamente.

− Cállate.

5.

Sasuke miraba por la ventana de su departamento, admirando la vista. Sacando su tercer cigarrillo de la cajetilla, lo prendió entre sus labios y volvió a contemplar con parsimonia la belleza que le regalaba Tokio al atardecer. Una belleza inigualable, de color anaranjado y bullicio extremo. Era viernes, día de descanso y fiesta; nadie se lo perdería por estar encerrado mirando tevé.

Su celular vibro dentro del bolsillo, pero no lo quiso mirar. Sabía que se trataba de Fuka o alguno de sus amigos que no hallaban nada mejor que hincharle las pelotas un ratito. Naruto y compañía se podían ir a la puta.

Cerró los ojos con un cansancio casi palpable y por inercia la cara de Sakura apareció frente él. Esa pose desenfadada, su nariz respingona y ese afán de sentarse sobre la mesa. Sus medias de colegiala y su boca rosa y pequeña. Su sabor y esa risa cantarina. Quizás si llamaba a la mamá de Sakura y pedía las disculpas correspondientes la podría tener de vuelta.

− No la llamarás. – se obligo a sí mismo a no hacerlo. No era su deber.

Pero moría por hacerlo. Necesitaba verla aunque fuesen 5 minutos y despedirse como correspondía. Un simple "fue un gusto conocerte" eran insulsos al lado de todo lo que le había hecho vivir y solo en una semana. Sakura tenía el poder de haber vuelto su mundo de cabeza. De enloquecer y cambiar el camino sin siquiera pedirle permiso, simplemente llegó con su inocencia y cara de niña buena a desarmar su vida perfectamente esquematizada, pasando a llevar todo lo que estaba predispuesto y haciéndole cambiar el rumbo sin siquiera darse cuenta. Sakura había sido la detonante de que en ese instante sintiera más ganas de estar en otro lado que en su propio departamento. Se imaginaba a si mismo sentado en el incomodo sofá del departamento 203b, disfrutando de una conversación sin pies ni cabeza, pero tierna. Quería comprar más cajitas felices y llenar de minions el buro que se encontraba a un lado de la cama de la pelirosa. Añoraba verla recién despertando, usando camisas con su rostro y mostrando las piernas, pero era algo que iba más allá de un deseo sexual o propiamente animal, era más complejo que un instinto básico. Él quería tenerla a su lado por algo más que sexo. Quería enseñarle todo lo que pudiera y aprender a su lado.

El celular volvió a vibrar, pero no quería mirarlo. Ya se había decepcionado bastante durante el día al ver que ningún mensaje era de la pelirosa. Le desarmaba la idea de no saber de ella o que ya lo hubiese lanzado al olvido. En su vida había sido inseguro, pero en ese instante, millones de películas donde se veía a la pelirosa disfrutando con otro, se le cruzaban por la cabeza y la verdad era que la idea le parecía repulsiva. Era como si le incrustaran miles de esquirlas de metal en el corazón y le retorcieran las tripas.

Nuevamente su teléfono se hizo presente, pero está vez sonando. Tuvo que contestarlo porque si no lo hacía, tendría a todos encima de él preguntándole donde estaba y no quería tener que ser el centro de atención… otra vez.

− Fuka. – con desgano contestó. – Alo.

− Sasuke. – la voz estrangulada de su novia lo asusto. – Necesitamos hablar.

− Sí, estoy seguro de eso, pero antes dime qué te pasa. – preguntó, volviendo su cuerpo al departamento y buscando su chamarra. Al parecer, tendría que ir a ver a la mujer.

− Estoy triste por todo lo que sucedió ayer. No era la forma. – un leve sollozo. − ¿Me podrías perdonar?

− Fuka, es mejor que lo conversemos en persona. – sugirió el pelinegro. Las conversaciones por teléfono tendían a tergiversarse muchas veces. − ¿Puedes ahora?

− Sí, ven. – la mujer no caía de gozo. Si había algo que le asustaba, era la idea de perder a Sasuke, porque aunque se lo había negado muchas veces, estaba enamorada de él. – Te estaré esperando.

− Ok. Dame 20 minutos. – cortó la llamada y se dirigió a su cuarto a buscar lo que necesitaba para salir. Billetera, llaves del carro y del departamento, y lo más importante: los condones.

Salió de la casa y cerró con tranquilidad. Arreglo las cosas en sus bolsillos y nuevamente sintió el celular vibrar. Lo miró hastiado.

No era la forma de despedirme. Quizás fui bruta y media hosca, así que te doy mis disculpas anticipadas. Echo de menos pelear contigo y eso que llevamos un día separados… eres un poco inolvidable, reptiliano (sólo un poco)

Era Sakura y le había hablado hace más de media hora. Quiso darse cabezazos, pero lo mejor era ser sensato y respirar. Siguió leyendo.

Entiendo que no me quieras responder, pero intenta no dejarme con la duda.

Lo aceptó, soy media brutely, pero tengo buenos sentimientos.

Estoy aburrida! El pueblo es aburrido y vinieron a verme compañeros con los que ni siquiera hablaba.

me estoy quedando con mis abuelos.

Sasuke, ¿te confieso algo? Chiyo y Hayato están vivos, pero no le cuentes a ninguna persona, porque corren peligro.

SASUKE! ¿No me hablarás? Ok, lo acepto.

MENTIRA, NO LO ACEPTO.

Capté. No insistiré, pero que conste que yo intente ser simpática.

SAAAAAAAASUUUUUUUUUKKKKKEEEEEEEEEEE, :( :( :( :(

Haré un hoyito y me esconderé en él.

Te diste cuenta que sólo escribí una "s" en tu nombre y en los otras repetí varias veces?

Estoy segura que no reparaste en eso, pero te lo digo porque en una de esas si te fijabas.

Ya, me rindo. Saludos.

Sasuke se apoyo en la pared y miro por doceava vez el celular. No lo creía. Todo el tiempo había sido ella y él de pesado no había querido mirar el celular.

Contestó algo presuroso.

No aceptaré ninguna disculpa a menos que sea en vivo y en directo.

Esperó algunos segundos hasta que vio los tickets ponerse azules.

Chantajista :D

Sasuke se mordió el labio. A pesar de insultarlo, le ponía una carita muy feliz. Bipolaridad nivel whatsapp.

No se trata de chantajismo, sólo pido lo que me corresponde. Además, las disculpas se piden mirando a los ojos ¿acaso no sabias?

Rió. Ya se imaginaba la cara de la pelirosa.

Esas reglas te las inventas solo!

Era muy probable.

Sakura, eres una bruta.

Se imaginó la expresión de la pelirosa y su corazón revoloteo como loco.

Y tú eres un… un idiota!

Sasuke se largo a reír, pensando en el mohín que en ese momento debía estar cubriendo la cara de Sakura.

¿Para qué gritas? Estoy leyendo.

Si que amaba picarla.

Estoy mostrando mi molestia, reptiliano ¬¬. Me largo, tengo que cenar. Cuídate.

La soledad volvía a hacerse parte de él. Sin Sakura las cosas perdían color.

¿Después estarás?

No se subió al ascensor hasta ver la respuesta.

Aquí estaré.

Sonrió de medio lado y apretó el botón de partida. Tenía que hablar con Fuka.

O.O

− ¿Quieres terminar? – Sasuke metió sus manos entre el pelo y miró a la mujer que tenía la cara bañada en lagrimas. – No me puedes hacer esto. Sasuke, yo he dado mucho por ti. He respetado cada una de las cosas que me has pedido y ahora me sales con esta tontería. Terminar no solucionará nuestros problemas.

− Ese es el problema, Fuka. – murmuró el pelinegro, levantándose del asiento para acercarse a ella y tomarle las manos. – Tú no mereces estar con alguien que no está cien por ciento comprometido.

− ¿Necesitas tiempo? Te doy todo el tiempo que quieras, pero no terminemos, por favor. – le rogó, dejando de lado su amor propio. Sasuke bufó mirándola con lastima y dolor. No quería que las cosas fueran así. Hacer daño se le hacía casi tan doloroso como ser lastimado, pero no podía seguir mintiéndose. Iba contra todo lo que llevaba practicando.

− Fuka, esto es algo que va más allá del espacio. Tú necesitas ser amada y respetada y yo en este momento tengo tantas cosas en la cabeza que no te puedo dar lo que quieres. Las parejas necesitan tener atención, pero nosotros ya casi no tenemos un lazo. Cada uno hizo su carrera. – la mujer rompió en llanto aun más fuerte.

− Dejo mi carrera de modelo y actriz. – sugirió, descolocando al pelinegro.

− ¿Crees que merezco eso? ¿Crees que te pediría algo así? Pues no, Fuka. – murmuro, enlazando sus brazos alrededor de la mujer. Una muestra de afecto tan rara en él. – Si tú dejas todo, me decepcionarías.

− ¿Esto es por Sakura? – Sasuke carraspeo, pero negó.

Podía ser que Sakura fuese un aliciente o detonante en su ruptura, pero había que ser imbécil para no darse cuenta que su relación venía bastante desgastada y ni las vacaciones de tres semanas que se habían tomado, lograron acercarlos. Fuka y Sasuke estaban quebrados.

− No, Sakura no tiene nada que ver. – Fuka se zafó con brusquedad.

− No soy idiota. Lo sabes ¿verdad? – Sasuke asintió. – Confiesa que de verdad te gusta ella y nos ahorramos todo este drama. Las mujeres tenemos un sexto sentido para identificar cuando nos están poniendo los cuernos, ¿sabes?

− Tú sexto sentido debe estar averiado, porque yo no te estoy engañando. – Todavía, le grito su fuero interno, pero lo obvio. – Fuka, no nos hagamos más daño.

− Tú eres el dañino, Sasuke. – masculló entre dientes. – Ves un par de piernas nuevas y te alteras.

− De verdad, estás muy equivocada. – Sasuke intentó tocarla, pero ella se alejo nuevamente. – Fuka, nuestra relación viene mal desde hace tiempo. Estoy intentando cortar por lo sano.

− ¿Y también quieres ser mi amigo? – le pregunto desdeñosa y con la voz teñida de rabia. – No seré tu amiga, Sasuke.

− Tampoco te lo iba a pedir. Se me hace injusto. – la mujer lo quedo mirando de hito a hito, intentando procesar todo lo que estaba pasando, pero al parecer no podía. Su corazón latía desgarrado y sus manos temblaban sudadas. No quería, ni podía perderlo, porque terminaría volviéndose loca de dolor. Sasuke era lo que más amaba en el mundo, incluso más que a ella misma, y aunque sabía que era insano, no lo podía evitar. Su cuerpo solo lo quería a él y a nadie más.

− No acepto separarme de ti. –Sasuke la miro consternado. Su voz decidida y esa mirada fiera demostraban claramente que no se iba a rendir con facilidad. – Te conquistaré nuevamente, como sea. Si alguna vez logre hacer que me amaras, lo conseguiré otra vez.

Sasuke pensó en las palabras de la mujer y supo que no podía estar más alejada de la realidad.

No negaba que sentía algo por ella. Fuka le provocaba mucho más que un montón de mujeres, pero sabía que no la amaba. Nunca llegó a hacerlo, porque siempre miró las relaciones humanas como un mero nexo a conseguir su estabilidad, ya sea mental como profesional. Sasuke tenía clara sus prioridades y sabía hasta que punto quería llegar. Vender la fachada de chico malo no le convenía cuando en verdad quería destacar como alguien serio dentro de la industria, por lo mismo, cuando Fuka llegó a su vida, la tomo como su novia, porque con ella podía conseguir mostrar esa imagen de una persona estable emocionalmente, y claramente Fuka lo sabía. Nunca fue un misterio para ella el hecho de que Sasuke la veía, además de su novia, como la mujer que lo llevaría al equilibrio en todo el sentido de la palabra. Y fue así.

− Fuka, sabes que las cosas no son así. – replico de forma pausada. La guapa mujer estaba alterada.

− ¿Qué te pasa, Sasuke? ¿Por qué de repente quieres tirar estos dos años por la borda? – Fuka caminó con rapidez hacia él y le tomo la cara. El pelinegro no se negó. – Mírame e intenta recordar los lindos momentos que hemos vivido. Tiene que haber algo de mí dentro de ti.

Sasuke se vio sonriendo al lado de esa bella mujer, sentados en una hamaca o tomando caipiriña a la orilla de una playa en Brasil, disfrutando de ese calor abrasante, intenso, pero llenador.

Penetro con sus ojos negros los ojos de ella y la encontró hermosa. Era realmente bella, casi como una muñeca, pero no podía y si seguía por la senda de fingir que todo estaba bien cuando la realidad era bastante distinta, terminaría lastimándola aun más y no podría vivir con eso, teniendo en cuenta cuanto le había entregado ella a esa relación. Tampoco se trataba de un tema de reciprocidad o equilibrio de "tú das, yo doy" No quería rebajar a Fuka al nivel de estar con ella por simple compromiso, y sabía que lo haría si seguía con esa relación.

− Te estás lastimando – los labios rojos de la mujer impactaron contra los suyos de forma brutal, sorprendiéndolo. Sasuke no se pudo contener y tomo el cabello de su novia – o ex novia, aunque todavía no lo sabía – y le devolvió el beso de manera brusca y decidida. Si eso quería, eso le daría.

Caminó con ella por el lugar y la dejo caer sobre la cama, cubriéndola con su cuerpo. Saco lentamente una a una las prendas de la mujer y beso cada parte expuesta que se encontraba. Le saco suspiros entrecortados y gemidos ensordecedores, levantándola a tal punto de que Fuka sentía que sus dedos rozaban las nubes.

Cuando se adentró en su cuerpo, ambos soltaron un jadeo de desfogue. Estaban soltando su dolor a través de la mejor forma que encontraban: el sexo. Sasuke nunca espero que terminar una relación fuese tan complejo y a la vez tan liberador.

Mientras la embestía y miraba sus caras de desesperación por sentirlo aun más adentro, Sakura volvió a aparecer como un espectro fantasmagórico dentro de su cabeza. Volvió el rostro a la mujer que retozaba bajo él y vio el pelo rosa, la boca pequeña y ojos color jade, grandes y comunicativos. Estaba viendo a Sakura en todo su apogeo. Parpadeo varias veces, intentando sacarse las imágenes de la cabeza y volvió a ver a la mujer que había sido su compañera por dos largos años.

− Sasuke. – susurro con voz briosa y llena de lujuria. Fuka estaba extasiada. − ¡Sasuke!

− Hmph – el sonido nació desde sus entrañas. Era la única manera que encontraba de sacar lo que sentía en el pecho, sin revelarse. El nombre de Sakura luchaba dentro de su boca para ser nombrado, pero no le brindaría más dolor a Fuka. Esa era su despedida y tenía que ser como correspondía, aunque doliera.

Soltando el aire con brusquedad, se revolvió bajo el pelinegro, liberando su orgasmo atronador, dejándola indefensa y laxa sobre la cama. Sasuke la siguió segundos después, cayendo sobre su cuerpo sudoroso y respirando entrecortadamente con la cabeza caída en su pecho. Fuka sonrió con felicidad. Sasuke le estaba demostrando que todavía le calentaba la sangre y que había un futuro para ellos, pero grande fue su sorpresa al verlo levantarse para buscar su ropa y comenzar a vestirse.

Se sentó en la cama y lo miró desconcertada.

− ¿Dónde vas? – pregunto confundida.

− Fuka, lo nuestro se acabó. – el corazón de la bella mujer se detuvo dentro de su pecho, sacándole un quejido de dolor. Era como si se le quebrase un vidrio. – Esto fue una forma de decir adiós.

− ¿De verdad serás tan hijo de puta? – Sasuke no le pensaba contestar. Quiso llevar las cosas por otro lado, pero la lujuria les había ganado y la cama había sido el testigo inerte de lo que provocaban la mezcla de emociones. − ¡Responde, maldita sea!

− ¿Qué quieres que te diga? – contra preguntó colocándose la remera. – Todo está dicho. Si vine acá es para dejar en claro que no podíamos seguir así.

− ¿Qué está mal? De verdad no lo entiendo. – se agarró la cabeza con ambas manos, a punto de sufrir un colapso nervioso. – Sasuke, dame una razón convincente.

− Te estoy lastimando ¿acaso no lo ves? – Fuka meneo la cabeza, intentando eliminar todo lo que estaba pasando. – Mírate.

− Esto es lo que provocas, Sasuke. – musitó. – Esto es lo que provoca amarte.

− Entonces acepta que acabo. Es lo más sano para ambos. – la miro con seriedad y agachándose frente a ella, le tomo las manos. – Agradezco cada uno de los momentos vividos… − una nueva cachetada lo detuvo. Fuka volvía a golpearlo. − Cuídate. – se levantó con tanta rapidez, que Fuka pensó que se abalanzaría sobre ella, pero no. Sasuke se giró sobre sus talones y salió de la habitación dando un portazo.

Fuka quedo abrazada a la almohada, con su pelo revuelto y pintura corrida. Era la imagen viviente de lo que causaba el mal amor.

− Sasuke. – susurró, pero no la escucho.

El pelinegro se encaminaba hacia donde creía estaba su libertad y ésta partía alejándose de Fuka.

6.

Pretty woman, walking down the street
Pretty woman, the kind I like to meet
Pretty woman
I don't believe you, you're not the truth
No one could look as good as you

Pretty woman, won't you pardon me
Pretty woman, I couldn't help but see
Pretty woman
That you look lovely as can be
Are you lonely just like me

Pretty woman, stop awhile
Pretty woman, talk awhile
Pretty woman, give your smile to me
Pretty woman, yea yea yea
Pretty woman, look my way
Pretty woman, say you'll stay with me (held)
'cause I need you, I'll treat you right
Come with me baby, be mine tonight (held)

Pretty woman, don't walk on by
Pretty woman, don't make me cry
Pretty woman
Don't walk away, hey Ok
If that's the way it must be, ok
I guess I'll go on home, it's late
There'll be tomorrow night, but wait
What do I see

Is she walking back to me
Yea, she's walking back to me
Oh, oh, pretty woman.

El aplauso cerrado que se escucho en el local lo hizo salir de su ensoñamiento. Estaba tan metido escuchando la voz rasposa y gruesa de Sasuke, como también estaba pendiente de tocar las notas correctas en su bajo, que olvido por completo donde se encontraban. Miró desde el escenario como el bar se encontraba levemente lleno, pero solo con gente que los conocía o mantenía algún tipo de relación cercana con algún miembro de la banda.

Desde su altura logro visualizar a su prima Hinata junto a Natsuki. Bebían un trago de dudosa procedencia, pero a pesar de fruncir el ceño y molestarse, luego les iría a dar una reprimenda. Sabía que su prima estaba triste por la ida de Sakura. Se lo había dicho mientras cenaban.

Se fue porque su madre no aguanto que filmara una escena sexual.

Le sorprendió saber que la pelirosa no seguiría siendo parte de ese mundo, aunque fiel a su estilo, lo olvido de inmediato. Tenía cosas más importantes en las que pensar, como por ejemplo Mei Terumí. Desde ese día donde Sasuke la había terminado "humillando" frente a ellos, que no la veía. Por portales de internet se había enterado que andaba muy juntita con un jugador de fútbol profesional, reconocido mundialmente y con una billetera más grande que el Titanic. No había una comparación plausible entre ellos que lo dejara bien posicionado.

Neji era un simple guitarrista, – a ojos de él – en comparación a El Sharaawy, jugador estrella de un equipo destacadísimo de la liga italiana. Prospecto perfecto para mantener una relación y una estable situación económica, como también un lindo trofeo para andar paseando. La frialdad y banalidad de Mei no tenía limites y aunque le doliera reconocerlo, era consciente de eso.

Levantó la cabeza encontrándose con la mirada caoba oscura de la chica que trabajaba en el set junto a Sasuke. Sus ojos oscuros le penetraron fuertemente, removiendo el centro de su estomago, recordando con fiereza el tamaño golpe que le había propinado. Todavía había rastros de ese confuso entuerto.

− Si que me gusta tocar. – escucho la voz de Shikamaru detrás de él, chocando las manos con Kiba y Naruto. Sasuke se acercó a ellos de forma sigilosa y con un leve movimiento de cabeza dio a entender que estaba satisfecho con la presentación. Neji intentando hacerse parte de las celebraciones, se volteo a mirarlos.

− Los tenemos en las palmas. – aportó Naruto con su efusiva expresividad. – Estoy seguro que cualquier presentación será un éxito, 'ttebayo. – chilló.

− Naruto, todas las presentaciones de por sí son un éxito. Tenemos una trayectoria que nos avala. – le respondió Kiba con tono cansado.

− ¿De cuándo aquí tan poco modesto? – pregunto Shikamaru. – Siempre con los pies en la tierra. No lo olviden.

− El único que puede volar es Sasuke. – afirmó el Inuzuka. – Tiene mucha fama, mujeres y dinero.

− Deja de hablar imbecilidades. – pidió el pelinegro sin ninguna sutileza. – Tenemos que afinar muchos detalles, como por ejemplo la diferencia que muchas veces se da entre la guitarra y la batería.

Neji abrió los ojos confundido.

− ¿De qué hablas? – su tono parco no los sorprendió. Neji era conocido por esa pose de frialdad y aburrimiento.

− Que estás desconcentrado. – con un gesto de cabeza, Sasuke les indico que caminaran hacia la parte trasera del escenario. Querían tomarse un descanso. – Eres uno de los mejores, pero llevas mucho tiempo fallando en cosas básicas, que a oído de un experto serán errores garrafales.

− Sigo tocando igual que siempre, Uchiha. – Replico Neji, molesto con la crítica. Sentía que no la merecía. − ¿Qué quieres? ¿Qué me lance al suelo y me arrastre para ser más creíble?

− No tocamos Glam. – le recordó, molestándose. – Si no eres capaz de mejorar para lograr una mejor presentación ¿Qué haces acá? – los miembros de la banda contuvieron el aliento. Sasuke no tenía ningún tacto para hablar. – Deja tus problemas personales detrás.

− ¿Quién mierda te crees para venir a darme consejos? – se acercó de forma peligrosa al pelinegro, pero Sasuke no se amedrento. Si había alguien que consideraba a su par, ese era Neji y sabía que tenía que ser una situación muy necesaria para que llegaran a las manos. Era como mirarse en un espejo. – Tu vida no es un puto juego de diversiones.

− ¿Me he puesto como ejemplo? – le murmuró en la cara, sulfurándolo aun más. – Si quieres seguir acá, tómatelo en serio y deja que la mierda que te hace vivir Mei quede fuera. – No lo vio venir. Neji le propino un golpe directo a su mandíbula.

− ¡No ensucies su nombre con tu boca, hijo de puta! – le grito, sorprendiendo a los presentes y al recién llegado Itachi. Shikamaru corrió a tomarlo de un brazo y echarlo hacía atrás. Sasuke por su parte levantó el torso con una mano en el labio roto.

El pelinegro sonrió de manera tétrica, erizándole los vellos a Naruto y Kiba.

− ¿Qué mierda…? – mascullo el rubio sin comprender nada.

− Neji se está pareciendo a Pacquiao de tanto que reparte golpes. – murmuró Kiba casi inaudible, pero esa intervención tan poco atinada, logró mermar el ambiente tenso y los hizo reír. Incluido al par de luchadores.

− Esto no puedo suceder, chicos. – reprendió Itachi de manera brusca y muy enojado. – Neji, es la tercera vez en menos de una semana que te trenzas a golpes y ya llevas dos heridos ¿Acaso no notas que algo está mal?

− ¿Qué está mal? Son ustedes lo que hacen juicios de valor todo el tiempo. Viven criticando mi relación con Mei, cuando deberían aprender un poco de ella. Ambos somos sinceros con el otro y vamos encaminados a formar algo más firme. – sus ojos estaban desorbitados. – No necesito que me digan lo que está bien o está mal. Tengo bastante claro lo que es políticamente correcto…

− Políticamente correcto es tener una relación sin necesidad de satisfacerse con otras personas. – acotó Naruto, ganándose una mirada llena de odio por parte de Hyuga. – Por eso digo que mejor no opino. – susurró girando la cabeza hacía otro lado, admirando el bello cuadro que había en el camarín.

− Si queremos que esto funcione, arregla tus problemas. – Pidió Sasuke, mirándolo desafiante. – No tenemos tiempo para niñerías. – Itachi estuvo tentando a gritarle "¿con que cara pides eso si estás de los cojones por cierta pelirosa menor de edad?", pero pensó bien y prefirió guardar silencio. Soldado que arranca, sirve para otra guerra.

− Arreglaré mis problemas a mi manera. No necesito de tus sabios consejos. – le dijo con sarcasmo.

− Neji, Sasuke no te está diciendo algo falso. – hablo por primera vez Shikamaru. – Si queremos llegar aun más lejos, debemos dejar nuestros problemas de lado.

− Tú vives en un paraíso idílico junto a Temari. No hables imbecilidades. – Shikamaru agachó la cabeza sintiendo una patada directo a su plexo solar.

− Shikamaru está soltero. – le contó Sasuke sin ningún tacto. Neji miró a su amigo y se sintió basura nuevamente ¿acaso esa sensación de que se estaba comportando como un pendejo no se le pasaría pronto?

− ¿Es en serio? – el silencio reinó en la sala. – Oh, no lo sabía.

− Ahora no sabes nada porque vives pendiente de lo que hace Mei. – le reprocho Kiba, intentando ser sutil. – Vuelve a ser quien eras.

− Yo… yo… − carraspeó. – Yo siento cosas fuertes por ella. – confesó mirando el suelo. – No sé si pueda terminar. – sentenció.

− Termines o no, intenta llevar esto con altura de mira. – le pidió Sasuke. – arregla el problema y vuelve a concentrarte.

Cuando Itachi sintió que las aguas se encontraban más calmas, les dio la información.

− La presentación fue un éxito. – Sasuke sabía que no, pero no iba a replicar. – Pein dice que le encantaría tenernos más seguido por acá, pero sus agendas están apretadísimas.

− Sí, yo tengo compromisos con la fundación. – le recordó Naruto. Itachi asintió, dándole a entender que no se le había olvidado.

− Shikamaru tendrá dos semanas libres. – todos sabían porque había pedido esas vacaciones, pero no hablarían sobre eso. Neji agachó la cabeza sintiéndose culpable; no había visto el dolor de su amigo. – Luego de eso llegaran directo a tocar en el domo de Tokio. Está todo listo y agendado. Kiba tiene compromisos, dado que su prima se casa así que estará ausente algunos días, pero llegará justo a ensayar.

− Se casa mi prima la del campo. – se rasco la cabeza avergonzado. Había olvidado comentarles a sus compañeros de banda.

− Neji… bueno, Neji no has dicho mucho de lo que harás estos días, así que asumo estarás ocupado.

− ¿Puedo salir unos días? – pidió. Itachi miró la agenda, pero removido por la culpa de encamarse con Mei, asintió. Ya luego arreglaría los compromisos comerciales. – Gracias.

− Sasuke tú tenías las grabaciones, pero como la película se encuentra varada, tendrás más tiempo libre para ensayar. No tienes vacaciones, ya que te las tomaste antes de tiempo. – Sasuke se alzó de hombros. No le importaba mucho. – Mañana tienes las fotos junto a Fuka.

− Necesito hablar en privado contigo. – le avisó. Itachi aceptó, diciéndole que lo harían más tarde.

− En los meses venideros, tendremos hartas presentaciones, así que necesito de su mayor concentración. Sasuke tendrá muchos días atareados y tendrá que viajar de Estados Unidos a Japón constantemente, así que intentemos hacer las cosas más fáciles ¿ok? – eso último lo dijo mirando fijamente a Neji. − Vayan a disfrutar. Tienen noche libre.

Neji salió como un bólido del lugar, directo a encontrar una botella de trago fuerte para liberar la tensión acumulada en sus músculos. Sentía que estaba tan agarrotado, que le era imposible siquiera mover los brazos. Eran tantas sus tensiones, que en cualquier momento explotaría y sabía que sería a lo grande, dejando varias víctimas a su haber.

Un pelo oscuro, negro y brillante se cruzó frente a sus ojos. Achico la mirada para hacerlo más claro, pero el lugar estaba demasiado apagado para vislumbrar, solo logro visualizar que estaba en medio de una pelea. La chica se volteó hacía él y lo dejo con la boca abierta. Era Hinata y tenía un vaso vacio de cerveza en la mano.

− Yo la mato.

7.

La hija mayor de los Hyuga recorrió con la mirada todo el local, intentando encontrarse con el pelo violeta de su amiga, pero no la halló. Era muy probable que la chica se hubiese encontrado con Kiba y estuvieran compartiendo momentos de calidad junto a él. Alzándose de hombros se dirigió a la barra para pedir un jugo de fruta, pero algo la detuvo. Se encontraba cansada de todo, de todos. De que la miraran como una chica sin decisión y ambivalente, muchas veces ensimismada y con poca exactitud. Siempre había estado bajo la atenta mirada de todo el mundo y tenía que reprimir cada uno de los instintos que tenía para no ser catalogada como una chica muy rebelde.

Una Hyuga siempre se comporta como lo dicta la sociedad.

A la mierda las palabras que tanto le habían recalcado. Ese día quería sentirse libre y soltar un poco de la pena que tenía por la partida de su amiga. No se había alcanzado a despedir de Sakura; esa chica que le había cambiado la vida en solo una semana, dándole herramientas para sentirse segura.

Haría un salud en honor a ella.

− Hey, tú. – llamó avergonzada, aunque con decisión. – Quiero lo más… fuerte que… tengas. – el barman alzó una ceja.

− ¿Su DNI? – pidió sonriendo de medio lado y con los brazos cruzados. – No te ves como una mayor de edad.

− Te… te estoy pidiendo… otra cosa. – tartamudeo completamente azorada. La mirada penetrante y burlona del alto moreno la tenía atemorizada. – Quiero lo más… lo más fuerte. – terminó intentando controlar su respiración errática. ¡Por eso nunca sales, bruta! Se reprendió mentalmente.

− Mira, cariño, yo encantado te vendería hasta mi alma, pero eres menor de edad y se nota de aquí a Paris, así que ahorrémonos el mal rato y camina a disfrutar con quien sea que hayas venido. Aunque debería acusarte a los guardias, porque no tienes la mayoría de edad para estar acá. – Hinata alzó el mentón, sintiendo con fiereza esas palabras

− Yo… yo tengo 18… años. – todo sería tan perfecto si no tartamudeara, pensó la pelinegra. Y claro que tenía razón. Podría hablar con más convicción si no fuese por esa traba lingüística y mental. – Y familiar… de uno… de uno de… de los chicos.

− ¿Tú crees que te creeré eso? – le preguntó enfadándose. Estaba perdiendo el tiempo con esa niñita. – Por favor, no soy tan idiota…

− Viene conmigo. – la voz gruesa y monocorde le provoco un espasmo.

− Sasuke… − dijo el tipo sin dar crédito. − ¿Usted es…?

− Sí, viene conmigo, así que haz lo que pide. – exigió sin variar en el tono, aunque igualmente generaba miedo.

− Lo más fuerte que tengo es whisky, señorita. – Hinata se sonrojo y pidió mudamente que se abriera un hoyo en la tierra y la tragara. Sabía que Sasuke le iría con el cuento a su primo y hasta ahí llegarían sus ansias de beber algo decente. − ¿Lo va a querer? –Hinata se iba a negar, pero la voz de Sasuke se antepuso.

− Es demasiado fuerte para ella. Dale una cerveza sin alcohol y cárgalo a mi cuenta. – el barman salió corriendo del lugar y menos de lo que se dice "elefante" estaba de vuelta con el trago servido. – Toma.

− Gra… gracias. – murmuró sin mirarlo. Sasuke le daba miedo.

− ¿Has sabido de Sakura? – Hinata lo miro estupefacta, abriendo los ojos desmedidamente. − ¿Dije algo malo?

− ¡No! – chilló, para luego sonrojarse y volver a repetirlo con más calma. – No.

− Ok. – fue su escueta respuesta.

Hinata pensó que Sasuke se largaría de su lado apenas tuviese la respuesta, pero no fue así. Se mantuvo apoyado en la barra mirando a todos los presentes con aburrimiento. Hinata sabía que en ese instante estaba siendo presa de muchas miradas que se preguntaban que mierda pasaba ahí, y también tenía claro que no tendría una respuesta decente, porque no entendía que hacía Sasuke a su lado. Levantó la cabeza y lo miró esperando algún movimiento de su parte, que dejara en claro porque estaba apostado ahí.

− No has bebido. – le hizo ver el moreno, pero sin cruzar miradas.

− La verdad… es que no… es que no estoy acostumbrada… a beber. – Sasuke la miró y la encontró tan pequeña y frágil. Como un cachorrito buscando un amo, tan diferente a Sakura.

− ¿Crees que vuelva? – A Hinata le costó comprender a que se refería. Cuando captó que la pregunta tenía que ver con su amiga pelirosa, respondió.

− No. – Sasuke sintió como sus huesos se helaban. La idea de no verla se volvía cada vez más mortificante. Sakura no podía desaparecer así. – Búscala.

− ¿Yo? – preguntó sorprendido. – Yo no tengo que ver en eso. – Hinata tomo un sorbo de su bebida, haciendo una mueca cuando el trago amargo pasó por su garganta. – Al principio siempre es mala.

− ¿Por qué… por qué toman? – Sasuke se alzó de hombros. – Sakura no quería… irse.

− Eso está claro. – la voz del pelinegro estaba teñida de resentimiento. – Cuídate. – lo vio mezclarse con el resto de la gente, aunque de inmediato distinguido donde estaba, porque todos se abrieron como el mar muerto: Por la mitad, dejándole pasar. Hinata meneo la cabeza. Sasuke era una celebridad y ella acababa de tener una conversación con él sobre Sakura.

− ¿Sakura? – se golpeo la frente y rebuscó su celular. Tenía que contarle a la pelirosa lo que recién había pasado. Sasuke estaba preguntando por ella, sin embargo, cuando vio su celular, prefirió guardarlo nuevamente. Si Sakura no se había comunicado con ella era porque no quería hablarle, pensó con desanimó.

− Una chica tan guapa no puede estar sola apoyada en la barra de un bar. – Hinata miró al pelirrojo que se posiciono a su lado. ¿Eso era coqueteo?

− Disculpa, pero… − Naruto venía como basilisco caminando hacía ellos. Hinata creyó ver un destello lleno de ferocidad y rabia acumulada.

− ¿Qué haces acá? – La pelinegra no supo distinguir si la pregunta era sobre qué hacía en ese lugar, o qué hacía al lado de ese tipo. Cuando vio que no iba dirigida hacía ella, suspiró. – Hey, estoy preguntándote algo.

− Intento conocer a esta linda chica, así que échate a volar y busca a otra. – Naruto estaba que echaba humo de las orejas y Hinata se dio cuenta. Antes de que pudiese reaccionar, el puño del rubio se había estampado en la cara del pelirrojo. Hinata botó su trago por la sorpresa y miró al chico caído a sus pies, con Naruto listo para lanzarse otra vez sobre él.

− ¡No! – le grito, tomándolo del brazo e intentando sacarlo de ahí.

− ¡Te voy a matar! – Hinata dejo el vaso sobre la barra, y lo afirmo con ambas manos, intentando sacarlo de ahí.

− ¡Naruto! – chilló frenando un nuevo golpe. − ¡Naruto!

Todos los presentes se voltearon a mirar la escena y sacaron sus celulares de inmediato. Como por arte de magia, en todos los frentes aparecieron los amigos del rubio y la mano firme de Sasuke, lo jaló hacía atrás, sacándolo del "cuadrilátero"

− ¡¿Qué haces?! – Neji llegó gritando al lado de su prima. Nuevamente la pelinegra se encontró en la disyuntiva de a quién se refería y de qué manera tendría que tomarse la pregunta. − ¿Estabas bebiendo?

− Era… era cerveza… sin alcohol. – argumentó, intentando sonar resoluta, pero como siempre, no lo logró.

− ¡Nos vamos a casa! – Hinata iba a reclamar, pero Neji no se lo permitió. − ¡Camina!

− ¡No le hables así, 'ttebayo! – Neji giró la cabeza tan lentamente que todos sintieron como si el tiempo se hubiese detenido. − ¿Neji?

− Siempre tienes que estar metido donde está mi prima ¿verdad? – Naruto se zafó del agarre que le estaba propiciando Sasuke.

− El tipo se estaba pasando de listo con Hinata ¿acaso querías que mirara y no hiciera nada? – el castaño sopeso la situación y negó con la cabeza, aunque levemente. – Pregúntale si se quiere ir.

− No te debería importar. – alzó la cabeza con hidalguía. Como Hyuga que era, no permitiría que nadie le diera ordenes, menos ese rubio revoltoso y mononeuronal. – Vamos, Hinata.

− Me quiero… me quiero quedar. – la voz suave y bajita lo desconcertó. Hinata nunca contradecía una orden. Neji la miró sin comprender. – Soy grande.

− Sí, claro. Por eso terminas metida en una pelea. – Hinata se sonrojo. – Este no es un ambiente para ti. No sé porque estás acá.

− Porque vino conmigo. – la voz de Tenten lo interrumpió. – Natsuki y yo nos estamos haciendo cargo de tu prima, así que déjala.

− Ya me imaginaba que tú tenías algo que ver. – miró a ambas chicas y a todos sus amigos que esperaban una resolución al problema. Neji bufó soltando a Hinata y luego de darle una mirada de advertencia, se alejó del lugar.

− Wow, eso sí que fue fuerte. – Sasuke miró a Naruto y le dio sendo golpe en la cabeza. − ¿Qué te pasa, teme?

− ¿Por qué te metes en putos problemas, dobe? – siempre su vocabulario se surtía de palabras lindas cuando se molestaba.

− Estaban molestando a Hinata. –la pelinegra se sonrojo. − ¿Verdad?

− No… no alcanzó a decir… mucho. – confeso, dejando en evidencia los celos del rubio. – Igualmen… igualmente gracias.

− Acéptame una bebida. – la pelinegra se sintió presionada por todos los presentes que esperaban una respuesta. El asentimiento lleno de fervor que le envió Tenten, la hizo alzarse de hombros y aceptar con sus mejillas muy arreboladas. – Chicos, lárguense.

− Antes de que nos eches, Nozomi los quiere conocer.

Shikamaru llegó al centro mostrando a una hermosa chica de pelo corto y negro. Cuando se encontró con ella, no la reconoció, pero antes de que empezara el embrollo de Naruto con el tipejo que todavía yacía en el suelo sobándose la mandíbula, habían estado conversando – más bien él interrogando. – y ahí ella le había contado que le gustaba mucho variar con su cabello.

− Hola. – se lanzó a los brazos de Sasuke sorprendiéndolo, aunque era una escena repetitiva. – De verdad no creo que te esté conociendo.

− Gracias. – respondió el pelinegro con una mueca de sorpresa. Sasuke había notado algo en Shikamaru y no quería romper lo que al parecer, sería una conquista para el coletitas.

− ¿Nos podemos sacar una foto? – Sasuke aceptó. – Nara, ¿nos las sacas?

Shikamaru se sintió extrañamente excluido. No supo si se trataba de ese estado de soltería en el que se encontraba o la indiferencia con que la chica lo mantenía. Intento no pensar en ninguna de las dos opciones y tomándole el celular, saco la fotografía. Naruto se coló en una junto a Kiba.

− Yo les tomo otra. – se ofreció Natsuki. – Anda Shikamaru, párate ahí. – el pelinegro caminó arrastrando los pies, molestando a la chica. − ¡apresúrate!

− Que problemático. – Nozomi lo miró con una sonrisa estampada en sus labios. Se encontraba exultada de tantas emociones que estaba viviendo al conocer a su mayor ídolo y poder compartir aunque fuese un momento con él. Cuando Shikamaru se paró a su lado, no pudo evitar pasarle un brazo por detrás, al igual que con Sasuke. El pelinegro se sintió raramente extraño con aquel gesto. – Anda, saca la foto.

− Digan "Natsuki es la más bella" – el único que lo dijo fue Kiba, con un grito casi ensordecedor.

La noche prometía y mucho.

8.

Tenten caminó detrás de Neji, intentando no ser notada por él ni mucho menos por todos los presentes que estaban fascinados sacándose fotos con la fan girl de Sasuke. Sabía que la actitud que estaba tomando era bastante psicópata, pero quería estar cerca de él aunque fuese solo unos segundos. Odiaba esas miradas de desprecio e indiferencia que le enviaba, además de esa forma displicente con la que caminaba por el mundo. Dentro de su cabeza se imaginaba siendo alejada de todos por la mano de él y que en un rincón del bar le preguntara como se encontraba su golpe, pero sus sueños fueron tirados a la basura cuando notó que él la miraba con molestia y algo de cansancio.

− Neji. – la voz de Mei fue audible hasta donde se encontraba ella, un poco más atrás, camuflada por la gran cantidad de personas que se encontraban amontonadas dentro del lugar. – Pensé que no te vería.

− Yo tampoco. – lo oyó carraspear. – Supe que le estabas enseñando Japón a un futbolista italiano. – el chasqueo de lengua restándole importancia, le molestó. ¡Ni siquiera lo negaba la muy perra!

− Sólo fue una salida de amigos, así que no te preocupes. – Escuchó un gruñido por parte del pelilargo. – No seas caprichoso. Sabes que eres mi favorito.

Lo que se dijeron después, no lo logró escuchar, aunque igualmente los siguió hacía fuera, donde seguramente terminarían esa conversación. Escondida detrás de un pilar, vio como Mei prendía un cigarrillo acompañada de la mirada desaprobadora de Neji.

− ¿Qué quieres decirme? – la mujer se apoyó en su otra pierna y le tomo la mano a Neji, rozando con su pulgar el dorso. Esa pequeña caricia hizo revolotear de dolor las mariposas negras que residían hace mucho tiempo dentro del pecho de Tenten.

− Estoy un poco cansada de este ir y venir. – Tenten no quiso mirarlos, pero si oírlos. Sabía que Neji estaba frunciendo el ceño sin comprender. – Me gustaría que las cosas fueran un poco más estables.

− ¿Qué tratas de decir? – Tenten cerró los ojos con fuerza, intentando contener las lágrimas. A diferencia de Neji, ella sabía a lo que iba Mei.

− Que me gustaría formalizar contigo. – el silencio se hizo parte del lugar, solo interrumpido por el rimbombante sonido que salía de la puerta cerrada del bar.

Tenten al no oír respuesta, asomo levemente su cabeza para ver lo que sucedía. Sabía que podía encontrarse con algo muy doloroso, pero era la única manera que encontraba de poder sacar definitivamente al pelicastaño de su vida, sin caer nuevamente en el redundante tema de verlo y sentir que todo comenzaba otra vez.

Era impresionante como algunas personas andaban por la vida sin saber el daño que causaban, ni el amor que provocaban. Eran queridos sin tener que hacerse cargo de esos sentimientos. Si Neji supiera cuanto Tenten lo quería, quizás fuese una persona menos horrible.

− ¿Hablas en serio? – la chica de chonguitos vio como el pelilargo se acercaba a la mujer y la envolvía en un abrazo fuerte y asfixiante. Mei se vio despojada de su cigarrillo y la boca de Neji hizo presión sobre la de ella. Tenten volvió a voltearse y puso su mano sobre el pecho, intentando retener a su corazón que luchaba con fuerzas imparables por salir de ahí. Las lágrimas ya corrían libres por su rostro. – Te haré muy feliz, cariño. No te imaginas lo feliz que me haces.

− Espero que podamos ser muy felices. – Tenten estuvo tentada de salir del lugar y gritarle todo a la cara. Decirle que él la había dañado tanto, que le era imposible no comparar a sus conquistas con él. Que estaba tan marcada por su ojos, que no podía evitar sentirse escrudiñada cuando hacía algo que creía era una deslealtad hacía él.

Mordió su labio y limpio con brusquedad sus ojos, aguantando el dolor que le provocaba pasar por encima del golpe que le había propinado el castaño.

− Lo seremos. – al parecer se estaban besando porque no había sonido. Tenten se tapó la boca, consciente de que sus sollozos luchaban desesperados por liberarse. Reprimía con insistencia todos los sentimientos que la envolvían. – Te amo mucho.

Y eso bastó para terminar de acabarla. Tenten gimió con dolor, desesperación y sintiendo como si el aire de sus pulmones hubiese sido arrebatado de un zapatazo.

Con el mismo sigilo que los había seguido, caminó de vuelta al bar, mezclándose con ese gentío lleno de alegría y felicidad. No existían problemas, solo eran docenas de personas juntas para disfrutar de lo que les producía la música, el alcohol y quien sabe que otra cosa. Era algarabía en su máxima expresión.

− ¡Tenten! Te me habías perdido. – Natsuki la miraba con sus ojos llenos de emoción y exaltación, pero se apagaron de inmediato al mirarla. − ¿Qué pasa? ¿Te paso algo? Tenten, habla. – la chica de chonguitos seguía dejando caer sus lagrimas como una especie de catarsis. No encontraba otra forma de sanar que liberando su tristeza que llevaba reprimida tanto tiempo. – Me estás asustando.

La castaña miró sus manos y las sintió tan vacías. Muchas veces el amor que sentía por Neji y las esperanzas que tenía de poder provocar nuevamente algo en él para que se volteara a mirarla, le llenaba el corazón, pero ahora que se encontraba todo completamente destruido y que había oído desde la propia boca del castaño el amor que le profesaba a Mei, no tenía más opción que dejarlo partir y empezar de cero, con alguien que si la valorara como ella se lo merecía.

− Abrázame. – murmuró.

Natsuki le apretujo contra su pecho y mordiendo su labio para evitar hacerle más preguntas, le dio el confort que necesitaba.

A veces, las palabras no bastaban.

9.

− Kotoko, te lo diré otra vez. Tengo novia. – Itachi intentaba infructuosamente de hacerle entender a la borracha chica que su relación había terminado y que se encontraba ocupado. Sabía que era una vil mentira, pero no encontraba manera de poder alejarla de su costado. Kotoko se comenzaba a apegar demasiado a él y el compromiso era un tema complejo para el mayor de los Uchiha. Él creía que era demasiado joven para encontrar novia.

− Itachi, nadie te hará feliz como yo. – la voz bobalicona, acompañada de una mueca extraña por culpa del alcohol, lo estaba poniendo de los nervios ¿acaso su hermano no podía ir a salvarlo? – Escuchame… − la petición fue acompañada de un aliento mareante. El whisky estaba siendo parte del cóctel que se estaba mandando la chica. – Yo… yo soy lo mejor para ti.

− Esa recomendación viene muy de cerca. – le respondió con rara sinceridad y cara de suficiencia. En otra ocasión hubiese provocado una risa descontrolada o una zapatazo en el cráneo, pero ahora simplemente la chica lo estaba ignorando. – Mira, linda: tú eres demasiado para mí. Yo no merezco que ten entregues tanto. – la chica se vio confundida y halagada. Era muy especial que tamaño hombre, con tamaña carrera y con tamaño hermano te considerara linda y aparte superior. Kotoko alzó su mentón. Era la puta diosa del universo entero.

− Pero yo quiero que me lleves a tu nivel. – pidió, haciéndose la complaciente, creyendo que en verdad estaba en superioridad. Ilusa.

− No puedo, eso sería rebajarte mucho. – Kotoko sentía morir de felicidad. Era espectacular. – Dejemos las cosas como están y la verdad, no quiero lastimarte. Mi novia actual es grandiosa y no merece que la abandone.

− Puedo ser tu amante, pero Itachi, no me dejes. – se abrazó a su cuerpo como si se tratase de la tabla que salvo a Rose en el Titanic, dejándolo sin opción. El pelilargo tendría que tomar una decisión dura, pero efectiva.

− Kotoko, tienes que soltarme. Mi novia está por acá cerca y no quiero tener problemas con ella por estos arranques de amor. – le pidió de forma estrangulada y levemente enojado. Eso era una novedad en Itachi que solo conocía los momentos de ira por culpa de Sasuke o Naruto.

− Itachi, mírame a mí y piensa en ella ¿somos comparables? – Cuando el pelilargo intentó imaginarse a una mujer, su mente le jugó una mala pasada. La cara de Ino se hizo presente, acompañada de ese cuerpo de infarto y los ojos más azules que alguna vez hubiese visto. Impulsado por el miedo, empujó a la chica. Ella lo miró desconcertado. − ¿Qué te pasa?

− Ella es mucho más hermosa. – espetó sin creerlo. Estaba cansado de ser políticamente correcto con todas las mujeres que se encamaba y que al terminar no supieran aceptar la realidad. Le enervaba en sobremanera. – Por favor, mantente alejada.

− ¿Estás loco? Soy la mujer más guapa con la que podrás acostarte. Modelo de pasarela y televisión. Una carrera larga en realitys y deseada por la mitad del planeta. – Itachi alzó una ceja. Todavía se sorprendía al saber que todas las mujeres con las que salía, eran clones de la anterior. Estaban hechas casi todas iguales, como si salieran de una fabrica en línea. – Te estoy hablando.

− Bonita, mi novio te dijo que no le interesabas y creo que tu diatriba comienza a ser cansadora ¿Por qué no te largas? – Itachi giró la cabeza, encontrándose con un rubio que recientemente se estaba dando un paseo por su cabeza.

− ¿Diatri… qué? – preguntó la chica muy dudosa. Ino alzó una ceja. De verdad que era bruto ese hombre y ella lo era aun más por intentar ir a salvarlo ¿cómo alguien podía relacionarse con mujeres así?

− Lo que sea, sólo lárgate. – le pidió está vez sin tener un menor tacto.

− ¿Me dejas por esta Polly Pocket? – Ino se encontró tentada de mandarla a callar con un golpe certero, pero no era de ese tipo de chicas. Ni siquiera sabía que hacía ahí, defendiendo a esa excusa de hombre, tomando en cuenta que era bastante reservada y poco impulsiva. Quizás algo de la personalidad de Sakura se le estaba pegando. – Que lo disfrutes, aunque te advierto que no es hombre una sola mujer.

− ¿Me ves preocupada? – Kotoko enarco las cejas, sin comprender. – Algunas somos más "abiertas" de mente. Tú me entiendes. – La chica se fue lanzando improperios y gritando cosas parecidas a "pervertidos de mierda" o "¿Quién me manda a mezclarme con chicos guapos?"– Ok. Me largo.

− ¡Hey!, no te puedes ir. – Itachi le tomo del codo, pero Ino se soltó de inmediato con un certero movimiento brusco. – Ok, perdón. No te tocaré.

− Genial que entiendas con pocas palabras. – el pelilargo asintió sin comprender. − ¿Qué quieres?

− ¿Por qué lo hiciste? No entiendo. – Ino se alzó de hombros.

− Te vi en apuros y me nació ¿debí haberme callado? – Itachi negó fuertemente. – Ok, ¿ahora me puedo ir?

− No, acéptame algo para agradecerte. – Ino meneo la cabeza, sonriendo con burla. − ¿Qué pasa?

− ¿De verdad crees que a mí me interesa relacionarme contigo? Te quise ayudar. Eso fue todo. – Itachi pensó en una forma rápida de mermar las paredes que recubrían a la chica y recurrió a su técnica infalible: Sonreír con los ojos. − ¿Qué haces? ¿Eres miope? – Ok, no le había funcionado. – Mira, Itachi ¿verdad? – el pelilargo asintió. – No quiero tener que relacionarme contigo. Si te salvé fue porque me cargan las mujeres que se denigran por hombres como tú e intente sacarla de esto.

− ¿Cooperación con el género? – pregunto dudoso.

− Algo así. – Ino lo miró esperando una réplica, pero no la obtuvo. – Buuuueno… me voy.

− ¿En qué momento llegaste? – Ino rebusco su celular dentro del bolso.

− Cuando empezaron a tocar, ¿Por qué?

− Porque no te vi. – respondió.

− Digamos que no soy una persona que se ande mostrando. Solo me dediqué a estar en mi mesa, conversando con mis amigas, que desgraciadamente ahora desaparecieron. – Itachi miró sobre su cabeza, intentando encontrar a alguna conocida y las vio. Estaban apoyadas en la barra, junto a la chica de chonguitos que al parecer estaba llorando. Le iba a decir, pero cuando la vio expectante para que le diera una respuesta, se sintió penetrado por esos ojos azules tan infantiles y llenos de bruma. Ino escondía algo y ese algo le atormentaba. − ¿Qué pasa?

− No las vi. – mintió. − ¿Puedes aceptarme aunque sea un jugo o algo para picar? – Ino volvió a negarse, ofuscándolo. − ¿Por qué?

− Porque no quiero. − ¿Dónde estaba eso que las mujeres siempre sabían cómo zafar de las situaciones sin perder el tino? Al parecer Ino no había tomado esa clase. – Iré a buscarlas.

− Deja de ser tan dura. No soy malo. – Ino mordió su labio intentando no reír.

− "Esa recomendación viene muy de cerca" – dijo la rubia, imitando la voz y los gestos, aunque sobreactuándolos. – Me gustó esa respuesta. La usaré en algún momento.

− Deja de darme vueltas y acepta. – Ino bufó rendida.

− Solo un jugo. – Itachi asintió. Tenía por lo bajo, 10 minutos más a su lado y los aprovecharía.

Tomaron asiento en una mesa alejada que se encontraba en el vip y pidieron sus bebestibles. Ino se ofreció a pagar su parte, pero Itachi no lo acepto, aludiendo a que era su invitación y que nunca dejaría que una mujer le pagara la bebida.

− ¿Extrañas a Sakura? – Ino se sorprendió al escuchar que esa fuera la primera pregunta que le lanzaba el pelilargo. Se esperaba algo más al grano y menos profundo.

− Sí, se estaba convirtiendo en una gran amiga. – Ino bebió un poco de su jugo.

− Lamento que se haya ido así. La verdad es que veía un gran potencial en ella. – Ino se alzó de hombros. Ya nada más se podía hacer. – Quizás vuelve.

− Lo veo muy difícil. – respondió apesumbrada, aunque resignada. – Su madre está molesta y no quiere saber de la película ni nada. Jiraya la llamó durante el día y sigue completamente negada a aceptar.

− Que triste. – le tomó la mano sobre la mesa, pero Ino de manera sutil, se soltó. – En fin. ¿Seguirás trabajando ahí?

− No creo. Si aguantaba era porque estaba Sakura, pero Kabuto es una bestia desagradable, asquerosa, pedante y habla muchas groserías. Me molesta la gente que se cree superior al resto y los denigra gratuitamente.

− ¿Qué harás? ¿Te quedarás sin trabajo? – Ino asintió.

− Mi familia tiene una floristería. Puedo especializarme bien en eso y ayudarlos. – a pesar de mostrarse animada, Ino no tenía ese característico brillo en sus ojos. La idea de trabajar junto a sus padres en algo que no le gustaba, le pesaba. – Y tú, aparte de manager y gastador del dinero de Sasuke ¿Qué haces? – Itachi iba a replicar, pero al notar que la chica simplemente le estaba lanzando una broma, lo dejo pasar sonriendo.

− Hincharle las pelotas a los de la banda. – Ino se mostró sorprendida, bebiendo de su jugo. – Lo que he ganado como manager lo he invertido en el negocio de bienes raíces. Se gana bastante y no es tan estresante como comprar acciones de una empresa cuando vayan en baja y venderlas cuando están en alta.

− Eeh… claramente. – no había entendido ni la mitad. − ¿Tienes alguna carrera?

− Soy ingeniero industrial. – Ino abrió la boca sorprendida. Al parecer Itachi era más que una cara bonita. – Trabajo en esto porque en algún momento la vida de Sasuke comenzó a descarriarse y tuve que meterme a salvarlo, dejando de lado mi carrera.

− ¿No te molesto? – Itachi nunca lo había pensado. Simplemente había asumido lo que creía necesario, para salvar a su hermano de sí mismo y ayudar a sus padres que estaban desesperados.

− No. – respondió con sinceridad. – Si no hubiese actuado a tiempo, quizás Sasuke estaría muerto. – Ino lo miró fijamente, pendiente de lo que decía. – Espero poder confiarte esto, aunque es algo que se sabe.

− ¿La intoxicación por drogas que tuvo? – Itachi asintió. – Algo he escuchado.

− Fue tremendamente difícil encontrarme a mi hermano botando espuma por la boca al estar tan atiborrado en cocaína y quien sabe que otra cosa. – lo buscó con la mirada y lo encontró sentado en un sofá, siendo observado por muchos ojos, pero indiferente frente a ellos. Estaba pendiente del celular y de nada más. – Han pasado varios años y Sasuke sigue limpio. Sólo bebe una que otra cosa, pero créeme que es el opositor más grande que puede existir respecto a las drogas, por lo mismo protege tanto a Sakura, porque sabe que entrando a este mundo, las puertas de muchas cosas se le abrirán y no quiere verla metida hasta el cuello.

− ¿Tú crees que puede haber algo más? Él siempre está cuidándola. – Itachi se alzó de hombros.

− Nadie lo sabe, solo él, aunque me pone nervioso pensar en que tenga algo con ella. – Ino iba a replicar. – Tranquila, Sakura es hermosa y una buena chica, pero mirándolo desde un punto profesional, también tengo que tener presente que es menor de edad y una chica con todo un futuro. Sasuke tiene 25 años y sus intereses son más maduros.

− Sakura es muy madura. – Itachi enarcó una ceja. – No estoy diciendo que tienen que estar juntos; eso es cosa de ellos, pero sí creo que deberías darle su espacio. Estoy casi segura que en este momento se está enviando mensajes con mi amiga.

− Sí. De eso estoy seguro. ¿No te has comunicado con ella? – Ino negó.

− Esperaré a que ella lo haga. No me gusta atosigarla con lamentos y sé que haré eso si le hablo. – Una respuesta muy madura, pensó Itachi, aun más admirado. – En fin, creo que me iré. Tengo permiso hasta las 2 y media de la mañana y ya van a ser las 3.

− ¿Andas en auto? – pregunto preocupado. – Yo te puedo ir a dejar.

− No hay problema. Tengo mi carro allá afuera, esperando por irnos a casa. – Se levantó. – Fue gusto conversar contigo. Eres relativamente simpático.

− ¿Relativamente? – se puso de pie. – Te acompaño al estacionamiento.

− Ok.

Caminaron en silencio, esquivando brazos y bailes estrambóticos. Ambos pendientes del otro y sumidos en sus propias conclusiones. Ino comenzaba a interesarse por ese hombre con basto recorrido e Itachi se sentía aun más atraído hacía esa chica de armas tomar, pero muy confusa.

− Gracias por el jugo. Estaba rico. – confesó sonrojándose. Si había algo incomodo en la vida, eran las despedidas con alguien que conectabas de manera natural. No existía la forma correcta de alejarse, porque verdaderamente no querían hacerlo, por eso la situación se volvía torpe y algo irrisoria.

− De nada. – respondió Itachi, apoyándose en el carro y esperando a que Ino se subiera. – Espero me vuelvas a aceptar otra invitación.

− Solo aceptaré tus invitaciones a candy crush. – Itachi se largo a reír.

− ¿Eso quiere decir que me agregarás a tus amigos de facebook? – Ino sonrió de medio lado y luego de darle un pequeño apretón en su brazo, se metió en su carro y prendió el motor. − ¿Ino?

− A buen entendedor, pocas palabras.

Dicho eso, salió del lugar apretando el acelerador, aunque el auto era demasiado pequeño para salir con la fuerza que requería una "salida sexy"

Itachi pensó que se veía muy linda dentro de su escarabajo.

10.

− Sasuke, ponte ahí. – la voz del fotógrafo lo trajo a la realidad.

Estaba en un campo helado, húmedo y con neblina. A su lado, Fuka se colocaba la ropa que le correspondía a esa toma.

− Sr Uchiha, necesito que se ponga esto y se saque eso. – una chaqueta de cuero sin camisa debajo. Esa era la tenida, acompañada por unos jeans gastados y el asomo de la marca de su bóxer.

Calvin Klein volvía sexy a los hombres.

− Sasuke, ponte ahí. – volvió a repetir el fotógrafo. El pelinegro bufando se acercó al lugar que le indicaban y se tiró al suelo como le pedían. Fuka se sentó sobre sus caderas e hizo un movimiento sugerente, aunque lo trato de disfrazar como un accidente. Sasuke se mordió el labio. No era de fierro.

La toma salió perfecta, siendo alabada por el fotógrafo. Sasuke, que aun se encontraba debajo de la mujer, se movió dándole a entender que quería que se bajara. Fuka no lo tomo en consideración y se quedo ahí, sobre él, provocándolo con la mirada.

− Fuka… − pidió con tono cansino. Sabía que si lo seguía provocando, era muy probable que las cosas terminaran en el departamento de uno de los dos, listos para darle rienda suelta a esa necesidad imperiosa de desfogarse. – Detente.

− No estoy haciendo nada. – le respondió con aire inocente y fingiendo confusión. Un nuevo movimiento pélvico despertó el deseo irrefrenable del pelinegro. − ¿Tienes algo que hacer?

− Sí. Muchas cosas – mintió. Tenía por delante una tarde sin mayores ajetreos, es más, cargaría una serie o pensaría en una nueva melodía. – Por lo mismo necesito que te levantes.

− No te creo. – el pelinegro cansado de esa vana y poco necesaria conversación, se levantó, afirmándola de la cintura y levantándola a ella en el proceso. Fuka bufó. − ¿Cuántas veces te tengo que pedir disculpas? Cometí un error…

− Fuka, acá no. − la detuvo al sentirse observado por todos los presentes. – Ya conversamos esto. – murmuró mirando de reojo al fotógrafo que se hacía el desentendido, pero Sasuke sabía que su oído estaba pegado en ellos.

− Y terminamos teniendo sexo ¿acaso no lo recuerdas? – el pelinegro se volteó, agotado mentalmente. – Ok, lo tomaré como algo sin importancia, pero piensa Sasuke; nosotros nos entendemos en muchos ámbitos. Eso no lo encontrarás con cualquiera.

− Fuka, te estás volviendo cansadora. – la mujer abrió la boca, recibiendo el golpe de lleno en su pecho. Sasuke la estaba destruyendo y con él se iba parte de su corazón. No podía ser tan frío ¿dónde estaba el hombre que por tanto tiempo había querido?

− ¿Pueden dejarnos solos? – pidió la pelirojiza. Todas las personas que pertenecían a la producción de la revista, salieron del lugar, twiteando sobre la situación. El rumor de la posible separación de Sasuke con Fuka correría como pólvora. – Sasuke, necesitamos hablar.

− Fuka, ya no hay nada más que decir. Las cosas acabaron. – la mujer meneo la cabeza. No aceptaba ese término.

− Hace muy poco estábamos de vacaciones, juntos. Incluso llegué a pensar que podríamos formalizar nuestra relación. – hablaba de matrimonio. La palabra que volvía a cualquier hombre en un escapista profesional, pero Sasuke no era de ese estilo. Prefería cortar las cosas desde raíz, así tuviese que ser rudo y hosco. – Yo sé que podemos volver a ser lo que fuimos en algún momento. ¿No recuerdas todas lo que pasamos? ¿Los momentos juntos?

− Sí, los recuerdo, pero no se vive del pasado, Fuka. – Sasuke poso sus manos dentro de los bolsillos del pantalón y la miró con frialdad. El hielo atravesó el pecho de la mujer. – Por respeto a lo que tuvimos, deja esto hasta acá. Nada volverá a ser como antes.

− ¿Conociste a alguien? – el peor temor de la mujer era ser corneada y que todo el mundo supiera que su novio le era infiel. La sola sospecha de que Sasuke estuviese manteniendo una relación paralela con la de ella, le hervía la sangre. No podía ser tan poco hombre.

− No, Fuka. Estoy soltero. – la pelirojiza no supo si alegrarse o sentirse aun más herida. La declaración de estado del pelinegro, la estaba dejando fuera.

− No hemos terminado, Sasuke. – Sasuke bufó agotado ¿acaso no entendía que ya no había nada más que hacer?

− Sí, Fuka. Lo hicimos. Basta de humillarte y sigue con tu vida. Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras. – La maldita forma que tenía de ofrecerle su hombro, sin darle más, era como comer de a poquitito cuando se tenía un hambre voraz. Ella no podía aceptar que Sasuke le diese su mano como amigo y no como pareja. Dos años juntos no era poco tiempo, menos para ellos que siempre habían tenido parejas ocasionales, que servían solo para satisfacer ciertas necesidades. – Tienes un proyecto maravilloso en Estados Unidos, no lo pierdas.

− ¿Esto es por mi carrera? ¿Por qué la antepuse algunas veces sobre ti? – Sasuke negó con la cabeza. – Muchas veces rechacé proyectos para no estar tan alejada. – la pelirojiza no entendía que ese no era el tema. – Yo te amo.

− Pero yo no. – listo, fin. Ese era el cercenamiento que necesitaba escuchar Fuka para que lo dejara en paz.

El cuerpo de la mujer se tambaleo y sus ojos brillaron de forma incandescente, listos para soltar las lagrimas reprimidas quien sabe por cuánto tiempo. Sus labios temblaron y sus manos se crisparon en dos puños apretados y fuertes. Fuka estaba sintiendo los embates de lo que era el desamor. Ya la noche anterior se lo había pasado llorando, pero la confirmación que le llegó por la mañana, avisándole que la sesión fotográfica todavía iba, le dio una vana esperanza. Pensó que si Sasuke la veía, podría recapacitar y volver a estar con ella, pero no era así.

Sasuke no la dejaba porque estuviese con otra, o porque estuviese cansado, si no porque ya no la amaba. Quizás nunca la amo y eso dolía como nunca nada le había dolido, atravesándole el pecho de lado a lado.

− Hasta acá llegamos ¿verdad? – murmuró Fuka, con semblante apagado y mirada cabizbaja. Incluso un esbozo de sonrisa trise comenzaba a divisarse.

Sasuke se sentía mal. No quería lastimar a la mujer con la cual llevaba dos años compartiendo su vida, pero no le había dado opción. Lo estaba arrinconando y reaccionó frente a eso.

− Fuka, eres una gran mujer… − la pelirojiza lo detuvo poniendo la mano en alto.

¿Si te he visto, no me acuerdo? – pregunto. El dicho se le hacía muy adecuado en ese momento. – No digas lo magnifica que soy, porque aun así, no bastó para que tú me quisieras. – levantó la cabeza con orgullo y elevo su mentón. Era una nueva mujer que caía en las fauces de un mal amor, pero no era la única. – Me iré de vuelta a Estados Unidos.

− Me parece bien. – El pelinegro no sabía qué hacer. Si ir a abrazarla y dejar que mojara su camiseta o mirarla desde su distancia, esperando que ella diera el primer paso.

− Cuídate, Sasuke. – se enfilo hacía su bolso y luego hasta la puerta del lugar, para salir, pero antes de desaparecer, lo miro sobre su hombro. – Algún día pagarás por todo el daño que me has hecho.

− Fuka… − el nombre se escapó desde sus labios con profundo pesar. Sasuke también sufría con ese término, porque tenía sentimientos por la mujer, pero eso no justificaba que la siguiera reteniendo a su lado, enamorándola aun más y llevándola al límite de su dolor. Sabía que las cosas no cambiarían entre ellos, porque la situación no iba a ser distinta y él no estaba dispuesto a cambiar por nada ni nadie. Si en dos años Fuka no lo logró enamorar, tampoco lo haría si se daban una nueva oportunidad, forzando aun más las cosas y provocando mucho más dolor del que ahora sentía. Su pecho estaba apretado y sus nudillos blancos. Era culpable de un nuevo corazón reventado que se agregaba a la larga lista de mujeres y hombres que había en el mundo, sufriendo por un amor no correspondido. Un amor que no tenía ni una pizca de amor.

La amenaza quedo flotando en el aire, acompañada de ese silencio tortuoso.

El futuro era incierto, eso lo tenía claro, pero Sasuke sabía que un día el karma tocaría su puerta y le entregaría la factura, con intereses y pelos. Pagaría el mal y rogaría misericordia.

El cielo de Tokio reventó, la lluvia comenzó a caer gruesa e incesante. No perdonaba.

11.

Sakura caminó por la casa de sus abuelos como cachorro recién nacido. No hallaba que hacer, dado que ya había cocinado, limpiado, ordenado, observado, caminado y recorrido todo el lugar, así que sólo le quedaba sentarse sobre el sofá – más bien echarse – y mirar que pasaba por la tevé. Lamentablemente, sus abuelos no tenían televisión satelital, ni tv cable, así que tenía que abstenerse a mirar lo que le brindaban las señales naciones y regionales. Un grato sábado por la tarde.

Saco desde su bolsillo, el celular que le había regalado Hinata. Lo miró con odio.

− ¿Por qué no te funciona el internet? – le preguntó. El día en que le respondiera, saldría en esas revistas de fenómenos paranormales, destacando en la sección de: "objetos inanimados que hablan". Técnicamente, el celular servía para conversar, pero no para mantener una conversación con él.

Bufó molesta. Con suerte había logrado intercambiar algunos mensajes con sus amigas y Sasuke, aunque este último, molesto porque no le respondiera de inmediato, había preferido ignorarla. ¡Es culpa del maldito celular!

Miraya, tenemos fotografías recién salidas del horno y están bastante calientes. – Sakura volteo la cabeza para mirar la televisión. La voz del panelista de ese programa de farándula interrumpió sus pensamientos. El hombre se sobaba las manos. – Hoy por la mañana, nos llegó información de que nuestro gran galancete y cantante: Sasuke Uchiha, se encontraba en las inmediaciones de la revista People, sacándose fotos para el nuevo número que se lanzará a mediados del otro mes. – Sakura se sentó sobre el sofá, bajando los pies para poner mayor atención al televisor.

Me imagino que deben estar de muerte. – Indico la presentadora, mirando directamente a la cámara y escuchándose el típico sonido de "noticia sensación" Sasuke está como para chuparse los dedos.

Ya lo creo, Miraya. − El panelista fijo su vista en el camarógrafo, listo para hacer la presentación. – Prepárense mujeres del mundo, aunque se llevaran una tremenda decepción. – el panelista puso un gesto alicaído. Sakura comenzó a preocuparse. − está vez, nuestro bombón asiático no se encontraba solo. Lo acompañaba la mujer que ha sido su pareja durante mucho tiempo. – Sakura sintió su pecho apretarse. Así que Sasuke no le había contestado porque estaba ocupado con su novia, no porque estuviese enojado con ella. La muy ilusa sintiéndose culpable y él trabajando. – El tigre negro suele sorprenderse con su físico esplendoroso. Fuka es una afortunada.

Claro que sí. Creo que la gran mayoría de las mujeres querrían pasar su mano sobre Sasuke. – Sakura mordió su labio. Ella era una de las afortunadas que lo había sentido sobre su cuerpo. Gracias actuación, pensó. – El twitter está reventando pidiendo con desesperación las fotografías.

Eso haremos. Por favor, envíen la nota… − Sakura cerró los ojos, para prepararse mentalmente, pero no fue suficiente. En cuanto vio a Sasuke, con una chaqueta abierta, sin camiseta y pantalones cayendo por un costado, mostrando su bóxer, sintió su boca secarse. A su lado, Fuka lo tomaba de un brazo y ponía una mueca de seriedad.

Ambos eran malditamente perfectos y lo era aun más cuando estaban juntos, ensalzándose.

− Vaya, así que ese es el que me personifica ¿no? – Sakura volteó la cabeza, encontrándose con su abuelo, que apoyado en el marco de la cocina, miraba con atención el televisor. – Yo era más guapo a su edad.

− Sí, abuelito. Eras mucho más guapo. – Sakura era una gran mentirosa y su abuelo se había percatado, pero no diría mucho. Con solo mirarla dos segundos, supo que ahí había algo mucho más profundo y al parecer, Mebuki también lo había notado. Por algo estaba tan empecinada en sacarla de la película.

Mira está fotografía. Salen bellísimos. – la pelirosa volvió a mirar la televisión, quedando de una pieza y con el corazón agitado, al ver a Sasuke, rozando su nariz con la de Fuka, ambos acostados y con poca ropa. Las caras de sensualidad hablaban de una química muy explosiva. Debían llevarse de maravilla para lograr expresar a través de una simple fotografía, toda la compenetración que tenían.

Sakura se entristeció. Tenía claro que Sasuke nunca la miraría más allá de la simple chica que había tenido la suerte de estar en el momento preciso y que ahora le servía de obra filantrópica, pero en su mente existía la remota posibilidad que luego de mirar todo lo que él hacía por ella, si pudiese existir algún tipo de relación entre ambos. Ya veía que ésta solo se atendría a una amistad.

− Tiene mucha experiencia, ¿no? – los ojos jades buscaron los de su abuelo. Hayato notó una leve desolación y cuando se atrevió a preguntar, Sakura le rogó que no. – Cariño, deberías darte cuenta de donde estás, quien eres y todo lo que difiere entre ustedes.

− Lo tengo presente, abuelo. – Hayato tomó asiento a un lado de Sakura. – Era mejor cuando simplemente era mi ídolo.

− ¿Te gusta? – Sakura se alzó de hombros. – Un hombre así revoluciona la vida de cualquier chica. Es cosa de mirarlo y saber que es casi perfecto.

− Ese es el problema, abuelo. Conozco su faceta más desagradable y aun así me gusta. – Hayato sabía que eso era lo peor. Le había pasado con Chiyo. Ella sabiendo lo cruel, malo y sanguinario que era, lo amaba como si no hubiese mañana. – En fin, ya no lo veré más.

− Y noto que eso te entristece ¿verdad? – Sakura se encogió de hombros, restándole toda importancia. – Sakura… − pidió, observando como el rostro de su querida nieta se transformaba en escarlata. – Tu madre sufrió mucho por tu padre. Yo no quiero que te pase algo parecido, pero tampoco quiero que le recrimines el hecho de que te haya alejado de tu sueño y de la oportunidad que tenía de estar cerca de la persona que quieres.

− Me gusta, no lo quiero. – Había una vasta diferencia en ambos términos y Sakura no dudaría en aclararlo.

− Se tiene que partir con algo. – El humor muchas veces negro de Hayato, no le tranquilizaba los nervios. Es más, se los crispaba. – Pequeña, la vida es una constante de errores, que nos enseñan. Las decisiones equivocadas son las paredes que nos que franquean nuestro camino hacía el destino. Yo aprendí que sangre por sangre no podía ser un lema válido. También aprendí que las mujeres no son desechables y que la edad no es sinónimo de madurez. Acepté mis errores con la hidalguía que correspondía y de esa forma, logre aceptar lo que era: Un loco enamorado de tu abuela. – Sakura abrió la boca sorprendida. Escuchar la historia desde labios de su abuelo era algo nuevo. Chiyo siempre había sido la que contaba sobre su relación. Hayato siempre había procurado ser un mero espectador y asentía con solemnidad en cada uno de los recuerdos que verbalizaba su mujer, pero ahora, estando con él y escuchando de su boca todo lo que había vivido, lo hacía aun más real y a la vez más bonito.

Era una historia de amor violenta. Con un comienzo errático y que distaba mucho de ser romántica, pero así era como se manifestaba muchas veces el enamorarse. No era miel sobre hojuelas, tampoco tenía serpentina a los lados, ni las nubes se volvían algodones de azúcar. Amor, para muchas personas, era el término más real y cruento de la vida. No por nada, gracias a él, muchas historias terminaban cubiertas de sangre.

− ¿A qué quieres llegar? – Hayato le dio una sonrisa con los ojos, muy parecida a las que le daba Sasuke. Muy probablemente, como el pelinegro siempre había sido indiferente y frio, no había aprendido a sonreír con los labios.

− Que sea lo que sea que resulte de todo esto, siempre veas las cosas con altura de mira y no te reproches todo el tiempo. – le tomo la mano. El frio calaba hondo, pero las manos cálidas de su abuelo le parecieron retazos de frazadas cubriéndola. – Los errores están permitidos. Quedarse lamentando, también lo está, hasta cierto punto, claro, pero no aprender de ellos es lo peor que podemos hacer. Ni siquiera el no levantarse es tan idiota como no sacar la conclusión correcta del dolor que nos provoca cometer un error. – Sakura frunció el ceño, pero lo destrabo cuando sintió el pulgar de su abuelo acariciar esa parte. – Sakura, tu mamá cree que te protege, pero te está impidiendo hacer tu vida. Muchas veces los padres creemos que por ser eso, padres, tenemos cierta propiedad sobre nuestros hijos, olvidando que son seres autónomos y capaces de hacer su vida. No te digo que te pongas en rebeldía, pero sí que intentes hacerle entender que esto es más que un sueño para ti. Este es tu destino.

− Oh, por Dios abuelo. Como necesitaba que alguien me diera unas palabras de aliento para volver a luchar. – ambos voltearon la cabeza con rapidez al escuchar el sonido característico de los "extras".

Muy buenas tardes. Interrumpimos nuestra programación habitual, para traerles la noticia que está remeciendo el mundo del espectáculo en este momento. − ¿habría muerto un famoso? La única forma de que los noticieros principales pararan sus programaciones, era por fallecimientos o catástrofes naturales. – Información informal nos está llegando desde los estudios donde se graba la película basada en el libro de Goya Vitrue "Amor Yakuza" Estamos con Mirato desde el mismo lugar para que nos esté informando sobre lo que sucede. – el cuerpo de Sakura dio un respingo. Congelada miró con estupefacción la televisión, temiendo oír algo relacionado con Sasuke, ella misma o algún allegado a la película.

Hola Mika, nos encontramos apostados en el lugar, esperando la salida del director Jiraya. Han llamado a conferencia de prensa. – Sakura se metió las uñas a la boca. Estaba asustada y Hayato lo percibió a su lado. – Ahí está saliendo. – las cámaras corrieron hacía él.

Con papel en mano y luego de aclararse la garganta, Jiraya comenzó a hablar.

Buenas tardes. – saludó el peliblanco con cortesía. – El motivo de este llamado, es para poder clarificar la situación que se está dando en este momento. Los rumores de una supuesta salida por parte de Sakura Haruno, son correctos. – la pelirosa sintió algo dentro de su pecho que comenzaba a apretarse. Ese era el fin. – Por motivos de fuerza mayor, tuvimos que desertar de la participación de la Srta. Haruno en nuestra película. Lamentablemente no se llego a un pleno acuerdo con la persona que la representa y tuvimos que prescindir de su presencia. Para nosotros, está es una gran pérdida, dado el talento que ha demostrado tener y las ganas que tenía de participar. Ojala, en otro momento, podamos hacer una película con ella presente, pero por ahora, queda descartada. – Sakura agachó la cabeza dejando caer sus lágrimas que no se detenían. – Las grabaciones se encuentran estancadas. Estamos buscando a una nueva actriz para que represente el papel.

Un griterío gigantesco se oyó de desde la televisión. Todos los periodistas hablaban al mismo tiempo, intentando ser escuchados por el peliblanco. Las preguntas volaban.

¿Mei Terumí no tomará el lugar? – Sakura se levantó a mirar el televisor. No quería que esa mujer tan desagradable, según Tenten, tomase su lugar y mucho menos representara a su abuela. Chiyo tenía que ser alguien humilde y que la belleza física no fuese más importante que el interior.

Mei Terumí está descartada desde un comienzo. – Sakura boqueó, sin creer lo recientemente oído ¿Mei pasaba al olvido? Una leve sonrisa se esbozo en su rostro, aunque era tétrica. Acompañada de las lágrimas, parecía una loca. – Muchas gracias por su atención…

Desde atrás, alguien apago el televisor y Sakura no pudo escuchar las palabras finales.

Tanto el abuelo como la pelirosa, se voltearon a reclamar.

− Nada más de esto ¿me oyeron? – Chiyo tenía los brazos en jarra y los miraba reprobadoramente. – Sakura, tu abuelo sueña con verte triunfar, pero es demasiado optimista muchas veces y caer desde tan arriba, hace más fuerte el costalazo. Por lo mismo te pido que tengas los pies en la tierra.

− ¿No te gustaría verme actuando? – La mujer, que a pesar de tener su edad seguía manteniendo la belleza, negó. – No entiendo.

− No me gustaría verte representándome. Tu vida corre peligro, Sakura. – la pelirosa bufó. – Yo quiero que seas feliz, pero si el costo es tan alto, prescindo de él. Hace unos días, anduvieron algunas personas preguntando por ti. Sabes que nosotros tuvimos que fingir nuestra muerte para no ser asesinados y ahora tú te estás convirtiendo en un blanco perfecto para ellos.

− ¿Por qué los quieren matar? – por primera vez la pelirosa se atrevió a preguntar algo que nunca le habían querido decir. ¿Qué escondía la familia Ebino con tanto recelo?

− Porque yo asesine a un clan. – Una confesión dolorosa, acompañada de una voz de ultratumba. ¿Los podría juzgar? – Fue antes de conocer a tu abuela.

− Como sabes, las cosas nunca fueron color de rosa. El libro no lo cuenta tal como fue, es más, esa parte espantosa se la salta, obviándola. – Sakura se puso las manos en las sienes, intentando digerir la información. – Cariño, entre más te metes en esto, más escabroso se vuelve y serás blanco de muchas críticas.

− ¿Por qué? – preguntó temblorosa, mirando a su abuelo. Hayato agachó la mirada.

− Porque era un niño jugando a ser grande. – alzó sus manos aun sin mirarla. – Las tengo embarradas en sangre, a lo mejor no eran blancas palomas, pero eran humanos y yo no era nadie para ajusticiarlos.

− Abuelo, mírame. – Sakura tomo el mentón de Hayato al notar su reticencia. – Escuchame bien. Soy Ebino de pies a cabeza y sé lo que conlleva llevar tu apellido, así que nunca más vuelvas a avergonzarte. Yo pondré sus nombres en el lugar que corresponde.

− ¿Y si te hacen algo? – pregunto Chiyo, acercándose a ambos y mirándolos con aprehensión.

− Sakura sabe defenderse. – defendió el hombre, mirando a su nieta, para luego dirigir su mirada al televisor que reposaba detrás de su mujer. − Y creo que hay otra persona que no permitirá que algo le suceda.

La pelirosa entendió a lo que se refería. Sasuke al parecer si sería su salvador y Hayato ya lo estaba pronosticando.

12.

Sasuke caminó por doceava vez el camino entre su habitación y la puerta, indeciso. A la mitad de la decimo tercera vuelta, se detuvo en el medio del salón y miró al cielo buscando una ayuda divina. El revoltijo que tenía en la cabeza le impedía tomar una decisión sin sentirse ofuscado. Por un lado tenía la opción de quedarse en su casa, descansando y trabajando en un nuevo proyecto para la banda. Acompañado de su guitarra, un cigarrillo y un café cargado, haría volar sus ideas para sorprender a su público exigente. Por el otro, sentía la necesidad imperiosa de salir en busca de cierta muchacha de ojos verdes y pelo rosa. Luego de las declaraciones de Jiraya sabía que se encontraría triste y desanimada, odiando a Mebuki – no tanto como él lo hacía – y reclamándole al mundo por quitarle su sueño.

Siempre que me encuentro en una disyuntiva, lanzo una moneda y hago lo que ésta me indica.

Escuchar la voz de su amigo Naruto en un momento así y hablando sobre qué camino elegir, no era una muestra de claridad mental. Quizás la cerveza que se había tomado junto al dobe luego de la sesión fotográfica con Fuka – necesidad de apoyarse en un hombro, aunque nunca lo admitiría. – le estaba causando mella en ese momento.

− Ok, si está es la única solución que me das. – dijo resignado, sacando su billetera. – Por la mierda, no tengo ninguna moneda.

Y era obvio, él se manejaba solo con tarjetas y billetes ¿la decisión tomaba más valor si lanzaba un dólar al aire? Probablemente no, pero era lo único que tenía a mano en ese momento. Se vería tan idiota esperando que el dichoso papel bajara para encontrarse con el suelo y así mismo, con una opción correcta.

− Maldita sea. – estaba molesto consigo mismo y ese afán casi crónico de seguir atravesándose en la vida de la chica. No podía dejarla en paz y eso le molestaba más que cualquier cosa, impidiéndole ser la persona fría y calculadora que comúnmente era. Sakura le estaba quitando su capacidad de raciocinio y su habilidad destacable de no complicarse la vida con banalidades. Sakura se estaba convirtiendo en un peso que sentía incapaz de sostener, pero también imposible dejar. Un tira y afloja dentro de su cabeza – y corazón – que no le permitía ser sensato como tanto le pedía Itachi.

Dando un fuerte bufido, acompañado de una sarta de groserías marca Uchiha, lanzó 5 billetes de cien dólares. Un número impar. Si salía la cara del tipejo que tenía una mueca de estar oliendo mierda, se quedaba en su casa creando una nueva canción y si salía la casita en la pradera, bien bonita, tomaba su carro y enfila directo al pueblo de la pelirosa a buscarla. Ya en el camino se le ocurriría que decirle a su madre para convencerla y como traerla de vuelta a su mundo.

Lanzó al aire y espero con desesperación que los malditos billetes dieran su resolución.

Como chica que tiene en su mano el test de embarazo con la respuesta, cerró los ojos impidiéndose mirar. No sabía cuál de las dos opciones le daba más felicidad.

Espero un tiempo prudente y los abrió lentamente. Cada uno de los billetes estaba desperdigado.

1. Cara de tipo sin expresión.

Sasuke alzó una ceja. Si ese era el primero que veía, alguna señal debía de ser.

2. Cara de tipo estreñido.

Debajo de la mesa de centro se encontraba el otro billete, reposando con burla. Dos del mismo y en primera instancia. La opción de partir donde Sakura se estaba evaporando. Por inercia, volvió a cerrar los ojos. El tercer billete que encontrara sería decisivo.

3. Cara de tipejo malvado.

Como un maldito estúpido que se burlaba de su desdicha y de tener que recurrir a ese método tan infantil para tomar una simple decisión.

Ya estaba dicho. Se quedaba en su casa esa noche y comenzaba a grabar. Total, ya Sakura era parte de su ó hacia el cuarto, pero en cuanto tomo el pomo, se volteó con violencia. Tenía que saber que decían los otros dos billetes. Quizás corriesen distinta suerte y que diferencia había entre dos y tres… una ganga.

4. El mismo imbécil sonriéndole de manera directa, mofándose de su desgracia.

Sasuke se tomo la cabeza al encontrarse con el cuarto billete apostado a un lado del teléfono fijo. La resolución seguía siendo la misma. "Sasuke quédate, Sasuke quédate" le gritaba el destino. Por algo lo estaba sometiendo a eso, a darle la respuesta que al parecer, él no quería escuchar.

Nuevamente se dirigió a su cuarto, pero a medio camino se detuvo y volteo con molestia hacia sí mismo por no aceptar la cruda realidad. Dio vueltas por toda la casa enajenado, buscando el dichoso billete que faltaba, pero no lo halló.

Resignado a una vida sin color rosa, se dejo caer en el suelo exhausto. Ya nada se podía hacer. Si le había dado a la suerte la posibilidad de decidir, tenía que aceptar su determinación.

Miró debajo del sofá. Era uno de los pocos lugares que no había revisado y ahí estaba, el dichoso quinto dólar. Sasuke lo saco con recelo y mordiéndose el labio inferior. Si el quinto le volvía a mostrar la cara del estúpido Benji, tiraría todo por la borda y se lanzaría a la vida, buscando chicas fáciles y cuerpos divinos para recorrer.

5. Casita en la pradera.

El pelinegro soltó el aire contenido y sonrió de oreja a oreja. "El que ríe último, ríe mejor" o "Último gol gana todo" fueron dichos que aparecieron en su cabeza. Por algo, siempre lo que quedaba para el final, terminaba definiendo la realidad, así que si la suerte le daba cuatro razones para quedarse, él le daría una para largarse y ésta tendría más peso que cualquiera de las anteriores, porque era la respuesta que su corazón le estaba obligando a tomar.

La correcta.

Tomando su chaqueta, dado que el frío ya se volvía insoportable, se fue hasta la puerta, jugando con las llaves del carro. El dragón de papel estaba a un lado del pocillo de las llaves y fue como si destacase al estar acompañado de tantos colores grises. Al igual que Sakura.

Llamo por su celular a Jiraya. No sabía donde vivía la pelirosa. Lo único que le había dicho la chica, era que vivía en un pueblo alejado de Tokio y muy pequeño.

− Sasuke, es algo tarde ¿sucede algo? – el pelinegro apoyo el celular en su oído y se metió al ascensor. En sus manos, acomodaba los billetes que recientemente había lanzado, dentro de su billetera.

− Sí. Necesito saber en donde vive Sakura. – el silencio se hizo parte de la conversación.

− ¿Qué estás tramando? – Sasuke enrolo los ojos. Por primera vez se estaba dejando llevar y ya comenzaban a juzgarlo. – Sasuke. – pidió.

− La voy a buscar. – un gritito de sorpresa le hizo arrancarse el celular de la oreja. − ¡¿Qué te ocurre, idiota?! Casi me dejas sordo. – le reclamó.

− Esto es como una verdadera historia de amor. ¿La irás a buscar en un corcel blanco? − ¿No que Jiraya escribía historias pornográficas, nada que ver con el amor? Al parecer con la edad, llegaban las ansias de romanticismo. No sería raro verlo llorar con alguna película de esa área.

− Mi auto es negro. – jugueteo Sasuke, sonriendo de medio lado. − ¿Dónde es?

− Yokkaichi – mierda, eso sí que era lejos. – La ciudad de los yakuza, así que Sasuke, si vas para allá, ten mucho cuidado. Eres famoso y con mucho dinero, una presa perfecta para esas descerebradas malas personas que ven signo peso en nuestra cabeza y también mucha sangre. – El pelinegro no sentía miedo. Saber que sacaría a Sakura de esa ciudad maldita, lo tranquilizaba y le daba más ganas para ir hacía allá. – Busca en esta dirección e intenta sacarla. Ahora que ha salido su nombre en los noticieros, es muy probable que la estén buscando.

− ¿Y me lo dices así, super tranquilo? –pregunto el pelinegro ofuscándose de manera violenta. – Si a Sakura le paso algo por tu estúpida declaración, date por muerto.

− Me encanta como aflora la pasión juvenil. – Sasuke le escupió un par de groserías. – Controla esa lengua, Sasuke. Soy tu jefe.

− No lo eres hasta que Sakura aparezca. Si ella no está en la película, yo tampoco actuó. – amenazó, sorprendiendo al peliblanco.

− Apúrate entonces y déjate de hablar conmigo. – Sasuke se subió a su carro y despidiéndose de forma hosca, cortó la comunicación.

Aceleró bruscamente y junto con los neumáticos quemados, partió hacia el lugar donde se encontraba la chica que comenzaba a trastornarlo.

El asfalto de Tokio estaba resbaladizo y la lluvia volvía a caer. Eso era el invierno en Tokio.

13.

Mebuki despertó sobresaltada, acompañada de unos grotescos golpes en la puerta de su casa. Miró el reloj que reposaba sobre el buro: 2:50 de la madrugada. ¿A quién mierda se le ocurría hacer visita a esa hora? Alguien muy prudente, por lo demás.

− ¡Ya voy! – chilló molesta, poniéndose las pantuflas y amarrándose la bata. Ya conocería del genio Ebino el idiota que se le ocurría aparecer a esa hora, aparte de dejarle en claro que era un histérico impaciente y que su puerta no tenía la culpa de que estuviese desesperado por que le abrieran. –Gente maleducada. – a través de la mirilla, vio una sombra. Alto y delgado, aunque se notaba atlético. El cuerpo en cuestión se alejo y pudo distinguir quién era. − ¿Sasuke? – abrió para encontrárselo con la mano en alto, dispuesto a volver a golpear. − ¿Qué haces acá?

− Hola, Sra. Ebino. – Mebuki alzó una ceja y cruzo sus brazos sobre el pecho. No tenía ganas de ser cortes y menos a esa hora con alguien que veía la madrugada del domingo como un posible horario de visitas. – Sé que debe estar molesta conmigo, pero no tengo tiempo de ponerme a discutir con usted.

− ¿De qué hablas? – pregunto descruzando los brazos y mirando con detención los gestos contrariados del pelinegro. − ¿Qué pasa?

−No sé si será sugestión, pero ese maldito carro que ve allá, me viene siguiendo desde hace 20 minutos. – Mebuki lo noto. Dentro de esa furgoneta oscura se distinguían sombras. − ¿Puedo pasar?

− Sasuke, necesito que mantengas la calma. – el pelinegro frunció el ceño, pero no la contradijo. – Entraré a la casa y buscaré un bolso, luego de eso nos subiremos a tu carro y aceleraras con toda la potencia que tu auto tenga. No mires atrás.

− ¿Qué está pasando? – Mebuki intentaba dejar el miedo de lado, sepultándolo en la parte más alejada de su cuerpo. Ahora solo le daría rienda a la adrenalina. Ya habría tiempo para gritar desesperada. – Sra. Ebino ¿Dónde está Sakura?

− Ella está con sus abuelos. – Sasuke asintió. – Espérame.

Mebuki caminó a su cuarto y abriendo el closet, saco el bolso que tenía desde hace mucho tiempo armado. Dentro de él, pertenecías con valor sentimental, estaban ordenadas con mucho cuidado. Mebuki esperaba que algún día sucediera eso, por lo mismo, siempre dormía preparada para escapar y con las llaves de su carro a su lado, listas para ser usadas. Tomando una camiseta y un abrigo, se lo puso, al mismo tiempo que subía un jeans por sus piernas. Corriendo llegó donde Sasuke y le entregó el bolso.

− ¿Qué hago con esto? – preguntó el pelinegro. − ¿Podría explicarme?

− Son yakuza, Sasuke y nos mataran si seguimos acá conversando. – salió de la casa y cerró la puerta dándole vuelta la llave. – Camina hasta tu carro con normalidad.

Y eso hizo. Aprovechándose su veta de actor, caminó hasta el Lamborghinni fingiendo tranquilidad y hasta indiferencia. Mebuki se subió al carro con rapidez, para que luego él lo hiciera con algo de parsimonia, desesperando a la madre de Sakura. Cuando hizo contacto con la llave, notó unas figuras bajarse de la furgoneta y dirigiéndose con rapidez a ellos.

− Oh, mierda. – murmuró, apretando el acelerador. Mebuki a su lado, intentaba ponerse el cinturón, hasta que lo logró. Unos disparos los hicieron esconder levemente la cabeza entre sus hombros, pero Sasuke nunca perdió de vista la carretera por la que escapaban. El velocímetro sobrepasaba los 160 km/hrs, pero no le importaba. La amenaza aun no estaba por completo eludida. − ¿Me podría explicar bien lo que sucede?

− Como bien sabes, mis padres tienen una historia oscura detrás. – Sasuke asintió. – más bien mi padre.

− Si, Sakura me ha contado y el libro también habla de eso. – murmuró el pelinegro, esperando la indicación por dónde ir.

− Sigue derecho por esta carretera, iremos donde se encuentran mis padres y mis hijos resguardados. – Sasuke soltó el aire. Sakura estaba a salvo. – Mi padre ha cometido muchos errores, sobretodo antes de conocer a mi madre, por lo mismo, muchos enemigos andan a su siga, pero luego de que fingieran su muerte, las cosas se tranquilizaron un montón.

− ¿Supieron que Sakura es su nieta? – Mebuki asintió y Sasuke lo noto a hurtadillas. Estaba tan asustada como él. − ¿Cómo?

− Al parecer han estado investigando desde que comenzaron las grabaciones y el rumor de que mi hija es nieta de los Ebino, los puso sobre alerta. Ahora que saben que Sakura salió de la grabación, esperaban que ella estuviera en la casa y estaban listos para darle una emboscada. – A Sasuke se le puso la piel de gallina. Sakura podría haber muerto esa noche. – Lo sospeché y por lo mismo la fui a dejar donde sus abuelos. Si ella estuviese aquí, ellos habrían aprovechado de vengarse. – Mebuki carraspeo intentado esconder la flaqueza de su voz. – Yo me quede porque tengo trabajo y al ver que no ocurría nada por la tarde, luego de las declaraciones de Jiraya, me tranquilice, pero ya ves lo que paso.

− Si hubiese llegado 20 minutos más tarde la historia sería otra. – Mebuki asintió. – Ellos no me seguían, sino que se dirigían al mismo lugar que yo. – la mujer volvía a menear la cabeza en un asentimiento. – Sakura tiene que salir de este lugar.

− ¿Dónde quieres llevarla? Sakura no volverá a grabar. – repitió por enésima vez en lo que iba de día.

− Sra. Ebino ¿Qué está esperando? – la mujer se sorprendió al escuchar esa pregunta tan inquisitiva. – Yo no me quedaré esperando que algo le pase a Sakura, así que aunque usted se niegue, de alguna forma u otra, conseguiré llevarla conmigo.

− ¿De qué estás hablando? ¡Eres un pederasta! – acuso la mujer, dándole un fuerte golpe en el hombro. Sasuke se quejo. – No dejaré que te lleves a mi niña.

− ¿Entonces prefiere que la maten? –Mebuki se puso pálida al escuchar las palabras del pelinegro. No podría vivir si a Sakura le pasaba algo. – Yo le tengo una propuesta.

− ¿A ella? ¿Quieres algo con mi hija? – Sasuke enrolo los ojos. Si supiera… − Habla. – pidió.

− Tengo una casa en Tokio prácticamente abandonada. Necesito que alguien la cuide y se la ofrezco. – Mebuki se puso a toser de manera convulsa y nerviosa. − ¿Qué le pasa?

− ¿De qué estás hablando? ¿Quieres que me vaya a vivir junto a Sakura a tu casa? – Sasuke negó.

− Sé que no aceptaría que la dejara viviendo en mi casa gratuitamente, pero le doy el trabajo de que la cuide y la mantenga. Los estudios de grabaciones quedan un poco alejados de ella, no como el departamento de Sakura, así que tendrá que quedarse algunos días en su apartamento. – Mebuki miró al frente, sopesando la información. – Cerca de esa mansión, está la mejor escuela de hombres de todo Tokio. Le pago toda la colegiatura a su hijo y puede traerse a sus padres, dado que está bastante escondida y alejada de los medios. En cierta medida, esa casa será suya, personal y privada.

− No logro entender ¿quieres que me vaya a vivir junto a toda mi familia, exceptuando Sakura que estará ciertos días, a tu mansión en un lugar de Tokio? ¿Cuál es el pago de todo esto? No creo que cedas algo tan valioso como una casa a una total desconocida. – murmuró sin creerlo. Era algo tan extrañamente onírico.

− Sakura está muy nerviosa y triste por su lejanía. Yo le estoy dando la posibilidad de que ustedes vivan cerca de ella, sin atosigarla, porque ambos sabemos que a Sakura le gusta su libertad, aunque será hasta cierto punto controlada, porque podrá ir a verla cuando quiera. – Mebuki miró al hombre ceñuda. Sasuke seguía con ese gesto de indiferencia. ¿Acaso él sentía? – Será un trabajo pagado. Ustedes me cuidan la casa y yo les pago por eso, además de darles alojamiento ¿Qué le parece?

− Es demasiado. No puedo aceptarlo. – Sasuke bufó. – Sakura se desmadra, es altanera, impertinente y muchas veces inoportuna. – el pelinegro asintió sonriendo con complicidad. Sabía que la chica era así. – Si cedo en esto, se subirá sobre mi cabeza.

− No. – negó de inmediato el pelinegro, perdiendo toda emoción para enseriarse nuevamente. – Sakura la respeta mucho, por algo aceptó en cierta medida su decisión. Es más, cuando grabamos esa escena que propició todo esto, Sakura la llamo y no la logro contactar. – Mebuki mordió su labio. Si había alguien en este mundo que le hubiese dicho que no a Sasuke, por favor que le hablase para saber cómo negarse a una proposición del Uchiha. – Desde el punto que se mire saldrá ganadora. Tendrá un lugar protegido para mantenerse junto a su familia. Estará cerca de Sakura y los yakuza no serán problema. Si están alejados, yo no puedo protegerlos del todo.

− ¿Por qué haces esto? – Sasuke no supo responder. – Mi hija tiene 16 años.

− Si lo sé. – musitó entre dientes, sabiendo que esa era la mayor separación que había entre él y la chica. – Lo hago porque se nota que tiene pasta en esto de la actuación.

− ¿Eres filantrópico? − ¿Cuántas personas le habían consultado lo mismo desde que había conocido a Sakura? ¿Acaso no entendían que simplemente la quería ayudar? – Necesito hablarlo con el resto, pero quiero que te quede claro una cosa, Sasuke. – el pelinegro asintió, dándole pie a que continuara. – Mantén tus manos en un lugar que se pueda ver, o te juro que te corto las bolas si tocas un pelo de Sakura.

Quiero tocarle más que un pelo, futura suegra. Pensó.

− Sakura es una niña. – volvió a repetirse como mantra. – No se me olvida.

− Igual es bueno mantener las cosas claras. – el hombre asintió. – Me gusta tu idea, aunque preferiría que Sakura se mantuviera cerca de mí.

− La casa está a menos de una hora del departamento de Sakura. Si se va a vivir con usted, los estudios le quedaran a hora y media y la escuela a dos. – Mebuki aceptó con reticencia. – Le pagaré porque viva ahí. Al fin y al cabo, estará cuidando del lugar.

− ¿Vive más gente dentro? − Sasuke lo pensó, porque no lo recordaba. Había comprado esa mansión con el primer dinero que gano, remodelándola, pero nunca la llegó a usar, porque se había ido a vivir a Estados Unidos y después con todas las grabaciones, quedaba muy alejado del centro de Tokio, así que había preferido buscar un apartamento amplio.

− Una señora que se preocupa de mantener todo en orden. – contestó.

− ¿No le molestaremos? – Sasuke negó.

− La Sra. Himeka se preocupa de tener todo en orden, nada más. No será un problema. – Mebuki comenzaba a flaquear. Era una propuesta demasiado tentadora y también, muy perfecta. Por lo mismo pensaba que podía tener una treta detrás. − ¿Qué dice?

− Me parece la idea, pero estaremos un tiempo a prueba. – Le indicó a la derecha. – La casa que se ve al final es la de mis padres.

En un lugar sin ningún ápice de vecinos, se erigía una casa de madera con chimenea. El paraje era plano y poblado de vegetación, con árboles de cerezo al final y acompañados de un riachuelo. Sasuke miró bien y supo de inmediato que el lugar era una bomba de tiempo. No había protección ahí y si los idiotas que estaban en la furgoneta los habían seguido, estarían en verdaderos problemas.

− Le exijo que acepte. Por el bien de usted y de su familia, diga que sí. – Mebuki se bajo del auto y respiro el aire frío, acompañado con el olor a tierra mojada.

− ¿Por qué? – Sasuke comprendió a quien había salido Sakura. Tanto Mebuki como ella eran igual de preguntonas. – Dame una razón.

− Este lugar es hermoso, pero muy desprotegido. – Mebuki guardo silencio observando el lugar. – Es perfecto para ser destruido en cosa de segundos.

− Si que sabes negociar. – camino por la entrada de piedra, seguida por Sasuke que miraba el lugar con verdadero interés. Sería bonito construir un fuerte mucho más seguro y grande ahí, pero no era el momento.

Tocaron el timbre y esperaron con tranquilidad, acompañándose mutuamente.

− ¡No abras, Chiyo! – escucharon un grito desde el salón. − ¡Pueden ser yakuzas!

− ¡Mamá, soy yo! – gritó Mebuki, dándose a oír. El cerrojo cedió y la luz de la puerta los alumbró. Hayato estaba sorprendido por las dos personas que se encontraban frente a él. Chiyo estaba de una pieza, pero se recupero con facilidad y se lanzó a los brazos de su hija.

− Me asustaste. ¿Te paso algo? – le preguntó separándose de ella y tomándola del rostro.

− No, pero con Sasuke tuvimos que escapar de casa. Los yakuza ya dieron conmigo y creo que buscan a Sakura. – ambos ancianos perdieron el color y haciéndose a un lado, dejaron pasar a la pareja recién llegada. – Tranquilos, gracias al cielo llego este chico y me saco del lugar.

− Buenas noches, disculpen la hora. – dijo el pelinegro, haciendo una leve reverencia y quedándose en la puerta.

− Si que es guapo. – murmuro Chiyo, sonriendo como niña pequeña. Hayato movió la cabeza. Su mujer seguía manteniendo esa actitud de colegiala. − ¿Qué los trae por acá?

− Sasuke me hizo una propuesta que es tan tentadora… − un trombón color rosa paso corriendo entre ellos y se encaramo en el cuerpo del hombre que estaba en la mitad de la sala mirando hacía todos lados.

− ¡Sasuke! – chillo Sakura, enlazando su piernas en las caderas del Uchiha. Sasuke miró a Mebuki que estaba furiosa y alzó las manos. Mantén tus manos en un lugar que se puedan ver. Dicho y hecho, no iba a cometer ningún error, pero aun así, Sakura no se bajo. Era tan liviana que lograba sostenerse por sí sola. – Pensé que no te volvería a ver.

− ¡Sakura! – reprendió su madre. – Bájate de ahí. Estás en calzones.

− Sasuke me ha visto con menos ropa. – murmuró contra el hombro del pelinegro. Sasuke miró a Mebuki, pero al parecer la mujer no la había oído. – Te extrañé.

− Yo también. – le respondió con voz bajita, manteniendo la intimidad. La pelirosa se alejo un poco para mirarlo.

− ¿Qué haces acá? – el llamado "tigre negro" se alzó de hombros y tomándole la cintura, la bajo. Sakura a regañadientes aceptó.

− Vino a buscarte. – contesto Mebuki al verlo tan contrariado de emociones. Si Sasuke se convertía en su yerno, podría andar por el mundo creyéndose fabulosa… ¡Sakura todavía era una niña!, le recordó su fuero interno. – Tenemos que hablar.

− Yo no quiero hablar contigo, mamá. – murmuró la pelirosa, sin mirarla y bajando la cabeza. Todavía tenía pena y un poco de rencor.

− Sakura, debes hablarle. Es tu madre. – dijo Hayato, mirando al chico que estaba frente a su nieta.

− Pero… − Sasuke tomándole los hombros, la volteó para que mirara a su madre. − ¿Qué haces?

− Necesita hablar contigo y la escucharás. – respondió el pelinegro. Todos fijaron sus ojos en Mebuki.

− No me gusta ser el centro de atención. – confesó la mujer sonrojada. Su mirada fue a parar donde su hija. – Volveremos a Tokio.

− ¿Qué? – preguntó la chica inaudible y sintiendo el calor que transmitían las manos de Sasuke sobre sus hombros.

− Necesitamos arreglar ciertas situaciones y aquí estamos en peligro. – miro a sus padres. – Vienen con nosotros.

− Mebuki, Tokio es demasiado caro. – la madre de Sakura negó con la cabeza y apunto con la misma a Sasuke. – Explícate, por favor. – pidió la señora.

− Sasuke me dio un trabajo imposible de rechazar y ustedes van incluidos en el paquete. – la mujer miró al pelinegro que tenía a Sakura entre sus manos. – Mi madre es una experta cocinera. Morirás cuando pruebes sus obras y papá es un excelente jardinero. Sus flores favoritas son las…

− Amapolas. – respondieron Sasuke y Sakura a unisonó, haciendo reír a los presentes. Mebuki sintió como un peso que venía sosteniendo en su pecho desde hace días, comenzaba a liberarse.

− Cuidaremos la casa de Sasuke. – Sakura abrió la boca para preguntar aún más, pero la interrupción de su hermano la detuvo.

− ¿Qué pasa? ¿Aquelarre? – las tres mujeres le enviaron una mirada envenenada, mientras Hayato reía sin contenerse y Sasuke miraba hacia otro lado, fingiendo desinterés. – Oh, por Dios ¿eres Sasuke Uchiha? – el pelinegro asintió. – Wow, esto sí que es nuevo. – haciendo un movimiento con la cabeza, lo saludo. Sasuke hizo lo mismo.

Hombres.

− Nos vamos a Tokio, hermanito. – dijo Sakura dando saltitos como niña pequeña y acercándose a su hermano. Sasuke levantó la cabeza, intentando no mirar las piernas de la chica. Tenía a toda su familia en frente y Hayato era un ex yakuza que no dudaría en meterle su katana por el culo si osaba en propasarse con su niña.

− ¿De verdad? ¿Volverás a las grabaciones? – el tiempo se detuvo. Sakura miró a Sasuke esperando una respuesta, pero el pelinegro no sabía si en verdad sería reincorporada, así que simplemente encogió sus hombros, dándole a entender que no tenía claridad sobre el tema. – Pero podrías hablar con tu jefe. – propuso el joven.

− No, dudo que me quieran tener. Si siempre tendrán ese tipo de problemas. – miró acusadoramente a su madre, ganándose una advertencia por parte de sus abuelos. – En fin, igual estaremos en Tokio. Podrás ir a una buena escuela y quizás entrar a la universidad.

− Sakura, Sasuke dijo que cerca de su casa hay una escuela muy buena y podremos meter a tu hermano. – miro al pelinegro. – yo me haré cargo de los gastos.

− Para mí no hay problema con hacerlo.

− En fin, veremos cómo van las cosas allá y creo que el tema del trabajo de Sakura se puede solucionar. – sugirió Mebuki. – Ayer me llamó Jiraya pidiéndome tu reincorporación.

− Pero te negaste, mamá. – le recordó Sakura. – En la conferencia de hoy, todo terminó.

− Sakura, Jiraya piensa que eres la única que puede representar a Chiyo. – dijo Sasuke, mirando a la mujer que sonreía como niña pequeña y lo admiraba al hablar. La voz ronca y esa altura potente le recordaban a Hayato cuando eran jóvenes. − Te lo devolverá.

− ¿Y si no? – preguntó temerosa.

− Ya veremos qué pasa si no te lo dan. – miro a todos los presentes. – Creo que es hora de que me vaya. Es tarde y necesitan descansar.

− Como te irás a esta hora, joven. – Hayato lo jaló de un brazo. – Vamos a tomar algo fuerte para pasar los nervios y hablaremos de ciertos temas.

− Viejito, no le des con tu cháchara. Lo aburrirás. – pidió Chiyo, mirando a Sasuke y su cara de confusión. – Te prepararé un poco de té ¿quieres algo más?

− No se preocupe. Debo irme. – volvió a repetir el pelinegro, pero nadie lo tomo en consideración.

La sala quedo en silencio. Sakura, Konohamaru y Mebuki se miraban, pero ninguno hablaba.

− Mamá, creo que te debo una disculpa. – murmuró Sakura, mirando con más interés la punta de sus pies que los ojos de su progenitora. – No debí haberme comportado así.

− Yo también fue irracional, cariño. – la chica levantó la cara y fue corriendo donde su madre para abrazarla. – Irás a ponerte un pantalón si estarás acá abajo junto a Sasuke ¿me oíste? – Sakura asintió apoyada en el hombro de su madre. – Respecto a esa escena que hiciste, me gustaría poder prohibirte que sigueras haciéndolas, pero sé que es tu sueño y coartarlo por mis reticencias, sería injusto. – suspiró como dándose por vencida. – Tienes 16 años, estás a unos meses de cumplir 17 y creo que en cierta medida, eso te da el derecho de tomar tus propias decisiones. – se separaron. – También es algo que debes proteger, por lo tanto te pido que si grabarás algo que pueda espantar mis nervios, me avises. – Sakura asintió con vehemencia. – Debo decir que Sasuke me sorprendió. Siento que te cuidara mucho.

− Sí, me llevaba comida al departamento, porque tenía los estantes vacíos. – Mebuki abrió la boca. – Se hizo cargo de alimentarme y llevarme a la escuela. Ahora se preocupara de hacerme clases para los exámenes finales.

− Vaya, no sabía que estabas pasándolo mal. – Konohamaru se acercó a ellas. – Tenemos que agradecerle de algún modo.

− No lo permitirá. Dejemos que las cosas pasen y luego veremos, ¿les parece? – sugirió Sakura. – Conocerás Tokio, enano.

− Estoy muy feliz por eso. – confesó el chico. – Podré entrar a la escuela de informática de la Universidad de Tokio.

− Ya lo creo. – Sakura le revolvió el cabello a su hermano. – Iré a ponerme pantalones. – subió corriendo las escaleras y cuando cerró la puerta de su cuarto, se apoyo en ella sonriendo con felicidad.

Sasuke estaba en su casa, su madre había cedido y las cosas volvían a su cauce. Su abuelo no se había equivocado. Todo sucedía por algo y ella le demostraría a su destino, que no estaba errado en elegirla a ella.

14.

− Wow, nunca pensé que tuviese tantas cosas y mi familia tampoco. – dijo Sakura, dejándose caer sobre la alfombra de su nuevamente adquirido departamento.

Era martes y luego de una costosa reunión que había mantenido el día anterior con los directivos de la producción, habían decidido devolverle el papel – teniendo a Kakashi, Jiraya, Yamato y Sasuke como aliados, era imposible que se lo arrebataran. – Kabuto le había lanzado una mirada de advertencia, estilo: "vuelve a cometer un error y te haré la vida imposible", pero Sakura prefirió ignorarlo.

− Creo que deberías botar ciertos chiches. – sugirió Sasuke, cayendo a su lado y pasándole un vaso de jugo, que Sakura se tomo de un trago. – Si que tenías sed.

− Estoy cansadísima. – murmuró dejando caer su cabeza hacia atrás, apoyándose en el almohadón del sofá. – Gracias por ayudarme.

− Debería comenzar a cobrarte. – Sakura sonrió con los ojos cerrados y de forma cansina. – Con intereses.

− Busca una hoja y comienza a detallar. Te pagaré apenas tenga mi sueldo. – le contesto.

Sasuke la miraba como si la vida se le fuese en eso. Su carita delgada y esos labios rosa. Su ojitos tapados por los parpados, pero hermosamente bellos y sinceros. ¿Cómo había sopesado la posibilidad de alejarla? Haber obviado las caras de Benjamín Franklin que le gritaban a gritos que se mantuviera en su departamento, había sido la decisión más correcta que alguna vez hubiese tomado. – junto con haber terminado una relación de años. – Mantenerse distante de Sakura hubiese sido una tortura china. Él era el único que sabría protegerla cuando ella lo necesitara o que entendería lo que quería con una sola mirada. La conexión entre ellos se había dado de forma tan natural, que se comprendían con pocas palabras y simples gestos daban señales a lo que se referían.

− En cuanto llegue fin de mes, te la traeré. – bromeó. – A tu madre le gusto la casa.

− Está fascinada. No pensé que la palabra mansión tuviese tantos confines. – enderezó la cabeza y le sonrió de oreja a oreja. – Es gigantesca, linda y solariega.

− Nunca la he podido usar. No me da el tiempo. – Sakura hizo una mueca de empatía. – No hagas eso, tampoco lo lamento. Trabajo es trabajo, Sakura y a veces debemos prescindir de ciertas cosas.

− Priorizar. – Sasuke asintió con solemnidad. – En fin, creo que mi madre te mantendrá la casa brillante y hermosa. Además, mi abuela quedo encantada con el jardín.

− Si lo note. – le respondió, quitándole el vaso de la mano. − ¿quieres más? – Sakura meneó la cabeza.

− De solo pensar que mañana tengo escuela y dos exámenes esperándome, me da tirria. – rezongó la pelirosa. Sasuke se levantó y trajo consigo, los apuntes que hacía él cuando estudiaba.

− Toma, los encontré hoy mientras revisaba unos papeles. – nunca le confesaría que había ido a casa de sus padres a pedírselos para poder dárselos a esa pequeñuela. – Espero te sirvan. – Sakura los reviso con detenimiento, admirando la letra prolija, el orden y la claridad para explicar. Sasuke era un genio en todas sus letras.

− Cada vez me sorprendes un poco más. Eres impresionante. – Sasuke se tiro aire de forma burlona.

− Soy muy ordenado. – Sakura lo miro acusadoramente, achinando los ojos y estirando la trompa. – No estoy diciendo que tú seas desordenada. Nadie supera a Naruto.

− Pero entro en la categoría de personas sin orden ¿verdad? – Sasuke se abstuvo a responder. – El silencio otorga, reptiliano. – refunfuño.

− Deja de hacer muecas, te arrugarás antes de tiempo. – además de provocar un fuego estremecedor dentro de su pecho, pero como muchas cosas, no se lo confesaría. – Serás la viejita Sakura.

− No sé si lo notaste, pero mi madre no representa los 36 años que tiene, – Sasuke negó. Mebuki se mantenía en perfectas condiciones. – y qué decir de mi abuela. Está en excelente estado.

− Ojala también llegues así de bien cuando tengas su edad.

− Es lo que espero. – confesó Sakura. − ¿Queda algo más por hacer?

− No, terminamos con todo. Puedes descansar. – Sakura se levantó con ayuda de él. − ¿Tienes hambre?

− ¿Una cajita feliz? – Sasuke entorno los ojos. Era una niña. – Aunque no me gustan las hamburguesas que trae y las papas son demasiado pequeñas.

− ¿Entonces para qué las pides? – Sakura se cruzó de brazos molesta por esa pregunta. No era de caprichosa como se lo estaba haciendo ver Sasuke. – Si algo no me gusta, simplemente no lo compro.

− Me gustan los juguetes que trae. – Sasuke iba a largarse a reír, pero Sakura no se lo permitió al seguir hablando. – Cuando pequeña, todos mis compañeros hablaban de ir al McDonald y yo siempre le pedía a Mebuki que fuéramos. Como comprenderás, nunca me llevo y no era porque no quisiera, si no que no teníamos dinero. – Sasuke mantuvo el silencio mirándola de forma comprensiva. – Por eso siempre que puedo, me compro una cajita feliz para retroceder un poco en el tiempo y sentirme una niña otra vez.

− Ahora tendrás tanto dinero como para comprar un McDonald para ti. – Sakura le dio una sonrisa sincera, de esas que llenan el corazón de la persona que la recibe. – Tontuela.

− Oye, ¿podemos hacer algo? – Sasuke alzó una ceja de forma sugerente, ganándose un golpe de la pelirosa y un sonrojo notorio hasta en su frente. – No seas idiota.

− Es broma, golpeadora. – se sobó de forma teatral el brazo. – Casi me lo quiebras.

− Llorón. – hizo un mohín enternecedor. − ¿Podemos sacarnos una fotografía?

− ¿Una fotografía? – Sakura asintió. − ¿Tipo selfie?

− Claro. – le respondió con ojos blancos, haciendo ver lo obvio de su pregunta. – La subiré a mi facebook.

− ¿Me estás utilizando para algo? − Sakura sonrió maliciosa. – Dime.

− Quiero darle algo para comentar a mis ex compañeros de escuela, que fueron a mi casa dándome las condolencias y burlándose de mí por haber quedado fuera de la película. – Sasuke aceptó. Siempre era grato aceptar alguna acción para hincharle las pelotas a seres humanos decadentes. No era la primera vez que lo hacía.

Una niña de no más de 13 años, llegó cabizbaja a su lado para pedirle algo que le ayudara a salir de su infierno, porque sus compañeros le hacían bullying. Sasuke no era dado a la ayuda samaritana, pero le dio en el gusto y se sacaron una foto que recorrió gran parte de las redes sociales. Días después, averiguó en que escuela estudiaba la chica en cuestión y fue a visitarla, generando una batahola de gente que se le quería lanzar encima y dejando sin aliento a gran parte de la población estudiantil.

Grande fue la sorpresa de todos, cuando Sasuke golpeo la puerta del aula de la niña y con un pase del profesor, se adentró en el lugar, buscando con la mirada a la chica. El hombre que dirigía la clase, quedo de una pieza y balbuceando incoherencias. Una chica del puesto trasero gritó dejando a medio salón sordo y el resto quedo tan anonadado, que prácticamente no reaccionaba. Con tranquilidad caminó donde la niña que le había pedido ese favor. Se encontraba con los audífonos puestos y dibujaba sobre su cuaderno. Golpeando su hombro la trajo a la realidad.

Deberías estudiar. – le murmuró con su voz ronca, envolvente y aliento mentolado. La chica abrió los ojos como plato, para luego envolverlo en un abrazo.

¡Sasuke! – chilló.

Iremos por un helado ¿te parece?

Por la tarde, a la hora de salida, mucha gente se había amontonado a las afueras de la escuela. Sasuke había sido escondido en la sala de profesores y estaba siendo acosado por gran parte de ellos, junto con la directora y secretaria. Los apoderados del lugar estaban apostados esperando verlo salir, pero con ayuda del conserje, lo sacaron por la puerta trasera.

Llevo a la chica junto a su madre a comer un helado. Fue una agradable tarde que paso tranquila porque los periodistas no dieron con su paradero.

Tiempo más tarde, una carta le llegó de parte de la niña: "Ya no me molestan y es gracias a ti"

− Deja que les den por el culo. – Sakura se sonrojo. El pelinegro era un grosero. – Ok, te ayudaré.

− No digas garabatos en mi casa. – Sasuke le resto importancia haciendo un gesto con la mano. – Venga, toma mi celular.

Sasuke lo iba a hacer, pero pensó que era mejor que él subiera la imagen. Cobraba más valor.

− La tomaré con mi nuevo celular. – le dijo bromeando. – Apúrate.

− Deja ordenar mi cabello. – paso los dedos por entremedio de las hebras rosas, como si estuviese peinándolo. Sasuke le saco un mechón que tapaba parte de su ojo y descubrió esas bellas gemas jade que brillaban como siempre. – Me gusta como se ve mi cabello con ese mechón cayendo.

− Te tapa los ojos, molestia. Deberías mostrarlos. – Sakura movió las cejas de forma sugerente. – Ok, haz lo que quieras. – le respondió cansado, mirando hacia otro lado.

− Eres un enojón. – le dijo la pelirosa, riendo.

Sasuke no aguantó más tiempo. Tomándola de la cintura y agachando un poco su cuerpo, saco el celular y apretó el botón de la foto. Sakura se lo quito de inmediato para mirarla.

− ¿Te gustó? – preguntó Sasuke al ver que no hablaba.

− No, me veo como cachetona. – el bufido del pelinegro la ofusco. – Claro, es fácil aceptar cualquier foto cuando se tiene un rostro como el tuyo. Saldrías bien hasta haciendo morisquetas.

− Sakura, yo no soy de los que hace morisquetas. – la pelirosa alzó una ceja. − ¿Quieres otra o no? – preguntó molesto.

− Si, vamos. Otra más. – nuevamente la misma posición y la mano de Sasuke reposando con descuido sobre su cintura. Sakura sonrió y el pelinegro puso esa típica mueca de superioridad: "soy el hombre más guapo del planeta" − Pásamelo para ver como quedo.

− Oh, por favor. Si no te gusta ésta, mala suerte. No me sacaré más fotos. – advirtió, pero Sakura lo ignoro, como siempre. – Te estoy hablando.

− ¡Salgo con un ojo cerrado! – Sasuke se golpeo la frente con cansancio. – Otra más y prometo no quejarme.

− Ok, ok. – resignado volvió a tomar su celular y apoyándose en ella, saco la fotografía. Sin darle tiempo a la pelirosa de replicar, alzó el celular y subió la fotografía a su twitter oficial, escribiendo la leyenda:

Listos para volver a grabar #molestia #reptiliano.


Ok, merezco mil combos, patadas y cualquier otra forma que encuentren para golpearme, pero tengo una excusa bastante válida para explicar mi falta: Encontré trabajo (por fin, escuchen como los ángeles cantan, porque es una noticia magnifica xD) Mis lindas, a veces llego muerta del trabajo y escribir se vuelve tedioso. Más aun cuando leo lo que escribo y es horrendo, sin ninguna coherencia. En ese instante entro en colapso y luego de fulminar a mi notebook con la mirada, lo abandono. Este fin de semana logre acabarlo, avanzando casi 30 páginas (a veces me pregunto de donde saco tanta imaginación) En fin, no quiero darles la lata, ni seguir justificándome.
Quizás me demore un poco en publicar, pero no abandonaré. Me gusta escribir, me siento feliz y dejarlo tirado es como un suicidio personal hahahaha.
Responderé los review's mientras se sube el capítulo y abajo están la respuesta de los que no tienen cuenta. Si me falta alguna, háganmelo saber. Mi cabeza es como la de un pollo recién nacido que anda muy desorientando.
Sin nada más que agregar y esperando que les haya encantado el capítulo, doy por terminada mi declaración xDDD. Un abrazo enorme, espero leerlas en este nuevo capítulo para seguir motivándome.
Cuídense mucho ¡!

Pd 1: En caso de que me comience a demorar, les dejaré mensajes a través de los review's. Ahí les iré contando cuanto me falta por terminar y como van avanzando los capítulos.
Pd2: Las canciones que pongo al principio, están relacionadas con la historia. Saco las partes que más identifican al fic y las dejo para que ustedes las escuchen mientras leen (claro, si es que quieren)
Pd3: El capítulo contiene más de 50 páginas de words (escribo en verdana tamaño 8, o sea, es mucha, pero mucha lectura) Ojala valoren eso y dejen su opinión. Igualmente si no lo hacen, agradezco que se den el tiempo de leer la historia.
Pd4: No hay más posdatas hahahaha.

Pd Abandonada: Me demoré más de tres horas editando el capítulo xDDD.

LilyLoop

Fuck Me Sasuke: Está vez tarde más en actualizar, pero las recompensé con un capítulo de 49 páginas (cruzo los dedos para que no sea muy tedioso ni pesado para ustedes)
Espero que en tu examen hayas sacado una buenísima nota y ahora estés celebrando haberlo logrado, así te ahorras el reto de tu madre xD.
Añoro seguir haciéndote feliz. Es mi meta de cada día xDDD. Un abrazo enorme y espero leerte en el nuevo capítulo.
Cuídate mucho.
Pd: Hazte cuenta, por favor. Si no, haré que Sasuke no te fuckee xDDD.

Ahiri Uchiha: Un honor que me consideres una de tus escritoras favoritas. Trabajo harto para traerles algo decente y entretenido para leer :) Ojala te siga emocionando como a mí me pasa al escribirla.
Sasuke aceptó sus sentimientos, pero eso no lo volverá en un completo memo o andará pregonando lo que le sucede. Es más, seguirá cometiendo errores, así que te atengo a que no esperes que ahora las cosas se vuelvan color de rosa, porque no será así (lo siento u.u)
Ya viste en el nuevo capítulo como se dieron las cosas para solucionar el embrollo que formo Mebuki. San Sasuke siempre está listo para hacer su buena obra y terminar salvando a nuestra pelirosa favorita.
Hinata y Naruto ya tendrán su momento. Por ahora nos centraremos más en SasuSaku, aunque no desesperes, estoy planeando algo genial para esa parejita :3
Itachi sufrirá (DarkLilyLoop xD) y ya lo vimos en este capítulo como se relaciona con la bonita rubia. Se le viene ardua la tarea, junto con Sasuke…
Espero seguir teniendo tu apoyo en ésta locura y verte comentar en el nuevo capítulo. Un abrazo bien apretado y nos leemos.
Pd: ¡Hazte cuenta! Besos

Azul Uchiha: ¡Hola! Una alegría para mí que te haga feliz leer mi historia. Para que no te suceda eso de perder el link, podrías hacerte una cuenta y ya sabes, darle follows o favoritos (lo que más te apetezca) y así se te notificará si subo algo :)
Todos pueden tener una gran narración, es cosa de leer todo lo que te pilles y atreverte a escribir. Siempre es bueno cuando las cosas quedan clara y no hay un desorden de personajes (a veces aburre leer buenos fic's, pero que están horriblemente desordenados en la trama) Yo generalmente intento hacer mapas conceptuales o escribo los hitos más importantes que quiero que sucedan. Tengo una libreta toda rayada con los sucesos que se vienen y como serán las relaciones interpersonales entre todos.
Ya vimos como se solucionó el tema de Mebuki (amo a Sasuke xD)
Saludos a Argentina, bonita. No tengo la dicha de conocerlo, pero espero pronto dejarme caer por esas tierras de tango y chocolates :D
¡Si vienes de rodillas, te mato! Hahaha, en verdad está vez me demoré más, pero es que he tenido varias cosas y no traería algo a medias solo por cumplir. Ojala la espera haya valido la pena.
No me salió el nombre del lugar en que tú escribes. Solo tengo cuenta en fanfiction y en los foros de Univisión, porque antes escribía ahí (era una nena xD)
Espero leerte en el nuevo capítulo y seguir encantándote con la historia. Un abrazo.

Pd: Hazte cuenta, quizás te atrevas a escribir acá y te vaya bien.

Rachel: Está vez tarde más en actualizar. Merezco una muerte tortuosa y lenta.
Las cosas cada vez se vuelven más claras y a la vez, se enredan otro poco. Sasuke reconoció lo que sentía, pero eso no quiere decir que ande por la vida gritándolo y mucho menos vaya a convertirse en un pretendiente abnegado. Sasuke es Sasuke, así que tenemos que atenernos a lo que es capaz de hacer y sobretodo no esperar algo común, porque no saldrá con nada típico. Es un hombre vivido y por lo tanto, tiene otro tipo de necesidades, así que tendrá que aprender a vivir con lo que siente acompañado de lo que quiere… es complejo de explicar ahora, pero de a poco las cosas se irán entendiendo.
Ya vimos que hizo Sasuke para traerla, fue tan genial escribir esa escena donde deja todo a la suerte tirando billetes. Me reí un montón.
Ojala el capítulo haya estado a la altura de tus expectativas y también espero seguir leyéndote por estos lados. Me alegra mucho saber que hay gente valorando lo que escribo. Un abrazo enorme, cuídate mucho.
Pd: ¡Hazte cuenta! Sería más fácil responder xD.

Guest (1): Ahora esperaste más de lo normal, pero espero haber cumplido con tus expectativas y que hayas disfrutado leyendo como yo disfruto escribiendo.
No te preocupes por las faltas ortográficas. Los celulares tienden a avergonzarnos, así que no eres la única con ese dilema xDDD. Un besote enorme, cariño y ojala seguir leyéndote por acá y tenerte enganchada a mi fic. Cuídate
PD: Hazte cuenta… porfis

Guest (2): Anoche estaba escribiendo las últimas páginas cuando me llego tu review. Sonreí como boba y pensé "que lata hacerlas esperar" Yo también odio cuando no publican, pero muchas veces la vida es demasiado ajetreada y sentarse a escribir se convierte en un suplicio cuando nada te sale (Horrible) Para tu tranquilidad, aclaro de inmediato que no dejaré la historia a medias, no soy de ese estilo de autora y así me tenga que demorar casi un mes en publicarles, lo haré.
Espero leerte en el nuevo capítulo y ojala dejes más review's, pero con apreciaciones del capítulo (si no es mucho pedir :$) Un besito, cariño y cruzo los deditos esperando que te guste.
PD: ¡Hazte cuenta!