Disclaimer: Aplicado
70 páginas!
Mi Delito
Capítulo X
Santifiquemos a Sasuke
Love is our resistance
They keep us apart and
they won't stop breaking us down
And hold me
our lips must always be sealed
If we live our life in fear
I'll wait a thousand years
Just to see you smile again
Muse: Resistance
1.
− Claramente estoy apenada. Fue una linda relación cortada de raíz, sin derecho a réplica. – Llevaban todo el día hablando de lo mismo, casi pareciendo cadena nacional.
Sasuke y Fuka habían terminado su prospero noviazgo.
El mundo estaba hecho de relaciones rotas, entonces ¿para qué darle tanto énfasis y seguir humillándose? No se lo merecía, ni ella, ni él. En algún momento se habían amado, por eso mismo debían respetarse y Fuka no se estaba respetando al dar esa entrevista tan lacrimógena.
− Quizás no fui lo suficiente mujer para él… − La pelirosa apagó de inmediato la tele.
¿Dónde estaba la dignidad de esa mujer? ¿Guardada en el recoveco más perdido de su cuerpo? Cuando el amor hace llorar y sufrir, deja de ser amor. Se convierte en una pesadilla que carcome día a día, al menos así pensaba la pelirosa. Le parecía injusto ver a lo que llegaban ciertas mujeres al verse despojadas de sus parejas.
Como siempre había dicho su abuela: "Sólo por ser mujeres, ya ganamos la lotería" y cuánta razón tenía.
Su celular vibró sobre la mesa, removiendo su desayuno, pero no le molesto. Por fin era sábado y podría descansar hasta más tarde. Sus grabaciones partían recién pasada las 2 de la tarde.
− Hello. – contestó bromeando.
− ¿Cómo estás, hija? – la voz de Mebuki denotaba felicidad. Llevaba casi dos semanas viviendo en la mansión de Sasuke y se sentía tranquila.
Sus padres protegidos, ella sin tener necesidades, sus hijos en buenos colegios… ¿qué más podía pedir la mujer? Luego de tan tormentosa vida que la había tocado, ahora estaba conociendo las recompensas y vaya que eran recompensas.
− Bien mamá, descansando y comiendo algo – le contestó la pelirosa, ignorando por completo los pensamientos de su madre − ¿vendrás para acá? Tengo grabaciones a las dos y mañana lo tengo libre.
− Voy a verte y mañana pasamos el día acá. – Sakura asintió. La idea le gustaba. − ¿Necesitas algo?
− Sí, comida hecha por ti. – respondió presurosa e ilusionada. – Extraño tus lasañas y Ravioles. – los ojos le brillaban como dos faroles incandescentes. − ¿Vendrás con los abuelos?
− No, cariño. Están cansados y ya sabes la reticencia que tiene tu abuelo para salir de casa. – Sakura hizo una mueca.
− Ok. – respondió apenada. No podía forzar las cosas. Ya mucho habían cambiado desde que ella había entrado a trabajar en la película, como para ahora ponerse caprichosa con un tema que sabía era delicado.
Hayato no saldría de casa si no era estrictamente necesario. Qué decir de Chiyo; ella estaría donde estuviera él. Eso era el amor en su estado más puro.
− Vamos con Konohamaru. Muere por contarte sobre su nueva escuela.
− ¡Mentira! – escuchó la voz de su hermano gritando detrás. Seguido por comentarios de silencio de su madre y amenazas relacionadas con los videojuegos y computador.
− En fin, cariño. Nos vemos. – Se despidió, dando por terminada la organización de su visita.
Sakura se golpeo la frente. El departamento estaba hecho un desastre, aunque todo era atribuible a su nulo tiempo, partiendo por la escuela, las grabaciones y luego los exámenes semestrales, donde había tenido que recurrir a Sasuke para que le hiciera clases. Él también le había dicho sutilmente – sin rodeos – que su hogar parecía chiquero y que ni los cerdos querrían vivir ahí.
Era tan amoroso.
Corriendo, Sakura comenzó a levantar la ropa sucia, los platos sin lavar, las tazas llenas hasta la mitad con café, té, leche o cualquier líquido extraño y no identificable por su avanzado estado de descomposición. "Agüita de cultivo" la había llamado Sasuke, sacándole una risotada. La muy bruta no sabía que el agua de cultivo si existía y más que una broma, era un insulto a su falta de higiene. Sasuke se dio un festín a costa de ella, burlándose por su ignorancia. Sakura lo calló de un cojinazo y siguió estudiando.
− ¿Viniste a enseñarme o a criticarme? – le preguntó.
− Ambas cosas. Necesitas un mentor en muchos sentidos. – Sakura alzó una ceja ¿Acaso eso era una especie de propuesta? – Menos en "ése" sentido.
− ¡No pensé en ningún sentido extraño! – chilló molesta. – No ando pensando todo el día en sexo.
− Ni siquiera has tenido sexo como para pensar en él. – bromeó, conteniendo la risa. Sakura indignada por ese insulto gratuito se cruzó de brazos e hizo un mohín.
− Tú no sabes eso. Quizás me he acostado con medio Japón y no lo sabes. – Sasuke hizo una mueca. Sabía que estaba mintiendo…tenía que estar mintiendo.
− Por favor, Sakura. No digas cosas que no son. – tomo el cuadernillo y comenzó a hacer el ejercicio que había quedado inconcluso. – Mira, ésta hipotenusa está…
− Me he acostado con muchos chicos, Sasuke. – el pelinegro guardo silencio, intentando tranquilizar su mente asesina. – Pero no tiene ninguna importancia. No creo que tú seas célibe.
− No – respondió tranquilo. – No me interesa saber sobre tu vida sexual. – puntualizó.
− Bueno, yo igual te la cuento para que aprendas a no sacar conclusiones tan apresuradas. – Dándose por ganadora, se acomodo a su lado y volvió a la tarea de estudiar.
− Acuéstate conmigo. – le murmuró en el oído cercano. Sakura enrojeció tanto, que un tomate se vería opacado al lado de ella. – Muéstrame tu experiencia.
− ¡Eres un asqueroso libidinoso! – chilló Sakura horrorizada. El hombre que veía casi como un héroe, cada cierto tiempo le daba claras muestras que distaba mucho de serlo.
− Apuesto mi dinero a que no eres ni siquiera capaz de deletrear esa palabra. – Se burló. – Una chica con "tanta" experiencia, no se sentiría abochornada ni atacada con tal propuesta. – Se acercó a ella y le miró fijamente los ojos, embobándola con ese color azabache, lleno de pasión. – No te rebajes. No lo necesitas.
Maldito Sasuke, pensó Sakura. Intentar mentirle, era tan imposible como intentar convertir a un ateo en religioso o viceversa; podía suceder en algún minuto, pero ése, no era el minuto.
Enroló los ojos, mientras olía unos jeans que estaba desperdigado en su habitación. Lo había usado dos veces en lo que iba la semana, así que fácilmente aguantaría una tercera. Eso decía la ley del olfato: "Si no huele a mierda, todavía sirve", y su jean no olía a mierda.
− ¿Dónde habré dejado las llaves? – se pregunto a sí misma. Dentro de ese desorden, era imposible vislumbrar el manojo con el cual abría su departamento. Quizás estuviese perdido en el bote de ropa sucia que seguía acumulándose como cerro. Sakura pensaba seriamente que a ese ritmo, en cualquier momento le hacía competencia al Kilimanjaro. Su madre en cuanto lo viera, le daría una patada en el culo que la dejaría en Tombuctú.
… ¿Qué le pasaba? ¿Desde cuándo sabía tanto de geografía mundial? ¿Acaso las clases con Sasuke habían surtido efecto y había aprendido algo?
− Cuando te aprendes la materia de memoria, en cosa de días se te olvida, porque no tiene mayor peso dentro de tu cabeza. – Sakura lo vio remojar los labios y el movimiento sensual de su lengua la hipnotizo al punto de abrir la boca como imbécil. – Tómame atención.
− ¡Claro que lo hago! – gritó azorada, sintiéndose descubierta.
Sasuke meneó la cabeza con una sonrisa y prosiguió:
− Para rendir en clases, lo mejor es que no te aprendas las cosas de memoria, sino que intentes comprender, asociar, estudiarla y llegar a una conclusión de porqué. Así te harás opiniones respecto a muchas cosas, como también recordarás el tema por el cual llegaste a ciertas deducciones ¿entendiste? – Sakura asintió ida.
− Es raro oírte hablar tanto. ¿Te cambiaron el chip? – Sasuke puso una cara digna de fotografía. Sakura estaba completa y absolutamente zafada. – Haber gírate. En una de esas, mientras dormías, vinieron los de tu planeta y reemplazaron algo en el cerebro. Los reyes reptilianos deben ser cosa seria.
− Oh, por favor. No sé cuál es el afán de hacerme perder el tiempo. – Sasuke se levantó y la apuntó con su dedo enhiesto. – Si te sacas un puto cero, que te quede claro que es por tu culpa. Eres insufrible.
− ¡Sasuke, puedes estar en riesgo de muerte! – le gritó mientras lo seguía por el pasillo que lo dirigía a la puerta. − ¡Tengo que revisarte para salvar tu vida!
− La única que corre peligro aquí eres tú Sakura. – murmuró lacónicamente, sorprendiéndola.
Dando un portazo, salió del lugar. La pelirosa quedo de pie, sintiendo la brisa que había dejado la ida de Sasuke.
¿Qué había querido decir?
Su celular volvió a sonar, haciéndola correr por el lugar para llegar a tiempo y contestar. Las letras con fuerza gritaban el nombre de su gran amiga: Hinata.
− Saku. – tan sutil y suave. La pelinegra era un bálsamo para tranquilizarla.
− Hina ¿cómo estás? – siguió en la tarea de recoger lo que estaba tirado.
Cuando llegó a la cocina, descubrió que el desorden de la sala y de su habitación, no se comparaba ni una milésima a eso. Nadie en su sano juicio comería con ella al ver ese desastre.
Deberían clausurarla, porque claramente tenía un problema de salubridad ese lugar. Ni siquiera llevaba un mes viviendo ahí, como para tener dicho desastre.
− Saku… − la pelirosa volvió a la realidad y acariciándose los ojos, volvió al living. El solo hecho de mirar la cocina, le estresaba al punto de quitarle las palabras. – Quería invitarte a mi cumpleaños.
− ¿El 27? – preguntó, recordando levemente que Hinata se lo había dicho en algún minuto.
− Sí, es el 27. – respondió. – Quiero hacer una reunión con los más cercanos. – Sakura asintió.
−Me parece estupendo. Claro que estaré ahí, pero ¿Por qué me avisas por celular? Mañana teníamos planeado vernos para tomar helado. – le recordó Sakura.
− Es que recién me acaban de dar el permiso. – carraspeó. – Papá no quería, pero Neji intervino.
− Algo bueno que haga ese primo tuyo. – Hinata rió por lo bajo. − ¿Cuándo tendremos los resultados de los exámenes?
− La segunda semana de enero. – Sakura se mordió el labio. Quería demostrarle al tarugo de Sasuke que no se sacaría ningún cero. – Que bueno que acabaron.
− Estuvimos dos semanas reventándonos las neuronas. – se quejó Sakura. –Si no fuera por Uchiha, todavía estaría llorando con el primer examen.
− Estaba fácil. – murmuró Hinata con vergüenza.
− Claro, lo dice la chica que podría entrar a una competencia de álgebra contra un robot y le ganaría a ojos cerrados. – Si había algo en lo que Hinata destacaba, era para sacar cálculos casi como una calculadora humana. Se volvía demencial mirar sus libreta de notas y ver solo 10's – Igual creo que me salvé. Lo que Sasuke me enseñó, me sirvió para responder algunas preguntas.
− Sabes que te irá bien, Sakura. – Hinata había visto a su amigo caminar por todos lados repasando la materia y con un libro en la mano. − ¿Viste las noticias? Sasuke terminó con Fuka ¿te lo había contado?
− ¿Por qué me tendría que contar? – Sakura se sentía molesta por la falta de confianza que mostraba el pelinegro hacía ella. Él la obligaba a no esconder nada de su vida, pero era incapaz de soltar sus verdades. – No hay tanta confianza como para que eso suceda.
− Sakura, se queda hasta pasada la madrugada en tu casa… − le recordó Hinata.
− ¡Estábamos estudiando! – interrumpió. – No sé porque te conté.
− Porque te emociona la idea de tenerlo cerca. – Sakura odió saber que la peliazul no se alejaba para nada de la verdad. Claro que disfrutaba estando cerca de Sasuke. Era un sueño hecho realidad.
− No, no me emociona. – mintió, aunque sabía que Hinata no le creería. – En fin, me entristezco por Fuka. Se nota que sufre.
− Sí, cualquiera sufriría. – secundo la peliazul. – Saku, tengo que ir a comer.
− Bueno, bonita. Nos vemos mañana y ahí nos organizamos para la súper fiesta. – Sakura ya se veía bailando en medio de la mansión Hyuga.
− Hoy tocan los chicos en el Domo ¿irás? – La pelirosa ni siquiera estaba enterada de que dicho evento ocurriría.
− No me avisaron. – respondió entristecida. – Esta última semana he pasado mucho tiempo con Sasuke y no me ha contado nada referente a su vida. En cambio él se mete en todo. Tiene hasta a mi familia viviendo bajo su alero.
− Sasuke siempre ha sido reservado, Sakura. – la pelirosa dejo caer sus hombros, apenada y agotada.
− Sí, pero espero un mínimo de confianza. – rezongó. – Pasa metido en mi casa cuando YO no lo invito. Me obliga a contarle todo lo que hago en la escuela y el otro día lo pille revisando mi cuaderno de ciencias. Me retó por tomar pocos apuntes ¿puedes creer eso? – Hinata desde el otro lado no podía evitar sonreír. Sasuke y Sakura eran tan contrapuestos, como congruentes. Nunca en sus vidas encontrarían a otra persona que se le amoldará tan bien al otro. – A falta de padre, tengo a Sasuke.
− Siente un cariño distinto hacía ti. No le des tantas vueltas al asunto. – intento ser conciliadora. Sakura molesta era una fiera. – Quizás durante el día te avisaría sobre el concierto.
− Ha tenido toda la semana para hacerlo. – respondió decepcionada. – En fin, Hinata. Cuídate y nos vemos mañana.
− Tú igual, adiós. – Hinata cortó con un sabor extraño en la boca. No le gustaba oír a su amiga entristecida.
Por su parte, Sakura volvió a encender la televisión para hacer hora esperando la llegada de su madre y hermano.
Sin darse cuenta, cayó en un sueño profundo, pero tranquilo, donde soñó con Sasuke.
Él estaba ahí, parado frente a ella, sensualmente sin camisa y con un pantalón holgado. En su mano, giraba un manojo de llaves que resonaban fuertísimo en esa sala desierta.
Levantó la vista y se encontró con barrotes por todos lados. Estaba encerrada en un cubículo de fierro montado. En un rincón, había un pequeño columpio balanceándose… era como una jaula de pájaro.
Corrió intentando salir y gritándole a Sasuke que la liberara, pero él solo sonrió y siguió moviendo las llaves, mofándose de su superioridad. Su respiración se volvió errática y una sensación de claustrofobia se apodero de ella. Era como si estuviese prisionera y sólo Sasuke tuviese la llave para liberarla, como también, tenía el poder de encerrarla… Su ángel y verdugo.
− Despierta. – la voz lejana de Konohamaru le sorprendió. Abrió los ojos de sopetón y se sentó con rapidez en el sillón. Frente a ella estaba su hermano riendo, su madre cruzada de brazps y Sasuke alzando una ceja ¿qué diantres hacía él ahí? – Te ves muy divertida. Acabas de babear todo el cojín.
Sakura llevó su mano a la cara y sintió la comisura de su boca mojada. Enrojeció brutalmente e intento levantarse, pero todavía seguía aletargada, así que fue a dar con su trasero al sillón.
− ¿Hace cuánto que no duermes? Apuesto a que te quedaste metida en el notebook hablando con alguna de tus amigas allá en el pueblo. – arguyo la guapa mujer. – Tienes que trabajar más tarde, recuérdalo.
− Mamá, solo me dormí unos minutos. – miró la hora. – Bueno, algo más que unos minutos.
− Floja. – susurró Sasuke, molestándola.
− ¿Qué haces tú aquí? Mis exámenes acabaron y es una reunión familiar. – argumentó molesta. Sasuke comenzaba a tomarse atribuciones que no le correspondía, pero el problema radicaba en que ella no era lo suficientemente fuerte en negarse a dichas atenciones. Dentro de su cuerpo, se anidaba un calorcito especial al sentirse protegida por él y eso no le agradaba.
− ¡Sakura! – reprendió Mebuki. −No seas insolente.
La pelirosa miró la situación boquiabierta. El muy metiche había volteado a su familia y amigos para su lado y además, se mofaba de eso. Su pose de superioridad había incrementado al escuchar las palabras de defensa que había dicho Mebuki y era tan desagradable verlo ahí, tan genialmente sexy apuesto y divino…
− Santifiquémoslo. – respondió molesta. – San Sasuke, gracias por honrarnos con su presencia. – ironizó, lanzándole dagas con los ojos.
− Gracias, querida sierva. – puso las manos abiertas frente a él, haciendo el gesto parecido que hacían los curas en las iglesias: "Aquí te recibo".
− Ves, mamá: Sasuke es un molesto. – Mebuki miró a ambos discutir y poniendo los ojos blancos salió del living. − ¡Mamá! ¿Dónde queda la fraternización con tu hija?
− Estás hablando mejor, hermanita. – Sakura recordó que Konohamaru estaba ahí. – Sí, también vine.
− Si lo sé, idiota. – El chico meneo la cabeza y le habló a Sasuke.
− ¿Juguemos un partido de FIFA? – dijo el menor de los Haruno.
− Sí. – aceptó Sasuke, ignorando por completo los alegatos de la pelirosa. − ¿Qué equipo…?
− Paren ahí mismo. – los detuvo, parándose frente a ellos y poniendo su mejor cara de enojo. – Ésta casa es mía. Por lo menos tengan el mínimo de respeto como para pedirme permiso.
− Sakura, jugaremos en tu televisor.
− ¡Ni siquiera tengo play! – gritó. − ¿Qué haces acá?
− Konoha, ¿puedes instalar todo? Yo iré a hablar una cosita con tu hermana. – el chico asintió con desgano y no porque no quisiera, sino porque estaba en la edad donde todo le daba pereza. – Vamos.
− No quiero ir a ninguna parte contigo. – respondió, cruzándose de brazos.
− Sakura, camina. – la pelirosa bufando, lo siguió a regañadientes.
− Ni creas que ganaste. Simplemente cedí para no contaminar las vibras del lugar con peleas idiotas.
Sasuke puso los ojos blancos.
− Lo que digas. – salió al balcón del departamento y espero a que ella saliera para cerrar la mampara. – Vine porque tu hermano me lo pidió.
− Pero es mi casa. – le recordó Sakura. – Mira, no es que me moleste tu presencia, pero si me molesta que ni siquiera me avisen que vendrán con más gente. – La pelirosa hizo una mueca. Si hubiese sabido que Sasuke iba a estar, se hubiese puesto ropa más decente. – Solo es eso.
− Tienes que pagarme por las clases particulares que te hice. – Sakura abrió la boca consternada. – Nada es gratis en ésta vida, mo-les-ti-a – silabeó.
− Me pagan mañana.
− No quiero dinero, Sakura. – murmuró con cercanía el pelinegro.
− ¿Qué quieres? – la pelirosa estaba poniéndose muy nerviosa y no era un estado que le gustará en sobremanera.
− Tengo que pensarlo. – Sakura estuvo tentada a lanzarlo por el balcón, pero tener que irse a la cárcel por culpa de su mal genio, no era una idea que la alentase. – Por ahora, me conformaré con que me trates bien y me dejes comer la comida de tu madre.
− ¿Te gustó? – Sasuke asintió. – Pero es mi mamá. – argumentó como niña pequeña, poniéndose territorial con su madre.
− Eres una niña cuando te enojas ¿te lo han dicho? – Sakura posó las manos en su cadera.
− Soy una niña, Uchiha. – el pelinegro le lanzó una mirada enigmática. Cargada de emociones reprimidas. – En fin, supe lo de Fuka ¿cómo te encuentras?
− ¿También consumes prensa rosa? Te creía más inteligente. – el pelinegro se volteó.
− Hey, ¿No te han dicho que una pregunta no se responde con otra pregunta? – Sakura le tomo el brazo, para volverlo hacía ella. Sasuke se giró y se zafó sutilmente.
− ¿Por qué tendría que hacer lo que los demás quieren? – contra preguntó ofuscándola.
− ¿Podrías responder? – Sakura cayó en lo mismo. Pregunta por pregunta y seguían sin responderse. – Habla.
− Estoy bien ¿contenta? – La pelirosa no supo que cara poner, así que se alzó de hombros y agachó la cabeza.
− ¿Fuiste muy duro? Se notaba destrozada. – susurró Sakura.
Era extraño hablar de sentimientos con el rey del hielo y más aún, cuando dichos sentimientos iban directamente relacionados con él.
− Sakura, las relaciones acaban y a veces es lo mejor. – contestó, intentando dejar de lado el tema. Ya bastante había tenido que lidiar con los constantes llamados de sus amigos y familia.
− Pero Sasuke, a veces las cosas acaban mal, ¿Por qué no recapacitar? – Sasuke bufó molesto.
− Si terminé es porque no puedo estar con alguien que no amo. – Sakura boqueó, mientras Sasuke no le quitaba la vista de encima, haciendo chocar sus ojos negros con los suyos. – No soy una persona romántica, pero soy consciente de que no puedo utilizar a una mujer que me ama para no sentirme solo.
− Sasuke, tú no estás solo. –el pelinegro chasqueó la lengua ¿Por qué no dejaba el tema donde estaba? ¿Por qué tenía que averiguar sobre todo? – Mira, velo desde mi punto de vista. Fuka te ama y encontrar alguien en el mundo que te ame cuesta mucho.
− Molestia, te falta mucho recorrido como para entender que no todo es color rosa. – le tomo un mechón de pelo. – No puedes esperar que el mundo te recompensé por querer. Eso es algo gratuito, que se entrega porque se siente la necesidad.
− ¿No la quieres ni un poquito? – preguntó azorada, intimidada con el toque sutil que tenían los dedos de Sasuke en su pelo.
− Siento un afecto muy especial por ella, pero no la quiero al punto de poder mantener una mentira.
− No sería mentira si lo intentaras. – Sasuke se giró con brusquedad y apoyo sus manos en los fierros del balcón.
− ¿Cuál es el afán de volver a juntarme con Fuka? ¿Acaso te pone nerviosa estar a mi lado siendo ahora soltero? – Sakura enrojeció por doceava vez.
− ¡No! – le dijo tirándose hacia atrás. – Simplemente trato de ayudarte a despejar la cabeza.
− No volveré con Fuka, porque no la amo. ¿Necesitas otra explicación?
− Sí ¿qué haces acá? – Sasuke aburrido de esa conversación, caminó de vuelta a la mampara y la dejo hablando sola. − ¡Oye!
− Cuando quieras decir algo que tenga real valor, háblame. – lo vio caminar hacía su hermano, para sentarse a su lado y comenzar a jugar.
− Maldito imbécil.
Sakura se apoyo en la baranda y miró la ciudad que se erguía frente a sus ojos. Tokio era realmente hermoso y más en esa época de navidad, donde el ambiente era festivo y alegre. Todas las lucen estaban encendidas por las noches y se gritaba por todos lados que el fin de año se acercaba.
Soltó el aire. Estaba cansada de tantas noches de estudio y de tanto intentar contenerse. Tener a Sasuke todos los días a su lado, era como poner el pedazo de carne frente al gato. En cualquier momento se lanzaba sobre él y lo obligaría a besarla. Sin embargo, no podía hacerlo. Sasuke era su "amigo" y no era que quisiera meterlo en la temida Friendzone, pero era consciente de que no podía estar junto a él en un sentido más romántico.
Si había dos personas incompatibles en el mundo, eran ellos. Simple y llanamente no postulaban para una relación más allá de lo profesional, o quizás una de odio constante.
− ¡Saku, ven a comer! – Volteándose para enfrentarse nuevamente a su realidad, entró al departamento. Ya había tomado mucho aire.
− Sakura, ven. – llamó su hermano. – Estás saliendo en la televisión.
− Oh, por Dios. – caminó presurosa, para encontrarse de frente con ella misma, sonriendo de oreja a oreja mientras hablaba con Kakashi.
Recordó levemente que la conversación trataba sobre los gatos y su necesidad de subirse a lugares que después les era complejo bajar. El peliblanco le contó sobre una experiencia parecida, donde había terminado con tres costillas rotas y un TEC cerrado.
− Hija, sales hermosa. – Sakura volvió a la realidad y vio como una serie de fotos, todas de ella, comenzaban a pasar por el programa. − ¿Quién es ese guapo?
− Productor Ejecutivo. – respondió de inmediato Sasuke. – Tiene 34 años.
− Me preguntó a mí, no a ti. – Sasuke se alzó de hombros y continuó mirando la televisión. – Mira, ahí estamos nosotros, reptiliano.
− Deja de decirme así. – le reclamó, aunque sin dejar de ver lo que mostraban.
− Se ve una química casi perfecta entre ellos. – Sakura alzó las cejas y poso sus manos en la cadera. Se sentía una winner. − ¿Tú crees que el quiebre de Sasuke tenga algo que ver con ésta chica? – La sensación de ganadora se le quito de inmediato y miró a su madre.
− Espero que no. – advirtió la mujer, mirando a Sasuke.
− Terminamos porque íbamos hacía distintos lados. Es todo. – Sakura se apoyo en el hombro de él y aspiró su aroma. − ¿Qué te pasa?
− ¡Nada! – chilló sorprendida por lo que había hecho y se alejó rauda de su lado.
Su madre la miraba desconcertada, al igual que Sasuke, mientras Konohamaru intentaba calmar la risa.
− ¡Mamá, a Sakura le gusta Sasuke! – la pelirosa volvió a ponerse granate, pero ésta vez, sus orejas parecían soltar humo de furia y vergüenza. Las manos le picaban por tirarse encima de Konohamaru y darle una buena pateadura en el suelo.
− ¡Enano maldito! – chilló, mientras se lanzaba a correr detrás de él.
Sasuke estaba con sus ojos como plato, impresionado por toda esa muestra de emociones y malos entendidos que se habían dado en solo diez segundos. Era como si una explosión de colores se hubiese dado sitio a su lado y no comprendía del todo porqué.
− Tú y yo tenemos que hablar. – la voz tétrica de la madre de Sakura lo consterno. – A la cocina − Sasuke la siguió como perrito faldero y agachando su cabeza. – Supongo que sospechas levemente de lo que quiero hablarte.
− Sí, lo sé. – respondió con renovada confianza.
− Sasuke, eres mayor que ella. Nueve años no son poca cosa; tu recorrido es mucho más largo y cuando Sakura va, tú vienes de vuelta 3 veces ¿Entiendes? – Sasuke asintió. – No quiero que me tomes por una madre aprehensiva o en el peor de los casos una vieja represiva, porque no lo soy. Sakura es mi hija, por ende, la defenderé de cualquier cosa que la ponga en peligro y tú eres claramente un ente que la pone en peligro.
− Señora.… − intentó hablar.
− Escúchame. – exigió de forma brusca. – Sé que la cuidas y la proteges. También sé que has sido un gran compañero para ella desde que llegó a éste lugar, pero ahora me tiene a mí y a su familia. – Sasuke comenzó a ponerse duro, intentando aguantar lo que le diría la mujer. – Yo la puedo cuidar, porque en éste preciso momento, mi hija se está enamorando de ti y sé que saldrá lastimada. Más aún, cuando se sabe que estás soltero.
− Eso es algo subjetivo. – Mebuki alzó una ceja. – Hablo sobre que Sakura esté enamorada de mí. Puede que no sea como usted cree y simplemente nos llevemos bien. – La mujer se acercó a él para hablarle. Quería intimidarlo de alguna forma.
− ¿Me crees idiota? – bisbiseo. – Noto como te mira y sus ojos brillan cuando estás cerca. Mantente alejado de ella lo que más puedas, Sasuke, porque sino conocerás lo que es una madre protegiendo a sus hijos y eso es mil veces peor que una leona enrabiada. – El pelinegro se volteó y caminó hacia la puerta del departamento. No iba a estar aguantando supuestos de cosas que no tenían fundamento… todavía. − ¡Hey!, gracias por todo lo que nos has ayudado. Te devolveré la mano.
− No se preocupe. No quiero nada de vuelta. – dijo, dando por finalizada la conversación, para luego cerrar de portazo seco.
− ¿Mamá? – Sakura llegó respirando entrecortadamente por la pelea que había tenido con su hermano. − ¿Sasuke?
− Tenía cosas que hacer, cariño.
Sakura entrecerró los ojos. Ahí olía a gato encerrado: Mebuki no enrojecía a menos que estuviera molesta y en ese momento sus mejillas brillaban de lo arreboladas que se encontraban.
− ¿Ocurrió algo?
− No. – respondió de inmediato, volviéndose a la cocina para comenzar a cocinar − ¿Quieres comer algo en especial?
− Carne con verduras salteadas. – Mebuki frunció el entrecejo.
A Sakura no le gustaban las verduras.
− ¿Y eso? –preguntó confusa.
− Las cosas cambian, mamá y eso tú lo sabes bien. – Mebuki se giró para verla sonreír de manera misteriosa. Sakura se giró sobre sus talones y salió en busca de su hermano pequeño
Algo se revolvió dentro de la mujer. Un presentimiento creciente e insoldable en su pecho le gritaba desesperadamente que se preparara para una situación que podía destrozarla.
Sakura, su pequeña y linda Sakura, comenzaba a crecer y el idiota que recién había salido del lugar, sería claramente su profesor en todas las materias.
− ¿Por qué tuve que tener una hija?
Tokio comenzaba a prepararse para la noche del sábado y todos lo sabían.
2.
− Te dije que tu madre me odia y tú dele con llevarme para allá. – Suigetsu enrolo los ojos con cansancio.
La pelea estaba durando más de lo que temía y eso que había dado harta chance para cometer un error. Luego de pasar tres días con sus padres, decidió quedarse otros pocos más, pidiendo vacaciones a la productora y preparándose mentalmente para las nominaciones. Ya bastante sufría todos los años al no verse como candidato, así que ésta vez, prefería mentalizarse en que si no era posible ganador, tenía que seguir intentándolo hasta conseguirlo.
− Mi amor, mi madre no te odia. – intento tranquilizarla, con un tono conciliador, pero Karin estaba encolerizada. No iba a escuchar razones.
− Si claro, por eso me preparó mis comidas favoritas ¿verdad? – ironizó la chica, gesticulando con las manos. – Sabe desde un principio que odio las papas y hace todo con papas. Pastel de papas, papas con mayonesa, puré de papas, papas al horno, papas fritas, papas duquesas… ¡Papas por todos lados! – chilló tocando su cara. – Creo que me estoy convirtiendo en un tubérculo por tanto comer esas porquerías.
− Tienes un lindo culo, cariño – Karin bufó con fuerza. Como siempre, Suigetsu no le estaba tomando la atención que ella quería. – Velo desde una perspectiva optimista: Lograste cruzar más que un par de palabras con ella.
− Pedir la sal o preguntar dónde queda el maldito baño no es entablar una conversación, idiota. – los movimientos de sus brazos serían más grotescos si no se encontraran dentro de la camioneta del peliblanco, pero estaban dentro, así que el espacio era limitado para rabia superlativa de la pelirroja. – Maldita sea ¿Qué hago mal? Soy estudiosa, inteligente, un CI superior al de muchas personas. Hablo bonito y soy hermosa ¿qué quieren?
− Mis padres esperaban que me quedara con mi vecina, pero Konan no era una persona muy expresiva que digamos, así que deseche la idea desde un principio. Además, me gustan las mujeres fogosas y con mucha sangre en las venas. – Su mano se poso de manera sensual en la pierna de Karin, pero ésta no estaba para coqueteos.
− Para – lo detuvo. − estoy molesta en serio, Suigetsu. Yo merezco un trato mucho mejor, o te juro que seré tan desagradable como lo es ella conmigo.
− Lo dudo, porque no te nace ser petulante. – reconoció el peliblanco.
− ¡Ajá! ¿Entonces aceptas que tu madre es terrible? – Suigetsu se levantó de hombros. Claramente notaba la aversión que tenía su madre para con Karin, pero sabía que era algo sin importancia. Celos maternos, porque nunca esperó verlo partir tan pronto. − ¿Por qué me odia? Dame una razón.
− Te lo he dicho infinidad de veces: Ella no te odia. – dejo de mirar la carretera y se enfocó en Karin que seguía refunfuñando en su asiento, de brazos cruzados y trompa estirada. – Cuando yo te presenté en mi familia, sólo tenías 17 años. Mi madre pensó que era una locura dado tu edad y mi fama… de mujeriego. – susurró, porque sabía de sobra lo molesta que se ponía Karin al recordar esa faceta tan desagradable. – No esperaba que duráramos mucho. Es más, me dijo que era un error, porque en cierta medida me estaba comprometiendo demasiado al estar contigo.
− ¡Y todavía lo dice! –le recalcó Karin. Suigetsu prefirió ignorarla para continuar.
− Cuando pasó el tiempo y vio que yo me afianzaba contigo, se asustó. – el peliblanco volvió su vista al camino y sonrió con nostalgia. – Parecía y parezco un idiota por ti. Te buscaba, te llamaba, te perseguía. Mi madre reclamaba porque cuando iba a verla, estaba más pendiente de lo que tú hacías acá, que de lo que yo estaba haciendo allá con ella. – La pelirroja se avergonzó. Era lindo recordar esa época donde Suigetsu besaba el piso que pisaba. – El hijo que alguna vez le había dado tantos quebraderos de cabeza por temas relacionados con mujeres, se encontraba completamente perdido por una pelirroja perfecta y hermosa. Cuando te llevé a casa por primera vez, mi madre no te quiso, porque supo de inmediato el tipo de mujer que eras.
− ¿Qué intentas decir? – siseó, apretando los dientes y mirándolo con sus ojos enrojecidos de furia. ¿Acaso la estaba llamando de furcia? −Habla.
− Hey, no me refiero a "esa" clase de mujer. − se defendió el peliblanco.
Karin le dio un fuerte manotazo en la mano para que le soltara la pierna que recientemente le había agarrado.
− Habla.
− Eres del tipo de mujer que enamora y no suelta. – la pelirroja junto el entrecejo. – De esas que vuelven locos a los hombres y los tienen en la palma de su mano.
− Bueno, es algo que se me da natural. – respondió avergonzada, arreglando su desordenado flequillo. − ¿Me crees del tipo dominante/mala/terrible mujer? –preguntó contrariada.
− No, mi amor. Te encuentro del tipo de mujer que elegiría para casarme… y con la que me voy a casar. – Karin contuvo el aliento. – No es una propuesta, pero si una promesa, cariño.
− ¡Eres el tipo menos romántico que conozco en todo el mundo entero! – le chilló en la oreja, para luego cruzarse de brazos y alejarse lo más posible de su lado, aunque no era mucho ¡Maldito carro!. – Te juro que si hicieran un libro de las peores propuestas de matrimonios, la tuya entraría de las primeras y con honores. – farfulló.
− Karin, no esperes que te invite a cenar y me arrodille. – le pidió. − ¿Acaso necesitas toda una parafernalia para aceptarme?
− Te acepté desde hace mucho, Suigetsu. – susurró. – Y ahora cállate.
− Pero ni siquiera hemos terminado de hablar. – rezongó el peliblanco.
− Luego de hablar y meter cada vez el pie más hondo, te doy la venia para que guardes silencio. – le envió una sonrisa falsa. – Pondré la radio y espero me dejes escuchar.
− Karin… − rogó molesto. – La apagaré.
− Hazlo y te parto la cara. – advirtió, siendo oída. Suigetsu sabía que no bromeaba.
El silencio se hizo parte de ellos, sólo interrumpido por el incesante parloteo de la conductora del dial.
Karin soltó el aire con tristeza. Se sentía poco querida y extraña. Era como si de repente, un peso se hubiese alojado en su pecho y apenas la dejara respirar, además de esa constante lucha que tenía con su cabeza. Los problemas la consumían de tal manera, que era incapaz de encontrar algo bueno en ese preciso instante. Aparte, tenía el hecho de que Suigetsu no era de gran ayuda para su paz mental ¿En qué cabeza caía la posibilidad de poner a dos mujeres con carácter juntas a almorzar? Solo a él se le ocurría tamaña estupidez. Ni su querido suegro había podido obviar el ambiente tenso que se cortaba casi con cuchillo.
Lo peor de todo, era que no fueron solo un par de días, sino que dos semanas casi completas, porque el muy mamón no se había podido separar del seno materno.
Hizo una mueca. Desde ahora en adelante, conseguiré hombres maduros, pensó. Sin embargo, no podía. Era tal el amor que sentía por ese peliblanco imbécil, que la idea de separarse se le hacía inconcebible. Su vida estaba inherentemente unida a la de él y aunque lo intentaran con todas sus fuerzas, era imposible que se pudiesen separar. Lo quería de una forma loca y obsesiva, cayendo en la necedad y muchas veces en el desastre. Su amor no comprendía lo que era el término.
Es el amor menos amor que conozco. La voz de su suegra recayó en sus oídos. No tenía que haber estado ahí, escuchando a la conversación de los padres de Suigetsu, pero lo había hecho. Casi como por gracia divina, se había encontrado con ambos conversando a boca de jarro en la biblioteca. El padre de su novio intentaba calmar a su mujer, mientras ella seguía pregonando las faltas de la desagradable y erudita – a modo de ironía – Karin.
− ¿Cómo no te das cuenta? Están obsesionados el uno del otro. Karin le hará mucho daño a Suigetsu. – su suegro emitió un bufido.
− Si llevan tres años juntos, es por algo, cariño. – La mujer estaba que se jalaba los cabellos. – Suigetsu es grande, puede decidir.
− Para mi será grande cuando llegue a los 25, cosa que todavía no sucede. – replicó, posando sus manos en la cadera. – Esa chiquilla lo único que hace es manejarlo a su antojo. Si ella se levanta de la mesa, Suigetsu la sigue. Si ella deja lanza un comentario mordaz, Suigetsu asiente. Si ella se lanza del octavo piso, Suigetsu se lanzará con ella. ¿No crees que sea una estupidez seguir mirando esta situación y no hacer nada?
− No nos compete, entiéndelo. – respondió molesto. – Tienes que calmar tus objeciones de mamá. Si Suigetsu la ama, aceptémoslo. Yo soy feliz si él es feliz y recuerda que antes de ella, nunca lo fue. – guardo silencio, dando espacio a una reflexión. – No fuimos buenos padres y lo sabes.
− ¿Por qué? Solo queríamos que tuviera más de lo que nosotros tuvimos. – justificó, sin sentirse mortificada. En cambio el hombre, estaba pálido y movía su pierna sin descanso.
− Lo obligamos a estar donde está. – confesó. – Todo esto es de él. Suigetsu nos ha dado lo mejor y lo único que nos pide, no somos capaces de aceptárselo. – Lo vio ponerse de pie y acercarse al gran ventanal. – Karin es una chica estupenda, con ideales y una inteligencia muy superior a la que nosotros podemos aspirar a tener. Su carrera solo podría ser estudiada por alguien con muy grandes capacidades.
− Pero no obtendrá un Oscar, ni tampoco estará en la palestra del espectáculo.
− ¿Encuentras que eso es mejor? Karin podría ganar un Nobel y aparecer en las mejores revistas científicas por haber hecho algo que cambió el destino de la humanidad. – La mujer abrió la boca completamente descompuesta.
− ¿La apoyas más a ella que a tu hijo? – pregunto indignada.
− Tergiversas las cosas. – respondió con cansancio − Yo solo quiero que Suigetsu sea feliz y creo que no encontrará una mujer tan buena como lo es Karin.
Karin miró el paisaje que se mostraba frente a sus ojos. Ya se habían adentrado a Tokio y estaban a pocos kilómetros del departamento que compartían provisoriamente…
− Necesito que me ayudes a encontrar algo donde vivir. – El peliblanco la miró confuso. – Quiero irme de mi casa.
− Puedes vivir conmigo. – sugirió con tranquilidad.
− No, necesito hacerlo sola. Independizarme – A Suigetsu la idea no le alentaba. Pensar en Karin viviendo sola, se le hacía incómodo. – Creo que llegó el momento.
− Karin, considero que no es una buena idea… − la pelirroja alzó una ceja. – Puedes venirte conmigo. Sabes que me encantaría tenerte en mi casa, cama, cocina, baño… todos los días. Además, tenemos una relación muy estable. Vivir juntos es dar un paso más allá.
− Quiero mi libertad. – El peliblanco apretó la mandíbula.
− Entonces ¿para qué estamos juntos? – preguntó ofuscado y casi gritando. – Si quieres sentirte libre, entonces sé libre.
− No me refiero a ese tipo de libertad, palurdo. – El peliblanco chasqueo la lengua. – No pienso terminar nuestra relación. – le dijo, intentando tranquilizar la conversación
− Si no te imaginas un futuro viviendo conmigo, no creo que esté haciendo las cosas bien. – susurró el joven, apretando las manos en el manubrio.
− Suigetsu, esto no es algo que tenga que ver contigo.
− Todo tiene que ver conmigo si te compete a ti, Karin. – le respondió, superado por todo.
El peliblanco comenzaba a cansarse de muchas cosas. De ese estado casi letárgico en el cual se encontraba en muchos aspectos de su vida. En lo mucho que le exigía su madre y novia. En ese afán de independizarse y creer que era una sola por parte de Karin y dónde no lo consideraba ni siquiera para ver algo en conjunto.
Desde hace mucho había comenzando a notar que el hastió hacía mella en él, cubriéndolo por completo y amenazándolo constantemente con estallar. Era tanto lo que estaba guardando, que en cualquier momento terminaría lanzando mierda para todos lados y quedando completamente liberado, pero con su entorno contaminado por su rabia acumulada.
− Esto es algo personal. – argumentó Karin y esa fue la gota que rebalso el vaso.
Freno de sopetón frente al edificio donde vivía y miró a Karin con sus ojos llameantes. La chica estaba confusa y asustada. Suigetsu se notaba enojado, algo que nunca sucedía.
− ¿Sabes qué? Haz la mierda que se te antoje. Yo ya me aburrí. – farfulló lleno de ira, para luego bajarse de la camioneta y caminar al portal.
Karin quedo en su sitio, con el aire a medio inhalar y la saliva trapicando su garganta.
Suigetsu había colapsado y ella era una de las causantes directas de que eso sucediera.
Su mentón comenzó a temblar de forma imparable y los ojos se le llenaron de lágrimas que escocían. Mordió su labio intentando detener el bailoteo incesante, pero apenas si lo logró. Ya estaba devastada y destruida. Su relación se estaba terminando y era la gran culpable de eso.
¿Por qué era tan aparatosa para todo? ¿Por qué se empecinaba tanto con las cosas? Suigetsu le entregaba todo y ella le pagaba con problemas y dolores de cabeza.
¿Era momento de terminar?
La nieve comenzó a caer congelando la mitad de la ciudad, junto con la relación de ambos.
Karin rompió a llorar.
3.
− ¡Orden! Tenemos que grabar varias escenas y si siguen con éste desorden, no podremos. – Yamato miró con profundo descontento a Tenten, Ino y Sakura, que reían a mandíbula batiente a costa del mal genio que se traía el productor. – Dejen de comportarse como niñas.
− Yamato, somos niñas. – respondió chulescamente la pelirosa, ganándose un bufido por parte del hombre. – Además, no te estreses. Es sábado.
− Sabes que los fines de semana para nosotros, no son igual que para el resto, Haruno. – se cruzó de brazos, imponiendo distancia al ver como la chica se acercaba a él. − ¿Puedes quedarte quieta aunque sea dos segundos?
− No puedo. Siento que estoy rebosante de energía. – respondió, lanzándose sobre él para abrazarlo como pulpo. Yamato enrolo los ojos y la empujo por la cintura. − ¿Por qué eres tan cruel?
− ¿Por qué eres tan caprichosa? – Sakura se encogió de hombros sonriendo de oreja a oreja.
Era feliz.
Luego de almorzar con su madre y hermano, se preparó para ir a grabar. Se encontraba confusa por la salida tan repentina de Sasuke, pero intento no darle más vuelta y enfocarse en lo que tenía que hacer.
Bajó por el ascensor pensando en cómo llegar rápido al set, ya que iba visiblemente atrasada, pero grande fue su sorpresa cuando vio el auto de Sasuke aparcado a la salida del lugar.
− Sube. – le ordenó.
Sakura, que no tenía ganas de pelear, aceptó, metiéndose en esa maravillosa maquina de trillones de caballos de fuerza y líneas aerodinámicas. Respiró muy hondo, absorbiendo el olor que recubría el carro. Puro Sasuke y cuero fino. No hablaron en todo el camino, cosa que le sorprendió...
− Te estoy hablando, molestia. – una mano frente a su cara la hizo reaccionar. – Tenemos que grabar.
− Sasuke. – abrió los ojos desmesuradamente ¿la habría descubierto pensando en él? ¡Ni que leyera mentes, bruta! – Sí, sí. – asintió sin parar.
− De verdad que eres rara. – culminó girándose para ir al lugar donde comenzarían a grabar.
El set de grabación estaba rebosante de gente. Sakura corría de un lugar a otro saludando, escuchando indicaciones, con Tenten pegada a sus talones obligándola a detenerse para acomodarle el ropaje y Karumi, una señora de más o menos 40 años, a punto de colapsar al ver como la pelirosa no la dejaba terminar con el peinado.
− ¡Sakura, necesito que te apures! – llamó Jiraya, apuntando algo en un block y dando indicaciones. – Yamato, la iluminación está demasiado brillante. Tiene que ser más cálida
− Se puede arreglar en la edición. – Jiraya se negó de inmediato. Quería las cosas bien hechas desde un principio. – Ok, ya entendí. Llamaré al chico.
− ¡Sakura! – volvió a gritar.
− ¡Ya voy! – respondió, arreglando el vestido que se le subía levemente y dejando que la maquilladora le diera los últimos toques. – Estoy casi lista.
− Hace 20 minutos tendrías que haber estado lista, Sakura. – le reclamó el peliblanco llegando a su lado. – Sasuke te está esperando y nos estamos atrasando.
− No es mi culpa que se haya roto la costura del vestido. – Se volteó para mostrarle a Jiraya. – Tenten tuvo que zurcirlo a la velocidad de la luz. – Jiraya masculló unas cosas y tomándola con sutileza del brazo, la llevo al set. – Puede que mi madre venga a verme.
− ¿Mebuki? – Sakura alzó una ceja. – Sí, claro. – carraspeó. − ¿Le contaste más o menos lo que te toca hoy?
− Sí, sabe que me daré unos besos con Sasuke. Nada grave. – El peliblanco aceptó.
− Recuerda que tendrás una escena algo fuerte con Sasori y Sasuke más adelante. – Jiraya le hizo un gesto a Kakashi para que se acercará, pero continúo hablándole a la pelirosa. – Me gustaría hablar con tu madre y mostrarle una copia del guión para que más menos vea como trataremos ciertos temas y si da el permiso para que los actúes tú ¿te parece?
− Claro que sí. – le regaló una sonrisa. – Iré a ponerme con Sasuke.
− Anda. – Kakashi llegó a su lado con ese aire despreocupado que lo acompañaba. – Luego de grabar esto, tenemos que hacer ciertas pruebas de compatibilidad con Sasori. – El hombre, que tenía su boca cubierta, asintió. – Vendrá Mebuki, necesito que todo esté en orden.
− Ok.
.
.
.
Sakura llegó donde Sasuke y observo detenidamente cada una de sus facciones. Estaba completamente concentrado en el cuadernillo y re acomodaba su cabello, cada vez que el mechón de pelo se le venía al rostro. Lo vio morder su labio, y su corazón dio un respingo digno de gimnasta olímpico. Era tan malditamente sensual y demencialmente perfecto, que mirarlo se volvía casi en un privilegio, aunque tocarlo, era llegar al cielo…
− Sakura, estás más distraída que nunca. – La pelirosa parpadeo sintiéndose descubierta, pero el recién llegado no dijo nada. – Si que es guapo.
− ¡No lo estaba mirando! – el chico alzó una ceja. Sakura enrojeció. − ¿Cómo estás? Creo que no te he felicitado por las nominaciones.
− Nope, no nos hemos visto, porque acabo de llegar. – La pelirosa le brindo un abrazo y palmeo su espalda. – Wow, que recibimiento.
− Ojala ganes el Oscar, Suigetsu. Te lo mereces. – lo soltó lentamente y le sonrió con timidez. – Vi la película. Es grandiosa.
− ¿Tú crees? – el ojivioleta se sobo la nuca. – El hecho que me nominen, ya me hace sentir ganador, pero sería una gran sorpresa ganar el premio. – aceptó. − ¿Cómo te ha ido?
− Harto trabajo, hemos avanzado un montón. – contestó sonriente. – Nunca pensé que trabajar en actuación fuese tan agotar, además de tener que compatibilizar tiempos y así poder estudiar, ir a clases, trabajar, dormir y a veces comer.
− ¿Sigues comiendo mal? – la pelirosa negó de inmediato, soltando una carcajada. – Lo imaginaba, porque Sasuke no lo hubiese permitido.
− Claro que no, con lo cargante que es… − ambos lo miraron con atención. – Es una buena persona.
− Y un gran amigo, Sakura. – le contó. – Sasuke es el único que te ayuda porque le nace, no porque es lo políticamente correcto.
− Eso sí, no deja de ser un idiota molestoso. – Suigetsu aceptó riendo. – En fin, vamos a grabar, porque sino el pobre Jiraya terminara sin cabello. – se acercaron a Sasuke, que en cuanto los vio, frunció el ceño.
− Hace un buen rato los estamos esperando. – bramó, mirando fijamente a la pelirosa. – Eres tan bulliciosa que cuesta concentrarse al lado tuyo.
− Parece que alguien anda en sus días… − bromeo el peliblanco. − ¡No me golpees! – chilló cuando una mangazo de Sasuke le llegó a su cabeza. − ¡Jiraya, grabemos! ¡Sasuke me quiere golpear!
− Oh, ¿Por qué tendré que trabajar con gente tan molesta? – sobando el puente de su nariz, jaló a Sakura. – Vamos, estoy cansado y tengo cosas que hacer.
− Como tocar en el Domo, por ejemplo – Sakura se zafó y cruzándose de brazos, lo escrutó con la mirada. − ¿No pensabas invitarme?
− ¿Te hubiesen dado permiso? Es en la noche y considero que una niña de 16 años, después de las 11 tiene que estar durmiendo. – La pelirosa abrió la boca completamente ofendida.
− Me enteró por la televisión que estás soltero, siendo que estuviste en mi departamento todos estos días. – reclamó. − ¿Hace cuanto no estás con Fuka?
− ¿Y a ti que te importa? – le espetó bruscamente. – Si yo estoy o no estoy soltero no tiene porqué interesarte.
− ¿Sabes qué? Tienes razón. – le dijo, intentando contener la voz quebrada y odiándolo con desesperación. Era un bruto, insensible, tarado e idiota. – Vamos a grabar.
− Solo a eso es a lo que venimos. – contestó el moreno.
Sakura colapsó.
− ¡Eres un puto bipolar! – grito, llamando la atención de todos los presentes.
− ¡Hey!, no es necesario llegar a los insultos. –intentó mediar Suigetsu. – Vamos, tenemos que grabar y si estamos tensos, saldrá todo mal.
− La edad la hace actuar así. Déjala. – sugirió con desdén el pelinegro, mirando con ojos oscurecidos por la furia a la pelirosa.
− Eres realmente un imbécil. – susurró siendo oída por él y por el peliblanco.
− Aboquémonos a grabar. – sugirió Kakashi, llegando con Sasori y un confundido Juugo. – Pónganse en sus posiciones.
Sakura se sentó en un rincón, abrazando sus rodillas e intentando controlar toda la furia que amenazaba con salir. Sasuke se paró detrás de escena y esperó a que Suigetsu estuviera listo.
− Sasuke, nada más de estos enfrentamientos, ¿me oíste? – El pelinegro asintió a la pregunta amenazadora que le había lanzado Yamato. – Llevo años trabajando contigo y nunca había visto un comportamiento tan errático de tu parte. – Apunto a Sakura sin mirarla. – Si ella te trae de los cojones, no tiene que ser problema de nadie más, así que intenta ser profesional y trata de mantener tus emociones a raya.
− No es necesario que me des este sermón. – respondió con expresión neutra, pero igual de amenazante. – Sakura es solo un grano en el culo.
− Ok, sigue pensando así.− sugirió el hombre, largándose donde Kakashi y Sasori.
− ¿No crees que estás siendo majadero? – le preguntó Suigetsu. – No hay necesidad de tratarla con tanta frialdad, tomando en cuenta la relación que llevan.
− No hay ningún tipo de relación, y por favor, déjame en paz. – Sasuke se encaminó a su posición, mientras tras él, Suigetsu enrolaba los ojos.
Parece que no era un buen día para nadie.
Historia de Chiyo
5° Escena: Sakura comienza a crecer.
Chiyo corrió con pies descalzos y cuerpo tambaleante por el pasillo. Intentaba con desesperación encontrar una salida en esa laberíntica casa, llena de piezas, falsos caminos y ventanas tapeadas. Estaba asustada y el temblar de su mentón le hacía sonar los dientes de forma constante. El "tic tac" de un maldito reloj la estaba desquiciando. Era como una señal del cielo que le advertía sobre el tiempo y lo poco que le quedaba.
− ¡Se ha escapado! – el grito de Yuu se escuchó por todo el lugar.
Chiyo paralizada por el miedo, solo atinó a meterse a una de las tantas habitaciones que había en el lugar.
− ¿Qué mierda haces acá? – La chica se volteo con ojos de plato, encontrándose con los enfurecidos del alto hombre. − ¡Habla! – le grito, apartando con brusquedad a una de las chicas que estaba sentada en su regazo.
El chillido que dio la mujer al caer sobre su trasero, la sobresalto sacándola de su estado de letargo casi catatónico.
− Yo… − tartamudeo temblando. – Yo…
− Yo, yo, yo – la molesto Hayato, tomándola del brazo con brusquedad. – Llevas muchos días dándome quebraderos de cabeza ¿Te crees muy importante? – Chiyo estaba aterrorizada. Si Hayato se enteraba de cómo se había escapado, muy probablemente tendría la cabeza de Yuu colgando en menos de lo que se dice pío. − ¿Cómo llegaste acá?
− Es que… − la zamarreó, desesperado e incomodo. Ver esos ojos verdes de los que tanto había huido, era chocar nuevamente con el calor desenfrenado que se apretujaba en la parte baja de su cuerpo. Ni todas las mujeres que estaban en el harem, le calentaban la sangre como esa pequeña chica. – Creo que…
− ¿Cómo escapaste? ¿Quién te dejo huir? – apretó el agarre, haciendo saltar las lagrimas de Chiyo, quien cayó abatida a sus pies.
Hayato estaba consternado. Un frío apremiante se había hecho de su pecho y su estomago estaba casi tan duro como una piedra. Era la maldita sensación de culpa. No la podía ver llorar.
− Tus melodramas no me importan. – una de las mujeres que se encontraba detrás de Hayato, se acercó a su lado.
− ¿Por qué no la matas? – preguntó.
Chiyo alzó la cabeza para mirarla.
Alta, pelo largo hasta la cadera, ondulado y ojos zafiro. Era el epitome de la belleza y por cómo le hablaba, se notaba que era una de sus más cercanas.
− No quiero morir. – murmuró con voz trémula y dejando correr sus lágrimas por las mejillas.
Hayato se paso las manos por el pelo y lo apretó con dos puños fuerte. Se estaba desesperando.
− Levántate. – ordenó con voz contenida, pero destilando ira. – Levanta tu maldito trasero y lárgate de éste lugar.
− ¿Me liberas? – le preguntó esperanzada, mirándolo con ojos brillantes de emoción.
Hayato pensó que nada se le comparaba a eso. Era su belleza inusual que lo estaba trastocando y esa fragilidad que pedía a gritos ser protegida. Chiyo era la personificación de la ingenuidad y pureza.
− Jamás. – La levantó de un jalón y salió del cuarto dejando a las 5 chicas que en él se encontraban, muy sorprendidas. − ¡Camina! – le gritó, pero la chica se quejó de dolor.
− No… no puedo. – le dijo. – Mis pies…
− ¿Qué le pasa a tus pies? – le preguntó frunciendo el ceño.
Chiyo mordió su labio tembloroso e intento guardar el maldito puchero que quería formar. Tenía que mostrarse con entereza para poder dar esa batalla, porque sino, Hayato era capaz de desmembrarla sin contemplaciones. Además, su orgullo no le permitía apelar a la lástima para ser liberada.
Hayato la soltó como si se tratase de una paria y la miró mientras ella revisaba sus pies. Sangraban profusamente y se notaban deteriorados. El hombre nuevamente sintió su pecho apretarse bruscamente, era una sensación tan agobiante y asfixiante, que le cortaba el aliento.
− Libéreme. – le suplico, con sus ojos llenos de lagrimas y sangre en las manos. – Por favor, hágalo.
− Eso no está en discusión, niñata. – le respondió luego de salir de su aletargamiento. – Levántate.
A duras penas, Chiyo se puso de pie, pero las muecas de dolor evidenciaban que las laceraciones eran profundas y no paraban de sangrar. Hayato se quedo pegado mirándola, sin saber qué hacer ni decir. Por primera vez en sus 25 años de vida, las palabras no le salían de la boca.
− Señor… − fue lo único que alcanzó a decir la chica, antes de verse en el aire, siendo cargada por ese hombre enigmático y de ojos azabache. − ¿Dónde…?
− Cállate. – y Chiyo guardo silencio.
La llevo por largos y laberinticos pasillos, sorprendiéndola. Todos eran iguales, los mismos paneles, las mismas formas, era imposible no perderse, pero él sabía cómo moverse dentro del lugar y sin lugar a dudas, tenía la certeza de que si le ponía una venda en los ojos, igualmente llegaría al otro lado.
− Sr. Ebino. – comenzó a decir.
− ¿Ahora sabes cómo me llamo? Hace algunos días fingías amnesia. – la interrumpió con dureza. A Chiyo se le erizó la piel. – Porque no dices cuál es tu maldito plan. Así nos ahorramos tiempo y esfuerzos.
− Le juro que yo… − no alcanzó a terminar, porque cayo como saco de papas sobre una mullida cama. Suave y satinada.
Miro a su alrededor y se encontró con un tapiz rojo oscuro y formas triviales pintadas de negra. Una pieza que lograba transmitir miedo.
− Esa boquita se vería mejor haciendo otras cosas y no hablando. – susurró, cercándola sobre la cama.
Sin darse cuenta, lo tenía sobre ella, hablándole al oído y acariciando con su nariz, el lóbulo de su oreja derecha.
− Señor… − una de sus rodillas, la obligo a abrir los muslos, subiéndole el vestido y mostrando parte de su piel blanquecina y pura.
− Guarda silencio, pequeña demonio. – susurró, bajando por su cuello y lamiéndolo. Chiyo ahogó un gemido. – Eres muy receptiva.
− Por favor… − pidió.
− ¿Qué quieres? – sus manos dejaron de sostenerlo y cayó con todo su peso encima del cuerpo de Chiyo, quitándole el aire. − ¿Lo sientes? – Chiyo apretó los labios.
En su cabeza se peleaba la batalla más grande. Lo que tenía que hacer y lo que quería hacer. Su mente le gritaba que lo empujara con la mayor de sus fuerzas y la soltará de ese ferro agarré, mientras su cuerpo pedía a gritos ser liberado de tanta tensión. Sumergirse en el cuerpo de ese hombre déspota, frío, pero que a pesar de todo, no la había maltratado como lo esperaba. Y eso la desesperaba.
Hayato, en toda esa semana que llevaba secuestrada, sólo se pasaba por su celda para mirarla con asco y desdén, para luego largarse advirtiendo que no la podían tocar. En más de una ocasión lo había visto titubear sobre lo que estaba haciendo. Un día que se encontraba muy mal, con el corazón latiendo desbocado, se arrastró por el suelo, llegando a sus pies y le rogó por libertad. Él la miró con compasión y contención. No sabía qué hacer y eso lo estaba frustrando. A ojos de todos, tenía que comportarse como un verdadero hijo de puta, que tenía que hacer pagar a la hija de la maldita mujer que había matado a su padre, pero no podía. Kai día a día le lanzaba interrogantes con la mirada, pero Hayato se negaba a responder. Sopesaba cual sería la mejor decisión a llevar, pero en su cabeza se libraba una guerra de lealtades y emociones.
Ese día la miró hacia abajo, de una patada la obligo a soltar su pie y caminó fuera del lugar para salir al patio y tomar aire. Ahí se encontró con Ryu quién lo miró con compasión. Al parecer no era indiferente para nadie, que se encontraba en extremo confuso y errante.
− No sé de qué habla. – la voz se le cortó en cuanto sintió la parte intima del hombre rozar con la suya. – Oh…
− Sí, "oh…" – contestó, besando su mejilla y haciendo camino hasta la boca. – Te voy a poseer de muchas formas y te robaré cada una de tus primeras experiencias. Gozaré con tu cuerpo y te marcaré como mía, para siempre.
Chiyo empezó a temblar. La presión psicológica era tal, que estaba a un paso de sufrir una crisis nerviosa, además de la sensación de no saber si hacer lo correcto o lo que deseaba. Odiaba querer algo más con Hayato, pero a la vez le causaba repulsión su toque. Era tan contradictorio como contraproducente. Su cabeza iba a estallar.
− ¡Jefe! – el grito desesperado que entro, lo hizo maldecir en silencio. Chiyo aprovechó ese descuido y de una patada lo empujó fuera de la cama, para ponerse desde el otro lado. − ¡Jefe!
− ¡Cállate Isoka! – la voz del joven se guardo de inmediato, pero entró a la habitación como un bólido.
Chiyo lo miró expectante, mientras él meneaba la cabeza de un lugar a otro, viendo a esos dos contrincantes debatirse, uno en cada lado, listos para lanzarse sin temor a dar pelea.
− Aquí estás, maldita estúpida. – le gritó el joven.
Sus ojos eran un verde agua casi transparente, cubiertos con una fina capa de delineador, haciéndolos destacar. El pelo rojo desordenado caía sobre su frente de manera desprolija y el sudor lo apegaba a ésta misma. Al parecer, llevaba mucho tiempo buscándola.
− Lárgate de acá, pero te advierto, Isoka. – el chico se cuadró de hombros, esperando la reprimenda. – La próxima vez que esta puta salga de su celda, pagarán muy caro el descuido ¿me oíste?
− Sí, jefe. – murmuró de forma seca. – Iré a dar aviso.
− Y procura que no nos molesten. Chiyo y yo tenemos cosas que conversar. – el joven los miro a ambos y apretando los puños, salió del lugar.
Se sentía impotente. Por culpa de esa idiota había sido reprendido.
Dentro del cuarto, Chiyo no quitaba los ojos de encima del pelinegro. No se dejaría vencer de ninguna forma y mientras lo tuviera siempre delante de ella, podía darle batalla sin temor alguno.
Hayato comenzó a caminar para cerrarle el camino, pero Chiyo se movió a la misma velocidad que él.
− Las cosas… − comenzó a decir Chiyo, pero Hayato levantó la mano, haciéndola callar.
− Si te escapas, tengo a 40 hombres allá afuera que te darán caza y cuando te pillen, querrás no haber nacido. – Chiyo empalideció. – Si te ordeno que te quedes en un lugar, hazlo.
− Señor, yo no quiero esto. – aseguró tambaleante. – No sabía lo que hacía mi padre, ni mi abuelo. Tampoco que mi madre fuese la amante de su padre. – confesó. – Carey siempre fue libre y el haberse casado la obligo a someterse.
− Oh, claro. Santa Carey. Pobre de ella que sufrió mucho… − los ojos de Hayato se volvieron feroces. Negros como dos pozos llenos de odio y rencor. – Tu madre gozaba con ser vista. Recorría cada uno de los lugares intentando destacar. Disfrutaba con ser halagada y le encantaba saber que detrás de sus huesos, se libraba una guerra por poseerla. – La chica comenzó a temblar, sabiendo que muchas verdades se venían encima de ella. – Mi padre se acostó con tu madre muchas veces y ella se aprovechó de eso para robarle todo, hasta su dignidad.
− ¿Por qué…? – intentó formular la pregunta, pero quedo atrapada en su garganta.
− ¿Por qué te digo esto? ¿Por qué te cuento sobre lo putaza que era tu madre? Porque tú eres igual. – contestó. – Llegas acá, paseándote como una fuente de agua en el maldito desierto, cegando a todos mis súbditos, haciendo temblar las rodillas de Ryu y sometiéndolo con tu mirada, para adentrarte en éste lugar y aprovecharte de tu belleza, intentando estar cerca de mí. – Saltó sobre la cama y de un jalón la agarró. – Tu hermosura es casi onírica. Tienes una cara perfecta y un cuerpo precioso que usas para engatusar y destrozar vidas. – rozó la nariz de la chica con la suya. – Hueles maravillosamente bien y sabes aun mejor. – susurró, envolviéndola en olor mentolado de su aliento. – Pero eres hija de Carey. Vástago de esa escoria de mujer.
− No… no hable mal… de mi madre. – dijo tartamudeando. Hayato le dio una media sonrisa.
− Eres tan adorable, pero ese aire inocente no me convence. – la empujó sobre la cama.
− ¿Qué… hace? – preguntó aterrorizada.
− Lo mismo que tu familia le hizo a Ai. – Chiyo quedo de una pieza. – Si, querida Chiyo: tu padre y tu abuelo la violaron y tú pagarás por eso.
4.
Sakura se levantó de la cama luego de escuchar el corten y alejó a Sasuke de su cuerpo, ignorándolo por completo.
− Wow, eso sí que ha sido una escena brutal. – la pelirosa miró a la chica que estaba ahí. La había visto grabar un par de veces, pero no la conocía del todo. – Lo siento, no me he presentado: Me llamo Erika Toda.
− Sakura Haruno. – respondió la chica y ambas hicieron una reverencia. – Te había visto por acá.
− Sí, lo imaginé. – una sonrisa sincera se asomó en su rostro. – Soy Masami, una de las concubinas principales.
− Aah, ya lo recuerdo. – dijo Sakura, sonriéndole de la misma forma. – Eres la chica con la cual me encuentro en el harem. – ella asintió. – Vaya. ¿Cómo estás?
− Bien, gracias. – contestó. – Pero me preocupas más tú. Se nota que eres nueva en esto, y no lo digo por tu forma de actuar, porque lo haces excelente, sino por tu carita de nena. No debes pasar los 20 años.
− Tengo 16. – confesó abochornada. Erika abrió la boca impresionada.
− Vaya, eres un prodigo entonces. – volvió a sonreír, haciéndola parecer una persona muy agradable y tranquilizando sus nervios. − ¿Y te gusta esto?
− Me fascina.
− Ojala te encante para que lo puedas seguir haciendo. Se nota que tienes una vena actoral muy bien desarrollada. – comenzó a alejarse. – Iré a saludar a Sasuke. Cuídate.
Con una reverencia se largó.
Sakura la miro caminar con paso decidido. Era muy probable que también fuera una modelo, porque esos tacones quebrarían los pies de cualquiera, menos los de ella.
− ¡Saku! – la voz de Ino la hizo volver. – Pensé que ibas a tener otra crisis luego de esa escena, así que traje agua con azúcar. – la pelirosa, enternecida por ese gesto, la abrazó fuertemente.
− Eres una divinidad, Ino.
Observó desde su lugar como Mebuki entraba al set y se acercaba a Jiraya a hablar quién sabe de qué cosa. Sakura se soltó de Ino y con una disculpa caminó donde se su madre.
− Sakura, justo te iba a buscar. – el peliblanco abrió los brazos con felicidad. – Necesitamos hablar unas cosas, con tu madre presente.
− ¿Qué ocurre? – preguntó temerosa.
− Nada, cariño. – la tranquilizó Mebuki. – Vamos, tenemos algunos puntos aclarar.
Los tres se encerraron en la oficina del alto hombre y se sentaron frente a él. Ofreciéndoles algo de beber, terminaron de acomodarse y se abocaron a lo que iban.
− Estaba conversando con tu madre, que ésta semana se viene cargada con muchas grabaciones y escenas. – comenzó a decir Jiraya. – Y hay dos muy relevantes, dónde podremos tener un poco de discordia. Por lo mismo, aprovecharemos que Mebuki está acá para conversarlo.
− ¿De qué tratan las escenas? – Jiraya se irguió en su asiento y apoyó los codos en la mesa.
− La primera es con Sasuke. – Sakura ya sabía de lo que hablaba y mordió su labio. – Es una escena sexual de alto calibre.
− ¿Qué? – preguntó su madre sin aire. – Sakura no puede hacerla.
− Entonces quedas descartada de inmediato. – le dijo Jiraya, mirando de refilón a la madre de Sakura. – Buscaremos una buena doble que no se siente intimidada por Sasuke…
− Yo soy la única que lo puede hacer. – El peliblanco se tapó la cara. Comenzaría una pelea frente a sus ojos. – Mamá, de una vez entiende: es actuación. – Mebuki se cruzó de brazos. – No se verá nada de mi cuerpo, porque las tomas se hacen desde otros ángulos.
− Sakura, eres menor de edad y Sasuke es demasiado mayor para ti. – rebatió la mujer, creyendo que sus argumentos tenían algún peso.
− Mamá, me he besado con Sasuke en distintas ocasiones. Hicimos una escena donde nos revolcamos y siempre se mantuvo el respeto. – se paso las manos por su cabello. – Él nunca me ha pasado a llevar, ni ha sido invasivo con mi cuerpo. Es más, es muy prolijo e intenta ser lo más cuidadoso, porque sabe quién soy y no me profanará de esa forma.
− Por favor, Sakura. A leguas se nota como te mira. – la mujer miró a Jiraya esperando apoyo, pero él se volteó a mirar quién sabe qué cosa. – Yo no voy a permitir que ese joven vivido te pervierta.
− ¡Mamá! – gritó la pelirosa abochornada. − ¿Sabes qué? Me tienes agotada y sí, haré lo que me pidas. – miró a Jiraya. – Renuncio. No puedo estar constantemente luchando contra mi madre que no me deja crecer.
− Sakura – expresó la mujer consternada. – No tienes que renunciar a tu sueño…
− Entonces déjame vivir. Déjame cometer mis errores. Déjame buscar mis caminos. – le pidió desesperada. – Si debo hacer una escena subida de tono, la haré, porque confío en Sasuke y sé que él no se lo tomará a la ligera.
− Pero… − intentó decir la mujer, sin embargo, Sakura no se lo permitió al levantarse de la silla y comenzar a caminar por el lugar.
− Si Sasuke fuese un maldito pervertido, aprovecharía todas las veces que nos encontramos para hacerme sugerencias lascivas o invadir mi espacio, pero constantemente él se mantiene alejado de mi, para no importunarme ni hacerme sentir ultrajada. – Bufó. – Sasuke ha tenido muchas oportunidades de sobrepasarse, pero no lo hace.
− Ahora eres tú la que lo santifica. – contestó Mebuki, sin saber que decir. – Dame el guión, Jiraya. – Sakura esbozo una sonrisa de tranquilidad. Por fin estaba consiguiendo hacer razonar a su madre. – Por ésta vez ganaste y solo porque usaste un léxico muy variado. Me sorprendiste. – Sakura sonrió
− No te defraudaré, mamá. – le dijo, y se lanzó a abrazarla. – Hey, tío Jiraya, vuelvo a reincorporarme.
− Me parece estupendo. – respondió, sobándose la barriga. – Hablaremos con Sasuke para organizar ésta escena de la forma más responsable, así no pasaremos a llevar a Sakura.
− Bueno, yo me largo. – dando unos saltitos y despidiéndose efusivamente, salió del lugar.
Caminó feliz y campante. Era una batalla ganada y no cometería ningún error, para así seguir teniendo a Mebuki tranquila y sin ganas de entrometerse. Sonrió de oreja a oreja, encontrándose de frente con el pelinegro más deseable y desagradable del universo. Sasuke alzó su cabeza, dejando de lado el guión y la miró expectante, esperando que hablara.
− ¿Qué quieres? – preguntó hastiado. – Estoy ocupado.
− ¿Qué te hice ahora para que actúes así? – estaba desconcertada por esa actitud tan poco acorde a lo que se venía dando desde hace días.
− Nada. – contestó de forma parca. – Tengo que grabar una escena con Erika, permiso.
− Sasuke. – llamó cuando lo vio alejarse. El pelinegro la miró sobre su hombro, poniendo distancia y evitando de esa manera, que se ensalzara en una larga diatriba por su actitud, pero Sakura lo sorprendió como siempre: − Que tengas éxito. – lo alentó con cariño.
Sasuke carraspeó descompuesto.
− Gracias. – dio tres pasos y se giró. – Espero verte en el Domo.
Sakura le regaló lo más maravilloso que podía haber en su día: una risotada.
− Que manera tienes de invitar ¿eh? – asintió con fervor. – Ahí estaré.
Sasuke volvió sobre sus pasos y cuando estuvo frente a ella, se perdió en el jade de sus ojos y el fulgor que irradiaban. Sin saber qué hacer ni decir, e intentando contenerse, le tomo un mechón de pelo.
− Molestia. – se lo jaló, haciéndola chillar con gracia y felicidad. Era un gesto de profunda confianza. – Adiós, molestia.
Sakura se quedo de pie y vino a reaccionar cuando lo vio de lo más entretenido conversando con Erika un poco más allá. Sin esperarlo en su pecho un calor especial, que le hacía estar en las nubes como tonta, pero ya siendo más sensata y enseriándose, solo podía llegar a una conclusión: Sasuke era bipolar
5.
El barullo era ensordecedor y a pesar de que iban directamente al VIP, la entrada al lugar había sido caótica.
Gente por todos lados, mujeres gritando por su integrante favorito y hombres que alucinaban con la música de Living in Peace. Todos estaban reunidos en el lugar por una causa común: ver a su banda favorita en escena.
− Lamento que Ino no haya podido venir. – dijo Tenten, haciendo un leve puchero.
− Sí. Hubiese sido genial estar con ella, pero ahora estamos nosotras. – intentó recompensar Natsuki, y lo logró. – Quiero ver a mi novio hacer los sonidos externos.
− Kiba es un crá en computadoras. – todas asintieron al comentario de Tenten. – Yo no sé a que vine.
− Yo si sé. – molestó Sakura, ganándose una mirada reprobatoria por parte de la chica de chonguitos. – En fin, ahora que estamos acá, sólo nos queda disfrutar ¿no creen?
− Es lo mínimo. – contestó Natsuki. – Hinata ¿estás nerviosa? – las miradas se fueron directamente a la chica de pelo negro.
− No, es que no me gusta cuando hay mucha gente. – La chica era claustrofóbica y por ende, estaba sudando a mares e intentaba controlar su respiración errática.
− Tranquila, todo estará bien. – la calmó Sakura, tomándola del brazo.
Las luces del recinto se apagaron y el griterío se volvió desesperado. En cualquier momento salían a escena.
Sakura se mordió el labio. Era la primera vez que vería a Sasuke cantar en un escenario y los nervios de fans, se mezclaban con la sensación de orgullo. Sabía que con Sasuke no llevaban mucho tiempo de relación, pero las cosas se habían afianzado, haciéndola sentir parte muy importante de su vida.
Un estruendo acalló sus pensamientos.
− Buenas noches. – la voz gruesa de Sasuke se replicó por todo el Domo.
− Oh, por Dios. Éste tipo está buenísimo. – Sakura rió con el comentario de Tenten.
− Pero el genio mata toda su belleza. – le respondió la pelirosa al oído.
− Eso no te lo crees ni tú misma. − La pelirosa no lo negó. − ¡Sasuke, te doy un hijo! – gritó Tenten, molestándola.
− ¡Eres una descarada! – soltó Natsuki riendo a mandíbula batiente. − ¡Kiba, te amo! – La chica se sacó su grueso abrigo y mostró la polera que andaba trayendo.
− No lo puedo creer – murmuró Hinata. – Estás loca.
− "Kiba I love you 4 ever" – rezaba la polera que leyó Sakura. – Ustedes están chifladas.
− No hablen mucho, que tanto Hinata como tú están bien coladitas por el rubio y el pelinegro. – Natsuki asintió detrás.
O.O
Sasuke miró hacía el horizonte y con cerrados, respiró, llenándose de esa energía que solo le entregaba el publico y sus vítores. Era sabido por todos, su reticencia a la cercanía, pero en esos instantes, donde su vida se resumía en música y acordes, olvidaba todos sus problemas o inquietudes y se dejaba llevar como un halcón.
Abrió los brazos en señal de abarcamiento. Quería hacerse de todos esos miles de fans que gritaban su nombre o el de cualquiera de la banda. Era impresionante lo que suscitaban con su música y saber que ese lenguaje se volvía casi universal, lo hacía sentirse aún más poderoso.
− Buenas noches. – le dijo a todo el público, oyéndolos rugir como león. – Espero el show sea de su agrado.
Antes de comenzar, Sasuke casi por inercia buscó algo, o más bien a alguien. El pelo rosa la hizo destacar entre todos y agradeció que tuviera esa particular cabellera, aunque si no fuese así, igualmente la reconocería.
Sakura lo miró fijamente, para luego brindarle una sonrisa de apoyo y vergüenza. Era una nena.
La batería de Shikamaru comenzó a sonar con fuerza y acompañada de los sonidos del bajo de Naruto. Neji aportó con el rasgando su guitarra eléctrica y Kiba ensalzó todo con los sonidos computarizados.
Starlight − Muse
Far away
The ship is taking me far away
Far away from the memories
Of the people who care if I live or die
Starlight
I will be chasing the starlight
Until the end of my life
I don´t know if it´s worth it anymore
Hold you in my arms
I just wanted to hold
You in my arms
My life
You electrify my life
Let´s conspire to ignite
All the souls that would die just to feel alive
But I´ll never let you go
If you promised not to fade away
Never fade away
Our hopes and expectations
Black holes and revelations
Our hopes and expectations
Black holes and revelations
Hold you in my arms
I just wanted to hold
You in my arms
Far away
The ship is taking me far away
Far away from the memories
Of the people who care if I live or die
And I´ll never let you go
If you promise not to fade away
Never fade away
Our hopes and expectations
Black holes and revelations
Our hopes and expectations
Black holes and revelations
Hold you in my arms
I just wanted to hold
You in my arms
I just wanted to hold
Sasuke termino de cantar, junto el público que coreaba. Estaba sudando y sonriendo, cosa muy rara en él.
Naruto se acercó a su oído para preguntarle que le pasaba, porque estaba tan cercano y feliz.
− Es por Sakura ¿verdad? – le dijo el rubio. Sasuke se dio la vuelta y le golpeo el hombro.
− Estoy sacando membrecía para tu club. – Naruto no comprendió y Sasuke tampoco le explicó, porque se acercó a Shikamaru para indicarle que continuaba.
Naruto le hizo un gesto al coletas y vocalizó. "Sasuke se volvió loco".
− Se viene fuerte. – le dijo al público. – Prepárense.
El escenario se oscureció y la voz de Sasuke comenzó a escucharse detrás. A todo el recinto se le erizo la piel.
Closer – Nine Inch Nail
You let me violate you you let me desecrate you
You let me penetrate you you let me complicate you
Help me i broke apart my insides help me I've got no soul to sell
Help me the only thing that works for me help me get away from myself
I want to fuck you like an animal
I want to feel you from the inside
I want to fuck you like an animal
My whole existence is flawed
You get me closer to god
You can have my isolation, you can have the hate that it brings
You can have my absence of faith, you can have my everything
Help me tear down my reason, help me its' your sex i can smell
Help me you make me perfect, help me become somebody else
I want to fuck you like an animal
I want to feel you from the inside
I want to fuck you like an animal
My whole existence is flawed
You get me closer to god
Through every forest, above the trees
Within my stomach, scraped off my knees
I drink the honey inside your hive
You are the reason i stay alive
Sakura siempre se impactaba con ese tema, pero aun más al escucharlo en vivo y en directo, con Sasuke envalentonado en la canción y sintiendo cada una de las cosas que decía. Por un segundo, su cabeza se volvió una tormenta de arena y su cuerpo se volvió pesado. Era como estar atrapada y querer escapar.
Sasuke me tiene en una jaula.
La voz de su conciencia penetró su interior con brutalidad. No era una verdad tácita, tampoco un futuro cercano, pero una parte de ella gritaba con desenfreno eso: Ella iba a terminar siendo parte de Sasuke e irremediablemente eso traería sus consecuencias.
Las revelaciones nunca se le habían presentado, pero ésta era tan clara, que era imposible obviarla.
Epic – Faith No More
Can you feel it, see it, hear it today?
If you can't, then it doesn't matter anyway
You will never understand it cut it happens too fast
And it feels so good, it's like walking on glass
It's so cool, it's so hip, it's so right
It's so groovy, it's outta sight
You can touch it, smell it, taste it so sweet
But it makes no difference cuz it knocks you off your feet
You want it all but you can't have it
It's cryin', bleedin', lying on the floor
So you lay down on it and you do it some more
You've got to share it, so you dare it
Then you bare it then you tear it
You want it all but you can't have it
It's in your face but you can't grab it
It's alive, afraid, a lie, a sin
It's magic, it's tragic, it's a loss, it's a win
It's dark, it's moist, it's a bitter pain
It's sad it happened and it's a shame
You want it all but you can't have it
It's in your face but you can't grab it
What is it?
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?
You want it all but you can't have it
It's in your face but you can't grab it
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?
IT'S IT!
What is it?...
Parte importante de la canción era cantada por Naruto, mientras detrás, Neji destacaba con la guitarra eléctrica, dejándolos a todos anonadados.
El público estaba eufórico y ya habían caído muchas mujeres desmayadas.
Como siempre lo hacía, Sasuke se sacó la polera y dejo a la vista su torso perfecto, con tatuajes sensuales. El calor en cada concierto lo abrasaba y necesitaba liberarse de cada una de las ataduras que tenía con su ropa, cuerpo y mente. No era un acto de vanidad ni egocentrismo, era un acto de desprendimiento.
− Gracias por todo. – murmuró Sasuke, ganándose una ovación. El pelinegro caminó hasta la parte trasera del escenario y se acercó a tomar una botella de cerveza para descansar algunos minutos. – Itachi ¿cómo está saliendo?
− Mejor de lo que espere. – confesó su hermano, palmoteándole la espalda. – Estás cantando con el corazón.
− No te pongas sentimental. – le contestó el menor de los Uchiha soltándose de su agarre. − ¿Dónde está Sakura?
− ¿De verdad me preguntas eso? – Itachi alzó una ceja sin creerlo. – Apuesto mi vida que sabes perfectamente donde está. Has pasado todo el concierto pendiente de ella y cantándole. No has mirado a otro lado.
− No le canto a ella. – respondió molesto. – No me la quiero follar – dijo, haciendo referencia a Closer y su letra brutal. – ¿Cómo fue la entrada?
− Horrible. Agradezco haberme puesto sobre aviso, porque sino estaríamos lamentando alguna tragedia. – Sasuke frunció el ceño. – Cuando la gente se dio cuenta de que estaba Sakura Haruno, se quisieron lanzar sobre ella y no sé si para atacarla o tocarla.
− ¿De qué hablas? – preguntó ceñudo y asustado. − ¿Le hicieron algo?
− Tranquilo, tigre. – lo molestó. – Como te dije, me previne antes de tiempo y puse el triple de seguridad para ella y pedí una dotación completa de policías.
− Que no le ocurra nada, Itachi. – advirtió. – Preocúpate de ponerle seguridad de ahora en adelante. Si en verdad quieren atacar a Sakura lo harán en cualquier parte y no puedo vivir con ese peso en la consciencia. Su vida está en peligro por tenerme cerca.
− O por ser nieta de quien es. – sopeso Itachi. – En fin, le pondré algunas personas de confianza.
− No le digas, es capaz de matarme.
− ¿Ya le tienes miedo? Te creía más gallito. – Sasuke lo empujó y volvió al escenario.
Camino por el lugar y se acercó a uno de los pasillos que formaban el escenario, como adentrándose en el público. Se sentó en la orilla con las piernas colgando y luego de un movimiento de cabeza, la música comenzó. Los sostenes, calzones, remeras, gorros y todo tipo de cosas, comenzaron a caer a un lado de él, pero Sasuke solo estaba pendiente de cantar.
Vermillion Pt 2 – Slipknot
Stretched across my shame.
All the torment and the pain
Leaked through and covered me
I'd do anything to have her to myself
Just to have her for myself
Now I don't know what to do,
I don't know what to do when she makes me sad.
She is everything to me
The unrequited dream
A song that no one sings
The unattainable, Shes a myth that I have to believe in
All I need to make it real is one more reason
I don't know what to do,
I don't know what to do when she makes me sad.
But I won't let this build up inside of me
I won't let this build up inside of me
I won't let this build up inside of me
I won't let this build up inside of me
A catch in my throat choke
Torn into pieces
I won't, NO!
I don't wanna be this...
But I won't let this build up inside of me
I won't let this build up inside of me
I won't let this build up inside of me
I won't let this build up inside of me
She isn't real
I can't make her real
She isn't real
I can't make her real
− Sasuke está cantando de manera muy especial ¿no lo creen? – Sakura ni siquiera oyó el comentario de Natsuki. Estaba completamente cautivada por esa voz ronca y tranquila. Se veía tan sosegado, imperturbable, como nunca antes lo había visto. Estaba en su elemento por entero.
− Yo creo que ya la perdimos. – dijo Tenten. – Está embobada.
− El amor es así. – susurró Hinata, sonrojada y feliz. – Ella ya siente algo por él.
− Eso no es necesario decirlo, se nota desde la luna. – agregó Natsuki. – Mi novio no me mira así.
− Si te mira así. – masculló Tenten. – Por lo menos tienes alguien que te mire. Yo sigo aquí, soltera y sin perro que me ladre.
− Tanto dramatismo. Los hombres van y vienen. – todas, excepto Sakura, se voltearon a mirar a la recién llegada. – Sí, soy Nozomi, la amiga de Shikamaru.
− Pero tú tenías el pelo negro… − apunto Natsuki. – Ahora lo tienes…
− Rojo y creo que me lo dejaré así por mucho tiempo. – las saludo con una leve reverencia. − ¿La que está allá es Sakura?
− Sí y no te tomará en cuenta a menos que le grites en el oído. – dijo la pelivioleta, novia de Kiba. – Llegaste atrasada.
− Estaba en mi práctica. – contestó. – Estudio medicina y entre trabajos de medio tiempo, exámenes, universidad e internado hospitalario, con suerte me queda tiempo para dormir. – todas rieron. – Sasuke se ve hermoso.
− ¿Tú también estás enamorada de él? – Nozomi contrajo el ceño ¿De qué otra persona hablaban?
− No entiendo.
− Es que Tenten habla sobre Fuka y todo eso, como rompieron hace poco. – las últimas palabras fueron masculladas, acompañadas de una fuerte mirada de advertencia. Natsuki daba miedo. – ¡Sakura!
− ¿Qué? – preguntó la pelirosa, volteándose sonrojada. Estaba pegada mirando a Sasuke y se sentía pillada. – Dime.
− Te presentamos a Nozomi, amiga de Shikamaru y fans recalcitrante de Sasuke. – la pelirosa asintió y le dio una mano.
− ¿Nos podemos sacar una foto? Es hermoso estar con una chica del espectáculo. – arguyó la chica, dando saltitos como ciervo recién nacido. – Pueden salir todas.
La selfie salió preciosa y Nozomi de inmediato la subió a sus redes sociales. Les contó que era administradora de un blog que hablaba de música y cine, donde el nombre de Sakura ya era recurrente y todos querían saber más de ella.
− ¿Así que ya soy conocida? – preguntó la pelirosa temerosa.
− Más que conocida diría yo. – Le mostró su celular. – Tu foto no lleva ni 5 minutos colgada y ya tengo 132 mensajes. Además, en cierta medida te estás convirtiendo en una leyenda y hay grandes expectativas por ti; Le quitaste el papel a Mei, enfrentaste a muchos por estar acá y hay una filtración sobre una posible parentela entre Chiyo, Hayato y tú… −Sakura iba a responder, pero Nozomi no se lo permitió. – Si me dices, moriré por escribirlo y así no se puede vivir. Guarda esa confesión y yo ignoraré lo que en verdad suceda. – ambas sonrieron.
El concierto había pasado casi tan rápido como un suspiro y ya estaban a punto de escuchar la última canción. Todo el Domo de Tokio estaba electrizado por esa descarga adrenalinica que le había inyectado Living In Peace.
− Ha sido una maravillosa noche. – comenzó a decir Sasuke, ganándose gemidos, suspiros y aplausos. – Pero todo lo bueno termina.
El abucheo fue generalizado. Nadie se quería largar del lugar. El ambiente era místico y perfecto.
− No se preocupen, chicos. Quedan muchos conciertos por delante. – chilló Naruto, haciendo enloquecer a la audiencia. Miró directamente a Hinata. – Además tenemos cosas que hacer.
− Naruto, cállate. – dijo Sasuke quitándole el micrófono. Sabía que su querido amigo era capaz de meter las patas al fondo. Además, si se le agregaba que durante todo el concierto estuvieron bebiendo cerveza, la lengua se le volvía más rápida que cualquier pensamiento sensato. – Con esta última canción nos despedimos.
La música nuevamente y los ojos fijos en ellos. Sasuke carraspeo y se acercó al lado donde estaban las chicas, enloqueciendo a todos los oyentes que se encontraban ahí.
Disarm – Smashing Pumpkins
Disarm you with a smile
And cut you like you want me to
Cut that little child
Inside of me and such a part of you
Ooh, the years burn
I used to be a little boy
So old in my shoes
And what I choose is my choice
What's a boy supposed to do?
The killer in me is the killer in you
My love
I send this smile over to you
Disarm you with a smile
And leave you like they left me here
To wither in denial
The bitterness of one who's left alone
Ooh, the years burn
Ooh, the years burn, burn, burn
I used to be a little boy
So old in my shoes
And what I choose is my voice
What's a boy supposed to do?
The killer in me is the killer in you
My love
I send this smile over to you
The killer in me is the killer in you
Send this smile over to you
The killer in me is the killer in you
Send this smile over to you
The killer in me is the killer in you
Send this smile over to you
− Ese papucho te come con la mirada. – le susurró Tenten en el oído, pero Sakura no escuchaba.
Estaba sometida bajo la mirada azabache y esa sonrisa ladeada. Su cuerpo esplendoroso y el aura magnética que brindaba. Era estar encantada.
− Sasuke… − susurró ida, rogando por tocar su mano y besarle la boca, pero alcanzó a reaccionar cuando un jalón de brazo la detuvo.
− Sakura, no lo hagas. – Era Itachi.
Dándole una sonrisa a su hermano menor, lo obligo a volver al centro y que siguiera cantando como si nada.
− ¿Qué pasa? – preguntó Sakura molesta por la interrupción.
− Tengo que sacarte inmediatamente de aquí. – la pelirosa se cruzó de brazos.
− No quiero. – Itachi se encogió de hombros y haciéndole un gesto a unos tipos que estuvieron todo el concierto detrás de ella, la empezaron a mover. − ¿Qué te pasa?
− Corres peligro, eso pasa. – Sakura iba a replicar, pero Itachi no se lo permitió. – Hubieron amenazas de bomba, Sakura y están dirigidas a ti.
− ¿De qué hablas? – el miedo, una sensación que nunca en su vida había sentido, comenzó a crecer dentro de su cuerpo. Era abismante y agobiante. Un constante subir de emociones fuertes. Un temblor removió su cuerpo
− Que te encontraron. Los yakuza ya saben qué relación tienes con Hayato y vinieron a buscarte.
− Pero… − mordió su labio tembloroso. − ¿Por qué?
− Sakura, déjame sacarte de acá, por favor. – Itachi miró a las chicas. – Me la llevaré. Mientras tanto ustedes, vayan al camarín de los chicos. Peter las guiará. – Hinata, Natsuki, Tenten y Nozomi miraron al guapo rubio de casi dos metros. Debía ser ingles.
− ¿Dónde la llevas? – preguntó Hinata, adelantándose.
− La dejaré en su departamento, pero con seguridad por todos lados. – Sakura se aferró al brazo del pelilargo. – Tranquila, rosada, te sacaremos de acá.
− ¿Y si nos siguen? – los ojos de Sakura se dirigieron de inmediato donde Sasuke, que estaba ceñudo mirando la escena. Al parecer, había captado que algo pasaba. – Me pillaran.
− Los engañaremos. Tú confía en mí. – se detuvo un segundo, frunciendo el ceño. − ¿Y tu amiga?
− ¿Ino? No pudo venir. – culminó.
La pelirosa le dio una leve sonrisa a Sasuke y salió agarrada por Itachi.
Al parecer, las cosas se iban a empezar a complicar.
6.
Sasuke entro tambaleante y cansado a su departamento. El frío le estaba dando pelea y los ojos batallaban por cerrarse. Necesitaba dormir dos vidas para poder recuperarse aunque fuese un poco.
Subió las escaleras y tomo el ascensor que lo dirigía directamente a su puerta. Silbante, se apoyo en una de las paredes y miró el techo. Su claro reflejo estaba ahí.
− ¿Dónde estarán? – murmuró, preguntándose a sí mismo donde estarían su hermano y Sakura.
Los había visto salir presurosos del lugar y luego se había encontrado con las amigas, pero no con la pelirosa. Cuando le preguntó a Tenten, ella no supo que responder y se alzó de hombros. Sabía que algo estaban escondiendo, pero antes de cualquier resolución o de partir a buscar respuestas a la casa de cierta chica, tenía que darse una ducha para remojar esos músculos tensos y agotados.
Entró a su departamento y lo primero que vio fue a su hermano sentado en el sofá. Luego vino un abrazo apretadísimo y un olor característico.
− ¡Sasuke! – chilló Sakura. El pelinegro soltó el bolso y la sostuvo con fuerza, como si algo en su interior le estuviera avisando sobre un peligro que ya había pasado. – Pensé que llegarías antes.
− ¿Qué haces acá? – le preguntó alejándose y mirando de reojo a su hermano, quien se levantó para acercarse a la pareja de "amigos". − ¿Qué está pasando?
− Me quieren lastimar, Sasuke. – respondió de forma apresurada la pelirosa, enganchando sus brazos alrededor de la cintura del pelinegro. Sasuke frunció el ceño y posó sus manos sobre la cabeza de la chica, intentando parecer indulgente.
− ¿Quién te quiere lastimar? – La calma que expresaba con su cuerpo, contrastaba con la tormenta que tenía en la cabeza.
Tenerla cerca, oliendo su cabello y sabiendo que estaba en peligro, era algo que iba más allá de lo que podía soportar.
− Sakura está siendo amenazada por clanes yakuza. Descubrieron el parentesco que tiene con Hayato y creo que puedes imaginarte el resto. – Sasuke se tensó y Sakura lo noto. Aun así, no se separó de su pecho ni soltó el agarre.
− Supongo que doblaste su seguridad. – elucubró el menor de los Uchiha.
− Claro, pero la protección que le puedo brindar está condicionada. – Sasuke bajo la cabeza y se fijo que los ojos de Sakura estaban fuertemente apretados y que sus manos estrujaban la parte trasera de su ropa.
Se encontraba aterrada.
− Hablaré con Kakashi. Él está encargado de la seguridad en la producción. – dijo Sasuke. – Y hablaremos con su madre.
− No metas a mi mamá, por favor. – le pidió sin mirarlo. – Es peligroso.
− Sakura… − empezó el pelinegro.
− Por favor, te lo ruego. – le dijo. Se separo y lo miro con pánico. – Mamá correrá más peligro si se encuentra sobre aviso. Dejemos que por ahora viva su vida tranquila. Yo puedo ser carne de cañón, siempre que mi familia se encuentre protegida detrás.
− Aumentaremos los guardias en la mansión, Sasuke. – secundó Itachi. – Y me parece correcto lo que quiere hacer Sakura.
− Pero ella merece saber lo que está pasando. – Sakura se negó rotundamente. –Además no dejaré que Sakura cargue con esa responsabilidad.
− Por favor, Sasuke. – El pelinegro se dejo envolver por esos ojos jades que se encontraban atormentados.
Una furia ciega lo corroía. No quería imaginarse a la chica siendo atacada.
− ¿Cómo supiste que te pillaron?
− Amenazaron con una bomba. – El pelinegro abrió la boca incrédulo, pero se recompuso de inmediato.
− Saku, camina por ese pasillo y metete en la primera puerta que halles. Ponte cómoda y duerme. Tengo que hablar algunas cosas con Itachi. – El pelilargo iba a reclamar, pero Sasuke no se lo permitió. – Ve.
− Gracias. – dudo algunos segundos en como despedirse. – Eeh, adiós. – Se acerco a su rostro y le dio un pequeño beso en la mejilla. – Adiós Itachi.
Ambos la miraron caminar hasta que estuvo dentro de la habitación.
− No pensarás dejar que se quede acá. – sugirió el mayor de los Uchiha. − ¿Verdad?
− Se quedará acá. – Itachi sopeso algunos segundos: No sabía si gritar, llorar, o inscribirse por voluntad propia en un manicomio. – Es peligroso dejarla en su casa.
− ¡Oh, por Dios! Quiero matarte. – el pelilargo se agarró la cabeza con sus manos. − ¿Por qué haces todo más complejo? – preguntó enardecido.
− Itachi, Sakura volverá a su casa, pero ésta noche se queda acá. – Sasuke vio a su hermano caminar por la estancia como alma que se lleva el diablo.
− Según tú ¿aquí está más protegida? ¡Es como llevarla directo a su muerte! – gritó. – A Sakura me la llevo ahora mismo. No fue buena idea traerla.
− Sabes que sí, por algo lo hiciste. – Sasuke fue a tomar un vaso con agua. Tenía la garganta seca de tanto cantar y necesitaba refrescarse.
− Sasuke, no me obligues a tomar medidas drásticas frente a ésta situación. Te estás comportando como un niño.
− No, Itachi, me comporto como corresponde. – le dio el último sorbo a su vaso. – Prometí protegerla contra todo y es lo que haré.
− ¡Viva el santo! – levantó los brazos al aire con dramatismo. – Tienes 5 minutos para llevar a Sakura a su casa.
− ¿Y si no lo hago? – preguntó desafiante.
− Atente a las consecuencias. – susurró, poniendo el ambiente tenso.
− Ok, esperaré tus represalias. – Itachi abrió los ojos. ¡Ni con amenazas entendía! – Es tarde y necesito dormir.
− Si Sakura amanece con un dedo tuyo sobre su cuerpo, te juro, Sasuke, que destruyo tu carrera. – advirtió. – Y no es por desearte mal, pero ojala Mebuki se entere. Te colgará de las bolas.
− Te estás retrasando en ir a correr con el chisme. Ándale, retírate. – le abrió la puerta.
Itachi antes de salir, le envió una mirada de advertencia e hizo un gesto con sus dedos bajo los ojos: "Te estoy vigilando"
Cuando por fin cerró, se apoyo en la puerta y descanso la cabeza algunos segundos, intentando serenarse. Estaba tentando al diablo con lo que había hecho, y lo peor de todo, es que él era el demonio. Sabía que Sakura a su lado no correría mayor peligro, pero él sí. Su salud mental estaba pendiendo de un hilo.
− Sasuke. – la voz suave de Sakura lo hizo volver a la realidad. – Si te causo tantos problemas, es mejor que me vaya.
Sasuke la miró largamente. Estaba usando una de sus remeras, que apenas le tapaban los muslos y su carita estaba recién lavada. El moño en lo alto de la cabeza, le dejaba ver esa frente tan adorable.
− ¿Perdón? – preguntó, al ver que seguía hablando. – No te escuche.
− De repente te pierdes en tu mundo. – Sasuke alzó una ceja.
− Tú igual – se defendió – ¿Tienes hambre?
− No. En el concierto comí muchas chucherías. – Sasuke aceptó. − ¿Y tú? Puedo prepararte…
− Un vaso de agua. – ambos sonrieron. – Sakura, métete a la cama y descansa.
− Es que… − se sonrojó. – No me puedo quedar dormida.
− ¿Quieres que te cuente un cuento? – La pelirosa negó fervientemente. − ¿Entonces?
− Me gusta quedarme dormida hablando con alguien. – contestó abochornada.
− Pero en tu departamento estás sola.
− Siempre te hablo a ti, o a Hinata, o al grupo que tengo con las chicas, pero ésta vez, quiero aprovechar que tengo a alguien cerca. – Sasuke bufó y caminó donde ella.
− Andando, métete a la cama. – Sakura hizo un mohín y arrastrando los pies, se acostó refunfuñando.
− Eres un mal anfitrión. – reclamó.
− Vuelvo de inmediato.
Sakura miró el reloj que estaba en el buro del cuarto: Eran las 12 de la noche en punto.
Pasados varios minutos, Sasuke apareció, con la cara lavada, aliento mentolado y un pantalón que parecía ser su pijama. Encima, tenía una polera sin mangas.
¡Porqué tiene que ser tan guapo, Shannaro!
− ¿Te acostarás conmigo? – preguntó cohibida.
− En tus sueños. – se echó a un lado, encima de la cama, sin tocarla ni rozarla, solo frente a ella. – Esperaré que te quedes dormida.
− ¿De verdad? – Sasuke asintió con tranquilidad. − ¿Bebiste?
− Un poco, al fin y al cabo soy el vocalista y no puedo salir borracho a escena. – Sakura rió por lo bajo. – Burlesca.
− Lo sé. – la pelirosa se acomodo mejor en la cama y sacó un brazo. – Me gustaría hacerme un tatuaje en el brazo ¿duelen?
− ¿Para qué quieres manchar tu piel? Y sí, duelen mucho, sientes como si millones de agujas con fuego te atravesaran la piel y hay veces donde el tatuador se equivoca y llega con la aguja hasta tu hueso. Eso es lo más terrible. Puedes terminar con gangrena y ambos sabemos cuál es el final de esa enfermedad.
Sakura estaba espantada.
− Tienes que estar mintiendo. – le dijo horrorizada. Sasuke se largo a reír. − ¡Eres un pesado! – reclamó golpeándole el pecho, para luego arreglarse el flequillo y sacarle la lengua.
− Soy guapo ¿eh? –Sakura se tapo la cara con la sábana. – Sakura, ¿tienes miedo? – la pregunta puse el ambiente en tensión.
− ¿Ahora? – guardo silencio unos segundos. – Contigo no siento miedo.
Hablaban despacio, casi siseando.
− Ni creas que me vaya a cruzar frente a una bala por salvarte. – Sakura hizo un puchero que a Sasuke se le hizo adorable. – Ok, solo si es una bala de goma. – bromeó.
− Cobarde.
Se quedaron callados algunos minutos, metido cada uno en sus pensamientos.
Sasuke solo quería que se quedara dormida para poder salir de ahí, tomarse una segunda ducha –con agua helada− y meterse a la habitación de invitados. En cambio Sakura, solo esperaba saber un poco más de él, de su vida sin necesidad de recorrer a una revista, pero no se atrevía a preguntar.
− ¿Por qué no te duermes? – le preguntó Sasuke, mirándola fijamente. – Es tarde y mañana tienes que grabar.
− Mañana tengo libre. Tú grabas. – Sasuke negó.
− Me dieron el día libre. – otra vez el silencio. – Sakura, no te conozco mucho, pero sé que mueres por saber algo sobre mí.
− ¡Mentira! – chilló haciéndose la ofendida. Sasuke enrolo los ojos. – Ok, te advierto de inmediato que cuando empiezo a hacer preguntas, no paro. Ah, y si me conoces. No te hagas el desentendido.
− Me doy por avisado. – susurró levantando una mano.
Sasuke miraba el techo, porque sabía que se perdería en esos verdes jades imprudentes e inocentes.
− ¿Por qué me cuidas? Podrías estar de fiesta, es sábado por la noche; todo el mundo está disfrutando y tú estás acá conmigo. – Sasuke pensó bien la respuesta y eso impaciento a Sakura. – Si no quieres contestar…
− Sakura, las cosas no son blancas ni negras. Hay matices. – la pelirosa se sintió confundida. – Estoy acá por variadas razones, pero la de mayor peso es que no me gustaría saber que te paso algo y que no hice nada para ayudarte.
− Me podrías dejar acá y los guardaespaldas me cuidarían. – Sasuke alzó un hombro y se volteó hacia ella. Sakura mordió su labio nerviosa.
− No hagas eso. – le pidió.
− ¿Qué cosa?
− Morderte el labio. – levantó su mano y le rozó levemente la boca con sus yemas. – Te lo lastimarás.
− Sasuke, ¿Por qué estás acá? – volvió a preguntar. Necesitaba una respuesta sincera.
− ¿Por qué tengo sueño? – sugirió medio en broma. − ¿Por qué no tengo ganas de salir?
− ¿Extrañas a Fuka? – la respuesta a esa pregunta, podía dolerle como gustarle y no sabía cual de las dos opciones le parecía más terrible. Por lo mismo, se sintió estúpida luego de hacerla.
− No sé si extrañar. Quizás me acomodaba estar con ella, pero si vas a algo más afectivo, creo que no. – contestó. – Desde hace mucho, nuestra relación no estaba bien y las últimas cosas que comenzaron a pasar, no me gustaron.
− ¿Qué cosas?
− Me golpeó dos veces. – Sakura se tapo la boca con su mano. – Tranquila, tampoco fue que me azotara contra el suelo y me diera de patadas.
− Fijo que te lo mereces. – dijo Sakura, sacándole una leve carcajada.
− Quizás sí, quizás no. ¿Quién sabe? – bromeó. – La respeté todo el tiempo. Nunca fui infiel.
− Pero ganas no te faltaban ¿verdad? – Sasuke entrecerró los ojos.
− ¿Por qué quieres saber eso? Los humanos somos irracionales y muchas veces nos movemos por instinto, pero no por eso, me iba a dejar llevar por los más bajos instintos.
− ¿Has tenido muchas novias? – Sasuke hizo un cálculo mental con rapidez.
Solo tres postulaban como novias y el resto solo amantes esporádicas que lo ayudaban a liberar tensiones.
−No, sólo tres. – Sakura rompió en risas. − ¿Qué te pasa, molestia?
− ¿Tú? ¿Tres novias? – siguió riendo agarrándose la panza. – Eso es imposible.
− Preguntaste por novias, no mujeres. – le hizo ver.
− Ok, señor literal, me podría decir ¿cuántas mujeres han tenido? – Sasuke se sonrojó por primera vez.
Había perdido la cuenta y eso no lo enorgullecía.
− Las suficientes. – Sakura no quiso seguir picando por ese lado.
− ¿Cómo te llevas con tus padres?
− Bien. – le dijo escuetamente. Sakura bufó. Esa no era respuesta. – Hace tiempo deje el hogar familiar y los veo dos veces al mes. No tengo mucho tiempo.
− ¿Los extrañas?
− Las comidas de mi mamá y las conversaciones con mi padre. – Sakura sintió su corazón saltar con esa respuesta. Era completamente dulce. – Me veo hosco, serio y desagradable, pero si tengo sentimientos. Me emociona ver a mi madre sonreír, me gusta escuchar a mi padre y sus historias de niño, me encanta sentarme con Itachi a mirar fútbol y me agrada cierta pelirosa que está al lado mío. – Sakura se sonrojo.
− ¿Por qué no grabé esto? – se recriminó la chica. Sasuke le dio un leve cojinazo. − ¿Ha habido alguna chica que te haya rechazado?
− Eeh… no. – Sasuke puso una sonrisa lobuna. – Todas caen, tarde o temprano.
− Eres un mujeriego. – le reclamó la chica, mirándolo de reojo y con brazos cruzados. – Pobre de la mujer que sea tu esposa.
− Y pobre del tipo que esté contigo. Tienes un genio de los mil demonios. – Sakura le devolvió un cojinazo.
− Soy la mejor chica del universo, bestia. – Sasuke se puso a reír y Sakura lo siguió. El ambiente estaba distendido y había una compenetración tan perfecta, que erizaba el vello de ambos.
− ¿No has tenido novio? – la pelirosa meneó la cabeza. − ¿Por qué?
− Porque el chico que me gustaba, se burló de mi. – Sasuke asintió a modo de entendimiento. Sabía que había congéneres miserables. – Me hizo ilusionarme, para luego reírse de las cosas que yo hacía por él.
− Si quieres llorar, hazlo. A mí no me importa que mojes mis almohadas. – La pelirosa levantó su dedo corazón. – Eres una ordinaria.
− Y tú un gruñón. ¿Éste es tu cuarto?
− Afirmativo, señorita.
− ¿Dónde dormirás?
− Aquí, contigo. – Sakura se sorprendió brutalmente y no pudo reaccionar, mientras el pelinegro volvía a reírse. Era raro escucharlo tan tranquilo y juguetón. – Al lado hay otro cuarto.
− ¿Y no te puedes quedar acá? – le pregunto la chica, apretando sus manos, muerta de nervios. –Digo, la cama es grande y dudo que nos topemos.
− Sakura, créeme que no es buena idea. – le dijo con voz estrangulada. – Y ya es mejor que me vaya. No soy bueno haciendo dormir.
Se levanto de golpe y la miro desde su altura. Sakura se sentó, apretando la frazada contra su pecho.
− No te vayas, por favor. – le rogó.
− Sakura, soy hombre y mucho mayor que tú. – la pelirosa agachó la vista abatida. – Se puede malinterpretar y no quiero incomodarte a ti, ni a tu familia.
− Sasuke… tienes razón. – Se acomodó bajo las tapas y sin mirarlo se despidió. – Que duermas bien.
− Molestia… − dijo el moreno contrariado, pero no había nada más que pudiese hacer.
Se fue a su cuarto y se metió a la cama. Mirando el techo, intentó pensar en que le pasaba. ¿Porqué sentía su pecho agitarse cada vez que la miraba? ¿Por qué no le gustaba verla en peligro? ¿Por qué la cuidaba tanto? ¿Por qué no podía alejarse de ella? ¿Qué tenía Sakura que el resto de las mujeres no poseían? Ni siquiera Fuka lo hacía sentir tantas cosas como lo provocaba ella con un aleteo de pestañas. Inconscientemente, la pelirosa lo tenía comiendo de su mano y cada suspiro de ella, era bebido por él, como un perro persiguiendo a su amo.
Esa sensación de descontrol lo hacía vivir prisionero de lo que sentía alterándolo demasiado. No quería sentirse así. No debía sentir lo que sentía, porque ella era una niña ¡Una niña!, pero al parecer, su corazón y cuerpo no lo querían oír y no conocían de edad, porque ambos darían parte de su estabilidad por una pedazo de ella. En pocas semanas, lo había trastornado, al punto de tenerlo ahí, apretando las sabanas de su cama, rogando por una liberación y no era algo sexual, iba mucho más allá. Quería todo de Sakura y eso era obsesivo, rebalsaba cualquier claridad.
Su celular sonó en el buro y al levantarlo notó que tenía varias llamadas. Todas de Itachi. Lo llamó de vuelta, pero su hermano no se puso al teléfono.
− Sasuke. – la voz gruesa del hombre lo sorprendió.
− ¿Le paso algo a Itachi? – preguntó asustado, poniéndose de pie para buscar ropa y salir. − ¿Papá?
− No, tranquilo. Itachi está bien sentado a mi lado. – Sasuke soltó el aire y se acomodó nuevamente en la cama.
− ¿Qué pasa?
− Necesito que vengas a almorzar con nosotros durante el día. − ¿Quién en sus cabales llamaba a su hijo pasadas las doce y media de la noche para invitarlo a comer? – Tenemos que tratar algunos temas de relevante importancia.
− ¿Puedes adelantarme algo? – preguntó sobándose las sientes.
− Sí: Haruno Sakura.
Maldito Itachi, había ido con el chisme donde sus padres. El muy imbécil se las iba a pagar.
− ¿Qué tiene que ver ella? – preguntó hosco.
− Todo, al parecer. Estás haciendo las cosas mal y creo que necesitas un poco de charla familiar. – Lo que le faltaba: Tener a Fugaku y Mikoto hablándole de las consecuencias de sus actos ¡Ni que tuviera 16 años!
− Bueno. – carraspeó. – Necesito dormir.
− Sé que Sakura está ahí contigo.
− Está durmiendo en otro lado, por si la dudas. – adelantó defensivamente. – Quiero descansar.
− Sé prudente.
− Hmph – Cortó, lanzando el celular al sofá que reposaba un poco más allá. No quería oírlo.
Bendito día y bendita noche.
O.O
− Sakura, baja tus pies del panel, por favor. – La pelirosa a regañadientes lo hizo. – Te llevaré donde tu madre.
− Señor sí, señor. – Sasuke le lanzó una mirada de advertencia que divirtió aun más a la chica. − ¿Podrías cambiar la emisora? Es aburrida.
− No sabes disfrutar lo que es verdadera música. – Sakura levantó el mentón. – Apuesto que amas esas bazofias que suenan como un montón de batidoras.
− Claro que sí. – dijo con sarcasmo. – Saca las manos, yo elegiré.
− Oh, no. Me niego a ir escuchando durante una hora a los "wuan direcshion" – Sakura lo ignoró y buscó algo que le gustase.
Repasó la radio de un lado a otro sin encontrar nada agradable. Cuando ya iba por la quinta vuelta, Sasuke se hartó y abriendo la guantera, saco un mp3.
− No quiero escuchar a Debussy y Puccini. – se cruzó de brazos como niña pequeña.
− ¿Los conoces? – preguntó asombrado. – Eres una caja de sorpresas, Sakura Haruno.
− Y tú un aburrido.
Puso el mp3 para no tener que responderle alguna pesadez y espero a que se conectara.
La primera canción hizo sonreír a la pelirosa.
− ¿Te gusta? – pregunto.
− ¡Me encanta! – carraspeo y con su mano hizo un micrófono. − My life is brilliant. My love is pure. I saw an angel. Of that I'm sure. She smiled at me on the subway. She was with another man. But I won't lose no sleep on that, 'Cause I've got a plan. – Apretó la mano de Sasuke que estaba sobre la palanca de cambios. – ¡Canta conmigo! – le pasó el "micrófono".
− You're beautiful. You're beautiful. You're beautiful, it's true. I saw you face in a crowded place, And I don't know what to do, 'Cause I'll never be with you. – Sasuke le dio un toque más grueso y oscuro. Más lento y sensual. A Sakura se le erizó la piel y se sintió una afortunada de la vida por tenerlo a su lado, cantándole con todo su corazón.
− Oh, por Dios, cantas hermoso. – el pelinegro se alzó de hombros. Era su profesión, tenía que saber cantar bien. – De verdad, agradezco a Dios por poder estar junto a ti.
− ¿Sakura? – frunció el ceño contrariado. No le gustaba sentir que escuchar esas palabras lanzaban fuegos artificiales en su estomago. – No soy tan genial.
− ¡Eres perfecto! – rebuscó en su bolso y saco el celular. – Anda, posa para una foto.
− ¿Te puedes quedar quieta? Vamos a gran velocidad y se te puede soltar el cinturón de seguridad. – la pelirosa se negó de inmediato y comenzó a sacarle fotos por montón. − ¡Sakura! – le reclamó.
− Son para la posterioridad. Mis hijos no creerán que estuve en el mismo carro que tú. – Sasuke le arrebato el celular. − ¡Hey! Eso es robo.
− Te dije que te calmaras.
− Bestia reptiliana. – Sasuke se mordió las mejillas por dentro para no reír. – Ojala la batería de mi celular se recaliente y explote.
− Eres cabra chica. – la pelirosa ofendida, le dio un empujón y se fue mirando en silencio el exterior que se levantaba frente a ella. El verde calmaba la Sakura desordenada que vivía dentro de ella. − ¿Quieres comer algo?
− No, quiero llegar a mi casa. – respondió sin mirarlo. Sasuke avanzó un poco y lentamente comenzó a parar. Sakura lo miró esperando una explicación a su detención. − ¿Qué te pasa?
− ¿Quieres una foto? Tendrás tu foto. – le entrego el celular. − ¿Cómo quieres que pose?
Sakura se quedo callada y lo miro confusa. Ese hombre la sacaba de sus parámetros. Y pensar que creía que ella era la loca.
− Sonríe. – le ordenó. – Pero una sonrisa sincera, como las que me diste anoche.
− Lo intentaré.
La sonrisa que hizo, fue la típica de: "Hola, soy Sasuke Uchiha y te bajo los calzones con solo mirarte"
− No, esa es muy seductora. Intenta que sea una que atraviese todo tu rostro. Una natural, sin dobles intenciones –Sasuke bufó y volvió a intentarlo.
Nuevamente la mueca de sensualidad desbordante.
− ¿Estuve bien?
− Venga, no lo sabes hacer. – Sakura desató su cinturón y se sentó sobre su regazo, pasando un brazo tras su nuca.
− Sakura ¿bájate de mis piernas ahora? – la pelirosa giró la cara para mirarlo y no supo medir que estaban cerca. Sus narices rozaron y el flash los cegó. Ninguno salió de su ensoñación, se miraban esperando que alguno diera el primer movimiento. Sakura esperaba que fuera él, porque tenía la experiencia y Sasuke esperaba que fuera ella, para no sentirse un abusador, pero el claxon de un auto los saco de su mundo. Sakura se levantó presurosa y se sentó en su asiento.
− Lo lamento. – dijo atropelladamente y se amarró. Sasuke seguía pegado mirando el vacío. – Sasuke.
− Ok. – Apretando el acelerador, salió como bala y llego en menos de 20 minutos a su mansión.
Se detuvo en el enrejado y espero a que Sakura se bajara.
− ¿No entrarás?
− No corresponde. – no la miró.
Sakura sintió su corazón partirse ¿tan malo había sido tenerla cerca? Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero no se las dejo ver.
− Ok, gracias por todo. – susurró, bajándose y cerrando la puerta.
Lo vio partir acelerado y haciendo chirriar los neumáticos, mordiendo su labio, apretó la boca y aguantó las lágrimas traicioneras, pero no pudo. Al perderse en la vuelta del camino, se dispuso a llorar. Era una tonta por haber esperado algo distinto.
Sasuke no la quería, ni siquiera la veía. Es más, le incomodaba su presencia, por eso actuaba de esa forma cuando las cosas sobrepasaban el limite.
El frío le caló los brazos, pero el fuego ardiente del corazón roto pesaron más. Era un mal diciembre.
7.
− No puedo creer lo rápido que paso esta semana. Incluso ya pasamos la navidad. – dijo Ino con alivio, dejándose caer sobre el sofá de su camarín. –Mañana es la fiesta de Hinata.
− ¿Te dieron permiso? – Sakura se estaba pintando los ojos mientras escuchaba la conversación de sus dos amigas y se dejaba envolver por la vestimenta que Tenten le colocaba.
− Claro que sí. Apelé a que mantengo la casa y que necesito un poco de libertad. – La de chonguitos le arreglo el dobladillo de la falda y le quito el maquillaje de las manos.
− Recuerda que tiene que ser sutil. Nada de parecer una prostituta. – Sakura la arremedo, sacándole risas. – Sakura, no quiero ser entrometida, pero ésta semana te he notado un poco distraída.
− ¿Tú crees? – la pelirosa se sonrojo. La mirada inquisitiva de sus dos amigas la estaban cohibiendo. – No ocurre nada, solo estoy un poco cansada.
− Sakura, con toda la energía que tienes, eres capaz de llevar a un elefante en tu espalda. – Ino se acercó y la miró fijamente. – A ti te ocurre algo y si no te hemos preguntado antes, es porque estabas enfocada grabando.
− Ahora tengo una de las escenas más fuertes y vienen a destemplarme los nervios. No creo que estén siendo prudentes. – Tenten e Ino se miraron entre ellas.
− Sí, aquí huele a Sasuke. – Ino la sentó en el taburete. – Habla ahora.
− ¿Qué quieres saber? – le dijo con cansancio. – Tengo menos de 5 minutos para estar en el set y me estoy retrasando.
− ¿Qué paso después del concierto? Desde ese día que estás extraña, sin contar que tenemos guardias de seguridad por todo el lugar y que para el día 25, estabas con una cara de muerte. – Sakura agachó la cabeza, incapaz de mirar a Tenten.
− No pasa nada. – contestó sibilante. – Solo quiero descansar.
− En enero tendrás muchos días libres, porque Sasuke se irá a Estados Unidos. – le recordó Tenten, agachándose frente a ella para mirarla. − ¿Por qué tienes los ojitos llenos de lágrimas?
− Tenten, todavía no se va lo morado de tu ojo. Eso me da risa. – Sakura se puso a reír, mientras las lágrimas caían profusamente por sus mejillas. Era una escena demoniaca. – No me miren así.
− Esto sí que está mal. – farfulló Ino. − ¿Qué te hizo Sasuke?
− No me ha hecho nada… − mordió su labios. – y quizás eso es lo que me tiene triste.
− ¿Te duele verlo pasearse con Erika por todos lados y que las revistas se den un festín con todas las conquistas que lleva esta semana? – Ino se agarró la cabeza y miró con odio a Tenten. Ella y su bocota.
− Un poco. – musitó. – Ni siquiera fue a verme para la Navidad. Y yo la muy tonta le compré algo.
− Pero Saku, a lo mejor tenía cosas que hacer. – intentó justificar la rubia. – Sabes que Uchiha no es un santo de mi devoción, aunque esta buenísimo… − fue el turno de Tenten en enviarle una mirada de advertencia. – Sasuke está preocupado de muchas cosas. Sabes que tiene que irse de viaje y debe adelantar lo que más pueda.
− Ya no me habla. Apenas si me saluda. Es como si hubiese dejado de existir para él. – contestó Sakura, rebalsada de sentimientos. – De un momento a otro, empezó a alejarse y ni siquiera le importa saber como estoy. Lo veo con Erika riendo por todos lados y todas las mañanas, llega con olor a distintos perfumes.
− ¿Lo hueles? –preguntó Tenten.
− Trabajo con él. Debo olerlo. – se secó las lagrimas con brusquedad. – El sábado se acostó conmigo y…
− ¡¿Qué?! – el grito de ambas chicas remeció el camarín.
− ¿Cómo no nos dijiste? – masculló con sorpresa la rubia.
− ¡Sakura, esas cosas se cuenta! – reclamó Tenten. − ¿Te acostaste con Sasuke? Oh por Dios, esto da para desmayarse.
− Hey, paren. No fue de esa forma. – Tanto la rubia, como la castaña, se dejaron caer sobre el sofá e intentaron ralentizar sus respiraciones.
− ¿De qué forma lo hicieron? – Ino se mordía las uñas. − ¿Misionero? ¿Tú arriba? ¿Sentada sobre él?
Sakura sintió los colores subir por sus mejillas, asustándola.
− ¡No!, se acostó conmigo y conversamos en la cama, pero no hicimos… eso. – Tenten volvió a soltar el aire y dejo caer sus brazos.
− De verdad, por un minuto creí que me desmayaba. – dramatizó la castaña. Ino asintió a su lado. Eran un par de melodramáticas. − ¿De qué hablaron?
− De variadas cosas y sentí que se estaba abriendo conmigo. – un puchero se asomo en su boca. – Después nos fuimos camino a la mansión para que me dejara donde mi madre. Ibamos cantando a todo pulmón.
− Entonces ¿Qué paso?
− No sé. – respondió entristecida y volviendo a sollozar. – Comencé a sacarle fotos y el reclamó diciendo que no quería, después se detuvo en un costado y me permitió sacarle una. Yo le dije que sonriera sin que pareciera una sugerencia a tener sexo, pero no le resultó, entonces me senté sobre él y me reclamó. Cuando me giré a increparlo por ser tan desagradable, nuestras narices quedaron juntas. No fuimos capaces de decir nada, como que todo se detuvo. El flash de mi celular nos retrató y cuando ya era insostenible el ambiente de tensión, un claxón nos devolvió a la realidad. Desde ese minuto, las cosas se enturbiaron. – de su bolso sacó el celular. – Miren la foto.
Ino y Tenten miraron la pantalla y abrieron la boca. Ahí estaban los dos, rozando sus narices y mirándose con pasión contenida. El ambiente tenso-sexual era palpable.
− Se ven cercanos. – dijo Ino con sutileza.
− A él le gustas. – Sakura hizo una pedorreta, al igual que la rubia. − ¿Por qué dicen que no?
− Porque si le gustara, no andaría con una y con otra de un lugar a otro ¿no crees, genia? – Sakura se dejo caer en el sofá. – Oh, cariño, lo siento. No quería hacerte sentir mal.
− Tranquila, Ino. Es una realidad. – sorbió su nariz. – Estoy cansada de querer a alguien que solo ve en las mujeres, un depósito de su masculinidad.
− Dilo con todas sus letras: Somos depósitos de su semen.
− ¿Tú también Tenten? – preguntó la rubia. Sakura espero la respuesta con su estomago estrujándose.
− ¡No!, sé que le gusta a mi pequeña acá. Yo no le haría daño. – Tenten e Ino se sentaron a los lados de Sakura y la miraron con comprensión. – Todo estará bien y si él no sabe valorarte, él se lo pierde.
− No importa que no me quiera. – dijo Sakura. – lo que me importa es que me ignore. Dijo que me iba a cuidar y así no me está cuidando. – rompió en llanto.
− Oh, preciosa, estate tranquila. Los hombres son extraños, pero ya verás que todo pasa. – Tenten la abrazo, mientras Ino buscaba por todo el lugar, la maldita botella de agua con azúcar que guardaba para estos casos.
− Piensa que te estás salvando a tiempo. No estás enamorada de él, o al menos no del todo. – la pelirosa asintió, aceptando la botella de Ino. – Tenten, Hinata y yo te cuidaremos.
− Me compraré una polera que tenga la cara de Sasuke tachada. – dijo la pelicastaña, haciéndolas reír.
− Apoyo la moción con toda violencia. – continuo Ino. – Te ves preciosa riendo. No pierdas eso por alguien que no sabe lo que quiere.
− Tienen razón. Si él me ignora y se pasea con quien quiere, yo lo haré 8 veces más. – Tenten e Ino celebraron esa nueva Sakura. Más decidida. – Ahora: Tenten, acomódame la ropa. Ino: llama a Relka para que me arregle el maquillaje.
− Me gusta cuando te pones así. – Sakura las abrazó fuertemente. – Ahora que lo recuerdo, por la tarde, Tsubasa y yo tenemos una presentación en un gimnasio escolar. Mostraremos nuestras ropas y haremos de jurados para elegir a las reinas de la escuela ¿te gustaría ir?
− Claro que sí.
− ¿Y te gustaría modelar? – le preguntó esta vez, más tímidamente. – Si no quieres, no hay problema…
− Tenten, lo haré. Seré tu modelo.
− ¡Yuju!, yo también iré. ¿Puedo participar? Di que sí, por favor. – Tenten aceptó de inmediato.
Tanto Ino como Sakura eran mujeres hermosas y con esta última, la escuela explotaría en vítores. De solo ver a esos niños de escasos recursos y a esas princesas que aspiraban a ser como Sakura, encontrándose de frente con una estrella emergente como lo era la pelirosa, sabía que les daría ánimos para luchar por sus sueños, como lo había hecho ella. De a poco iría llegando el momento de demostrarle a su padre de que si se podía vivir del arte.
O.O
− Estoy aterrado, 'ttebayo. – Sasuke llevaba casi media hora esperando a que Sakura saliera de su camarín y pudiesen grabar esa maldita escena donde tendría que retozar con ella.
La idea no se le hacía del todo nauseabunda, pero desde la conversación que había tenido con su padre y los constantes raspa cachos que se estaba llevando por culpa de ella, intentaba mantener en todo lo posible la distancia. Aun así se sentía miserable. Odiaba dejarla hablando sola o verla desde la distancia entristecida por su actitud. Quería acercarse y reconfortarla, decirle que todo estaba bien y que la culpa no la tenía ella, sino toda esa gente que se negaba a aceptar su amistad.
En su cabeza seguía el recuerdo del día después de la navidad, cuando la vio llegar con los ojos hinchados y los pies arrastrando. Al verlo, espero una reacción de su parte, pero lo único que había atinado a hacer, fue a voltearse y ponerse a hablar con Erika. Cuando se volvió a verla, ya no estaba y por la cara que puso Itachi, supo que la había lastimado. El muy imbécil ahora se hacía el arrepentido, cuando era culpa de él que estuviera así con Sakura.
No era un niño, pero sabía que su carrera era importante y que su libido como hombre, era imposible mantenerlo a raya por mucho tiempo más. Necesitaba a Sakura y la extrañaba, pero no podía ceder. Las advertencias le habían llegado por parte de Mebuki, Itachi, Fugaku y ahora último, Yamato, que también había notado la relación cercana que tenían.
− ¿Qué te pasa? – Sasuke saltó asustado, odiando a Naruto y su bocaza.
− No me pasa nada. – masculló, mascando las palabras y dejándolo solo. Más tarde le preguntaría que hacía ahí.
Su celular vibró en el bolsillo. Siempre que lo veía, recordaba a la pelirosa y sus tonteras. Y también notaba lo vacío que se encontraba sin sus whatsapp a media noche, preguntando estupideces y contándole sobre como había descubierto a una mantis religiosa comiéndose a su novio.
Fue una buena noche. Podríamos repetirlo. Besos como te gustan a ti. Crystal.
¡Pura mierda! Llevaba una semana completa acostándose con distintas mujeres y ninguna le hacía sentir nada. Ni siquiera había tenido un puto orgasmo y sentía que cada vez era más insostenible su situación.
Quería darse de cabezazos contra la pared y volver al minuto uno, donde la vio por primera vez. ¿Por qué no renunció? ¿Por qué aceptó? Las cosas serían tan simples si Sakura no estuviera en su ecuación.
− ¡5 minutos! ¡Iruka, anda a apurar a Sakura! – Jiraya hizo un gesto para que todos se acercaran. – Ok, esta vez grabaremos una escena de alto contenido sexual y bien fuerte. Necesitaré la gente justa y necesaria para salvaguardar la integridad de Sakura. – todos asintieron. – Tenten, Ino y Relka se quedaran acá. – Relka era la mujer que maquillaba a los actores. Una rusa de grandes proporciones, acento extraño y un gran corazón. – Kakashi, tú también estarás y el camarógrafo. El resto lo quiero afuera.
− Necesitamos calibrar las escenas, Jiraya y ver el tema de las luces. – le recordó Kabuto.
− En este caso no hay problema con eso. Lo arreglaremos después en la edición y en caso de ser necesario, paramos la escena, arreglan todo y vuelven a salir. – dijo Jiraya. El delgado peliblanco se arregló las gafas y salió dando fuertes pisadas. – Todavía me pregunto porque trabajo con él. – Kakashi a un lado lanzó una leve risotada. − ¡Iruka!
− Ya viene. Se está maquillando. – Jiraya asintió y le pidió que saliera del lugar. Iruka sin ninguna pregunta accedió.
− Sasuke, tú conoces a Sakura. Necesito que esto quede bien a la primera para no hacerla sentir incomoda. – el pelinegro aceptó. Tampoco quería repetir la escena diez veces y quedar en evidencia. – Itachi también estará afuera, porque lo noto algo alterado y no queremos molestar a la pequeña.
− Jiraya, viene Sakura. –le dijo Kakashi al oído.
− Ok, entonces a grabar.
Sasuke la vio caminar con esa pose infantil y llena de ingenuidad, pero a la vez llena de belleza. Era preciosa, tanto que quitaba el aliento y al mirar a su alrededor, notó que no era el único que se sentía encandilado con su luz. Sakura era pura.
− Ya estoy acá. – La miró esperando alguna respuesta por parte de ella, pero por primera vez en toda esa semana, Sakura no lo tomo en cuenta y se enfocó en revisar algunas líneas. Escuchó las indicaciones con atención e hizo las preguntas necesarias.
− Espero que… − la pelirosa paso por su lado, mirando el libre y no lo escuchó. – Te estoy hablando, Sakura.
− ¿Ah? Lo lamento. – una sonrisa falsa y los ojos más fríos que alguna vez hubiese visto en ella, traspasaron su pecho. − ¿Qué decías?
− Que si hay algo que te incomode, me lo digas. – Sakura asintió y caminó hasta el centro del lugar, donde estaba la cama. Se echó sobre ella y esperó.
− ¡Anda, Sasuke! No tenemos todo el día. – el reproche de Jiraya lo molestó y solo para hacer más larga la espera, caminó lentamente hasta donde se encontraba la pelirosa. – Necesito credibilidad y creo que me la darán.
Sasuke la miro fijamente, mientras ella lo seguía ignorando, perdida en el dosel de la cama.
− Saku…
− Cállate y grabemos.
− ¡Acción!
Historia de Chiyo
6° escena: Sakura la que ignora
Chiyo se sintió apretada contra ese cuerpo duro y caliente. Una especie de rollo se rozaba continuamente contra su muslo y la estaba asustando. Hayato aprovecho ese momento de titubeo y se embarcó a tomarle la boca con brusquedad.
El asalto fue tan repentino, que ni siquiera pudo juntar sus labios. La lengua del hombre se paseaba por su boca sin parar y le estaba rozando puntos en específico, porque su cuerpo comenzaba a responder con calurosa pasión, desesperándola y sorprendiéndola.
Intentó separarse de él y buscar algo para golpearlo, pero se encontró sometida bajo su peso y las sensaciones que embargaban su cuerpo. Una mano de Hayato, se metió dentro de su vestido y acarició sus muslos, apretándolos con fuerza. Chiyo dio un pequeño grito de dolor.
− Así es como se trata a las mujeres como tú. Unas pérfidas buscavidas, que solo quieren enloquecer a los hombres. – cada palabra que le decía, iban teñidas de rabia y dolor. Un dolor que ella no le había provocado, pero que tendría que pagar.
− Por favor, no lo haga… − le suplicó, con sus ojos abnegados en lagrimas y sintiéndose horrorizada.
− Ai también pidió lo mismo, pero tu familia no la perdonó. – le tomó el mentón con brusquedad para aquietarle la cabeza. – Era una niña.
− Yo no sé lo que paso. – volvió a repetir, buscando alguna salida. – Nunca vi a esa niña.
− Y yo creo en papá Noel. – sus bocas se unieron haciendo un sonido sordo. Chiyo intentó gritar, pero de nada servía. Estaba a merced de inescrupulosos que buscaban venganza y no pararían hasta tenerla. – Eres fogosa. ¿Carey te enseñó?
− Mi madre… − no la dejo continuar. Una mano le estaba apretando el pecho, mientras que con los dientes, tironeaba su labio inferior.
Dos sensaciones contrapuestas se debatían dentro de su cuerpo. El terror paralizante y la necesidad de más. Mucho más ¿acaso era una loca?
− No quiero escuchar tus excusas, guapa. – de un jalón, rajó su vestido, dejando el pecho izquierdo a la vista. – Me gustan, son rosados.
− Hayato. – pidió, pero el hombre se lo tomo como una necesidad por ser satisfecha. – No lo hagas…
− Si lo haré. – con sus labios, bajo lentamente desde la clavícula, hasta encontrarse con el montículo rosado que gritaba por atención.
Lo tomó entre ellos y con la punta de su lengua, le dio el placer necesario para liberarla. Chiyo se revolvió bajo su peso. Ya no quería salir. Estaba atrapada entre las lenguas de la pasión que la abrasaban.
− Oh… − apretó las manos en la sábana y encorvó la espalda, dándole permiso para continuar.
Hayato sorprendido por ese acceso, decidió tomarlo de inmediato. No quería que se arrepintiera. Si hubiese seguido resistiéndose, la habría soltado.
Nunca había tomado a una mujer a la fuerza y no empezaría con una niña.
Tomo el otro resto que quedaba del vestido y le desnudo el pecho derecho, dirigiendo su boca a ese monte. Chiyo solo gemía fascinada por esas nuevas sensaciones, aunque necesitaba gritar, pero no se atrevía.
La boca de Hayato, jaloneo su pezón erecto y caliente, sacándole el aire de forma letal. ¿Eso era tener sexo?, pensó Chiyo. ¿Eso era de lo que hablaban en secreto todas las mujeres cuando llegaban a la adultez?
Hayato se puso a su lado y contemplo unos segundos, mientras se despojaba de sus ropas con desesperación. Chiyo apretó los ojos. No quería verlo desnudo.
− Tócame. – la chica negó con rapidez, intentando contener a su cuerpo que se sentía inflamado de tantos besos. – Abre los ojos y tócame.
− No puedo… − susurró.
− Si puedes.
Chiyo abrió sus ojos despacio y de inmediato se encontró con el sexo de Hayato. Erguido, fuerte y vibrante. Sintió su pecho apretarse ¿de verdad eso iba a caer? Te van a violar, a la fuerza lo meterán, un escalofrío remeció su cuerpo en un instante luego de tener ese pensamiento y Hayato lo notó.
− Me lastimarás. – dijo con voz bajita y mirándolo con esos ojos verdes que comenzaban a descomponerlo.
No la podía dañar. Ni aunque fuera la mujer más mala del universo, no podía lastimarla. La tenía hace casi quince días sometida bajo fuertes torturas y aun así, ella se mostraba ingenua y serena. Era admirable su actitud.
− Chiyo, yo… − pero el recuerdo de Ai entró con fuerza a su cabeza. Él fue a levantar ese cuerpo frío y profanado por la maldad. Él vio como la piel lechosa de la chica, se había vuelto morada por los golpes y la muerte. Él fue el que entrego a Ai en las manos de su hermano y lo vio derrumbarse.
Todo era culpa de la familia de Chiyo. Los Yamazaki la habían asesinado por tener conflictos con los Ebino. Carey había provocado una guerra al meterse con dos hombres sin voluntad, que tenían padres sanguinarios sedientos de muerte y dolor.
De un fuerte golpe, la metió bajo de él, asustándola. Sus ojos de cervatillo estaba horrorizados, pero los de él, estaban llenos de ira, desesperación, una fuerza incontenible. Los Yamazaki tenían que pagar por Ai, por su padre, por su madre que había enloquecido luego de ver a su marido muerto.
Chiyo tenía esa sangre en sus venas. Sangre contaminada de gente nefasta, llena de rencor.
− Hayato. – sollozó.
− Lo siento, pero alguien debe someterse. – de un movimiento brusco, le quito el resto de ropa, rompiéndosela en mil pedazos y ya cuando la tuvo a merced, miró su cuerpo de niña, convirtiéndose en mujer.
− No lo hagas. – que daría él porque las circunstancias fueran otras. Que el dolor que le iba a hacer sentir no lo sufriera. Ella estaba pagando el precio de nacer de donde había nacido y él era el cobrador. Su verdugo dispuesto a someterla. – Hayato…
− No se puede. – de un brusco empuje, se adentró en ella, sacándole el aire y haciéndola sentir un dolor inexplicable.
La cara de Chiyo mutó a una de profundo dolor, de sensación quemante que partía su cuerpo en dos. Hayato la vio temblar, empalidecer y casi fallecer en sus brazos. Chiyo estaba mal, siendo vejada por un odio que no le competía, pero era la única que podía calmar esa sed de venganza.
Chiyo recordó lo que siempre le recordaba su abuelo.
Nunca agaches la cabeza. Los Yamazaki enfrentamos el dolor con la frente en alto y si vamos a morir, miramos los ojos de nuestro asesino.
Y eso haría. Levantó su mentón y a pesar de tener sus lágrimas corriendo con furia por las mejillas, las tragó como pudo, sosteniendo su mirada en los ojos arrepentidos de Hayato.
− Si eres un hombre, termina. – le exigió, desafiante y con fuerzas renovadas.
Cada estocada de dolor, le enseñaría más sobre como tenía que ser. Ya no sería la chica lastimera, tampoco rogaría por su libertad, ni se mostraría sumisa frente a yakuza's que buscaban venganza en las personas equivocadas. Quizás Hayato la estaba marcando para siempre, muy probablemente, nunca borraría ese día de su cabeza, pero él tampoco lo haría, porque le haría pagar una a una sus faltas y lamentaría el momento en que la hizo partícipe de su odio.
O.O
Sakura sintió la mano de Sasuke apretar con suavidad su seno izquierdo, provocando casi por inercia, un gemido involuntario que intento reprimir sin éxito. El pelinegro, que estaba perdido entre el cuello y el hombro de la chica, sonrió satisfecho. Era el final de la escena.
− No se puede. – empujo su cadera contra la de ella, evocando las palabras textuales que había dicho Hayato. Sakura abrió los ojos impactada, para luego contraer el gesto y comenzar a llorar.
− Si eres un hombre, termina. – le susurró en la cara. Sasuke se tomo esa frase como algo casi personal, y la besó con fuerza, mientras fingía embestirla.
Ambos estaban desnudos, solo con parches protectores y Sakura con una tanga. La toma se hizo desde la parte trasera del pelinegro – las mujeres saldrían con la nariz sangrando de las salas de cines. – y se notaba claramente el empuje que estaba dando.
Luego de gritar como teniendo un orgasmo y ver la mirada fría de Sakura – porque así lo requería la escena, escucharon a Jiraya.
− ¡Corten! – Sasuke soltó la boca de la pelirosa, pero no salió de encima. – Nos quedamos con ésta toma.
− ¡Tenten, trae algo para taparla! – la pelicastaña llegó con dos frazadas.
Sasuke tomo una y con gran habilidad, tapo a Sakura. Luego se levantó y se envolvió en la que le correspondía. El frío calaba, aunque su sangre estaba hirviendo y muchas partes de su cuerpo le estaban haciendo notar el calor.
− Les salió fantástico. – dijo Tenten, casi dando saltitos. Sakura esbozo una sonrisa incomoda y caminó hacia una silla para ponerse zapatos.
Sasuke la miró alejarse y le dolió esa distancia. Ella lo ignoraba olímpicamente y solo estaba procurando hacer bien su trabajo.
− Me alegro que haya salido a la primera. – La voz de Mebuki lo paralizó. – Hola, Sasuke.
− Hola. – dijo escuetamente.
− Tenía mis dudas frente a ésta escena, pero veo que fuiste muy responsable y no te sobrepasaste. Sakura se ve tranquila y eso es lo que importa. – Sasuke asintió, buscando con su mirada algún pantalón.
Estar desnudo frente a la madre de la chica que te mueve sutilmente el suelo, no era muy agradable.
− Soy profesional. – Mebuki sonrió sin ningún rastro de gracia.
− Sasuke, las cosas ya están claras ¿verdad? ¿Recuerdas lo que conversamos? Sakura por un lado, tú por el otro. – el pelinegro se quedo fijamente mirando los ojos de esa mujer.
− Mantengo las distancias con su hija, por si no lo ha notado.
− Paseándote con la mitad de las mujeres del espectáculo. Vaya manera. – ironizó. – Pero me gusta que me hayas oído. Pensé que me iba a costar más.
− ¿Qué le ocurre? – le preguntó ceñudo. – Yo no he hecho nada malo como para ganarme su odiosidad.
− Desde el día en que Sakura te conoció, noté como la mirabas. Sé que te gusta y eso a mí no me gusta. – contestó con burla.
− Está sacando conclusiones apresuradas. – la pelirosa se acercó a ellos ya vestida y con el pelo tomado. Se veía hermosa en su estado de simpleza.
− ¿Estuviste presente? – Mebuki asintió, sin dejar de mirar las expresiones de Sasuke.
Era tan notorio el gusto que sentía por su hija, que se le revolvieron las tripas. Ella no quería eso para Sakura, un hombre que la trataría como otra más, agregándola a la larga lista de mujeres que se acumulaban con el corazón roto por su culpa. Mientras más averiguaba de él, más temor sentía de su cercanía con la pelirosa. Leer como destrozaba vidas, como una de sus conquistas quiso matarse al verse terminada su relación, demostraba que era un hombre toxico, lleno de llagas y que dejaba muñecas rotas en su paso. ¡No!, como que ella se llamaba Mebuki Ebino, que no permitiría a su hija relacionarse más allá de lo estrictamente laboral.
− Permiso. – Sasuke escapó, sintiéndose enfermo y molesto.
La mamá de Sakura lo juzgaba por algo que no tenía idea. Era horrible no poder defenderse, porque ni siquiera sabía qué había hecho mal para ganarse ese trato y bajo ese concepto, carecía de argumentos.
Se vistió con brusquedad y salió de su camarín, encontrándose de frente con Itachi. Éste lo miraba compungido.
− ¿Qué hice ahora? – le preguntó sin parar de caminar. Quería salir de ahí.
− Siento que cometí un error. – el pelinegro se alzó de hombros. No le interesaba saber sobre la vida de su hermano, menos en ese momento que estaba erupcionando de emociones fuertes. – Me equivoqué contigo.
− ¿Volviste a reventar mi agenda? – Itachi meneo la cabeza. Una ansiedad obvia lo estaba consumiendo. − ¿Puedes hablar?
− No debí haber metido a papá en esto. – confesó agachando la cabeza. – Para de caminar, tenemos que hablar con Jiraya.
− Dijo que estaba todo en orden. La escena queda y no tengo nada más que grabar. Quiero irme a casa a descansar. − le enumeró con cansancio, sobándose el puente de su nariz.
− ¿Escuchaste lo que dije? Me arrepiento de haber hablado con Fugaku. – Sasuke se alzó de hombros.
− ¿Y eso tiene importancia ahora? No soy de los que llora sobre la leche derramada y dudo que tú seas así. – Itachi hizo una mueca.
− Maldita sea, Sasuke, estás volviendo a ser el tipejo de antes: Devorador de faldas. – El menor de los Uchiha alzó sus cejas ¿así que ahora venía a sopesar la estupidez que había hecho? En su cabeza aun seguían dando vueltas las palabras de su padre.
− Si te metes con ella, perderás todo y nos decepcionarás. Es tiempo de que escuches lo que te dice tú alrededor y mantén tus manos en un lugar que se vean.
− Eso es lo que he sido siempre. – cruzó sus brazos. – No sé porque a todos le ha dado con que a mí me gusta Sakura.
− Porque te gusta. Tú mismo lo confesaste. – el pelinegro se removió incomodo, recordando lo que le había dicho a su hermano en el estacionamiento luego de la conferencia.
− Pues me equivoqué. Me deslumbré con su forma de ser, pero ya pasó. – Itachi bufó al cielo. − ¿No deberías ponerte feliz? Por fin me estoy desligando del problema que es ella.
− Sakura no es un problema. Lo eres tú.
− Como sea. La chica no me gusta y quiero que me dejen en paz. Estoy harto de sus amenazas, de sus ideas descabelladas de perversión y pedofilia, de que me tengan en la mira todo el tiempo como si fuera un maldito acosador. Sakura no me gusta y espero lo entiendan de una vez por todas. Es una niña y a mí me gustan las mujeres… grandes. – hizo un gesto vulgar con sus manos, aludiendo a los senos. – No me interesa hacer de maestro.
− Tranquilo, tampoco te lo iba a pedir. – Sakura pasó por su lado como una fiera herida.
Con cada paso que daba, Sasuke se sentía más miserable. No podía tener tanta mala suerte como para haber sido escuchado justamente cuando decía la mentira más grande de la que tuviese memoria. Se paso ambas manos por la cara, intentando calmarse y no salir corriendo tras ella para pedirle disculpas. Él no quería desprestigiarla, no quería hacerla sentir mal, simplemente había hablado desde su cansancio al verse tan reprimido por todos. Era como si todo el mundo tuviera derecho a juzgarlo, dando cátedra de lo correcto y obligándolo a hacer algo que no quería.
– Gracias, me ahorraste darle una charla para alejarla de ti – la voz de Mebuki lo hizo voltear. – Te entierras tu solo.
La mujer se fue detrás de su hija, dejando a los hermanos parados frente a frente.
Los segundos comenzaron a pasar y el menor de los Uchiha no se movía. No reaccionaba.
− Sasuke. – dijo Itachi con voz baja y tanteando el terreno.
El pelinegro fijó sus ojos oscuros y tormentosos en los de su hermano y con un asentimiento, se largó.
Itachi supo que por su culpa, ahora había una nueva parte de Sasuke que se había roto y estaba en sus manos arreglarlo.
8.
− Wow, por fin es sábado por la noche. – gritó Tenten, levantando las manos al cielo. – Gracias, señor por brindarnos ésta fiesta.
− Deja de adosarle a Dios todas las cosas buenas. – reclamó Ino.
− Ella, la atea. – Sakura no pudo evitar reír. Ese par eran un chiste la mayoría del tiempo y más ahora que se encontraban con algunos tragos encima.
− Hinata ¿Por qué estamos encerradas en tu pieza y no allá abajo disfrutando? – pregunto Natsuki, dándole un gran sorbo a su vaso de jugo con vodka.
− Porque si mi padre me pilla bebiendo, cancelará todo. Además, quiero ver las fotografías de Sakura en el desfile de ayer. – Tenten dio saltitos recordando que tenía que mostrarlas. – Iré por el notebook.
− ¿Por qué me hacen esto? Debo salir horrible. – Ino hizo una pedorreta.
− Rock Lee, el fotógrafo, quedo fascinado contigo. Dijo que nunca había fotografiado a una mujer tan hermosa. – Natsuki le dio un golpe en el hombro a la pelirosa.
− Te lo traías guardadito.
− Sakura causa revoluciones. Donde vamos, la miran con ganas de comérsela.
− Porque me reconocen. Mi cara está en casi todos los afiches de Japón. – Sakura todavía recordaba con vergüenza el día que se vio reflejada en una gigantografía.
Iba de paseo con su madre, viendo que comprar para la navidad y notando que cada una de las personas que la miraban, quedaban con la boca abierta. Impresionada por tal actitud, se alisó el pelo. Quizás llevaba un moco pegado en la frente, pero no era así. Mebuki dio un grito cuando se vio separada de su hija por un grupo de pre-adolescentes.
Se tuvo que sacar fotos con cada una de ellas y firmarles en sus cuadernos de estudio. Después de mucha cháchara, le dijeron que la envidiaban por estar al lado de Sasuke y que le deseaban la mejor de las suertes en la película. Cuando se giró a mirar a su madre, la vio apuntando a un lugar con cara de burla. Ahí estaba ella, sonriendo y con su cuerpo pegado al del pelinegro.
En cosa de cinco minutos, Kakashi la llamó y la obligó a devolverse a su casa, enviándole un auto y triplicando su seguridad. Al parecer, el paseo peatonal donde se encontraban todas las tiendas, estaba colapsando por toda la gente que quería verla.
El primer frente a frente directo con la fama y se aterró. En ese momento necesitó a Sasuke.
− Sakura, las chicas terminaron de mostrar las fotos y están bajando ¿no vienes? – la pelirosa miró a Hinata y asintió. − ¿Qué te pasa?
− Nada. – mintió. – Vamos, no dejes a tus invitados solos.
− Puedes contarme lo que quieras. – le recordó la peliazul.
Sakura soltó un suspiro contenido y sintió sus ojos mojarse. Se había prometido no volver a llorar por las estupideces de Sasuke, pero en ese minuto necesitaba un hombro amigable y de su edad. Su madre había sido una bonita contención, pero despotricó con fiereza contra Sasuke, incomodándola.
− Sasuke gritó a los cuatro vientos que yo no soy de su gusto. – Hinata se tapó la boca con sorpresa. – Dijo que él prefería a las mujeres con pechos más grandes, que no le gustaban las niñas y que no quería hacer de maestro.
− ¿Sasuke? ¿Estás segura que fue él? – Sakura entornó sus ojos. – Es que él no es imprudente.
− Bueno, al parecer está cambiando. No tuvo ningún reparo en ningunearme y lo peor de todo, es que ni siquiera ha sido capaz de pedirme disculpas. – Hinata le tomo las manos dándole comprensión. – Lo sé, está será la última vez que le permitiré dañarme.
− Saku, no puedes obviarlo. Estarás a su lado por varios meses más. Dudo que puedas hacer como si no existiera. – Hinata entrelazó sus dedos con los de ella. – Ésta noche intenta divertirte. Baila, canta, disfruta, ríe, estaremos todas para apoyarte.
− Gracias, Hinata. – Se dieron un corto abrazo y ambas salieron a deslumbrar.
− ¡Hinata-chan! ¿Por qué no me dijiste que iban a estar los Living in Peace en tu fiesta? – la peliazul puso cara de consternación. Lo que le decía su compañera de escuela, Akane, era imposible. – Me habría arreglado. Oh, por Dios, Sasuke me debe haber visto con el maquillaje corrido y Naruto debe pensar que tengo cara de loca.
− Cálmate y explica ¿cómo es eso de que están acá? – la chica asintió muchas veces.
− Llegaron hace cinco minutos y todos juntos. – Sakura se agarró la frente. – Además hay varios actores y gente conocida de la televisión. Nunca hablaste sobre esto cuando me invitaste.
− Pero yo pensé que sería una reunión con los más cercanos. – susurró incrédula. – No puede estar pasando esto. Papá debe estar furioso.
− La verdad es que no. – Hanabi llegó saltando como niña pequeña. – Papá le dijo a Neji que invitara a sus amigos.
− ¿Pero porque lo hizo? – chilló consternada. Por primera vez, Sakura veía a Hinata de los nervios. − ¿Qué quiere?
− Quería darte una buena fiesta y le dio permiso a Neji para sus amigos invitaran a quienes quisieran. – Akane salió corriendo a un baño. Si la fiesta seguía así, era probable que llegaran más famosos. – Hay unas playmates ¿Qué les digo?
− ¿Playmates? – preguntó Sakura, mirando con terror el aura que desprendía la peliazul.
− Son las miss universo de la mansión Playboy. – le respondió la hermana menor de las Hyuga.
− Dime que están con ropa. – le pidió Hinata, agarrándola por los hombros y zarandeándola. –Dímelo.
− Sí, pero están coqueteando con Naruto, así que si yo fuera tú… − Hinata se achuncho y agachó la cabeza. Ella no era digna contrincante de una modelo.
− Ah, no. Te quiero con la frente en alto y disfrutando de tu fiesta. – le exigió Sakura. – Bailaremos con todos y da lo mismo si una chica con silicona hasta en los parpados le coquetea a Naruto. Te doy firmado que él las espanta sin contemplaciones.
− Naruto no sabe decir que no. – respondió apenada. – Lo conozco.
− No quiero estos parches antes de la herida. No has visto nada y ya te imaginas una película triple equis.
− Yo no he dicho nada de eso. – le dijo azorada. – Sakura, estoy aterrada. Pensé que Naruto llegaría cuando mi nivel de alcohol hubiese superado la barrera de la timidez.
− Solo escucho excusas. – A jalones la bajo, con ayuda de Hibino.
− No les dije, pero esos vestidos les quedan fenomenales. Sakura, tienes una cintura hermosa. – la pelirosa le revolvió el cabello a Hibino.
− Creo que te presentaré a mi hermano.
− Sí. Es muy bonito, Hibino. – la menor de las Hyuga se abochornó. Según ella, estaba demasiado pequeña e infantil para pensar en novios.
Llegaron a la planta baja y se encontraron con la fiesta en todo su apogeo. Muchas mujeres bailando, todas guapísimas y de cuerpos esculturales. Algunos modelos reconocidos mundialmente y varios actores estaban mirando la pista buscando alguna conquista.
− ¡Hinata! – Ino las llamó con la mano. – Hay mucha gente guapa en éste lugar. – Sakura asintió al ver pasar a un hombre alto, con musculatura casi perfecta y ojos azules. – Pero los chicos de la banda se roban todas las miradas.
En un rincón no muy lejano, estaban todos reunidos conversando, riendo y tomando. Sasuke miraba por encima de sus cabezas, con esa típica pose de hastío y superioridad que lo caracterizaba. Fijo su vista en su alrededor y noto la cantidad casi vulgar de mujeres que lo miraban con deseo.
Pegándole una patada al suelo y cruzándose de brazo, volvió a mirar a sus amigas. Sasuke se podía ir a la mierda.
− No esperaba esto. – dijo Hinata sobándose la cabeza. – Estoy impactada.
− Dicen que tu padre lo permitió. – dijo Tenten. – Chicas, Natsuki nos está llamando.
− Ni creas que me vaya a ir a estar con ellos. – advirtió Ino. – Está el pesado de Itachi y Mei.
− Pero… tienes razón. No quiero ver a tu primo babeando, – le dijo a Hinata. – así que me iré a buscar entretención. – la vieron perderse entre la gente.
− Ella quiere a Neji. – murmuró Hinata. Ino y Sakura solo asintieron. Negarlo era una tontera. – Él no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor.
− Estoy segura de que esa bruja le hizo magia negra para amarrarlo. – sugirió Ino. Sakura se largó a reír.
− Yo creo que entre las piernas debe tener algo especial. – Hinata abochornada le tapó la boca, mientras Ino celebraba la broma de Sakura. – Dile a Natsuki que pare de llamarnos. No pienso ir donde Sasuke.
− Supe lo que paso en el set, Saku. – la pelirosa movió la mano en el aire, restándole importancia.
−Disfrutemos.
En medio de la pista, se lanzaron a bailar moviendo las caderas y saltando con cada ritmo. El vaso de "agua" que tenía Sakura, estaba pegado a su mano y por nada del mundo lo soltaría. El alcohol la estaba desinhibiendo.
− ¿Sakura? – la pelirosa miró al recién llegado. Era Gaara. − ¿Yamanaka?
− ¿Cómo estás? – chillaron ambas, lanzándose a abrazarlo. Hinata se alejó un poco, dándoles espacio.
− Bien y ustedes. – miró sus vasos. − ¿Están borrachas?
− Solo estamos felices. – dijo Ino alzando la mano. – Por el poder que me confiere la ley, me declaro una recién estrenada ebria.
− Oh, acaba de perder los cabales. – todos reían. El alcohol estaba haciéndose presente con fuerza en sus cuerpos. – ¿Quieres bailar?
− ¿A quién le preguntas? – Sakura entrecerró los ojos con suspicacia. Sabía que Gaara era gay y no un bailarín innato. Muy probablemente, todo el tiempo renegara de salir, porque odiaba la atención, pero ahí estaba él, pidiendo un baile. − ¿A mí?
− Sí Saku, a ti. – La pelirosa le tomo la mano y la alzó por sobre sus cabezas.
− Me encontré a un chico, ustedes disfruten sin mí.
Bailaron varias canciones, pero en todo momento, Gaara estuvo mirando sobre su cabeza sin prestarle atención. Luego de un gesto técnico que no noto, se acercó otra persona. Sakura solo lo vino a notar cuando se vio tomada por la cintura y apretada contra un vientre plano.
− Hola. – era Sasori.
9.
Tenten iba moviéndose al ritmo de la música, ignorando todas las invitaciones que había recibido. Vestía un lindo vestido blanco con estampados de rayas azules, destacando su figura de reloj de arena. La altura que poseía, no la hacía desentonar al lado de esas modelos de pasarela y televisión. No se sentía opacada. Estaba en su salsa.
Dio un manotazo al aire, haciendo un giro brusco.
− ¡Y la puta madre…! – Tenten abrió los ojos asustada, encontrándose de frente con los de Neji.
Estaba furioso y empapado.
− ¿Qué… paso? – pregunto tartamudeando.
− ¿Cómo qué pasó? Me mojaste con champagne, tonta. – la ofendió, intentando sacarse el burbujeante de la cara con las mangas de su poleron. − ¿Qué tienes en la cabeza? ¿Estiércol?
− ¿Quién te crees para tratarme así? – lo empujó con fuerza. – La próxima vez que me insultes, te juro que te meteré este puño por donde mejor te quepa.
− Ordinaria. – le dijo, cruzándose de brazos y poniendo distancia. – Tienes una boca sucia – continuó provocándola.
− ¡Idiota! – lo volvió a empujar, sin moverlo un centímetro. Su pecho estaba duro y húmedo. – Eres un maldito mimado.
− ¿Y tú? Desde siempre te metes en mi camino. – le reprochó.
− ¿Acaso fui yo la que te golpee? – le contra pregunto con cizaña. – Te recuerdo, Hyuga, que fue tu puño en que se estampó con mi cara, no mi cara con tu puño.
− Y todavía lo estoy lamentando. Creo que atraje tu atención. – Tenten se echó hacia atrás fingiendo reírse. − ¿De qué te burlas?
− ¿Tú? ¿Atraerme? – se burló. – Ni aunque fueras el último hombre en la tierra.
− Que trillada tu respuesta. – La pelicastaña, a pesar de estar usando tacos, seguía siendo más baja que él. Neji debía tener el mismo porte que Sasuke. Era altísimo. – Aparte de todas tus cosas malas, eres una entrometida. Todo el tiempo estás donde yo estoy ¿no será que te gusto? – Tenten quedo de una pieza, sin saber que decir ni pestañar.
− Piérdete. – le contestó volteándose.
− Espera. – le tomo el brazo. – Lamento el golpe que te di en el ojo. Todavía lo tienes morado.
− Suéltame. – un fuerte jalón se soltó. – No quiero tus disculpas.
− No te las di. Dije que lamentaba el golpe que te propiné. – Tenten sintió asco por ese hombre que tanto había amado. Los resquicios de ese amor cada día se iban evaporando. – Miento, de verdad necesito pedirte disculpas.
− Aceptadas, permiso. – intento irse por segunda vez, pero Neji la volvió a coger. − ¿Qué diantres quieres?
− Yo te conozco, estoy casi seguro de eso. – Tenten volvió a empalidecer. − ¿Dónde nos hemos visto?
− Soy amiga de tu prima. Me has visto cerca de ella el último mes. – replicó con rapidez e intentando sonreír.
− Tu cara… ¿Perteneces a mi fans club? – la pelicastaña intento por todos los medios no reírse, pero fue imposible. − ¿Qué te causa tanta risa? Tengo un fans club.
− Créeme, me niego rotundamente a pertenecer a alguno de tus "fans club". – hizo las comillas en el aire. – Me pareces un pomposo, desagradable, petulante, agresivo, deleznable, imposible, estirado, snob y egocéntrico. ¿Sabes qué? Iré ahora mismo a fundar tú "anti fans club". – Neji hizo una mueca. − ¿Algo más que agregar?
− Tu maquillaje. –Tenten se llevó la mano a la cara. – Está corrido. – no pudo evitar sonrojarse. − ¿Te digo algo? Ni aunque te vistas con las mejores ropas, lograrás verte bella.
− Estás ganándote a pulso una patada en las bolas. – Neji invadió su espacio, pero ella no se amilanó y mantuvo la frente en alto sin pestañar. – No seré como tu novia, pero hay algo que yo tengo y ella jamás tendrá.
− ¿Belleza? – le dijo volviendo a provocarla e insultarla.
− No, dignidad y amor propio. – A Neji le cambió la cara. – Yo no me abriría de piernas por tener una mejor posición dentro de la industria. – El pelilargo estuvo tentando a callarla de un golpe, pero no lo haría. Jamás golpearía a una mujer por mucho que ésta lo demandara. En su conciencia todavía pesaba el momento en que la había lastimado. – Quizás mi talla no es 2, tampoco tengo unos ojos hermosos ni una cabellera envidiable. Mi cuerpo dista de ser perfecto y mis dientes inferiores están levemente torcidos, pero me amo con todo y fallas.
− Dudo que alguien más te llegue a amar. – Tenten tomo ese golpe con dignidad, aunque la conversación la estaba destrozando. – Tienes un genio de los mil demonios.
− Esa es mi mejor característica. – Neji iba a replicar, pero no se lo permitió. – Cuídate, Hyuga.
Paso por su costado, encontrándose de frente con una escena repugnante.
La puerta que daba al salón continuo se había abierto sutilmente, haciendo entrar la luz con mesura. Dentro del lugar, y a pesar de la distancia a la cual se encontraba, distinguió la figura de dos personas envueltos en un abrazo comprometedor y dándose besos sin recato. Eran Mei y Kabuto.
Tenten quedo de una pieza, sin saber que hacer. Por una parte, podía gritarle al imbécil que seguía de espalda parado detrás de ella, que se volteara y viera con sus propios ojos el engaño, pero por otro, pensó en el dolor que le provocaría y no estaba dispuesta a someterlo bajo esa tortura. Un corazón roto era irreparable y aunque pasaran los años, las cicatrices quedaban marcadas a fuego. Ella no quería eso para él. Neji, a pesar de todo, era el hombre que había amado con locura y cuando uno ama, es incapaz de lastimar a la persona, por mucho que lo desee.
Armándose de valor, se puso frente a él. Neji junto el entrecejo, pero no alcanzó a hacer mucho más, porque la boca de Tenten se había apoderado de la suya, sin darle espacio a reaccionar.
Metió su lengua sin esperar invitación dentro de la boca del primo de Hinata. Él sin entender porqué, se sintió embrujado por el sabor de esa boca suave y húmeda, como si no fuera la primera vez que la probara. Era fresa con cerveza. Una mezcla extraña, pero muy tentable.
Paso sus brazos por la cintura de Tenten y la apretó contra su cuerpo, impidiéndole respirar con tranquilidad. La pelicastaña, ni en sus mejores sueños esperaba que Neji le respondiera. Es más, estaba preparada para el empujón, el insulto y luego la descalificación. Sus bocas juguetearon mucho rato, acariciando sus lenguas entre sí y sacándose suspiros. Neji la levantó del suelo y la puso a su altura, apretándola aun más. A Tenten ni siquiera le importó que se notara su tanga desde atrás, solo quería sentir esa boca sobre la de ella por mucho tiempo más… sin embargo, la realidad le cayó de sopetón. Estaban ebrios, él tenía pareja y ella lo detestaba. Le acababa de decir cosas horribles y la rebajaba al nivel de una mosca todas las veces que se encontraban. No podía estar ahí, traicionándose a sí misma, por mucho que estuviera fascinada.
Abrió los ojos, comprobando que la puerta del otro salón estuviese cerrada y así era. Se movió incomoda y cuando tocó el suelo con sus pies, lo empujo, dejándolo con los brazos estirados igual que la boca y los ojos cerrados. Neji quería más.
− Eeh… − el pelilargo reacciono y volvió a recomponer su postura.
− Eres una aprovechadora. Sabes que estoy ebrio, por eso me besas. – Tenten abrió la boca ofendida. Si el muy imbécil supiera que lo estaba salvando de un dolor superior. – Quiero que me dejes en paz. No te cruces en mi camino, eres un estorbo.
La pelicastaña, cansada de todo lo que estaba oyendo, vio pasar al mesero. Agarró dos de las copas que repartía y se las vertió por la cabeza, anonadándolo.
− Está es la última vez que me insultas, Hyuga. – advirtió con llamaradas en los ojos. – Puedes pudrirte en tu propia miseria.
Y con fuerte empujón, paso por su lado. Ojala se pillara a su novia encamándose con el cuatro ojos. Quizás así se volvería más humano.
La noche recién comenzaba, pero para Tenten,ya todo estaba dicho.
10.
Hinata salió al balcón, en busca de aire puro. No estaba acostumbrada a las fiestas, ni al ruido, ni al alcohol, pero en ese momento había de todo eso y debía soportarlo. Su papá le quería dar una buena fiesta, no podía comportarse como una desagradecida.
Suspiró largamente. Había visto como una estrella fugaz a Naruto, apenas cinco segundos donde cruzaron miradas, para luego ser distanciados por la gente que lo buscaba a él y los que se acercaban a saludarla a ella. Ni siquiera habían podido decirse hola.
Desde lejos, notó lo lindo se veía, haciéndola sonrojar. Naruto tenía los ojos azules más hermosos que conocía y su pelo rubio se notaba suave desde lejos. Además, algo que si había comprobado, era que el olor de él le parecía perfecto y la envolvía en un halo de pinos y frescura. Era el olor a naturaleza que exudaba por todos lados.
¡Quería sus abrazos! ¡Quería sus besos! Quería poder tocarlo y ver sus ojos lobunos achinarse de vergüenza y solo por ella, por nadie más, pero se veía casi imposible. Había tanta gente en la casa, tantos interesados en estar junto a él. Una mega estrella se debe a su público y eso era algo que ella respetaba. Desde que la banda se había hecho famosa, vivía día a día con el pesar de su primo y la poca privacidad que tenía.
A lo mejor, si pedía con fuerzas que el apareciera, lo llamaría telepáticamente y se haría presente a su lado.
− Lo que uno piensa cuando bebe. – se burlo de sus tonterías, sacándose una sonrisa.
− ¿Hablas sola? – la voz gruesa y risueña de Naruto la sacó de su mundo fantasioso donde lo llamaba a través de la mente. ¿Y si quizás lo había logrado?
− ¿Sentiste mi llamado? – Naruto la miró confuso y negó lentamente, intentando no meter la pata. – Tranquilo, es una tontería. – se sonrojo y volvió a mirar el horizonte que se erigía bajo sus pies.
− Feliz cumpleaños. – susurró a su lado, apoyándose en la baranda y pasándole un pequeño estuche. – No sabía que regalarte.
− Naruto… no debías. – tartamudeo, odiándose por eso. Ahora faltaba que se desmayara y quedara en completa evidencia.
Hinata, todo el mundo sabe que mueres por sus huesos. Maldita su mente que la hacía sonrojarse por segunda vez y con más fuerza.
− Espero te guste. – le dijo temeroso y expectante. – No soy muy bueno haciendo regalos.
− La intención… es lo que vale. – Lengua de porquería, justo en ese instante se ponía traposa.
− ¿Estuviste bebiendo? – Hinata se tapó el rostro con su cabello. – Tranquila, no te juzgaré.
− Fueron pocas… cervezas. – Naruto rió bajito a su lado y le tomó un mechón de su pelo para mirarla. – No me mires.
− Te ves bonita. – Hinata sentía sus piernas temblar como gelatina. – Creo que todos te lo han dicho ¿no?
− Solo para quedar… bien. – Sí, esa misma noche, mientras todos durmieran la resaca, ella se cortaría la lengua en cinco pedazos y haría una ceremonía, pidiendole al Dios de la palabra no volver a tartamudear. Luego de su entrega, se la pegaría con cola fría.
¿Qué estaba pensando? Meneó la cabeza con fuerza. Estaba haciendo el loco.
− ¿Hinata? ¿Te sientes bien? – la pregunta la hizo desfallecer. Justo en ese minuto, donde tenía que ver segura y no como una irremediable loca, comenzaba a divagar con lenguas cortadas y cola fría. Tampoco olvides lo de llamar con la mente, le recordó su fuero interno.
− ¡Sí! – chilló asustándolo. – Naruto, disculpa. – azorada se giró hacia otro lado, con el pequeño paquete temblando en sus manos.
− Hinata, voltéate. – la chica no quiso. – Por favor, hazlo.
− Me estoy volviendo loca. − ¡por fin no tartamudeo! Al parecer, que el cielo de las lenguas supiera que estaba dispuesta a hacer un sacrificio por ellos, la había premiado. Oh, por Dios, ahí iba de nuevo. – Mi cabeza está pensando solo tonterías.
− Créeme, la mía piensa mucho más que las tuya. – Hinata se giró con lentitud, intentando hacer eterno el momento. – Mírame.
− Naruto… − la mano del chico se poso en su mentón y se lo levantó. − ¿Me besarás? – Sí, había enloquecido. La Hinata común y silvestre jamás, pero JAMÁS, le hubiese hecho esa pregunta. – Soy una idiota.
− La verdad es que muero por besarte. – le confesó. – Pero eres todavía una pequeñuela.
− ¿Qué quieres decir? – preguntó molesta. − ¿De nuevo buscarás a otras chicas? – le preguntó, reprochándole su pasado innegable. Naruto se removió incomodo. – Lo lamento, no debí haberte dicho eso.
− Hinata: – tomo su rostro entre las manos. – Déjame estar cerca de ti. Cuidarte, protegerte, mimarte.
− ¿Quieres ser mi novio? – Naruto alzó una ceja. – Es una pregunta, no una proposición.
− Mierda, yo que esperaba ennoviarme ésta noche. – Hinata sonrió tímidamente. – Sí, quiero ser tu novio, pero que lo fuésemos conllevaría muchas cosas, las cuales tú todavía no estás preparada para vivir.
− ¿Sexo? – Naruto carraspeó y Hinata quiso que un hoyo se hiciera en el suelo y se la tragara.
− Entre otras cosas. – le respondió mirando hacia otro lado. – Te esperaré todo este año, hasta que cumplas los 18 – le prometió. − Luego de eso, imagina lo que quieras, porque te lo haré realidad.
Hinata terminó de derretirse con esa respuesta. Lo quería todo con él y si fuera por ella, empezarían en ese mismo instante, pero sabía que Naruto quería respetarla y darle espacio, aunque no lo necesitaba, porque ya se sentía preparada.
− ¿Podremos besarnos algunas veces? – Naruto soltó una leve risa, esperanzado y fascinado con esa Hinata tan desinhibida. – Claro, si no quieres.
− Podremos besarnos siempre que quieras, pero será entre nosotros. – Hinata tiro la cabeza hacía un costado.
− ¿Se pueden dar besos entre más personas? – Naruto, ya no se contuvo y la apretó contra su pecho. Verla borracha, haciendo preguntas que no haría jamás en sus cabales y con sus ojitos brillantes, era el paraíso hecho realidad. − ¿Nos abrazaremos?
− Hinata, haré lo que me pidas. – le contestó.
La chica envolvió sus brazos en la cintura del rubio y se apretó aun más contra él, respirando de cerca, como nunca, el olor de su cuerpo.
− No me respondiste – Naruto poso una de sus manos en el cabello suave de la chica y enterró su nariz en la coronilla.
− Sí, se pueden dar besos entre más personas, pero nosotros seremos exclusivos. Tú me besas a mí y yo te beso a ti. Nadie más juega. – A Hinata le gustó ese trato y se apretó más contra él. – Pero como te dije, tenemos que ser comedidos.
− Yo no quiero que te contengas. Solo te pido que no me hagas sufrir. – le rogó, separándose un poco para mirarle sus ojos azules. – No vuelvas a defraudarme, ni me llenes de promesas que no cumplirás.
− He esperado por años éste momento y a pesar de que quería hacerlo un poco más adelante, no me pude contener. – Paso uno de sus brazos detrás de la nuca de Hinata. – Llevo tanto tiempo mirándote crecer, volviéndote hermosa, que casi me jalaba los pelos pensando en cuanto aguantaría. – apoyo su frente contra la de ella. – Desde que cumpliste los 15 años, sueño con robarte besos, abrazarte y darte todo el amor que tengo, pero piensa, tú tienes casi 8 años menos que yo, tienes menos experiencia, menos vivencias y nulo prontuario amoroso, porque me he preocupado de mantenerlo así.
− ¿Tú eras el que arruinaba mis citas? – Naruto se hizo el desentendido.
− No me haré responsable de acusaciones sin fundamento. – respondió con ambigüedad y Hinata, aunque quisiera enojarse, no podía. – No quiero arrebatarte tus experiencias. Quiero que todo sea lento y a tu ritmo.
− Pero yo quiero que estemos juntos ahora. – Naruto se prometió no dejar que Hinata bebiera hasta que cumpliera los 18 años. Las propuestas que le hacía, harían flaquear hasta a un monje tibetano.
− Cariño, encantado, pero no. – Hinata hizo un puchero que Naruto tomo con sus dientes, sorprendiéndola. – ¿Ves? Todavía hay muchas cosas que te asustan.
− Podemos partir por darnos pequeños besos. – Naruto acepto, separándose de su frente y besándosela.
− Te enseñaré de todo, Hinata. – esa promesa contenía tantas aristas, como experiencias. − ¿puedo…?
− No deberías preguntármelo. – Estiró su boca y Naruto deposito los suyos sobre ellos.
Solo pequeños roces, casi sin abrir la boca, solo tanteando terreno y poniendo los límites. Si Hinata lo detenía, el no reclamaría, pero no fue necesario. Las cosas se dieron de forma natural y luego de varios minutos estando a besos como alitas de mariposas y sonrisas prometedoras, se abrazaron.
− Wow. – dijo Naruto, apoyando su mejilla en la cabeza de la peliazul. – Va a ser un largo trecho.
− Pero estaremos juntos. – le dijo tranquilizándolo.
− Sí. Siempre. – miró la caja que Hinata seguía teniendo en sus manos. – Ábrelo.
− Es que después de tantas emociones, lo había olvidado. – con tranquilidad le quito el lazo y saco lo que había en su interior.
Una cadena de plata y el dije era un lobo aullando. Como él.
− ¿Te gusta? – le preguntó temeroso.
− Me encanta. – Se lo puso en las manos y le pidió que se lo pusiera. − ¿Me queda bien?
− Perfecto.
Se volvieron a enfrascar en una pequeña batalla de besos tranquilos, para luego terminar mirando hacia el cielo oscuro que se levantaba sobre sus cabezas.
Las cartas ya estaban echadas y solo quedaba esperar que el tiempo – y Naruto− cumpliera sus promesas.
Hinata nunca se lo explicaría, pero sentía que todo iría mejorando. Tendrían altos y bajos, pero lucharían por estar juntos.
El mundo se había vuelto amarillo a sus ojos. Muy amarillo.
11.
Shikamaru iba con su vaso mirando a todos los idiotas sedientos de fama, sexo y alcohol. Todavía no le entraba en la cabeza como Hiashi había permitido ese descontrol. Quizás estaba igual de bebido y necesitado que esa manga de unineuronales.
Paseo ignorando las propuestas de guapas mujeres y zafándose de conversaciones sin sentidos de hombres que esperaban una ayuda por parte de él para escalar en un mundo tan destructivo, como lucrativo que era el espectáculo. Si supieran que él era el de más bajo perfil y que tocaba la batería porque era lo que amaba, no porque quisiera fama. Con Sasuke siendo la cara más visible, junto a Naruto y Neji, se tranquilizaba. Entre más pasaba desapercibido, más feliz era.
En una esquina, al lado de los baños, estaba una chica de pelo rojo hasta la barbilla y con su flequillo tomado hacía atrás, despejando sus ojos. La reconoció de inmediato: Nozomi. Se veía linda con ese color de cabello.
La había visto después del concierto en el Domo, pero apenas lo miró. Estaba más preocupada de Sasuke y de las cosas que decía, suspirando por sus palabras. Ese maldito silencioso se ganaba chicas con solo respirar. Ese día dese con fuerza ser vistoso, pero no lo logró.
Pensó en acercarse a ella y preguntarle como estaba, pero tenía claro que apenas lo tomaría en cuenta, así qué, ahorrándose la vergüenza, prefirió seguir caminando y fingir que no estaba, igual como lo hacía ella con él. Estás actuando con madurez, Shikamaru. Sigue así. Hasta su cabeza se burlaba de él.
− Me cagó en la puta. – caminó directo hacía ella, ignorando a su orgullo y dejándose llevar por lo que quería. No era que la chica le gustara, pero tenía algo que la hacía atrayente. Que lo llevaba directo a sus brazos. – Hola.
− ¿Shika? – se lanzó a sus brazos. – Llevo mucho rato intentando contactarte. Ya había perdido la esperanza. – El coletitas se sintió gratamente sorprendido. − ¿Has visto a Sasuke? – su ánimo se desinfló como globo en campo de cactus. Bella analogía.
− Por ahí debe andar. – La chica se puso en puntas para mirar hacia los lados, pero no lo encontró. – Bueno, viendo que…
− No te vayas. – le pidió, casi rogando. – Ese tipo de ahí. – apuntó a un modelo de televisión, que promocionaba la nueva mantequilla de maní. – Me ha hecho propuestas indecentes y ya no sé en que idioma decirle que no.
− ¿Quieres que lo golpee? – le preguntó. No era dado a la violencia, pero tampoco iba a dejar que la molestaran.
− ¡No! – respondió alarmada. – Solo te estoy contando. En tanto me vea contigo, dejará de molestarme. – Shika le envió una mirada de advertencia: acércate y te mato. – ¿Viste como arrancó?
− Cobarde. – susurró. − ¿Quién te invitó?
− Esa pregunta sonó muy desagradable, Shika. – pero le restó importancia. – Natsuki me mando un mensaje. Le he pedido todos estos días que me ayude a hacer una conexión con Sasuke.
− ¿Te gusta el "oledor de mierda" oficial? – Nozomi explotó en risotadas. – Tampoco era tan buena la broma, así que para.
− Es que tu cara fue como: "¿te gusta el oledor de mierda?" – gesticulo con su cuerpo. – Sonó divertidísimo.
− Llámame cuando quieras un payaso. – le dijo ofendido, caminando para alejarse. Era un imbécil por acercarse buscando algo distinto.
− ¡Hey, no seas enojón! – Caminó donde él. –Llévame donde Sasuke.
− Odio que me usen como enlace para llegar a él. – le reclamó de forma brusca. – Si quieres tener una cital, búscalo tú.
− Si piensas que Sasuke me gusta en un sentido amoroso, estás muy alejado de la realidad. – Shikamaru alzó una ceja.
− ¿Para que otra cosa lo querrías? Desde un principio solo has hablado de él. – Nozomi meneó la cabeza con cansancio. No sabía si era ego de hombre herido o simple y llanos celos. Tampoco quiso averiguarlo.
− Shika, una vez me tomaste por una simple chica y descubriste que no era así ¿No puedes suponer que esto es algo parecido? – El coleta lo pensó dos segundos y dijo no. – Ok, tómame por una arrastrada. Total, más no puedo llegar más abajo basándome en tu percepción.
− Tampoco te pongas melodramática. – la encogió de hombros. – Ok, ¿para qué lo buscas?
− Son cosas personales.
− Ya. – culminó.
Caminaron juntos por otro par de minutos, hasta que se encontraron de frente a Sasuke, que estaba a un lado de Kiba, Natsuki y conversando con Itachi. A su alrededor, se veían una cantidad impresionante de personas esperando poder, aunque fuese, respirar el mismo aire que el pelinegro.
Era el puto amo.
− ¿Nozomi? – la chica asintió a la pregunta de Natsuki. Ambas se abrazaron. − ¿Cuándo llegaste?
− Hace muy poco. Estaba perdida, pero me encontré con Nara. − ¿Ahora era Nara? Bendita mujer, pensó el pelinegro.
− Que bueno. ¿Cómo lo has pasado?
− Pésimo, llevaba media hora empotrada al lado de un poste, asustada por un idiota. – respondió Shikamaru por ella.
− Gracias, yo también podía responder. – le reclamó. – En fin, yo más que venir a disfrutar, necesito hablar con Sasuke. ¿Tendrías un minuto?
El pelinegro la miró detenidamente, mientras todos los presentes esperaban su respuesta. La pobre Nozomi sintió su cuerpo arder de miedo y vergüenza. Esos ojos negros eran en extremo penetrantes. No quería imaginarse como era molestarlo.
− Sí. – Nozomi dio un suspiro de tranquilidad, igual que el resto de los presentes y se acercó a él. − ¿Qué necesitas?
− Me sorprende ver a Sasuke tan solicito cuando hace cinco segundos estaba despotricando contra Sasori. – bromeó Kiba. Sasuke lo mando a callar con una mirada, pero el pelicastaño no se intimidó. Eran amigos desde siempre, así que podían decirse cosas sin herirse.
− Kiba, anda a que te den y déjame en paz. – todos rieron, incluido el pelinegro. – Dime, ¿Nozomi?
− Wow, que digas mi nombre y lo recuerdes me hace temblar. – Todos alzaron las cejas, menos Shika que las frunció. – Perdón, perdón. Eres una mega estrella. Es como estar con Brad Pitt o cualquiera de ellos.
− Brad Pitt es más bajo que yo. – su voz ronca la tenía apernada al suelo y babeando.
− Ya lo imagino. – saliendo de su ensoñación, se puso seria. – Necesito pedirte un favor.
− Depende de qué tipo de favor quieres. – Shikamaru, harto de escuchar esa conversación se largó, sin saber que era seguido por Itachi.
− ¿Te gusta? – Shikamaru no respondió.
− Terminé hace poco con Temari. No estoy preocupado de mujeres. – le dijo.
− ¿Entonces? ¿Por qué te molesta la cercanía que tiene con Sasuke? – preguntó inquisitivo.
− No me molesta, solo me incomoda que me use como nexo. Es todo. – Itachi asintió sin decir nada más, aunque pasado unos segundos, volvió a la carga.
− Solo si te deja más tranquilom aunque sé que no te interesa, diré que la chica lo busca porque trabaja en una fundación de adolescentes con cáncer. Quiere gestionar una visita de Sasuke hacia el hospital. Igual como no te importa, no le veo la necesidad de adentrarme en más detalles. – lo molestó con sorna, para luego continuar más serio: – Sí, coletitas, a veces lo que uno cree no es la realidad. Shikamaru se detuvo.
− Siento que estoy perdiendo mi racionalidad. A veces creo que Temari me dejo mal.
− Es comprensible, Shika, la amaste por muchos años. No esperes que un par de meses todo se supere y vuelvas a ser el mismo, porque te aseguro que no será así. – Itachi le sonrió a una chica que se le acercó, pero de la misma forma, la alejó. – La vida a veces nos pone pruebas difíciles e insoportables, o al menos eso creemos. Por culpa de éstas, es que juzgamos las futuras vivencias bajo los mismos parámetros y nos ponemos corazas para no volver a reventarnos por dentro, pero Shika, cada persona, cada ambiente, cada lugar es distinto al anterior. Lo que para ti es felicidad, para otro puede ser tristeza.
− Anda al punto, Itachi. Sabes que odio la palabrería barata y los consejos de auto ayuda. Para eso me leo upsocl. – El pelilargo meneó la cabeza con una sonrisa. Shikamaru era un cabezón.
− No porque una chica te rompa el corazón, todas harán lo mismo. Eso es todo.
− Kiba y tú podrían poner una consulta psicológica, quizás ganarían más. – sugirió medio en broma. – Que problemático.
− Las cosas son problemáticas en la medida que las tomemos. Si le damos importancia a pequeñeces, nos ahogaremos en gotitas de agua.
− Decidido, pondré dinero para buscarles un lugar. Podrían hacer terapia reconstructiva.
− En el letrero que este clavado en la puerta, pondremos que es en honor a ti, a Naruto y Sasuke. – continuó Itachi, siguiendo la broma.
− Dudo que ese tenga problemas del corazón. – Sasuke era un bendecido de la vida en muchos sentidos.
− Aunque no lo creas, ese sufre tres veces más, pero es tan testarudo, que nunca lo reconocerá. – dijo el pelilargo.
− Idiota.
− Todos lo somos por una mujer. – siguieron uno al lado del otro, hasta que a ambos les vinieron ganas de orinar. – Pareceremos maricas si vamos juntos.
− Si no meo, se me reventará la vejiga.
Se metieron a uno de los cuartos, buscando el bendito baño, pero se equivocaron de puerta y encontraron algo distinto.
− Mei. – la voz de Itachi se cortó en el acto.
Ahí estaba la novia de Neji, teniendo sexo con el cuatro ojos de Kabuto. Shikamaru, que pregonaba mantener sus emociones a raya, puso una cara de estupor, digna de retrato.
− Itachi, Shika. – dijo la mujer, desmontándose del tipo y mirándolos con temor. – No pensarán que…
− No es necesario ser genio para comprender que pasa. – dijo Shika. − ¿Neji sabe esto?
− ¡Estás loco!, no se puede enterar ahora que somos novios. – Coletitas cerró los ojos con fuerza. Esa mujer verdaderamente era una escoria que denigraba al género. – No le irán con el chisme ¿verdad? – la vieron acomodarse el vestido y subirse los tirantes. A pesar de estar casi desnuda frente a ellos y teniendo el cuerpazo que tenía, los dejó fríos.
Esa mujer, sin sentimientos, que se dejaba llevar por el bolsillo y la necesidad de acostarse con todos, no valía la pena, pero ¿Cómo hacer entender a Neji? Tampoco era fácil correr donde su amigo y lanzarle toda la verdad a la cara. Lo destrozaría y Shika sabía lo que era un corazón destrozado.
− Kabuto, ¡guarda tus miserias, por la mierda! – le gritó Itachi, sin despegar sus ojos de la mujer. − ¿Cómo puedes hacerle esto?
− Él siempre ha sabido como soy, además, tú no me puedes hablar de valores, cuando también nos acostamos. – Shikamaru miró la cara estupefacta de su amigo. Itachi también había pasado por el cuerpo de esa mujer. Aquello era sórdido y nauseabundo.
− Tienes claro que nunca supe de tu relación con Neji y en cuanto lo supe, nos separamos. – La mujer tomó su bolso que estaba tirando en el suelo. Una tira de condones asomaba.
− Como sea. – Se iba a largar, pero Shika e Itachi no se lo permitieron. – Permiso.
− Tienes 3 días para hablar con Neji. – le advirtió Shikamaru, mirando de refilón a Kabuto que intentaba en su distracción, salir airoso. – Y tú, sé hombre y enfrenta la situación.
− Solo fue un polvo y ya. No le den tanta importancia. – Itachi apretó la quijada. − ¿Acaso nunca se han acostado con alguien que no debían? – sugirió el cuatro ojos. Shikamaru de inmediato pensó en la prostituta. Si eso se llegaba a saber, era hombre muerto. Su madre se haría sandalias con sus miembros.
− Estoy que te cuento los errores que he cometido. – ironizó el pelilargo. – Shikamaru, sácalo de acá.
− Camina, idiota. Agradece que no te partimos la cara. – Kabuto se achicó en su espacio. La idea de verse golpeado por Itachi y Shikamaru, solo podía culminar en dos cosas: con todos sus huesos rotos y en el hospital más cercano.
.
.
.
Itachi se quedó dentro junto a Mei, mirándola con desprecio. La mujer alzó la cabeza, como si lo que estuviese haciendo fuese lo más normal y digno de aplaudir.
− ¿Por qué te comportas así? – Mei no estaba para reproches. Era una mujer adulta y con experiencia.
− ¿A ti que te importa? Si te pones celoso, recuerda que tú me terminaste. – Itachi bufó.
− Jamás me pondría celoso de una mujer como tú, que se revuelca con todo lo que pilla. – Ese insulto, haría explotar a cualquier mujer, menos a ella, que se sentía prácticamente halagada. – Hablarás con Neji.
− Y me perdonará, te lo doy firmado. – los ojos maquiavélicos de la mujer le dieron miedo. Ella no daba un paso, sin saber cuáles serían las consecuencias. –Neji me ama y no me dejará por un pequeño desliz.
− Lo estás engañando frente a su nariz. – le reclamó. –No puedes ser tan descarada.
− ¿Quién te crees tú para venir a ningunearme? No eres nadie, Itachi. Todo lo que tienes, es gracias a tu hermano, porque Sasuke es el que te mantiene. Sasuke es el que te hace ser lo que eres. Gracias a él, puedes darte la vida de lujo que llevas. – El pelilargo no se ofendió. Si supiera que su trabajo era tres veces más agotador que el de Sasuke, no diría esas cosas, pero como Mei era tan superficial, jamás miraría lo que hacían las personas tras bambalinas. Las que se partían el lomo para que personajes como ella destacaran.
− Puede ser. No todos tienen la suerte que tengo yo. – Mei se esperaba una confrontación, pero no eso. Itachi aceptaba sin intimidarse que vivía gracias a su hermano.
− ¿No te sientes mal por ser mantenido y no tener ningún talento? – el pelilargo se largó a reír en su cara.
− Mira quien lo dice, la mujer que tiene que acostarse con todos los productores para poder tener papeles protagónicos. – Mei endureció su gesto. − ¿Tienes algún premio? ¿Alguna condecoración o reconocimiento? – Itachi chasqueó la lengua a modo de burla. – Sabes que no, porque tu trabajo no destaca del resto. Eres una del montón, que si no fuera por su cuerpo y por cómo te vendes, estarías trabajando como extra.
− ¡No te permito que me insultes! – le gritó, lanzándole un florero que encontró al lado de la mesa.
− ¡Hey, para la violencia! – a pesar de la advertencia, los ojos de burla no se salían de la cara de Itachi. – Eres una reconocida modelo, pero sin cerebro.
− ¿Para que necesito el cerebro?
− En todo caso, harías un bien al sacártelo y mandarlo a estudio. Todavía no entiendo como vives sin tener una considerable masa encefálica. − ¿masa qué? Pensó la mujer. – En fin, queridísima Mei. Tendrás que contarle a Neji esto.
− Y me perdonará. – le aseguró.
− Puede que sí, pero yo cumplí con mi tarea de ser leal con él.
− Entonces cuéntale lo que tuvimos. – le dijo, instándolo a hacerlo. –Anda, corre a decirle lo que hacíamos en los hoteles de Nueva York, cuando llegabas después de mis presentaciones de modelaje. Detállale una a una las cosas que hacíamos, para que tu conciencia quede más puratranquila.
− No hay necesidad de decirle eso. – se acercó a ella. – Eres un recipiente vacio, Mei. Sirves solo para calentar la cama.
− Y harto que te la calenté. – mujer del demonio, pensó Itachi.
− No me gastaré contigo. Que tengas una buena noche. – luego de una leve reverencia irónica, salió del lugar.
El aire caliente del ambiente lo sofocó y salió al patio trasero a fumar.
− Las paredes tienen oídos. – Itachi quedo con la calada a medio salir. A su lado, Ino sacaba un cigarrillo y lo prendía con tranquilidad. – Cuando vas a hablar cosas serias, deberías preocuparte de estar en un lugar privado.
− ¿Me escuchaste con Mei? – Ino asintió con solemnidad.
− ¿No lo encuentras un poco repulsivo? Eso de acostarse con la chica de tu amigo no habla muy bien de ti. – Itachi boqueó sin saber que decir. – Tranquilo, tu secreto muere conmigo. – giró la cabeza para mirarlo. – Apeló a tu consciencia.
− Las cosas no son como parecen. – espetó con énfasis. – Cometí un error, pero involuntario.
− ¡JÁ! – se burlo la rubia. − ¿Involuntariamente le metiste tu pene? Vaya forma de cometer errores. – ironizó.
− No seas soez. – Ino meneo la cabeza con cansancio y comenzó a alejarse. – No hemos terminado de hablar.
− No tengo nada que decirte, Uchiha. – contestó. – Eres adulto y conoces más de la vida que yo. No puedo venir a darte consejos.
− Cuando estuve con Mei, no sabía que ella también estaba con Neji. – La rubia se dio vuelta y caminó hacia la casa. No tenía porque escuchar sus explicaciones burdas. − ¡Hey!
− Itachi, hazte un favor y guarda silencio. – siguió con su paso.
Él era igual que todos los hombres. Se mostraban atentos e intentaba deslumbrar con sus vastas experiencias, pero en verdad, dentro de sus pechos no residían ningún tipo de sentimientos. Solo querían llevarte a la cama, para luego desecharte como un juguete de plástico. Y eso la emputecía, porque le hacía recordar lo tonta que había sido en su momento. Todo lo que había perdido por culpa de ése hombre y de el férreo control que ejercía su familia sobre ella por culpa de aquello.
Amar se había convertido en un lastre en su vida. Luego de tal experiencia, todas las proposiciones venideras fueron descartadas sin derecho a réplica. Con solo 18 años, Ino podía decir sin ninguna duda que no creía en el amor, ni en las citas románticas, ni en las frases engatusadoras. Se conocía como la palma de su mano cada una de las estrategias para enamorar.
− ¡Espera! – la voz del Uchiha mayor la hizo girar, aunque le regaló una mirada llena de asco. – Creo que merezco defenderme.
− No te estoy juzgando. – le dijo con indiferencia. – No gastes palabras conmigo, porque no me interesan.
− Si no te interesaran, no hubieses salido fingiendo fumar para reprocharme. – le picó el hombre, metiendo las manos en sus bolsillos. − ¿Qué te molesta, Ino? ¿Qué te hace ser tan arisca conmigo?
− No te creas especial. Todos los hombres me parecen una pérdida de tiempo. – Itachi alzo las cejas y asintió con un deje de burla.
− ¿Eres lesbiana? – Ino se cruzó de brazos.
− ¿Por qué no me agradan los hombres, definitivamente tengo que ser lesbiana? ¿No encuentras un poco básica tu pregunta?
− No hay preguntas básicas ni tontas. – se defendió el hermano mayor de Sasuke.
− Pero si hay gente básica y tonta que pregunta. – golpe directo. – No voy por la vida pregonando mi necesidad de un hombre, ni tampoco veo mi realización como mujer al lado de uno. Estoy en una etapa donde solo me preocupo de mí.
− Tienes 18 años. Eres una niña. – Ino se acercó a él caminando a paso pesado. – No me intimidas.
− Ni tú tampoco. – le respondió a un palmo de distancia. – No me provocas mayor cosa.
− Hace unos días, cuando nos encontramos, sentí que conectábamos. – Ino se rió en su cara.
− ¿Tú hablando de conexiones? ¿También crees en la bazofia del hilo rojo o el amor de tu vida? – lanzó una pedorreta cargada de sorna. – Conozco tu historial, Uchiha. Sé que eres un maldito mujeriego que se encama con todo lo que se mueva.
− No tienes derecho a insultarme. – le reprochó. –Si tú no quieres vivir tu sexualidad libremente, por vaya saber uno el motivo, no te convierte en un ejemplo a seguir. Cada uno es libre de hacer lo que le plazca y satisfacer sus necesidades.
− Básicas… − agregó. –Mira, Uchiha, no me interesa seguir con ésta conversación. Ambos tenemos puntos de vista distintos, como también distintos niveles de lealtad.
− ¿A que te refieres?
− A que yo no me acostaría con el chico de una amiga. – Itachi mordió sus labios, apretando el insulto que luchaba por salir. – Eso de que no sabías, no te libra de responsabilidad. Además, ¿no crees que Mei es un poco fácil? No me gustaría pasar por la cama de alguien con tanto recorrido.
− No escupas al cielo. – le sugirió con profundo resentimiento. Cada una de las palabras de Ino lo estaban incomodando. – Hablas como si tuvieras mucha experiencia amorosa y dudo que sea así.
− ¡No conoces nada de mi vida! – le gritó, asustándolo. – No hables sobre lo que no sabes.
− ¿Quién te rompió el corazón para dejarte tan marcada? – bromeó. No esperaba una respuesta a esa pregunta burlona.
− Un hijo de puta igual que tú. – Itachi quedo pasmado, solo parpadeando y viendo los ojos de la guapa rubia nublarse por el resentimiento. – No soy frígida y puedo admirar a los hombres guapos, pero no me interesa involucrarme con ellos, porque no quiero volver a toparme con… con el dolor. – carraspeo calmándose. – Deja de darme explicaciones que solo intentan acallar tu consciencia. A mí no me interesan, ni tampoco me valen. Lo único que lamento, es que a pesar de todo el historial que llevas detrás, pensé que podías ser distinto. Ya veo que no.
− Me estás encasillando por una situación. No conoces el resto de la historia. – intentó acercarse, pero la rubia se alejó dos pasos. – Ino, no te lastimaré.
− Apenas me conoces. – una sonrisa vacía se poso en su rostro. – Además la frase que acabas de lanzar es tan trillada. – repitió la misma palabra que él, incomodándolo. – Por favor, Uchiha, mantente alejado de mi camino.
− Ino… − susurró al aire cuando la vio partir y sin saber porqué, un peso desagradable se alojó en su estomago, tirándolo hacia abajo.
Se sentía como si fuera una excusa de hombre, cuando en verdad, todo lo que había hecho durante su vida, era seguir sus instintos. No tenía recuerdos de haber roto el corazón de alguna mujer, ni tampoco de dejar una estela de sufrimiento a su paso. Ino estaba midiéndolo con la misma vara que medía a todos por culpa de un estúpido que la había destrozado, pero ¿de que modo? ¿Cómo averiguar sobre esa historia? Y la pregunta que más se repetía en su cabeza: ¿Por qué esa necesidad de redimirse?
Meneó la cabeza.
Ninguna niña con problemas sentimentales vendría a hacerlo sentir mal por cosas que ya habían pasado.
Era un hombre con vivencias, no un monstruo, así que ignoraría las estupideces de Ino y volvería a la carga. Muy probablemente hubiese alguna chica dispuesta a acompañarlo esa noche… sin embargo, la idea no lo motivó del todo.
− Endemoniada mujer. – susurró al aire.
Y el viento de los últimos días de diciembre se llevó sus palabras. Itachi comenzaba a conocer lo que era el remordimiento y arrepentimiento de sus acciones pasadas.
Por primera vez en su vida, deseo no ser quien era y eso no le gustó.
12.
− Vaya noche de mierda. – dijo Neji, acomodándose a un lado de él y acompañándolo en el sentimiento.
Sasuke llevaba casi dos horas mirando a Sakura disfrutar de la fiesta, bailando con uno y con otro y aceptando fotos, autógrafos, halagos y piropos, como si ese "terror" que sentía por la invasión de su espacio, nunca hubiese existido. Era una mentirosa, que fingía sentirse acobardada, pero que en verdad se manejaba excelente frente a todo el mundo, sin necesidad de tener un acompañante que la protegiera, aunque Sasori llevaba todo el rato al lado de ella, haciendo de nexo entre sus fans.
− Hijo de puta. – masculló, tomando el último sorbo de su vaso y agarrando el siguiente que venía en camino por parte del camarero. – Gracias. – le dijo y volvió a beber, sin despegar su vista de la pelirosa.
− ¿Club de los rechazados? – dijo Itachi, agregándose a ellos. – Es bueno hacer causa común.
− ¿Tampoco lo estás disfrutando? – le preguntó Neji, pasando su mano por el cabello. Estaba hastiado con todo ese barullo, gente sin control y la maldita Tenten que fingía tranquilidad, como si nunca se hubiesen besado. − ¿Han visto a Mei? – Ni siquiera se había preocupado de su novia y darse cuenta de eso, lo desconcertó
Itachi se tensó y apretó su puño. Sentía en su garganta, la quemante verdad, pero no podía lanzarla. Había algo que lo detenía.
− No. – respondió Sasuke, sacándolos del incomodo silencio. − ¿Qué te paso? – le preguntó a su hermano, perforándolo con sus ojos azabaches.
− Me han crucificado majaderamente. – Sasuke alzó sus cejas. Tenía una forma extraña de llamar el rechazo de una mujer. − ¿Y a ti?
− No he encontrado nada que llame mi atención.
Tanto Neji como Itachi sabían que había mujeres de sobra para llamar la atención de Sasuke, además de que se peleaban por acompañarlo aunque fuese cinco minutos. Era impresionante mirar la grosera cantidad de mujeres que rebajaban su dignidad por compartir un segundo con él.
− Claro. – respondió con sarcasmo el Hyuga.
− Creo que terminaremos borrachos y sin chicas. – Neji y Sasuke asintieron.
El primero estaba consternado y se debatía internamente por lo que había hecho, mientras el segundo solo pensaba de qué manera era más dolorosa sacarle los ojos a Sasori o si cortarle las manos era algo más inteligente.
− ¡Hey! – llamó Sasuke. Una veintena de ojos se dieron vuelta. – El de la bandeja.
El chico corrió frenéticamente donde él y con mejillas arreboladas esperó escuchar la petición de Sasuke.
− Dígame. – solicito y un nene. El chico perfecto para cometer un "descuido"
− Te doy cien dólares si haces lo que te pido. – el chico abrió los ojos desmesuradamente. Ese dinero le venía de maravilla. − ¿Aceptas?
− Sí. – Haría lo que fuera, incluso matar. Cien dólares para un joven de 18 años, eran cien dólares.
− ¿Conoces a Sakura Haruno? – el chico asintió sonrojado. Se había cruzado varias veces con ella y las sonrisas de ternura que le regalaba, le fascinaban. – No te emociones tanto, no te pediré que hagas nada con ella.
− ¿Qué? Sí, sí señor. – respondió apresurado.
− Llena tu linda bandeja de copas y tropiézate con el pelirrojo que está a su lado. Tírale todos los tragos y sécale la ropa con un paño manchado de grasa, luego de eso… − Itachi le paró el carro, tocándole el hombro.
− Te estás pasando. – el menor de los Uchiha había olvidado que tenía a su hermano y amigo a los lados.
Neji movía la cabeza con hastío, mientras Itachi le reclamaba.
− Ok, solo tírale la bandeja. – el chico asintió decidido.
Sasuke se acomodo para mirar el espectáculo. Itachi solo pensaba en que era un maldito imbécil que si seguía por esa senda, la cagaría aun más. Sakura se veía entretenida con Sasori, a él no le correspondía meterse. Aun así, el pelilargo no interfirió; todavía pesaba en su cabeza el tremendo lío que le había formado a Sasuke al ir a hablar con Fugaku para que parara sus intenciones con la pelirosa. El cargo de consciencia era fuerte… maldita conciencia, estaba haciendo horas extras esa semana.
O.O
Sakura sonreía por inercia y el dolor en sus mejillas se acrecentaba a cada segundo. Sin embargo, no pararía de hacerlo, debía seguir fingiendo que estaba perfectamente bien y que no le incomodaba la presencia de Sasuke, ni el harem de mujeres que se peleaban por él a su alrededor. Tampoco quería darle importancia a su mirada cargante sobre ella o a la forma que la seguía sin dejar de beber. Intuía que en cualquier momento las cosas estallarían como diques.
Vio a Sasori entregar el undécimo autógrafo y fotografiarse con la bonita morena. Por cortesía, aceptó sacarles la foto y se despidió de beso. Si supieran que quería escapar de toda esa atención y las aspas que tenía por manos el pelirrojo. Odiaba la confianza que se estaba tomando y que en cada paso que dieran, la mano en su cintura se afianzara aun más. Era un cargante, latoso y ególatra.
En su vida aguantaba solo a un egocéntrico y ese era el imbécil que estaba parado en una esquina inspeccionando cada uno de sus pasos.
− Sakura, ¿quieres beber otra copa? – La pelirosa negó con una sonrisa. Después del tercer vaso de champagne, descubrió que el pelirrojo la estaba atiborrando en alcohol y eso solo terminaría mal, así que se negaba completamente a seguir bebiendo. − ¡Oye, tú! – le gritó al chico, que se tambaleaba por lo pesado de su bandeja. – Que palurdo. – bromeó en el oído de la pelirosa, hartándola todavía más. − ¡Apresúrate!
− Tranquilo, ya llegará tu bebestible. – dijo Sakura, frunciendo el ceño y molesta por esa actitud de súper estrella. Tampoco era tan famoso como para darse esos aires de grandeza.
− A la gente inferior se la debe tratar como ganado. – le contestó el chico, mostrando su sonrisa perfecta.
Estuvo tentada a romperle los dientes, pero no fue necesario. En cuanto llegó el chico a su lado, la bandeja cayó por completo sobre el pelirrojo, empapándolo de pies a cabeza con ¿vino? ¡Estaba morado!
− ¡Estúpido! – le gritó, tomándolo del cuello de la camisa. − ¡Eres un imbécil!
− ¡Hey, fue un accidente! – Dijo Sakura, metiéndose e intentando sacar al pobre chico de las garras – cof cof aspas cof cof – del pelirrojo. − ¡A cualquiera le puede pasar!
− A la gente de bajo nivel le pasan estas cosas. – reclamó. – Por ahorrarse unos pesos, traen puros lastres a servir.
− ¡No seas ofensivo! – le gritó Sakura. – Él solo ha tirado su bandeja encima. Ni que te hubiese roto un brazo.
− ¿Por qué lo defiendes tanto? ¿Eres de su mismo nivel? – Sakura no supo que responder a esa pregunta ¿acaso era una ofensa o no sabía verdaderamente de donde venía? No tuvo que responder, porque una gruesa mano la tomo de su antebrazo y la tiró. − ¿Qué haces?
− Deja de hablar tonteras, Sasori y anda a sacarte el vino de encima. – le sugirió Sasuke, apretando el agarre de Sakura y poniéndola tras él. – El chico lanzó sin querer su bandeja sobre ti, aunque no te preocupes. Combina con tu cabello. – Sakura a sus espaldas aguantó la risa. No quería incomodar a Sasori, ni darle la satisfacción a Sasuke de que disfrutaba de sus bromas. – Vamos. – la jaló.
− No te la puedes llevar. Es mi pareja. – la cabeza de Sasuke se volvió lentamente hacía Sasori, casi de forma diabólica. – En ésta fiesta. A eso me refiero. – se excusó de inmediato.
− No te preocupes, de ahora en adelante me hago cargo yo. – la sacó del circulo que se estaba formando a su alrededor, que miraban como aves rapiñas las dagas verbales que se lanzaban Sasuke y Sasori. – Adiós.
Caminó con la pelirosa por algunos segundos, para luego meterla a un salón, subir unas escaleras y meterla a un cuarto lleno de libros, con una mesa de pool en medio.
Sakura se soltó con brusquedad.
− ¿Qué haces? – le preguntó, sobándose la muñeca. – Me apretaste fuerte.
− ¿Por qué has estado todo el tiempo con Sasori? – Sakura no creía lo que estaba oyendo.
− ¿Perdón? ¿Estás intentando decirme algo? – Sasuke bufó. – No hables entre lineas.
− No se contestan preguntas con otras preguntas. Es de mala educación. – le recordó, trayendo a colación una conversación parecida que habían tenido hace poco tiempo.
− Bueno, tienes claro que mi educación deja mucho que desear ¿no? – Se puso las manos en la cadera. − ¿Qué quieres? Estaba tranquila, disfrutando de una agradable velada junto a una agradable compañía, hasta que llegaste tú a ¿salvarme? Pues bueno, te digo de inmediato que me arruinaste la noche.
− Noté que estabas a punto de pegarle un tortazo luego de escuchar los insultos que dirigía al chico. – Sakura se sonrojo. – No estabas disfrutando.
− ¿Qué sabes tú? Deja de suponer cosas sobre mí. – le pidió. − ¿No encontraste un cuerpo caliente, por eso estás acá?
− Ya empezaste con tus groserías. – le dijo Sasuke, enrolando los ojos. – Vives pendiente de mi vida sexual. Si gustas, puedo darte una lista de las mujeres con las cuales me he acostado.
− Eso sería asqueroso. – Sasuke se fijo en sus labios. Tenía el lápiz labial corrido. − ¿Qué miras?
− ¿Te estuviste besuqueando con el cabeza de betarraga? – Sakura arisco una parte de su nariz, impresionada por el cargante interrogatorio al cual estaba siendo sometida. – Habla, Sakura ¿te estuviste besuqueando con Sasori?
− No soy Uchiha. – le respondió de forma mordaz.
− No seas agresiva. No te queda.
− Te rompí el celular. – Sasuke sonrió de medio lado, recordando ese día. − ¿Ahora disfrutas con mis ataques de furia?
− No, pero son divertidos. – Sakura lo empujó para intentar salir, pero él no se movió siquiera un centímetro. – No has respondido.
− ¿Acaso te importa que me haya besuqueado con Sasori? Tú llevas toda la semana acostándote con medio mundo y yo no te pregunto. – Sasuke hizo una mueca, sabiendo que Sakura no mentía.
− Sí, me importa. – dijo.
Sakura parpadeo varias veces sin creerlo ¿Por qué le decía eso?
− Bueno, pues… no es de tu incumbencia. – hizo un desprecio. – Déjame salir.
− No quiero. – lentamente, comenzó a caminar hacía ella. Sakura por inercia retrocedió, chocando con un mueble. – Sa-ku-ra – silabeo. − ¿Te besaste con Sasori?
− ¿Seguirás con eso? – su voz tembló. – No me besé con él.
− ¿Y te gustaría? – le tocó la boca con su dedo pulgar, sintiendo en ellos el temblor de sus labios. – Responde.
− ¿Si me gustaría… besarlo? – tartamudeo extasiada y temblando de anticipación. – No.
− ¿Y a mí?
Con la mano libre, Sasuke agarró su cintura y le dio un leve cariño a su vientre plano. El vestido de Sakura, era tentador y malditamente agradable al tacto, aunque sabía que la piel de la chica era un millón de veces mejor. Ya lo había comprobado el día anterior cuando recorrió sin inhibiciones cada una de sus curvas.
El tacto del pequeño seno de Sakura, envuelto en sus manos era algo tan glorioso, que en cuanto llego a su casa, no pudo evitar rememorarlo y autosatisfacerse como un crio. Impresionado por su infantil actuación, prefirió olvidarlo y pensar en el cuerpo de Sakura como el de cualquier compañera de trabajo… de más está decir que le fue imposible.
− Ya te he besado. – susurró, dándole de lleno con su aliento al rostro de Sasuke.
− ¿Y te gusta? – Sakura se mordió el labio y por consecuencia, remojó con su lengua el pulgar de Sasuke, enloqueciéndolo.
− Yo… yo… − no supo que decir y Sasuke tampoco espero.
Se lanzó a su boca como un hambriento famélico a comida solida. Como un perdido en el desierto frente al oasis. Como un hombre desesperado a una mujer dispuesta.
Rozó levemente la boca de Sakura, instándola a que participara. La pelirosa poso una de sus manos en el hombro del pelinegro y se puso de puntillas para acercarse. Sasuke envolvió por completo con su brazo, la cintura de la chica y la apegó a su cuerpo. Cada una de las curvas de Sakura, se complementaron a las suyas, enloqueciéndolo.
La chica impaciente por ese ritmo lento y desquiciante, agarró las mejillas de Sasuke, ásperas por la leve barba que comenzaba a crecer, y abrió su boca, invitándolo a recorrerla. El pelinegro no necesito más y adentró su lengua en la húmeda cavidad, sacándole un gemido involuntario. Las manos de Sasuke se unieron en su espalda baja, para luego subir una y apoyarla en su nuca, sosteniendo así su cabeza y moviéndola a su antojo. Sus lenguas peleaban una batalla sin tregua, y los ojos cerrados, solo acrecentaban aun más el resto de los sentidos, atrapándolos en una maraña de sensaciones y emociones.
Sasuke mordió su labio inferior y volvió a profundizar el beso, mientras Sakura se dejaba guiar, aprendiendo de esa boca exigente, que daba de la misma forma que pedía. El pelinegro bajo las manos, llegando a sus caderas, para luego bajar otro poco y tocar sus muslos. No era la primera vez que lo hacía. Por la película ya lo habían hecho en variadas ocasiones, pero ésta vez no tenían más gente mirándolos, ni tampoco tenían que contenerse, algo que hacía más excitante cada roce. Sasuke la levantó por las piernas, obligándola a engancharlas en su cintura, caminado con ella a tientas, apretándola contra la pared, para luego soltarle la boca e ir a recorrer su cuello.
Sakura gimió sorprendida por cada una de las descargas eléctricas que remecían su cuerpo. Sentía un calor abrasador en el centro de su vientre, que bajaba hasta el vértice entre sus piernas. No sabía que era lo que la estaba trastornando, pero sí sabía lo que quería, lo que el instinto le pedía y era a Sasuke sobre ella, dentro de su cuerpo.
La imagen mental que se creo, la hizo frenarse, pero los besos de Sasuke que repartía en su cuello y clavícula, la volvieron a enloquecer, haciéndole olvidar su crianza, sus creencias, su recato. Solo quería sentir como su cuerpo era bebido por él. Recorrido por esas manos grandes y se imaginaba envuelta con él apretándola.
Sasuke acarició una de sus nalgas y gimió contra su cuello, desesperado. Como un animal herido. Sakura no se dio cuenta en que momento la chaqueta del pelinegro había salido volando, ni como uno de los tirantes de su vestido estaba bajado, revelando la parte superior de su pecho. Sasuke había marcado sus dientes ahí y al parecer quería seguir, pero el sonido de algo vibrando contra el suelo, los saco de su apasionado momento.
− Maldito celular. – Sasuke la bajó lentamente y caminó hasta su chaqueta para putear al imbécil que osaba interrumpirlo. − ¿Qué?
− Tenemos un problema. – lo que le faltaba. Justo ahora que había dejado sus reproches mentales y exquisitos modales, dando rienda suelta a lo que quería, tenían que interrumpirlo. Miró a Sakura acomodarse la ropa y mirarlo enrojecida, acalorada y sorprendida. La realidad le cayó de golpe y comenzó a arrepentirse. Sasuke alzó una mano calmándola. Apenas terminara de hablar, la tranquilizaría y se echaría la culpa de todo.
− Habla, Itachi. – exigió sin sutileza.
− Shikamaru se acaba de trenzar a golpes. − ¿Coletitas? Eso era imposible. Shikamaru no era agresivo ni irracional. – Con Gaara.
− ¿Temari? – desde el otro lado le afirmaron. – Voy para allá.
− ¿Dónde estás?
Entre las piernas de Sakura, estuvo tentando a decir, pero prefirió cortar.
− ¿Paso algo? – Sasuke metió una de sus manos entre el cabello y tomo su chaqueta del suelo. – Sasuke. –llamó.
− Tengo que llevarme a Shikamaru. – le respondió. – Lamento lo que acaba de pasar.
− ¿Qué? – preguntó sin aire. Ella no lo lamentaba; se encontraba en el séptimo cielo, pero al parecer para él había sido un momento de enajenación. – Ok.
− Sakura, hablaremos de esto. – le dijo, intentando tranquilizarla. – Ahora debo irme.
− Cobarde. – masculló. – Eres un maldito cobarde. Ni siquiera me miras a la cara.
− Sabes que esto no debía haber pasado. – El corazón de la pelirosa se partió dentro de su pecho, pero con altivez, levantó la cabeza, le dio una sonrisa y salió del cuarto.
Sasuke se golpeo la frente. Eso no era lo que quería decir, pero el maldito alcohol aflojaba su lengua – y sus manos −, volviéndolo otra persona.
Bajo corriendo, buscando con desesperación a la chica, pero no la pilló. Lo único que vio fue a Naruto agarrando a Shikamaru, a Gaara agarrándose la nariz, siendo sostenido por su hermano y uno de sus amigos y a Itachi tomándose la cabeza.
− Hasta que llegas. – le dijo Itachi. – Tenemos que sacarlo de acá. No me di cuenta y Shikamaru se tomó la mitad del alcohol que hay en éste lugar.
− ¿Por qué se puso a pelear? – Con la ayuda de Naruto, sacó a coletitas del lugar y se encaminó a su carro.
− Porque Gaara le dijo que se alegraba de que su hermana lo hubiese terminado. – la quijada de Shikamaru crujió y quiso volver a la casa, para terminar la pelea, pero Naruto y Sasuke a trompicones lo metieron al auto. − ¿Tienes chofer?
− Iba a beber, así que me previne. – le respondió. –Me llevo a Shika ¿tú te quedas?
− Dame unos minutos para despedirme de Hinata. – Sasuke alzó las cejas. – No te imaginas lo que sucedió.
− Te dieron calabazas. – elucubró molestándolo.
− Teme… Con Hinata estamos en vías de concretar algo. – Sasuke asintió con alegría por su amigo.
− Hasta que aterrizas. – Naruto se sobó la cabeza sonrojado. –Anda, ve a despedirte.
− Sasuke, tienes pintalabios en el mentón y en tu cuello. – El pelinegro llevó sus manos a los lugares y abrió los ojos como platos. Sakura también lo había marcado.
− Debo haber chocado con alguna chica. – respondió con tranquilidad, intentando calmar a la bestia interior que le gritaba con desesperación que volviera donde Sakura. – Nada importante.
− Tienes una cara de haberte comido un gran pastel. – Maldito Naruto y sus frases estúpidas... aunque pensándolo bien, si se había zampado un gran pastel. El más rico del que tuviera memoria. Meneó la cabeza.
− Camina o te dejo botado. – le advirtió, odiándolo por hacerlo dudar.
Vio a Naruto subir las escalinatas, rebosante de felicidad y en cierta forma lo envidió. Él también quería devolverse para darle los últimos besos a una guapa pelirosa y luego salir pisando nubes, con corazones por ojos, pero las cosas no eran tan simples y él no era una romántico empedernido que viera amor en todas partes. Era lógico y analizando la situación, sabía de sobra que la había cagado.
No podía ir por el mundo, dejándose guiar por los celos, para luego terminar desestresandose con Sakura, apretándola contra una pared, recorriendo su cuerpo, besándola por completo y mordiéndola como un perro marcando su territorio. No era la forma, él no se comportaba tan cavernícolamente, pero ahí estaba, con el peso de su conciencia pesándole y el inconfundible sentimiento de que había sobrepasado varios limites.
Se metió al auto, intentando así enfriar su cabeza, pero los ojos analíticos de Shikamaru lo estudiaron.
− Sakura tenía ese color de pintalabios. – Sasuke chasqueo la lengua.
− Habían muchas mujeres. No necesariamente tiene que ser ella. – le respondió, odiándolo por ser tan perceptivo.
− Se te nota en la cara, Sasuke. – el pelinegro apretó el entrecejo. No le gustaba la idea de verse descubierto. – La chica te gusta y te perdiste con ella por varios minutos.
− Que tú aprovechaste para emborracharte y pelear. – Shikamaru se alzó de hombros, sin importarle nada.
− Desde hace tiempo le tenía ganas a ese estúpido. − ¿Era el Nara que él conocía? Shikamaru jamás había sido rencoroso, ni actuaba tan ligeramente.
− Cálmate. – le dijo.
− Sasuke, Sakura es linda. – parece que el alcohol convertía a todo el mundo, sacando sus verdaderas personalidades. – Y es una niña.
− Otro más. – masculló al aire. – Ya lo sé. No necesito un parlante en mi oreja que me lo repita cada cinco segundos.
− Pero que sea una niña, no la salva de los sentimientos. − ¿Consulta con Shikamaru Nara? Ahora a todo el mundo le daba por el psicoanálisis y las frases motivadoras. – Si te gusta, lucha.
− Por favor, la conozco hace menos de un mes. Es imposible que me guste. – El coletitas soltó una risa amarga.
− Se necesitan cinco minutos para saber quién marcará tu vida. – Sasuke se cuadro de hombros. No quería más consejos de nadie.
− Deja de beber. Te vuelves latoso.
− Y tú deja de fingir que no te importa. Todos nos damos cuenta. – palmeó su brazo. – Es una putada que te guste una menor de edad.
− Sí, lo es. – fulminó con la mirada a Shikamaru. – Pero eso le sucede a Naruto, no a mí.
− Naruto está enamorado. Su relación con Hinata es romántica. – Shikamaru soltó un eructó. – Perdón.
− Ya.
− Sakura y tú son explosivos. – La próxima vez, le escondería todas las botellas de alcohol al Nara. Se ponía imposible.
− Ya. – volvió a repetir.
− Ustedes tendrán una relación que marcará un antes y un después. – ¿También veía el futuro? Sasuke se apoyo en el respaldar del auto, mirando al chofer que fingía no escuchar. – Sasuke, tendrás un amor que jamás olvidarás. – sentenció.
− ¡Wow, por fin volví! – llegó chillando Naruto. − ¿Me dieron el asiento de adelante? Que son tiernos.
Por primera vez en su vida, Sasuke agradecía la llegada del rubio hiperactivo. Le estaba salvando de una retahíla llena de supuestos subjetivos y revoltijos mentales, porque luego de esa noche, si que tendría pensamientos con la pelirosa y de toda índole.
− ¿Tienes novia, Naruto? – preguntó Shika, a punto de dormirse.
− No, chicos. Ésta vez, he encontrado a mi pareja.
13.
Sasuke llegó a su casa y se echó sobre la cama, abrazando la almohada y anclando un pie en el suelo para parar el vaivén que estaba sufriendo por culpa del alcohol – o Sakura −. Suspiró con cansancio y extrañeza. Sus labios picaban y su lengua todavía tenía el sabor de la pelirosa danzando sobre ella. Recordar cómo se habían besado, lo encendía como no le había sucedido desde que era adolescente.
Levantó la cabeza para mirar el reloj. Las cuatro de la mañana, una hora más que prudente para echarse a dormir, sin tener que cambiarse de ropa. Ya por la mañana tendría el tiempo de bañarse y ponerse relativamente decente para enfrentar el día.
El pelinegro volvió a recordar a Sakura y todas las emociones que le traía estar cerca de ella: El corazón le latía desbocado con solo olerla, sus manos picaban con desesperación y su pecho se llenaba de burbujas que se reventaban cada vez que ella le sonreía. Era capaz de ponerse a babear cuando estaba a su lado, pareciendo un idiota.
− Maldita niñata. – escupió al aire, esperando que así, todo lo que comenzaba a sentir, se evaporara, pero no. Ya estaba hasta el cuello con el tema.
El mundo le gritaba que se alejara; la gente se creía con la potestad de venir a darle consejos y advertirle sobre los peligros de mantener esa cercanía con ella. En un principio lo intentó, buscando en otros lados lo que ella no podía brindarle, tapando con tierra sus sentimientos y corriendo a los brazos de cualquier cuerpo caliente dispuesto a ser usado para satisfacerlo. Sin embargo, su gran plan no había dado frutos. La miraba desde lejos, observaba cada uno de sus pasos y parecía un maniaco voyerista.
Sí, Sakura era una maldita niñata y no porqué fuese mala persona, sino porque no estaba al tanto de todo lo que generaba a su alrededor. Esa forma de ser tan simple, tan llenadora, tan risueña, llena de vida, de salud, de belleza. Sasuke quería consumir todo eso, apoderarse de todo lo que entregara y encerrarla para él, pero no podía ser injusto. A pesar de querer gritar cada vez que alguien se le acercaba, prefería alejarse y contemplar la situación desde la distancia. Ella merecía tener todas las experiencias que una adolescente de su edad tendría. El no era nadie para cortarle las alas y obligarla a seguir su ritmo.
Sus necesidades eran muy distintas a las de ella. Si Sasuke quería una cena tranquilo, bebiendo vino, Sakura querría ir a la disco y bailar hasta no sentir las piernas. Si Sasuke quería conversar algo serio, ella saldría con cualquier impertinencia y quitaría todo el ambiente de madurez. Si Sasuke buscaba una compañera de vida, ella solo querría un hombre para aprender. Si Sasuke le pedía sexo, ella le daría excusas.
Azotó la cabeza contra su almohada e intento dormirse para no pensar en ella, ni en lo que habían hecho. Y lo logró. Sin darse cuenta estaba durmiendo a pie suelto y abarcando toda la cama, pero no duro mucho. Tres horas más tardes, el sonido incesante de su celular lo despertó. No era una llamada, tampoco un mensaje de texto. Eran whatsapp's.
Sasuke, aunque seas idiota
Aunque seas desagradable
Aunque te propases
Aunque te arrepientas
No me importa
¿Sabes por qué?
Porque a mí me gusto
Mucho-Mucho
Y me gustaría
...
...
Repetirlo.
Sasuke no creyó lo que leía. Eso era más de lo que podía soportar. El quería ser santo, pero con aquella respuesta, la tarea se volvía imposible.
Así que con manos tambaleantes, tomo el celular y escribió su respuesta.
Te concedo el deseo, Sakura
Desde ahora en adelante, tu boquita es mía.
Por fin!, me aparezco por acá, con la cabeza gacha y caminando de rodillas para pedir disculpas. No hay excusa que valga y tampoco inventaré una historia triste, porque no existe. Solo estaba desmotivada por razones variadas y las palabras no fluían, pero sin darme cuenta, estos últimos cuatro días no he parado de escribir. Vinieron a enlazarse todas las ideas que tenía garabateadas en mi libretita y logré articular el capítulo. Es más, mis pequeñxs saltamontes, el capítulo era aún más largo, no quería terminarlo hasta llegar a cierto punto, pero me di cuenta que iba a perder un poco de la magia y lo corté, aunque me quede con parte del capítulo 11 avanzado. 8 páginas no es poco, así que intentaré traerlo antes de que termine mayo (no prometo nada)
Llevo horas editando el cap y recién a las 01:40 de la madrugada, hora chilena, pude terminar. No saben la satisfacción que me da... estoy agotada mentalmente, luego de tantas hojas y tantas correcciones cualquier cabeza colapsa, pero hice mi mayor esfuerzo, así que valórenme eso, mis bellezas.
Yo quede fascinada con el final, incluso me sorprendo de lo que escribo, no se imaginan xDDD.
He trabajado arduamente en esto y ojala puedan dejar un review para ver en que puedo mejorar, que les parece y que opinan sobre cada cosa que leen. Intento traerles algo bien preparado para distraerlos si tienen alguna dificultad. La lectura y escritura sanan...
Ya, sin darles más la lata y prometiendo que mañana durante el día contestaré los reviews de las personas con cuenta, me despido.
Un abrazo enorme, gracias por el apoyo y por esperarme.
Un pedacito de mi para ustedes. Se me cuidan y nos leemos prontamente !
LilyLoop
Pd1: He escuchado como tres discos completos mientras escribía y editaba.
Pd2: El próximo capítulo quizás sea más corto, pero lo dudo. Cuando me pongo a escribir, todo comienza a surgir de forma natural.
Pd3: ODIO A SASUKE ¿cómo deja a su pequeña por tantos años? Además, esa duda que dejo boteando Kishi sobre si Saku es la verdadera madre... viejo malo.
Pd4: Las canciones que puse, pueden escucharlas mientras leen, aunque es una simple sugerencia.
Pd5: También pueden contarme sobre las canciones que escuchan ustedes mientras leen los capítulos.
Pd6: Estoy haciendo un tumblr para dejar adelantos, avisos y subir contenido de Naruto. Apenas lo tenga listo, lo pondré en mi perfil.
Pd7: Dejen review, ellos me motivan como no se imaginan.
Pd8: No doy más la lata con posdatas y me iré a dormir porque me levanto en algunas horitas u.u
Pd9: BESOS !
Respuesta a los review sin cuenta. Busque la suya.
Juli: Y éste capítulo iba para más largo, pero lo paré xD. Gracias por escribir en la historia y ojala te siga gustando. Besazos, July!
Rachel: Este capítulo me costó aun más hacerlo, así que debes odiarme :( Ojala también haya valido la pena y cuando termines de leer, vengas a decirme lo que te gustó, lo que no y lo que se puede mejorar (trabajamos para satisfacer sus necesidades xD)
Sasuke es un tanto extraño, pero fiel a su línea. Hace lo que quiere, cuando quiere y ocupa todo lo que tiene a mano para conseguirlo. Es un genio y perfecto.
La selfie fue una tontería que se me ocurrió al final. Tengo que apegarme a los tiempos actuales, mujer, así que debo llegar con cosas relacionadas a nuestra vida diaria.
Seguiré escribiendo (como corté el capítulo, quede con ocho páginas listas para el próximo *-*) y gracias por ser paciente. A veces la carga emocional de saber que hay gente esperando, te bloquea un poco, pero intentaré no fallarles.
Espero leerte en el nuevo capítulo (con cuenta, por favor) Besitos, Rachel.
Allisson: Espero que no me odies por haberme demorado tanto (estoy dispuesta a recibir tomatazos xD) Un abrazo bien apretado, belleza y ojala leerte en este nuevo capítulo que es más largo que el anterior. Besotes, Allisson.
Guest (1): Que genial que te haya encantado. Trabajo harto en hacer lo mejor que puedo y aun así no me siento satisfecha (me exijo un montón). Sí, saqué varios cliches e intenté buscar información sobre parejas famosas y como era su vida. Una de mis grandes inspiraciones fue la de Ian con Nina, pero ya sabemos en que acabó (no me gustan las series adolescentes, pero leyendo portales de noticia, conocí su historia. Me pareció magnifica y me puse a escribir el fic)
Ohhh, saber que te gusta cada uno de los personajes hace valer todas las horas que paso escribiendo. Es sentir recompensado mi trabajo. Fijarme solo en una pareja se me hace repetitivo. Lo emocionante es conocer cada una de las historias, ver como se entrelazan y los problemas que surgen de cada unas por sus personalidades.
Tranqui, no me pareces tediosa. Me encanta leer reviews largos y donde me halagan (mi parte egocéntrica ama esta atención xDDD)
Compatriota! Ohhh, chucha, la wea weón xDDD La raja. Podré hablarte con modismos y me cacharás de una hahahahaha. Saludos, bonita y ojala comentes con cuenta la próxima vez para repsonderte por privado.
Besotooooos!
Azul Uchiha: Primero que todo te exijo que te hagas cuenta! O te juro que me tiro a huelga xDD.
Hola, guapura. Gracias por lo de gran escritora. Creo que todavía me falta mucho para ser mejor, pero trabajo en lograrlo.
Neji tendrá su momento donde pagará cada una de sus tonterías. Todo cae por su propio peso ¿no?
Itachi es mayor que Sasuke, pero más atarantado. Tiene una personalidad infantil y por lo mismo, comete tantos errores. Ya viste lo que paso con Inó… todo mal ahí xD.
Naruto terminó por enamorar en éste capítulo. Se comporto perfecto y creo que quiero uno envuelto en papel de regalo para mi próximo cumpleaños :3
Hinata una chica hermosa, nada más diré sobre ella. De a poco se irá revelando más sobre su forma de ser y actuar.
Mebuki será un gran problema… (no spoiler)
Mira, no sabía sobre esa relación. Me puse a investigar cuando leí tu review y me sorprendió. Al parecer terminaron, pero cuando escuché una entrevista de ella, se notaba enamorada. En fin, nada es para siempre. Y Sasuke es frío, pero con cierta pelirosa no lo es tanto (lalala)
La verdad es que no veo a Sakura embarazada por el momento. Todo tiene su tiempo, así que tranqui ;)
El tema de la protección es re importante. Lo puse en el fic, porque hay muchas chicas menores de edad que leen las historias y nunca está de más dejarles ver que la sexualidad se puede disfrutar siempre que seas responsable. Además, es como resarcir a mi consciencia por pervertir a tantas nenas xDDDD. Debajo de cada escena sexual pondré "No lo hagan en casa sin supervisión de un adulto" hahahahaha.
Síp, estoy excelente. Solo soportando mi maldita enfermedad, pero eso está siendo controlado. El volcán está bastante alejado de mi y el otro que erupcionó (¡?) también, aunque llegaron parte de las cenizas a la capital (donde vivo), así que el aire está un poco más cochino de lo normal. Santiago=Smog.
Mi trabajo se acabó y por lo mismo andaba tan desmotivada. Esta semana avancé como 40 páginas sin darme cuenta. Mis dedos se irán a huelga a este ritmo xD
Un honor que me pongas de las primeras como autora favorita. Me derretiré de emoción *-*
Te daré alegría este lunes (todos odian los lunes, yo te lo alegraré, espero)
Un besote enorme, cariño. Espero leerte en el nuevo capítulo (ojala con cuenta) y muchos abrazos de osos para ti. Amo los panda, igual que los narvales y las orcas asesinas… en realidad me gustan todos los animales, pero sobretodo los osos pandas xDDDDDDDDDDD
Nos leemos, Azul!
Guest (2): Una vez lo dije y lo vuelvo a repetir: No dejaré el fic abandonado. Me puedo demorar, pero seguiré acá, así que tranqui por eso y toma unos pañuelitos para que te seques las lágrimas. Espero leerte en el nuevo capítulo. Besos, belleza
Guest (3): Fic actualizado. Ojala hayas disfrutado de la lectura. Un abrazo!
Fucking Promises: Cariño, siempre contesto los review y si alguno se me olvida, me lo tienen que hacer saber. La cabeza se cansa un poco a veces luego de terminar capítulos tan largos, así que dame un poquito de chance con eso. Lo otro, no abandonaré el fic, puedo demorarme (escribir más de 50 páginas no es algo fácil), pero no dejaré tirado mi trabajo. Este es mi fic más ambicioso así que tengo muchas expectativas puestas en él.
Tranqui, Joe: no te dejaré a medio camino con la historia, así que disfruta nada más, que yo me preocupo de entretenerte.
Espero leerte en el nuevo cap, con cuenta si pudieses. Un besote enorme
