Disclaimer: Aplicado

73 páginas !


Mi Delito
Capítulo XI
Algo nuevo bajo el sol de enero.

Will you still love me when I'm no longer young and beautiful
Will you still love me when I got nothing but my aching soul
I know you will, I know you will
I know that you will
Will you still love me when I'm no longer beautiful
Lana del Rey: Young and Beautiful

1.

Sakura estaba echada sobre la gran cama de Hinata, esperando a que llegara del baño desesperada por escuchar el notición de la noche. Tenten, sentada a lo indio estaba igual que ella de expectante. Sin embargo, por otro lado, Ino se revolvía incomoda. Algo le molestaba.

― ¡Hasta que sales! – dijo Tenten, levantando los brazos. – Cuenta todo, Hinata. – pidió apenas la vio acomodarse sobre el colchón

― Me regaló esto. – dijo azorada, mostrando la bonita cadena y el lindo dije. – Y me prometió que esperará hasta que tuviera 18 años para hacer todo más formal.

― ¿Se casaran? – pregunto Sakura impactada.

― ¡No! – negó de inmediato con sus mejillas sonrojadas. – Le contaremos a todo el mundo.

― Me encantan las parejas que parten así, a escondidas. – Tenten puso su cara de soñadora. ― ¿Qué más?

― Me pidió que le diera la posibilidad de estar a su lado. Que él cumpliría todo lo que le pidiera y que nos podíamos besar. – Hinata agachó la cabeza, escondiéndola entre sus rodillas. – Y nos besamos.

― ¡Genial! – gritaron todas, obligando a Hinata a reprenderlas para que guardaran silencio poniendo un dedo en su boca.

Eran las 7 de la mañana y luego de una tediosa tarea de echar a todos, recién podían acostarse a dormir. Su padre seguía reprochándose por haber permitido que esa fiesta se saliera de control.

― Dijo que me enseñará de todo. – Sakura movió las cejas de forma sugerente. – Y sí, eso también.

― ¡Que descarado! – chilló Tenten. – Aunque me agrada que sea sincero. Hombres sinceros ya no quedan.

― Lo fue en todo momento y mientras nos besábamos, nunca se propasó. – Hinata abrazó un cojín y se dejó caer de espaldas completamente enamorada. – Estoy feliz.

― Nosotras también lo estamos por ti. – afirmó Ino, saliendo de su mutismo. – Es bueno saber que a una de nosotras le resulta.

― Sí. – La castaña de chonguitos desarmados se miró las uñas. – Aunque a mí tampoco me fue tan mal. – comenzó a decir con fingida indiferencia.

― ¿Cómo es eso? – preguntó Sakura, sentándose bien para mirar a la pelicastaña y esperando saber detalles de lo que se refería.

― Eso, que no tuve una taaan mala noche. – una media sonrisa y ojos brillantes. – Me besé con Neji.

Hinata se tapó la boca, mientras a Sakura se le desencajaba la mandíbula. Ino sonrió mordiéndose el labio.

― Cuéntalo todo. – exigió la pelirosa.

― Digamos que nos encontramos de mala forma, nos peleamos aún peor, nos dijimos cosas horrendas y yo, en mi afán de protegerlo, lo besé distrayéndolo de lo que sucedía a sus espaldas. – contestó sin mucha claridad, para enojo de las presentes.

― Especifica. – pidió la rubia con ojos inquisidores.

― Mei se estaba enrollando con Kabuto y fui testigo directa de eso. – La rubia hizo una mueca, recordando su desagradable conversación con el hermano mayor de Sasuke. Todavía tenía un sabor amargo en la garganta y no entendía del todo porque. – No quise que él sufriera un corazón roto así que lo tomé del cuello y me lancé a comerle la boca.

― ¿Tú lo besaste? – preguntó de forma incrédula la prima del susodicho. Tenten asintió. – No lo creo…

― Pero él me siguió. – se defendió. – Me apretó fuerte y me levantó del suelo. Fue… Wow. – se tiró aire de forma dramática y Sakura le dio un golpe en el brazo, molestándola. – Fue raro. – confesó.

― Neji es un imbécil. No entiendo porque no te reconoce. – se preguntó Sakura de forma retórica.

― ¿Reconocerte? ¿Por qué? – Hinata frunció el ceño sin comprender. ― ¿De qué hablan? – continuó.

― Sakura, eres una bocaza. – a la pelirosa le dio lo mismo. Sabía que Hinata no correría con el chisme donde Neji, ni tampoco formaría mayor alharaca con el tema. – Cuando tenía 17 años, me acosté con tu primo.

― Más bien perdió su virginidad. – rectificó Sakura, lanzando la verdad de sopetón y la vez ganándose una mirada furibunda de la castaña. Hinata se mostró consternada y gateó donde ella, tomándole las manos.

― ¿Te lastimó? Neji se puede convertir en un energúmeno de repente. – Aseguró entristecida y levemente avergonzada. Tenten negó de inmediato.

― Fue una calentura casual y nos dejamos llevar. – dijo, bajándole el perfil, pero Hinata no le creyó. –Ok, él se lo tomo como que yo fuera cualquier mujer y yo terminé echa bolsa por años. Me costó mucho volver a tener una relación, porque no olvidaba a tu primo.

― Y parece que todavía no lo olvidas del todo. – sugirió Ino con cizaña que solo una buena amiga se puede permitir, mirándose las uñas como quién no quiere la cosa. – Hinata, los hombres son unos cerdos, aunque debo decir que Naruto me parece un buen tipo, de esos que con su forma infantil, te dan una seguridad que ningún macho alfa te podrá dar.

― Necesito entender tanta odiosidad, Ino. – preguntó Tenten, mirándola fijamente y ceñuda. – Con nosotras eres un ángel, pero detestas a toda la raza masculina.

― No la detesto. Confieso que encuentro guapo a Shikamaru y Sasuke también me parece estupendo físicamente, – Sakura asintió, uniéndose a esa declaración. ― Pero no me imagino manteniendo una relación.

― ¿Por qué tan reacia a querer? – siguió Sakura, haciéndose partícipe de las dudas que tenía su amiga Tenten. Quería entender que pasaba por la cabeza de la guapa rubia.

― Hay historias que permanecen mejor guardadas bajo mil llaves y es ahí donde la dejaré. – Nadie quiso seguir preguntando. Si un día ella quisiera contar esa parte de su vida, estarían ahí para apoyarla. Mientras tanto, no la obligarían. – Itachi se acostaba con Mei.

― ¿Cómo lo sabes? – inquirió Hinata incrédula.

― Porque lo escuche. – Su rostro se endureció. – Lo encaré y le dije que eso no se le hacía a un amigo, pero él en todo momento dijo que no sabía, que hay una historia detrás y bla, bla, bla lo típico.― bufó. ― Me parece un descarado.

― No somos nadie para juzgar los errores pasados, Ino. Si él dice que no es como lo crees, algo de razón debe tener ¿no crees? – Ino no quería aceptarlo ni tampoco sopesaba la posibilidad de que hubiera una explicación plausible para dicha situación. Pensando de esa manera, podía seguir manteniendo a Itachi en la categoría de desgraciado al por mayor y así no analizar las razones de la incomodidad que le generaba pensar en la relación que tenía él con la novia de Neji.

― Puede ser, pero no importa. Ya le dije lo que pensaba, él me dijo lo que creía de mí y quedamos en nada. No somos del mismo mundo, así que no importa si me cruzo con él. No me interesa. – Esa fehaciente respuesta dio a entender mucho más de lo que hubiese querido y desmentía categóricamente lo que decía. Sakura sabía que ahí había gato encerrado y que Ino estaba guardando muchas cosas. Era tiempo de comenzar a desentrañar a esa guapa chica y mostrarle que el resentimiento nunca era el mejor consejero. –Igualmente no entiendo tu actitud, Tenten ¿Por qué no dejaste que Neji viera la realidad de mujer que es Mei?

― ¿Para qué? ¿Para lastimarlo? ¿Para esperar que se fije en mí? Prefiero que repare en mi presencia por lo que soy, no por despecho, además, lo hubiese destrozado. – Hinata hizo una mueca. No había forma de excusar la actitud de su primo. – Nadie se merece sufrir, por mucho que se empecine con algo erróneo.

― Era tu oportunidad de tener algo con él. – le hizo ver Sakura con sutileza. – Habla muy bien de ti que hayas preferido su integridad mental, antes que destrozarlo para aprovecharte de la situación, pero también te cierra una fantástica posibilidad.

― No soy una persona calculadora. – argumentó Tenten. – Todo cae por su propio peso y las mentiras de Mei tendrán su pago y la factura vendrá con muchísimos intereses, ténganlo por seguro.

― Eso suena amenazante. – todas rieron. – Pero tienes razón. Esa chica es mala.

― Hinata: es una víbora. Dilo con todas sus letras. – La peliazul se alzó de hombros. Aceptaba lo que decía Ino, pero no lo repetiría. ― ¿Y tú, Sakura? Te vi bien pegadita a Sasori.

― Un pesado, se los aseguro. – respondió con evidente hastío, acomodándose sobre los grandes almohadones.

― ¿Muy desagradable? – inquirió Tenten.

― Se creía la cosa más sensacional del universo. – Luego de esa experiencia con el pelirrojo, dudaba que lo volviera a ver con otros ojos. Pensar que tenía una escena donde se besaban le causaba urticaria. – No le llega ni a la suela a Sasuke.

― ¡Uhh! – el sonido parecido a una ambulancia salió de la boca de Tenten. – Pero es verdad. Sasuke tenía a la mitad de la población femenina del lugar obnubilada. Yo creo que si él les pedía que se pusieran boca abajo para no posar sus pies en el suelo, todas lo harían.

― Es demasiado guapo para su propio bien. – dijo Ino, mirando fijamente a Sakura. – Te alejó de las garras de Sasori cuando se puso a discutir y por lo que escuché por ahí, él le pago al chico para que le tirara los tragos encima.

― ¿De verdad? – pregunto impresionada. – No me extrañaría. Es un neandertal. – aseguró.

― Por eso te perdiste con él. – Hinata no creía que en cosa de una hora, pasaran tantas situaciones con sus amigas. Si Natsuki no se hubiese ido a "dormir" con Kiba, quizás hubiese llegado con un par de momentos más para compartir. – Habla. Se nota a leguas que quieres gritarlo. – le dijo Ino.

― No sé a qué te refieres. – respondió haciéndose la desentendida. Ino gateó por la cama y soltó los primeros botones de la camisa que se había puesto para dormir. ― ¿Qué…? – le apuntó a la marca violácea que tenía en su pecho.

― Suelta toda la verdad, Sakura, o te juro que llamo a Sasuke y le pregunto qué paso. – le exigió Tenten, al borde de un colapso por tanta información. ― ¿Qué ocurrió?

― Se lanzó como enajenado a besarme. No lo pude espantar. – las mejillas brillaban de lo rojas que estaban. Parecía un farolillo.

― ¿Te obligó? – pregunto Hinata, temerosa.

― No. Sasuke no es de someter a la gente. – se sonrojo mucho más. – Nos besamos, nos tocamos, nos marcamos y luego se fue cuando llamó Itachi porque Shikamaru se había agarrado a golpes. Debía llevárselo. – El lugar se tornó completamente silencio y solo faltó el grillo cantando para volver todo más cómico. ― ¿Qué les pasa?

― Podrías aclarar ese punto de tocarse y marcarse, por favor. – pidió Ino, poniendo su oído para escuchar bien. – Creo que me he perdido un poco.

― Bueno, terminamos con la ropa a medio sacar y nos mordimos mutuamente. Una cosa poca. – aseguró Sakura, intentando restarle importancia.

― Y yo que me sentía desatada por darme unos leves besos con Naruto. – dijo Hinata sonrojada, esperando por más detalles.

― ¿Cómo partió todo? – insistió la rubia.

― Empezó a preguntarme porqué tenía el labial corrido, si me había besado con Sasori y si lo quería besar a él. Una cosa llevó a la otra y sin darme cuenta, estaba agarrada con piernas y manos a su cuerpo. – carraspeó, intentado soportar la mirada inquisitiva de todas. – Si da unos besos maravillosos mientras actuamos, ahora puedo asegurar que da unos besos de muerte en la vida real. Todavía siento que me tiemblan las piernas.

― ¡Eres una guarra! Si no llamaba Itachi, a lo mejor estarían teniendo sexo. – Sakura no había pensado en esa posibilidad, pero Tenten no estaba muy alejada de la realidad. Quizás hubiesen estado sobre él haciendo… ― Te lo imaginaste, cochina.

― Y yo soy la cerda. – se mofó la rubia. Sakura les lanzó un cojín a ambas. ― ¿En que quedaron?

― Terminamos peleando, como siempre. No hay nada que hagamos juntos que no termine en discusiones. – se pasó la mano por la cara. – Me dijo que eso no debía haber pasado.

― Típico de hombres. – reclamó la castaña. – Hacen de todo contigo y después les baja toda la moralidad. Son unos desgraciados.

― Menos Naruto. – aclaró Hinata.

― Lo dices ahora, pero hace unas semanas atrás, querías ahorcarlo porque actuaba tontamente. – le recordó Sakura. – En fin, creo que hemos hablado un montón y todas tenemos sueño.

―No quieres seguir contando sobre tu casi―primera vez con el hombre más sensual que pisa la tierra. – bromeó Tenten. – pero te comprendo. Apenas lo hagas con él, tienes que contarnos.

― Eso no va a suceder. – respondió de inmediato. – Sasuke y yo discutimos mucho y es imposible que vuelva a acercarse a mí con intenciones de algo más.

― Saku, no escupas al cielo y duerme. Así tu bocota se cierra un rato. – sugirió Ino sin ninguna sutileza. – Hina, apaga las luces, por favor.

― Sí. Que duerman bien chicas. – dijo la peliazul, acomodándose en su lado de la cama.

Sakura desde el otro sector, vio a Tenten bajarse para acostarse en el colchón que había en el suelo, al igual que Ino.

Sin poder evitarlo, rememoró el momento en que Sasuke había tomado su boca como apropiándose de ella y había recorrido su cuerpo con manos expertas. Una parte de su mente gritaba por lo mismo, pidiendo más, mientras la otra le hacía pensar que todo terminaría en desastre. Y era obvio, Sasuke en todo momento se debatía con su fuero interno y peleaba casi a gritos con lo que sentía. No era un hombre pasional y ella lo llevaba al límite de lo correcto. Por primera vez deseo tener más edad para tranquilizarlo y poder terminar lo que habían empezado. ¡Que tonterías piensas, Sakura!, se gritó. No podía esperar nada del pelinegro. Ese hombre no sabía querer. Aun así, no supo cómo, pero tomó su celular y escribió antes de que la dignidad le gritara que parara y que su orgullo metiera la nariz. Cuando le dio al enviar, cerró los ojos, escondió el celular bajo la almohada y se dispuso a dormir.

Ya por la mañana vería la respuesta.

2.

Sasuke, aunque seas un idiota
Aunque seas desagradable
Aunque te propases
Aunque te arrepientas
No me importa
¿Sabes por qué?
Porque a mí me gustó
Mucho―Mucho
Y me gustaría


Repetirlo

O.O

― Sasuke, ¿es verdad que la próxima semana te vas a Estados Unidos? – El pelinegro caminó con la cabeza gacha, siendo perseguido por un enjambre de personas, que esperaban poder sacarle la mejor cuña.

― Sr Uchiha, se dice que luego de su separación con Fuka, se ha relacionado con varias mujeres ¿Qué dice sobre eso? – Un nuevo micrófono entorpecía su camino.

Sasuke buscó con la mirada al periodista que le hacía esa pregunta. Era un chico, que no debía pasar los 21 años y al parecer comenzaba recién en el mundo del espectáculo.

― No hablaré sobre mi vida. – sentenció y con ayuda de los guardias de seguridad, que protegían la entrada al set, se los pudo sacar de encima. – Gracias. – agradeció a los presentes.

― No hay de qué. – aseguró un hombre, dejándole pasar.

Era un miércoles levemente soleado, pero la sensación térmica estaba bastante más helada. El día anterior había nevado sin cesar y la nieve se estaba derritiendo a sus pies formando charcos de agua que recorrían las calles abajo. Con cuidado, como un lince, salto el pasto escarchado y entro al edificio, donde se estaban grabando nuevas escenas.

Su citación había sido más tarde que el resto. Llevaba días sin ir y todo por estar planeando lo de su viaje, las malditas entrevistas, fotografías, ensayos con la banda, agradecer nominaciones y buscar la ropa adecuada para presentarse en cada gala. El que decía que el trabajo de actor y músico era simple, se equivocaba con creces. Era muy agotador, habiendo días donde se dormía con suerte dos horas y donde cada momento de soledad, ocio o relajo se disfrutaba a concho.

Vio a Sakura grabando con Erika. Estaba en una esquina de la locación, hablando por lo bajo y siendo filmadas de cerca por los camarógrafos. Jiraya estaba pendiente de la escena y cada vez que había un alto, soltaba el aire contenido. La pelirosa no lo decepcionaba.

Cuando acabaron de grabar, Sakura se despidió amablemente de Erika y salió del lugar. En cuanto levantó la cabeza, lo vio de pie con esa pose indulgente y labios comestibles, listos para ser llevados a su cuerpo. Sasuke esbozo una pequeña sonrisa y ella le devolvió una gigantesca, azorada y contenta.

Desde el día que se habían besado en la casa de Hinata, no se veían, pero las conversaciones vía whatsapp y llamadas telefónicas los habían mantenido cerca, reemplazando de esa forma su falta.

Flash Back

Tengo una marca en mi cuello.

Sakura desde el otro lado rió.

Y yo tengo varias partes moradas por tus besos ( )

Fue el turno de Sasuke para celebrar.

¿Jugamos al empate?

Sugirió el pelinegro, con una media sonrisa abarcando su rostro.

No me complica seguir tu ritmo.

Esa chica lo estaba provocando descaradamente.

Sakura, para.

Le rogó, aunque ella no lo sabría jamás y se lo tomaría como una orden, que obviamente desacataría.

Nunca.

Sasuke no supo que responder y por lo mismo, cambió de tema.

¿Muchas grabaciones? ¿Sasori?

Le preguntó cómo quien no quiere la cosa.

Sí, harto trabajo y Sasori se desvive en disculpas.

Apretó los dientes.

No le creas.

Demandó.

Claro que no :)… Sasuke?

Llamó la pelirosa.

Dime.

Unos segundos más tarde.

Te extraño.

Y sí, él se había derretido como adolescente hormonal que es tomado en cuenta por la chica más bella de la escuela, guardando casi como un enamorado el mensaje.

Fin Flash Back

― ¿Cómo estás? – le preguntó al llegar a su lado. Sakura se arreglaba el cabello, intentando esconder su sonrojado rostro.

― Cansada ¿y tú? – Sasuke se alzó de hombros, fascinado por ese color que cubría las mejillas de la chica. Su nariz respingona, también se encontraba de un color rojizo haciendo destacar las pequeñitas pecas que la cubrían, aunque debía ser por el frío.

― Igual que siempre. – La pelirosa mordió su labio. – No lo hagas. Te harás daño. – por inercia llevó su dedo al labio inferior de la pelirosa, pero lo soltó de inmediato.

― Ok, comprendí. – aseguró sonrojada. – Grabaremos juntos. – le recordó.

― Eso es bueno ¿no? – Sasuke disfrutaba viéndola tan nerviosa por su presencia. Era una niña. – Anda, Sakura, tienes que ponerte tu ropa.

― ¿Me estás echando? – preguntó con desconcierto. – Que pesado.

― Sakura, hazme caso. – La pelirosa se volteó bufando y repitiendo que "todos los hombres son iguales" y bla, bla, bla.

― Sasuke, pensé que no llegarías a tiempo. – dijo la recién llegada, lanzándose a sus brazos. ― ¿Vas a grabar?

― A eso vengo. – respondió con obviedad, incomodándola y sutilmente se zafó de su agarre. – Lo siento, ha sido una semana de locos.

― Ya lo imagino. Tantas cosas que tienes que hacer. – sonrió. – Los gajes de ser Sasuke Uchiha.

― Exacto. – respondió el pelinegro, metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón.

Miró por el lugar, agradeciendo el silencio que le estaba brindando Erika y divisó a Sakura lanzándole su mejor mirada de odio. Al parecer, estaba enojada con él… mujeres.

― Es guapísima. – Sasuke no comprendió. – La chica. – se refería a Sakura.

― Sí, es linda. – afirmó el pelinegro, tratando de no ser evidente.

― Creo que no durará mucho tiempo soltera. – Sasuke se encogió de hombros intentando mostrarse indiferente. – Bueno, te dejo para que vayas a cambiarte. – Erika había notado el desinterés del pelinegro, pero se lo atribuyó a su estrés por la cantidad de cosas que tenía que hacer.

― Gracias. – respondió parcamente.

― Por cierto. – dijo la mujer antes de irse. – El fin de semana daré una fiesta. Si quieres ir estás cordialmente invitado.

― Me voy a Estados Unidos el viernes. – Erika hizo un puchero.

― Bueno, no perdía nada con intentarlo. – sonriendo de oreja a oreja, se largó, pensando que en otra ocasión, volvería a insistir.

Sasuke, viéndose liberado de cualquier conversación sin sentido, caminó hasta el camarín de Sakura intentando parecer lejano e indiferente. Cuando vislumbró la soledad en el pasillo y notando que estaba libre para poder hacer lo que quería, se metió en el lugar que ocupaba la pelirosa y cerró la puerta.

― ¿Qué haces acá? – preguntó Sakura, sin dejar de maquillarse frente al espejo y haciendo evidente su molestia.

― Vengo a hablarte de Dios. – bromeó. La pelirosa lo miro con el ceño fruncido ¿De verdad era Sasuke haciendo bromas? Eso sí que era una novedad. – Sabes a lo que vengo, Sa―Ku―Ra. – silabeó, saboreando cada una de las letras de su nombre.

― ¿Me usarás igual que a todas? – le preguntó directamente, sin darse rodeos y esperando una respuesta clara. Con sus manos puestas en la cadera, se veía malditamente sexy a ojos de él. – Así tengo plena libertad de saber a lo que me atengo y juego de la misma manera ¿no te parece?

― A veces me pregunto si en verdad eres una chica de 16 años. – murmuró el pelinegro ofendido. – Tienes una lengua viperina.

― Bueno, a ésta lengua viperina te la estabas comiendo hace algunos días. – le recordó sin reparos. Sasuke no era de los hombres que se sonrojaban ni que se avergonzaban de lo que hacían, pero ese recordatorio tan directo sobre lo que habían hecho, lo descolocó. Más aún, viniendo de una persona tan transparente y sin necesidad de recurrir al doble sentido, como lo era Sakura.

― Y créeme, me la comeré de nuevo… A―H―O―R―A. – afirmó, sin darle espacio a la pelirosa de reclamar.

El brazo de Sasuke se envolvió en la cintura de Sakura y sus bocas chocaron con fuerza, frunciéndose en un beso desesperado. La pelirosa aprovechó el impacto para meter sus dedos en el cabello oscuro de Sasuke y girar la cabeza, dándole la posibilidad de profundizar aún más el beso y apegarlo mucho más a ella.

Sasuke sorprendido por su propio actuar y por la libertad de movimientos que le estaba dando Sakura, intentó separarse, pero al hacerlo, notó los ojos cerrados y labios estirados de la pelirosa, sonrojados por sus besos candentes. Esa imagen de Sakura entregada, quedaría grabada en su retina para siempre, haciéndolo casi devoto de ella. La apretó contra su cuerpo y bebió de su boca nuevamente, sometiéndola bajo sus labios y tomando sin piedad lo entregado. Quería tranquilizar a su cuerpo, pero si seguían ese ritmo, le arrebataría más allá que un par de besos.

Con mucha fuerza de voluntad se alejó, sin soltar su cintura.

― ¿Quién te enseñó a besar? – preguntó Sakura de forma jadeante. Sasuke no le respondió. Puso su boca en la frente de la chica y aspiró el aroma de su cabello, dejándose acariciar los hombros y pecho por las manos pequeñas de la pelirosa. – Sasuke, te hice una pregunta.

― Esas cosas no se aprenden, Sakura. – Aclaró. – Se van dando y dependen mucho de la química que tengas con la otra persona.

― ¿Yo beso mal? – Sasuke meneo la cabeza negativamente. Aún seguía pegado a ella y estaba intentando ralentizar su respiración. – Entonces ¿Por qué paraste? – preguntó con voz entrecortada.

― Porque saldremos con los labios muy rojos a grabar y se notará de inmediato lo que estábamos haciendo. – sus ojos oscuros bajaron para encontrarse con los jades de la chica. – Además debo irme a cambiar de ropa.

― No. – rezongó como niña pequeña. – Quédate acá.

― Ya y esperamos a que llegué Jiraya a gritarnos ¿te parece? –Sakura rió bajito. – Me gusta escucharte.

― ¿Por qué no habías venido? – Sasuke la soltó lentamente, para que volviera a maquillarse, dándole el espacio suficiente, pero sin alejarse del todo. – Esto es aburrido sin ti, reptiliano.

Sakura se agachó frente al espejo, mostrando de lleno su trasero respingón. Sasuke miró hacia otro lado intentando despejar su mente, para luego sentarse en un taburete giratorio.

― Porque tengo varias cosas que dejar preparadas, molestia. – Sakura hizo una mueca y le levantó el dedo del medio. – Ordinaria.

― Pesado. – respondió ella.

― Llorona.

― Enojón.

― Risueña.

― Tierno.

― Linda. – Sakura se derritió con eso y corrió a darle un pequeño beso que Sasuke apenas pudo responder, porque lo soltó de inmediato para seguir maquillándose.

― En todo caso, dije tierno porque no se me ocurrió nada más. – le informó como niña pequeña. Entrecerrando los ojos y poniendo una carita de gato, prosiguió: ―Ambos sabemos que no lo eres.

― Y tú tampoco eres linda. Lo dije para salir del paso. – bromeó.

Con su gran habilidad, esquivó a duras penas el rímel volador.

― Soy hermosa, Uchiha. – dijo ella, dando por zanjada la discusión. – Ve a cambiarte. Quiero terminar rápido ésta grabación y luego olvidarme por completo del trabajo.

― ¿Saldrás a algún lado? – Sakura alzó ambas cejas, incrédula.

― Debes estar bromeando ¿verdad? – el pelinegro no comprendió del todo.

― Eeh… no – Sasuke pensó que las mujeres debían venir con un manual que indicara las respuestas de esas preguntas tan extrañas.

Si una mujer te dice "haz lo que quieras", ni se te ocurra moverte. Es una declaración de que quedará la grande si haces lo que quieres.

¿Dónde quedaba la literalidad, por Dios? ¿Cuál era el afán de complicar por placer las cosas?

― ¿Cómo saldré, tonto? La gente ya me reconoce, se lanzan sobre mí y me atosigan. – se tiró el cabello hacía atrás, fingiendo superioridad. – La fama ha tocado mi puerta y mi belleza los tiene enloquecidos.

― Pensé que no te gustaba. – Sakura enroló los ojos bufando y volviendo a lo suyo.

― Eres imposible. – le aseguró, dejando caer sus hombros y pensando que Sasuke no sabía jugar o no entendía sus intentos de juegos.

― Como sea. – se acercó a ella y le dio un leve beso en la nariz. – Nos vemos en el set, molestia.

― Ok, reptiliano. – Sasuke salió del camarín sintiéndose rebosante de tranquilidad y alegría como nunca, pero esa sensación terminó en menos de tres segundos.

Jiraya lo miraba con sorpresa y confusión. Al parecer, lo había visto salir del camarín de la pelirosa y por la pose en la que estaba, esperaba una respuesta decente que explicara dicha situación.

― Sasuke, que alegría verte. – El pelinegro no quiso ahondar si el saludo era cinismo puro o cinismo mordaz. Jiraya sonreía con los ojos, disfrutando del gesto contrariado de su actor predilecto. – ¿Cómo te ha ido?

― Al grano. – le pidió bruscamente. El peliblanco se echó hacía atrás, eludiendo como un golpe la respuesta de Sasuke y buscando las palabras adecuadas para tener la respuesta que quería.

― ¿Qué haces saliendo de ahí? – el menor de los Uchiha se cruzó de brazos y alzó ambas cejas. Nadie le venía a pedir explicaciones, menos a él. – Respuesta concretas.

― Le fui a preguntar cómo estaba y a recordarle que tenemos que grabar más tarde. – contestó sin expresión.

― Vaya, que buen compañero eres ¿no? – Sasuke entornó los ojos. – Y dime ¿cómo la encontraste?

― Igual que siempre, Jiraya. – murmuró, comenzando a caminar para meterse a su camarín. ― ¿Quieres saber algo en específico? Ya sé que apostaste con Naruto. El dobe no sirve para guardar secretos.

― Me gustaría ganar esa apuesta, Sasuke, pero no sé si quiero que sea tan pronto. – se acercó a él y le hablo casi al oído. – Recuerda quien eres. Si la prensa se entera, te crucificaran. Eres una figura demasiado pública para tu mala suerte… en éste caso.

― No hicimos nada. – le aseguró el Uchiha, sin separarse ni un centímetro, y demostrando una tranquilidad casi atemorizante.

― Todavía. – acotó el peliblanco.

― Jiraya, corta con esta mierda y deja que vaya a cambiarme. Tengo varias escenas y necesito seguir funcionando hasta pasada la medianoche. – le argumentó, mascullando con cansancio. ― ¿No tienes a quien más ir a joderle la existencia?

― Se te olvida que soy tu jefe. – Sasuke resopló y girándose volvió encaminarse donde se encontraba su camarín.

― Adiós – le dijo a cierta distancia levantando la mano para despedirse y sin voltearse.

Maldito suertudo, pensó Jiraya. Tenía un cuerpazo, era enérgico, cantaba y actuaba bien. Las mujeres caían a sus pies como moscas y al parecer, la inexperiencia de Sakura le estaba jugando una mala pasada, porque ella también había caído ahí. Una parte de su cuerpo se apretó, el estómago se le revolvió y comenzó a imaginarse varios escenarios donde la pelirosa era víctima del pelinegro. Quizás no pintaban para hacer una buena pareja.

― Tranquilízate. – la voz de Kakashi los sobresaltó. – Sasuke es bastante decente y Sakura lo mantendrá a raya. ― ¿Acaso leía la mente?

― No estoy tan seguro. – murmuró el peliblanco. Kakashi rebajó levemente la bufanda que se le había subido casi tapando sus ojos y se acercó a su jefe. – Puede que en un comienzo…

― Déjate guiar por las primeras impresiones. Sakura lo único que tiene de niña es la edad, pero te aseguro que si sabrá dominarlo. – sonrió con los ojos. –Jiraya, prepárate para verlo de rodillas, porque éste imbécil acaba de encontrar a la mujer de su vida. Un suertudo de mierda, mucha gente se pasa su existencia buscando algo parecido.

― ¿Tú crees? – Kakashi se alzó de hombros.

― No veo el futuro, pero si observo a la gente y puedo sacar conclusiones de eso. Una de todas las que he sacado en éste preciso momento, es que Sasuke comenzará a amarla en poco tiempo.

― ¿Y Sakura? ¿Tú crees que lo llegue a querer? – preguntó intrigado.

― Eso sí que no lo sé, pero por lo que veo, no se la pondrá fácil. – Lo jaló del hombro. – Vamos, hay que preparar la escena con Gaara y Sasori.

―No me gusta tu faceta de clarividente. – Kakashi solo rió, ignorándolo. Ya tendría tiempo de explicarle sus métodos y como el cubrir su boca, significaba mucho más allá de lo que se veía.

El que observa, siempre gana.

3.

― ¡Sakura, 3 minutos! – el gritó de Yamato aceleró las cosas y poniendo de los nervios a todos los presentes. La hora se les venía encima y tenían que grabar en ese preciso instante la escena con Sasori, aprovechando que no nevaba y que había un sol que no calentaba brillando en el cielo. ― ¡En 20 minutos no tendremos el clima exacto! – volvió a gritar. Relka, dándole los últimos retoques en su nariz, la dejó partir corriendo, mientras afirmaba su vestido. – Hasta que te presentas, chiquilla.

―Deja de ser tan exagerado, Yamato. – le bromeó la pelirosa, golpeando con cariño su hombro.

― La escena tiene un poco de contenido sexual. Sé que las escenas con Sasuke están algo retrasadas, pero adelantaremos ésta con Sasori. – le informó el hombre, mientras escribía en una hoja. – Hablaron con tu madre y tenemos su autorización para grabar.

― Yamato, relájate. Todo saldrá bien. – el hombre hizo una mueca. No estaba tan seguro de eso y menos ahora que veía entre los presentes al pelinegro, rondando el lugar y mirando todo con prolijidad. ― ¿Estarás en el set?

― No, solo entrará Ino, Tenten, Relka, Jiraya y Kakashi, además de Haku que grabará todo, junto con Gaara y Sasori que actuarán. – Sakura aceptó, afirmando con la cabeza y comenzando a vocalizar para estar lista. – Anda, ve pequeña y da lo mejor de ti.

― Como siempre, capitán. – dijo, comenzando a correr para llegar donde Jiraya. Sasuke estaba parado a su lado, para sorpresa de la pelirosa. – Acá estoy.

― Tenemos pocos minutos. El clima y hora están perfectos para hacer más real la escena en el atardecer. – comenzó a decir el peliblanco. Sasori a su lado, la miró con una sonrisa ladina que se le antojaba desagradable. – Necesito una prueba de compatibilidad. Sé que la íbamos hacer hace días, pero todos estamos preparándonos para las premiaciones y yo también tendré que viajar, así quedarán a cargo de Yamato… Andando chicos, necesito ver un beso entre ustedes. – Jiraya miró de refilón a Sasuke que estaba con una tranquilidad que erizaba los vellos, parado a su lado listo para comenzar a grabar.

Sakura miró al pelinegro, pero éste no esbozo nada, así que prefirió no darle vueltas al asunto y se volvió donde el pelirrojo para tomarlo del cuello y besarlo. Él se dejó y posó con suavidad sus manos en la diminuta cintura de Sakura. La pelirosa abrió la boca con parsimonia, pero fueron interrumpidos por un carraspeo.

― Creo que está bien hasta ahí. – sugirió Sasuke, fulminando las manos de Sasori que seguían alrededor de la pelirosa.

― Sí. – afirmó el director, caminando a la mitad del campo. – Sakura, vendrás desde ese sector.

― Ok. – sonrojada, se puso en posición y esperó que todos lo que sobraban, salieran.

― Sasuke, tienes que salir. – escuchó que le decía Jiraya al pelinegro, pero éste alzó las cejas con incredulidad por lo que oía y se negó sin derecho a réplica. – Haremos la toma en dos momentos. Primero Sakura y Sasori, luego tú con ellos. Cuando sea tu parte, te llamaré…

― Me quedaré, Jiraya. – le informó, ignorando la petición. Itachi que estaba más allá, conversando con Kakashi, notó la tensión en los hombros de Sasuke y caminó donde ellos para intervenir.

― Sasuke, no seas tozudo y vamos. – le dijo el recién llegado tomándolo del brazo, pero el pelinegro ni siquiera se movió.

― Nos estamos retrasando. – les hizo ver, cruzándose de brazos.

― Sakura, ¿te molesta que Sasuke esté acá? – le preguntó Kakashi. La pelirosa sonrojada meneó la cabeza, negando. Tener a Sasuke ahí la tranquilizaba. ― Si a ella no le molesta, no veo inconveniente.

― Itachi, retírate. – le exigió su hermano menor sin ningún ápice de amabilidad.

El pelilargo salió, siendo seguido por los ojos azules de la rubia que estaba ahí presente, boquiabierta y sorprendida por la terquedad que comenzaba a mostrar Sasuke. En ese instante supo que ese tipo de escenas serían recurrentes y que el pelinegro era muy, pero muy territorial.

― En fin, no quiero seguir retrasando esto. Comencemos. – mirando a todos los presentes y viendo que estaba todo en orden, gritó: ― ¡Acción!

Historia de Chiyo
7° escena: Sakura la que salva

Chiyo caminó a paso tambaleante de vuelta al lugar que tenía por pieza. Luego del encuentro que había tenido con el cabecilla de los Ebino, la habían sacado de la celda y le habían brindado un cuarto sin mayores lujos, solo con una cama de colchón duro, pero comparando eso con el suelo húmedo del otro lugar, el cuarto parecía de 5 estrellas.

Suspirando, pasó sus manos por las paredes, intentando sostenerse. Llevaba días sin saber bien que sucedía, o más bien, obligando a su mente a olvidar todo resquicio de lo que estaba pasando. El dolor físico había menguado, pero por dentro estaba destrozada. Hayato no era brusco con ella, ni tampoco hacía cosas para infligirle dolor, sin embargo, la tenía durante muchas horas sometida bajo su peso y después la ignoraba, lanzándose a estar con las mujeres de harem y diciéndole que ella no lo satisfacía como el resto y que su cuerpo de niñita lo cansaba.

Con un dolor lacerante, se dejó caer sobre el camastro y haciéndose bolita, intentó pensar en algo que le trajera alegría. Necesitaba una razón para seguir luchando y no sucumbir frente a él. Había momentos donde pensaba seriamente que la muerte era la única solución, pero dicha opción se veía casi como un privilegio dentro de esa cárcel. Las lágrimas corrieron por sus mejillas y las secó con el dorso de sus manos. Miró sus palmas abiertas y notó una marca violácea en la muñeca: era un mordisco que le había propinado el hombre en una de las tantas sesiones sin descanso que le daba para poder satisfacer su libido.

En su cabeza, el constante juego sicológico la estaba enloqueciendo. Se sentía poca cosa, usada y maltratada. El tiempo solo acrecentaba esas sensaciones y cada una de las veces que tenía que ponerse bajo el cuerpo de Hayato, sentía que perdía un poco más de su inocencia y haciéndolo evidente en sus ojos verdes carentes de luz. A pesar de todo lo malo que era el proceso, había algo que no podía negar: Hayato le daba placer; esa sensación de una bola pesada formándose en su estómago, para luego reventar en millones de parte haciéndole gritar de satisfacción era una constante en sus relaciones sexuales. Él le brindaba orgasmos y cuando supo de lo que se trataban, comprendió esa contradicción que tenía con su cuerpo. La rabia acrecentaba al saber que disfrutaba de lo que él le hacía. Lo único que le dolía era verse usada para que prontamente otro cuerpo caliente ocupara su lugar.

― Levántate. – Chiyo miró al recién llegado que estaba parado en el umbral de su cuarto. Era Isoka, que con sus ojos delineados y la frialdad de su rictus, causaba miedo. – Te di una orden.

― Tú no eres nadie para mandarme. – mascullo con fiereza. – Ni tú, ni ninguno de los que te acompañan me lastimarán.

― Deja la paranoia, idiota. Solo vengo a buscarte, porque Hayato pidió que te lleváramos al campo. – contestó de forma grotesca. – Todavía no comprendo por qué se comporta correctamente contigo, cuando debería tenerte mordiendo polvo.

― ¿Te causa placer ver cómo lastiman? – murmuró impactada. Cada vez que conocía a esos soldados, más asco sentía. – Eres repugnante.

― Acabas de cometer un grave error. – el chico alzó una mano y dirigiéndose hacia ella, la abofeteó con rabia, sacándole un gemido de dolor. – No me insultes, porque yo no dudaré en ponerte en tu lugar.

― Hazlo nuevamente. – le pidió con sus ojos nublados y fríos. Apagados como una vela consumida. – Golpéame si eso te hace feliz. El dolor físico me hace olvidar…

― Eres una dramática. – la tomó con brusquedad de un brazo y la levantó, mirando como sus piernas apenas si la sostenían. ― ¿Qué te ocurre?

― No es de tu incumbencia. – siseo, soltándose del agarre. ― ¿Cuál es la salida?

― Solo para dejarte clara la situación. – dijo el hombre, empujándola por la espalda para hacerla caminar. – Donde vamos, no es el camino de salida que tanto buscas, es más, si escapas por ahí, te encontrarás con un lago profundo y desde el otro lado, te esperarán ninjas sedientos de sangre. La familia de Kai ya sabe que estás acá y están desesperados por darte caza para hacerte pagar, cariño.

― Quizás ellos me hagan el favor y me maten. – la risa sardónica que escuchó en su oído, la enfureció un poco más.

― Verdaderamente eres una llorona, melodramática. – la insultó. ― ¿Qué más dirás? ¿Qué prefieres ser empalada? ¿Qué quieres hacerte un harakiri? ¿Qué cualquier dolor será nada en comparación a lo que sufres ahora?

― Tu aliento es putrefacto. – susurró, ganándose un golpe fuerte en su muslo. Había sido una patada, que la desestabilizó, haciéndole caer de bruces.

― Vuelve a insultarme y no dudaré en enterrarte mi katana en tu cuello. – Chiyo tosió, sorprendida al notar sangre en su mano. Algo le estaba pasando. – Camina, hija de puta.

La chica decidió que era hora de parar con su rebeldía y someterse bajo el trato de Isoka. No quería más golpes, ni recordatorios del poderío que tenía ese clan.

Cuando el viento rozó su rostro, sintió como una nueva fuerza que se encontraba abatida por todo, hubiese nacido con fiereza pidiéndole un último aliento sin dejarse vencer. Ella tenía que salir viva de ese lugar, para dejar a la vista lo terrible que era el mundo de los clanes y contarle al mundo lo que se vivía dentro de ellos.

Suspiró, tomando el mayor aire posible. Olía a otoño y tierra mojada, como el olor de su abuela mientras cocinaba sopas de mariscos. Sus ojos se empaparon de lágrimas que corrieron libres por sus mejillas y la hicieron caer de rodillas entre los inmensos matorrales que la cubrían. Posó sus manos en la tierra y las empuño abarcando el barro, ensuciando sus uñas y mezclándolo con su tristeza.

Un gemido ronco nacido de lo más hondo de su pecho se liberó, alertando a Isoka.

― Déjenme ir. – volvió a pedir, mirando los pies del chico y rogando. – Te lo suplico, déjame ir.

― Levántate. – la tomaron de los brazos, pero fue con sutileza, sin lastimarla. Cuando estuvo de frente, notó que no era Isoka el que la acompañaba, sino que Ryu, con su característico pelo rojo y sus ojos café tirando a plomizos. – Deja de llorar. – le pidió, limpiando una de sus lágrimas con sutileza. – Todo estará bien.

― No lo está. – gimoteo, dejándose tocar por esa mano cálida que reposaba en su mejilla. – Me lastiman.

― El mundo es cruel, Chiyo. – le contestó.

― ¿Por qué yo?

― Estabas en el momento preciso para ser consumida. – dijo de forma metafórica. – Cuando seas libre, te aseguro que todo estará bien y yo tomaré tu mano.

― ¿De qué hablas? – preguntó ceñuda, aunque con los ojos cerrados y dejándose llevar por su melodiosa voz.

― Que no estás sola, Chiyo. – juntó su frente con la de ella. – Nunca estarás sola.

La boca suave del joven, se posó sobre la suya, sorprendiéndola. Chiyo que no había probado otros labios aparte de los de Hayato, se alejó por inercia, aunque su titubeo duró unos segundos. Prontamente pasó sus brazos por el cuello delgado del pelirrojo y abrió sus labios, dándole espacio para que frotara su lengua.

El suspiró le trajo un olor único, el olor del chico: frescura, libertad y juventud. Sasori no podía tener más de 20 años y estaba ahí quien sabe porque, aunque acompañándola con pasión. Las manos del chico bajaron por sus costados y agarraron con firmeza su cadera, enterrando los dedos ahí mismo en un claro gesto de contención. Con suavidad la relajó, para ir acostándose con ella sobre la hierba. Su cuerpo contra el delgado aunque fuerte del chico respondió con velocidad. Por fin se sentía querida y comprendía lo que era un beso con amor y no como venganza.

Ryu subió su mano por el muslo desnudo de la chica y notó que estaba sin bragas para su sorpresa. Chiyo soltó un gemido y se separó de su boca, para ir al cuello del pelirrojo y marcarlo con sus labios. Eso era hacer el amor, estaba segura. No se sentía sucia ni ultrajada, tampoco tenía el repiqueteo constante de su cerebro recordándole que sentir placer era nauseabundo. Ryu no le generaba esa sensación, ni tampoco parecía ser poca cosa para él: la trataba con cariño. Una de las mangas de su vestido, cayó, dejando en evidencia sus pechos y hombros blanquecinos. Ryu fue directo a ellos y los besó con afecto. Chiyo gritó al sentir los dientes del joven en su pezón y cuando estaba expectante esperando por el otro, el exquisito peso fue sacado desde encima y un fuerte sonido la volvió a la realidad.

Hayato estaba sobre Ryu, con sus ojos enrojecidos y los puños manchados con la sangre del joven, que estaba seminconsciente sobre la hierba.

― ¡Para! – chilló, corriendo hacia ellos y jalando a Hayato. – ¡Detente! – le pidió llorando sin control. ― ¡Hayato!

Un golpe que no iba hacía ella, le dio en su rostro desestabilizándola con la boca sangrando.

― ¡Eres como tu madre! – le gritó, limpiando sus manos en la ropa. ― ¡una maldita puta!

― No lo mates. – le pidió aterrorizada, mirándolo desde el suelo. Hayato parecía el verdadero demonio con su cara desfigurada y cegado por la rabia.

― Tápate o juro que te mataré. – siseó, pasando su mano por el rostro. ― ¿Dónde está Isoka?

― No lo sé, pero por favor no lo lastimes. – Hayato apretó la mandíbula y sus dientes crujieron. – Yo provoqué esto.

― ¿Qué buscas? – le preguntó acuclillándose frente a ella y tomándola del cabello. ― ¿Quieres seguir los pasos de Carey y acostarte con todos mis súbditos? ¿Acaso no te basta con tener mi verga y necesitas más? – Hayato la soltó con brusquedad y la dejó en el suelo. – Eres una puta ramera, niñita de mierda. La más grande que he conocido. No ha pasado ni una hora desde que saliste de mi cama y ya te estás encamando con otro.

― Tú… tú me lastimas. – le dijo con voz temblorosa. – Me duele.

― ¿Qué te duele? ¿El corazón? – Chiyo agachó la cabeza arrepentida. Por su culpa, Ryu estaba tirado sobre la tierra a un paso de morir, con su cara completamente desfigurada y una notoria fractura en su nariz. – Te puedo asegurar que luego de esto, de mi boca no saldrá ningún halago. – se volteó a mirar el cuerpo casi inerte de su guardia y le dio una patada en el estómago. – Si piensas que he sido duro, ahora se viene mucho peor para ti. Ninguna mujer me engaña, ¿escuchaste?

― Hayato… ― pidió, ganándose una mirada de censura por parte del hombre. – Déjame curarlo y te prometo que no me acercaré a él.

― Claro que no te acercarás a él. – con una sonrisa tétrica, desfundó su katana. – Ryu es hombre muerto.

― ¡Hayato, no! – Chiyo se atravesó en la trayectoria de la espada y pronto sintió como el filo la penetraba en el vientre.

Una sonrisa se formó en su rostro. La muerte sí era su libertad.

4.

Sasuke tenía su mirada fija en la mano de Sasori y como ésta recorría el muslo desnudo de la pelirosa sin ningún tipo de reparo. Cuando vio que le agarraba un pecho, se encontró tentado a parar todo e ir a empujarlo, pero no era necesario, rápidamente él entraba a escena y lo alejaba del cuerpo menudo de Sakura y dudaba que los golpes que le dieran fueran "actuados". Sería feliz cuando rozara "sin querer" su puto rostro con el puño.

Y así fue, cuando se adentró en su personaje, lo tomó a pecho, jalando con brusquedad al maldito pelirrojo y escupiendo cada una de las palabras que le decía a Sakura. No sabía porque verla bajo las manos de otro, le provocaba tanta rabia.

― ¡Corten! – Sasuke caminó detrás de cámaras, ignorando el llamado de Jiraya. – Muy bien Sasuke, por ahora la escena que grabaste quedará. Sasori, repetiremos la parte con Sakura. Tienes que ser un poco más sutil en los toques. – el andar del pelinegro se detuvo y volvió sobre sus pasos incorporándose a un lado del director.

― ¿Cómo? – preguntó casi sin comprender. No podía repetir esa escena. – Yo creo que salió bien.

― Sasuke, ¿quién es el director? – el pelinegro en un resoplido respondió que él, y prefiriendo ahorrarse la presentación que volverían a dar Sakura y Sasori, se metió en su camarín seguido por Kakashi.

― ¿Puedo entrar? – le preguntó el hombre.

― Ya estás dentro. – murmuró Sasuke, ignorándolo. ― ¿Qué quieres?

― Que te relajes y respires hondo todas las veces que sean necesarias. – el pelinegro enarcó sus cejas. – Ok, no hagas esa mierda.

― Tampoco lo iba a hacer. – aseguró.

― Sasuke, tienes que recordar que eres actor y Sakura ahora también lo es. Piensa que si ella seguirá en esto, habrá millones de escenas donde tendrá que dejarse tocar por muchos tipos, no puedes ponerte celoso por eso. – sugirió como quién no quiere la cosa.

― No me pongo celoso. – la mirada escéptica del maldito pervertido le molestó. – Sakura no es nada mío.

― También te vi salir de su camarín antes de grabar.

― ¿Acaso no puedo llevar una relación de amistad con ella? – preguntó, sacándose la ropa para ponerse cómodo. – Dejen de pensar cosas que no son.

― ¿Te digo algo? Eres el peor mentiroso que he conocido en mi vida. – dijo, dejándose caer sobre el sofá. – Es tan evidente que te gusta, que no puedes evitar guardar tus emociones. Ni siquiera te quedaste mirando la repetición de la escena. Conmigo no necesitas fingir. Te conozco desde que tienes 13 años y entraste en esto como un potrillo atemorizado ¿o no lo recuerdas?

― Al punto. – pidió.

― Si te gusta, tienes todo mi apoyo. La chica es guapa, inteligente y llena de vida. Cualquier hombre quisiera estar con ella. – Sasuke achinó los ojos esperando a que continuara. Ese apoyo desinteresado lo sorprendía gratamente. – Escuché lo que hizo Itachi y me pareció una bajeza, por lo mismo quiero decirte esto: Ignora lo que dicen los demás, pero tampoco te vuelvas estúpido.

― ¿Alguna sugerencia? – Kakashi sonrió sin ser visto. Esa era una forma indirecta en la que Sasuke asumía que algo le pasaba.

― Si ya mantienes algo con ella, déjalo en privado. No es tanto el tema de su edad, sino que su madre es un verdadero grano en el culo ¿no crees? – Sasuke soltó una risotada y se dejó caer a un lado de él. – Acepta las escenas que habrán y mantente a su lado para que se sienta acompañada, porque si no pensará que no te importa.

― Ok. – dijo el pelinegro.

― ¿Te molesta? – preguntó directamente y mucho más inquisitivo.

― No tientes a tu suerte. – dijo por respuesta. – Si acepté tu cháchara, fue por mera cortesía.

― Claro que sí, campeón. Cortesía. – ironizó, levantándose. – Andando, Sakura querrá verte.

― No estoy tan baboso como para ir donde está ella. – Kakashi prefirió no responder, pero sabía que en lo que menos que canta un gallo, el pelinegro estaría donde Sakura.

― Seguro…

5.

Sakura llegó a su camarín escuchando la conversación que estaban teniendo Tenten e Ino.

― ¿Lo viste como salió? Fue impactante. Estaba verde de los celos. – Sakura enroló los ojos. – Yo creo que en cualquier momento aparece por acá, con un pedazo de tronco en su mano y gritando: "Yo tocar Sakura, nadie más tocar" – Ino y la pelirosa se pusieron a reír escuchando la estupidez de la castaña.

― Estás loca. – le dijo Ino, pasándole una botella con agua a la pelirosa y sentándose en un taburete, acompañada por Tenten. ― ¿Cómo estuvo Sasori?

― Sigo pensando que tiene aspas en vez de manos. – respondió la chica, sacándose el maquillaje con toallitas especiales para su piel. – Me tocó como si no hubiese nadie cerca.

― Y Sasuke se molestó por eso. – dijo Tenten. – Tú no lo viste, pero miraba fijamente las manos de Sasori y yo creo que mentalmente lo debe haber matado. Salió del lugar cuando les tocó repetir.

― Yo creo que eso fue una broma de Jiraya. – elucubró la rubia. – Quizás quería molestar al Uchiha.

― Lo dudo, él siempre ha salvaguardado mi cuerpo y pide que las escenas de esta índole se graben con rapidez. – La chica le dio un largo sorbo a la botella y continuó hablando: ― Sasuke es más sutil, pero me deja, ya saben, de otra forma… ― confesó sonrojada.

― Noté tu reticencia. Cuando te metió la lengua, por poco vomitas. – la pelirosa asintió. – Sasori igual está bastante bueno. Yo no desaprovecharía una oportunidad así.

― Eres una calenturienta. – Tenten abrió la boca ofendida, mirando a la rubia con estupor. – Sasori está guapísimo, pero no sé si me gustaría encamarme con él.

― Créanme, lo que menos imagino es a Sasori en mi cama. – afirmó, volviendo a la tarea de sacarse el maquillaje. – Lo bueno es que avanzamos harto y ya pronto tendré unas seudo vacaciones…

― Que obviamente usarás para estudiar, ¿verdad? – La pelirosa bufó molesta con su amiga rubia. – Te aseguro que lo harás, porque extrañarás demasiado a Sasuke y tendrás que llenar esos momentos.

― Hoy, cuando llegó vino para acá y nos volvimos a besar, aunque no fue tan pasional como el otro día. – Tenten e Ino se miraron con emoción. – Creo que sí le gusto.

― ¿Crees? – Tenten meneó la cabeza con cansancio. ― ¡Le encantas, bruta! No fue indiferente a lo que grabaron hoy y será un verdadero reto mantener a esa bestia que pulula en su interior controlada para que no se desate por los celos. – Sakura se alzó de hombros.

― Considero que debe tener la madurez suficiente para saber que esto es un trabajo y debemos tomarlo como tal. – Ino asintió. – Además, él sabe mucho de esto y conoce que las actuaciones quedan ahí mismo, como meras actuaciones. No podría hacerme un escándalo cuando ambos trabajamos en el área.

― No estaría tan segura de eso último. – dijo Tenten algo temerosa. – Sasuke es alguien frío, pero se nota desde lejos que odia ver como tocan algo suyo y por lo que hoy noté, él te considera dentro de su manada.

― Como sea, tendré que preguntarle qué le pasa con este tipo de cosas y aclarar los puntos. No quiero conflictos, menos el último día del año. Como dicen por ahí…

― Último día, nadie se enoja. – dijeron a unísono sonriendo felices.

― ¿Vamos a salir? – Ino hizo una mueca.

― Estoy obligada a pasarlo con mis padres. – respondió.

― Yo la pasaré con mamá, supongo. – acotó Sakura.

― Bueno, como todos los años, me tocará comer en la casa de Tsubasa. – dijo alzándose de hombros.

― ¿Tu familia, Tenten? – preguntó sin ningún tipo de sutileza la pelirosa.

― ¡Sakura! – le reprendió Ino.

― Ok, me pase, sino quieres responder…

― Tengo solo a mi padre vivo y él no me considera algo así como su hija. – una sonrisa triste asomó en los labios de la castaña. – Dice que no podré vivir de lo que estudié y que cuando llegue arrastrándome a sus pies pidiendo mantención, él me echará a patadas.

― Disculpa que diga esto, pero es un completo imbécil. – Tenten le restó importancia haciendo un gesto con la mano.

― Me siento feliz de estar rodeada de otras personas que si me quieren y me apoyan. – contestó. – Además, tengo a mi madre desde el cielo cuidándome, así que no necesito nada más.

― Eres una gran mujer, Tenten. – Sakura la abrazó con fuerza. – Si quieres, puedes pasar a mi casa a comer. Mamá hace unas comidas divinas y mi abuela… Chiyo, prepara los mejores postres.

― ¿Chiyo? – la pelirosa creyó prudente soltar la verdad.

― Mi abuela está viva, al igual que mi abuelo. – confesó, para sorpresa de Tenten. – Están protegidos en una mansión que Sasuke le pasó a mi madre y de esa forma podemos seguir con la especie de farsa que tenemos. Si se enteran que ellos están vivos, los matarán.

― Oh, por Dios ¿tan peligroso es todo? – Sakura asintió con una mueca.

― Mi abuelo asesinó a algunas personas y la familia de mi abuela, como ya han visto, no fue de los trigos muy limpios, pero bueno, no hay necesidad de pensar en eso ahora ¿te gustaría ir?

― Claro que sí. – contestó feliz.

― Yo también quiero ir. ―Ino hizo un puchero. – Me escaparé.

― Pero si te pillan…

― ¿Sakura? – un golpe de nudillos contra su puerta y la entrada glamorosa del tipo más sexy que pisaba la tierra; Sasuke Uchiha entró con todo su apogeo, casi achicando el lugar y mostrándose como un verdadero adonis. – Perdón, estás ocupada.

― Que va. – dijo Tenten. – Hagan como si nosotras no estuviéramos. – Sasuke y Sakura la miraron con sorpresa, mientras Ino la jalaba de un brazo sacándola.

― Hablamos más rato, Saku. – se despidió la rubia. – Adiós, Uchiha.

― Yamanaka. – el sonido sordo de la puerta cerrándose, dio pie para que comenzara la conversación. – Estás roja ¿te pasa algo?

― El maquillaje me produce alergia. – Sasuke hizo una mueca y se acercó donde ella. Tomándole la barbilla, examinó sus mejillas enrojecidas. – ¿Tengo algo malo, doctor Uchiha? – bromeó la chica

― Solo su cabeza, señorita Haruno. – con sutileza, bajó la suya y le dio un pequeño beso que dejó a Sakura flotando sobre nubes. – Hay unas marcas de maquillaje que no tienen tantos químicos. – la pelirosa asintió completamente lela. ― ¿Molestia?

― No puedes besarme y después hablar de otra cosa. Mi cabeza se confunde. – Sasuke riendo la abrazó. – Creo que necesitamos aclarar ciertos puntos ¿no crees?

― ¿Sobre qué? – Sakura se zafó de él y cruzó los brazos.

― Sobre nosotros. – respondió con altivez. – En casa de Hinata dijiste que había sido un error y ahora apareces como si nada y me besas.

― Si quieres puedo dejar de hacerlo. – sugirió.

― No se trata de eso, tonto. – Sasuke la instó a continuar. – En fin, no quiero que le pongamos un nombre a lo que sea que tenemos, pero si me gustaría que no volvieras a decirme que te equivocaste ni nada de eso.

― Ok.

― Wow, esperé encontrarme con más reticencia. – Sasuke se alzó de hombros.

― No tengo ganas de pensar mucho. – le pellizcó la nariz, para luego sentarse sobre el sofá. ― ¿Cómo salió la escena con Sasori?

― Creo que bien. – respondió, sentándose a su lado, pero con el cuerpo vuelto hacía él. – No fue tan brusco.

― ¿Te molestó? – preguntó ceñudo.

― No, pero tampoco fue delicado. – Sasuke masculló varios improperios. – No digas groserías en mi camarín, porque…

― Contaminas las buenas vibras. – terminó imitando su voz. Sakura hizo una mueca fingiendo enojo. ― ¿Te gustó besarte con él?

― Ahora que lo pienso, es la segunda persona con la cual me beso. – Sasuke alzó una ceja. ― ¿Sería prudente que llevara una lista?

― No.

― Tú y tu elocuencia ¿eh? – Sakura sonrió de oreja a oreja. ― ¿Te confieso algo?

― Bueno. – la pelirosa se acercó mucho más donde él y pasó su mano por la mejilla del pelinegro.

― Me gustan mucho más tus besos, Sasuke kun. – el pelinegro no se pudo contener y se lanzó a besarle la boca, tomándola de la cintura para sentarla sobre él. Sakura se dejó y devolvió cada uno de los embates que le daban los labios presurosos del hombre.

― Cada vez… – beso profundo. ― Que te toque besarte… ― muchos besos pequeños. – con otro tipo… ― Sakura apretó el agarre, pasando sus brazos por detrás del cuello y dejando que las manos de Sasuke la tocaran. – vendré yo y borraré su rastro. – culminó, lanzándose de lleno a quitarle el sabor que Sasori podría haber dejado en la boca de la pelirosa.

Cuando el aire fue necesario en los pulmones de ambos, se separaron jadeantes y mirándose con contención.

― ¿Cuándo te vas? – preguntó Sakura, distendiendo el ambiente.

― En menos de una semana. – La pelirosa apoyó su cabeza en el hombro de Sasuke, y se dejó llevar por la sensación de las manos del pelinegro que estaban en sus piernas, acariciándolas con suavidad.

― ¿Y cuando vuelves? – Sasuke le besó el cuello expuesto, sacándole un suspiro entrecortado.

― Creo que a finales de febrero. – Sakura se separó de sopetón para mirarlo con ansiedad. – Los Oscar son el 22 de ese mes, no puedo ir y volver.

― Ya veo. – susurró intentando aceptar la realidad. – Yamato me dijo hace unos días que yo iría a esa premiación.

― Era evidente. Necesitan promocionar y promocionarte. – Sakura palidece. – Si es así, no temas, yo voy a estar ahí.

― No quiero que te vayas por tanto tiempo. – murmuró como niña pequeña, aferrándose a él.

― Así es mi vida, Sakura. – le respondió, acariciando su espalda. – Aunque estoy pensando seriamente en dejar la actuación.

― ¿De qué hablas?

― Estoy cansado e Itachi me revienta cada vez que puede. – Sakura rió sobre él. – Además, me gusta mucho más ser cantante que actor. Me sale mejor.

― Ambas cosas te salen bien, Sasuke. – afirmó la chica, alejándose un poco para rozarle la nariz con la suya. – Eres uno de los famosos más multifacéticos que conozco. Nunca olvidaré tu actuación como drogadicto en Poser's, tuviste que adelgazar un montón y te veías como un esqueleto caminante.

― ¿Te sabes mi trayectoria actoral, molestia? – Sakura le pellizcó un brazo y volvió a apoderarse de su boca, con la diferencia que ésta vez, ella llevó el ritmo. Sasuke estaba impactado por tanta entrega y las sensaciones que lo abarcaban. Sakura lo estaba convirtiendo en un pedazo de masa maleable en sus manos y solo con un beso. – Saku… ― intentó decir aunque la pelirosa no se lo permitió, porque estaba desatada mordiéndole los labios. – Molestia…

― ¿Qué? – susurró, besándole la mejilla, para bajar a su cuello y darle un lametón.

El pelinegro se paralizó con aquél gesto. Eso era mucho más de lo que podía aguantar, así que usando toda su fuerza de voluntad, la sacó de encima y la sentó a su lado.

― Para. – le pidió casi con dolor.

― ¿Por qué? ¿No te gusta? – me gusta demasiado, molestia.

― Solo para, ¿ok? – Sakura hizo un mohín y cruzándose de brazos aceptó. – No te enojes.

― No me enojo… ― mintió, ganándose una mirada burlona y escéptica del pelinegro. – Ok, si me molesta, porque no te dejas llevar.

― Si me dejo llevar, ambos terminaríamos arrepintiéndonos. – aseguró, acariciándole con un dedo el mechón de cabello que cubría parte de su rostro. Por inercia se fijó en sus labios y los notó enrojecidos e hinchados por sus besos. Se veía tan comestible, que todavía se preguntaba como aguantaba. ― ¿Tienes hambre?

Sakura asintió sin mirarlo y cabizbaja.

― Siempre tengo hambre. – El pelinegro relajó su gesto y tomándole la cara, le besó la frente. – Tonto.

― No más que tú.

6.

― ¡Maldita sea, Suigetsu! – Karin miró con impotencia como su novio estaba sobre la cama, desnudo después de haber hecho el amor y con clara muestra de fastidio. – Estoy cansada de esto.

― ¿Qué quieres, Karin? – le preguntó con cansancio.

― No sé, quiero algo más de apoyo, quizás. – la chica buscó su ropa entre todo lo lanzado al suelo. ― ¿Por qué no me dijiste que te ibas a Estados Unidos?

― Supuse que lo sabías. – contestó.

― En tres años de relación, nunca te ibas por tanto tiempo. Dos meses es demasiado. – sugirió muy molesta, poniéndose sus sostenes.

― Dos meses es lo que necesito para abarcar todo lo que me toca hacer. Además tengo que ir a Paris a la semana de la moda.

― ¿Cómo? – Karin estaba a un paso de jalarse el pelo. ― ¿Cuándo pensabas decirme que te ibas a ir a Paris?

― Hoy, en la cena que te tenía preparada. – Karin bufó con fuerza y tomo su blusa, colocándosela con rapidez.

― ¿Sabes qué? Me cansé de todo esto. – susurró venenosamente. – Apuesto que irás a ese puto desfile y te acostarás con alguna tipeja. – Suigetsu entornó los ojos. – Claro, para qué seguir con la idiota estudiante que no tiene tiempo para nada.

― Nunca te he reclamado eso. – El peliblanco se sentó sobre la cama y la miró con frialdad. Estaba enojado. – Estoy contigo ¿qué más quieres?

― Que seas sincero ¿es mucho pedir?

― Estoy siendo sincero. Tengo que viajar a Estados Unidos porque debo ir a varias premiaciones. Te iba a decir durante la semana, porque quiero que me acompañes a las galas.

― Sabes que no puedo. – le recordó, lanzándole la camiseta para que se la pusiera. – Tengo trabajos y exámenes.

― Entonces no vayas. – Karin quedo estupefacta con esa respuesta. – Perdón, no quise decirlo de esa forma.

― Si quisiste hacerlo. – masculló. – Eres lo peor, Suigetsu. He estado como idiota soportando todo lo tuyo y me sales con ésta mierda.

― ¿Qué mierda, Karin? Estás agrandando una situación.

― Claro, ahora soy yo la histérica. – Técnicamente lo era, pero Suigetsu prefirió callar. – No iré a ninguna de tus galas, ni me pararé a mirar como todas esas mujeres se babean mirándote modelar. Eres mi novio.

― ¿Todavía me consideras tu novio? – Karin quiso replicar, pero Suigetsu no se lo permitió. – Haces lo que quieres y yo nunca te he dicho nada. Quieres irte a vivir sola y cuando intento decirte algo, te lo tomas mal. Todo se ha convertido en algo tedioso y frustrante. – Karin sintió su garganta apretarse con un nudo grande. – Hace algunos momentos estábamos haciendo el amor y ahora nos gritamos por una estupidez. Dices amarme, pero no confías en mí.

― No se trata de eso… ― intentó decir.

― Si se trata de eso, Karin. Tengo que ir a un desfile porque me lo pidieron. – La pelirroja agachó la cabeza, mordiendo su labio. – Cuando te digo que te amo, lo digo de verdad, pero ya no sé si sea lo suficiente como para seguir aguantando.

― ¿Entonces? – Karin apretó sus manos.

― Entonces busquemos una solución. – le pidió. – Podemos volver a encantarnos con el otro, volver a confiar y superar los baches. Es un desfile nada más, no tiene mayor relevancia.

― No puedo…

― ¿No puedes qué? – preguntó, levantándose de la cama. – Quiero tenerte ahí el día que vaya a la premiación de los Oscar.

― No iré, Suigetsu. – el peliblanco se volteó para mirar por la ventana. Necesitaba calmarse para seguir hablando con ella. – Quiero que terminemos.

― ¿Qué? – Karin lo vio caminar hacia ella con paso raudo. ― ¿Por qué vamos a terminar?

― Porque no quiero estar con alguien en el cual no confió. – susurró con sus lágrimas brillando en los ojos. – Quiero hacer mi vida y tú me estás entrampando. – El peliblanco se devolvió en sus pasos, alejándose de ella. Era como si le hubiesen dado un golpe directo a sus costillas. – No tenemos nada en común. Tú eres actor, yo soy una estudiante de física. Tú usas tu cuerpo, yo uso mi cerebro.

― ¿Y luego de 3 años te das cuenta de eso? – le preguntó de forma hiriente. – Vaya forma de usar el cerebro.

― ¡No me insultes! – chilló. – Si hago esto es por los dos.

― No me salgas con la mierda de: "si estamos destinados, quizás nos encontraremos más adelante" – le exigió.

― No creo en el destino. – Suigetsu bufó sin creerlo.

Luego de 3 largos años, lo dejaba por la incompatibilidad de sus carreras. ¿Qué le pasaba por la cabeza a esa mujer? Habían soportado tantas cosas juntos, se habían enamorado con todo en contra y lucharon por su amor, pero ahora ella abandonaba el buque con una excusa barata y tremendamente burda. Quizás Karin quería a otra persona y no sabía cómo decirle.

― ¿Hay otro tipo? – La pelirroja frunció el ceño confusa. – Si estás con otro tipo.

― ¿Me crees de esas mujeres? – se volteó y agarrando un bonito adorno, se lo lanzó por la cabeza. ― ¡A mí también me duele!

― Pues no se nota cuando me dejas por esta estupidez. – se acercó a ella y le tomó la cara. – Karin, yo a ti te amo. Eres mi vida por completo.

― No, no puedo. – se zafó con las lágrimas corriendo libremente por su rostro. – No puedo aguantar este ritmo de vida. Quiero vivir al son de lo que a mí me gusta.

― Y yo soy una tranca. – Karin asintió.

― No nos lastimemos más. – le pidió la chica. – Es normal que las parejas terminen.

― Karin por favor ándate. – la pelirroja se desconcertó. – Por lo que más quieras, lárgate y déjame solo.

― Lamento que todo acabara así. – susurró, tomando sus cosas y cerrando de un seco golpe la puerta.

― Y yo lamento más haberte conocido. – le pegó un combo a la pared, rompiendo sus nudillos, pero el dolor fue nada en comparación a lo que sentía.

Justo el último día del año, era el final de su linda historia de amor.

7.

― Estoy triste.

― ¿Por qué? – Sakura miró a Ino e hizo un puchero.

― Sasuke se va hoy. – La rubia fingió sentirse fastidiada, ganándose un leve pellizcó en su vientre. – Eres mala.

― Llevas toda la semana pegada con él. Unos días distantes no les harán daño.

Sakura agachó la cabeza sonrojada. Ino no mentía al decir eso, dado que Sasuke y ella no se habían separado en todos esos días. Él iba a verla a su departamento y ella lo visitaba en su camarín, se encontraban las grabaciones para disfrutando de su reciente "apego". Vivían una relación a escondidas de todos, menos para las amigas de la pelirosa, que ayudaban para encubrirlos. Dos días antes, Itachi casi los pilló besándose detrás de una cortina.

― Se va por dos meses. – se dejó caer en una silla. – Es injusto.

― Es su trabajo, cariño. – le recordó la rubia, anotando algo en su agenda. – La segunda semana de febrero nos vamos a Estados Unidos.

― ¿De verdad? – Sakura emocionada esperaba la respuesta.

― Sí. Jiraya irá a los Golden Globe ésta semana, luego se devuelve, habrán algunas grabaciones y la segunda semana nos vamos todos a los Oscar. – Ino sonrió de medio lado.

― ¿Nos vamos?

― Sí, también viajaré. – Sakura saltó de felicidad y la abrazó con fuerza. – Tenten igual irá. Es tu modista.

― Esto es maravilloso. – chilló. – Necesitaré buscar ropa y todo eso. Tengo que prepararme para ver a Sasuke. – Ino enroló los ojos. – Pensé que iríamos solo unos días antes de la premiación.

― Jiraya quiere hacer un poco de campaña allá y Yamato junto con Kakashi lo apoyaron, así que agradéceles a ellos. – Sakura asintió. Ya los buscaría para llenarlos de besos.

― Claro que lo haré. – suspiró rebosante de felicidad. – Me siento en las nubes.

― Eres demasiado soñadora. – Sakura sintió eso como reproche.

― ¿Es malo?

― Claro que sí. Pueden destrozarte el corazón. – La pelirosa quedó mirando fijamente a su amiga, pero no insistió. Ino debía tener sus razones y cuando encontrara prudente, las contaría. – Estoy cansada, siento como si un elefante se hubiese sentado sobre mi espalda.

― Han sido días bastante ajetreados.

― Y si tomamos en cuenta que tengo que andar escondiéndote… ― Sakura le regaló una sonrisa. – Todo sea por verte feliz.

― Eres de lo mejor, Ino. Te adoro. – La rubia se sonrojó, pero aceptó el cariño de esa pelirosa que muchas veces la ponía de cabeza, pero que le entregaba algo que nunca había sentido: afecto y compañía.

Con Sakura a su lado encontró cosas que nunca esperó y todos los días aprendía algo de ella. Esa capacidad de levantarse por cualquier cosa, la fortaleza que tenía para luchar por lo que quería, la convicción de cumplir sus sueños y no amainarse frente a nadie, su sonrisa gigante que le formaba dos hoyuelos a los lados y le entregaba tranquilidad, el verdadero sentido de la amistad. Un mes había bastado para quererla como una hermana. Gracias a Sakura podía haber liberado poco a poco a la Ino que guardaba con tanto resquemor adentro. Ella la había cambiado.

― Chicas, pueden irse. Por ahora terminamos. – Sakura corrió donde Kakashi y lo abrazó. ― ¿Qué te pasa?

― Gracias. – murmuró dándole un sonoro beso en la mejilla.

― Ni que estuvieras en la cárcel como para ponerte tan feliz al irte. – Sakura negó sonrojada.

― Sabe a lo que me refiero, Kakashi―san – Se arregló el cabello, intentando tapar su cara. ― Gracias por eso.

― De nada, pequeña. – contestó, sobándose la cabeza. – Vayan y disfruten, sobretodo tú, Saku. – Ino lo miró incrédula. ¿De verdad Kakashi sabía la verdad?

― Claro que sí. – La pelirosa tomó la mano de la rubia y jaló de ella para salir pronto del lugar. – ¡Nos vemos!

Kakashi las vio partir corriendo por el lugar. Esas dos niñas le daban color al lugar.

Cruzándose de brazos, sonrió.

― Los hermanos Uchiha son unos suertudos.

.

.

.

— ¿Sakura? — La pelirosa se detuvo en su andar desesperado y dirigió la vista hacía la persona que la llamaba. Sasori le brindó una sonrisa y caminó donde se encontraba ella junto a Ino. — ¿Cómo estás?

— Bien, gracias. — respondió impaciente. — ¿Necesitas algo?

— Sí, quería hacerte una invitación. — comenzó a decir, acercándose más. Gaara y un hombre que no conocía lo miraban desde atrás. — El fin de semana que viene, daré una fiesta en conjunto con Erika. La haremos en un hotel céntrico.

— Genial. — respondió ella, sin comprender del todo. — ¿Quieres que lleve algo?

— Eres tan tierna. — le dijo el pelirrojo, acariciándole la mejilla. Sakura se espantó con aquél gesto, pero evitó hacerlo evidente. Ino a su lado, masculló una palabrota. — Puedes ir también, Yamanaka.

— Dudo que lo haga. — respondió ella, dándole una sonrisa falsa.

— En fin. No debes llevar nada. El simple hecho de que estés allá, para mí es un placer y regalo. — Sakura asintió. — ¿Quieres tomar un helado?

— ¿Ahora? — él asintió. — No puedo tengo algunas cosas que hacer. — contestó con sinceridad.

— Pero podríamos hacerlo en otro momento. ¿Te gustaría dejarlo pendiente? — Sakura no sabía que responder. Tenía claro que salir con Sasori, sería darle alas para pensar algo que no era y cortarlo de sopetón, podía generar resentimientos.

Armándose de valor e intentando no pensar en nada, aceptó.

— Ok. — Ino la miró impresionada y más aún cuando vio a Sasuke caminar hacia ellos, con desenfado, pero fijamente pendiente de los movimientos que tenía el pelirrojo.

— Sasuke. — susurró la rubia, haciendo girar las cabezas hacía él. Sakura quiso golpearse la frente por ser tan bruta.

— Hola. — saludó.

— Sasuke, que alegría verte. —Sasori sonrió sin felicidad. — Felicidades por las nominaciones y ojala tengas un gran viaje.

— Muchas gracias. — respondió apenas mirándolo. Sus ojos se fijaron en la pelirosa. — ¿Te llevo a casa?

— No creo que sea necesario, — intervino Sasori. — Sakura tiene cosas que hacer, pero dejó nuestra salida anotada ¿verdad, guapa? — Sakura se puso roja de vergüenza, mientras el pelinegro la miraba impaciente, esperando una respuesta.

— Algo así. — murmuró, sacándole un bufido al menor de los Uchiha.

— Yo me iré con ella, Uchiha. — dijo la rubia, salvándole el pellejo. — Vamos, Saku.

— Cuídense. — susurró, volteándose y pensando con desesperación como salir del embrollo.

Sasuke por su parte miró con desprecio la salida cobarde de Sakura y bufó con hastío al escuchar al pelirrojo carraspear.

— Es guapísima. — No respondió. — Ojala sea una buena salida.

— Permiso. — dijo el pelinegro, comenzando a irse.

— Hey, Uchiha. — llamó Sasori. — Yo la cuidaré por ti.

Sasuke se detuvo a medio camino y posó sus dedos en el tabique de su nariz. Respira hondo, Sasuke Uchiha. Respira hondo o harás una estupidez. Se serenó con esfuerzo y volvió a caminar. Si Sakura quería salir con ese imbécil, era cosa de ella. Total, era libre.

Sin embargo, a pesar de tomar esa decisión de no decir nada, no pudo. Los celos lo corroían por dentro. Las imágenes vivas de Sasori recorriendo sus piernas y tocándola con fuerza, los besos que se daban y el hecho de saber que saldrían, lo tenía al límite.

Llegó a su carro y notó que en el estacionamiento ya no estaba el de Ino. Golpeó el techo del bonito convertible y masticó improperios. Era un imbécil que se estaba dejando dominar por sentimientos que no debería tener.

Al sentarse detrás del manubrio, posó sus manos en la cabeza y volvió a respirar hondo, pero no pudo controlarse. Tomó su celular y marcó el número que ya se sabía de memoria. Esperó algunos segundos hasta que conectó.

— Sasuke.

— ¿Por qué saldrás con Sasori? — preguntó sin darle tiempo a nada.

— No supe decirle que no. — contestó.

— ¿No supiste decirle que no? ¿Tú me crees idiota? — La pelirosa abrió la boca y boqueó sin saber que decir. — Anda, sal con él y repite la escena que tuvieron hace unos días, pero ahora en la vida real.

— Estás pasándote, Sasuke. — El pelinegro giró la llave de su carro y dejó el celular en el asiento. Contestó por el bluetooth — No hice nada malo. Además, nosotros no somos nada como para que me estés haciendo un escándalo.

— Ok, tú lo has dicho. No somos nada. — cortó el teléfono y manejó a la casa de sus padres.

Que hiciera lo que quisiera, eso le pasaba por estar con una niña en vez de una mujer. Era su culpa el quedarse prendado de una chica menor de edad, que no tenía la madurez emocional que él requería y Sasori se aprovechaba de eso… Golpeó el volante con fuerza, asustando a la señora que se encontraba esperando el verde dentro de su auto. Cuando reconoció quien era, hizo una mueca e intentó saludarlo. Sasuke le respondió con un queme de llantas.

Ya tendría tiempo de tranquilizarse en casa de sus padres y esperaba no pensar en Sakura estando ahí. O al menos, lo intentaría.

8.

— ¿Sasuke? — Preguntó sin creerlo. — Pensé que no vendrías.

— Peleamos por una tontería y no quiero irme enojado contigo. — La pelirosa sonrió como estúpida y le dio el pase para que entrara. — No debí comportarme así.

— ¿Me estás pidiendo disculpas? — Sasuke enarcó las cejas.

— En tus sueños. — murmuró, caminando al centro de la sala para mirarla desde ahí. — Debemos ser profesionales.

— Yo si lo he sido. — dijo sin darle derecho a continuar. — Cuando estás con Erika o cualquier chica del reparto, no me enojo. Es más, ni siquiera hablo.

— Es distinto. — justificó.

— Ilumíname con tu lógica, por favor.

— Yo no salgo con ellas.

— Yo tampoco salgo con Sasori. — respondió de vuelta, en el mismo tono.

— Pero sí lo harás. — le recordó.

— Mientras no pase, no es válido.

— Eso no es excusa, Sakura. — La pelirosa alzó una ceja.

— No te estoy dando una excusa. Si salgo con Sasori no tiene porqué importarte. Yo no me meto en tus cosas.

— Tenemos una relación, lo quieras aceptar o no. — la pelirosa se sonrojó furiosamente. Esas palabras dichas con tanta fiereza, habían agitado su corazón. — No te estoy prohibiendo nada, porque no me corresponde, pero tampoco me anima mucho la idea de que salgas con él.

— Tendrás que confiar en mi criterio.

— Tienes 16 años, tu criterio todavía está formándose.

— Eres un imbécil.

Sasuke pensó que se veía malditamente tentadora parada ahí, altiva, altanera y de brazos cruzados. Una verdadera chica de armas tomar. Podía tener 16 años, pero sabía lo que quería y era decidida al punto de no acobardarse para decirle las cosas.

— Sakura, me voy en algunas horas y no te veré por muchos días ¿de verdad quieres pelear? — La pelirosa destrabó sus brazos y los dejó caer a los lados, abatida. Se acercó a Sasuke y lo abrazó por la cintura, apoyando su mejilla en el pecho fuerte del pelinegro.

— ¿Te tienes que ir? — Sasuke asintió, envolviéndola con sus brazos. — No te vayas.

— ¿Y qué excusa pongo?

— Diles que Sakura no te dejó ir. — el pelinegro soltó una leve carcajada. — Justo cuando comenzamos a llevarnos bien, te tienes que marchar.

— Así es la vida del artista, molestia. Tendrás que aceptarlo porque te tocará lo mismo. — Sakura se separó para mirarlo.

— ¿Entonces no nos veremos en muchos meses? — Sasuke hizo una mueca. La idea no se le vislumbraba muy apetecible. — Tú estarás allá, yo estaré acá y así será siempre. Quizás conozcas a alguien y yo también.

— ¿Quieres eso? — Sakura lo miró dudosa y volvió a apretarse contra él. —No me aclaras nada, Sakura.

— Obvio que no lo quiero. — murmuró, intentando controlar su irremediable sonrojo. — Pero si así se dan las cosas, tendremos que aceptarlo.

— Tiempo al tiempo. — le tomó la cabeza, para acunar su rostro entre las manos. — Cuando vuelva, veremos que hacemos ¿te parece? — Sakura alzó una ceja.

— ¿Es una advertencia? Si quieres irte con otra, hazlo. — Sasuke entornó los ojos y prefirió besarla. No quería hablar sobre afianzar las cosas, ni tampoco desacreditar sus recientes "lazos".

Sakura le mordió el labio y metió su lengua para saborearlo, perdiéndose en la maraña de sensaciones que le transmitía la boca de Sasuke. En medio del beso, gimió levemente al sentir la mano del pelinegro, apretando con fuerza su cintura. Sasuke la soltó con brusquedad.

— Paremos.

— ¿Por qué? — Sakura quiso volver a acercarse, pero el pelinegro no se lo permitió, alejándose de ella. — Ok, ok, ya entendí.

— ¿Quieres comer algo? — El pelinegro pasó la mano por su cabello, calmando a duras penas su libido. Pensó en comida, antes de imaginarse en la cama con Sakura haciéndole gritar su nombre… — ¿Sushi?

— Tú lo pagas. — advirtió como niña pequeña. — Iré a ponerme pijama.

— ¿Me tengo que ir?

— Claro que no, pero quiero que me dejes acostada y durmiendo. — Le mostró la lengua y caminó a su habitación. Sasuke quedó prendado del movimiento de caderas.

Llamó al delivery y esperó a que llegara el llamado del conserje, porque obviamente no lo dejarían subir. El pelinegro se entretuvo ordenando el desastre de Sakura, guardando mercadería y limpiando algunos trastos. También levantó la ropa que estaba en el suelo y englobó los cojines del sofá para sentarse en el suelo, con la mesa de centro de soporte para la comida.

Estaba sacando los platos de la despensa, cuando vio dos manos diminutas subir por su torso. A pesar de encontrarse sobre la ropa, el tacto se le hacía tan erótico y caliente casi como si estuviera desnudo. Gruñó de frustración y le tomó las manos para sacarlas de su vientre.

— Sakura… — dijo entre dientes. — No sigas.

— ¿Acaso sufres de combustión instantánea? — Sasuke se volteó a mirarla y la cara de seriedad con la cual se encontró, le pareció adorable. — ¿Qué te ocurre?

— Eres una loca. — besó su frente y le tomó la mano. Escaneándola por completo y agradeció que tuviera puestas unos leggins oscuros en sus piernas. Ver lo kilométricas que eran, lo volvería a poner al cien. — Esa polera con mi rostro se me hace perturbadora. — aseguró, guiándola al living.

— Yo la encuentro de lo más normal. — Sakura se sentó en el cojín en posición a lo indio, al igual que Sasuke. — Es la única forma que tengo de tenerte toda la noche en mi cama. — bromeó riéndose al ver la cara de estupefacción del pelinegro.

— Molestia. — regañó a medias. — ¿Qué harás estos días?

— No sé. Ir a clases, estudiar, estar con mi familia, aprenderme los libretos, extrañarte… — Sasuke sonrió complacido.

— Si necesitas algo, no dudes en llamarme. — le ofreció.

Sakura hizo un puchero.

— Ya no estarás para retarme cuando no encuentro el valor "y" — El pelinegro asintió. — Ni tampoco tendré a nadie que me ordene la ropa, ni el desorden de la cocina.

— Me siento como tu nano. — Sakura gateó donde él y se sentó entre sus piernas.

Sasuke sabía que lo correcto era sacarla de ahí, pero todo su cuerpo le rogaba que no. Sakura y su cercanía lo calmaban y le daban la energía suficiente para estar bien, algo insólito para él, que en su vida había sentido una conexión tan potente como la sentía con la pelirosa, ni tampoco había necesitado a nadie para tranquilizarse.

— Pórtate bien. — le pidió sonrojada y sin mirarlo.

El pelinegro la envolvió en sus brazos y Sakura posó sus manos en las de él, para entrelazar los dedos y apretarse aún más a su pecho. Su olor, su calor, la forma de su cuerpo, todo el conjunto era perfecto. Sasuke la transportaba a un lugar inexplicable, llenándola de sensaciones extrañas, pero exquisitas.

— Podría decir lo mismo. — habló contra su cabello, absorbiendo el olor cítrico que desprendía. — Pórtate bien y si sales con el cabeza de betarraga, avísame.

— Yo no tendré a todas las bellezas del universo paseándose frente a mi nariz. — Sasuke aceptó el punto. No era lo mismo Sasori que Angelina Jolie o Megan Fox. — Cántame algo al oído.

— No soy romántico, Sakura. — la pelirosa chasqueó la lengua, haciendo caso omiso a la acotación del pelinegro y esperó. Sabía que cedería y no se equivocaba… — ¿Cuál quieres que te cante?

— La que venga a tu cabeza.

Sasuke pensó en muchas, pero casi ninguna representaba ni un poco de lo que le pasaba, hasta que halló la correcta.

— Well, she was just seventeen, and you know what I mean, and the way she looked was way beyond compare. So how could, I dance with another, and I saw her standing there… — La canción era de los Beatles.

Cuando Sasuke terminó de cantar, Sakura se volteó hacía él y le besó la boca con prolijidad.

— Amo ese tema. — Y era obvio, ¿a quién no le gustaba I saw her standing there? — Diste justo en el clavo.
— Tampoco es que me vaya a enamorar de ti.

— No escupas al cielo. — le advirtió con madurez. Sasuke prefirió guardar silencio y solo escuchar la respiración de ella y llenarse de su olor. — Tengo hambre.

— Yo también. — acotó él, tocándole el vientre con delicadeza. — Parece que tienes un monstro viviendo acá.

— Es la Sakura mala. — Sasuke puso los ojos blancos. — Es verdad; ella me obliga a comer a deshoras, a engordar y siempre está desesperada por zamparse todo lo que encuentra.

— Según yo, estás muy delgada. — le tocó la cadera. — Esto es puro hueso.

— Y si engordo no me mirarás. — Sasuke puso los ojos blancos. Sí que era mujer para algunas cosas.

— Tonta.

El timbre interrumpió el silencio en el que se habían sumido, trayéndolos a la realidad y recordándoles que había cosas que hacer.

— Señor Uchiha, llegó la comida que pidieron. — Sasuke tomó las bolsas y le pasó el dinero de ésta, junto con una propina. El nuevo portero del lugar era gigante e infundía seguridad, algo que lo tranquilizaba.

— Gracias. — lo vio marchar y cerró la puerta. — Llegó la comida.

— ¡Yupi! — gritó como niña pequeña, corriendo hacia él para tomar las bolsas. — Me gusta mucho el sushi.

— Es rico. — acotó él. — Anda a lavarte las manos.

Sakura salió corriendo al baño y se miró al espejo. Tenía las mejillas sonrojadas, los labios levemente hinchados y los ojos brillantes. Parecía una chica enamorada… ¿enamorada? Meneó la cabeza. Se dejaría sentir, pero con recato. Sasuke se iba y la distancia pondría las cosas en otro ángulo. Quizás eso los ayudaría a ver si en verdad tenían algún futuro juntos. Era lo más sensato.

— ¡No te comas los de salmón! — Sasuke la escuchó riendo. Puso los platos en la mesa y la vio correr donde él. — ¿Te los comiste?

— No, ahí están tus salmones. — Sakura tomó asiento y lo instó a lo mismo, haciéndole un gesto con la mano. — No creo que coma.

— ¿Por qué? ¿No te gustan? — la pelirosa sacó uno de sus favoritos y con las manos se lo metió a la boca. Sasuke tenía unos modales exquisitos, casi envidiables de cualquier monarquía, pero verla hacer eso de manera tan natural, se le tentó demasiado erótico. Que importaban el utensilio correcto, el vaso para el agua, vino blanco, tinto o jugo, ella con sus manos comía feliz. — No podré comerme todo esto.

— Dijiste que te gustaban todos, así que pedí un poco de cada uno. — Sakura volvió a gatear donde él y tomando un sushi, se acomodó frente a él. — ¿Qué haces?

— Abre la boca. — Sasuke negó. — Hazlo.

— Sakura, si me enfermo arriba del avión, no será muy bueno. — La pelirosa hizo un puchero. — Solo uno.

— Nada más. — juró la pelirosa a ojos cerrados. Sasuke aprovechó la cercanía y vulnerabilidad en la que se encontraba y le dio un rápido beso en la boca para luego sacarle la pieza con los dientes. — Te odio.

— ¿Por qué? — preguntó luego de tragar.

— Eres malditamente sensual. — reclamó, girándose a la mesa. — ¿Comerás más?

— Me dijiste que era solo uno.

— Pero si me besarás así, te meteré todo esto y pediré más.

Sasuke estaba acostumbrada a las mujeres que se hacían las tímidas y contenidas. Las que fingían no romper un huevo y que se ruborizaban con cualquier palabra referente al sexo, en cambio Sakura era libre. Ella le decía las cosas de frente y no se contenía. Era transparente como el agua.

— Dame otro. — susurró con voz ronca, erizándole los vellos de la nuca a la pelirosa.

Sakura remojó uno nuevo en salsa de soya y poniéndole la mano debajo para no ensuciar, lo acercó a su boca. Sasuke lo esquivo para posar sus labios en los de ellas y luego se comió la pieza, mirándola fijamente. La pelirosa contuvo el aliento, acalorada y mordió su labio.

El calor que sentía en su estómago y que bajaba entre sus piernas era excitación. Conocer esa sensación la dejaba sin aire. Era una necesidad imperiosa de tener a Sasuke en todo su cuerpo, tocándola. Era tan abrasante y desesperante, que no sabía cómo controlarlo. El pelinegro notando su estado de confusión, se acercó a ella y le tomó el rostro.

— Siento mucho calor. — susurró la chica, sonrojándose. — Es asfixiante.

— Tranquila, estoy acá. — Sakura asintió, con los ojos cerrados. — Come y degusta de los sabores.

— ¿Por qué? — preguntó sin entender.

— Tienes que despejar la cabeza. — y yo también. — Vamos.

Comieron en silencio, pero juntos, casi pegados. Sakura le hizo caso y rápidamente su cuerpo se tranquilizó, llegando a una temperatura normal.

— Sinceramente, eres muy guapo. — Sasuke se atragantó. — Lamento si te incomodé. — dijo, pasándole un vaso de jugo.

— Sales con cosas raras. — aceptó, limpiándose la boca con servilleta. — Gracias, tú también eres muy guapa.

— ¿Tú crees? Al lado tuyo debo parecer un ratón de acequia. — Ambos rieron. — ¿Hacías publicidad cuando bebé?

— Sí. Siempre he estado en el medio. — respondió. — ¿Terminaste?

— Creo que si me como otro, explotaré. — aseguró, sobando su estómago. — ¿A qué hora tienes que irte?

Sasuke miró el reloj de su celular e hizo una mueca.

— Tendría que haber estado en el aeropuerto hace media hora. — Sakura se tapó la boca. — Llamaré a Itachi para arreglar el problema.

— ¿Cómo lo harás? — el pelinegro se alzó de hombros. — ¿No tienes un plan b?

— Viajar durante el día. — salió al balcón y marcó a su hermano. — Itachi.

— ¿Sasuke? ¿Te das cuenta de la hora que es? No deberías hablar por celular y menos en los aviones. — Sasuke bufó. — ¿No embarcaste?

— Tuve que resolver algo, así que necesito que me busques vuelo durante el día, ojala después del mediodía.

— ¿Estás loco? Tienes citas en Estados Unidos, dejamos todo listo. — Sasuke chasqueó la lengua.

— Dijiste que estabas arrepentido ¿lo recuerdas? — Itachi junto las piezas y entendió todo.

— Estás con Sakura. — concluyó afirmando. Soltó el aire. — ¿Te acostarás con ella?

— Solo soluciona el problema. Lo que yo haga, ya no te importa. — Itachi quiso replicar, pero no pudo. — Si quieres, anda a contarle a Fugaku. Adiós. — volvió a entrar y vio a Sakura con el cepillo de dientes en su boca. Sus ojitos se cerraban.

— ¿Lo arreglaste? — preguntó.

— Sí. — la chica asintió y volvió al baño. Al salir, tenía su pelo amarrado en dos cortas trenzas y estaba sin leggins. Sus pies solo cubiertos por dos calcetines de distinto color, lo hicieron sonreír por inercia. — Anda a acostarte.

— Ven a acostarte conmigo. — pidió, jalándole los brazo. — Cuando me quede dormida, puedes irte.

— Si me tiro a la cama, me dormiré. — le aseguró, soltándose. — Y además, sé que no dormirás. Te lanzarás sobre mí.

— Promesa que no lo haré. — Sasuke se encontraba escéptico, pero la idea de irse a dormir a su casa, era mucho menos tentadora.

Desechando cualquier pensamiento, caminó junto a ella.

— Iré a lavarme los dientes.

— Pero no tienes cepillo. — le recordó.

— Está el tuyo. — Era una acción tan comprometedora, que la hizo sonrojar, pero aceptó. Ya se besaban, ¿qué cosa tan terrible habría al que se lavará los dientes con su cepillo? — Acuéstate.

— Sí, papá.

Arrastrando los pies, se metió bajo las cobijas y lanzó los cojines al suelo. Estaba muy nerviosa, pero el sueño también luchaba, logrando neutralizar su emoción.

Sasuke llegó a los pocos minutos y la miró desde los pies de la cama.

— No creo que sea buena idea… — comenzó a decir.

— Cállate y ven a acostarte conmigo.

— Dije que me quedaría hasta que durmieras. — Sakura asintió, abriendo las tapas. — Lo haré por encima…

— Metete a la cama. — indicó con más fuerza. — Tengo sueño y tú también. No pasará nada que no queramos.

— Sakura, eres la peor mentirosa del mundo. — dijo, pero acató. Se sacó la chaqueta y comenzó a desabrochar su camisa.

La pelirosa se sentó en la cama y tragó saliva notoriamente. Eso era un verdadero show para sus ojos y no perdería ni un segundo sin mirarlo.

— ¿Puedo poner música sensual? — Sasuke meneó la cabeza con fingido fastidio. — Si quieres, puedes sacarte ese pantalón.

— Eso sí que no. — respondió de inmediato, quedando solo con una camiseta sin mangas y su jean.

— Mi hermano dejó un pijama en la pieza del lado. Usa el pantalón.

— Konoha es más pequeño.

— Bueno, te parecerás al chavo del 8, pero me lo agradecerás por la mañana cuando no tengas las piernas dormidas por mala circulación.

— Ni siquiera sabes anatomía, Sakura. — bromeó él, saliendo de la habitación en busca de ese preciado pijama.

Se sacó los pantalones y se puso los otros encima. Doblándolos, caminó de vuelta donde Sakura y se la encontró mirando expectante.

— Buh, me perdí la segunda parte del show. — bromeó la chica, acurrucándose en la cama esperando por él. — Ven pronto, hace frío.

Sasuke tomando aire por última vez, se metió sin pensar. Sakura de inmediato se prendó a su cuerpo y le robo calor.

— Tienes los pies helados. — le reclamó, envolviéndola para acercarla a su pecho. — Te hubieses metido antes a la cama.

— No quería perder ningún segundo de estar contigo. — confesó susurrando. — No quiero que te vayas, Sasuke―kun. — le dijo, apretando su nariz contra el cuello del pelinegro. — ¿No puedes viajar entre premiaciones y presentaciones para venir a Japón?

— Lo intentaré. — y no mentía. Haría hasta lo imposible por verla aunque fuesen unas horas. — Mi celular estará prendido por si quieres hablar.

— No será lo mismo. — su mano pasó al vientre del pelinegro y con un dedo, recorrió el contorno de los abdominales formados que tenía. — Tengo que ir al gimnasio.

— ¿Quieres ser más delgada? — le volvió a apretar la cadera. — Esto es solo hueso.

— De nuevo con lo mismo. — rezongó, alejándose para mirarlo. — Lo haré para verme más estilizada.

— Si vuelvo y te veo con dos kilos menos, tendremos una gran pelea, Sakura. — advirtió, poniendo una mano detrás de la cabeza. — Vete sacando esa idea de la cabeza.

— Eres tan mandón. — le enterró un dedo en las costillas. — Ni siquiera te has ido y ya estás pensando en una futura pelea.

— Sabes que ambos somos polvorita. — respondió. — Quédate dormida.

— No quiero. — apoyó la cabeza en su mano, sosteniéndose en su codo y lo miro desde ahí, sin acercarse mucho. Solo sus pies estaban entrelazados con los de él. — ¿Qué es lo primero que harás?

— Llegar, una pequeña conferencia y el domingo tendré los Golden Globe.

— ¿Irás solo? — Sasuke asintió. — Te veré por televisión.

— Es lo más probable. — se volteó hacía ella, apoyándose en su costado.

Frente a frente se debatieron en una batalla de miradas y sonrojos de Sakura.

— ¿Te puedo sacar una foto? — Sasuke hizo una mueca. — Quiero recordarte así. Desenfadado, guapo, conmigo.

— Sakura, no es buena idea. Somos famosos y si una foto así sale a la luz, te meterás en un gran problema y yo en uno aún mayor. ¿Quieres seguir viéndome acá o detrás de una reja? — La pelirosa se mordió el labio y se lanzó sobre él, cayendo sobre su pecho. — ¿Qué haces?

— Quiero darte besos, muchos besos. — su boca bajó y tomo la de Sasuke con decisión, acariciando sus labios y afirmando su mejilla.

El pelinegro se dejó, posando sus manos en la espalda curva de Sakura y profundizando el beso. Cuando las cosas comenzaron a ponerse más tibias, no quiso parar. No tenía la fuerza necesaria para hacerlo, y bloqueando cualquier tipo de pensamiento, se giró para quedar sobre la pelirosa, apretándola contra el colchón y bebiendo cada uno de sus suspiros.

Sakura gimió al sentir nuevamente ese calor abrasante en su estómago y aferrando sus brazos al cuello de Sasuke, levantó las caderas instintivamente buscando llenar el vacío que sentía entre sus piernas. El pelinegro bajó por su mejilla y metió el rostro en el cuello delgado y blanquecino de la chica, soltando el aire. Sus caricias comenzaron a ralentizarse y sus manos se apegaron al colchón, para darse el impulso de levantarse. Sakura lo miró desde bajó de su cuerpo.

Verla así, debía ser delito.

— No creo que sea buena idea seguir. — jadeó, lanzándose a un lado para tomar aire. — Lo siento.

— No lo sientas. — le pidió, girándose hacía él, todavía sorprendida. — Me sentiré mal si lo haces.

— No quería pasarte a llevar.

— ¿De nuevo con lo mismo? — Le tomó una mano y se la puso en el centro de su pecho. — Mi corazón se agita por ti. Me encantó, me gusta tenerte aquí conmigo y sí, quizás si no parábamos podríamos haber terminado haciendo algo muy apresurado, pero estoy dispuesta a esperar todo lo que sea necesario, hasta que dejes tus resquemores atrás y te atrevas a lanzarte sin parar.

— ¿Me quieres utilizar como objeto sexual? — bromeó.

— Imagino que debes ser bueno. — susurró, devolviéndole con picardía la broma. — Durmamos.

— Eso vengo diciendo desde hace mucho rato.

— Pero antes, dame un beso bien dado y me quedaré tranquila. — Sasuke bufando, aceptó.

Su boca tomo la de Sakura con delicadeza, obligándola a dejar caer su cabeza sobre la almohada. La pelirosa le dio cabida a la lengua del pelinegro y cerró los ojos, dejándose sentir y llevar. Sasuke tenía la mitad de su cuerpo sobre ella, pero sin recargarla. El sonido de los besos, era lo único que rompía el silencio de la habitación. A pesar de eso, la cosa estaba bajo control y cuando Sasuke lo estimó conveniente, se separó dejando un regadero de pequeños besos en su rostro.

— Duerma, señorita Haruno.

— Bueno, señor Uchiha. — Se volteó y de inmediato sintió los brazos protectores del pelinegro abrazándole desde atrás. — Despiértame cuando te vayas.

— Lo intentaré. — un último suspiro y ambos se sumieron en un sueño profundo.

Sin saberlo, ya estaba completamente sincronizados.

9.

— ¡Ahí vienen Sasuke Uchiha y Fuka del brazo! Al parecer la separación quedó en el olvido y vuelven a estar juntos. — El periodista se acercó corriendo donde ellos. — Sasuke ¿su relación con la señorita Fuka vuelve a estar viva?

Sasuke estaba furioso, extremadamente furioso, al punto de casi ser palpable para todo aquél que se encontraba a su alrededor.

A duras penas, pudo alejarse de los periodistas que estaban como moscas a su alredor. La caminata por la alfombra roja, el sinfín de flashes que le dieron en la cara, los muchos autógrafos y todo lo que le indicaron, pareció no tomarlo en cuenta. En su cabeza solo estaba la cara de Sakura y lo triste que estaría luego de verlo ahí con su ex novia. Apenas saliera del recinto, la llamaría, aunque dudaba que le fuera a contestar.

Su relación estaba comenzando a afianzarse. Se llamaban constantemente y los mensajes corrían entre ambos sin parar. Sakura le repetía mil veces que lo extrañaba y él le dejaba ver con indirectas que le ocurría lo mismo. Habían llegado al punto donde Sasuke le cantaba para que se quedara dormida con su voz y ella le mandaba ánimos a través de graciosas fotos que guardaba con ahínco en su celular.

— Sasuke, por favor sonríe. — La voz de su ex novia lo trajo de vuelta. — Parece que vas a un funeral.

— Odio que te hayas aprovechado de esto. — le susurró en el oído, levantando la mano para saludar a unos fans apostados tras las vallas papales. — Nosotros no estamos juntos.

— La invitación me llegó. — justificó, enterrándole las uñas en el brazo. — Tú dijiste que ibas a ir conmigo, por algo la producción del lugar se comunicó para que viniera. — Sasuke bufó.

— Y tú no sabes negarte ¿verdad? — Entraron al lugar lleno de mujeres bellas, grandes estrellas y opulencia. Una copa de champagne paró en su mano y se la tomo de un solo trago, esperando por otro mesero. — Apenas termine esto, te irás a tu casa.

— Estuvimos dos años juntos ¿no podrías comportarte mejor? — Sasuke la miró fijamente.

— Te tendría más respeto si tú lo tuvieras contigo misma. — Fuka palideció. — No me pidas algo que no quiero hacer.

— ¿Tanto te molesta mi presencia?

— No eres tú, Fuka. — haciéndole un gesto, le indicó que pasará por la hilera de asientos. — Yo estoy soltero.

— ¿Quieres venir a lucirte y yo espanto a tus posibles conquistas? — Sasuke asintió solo para hacerla callar. — Lamento quitarle puntos a tu sex―appeal.

— No me los quitas. — se sentaron bajo la mirada de los presentes. — Hola.

— Sasuke, tanto tiempo. — el pelinegro le dio la mano al famoso actor hollywoodense. — Fuka, buenas noches.

— Buenas noches, Leonardo. — luego de una superflua conversación, el rubio se fue a su lugar. — Tenemos varias galas en común.

— Solo te acompañaré a los Choice Awards, para el resto, dejaré dicho que voy solo. — La mujer se dejó caer sobre el asiento, impotente y con ganas de llorar. Los ojos le ardían de desesperación.

— Me sorprende ver como olvidas una relación con tanta facilidad. — le reprochó.

— Tú rebajas los recuerdos que podría tener sobre nuestra fallida relación. — Era un maldito sin corazón, pensó la mujer, mordiéndose las mejillas por dentro. — Ok, me estoy pasando. — se retractó Sasuke, para sorpresa de Fuka. — Lamento ser un bastardo, pero ponte en mi lugar. Yo no quiero generar más controversia por algo que no sea mi vida laboral.

— Sasuke, éramos una linda pareja ¿Qué nos pasó? — Sakura, eso nos pasó.

— Las cosas cambiaron y no podía seguir contigo si no correspondía tus sentimientos. — miró hacía todos lados. — Fuka, no es el lugar para este tipo de conversación. Tomemos las cosas como son y dejemos en claro que cualquier tipo de relación entre nosotros, ya está acabada y solo mantenemos una amistad.

— ¡Yo no quiero ser tu amiga! — siseó con vehemencia. — ¿Hay otra mujer?

— Basta. — La ceremonia estaba comenzando.

— Dímelo. — Sasuke se levantó a aplaudir haciendo que no la oía. — Sasuke, dímelo. — volvió a preguntar cuando tomaron asiento.

— Sí, hay otra mujer. — Fuka sintió como si una patada hubiese dado de lleno en su pecho. El aire se le fue de los pulmones y el dolor era tan potente como una herida sangrante. — No era el momento.

— Sí. — susurró sin saber que decir.

La llegada de Itachi, alivianó levemente el ambiente. Fuka lo miró de refilón todavía ida sin saber que decir ni hacer. El pelilargo se dio cuenta, pero una mirada de advertencia por parte de su hermano, detuvo cualquier pregunta.

Cada uno de los premios que pasaron tuvo la misma rutina, hasta que llegaron al premio de mejor actor. Las cámaras enfocaron el rostro de Sasuke que estaba nominado. Itachi a su lado miraba con nerviosismo y rezaba internamente porque fuera el nombre su hermano el que estuviera en ese sobre.

Fue una difícil decisión, pero el ganador del Golden Globe en la categoría de mejor actor es: — un silencio sepulcral, hasta la respuesta. — ¡Sasuke Uchiha!

Itachi saltó de su asiento para abrazarlo, golpeteando su espalda. Fuka a su lado, supo comportarse como una dama y se levantó para darle un abrazo que daría que hablar. Era tan frío como patita de pingüino. En su camino al estrado, se encontró con muchos conocidos que lo saludaron, incluido Jiraya y Kakashi, que también golpearon su espalda.

Al llegar al escenario, se posó detrás del micrófono y agradeciendo con un beso a la modelo que le entregó el premio, comenzó a hablar:

— Wow, gracias por esto. — murmuró, acomodando su cabello. — Se lo dedico a todos los que han creído en mí y prometo seguir trabajando para ir mejorando aún más. — Levantó el premio. — ¡Gracias a todos!

Un aplauso generalizado y la ida a una tanda de comerciales. Todos los presentes aprovecharon de saludarlo e ir en busca de algún bebestible.

— Itachi, préstame tu celular.

— ¿Acaso no tienes el tuyo? — El pelilargo se lo pasó sin seguir haciendo más preguntas. Sasuke se alejó un poco del grupo y marcó el número que ya se conocía de memoria.

— ¿Alo?

— Sakura, por favor no me cortes. — esperó con temor, pero la respiración acompasada del otro lado, era señal de que seguían conectados. — Todo esto tiene una explicación. Yo no estoy con Fuka, solo que en la producción del evento la invitaron porque cuando se hicieron las nominaciones, me preguntaron a quién llevaría. Obviamente en ese momento estaba con ella y…

— Cállate. — le pidió la pelirosa, tragando el nudo de su garganta. Verlo tan guapo y al lado de su ex novia le había sentado muy mal. — Felicitaciones.

— Por favor, Sakura. — le rogó, algo que nunca había hecho en su vida. — No creas nada de esto…

— Estoy almorzando, tengo que cortar. — Sasuke mordió su labio.

— No te rogaré. — aseguró molesto, esperando hacerla reaccionar.

— No necesito que lo hagas. — le colgó con el corazón en la mano.

Ino, Tenten y Hinata la miraron con pesar. Juntarse a ver la premiación, había sido solo para ver la humillación a Sakura.

Sasuke por su parte se quedó apretando el celular y volvió donde sus conocidos. Fuka seguía ida, pero mucho más calmada. Itachi lo miraba sin saber que decir y los recién llegados, Jiraya y Kakashi, hablaban. El peliblanco más delgado, se acercó a él por detrás del director.

— No entiendo. ― dijo, haciendo referencia a la presencia de la mujer ahí.

— Un error de la producción. — el pelinegro pasó las manos por su cara.

— ¿Está molesta? ― preguntó.

— Me colgó. — dijo, mostrándole el celular. — Vamos a sentarnos, sigue la ceremonia.

— Leonardo nos invitó a una fiesta.

— ¿A mí también? — Kakashi asintió. — Dudo que vaya.

— Bueno, me corresponde decirte, nada más. — Kakashi le regaló una sonrisa con sus ojos y volvieron donde tenían que estar.

Como decían por ahí, el show debe continuar.

10.

— Sakura, levántate. — La pelirosa se hundió en la almohada, cansada y amurrada.

Esa noche con suerte había dormido 3 horas, todo por culpa de su cabeza que vivía pensando cosas, además de su celular, que vibraba y prendía sus luces cada 10 segundos. Eran solo mensajes y llamadas perdidas de Sasuke.

Habían pasado 5 días desde la gala y premiación de los Golden Globos, ocurriendo variadas situaciones, sobre todo por parte del pelinegro. Los medios de prensa se estaban dando un festín gracias al constante material que brindaba.

Sasuke Uchiha de vuelta a sus andanzas.

Sasuke y su descontrolada fiesta en Manhattan

La larga lista de mujeres que hablan de Sasuke

La separación de Sasuke con su novia eterna

Fuka habla en exclusiva del comportamiento de su ex pareja.

Cada uno de los titulares que leía, reafirmaban su posición de no ceder frente él y su insistencia. Ino la apoyaba, al igual que Tenten, pero Hinata miraba con recelo la situación. Según lo que Naruto le había contado y ella le había transmitido a la pelirosa, Sasuke no se estaba comportando como la prensa decía y que todo era una farsa. Las fiestas si existían, pero no el descontrol, ni mujeres en su cama. Sakura dentro de su dolor intentaba creerles, pero le era imposible.

— Cariño, levántate. Tienes clases. — La pelirosa se levantó de la cama y arrastrando los pies, pasó delante de su madre para meterse al baño. — Tienes 10 minutos.

— Lo que digas, Mebuki. — susurró.

Cuando el agua le dio en la cabeza, logró reaccionar y nuevamente la rabia se apoderó de ella. De esa forma lograba mantener a raya cualquier pensamiento triste que la dejaría llorando.

Mebuki llevaba días viendo a su hija decaída. Estaba sin ánimo, comía apenas y con suerte sonreía. Cuando la vio en ese estado en el departamento donde vivía sola, se la llevó a la mansión junto con ella. Konohamaru también se había dado cuenta de que algo le pasaba, y eso sí que era novedad, dado que el menor de sus hijos era digno amigo de las nubes.

El celular de Sakura vibró sobre el buro. Leyó de quien se trataba y una sonrisa asomó en su rostro.

Desgraciado monstro asqueroso.

Contestó a sabiendas de quien se trataba.

— Sasuke. — el pelinegro se golpeó la frente y se arrepintió de inmediato. El dolor de la cruda lo estaba penetrando en la cabeza. — Tanto tiempo sin hablar.

— Señora Haruno. — murmuró roncamente. Su garganta estaba desgastada luego de haber cantado en un bar a las 5 de la madrugada.

— Felicidades por el premio. Ojala sigas ganando galardones.

— Muchas gracias. — Sasuke no quiso analizar si era ironía o verdaderamente le estaba deseando buena suerte. — Me gustaría hablar con Sakura.

— Ahora no puede. Está bañándose para ir a la escuela. — La mujer carraspeó. — ¿Cuándo regresarás? Tu casa está magnifica, pero Sakura ha dejado entrever que ya nos puede mantener en otro lugar y como no me gusta aprovecharme de tu hospitalidad…

— No me gustaría que se fueran de ahí. Hay mucha seguridad protegiendo tanto a sus padres como a ustedes. — reconoció. — Y me alegro de que Sakura esté ahí.

— Sí, me la traje porque estaba comiendo mal. Una madre cuida a sus cachorros, aunque creo eso ya lo sabes.

— Claro. — respondió.

— ¿Quieres dejarle algún recado? — Sasuke se frotó los ojos. Eran las 3 de la tarde y recién estaba recuperándose de la fiesta.

— No, ninguno. — respondió. — La llamaré en otro momento.

Mamá, ¿qué haces con mi celular?

Oír su voz luego de varios días, le apretó el corazón, aunque no lo sorprendió del todo. Lo que sentía hacía Sakura, cada vez era aún mayor. La extrañaba como nunca había extrañado nada en su vida y necesitaba verla aunque fuese unos segundos, pero con todo lo que había pasado y las tonterías de las cuales se estaban colgando los reporteros, no lograban ayudar para solucionar la situación.

— Sasuke, ¿qué necesitas? — La voz de Sakura penetró sus oídos con fiereza. No dudaba en que estaba apretando su celular y moría de ganas por plantarle un puñetazo.

— Necesito saber porque no me contestas. — Sakura bufó.

— Espera un momento. — la pelirosa miró a su madre y con un gesto de ojos le pidió que saliera. Mebuki iba a reclamar, pero el llamado de Chiyo, la obligó a retirarse. — Ahora sí.

— ¿Por qué no me respondes? He tratado de darte una explicación y no es algo a lo que esté acostumbrado.

— No se te nota arrepentido la verdad. Estás allá de fiesta en fiesta, borracho, con variadas mujeres y disfrutando de tu renovada soltería. Por otra parte tu ex novia anda ventilando toda su relación por la televisión, remarcando que tú actúas así por ella. — Sasuke por solo oírla, era capaz de aguantar cualquier reto. — No me busques más. Seguiré sin contestarte.

— Fue un error de la producción, Sakura. — le volvió a decir. — Te mandé incluso el parte que le enviaron a Fuka para que vieras el día en el que fue emitido.

— Cuando uno sabe que no es culpable, no se desespera tanto por negar la acusación.

— Por favor, si no lo hiciera, tampoco me creerías. — aseguró. — Fuka y yo tuvimos una relación por dos años, por lo tanto, las productoras de eventos me mandan invitaciones incluyéndola. Éste domingo tengo los Choice Awards y debo ir con ella.

— ¿No sabes decir no? — Sasuke rememoró otra conversación parecida, pero en donde él era la víctima. — Haz lo que quieras, Sasuke. En verdad, yo tengo otras preocupaciones: Escuela, guiones, trabajo, así que comprenderás que lo último que me falta es ponerme a estar con alguien que es incapaz de decirle que no a su ex novia.

— ¡No me acosté con ella! — se defendió. — Ni con ninguna otra. Pregúntale a quien quieras.

— Adiós, tengo que ir a la escuela.

— No volveré a llamarte, Sakura. — advirtió. — No pienso seguir rogándote.

— Ok, entonces estamos iguales. — sentenció la pelirosa.

— Como quieras. Adiós. — Sasuke colgó con una sensación de pesadez en el estómago. Mirando el celular, se encontró tentado a la lanzarlo lejos, pero se contuvo. Debía ser pensante.

Sakura vio como terminaba la llamada y envuelta en su toalla, se dejó caer sentada sobre la cama. Sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente, algo que le aburría. Lloraba demasiado por Sasuke. El mismo día de la premiación, verlo en la alfombra roja con Fuka le había dolido en el alma. Ino, Tenten y Hinata la abrazaron con fuerza, pero nada la reconfortaba. Y menos ahora estando ahí, sentada sobre su propio dolor, sintiéndose miserable y estúpida.

Meneó la cabeza y organizó sus pensamientos. Ya tendría tiempo para analizar las decisiones que estaba tomando, por ahora se enfocaría en vestirse e ir a clases. Los estudios la ayudaban a dejar de pensar en Sasuke y todo lo que estaban viviendo.

— Sakura ¿puedo pasar? — La pelirosa estaba terminando de ponerse los zapatos, así que aceptó la llegada de su abuelo. — Vas algo atrasada.

— Anoche tuve que quedarme estudiando hasta tarde y la otra semana tengo grabaciones, así que no me queda otra que aprenderme el guion.

— Te ves agotada, cariño. — le dijo, acariciando su cabello. Sakura soltó el aire y sonrió con tristeza. — ¿No quieres contarle a tu abuelo qué pasa por esa cabeza?

— Estoy cansada, es todo. — susurró, volviendo a la tarea de amarrarse los zapatos.

— Cariño, no todo lo que se ve, es así. — dijo el hombre, levantándose a mirar una fotografía donde salía Sasuke Uchiha en calzoncillos. — ¿De cuándo es esto?

— Tenía 12 años. — justificó de inmediato sonrojada, lanzándose a quitarla de sus manos.

— ¿Por qué la pusiste aquí?

— En casa no lo puedo hacer porque él va… — guardó silencio y se tapó la boca.

— Él te va a ver. — terminó de decir. — Vaya, no pensé que empezarías tan joven a tener…

— ¡Abuelo! — chilló interrumpiéndolo. — Solo me ayuda a estudiar y ordenar. Es todo.

— Me cuesta imaginarlo como nano. — confesó sonriendo. — "Lo esencial, es invisible a los ojos"

— ¿Qué quieres decir? — preguntó sin comprender el cambio de tema.

— Todo lo que ha hecho por ti, por lo que yo veo, por lo que vemos todos ¿quieres crucificarlo? — Sakura miró atónita a su abuelo. — Detrás de todo, hay siempre una razón. Quizás debía haberte avisado antes, pero cariño los hombres también tenemos nuestro orgullo.

— Él nunca se fijaría en mí.

— Le importas tan poco que partió a buscarte apenas no estuviste a su lado. — el hombre se acercó donde su nieta y apoyó su frente con la de él. — A tú abuela la conocí cuando era más pequeña tú y supe de inmediato que la amaría por siempre. No fue miel sobre hojuelas y se podría decir que el principio fue muy sanguinario, pero a pesar de eso tenerla a mi lado ha valido cada uno de los problemas.

— ¿Y si sufro? — sugirió temerosa.

— ¿Y si no? — respondió escuetamente, sonriendo. — Apresúrate, tienes que irte a clases y tu madre vendrá a poner el grito en el cielo si no acabas ahora.

— Gracias, abuelo.

— Cuando quieras, linda.

Sakura hizo todo lo que le quedaba de forma autómata y salió del cuarto lista para ir a clases.

Y así lo hizo. Todo corrió normal, e incluso se encontraba más motivada de lo que había sido el resto de la semana.

Estaba almorzando bajo un árbol junto a Hinata y conversando trivialidades.

— ¿Cómo va todo con Naruto?

— Bien. — respondió la peliazul sonrojada. — Me gusta.

— Si no te gustara, dudo que estarías con él. — contestó Sakura. — ¿Le contaste a alguien?

— Solo Hanabi y Natsuki. — suspiró. — Temo contarle a Neji y papá.

— Es tu elección, Hinata. Nadie puede obligarte a hacer algo que no quieres. — le tomó una mano. — Tienes que cuidar el amor.

— Cuesta un poco. — Hinata tomó su mochila y de adentro, sacó muchas revistas. — Sé que es patético, pero no podía vivir con dudas.

Sakura miró una por una, notando que en todas, se remarcaban las relaciones de Naruto. Con quienes había estado y con las supuestas conquistas. Otra hoja se posó sobre eso y vio la lista hecha por Hinata.

Peligrosas
Medio peligrosas
Bajo riesgo
Mínimo riesgo
Nada de riesgo

En esa última categoría brillaba su nombre.

— Esto está mal, Hinata.

— Soy adolescente. — justificó, tapando su rostro con el flequillo. — Además soy tan esquematizada que necesitaba hacer una lista.

— ¿Naruto te da razones para esto? Todo el mundo sabe que lo traes baboso desde hace años.

— Saku… es mi primera relación y siento que no sé qué hacer. — se puso las manos en la cabeza. — Lo quiero tanto, pero tengo tanto miedo.

— ¿Miedo de qué?

— De perderlo, de no ser suficiente, de que reaccione y se dé cuenta que en verdad yo soy solo una chica sin experiencia y eso le parezca aburrido. — susurró. Sus ojos alabastro se mostraban temerosos. — Son tantas las cosas que me cuestiono, que estoy a un paso de lanzar todo.

— Hinata, él te quiere. — dijo de forma conciliadora. — Y odiaría verte dudar. ¿Estás segura de que lo quieres tanto?

— ¿Por qué me preguntas eso? — levantó su cabeza, enfrentándose a los verdes de su amiga.

— Porque si lo quisieras mucho, no buscarías excusas para desmerecerte. — se acercó donde ella y le levantó la cara. — Eres preciosa tanto por fuera como por dentro. Ninguna de esas mujeres que escribiste en la lista se te compara en ningún sentido.

— Lo amo mucho, Sakura y sé que así será siempre. — La pelirosa sonrió con esa afirmación.

— Entonces basta de darle vueltas y déjate sentir. Te aseguro que Naruto te hará sentir muchas cosas. — movió las cejas de forma sugerente.

— Sucia. — murmuró azorada, pero más tranquila. — Ahora es mi turno de luchar.

— Sí, estabas actuando muy pasivamente. Para que una relación funcione, se necesitan dos personas.

— Me da vergüenza darle besos. — le contó, poniéndose de pie dado que el receso estaba a punto de acabar.

— ¿Qué?

— Eso, me da vergüenza besarlo, porque temo que piense que soy una lanzada.

— Hinata, si quieres besarlo, hazlo. Es algo que nacerá de tu alma. — entrecerró los ojos. — ¿Estás segura que es solo vergüenza o temes que no te puedas controlar?

— ¡Sakura! — chilló, haciéndole reír. — No estoy preparada para "eso".

— Nadie lo está, Hinata, pero se hace igual. — le pasó un brazo por los hombros. — Además, tienes un hombre experimentado y cariñoso que está dispuesto a enseñarte.

— ¿Y si no le gusto?

— ¿Y si le gustas? — las palabras murieron en su boca, recordándole a su abuelo. Cuestionar y juzgar antes de tiempo, siempre era erróneo. Quizás estaba siendo muy intransigente con Sasuke. — En fin, no puedes vivir de supuestos. Solo lánzate y comete a tu bombón de oro.

— Gracias.

— Ah y otra cosa. Esa lista que hiciste, la quemaremos. No quiero que pienses en Samui, ni Renata, ni Misako ni ninguna tipa que estuvo antes que tú. — Hinata se la dio y Sakura sacó un encendedor.

— Espera, nos meteremos en tremendo lío si lo quemamos acá.

— Lo tiraremos al basurero. — Sakura le prendió fuego desde una esquina y ambas vieron como el papel era consumido por las llamas. Lanzándolo al tacho, se dirigieron a la última clase que tendrían, pero olvidaron algo. El humo del papel penetró las alarmas anti―incendio y en menos de dos segundos, todas las chicas del colegio Konoha, estuvieron empapadas. Hinata palideció, mientras Sakura pedía al cielo no haber sido descubiertas.

— ¡Se mojó mi sake! — gritó la directora Tsunade, saliendo con un vaso en la mano y nariz sonrojada. — Las clases se cancelan y Yuuna, llama al celador para que arregle esto. — se dirigió a todas las chicas que seguían bajo el agua imparable. — ¡Váyanse, se enfermarán!

Sakura jaloneó a Hinata riendo en el camino a la salida.

— Estás demente. Ahora entiendo porque en tu otra escuela te odiaban.

— Por primera vez cometí una falta de forma inconsciente. — confesó, bajando las escaleras de la escuela, siendo rodeada por bomberos y policías. Al parecer, las alarmas habían dado la alerta a las entidades de emergencia. — Si Tsunade se entera, me matará.

— Es probable, así que evitemos los problemas.

Bajaron intentando esquivar a los rescatistas y curiosos. A duras penas lo lograron, pero abajo se encontraron con algo mucho peor.

— Señorita Haruno, ¿Qué ocurrió? — el micrófono se lo pusieron enfrente haciéndole retroceder.

— Señorita Haruno, el incendio fue de grandes proporciones ¿usted se encuentra bien?

Hinata a su lado la miraba complicada, más aun cuando sintió la mano de su amiga temblar entre las suyas. Sakura estaba aterrada y así lo mostraban sus ojos abiertos como platos y palidez preocupante.

— Sakura, ¿qué opina de lo que dijo Fuka sobre su relación con Sasuke? — la pelirosa miró a la periodista y boqueó, intentando decir algo, pero no pudo. Estaba aterrada frente a toda esa muchedumbre que se estaba apersonando frente a ella.

— N… no… sé… — balbuceó, haciendo fruncir el ceño a todos los presentes.

— ¿Crees que vuelvan? — le gritó una mano desde atrás.

— ¡Permiso! — una voz conocida para ambas, irrumpió entre todos. — No ven que están empapadas y hace un frío de mierda.

Naruto se puso frente a Sakura y Hinata y sacándose su ropa, las arropó.

— Uzumaki, ¿qué hace usted acá?

— Pasaba por el lugar y como conozco a Sakura, vine a ayudarle. — respondió escuetamente, tomando a Hinata de la cintura para que avanzara y empujara a la pelirosa.

La ojiplata caminó sin sonrojarse. Estaba tan asustada por ver a su amiga así, que ni siquiera se avergonzó cuando sintió la mano del rubio en su espalda.

— ¿Alguna relación con la señorita Haruno?

— ¿Son amigos con algo más?

— ¿La diferencia de edad no está siendo un problema entre ustedes?

Naruto ignoró cada una de las preguntas y avanzó con las chicas hasta su carro. Cuando las dos se encontraron dentro, se giró hacia los periodistas.

— Sakura es una conocida y compañera de un gran amigo mío. Si no se dan cuenta, se encuentra aterrada frente a ustedes. Respétenla aunque sea porque es menor de edad. — Les pidió molesto, subiéndose al carro.

La pelirosa que iba sentada atrás, miraba al vació de forma perdida y tiritaba de frío.

— Naruto, llévanos al departamento de Saku. — le pidió Hinata, acomodándose en su asiento y temblando de la misma forma que su amiga.

— Ok. — la miró fijamente, esperando algo, pero el sonido de una cámara apegándose a su vidrio, lo hizo acelerar el lindo automóvil. — ¿Tienes frío?

— De… ma… sia… do. — dijo, castañeándole los dientes.

En el pare de una intersección, se sacó su chaleco y se lo entregó.

— Póntelo y sácate esa camisa que está muy mojada. — Hinata miró su pecho y notó que su brasier estaba a la vista y paciencia de todos. — Te aseguro que si sale tu rostro en televisión, voy a matar al imbécil que te grabó.

— Naruto… — susurró.

Y lo entendió. Las palabras de Sakura tomaron significado y las puso en práctica. Mirándolo fijamente se invadió su espacio y le dio un corto beso en los labios. Naruto se echó hacia atrás sorprendido, estaba acostumbrado a ser él el que diera el primer paso, pero ese cambio le gustó y sonrió de inmediato, dándole confianza.

— Preciosa. — le dijo cerca de sus labios y volvió a darle un beso. Un poco más profundo, pero tierno. Hinata enganchó sus brazos en el cuello del rubio y cerró los ojos, dando al mismo tiempo que recibía.

— No quiero… interrumpir…, pero… tengo frío. — la voz de Sakura los llevó de vuelta a la realidad y sonrojados se separaron. — Gracias… Naruto.

— Tranquila, Sakura. — dijo el guapo rubio, restándole importancia.

De manera indulgente, Naruto dejó caer su mano en la rodilla mojada de la peliazul. Hinata tomó una nueva tonalidad de escarlata, haciéndole reír.

En silencio avanzaron por las calles de Tokio sin grandes inconvenientes. Hinata, usando su renovada forma de actuar, se atrevió a tomarle la mano y entrecruzar los dedos, pero hasta ahí llegaba su temeridad. Volteó su rostro hacía la ventana y mantuvo la vista pegada hasta que llegaron al departamento. Sakura se bajó todavía estilando y con la chaqueta de Naruto puesta en sus brazos. Hinata hizo lo mismo, aunque ella no se encontraba tan mojada.

— Sakura, metete a la ducha. — le ordenó, Hinata, sorprendiendo tanto a la pelirosa como al rubio. — Yo lo haré en el baño de visitas.

— Háganlo. Les preparé algo caliente. — murmuró Naruto, instándolas con las manos a moverse. — Apresúrense.

— Gracias por esto, Naruto – kun. — murmuró Hinata, mirando la punta de sus zapatos y envolviéndose en el fino sopor de la tranquilidad que exudaba él.

— Eres mi chica, obviamente haré lo que sea para que estés bien. — La declaración fue acompañada por un fuerte abrazo, envolvente y cálido. Al rubio no le importó mojarse, porque sentir a Hinata contra su cuerpo, era razón suficiente para aguantar cualquier cosa, incluso enfermarse fuertemente. — Ve a bañarte. No quiero que te resfríes.

Dándole un pequeño beso en su mejilla, Hinata corrió al baño, encerrándose en él y apoyando su cuerpo en la puerta. Suspiró hondamente para calmar su corazón agitado revoloteando por mariposas de colores.

Sonrió con felicidad y entrega. Sonrió libre de culpas y sintiéndose rebosante de emociones casi perfectas. Por primera vez quería ser ella la que tomara las riendas de su vida y dejar de vivir bajo la maldita sensación de estar al debe con los demás, actuando correctamente cuando lo que verdaderamente sentía era otra cosa.

11.

Naruto tarareaba una canción mientras se paseaba por la cocina del departamento de la pelirosa. Abriendo las despensas buscó los ingredientes y sacando del refrigerador verduras frescas, preparó una sopa para calentarles el cuerpo. Estaba tan empecinado en eso, que no sintió su celular vibrar.

Sakura llegó a su lado y dándole una tímida sonrisa, se sentó en un taburete de su cocina esperando por comida. Naruto se apresuró en servirle y dándole una mirada de reproche por verla con su pelo húmedo, le puso el plato en frente.

— Deberías secártelo. — Sakura se metió la cuchara en la boca y alzándose de hombros, le restó importancia.

Hinata entró a los segundos, con ropa de la pelirosa. Le quedaba claramente ajustada en una parte muy específica de su anatomía y Naruto lo notó, pero evitó hacer comentarios.

— Estaba sonando. — dijo la recién llegada, pasándole el celular al rubio.

— Es Sasuke. — y no tuvo que esperar más, porque enseguida entró una nueva llamada. — ¡Teme!

— Hasta que contestas, imbécil ¿Estás con Sakura? ¿Le ocurrió algo? — el rubio apenas entendió las palabras de su amigo. Hablaba tan rápido y fuerte, asustándolo.

— Sí, está bien. — respondió impactado.

— ¿No se quemó? Vi la televisión y estaba mojada…

— Cálmate. No le pasó nada. — le dijo el rubio, tranquilizándolo. — ¿Me podrías explicar que sucede?

Sakura y Hinata se miraron con complicidad, más aun al ver la cara de confusión que tenía el novio de la peliazul. Naruto fijó sus ojos expresivos en Sakura esperando una respuesta sensata por parte de ella, pero no la consiguió.

— Quiero hablarle. — exigió el galardonado Uchiha.

Por inercia, Naruto le entregó el celular sin comprender. Hinata con un gesto de cabeza le indicó que salieran a la sala. Sakura necesitaba privacidad.

— Esto es rarísimo. — escuchó Sakura que decía Naruto mientras era jalado por su amiga.

Poniendo el teléfono en su oído, suspiró esperando a que hablara, pero el pelinegro no emitió sonido.

— Dime. — pidió rindiéndose.

— Quiero saber si estás bien.

— Sí, lo estoy. Gracias. — hoscamente escupió contra el celular, apretándolo fuertísimo.

— Me alegro. ¿Qué pasó?

— Unas lunáticas dejaron un papel prendido en un tacho de basura y las alarmas de incendio se prendieron. — Sasuke sonrió de medio lado, complacido al escucharla decir algo sin ser tan brusca.

— ¿Tú no tienes nada que ver con eso?

— ¿Crees que sería tan loca como para hacerlo? — contra preguntó molesta. — Bueno, en verdad si soy loca y sí tengo que ver con lo que ocurrió.

— ¿Podrías explicarme eso? — susurró, intentando no ser exigente.

— Es complejo de explicar. — dijo la pelirosa, sobándose su frente. — Pero te aseguro que no fue con mala intención.

— Te creo. — Sakura fue la que sonrió en ese momento, bajando la cabeza y sintiéndose feliz.

Una parte de ella le gritaba que era una estúpida por sucumbir frente a él, pero otra le rogaba por un poco de Sasuke, obligándola a seguir ahí desesperada por escuchar su voz. Odiaba pelear y más aun sabiendo que estaba tan lejos como para poder arreglar las cosas frente a frente.

— Gracias.

— ¿Te cambiaste ropa? Vi por televisión que te encontrabas empapada.

— Sí. Naruto nos obligó apenas llegas a meternos a la ducha para calentar el cuerpo. — miró la sopa. — Inclusive nos cocinó algo para entrar en calor más rápido.

— ¿El dobe cocina? Eso sí que es nuevo.

— Está Hinata y sabes que por ella es capaz de todo. — Un silencio nació entre ellos y por primera vez se les antojó incómodo.

— Estoy seguro de que es así. — afirmó el pelinegro, mordiéndose la lengua. No quería decirle que él también era capaz de todo por ella, ni tampoco le daría la satisfacción de saber que estuvo a punto de largarse de Estados Unidos al ver la televisión y encontrarse con la maldita noticia de que Konoha School se estaba incendiando. Malditos periodistas amarillistas que le habían dado un dolor en el pecho por mero morbo. — Sakura…

— No digas nada, Sasuke. — le pidió, mordiendo su labio. — Por ahora sigamos como estamos ¿te parece?

— La verdad es que no, pero no te presionaré.

— Gracias.

Otro silencio incomodo que fue interrumpido por la voz de alguien llegando donde Sasuke. No quiso averiguar si era Fuka o cualquier otra mujer, así que cortó. Luego le echaría la culpa a la maldita señal de comunicación.

Salió de la cocina completamente inapetente y se encontró con la linda escena de Hinata acurrucada en un costado del rubio, durmiendo plácidamente, mientras éste le acariciaba el cabello con una ternura estremecedora. Sakura le regaló una sonrisa al rubio, que se sonrojó al verse sorprendido.

Haciéndole un gesto, le indicó que iba por una manta para ambas y cuando volvió con ella, aprovechó de sacarles una fotografía. Naruto sonreía de oreja a oreja, mientras miraba a su bella novia dormir acurrucada a su lado y entregándole ese calorcito único marca Hinata Hyuga.

Sakura los dejó solos y se encaminó a su habitación. Cayendo a la cama, se tapó hasta la cabeza con las frazadas y sacando su celular, miró las fotografías que había ahí. Sasuke durmiendo a su lado, Sasuke sonriendo de forma imperceptible, pero notoria para ella, Sasuke molesto por ser asediado con fotos, Sasuke dándole miradas de advertencia para que parara, Sasuke dándole un beso sin saber que lo estaba fotografiando.

Era una estúpida al ponerse a revisar esas cosas, pero su vena adolescente le exigía drama y tenía que llorar. Extrañarlo y odiarlo no eran dos formas sanas de tenerlo presente. Tragando el nudo de su garganta, dejó que una lágrima solitaria cayera al colchón, mojando el sector al igual que su cabello.

— Estúpido Uchiha. — susurró, apretando sus dedos alrededor del teléfono.

Cerró los ojos y se dispuso a dormir. No quería más guerra y por ese día, solo por eso dejaría de pensar. El siguiente ya traería su afán.

.

.

.

Sasuke tocaba la guitarra acostado sobre el sofá, pero sin sacar ninguna melodía conocida, solo inventando y dejándose llevar por sus dedos y mente. Era una forma bastante sana de pensar en la pelirosa sin caer al trago y emborracharse como idiota por sentir que la estaba perdiendo.

La llegada de Itachi había interrumpido su conversación y cuando se vio hablando solo, quiso gritar jalándose el cabello. Su hermano querido solo hizo una mueca sin saber que decir ni hacer. Itachi había acabado su cuota de consejos con Shikamaru y para que volviera a llenarse la barrita de estos, tenían que pasar algunos meses.

— No quiero interrumpirte en tu melancolía, pero necesito una respuesta clara.

— No iré. — murmuró sin dejar de mirar el techo.

— ¿Cuál será la explicación? — preguntó Itachi.

— No lo sé, ya se te ocurrirá. — dijo quedo, sin expresividad.

— Deberías decírselo personalmente.

— ¿Y así sigue pensando que estaremos juntos? — meneó la cabeza. No quería a Fuka en su vida y mucho menos después de verla hablando con los medios, destrozando aún más su vida. — No iré a esa gala y avísale con antelación para que pueda cubrir el espacio que dejaré.

— Estoy en deuda contigo, así que acataré las órdenes. — Itachi se levantó del sofá en el que se encontraba y lo miró entrecerrando los ojos. — ¿Por qué no vas y te dejas de esta mierda?

— ¿Ahora me ayudas? Te recuerdo que si estoy hundido en parte es por tu culpa. — Itachi sintió esa respuesta como una patada en el hígado.

— Y lo lamentaré en lo que me resta de tiempo. — aseguró casi inaudible. — ¿Te puedo hacer una pregunta?

— Ya la estás haciendo.

— Por favor, deja de ser tan imbécil y responde. — Sasuke lo miró de reojo. — ¿Te gusta o la quieres?

— ¿A quién te refieres?

— A la señora que te maquilla… — ironizó molesto. — Dime la verdad, Sasuke. ¿Sakura te gusta o la quieres?

— Me agrada. — respondió renuente. Itachi alzó una ceja. — ¿Importa?

— La verdad es que sí. Estás echado como fantasma, triste y con cara de funeral. No sé si andas así por no poder verla, por saber que está enojada contigo o porque quieres estar con ella acá.

— Eso no es de tu incumbencia, Itachi. — Sasuke dejó la guitarra a un lado y se sentó para mirar a su hermano. — Si la quiero, me gusta, estoy enamorado o lo que sea, es un tema personal y a ti no te tiene que interesar en lo más mínimo.

— Pero si me interesa. — respondió. — Eres mi hermano y te veo como idiota acostado ahí sin hacer nada.

— ¿Qué más quieres que haga? La llamo y me corta. Intento escribirle y no me responde. — se levantó con rapidez, asustando al mayor de los Uchiha. — Es una niñata que se comporta como tal y yo soy un imbécil al esperar algo distinto.

— ¿Sabes qué? No te aconsejaré más…

— ¡Gracias! — gritó el moreno, alzando las manos al cielo, siendo tan histriónico para ser él. — Necesitaba que te metieras tus putos análisis por el culo y te callaras.

— Cuando veas a Sakura con otro, vamos a ver como llegas a mi lado pidiendo esos putos análisis para resarcir la situación y ahí estaré gustoso de decirte: "Lo siento, perdiste"

— Lo que digas, Itachi. — dijo en tono cansino. — ¿No tienes a quien más ir a joderle la vida?

— Me pagas por hacerte miserable ¿no consideras que es hermoso? — Sasuke le lanzó el control de la tevé por la cabeza e Itachi se lo devolvió con la misma fuerza, partiéndole la suya. — ¡Es tu culpa!

— Vaya, lo que me faltaba. — dijo Sasuke, cayendo de trasero al suelo agarrándose la parte sangrante. — ¿Se ve muy mal?

— ¡Mamá me matará! — chilló el mayor, tapándose la cara. — Fue tu culpa, tienes que decirle.

— Pareces un niño. — susurró Sasuke, sonriendo levemente. El dolor estaba siendo terapéutico.

Rememoró cuando eran pequeños e Itachi le hacía daño. Era tanto el miedo que sentía su hermano por las regañinas de su madre, que lo obligaba a fingir que era su culpa que tuviera accidentes.

Mamá, yo fui el que quiso agarrar el jarrón que Itachi lanzó sin querer. No es su culpa que tenga un brazo roto.

Mamá, yo fui el que puso el rostro para parar los puños de Itachi. Él no me quería golpear.

Mamá, yo fui el que entró a esa chica de dudosa procedencia. A Itachi no le van las prostitutas.

— Vamos, debo llevarte al hospital.

— Ésta vez no me echaré la culpa. — le informó el menor, mirándolo con cara de diversión. Al parecer el golpe le había quitado un poco de la melancolía que llevaba a cuestas. — ¿Crees que si causo pena Sakura me buscará?

— De verdad te estás volviendo patético.

— Es tu culpa Itachi. Todo es tu culpa.

Y el pelilargo, ayudando a su hermano a subir, aceptó las acusaciones. Si Sasuke estaba como estaba era gran parte responsabilidad de él.

Con hermanos así, para qué se querían amigos.

12.

Los flecos están bastante de moda en éste momento. La colección de Giordano ha mostrado un montón de ellos, destacando los variados colores y diseños estrafalarios. Primavera – Verano será bastante colorido y lleno de estampados de flores gigantes y verdes amarillos.

Tenten levantaba la cabeza a ratos y anotaba con rapidez cada una de las cosas que se iban diciendo. Entre toda esa gente, se había logrado colar junto a Tsubasa para saber que se encontraba en la cúspide de la moda mundial y estaba impactada. Imaginar un vestido con estampados de esos colores y flores se le hacía horrible. Al parecer la moda lo que menos sabía era de moda, algo muy extraño dado que eran lo mismo.

— Es una mierda. — le susurró su amigo a un lado, tomando sus propias anotaciones.

— Ya lo creo. — dijo ella hacia el papel, tomando atención e intentando pensar en cómo poder estar al son de lo que se vería en las pasarelas sin caer en lo vulgar.

En Japón tenemos maravillosas exponentes que pueden presentarse para mostrar un poco más de lo que hablamos. Lamentablemente Fuka, una de nuestras mejores cartas se encuentra en el invierno de premiaciones que se da en Estados Unidos, así que esta vez prescindiremos de sus servicios, pero su gran amiga Mei Terumi, aceptó el desafío y nos mostrará como se ve en ella el nuevo estilo que regirá en todo el mundo.

Tenten hizo una mueca al ver salir a la mujer. A pesar de lo idiota que se le vislumbraba una tela como esa, se sorprendió al ver lo maravilloso que le sentaba a la novia de Neji.

Se veía alta, guapa, estilizada y le daba una elegancia que llegaba a anonadar. Esa mujer destacaba entre todas por su desbordante belleza.

Y como lo ven, a pesar de las reticencias que se habían mostrado, aquí vemos el resultado de un buen trabajo y de una gran modelo. Gracias Mei por acompañarnos.

La peli castaña sonrió con un deje de tristeza al verla con esa soltura que hipnotizaba a los hombres y los volvía imbéciles. No por nada, Neji que estaba a su lado la miraba embobado y respiraba cada uno de sus suspiros.

— No es tan guapa. — le dijo Tsubasa al oído, sacándole una leve carcajada, que para su mala suerte se escuchó en todo su alrededor e interrumpió el discurso de la modelo, quien la fulminó con la mirada.

Tenten quiso ser tragada por la tierra y rogaba que en su hoyo echaran cemento para que nadie la viera. Llegó a un nuevo nivel de sonrojo y se achunchó frente a las miradas de reprobación a las cuales estaba siendo sometida. El traidor de Tsubasa se había lanzado hacía atrás y la miraba de la misma forma, fingiendo no conocerla.

— ¡Usted! — un gritó — ¡No está invitada a la conferencia! — doble "trágame tierra". Un guardia rechoncho que sudaba como condenado, corrió hacía ella, seguido por dos tipos trajeados que al parecer eran guardaespaldas de algún famosillo. — ¡Le impedí la entrada!

— Sí, pero… — no la dejó terminar, cuando se vio apresada por él y jalándola con fuerza, la sacó de la sala, para gritarle en el pasillo.

— ¡Le advertí que no podía meterse ahí! — volvió a chillar, escupiéndole en su cara y atontándola con el maldito hedor que expelía de su boca.

— Lo siento mucho. — alcanzó a susurrar, cuando volvió a verse sujeta con brusquedad por los guardaespaldas gigantescos que se habían apostados a su lado. — No soy una delincuente.

— Quizás eres una terrorista. — dijo uno de los trajeados, con voz gruesa e impersonal. — Tendremos que sacarte la ropa para revisar en ese cuerpecito si alguna bomba se esconde.

— Lo único que quería era saber que estaría de moda ésta temporada. — afirmó aterrada.

La idea de desvestirse para que otros se cercioraran de que no era un peligro, le ponía los vellos de punta.

— ¡Tendrá que verlo en una comisaría y demostrar su inocencia!

— Tanto escándalo. — las cuatro cabezas se voltearon a mirar al desenfadado que se dirigía a ellos, con paso tranquilo y manos en los bolsillos. — Suéltenla.

— Señor Hyuga, lamento contradecirlo, pero la chica puede ser un peligro para la sociedad. — informó el rechoncho, lanzándole una mirada de odio.

Maldito zalamero, pensó Tenten. Al intentar soltarse, los dedos se enterraron con más fiereza en su brazo, lastimándole.

— La conozco y el único peligro que se corre a su lado, es verse envuelto en sus verborreas desagradables. — Si Tenten hubiese estado suelta, no dudaba en que se habría lanzado sobre él para golpearlo sin parar. — Suéltenla.

— Señor Hyuga…

— He dicho que la suelten. — Neji se puso a un lado de los guardaespaldas y a pesar de ser más delgado, tenía el mismo porte que ellos y era tan guapo que comenzaba a obnubilar el pensamiento de la peli castaña. — ¿No entienden japonés?

— No se trata de eso, señor Hyuga, pero nosotros recibimos órdenes de superiores y cualquier ente que atente contra la realización de la conferencia, tiene que ser revisado.

— Hazlo, pero te arrepentirás. — Tenten frunció el ceño ¿El Hyuga estaba amenazando por defenderla? — Está tan chiflada que es capaz de arrancarte los ojos con las manos. — El globo de su pecho se desinfló, dejándola nuevamente como había estado siempre. Odiándolo.

— Estamos dispuestos a correr ese riesgo. — Aseguró uno de los guaruras, aferrando aún más fuerte su brazo. Tenten no pudo evitar el quejido.

— ¡Tenten! — el grito de su mejor amigo tranquilizó sus nervios. — Por favor, suéltenla. Nosotros solo queríamos ver que traía la moda de primavera – Verano, pero ya vimos que no somos bienvenidos.

— Se los dije en la puerta cuando intentaron ingresar. — le recordó el bajo tipo, secando el sudor de su frente. — Además, señorita, déjeme decirle que deja mucho que desear vistiendo así para una conferencia de prensa.

Como si usar estampado de flores gigantes junto a colores fluorescentes fuese mejor…

— Jeans, camisa y chaqueta. — susurró Neji, escaneándola de pies a cabeza, pero deteniéndose en la mano del tipo que la apretaba. — Para mí se encuentra bien.

— No necesitas mirarme con tanto detenimiento. — Dijo Tenten, enviándole una fingida sonrisa de afecto. — Tú, rubito, me duele el brazo.

— Por favor, suéltenla. — volvió a pedir Tsubasa, al ver como los dedos del hombre estaba marcando la piel de su mejor amiga. — Nos largaremos en cuanto nos dejen partir.

— Necesitamos revisarla. — reiteró el tipo.

— Tendrán problemas si no la sueltan. Las detenciones por sospecha están prohibidas. — comenzó a decir Neji. — Yo no guardaré silencio si me preguntan lo que vi. — fijándose en el rubio que la apresaba con fuerza. — Suéltala y es una orden. Comienza a molestarme todo este barullo.

— Señor Hyuga, usted puede volver a la conferencia. Nosotros nos arreglaremos con este par. — Neji negó, acercándose a la chica, pero pasó de ella y enfrentó al rubio que no la soltaba.

— Tienes 5 segundos para sacar tus manos de su brazo. Si no lo haces, date por advertido.

— Señor Hyuga…

— Uno. — comenzó a contar.

— Tenemos indicaciones…

— Dos. — continuó.

— De no permitir… — intentó decir el bajito, interviniendo por su seguridad.

— Que extraños…

— Tres. — Tsubasa estaba nervioso y más aún al ver el aura de tensión que expelía el cuerpo del pelilargo.

— Ingresen en dependencias…

— Cuatro.

— Del hotel… — el gesto de Neji se endureció y el rubio por salvar su trasero, la soltó, dejándola caer al suelo con brusquedad.

— Cobarde. — susurró con veneno, para agacharse a la altura de la peli castaña.

Al tomar su mano y mirar sus ojitos asustados, una imagen se posó en su cabeza, trayéndole de recuerdo un momento parecido, donde una guapa chica se había entregado a él en un bar y luego con ojos llorosos la había dejado en ese cubículo del baño.

— No es necesario. — dijo Tenten, levantándose sola, sin mirar a ninguno de los presentes. Tsubasa la apretó contra su cuerpo y jaloneó de ella para sacarla de ahí.

— Gracias, Hyuga. — susurró el chico verdaderamente agradecido.

La chica lo miró sobre su hombro y moviendo su cabeza en un asentimiento, se dejó llevar por su amigo. A Neji no le había gustado verla sometida por tres hombres que la doblaban en fuerza y tampoco mirarla partir con ese afeminado abrazada a su cuerpo como lapa.

¿Por qué lo había besado si tenía una relación? No le cabía duda que ese tipo sin cojones era su novio.

— Señor Hyuga… — el ojialabastro miró al tipejo. — Lo que nosotros menos queremos es meternos en su vida y en sus decisiones…

— Entonces no se meta. — dijo interrumpiendo la cháchara. — Hasta nunca, maricas.

El pelilargo caminó devuelta a la conferencia para ver los últimos pasos que daba Mei sobre el escenario. Era tan malditamente guapa, que arrebataba el aliento de quién la mirase. Su pelo, su boca, su cuerpo esbelto, sus piernas largas y fuertes, su cintura estrella, su peinado de dos chonguitos… Aquella persona en la cual estaba pensando no era Mei y se asemejaba mucho a más a la que recientemente había visto salir temblorosa, pero orgullosa acompañada de su novio.

Aprovechó que el mesero pasó frente a su nariz y tomó una de las copas que andaba repartiendo. De sopetón se la mandó hacía dentro y dejo que la garganta la ardiera, sin poder contener el carraspeo. Agachó la cabeza e intentó enfocarse nuevamente en el ahora, en lo que veía y dejar de lado los pensamientos que lo estaban atenazando. ¿Estaría bien? ¿Su novio la sabría cuidar si algo como lo recientemente ocurrido volvía a pasar? Se notaba que no tenía el temple necesario para defenderla y Tenten era un peligro público. ¡No!, tenía que parar. Meneó la cabeza, intentando corretear la cara de la chica, pero le era imposible.

Había algo en ella que le recordaba a otra persona. A una chica que había humillado y odiado de la misma forma, a esa chica que usó luego de un concierto para satisfacerse arrebatándole su virginidad y viéndola rebajarse a él para poder poseerlo. Era una astuta de la cual se había desecho de inmediato, pero su recuerdo vivía latente en su cabeza. Sobretodo esos ojos almendrados con lágrimas.

— Ya podemos irnos, mi amor. — Los brazos delgados de su novia le apretaron el cuello, devolviéndolo como llevaba buscando hace rato, a la realidad. — Me quedaban preciosos los vestidos ¿lo viste?

— Claro. — aseguró mintiendo, dejándose besar por Mei. A pesar de amarla como lo hacía, por primera vez no se sintió tocando el cielo mientras bebía de su boca. Era como si a Mei algo le faltara. Su sabor no era el que buscaba y lo peor de todo, era que sabía más o menos donde se encaminaba toda la situación. — Vamos, necesito poseerte.

Y así lo hizo. Grito de éxtasis liberándose dentro de Mei y buscando el desfogue de su corazón desesperado. Algo le estaba pasando. Algo había cambiado dentro de él desde que Tenten había aterrizado en su vida, y odiaba eso. No quería pensar en ella mientras se encontraba con su novia, pero si lo hacía. Rememoraba ese beso que se habían dado en la fiesta de Hinata y su cuerpo se encendía. Si Mei se enteraba que muchas veces el recurría a ese recuerdo para poder encenderse, era capaz de asesinarlo.

Cuando se vio libre de cualquier atadura por parte de Mei, se bajó de su cuerpo y dándole la espalda, fingió quedarse dormido.

Al cerrar los ojos, solo podía recordar la mirada asustada de Tenten y como ésta se asemejaba a la de la chica del bar.

Quizás eran la misma persona o simplemente era un intento desesperado de buscar una excusa para poder mermarla.

13.

— Todavía me pregunto con qué fuerza te tuvo que haber lanzado ese control remoto Itachi para romperte la cabeza. — Sasuke hizo una mueca. — No puedes negar que eres un cabeza dura, así que me encuentro impactado.

— Y yo todavía me pregunto cómo es que no te has echado a llorar como nena luego de quedar soltero. — respondió de forma mordaz. Suigetsu le lanzó un cojín y Sasuke no lo pudo esquivar. El dolor todavía le atravesaba el cráneo. — ¡Imbécil!

— No me provoques. — amenazó el peliblanco, cayendo sobre su sofá y poniendo los pies sobre la mesa de centro. — Además, esto de estar soltero creo que me gusta.

— Y yo soy el rey Arturo. — se mofó Sasuke. — Si estás acá es porque quieres ser escuchado, así que habla de una vez.

— Eres un insensible de mierda.

— Pásame el hielo que está a tu lado. — Suigetsu se lo lanzó. — Gracias.

— Cuando te apetezca. — Sasuke se lo puso sobre su frente que estaba cubierta por un gran parche. — ¿Te duele?

— No tanto como a ti. — volvió a molestar el moreno. — ¿Ella te dejó?

— Eso no viene al caso, Sasuke. — afirmó. — Y como sea, estaba loca como una cabra. Ahora que me veo liberado, entiendo el porqué de las reticencias de mi madre.

— No puedes ser tan idiota, estúpido. — Suigetsu alzó una ceja. — Habla con la verdad o cállate.

— ¿Acaso quieres dártelas de consejero?

— Te aseguro que no, pero sé que si no empiezas ahora, me darás la lata en la noche mientras estés en el suelo por borracho, así que ahorremos ese dramatismo y empieza a hablar.

— ¿Quién te dijo que habíamos terminado?

— Te presentaste en el desfile en Paris y conociendo como conozco a Karin, sé que eso no les gustaría. — Suigetsu aceptó el punto. — Además, apareces por mi casa con una botella de ron y sonriendo de mentiras.

— Parece que el golpe te volvió más sensible y entendido.

— O quizás es que tú exudas un aura deprimente. — El peliblanco le envió una mirada de molestia, pero Sasuke no lo vio, porque tenía los ojos cerrados y solo se dejaba acariciar por el frío del hielo sobre su frente.

— Dijo que nuestras vidas eran incompatibles y que lo la entrampaba. — comenzó a decir. — ¿Puedes creer eso? Yo, el imbécil que dejó proyectos acá en Norteamérica por ella, ahora salgo trasquilado porque según su percepción, soy un estorbo en su proyección. — Suigetsu se levantó del asiento y caminó a la cocina para buscar algo de beber. Se encontró con latas de cerveza y las llevó todas al living para continuar. — Le pedí que se fuera a vivir conmigo y no quiso. Está empecinada en ser independiente y yo no pinto en la ecuación, además de decir que nuestras vidas son incompatibles. — El sonido de la lata de cerveza, interrumpió unos segundos la conversación. — Dijo que yo usaba mi cuerpo y ella el cerebro.

— Algo de verdad tiene.

— Pero no es excusa, Sasuke ¿o crees que sí? — preguntó retóricamente.

— A lo mejor ama a otro tipo y ya.

— Eres un insensible de mierda. — Suigetsu le dio un largo trago a la cerveza, remojando el maldito nudo que yacía en su garganta. — Le pregunté si había otra persona, pero me dijo que no.

— Entonces no. — Sasuke estaba templado. Gracias a los analgésicos se encontraba muy drogado. — Suigetsu, deja que el tiempo pase.

— No, esto ya se acabó. Me harté de que todo el tiempo sea yo el que cede y ella sigue pidiendo más y más. — otro trago de cerveza. — Siempre la antepuse frente a todo. Ella era lo primero en mi vida, incluso antes que mi familia. Le entregué todo lo que podía darle e intenté recompensar lo que ella me daba, pero no fue suficiente bajo su percepción y ahora me convertí en una ladilla. — Sasuke rió al escuchar la analogía. — Dijo que ya no confiaba en mí, cuando en verdad yo soy el que debería dudar de ella.

— ¿Basándote en qué? — inquirió Sasuke.

— Cuando terminamos hace un tiempo, fue porque se acostó a dormir con su maldito amigo Hiroto.

— Aah, el que estudia con ella. — Suigetsu gruñó. — ¿Solo durmieron?

— Ella me aseguró que sí, pero ahora lo dudo. — el peliblanco frunció el ceño. — Para terminar, sacó mucho a relucir el tema de la confianza y qué sé yo. A lo mejor, en su pérfida cabeza estaba el peso de la consciencia y en verdad solo quería terminar porque había cometido un error.

— Estás sacando deducciones estúpidas, Suigetsu. — lo frenó el pelinegro. — Deja de pensar un tiempo y con él vendrá la solución.

— No puedo, Sasuke. — respondió abatido. — La amo demasiado como para conformarme con mirarla de lejos.

Las palabras de su amigo le calzaron tan fuerte en la cabeza, que tuvo que acomodarse mejor para poder mirarlo. Se notaba destruido y cansado, quizás llevaba días sin dormir.

— ¿Qué se siente?

— ¿Qué cosa? — preguntó sin comprender Suigetsu.

— Querer tanto a alguien como para dejar de ser uno mismo.

— ¿Por qué lo preguntas?

— Solo responde.

— Cuando se es correspondido, no hay nada mejor. Quieres estar a su lado en todo momento, evitar que sufra y luchar por verla sonreír. Es como si ya no te importase nada más que ella y su vida, olvidando por completo la tuya y permitiendo que te manejen a su antojo. — sonrió con tristeza. — Lo más terrible es que te das cuenta que estás hipnotizado, pero no quieres salir, porque se siente tan bien estar a su lado, que la idea de alejarte te suena tremenda.

— ¿Tanto la amas?

— Daría mi vida por ella. — aseguró sin mostrar ni un ápice de arrepentimiento. — Karin se convirtió en todo. Es cada una de mis emociones y ahora me duele tanto no estar a su lado. Me torturo pensando que es feliz mientras yo siento que cada vez cuesta un poco más respirar. Me es imposible darme por vencido, pero no puedo más.

— Llora.

— ¿Qué? — Suigetsu sintió su mentón temblar. — Ni que fuera una… mujer.

— Llora, imbécil.

— No… lo haré. — pero mentía, porque ya parecía un dique sin poder detenerse. — La hubiese seguido… a cualquier parte.

— Lo sé. — respondió con comprensión, acercándole otra cerveza. — Te veo y siento miedo de sentir algo parecido.

— Yo no me arrepiento… de quererla como lo hago. — un sollozo fuerte escapó de su pecho, liberando un poco de la tensión que le impedía moverse. — Me siento tan disminuido… como si algo me estuviese enterrando cada vez más, obligándome a trastabillar. Ella… Karin… es todo, maldita sea.

Sasuke solo lo miró desvanecerse frente a sus ojos, siendo reducido a un mar de lágrimas que nunca esperó compartir. Suigetsu tapó su rostro intentando salvar su dignidad, pero Sasuke sabía que nunca le sacaría el tema a relucir para burlarse. El peliblanco era su amigo desde la adolescencia, cuando lo conoció en un set de televisión y lo acompañó en muchas producciones. Se convirtió en su hermano cuando hizo lo posible por sacarlo de la droga y más aún cuando fue el primero en encontrarlo desmayado a un paso de morir por culpa de las mismas.

Suigetsu conocía muchas facetas de él, al igual que Naruto. Era uno de sus grandes amigos y sabía que podía contar con él para cualquier cosa. Lo apoyaría y más ahora que estaba ahí destruido por no tener a la mujer que amaba a su lado.

Cada lágrima que recorría el rostro siempre sonriente del peliblanco, gritaba por la pelirroja. Él la añoraba como nada en su vida y no tenerla era una tortura a ojos de cualquiera.

— Toma. — le entregó un pañuelo desechable cuando notó que comenzaba a calmarse. — No te prestaré mi hombro para que lo moquees.

La broma alivianó el ambiente deprimente y le sacó una sincera risa al peliblanco. Secándose con brusquedad las mejillas, respiró con fuerza. El nudo comenzaba a abandonar su garganta.

— Te acabo de entregar material para burlarte por años. — dijo Suigetsu sonándose la nariz.

— Ya sabré como utilizar esta información. — Sasuke se acomodó en el asiento y posando su mano sobre el hombro del peliblanco, volvió a hablar. — Cuentas conmigo, idiota.

— Lo sabía, por eso estoy acá. — Pasado unos minutos donde el sonido de la ciudad que se erigía 20 pisos más abajo del departamento de Sasuke en Beverly Hills, volvieron a hablar. — Me sorprendió verte con Fuka. Pensé que habían terminado.

— Y terminamos, pero ya sabes eso de las entradas para galas y no recordé el pequeño detalle de que ella estaba invitada. — Suigetsu se rió. — Cuando me vi a su lado posando para las fotografías, entendí que para ella las cosas no habían acabado.

— Itachi me contó que estabas muy tenso.

— Itachi es un cotilla. — ambos asintieron. — Le dejé claro cuál era la situación. Fin.

— No se lo tomó bien, al parecer.

— ¿Qué más podía hacer? Quería discutir con mil cámaras en frente. Debía pararla.

— ¿Qué le dijiste?

— Que había otra. — Suigetsu se golpeó la frente, enrolando los ojos.

— Tú tienes la sensibilidad en el culo ¿verdad?

— En parte no mentía. — confesó mirando hacía el costado, haciéndose el desentendido, pero Suigetsu no era idiota como fingía y comenzó a picar para sacar información.

— ¿Quién? ¿Modelo, actriz, guapa, hija de millonario? — Sasuke sonrió de medio lado, pensando en la pelirosa que hace algunas noches había dormido entre sus brazos… como la extrañaba. — Habla.

— No te hablaré de ella.

— ¿Sigues con la regla de no meterte con mujeres menores de 28 años? — Si supiera que su regla se la había pasado por donde quería y se encontraba prendando de una chica que se alejaba 12 años de eso. — ¿La conozco?

— Sí.

— Por casualidad, ¿trabaja con nosotros? — Sasuke lo miró sin responder.

— Es actriz. — dijo de forma ambigua.

— Y pelirosa, menor de edad, con un trasero envidiable.

— ¿Por qué le miras el trasero a Sakura? — la molestia era notoria. — Ni se te ocurra siquiera pensar en su cuerpo…

— Eres tan predecible, Sasuke. — Al pelinegro le cayó la realidad y lo tonto que había sido al soltar la boca. — Es guapa.

— No sigas por ahí.

— ¿Estás con ella? — quería saber todos los detalles. — Igual a esa edad están buenísimas.

— Eres un asqueroso.

— Lo digo porque conocí a Karin cuando tenía un año más que Sakura. — el nombrar nuevamente a su ex novia le removió el corazón, pero logró mantener la careta de tranquilidad. — ¿Están juntos?

— En toda la extensión de la palabra no, pero sí es ella.

— No aclaras nada, Sasuke.

— No te contaré, imbécil, así que date por pagado con todo lo que dije.

— Como consejo, si te gusta lo suficiente como para no esconderlo, entonces vale la pena. — Sasuke frunció el ceño, recordando con dolor la maldita herida que le atravesaba la frente. — Por lo que me doy cuenta, muchos han notado tu estado de "enamoramiento". — dijo, haciendo las comillas en el aire.

— No estoy enamorado.

— Por eso las comillas. — le hizo ver. — Intenta arreglar las cosas cuando la veas, porque si yo fuera ella y te viera con tu ex novia en una gala al otro lado del mundo, te aseguro que también te ignoraría.

— Eso es avalar su berrinche.

— ¿Qué harías tú si fuera al revés?

— Sakura no tiene ningún ex.

— Cuando dijeron que nacieran los idiotas, naciste de los primeros, ¿a qué si? — Sasuke respondió con el dedo del medio levantado. — Si tú la vieras salir con algún tipo que en cierta medida tiene algo que ver con ella, ¿no te molestaría?

— No debería.

— Sasuke, eres un posesivo de mierda y lo sabes.

— Con Fuka nunca lo fui.

— Pero si lo eres con tus amigos, tu familia, con la banda, con tu vida en general. Pobrecita, no sabe lo que está haciendo.

— Oh, en verdad te prefiero como un llorica antes que estés acá hablando de Sakura.

— ¿Ves? ¡Eres un posesivo! — gritó burlesco.

— Alo, Karin. — fingió llamar. — Ven a buscar al idiota de Suigetsu… ah, verdad que no están juntos. Penita.

— Eres cruel. — dijo el peliblanco, parando de burlarse y odiándolo con furia.

— Paremos con el tema de las mujeres y todo eso.

— Vale, pero déjame decirte: Sakura es una chica que recién está partiendo. Si la quieres así de verdad, lucha por ella, pero si es solo un capricho, déjala ir porque no se merece sufrir. Es una niña.

— No es tan niña. — Y él lo sabía, porque mucho que habían compartido. — Ya se le pasará el enojo y verá que se está comportando inmaduramente.

— No escupas al cielo, idiota. Ya te quiero ver cuando la tortilla esté para el otro lado y seas tú el que vea algo que no le guste.

— Eso no sucederá.

— No insistas… no insistas.

14.

— Creo que se me está partiendo la cabeza. — las voz enronquecida de la guapa pelirosa despertó a Ino que dormía plácidamente a su lado. — Estoy resfriada y con cruda. ¿A quién más se le ocurre salir de fiesta cuando arde en fiebre?

— No entiendo porque que te acompañé. — Susurró la rubia, sentándose con suavidad sobre la cama. Miró el reloj. — Son las 5 de la tarde.

— Llevamos muchas horas durmiendo.

Sakura se volvió a tapar con las frazadas y bostezó abriendo mucho la boca, provocando que las sienes le latieran.

— ¿Recuerdas algo de lo que hiciste?

— Lo último que sé, es que estaba bailando con Sasori. — murmuró reticente. — ¿Me habrá metido algo al vaso?

— Lo dudo, tú no parabas de tomar y cuando intenté quitarte el cuarto trago de ron, me gritaste que te dejara en paz, que todo era culpa de Sasuke y que tú eras grande e independiente. — le recordó sin anestesia. — Bebiste toda la noche reclamando contra él y además se te ocurrió la genial idea de vengarte.

— ¿De qué hablas? — Sakura se destapó para mirar a la rubia. — ¿Qué hice?

— Te besaste con Sasori y hay fotografías de eso.

La pelirosa se tapó la cara mascullando improperios contra su persona ¿Por qué el discernimiento se le apagaba en momentos cruciales? Era una estúpida, tonta. ¿Cómo se ponía a beber cuando sus emociones – y resfriado – se daban un festín dentro de su cuerpo? Ahora sí que todo había terminado. Sasuke nunca se lo perdonaría.

— ¿Ha salido en alguna parte?

— Vengo despertando igual que tú, Sakura. — le recordó la rubia. — Fue un roce sutil y te zafaste de inmediato, pero tú sabes cómo es la prensa y por tratar de vender es capaz de decir una sarta de mentiras.

— Prende la tevé. — le pidió temerosa. — Necesito saber que dijeron.

— ¿Tienes claro que las cosas cambiaron y es tu turno de redimirte?

— Justo cuando pensaba olvidar lo sucedido y creerle, vengo yo con mi cabezonería y hago esta estupidez. — Bajó los pies para caminar hacía su bolso y sacar el celular.

Ningún mensaje, ni llamada, ni whatsapp. Quizás no lo había visto y todavía tenía tiempo para…

¿Qué opinas de la relación entre tus compañeros de reparto? Por fin Sasori se muestra con una chica.

Ino vio a su amiga voltear lentamente para encontrarse de frente con el atosigamiento al cual estaban sometiendo a Sasuke. Eran imágenes de la mañana y por lo que se notaba, estaba muy molesto. Ni siquiera se dignó a responder, o al menos eso pensó hasta que comenzó a hablar.

Me alegro por ellos.

La escueta respuesta fue como una bomba para el estómago de la pelirosa. Se encontraba devastada y sintiéndose una imbécil tamaño familiar.

— Creo que deberías buscar una buena excusa. — sugirió con cautela la guapa rubia.

— ¿Hay alguna? — se metió al baño temblorosa y suspiró hondo, intentando tranquilizar su mente.

No recordaba absolutamente nada. Había sido una noche para el olvido y sabía que traería demasiadas consecuencias. Dejó caer la cabeza contra la puerta del lugar y mordió su labio, intentando mermar las ganas que tenía de ahorcarse.

— ¡Saku, tu celu! — le gritó Ino desde el cuarto.

Corrió a contestar y se decepcionó al oír la voz de su madre.

— Vaya, cariño. No esperaba tener un yerno tan guapo. — molestó la mujer, rebosante de alegría. — Aunque debo decir que me molesta mucho ver que estabas de fiesta a las 4 de la madrugada ¿Eso hacen las señoritas, Sakura?

— Mamá, me arrepiento de haberlo hecho. — confesó, sentándose en la orilla de la cama, siendo mirada con pena por parte de la rubia. — No debí besarme con Sasori.

— ¿Por qué? Según la abuela y yo, está bastante guapo. — dijo risueña. — ¿Estabas ebria?

— Me matarás, pero sí. — Mebuki tomó aire sonoramente, aplacando su enojo. — Lamento lo que sucedió y creo que tendré que dar explicaciones frente a los medios. Sasori no me interesa.

— Podrías darle una oportunidad, supongo. Por lo que averigüé en Wikipedia, me enteré que tenía 20 años, estudiante de artes en una gran universidad, una familia bastante decente y sin escándalos que le precedan.

— ¡Pero tiene manos de aspas! — chilló molesta. — Sasori no me gusta en ese sentido y necesito que lo entiendas.

— Sakura, ¿te gusta otra persona? — picó, pero la pelirosa le dio un bufido por toda respuesta. — Como sea, mi niña, me gustaría conocer a ese chico y te doy la venia para que puedas estar con él.

— No estaré con él, mamá. — volvió a repetir. — Sácate esa idea de la cabeza y déjame a mí decidir. Me alegro que te guste, pero a mí no.

— No seas grosera.

— Y tú no intentes meterme a alguien que no me importa. — se agarró la cabeza, sintiendo que se le partía. — Fue un error atribuible al alcohol y ahora tengo que solucionarlo. Hablaré con Yamato para saber que hago y poder desmentir los rumores.

— Es que no son rumores, hija. Tú te besaste con Sasori y la imagen ha recorrido todo el país. Comienza a aceptar que lo que sea que querías, ahora no te funcionará.

— Porque no hablas con claridad y nos ahorramos todas éstas porras para Sasori.

— No hay ningún trasfondo. — aseguró con una fingida dulzura. — Te espero mañana para almorzar ¿ok?

— Bueno. — aceptó desganada. — Cuídate.

Cortaron la comunicación y ambas con distintas realidades. Mientras Mebuki saltaba de alegría al ver que su hija se alejaba de Sasuke, ella se sumía aún más en su tristeza e impotencia por lo que había hecho. Se sentía miserable como nunca y ni siquiera era capaz de pensar en las palabras adecuadas para disculparse. Si Sasuke quería dejarla, estaba en todo su derecho.

— Llámalo, Saku. — sugirió la rubia.

— Si él no lo ha hecho, es porque no le importa. — dijo la pelirosa, intentando convencerse.

— Dudo que sea así. A Sasuke le importas y debe estar dolido en éste minuto.

— Soy una idiota. — volvió a lamentarse, golpeándose la frente que le crujió trayendo a colación la maldita cruda. — El alcohol no es el mejor consejero. ¿Por qué no me paraste?

— Porque te habías perdido y cuando te encontré, estabas en los brazos de Sasori. — contestó, para luego intentar darle ánimos. — No estés triste, Sakura. Las cosas ya pasaron y tienes que buscar las medidas para solucionar lo que se viene.

— ¿Crees que me perdone?

— Claro que sí. — dijo la rubia, dándole una sonrisa que no abarcó todo su rostro.

Sakura supo que mentía, pero no se lo reprochó. Con paso aletargado, caminó hacía la ducha. Ojala ella también pudiese perdonarse, aunque lo dudaba.

.

.

Los días comenzaron a pasar sin grandes novedades. Sakura grababa las escenas que le correspondían, junto con estudiar, hacer su vida e intentar mejorarse de su resfriado.

Por otro lado, Sasuke seguía enfrascado en los eventos rutinarios que tenías esas semanas ajetreadas en Estados Unidos; conferencias, entrevistas, fotografías, premiaciones, galas. Ya casi no tenía mucho tiempo para escribir ni pensar, pero igualmente lo hacía. Su herida había sanado por completo, aunque la más profunda distaba mucho de querer cicatrizar.

En su cabeza estaba grabada la imagen de Sakura besándose con Sasori y aunque frente a su hermano y amigo fingió estar bien, verdaderamente no lo estaba. Era como si algo le hubiese apresado el pecho en cuando se vio frente a la situación y su respirar se había vuelto errático desde entonces. No podía dejar de recriminarse por ser un imbécil y odiarla por lo que había hecho. Sakura iba por la vida haciéndose la santa, pero en verdad era una mojigata que se escondía detrás de sus bellos ojos verdes y boca pequeña. Lo peor de todo era que ni siquiera había tenido el interés de desmentir lo que había ocurrido y ni una excusa había dado.

A lo mejor eso quería. Le iba el juego de estar con uno y con otro, y él como el imbécil que era, cayó de rodillas a sus pies. Sakura estaba con Sasori y ni siquiera había esperado dos semanas desde que él se había ido para cambiarlo. Sasuke sabía que había cometido un error al ir con Fuka a la gala, pero era algo que escapaba de sus manos. Intentó explicarle, excusarse y envió pruebas, para que ella igualmente terminara con el imbécil cabeza de betarraga.

— Señor Uchiha ¿qué le ha parecido el festival hasta el momento? — Sasuke miró confuso al reportero, sin comprender del todo. Itachi a su lado le volvió a repetir la pregunta y le exigió que se concentrara en la conferencia.

— Lo siento, estaba pensando. — se disculpó el moreno. — Me ha parecido bien interesante. Buenas películas, grandes actores.

— ¿Cree que pueda ganar?

— Porque no, aunque no trabajo por premios. Hago lo que me gusta e intento que salga bien. — respondió con tranquilidad.

— ¿Qué opina de la soltería de su gran amigo Suigetsu? Ahora que ambos están sin parejas, se cree que puedan causar revolución en la industria.

— No es un tema que les competa a ustedes. — contestó molesto. — No hablo de mi vida y mucho menos de la de mis amigos. — fijó su ojos en la mujer y sonrió tétricamente. — Si no preguntarás nada de real valor, es mejor que te retires.

— No me retiraré. Como tú lo dijiste, intento hacer bien mi trabajo. — sonrió de forma cínica.

— Pero estamos hablando de un festival de películas y no de con quien me acuesto. — todos los presentes abrieron los ojos de forma desmesurada, impactados por la respuesta.

— Afuera hay mucha gente pagando por saber eso. ¿No le gustaría hacerlos feliz? — la mujer no se daba por amedrentada, sorprendiendo a Sasuke.

— No de esa forma. — aseguró. — ¿Algo más que quieras saber?

— Sí, tu número.

Wow, pensó Sasuke. Eso sí que era ser descarada. A su lado Itachi sonreía impactado y admirado con la mujer, al igual que los periodistas apostados ahí. Todos los presentes miraban expectantes por una respuesta. El pelinegro sonrió de medio lado y hablándole al oído a su hermano, aceptó la propuesta. Llevaba algunas semanas sin acostarse con nadie y su cuerpo también tenía necesidades. No le debía nada a nadie y menos ahora que la mujer que le gustaba estaba con otro.

— Dáselo. — Itachi asintió imperceptiblemente.

El pelilargo sabía que su hermano se encontraba desmotivado por lo ocurrido con la pelirosa, más aun al ver el poco interés que tenía ella en arreglar el problema. Quizás con otra chica podría volver a centrarse y dejaría a Sakura donde debía estar, pero no. Sasuke estaba agarrado de las pelotas por la chica y aunque se acostara con 50, seguiría así. Sakura se le había metido en la sangre, succionándolo. Su madre le había advertido que algo así podía suceder: Cuando los Uchiha aman, lo hacen de forma desmedida y pierden el norte. Sasuke era el claro ejemplo. No bebía, ni se iba de fiesta, pero estaba apagado y desconcentrado. Hurgueteando en sus cosas, buscando un papel importante, se había encontrado con el cuaderno de canciones y todas las letras que estaban escritas ahí gritaban el dolor latente que atravesaba a su hermano menor.

Suigetsu con brazos cruzados esperaba a un lado de la tarima, meneando la cabeza. Él no era nadie para dar catedra de cómo actuar, así que guardaría silencio.

Cuando terminó, Sasuke caminó a una sala aparte donde había algunas cosas para beber y picar.

— Está buenísima, debo reconocerlo. — dijo Itachi, dejándose caer en el sofá que había en el lugar. — Además de atrevida. Te apuesto que debe ser una verdadera amazona arriba tuyo.

— Que vulgar, Itachi. — reclamó el peliblanco ariscando la nariz. — Es como del estilo de Sasuke.

— Sí, rubia, alta, grandes senos y mayor de edad. — bromeó el mayor de los Uchiha ganándose una mirada de odio por parte de su hermano. — Bueno, bueno. Agradece que el pelo rosa sea poco habitual.

— Te partiré la cara, Itachi. — advirtió. — ¿Se lo diste?

— Sí, ya fueron donde ella. — le guiñó un ojo. — ¿Tendrá amigas?

— Son unos asquerosos, hermanitos Uchiha. Si los viera Mikoto.

— Pero no nos ve. — respondió Itachi. — Sasuke, hablando en serio ¿de verdad quieres esto o es mera venganza?

— ¿Crees que Sakura me importa lo suficiente como para querer vengarme? — Tanto Itachi como Suigetsu se miraron.

— Sí. — dijeron al unísono.

— Asúmelo, por favor. Hacerte el imbécil no te ayudará.

— Nuevamente las terapias. Dejen de joder. — pidió molesto. — Hoy tendré sexo y disfrutaré de eso.

Un sutil golpe en la puerta y la entrada de tres guapas mujeres. Sasuke reconoció a la entrevistadora.

— Hola. — voz acaramelada y ronca. La espina dorsal se le erizó, consciente de lo que se venía. Itachi se levantó a admirar a las recién llegadas, parándose a un lado de Sasuke. — Melany. ― murmuró la mujer, estirando su mano.

— Creo que sabes quién soy ¿verdad? ― respondió el pelinegro con coquetería.

—Yo escaparé. No pienso meterme en más problemas. — Suigetsu salió de la sala para volver al departamento. Si en la prensa aparecía que tres mujeres habían estado con él, Karin era capaz de matarlo. Quizás lo ayudaría acostarse con otra, pero a la larga sería aún más doloroso. Adentraría todavía más a la pelirroja en su corazón.

Itachi sonrió chulescamente y se acercó a las dos mujeres que "sobraban".

— ¿Quieren beber algo? — sugirió, saliendo con ellas a los lados dejando a su hermano solo. — Nos vemos mañana, Sasuke.

— Sí. — murmuró el pelinegro sin dejar de mirar a la recién llegada. — Un gusto, Melany.

— El gusto es mío. — se mordió el labio provocándolo. Sus ojos parecían los de una felina lista para lanzarse sobre él. — Al parecer tu amigo no estaba listo para inaugurar su soltería como corresponde.

— Dejemos a Suigetsu fuera de esto. — pidió, acercándose a ella, invadiendo su espacio y mirándola desde su altura. — Tienes lindos ojos.

— Azul marino. — susurró ella. El pelinegro agradeció que no fueran verde jade, porque si no saldría corriendo. — ¿Qué te gusta?

Las manos de la mujer se posaron en su pecho, acariciándolo con delicadeza. Sus largas uñas pasearon por su cuello, haciéndole tragar hondo. A pesar de todo, era hombre con hormonas y podía ser que estuviera pendiente de otra mujer, pero si otra reclamaba por atención, se la brindaría. Sasuke se agachó a la altura de la mujer y cuando ella cerró los ojos esperando el beso, él desvió la trayectoria y se posicionó en su cuello. Sin embargo, todo era distinto: el olor, el sabor, la tesitura… nada era comparable.

Apretó los parpados con fuerza y se aferró a la mujer, caminando con ella para dejarla caer sobre el sofá. Sasuke bajó por el cuello y ariscó la nariz al encontrarse con el olor tan fuerte que expelía. Era un perfume muy dulzón, asqueándolo. Intentó ignorar lo que pensaba se dedicó a sentir, obviando cualquier cosa, pero no podía, algo lo frenaba.

— Espera un poco. — pidió cuando la chica metió la mano entre sus pantalones, palpando su miembro medio erecto.

No se estaba calentando para horror de ambos.

— ¿Pasa algo? — preguntó la mujer, apoyándose en los codos al verlo alejarse de su cuerpo. Sasuke se levantó con rapidez y se volteó apretándose la cabeza.

¡No podía! Sakura estaba ahí y era incapaz de lastimarla. Si ella sabía que se había acostado con otra, sufriría… ¡Te odio! Gritó mentalmente.

— Comí algo que me cayó pesado. — se excusó sin mirarla. — Si quieres te llamo por la noche.

— ¿Estás seguro? — Sasuke asintió a medias. — Bueno. Esperaré tu llamada. — volteándolo, le dio un beso en la mejilla y salió de la sala, llevándose su olor.

Sasuke se sentía estúpido y ajeno a su cuerpo. Eso no era lo que él quería. Palpó su celular para llamar a Suigetsu e irse por algunas copas, pero se encontró con otra cosa.

Cometí un error y aunque no me creas, es atribuible al puto alcohol que bebí esa noche. Apenas si besé a Sasori, porque lo alejé de mí, pero la prensa no vio eso y se está dando un festín. Sasuke, de verdad perdóname. Fui una tonta al irme de fiesta sabiendo que estaba triste por lo tuyo con Fuka, pero soy una adolescente y hay muchas cosas que debo aprender. ¡Enséñamelas! Quiero ser alguien importante para ti y hacer éste tipo de tonteras nos alejará. Vi tu conferencia a través de internet y escuché lo que te dijo esa periodista… sé que no tengo derecho, pero por lo que más quieras, no lo hagas. No te acuestes con ella. No me importa si fuiste con Fuka o Juanita. Por mi parte no hay rencor y estoy dispuesta a hacer lo que quieras para pedirte perdón… sí, lo que quieras. Pídelo y yo te lo daré.

Sasuke esbozó una leve sonrisa, sintiendo ese calorcito en el centro de su pecho nuevamente. Pensó que no lo volvería a sentir, pero ahí estaba.

Otro mensaje entró.

Perdóname ¿bueno? Prometo sacar el valor de "y" sin recurrir a la calculadora. Prometo aprenderme los artículos en inglés y a ordenar mi pieza cuando me levante. Prometo no dejar ropa tirada, ni loza sin lavar, pero no sigas enojado. No te quiero llamar, porque me pondré a llorar si te escucho (sabes que soy una llorona)… te echo tanto de menos que me duele estar así. De verdad haré berrinche si no me perdonas.

El pelinegro estaba enternecido y su furia había aplacado de forma evidente. Moría por ir donde ella y abrazarla para darle muchos achuchones, besos y reprimendas. No podía acostarse con Melany, porque se estaría engañando a sí mismo. El sexo por sexo ya no le llamaba la atención, menos teniendo a Sakura esperando al otro lado del mundo.

Sakura te ha enviado una foto.

Al abrirla se encontró con ella haciendo un puchero. Luego otra donde tenía un papel en su mano que rezaba "perdón" y lo último fue un vídeo.

Sasuke. — su voz melodiosa, acompañada de su rostro fue el mismísimo cielo. — Ven para Japón o espérame allá y arreglemos todo. Quiero comer sushi y darme besos solo contigo. Acostarme con tu polera y llenarme de tu calorcito. — Eso sonó tentador. — Mándame aunque sea una palabra y yo entenderé. Si aceptas mis disculpas, pon ok. Sino, atente a mi presencia. — amenazó. — Eres el único al cual le permito tocarme… — farfulló sonrojada mirado hacia otro lado. — Tú y nadie más que tú.

Sasuke miró el vídeo muchas veces y ya completamente convencido, respondió:

Ok. Te veo mañana.

Sakura al otro lado del mundo, acostada en su cama, saltó de alegría. ¡Sasuke volvía!

15.

Naruto entró sigilosamente por el pasillo de la mansión Hyuga. Confabulado con su recién estrenada cuñada, Hanabi, logró ingresar al lugar sin ser captado.

— Está en su cuarto. — sisea la chica, apuntando hacía el segundo piso. — Debe estar durmiendo.

— Gracias. — revolviéndole el cabello con cariño, subió las escaleras de mármol agradeciendo que la alfombrar que las cubría, acallara los sonidos de sus pasos.

Estando frente a la pieza de la chica, golpeó levemente esperando una respuesta para poder entrar, pero no la consiguió. Era muy probable que Hinata estuviese durmiendo como le había advertido su hermana. Lentamente abrió la puerta, rezando porque no crujiera el marco de la puerta y fuese descubierto. Eran más de las 11 de la noche y estar ahí era algo prohibido. El papá de Hinata se había enterado de manera accidental sobre su relación y había sido tajante respecto a eso: "no me gustas para mi hija, así que mantente fuera de mi hogar". Acató, pero el hombre no especificó que fuera de la residencia familiar era libre de estar con la chica y así lo hacía.

Hinata soltó un leve suspiro, murmurando algo inentendible. Naruto sonrió como bobo y se acercó a ella, acuclillándose a un borde de la cama para admirarla. Su boca pequeña, sus pestañas largas y una nariz de botón. Piel suave y blanca que lo enloquecía como nada en el mundo y ese cabello largo, oloroso y libre.

Mirándola desde ahí notaba lo preciosa que era y como se le aceleraba el corazón al solo estar a su lado. El amor era algo tan raro, pero cuando tocaba tu puerta se volvía en LA razón para vivir. Había mucha gente que moría sin conocerlo, pero él podía decir sin lugar a dudas que lo encontró y a pesar de que hubo un minuto donde estuvo a punto de perderla, las cosas se habían volteado a su favor y ahora estaban juntos, como una "pareja".

— Hinata. — susurró, acariciándole la mejilla y alejándole un mechón de pelo azulado. — Linda.

— ¿Naruto? — su voz estaba ronca por haber despertado recién. — ¿Qué haces aquí? — le preguntó tallándose los ojos todavía adormilada, sin captar la cercanía y lo comprometedor de la situación.

— No te he visto y ya te extraño. — le confesó, dándole una sonrisa llena de amor. — Solo quería estar un ratito a tu lado y me doy por pagado.

Hinata se sentó sobre la cama e intentando despabilar, movió la cabeza delicadamente. Naruto se acomodó a su lado para sentarse.

— Si papá te ve, te agarrará a escopetazos. — le recordó la chica, esperando alguna respuesta de arranque por parte del rubio, pero Naruto solo se alzó de hombros restándole importancia.

— Que lo haga. Vendré con una armadura si es necesario solo para verte. — Hinata se derritió como lo llevaba haciendo cuando estaba al lado del rubio. — Además, ¿Cómo no voy a tener los cojones de enfrentar a mi suegro siendo que mi novia casi quema su escuela por mi culpa? — La peliazul tapó su rostro sonrojado con el flequillo.

— Me arrepiento de haberte dicho eso. — farfulló gacha. — Fue un error de Sakura. — se defendió

— Como sea, linda. No lo vuelvas a hacer. No tienes comparación con las mujeres que te antecedieron. — El rubio se rascó la cabeza avergonzado. — Tú eres mil veces más maravillosa que cualquier otra.

— Ahora debo estar desastrosa. — susurró, odiando haberse dormido temprano. — Debiste haberme dicho que vendrías.

— ¿Te molesta que haya venido? — le preguntó frunciendo el ceño.

— Nunca. — le contestó con ternura. — Pero habla más bajo.

— No queremos que el señor Hyuga nos pille en tu cama y besándonos. — Hinata se sonrojó tanto, que Naruto creyó que se iba a desmayar.

— ¿Be… besán…besándonos? — Tartamudeó, mirando la sonrisa zorruna del rubio.

— Y mucho.

Naruto tomó el rostro de la chica y lo acercó al suyo sin ninguna delicadeza. Llevaba dos días sin verla y eso era demasiado para él. Por primera vez en su vida odió los ensayos de la banda y la carrera de artista, porque por culpa de ellos no podía ver a Hinata cuanto quería. Su boca comenzó a volverse exigente, sacándole el aire de los pulmones a la peliazul. Sus lenguas rozaron causando electricidad en sus cuerpos y erizando cada vello desatando la pasión que tan comedida tenía la chica.

— Naruto… — gimió la chica al separarse haciendo el sonido de una ventosa siendo alejada de la cerámica a la cual estaba adherida.

— Si te sientes celosa, piensa en cómo me pones y se te quitará. — Hinata agachó la cabeza azorada. — Eres lo más precioso de este universo.

— No sigas… — le pidió avergonzada a más no poder.

— Es que te miro y siento que estallo. — Se acomodaron de tal manera, que Naruto quedó con la espalda pegada al respaldo de la cama y Hinata entre sus piernas siendo abrazada desde atrás. — Me gusta como huele tu cabello. La peliazul sintió la respiración del rubio bajar por su oreja y posarse sobre su cuello, dándole un leve beso en el lugar. — Eres tan suave. — aseguró, apretándola aún más a él. — ¿Por qué no viajas con Sakura a Estados Unidos?

— Porque tengo escuela. — le recordó, haciéndole chasquear la lengua.

— Maldita escuela. Podríamos recorrer los lugares turísticos de la mano, porque nadie nos reconocería.

— ¿Estás seguro? — Naruto no respondió. — Eres famoso allá porque estuviste de novia con una chica Playboy.

— Había olvidado ese detalle. — Hinata puso los ojos blancos, pero el rubio no lo notó. — No te pondrás celosa de eso ¿verdad?

— Supongo que no. — la peliazul miró por sobre su hombro y rozó su nariz con la de Naruto. — Soy yo la que está acá contigo.

— Y siempre estarás. — afirmó sin lugar a dudas, besándole la frente. — ¿Cómo sigue Sakura?

— Igual como siempre. Triste por lo sucedido con Sasuke.

— El teme es un idiota. — dijo Naruto. — Pero Sakura no debió haber hecho lo que hizo.

— Es la que más se arrepiente. Estaba enferma ese día, con fiebre y todo.

— No hay justificativo que valga. Sasuke es un cabezota y si se enoja lo es aún más, así que la pelirosa tendrá una tarea titánica para poder calmarlo.

— ¿Crees que no lo logre? — preguntó temerosa. La idea de Sakura destruida todavía más por terminar lo que fuese que tenía con Sasuke se le vislumbraba muy mala.

— Sasuke está muy interesado en tu amiga y por lo que noto, o lo que vi antes de que se fuera, es que ella lo logra manejar. — Naruto enlazó sus dedos con los de Hinata. — ¿Debemos hablar de ellos?

— No. — respondió Hinata, suspirando con la leve caricia que le estaba propinando el rubio en su vientre. — Me da cosquillas.

— Yo creo que te pasan otras cosas, pero no averiguaremos hasta qué punto. — Naruto estaba usando una voz ronca y melosa que comenzaba a volver su cerebro en líquido. Hinata se volteó lentamente para mirarlo, sin creer todavía todo lo que estaban viviendo. Sus ojos azules se quedaron fijos en los alabastros de ella. — ¿Qué pasa?

— A veces no creo… esto. — dijo, apuntándolo y apuntándose. — Es raro.

— ¿En qué sentido? Yo siempre tuve la certeza de que pasaría.

— ¿Siempre?

— Desde que te conocí con tu pelo corto y mirada anhelante. En ese minuto no te amé, pero sentí algo distinto. Era como una necesidad de cuidarte de todo, de todos. De mantenerte en una cajita de cristal y que nadie te viera.

— ¿Sí?

— Hinata, siempre has sido tú. Te vi y mi vida cambió. Sabía que debía prepararme para estar juntos y quizás sí, me tomé a pecho eso de captar experiencia… — Hinata le pellizco levemente el brazo. — ¡Eso dolió! — gritó tapándose la boca de inmediato. — Mierda.

— Creo que debes irte.

— Esperemos, quizás no me escuchó. — dijo, lamentándose interiormente por ser tan imbécil.

— ¿Hinata? — era el papá de la peliazul y subía a pasos apresurados. — ¿Hinata?

— ¡Ándate! — gimió haciendo aspavientos. Naruto miró hacía todos los lados buscando una salida, pero no había nada. La ventana se encontraba a más de 3 metros del suelo y la idea de quebrarse un hueso no era tentadora. ― ¡Metete bajo la cama!

Naruto saltó desde el lugar y se metió donde su novia le había dicho. Estuvo a dos segundos de ser pillado. El señor Hyuga entró al cuarto de la chica mirando hacia todos lados buscando la presencia de un ser extraño, oliendo como perro anti narcótico.

― Escuché un grito. ― Sugirió esperando una respuesta. ― ¿Qué sucede?

― Me golpeé el codo con el velador. ― contestó Hinata muy segura de sí misma sorprendiendo al rubio que se encontraba debajo. Al parecer la peliazul sabía mentir. ― Grité porque me dolió.

― Pero fue como el grito de un hombre. ― Insistió el hombre, mirando por todo el cuarto.

― Fue tan doloroso que grité desde lo más profundo. ― Naruto la oyó quejarse y se le hizo tan real, que estuvo decidido a salir pensando que en verdad se había golpeado, pero se contuvo. Hasta que el señor Hyuga no se fuera, él no saldría de su escondite.

Apenas respiraba para evitar hacer sonido y a tientas se adentró más en la oscuridad de su escondite, encontrándose con una caja, que por suerte no sonó al chocarla. Estaba destapada y apenas se veía lo que había dentro. Naruto quiso investigar y cuando el papá de la chica se fue del cuarto, esperó unos minutos y salió con la caja en las manos. Hinata al verlo se puso pálida.

― ¿Qué es esto? ― Alzó las cejas de forma sugerente. ― ¿Guardabas fotografías mías? ― Hinata se mordió el labio sin responder. ― Veamos que encontramos acá.

Grande fue su sorpresa al encontrarse con muchas cartas de distintos tipos. En todas se profesaba un amor casi enfermizo por la mujer. Eso no era lo que esperaba ver.

― Tiene una explicación.

― ¿Por qué guardas éstas cosas? ― preguntó frunciendo la boca.

― Hubo una época… donde necesité sentirme querida. ― Naruto sintió su mundo derrumbarse en ese instante. Quizás Hinata no era tan inexperimentada como se veía y en verdad tenía un recorrido de amores. Estaba seguro que no se acostaba con ellos, pero dudaba en el hecho de si se encontraba con ellos, salía, les daba besos o les tomaba la mano. ― No puedes molestarte.

― No me molesta, pero me dejo anonadado. ― contestó, sentándose a su lado con alguna de las cartas en sus manos. ― "Hinata, sé que nunca me mirarás como yo lo hago, pero con solo saber que existes y que te puedo mirar desde la distancia, me doy por pagado. Siempre te querré, con amor Satori" ― gruñó acabar. ― Voyerista.

― Satori fue mi vecino hasta el año anterior. ― le contó la peliazul, quitándole la hoja de la mano. ― No sigas leyendo. Eso pasó antes que tú.

― No, Hinata. Esto pasó mientras me querías a mí. ― La chica lo miró atónita. ― Soy un estúpido por haber permitido que otros se fijaran en ti.

― ¿Acaso no pueden mirarme? ― Naruto giró el rostro evitando mirarla y se mirado. ― Tú estabas con Samui.

― ¿Me estoy comportando como un niño? ― le preguntó inseguro, volteándose despacio para chocar sus ojos. ― No respondas, lo noto solito.

― Tú… yo… somos dos. ― dijo sin darse a entender.

― Eso lo tengo claro, bonita. ― Hinata se volvió a sonrojar. ― ¿Saliste con alguno?

― Con dos, creo. ― respondió sincera. No quería malos entendidos. Naruto asintió de forma ceremonial, intentando calmar a la maldita bestia de los celos que le exigía más información. ― No ocurrió mucho.

― ¿Cómo sería eso? ― El rubio se tapó la cara descompuesto. No quería comportarse de esa forma, como un inmaduro celoso que instigaba a su novia a contarle sobre lo que había hecho. Hinata le respondió con una mueca. ― Ok, me detendré. Tanto para ti como para mí, el pasado se queda dónde debe estar.

― Me parece bien. ― susurró sorprendida por todo. Era la primera vez que alguien la celaba y no podía negar que cierto calorcito de ternura se había apostado en su pecho. ― No los besé.

― No digas más. ― le posó un dedo en los labios. ― Todos tenemos nuestra historia y el camino nos enseña. Si viviste esas experiencias y aun así esperaste por mí, creo que no tengo de qué quejarme. ― Hinata mordió su labio, pasando a llevar el dedo del rubio. ― Intentaré no pensar en esto, como tampoco quiero que tu hagas listas sobre posibles contrincantes.

― Fue patético. ― dijo la chica, mirando hacía el costado.

― Sí, pero lo recordaré siempre. Les contaré a nuestros hijos que su madre casi quema el colegio por mí. ― Hinata abrió la boca boqueando, sin saber que decir. ― Sí, tendremos hijos. Muchos.

― No soy fábrica de bebés. ― contestó sonriendo levemente como niña pequeña. Naruto la ayudaba a liberarse y a pesar de ser la persona que más nerviosa la ponía en el mundo, con él se sentía libre. ― Tú los cuidarás.

― Pero por ahora te cuidaré a ti, mi bonita. ― se acercó a la peliazul y enrollando los brazos a su alrededor, la besó con firmeza, decisión y mucho amor. Era la clara muestra de un amor con muchos tropiezos y complicaciones, pero fuerte como granito y encaminado hacia la eternidad.

Hinata era el amor de todas sus vidas y para ella, no había otros más que él. Desde siempre y para siempre. Pasará lo que pasara, lucharían por estar así, envuelto en lianas de miembros y alientos entremezclados. Respiraciones cortadas y manos buscando encontrar el centro de esa necesidad. No iban a saltarse pasos, pero sí aprenderían a conocerse para llegar al momento perfecto y así completar su amor.

Naruto sonrió al verse tironeado por su novia para que quedase sobre ella.

La besaría hasta decir basta y así lo haría… o al menos lo intentaría mientras no llegase el señor Hyuga.

Darse el lote sobre la cama y a escondidas era lo mejor del universo.

16.

Itachi se detuvo fuera del lugar sin saber que hacer o decir. Con las manos en sus bolsillos y la cabeza llena de pensamientos, se dejó guiar hasta dónde su inconsciente lo llevaba y respetó la decisión. Hace ya algunos días había averiguado donde quedaba el hogar de dicha rubia que lo tenía de la cabeza y a pesar de ser un hombre carismático y desenvuelto, se encontraba aterrado frente al hogar cubierto de ladrillos y un lindo jardín delantero.

¿Estaría ocupada? ¿Sus padres aceptarían que llegara un desconocido a buscarla? Por lo que había oído, Ino era muy controlada por su familia, algo que le causaba sospecha y muchos deseos de saber más.

Tomando aire por quinta vez decidió que, si ya había llegado hasta ahí, era momento de tocar la puerta y ser valiente. Caminó hasta el sendero que lo conducía a la puerta, pero no fue necesario que tocara, porque vio como salía la rubia siendo seguida por un hombre mayor, al parecer su padre.

Se escondió detrás de unos arbustos para evitar ser visto y como vieja cotilla se preparó para escuchar.

― Te dije que me dejarás en paz. ― La voz de desesperación de la rubia lo alertó, sacando conclusiones de inmediato.

Aquél hombre que debía bordear los 40 años no era su padre.

― Ino, sabes que tú y yo jamás terminaremos. ― Itachi abrió los ojos impactado. ¿De qué hablaba ese tipo? ― Yo te inicié en todo y yo también lo terminaré. ― El pelilargo vio como el tipo la arrinconó contra la pared lateral del hogar Yamanaka, posando el brazo al lado de su cabeza impidiéndole el escape.

― Daiki, lo nuestro acabó. ― dijo la rubia intentando alejarse lo más posible del tipo, pero no podía. ― Destruiste todo.

― No podía dejar lo que tenía, ni perder la amistad de tu padre por la lujuria. ― Itachi notó la reticencia de la rubia cuando el tipo se acercó a su cuello.

― Mentiste, casi me mataste y arruinaste mi vida familiar. ― le recordó con impotencia, manteniendo sus manos encerradas en puños que caían libres a los lados de su cuerpo. ― Usaste a un pobre chico y él tuvo que pagar por tus errores.

― Se metió con algo que era mío. ― Ino mordió su labio, aguantando las lágrimas que le querían correr por su cara. Itachi sintió su corazón encogerse ¿Qué mierda significaba todo eso? ― Ino, te quiero de vuelta y lograré mi cometido.

― No sigas, Daiki. ― le pidió aterrada, siendo tocada en su cintura por la mano indecente del tipo. ― Papá te descubrirá y te matará.

― ¿Tú le contarás? ― la pregunta fue teñida de una clara amenaza. ― Nadie le contará que su niñita cuando tenía 15 años se abría de piernas para mí.

― Porque me mentiste. ― le escupió en la cara, odiándolo. ― Dijiste cosas que sabías que a una niña la harían sucumbir y yo no era la excepción. Yo te admiraba y tú me llevaste al abismo.

― ¿Del placer? ― sugirió chulescamente. Itachi apretó con fuerza las ramas de la ligustrina cortándose la mano. ― Te cumplí el sueño, o no recuerdas que gritaste que me amabas la primera noche.

― No sabía lo que era el amor. ― Itachi tembló al notar los temblores de la chica. Se encontraba a un paso del colapso, pero el tipo no se le despegaba ¿Por qué no lo empujaba? ¿Por qué no gritaba y llamaba a sus padres? ¿Qué le pasaba? ― Déjame ir, por favor.

― ¿Y esperar a que abras tu linda boquita? ― la mano del hombre pasó por la boca de la chica, haciendo de ese gesto tan erótico, algo nauseabundo. ― Esa boquita sabe hacer cosas mejores.

― ¿Por qué? ― le preguntó dolida. ― ¿Qué hice yo para merecer esto?

― Deberías de sentirte halagada. Muchas mujeres amarían estar en tu lugar.

― ¿Cómo es que tu esposa te perdona esto? ― preguntó retóricamente. ― Das asco.

― ¿Asco? ― Una risotada tremendamente desagradable se escuchó. ― ¿De verdad te causo asco?

― Sí. ― contestó trémulamente.

― ¿Cuándo te hacia esto también te daba asco? ― Su mano grande se posó sobre el seno de la rubia que se removió incomoda. Itachi contuvo el aire y comenzó a ver todo rojo. ― ¿O cuando mis manos se perdían entre tu linda faldita escolar también te daba asco? ― El pelilargo estuvo a un paso de meterse en lo que estaba viendo, pero Ino fue más rápida y empujó al hombre varios metros. ― ¿Qué acabas de hacer? ― Le preguntó incrédulo y muy molesto.

― Lo que debí haber hecho hace mucho. ― afirmó temblando. ― Lárgate o contaré todo.

― ¿Quién te creerá? ― volvió a burlarse. ― Le hice creer a tu padre que te había visto acostarte con miles de tipejos y me creyó ¿o no lo recuerdas? Cuando vuelvo a ese momento, no puedo evitar reírme, sobre todo cuando llegaste dos días después con una mejilla morada porque Inoichi casi te voló el rostro de un puñetazo. ― Ino gimió, dejando sus lágrimas caer. Itachi ya no aguantaba más. ― No vuelvas a insinuar que me harás la vida imposible, porque yo te la haré tres veces peor ¿oíste? ― se acercó a la rubia de forma amenazante, apretándole el brazo. Ino soltó un quejido que fue la gota que colmó el vaso del pelilargo.

Haciendo gala de su habilidad, Itachi salió de entre las ligustrinas y saltó la verja como si se tratase de algo pequeño. Ino al verlo abrió la boca sorprendida al igual que el hombre. Daiki palideció. Ese tipo era una cabeza más alto y se notaba que había escuchado todo. Por su nariz estaba a punto de salir fuego.

― Suéltala. ― le exigió. ― O te arrepentirás.

― ¿Quién mierda eres tú? ― preguntó, soltando a Ino con tanta brusquedad que la rubia cayó de trasero sobre el pasto. Itachi ardió por eso y le propinó un perfecto combo en el labio al tipo, haciéndolo trastabillar hasta atrás y caer de espaldas como saco de papas. ― ¡¿Qué te pasa?!

― No me gustan los hijos de puta que amedrentan a las mujeres para conseguir algo. ― Se acercó a él a paso decidido. Daiki se arrastró como gusano hacia atrás. ― Enfréntame y pelea conmigo. Si eres tan genial como dices ser, no te temblará la mano para darme pelea.

― No te conozco y no tienes nada que ver acá. ― gimió, pasando un brazo por delante tapándose en caso de verse siendo masacrado. ― Ino y yo tenemos cosas pendientes.

― Yo solo vi como ella te decía que todo había acabado. ― la furia ciega volvió a hacerse de él. Le dio una patada en la pierna para liberarse. ― Déjala en paz.

― No te metas en lo que no te incumbe. ― le exigió el tipo asustado. ― Ella y yo arreglaremos nuestros problemas…

― Tú y ella nada. ― se agachó y lo tomó del cuello de la camisa, levantándolo a su altura. ― Eres un marica que no sabe tratar a la gente. ― Con el brazo libre volvió a golpearlo, rompiéndole la nariz. ― Un gusano que se aprovechó de una menor de edad e hija de tu amigo.

― Ella me calentó. ― aseguró.

Itachi perdió la razón como nunca y lo golpeó con puños y patadas llamando la atención de todos.

Ino que estaba aterrada con las manos en su cara tapándola, se puso de pie y corrió donde ellos para sacar a Daiki de la ensalada de puños que le estaba dando Itachi.

― ¡Basta! ― gritó, jaloneándolo desde atrás. ― ¡No sigas!

― Escucha… la ― murmuró el hombro con su cara llena de sangre al igual que la camisa.

― ¡Lo matarás! ― volvió a gritar la chica. ― ¡Itachi!

― Él te lastimó. ― justificó el mayor de los Uchiha sin soltarlo, pero Ino se posó frente a él para detenerlo. ― No lo irás a defender ¿verdad?

― Si lo haré. ― respondió con su cara llena de lágrimas, pero mentón en alto. ― Lárgate de mi casa. Tú no deberías estar acá.

― ¿Qué? ― preguntó desconcertado. ― Te estoy ayudando.

― No te compete ayudarme. ― Ino miró por sobre los hombros de Itachi y vio a su padre con mirada furibunda. ― Lárgate, maldito imbécil.

― ¿De verdad? ― El pelilargo no lo creía. ― ¿Eso quieres?

― Ni siquiera te conozco. ― Itachi no notó el pánico en la mirada de la rubia ni el dolor que sentía al decirle esas palabras tan alejadas de la verdad. ― Estás causando un daño terrible.

― Soy un imbécil. ― masculló para sí mismo, agarrando desde el suelo la chaqueta que se la había caído por culpa de la pelea. ― Tienes razón. Yo no debería estar acá. Las tontas como tú no necesitan ser defendidas porque no viven sin el drama.

Ino a duras penas contuvo el gemido lleno de sollozos que quería liberarse. Tenías ganas de gritarle que la salvara, que la sacara de ese lugar y no la dejase nunca, pero no podía. Itachi no debía cargar con sus problemas por mucho que comenzara a convertir en alguien en su vida, así que usando toda su frialdad, sonrió de medio lado.

― Yo lo amo. ― murmuró evitando ser escuchada por su padre, pero asegurándose de que la voz le sonara muy decidida. ― Lárgate.

― Sí, eso haré. ― girándose sobre sus talones, paso por al lado de un rubio alto y saltó la verja para largarse como mismo había llegado.

Nunca debió fijar sus ojos en esa masoquista. Una niña tonta que no sabía lo que era el amor, pero decía amar a un tipo que la humillaba.

¿Qué rayos estaba pasando con el mundo?

17.

Sakura se movía inquieta por todo el lugar, comiéndose las uñas, ordenando cada cosa que creía que estaba fuera de lugar ― siendo que había hecho aseo general 3 veces en lo que iba de día ― y parándose frente al espejo cada cierto tiempo, intentando que su look desinteresado resaltara. A pesar de equivocarse, todavía sentía rabia contra Sasuke por haber ido con Fuka a esa gala, pero también era consciente de que no podía comportarse como niña y atribuirle todo a él.

El timbre sonó tres veces seguidas, característica solo atribuible al guapo pelinegro que tenía por compañero de trabajo y en parte, de vida. Se acercó a la puerta, pero el miedo atenazó su estómago; ¿Si seguía molesto y solo venía a decirle adiós? ¿Si no la escuchaba y se largaba sin dejar que se explicara? ¿Si llegaba de la mano con Fuka para contarle que había vuelto con ella y así burlarse en su cara?

Sakura se giró temblorosa y volvió a la sala. No se atrevía a abrirle. Llevaba todo el día esperando su llegada, pero ahora que lo tenía al otro lado de la puerta, no era capaz de dar los pasos suficientes para enfrentarlo. Eran tantas las dudas que la estaban comiendo, que no era capaz de razonar y tomar una decisión.

Sin embargo, no fue necesario que siguiera por esa senda, porque Sasuke usó la llave del departamento que tenía en su poder y abrió ceñudo. Al parecer le había molestado que la pelirosa no corriera a abrirle, pero todo intento de regaño murió de inmediato al verla frente a él, con sus típicos hot pands, descalza, polera de tiritas y su moño arriba. Natural y hermosa. No podría describirla con otras palabras.

― Sakura… ― habló con voz ronca. La pelirosa se mordió el labio para mirarlo sin detener el tamborileo de sus dedos. ― ¿Te sientes…?

No pudo decir más, porque Sakura corrió donde él y agarrándose de su cuello, enganchó las piernas alrededor de sus caderas y lo besó de lleno en la boca, obligándolo a dar algunos pasos hacia atrás por el brusco encuentro. Sasuke por inercia la tomó de los muslos y con el talón, cerró la puerta de entrada, caminando con ella en brazo y devolviéndole cada uno de los besos que su deliciosa boca sabor a fresa le estaba dando.

Apenas si podían respirar, pero no querían soltarse. Ambos sabían que luego del efusivo saludo tendrían que hablar, pero la idea no les apetecía todavía.

A tientas, Sasuke la posó sobre la encimera de la cocina y se apretó aún más a ella, profundizando casi al límite de partirle la boca. A Sakura no le importaba, solo quería sentirlo, olerlo, tocarlo, abrazarse a él y no soltarlo jamás, quemarse con ese calor que solo su cuerpo despedía y embolinar cada uno de sus sentidos con lo que el pelinegro le daba. No quería nada más que a él así como estaban, besándose desesperados y tocándose sin frenarse.

Sasuke apretó el muslo de la pelirosa con su mano grande y se tragó el gemido de placer apabullante sonriendo en el proceso.

Se separaron jadeantes y luego de leves piquitos, se encontraron de frente. Verde con negro. Ingenuidad y deseo.

― Sasuke. ― murmuró la chica, abrazándolo para posar su cabeza entre el cuello y hombro del pelinegro. ― Ódiame todo lo que quieras, pero perdóname.

― Si estoy acá es porque ya lo hice. ― la tranquilizó, acariciándole la espalda con ternura. ― Además con ese recibimiento es imposible seguir enojado contigo.

― ¿De verdad? ― preguntó temerosa, alejándose un poco para mirarlo desde cerca. ― Te he echado tanto de menos, que creo estar alucinando.

― Soy yo en carne y hueso. ― Sakura sonrió con ternura y pasó sus manos por las mejillas algo ásperas por la barba creciente del pelinegro. ― También te extrañé mucho, pequeña.

― Casi echo todo por la borda al hacer lo que hice. ― comenzó a decir agachando su cabeza para no encontrarse con los ojos reprochadores del pelinegro. ― Estaba con algo de alcohol en el cuerpo… un poco más que algo, además de una fiebre altísima y sintiéndome triste por lo que había visto sobre ti en televisión. ― Sasuke la tomó del mentón para encontrarse con su rostro compungido. ― Fue un simple roce, algo tan pequeño que la prensa agrandó. Te aseguro que si no fuera así, te lo diría, pero en verdad solo alcancé a tocarle dos segundos sus labios y me corrí hacía atrás.

― Tranquila. ― Impresionado por su calma y por lo sensato que estaba siendo, sabiendo que era alguien pasional cuando estaba molesto. Aceptó por primera vez que no quería tenerla lejos. Sakura se estaba convirtiendo en algo mucho más potente de lo que pensaba, adentrándose en el centro de su vida. Si seguía molesto o alimentando su enojo, la alejaría y a la larga, la perdería. La idea se le concebía muy mala, por lo tanto, iba a actuar usando más el corazón que la razón y por primera vez, no permitiría que la rabia lo dominara. ― Ya lo olvidé.

― Yo no, reptiliano. ― hizo un puchero que Sasuke quiso devorarse. ― Te odié por lo de Fuka, pero más me odié al ver lo que había hecho.

― Son cosas que ya pasaron y de ahora en adelante, intentaremos ser muy sinceros el uno con el otro. ― Juntó su frente con la de ella para respirar el mismo aire. ― No quiero volver a enterarme por tevé que mi co―protagonista comienza a tener una relación con alguien del elenco que no soy yo.

― Ni yo tampoco enterarme que mi "amigo" ― hizo las comillas en el aire, soltando por primera vez el cuerpo de Sasuke. ― va con su ex novia a la gala de unos premios importantes, alimentando los rumores de una reconciliación, para luego desbandarse con cuanta mujer se le cruzara…

― Para ahí mismo. ― dijo, separándose un poco. ― No hice nada malo. Ni siquiera me besé con ninguna otra. ― Sakura puso cara de mortificación. Era una indirecta de lo que ella sí había hecho. ― Sakura, no es un reproche, solo te estoy aclarando un punto. Salí, lo reconozco y me emborraché, pero siempre estaba Itachi o Suigetsu y ellos no dejaban que nadie se me acercara porque parecía loro hablando de cierta pelirosa que tengo en frente.

― ¿Hasta borracho hablas de mí? ― Sakura se sonrojó al verlo asentir. ― Me siento halagada.

― Que no se te suban los humos, Sakura.

― Reconoce que soy inolvidable. ― bromeó la pelirosa, volviendo a acercarse a su boca para darle un nuevo beso que no logró profundizarse por entero. ― Supongo que está todo solucionado ¿verdad?

― Supone muy bien, señorita Haruno. ― aseguró Sasuke, agarrándola de la cintura para bajarla de la encimera. ― ¿Cómo estás de tu resfriado? No mejorarás del todo si sigues andando descalza por la casa.

― Lo sé. ― Sasuke la tomó de la mano y la guio al sofá para que se sentara. ― Me mejoré bastante bien. Ino hizo de enfermera y me cuido mucho.

― Tendré que agradecerle a la rubia por cuidarte, entonces. ― Fue al cuarto de la chica y tomando aire para llenarse del olor que desprendía el lugar, salió con un par de zapatillas en la mano. ― Pásame el pie para ponerte esto.

― Eres un pesado cuando te pones en plan "papá" ― Sasuke alzó una ceja, pero no respondió. ― Ven a sentarte conmigo.

― Primero te abrigarás. ― afirmó, acordonándole las zapatillas converse. ― Tus piernas están muy suaves ¿te echaste algo?

― Solo crema. ― contestó, suspirando al ver la mano de Sasuke pasearse por su pantorrilla. ― Oye, ¿Qué es eso que está botado en la puerta? ― El pelinegro se hizo el loco sin querer voltearse. Tenía claro lo que era: su oferta de paz y un arrebato que tuvo en el duty free del aeropuerto estadounidense. ― Sasuke, míralo.

― Es un regalo. ― masculló. ― ¿Necesitas algo más?

― ¿Qué te pasa? ― Sasuke hizo una mueca. ― ¿Hice algo mal? No me molesta que me hayas abrigado los pies. Tenía algo de frío y… ― El pelinegro la calló con un corto beso que fue bien sonoro y caminó hasta el lugar donde reposaba el bonito regalo. ― ¿Qué es?

― Te compré esto. ― Sakura miró al bonito y suave peluche que Sasuke le puso en las manos. Su corazón comenzó a latir desaforado. Eso era el comienzo de algo ¿verdad? Nadie regalaba peluches a la chica con la cual se besaba, porque eso significaba otro nivel de compromiso. ― Dilo, te conozco.

― Amo los osos pandas. ― murmuró sin creerlo. ― ¿Cómo lo supiste?

― Tienes uno gigante en la casa de tu madre. ― Sakura sonrió de oreja a oreja, admirando que notara ese detalle. ― ¿Te gusta?

― ¿Cómo no me va a gustar? ― se levantó del asiento para volver a enganchar sus brazos alrededor del cuello del pelinegro, pero ahora con más mesura lo besó, feliz por el regalo, por tenerlo, por haberse perdonado y por tener esa nueva dimensión donde las cosas comenzaban a aclararse y mostrarse con mayor nitidez. ― Gracias. ― susurró al separarse de él para correr a su cuarto y ponerlo en el centro de la cama admirándolo desde la distancia. Se veía precioso ahí.

― Me gusta que te guste. ― Sakura rió por la redundancia y volvió a su lado para acomodarse en el sofá. ― ¿Tienes hambre, quieres algo?

― No, solo estar contigo. ― Sasuke abrió los brazos para que Sakura se posicionara entre ellos. Agarrando una manta que reposaba descuidada sobre un codo del sillón, se taparon y prendieron la televisión para entretenerse mientras no se estaban besando o mirando el uno al otro como si en el mundo no existiera nadie más. ― Felicidades por el Golden Globe.

― Gracias. ― respondió sinceramente el pelinegro, acariciando el cabello de la pelirosa.

Los minutos pasaron y poco a poco se fueron recostando sobre el mueble. Sasuke con un gordo cojín quedo de espaldas con Sakura entre sus piernas y reposando descuidada sobre su pecho, enganchada con un brazo tras su cintura y la otra mano enredada con la suya. Sasuke aprovechaba la otra para cambiar de canal. Se veían como una pareja de tomo y lomo.

― Mira, los Sundance. ― Sasuke paró en el canal y abrazó a Sakura aún más fuerte. ― Te viniste antes.

― No quería quedarme sin la oportunidad de estar contigo. ― confesó sin ningún reparo ni vergüenza. Sakura mordió su labio sonrojada y agradecida.

― Itachi te debe haber querido matar. ― Elucubró risueña. ― Ya imagino su cara.

― La verdad es que no. Él también necesitaba solucionar ciertas cosas acá. ― Sakura se levantó del pecho de Sasuke y lo miró ceñuda. ― No me preguntes, tampoco lo sé.

― No, no quería hablar sobre eso. ― Se puso boca abajo y apoyó su mentón en las manos para mirarlo desde más cerca. ― Me dijiste que no había ocurrido nada con nadie. ¿Tampoco con Fuka?

― ¿Qué entiendes tú por nadie, Sakura? ― preguntó con cizaña. ― Estuve solo y pensando en una pelirosa cabezota.

― Tú tampoco eres alguien muy llevable. ― replicó fingiendo morderle la clavícula. ― Es más, yo diría que eres casi tan complejo como calculo III. ― Sasuke soltó una leve carcajada, moviendo su pecho. ― Te ríes porque sabes que es verdad.

― La verdad es que me río por fui un niño superdotado y a tu edad estaba creando nuevas fórmulas para responder calculo trigonométrico sin tener que usar ninguna de las que ya estaban preestablecidas. ― Sakura quedó con un tic en su ojo.

― ¿Hablaste en español o idioma ñoño? ― Sasuke le picó una cosquilla, haciéndola revolverse sobre él. ― Ok, ok, basta. ― pidió controlando la risa. ― Eres demasiado inteligente.

― Puede ser. ― susurró, peinándole el cabello. ― Con la partidura en medio, lentes poto de botella y frenillos te verías preciosa.

― ¿Llegaste con ganas de hacerme bullying? ― Sasuke asintió, siendo ahora él el sometido a los picones de costillas. ― No gusta ¿viste?

― ¿La paz? ― levantó la mano y la chica se la chocó como "dame esos 5" ― Ok, firmamos el tratado de paz.

― Me parece ¿qué nombre le pondremos? ― Sasuke se alzó de hombros. Hasta ahí nomás llegaba su invención infantil. ― El otro día en clases de música, alguien puso un cd de tu banda y fue tan hermoso oír tu voz. Cantas divino.

― Lo soy en todo sentido, Sa―ku―ra ― silabeó. ― Hablando de la escuela ¿cómo es eso del amague de incendio que al final fue una falsa alarma? Quiero los detalles.

― Digamos que alguien que no diré como se llama, pero su nombre comienza con "ese" y termina en "akura", botó un papel encendido al basurero que se encontraba debajo de una alarma anti incendio, alertando todo el sistema y mojando a todas las alumnas de Konoha.

― Entonces no mentías cuando me dijiste que tenías algo que ver. ― dijo Sasuke enrolando los ojos como un papá. ― Tenía la esperanza de que fuera una broma. ¿Por qué lo hiciste?

― Eso es un secreto. ― el pelinegro alzó una ceja. ― De verdad no lo puedo decir.

― Me preocupa el porqué, pero no te insistiré. ― la tranquilizó abrazando con decisión el cuerpo delicado de la pelirosa. ― Por eso te resfriaste ¿verdad?

― Sí y si te sirve de consuelo, Sasori cayó enfermo al otro día de lo que tú ya sabes. ― Sasuke no supo si alegrarse o volver a enfurecerse con lo recientemente oído. Que Sasori cayese enfermo hablaba de que se había besado con la pelirosa.

Intentando no ir por ese hilo de pensamientos, enredó una de sus mano al cabelló suave y oloroso de la pelirosa.

― Que bueno. ― contestó sin mayor ánimo. ― ¿No tuviste mayor complicación con el resfrío?

― Nope, solo me dio una pequeña crisis de asma, pero la controlé con mi inhalador.

Sasuke iba a asentir, hasta que entendió las palabras de la pelirosa. Sakura quiso golpearse la boca por ser tan idiota de decirle eso al pelinegro.

― ¿Crisis de asma? ― Sakura se escondió en el pecho de Sasuke evitando mirarlo. ― Sakura ― insistió.

― Sí, crisis de asma. ― se sonrojó. ― Cuando tenía 2 años se dieron cuenta de que sufría de eso, luego de que casi muriera al caer desmayada luego de haber corrido un buen trecho tras un perro. ― Sasuke se alertó. ― Igualmente tengo todo controlado y no es necesario que te preocupes.

― ¿Quieres que no me preocupe? Pudiste haber muerto por ese resfrío si no hubieses tenido tu medicina al lado.

― Siempre ando con ella. ― le contó molesta. ― No me retes como si fuese una niña pequeña. Son cosas que pasan y he vivido con esto la mayor parte de mi vida.

― ¿Por qué no me dijiste?

― Porque no es como: "Hola, soy Sakura Haruno, te admiro desde que tengo uso de razón y cuando me agito mucho me dan crisis asmáticas". ― Sasuke no pudo evitar reír al ver las muecas de la pelirosa. ― Es algo que se va contando con el tiempo, pero yo evité hacerlo porque tú eres un exagerado.

― Solo quiero cuidarte. ― Sakura bufó. ― Me mostrarás tus medicinas, dónde están y que hacer en caso de emergencias graves. También iremos a un especialista…

― No empieces, por favor. ― le pidió, tapándole la boca con su mano. ― Las medicinas las guardo acá y hay unas inyecciones para casos extremos, pero no me ha dado ninguna crisis grande desde que soy una niña, así que nunca las ando trayendo. Es más, hace años que no compro una.

― ¿Y si ahora te da una? ― Sasuke se molestó al notar la irresponsabilidad de la chica. ― No vamos a tentar a la suerte ¿bueno? Y para la próxima, dime si sufres de algo.

― No te pongas pesado, por favor. ― Le pidió odiando su faceta de padre. ― La cosa es que juntos lo pasemos bien.

― No lo puedo pasar bien si tú no estás. ― Sakura lo miró ilusionada. ― Tendré que buscarme a otra menor de edad para reemplazarte.

Sakura le golpeó el pecho, pero Sasuke se rió.

― No fue gracioso.

― Debo confesar que me gusta verte celosa. ― La agarró con fuerza para ponerla sobre él y volteándose, quedó encima de la pelirosa, comenzando a besarla. ― Déjame cuidarte.

― Pero…

― Pero nada. ― le dio un beso en su frente. ― Si te cuido, estaremos más tiempo juntos. ― le besó la mejilla derecha. ― Y podremos hacer muchas cosas. ― le besó la mejilla izquierda. ― Cosas que te gustarán. ― aseguró, besándole la nariz. ― Me lo agradecerás.

Los besos se volvieron candentes en cosa de segundos. La manta sirvió para que se protegieran del frío, aunque no era necesario, ya que bajo de ella estaba muy acalorados.

Sasuke dejó a sus manos vagar sin contenerse por el cuerpo de la pelirosa. Piernas, brazos, cuello, rostros, senos, cintura, trasero… tocó todo lo que quiso y Sakura aprovechó de hacer lo mismo, metiendo sus manos entre la camisa del pelinegro, agradecida por tener esa bendición. Su cuerpo era musculado sin llegar a un extremo. Abdominales marcados, como un chocolate listo para ser devorado. Espalda ancha y suave como la piel de un niño.

Sin aguantarse, le desabrochó el pantalón, pasando desapercibido por el pelinegro que solo se percató cuando notó la pequeña mano de la chica puesta por encima de su glúteo derecho, por dentro del bóxer. Se separó asustado para mirarla, temiendo que metiera la mano en otro lugar, pero Sakura le guiñó un ojo tranquilizándolo. Sabía que esa era una sesión de besos candentes, con caricias "prohibidas", pero que no llegarían a más.

Sus bocas se separaron para respirar erráticamente la una frente a la otra. Sasuke con sus ojos pegados en los verdes de ella, metió la mano dentro de la polera y bajo el brasier de la pelirosa, tocando por primera vez ese montículo erecto y pequeño. Sakura nunca habían sentido esa bola en el centro de su vientre con tanta nitidez como la sintió en ese momento, cuando los dedos del pelinegro tomaron su pezón entre ellos y lo acariciaron con delicadeza. Sasuke capturó cada una de las caras de pasión que expresaba la pelirosa en su memoria, no olvidándolas jamás. Quería enseñarle lo que era un orgasmo sin necesidad de desnudarse por completo y adentrarse en ella. Derribar los tabús de que el sexo con penetración era lo único que te llevaba al límite cuando no era así.

Sasuke estaba tentado a meter la mano entre los pantaloncillos de la chica, pero no quería asustarla tanto la primera vez que comenzara a enseñarle de su cuerpo, porque ya estaba decidido, él le mostraría todo lo que sabía y la guiaría a un mundo donde ambos conociesen sus puntos débiles para así desatar con ferocidad la pasión.

Su boca se prendó al cuello delicado de la chica, mientras su mano seguía jugueteando con el pezón y la otra se perdía entre el vientre, las piernas y el trasero.

Sakura quería que la tocara en ese punto latiente entre sus piernas que se encontraba acalorado, húmedo y deseoso de atención. Necesitaba sacarse su ropa y dejarse llevar por esas manos expertas que la estaban volviendo loca. Sasuke y su lengua en el cuello, su mano entre el brasier y su pantalón levemente que rozaba delicadamente con el vértice de sus piernas.

La pelirosa sin poder contenerlo, gimió con placer. Antes lo había hecho, pero eso era distinto. Era algo irrefrenable que nacía desde su vientre, que le quitaba el aire y le hacía apretar la mandíbula. Respiraba agitadamente y sabía que en algún momento explotaría, conociendo por primera vez eso de lo que tanto hablaban. Sería su primer orgasmo y se le venía con todo, dejándola trémula.

Sasuke metió ambas manos dentro de la polera de Sakura, y con cada una agarró un pecho que caían perfectamente en sus manos. Las yemas del pelinegro estaban haciendo un trabajo de lujo que la llevaba cada vez más cerca del precipicio, pero algo faltaba. Necesitaba aunque fuese un poco más, pero no sabía cómo pedirlo. Sasuke al escuchar la respiración casi nula de la pelirosa, que estaba lista para desatarse, supo que debía hacer algo para liberarla, porque podría colapsar al no poder sacar su orgasmo. Bajando sus pantalones y seguro de que eso le costaría muchas duchas de agua fría, rozó su miembro erecto contra las bragas de la pelirosa, apretando con fiereza ambos sexos, conociéndose por primera vez y terminando de enloquecerla.

Sakura soltó un grito con ojos cerrados y se aferró con fuerza al cojín que la sostenía, encorvando la espalda y temblando ligeramente. Cuando termino de caer, ralentizó su respiración y abrió los parpados, encontrándose de frente con la sonrisa de suficiencia, gracias y felicidad del pelinegro. Se la devolvió y lo abrazó con fuerza, agradeciéndole por esa nueva experiencia, pero necesitando más.

― ¿Cómo estás? ― le preguntó perdido en su cuello y respirando jadeante igual que ella. Sus pantalones ya se encontraban en el lugar que debían y sus manos yacían a los costados para no aplastarla.

― Siento cada poro de piel. ― Le confesó la chica, todavía con la respiración cortada. ― Esto fue… magnifico.

― Trabajamos para su satisfacción, señorita.

― A tu lado dejaré de serlo. ― Sasuke rió con la osadía de la pelirosa. ― Quiero repetirlo.

― Espera unos minutos. No estás acostumbrada a esto y te puedes agitar demasiado.

― No me importa. Quiero que llegues más allá. ― lo tomó desde el costado de la cabeza. ― Quiero aprender a darte placer.

― Lo harás, pero a su debido tiempo. ― prometió. ― Por ahora iremos conociendo cada parte tuya y encontrando puntos erógenos.

― Me fascina la idea. ― se besaron, pero más comedidos, solo sintiéndose y compartiendo ese momento único e inigualable.

Sasuke le acomodó la ropa y se acomodó la suya. Sacándose de la manta de encima sintieron el frío que había y recordaron que estaban en la sala del departamento de Sakura. El pelinegro miró la televisión y vio a su amigo Suigetsu recibiendo un premio.

Si supiera que él también estaba recibiendo uno…

Sonrió al igual que la pelirosa que también miraba la televisión.

Se levantó del lugar, estirando su mano donde la chica para levantarla igualmente. Necesitaban comer algo y sobre todo ella recuperar fuerzas. Tener orgasmos era divino, pero de que agotaban, vaya que lo hacían.

A Sakura le temblaban las piernas de forma constante, pero aun así logró mantenerse de pie y se dejó guiar por el pelinegro hacia la cocina buscando algo para darle. Un vaso de agua fue lo primero, acompañado de un par de galletas dulces y beso robado.

― ¿Habrás ganado algo? ― le preguntó la pelirosa al volver del baño luego de sentir que se haría pis. Sasuke después le explicaría que esa sensación tenía que ver con lo recientemente ocurrido. ― Yo creo que sí.

― No tenía ninguna nominación. Solo iba a la gala ― La pelirosa volvió a sentarse a su lado y se dejó abrazar ya sin tanta vergüenza. Era como si la barrera que había entre ellos se hubiese roto para pasar a otro nivel. Uno mucho mejor. ― Te preparé un sándwich de queso caliente.

― Que rico. ― le dio un beso en la mejilla y se metió en la tarea de saborear ese manjar de los dioses, riendo cuando los hilos del queso derretido, no se cortaban ni aun tirándolos al largo de sus brazos.

El ganador por mejor actor de reparto es para: Juugo.

― ¡Ganó! ― gritó la pelirosa levantando los brazos. ― Es un genio.

― Se lo merecía. Hizo un gran trabajo. ― aseguró Sasuke, quitándole un pedazo de pan para comérselo él. ― Es tarde, deberías irte a dormir.

― Tienes que quedarte conmigo o no pienso dormir. ― Sasuke meneó la cabeza con fingido cansancio.

― Si insistes. ― Sakura sabía que se le venían nuevos juegos nocturnos y la idea solo le causaba ansiedad y expectación. Ya quería aprender nuevas cosas. ― Cuando termine la premiación nos vamos a la cama.

― Eso suena perfecto. ― afirmó la chica desesperada como nunca. ― Podríamos tener un nuevo preludio. ― sugirió ganosa.

― Dios, he convertido a un monstro. ― dijo Sasuke mirando al cielo. ― Debemos descansar. Yo debo volver en unos días y tengo varias cosas que hacer.

― Bueno, pero vendrás a quedarte conmigo. ― El pelinegro le besó la frente como toda respuesta y esperaron a que terminara la ceremonia.

Apagaron todas las luces del lugar y a besos se encaminaron hacia el cuarto de la pelirosa, pero cualquier indicio de poder tener una noche movidita en ese sentido, acabó. Las cosas se volvieron color de hormiga cuando el timbre sonó como un campanazo en los oídos de ambos sacándolos de su ambiente relajado.

― ¿Esperas a alguien?

― Para nada. ― dijo ceñuda.

Sasuke caminó a la puerta para mirar de quien se trataba y así poder putearlo. Si él no estuviera, Sakura hubiese abierto y las cosas podrían haberse complicado, pero al observar por la mirilla notó el pelo rubio de la amiga que tenía la chica. Sasuke con un gesto le dijo a Sakura que se acercara y abriera ella.

― Ino, ¿qué…? ¡¿Quién te hizo eso?! ― chilló consternada, haciendo volver al pelinegro que se había alejado para darles privacidad. Cuando ambos miraron la cara de la rubia se asustaron tremendamente, pero actuaron rápido y la hicieron pasar.

― Llevémosla a un doctor… ― Ino se negó de inmediato.

― ¿Estaban ocupados? ― preguntó, agarrándose su mentón.

― No, cariño. Dime quién te lastimó así.

Ino tenía un gran moretón en su frente y pómulo. El labio sangrante y un rasguño en el cuello que parecía no acabar nunca. Sus muñecas tenían marcas de haber sido amarradas y la pelirosa no quería pensar en cómo se encontraba el resto de su cuerpo.

― No permitas que me lleven, Sakura. ― le rogó con sus lágrimas cayendo una tras otra sin parar. A la pelirosa se le partió el corazón y asintió llorando al igual que ella. Acuclillada frente a sus rodillas, Sakura se sentía impotente al verla así. ― Sasuke…

― Podemos llevarte al médico y que revisen tus heridas. ―volvió a insistir el pelinegro, asustado y encolerizado al imaginarse a alguien golpeando de esa forma a otro ser humano. Ino le llegaba un poco más arriba que Sakura, pero seguía siendo diminuta. Solo un hombre podía dejarla de esa forma o una patota de personas dispuestas a masacrarla en el suelo.

― Sasuke… ― volvió a llamar la rubia con voz cortada. ― Dile que me perdone.

― ¿Qué? ― Sakura y Sasuke se miraron sin entender. ― ¿De quién hablas?

― Dile a Itachi que me perdone. ― le pidió, cayendo en tinieblas.

Ino se desmayó y su mundo eliminó el dolor.


Y he "volvido" xDD. Me demoré 10 días desde el aviso y de verdad lamento esta tardanza. Como expliqué, encontré trabajo y el tiempo se ha vuelto en algo casi inexistente en mi vida, por lo mismo no les contestaré los review con mensajes privados como lo hago siempre, ya que intentaré priorizar escritura y subir el capítulo de inmediato. Igualmente les aclaro que yo leo todas y cada una de las porras que me mandan, animándome como no se imaginan.
Gracias a mi nuevo trabajo pude comprarme un nuevo notebook, pero en el otro está la mayoría de mi información, así que debo encontrar la forma de poder ingresar a él y sacar todo lo que tenga que ver con los fic's.
De corazón, mil, pero mil gracias por escribirme sus mensajes, sus review y dejar la historia en favoritos o follow. No saben lo feliz que me hacen y siento que estoy haciendo las cosas bien, aunque hay mucho por mejorar, seguiré acá entreteniendo con mis idas de olla o mejor llamados fanfiction xDD
Sin nada más que agregar y deseándoles solo cosas bellas, me despido. Gracias por el apoyo, por la constancia y por sobretodo, por esperarme. Espero haya valido la pena.

Lxs quiero un montón !

LilyLoop

PD1: CHILE ES CAMPEÓN DE AMÉRICA ! Fue hermoso y emocionando, aunque nos digan un millón de cosas, sé que el premio fue en base al esfuerzo que hicieron esos fútbolistas, así que no puedo estar más orgullosa por ello
PD2: SASUKE SE GARCHÓ A SAKURA ! Esa semana fue redonda junto a lo que dije en la PD1. Que se confirmara la maternidad de Sakura y las palabras del emo fue cool. Creo que es la única serie donde se pone en duda la maternidad de alguien xDDDDDDDDDDDDD Fue un manga digno de la "Rosa de Guadalupe" María Saralupe, Sasuberto del Uchitillo y Isakura de la Piedad... épico xDD
PD3: Quizás algunas fechas no concuerden del todo (me refiero a las premiaciones y eso) Intenté apegarme lo más posible a la realidad, pero me costó un poco, así que perdónenme ese error.
PD4: Leí un review donde me decían que el fic había sido recomendado en una página de facebook ¿Me podrían dar el link? Sería hermoso leer algo sobre mi trabajo porque en verdad no me lo esperaba *-* Si alguien de por acá lo recomendó, de verdad muchas gracias para ti bellx !
PD5: Cualquier error, háganmelo saber para corregirlo de inmediato.

Ya ahora si me largo xDD, nos vemos en la próxima publicación !