Mi Delito
Capítulo XI
Los comienzos empiezan en el final

Dans cette douce souffrance.
Dont j'ai payé toutes les offenses
Ecoute comme mon cœur est immense
Je suis une enfant du monde
Indila: Dernière Danse

¡79 páginas!

1.

― Cualquier cosa, llámame. ― Sakura asintió con los ojos cerrados, aspirando el delicioso olor del guapo hombre que tenía enfrente y disfrutando de sus delicados labios rozándole la frente. ― Iré a ver a Itachi.

― Ok. ― se separaron para verse largamente, dándose una mirada enigmática y llena de emociones recién descubiertas. ― Quiero mi beso. ― le expuso, obligándolo a agacharse para agarrarlo por el cuello.

― Eres una niña. ― le reprochó a modo de broma el pelinegro, mientras le tomaba la cintura y procedía a darle pequeños besos en la boca rosa y delicada.

Sakura afianzó el agarre, aburrida de ese toqueteo tan poco profundo y mordiéndole el labio, sometió la boca de Sasuke a su lengua inquieta que rozaba felizmente la del pelinegro, maravillada por su sabor almizclado. Desde que había probado el poder impresionante que tenían los besos, se le hacía inconcebible no volver a darlos ni recibirlos. Esos días sin Sasuke habían sido horribles por muchos motivos y entre ellos extrañaba el simple hecho de estar todo el tiempo con sus labios pegados a los del pelinegro que estaba mostrándole la vida.

― Saku… ― la voz de Ino se apagó al verlos en esa posición tan comprometedora.

Sin darse cuenta, Sakura estaba enganchada a las caderas del pelinegro. No podía negar que le encantaba encaramarse sobre él y era casi un acto impulsivo, fiel reflejo del deseo que la llevaba a actuar de forma no pensante.

Luego del desmayo que había sufrido la rubia, Sakura y Sasuke se habían debatido de qué forma actuar. Si llevarla a un hospital o acostarla. Ino despertó a los pocos minutos y les rogó que solo la dejaran descansar. A regañadientes, Sakura se lo aceptó, haciéndole prometer que hablarían prontamente de lo que estaba pasando. Ino aseguró contárselo, pero primero quería bañarse y así lo hizo. Ahora la rubia, yacía frente a ellos con su cara golpeada, pero evidente picardía bañando sus azules ojos.

― Ejem… ― tosió con vergüenza la pelirosa, mirando a su amiga que se mordía el labio, intentando pasar desapercibida la sonrisa. ― Dime. ― preguntó despacito, bajándose de encima de Sasuke.

El pelinegro ni siquiera se inmutó con la interrupción.

― Me acostaré en tu cama. ― Sakura aceptó de inmediato, acercándose a ella. ― Gracias por esto.

― No hay de qué, tonta. Siempre estaré aquí para ti. ― pasándole un dedo con delicadeza por su pómulo hinchado, le regaló una sonrisa consoladora. ― Creo que es hora de que nosotras hablemos sin mentirnos ¿te parece?

― Sí. ― susurró la rubia, dándole un abrazo para apoyar su rostro en el hombro de la pelirosa. ― Eres una de las personas más maravillosas que he conocido, Sakura.

― Me harás llorar, tonta. ― Le pellizcó levemente la cintura, pero grande fue su sorpresa al escuchar un quejido. ― ¿Qué te pasa? ― la separó de su cuerpo para mirarla.

― Tengo un golpe en la costilla. ― confesó, mirándose la punta de los pies. ― Te espero en el cuarto.

― Ok. ― aceptó la chica.

― También gracias a ti, Sasuke. ― acercándose donde él, lo miró con verdadero afecto. ― Quizás no seas tan malo como quiero creer.

― Mejórate. ― le respondió escuetamente, sin agregar ni defenderse del escrutinio poco favorecedor que le comenzaba a mostrar la rubia. ― Les reitero; cualquier cosa, me llaman. ― Ino asintió y con una leve reverencia, salió de la sala para esconderse en el cuarto oscuro de Sakura.

― Vaya. ― suspiró la pelirosa, volviendo a acercarse a Sasuke. ― Creo que ahora sí es hora de que partas.

― Claro. Debo ir donde Itachi y es tardísimo. ― dijo él, mirando su reloj de muñeca. ― Pórtense bien.

― Yo debería decirte eso a ti. ― refunfuñó a modo de broma. ― ¿Podrías… avisarme cuando llegues donde tu hermano? ― le pidió azorada. No quería verse como una tonta controladora, menos en su primera "incursión amorosa", pero reconocía que la dejaría mucho más tranquila saber que el pelinegro ya se encontraba sano y salvo junto a Itachi.

― Bueno. ― Le respondió, para sorpresa de sí mismo. Jamás daba explicaciones de lo que hacía y menos señales de dónde estaba, pero ella tenía tal poder sobre él, que terminaba cediendo en todo para darle el gusto y para que estuvieran bien.

En cosa de semanas, Sakura había puesto su mundo patas arriba y simplemente con un aleteo de pestañas.

― Que llegues bien. ― Le dijo la chica, enviándole buenos deseos. ― Mi beso. ― volvió a reclamar, pero ésta vez serían más comedidos.

Sasuke le tomó la mandíbula desde abajo con una mano y con un gesto muy sensual, chocó tres veces con su boca de forma rápida y algo de brusquedad, pero sin causarle dolor. Eran besos de despedidas nada más.

― Cuídate. ― Un último en su frente y salió del departamento de la chica, para ir hacia el ascensor y bajar los 20 y tantos pisos.

Mirándose en las paredes del cubículo metálico, se palpó los labios al notarlos rojos. Todavía sabían a Sakura y en su nariz, ese olor cítrico seguía impregnado.

Sakura por su parte, cerró lentamente y se volvió para concentrarse ciento por ciento en Ino y su grave problema. ¿Qué podría haber sucedido para que terminara de esa forma, tan lastimada y llena de golpes? Eso era una acción avasalladora, que caía completamente en la maldad.

Dispuesta a buscar respuestas a todas sus dudas, abrió la puerta de su cuarto, pero solo la recibió oscuridad y la respiración acompasada de su amiga, quien dormía como un bebé descansando de sus problemas y dolores. Viéndola así, concluyó que no era hora de hablar y que solo tenía que esperar a que Ino se sintiera preparada para contar su historia, ésa que tanto le dolía.

Se recostó a su lado y acariciándole el cabello, cayó dormida agotada de tantas emociones… Dio un respingo

― Oh, por Dios, he tenido mi primer orgasmo.

.

.

.

Estoy con Itachi. Besos. Dándole enviar al mensaje, se adentró al lugar oliente a tabaco. Una botella de whisky lo recibió, aunque no estaba vacía.

― ¿Qué haces acá? ― la voz rasposa de su hermano, salió desde atrás de la cortina que cubría al balcón de su departamento. ― Estoy ocupado.

― Emborrachándote. ― Itachi chasqueó la lengua.

― No he tomado. El vaso quedó servido. ― explicó, dándole una larga calada a su cigarrillo, llenando la sala de humo. ― ¿Pasó algo?

― ¿Qué pasó con Ino? ― preguntó sin ningún tacto, deseoso de entender la situación.

― ¿Cómo sabes…? ― Sasuke enarcó las cejas. ― Me metí donde no debía y me siento idiota por eso.

― ¿Qué hiciste?

― No es necesario que sepas. ― contestó, volviendo al balcón para admirar la ciudad bajo sus pies.

Itachi se sentía imbécil, como un tarado estúpido, idiota y todos los improperios que pudiese pensar. La chica ni siquiera le gustaba ― tanto. ― como para haber hecho lo que hizo. Sus ojos azules lo habían mirado con tanta frialdad y le volvió a recalcar que ella no lo quería en su vida.

Luego de eso, claramente no la volvería a molestar. No estaba para aguantar a niñas estúpidas que se dejaban abusar por hombres sin escrúpulos. Sin embargo, pensar de esa forma no lo alivianó y de pura rabia golpeó la baranda del lugar, remeciendo con un sonido sordo el metal chocando con su mano.

― Itachi, ¿recuerdas cuando casi morí por sobredosis y tú me dijiste que era un estúpido, pero que siempre estarías ahí? ― Itachi de un bufido aceptó. ― Pues es hora de que sepas que yo también estoy aquí para ti. ― le dijo con voz fría y ronca, pero llena de sentimientos. ― Puede que te odie por una infinidad de razones, pero eres mi hermano.

― No te pongas marica. ― le respondió, dejando caer levemente su cabeza, haciendo que su rostro fuera tapado por el cabello largo y oscuro que poseía. ― Gracias por estar acá.

― ¿Qué sucedió? ― volvió a preguntar. Necesitaba clarificar las razones y entender porque Ino se encontraba en tan mal estado y rogando por el perdón de su hermano en estado de semi inconsciencia . ― ¿Le hiciste algo?

― ¿A Ino? ― preguntó ceñudo. ― Nada de lo que me gustaría hacerle. ― respondió quedo. ― La vi siendo arrinconada por un tipejo y salté a defenderla.

― ¿El tipo la golpeó? ― inquirió, comenzando a comprender todo.

― No, solo la… tocó. ― Sus palabras salían mordidas, teñidas de furia que luchaba por escapar. ― Era una pelea con su pareja.

― ¿Pareja? ― Vaya tonta si permitía que el idiota con el cual estaba la golpeara, pensó Sasuke. ― ¿Qué más?

― Salté la reja de su casa y me lancé contra el idiota, partiéndole la nariz y pateándolo en el suelo. ― Sasuke abrió los ojos incrédulo. Itachi no se metía en peleas desde que era un adolescente y aun así siempre intentaba dialogar antes de llegar a las manos. ― Me pareció un hijo de puta al aprovecharse de que ella estaba sola. La rubia tenía miedo, pero en cuanto me vio, intento defenderlo y eso me ardió como nada. ¿Qué tienen en la cabeza las mujeres para aguantar ser vejadas de esa forma?

― ¿Pero no viste ningún golpe por parte de él? ―Itachi volvió a negar.

― Solo la toqueteó por completo. Luego salió su padre e Ino entre dientes me dijo que me largara, que ella amaba a ese hombre. ― Sasuke asintió con solemnidad, batallándose interiormente si contarle lo que había visto o no. ― ¿Por qué sabes esto?

― Estaba con Sakura y ella se enteró. ― El pelilargo aceptó la explicación y volvió a su tarea de dejar la vida en caladas de humo. ― Podrías hablar con ella.

― No. ― dijo rotundamente. ― La encontraré guapa y puede que me gustaría estar con ella en el sentido más básico, pero no iré a pedirle disculpas por golpear a su novio. El tipo se lo merecía y si no es por la llegada de su padre y las lindas frases que ella profirió, todavía lo estoy golpeando.

― ¿Qué te pasa con ella? ― Itachi se alzó de hombros.

― En palabras vulgares me calienta y hoy quería verla para poder mermar un poco más su caparazón y así poder acostarme con ella, pero luego de esto no me quedan ganas de involucrarme con una masoquista. ― aseguró. ― Ya bastante tuve al enrollarme con Mei para que ahora vuelva a caer en una tontería de este tipo.

― Lo de Mei fue algo que no planeaste. ― El pelilargo soltó una risa amarga. El último tiempo estaba haciendo todo mal y eso le molesta por sobremanera. ― No sabías que era pareja de Neji.

― ¿Y qué dice eso de mí? ¿Acaso me exonera? ― Sasuke lo miró largamente. ― Sabes que no. Soy su puto manager, jefe en el sentido más formal de las cosas y amigo cercano ¿Cómo no sabía que Mei era su novia? Claramente no estoy haciendo mi trabajo como corresponde.

― No te puedes sentir culpable. Ya la dejaste. ― intentó reconfortar el moreno, sacándole un pitillo de la cajetilla que reposaba de forma indulgente sobre la baranda del balcón. ― Si hubieses seguido con ella, considero prudente que te lamentaras.

― Estoy haciendo todo mal. Partiendo con el hecho de que fui como un niñito de 5 años a contarle a nuestros padres que te gusta Sakura. ― El Uchiha menor hizo una mueca. No tenía ganas de hablar sobre lo que sentía por cierta pelirosa. ― Eso no lo hacen los hermanos.

― Tiempo pasado. ― dijo Sasuke, restándole importancia.

― No, no es tiempo pasado, maldita sea. ― se agarró las sienes. ― Siento que estoy todo el tiempo reprochándome las cosas. Tengo 31 años y actúo como imbécil.

― Lo de imbécil queda sujeto a cambios. A veces eres un imbécil-hijo de puta. ― El gran aporte "bromistico" de Sasuke, alteró aun más los nervios crispados del pelilargo. ― Ok, deja de lamentarte y actúa.

― ¿Cómo lo hago? ― Sasuke se alzó de hombros nuevamente.

― Eso solo lo sabes tú. Si te gusta Ino, pues hace las cosas bien y conquístala. Aléjala de ese mal nacido que la golpea.

― Pero si te dije que no la golpeó. ― insistió Itachi, pero la cara seria de su hermano le dio a entender que había algo detrás. ― Sasuke, vuelvo a preguntarte ¿cómo supiste lo de Ino?

― Ella llegó a casa de Sakura. ― respondió sin clarificar.

― ¿Y cómo llegó? ― Sasuke se puso en la corredera que daba a la sala en caso de que Itachi tuviese la genial idea de volver a ir en busca de venganza al enterarse de lo que ocurría. ― ¡Sasuke!

― Alguien la maltrató de forma brutal. ― contestó lacónico. Itachi palideció y boqueó sin saber que decir. ― Se desmayó, pero antes de hacerlo, me pidió que por favor te dijera que la disculparas.

― ¿La golpearon o fue algo sicológico?

― Tiene de ambas cosas. La chica colapsó frente a mis ojos y los de Sakura. ― Itachi como bólido, intentó empujar a su hermano para correr a ver a la rubia, pero Sasuke no se lo permitió. ― ¡¿Te puedes calmar?! ― le gritó, cuando un dolor en su hombro, reflejo del forcejeo que estabas sosteniendo, le comenzó a penetrar. ― ¡Itachi! ― vociferó.

― Déjame pasar. Esto es mi culpa. Si yo no me hubiese metido, ese hijo de perra no la hubiese lastimado. ― Insistió nuevamente en darle corrida a su instinto asesino, pero Sasuke lo logró neutralizar, pasando su brazo por el cuello del pelilargo y lanzándolo al suelo. Una llave digna de Bruce Lee. ― ¡Sasuke! ― gritó el hombre, siguiendo en su forcejeo pareciendo una culebra.

― Si no te calmas, te daré un golpe que no te hará despertar en meses. ― Afirmó Sasuke sin titubear.

― Ok, me tranquilizo, pero dime como está. ― Le preguntó angustiado.

Esa no era la forma en la cual las cosas se solucionaban. Si Ino estaba maltratada era por su culpa y esa impulsividad que muchas veces lo obligaba a moverse de forma poco ortodoxa.

― Está bien, durmiendo junto a Sakura. Creo que se quedará a vivir con ella. ― respondió el menor de los Uchiha, separándose de su hermano, para ayudarlo a levantarse. ― Sé racional, como me pedías a mí.

― Es diferente.

― ¿En qué sentido? ― dijo Sasuke, alzando ambas cejas esperado una respuesta válida para derrocar su escepticismo. Por lo que veía, Itachi no difería mucho con él respecto a ese tumulto de emociones que comenzaba a sentir.

― En que yo solo quiero acostarme con ella.

― Ok, por eso golpeas a un tipo que la molesta y mueres por darle caza al saber que está mucho más lastimada. ― ironizó el moreno, aceptando con tranquilidad las miradas llenas de enojo que le enviaba Itachi. ― Ve a dormir, no bebas alcohol y nos vemos mañana cuando tenga que organizar los días que se vienen.

Largos segundos de silencio sellaron las palabras de Sasuke. Itachi se tranquilizó a duras penas y dejándose caer sobre el sofá, prefirió enfocarse en el trabajo para parar sus pensamientos que lo estaban torturando.

― Además de los Grammy ¿Tienes que desfilar en Nueva York? ― Sasuke haciendo una mueca asintió. Había quedado de ir a ese desfile solo porque las ganancias irían directamente a la beneficencia, en ayuda de niños que se encontraban en costosos tratamientos por fibrosis quísticas. ― ¿Con Naruto?

― Sí. Neji también va porque desfila Mei, por lo que oí.

― Y también estará tu ex novia. ― Sasuke se golpeó la frente. Otra vez tendría problemas con Sakura por eso. Lo bueno era que tenía algunos días para explicarle la situación y tranquilizarla; Él no estaba interesado en Fuka. ― Si quieres hablo con Sakura.

― Nunca he necesitado un intérprete. ― respondió mordaz. Ya vería él que plan llevaría a cabo para que su guapa "compañera de reparto" no explotara en cuanto supiera. ― Además no estoy en una relación como para dar explicaciones.

— Sí, por lo mismo andabas desesperado y como alma en pena hace dos días atrás. — Sasuke bufó, pero no replicó, porque sería una mentira demasiado descarada. — Bueno, ni a Fuka le dabas explicaciones así que encuentro consecuente tu actuar.

— Como sea, me largo. — murmuró, girándose para volver a su departamento, darse una ducha fría y dormir por lo que restaba de noche. Ya tendría tiempo para pensar en todo lo que se le venía.

Antes de poder salir, una voz lo paró. Itachi alzó la cabeza con lentitud para mostrarse frente a su hermano.

— Gracias por venir. — Sasuke sonrió de medio lado y de forma burlesca e hiriente le respondió.

— Marica. — Solo entre hermanos se podían dar ese tipo de exclusividades: bromear en los momentos de dolor.

Cerrando con sequedad, se marchó.

La noche cada vez era más fría.

2.

El timbre en la mansión Hyuga sonó fuerte y claro en todo el lugar, haciendo correr a la servidumbre para dar una fantástica recibida.

— Hola. — alegremente la chica saludó sonriendo de oreja a oreja. — Busco a Hinata ¿se encontrará?

— ¿Quién la busca? — preguntó la muchacha sonrojada. — Comprenderá que no podemos dejar pasar a cualquiera.

— Sí, claro. — Aceptó la pelicastaña — Dígale que soy Tenten y vengo por lo que estábamos planeando.

— Ok. — de forma ambivalente, la chica que trabajaba en la mansión Hyuga, miraba la puerta y el interior sin saber qué hacer.

— Puedo esperar acá si es que te complica. — le propuso Tenten intentando alivianarle la decisión, mientras acariciaba su cabello y no dejaba de sonreír. — No hay problema. ― aseguró.

— Muchas gracias. — cerrando con delicadeza la gran puerta, la muchacha entró en busca de la señorita Hyuga.

Tenten cansada se apoyó en la pared adyacente, pensando feliz en su nuevo proyecto y como estaba avanzando. Su nueva creación caía en categoría de magnifica y no lo decía de soberbia, ni porque fuese suyo, sino que en verdad le parecía una grandiosidad digna de ser admirada por todo el mundo y aceptado completamente por la crítica.

El vestido de Sakura le llevaba sacando canas verdes y quitándole muchas horas de sueño, pero valía la pena, estaba segura. Se vería preciosa caminando con majestuosidad por la larga alfombra roja que la esperaría en los Oscar, con su cabeza en alto y esa belleza cayendo con parsimonia por su cuerpo. Sería la sensación del lugar, sin dudarlo. Y lo mejor de todo era que ella también iría en compañía de todo el staff y podría conocer otro país aparte de Japón por primera vez.

— ¿Tú qué haces acá? — la voz gruesa, fría y poco amigable del ser humano más desagradable que conocía, le hizo ariscar la nariz y ponerse recta como en posición de ataque.

— Estoy esperando por Hinata. — respondió de forma impersonal, sin mirarlo.

Maldita sea, Tenten, justo hoy no se te ocurre maquillarte y andas con un horrible moño sobre tu cabeza, pensó.

— ¿Y porque estás afuera? — insistió esperando que lo mirara de frente, pero Tenten estaba más entretenida en el hilo que salía de su grueso — y gigante. — chaleco.

— Porque la chica que me abrió no sabe quién soy y dijo que… — se detuvo, ella no tenía que darle explicaciones. — No te importa. — escupió con rabia. Se sentía constantemente juzgada por esos ojos alabastros que parecían encontrarla poca cosa.

— Pasa, hace frío. — Tenten lo miró pestañando sin creer. Abrió la boca para preguntar que le ocurría, pero no alcanzó, porque la mano de Neji se posó en su brazo y la tironeó dentro, sin hacerle daño. — Ya no queda ninguna marca en el rostro.

— No, pero sí que das buenos tortazos. — intentó bromear, pero la seriedad del pelilargo la contuvo a continuar. Hay momentos y momentos, pensó Tenten. — En fin, creo que no es necesario que me entretengas…

— Hago lo que quiero. — La castaña hizo una mueca sin saber que responder. Ese tipo era imposible en todas sus formas. — Hay un auto pequeño estacionado fuera de la reja ¿es tuyo? — preguntó.

— Sí, es mi pequeño tesoro. — afirmó sin ningún tipo tacto. Neji no tenía porque saber sobre su amor desmedido a esa chatarra. — Eehhh…

— Eres extraña. — Ella no era la extraña, sino que esa estúpida conversación sin ningún tipo de contenido. — Quería pedirte nuevamente disculpas por lo ocurrido esa vez cuando te golpee. Creo que no lo hice de forma correcta y no te merecías el trato.

— No hay problema. —aseguró ella, restándole importancia. No quería recordar ese episodio tan doloroso en muchos ámbitos. — Ya sucedió y yo ya lo olvidé.

— Gracias. — Su tono era tan frío que erizaba el vello que cubría la nuca de la chica, además de sentirse llena de mariposas que revoloteaban vueltas locas dentro de su estomago, aunque ella las llamaría abejas en torno a la miel, ya que más que cosquilleo eran pequeños piquetes que le daban en dicha zona.

Neji tenía un poder sobrehumano sobre su persona; era como si el pelilargo apareciera y dejara todo pies arriba, sin medir consecuencias. Encontrárselo había sido su mayor anhelo, hasta que lo encontró y se dio cuenta que se tipo no pintaba ni siquiera para malvado de una película. Neji era el dolor en su máxima expresión.

— Joven Neji. — La chica que anteriormente la había recibido, ahora se encontraba frente a ellos, abochornada, roja a más no poder y con cabeza gacha. — Señorita Tenten, la señorita Hyuga dice que suba. La estará esperando en su cuarto.

— ¿Me podría indicar? — le pidió la castaña, queriendo escapar de ahí.

— Miu, yo la llevaré. — intervino Neji, nuevamente apegándose a ella de una forma que no quería. — Por aquí. — indicó.

Tenten lo siguió evitando en lo más posible acercarse demasiado. El olor de su perfume había obnubilado sus sentidos dejándola como un zombi tras carne humana.

— ¿Neji? — la voz de Hinata la trajo a la realidad, una bien dura donde el primo de ésta era un vil rastrero, cornudo, hijo de puta y ella seguía siendo la modista, ex camarera y la primera virgen que pasaba por su cama, o más bien baño público. — Tenten, que bueno que llegaste.

— Gracias. Afuera hace un frío de los mil demonios… — guardó silencio al notar la mirada reprobatoria que le había lanzado el desagradable primo de la Hyuga luego de escuchar su improperio.

— ¿Trajiste las cosas? — Tenten asintió, agradeciendo la salvada por cambio de tema que le había dado Hinata. — ¿Dónde están?

— Debo traerlas del carro. Quedó estacionado fuera. — Hinata iba a hablar, pero Neji no se lo permitió.

— Pásame las llaves de tu carro, yo lo entro. — Tenten negó de inmediato. No era porque tuviera miedo de que le dañaran su "joya", sino que no quería que el viera lo miserable, por no decir pobre que era.

— No, gracias, puedo sola. — afirmó, comenzando su caminata al piso inferior.

— He dicho que yo lo entro. Hace mucho frío y tú andas muy desabrigada. — La castaña comenzó a bullir por dentro. Hinata sonrió despacito, aunque bajó el rostro para que no la notaran. — Pásame las llaves.

— No usa llaves. — Neji alzó una ceja. — Debo ir yo.

— Insisto, yo lo entraré. — La castaña apretó la mandíbula.

— Hinata, ¿me prestarías algún abrigo? — La peliazul asintió y entró a su cuarto.

— ¿Por qué eres tan tozuda? Estoy intentando ayudarte. — Tenten lo miró con desagrado.

— Tu ayuda no es de corazón y la verdad es que no me interesa deberte nada. — Neji bufó. — Intentaré estar lo menos posible en tu casa. — Tenten, a pesar de encontrarse atemorizada al igual que extasiada con su presencia, no podía evitar ser confrontacional con él.

— Toma. — le dijo Hinata, interrumpiendo el dialogo entre ambos. — Espero te sirva.

— Sí. — le quedó algo corto, pero igualmente le ayudó para capear el frío. — Vuelvo enseguida.

— ¿Te ayudo? — le preguntó Hinata.

— No, tampoco son tantas cosas. — aseguró dándole una sonrisa tranquilizadora. — Espérame. ― le pidió. Sin saberlo, fue seguida por Neji, que tomando una chamarra, llegó hasta quedar a la par con ella. — ¡Oh! ¿Es en serio? — preguntó sin creerlo. — ¿Te dejaron caer de cabeza cuando pequeño o en verdad no entiendes el idioma?

— Tu auto está en deplorable estado. — Tenten lo ignoró. — Oye, te estoy hablando.

— No hablamos el mismo idioma. — Neji enrolando los ojos, continuó a su siga. — ¿Por qué los ricos tienen jardines tan grandes? Te apuesto que ni siquiera los ocupan. ― le reprochó avanzando por el camino que lindaba con unas arboladas y pastos verdes bien cuidados.

— Cuando pequeño, jugamos mucho junto a Hinata en este lugar. — Aquella confesión la sorprendió, pero siguió parca frente a su precedencia. — Hace mucho que no caminaba por acá.

— Debe ser genial tener un patio de este tamaño. — Neji levantó un hombro.

— ¿Hiciste todo este trayecto hasta la puerta? — Tenten asintió. — ¿No estás cansada?

— No me digas que la caminata te cansó. — El pelilargo la miró de hito a hito: él era incansable.

— ¿De dónde te conozco? Estoy seguro de haberte visto antes. — Tenten se sonrojó haciéndolo demasiado evidente. — Sabes de donde ¿verdad?

— No, no nos conocemos. — mintió.

— En fin. — activando un botón, la verja se abrió como un libro, dejándolos salir. — Está maltrecho. — dijo Neji en referencia al carro.

— ¿Alguna vez dejarás de criticarme? Sé que no puedo aspirar a tener unos cánones que tú puedas considerar plausibles, pero al menos guárdate tu opinión. — le exigió, realmente molesta. Ya estaba cansada de su actitud sin ningún tacto.

— Deberías dejar de ser tan sensible.

— Claro, como si lo que dijeras fuesen cosas inocuas. — bufando, abrió su auto. — ¿Vas a subirte o volverás caminando?

— ¿Cómo se abre ésta cosa? — preguntó el pelilargo.

Tenten le lanzó un largo y bien nutrido improperio, para luego instarlo a subir.

Neji sentado de copiloto, sonrió como idiota: Adoraba picar a esa chica de ojos grandes y almendrados.

— Venga, cariño, no me jodas la vida. — le pidió al auto en cuanto se sentó tras el volante. — A ver, veamos donde dejaste esos cablecitos.

Neji la miraba como si le hubiese salido una tercera cabeza.

El espacio era malditamente reducido y el olor de su cabello, acompañado de ese grácil cuello, lo estaban tentando. Apretando las manos en dos puños, giró el rostro hacia afuera, buscando distracción en cualquier otra cosa, pero un sonido lo hizo volver a mirarla, más bien a sus manos.

— ¿Qué haces? — preguntó sin creerlo, al verla rozar dos cables entre sí.

— Haciendo contacto. — ¿Qué? — No tengo una llave y la chapa se rompió. Tuve que ingeniármelas.

— ¿Por qué no te compras un carro nuevo? —le preguntó sin creerlo. Dudaba que la productora de Jiraya pagase tan poco como para que tuviera que vivir de esa forma tan austera.

— Estoy juntando para poder estudiar diseño en Paris. — Vaya, un gran sueño, pensó Neji. — No sé para que te cuento, si esas cosas no te interesan.

Apretando con cuidado el acelerador y soltando el embrague de forma más delicada, comenzaron a moverse.

— ¿No te pones cinturón? — Tenten apenas si lo miró. Estaba pendiente de no chocar contra la verja.

A duras penas reconocía que era una malísima conductora. Todas las infracciones y abolladuras que tenía su joya lo avalaban.

— Es un trecho muy corto y mi cinturón se cortó la última vez que choqué contra un árbol.

— ¿Chocaste contra algo inamovible? — Tenten asintió. — Deberían quitarte la licencia.

— Muchos lo han intentado, pero aquí sigo detrás del manubrio. — Bromeó. — Llegamos, puedes bajarte y dejar de joderme.

— Te encantaría que te jodiera, Tenten. — La castaña tosió azorada, impactada por esas palabras tan directas.

— En tus mejores sueños, Hyuga. — Se bajaron del carro y cada uno siguió en su cometido.

Neji mirándola sobre su hombro, la vio caminar con una maleta en la mano y una bolsa grande en el brazo. Su caballerosidad lo obligaba a volver donde ella y ayudarla, pero no quería enfrentarse nuevamente con la muralla que ponía a su alrededor y la volvía inaccesible.

Parado en el recibidor de la mansión, esperó que pasara y cuando la vio de perfil, descubrió lo que tanto le intrigaba de ella: Su nariz, su cabello y sus ojos, eran idénticos a la chica con la cual tuvo sexo en el baño de ese bar. Ella era la mujer a la cual le había quitado la virginidad debido a su insistencia.

Pasando las manos por su cabello, con el ceño fruncido y viéndola subir las escaleras, la verdad le cayó como balde de agua fría: Tenten era Cleopatra.

3.

Nozomi llegó a su práctica en urgencias como lo llevaba haciendo de forma habitual. Bostezando por las pocas horas que había dormido, ingresó a la sala de médicos donde se encontraban todos los insumos para prepararse un café que motivaría a un regimiento.

Suspirando esperó que se calentara el agua, mientras miraba la televisión con cansancio. Salía que Sasuke había vuelto a Japón y eran muchas las interrogantes que había respecto a eso ya que había abandonado los Sundance para ir. Nozomi no le tomó mayor importancia y soplando su café, le dio un largo sorbo.

― A comenzar el día. ― susurró desganada. Amaba su carrera, pero había días donde soñaba que podía dormir de corrido.

Poniéndose la bata, volvió a la parte principal de urgencias a buscar entre todos los casos, en cual pudiese ayudar sin interrumpir el ego de los "diostores" que había ahí. Era prácticamente insana la competencia que se batía dentro del lugar, como si los estudiantes le fuesen a quitar el trabajo a esos médicos que llevaban años.

Nozomi pensaba que eran unos llorones.

― ¿Lo puedes creer? Es una mega estrella. ― La pelirroja frunció el ceño ¿De verdad el tema de Sasuke correría por los pasillos? ― Yo estuve unos segundos dentro del cuarto y me miró. Te juro que pensé que me derretía.

― Yo le tomé la presión.

La chica siguió oyendo la conversación que sostenían las enfermeras, dilucidando poco a poco lo que sucedía. Al parecer había una mega estrella internada en el lugar.

― Disculpen la interrupción, pero fue imposible no oírlas. ― Las palabras sonaron como critica y ambas noveles enfermeras la miraron con molestia, sin embargo a Nozomi no le importó. ― ¿De quién están hablando?

― El baterista de Linving in Peace, está en la sala 3. ― ¿El baterista? Pensó Nozomi: Ese era Shikamaru.

Dándoles una reverencia apresurada, salió en busca de la dichosa sala 3 para ver en qué situación se encontraba el hombre. Los murmullos se acrecentaban a medida que se acercaba a la sala y prontamente los pasillos se encontraron abarrotados de personas; enfermeros, médicos y pacientes no querían perderse la oportunidad de conocer a un tipo tan famoso como lo era Shikamaru.

A duras penas logró dejarse pasar entre todos, pero al llegar a la puerta, su jefa de práctica la miró expectante.

― ¿Nozomi? ― murmuró, dándole pie para que explicara el porqué se encontraba ahí.

― Sra. Nashigama, ¿me podría dejar pasar? ― le preguntó, intentando mirar sobre su hombro, pero la mujer puso una carpeta y se lo impidió. ― Yo lo conozco.

― Y todo el hospital también. ― aseguró con obviedad. ― Vaya a hacer su ronda correspondiente, porque si no, le bajaré la nota de su práctica. ― Nozomi bufó fuertemente, alterando aun más los nervios de la gruesa mujer. ― ¿Todavía acá?

― Sra. Nashigama, verdaderamente lo conozco. Somos amigos. ― La mujer alzó una ceja. ― Si quiere entramos y le preguntamos directamente a él sí es así. ― Le propuso de forma desesperada. Odiaba el secretismo que muchas veces se daba en los recintos asistenciales.

― No. Solo entrarán médicos ya titulados. ― Ese fue un golpe directo y sin ningún tipo de contemplación. Al parecer a esa mujer se le olvidaba que alguna vez ella también se encontró como practicante.

Nozomi viendo que era imposible poder ingresar, se volteó siendo mirada con burla por parte del personal del hospital.

A regañadientes tomó otro expediente y lo revisó para comenzar su día laboral curando personas y olvidando la situación de cierto pelinegro, pero la paz duró poco, porque cuando llegó el cambio de turno, ningún trabajador de la mañana se quiso ir. Todos esperaban aunque fuese poder estar dos segundos junto a Shikamaru.

― Son desesperantes. ― masculló la chica, esquivando a las tantas enfermeras que se arremolinaban por los pasillos. Éstas las miraban con sorna.

― Nozomi. ― La pelirroja se volteó para mirar a su jefa de práctica que se acercaba a ella con el ceño fruncido. ― Te mereces una disculpa, no era la forma con la cual te debía tratar. ― A la chica se le desencajó levemente la mandíbula, cayendo un centímetro. La señora Nashigama era conocida por ser de lo más hija de puta que podría haber. ― Lamento la situación y también te necesito en el lugar.

― ¿A mí? ― preguntó Nozomi saliendo de su estado de estupefacción. La señora Nashigama asintió.

― Shikamaru dijo conocerte y quería hablar contigo. ― Nozomi sonrió de medio lado y miró por sobre la cabeza de su jefa a las enfermeras que se burlaban de ella.

Todas estaban coloradas y realmente sorprendidas. Nozomi no dudaba que al salir del cuarto del pelinegro, se encontraría con todas ellas intentando ser sus amigas… ¡JÁ!, no era idiota.

― Ok. Termino este caso y voy para allá. ― Le informó, esquivándola.

― Pero él pidió que fueras ahora. ― Le dijo la mujer a sus espaldas, sin creer que la muchacha actuara tan natural.

― Primero está la profesionalidad, señora Nashigama. Quizás no sea una médico titulada, pero ya lo seré y no prevalecerán algunos pacientes por sobre todos. Debería saberlo. ― Fue el turno de la regordeta mujer para quedar callada sin saber que decir. Nozomi le había dado una clase magistral de humildad.

La pelirroja sonrió con suficiencia, pasando por el pasillo de personas que se abría para que caminara. Se sentía la reina del lugar y agradecía enormemente haber conocido a Shikamaru. A veces la fama si ayuda.

.

.

.

Shikamaru miraba por la ventana completamente aburrido y desquiciado por el paseo de personas que había visto.

No llevaba ni 4 horas en el lugar y ya lo habían atendido siete médicos y más de una docena de enfermeras, sin contar a los paramédicos, señores del aseo y cualquier funcionario del hospital que portara una tifa.

Soltando el aire, se acomodó en la incómoda camilla mirando de reojo la puerta, esperando por esa persona que en verdad lo "conocía" o al menos tenía alguna especie de relación más cercana, pero Nozomi brillaba por su ausencia y aunque le costara reconocerlo, eso le molestaba casi tanto como la fijación que tenía la chica con Sasuke. Itachi le había explicado la situación, pero algo ocurría en él que no le permitía aceptar.

Pensó en la chica, en su sonrisa grande, pestañas largas y pelo de múltiples colores. Era guapa, tampoco una belleza, pero si había algo en ella que le hacía parecer muy agradable a su vista. No sabía si era esa forma de sonreír tan abiertamente o esa personalidad avasallante que todo el tiempo estaba llena de ánimo, instándolo a él a tener las mismas energías. A pesar de eso, su actitud no era inmadura y resaltaba mucho su naturaleza trabajadora. En cierta medida, podía asumir que la admiraba.

― Así que el joven Nara me buscaba. ― la voz de ella retumbó en la habitación carente de sonido. ― ¿Cómo estás?

― Me siento como la mierda. ― masculló mirándola de reojo. Nozomi así lo notó.

Tomando su expediente, lo hojeó para saber que sucedía. Tenía opiniones de 7 médicos diferentes, eso era algo rarísimo que ni siquiera ocurría en enfermedades de alto riesgo.

― Intoxicación alimenticia ¿verdad? ― Shikamaru asintió. ― ¿Qué comiste?

― Almejas.

― ¿Estaban crudas? ― el pelinegro volvió a asentir. ― Los mariscos no se comen crudos.

― Estaba en un restaurante de lujo, no esperaba que me cayeran mal. ― Nozomi se alzó de hombros, mirándolo desaprobadoramente.

― Que pagues un sueldo entero por comer, no quiere decir que los alimentos se encuentren en buen estado ¿no lo crees? ― Shikamaru bufó molesto por esos retos que él creía no merecer. ― ¿Andabas con alguien más?

― Con una amiga. ― Nozomi comprendió de inmediato y sonrió de medio lado. ― No, no era una prostituta.

― Comenzaba a preguntarme si tendría que revisar a tu amigo. ― susurró bromeando y apuntado con la cabeza a su miembro. Shikamaru se sonrojó. ― ¿Al menos te cuidaste?

― No estoy hablando con mi madre. ― le informó molesto, haciéndole reír. ― Informaré a tus superiores que estás siendo poco profesional.

― Mis superiores me condenarían por eso. ― Ironizó, acercándose a él para tomar su pulso. El corazón le dio un respingo al moreno. ― Vaya, estás con un poco de taquicardia.

― Puede ser. ― La pelirroja se alejó para tomar su pequeño equipo y revisarle los ojos, los oídos y la boca.

Shikamaru se sintió a explotar cuando la vio a un palmo de distancia pendiente mirando su lengua y Nozomi lo notó cuando sus miradas se cruzaron. Ambos ojos oscuros quedaron prendados del otro, envolviéndolos en una nebulosa nueva y desconocida. Nozomi lo encontraba guapísimo, pero no pasaba de eso. Sin embargo estando así, aspirando su olor y mirando detenidamente esa boca delgada, pero roja, sintió algo distinto. Su corazón comenzó a latir al son de los ya desaforados de Shikamaru, en una sincronía única, pero todo terminó cuando el sonido de la puerta los alertó de la llegada de un nuevo trabajador.

Bufando, Shikamaru vio como la chica se echaba hacia atrás y lo miraba sorprendida y confusa.

― Señorita Nozomi, le traje las radiografías que pidieron con celeridad. ― La chica asintió todavía algo ida, pero preocupada de su trabajo.

Tomo las placas y poniéndolas a contra luz, las miró detenidamente.

― Esto es tu… ― Shikamaru se sonrojó aun más violentamente al ver lo que ella también veía: En esa maldita radiografía se notaba claramente su miembro. ― Vaya, eres bastante… afortunado. ― El pelinegro no supo como tomarse ese comentario.

― ¿Podrías dejar de mirarlo? ― le pidió molesto, intentando levantarse para arrebatarle de las manos las imágenes, pero un dolor lo mantuvo quieto, encorvándose levemente.

Nozomi fue donde él para comenzar a tomarle nuevamente sus signos vitales y revisar que ocurría.

― ¿Dónde te duele? ― Shikamaru apuntó su estomago directamente. ― Al parecer no sería un simple virus, sino que se trata de una bacteria. ― miró a la enfermera que estaba aletargada. ― Cariño, ¿puedes ir por equipo de eco movible, por favor? ― le pidió amablemente. ― Te haremos algunos exámenes para descartar cualquier otra patología.

― ¿En palabras simples? ― le preguntó el pelinegro, todavía doblado aguantando el dolor.

― Que no vaya a ser apendicitis, cálculos renales o alguna herida estomacal. ― Lo ayudó a ponerse en una posición mucho más cómoda y lo tranquilizó con una sonrisa. ― Todo saldrá bien.

― Eso espero porque tengo que tocar prontamente.

― Si hay que operar, tendrás licencia y será imposible que toques, menos la batería. ― le informó.

― Créeme, lo que menos me frenará será un tajo en el estomago. ― de esa forma sonaba brutal, pero no dudaba de sus palabras. ― ¿Puedes ser tú la que me revise? Estoy aburrido de que me toqueteen. Mira, ― le mostró el brazo lleno de pinchazos. ― Han venido muchas veces a sacarme sangre.

― Son todas unas muy… ― guardó silencio y aceptó la petición de él. ― Yo te trataré, pero por la noche tendrás que apañártelas con quien esté.

― Dudo mucho que me quede.

― Ya veremos.

Los análisis se demoraron poco más de dos horas y el eco tomografía abdominal no mostró ningún hallazgo de enfermedad y los de sangre decían que solo se encontraba algo anémico. Probablemente por toda la sangre que le habían sacado.

Nozomi entró nuevamente a su cuarto con el informe en sus manos y acompañada por el jefe de urgencias.

― Señor Nara. ― saludó el hombre. ― Lamentamos la situación a la cual se ha visto expuesto.

― No hay problema. ― aseguró, expectante por saber si lo darían de alta y que era lo que le pasaba.

― Shikamaru, estás en un cuadro de inflamación de tu área abdominal causado por un Vibrio parahemolítico, una bacteria que reside en los mariscos crudos. Por eso has estado con vómitos, diarreas, cólicos muy dolorosos y algo de fiebre. ― Le informó la chica con un tono muy profesional. ― Te daremos el alta, pero tienes que cuidarte: Dieta blanda durante 7 días, tomar vitaminas y medicamentos anti diarreicos, acompañados de gotas para el control de las nauseas. La fiebre desaparecerá por sí sola, así que no hay problema con eso.

― ¿Me voy a morir? ― Nozomi aguantó la risotada ante esa pregunta tan burda y solo atribuible a los hombres.

Era sabido por todos que cuando a un hombre le dolía algo, era capaz de movilizar a todas las instituciones de salud para saber que le ocurría. Según ellos, un dolor en el dedo era solo provocado por un cáncer terminal.

― No, señor Nara. ― Lo tranquilizó el jefe de urgencia. ― Solo preocúpese de cuidarse.

― Muchas gracias. ― abochornado vio como Nozomi solo quería reírse de él. Ya tendría tiempo para ajustar cuentas. ― ¿Puedo largarme?

― Sí, le damos el alta. ― Tanto la chica como el hombre, se inclinaron a modo de despedida.

― Nozomi. ― llamó el pelinegro.

― Voy de inmediato a firmar su salida. ― El jefe salió del lugar cerrando despacio y dando un grito para que todos dejaran de hurguetear tras la puerta. El hospital no podía estar parado.

― Quiero agradecerte. ― Comenzó a decir Shikamaru. ― Fue agradable saber que me encontraba con una conocida.

― No hay de qué, tontuelo. Es mi trabajo. ― Le recordó, golpeándole el hombro con cariño. ― Tienes que cuidarte para la próxima: No comer cosas crudas, dormirte temprano y usar protección si vas a tener relaciones.

― Ayer usé. ― le informó. ― En fin, eso no es relevante.

― No lo es hasta que te pegas las ladillas. ― Ambos rieron despacio. ― Debo irme. Mi turno acaba en una hora y me toca atender el bar eésta noche.

― ¿Bar? ― la pelirroja movió la cabeza afirmativamente. ― ¿Cuántos empleos tienes?

― Tres, además de los estudios y un blog en el que subo material cada cierto tiempo. ― Shikamaru la miró incrédulo.

― ¿Comes, vas al baño, duermes? ― ¿Acaso era una marciano?

― Hago todo lo que todos hacen y también he tenido novios. ― Aseguró con ojos brillantes. ― Bueno, creo que debería apresurar tu salida, o si no te cobraran otro día de cama.

― Como si no tuviera para pagar. ― ironizó mascullando.

― A todo esto, tu celular quedó en una chaqueta que guardamos en el ropero. No ha parado de sonar así que te lo traje. ― Shikamaru frunció el ceño. ― Saliste en la televisión.

― ¿Contaron que andaba con diarrea? ― Nozomi hizo un gesto de asco. No era necesario ser tan explicito. ― Dame mi celular.

El pelinegro miró las llamadas con desgano, pensando en lo problemático que era todo. Entre ellas había varias de sus padres, de Itachi, de los chicos de la banda, inclusive de Sasuke, algo extraño.

Siguió recorriendo y se encontró con los mensajes, habiendo uno que llamó poderosamente su atención.

― ¿Te ocurre algo? ― pregunto Nozomi al verlo palidecer.

― Temari vuelve.

Nuevamente las cosas se le complicaban.

4.

― Aww, considero que se ven tan guapos el uno con el otro. ― Tenten miraba a la pareja y sobre todo a su amiga que sonrojada, se dejaba abrazar por el rubio lleno de energía y amor. ― Podrían casarse apenas Hinata salga de la escuela.

― Creo… que es un poco apresurado. ― tartamudeó la chica avergonzada. ― No llevamos mucho.

― Te he esperado por tanto tiempo, que en verdad casarme contigo apenas salgas de la escuela no me suena algo tan descabellado. Creo que hemos perdido demasiado tiempo. ― Naruto enterró su nariz en el cuello blanquecino de la peliazul, riéndose junto a Tenten del sonrojado rostro de Hinata. ― Hueles tan bien.

― Será mejor que me largue o sino seguiré siendo el mal tercio. ― Hinata chasqueó la lengua y Naruto la apoyó.

― Todavía nos faltan detalles. ― le recordó la peliazul, mirando el vestido que colgaba en la puerta de la habitación. ― Hay que traer a Sakura para que se lo pruebe y podamos hacerle los retoques.

― Pero pruébatelo tú. ― sugirió Naruto, mirando a la chica que no era su novia, pero si con la cual tenía una relación. ― Son muy parecidas.

― No se puede. ― interrumpió la castaña. ― Hinata tiene más… delantera. ― hizo el gesto técnico, volviendo a abochornar a su amiga, mientras Naruto bajaba los ojos a ese par de "monumentos" que todavía no había tenido el placer de explorar.

― ¡Naruto! ― Lo retó la chica, tapándole los ojos con una mano. ― Por eso no puedo probármelo. ― Naruto afianzó el agarre de sus manos en la cintura de Hinata y se apretó contra ella.

― Me encantas. ― dijo Naruto. Tenten se rió de las caras que hacía la peliazul y meneó la cabeza.

― Tienes que soltarte, Hinata. Toca a tu hombre y márcalo como tuyo. ― Naruto asintió, dándole más énfasis a esa propuesta que había hecho la guapa castaña. ― Y tú, pórtate bien.

― Me he portado mejor que bien, ¿verdad? ― Hinata no pudo negarlo.

A regañadientes, el rubio dejó que la chica se separara de él para volver a la tarea de revisar el vestido.

― ¿Hace cuanto llegaste? ― le preguntó Tenten a Naruto, sentándose a un lado de él sobre la cama. ― Cuando llegué no estabas.

― Vine a ver unas cosas con Neji y aproveché de saludar a mi chica. ― Hinata sonrió tímidamente dándoles la espalda. Sonaba tan bien eso de ser "la chica de Naruto" ― Aunque el amargado refunfuñó en todo momento porque subí.

― Creo que comienza a asumir que estás junto a Hinata. ― supuso la castaña.

― Tiene que hacerlo, porque no conocerá a otro novio de ella. ― Dijo, inflando el pecho como macho posesivo. ― Aparte poco a poco me tengo que ir ganando a los Hyuga.

― Hanabi te tiene mucho cariño. ― Naruto asintió.

― Gracias a ella he podido entrar, porque si fuera por Hiashi, me quedaba afuera y nevando.

― Hinata todavía es su niña, Naruto. No esperes que la suelte con tanta facilidad. ― El rubio sabía que estaba constantemente a prueba, por lo mismo respetaba los horarios ―cuando Hiashi lo veía― y no se propasaba con Hinata ―al menos no en la totalidad del término.

― Ahora también es mía. ― Hinata se giró abochornada y le lanzó una mirada de advertencia, algo inimaginable en ella. ― ¿Qué pasa?

― No seas posesivo. ― Tenten rió a mandíbula batiente cuando vio la cara de sorpresa que ponía Naruto.

― Tú eres más posesiva que yo. ― Hinata volvió donde ellos y Naruto aprovechó de tomarla por las caderas para sentarla en sus piernas. La peliazul se puso morada al verse en esa situación tan intima, pero Tenten no le dio mayor relevancia. ― Pero así me encantas.

― No soy posesiva. ― susurró despacito, acariciándole levemente la espalda, aceptando esos cariños tan agradables que sabía darle el rubio y retribuyéndoselos de la misma manera.

— Como sea. Yo soy tuyo por completo. — sentenció el rubio, dándole un pequeño beso en su mejilla para dejarla ir hacia el vestido nuevamente.

Tenten los miró con algo de melancolía. Hasta hace muy poco Hinata lloraba por culpa de Naruto y ahora se volvía en su razón de sonreír. El rubio había logrado resarcirse y era un gran "futuro novio" para su amiga. Le encantaba verla así, contenta por la vida y sintiéndose amada.

Con afecto recordó como un día, mientras almorzaban en el departamento de Sakura, el rubio se dejó caer con mucha comida para todas y arrumacos para su peliazul. Fue una tarde muy entretenida escuchando sus historias y las de la banda, obligándolas a reír por dos horas seguidas.

Hinata desde su distancia, lo miraba con infinito amor.

― Chicos, me voy. Necesito un descanso. ― Haciéndole un gesto con la cabeza, Hinata entendió que quería dejar el vestido ahí. Ella aceptó de inmediato: la castaña se notaba cansada. ― Cuídense.

Naruto se volteó con mirada picara, casi saboreando el momento de quedarse solo con Hinata.

― No pongas esa cara. ― Le advirtió la chica, apuntándolo con el dedo y caminando hacia atrás. ― Naruto-kun

― Me encanta como se oye mi nombre en tus labios. ― confesó el rubio, acercándose lentamente. ― Suena distinto, suena genial. ― aseguró.

― Y a mí también me gusta cuando dices el mío. ― Lo secundo la peliazul, sonrojándose como un tomatito maduro. ― Es lindo.

― Tu nombre es lindo, porque tú eres preciosa. ― Naruto no aguantó más ese lento arrinconamiento, así que haciendo uso de su ya tan conocida impulsividad, se acercó de un solo paso a ella y la tomó por la cintura, haciendo rozar sus narices. ― ¿Qué me ves? Soy un tipo sin mayores aspiraciones.

― Eso… debería preguntártelo yo. ― contestó ella, nerviosa por la cercanía y atontanda por su aliento mentolado. ― Soy muy… simple. ― tartamudeó.

― ¿Simple? ― Hinata asintió, haciendo más tierno su besito polar. ― Simple es comer ramen sin condimentarlo.

― ¿Me comparas con un… ramen? ― Naruto quedó lelo sintiéndose idiota. ― Es una broma. ― El bajista de la banda sensación esbozó una leve sonrisa

― Cada día me sorprendes un poco más. ― Hinata cerró los ojos, posando sus manos en los hombros del rubio. Naruto la apretó más contra él, envolviéndola fuertemente entre sus brazos. ― Ya no eres tan tímida como el principio y creo que eso es porque te sientes más segura.

― Todavía me falta. ― respondió ella. ― No tengo una personalidad aplastante. ― Naruto se encogió de hombros.

― A mí no me interesa el cómo te comportes con los demás. ― Le dijo, aunque frunció el ceño. ― Bueno, sí un poco, pero eso se relaciona con la fidelidad y demases; solo me importa que conmigo aprendas, que sientas la confianza de contarme de todo, de liberarte.

― Y lo hago. ― Naruto le dio un pequeño beso en su boca, interrumpiéndola. ― Nunca hubiese pensado que estaría contigo… en mi cuarto. ― continuó tartamudeando cuando se recuperó del atontamiento que generalmente le provocaba la boca de su "amigo".

― El otro día estuvimos en tu cama. ― le recordó de forma sugerente. Hinata volvió a sonrojarse. ― El punto es que contigo avanzó y tú al parecer también lo haces conmigo a tu lado. Siento que lo que siento por ti ― valga la redundancia. ― es diferente a todo lo que alguna vez pensé sentir. ― Hinata pasó sus brazos por la nuca del rubio, para sorpresa de él. ― Eres mi sueño.

― Y espero que así sea siempre. ― Naruto asintió, sabiendo que por su lado, él lucharía con uñas y dientes para mantener esa relación.

― No será un camino fácil. Tendremos que sortear un montón de cosas y aprender a aceptar nuestros errores. ― Hinata entendió el punto. ― Puede que peleemos y hayan días que no me quieras ver; soy experto cometiendo errores y quedar envuelto en estupideces. También podríamos terminar y necesitarás tiempo para volver a estar conmigo…

― ¿Por qué hablas como si yo… fuera a dejarte? ― le preguntó ceñuda. ― Naruto, yo te…

― No digas nada. ― Le pidió él, tapándole la boca con un dedo. ― Muchas veces pensamos que el primer amor lo es todo. Tenemos y tienes que poseer más experiencia para que esas palabras te salgan de verdad.

― ¿Dudas de mí amor? ― Se separó de él, aunque no zafó su agarre.

― No se trata de eso, preciosa. ― le pellizcó la nariz con ternura. ― Es algo que le sucede a todos. Complicado de explicar, pero con el tiempo entenderás. Yo estaré a tu lado siempre que tú quieras.

― Entonces será siempre. ― Naruto chasqueó la lengua negando.

― Te firmo que no. ― A Hinata comenzaba a no gustarle el hilo de esa conversación. Era algo extraño que él le dejara entrever que cometería errores y prácticamente lo odiaría por aquello. No quería pensarlo de esa forma, pero se veía como si se estuviera poniendo el parche antes de la herida. ― Quiero prevenirte.

― Háblame claro.

Naruto suspiró. El tema era complejo; era en esos minutos donde se notaba la diferencia de edad, de experiencias y vivencias. Él tenía mucho recorrido y Hinata recién comenzaba. No quería que por eso, pensara cosas que en verdad no eran tan así y creyera que él era el amor de su vida basada en lo que otorgaba la primera experiencia.

A todos les pasaba que cuando se enamoraban por primera vez, creían que duraría para siempre, que nunca acabarían y que llegarían de la mano hasta viejitos, pero las estadísticas eran claras en esos aspectos. Eso solo le sucedía a un pequeño porcentaje de la población.

― No quiero que me digas "te quiero" cegada por lo que provoca el primer amor. ― le soltó respirando hondamente. ― Yo… yo en verdad… es distinto, Hinata. ― La peliazul lo miró sin comprender nada.

― Naruto. ― le tocó la mejilla, obligándolo a mirarla a los ojos. ― Yo no te dejaré.

― Es que… ― se sentía como un crio. Un idiota que estaba completa y absolutamente enamorado desde hace mucho tiempo y pensar que podía perderla por cortarle las alas tan joven, le carcomía el alma.

Era un tonto que amaba a una chica hasta la locura. Con solo mirarla se sentía completo y a pesar de su pinta caricaturesca, dentro de él se escondía una seriedad de roble.

― Mírame. ― Le pidió la chica. ― Como tú dijiste, iremos paso a paso.

― Si en algún momento te das cuenta que en verdad las cosas no son lo que esperabas, te ruego que me lo digas. ― Hinata notó un deje de vulnerabilidad que atravesaba los ojos azules y vivaces de Naruto. ― No quiero amarrarte a nada.

― Yo soy la que quiere amarrarse. ― Como llevaba haciéndolo desde la conversación con Sakura, se acercó a la boca del rubio y le dio un pequeño beso que él continuó, apretando mucho más el abrazo y tomándola de la nuca para dirigir de mejor forma su cabeza.

Naruto se encontraba lleno de sensaciones y de ese modo se lo transmitió a Hinata con el beso. Metió su lengua en la boca delicada de la peliazul y saboreó sin recato cada rincón. La peliazul se sorprendió por ese embate tan apasionado, no estaba acostumbrada a ese trato por parte del rubio, pero le gustaba. Se sentía deseada y a pesar de que no quería aventurarse mucho, podía sentir un amor que comenzaba a crecer mucho más firme de lo que esperaba.

Se dirigieron casi por inercia hasta la cama y Hinata se dejó caer con él encima, pasando sus manos por la espalda ancha del rubio, comenzando a acalorarse.

La ropa se le hacía pesada e incómoda y un parte de ella le gritaba que se la sacara y también le arrancara a jirones la del rubio, pero su parte sensata le dijo que mantuviera la calma y que disfrutara de esos besos candentes, apasionados, llenos de lujuria que nunca había conocido.

Acostumbrada a los toques sutiles, no pudo evitar el respingo de su cuerpo cuando la mano grande del rubio apretó su muslo por sobre la ropa y la obligó a enlazarlo tras su espalda, para darle mayor espacio a recorrer. Con toques apresurados, lo sintió bajar y subir por su pierna, mientras sus bocas seguían enredadas. Hinata por instinto metió su mano delicada y algo fría en la espalda del rubio.

Su piel era suave y tibia, acompañado de esos músculos firmes, que gritaban a los cuatro vientos ser recorridos. Naruto se separó de su boca y bajó por la línea de su mandíbula, para posicionarse en el cuello delgado y blanquecino de su chica. Aspirando su olor, pasó la lengua por el lugar y escuchó en su oído derecho el gemido entrecortado que emitió la peliazul. Por la clavícula continuó para llegar al otro costado y volver a repetir la acción, sacándole un gemido más escandaloso.

Su carne se calentó mucho más, llevándolo al límite de lo correcto con una menor de edad, pero cuando intentó separarse, ella no se lo permitió.

― Hinata. ― comenzó a decirle, apretando los dientes al notar que su parte baja comenzaba a endurecerse.

¡Parecía un adolescente que se calentaba con un beso húmedo!, pero no le importó del todo.

― ¿Eso es tuyo? ― El rubio se sonrojó al entender a lo que ella se refería. La peliazul lo acompañó abochornada, pero al mirarse dos segundos prorrumpieron en risas cómplices. Esas que te das cuando traspasas un cerco de la confianza, dando a entender que estás a otro nivel. ― Wow.

― Sí, wow. ― Naruto se dejó caer sobre ella, pero sin intenciones de seguir.

Apoyado en su pecho, suspiró cuando las manos de la chica se perdieron entre su cabello, acariciándolo con delicadeza.

Cerró los ojos, aferrándose a la cintura estrecha de Hinata y embolinándose con su calorcito agradable.

― Creo que… me acostumbraré a esto. ― Naruto sonrió sin ser visto.

― ¿A mis apapachos? ― Hinata aprovechó que el rubio no la veía, para soltar un poco más la lengua y ser algo descarada.

― A todo el conjunto Hinata. ― contestó, adormecido. ― ¿Hoy tienes algo que hacer?

― Ya fui a la escuela y ayudé a Tenten en lo que me había pedido. ― Por ahora, solo le quedaba estar junto a él, disfrutando de la tarde. ― Creo que estoy libre por lo que resta de día.

― Podríamos salir. ― dijo él, susurrando en voz baja, dejando que su aliento se perdiera en el pecho sinuoso de su chica. ― Aunque me siento demasiado cómodo así.

― Yo también lo estoy. ― confesó, dándole un pequeño beso en su oloroso y desordenado cabello rubio. ― Si quieres te quedas a cenar.

― Y tu padre saca la escopeta. ― acotó él, en modo de excusa. ― No quiero presionarlo respecto a nuestra relación.

― Bueno. ― asumió la peliazul, aceptando que para Hiashi, el tema "Naruto" era complejo.

Recordaba con algo de tristeza el día posterior a la pelea que había tenido él con el rubio, donde le ordenó que no se acercara a su hija. Hiashi sentado en la cabeza de la mesa, la miró de forma desaprobadora y con voz sibilante le dijo:

Lo dejarás. Tú eres muy distinta a él en muchas cosas y yo no aceptaré ser el hazmerreir de mis socios por culpa de tus idioteces. ― advirtió.

Hinata bajó la cabeza, siendo mirada con lastima por su pequeña hermana, quien luchaba internamente por defenderla y apoyarla.

Papá, ¿no crees que estás siendo muy duro? ― sugirió la chica menor de los Hyuga, arreglando el mechón de su rebelde cabello. ― Naruto es un gran hombre.

¿Por qué te metes tú en conversaciones de adultos? ― Hinata se atragantó con su propio aire al oír esa contestación tan poco acorde y paternalista. ― Esto es entre tu hermana y yo.

Papá, no dejaré a Naruto. ― dijo la peliazul, observando como Hanabi comenzaba a sonreír admirándola. ― Él es lo que… quiero. ― tartamudeó.

Hiashi se puso azul de furia y levantándose con brusquedad, botando su silla, salió del comedor pregonando que sobre su cadáver ese rubio mal nacido tocaría a su hija.

Neji también se había ganado parte de los retos, sacándole en cara la necedad con la que había actuado a hacerse amigo de ese "Rubio Imbécil" como lo llamaba Hiashi.

― Te quedaste callada. ― le hizo ver Naruto, trayéndola a la realidad. ― ¿Estás durmiendo?

― No, estaba pensando. ― El rubio asintió levemente.

― Espero que en mí. ― culminó el hombre, abrazándose más a ella.

Bajando sus parpados, se relajó aletargado por las sensaciones que le brindaba ese toque sutil. Era tan distinto y espectacular que temía despertar y saber que era un sueño.

Dejándose acunar por los latidos que daba el corazón de Hinata, se quedó dormido como un bebé aferrado al pecho de su madre, con la diferencia de que Hinata no era un familiar y el amor era muy distinto.

― Te amo, tonto. ― susurró sabiendo que el rubio estaba descansando profundamente. ― Nunca dudes de eso.

Siguiéndolo en su tranquilidad, aceptó el abrazo de Morfeo y durmió abrazada al hombre de su vida.

5.

Tenten se despidió de Hinata y Naruto para partir a su casa. Tsubasa estaba de viaje con su familia y volvería en un par de días, por lo tanto tendría para ella sola la casa… y eso implicaba cocinar, ordenar, limpiar…

— Lo extrañó. — murmuró bajito, tomando el pomo de la gran puerta, pero no pudo avanzar mucho más, porque una mano le ensartó los dedos en su brazo. — ¡Auch! — chilló adolorida, soltándose de ferro agarre. — ¿Qué te pasa ahora?

— Dejaste a mi prima junto a Naruto. — escupió con voz de ultratumba.

— Supongo que eso fue una afirmación más que pregunta. — respondió la castaña, sobándose el brazo. — ¿Eres un homicida potencial o gozas haciéndome daño? De verdad, si te va esto de maltratar mujeres, créeme que no me interesa estar cerca de ti. — aseguró, alzando una ceja realmente cabreada con él. ¿Hasta cuando Neji Hyuga le seguiría hinchando los ovarios? Y no era en el sentido más erótico o sensual, porque de ese modo al menos sería interesante.

— ¿Por qué te vas? No puedes dejarlos solos. — le dijo como excusa

— ¿De verdad me estás diciendo esto? — sonrió incrédula. — Eres impactante, me superas.

— Tú me superas a mí. Todavía no olvido lo que hiciste en el cumpleaños de Hinata. — invadiendo su espacio, la tomó del brazo y la alzó con algo de brusquedad. — ¿Acaso te va eso de meterte con hombres emparejados?

— Eres un enfermo, estúpido, idiota, mal nacido. — le escupió en la cara, empujándolo lejos de ella. — Te mereces todo lo que te ocurre, cada cosa mala es solo la cosecha del daño que haces.

— ¿Acaso me conoces de antes? — Tenten palideció. Sentía que Neji estaba a un paso de descubrirla. Tirando su cabello hacía atrás y mordiéndose el labio, lo miró llena de impotencia.

— No, por suerte. — susurró. — Y si así fuera, se entendería claramente porque no me recuerdas. Eres un imbécil. — Neji apretó la quijada aburrido de esa conversación tan fuerte. — Ojala te pudras en el infierno.

— Sé bien quién eres, Cleopatra. — Tenten dio tres pasos tambaleantes hacia atrás. ― Sé que eres la chica a la cual le quité la virginidad en un baño que olía a mierda. Sé que eras la que revoloteaba alrededor de nosotros intentando hacer caer a alguno y yo fui el más idiota, porque caí contigo.

― Estabas borracho… ― murmuró sin creer que Neji la había descubierto.

― Pero no soy imbécil. ― contestó, volviendo a la caza. ― Lamento haber sido tan brusco y el no haber estado con todos mis sentidos.

― ¿Para qué? ¿Para tener más detalles de mi humillación? ― la chica cerró los ojos, intentando no mirar su cara de mofa.

― No, me hubiese gustado estar lucido para haberte dado algo mejor que eso. Eras virgen, no muy mayor y caíste con alguien que en ese entonces no te merecía. ― La castaña sonrió con tristeza. Esas palabras habrían sido maravillosas en otro momento de su vida, pero lo que conocía del tipo la había alejado tanto de su príncipe ideal, que ya perdían todo vvalor. ― Siento que vivo pidiéndote disculpas.

― Quizás metes demasiado la pata conmigo. ― contestó confrontacional, mirándolo fijamente. Neji se vio traspasado por esos ojos almendrados, grandes y expresivos. Ojos que no carecían de emociones como a los que estaba acostumbrado. ― En fin, debo largarme.

― Tenten. ― carraspeó el pelilargo. ― Sobre ese beso que nos dimos… ― comenzó a decir, pero la castaña lo paró poniendo una mano en alto.

― No le des importancia. Para mí no la tiene. ― Neji alzó una ceja odiando esa faceta tan frívola que le estaba mostrando. ― Son situaciones, nada más.

― Un beso no es una situación. ― le aclaró molesto. ― Si para ti es fácil andar repartiéndolos, no me interesa que me los regales a mí.

― Nuevamente con los insultos. ― dijo Tenten, entornando los ojos. ― No soy puta y fue un beso. Ya está. Has dado muchos en tu vida.

― No con cualquiera. ― confesó, mirándola fijamente. ― Esa vez, cuando tú y yo… no te besé.

― Entonces tomate ese beso como el que debiste darme o debí robarte ese día ¿ok? ― se volteó agotada mentalmente, pero la mano de Neji se volvió a enroscar en su antebrazo. ― ¿Qué mierda quieres ahora?

Su odiosidad acabó en cuanto sintió los labios tibios y delgados del hombre sobre los suyos. Tenten abrió los ojos como platos sin comprender nada, pero el olor almizclado de bosque, sol y masculino la envolvió como lo hacía siempre que lo tenía cerca. Sus manos subieron por los hombros delgados, pero fuertes de Neji y sus brazos se enlazaron en el cuello. Poniéndose de puntas, le respondió el beso sin poder negarse.

Podían tratarla de estúpida, tarada y un sinfín de cosas más, pero Neji significa demasiado para ella. Era el recuerdo constante del primer amor, del primer hombre. Ella no quería hacer caer a nadie más de la banda, porque solo pensaba en los ojos alabastros del pelilargo. En su delgado cuerpo y alta estatura, en sus brazos largos y fuertes. En lo que provocaba dentro de sí.

Neji la acorraló contra la puerta de entrada y bajó sus manos a las caderas de la chica. Estaba acostumbrado a mujeres esqueléticas; la misma Mei era delgadísima, pero sentir esa carne entre sus dedos lo encendió más que cualquier cuerpo perfecto. Sus caderas redondeadas, apoyado por su cintura estrecha la volvían en una mujer preciosa y muy apetecible.

Tenten enredó sus dedos en el cabello amarrado del hombre, alborotándoselo por la pasión aplastante que llevaban encima, casi jalándoselo, mientras sentía que la mano derecha de Neji bajaba por su cadera, posándose en su pierna para levantársela y hacer mucho más intimo el contacto.

Sus lenguas se enlazaron, saboreándose. Según Neji, la boca de Tenten sabía a dulce fruta y un toque de brillo labial. En cambio él tenía sabor a café y tabaco. Ambos se entremezclaban de forma tan perfecta, que lo volvían más exquisito.

La castaña gimió cuando Neji chocó su cadera contra la de ella, dejando claro que era lo que sentía: Quería acostarse con ella, y la situación se volvía compleja al saber que nunca se negaría a esa proposición. Era una estúpida dispuesta a recibir las migajas de un tipo petulante, pero que lamentablemente quería de forma constante.

Sin embargo, un resquicio de cordura entró en su cabeza y le hizo ser consciente de donde estaban. En la mansión Hyuga, en el recibidor principal, con Naruto y Hinata arriba, y probablemente la pequeña Hanabi. Ellos no merecían encontrarse con dicho espectáculo y ella no merecía seguir rebajándose de ese modo. A duras penas, lo empujó, haciendo que sus labios se separaran con un sonoro "pop". Neji la miró confundido, mientras ella respiraba erráticamente, levantando su pecho en el proceso.

El pelilargo vio esos ojos castaños llenos de brillos y sus labios rojos solo por sus besos. La imagen lo excito de una forma que nunca esperó. Ni cuando era adolescente hormonal había sentido tanto fuego correr por sus venas. Tenten lo ponía muy, pero muy caliente y lograba sacar esa parte tan fiera que se guardaba tras esa mascara de recato y buena conducta.

― Debo irme. ― dijo la chica, sacándolo de su ensoñación. Neji asintió sin saber qué hacer ni decir.

Estaba confuso, anonadado con lo que había hecho. Ya era la segunda vez y sentía que necesitaba más. Quizás acostándose con ella, el deseo menguaría y dejaría de mirarla como un perro hambriento mira la carne.

― Lo lamento. ― Tenten lo miró fijamente dos segundos y se volteó nuevamente, decidida a largarse. ― Es raro.

― No digas nada. ― soltó la castaña, tapando sus ojos con una frialdad inusual. ― Fue la calentura del momento.

Dicho esto, volteó la manija y salió del lugar. Casi corriendo se subió a su carro e intentado sacarle todo la velocidad que pudo, aceleró a fondo. Respiraba de forma sonora, casi hiperventilando. El sonido de un claxon le recordó que iba sobre su carro, con muchos autos a su alrededor y arrastrando una vasta experiencias en accidentes. Procuró concentrarse y olvidar por algún momento todo lo que le ocurría con Neji.

El tipo era un idiota al por mayor, se repitió como mantra. No debía caer con él, insistió, pero su cuerpo pedía otra cosa. Las caricias, su olor, esa sensación de desenfreno que le generaba. Era retroceder el tiempo y sentirse nuevamente como una chica de 17 años, llena de hormonas y amor adolescente. Esa chica con ilusiones intactas.

― ¡Soy una imbécil! ― se gritó.

Ya bastaba con esa tontera. Ella merecía mucho más, él mismo lo había dicho. Neji no era inalcanzable, sino que simplemente, nunca estaría en la misma sintonía.

Adiós con ese tarado… y ojala se creyera sus palabras.

A su espalda, la mansión Hyuga escondía el nacer de dos grandes y eternos amores.

6.

Suigetsu dejó caer su peso sobre el sofá de su departamento, sintiendo el vacío que lo recibía.

Solo, sin perro que le ladrara y una familia disfuncional a su espalda, pensaba en su trabajo; ya nada valía la pena, o no tenía el mismo valor que antes. Era como estar hueco por dentro.

Luego de llorar frente a su amigo, no lo había vuelto a hacer. Tampoco bebió más alcohol, ni se refugió en el cuerpo de alguna mujer deseosa de entregarle afecto. Tenía la necesidad de vivir el duelo por su separación con hidalguía, sin recurrir a lo que usualmente se hacía.

― Karin. ― murmuró al aire, extrañándola.

Era una espina que llevaba clavada en su pecho, recordándole constantemente que estaba soltero, sin ella. Todo había acabado y no de buena forma. Sabía de antemano que su chica no era fácil de llevar, que las peleas se agrandaban al triple a su lado, pero eso no quitaba que fuese doloroso al punto de cortarle el aire.

Suspiraba como idiota, falto de respiración, su pecho se apretaba sin razón aparente y muchas veces perdía la noción de la realidad recordándola. Era estúpido, lo tenía claro, pero no podían juzgarlo porque cuando se terminaba una relación, generalmente la gente no se comportaba tan adecuadamente como se estaba comportando él.

Su celular vibró en su bolsillo. Una leve esperanza de que fuese Karin se posó dentro de él, obligándolo a sacar con premura el aparato, pero en la pantalla resonaba claramente el nombre de su madre, gritando por todos los costados que Karin no se comunicaría con él. Al menos tenía la tranquilidad de no haber sido él el que había acabado todo, aunque eso no lo quitaba la pena.

― Hola. ― Su voz sonó ronca y rasposa, acongojando a la mujer.

― Cariño, ¿cómo estás? ― la mujer ya sabía que su hijo se había alejado de esa chiquilla molesta, pero para su sorpresa eso no la hizo feliz como esperaba. Notaba tan apagado a Suigetsu que se encontraba tentada a correr donde la pelirroja del demonio y rogarle por que volviera con su pequeño.

― Cansado, mamá. ― contestó. ― ¿tú como te encuentras?

― Mejor que tú, creo. ― con tono maternal, intentó bromear y funcionó, porque el peliblanco rió levemente. ― ¿Por qué no vienes a comer a casa? Aprovechemos que estarás unos días acá para conversar algunas cosas y podemos ver de cerca tus premios.

― No son premios, mamá. Sundance es un festival, donde proyectan tus películas independientes. Lo que yo gané fue un reconocimiento por aportar en una producción. ― dijo el ojivioleta, restándole importancia. ― Sabes que terminé con Karin ¿verdad?

El tono tan impersonal que usó, solo dejaba vislumbrar que su dolor era latente y sin fin.

― Sí, lo sé. ― contestó. La noticia había recorrido gran parte de Japón. ― Pero aunque no lo creas, la noticia no me alegró. Tengo claro que la adoras al borde de la locura.

― No me he vuelto loco, así que creo que no era tan grande mi amor.

― Hijo, te tuve 9 meses en mi panza. Dudo mucho que sea la mejor madre, es más, creo que caigo en la categoría de madre por rotura de condón.

― ¡Mamá! ― chilló el peliblanco, sentándose en el sofá. ― No es necesario tanto detalle. Además dejas claro que no nos querías.

― Yo no he dicho eso. ― contestó tranquila, apoyando el teléfono entre su hombro y oído. ― Tú y tu hermano son mis tesoros, pero eso no implica a que fueron errores de cálculo.

― No sigas.

― En fin. Sé que terminaste porque la prensa se ha dado un festín con eso. No han parado de buscarla. ― Suigetsu hizo una mueca, comprendiendo que la pelirroja debía estar furiosa por aquello. ― Supongo que está escondida muy bien, porque no ha aparecido por ninguna parte.

― ¿No saben dónde está? ― frunció el ceño ¿y si le había pasado algo? Desde que habían roto, no tenía noticias de ella. ― Mamá, creo que iré a su casa…

― No. La familia de ella no quiere saber de ti. ― el peliblanco bufó. ― No lo digo yo, lo dijeron ellos en el matinal de hace unos días.

― ¿Cómo? ― ¿la destacadísima doctora en física, madre de su ex novia había aparecido hablando con la prensa de farándula? Eso era para no creerlo.

― Salió la estirada madre de Karin a echar a los periodista. Gritó que les metería el micrófono por el culo y que si veía a otro molestando a su pequeña, los degollaría en vivo y en directo, tal Isis.

― Oh, eso me impresiona. ― dijo incrédulo.

― También aclaró que agradecía que estuviesen separados, porque así su hija se podía centrar en lo que verdaderamente le importaba que fueran los estudios. ― La mujer hizo una pausa. ― Y que tú no llegabas ni a los talones de ella.

― Tan amorosa que era mi suegra. ― bromeó sin una pizca de gracia. ― Creo que es mejor que me mantenga alejado.

― Es lo más sensato en éste minuto. ― Un silencio abarcó la conversación. ― ¿Suigetsu?

― Dime. ― dejándose caer nuevamente sobre el sofá, pasó su brazo por los ojos, escuchando el sonido de su respiración, destensando sus músculos abdominales.

― Lamento haber sido una bruja con Karin. ― el remordimiento no servía cuando las cosas estaban acabadas, pero no echaría sal a la herida y aceptaría la expiación de su madre. ― Podía ser la persona más insufrible del universo, pero te amaba y tú también la amas.

― De nada sirve que nos lamentemos ahora. Las cosas están como están y debo aceptarlas. ― Costaba, pero sabía que saldría adelante. ― ¿Podemos dejar de hablar sobre Karin? Ella no es parte de mi vida.

― No es por decisión tuya, porque dudo mucho que hayas sido tú el que terminó la relación. ― aseguró la mujer, conociendo a su retoño. ― ¿Qué pasó?

― No necesitas saberlo, mamá. ― la mujer desde el otro lado chasqueó la lengua.

― Sí, necesito hacerlo, porque estoy fuera de tu departamento y quiero que me abras de inmediato. ― Suigetsu bufó sonoramente. ― No me importa que no quieras verme. Levantarás tu lindo trasero que limpié durante años y aclararemos ciertos puntos.

― Eres cargante.

Cortando el teléfono, el peliblanco se levantó arrastrando los pies. Al abrir la puerta, un olor muy familiar lo envolvió. Era el olor a su madre.

― Gracias, cariño. ― le dio un pequeño beso en su mejilla y caminó hacia el interior. ― Deberías ordenar un poco. ― sugirió con un tono de reproche.

― Acabo de llegar. ― respondió él, rascándose la cabeza agotada. ― Además esto es culpa de Karin, que sacando sus cosas desarmó todo.

― Entonces de verdad terminaron. ― Suigetsu alzó una ceja ¿Acaso se podía terminar de mentiras?

― Claramente. ― cayendo nuevamente sobre el sofá, instó a su madre a hacer lo mismo. La mujer se sentó frente a él, inspeccionándolo de pies a cabeza. Suigetsu cansado del escrutinio, chispeó los dedos frente a su rostro. ― Mamá.

― Te ves mal. ― "Gracias", quiso decirle, pero ignoró el tema y volvió a insistir. ― ¿Has comido bien?

― Mamá, deja de ser tan molesta. ¿Qué quieres hablar?

― Hace algunos días tuve una conversación con tu padre. ― Los ojos violetas de la señora, miraron sus manos con tristeza. ― Decidimos separarnos.

― ¿Qué? ― Justo lo que le faltaba.

¿Acaso era ese el año de que su vida personal se desmoronara mientras la laboral crecía a pasos agigantados? Era injusto.

― Son cosas personales y antes de lastimarnos decidimos abandonar el matrimonio. ― Suigetsu no daba crédito. ― Te hablo de esto porque en parte tiene un poco de relación contigo.

― ¿No me digas que soy el culpable? ― le pidió pasando sus manos por el rostro. ― Ya cargo con bastantes cruces como para agregar una más.

― Tranquilo, no es por tu culpa, es sobre como yo cambié respecto a ti. Yo sé que no he sido una buena madre, pero hasta hace poco me justificaba diciendo que gracias a mi frialdad te había llevado hasta dónde estabas y que debías prácticamente deberme la vida por forjarte una carrera tan espectacular. ― hizo una pausa, alterando los nervios destruidos del peliblanco. ― Sin embargo, un día me desperté sintiéndome miserable. Era como si mi pecho pesara y la cabeza me fuese a estallar. No comprendía que pasaba, así que recurrí a lo que siempre me ayudaba a calmarme: el bendito alcohol.

― ¿Eres alcohólica? ― la mujer negó sutilmente. ― ¿Entonces? ¿Qué pasó para que se quieran separar?

― Me di cuenta que nunca te dejé elegir. Sentada sobre la cocina vacía, solo acompañada por el viento chocando contra la ventana entendí que te había usado para satisfacer mi deseo de fama y respeto. Quería destacar desde que era una adolescente y como con tu hermano no me resultó, te sometí a ti. Eras ingenuo, tierno y muy mamón, así que aprovechándome, te llevé a casting, te obligué a sonreír cuando lo que querías era ir a jugar al patio y a mostrarte educado, como si fueses un adulto en el cuerpo de un niño. ― Suigetsu no pudo rebatirle sus puntos, porque tenía claro de que todo lo que decía era una dolorosa verdad. ― En ese instante comprendí que, aun sabiendo que era mala madre, no hacía nada por cambiarlo. Tú me habías dado estatus, clase y mucho dinero, pero para mí vena sedienta eso no bastaba y te exigía un montón, hasta que apareció Karin. ― el peliblanco comenzó a comprender todo. Mirándola fijamente, dejó que sus pensamientos acompañaran las palabras de su madre. ― Ella, con su bonita cara, su juventud y esa forma vivaz de ser te tenían atrapado.

― La amaba.

― La amas. ― rectificó la mujer. ― Ella te manejó a su antojo, pero no de mala manera. Karin tiene un poder sobre ti que logró liberarte de mi yugo. Cuando yo te gritaba que hicieras tal cosa, dejabas todo tirado por estar con ella. Luchaste por ser aceptado por su familia, como si fueses un delincuente y nos demostraste a todos que de verdad ibas en serio. ― Avergonzada, se sentó a su lado. ― Yo estaba celosa, la odiaba porque mi palabra no significaba nada para ti y por lo mismo te fuiste alejando del hogar materno, aparte yo no ayudaba con mi mal genio y frialdad. ― Suigetsu le limpió una lágrima. ― Tu padre me hizo ver que yo era destructiva cuando las cosas no salían a mi manera y por lo mismo había matado nuestro amor. Puede que no sea un tema que te guste, pero con tu padre hace muchos meses que no sucedía nada. Siempre que me buscaba, yo me corría reclamándole a él y a su libido por no dejarme descansar.

― ¿No hay vuelta atrás? ― La mujer se encogió de hombros.

― No puedo saberlo, pero si hay algo que sé es que las cosas no serán igual a como eran. Yo soy tu madre, la mujer que te parió y te tuvo nueve meses en su vientre, ansiosa por conocerte. Perder esos recuerdos me volvieron en un robot, pero ya reaccioné. ― Suigetsu la vio sonreír libre de esa mascara que cargaba hace años. ― Si te enamoras o vuelves con Karin, seré muy feliz. Estoy a tu espalda para apoyarte como debió ser siempre.

― Mamá, te agradezco por cada cosa. Quizás en el camino nos fuimos perdiendo, pero lo bueno de la vida es que da muchas oportunidades para resarcir, así que usaremos ésta para crecer. ― La mujer aceptó su propuesta. ― ¿Qué harás de ahora en adelante? Supongo que quedarás a cargo de la casa.

― No me atrae la idea de estar sola en esa mansión. ― El peliblanco se impactó por ello. ― Creo que podrías venderla.

― ¿De verdad? Siempre te gustó. ― chilló incrédulo. ― Además ¿qué pensará papá?

― Bueno, él se fue y al parecer estaría con otra mujer. ― A pesar de la tristeza, Suigetsu sabía que saldría adelante. Era terca como mula y luchadora como ninguna. Gracias a ella él tenía esa voluntad intrínseca de levantarse frente la adversidad. ― No me amargaré por eso, porque soy consciente que fue mi culpa.

― No te reproches tantas cosas. ― le pidió con afecto. ― ¿Dónde quieres vivir?

― Podrías comprar algo un poco más grande que éste departamento e irte a vivir conmigo. ― ¿Eso era en serio? ― Quiero recuperar cosas que perdí por mi necedad. Esperarte con una rica comida después del trabajo, tenerte tu ropa limpia y apoyarte como una madre por entero lo haría. ― se tomaron de las manos y emocionados, se prometieron continuar.

― Creo que sí es posible. ― dijo el peliblanco, abrazando a su madre con tranquilidad. Una sensación que llevaba buscando hace tiempo y que recién ahora la encontraba. ― Podemos cambiar y ser mejores.

― Tú ya eres una buena persona, Suigetsu. Si Karin no lo nota, ella se lo pierde. ― se separó de su cuerpo y la miró alzando una ceja. ― No me mires así. Eso es lo que diría cualquier madre al ver a su pequeño sufrir. ― aseguró poniendo los brazos en jarra. ― Como consejo, si en verdad la amas, lucha por ella.

― No creo que sea lo correcto en éste minuto. ― haciendo una mueca, se levantó del sofá. ― Por ahora le daré el espacio que necesita.

― Es lo mejor. ― se paró a su lado. ― Te iré a preparar algo rico.

― ¿Sabes cocinar?

― No, pero mirando tutoriales se aprende. ― Suigetsu soltó una leve carcajada. ― Te apuesto que terminaré como una verdadera chef.

― Con tal que hagas algo comestible me doy por satisfecho. ― La mujer le envió una mirada molesta. ― Vamos, mamá. Tenemos que preparar todo para comenzar nuestras nuevas vidas juntos.

― Es lo que espero.

Un abrazo, un beso y mil palabras que faltaban por expresar, pero que llevarían su relación más allá de lo esperado. Sentir el apoyo de su madre era lo que le faltaba para sentirse más recompuesto.

El tema Karin seguiría latente en su pecho, pero con esfuerzo sabía que lograría sopesarlo.

O al menos lo intentaría.

7.

Sakura cayó sobre la cama de Sasuke con él encima recorriendo sin darle tregua su vientre descubierto y su trasero sobre los leggins. Los besos que le daba eran tan húmedos, que comenzaba a remojar muchas otras partes de su cuerpo y le hacían sudar la frente por el deseo desbocado que nacía de su centro.

Un gemido quedó atrapado en la boca del pelinegro que retiraba su mano del vientre y la metía con delicadeza bajo su sostén de corazones azules. Agradecía estar en el departamento del pelinegro, porque o sino, escandalizarían a su rubia amiga.

― Sasuke… ― jadeó, intentando sacarle la camiseta.

El pelinegro no se hizo esperar y poniéndose de rodillas a horcajas de ella, se sacó la parte superior de su ropa, dejando a la vista ese torso duro y abdominales marcados. Lo que más le gustaba a Sakura eran sus oblicuos y el tatuaje de tigre que cubría parte de su costilla.

― ¿Así está mejor? ― le preguntó.

La pelirosa desde abajó asintió risueña, feliz por tenerlo a su merced. Quedó sin aire cuando sus pieles descubiertas se rozaron, pero pronto se puso a la par, dejando sus labios vagar por el cuello y clavícula del pelinegro. Sasuke volvió a meter sus manos bajo el sostén, deleitándose de esos pequeños montículos que crecían entre sus dedos.

Como siempre, se encontraba a más no poder con su excitación. Los pantalones le apretaban y a la misma presión sometía a su quijada para no lanzarse por completo y terminar con lo que llevaban haciendo toda esa semana.

Desde su llegada, aprovechaba cada minuto libre que tenía a su lado, ya fuese llamándola, comunicándose por mensajes o visitándola para volver a la tarea de enseñarle sobre el mundo sexual.

Había ciertos límites, como no tocarse directamente en sus intimidades, ni dejar los pechos de Sakura al aire. Solo los había palpado, pero no los conocía, aunque podía decir que ya se los había gastado tanto recorrerlos. La pelirosa había puesto esa pega, porque según ella a él no le iba a gustar ver sus dos "pequeñeces" y a pesar de intentar hasta el cansancio hacerle entender que eso no era así, sucumbió a sus deseos y lo aceptó. No la presionaría a hacer algo que no estaba preparada. Del mismo modo y un poco como castigo, no le permitía meter su mano en la parte delantera del bóxer para agarrar su miembro. Apenas si aguantaba el roce, que de solo imaginarse esa pequeña mano envolviéndolo, lo hacía soltar gran parte de su "pasión". Tampoco se permitía meter la mano entre su short, sabiendo que aquello la desesperaba. Siempre le gritaba que sentía un vacío entre las piernas y que solo él se lo podría llenar, sin embargo eso no sería todavía. Había variadas cosas que aprender.

Volvió a abocarse a la tarea de atontarla con besos desperdigados en sus labios y mandíbula, pero su cuerpo pedía más, aunque fuese solo un poco. No estaban preparados para terminar el acto, pero si para pasar de las caricias a algo más erótico.

Sasuke se mordió el labio, separándose de ella y mirando sus ojos verdes inocentes velados por la excitación que él le provocaba.

― ¿Sasuke? ― le preguntó al notar su freno. ― ¿Hice algo?

― No. ― la voz ronca era tan sensual, que a Sakura se le erizó la piel de su espalda. ― Solo quería mirarte. ― respondió con ternura. ― Te ves muy guapa bajo mío.

― Gracias por el piropo, pero la verdad es que te quiero tocándome. ― Sasuke se rió de esa actitud tan descarada que Sakura comenzaba a poseer.

La pelirosa confiaba en él y sabía que podía decirle cualquier cosa; hacer peticiones, reclamarle, pelear y besarlo. A ojos de todos eran compañeros de trabajo, a ojos de alguno eran dos personas comenzando a conocerse, pero en privado, eran dos almas sincronizadas que ya sabían lo que querían. No era un juego para ninguno de los dos, era un crecimiento a pasos agigantados.

― Te estás portando muy traviesamente, Sakura Haruno. ― le hizo ver, bromeando como si la estuviera reprochando. ― Debería castigarte.

― Ya lo haces. ― aseguró ella. ― No me dejas tocarte más allá.

― ¿Podrías aguantar lo que viene después, Sa – Ku – Ra? ― le preguntó el pelinegro, haciendo alusión a lo que pasaría en cuanto siguieran tocándose como si no hubiese mañana. ― No te daría tregua.

― Y yo tampoco te la pediría. ― respondió resuelta. ― No pararía jamás.

― Estás loca. ― volvió a caer sobre ella, y le tomó la cintura descubierta entre sus manos.

Haciendo gala de su habilidad y el poco peso de la pelirosa, se volteó con ella encima y la dejó sentada sobre su vientre para mirarla mejor. Sakura se sintió como una campeona, aunque avergonzada al estar tan expuesta.

― ¿Qué hago? ― le preguntó, sin saber dónde poner las manos.

Sasuke sonrió de medio lado y se apoyó en sus codos, quedando un poco más cerca. Sakura sabía que el hombre era guapo, pero estando así lo encontró aun más apetecible.

― Hace lo que te nazca. ― Le dijo, dándole la venia. ― Pero a cambio quiero algo.

― Ya sabía yo que era demasiado hermoso. ― Sasuke rió levemente. ― ¿Qué pedirá el príncipe?

― Si yo te dejo llegar más allá, tú me permitirás mirarte un poco más. ― Sakura enrojeció. ― ¿Qué piensas?

― No necesitas negociar eso. ― le confesó todavía enrojecida. ― Me da vergüenza que me veas desnuda, pero estoy dispuesta a pasar sobre mi pudor y liberarme un poco más.

― Sakura. ― en rostro de Sasuke se contrajo y se sentó sobre la cama, para ponerse más cerca. Con el ceño fruncido, le tomó el mentón para que lo mirara fijamente. ― Yo no haré nada que tú no quieras. Si pongo pegas a que metas tu mano en mi pantalón, es porque sé que será decepcionante para ambos.

― ¿Lo tienes pequeño? ― Le preguntó, haciendo el gesto técnico con la mano. ― Cuando te rozo no se nota, pero si es eso, a mí no me importa.

La quijada del pelinegro estaba a un paso de desencajarse, cayéndose levemente al escuchar y ver ― con su gesto ― que su pene era pequeño… ¡Lo tenía enorme!, se grito internamente, intentando tranquilizar a su ego magulladlo.

― No, Sakura. ― le agarró la mano y se la guio a su pantalón. ― Toca.

― ¿De verdad? ― Los ojos verdes se encendieron como dos faroles y aceptó gustosa que él pelinegro la guiara.

Sasuke mordió sus mejillas por dentro, cerrando los ojos y dejándose llevar por las sensaciones que le daba ese sutil manoseo sobre la tela y el lugar más sensible de su cuerpo.

Sakura extasiada sonrió feliz de la vida al verlo tan contenido. Sabía que era por ella todo lo que estaba viviendo y eso le encantaba; el poder que le daba tenerlo bajo su merced, dejarlo solo en cenizas. Podía oírse un poco obsesivo, pero Sasuke era su sueño desde que había conocido el mundo del espectáculo. Cuando entró en él, lo odió al conocer esa faceta tan desagradable que tenía, pero con el tiempo las cosas cambiaron. Sasuke le demostró que no era un presuntuoso desagradable como quería creer y que a pesar de la seriedad que exponía al mundo, había un lado muy gracioso y muy amable que se escondía.

Metiendo su mano dentro del pantalón, lo tomó directamente, deleitándose con la suavidad de la piel que cubría su miembro. Era considerablemente grande como para pensar que dolería un montón tenerlo adentro y lo suficientemente largo para terminar empalada. Sin embargo, era muy agradable al tacto y se imaginaba que podía ser bastante bonito...

Sasuke bufó desesperado. Estaba empalmado como no lo había estado nunca y con un solo movimiento de Sakura, explotaría. Intentó pensar en cualquier cosa, en vacas volando, en como tejer un chaleco a crochet o en si el perro que tenía en casa de sus padres estaba bien alimentado, pero nada lo ayudaba. Esa mano audaz se movía como si conociese que hacer… eso lo hizo pensar en si verdaderamente Sakura fuese tan virginal como él creía. Por como notaba, se movía bastante bien con su mano palpando su miembro. Tomándola de la muñeca la detuvo.

― ¿Es primera vez que haces esto? ― Sakura asintió sin comprender. ― ¿Cómo sabes de qué forma apretar? Eso no lo sabe una chica inexperta.

― ¿Dudas de mi palabra en un momento como este? ― le dijo, enarcando las cejas molesta. ― En las revistas y foros de mujeres salen muchos tips para "volver loco a tu chico" ― Le contó, apretando sus dedos alrededor de la humanidad de Sasuke. Este dio un respingo; nadie en su sano juicio podía discutir mientras era manoseado. ― Sé que esto es algo más sensible que el resto. ― el dedo pulgar de la pelirosa pasó por la punta levemente húmeda del pelinegro, quien masculló improperios. ― Y qué si muevo mi mano de arriba abajo, te enloqueceré. ― Y así lo hizo.

Sasuke cayó sobre la cama deshecho, dejándose disfrutar.

― Hazlo más lento. ― le pidió, apretando los dientes y con ojos cerrados. ― Sí, de esa forma. ― alabó cuando Sakura ralentizó los movimientos. ― Lo haces muy bien.

― Y cada vez será mejor. ― aseguró muy confiada.

Aprovechando que él no la veía, se desató el sostén y se lo sacó, turnando sus manos dentro del pantalón de Sasuke. Tirándose hacia delante, rozó su torso desnudo con el del pelinegro, quien abrió los ojos al notar la piel descubierta de Sakura.

― ¿De verdad? ― preguntó incrédulo, sonriendo de oreja a oreja. ― Levántate para mirarte…

― Nope, ahora tendrás que acabar. ― Sasuke no la dejó, porque tomó su mano y enroscó sus dedos para no permitirle continuar. ― ¡Sasuke! ― reclamó.

― Yo también quiero mi premio. ― con la mano libre, empujó de su hombro para alzarla.

Sakura no se pudo resistir al empuje y se alzó, para volver a estar a horcajadas. Se tapó los ojos con una mano para no ver la decepción en ojos de Sasuke, pero él no se lo permitió por mucho tiempo.

― Son horribles, ¿verdad? ― dijo, intentando ponerse el parche antes de la herida. ― Supongo que has visto mejores y… aaaah… ― el gemido salió de forma inmediata por su garganta, arrebatándole el aire y volviéndola en plastilina.

La boca de Sasuke se había apropiado de uno de sus senos, el derecho para ser más especifico. Lo besaba con devoción y jalaba, excitándolo más. Sakura lentamente descubrió su vista y lo miró desde su altura. Le avergonzaba verlo así, como si estuviese desesperado por ello, pero a la vez la imagen era tan excitante, que sus jadeos eran involuntarios e incontrolables. Los ojos del pelinegro buscaron los suyos, regalándole una mirada picara, llena de complicidad y pasión. Sakura metió su mano entre su cabello y apoyó la frente sobre su cabeza, disfrutando del olor que expelía.

Eran tan demoniacamente guapo, que solo tenerlo así era para darse pagada por la vida. Quizás se estaba entregando mucho, pero ya no sabía cómo parar. Le era imposible. Sasuke le gustaba tanto y de tantas formas. Sus facetas enojonas o las más picaras, las serias o desordenadas, las mandonas o sumisas. Era como mil hombres en uno y cada uno le atraía cada vez más, envolviéndola como no esperó jamás. No sabía que era el amor y probablemente no lo sabría hasta que fuera una viejita a un paso de la muerte, pero si el amor era de esa forma, con esa intensidad y tan genial como lo era estar con Sasuke, lo aceptaba gustosa.

― No sé cual será tu escala de medición, ― comenzó a decir Sasuke. ― Pero estoy seguro que es muy diferente a la mía. Eres perfecta y eso me molesta mucho.

― ¿Por qué? ― preguntó atontada con el calorcito que le daba el aliento de Sasuke en sus pechos.

El pelinegro se quedó en silencio por varios segundos, solo tocándole los pezones rosados y mirando la piel blanquecina que los rodeaba.

― Porque sí. ― No quiso decirle que cada vez que se encontraba cerca de ella, se daba cuenta que se volvía más dependiente. Tampoco quería confesarle que mirarla o estar a su lado era lo mejor que le estaba pasando en la vida. Jamás agregaría que cuando conocía un poco más de lo que eran estando juntos, su corazón saltaba como estúpido, o que cada vez que dormía apegada a su pecho y murmuraba cosas inentendibles, sonreía como si estuviera enamorado.

Sabía que no lo estaba, pero no faltaba mucho para estarlo y eso lo aterraba. Era tan fuerte, tan fuera de sí todo lo que crecía en su cuerpo, que lo odiaba.

Saberla perfecta, lo mataba.

― No comprendí. ― le dijo.

― Mejor así.

Su voz se engrosó y jalándola con vehemencia, volvió a ponerse sobre ella. Sakura se ruborizó al ver la mirada determinante que le daba el pelinegro. "Aquí te pillo, aquí te como" gritaba por todos lados.

Sus bocas volvieron a unirse en un juego desesperado por provocar al otro, sacándole afuera lo más posible. Las manos de Sakura se aferraron al cuerpo tibio de Sasuke y a tirones le indicó que quería que se sacara el pantalón. El pelinegro intentaba hacer oídos sordos y la distraía besándola con más vehemencia, pero Sakura era obstinada e insistía.

― Sácatelos. ― le dijo al oído, pasando su lengua por el lóbulo.

Sasuke los desabotonó con una mano, mientras la otra estimulaba un pecho de la pelirosa.

― No llegaremos al final.

― A veces creo que eso te lo dices más a ti que a mí. ― Sasuke paró en sus caricias y la miró seriamente. ― Pero está bien. Cuando sea el momento, usarás esa "pequeña" herramienta en mí.

― No es pequeña. ― se defendió, herido.

― "No sé cual será tu escala de medición, pero estoy segura que es muy diferente a la mía" ― Sasuke sacudió la cabeza. Sakura era única y estaba loca.

― Cuando esté dentro de ti, haciéndote gritar y me pidas más, te preguntaré si es tan pequeña como quieres creer.

― ¿Estás sentido? ― La pelirosa intentaba enseriarse, pero la conversación estaba tan divertida que le era imposible.

― Jamás, porque sé lo que tengo. ― le dio un último beso en su mentón y bajó para llegar al pecho izquierdo.

Se metió su montículo rosado en la boca y saboreó con la lengua. Era muy agradable su sabor, el olor era embriagador y los gemidos alucinantes. Imposible no perder el control, aunque lo intentaría hasta el final. Sin embargo, Sakura no le dio espacio ni siquiera para recuperarse o pensar en cómo seguir. Su mano pequeña volvió a colarse entre sus bóxer y lo agarró con determinación, volviendo a jalar de él, despertándolo.

Sasuke soltó un leve quejido sobre la piel húmeda de Sakura. Ambos respiraban erráticamente, alucinados con las sensaciones.

― Sasuke. ― le llamó Sakura entre jadeos.

― ¿Qué? ― Necesitaba acabar y hacerla acabar, pero tanta conversación lo distraía.

― Necesito que me toques más. ― le pidió. ― No te quedes solo en esto.

― ¿Cómo? ― Sasuke no entendía bien a qué se refería.

― Pásame tu mano. ― A duras penas sacó la mano izquierda de su pecho y se la entregó.

Sakura la tomó y comenzó a bajar lentamente con ella. Rozó su pecho, su esternón y luego su vientre. Sasuke miraba embelesado esa muestra de ingenuidad y determinación, apoyándose a su lado para ver bien donde quería y donde terminarían los deseos de Sakura.

La pelirosa siguió guiando la mano de Sasuke, hasta llegar al pantaloncillo, esos que tanto le gustaban al moreno por ser cortitos y no dejar nada a la imaginación.

― ¿Estás segura? ― le preguntó, tragando saliva y viendo donde se dirigía la cosa. Sakura asintió. Sus ojos mostraban miedo, pero con Sasuke sabía que podía dejarse llevar.

― Solo sé cuidadoso.

― Siempre. ― la tranquilizó.

Sasuke se soltó del agarre y siguió su instinto, basándose en la experiencia que tenía. Era un hombre con basto recorrido y sabia que hacer en momentos como esos.

Con delicadeza, apartó el elástico de su pantaloncillo y lo jaló hacia abajo, intentando darse espacio. Sakura contuvo el aliento y miró hacia el cielo del cuarto. Tenía noción de que estaba prácticamente desnuda y le avergonzaba, pero también dentro de ella nacía una confianza única que la acompañaría por siempre y Sasuke se la estaba forjando. Él le daba la tranquilidad para estar ahí, desnuda de espalda y siendo tocada.

Dejó de respirar cuando los dedos del pelinegro llegaron a su pubis y tocaron con determinación su montículo palpitante. Sasuke se emocionó al notarla húmeda, haciendo más fácil el recorrido.

Miró cada una de sus caras con devoción. Cuando la acarició con dos dedos, apretó levemente ese punto palpitante, disfrutando del gemido desesperado que soltó. Estaba maravillada y eso engrandecía su ego masculino.

Sasuke siguió en la inspección, bajando y subiendo con ambos dedos, aprovechándose de la humedad que tenía. Cuando notó el relajo de la pelirosa, se acercó a su pecho y metió el pezón rosado dentro de su boca, sacándole nuevamente el aire.

― ¡Oh! ― gritó descontrolada. Eso era mucho más de lo que esperaba.

Su cuerpo se sentía caliente por todos lados, en el estomago una bola de calor la envolvía, obligándola a gritar y apretar los músculos, más aun cuando Sasuke le besó su pecho. Sakura sabía que el sexo era satisfactorio, pero eso iba más allá. Era alucinante, la volvía en gelatina, en un ser maleable y que disfrutaba de la nueva experiencia sin intentar reprimirse. El pelinegro subió por su cuello y le tomó la boca, Sakura apenas si pudo responderle, porque estaba concentrada en los dedos traviesos del pelinegro, que seguían acariciando el vértice entre sus piernas.

― Sakura, quizás esto te incomode. ― le advirtió.

La pelirosa asintió ida, con ojos cerrados y mordiendo su labio inferior. No pudo dar una respuesta más clara. Sasuke sonrió de medio lado, hirviendo, pero a la vez enternecido.

Sakura comenzó a sentir como el alrededor de su lugar más recóndito, estaba siendo acariciado, preparándolo para la intromisión. Se aferró a la colcha de la cama y levantó el pecho, ansiosa y deseosa. Sasuke volvió a tomarle un pecho, distrayéndola levemente para hacer el primer empuje. Con delicadeza, comenzó a meter su dedo dentro del cuerpo de la pelirosa, acostumbrándolo a la invasión. Siguió avanzando por el lugar, sin dejar de mirar a Sakura. No quería incomodarla más.

Un quejido por parte de ella lo hizo detenerse.

― Espera. ― le pidió con voz entrecortada. ― Eso me molestó un poco.

― Voy a sacar la mano. ― Le dijo, pero Sakura no lo dejó al tomarlo del cuello y posarlo sobre ella. Quería besarlo, tenerlo.

― No te detengas ahora. ― demandó la pelirosa, mirándolo fijamente con sus mejillas arreboladas y ojos brillosos. ― Piensa que después será algo más grande.

― ¿No que era pequeño? ― La molestó el moreno, moviendo en círculos el dedo que tenía en su interior ― Te aseguro que lo disfrutarás.

― Ya lo hago. ― le respondió sin voz.

Sasuke captó el visto bueno para que continuara y así lo hizo. Metió y sacó su dedo con parsimonia, disfrutando de las caras que ponía la chica. El olor del lugar también actuaba como afrodisiaco, haciendo que las sensaciones se desataran mucho más. Sakura lo besó, metiendo su lengua en la boca de él. Sasuke le respondió y aceleró su mano dentro del pantaloncillo. Con su pulgar, comenzó a acariciar el punto latiente y terminó de aniquilarla. La pelirosa se separó de él, pero enterró una de sus manos en la espalda ancha del moreno. Cada movimiento que daba dentro de su cuerpo, agrandaba esa pelota que reposaba en su estomago. Comenzó a sentir que el deseo erizaba todo su cuerpo, que la piel se le ponía chinita y que mantenerse quieta era imposible. Se revolvió sobre esas caricias, buscando de forma inconsciente la mano de Sasuke.

― Vamos, Sakura: suéltate. ― le pidió al oído, mirando como comenzaba a convulsionar.

Sasuke pensó que Sakura ya no reaccionaría más, pero se equivoco: su mano pequeña volvió a meterse entre su bóxer y como pudo, tomó su miembro completamente excitado y lo empezó a acariciar.

― También tú. ― Le dijo ella, abriendo sus ojos verdes y mirándolo mientras movía su mano de arriba abajo.

Ambos se encontraban perdidos tocándose directamente en las zonas más erógenas. Sasuke dejó caer su frente sobre el hombro de la choca, mientras las estocadas de su dedo se volvían más bruscas. Su sudor resbalaba por la frente y su espalda, mientras Sakura disfrutaba de sus gemidos entrecortados pegando directamente en su oído.

― Para. ― Le rogó, aunque sabía que quería todo lo contrario. Se lo pedía simplemente porque acabaría en sus manos y eso era algo demasiado brutal para una chica que recién estaba aprendiendo.

Sin embargo Sakura no se detuvo y siguió al igual que él en ese tira y afloja, buscando la satisfacción. La pelirosa lo besó cuando estaba a un paso de terminar. Sasuke notó la cercanía del orgasmo al verse aprisionado por los palpitantes músculos interiores de la ojiverde.

― Voy a… voy a… ¡Sasuke! ― gritó desesperada, convulsionando sobre la cama. El pelinegro se dejó ir, y bajando la cabeza para esconderse en su cuello, gimió de forma gutural y soltó el aire de sopetón.

La mano de Sakura se cubrió de un liquido viscoso y a pesar de que pensaba que le daría asco, sintió todo lo contrario. Era una complacencia, una sensación de plenitud por lo vivido.

En cuanto tranquilizaron sus respiraciones, se miraron fijamente, aún más compenetrados que antes. Sakura esbozó una gran sonrisa, mientras Sasuke bajaba el rostro para darle pequeños besos en sus labios entreabiertos.

― Eso estuvo wow. ― dijo de forma elocuente el pelinegro, sacando su mano húmeda desde el interior de Sakura. La chica dio un pequeño saltito, pero se recuperó de inmediato. ― Mira.

La pelirosa vio con estupor como Sasuke tenía entre sus dedos el líquido que ella había liberado luego del orgasmo. Avergonzada, cerró los ojos para no ver la burla del hombre. El pelinegro se enterneció, pero no dijo mucho; se encontraba tentado a lamerlo, pero la escena podía ser fuerte para Sakura, así que se abstuvo y con cuidado se limpió en un cojín que estaba desperdigado sobre la cama.

Luego de eso, volvió a dejarse caer sobre ella y Sakura por inercia lo abrazó, disfrutando de esa naciente relación.

― Podríamos repetirlo.

― Eso es obvio. ― aseguró el pelinegro, acariciando con su nariz parte de la mejilla y el oído de Sakura. ― Muchas veces.

― ¿Ves? Fue maravilloso que dejaras de negarte. ― Sasuke sonrió levemente. ― Ahora seguiremos avanzando ¿verdad?

― ¿Qué crees tú? ― odiaba cuando le contestaba con otras preguntas y le dejaba la tarea de dar la respuesta. ― Sa – Ku – Ra ― silabeó.

― Creo que de ahora en adelante no te separarás de mí. ― Sasuke asintió, viéndose capturado por los brazos de Sakura, que lo obligaron a ponerse de lado frente a ella. ― Tengo hambre ¿eso es normal?

― Sí. ― dándole un pequeño beso y apretándole la cintura, la obligó a soltarlo. ― ¿Dónde vas?

― A preparar algo para comer. ― contestó, sentándose en la cama en busca de sus pantalones. Los vio tirados a unos pasos de la puerta.

― ¿De verdad? ― Sakura se sonrojó como la colegiala que era. ― Quiero algo rico.

― Levántate, me ayudarás. ― le dijo, abrochándose el pantalón y mirándola desde su altura.

― Eres el anfitrión, además que yo soy una pobre niña, pequeñita que acaba de ser tocada en muchos lugares. ― Sakura puso ojitos de perrito abandonado y un puchero muy gracioso.

Sasuke bufando, se encaminó donde ella y la tomó de la cintura para sentarla sobre la cama. Sakura reclamó.

― Vístete o volveré a caer sobre ti y no comerás nada. ― Le afirmó, pasándole su camiseta de tiritas y el sostén. Sakura a regañadientes se tapó, casi con naturalidad. Le impresionaba que hasta algunas horas atrás le daba mucha vergüenza verse desnuda frente a él y ahora se lo tomara con tal simpleza. ― Andando, yo me iré a bañar.

― Yo también quiero. ― Sasuke alzó una ceja. ― Ok, esperaré a que tú termines.

― Es lo mejor, rosadita. ― Sakura le picó las costillas al oír el mote, pero Sasuke la esquivó en su tercer intento, agarrándola por la cintura, levantándola a su rostro y besándola como si no hubiese mañana. ― Calienta el agua. ― le ordenó cuando la bajó al suelo. ― Prepararé algo rápido.

― No quiero ramen instantáneo. ― rezongó de inmediato. ― Es malo.

― Aparte de todo te pones exquisita. ― Sasuke reclamó en broma y caminó hasta el baño. ― ¿Hoy tampoco te quedarás?

― Te he dicho toda la semana que no puedo. ― El pelinegro se odió por estar volviéndose tan dependiente, por lo mismo hizo como si no le importara, cosa que Sakura notó. ― No te enojes, por favor.

― No me enojo, tontuela. ― aseguró, tomando el pomo de la puerta y apoyándose en ella para mirarla de frente. ― Pensé que hoy la respuesta sería distinta. Es todo

― Ino está sola en mi departamento. Puede que Tenten o Hinata la acompañen, pero ella quiere estar conmigo, lo sabes. ― Sasuke nunca lo esperó, pero por primera vez sentía que odiaba a las amigas de una de sus "parejas", porque la mantenían lejos. ― Además está triste porque tu hermano no le ha querido contestar el teléfono.

― Y dudo que lo haga. ― Sakura hizo una mueca. ― Los Uchiha somos orgullosos.

― Gracias por la advertencia. ― se miraron dos segundos, para ser interrumpidos por el sonido de un celular. ― Es el mío. ― corrió al bolso y lo sacó desde dentro. En cuanto vio el nombre de quién era, quedó de una pieza.

― ¿Quién es? ― preguntó al verla palidecer.

― Mebuki.

Esa señora era bruja o Sakura tenía un chip implantado en su cuerpo para detectar cuando él estuviera cerca. Maldita suerte, si Mebuki se enteraba de lo que había ocurrido en esa habitación ― y lo que llevaba pasando hace algún tiempo ― era hombre muerto.

8.

Tsubasa miró con recelo a su amiga Tenten. Frente a él se paseó con 3 tenidas distintas, combinando maquillaje y peinados. Se había metido a la ducha 3 veces en lo que iba de tarde y eso si que era extraño, no es como si no se bañara, pero 3 veces para cualquier persona era demasiado. Too much, como diría él

― ¿Qué te pasa? ― le preguntó cuando pasó por quinceava vez frente a él, perdiendo los nervios. ― Vamos a un desfile de beneficencia. ― le recordó dándole relevancia al hecho de que era algo pequeño.

― Tengo que verme bien. Irá la televisión. ― Tsubasa alzó una ceja sin entender nada. ― !Ay! para algunas cosas eres demasiado hombre. ― le reclamó como niña pequeña.

― Noticia de último minuto, Tenten: Soy hombre ― La castaña le regaló su dedo de al medio y con gestos le dio a entender que se lo metiera por donde mejor le plazca. ― Me explicarás de qué trata todo esto.

― ¡De nada! ― chilló. ―Solo sé que irá la tele y estoy aburrida de verme como un mendigo. ― Tsubasa se detuvo ahí.

― Es por Neji ¿verdad? ― La castaña enrojeció sin mirarlo y negó de forma poco convincente. ― ¿Otra vez con lo mismo? ― La chica quiso escapar de la sala, pero Tsubasa la tomó de un brazo con firmeza. ― Tenten, yo fui el que limpió tus lagrimas y te sacó de la cama todas las veces que te sumiste en la pena. No me digas que volverás a beber los aires de él, porque sé que terminarás peor que antes.

― Él ya sabe que yo era Cleopatra. ― le confesó, sin dejar de mirar las puntas de sus pies. Tsubasa por instinto la envolvió entre sus brazos y le besó la cabeza. ― Es imposible no caer en lo mismo cuando sabes que es lo que quieres.

― Neji no es lo que quieres, cariño. A ti Neji te obsesiona. ― Tenten carraspeó, intentando digerir el nudo de su garganta, pero le era imposible. ― Ese tipo no te merece. Te trata mal, te ha insultado, hasta llegó a golpearte.

― Sabes que eso fue sin intención. ― Le reprochó ella, separándose de su agarre. ― Quizás si vuelvo a estar con Neji, podré cerrar éste ciclo tan doloroso.

― Esa excusa es solo para volver a encamarte con él. ¿Por qué no me reconoces que una parte de ti busca remover una parte de él y así conseguir que te ame? ― Tenten volvió a bajar la cabeza, con sus ojos abnegados en lágrimas. ― Te terminarás traicionando a ti misma con todo esto, preciosa. Terminarás como estropajo.

― Ya no soy una adolescente, con aspiraciones lejanas y desterrada de su hogar. ― Era doloroso escuchar esas palabras, pero Tsubasa sabía que era verdad. Tenten era una niña cuando quedó a la deriva con un padre que distaba mucho de ser ejemplar. ― Puedo manejar mucho mejor mi vida.

― Sabes que cuentas conmigo para todo ¿verdad? ― la castaña asintió con afecto. ― Entonces ten presente que también estaré cuando todo esto te explote en la cara.

― Tsubasa, no digas eso… ― le pidió a modo de ruego.

― Estoy siendo sincero y dejándote clara mi posición. ― Apoyando una mano sobre su cabeza, acercó la suya para chocar contra tu frente. ― Eres mi hermana, Tenten y siempre intentaré protegerte, sobretodo de un espécimen tan miserable como lo es Neji, sin embargo necesito que tengas presente que siempre estaré aquí a tu lado, ya sea para secar tus lagrimas, comprarte helado y ver películas lacrimógenas hasta las tantas de la madrugada ayudándote a "sentir" como lo llamas tú.

― No necesitas decírmelo. Lo tengo más que claro. ― aseguró, feliz porque la vida le había regalado un hermano. ― Ya, aceleremos el tranco, dejémonos de supuestos y de estás tonterías. Tenemos que ir a registrar un nuevo desfile.

― Donde estará el tipo que te vuelve loca y su NOVIA ― dijo Tsubasa bien alto y claro, para que Tenten fuese consciente, pero ésta no lo pescó. Estaba más preocupada de ponerse guapa y subirse sobre esos tacones que a cualquiera le causarían vértigo.

― ¿Cómo crees que me veo? ― Le preguntó, girándose sobre sus talones.

― Algo sobrecargada. ― Tenten hizo una mueca. ― Cariño, siempre has destacado por tu diseños y que te veas así me parece demasiado. ― Se acercó a ella y le quitó los aros. ― Lleva de esos largos con mariposas, sácate esa mascara de pestañas, junto al rubor y las feas sombras. Los labios rojos te pegan genial, así que déjalos. Ponte el vestido celeste que compraste en ese puesto de la feria que fuimos en Okinawa y ponte zapatos cerrados porque hace frío. En el auto llevaremos los abrigos ¿ok?

― Considero que fue mucha información. ― No obstante, la castaña se giró e hizo todo lo que él le había dicho. Se puso guapa, pero de forma natural, como lo era Tenten.

― Andando. ― Tsubasa puso su brazo para que Tenten se lo tomara. ― Le pedí el auto a mi hermano, así que no iremos en el Tenten móvil que se cae a pedazos.

― Mal hablado, muchas veces te ha salvado. ― le dijo la castaña, mirándolo de refilón. ― Mi pequeño bebé se sentirá ofendido.

― Tu pequeño bebé sería feliz si dejaras de usarlo. El pobre no da más con tanto golpe. ― Tenten prefirió ignorarlo, porque sabía que terminaría con sus manos alrededor de su cuello si tomaba en cuenta sus desagradables comentarios.

― Como digas, Tsubasa. Como digas…

.

.

.

Neji captó de inmediato la mueca molesta de su novia: Mei no quería estar ahí y no estaba haciendo nada por ocultarlo. Ya había visto como echaba a dos asistentes sin ninguna consideración y como refunfuñaba porque los zapatos le apretaban los pies.

― Esto es un desastre. ― reclamó, tirando lejos los tacones del tercer vestido. ― No porque sea beneficencia tiene que estar tan desordenado.

― Relájate y lo disfrutarás. ― propuso el pelinegro, pero con una mirada cargada de enojo, prefirió no continuar.

― Tú estás feliz de la vida ¿verdad? A ti no te toca aparecer con la mejor cara cuando los pies te están matando.

― No, a mí solo me toca salir a tocar frente a miles de personas con la cabeza reventando o el estomago revuelto. Algo inocuo al lado tuyo. ― Ironizó herido. Estaba agotado con los reproches sin sustento que vivía profiriendo su guapa novia.

― Bueno, es lo que tú elegiste para vivir. ― Neji alzó una ceja. ― Mi carrera es de actriz, no de modelo.

― Entonces ¿qué haces acá? ― Le preguntó, intentando comprender.

―Mi relacionadora me dijo que lo hiciera, porque me estaba mostrando demasiado inaccesible al mundo. ― Un bufido le dio a entender que no le había agradado hacer caso a la sugerencia de su agente. ― Nunca pensé que me mandaría a la beneficencia. Yo no soy para esto, por la mierda. ― volvió a reclamar, poniéndose con brusquedad el nuevo par de zapatos. ― Cuando termine, te aseguro que la mandaré a volar. No pienso tener a una mujer tan incompetente en mi equipo.

― No seas caprichosa. ― Mei paró de hacer lo que estaba haciendo y puso sus ojos furiosos sobre él. ― ¿Qué?

― ¿De verdad me estás diciendo eso? ― Neji asintió sin sentirse en peligro, pero fue un craso error. ― ¿Quién te crees para decirme eso? Miles de hombres desearían estar en tu lugar, cumpliéndome todos los caprichos y tú te la pasas refregándome en la cara lo poco humilde que soy.

― No he dicho que no seas humilde. ― repuso con una tranquilidad pasmosa, sin sacar las manos de su pantalón de tela. ― Simplemente que eres caprichosa y quieres que todo se haga a tu manera.

― ¡Pues soy una mega estrella! Tengo todo el derecho de pedir concesiones y recibirlas. ― aseguró.

― Sasuke es una mega estrella. ― Le dijo, restándole importancia a su ego agigantado.

― De verdad, Neji, hoy me agotas ¿Por qué no te vas a dar una vuelta y vuelves cuando se me pegue la gana de que vuelvas? ―Neji se volteó sin alterarse.

― Como quieras. Después no me busques. ― Le advirtió, saliendo raudo de el lugar.

― ¡Yo no busco a nadie! ― si supiera que esa era una doble negación, sabría que su oración decía todo lo contrario: "Yo busco a todos".

Caminó por los pasillos del lugar abandonado. Era un hospital de niños que tenía sectores derrumbados por un grotesco terremoto que había remecido las tierras japonés hace ya varios años. En mucho tiempo intentaron conseguir el dinero suficiente para pagar alguna remodelación, pero nunca lo lograron, por eso recurrieron a los famosos para que con sus rostros pudiesen llamar la atención de la gente y así obtuvieran fondos. La idea había resultado mejor de lo que esperaban, ya que el ala inferior del hospital se encontraba repleta de famosos, periodistas y millonarios que por todos sus costados gritaban las groseras sumas de dinero que poseían.

Se encontró de frente con una sala que tenía la luz prendida. A sus lados, la oscuridad era envolvente, así que imaginarse que ahí pudiese haber niños le erizaba la piel. Ni siquiera él, que ya tenía 25 años, se atrevería a caminar por esos lugares.

La risa de criaturas pequeñas acrecentó su curiosidad, instándolo a abrir la puerta. En el lugar, había varios niños celebrando las gracias de otro, que con nariz de payaso, casi saltaba sobre la cama.

Cuando Neji movió la puerta para entrar, los graznes sonaron como si en años no hubiese sido abierta esa puerta.

Al verse de frente a todos esos ojos curiosos, carraspeó incomodo sin saber qué hacer. En eso descubrió el porqué de que estuviesen escondidos: Cada uno de ellos tenía algún tipo de malformación muy notoria. Había uno sin sus ojitos y con una oreja doblada. Otro no tenía sus brazos. En el fondo, una niña pequeña parecía estar por entero quemada y pocos cabellos asomaban en su cabeza. Sin embargo, el que más lo sorprendió, fue el niño que saltaba con la nariz de payaso en su mano. Su cara denotaba una alegría inusual, tomando en cuenta las marcas que lo envolvían. Cigarrillos apagados en su cuerpo, de eso estaba seguro, además de tener muchos cortes y algunos se notaban recientes. En su rostro había uno que lo atravesaba por completo, dejándolo con un solo ojo abierto y apenas balbuceante. Eso no era por enfermedad, eso era simple y llanamente maldad de quién fuese el desgraciado o desgraciada que hacía de figura adulta en su vida.

― Eeh… ― comenzó a decir, sin saber de qué hablar. ― Hola.

― ¿Eres Neji Hyuga? ― gritó la niña del fondo. No debía superar los 7 años, pensó el pelilargo. ― Me llamo Naoko.

― ¡Y yo Hatsume! ― chilló el que no tenía ojos. ― ¿De verdad es Neji Hyuga, Naoko? ― preguntó sin creerlo. ― ¡Dime!

― Sí, lo soy. ― respondió con voz ronca. ― Soy Neji Hyuga.

― No lo creo. ― Los ojitos del niño sin extremidades brillaron con fulgor, como dos farolas incandescentes. ― Takumi estaría muy feliz si lo viera. ― agregó, sin despegar su mirada soñadora en el rostro del pelilargo, que seguía clavado al suelo, sin saber qué decir.

― No se emocionen tanto, sobretodo tú Yusei. ― dijo el niño que tenía la nariz de payaso y rastros de haber sido golpeado. ― Él es famoso y rico. Nosotros no le interesamos.

― No seas desagradable, Tomoya. ― Lo retó la niña, acercándose a él. ― Takumi siempre nos dijo que debíamos ser respetuosos con la gente mayor.

― Pero si ni siquiera lo conocemos. ― Neji lo vio alzarse de hombros, bajarse de la cama y caminar donde él para inspeccionarlo. ― ¿Qué quieres? ¿Vienes a burlarte? ― por inercia, el pelinegro negó. ― Si es así, yo defenderé a mis amigos.

― ¡Tomoya! ― chilló nuevamente la niña. ― Está Yusei y sabes que se pone nervioso cuando peleamos. Neji se impactó al ver como el cuerpo menudo y magullado del chico, retrocedía por las palabras de la niña. Tomoya no dejó de observarlo en ningún segundo y su mirada se volvió más fiera cuando Naoko se acercó con confianza a él. El pelilargo expectante, se puso tenso al vislumbrar de más cerca sus heridas faciales.

― ¿Cómo me conocen? ― preguntó de forma bajita. ― Mi música no es para niños.

― Takumi era fanático de ustedes. ― Neji frunció el ceño, sin comprender la explicación de la niña.

― Naoko, él no sabe quién es Takumi. ― le hizo ver Yusei.

― Takumi era un enfermero que nos cuidaba. Siempre estaba escuchando su música y decía que eran la mejor banda de rock luego de los "bitles" ― el pelilargo sonrió con dulzura. ― Yo tengo 13 años.

― ¿Trece? ― preguntó sin creerlo. No parecía de tanta edad.

― Sí, mi enfermedad es degenerativa y por eso me veo tan pequeña, pero si te fijas bien, mi piel es como la de una viejita. ― le acercó su mano y Neji se acuclillo para verla.

― ¿Te quemaste?

― No. ― susurró sonrojada. ― Soy una niña cristal. Si alguien me toca muy fuerte, me quiebra los huesos y mi piel se llena de heridas.

Neji pasó su dedo por la mejilla sonrosada de la pequeña y sintió ganas de llorar cuando las protuberancias de su rostro rozaron su cuerpo. Esa niña vivía algo que los niños no debían vivir.

― ¿Te duele?

― No tanto como se pueda creer. ― levantó su brazo y lo apretó en un intento desafortunado de mostrar musculatura. ― Soy muy fuerte, además no puedo quejarme. Al menos yo tengo todas mis extremidades y ojitos que ven.

Neji fue tocado por esa simple declaración. A pesar del dolor, de todo lo que pudiesen vivir, ellos miraban la vida de una forma tan simple y llena de optimismo. En sus rostros no había maldad, ni rencor por los que les pasaba, no quería pensar que fuese resignación, sino que aceptación de su realidad y grandes luchadores.

― Es mejor que te vayas. ― le dijo Tomoya, tomando a su amiga del brazo. ― Si te pillan acá, nos retarán a nosotros.

― ¿Por qué? No están haciendo alguna maldad ni yo tampoco. ― aseguró, acercándose a él, pero el cuerpo de Tomoya por instinto se movió hacia atrás y se posicionó para defenderse. ― Tranquilo, no te lastimaré. ― Neji le mostró sus palmas abiertas. ― Yo no te haré daño.

― ¿Qué sabes tú de eso? Eres un hombre con dinero y poder. No te acerques a nosotros.

― ¡Tomoya! ― Todos se voltearon a mirar a Yusei. ― No seas soez. Takumi era fans de él y eso lo vuelve nuestro amigo.

― Lo que digas, Yusei. ― Tomoya volvió a su cama y se metió en ella, dando la espalda a todos los presentes.

Naoko con un gesto le pidió disculpas a Neji, acercándose a Yusei para darle agua.

― ¿No los cuidan? ― les preguntó, al ver la tarea que cumplía Naoko por su amigo.

― Las enfermeras pasan solo a darnos nuestras comidas. ― comenzó a decir Hatsume, llamándolo con un gesto. Neji se acercó a él y se sentó sobre su cama. Hatsume sonrió encantado, posicionándose a su lado. ― Tienes un rico olor.

―Hatsume evalúa a la gente por sus aromas. ― Neji miró a Yusei, que sonreía al igual que su amigo, a un lado de Naoko. ― Y si dice que es rico, es que le agradas.

― Yo también puedo hablar, Yusei. ― Le reclamó el pequeño, palpando un brazo de Neji. ― Eres fuerte.

― Toco la guitarra. ― le dijo por toda respuesta. ― ¿Por qué están solos?

― Somos parias. Así nos llaman las enfermeras y doctores. ― Neji asintió con una amarga sensación en su garganta. ― Una vez, una de ellos dijo que le dábamos asco.

― ¿De verdad? ― todos asintieron, incluso Tomoya que seguía acostado sin mirarlos. ― Por eso los tienen tan alejados del resto del hospital.

―Sí y somos el área que quedó más devastada luego del terremoto. ― Yusei dio un respingo al oír las palabras de Naoko. ― Tranquilo, sabes que te cuidaremos.

― Yusei llegó después del terremoto, porque ahí fue cuando perdió sus brazos al quedar bajo los escombros.

― Mis padres murieron. ― dijo el niño, aportando a la información dada por Hatsume. Sus ojitos se apenaron, pero Neji sabía que esos niños se levantarían sin importa cual fuese la situación que se les presentara. ― Pero soy igual de fuerte que Naoko.

― Aunque nadie es más fuerte que Tomoya. ― aseguró Hatsume. ― Él espanta los fantasmas malos.

― Pero si los fantasmas no existen, Hatsume. ― Neji rió con el tono tan evidente que usaba Yusei. ― Ojala tuviésemos camas más cómodas. Estás huelen mal y me duelen las caderas.

― Ahora están haciendo un evento de beneficencia. Les llegarán nuevos insumos.

― Esas cosas no llegan acá. ― Lo interrumpió Tomoya. ― Como escuchaste, nosotros somos las parias. El dinero solo embellece la fachada, porque nosotros seguimos en la misma miseria.

― ¿Y sus padres? ― preguntó Neji, aprovechando la sinceridad del pequeño. ― ¿Dónde están?

― Todos los adultos quieren niños bonitos y nosotros no lo somos. ― Naoko entrelazaba sus manos en signo de nerviosismo. ― El único que tuvo padres fue Yusei, pero los perdió por culpa del terremoto.

― Yo… yo podría visitarlos. ― comenzó a decir Neji. ― Y puedo traerles camas cómodas.

― Hasta que no las vea, no te creeré. ― Tomoya se puso frente a Naoko y Yusei. ― No queremos afecto, porque entre nosotros ya somos una familia.

― Solo quiero que sean mis amigos. ― les informó Neji, intentando acercarse a Tomoya, pero el volvió a echarse hacia atrás. ― Tomoya, te traeré ayuda.

― No creeré hasta que la vea. ― Neji asintió.

― Entonces nos volveremos a ver y traeré amigos.

― ¿Shikamaru? ― preguntó Yusei. ― Si tuviese brazos, sería baterista como él.

― A mí me gusta Kiba. ― secundo Hatsume. ― Nadie mezcla como él.

― Pero el más guapo es Naruto. ― Naoko se sonrojó risueña. ― Su pelo debe ser suave y oler rico.

― La verdad es que nunca se baña. ― bromeó el pelinegro, haciéndolos reír. ― ¿Y a ti Tomoya? ¿Te gusta alguno de la banda?

― Sí. ― guardó silencio, mirando el suelo. ― Tú.

Neji supo de inmediato, que debía comenzar a luchar en la vida, tanto como esos pequeños, para que Tomoya tuviese de ídolo a alguien de bien. Con renovado optimismo, el pelinegro se acercó donde él y lo abrazó.

― Entonces me sacrificaré para ser mejor.

El silencio repercutió en la sala y las lagrimas sordas de la chica que por segunda vez, oía a escondida una conversación de Neji, fueron acompañadas por una sonrisa de felicidad; sabía que ese era el remezón para que Neji dejase de ser un completo imbécil y se convirtiera en persona. Un gran persona.

9.

― Mamá me irá a buscar mañana a la escuela, así que no debes preocuparte por eso. ― Sakura se dejó caer a un lado de Ino, mientras ésta asentía, haciéndole un hueco sobre la gran cama. ― Estoy agotada.

― Cualquiera lo estaría luego de pasar tanto tiempo con Sasuke. ― la mirada picarona que le regaló, hizo sonrojar a la pelirosa. ― Dime la verdad ¿Solo han sido besos?

― Sabes que no. ― Ino desencajó la quijada sorprendida. ― Tampoco hemos acabado… al menos no del todo.

― Clarifica, mujer. Llevo días queriendo saber que sucede y tú te vas solo en evasivas. ― Sakura se tapó la cara con el cojín de su cama. ― ¡Sakura!

― Bueno, pero dime que no gritarás. ― Ino levantó su palma, en claro gesto de aceptar. ― Ayer en su casa, dimos un paso más allá.

― ¿Sexo oral? ― Sakura se sonrojó aun más fuerte. ― Habla.

― No tanto. Nos tocamos más allá. ― Ino entrecerró los ojos.

― ¿Te metió los dedos? ― La rubia movió los dedos frente a su rostro, haciendo explotar a la pobre pelirosa. ― Que maravilla. ¿Disfrutaste?

― Eres una cerda. ― Ino solo se alzó de hombros sin ofenderse. ― Y obvio que disfruté. Sasuke hace las cosas bien.

― Sí, eso es verdad. Tiene una facha de tener claro dónde y cómo tocar. ― Sakura sabía que era así. ― ¿Y cómo han sido los orgasmos? ¿Te gustan?

― Gustar es un eufemismo tomando en cuenta todo lo que me causan. ― Ino esperó a que continuara. ― Es como que millones de cosas me reventaran. Explosiones en mi piel… y cuando me besa, quedo lela. ― la rubia frunció el ceño; ella nunca se había sentido así.

― ¿Cuándo te besa la boca? ― Sakura asintió a medias. ― Cuando te bese otra cosa, ahí notarás la diferencia.

― ¿De verdad? ¿Tan bien se siente?

― Imagínate que llevas días sin comer, pero llegas a tu casa y te espera un banquete de la mejor comida del universo. Eso, multiplícalo por 10 y sabrás que se siente. ― No quería comer ansías, pero ya lo hacía. De imaginarse con Sasuke mirándola desde la parte más sensible de su cuerpo, se excitaba. ― Ah, y si le agregamos que el tipo es un Dios griego, creo que quedarás enferma de loca. Rebosante de placer. Necesito que me cuentes cuando algo así suceda.

― Eso es morbosidad. ― le reclamó la pelirosa. ― Yo ni siquiera he querido preguntarte porque llegaste mal el otro día. ― Ino dejó de sonreír y ensombreció su rictus. ― Cariño, no te pongas así. No te obligaré a hablarme, pero quiero que sepas que sí sé que me estás evitando.

― No se trata de eso, Sakura… ― aseguró con tristeza. ― Es algo que no sale de mí. Tengo una tranca con el tema y me provoca dolor recordarlo.

― ¿Te lastimaron? ¿Abusaron? ― carraspeó, temerosa de hacer la siguiente pregunta. ― ¿Te violaron?

― No, violar no, pero si me usaron y eso es algo que no se me olvida. ― Ino se acarició la frente con nerviosismo. ― Todo lo hice con consentimiento, pero fue basado en una grosera mentira.

― ¿Tienes odio?

― No creo que odio, pero si me dejó una marca a fuego para toda la vida. Sé que me costará un montón volver a confiar en un hombre.

― Pero no es necesario que sea una relación de pareja. Puede ser un amigo, un compañero.

― Los hombres no esperan amistad, Sakura. Deberías saberlo. ― La pelirosa siguió estoica. ― Puede que algunas si crezcan en el tiempo, pero generalmente los hombres y las mujeres no son amigos. Es algo de naturaleza.

― Pero es posible.

― Con mucho trabajo y metiéndote en la cabeza que no te puedes enamorar de él o de ella. ― Sakura hizo una mueca. ― ¿Serías amiga de Sasuke?

― A esta altura, creo que es imposible.

― Exacto y en otro momento también lo hubiese sido, porque a ti te gusta de una forma distinta y tú a él también.

― Ino, volviste a embolinarme la perdiz. ― reclamó Sakura, mirándola de reojo. ― Necesito respuestas y aunque muero por presionarte, sabes que no lo haré.

― Gracias por respetar mi silencio. ― La rubia se miró las manos, acercando su cuerpo al de la pelirosa. Sakura sintió el peso de la cabeza de Ino en su pecho y por inercia la envolvió. ― Eres una gran chica. Llegarás lejísimo.

― Y espero que tú estés a mi lado. ― susurró. ― Quizás no llevamos tanto tiempo siendo amigas, pero confiaría mi vida en ti.

― Intentaré estar a la altura de las expectativas para no fallarte, compañera de vida. ― Sakura sonrió y le besó la cabeza con afecto. Poco a poco, Ino mostraría su corazón sin vendas y ella sería su apoyo sin importar qué. ― Deberíamos comer algo.

― ¿Quieres alguna cosa en especifico? Yo mañana tengo escuela, así que tiene que ser algo liviano para no enfermarme. Tsunade está pendiente de mí.

― ¿Qué hiciste ahora? ― preguntó la rubia en tono cansino

― Me ofende que pienses que hice algo. ― Ino levantó la cabeza, alzando ambas cejas. ― Ok, si hice algo: me escapé.

― Pero Sakura… ― le reprochó, sobándose la frente. ― No puedes hacer eso.

― Tú también lo hacías. ― le recordó e Ino hizo una mueca. Las razones por las cuales se escapaban no eran para enorgullecerse. ― Bueno, la cosa es que se dio cuenta de mi falta y tuvimos un encontrón al otro día. Me reiteró que yo estaba ahí solo porque la productora tenía influencias dentro y que si por ella fuera, hace mucho tiempo me hubiese sacado. Yo le dije que ella bebía en los recesos y eso no era un buen ejemplo. ― Ino abrió la boca atónita. ― Y quedó con tu mismo rostro, así que se volteó y dándome con el pelo en la cara, caminó de vuelta a su oficina refunfuñando que yo era hija del demonio.

― Creo que no es la primera persona que te lo dice.

― Los gajes de ser sincera. ― asumió con picardía. ― ¿Cómo sigues con el tema "Itachi"? ¿Todavía lo llamas?

― No, me cansé. ― reconoció, con tristeza. ― A todo esto, muchas gracias por robarle el número a Sasuke.

― No fue necesario. Le dije para qué lo quería y me lo dio de inmediato. ― La rubia le picoteó las costillas. ― ¿Qué te sucede?

― Ese hombre está loco por ti. Le mueves las pestañas y hace lo que quieres. ― Sakura no tuvo argumentos para rebatirle. ― Tampoco te aproveches de eso.

― No, no me aprovecho de él. ― afirmó con premura. ― No niego que se porta excelente conmigo y que me da en el gusto, pero no estoy dispuesta a lastimarlo.

― Estás enamorada. ― La pelirosa no quiso responder, porque la verdad es que no lo sabía. ― O vas derechito a eso.

― Recuerda que era mi sueño cuando era pequeña.

― Todavía eres una nena. ― le recordó Ino con dulzura. ― No permitas que eso se pierda con tanta facilidad.

― No dejaré de ser una niña por estar con él. Ni siquiera estamos juntos, es algo como superfluo.

― No podrías ni siquiera deletrear esa palabra. ― Fue el turno de la pelirosa para picarle las costillas. ― Dudo que sea tan ligero como tú dices, pero si eso quieres creer… Tu celular lleva vibrando 5 minutos y supongo que debe ser ese papucho que tienes el placer de comerte.

― ¡Ino! ― chilló azorada, para luego tomar su celular recién estrenado, regalo del pelinegro. ― Me está mandando whatsapp.

― ¿Y qué dicen? ― Sakura se los mostró y tapó su rostro. ― ¿Por qué no le dices que venga y de pasada que nos compre chucherías? No tengo ánimos de bajar al supermercado.

― Es que si le digo que venga, sé que me quedaré pegada con él y no quiero dejarte sola sintiéndote incomoda. ― Ino chasqueó la lengua.

― Sasuke no me molesta. Ha demostrado ser buen tipo, además de que nos hace ahorrar dinero: siempre está comprando cosas. ¿No será derrochador?

― Creo que Sasuke tiene el suficiente dinero para derrochar en las siguientes 5 vidas. ― afirmó risueña la guapa pelirosa. ― ¿De verdad no te molesta que venga? Mañana viaja de vuelta a Estados Unidos junto a toda la banda y no lo veré en varios días.

― Si que te has puesto lela por él. Tendremos varios días para nosotras solas. ― bromeó la rubia riendo. ― ¡Llámalo, mujer! ― le gritó cuando siguió viendo la indecisión para actuar. Sakura de un respingo marcó los números que ya se sabía de memoria y esperó el contacto. Al tercer timbrazo, el moreno contestó.

― Sakura. ― La pelirosa suspiró como idiota: se oía tan bien su nombre en los labios de Sasuke. ― ¿Sakura? ― volvió a repetir cuando no oyó contestación.

― ¡Sí! ― chilló de forma apresurada. Sasuke desde el otro lado, alejó su celular. ― Perdón, me asustaste. No pensé que fueses a contestar de inmediato.

― Si quieres te corto y te hago esperar. ― le dijo molestándola. Sakura soltó una risa abochornada. ― ¿Cómo estás?

― Bien, con frío y hambre. ― rezongó como niña pequeña. ― ¿A qué hora viajas mañana?

― Durante el día. Llegaremos en la tarde del jueves a Estados Unidos. ― Sakura asintió. ― Podríamos vernos antes de que te vayas a la escuela. Puedo ir a dejarte.

La pelirosa sonrió como estúpida, cayendo a un lado de Ino. Le encantaba pensar en Sasuke llevándola la escuela, porque siempre que lo hacía, terminaban unas cuadras antes besándose como desaforados y sintiéndose como solo ellos podían hacerlo. También las conversaciones estúpidas que tenían o cuando cantaban a tono las canciones que daba la radio. Sakura adoraba esos momentos tan cotidianos y lindos junto al pelinegro.

― No, andarás muy apresurado. ― Le dijo, liberándolo, pero Sasuke no quería liberarse, así que chasqueando la lengua, continuó:

― Me da lo mismo. Estaré ahí por la mañana. Te llevo un rico desayuno. ― Sakura se puso boca abajo y pataleó como adolescente llena de hormonas. Ino a su lado seguía haciendo zapping mientras reía.

― Pero tienes que venir solo en bóxer o si no, no lo recibo. ― le coqueteó descaradamente, ganándose una mirada estupefacta de su amiga rubia.

― Me recibirías cualquier cosa, Sa – Ku – Ra. No importa como vaya vestido. ― La pelirosa no pudo negarlo, así que guardó silencio. ― ¿Qué harás hoy?

― La verdad es que quería pedirte que vinieras. Con Ino tenemos hambre y tú siempre traes cosas ricas. ― Sasuke entrecerró los ojos.

― ¿Me estás usando como refrigerador con pies? ― Tanto Ino como Sakura rieron al oírlo. ― No es divertido.

― Como te voy a usar para eso. ― tapó el auricular y su boca, intentando tener privacidad. ― Me gusta usarte para otras cosas más… satisfactorias. ― Sasuke soltó una risa ronca y se apegó al celular, como si fuese la piel de Sakura.

― ¿Quieres que vaya?

― Sí. ― hizo un puchero. ― Te extrañaré tanto que necesito abrazarte hoy para que la espera no sea tan triste. ― Sasuke buscó con la vista su chaqueta y tomando las llaves de su carro, fue en busca de lo solicitado. ― ¿Estás ahí?

― Voy bajando por el ascensor. ― aseguró, apretando el botón del subterráneo. ― Iré en camioneta porque quiero que salgamos.

― ¿Dónde? ― Sasuke no respondió, acrecentando la ansiedad de Sakura. ― Dime. ― le pidió.

― Sorpresa. ― susurró. ― Me estoy subiendo al carro. Nos vemos en un rato.

― Ok. Tráeme comida, por favor. ― Sasuke rió bajito y le cortó. ― ¡Ino, ya hice el pedido! ― gritó riendo la pelirosa.

Por su parte Sasuke estaba enfocado en algo: Quería salir con Sakura, pero no podía dejar a la rubia sola, así que se le ocurrió la genial idea de llevar al tipo que podría mantener a Ino en casa sin aburrirse y de paso, así conversaban para solucionar el problema que traían a cuestas.

Llegó donde Itachi silbando como niño bueno y entró a su departamento como si fuese suyo. El pelilargo estaba sentado, mirando su tablet y con el celular pegado a su oído. En cuanto vio a Sasuke frunció el ceño y con un gesto le preguntó qué hacía ahí. Sasuke esperó a que terminara de hablar y le contestó:

― Tengo cosas que hacer.

― Te recuerdo que mañana viajamos a primera hora. Deberías estar descansando. ― Sasuke, fiel a su espíritu Uchiha, se metió la sugerencia donde menos le importaba e Itachi lo notó. ― ¿Qué haces acá?

― Ya te dije, tengo cosas que hacer y necesito que acompañes. ― El pelilargo frunció aun más el entrecejo sospechosamente.

― ¿Qué te traes? ―le preguntó escéptico ― Que conste que sé sobre estos días llenos de amor que llevas con Sakura. A Naruto se le escapó que te había visto con ella cuando nos juntamos con toda la banda y TÚ no viniste.

― No son días de amor. ― aseguró no muy convencido. ― Me sorprende que no hayas corrido con el chisme.

― Aprendí la lección y la hermandad pesará más esta vez. ― Sasuke lo aceptó. ― ¿Dónde quieres que te acompañe?

― Solo sígueme. ― El Uchiha menor se levantó del sofá, siendo seguido por su hermano y ambos salieron en silencio del departamento.

Itachi lo interrumpió con un reproche.

― Quiero las llaves de mi departamento en éste instante. No me interesa que me pilles es cosas personales. ― Sasuke prorrumpió en risotadas. ― Te estoy hablando en serio, idiota.

― Itachi, te pillé con una prostituta y con varias chicas. Creo que conozco hasta tu técnica a la hora de meterte con alguna mujer. ― El pelilargo le dio un golpe en la cabeza, que Sasuke respondió jalándolo por el cuello.

Llegaron a la salida del lugar entrelazados entre sus brazos, peleando amigablemente como hermanos. Los paparazis que estaban parapetados a su alrededor, lanzaron los flashes en cuanto los vieron, separándolos de inmediato para comportarte como adultos normales e inaccesibles, o al menos esa faceta daba Sasuke.

― Esto no queda así y quiero las llaves. ― volvió a reclamar el pelilargo, sentándose a un lado de su hermano dentro de la camioneta. ― ¿Por qué no andas en tu precioso convertible?

― Ya te dije, tengo cosas que hacer y tú me ayudarás. ― Itachi bufó resignado. ― ¿Con quién hablabas cuando llegué?

― Asuntos personales, empleado. ― Sasuke le dio un puñetazo en el brazo, que Itachi devolvió de inmediato. En el cuarto semáforo en rojo que se pillaron, pararon los golpes y se bajaron a comprar comida. ― ¿Alimentarás a toda una generación? Compras demasiadas cosas.

― Cállate. ― profirió, dirigiéndose a la caja.

Nuevamente las cosas se paralizaron en torno a él y todos los compradores se acercaron a sacarse fotos a su lado y pedirle autógrafos. Una compra que normalmente se demoraba 15 minutos, la hicieron en 45 y con retrasos, porque todavía no llegaban al carro.

Unas últimas fotos con unas guapas chicas y se subieron intentando escapar.

― ¿Tendrás problemas? ― Sasuke no quiso pensar en eso. Ya vería en caso de que tuviera problemas, aunque sería fuera de lugar que algo así molestara a Sakura: Eran famosos, por ende, se debían a su público y si entre los fans habían mujeres tan guapas, no se podía hacer mucho. ― Si quieres hablo con ella antes de…

―No necesito intérprete y no tengo una relación como dar explicaciones; ya te lo he dicho muchas veces. ― Itachi se alzó de hombros y aceptó. Tampoco le rogaría. ― Vamos donde Sakura.

― Lo suponía, pero la pregunta es: ¿Qué mierda haré…? ― guardó silencio al comprender. ― No quiero hablar con Ino, Sasuke.

― Me importa una mierda. Necesito que alguien se quede con ella y ustedes tienen algún tema sin solucionar. Sakura me pidió tu número para dárselo a ella y por lo que tengo entendido, no has sido capaz de contestar.

― No le contesto a números desconocidos. ― Una excusa bien barata. ― No quiero hablar con ella y volver a quedar como un estúpido. Disculpas de ese tipo no me interesan.

― ¿Sabes el trasfondo? Deberías darle una oportunidad para explicarse, ¿no crees? Eres el justiciero de todos, pero no aplicas los mismos parámetros para tu vida.

― No eres quien para darme consejos. ― reclamó molesto. ― Tengo el mismo derecho que tú a no querer hacer ciertas cosas y que me lleves allá de forma tan arbitraria me parece majadero. ― Sasuke hizo como que no lo oía. ― Ella decidió ese día y prefirió al tipejo que la golpea antes que al estúpido que la defendió.

― ¿Esto es por orgullo herido? ― Itachi masculló improperios. ― Yo solo te estoy pidiendo un favor. Tú ves si tomas esto para solucionar las cosas o no.

― Te estoy dando mi respuesta anticipada: No hay nada que solucionar. ― moduló tan correctamente como si fuese un niño pequeño, cosa que impresionó al menor de los Uchiha. ― Me bajaré en el próximo semáforo y…

― ¡Basta! ― le gritó Sasuke. ― Necesito que por una puta vez dejes de mandar y me ayudes. Quiero salir un momento con Sakura e Ino no se puede quedar sola. La golpearon al punto de hacerla desmayarse y no pienso hacer pasar nuevamente a la pequeña por algo así, donde esté asustada y odiando a un imbécil sin rostro. Fue tremendo y creo que es muy probable que Ino tenga algún trauma con eso, por lo tanto no puede quedarse sola por las noches.

El silencio procedió luego del exabrupto. Ninguno quiso hablar y tampoco había mucho que decir, o al menos eso pensaba Sasuke, pero a Itachi no le había pasado desapercibido el detalle y carraspeando, lo hizo ver.

― ¿Pequeña? ― susurró. Sasuke lo miró de refilón y no respondió. ― Te tienen agarrado de las pelotas. Yo que tú, comienzo a asumirlo desde ahora.

― Ignoraré tus comentarios.

Pasando por la barrera levantaba que hacía de entrada a los estacionamientos del edificio, Sasuke se sintió en casa, mientras a Itachi los nervios se lo comían.

― Vamos a ver a tu "pequeña" ― le dijo burlón. ― No vaya a ser que el lobo feroz se la coma, aunque creo que si se la está comiendo.

― Juro que si sigues hablando te callaré de un puñetazo que te volará todos los dientes y te obligaré a ir donde Ino, que sí te tiene agarrado de las pelotas, a pedirle disculpas.

― Yo no le tengo un mote cariñoso.

― Yo no golpeo a sus parejas. ― contestó, creyéndose ganador, pero el rostro de Itachi compungido, que pudo ver a través del espejo que cubría el ascensor, le dio a entender que no.

― Es diferente. Sakura no debe tener ni una experiencia y si así fuera, dime qué harías tú ¿dejarías que un tipejo la humille? ― Sasuke lo pensó solo dos segundos y supo la respuesta.

― Lo mato. ― así de simple, así de claro. Itachi sabía que no era un eufemismo; Sasuke no pensaba con claridad cuando la ira se adentraba en su sistema y matar podría ser una acción que llevaría a cabo en caso de verse sobrepasado.

― Si que eres un cliché andante. ― Llegando al piso, con las manos llenas de bolsas y el celular de Sasuke sonando hace mucho, bajaron para tocar la puerta.

Sakura le abrió corriendo y se iba a lanzar sobre él para besarlo, pero miró a su lado y se encontró con el serio Itachi, aunque sus ojos denotaban esa característica calidez haciéndolo más ameno.

Por inercia se alejó y haciendo una estúpida reverencia los saludó.

― Itachi, Sasuke. ― Los hermanos se miraron con intriga y luego sonrientes. Ese movimiento tan poco esperado por parte de Sakura había alivianado el ambiente. ― Pasen.

― No seas tonta. ― le dijo Sasuke, entrando al departamento y agachándose a su altura para darle esos 3 besos cortos que siempre le daba al encontrarse e irse. Sakura no alcanzó ni a contestarle, cuando los tuvo a ambos dentro. ― Les traje comida.

― ¿Qué cosa? ― preguntó ella, corriendo a revisar las bolsas cuando las tuvo sobre la mesa improvisada del lugar. ― Pero tendré que cocinar.

― Acá tengo la comida preparada, peleadora. ― Sakura hizo un mohín y le tomó la bolsa sonriendo. Itachi a su lado miraba a los alrededores, recordando con nostalgia cuando ese departamento era usado por Sasuke en sus primeros años y también buscando la cabellera rubia que tantos dolores de cabeza le había traído.

― Ino se está bañando, Itachi. ― el pelilargo miró a la que era su, probablemente, próxima cuñada y asintió.

Sakura se sonrojó y agachó la cabeza, cosa que no le gustó a Sasuke. Él solamente podía sonrojarla.

― Hola, Sasuke… ― la rubia quedó varada en el centro del lugar al ver a Itachi tan alto y tan guapo, pensó la rubia. Exudaba ese típico olor varonil y la pose tan despreocupada lo volvía más comestible. Quiso chillar como colegiala, pero se contuvo. ― Hola, Itachi.

― Ino. ― dijeron ambos, mostrando su educación.

Itachi metió sus manos en los bolsillos del pantalón y apretó los puños. El rostro de la rubia tenía claros indicios de haber sido golpeado. Todavía prevalecía un morado azulado en su pómulo derecho y la fisura de su labio se notaba profunda. Algo dentro y llameante ardió dentro de él, evocando el rostro del imbécil y rogando por tener nuevamente la oportunidad de encontrárselo para matarlo. No podía dejar a nadie así, no podía golpear a una mujer de esa forma; era para perder el control.

― Ino, Sasuke trajo pollo asado y papas fritas. ― dijo la pelirosa, casi brincando. ― Apúrate, que me comeré todo.

― Dijiste que no comerías cosas pesadas porque mañana tienes escuela. ― Sakura hizo un tierno puchero y asintió. ― No pongas esa cara. Tampoco es tan tarde como para que te caiga mal al estómago. ― dijo, dándole una leve venia para hacer lo que quería.

― Ok. ― metiéndose varias papas a la boca, caminó de vuelta a su habitación en busca de una chaqueta gruesa y botas. Había llovido toda la semana y el frío era calador de huesos. ― Ino, saldré un momento. ― comenzó a decirle, mientras se arreglaba la ropa.

Sasuke la miró con detención y algo de ternura, cosa que no pasó desapercibida para su hermano. Lentamente se acercó a ella, le acomodó la bufanda y le bajó el gorro, casi tapándole los ojos.

― Hace frío. ― susurró y como siempre, la embriagó con ese aliento mentolado.

― Lo que digas. ― murmuró, muriendo por abrazarlo fuertemente y no separarse en horas, pero fue pensante y recordó que detrás de ellos estaba su amiga y el hermano de Sasuke, haciendo incomodo el momento. ― ¿Dónde iremos?

― Solo vamos. ― le dio un beso delicado en su frente y volteó donde su hermano. ― Nosotros volvemos en un rato. ¿Te molesta quedarte con Itachi, Ino? ― la rubia dio un respingo y negó fervientemente. El Uchiha mayor se encontró tentado a replicar, pero la contestación tan infantil de la rubia lo conmovió. ― Ok. Cuídense.

Ino se acercó al oído de Sakura y le habló bajito.

― Dile que se lo agradezco enormemente. ― Sakura asintió imperceptiblemente. ― Y nosotras dos iremos al ginecólogo, porque dudo que te estés cuidando.

―!Ino! ― chilló, mirándola. La rubia alzó una ceja y volvió a hablarle al oído.

―Sé que no has llegado a culminar, pero debemos comenzar a prevenir. Te aseguro que Sasuke me lo agradecerá.

― Haré como que no te oigo. ― le dijo por toda respuesta, causándole gracia. ― Nos vemos.

Le dio un beso rápido en la mejilla y partió detrás de Sasuke, que golpeaba el hombro de su hermano.

El sonido seco de la puerta cerrándose fue el indicio de que ellos debían comenzar a hablar.

―Ino.

― Itachi. ― dijeron al mismo tiempo.

Se miraron dos segundos y se sonrieron como idiotas.

― Eres un tonto. ― le reclamó la rubia, sintiendo sus ojos escocer.

Le daba pena pensar en todo lo que había pasado, pero más dolor le causaba saber que él no quería saber de ella.

― En muchos sentidos lo soy, pero creo que en éste minuto soy yo el que se encuentra más alejado de ese término. ― La rubia se acercó a él a paso cauteloso e hizo algo que Itachi nunca esperó.

Los brazos delgados, acompañados de ese cuerpo con olor a flores frescas, lo envolvieron en un abrazo y apegando su rubia cabeza a su pecho, suspiró hondamente.

― Darte las gracias sería inocuo tomando en cuenta lo que hiciste por mí. ― comenzó a decir, aceptando con la reticencia que le devolvía el cuerpo del pelilargo. ― Si no hubieses llegado, él todavía me tendrían bajo su merced, temiéndole y siendo amenazada constantemente, pero la pelea trajo consigo una verdad que carcomía y todo salió afuera. Me siento liberada.

― Pero te golpearon. ― susurró él, alejándose para tomarle la cara entre sus manos y mirar de cerca esas heridas y moretones. ― ¿Fue él?

― No. El cobarde escapó luego de decir una sarta de mentiras más. ― contestó, perdiéndose en esos ojos azabaches. Itachi por su parte descubrió que el azul cielo era su color favorito desde ese instante. ― Fue mi padre.

― ¿Tu padre? ― preguntó horrorizado ¿qué padre era capaz de infligir ese dolor a su hija? ― ¿Él te dejó así?

― Sí, porque Daiki dijo una verdad a medias que terminó por destrozar mi reputación y mi padre no fue capaz de escucharme.

― Ino, sé que no nos conocemos tanto, pero necesito la verdad. ― le rogó con ojos suplicantes. ― Dime que sucede y te podré ayudar.

― Itachi, no puedo. ― Sus ojos se llenaron de lágrimas y cayeron por sus mejillas. ― Es humillante y doloroso.

― Te juro no espantarme y no prejuzgar, pero necesito que me expliques que sucede, porque te juro que estoy a un paso de correr al tu hogar y matar a tu padre. ― la rubia negó, llorando fuertemente. ― Por favor, no llores.

― Itachi, solo te pediré una cosa: ― el pelilargo asintió, expectante mientras le limpiaba las mejillas con sus pulgares procurando ser delicado con sus heridas. ― Prométeme que nunca me harás daño, que si yo te doy cabida en mi vida, tú no me traicionarás y siempre serás sincero, aunque duela.

― ¿Por qué me pides eso? ― Ino lo miró largamente y sollozó de forma profunda, asustando al pelilargo. ― Ino. ― llamó.

― Ven, sentémonos. ― Le dijo, dirigiéndose al sofá.

Itachi se posó frente a ella e Ino le tomó una mano.

― Quiero que seamos amigos. ― El pelilargo aceptó, intentando no tomarse aquello como la temida friendzone. Aunque él no la quería de una forma romántica, era igualmente incomodo verse en esa situación. ― Sin falsedades y sin golpes a mis parientes.

― No me pidas imposibles. ― Le dijo, frunciendo el ceño. ― Puedo ser tu amigo y aceptar muchas cosas, pero no pienso tolerar que te maltraten. Tu padre tiene que entender que ésta no es la forma de tratar a su propia hija.

― Itachi, son cosas que no te competen a ti. ― comenzó a decir. ― Por favor, escúchame. ― le pidió cuando vio que quería replicar. ― Hay muchos secretos dentro de mí y dolor que no debería llevar, pero lamentablemente lo llevo. No me pidas que pase de 20 a 120 en dos minutos. No me exijas cosas que ni siquiera a mí misma me puedo dar. Es una tranca, es algo que va más allá de una necedad. No me sale.

― Solo me intrigas más, pero no te exigiré respuestas. ― aseguró tranquilo. ― Venga, sécate esas lágrimas y come lo que queda.

― ¿Comerás conmigo o te irás? ― El pelilargo le regaló una sonrisa, de esas que hacen temblar las rodillas e Ino no fue inmune a eso.

― No te dejaré sola. ― le revolvió el cabello y pasó por su lado en busca de la comida. ― ¿Vemos algo en televisión?

― Hoy empieza la nueva temporada de Bones.

― ¿Quieres verla? ― le preguntó, dejándose caer en el sofá y pasándole el plato de comida. ― Nunca la he visto.

― Itachi. ― llamó la rubia, retorciendo sus manos. ― ¿Ya no estás enojado conmigo?

― Por supuesto que no, pero para la próxima, al menos intenta guiñarme un ojo para poder entender de qué va todo y que las cosas no acaben de esta manera. ¿Entendido? ― Ino asintió.

― Te aseguro que seremos grandes amigos. ― susurró mirándolo fijamente.

El pelilargo sonrió falsamente, porque por primera vez la palabra "amigos" se le hacía parecida al sonido de uñas arrastrándose por una pizarra. No obstante, peor era nada, así que aceptó esa pequeña concesión que como consecuencia le traería más cercanía con la rubia y le daría la chance de poder encamarse en algún momento con ella.

Pensando de ese modo sonrió. A lo mejor ser amigos no era tan mala idea, pensó. Quizás así la conociese mejor y sus ganas por ella se sostuvieran en el ámbito físico, porque si el emocional se inmiscuía, no podría vivir de forma tan simple.

A la mierda, dejaba todo en manos del destino y ahora solo se dejaría llevar.

Con premura llegó a su lado junto a la comida y vasos de bebida. Ino embetunó sus papas en kétchup e Itachi lo hizo en mostaza… hasta para eso eran diferentes.

No pensar, no pensar… se repitió como mantra y al parecer se lo creyó, porque en cosa de una hora, ambos estaban entretenidos viendo series y disfrutando de una conversación superflua, pero agradable.

Quien te viera y quien te ve, nunca en su miserable vida hubiese pensado que pasaría una noche mirando series con una guapa mujer que le apretaba los pantalones. Aquí la lógica perdía cualquier lógica y se iba a la mierda.

Ino por su parte sonrió despacito. Darle una entrada a Itachi en su vida, probablemente si iba con segundas intenciones. Conversando con Sakura, le había dejado claro que hombres y mujeres no eran amigos, y seguía sosteniendo esa teoría, por ende, que dejara a Itachi acercarse era un intento subconsciente en busca de otra cosa. La rubia no era tonta y a pesar de su dolor interno, se daría la oportunidad y que mejor que con Itachi, alguien que técnicamente ya conocía y podía desechar con facilidad.

Sí, pensó, la estoy haciendo de lujo.

Pero como pasaba algunas veces, estaba muy errada.

10.

― Júrame, con tu mano puesta en el corazón que te portarás bien y no mirarás a ninguna chica. ― Kiba sonrió como estúpido y posó la mano sobre su pecho desnudo y todavía algo húmedo, para darle en el gusto a su novia.

― Prometo, por lo más bello del mundo que me portaré como un rey. ― Natsuki le dio un golpe en sus costillas. ― Hey, golpeadora ¿Qué te sucede?

― Lo más bello soy yo ¿verdad?

― Pero por supuesto, mi preciosa y divina novia. ― le contestó, aferrándola aun más a su cuerpo, también desnudo y sudoroso luego de esa magnífica sesión de "sexo despedida" ― No podría mirar a otra mujer sabiendo que tengo una joya esperándome en Japón.

― ¿Y si yo no estuviera saldrías con otra? ― Kiba alzó una ceja, captando al vuelo que la pregunta era capciosa y estaban en juego sus huevos si no respondía algo que Natsuki quisiera escuchar.

― No, porque andaría en tu busca para amarte. ― La pelivioleta soltó una pequeña carcajada. ― Me hieres cuando te burlas de mí. ― dramatizó como digno amigo de Naruto.

― Eres un perfecto idiota, pero mi idiota. ― susurró la guapa chica, subiéndose sobre Kiba y abrazándolo con brazos y piernas. ― Te amo tanto, así como Buzz Lightyear: "Hasta el infinito y más allá".

― Bueno, eso queda reducido en comparación a como yo lo hago. Es un amor que trasciende y traspasa la velocidad de la luz.

― Tan físico que me saliste. ― bromeó. ― Te echaré tanto, pero tanto de menos. Fueron días preciosos.

― Y pudieron serlo mucho más si dejases de trabajar en la mansión Hyuga y te vinieses a vivir conmigo. ― Natsuki enroló los ojos y bufó. ― Sí, empezaré de nuevo con el tema. De verdad quiero que vivas conmigo, que formemos algo mucho más profundo.

― Sabes que no puedo. Ellos ayudaron mucho a mi familia y me adoptaron siendo pequeña. No es un trabajo, es algo que me nace por gratitud, además me gusta estar ahí. ― contestó seriamente, sentándose sobre él. A pesar de su desnudez, Kiba no se sintió deseoso de lanzarse sobre ella; el tema que conversaba lo venía trayendo mal desde hace tiempo y necesitaba sacarse la espina.

― ¿Vivirás ahí hasta los 80 porque te sientes agradecida? ― Natsuki se alzó de hombros y pasando su pierna sobre el cuerpo de Kiba, se bajó. ― No te vayas, Natsuki. Tenemos que hablar esto.

― Lo hablamos siempre y mi respuesta seguirá siendo no. ¿Tú dejarías la banda por mí? ― El castaño asintió sin culpa.

― Si fuese un tema necesario, claro que lo haría, aunque considero que ambas son comparaciones bastante desacordes.

― No se trata de eso. ― contestó la chica, poniéndose la ropa interior. ― El señor Hyuga ha sido como un padre para mí y no quiero irme de la mansión para vivir con mi novio.

― ¿Consideras que hay poco compromiso? ― Natsuki iba a negar, pero Kiba se puso de pie tan rápido que la asustó. ― Cariño, yo en verdad no quiero buscar más.

― Tampoco te dejaré que lo hagas. ― contestó con brazos en jarra y mostrando su rostro indignado.

― No voy a eso, déjame hablar. ― Kiba se pasó la mano por el cabello y la miro con sus ojos llenos de valentía y sinceridad. ― Quiero que estemos juntos, levantarme en las mañanas y que lo primero que vea sea tu rostro con pequeñas pecas y ese pelo violeta tan precioso que tienes. Necesito respirar el mismo aire que tú respiras y abrazarte por las noches, llenándome de tu calor, tu suavidad y sobretodo de tu amor. ― se acercó a ella, mirando como los ojos gigantes de la chica, se engrandecían más con estupor, sin saber que decir. Natsuki quería llorar de emoción. ― Si con eso no te basta, prometo enamorarte todos los días para así darte una razón que te haga quedarte a mi lado.

― No necesitas… eso. ― hipó, llorando libremente. ― Yo estoy enamorada de ti desde siempre.

― Cásate conmigo. ― murmuró, poniendo una rodilla en el suelo. ― Hagamos las cosas como corresponde. Yo no quiero estar sin ti y tampoco te quiero obligar a salir de la casa en que trabajas para vivir en el pecado. ― Natsuki rió entre sus lágrimas y comenzó a mover la cabeza de forma afirmativa.

― Sí, me casaré contigo, Kiba. ― El chico se levantó para recibirla entre sus brazos y contener sus sollozos de alegría. ― Me casaré contigo, cariño.

Se besaron largamente, cayendo sobre la cama y dando rienda suelta a ese amor que los consumía. No podían vivir el uno sin el otro y a pesar de que podrían tener un millón de inconvenientes, ambos sabían que lograrían sobrellevarlo y conseguir hacer de su relación algo sin fin. El matrimonio solo sería un papel, porque el compromiso ya existía. Sin embargo, nunca estaba de más reafirmarlo y que mejor que de forma legal y ante ojos de todos.

Luego del fabuloso orgasmo, se miraron a los ojos con felicidad y amor infinito.

― Te compraré un anillo precioso.

― Quiero una boda pequeña, con mi familia, la tuya y nuestros amigos. Por favor, nada de famosos, ni modelos esqueléticas. ― le exigió.

― Claro que no, será todo privado y pronto. No quiero organizar algo para dos años más. ― Le contestó, abrazándola. ― Se oirá tan lindo escuchar tu nombre: Natsuki Inuzuka… ― ambos sonrieron como bobos.

― Les contaré a mis amigas que me pediste matrimonio desnudo. ― la chica profirió pequeñas risitas, que enamoraron aun más a Kiba. ― Será una anécdota.

― De muchas que vendrán. ― aportó. ― Te amo, cariño.

―Yo también.

Y así, cerrando sus ojos, durmieron en sincronía y aprovechando al máximo ese último día antes de que Kiba tuviese que partir a Estados Unidos.

Lo extrañaría, pero ahora tenía una razón poderosa para esperarlo: ¡Sería la señora Inuzuka!

11.

― ¿Dónde iremos habrá comida? ― Sasuke miró de refilón a la pelirosa y soltó un sonoro bufido. ― Hey, alcancé a comerme un par de papas y eso no llenó a la Sakura mala que vive en mí.

― A veces te comportas como una niña. ― le hizo ver el pelinegro, pero a diferencia de lo que esperaba, la pelirosa pareció sentirse halagada por ello.

― Pero así te gusto, ¿verdad? ― Haciéndole un aleteo de ojitos, lo miró entre esas pestañas tupidas que cubrían los jades.

Sasuke se giró levemente para darle un rápido beso y contestó:

― Lamentablemente. ― Sakura sonrió como tarada y posó su mano sobre la de Sasuke, instándolo a entrelazarle los dedos. ― Tengo que contarte algo.

― ¿Qué hiciste? ― preguntó de inmediato, soltándose de su agarre. ― Si volviste con Fuka, da por terminada ésta "relación" ― advirtió, cambiando a un semblante sombrío y expectante. ― Sasuke, dime. ― volvió a exigir, ahora con pena, sin darle espacio para hablar.

― ¿Por qué siempre crees lo peor? Sé que no tengo un buen historial, pero si volviese con Fuka, cosa que no va a suceder, te diría de inmediato, ¿no crees? ― Sakura se alzó de hombros y cruzó los brazos. Se dedicó a mirar por la ventana y comenzó a darle rienda suelta a sus pensamientos.

No era que desconfiara de Sasuke, pero las cosas estaban dadas a que dudara de él, partiendo por como comenzaron su relación, pocos días después de que el pelinegro se encontrara soltero y continuando que entre Fuka y ella, habían existido infinidad de mujeres… Ella era una chica sin experiencia, no podía pedirle más.

― Supongo… ― fue su escueta respuesta.

― Ok, te diré, pero cambia esa carita, por favor. ― Sakura no le hizo caso y continuaba aferrada a la visual que le daba la noche de Tokio. ― Tengo que ir a un desfile y ahí estará Fuka. Te aviso, porque no quiero confusiones y porque en verdad quiero hacer las cosas bien contigo.

― ¿Y cómo sería hacer las cosas bien? ― preguntó, mirándolo de reojo. Sasuke sabía que la chica estaba dando una pequeña tregua, así que la aprovecharía.

― No me interesa meter a alguien más entre nosotros. ― comenzó a decir. ― Tú me gustas y mucho, no pienso perder lo que podemos llegar a tener por algo casual y sinsentido.

― ¿Yo te gusto? ― Sasuke frunció el ceño sin comprender y se volvió hacia ella.

Los ojos de Sakura eran dos faroles que brillaban con fulgor, mostrándose alegres, completos y felices Cómo no le iba a gustar si se mostraba tan autentica, si era real y lo hacía sentir tantas cosas. Con solo mirarla era estar en paz. Maldita sea, iba directo a conocer el amor y no quería, porque perdería el control de su vida. Sin embargo no podía alejarse. Era algo más fuerte que él y su ego u orgullo. Incluso más fuerte que la mesura con la que acostumbraba a vivir.

― Sí y espero que yo también a ti. ― No quería admitirlo, pero le daba miedo la respuesta de la chica.

― Eres un tonto si no te das cuenta. ― aseguró, saltando de su asiento y sentándose en su regazo, con una pierna a cada lado de las suyas. Sasuke abrió los ojos como platos y giró con brusquedad el manubrio del auto y a duras penas logró controlarlo.

― ¡Sakura, nos podemos matar! ― La pelirosa ignoró sus retos y comenzó a besarle el cuello, el lóbulo, para llegar a su boca y dejarle pequeños besitos estilo "patitas de mariposa". Sasuke miraba sobre el hombro de la chica, intentando no chocar; era de noche, había llovido y tenía a una mujer exquisita encima de él. Eso era una prueba superior a las de la fórmula 1, estaba seguro. ― Déjame aparcar en algún lado ¿bueno?

― No. ― se negó. ― prometo no molestarte, pero déjame acá. ― se acurrucó en su cuello y con su respiración liviana dando directamente en ese sector, se calmó. ― ¿De verdad no harás nada con Fuka?

― No me gusta que dudes de mí. ― le dijo con tono cansino, aunque su lenguaje corporal se mostraba muy sereno.

Apoyó el costado de su cabeza en la de Sakura y se mantuvo pendiente del manejo. Aprovechaba los rojos para acariciarle la espalda o muslos, pero no volvió a insistirle que se bajara de encima de él.

― Ahora si que te echaré de menos. Llevamos días estando juntos. ― susurró la pelirosa. ― Siempre que comenzamos a estar bien, viene algo y nos tenemos que separar. ― refunfuñó Sakura.

― Bueno, será una nueva prueba. Tómatelo de esa forma. ― le pidió el moreno y recordó un punto que le complicaba. ― Tú también tendrás que actuar como si estuvieses en una relación. Aunque mirando todo con altura de mira, si tenemos una relación, algo diferente y extraña, pero así somos.

― Una relación que no puede salir a la luz. ― el calor de su aliento, era una caricia para su cuello. ― Si nos pillan, nos matarán.

― A mí me mataran y terminaré en la cárcel por muchos años. ― Sakura se separó para mirarlo, Sasuke tenía un ojo puesto en ella y el otro en la carretera. Ya quedaba poco para que llegaran. ― Tienes cara de sueño. ¿Prefieres volver?

― Por supuesto que no. Primero; arruinaremos el momento entre Ino e Itachi, segundo; mañana te vas y no pienso separarme ni un instante de ti y tercero; muero de curiosidad. Quiero saber donde me llevas, pero antes, ¿podemos parar y compramos chucherías?

― Yo paro y yo compro, porque si nos bajamos ambos, nos pillaran. ― Sakura asintió. ― ¿Te diste cuenta que los vidrios son tintados?

― Claro, o si no, no me sentaría sobre ti. Todavía tengo algo de criterio. ― La pelirosa le dio un beso esquimal. ― ¿Vamos a algún lugar privado?

― Vamos a un lugar que a mí me encanta. ― Sakura quería más detalles, pero Sasuke no se los dio. ― Me orillaré ahí. Hay un pequeño supermercado, ¿quieres algo en especial?

― Quiero comer helado. ― Sasuke la miró impactado. ― Sí, sé que hace frío, pero tengo ganas de helado de lúcuma.

Antes de bajarse, la pelirosa envolvió sus brazos en el cuello de Sasuke y lo besó como venía queriendo desde que se habían encontrado en su casa. El pelinegro le respondió de la misma forma apasionada y agregó esas leves caricias que la enloquecían; sus piernas, su trasero, espalda y un pecho, fueron algunos de los lugares recorridos que hizo el menor de los Uchiha. Sus lenguas danzaron unos pocos segundos más y de forma sonora se separaron para que Sasuke pudiese bajarse.

Las compras, como siempre, terminaron con Sasuke sacándose fotos con todo el personal y parte de la clientela. Algo de griterío, un poco de histeria y muchos regalos. El pelinegro aceptó las bolsas con comestibles chatarra, helado y agregando unos panes con laminas de queso para hacer de esa comida algo más "saludable". También compró leche, jugo y agua embotellada.

― Gracias, pero no me iré sin pagar. ― agregó luego de la retahíla de alabanzas que estaba recibiendo. ― Tome. ― sacando varios billetes, dio por pagada la comida y se dirigió nuevamente al su carro.

Procuró que no se viera el interior, ni a Sakura dentro de él. De una pieza quedó cuando la vio escondida bajó el panel, mirando con ojitos asustados. La ternura volvió a crecer dentro de él y no se detuvo con ello. La tomó desde bajo sus brazos, la volvió a sentar sobre su regazo y partió marcando las llantas en el asfalto.

Sakura dormitó sobre el hombro cálido de Sasuke, embriagándose de su olor y tranquilidad. El pelinegro se dio cuenta y le regaló un pequeño beso en el cabello rosa que poseía la chica que dormía ya libremente. Era tan tierna que lo hacía sucumbir y hacer gestos que en su vida habría hecho.

Subió por una cuesta y paró el carro en medio del lugar cubierto por prados verdes y variados árboles frutales.

Con suavidad, bajó el vidrio del carro y lleno sus pulmones con el aire limpio que entraba. Sakura se removió sobre su pecho y abriendo los ojos, descubrió que estaban parados. Lentamente se enderezó y miro a Sasuke, que con sus ojos cerrados, se mostraba sereno.

― Llegamos. ― susurró la chica, mirando hacia ambos lados tratando de distinguir donde estaban. ― ¿Es es Tokio?

Sasuke asintió, abriendo sus oscuros ojos y mirando la genuina emoción de Sakura.

― Estamos en una montaña algo alejada de Tokio, pero que tiene la suerte de poseer una vista espectacular.

― Me voy a bajar. ― Avisó.

Sasuke la ayudó levantándola por las caderas y cuando se vio liberada, rodeó el carro, abriendo los brazos como si estuviese haciendo un avioncito. El pelinegro la miró con cariño, disfrutando de su espectáculo. Apoyado en el carro, con manos en sus bolsillos era el epítome de la belleza masculina y Sakura lo notó cuando paró de dar vueltas.

― ¿Te gusta? ― le preguntó

― Es espectacular. Se ve Tokio, el aire es muy puro y huele a verde. ― Sasuke alzó una ceja, pensando cual era el olor a "verde", sin embargo no dijo nada, porque estaba embelesado mirando la frescura de la chica que se detenía a ratos para mirar de cerca alguna flor y volver a respirar hondo. ― ¿Cómo conociste este lugar?

― Aquí vivían mis abuelos. ― contestó, llamando la atención de la pelirosa. ― Ellos fallecieron hace algunos años y como recuerdo, me dejaron éste lugar. ― Sakura se apoyó en el auto, a un lado de él. ― Su casa quedaba un poco más allá, pero cayó luego del terremoto que hubo en 2011. He intentado repararla, pero por cosas de tiempo, no he podido hacerlo.

― ¿Está muy deteriorada?

― No es habitable. ― le dijo. ― Quiero que se mantenga la fachada y refaccionarla para poder vivir en ella.

― ¿Te quieres venir para acá? ― Sasuke asintió. ― ¿Solo?

― Eso no lo sé. ― la jaloneó de un brazo y la envolvió entre ellos. Odiaba tenerla cerca y no estar tocándola. Era como una necesidad poco manejable. ― Lo único que tengo claro, es que tendrá un estudio de grabación y una sala de videojuegos para cuando vengan los chicos.

― Eso fue un comentario muy de hombre. ― El pecho de Sasuke vibró con una leve risotada. ― ¿Y para mí que tendrás?

― Un refrigerador industrial que ocupe dos cuartos y esté rebosante de comida. ― Bromeó, ganándose un pellizco en las costillas. ― Amas comer.

― ¿Me encuentras fuera de forma? ― preguntó temerosa.

― No, tonta. ― la apretó fuertemente. ― Te podría rodear tres veces con lo delgada que estás.

― Ahora soy una flacucha. ― Sasuke bufó sonoramente, poniendo los ojos blancos.

― Eres perfecta, ¿ok? ― Sakura esbozó una sonrisa coqueta.

― Se oye muy bien eso. ― contestó, sin ningún tipo de humildad. ― ¿Qué más tendrías para mí en tu casa?

― ¿No te basta con el refrigerador? ― la pelirosa volvió a pellizcarlo. ― ¡Yaaa! ― dijo, riendo por la cara molesta y guapa que ponía la chica. ― ¿Qué te gustaría que tuviera en mi casa para ti?

― Hm… ― pensó. ― Nada, me gustaría que estuvieras tú nada más. ― confesó sin empacho. Sasuke boqueó sin saber que decir frente a esa respuesta tan liviana, pero comprometedora. Un futuro juntos se vislumbraba y le gustaba mucho la idea.

― Eso es difícil teniendo las carreras que tenemos. ― le recordó.

― Siempre se puede hacer el intento, además, tú me has demostrado ir a cualquier parte, incluso viajar desde otro continente solo para verme. ― Si el pelinegro fuese de esas personas que se sonrojaban, probablemente se hubiese puesto morado, pero simplemente frunció el ceño, dándose cuenta de todo lo que hacía por ella.

La fue a buscar a su pueblo maldito, donde estaba amenazada; se la trajo consigo junto a su familia y los protegió. La cuidaba como una gema valiosa y cuando peleaban, se sentía miserable, fuera de sí y algo descontrolado. Y no podía ignorar los recientes hechos: Fuka y Sasori… él había vuelto de Estados Unidos para conversar y arreglarse. Si Sasuke pensaba que todavía podía retractarse de todo lo que comenzaba a sentir, era el momento exacto para escapar, porque más adelante, sería incapaz de separarse de ella.

Sin embargo no quería salir de ahí. Jamás.

― Bueno, si tú no estabas la película no podía seguir grabándose. ― dijo, justificándose burdamente.

Sakura en vez de enojarse por la explicación idiota, sonrió. Ella sabía que esos eran intentos desesperados para restarle importancia a lo que sentía y hacerle creer que todavía todo era frágil.

Sí, su relación era frágil, pero no por eso se frenaba. Día a día crecía.

― Como digas. ― susurró. ― ¿Podemos ir a la casa?

― Claro. ― Un poco ido, Sasuke le indicó el camino.

Lentamente caminaron uno al lado de otro. Sakura feliz, Sasuke pensante, pero aun metido en sus cavilaciones, sintió la falta de la pelirosa y tomándole la mano, entrelazó sus dedos y la guió para que no tropezara.

― Es agradable estar acá, como que me gusta. ― comenzó a decir la chica, haciendo más soñadoras las elucubraciones de Sasuke, donde se veía junto a ella, en la cocina de la casa y cuidando… El pelinegro meneó la cabeza y erradicó cualquier pensamiento – ilusión – que pudiese tener. ― ¿Te pasa algo?

― No. ― respondió sin darle tiempo ni de terminar. ― No, Sakura. ― volvió a repetir, mucho más calmado.

― Cualquier cosa, puedes contar conmigo. ― le apretó la mano que tenían entrelazada en un gesto de confort. Mirando hacia enfrente, olvidó todo al ver la maravillosa casa, algo añosa, pero que no perdía su encanto. ― Es preciosa.

― ¿Te gusta? ― Sakura asintió vehemente. ― Hay que hacerle muchas reparaciones.

― No dejes que pierda su esencia. ― le exigió. ― Esos balcones están muy lindos. Y los arcos… ¡Es como una casa de muñecas!

― Vivirá un Ken* dentro. ― contestó de forma egocéntrica. ― Entremos, el lobby se encuentra en mejor estado.

― ¿Hay arañas? ― Sasuke afirmó con la cabeza. ― Les tengo mucho miedo. Me paralizo.

― No te voy a lanzar una araña encima, Sakura. ― dijo, tranquilizándola. ― Relájate. ― le pidió, abrazándola por los hombros.

Con cuidado abrió las dos puertas del lugar y con un gesto le indicó a Sakura que pasara. La chica lentamente lo hizo, para quedar en medio de una habitación oscura, con olor a polvo, pero que se notaba acogedora.

― Esto es muy lindo. ― susurró conmovida. Era como volver en el tiempo; pisos de mármol, dos escaleras con un balcón y dos pisos más que se alzaban sobre ellos. ― Falta una lámpara araña y queda como un salón de época antigua. ― apuntó, sonriente. ― Podríamos bailar.

― Soy un buenísimo bailarín. ― le contestó, casi retándola. Sakura se lo tomó de ese modo y estirando su mano, habló:

― ¿Me concede esta pieza humilde caballero? ― Sasuke hizo como si levantara un vestido imaginario y envolvió a la pelirosa entre sus brazos para bailar al ritmo de una canción imaginaria. ― Canta, Sasuke.

― Pero que dama más mandona. ― bromeó. ― ¿Qué quieres que te cante?

― Cualquier cosa. ― contestó, aferrada al pelinegro, haciendo de segunda piel.

Sasuke le acarició la espalda con delicadeza y saboreó ese grato momento. Con suavidad comenzó a tararear y bajándole algunos tonos la cantó:

Green Eyes
Coldplay

Honey you are a rock
upon which i stand
and i come here to talk
i hope you understand
That green eyes
yeah the spotlight, shines upon you
and how could anybody deny you
I came here with a load
and it feels so much lighter
now i met you
and honey you should know
that i could never go on without you
green eyes
Honey you are the sea
upon which i float
and i came here to talk
i think you should know
That green eyes
you're the one that i wanted to find
and anyone who tried to deny you
must be out of their mind
Because i came here with a load
and it feels so much lighter
since i met you
and honey you should know
that i could never go on without you
Green eyes
green eyes
ooh ooh ooh ooh
ooh ooh ooh
ooh ooh ooh ooh
Honey you are the rock
upon which i stand

― No sé ingles. ― dijo Sakura, haciendo un puchero. ― ¿Qué dice la letra?

― Te quedarás con la duda. ― le dijo por toda contestación el moreno, tomándola por las mejillas, acercándola a su rostro. ― Cuando me vaya, prométeme una cosa. ― Sakura movió la cabeza, esperando que prosiguiera. Sasuke rozaba su nariz contra la de ella, pasándola también por las mejillas sonrosadas y esos labios deliciosos. ― No me molesta que salgas, es más. me alegro de que lo hagas, pero me gustaría tener la tranquilidad de escucharlo de tu boca que no saldrás con Sasori. Sé que suena de posesivo y un poco carcelero, pero de verdad es algo que me molesta y mucho. No sé si podría perdonarte nuevamente que te beses con él.

― No fue un beso, apenas si lo rocé. ― Sasuke igualmente hizo una mueca. ― Reconozco que cometí un error, pero confía en mí. No saldré con Sasori ni con ningún otro ¿te parece?

― Me parece mucho. ― sin aguantarse más, la guió hasta su boca y la besó de manera lenta, pasando sus manos por el cuello y así continuar bajando.

Rozó sus pechos y los acunó dos segundos, sacándole un leve gemido a la chica, para luego seguir en su camino, acariciándole el vientre. Pasando sus manos por detrás de la espalda de Sakura, le agarró ambas nalgas, levantándola contra él, chocando de esa forma ambas pelvis, enardeciendo el deseo.

― Sasuke… ― murmuró ahogadamente la pelirosa, aferrándose al cuello del menor de los Uchiha y bebiendo de esa boca tan masculina. ― ¿Vamos… a tu… casa? ― propuso, suspirando al sentir como bajaba por su cuello, succionando esa parte de unión con el hombro. ― Dejarás una marca. ― dijo entre gemidos.

― Para que nadie se propase. ― respondió sobre su piel, soplando esa pequeña marca.

― No lo hagas. ― dijo incomoda, revolviéndose entre sus brazos. ― Las chicas fáciles andan con chupones.

― Eso es una tontería. ― refutó, pero le dio en el gusto y volvió a tomarle la boca de forma sonora. ―Vamos a casa. ― le dijo, sin caer en cuenta lo que abarcaba "casa". Cuando terminó de besarla y tomándola de la mano, la llevó de vuelta al carro.

Sakura se liberó del agarre y volvió a correr por el lugar, saltando como un conejo y sintiéndose rebosante de alegría.

― ¡Te apuesto que no me pillas! ― gritó ya alejada.

Sasuke corrió tras de ella riendo, comportándose como un niño, cosa que no vivía desde que tenía 13 años. Sakura lo hacía sentir libre y joven. Para ella no era Sasuke Uchiha, la mega estrella mundial, sino que el hombre con quien estaba.

― Si te pillo, atente a las consecuencias. ― corrieron en círculo alrededor del auto y cuando Sakura se vio pillada, abrió la puerta trasera y se dejó caer sobre el asiento.

Sasuke la siguió, metiéndose junto a ella y lanzándose sobre su cuerpo. La pelirosa reía a carcajada viva y chillaba por las cosquillas que le estaba dando el pelinegro.

De un momento a otro, el ambiente gracioso pasó y Sakura se vio presa por ese cuerpo fibroso y suave. Sasuke comenzó a recorrer los contornos de la pelirosa, volviendo a hacerla suspirar. Sus bocas se encontraron con más brusquedad y mucho más roce que antes, causando estragos. El pelinegro dio un respingo cuando la mano pequeña de Sakura se metió dentro de sus pantalones y agarró su miembro, moviéndolo de arriba abajo sin descanso. Ya se encontraba completamente excitado, palpitando entre los dedos de la chica. La pelirosa sonriente, le mordió el cuello y succionó al igual que él lo había hecho, dejando una marca indeleble. Sasuke apenas si reclamó, porque estaba perdido en ese mundo de sensaciones, con una mano sosteniendo su peso y la otra aferrada al borde del asiento, poniendo los nudillos blancos.

― ¿Te gusta? ― le preguntó Sakura, pasando su lengua por el lóbulo de Sasuke. El pelinegro contestó con un gemido. ― ¿Quieres más? ― insistió, comenzando un nuevo ritmo mucho más agresivo. Sasuke dejó caer su cabeza entre el hombro y el cuello de la chica, jadeando. Apenas si respiraba y el calor dentro del carro era asfixiante. Sakura sabiéndose la ganadora de esa contienda, no le dio tregua y lo instó a acabar, besándole el oído, su mejilla y pasando la mano libre por sobre su espalda, dándole esos cariños que a juicio de Sasuke, lo dejaban idiota. ― Acaba. ― Le susurró, haciendo los últimos embates.

Sasuke se movió contra la mano de Sakura y con un ronco gemido, se dejó ir. La chica lo oyó respirar y tranquilizarse. Con delicadeza se separó de su miembro y miró su mano, con ese liquido que ya comenzaba a hacérsele habitual. Sasuke estiró el brazo y por un costado del asiento, sacó papel higiénico para que Sakura se limpiara.

― Eres un demonio. ― susurró, apenas reponiéndose. Había tenido un orgasmo que cortaba el aliento. ― Y quedaré marcado.

― Ahora estamos iguales. ― contestó, con sus ojos verdes brillantes. ― ¿Vamos a tu departamento? Quiero dormir y no es con segundas intenciones.

― ¿De verdad quieres dormir? ― Le preguntó, moviendo las cejas de forma sugerente.

― Sí. Estoy cansada, pero me quedaré contigo.

― ¿De verdad? ― Sakura asintió. Hace días que el moreno le pedía que se quedase en su casa y ella había declinado en todo momento. Incrédulo por ello, se contentó de inmediato, y le dejó caer muchos besos sobre su rostro. ― Ya sé que otra cosa tendría para ti en ésta casa.

― ¿Qué cosa? ― preguntó ilusionada.

― Una cama cómoda y muy confortable, para dormir y descansar, ― se acercó a su oído y con el aliento a menta, prosiguió a culminar la frase. ― pero sobretodo, para tenerte todo el día debajo de mí, haciéndote el amor, Sa - ku - ra ― La pelirosa se enrojeció como tomate maduro y carraspeó. ― Sería muy agradable.

Y claro que lo sería, porque entre ambos no se darían tregua y eso solo hablaba de una vida sexual muy, pero muy satisfactoria.

Oh, que suertuda era Sakura.

.

.

.

No quería despertarla. Ahí, acurrucada entre sus brazos, solo cubierta con una remera suya y la sabana delgada, se veía preciosa. Sasuke le acarició el cabello, el hombro descubierto y rozó con sus dedos su cuello blanquecino.

Verla de esa forma, tan libre de cualquier accesorio era un espectáculo. Sus piernas entrelazadas, de frente y con sus narices rozándose. Sasuke siempre había sido esquematizado, tenía listas de las cosas que le gustaban, al menos así lo era hasta antes de conocerla; tocar la guitarra y cantar eran su mayor placer, seguido por la actuación y luego el sexo, pero ahora sus gustos habían cambiado. No negaba que seguía adorando lo mismo, sin embargo, el puesto número uno se lo llevaba la pelirosa: "Sakura durmiendo a mi lado".

Sonrió como tarado. Le gustaba despertar por las noches y sentir ese calorcito que expelía, o despertar, porque Sakura en su intento de aferrarse a él, se abrazaba con fuerza o lo buscaba bruscamente en la cama. Podían morir de calor, pero ella siempre tenía que tener aunque fuese un poquito de su cuerpo agarrado, ya fuera sobre su pecho, con piernas cruzadas o simplemente tomándole la mano.

― Pequeña. ― murmuró, en un intento de despertarla. Eran las seis de la mañana y Sakura tenía escuela, además de eso, debían ir por su uniforme a la casa que compartía con Ino.

¡Mierda!, no había llamado a su hermano. A regañadientes se levantó de la cama en busca de su celular, que todavía estaba dentro de sus pantalones y es que a pesar de que Sakura había dicho que quería dormir, apenas llegaron a la habitación, se lanzó sobre él para volver a darle placer, aunque ésa vez fue mutuo.

Contactó a Itachi y esperó a que contestara. Caminó a la sala para no interrumpir el sueño de la pelirosa.

― Sasuke… ― la voz de Itachi estaba adormilada, dando cuenta de que estaba durmiendo. ― ¿Qué sucede?

― ¿Sigues en el departamento de Sakura? ― le preguntó, sin darle tiempo a reaccionar.

― Sí, todavía estoy acá. ― Sasuke alzó las cejas, ¿eso quería decir que la rubia había cedido? Vaya labia que tenía su hermano. ― Dormí como el orto.

― Por lo menos disfrutaste y eso es lo que vale.

― ¿Disfrutar? Dormí sobre el sofá. ― le contó. Sasuke explotó en risotadas. ― Sí, claro, ríete. Te recuerdo que hasta hace poco estabas igual que yo.

― Bueno, ahora ya no. Hasta me siento más liviano. ― lo picó haciendo que Itachi bufara algo inentendible. ― En fin, te llamaba para decirte que pasaremos con Sakura por allá, ya que tiene que buscar su uniforme.

― Deberías llevarte uno a tu casa y así no interrumpes los sueños ajenos. ― replicó molesto. ― En el avión no me jodas.

― ¿A qué hora partimos?

― A la 1, así que anda preparando todo, porque no pienso esperarte ni salvarte el culo como siempre. Si te quedas abajo, tú te las arreglas. ― A medida que despertaba, el pelilargo se ponía más irascible. ― ¿Oíste?

― Parece que te afecta no coger. ― lo bromeó sin ningún filtro. ― Tampoco me insultes. ― dijo al oírlo blasfemar contra él. El tono de reproche solo era para picarlo más y así lo entendió Itachi, cayendo en la trampa de forma redondita. ― Iré a despertar a Sakura. Cuídate e intenta descansar, si es que puedes.

― Ve a comer mierda, hermanito.

Sasuke cortó la llamada escuchando los pequeños pasitos que caminaban hacia él. Volteándose, se encontró con la escena más erótica. Sakura estirándose, mostrando sus pantis de ositos de colores, con la remera cayendo por un hombro, despeinada, sus piernas largas descubiertas y ojos achinados. Se veía realmente comestible.

― Hola. ― dijo, tallándose los ojos. ― Desperté y no te encontré. ― reclamó, pasando por su lado, dándole una leve caricia en el estomago. ― ¿qué hay para comer?

― Lo que dejaste ayer, pero te prepararé un mejor desayuno. ― Sakura suspiró y se sentó en un taburete, mirándolo moverse por la cocina. Con ese pantalón holgado cayendo por sus caderas y su mente concentrada, se veía bastante – demasiado – guapo. ― ¿Algo en especial?

― ¿Tienes leche? ― Sasuke abrió el refrigerador y sacó la leche. ― Me gusta la leche con galletas.

― Tengo solo oreos. ― Sakura hizo una mueca. ― Nadie odia las oreos.

― Yo sí, porque soy alérgica al chocolate, aunque si me regalas chocolate amargo, me sentiré muy feliz y creo que vendré a quedarme más seguido.

― Eso es extorsión, Sakura. ― le hizo ver, dejando caer la leche en una fuente para calentarla al fuego. ― Pasaremos por tu casa para que te pongas el uniforme.

― ¿Es necesario que vaya a la escuela? ― preguntó, metiéndose una rebanada de pan en la boca. ― Podría quedarme acá contigo hasta que te vayas. ― Sasuke negó de inmediato y se volteó a mirarla.

― Sakura, tus estudios son lo primero. Que te hayas escapado hace unos días no me hizo mucha gracia. ― Aunque no negaba que cuando la vio llegar, vestida de estudiante, se sintió fogoso de inmediato y se lo demostró de forma lenta y muy afectuosa. ― Puede que en algún momento tú y yo no tengamos una relación y lo único que te quedarán serán tus estudios. En ese instante recodarás esto y dirás: "Sasuke, como siempre, tenía razón"

― Sueña con ese momento, guapo. ― lo instó, retándolo a ello, pero el pelinegro no pescó.

Sasuke le entregó el vaso de leche y la vio bebérselo de un solo sorbo.

― Parece que tenías hambre. ― la pelirosa sonrió con un bigote de leche. ― Vamos, ve a bañarte y partimos a tu casa.

― Me dices mandona a mí, pero tú lo eres aún más. ― rezongó, bajándose del taburete y parándose de forma desafiante frente a él. ― ¿Te puedo pedir algo?

― Claro, pero queda a criterio mío si te lo cumplo o no. ― respondió, condicionando de inmediato la petición. Sakura hizo un mohín, pero lo aceptó.

― Bájate los pantalones. ― El pelinegro estaba bebiendo agua, que salió disparada luego de escucharla. ― Esa es lo que quiero, que te bajes los pantalones.

― ¿No crees que eso más que una petición es una exigencia? ― le hizo ver, alzando una ceja.

Sakura levantó el mentón, dándose por no aludida.

― ¿Acaso no te atreves? ― lo retó.

Para Sasuke no era cosa de vergüenza, ni falta de coraje, pero mostrarse así como si nada frente a ella que apenas conocía del cuerpo humano masculino – solo había tocado – se le hacía un poco fuerte. Sin embargo, la decisión que veía en los ojos jades lo hicieron sucumbir, y tomando los elásticos de su pantalón, los dejó caer.

Sakura abrió la boca impactada. Hace mucho que quería conocer esa "cosa" que tocaba para volverlo y volverse loca. Al tacto se notaba grande, pero verlo ahí, semi erecto entendía lo que abarcaba la palabra.

Sasuke posó sus manos en las caderas de forma desafiante, esperando algún comentario. No iba a hacer uso de la falsa modestia cuando tenía claro lo que poseía entre sus piernas. A ojos de él y de muchas chicas, estaba espectacularmente dotado, dándose por pagado. No obstante, al notar la nula respuesta por parte de la chica, que seguía prendada mirándolo, comenzó a preocuparse, ¿Y si para ella era horrible? Tenía claro que los hombres desnudos no eran tan bellos como lo eran las mujeres, pero tampoco causaba asco. Al menos eso pensaba.

― ¿Sakura? ― llamó temeroso.

Nunca lo habría aceptado, pero con ella comenzaba a sentirse inseguro.

― En anatomía vimos uno. ― se acercó lentamente a él, arrinconándolo. ― Pero jamás me pareció tan lindo como me lo parece el tuyo. Hasta podría ponerle orejitas…

Esperen, pensó Sasuke, ¿Ponerle orejitas a su pene? ¿De verdad había dicho eso?

― No le pondré accesorios. ― advirtió, mirándola fulminantemente, ¿Cómo podía decirle eso? ¡No era un juguete!, aunque si podían pasarlo muy bien con él.

― Voy a… ― El pelinegro detuvo el aire que estaba ingresando a sus pulmones y dejó de respirar, mirando hacia su pelvis, viendo como Sakura lo acariciaba de arriba abajo.

Echó la cabeza hacia atrás y respiró con dificultad, mordiendo su labio y bajando a ratos la mirada para verla tan empecinada en complacerlo.

Su cuerpo se calentó aun más cuando Sakura pasó su lengua por el cuello y parte de su pecho, mientras que con la mano libre, lo tocaba con delicadeza.

La pelirosa había demostrado ser una gran estudiante, sacando sobresaliente en las artes que él le estaba mostrando. Seguramente y no en poco tiempo, ella lo sorprendería más que él. Su placer era infinito y éste crecía de forma proporcional con el calor de su corazón.

Dos movimientos más tarde, se liberó nuevamente y soltó el aire retenido. Con los ojos vidriosos, miró a Sakura, que sonreía pícaramente. Sin darle tiempo para separarse, la tomó por la cintura para besarla y llevarla a la ducha.

Ahora era el turno de ella de gozar.

12.

Hinata bajó las escaleras de la mansión Hyuga para irse directamente a la escuela. Necesitaba una distracción para olvidar que ese día, Naruto partía con toda la banda a Estados Unidos y no lo vería en casi dos semanas. Lo extrañaría tanto, tomando en cuenta que su relación se había afianzado bastante desde su cumpleaños, que alejarse se le tornaba muy triste.

Con un ligero dolor en el pecho, caminó hasta el auto que la llevaría al colegio. Quizás ver a Sakura la animaría lo suficiente y podrían compartir en conjunto su dolor.

― Señorita, Hyuga, ¿dónde desea que la lleve? ― levantándose su gorra, apareció Naruto, con su característica sonrisa zorruna y esos ojos azules brillantes, rebosantes de alegría.

Hinata al verlo, se detuvo sin creerlo, pero de inmediato reaccionó y corrió hasta él, colgándose de su cuello y aspirando su olor. ¡Era Naruto!, chilló internamente, aferrándose.

― Pensé que no te vería. ― le susurró al oído, con voz melancólica. ― ¿Cuándo llegaste?

― Hace un rato. ― le dijo. ― Hablé con Neji y él me permitió llevarte a la escuela. ― Hinata no daba crédito a lo que oía ¿de verdad su primo había cedido? ― Eso sí, no tentemos tanto a la suerte y vayamos de inmediato. Puede aparecer tu padre y amenazarme otra vez.

― Ok. ― le dijo.

Ambos se subieron al carro con líneas aerodinámicas del rubio y arrancaron con toda velocidad directo hacia el destino de la chica.

Hinata lo miraba de refilón, para luego fijarse en sus manos que se encontraban unidas.

― De este al otro fin de semana ya me encontraré por acá. ― Le dijo, dándole la esperanza de no desesperarse. ― Podríamos salir a algún lado en cuanto regrese.

― ¿Quedarme fuera contigo? ― preguntó, sonrojándose. La idea le parecía fascinante, pero era consciente de que su padre pondría el grito en el cielo para darle permiso.

Soñar con salir de viaje junto a Naruto, quedaba solo en eso, en un sueño.

― Bueno, tanto así como quedarte no, porque tengo claro que no te lo permitirán, pero si me gustaría hacer algo para todo el día. ― le expresó. ― Podríamos ir a la playa o tener un día de picnic.

― ¿De verdad? ― La peliazul sabía que las opciones se vislumbraban maravillosas, pero llevarlas a cabo sería bastante difícil, sabiendo que Naruto era bastante conocido en Japón. ― ¿Podrías…?

― Lo que pase allá, lo dejamos al tiempo. Yo quiero salir contigo y crear momentos.

― Pero te meterás en problemas. ― murmuró temerosa. ― Soy menor de edad.

― Esos son detalles. ― contestó, con esa típica sonrisa de pagado. ― Además, cada día falta menos para que seas mayor y ahí sí que tendrás que atener a todo lo te que pienso hacer.

Hinata casi se desmayó sobre el asiento, poniéndose de una tonalidad nueva de rojo. Parecía un rocoto.

― ¿Todo? ― Naruto asintió lentamente, en un claro gesto de énfasis. ― Supongo… que podré manejarlo. ― Susurró, usando un poco de su renovada fuerza para coquetear.

Naruto se removió incomodo y le apretó la mano con nerviosismo.

― No digas eso, por favor. ― le pidió. ― De solo imaginarlo… ― el rubio se golpeteó la frente y cambió de tema para no seguir por esa senda de pensamientos. ― ¿Qué materias tienes hoy?

― Algebra y ciencias. ― El rubio hizo una mueca. Nunca había sido bueno para los estudios y en especial esos ramos. ― ¿No te gustan?

― Por culpa de esos dos, terminé quemando mis últimas neuronas. ― La peliazul rió despacito. ― De verdad. Junto a tu primo, teníamos una profesora espectacular. Recuerdo que era el sueño de todos nosotros. ―de reojo vio como la chica fruncía el entrecejo. ― Éramos adolescentes bullentes de hormonas, preciosa. No es como si ahora fuese lo mismo. ― aseguró. ― La cosa es que la profesora era bastante guapa, pero tenía un genio de los mil demonios. ― apuntó, volviendo a hacerla reír. ― Ella hacía anatomía y biología celular, pero era como perro bulldog que se paraba en frente y te exigía; No podías ni siquiera hablar y tú comprenderás que yo tengo problemas para guardar silencio. ― acotó. ― Al final sucedió que tu primo pasó ambas asignaturas, pero yo me quedé pegado y ella adoraba hacerme mierda. Es más, hacía exámenes más difíciles para mí. No tenía tiempo ni siquiera para ir a los ensayos por quedarme estudiando.

― ¿Y qué pasó? ― El rubio sonrió de oreja a oreja.

― Tuvimos que sobornarla de un modo bastante peculiar, pero común. ― En un semáforo se detuvo y la miró con sus ojos brillantes de humor. ― Itachi habló con ella y haciendo uso de esa perfección masculina que las mujeres le dicen que posee, la hizo sucumbir. Se acostaron un par de veces y cuando ya la tenía algo prendada, le pidió que me ayudase para pasar sus asignaturas. ― La peliazul abrió la boca sin creerlo. ¡Eso era rastrero! ― Después de ello, mis exámenes era tan fáciles, que hasta eché de menos cabecearme. Pasé todo con sobresaliente y de pasó, me ayudó a que mi padre dejara de joder con eso de la banda, porque entre sus condiciones estaba que yo tuviera aunque fuese un A+ en cualquier ramo. Como lo conseguí, no se pudo negar. Nunca se ha arrepentido de apoyarme.

― Fue bastante sucio el truco. ― le reprochó.

― Cariño, el sexo existe desde tiempos inmemorables. ― comenzó a decir. ― Hay gente que comparte sus afectos sin necesidad de involucrarse sentimentalmente y eso fue lo que sucedió. La mujer tampoco era intachable, ya que estaba casada y tenía un hijo pequeño. ― aportó, volviendo todo un poco más sórdido a ojos de Hinata. ― Ambos tenían claro que era solo eso: sexo del puro y duro. Acabaron como si nada y nunca más se han vuelto a ver.

― ¿Tú harías lo mismo?

― Jamás. ― dijo sin dudarlo. ― Creo que todo esto pasó porque yo fui irresponsable. Si me hubiese tomado todo con seriedad desde un principio, Itachi no tendría que haber recurrido a eso. ― confesó. ― Además, por la única persona que dejaría mi dignidad sería por ti y supongo que no querrías que me acostara con otra mujer para ayudarte.

― Fueron muchos años donde te vi pasear con variadas chicas. ― Naruto cerró los ojos, sintiendo como un golpe sus palabras. ― Pero eso no me prevendrá si vuelve a pasar al parecido.

― Fui un idiota al por mayor. ― se reprochó. ― ¿Cómo pudiste perdonarme?

― No me corresponde perdonarte, Naruto. Tú no me debías nada. ― aseguró. ― El amor solo crece e ignora al dolor y eso me pasó a mí.

― No sé que habré hecho en mis vidas anteriores, pero agradezco que como recompensa te tenga a ti, preciosa. ― El rubio detuvo el carro unas cuadras antes de la escuela y se volteó donde ella.

Desabrochando su cinturón de seguridad, tuvo la libertad de abrazarla como quería y darle un beso.

― Naruto, nos pueden ver. ― Le dijo, aunque respondió su abrazo, pasando sus brazos alrededor del cuello.

― No me importa. ― le dijo, resuelto a hacer lo que quería. ― Ya nada me importa más que tú.

Tomó su boca con delicadeza, pero lo pausado duró pocos segundos. Sus bocas se abrieron al unísono y convirtieron el beso en algo desesperado, dándose como lo habían hecho hace algunos días sobre la cama de la peliazul. El rubio bebió de ese calor tan exquisito, acariciando con su lengua todo lo que podía y recorriendo con sus manos su delgada cintura. ¡Oh!, por Dios, como añoraría eso de tenerla a su lado. ¿Por qué no se la llevaba y al diablo con todos?, pensó. La sociedad se podía meter sus comentarios en el culo, porque él era feliz y sabía que ella también lo era.

― Naruto. ― jadeó la chica contra sus labios.

El rubio bajó por su cuello, rozando con sus dientes ese lugar palpitante, donde la sangre de la chica corría sin freno. Desatados como estaban, descubrían muchas cosas de ambos: eran compatibles en casi todos los sentidos. Se complementaban a pesar de sus diferencias y sacaban lo mejor del otro solo con rozarse.

Sus ojos eran las ventanas del alma y cuando se cruzaban, se hacía más fehaciente e irrevocable la decisión de estar juntos. No había más para Naruto y mucho menos para Hinata. Él no necesitaba a otra mujer, porque siempre había querido a la misma. Gracias a ella conoció la mutación del amor, partiendo por el afecto, el cariño, la amistad con intenciones y el amor con todas sus letras. La peliazul era esa razón de porque él quería ser mejor persona.

"Entonces te das cuenta… Que no es quien te mueve el piso, sino quien te centra, que no es quien te roba el corazón, sino quien te hace sentir que lo tienes de vuelta."

Hinata, la mujer por la cual había esperado tanto y la cual le perdonaba sus errores. La única e inigualable. Sería una tarea difícil y no imposible. Él le daría razones para que no se fuera, para recalcarle que no se había equivocado, porque nunca la dejaría.

Porque para el lamento de todas las chicas, Naruto estaba enamorado.

.

.

.

― Que espectáculo te mandaste, Sakura. ― le dijo Ino, bromeando.

La pelirosa como siempre, se alzó de hombros y no le importó.

― No lo veré en dos semanas y necesitaba recordarle que me tendrá esperando por él acá. ― apuntó, amarrándose los zapatos y acomodándose la corbata.

― Claro, pero el estacionamiento del departamento no es el mejor lugar para que se agarren a besos, ¿entiendes? ― le reprochó la rubia. ― Si no es por Itachi, todavía estás sobre él y por lo que noté, Sasuke no tenía muchas ganas de soltarte.

― Es que me extrañará. ― Le dijo, defendiéndolo. ― Nunca habíamos pasado toda la noche juntos. ― Ino alzó una ceja escéptica. ― Es verdad, porque cuando lo íbamos a hacer, pasó lo que tú sabes. ― acotó, haciendo referencia al episodio familiar de Ino. ― Y luego no quise porque odio dejarte sola.

― Anoche si lo hiciste, pero la verdad es que te agradezco. ― Sus mejillas sonrosadas corroboraban sus palabras. ― Con Itachi decidimos ser amigos.

― ¿No que las mujeres y los hombres no eran amigos? ― le preguntó, incrédula.

― Bueno, estoy dándome la posibilidad de conocerlo. ― se defendió sonrojada. ― Itachi tiene algo que no lo hace indiferente a mis ojos y quiero escarbar en ello. Sin embargo no me lanzaré sobre él sin garantizarme que podré confiar en sus palabras.

― Ino, no puedes vivir previniéndote por un estúpido o estúpidos que no valen la pena. ― Sakura le tomó la mano que tenía sobre la palanca de cambios. ― Además ahora me tienes a mí y te aseguro que si algún imbécil te rompe el corazón, iré a matarlo con mis manos ¿me oíste?

― Estás demente. ― le hizo ver con afecto. ― Espero que sepas que tú también cuentas conmigo para cualquier cosa ¿ok? Si Sasuke se porta mal, lo estrangulamos.

― Sasuke jamás se porta mal. ― Ino lanzó una pedorreta. ― ¡Déjame tener esperanzas! ― le chilló alarmada, pero manteniendo el ambiente de broma. ― Si se porta mal, yo no más vasto para hacerlo mierda.

― Ya lo creo. No me gustaría estar en sus pantalones. ― Ino pensó que nadie querría estar en los pantalones de un enemigo de Sakura.

Si era tan decidida con las cosas que quería, debía ser el triple con las cosas que no.

― Oye, ¿ese no es el auto de Naruto? ― le preguntó la pelirosa, instando a Ino para que se posara a un lado de él. Cuando vieron lo que ocurría dentro, ambas abrieron tanto la boca como los ojos, dándole paso a cualquier insecto. ― No-lo-puedo-creer. ― Palabreó Sakura, posando la mano en sus labios conteniendo la risa nerviosa.

― Esto es… único. ― Ino boqueó un par de veces más y tocó el claxon cuando vio que las cosas se caldeaban.

Tenía claro que Hinata amaba a ese hombre, pero estar de esa forma, a la luz del día y con cualquier reportero dando vuelta, era un suceso comunicacional.

Hinata y Naruto dieron un respingo y miraron a las chicas que estaban en el carro que los molestaba.

La peliazul se abochornó como nunca y Naruto rió nerviosamente, al igual que Sakura. La pelirosa se bajó del carro y esperó a que Hinata hiciera lo mismo.

― Saku… ― murmuró despacito, temerosa y revolviendo las manos. ― ¿Cómo… estás? ― tartamudeó.

― Bien, disfrutando del espectáculo maravilloso que me dieron. ― dijo la pelirosa. Cuando tuvo a Naruto a su lado, le golpeó el brazo. ― Idiota, podrían haberlos pillado. ― le reprochó. El rubio se acarició la nuca sin hablar.

― Además van atrasadas a la escuela. ― acotó Ino, bajándose de su auto para mirar a todos los presentes. ― Hinata, arréglate el corbatín. ― Le dijo, haciendo un gesto. La peliazul, estaba a dos segundos de un desmayo, muerta de vergüenza.

― No se pongan así, chicas. ― les pidió Naruto. ― Saben que no es algo ligero, como para que reprochen que esté usando a su amiga.

― No, eso no lo cuestiono, porque desde Canadá se nota tu cara de baboso por ella. ― ironizó Sakura. ― Lo que me molesta es que no tengas el criterio para protegerla, Naruto. Si la pillan, sabes que a su padre no le hará gracia y a ti te crucifican.

― Estoy preparado por si algo así sucede. ― aseguró. ― Enfrentaré cualquier cosa por Hinata.

― No es cosa de héroes, Naruto, sino que ella, como mujer se verá mal. Vivimos en una sociedad machista. ― le recordó Ino, con reticencia. Tampoco se sentía capacitada para juzgar el actuar del resto, pero quería que Hinata estuviese protegida. ― Vamos, yo la llevo a la escuela.

― Sí, es lo mejor. ― aceptó Naruto, volteándose hacia ella. ― Te llamaré todos los días y a cada minuto. ― le prometió con una sonrisa tierna, pero mirada apenada. ― Si me necesitas, no dudes en marcarme.

― Ok. ― dijo ella, lanzándose a sus brazos para darle un apretón fuerte. Lo extrañaría horrores.

Sakura e Ino miraban la escena con cautela y pendientes del alrededor, vigilando si no habían reporteros gráficos que pudiesen arruinar la vida de esos dos tórtolos. Por suerte no había nadie, solo ellos en medio de la acera.

Luego de un beso muy alargado por la pareja, Hinata corrió hasta donde sus amigas y se despidió con la mano subiéndose al carro. Sin embargo no pudieron avanzar, porque Naruto corrió donde ellas y le pidió a Hinata que bajara el vidrio del costado donde se encontraba.

― Hinata. ― jadeó, metiendo su cabeza por la ventana. ― Necesito preguntarte algo.

Sakura e Ino tomaron palco de la escena, expectantes al igual que Hinata.

― Dime. ― susurró ella.

― ¿Quieres ser mi novia?

El tiempo se detuvo, al igual que el corazón de esas tres chicas.

Hinata quedó de una pieza, solo balbuceando.

― ¡Dile que sí! ― gritó Sakura, poniendo ojitos de emoción. ― ¡Anda, Hinata!

― Claro que sí. ― murmuró, tomándole las mejillas para darle un nuevo beso.

Lo cortaron de inmediato, pero sonriendo.

― Preciosa. ― se despidió con un beso en la frente y salió del carro. Con su mano agitando, las vio alejarse por las calles de Tokio. ― Hinata, ahora sí que es real.

Hablando solo, se posó tras el manubrio y riendo como hace mucho no lo hacía, partió rumbo al avión. Camino a su trabajo, pero consciente que en Tokio estaba el amor. Su amor.

13.

― ¡Por fin es viernes! ― Gritó Sakura, estirándose mientras caminaban directo a Ino que las esperaba en la salida de la escuela. ― Es hermoso no tener que escuchar los gritos de la vieja y no estar grabando. Creo que recuperaré todas las horas de sueño que he perdido. ― vaticinó con entusiasmo.

― Te lo pasas durmiendo en todos lados, Sakura. ― le reprochó Hinata sonriendo con la vitalidad de su amiga. ― No sé como los profesores no te han corrido de sus clases.

― Uso mi carita de "gatito de Shrek" y siempre funciona. ― Le dijo, y Hinata le dio la razón. Sakura con un aleteo de pestañas, dejaba a todo el mundo a sus pies, pero había gente que no caía; Tsunade y Mebuki, mujeres de carácter fuerte y adultas. ― ¿Vamos a mi casa a comer? Mañana podríamos juntarnos para ver los premios Grammy.

― Me parece estupendo.

Ino las vio llegar y corrió a saludarlas. La rubia se había maquillado muy bien para que el pómulo teñido de morado no se notara, aunque de cerca era clara la marca del golpe. Sakura era feliz viviendo con ella, no se sentía tan sola y eso era espectacular para alguien que se había criado prácticamente como hija única, con su madre trabajando sin parar y visitando a sus abuelos de forma secreta.

― ¿Cómo están? ― le preguntó, dándole un leve abrazo a cada una.

― Excelente, por fin es viernes. ― volvió a decir Sakura ilusionada.

― Me alegro que estés tan feliz, porque tu mamá está en el departamento junto a Konohamaru. ― A pesar de la irrupción sin aviso por parte de su familia, se puso contenta. Extrañaba no verlo todos los días. ― Se quedaron preparando la comida.

― Que rico. Amo como cocina Mebuki. ― dijo la pelirosa, volteándose a mirar a Hinata. ― ¿Vienes?

― No, no voy a interrumpir una comida familiar. ― Sakura se negó de inmediato y la jaloneó por el brazo.

― Tú ya eres parte de mi familia. ― aseguró. ― Vamos.

― Pero tengo que esperar a Hanabi. ― Le avisó, mirando hacia atrás en busca de su hermana. ― Sale en un par de minutos y debo dejarla en casa.

― Nos vamos con Hanabi y todo a la mía.

Donde comían 4, podían comer 8, al menos ese era el lema de Sakura. Pasado unos minutos, la pequeña y bonita hermana de Hinata, salió de las puertas de la escuela corriendo hacia ellas.

― Sakura, Ino. ― dijo, haciendo una reverencia a modo de saludo.

La rubia se sintió avejentada con dicho gesto y se lo reprochó, dejándole claro que ella solo tenía 18 años y que quería que la tratara como un igual. Hanabi, sonrojada a más no poder, aceptó.

― Iremos donde Sakura. ― le contó Hinata, sentándose en el asiento posterior junto a ella. ― ¿Te parece?

― Sí, me gusta la idea. ― concluyó.

La pelirosa se quedó junto a Ino fuera del carro, saludando a un grupo de niñas que se le había acercado para pedirle fotos. Todavía tenía resquemores frente a eso, más si Sasuke no estaba junto a ella, pero haciéndose la valiente, aceptó toda la atención y sonriente escuchó cada uno de los halagos y mensajes. Muchas le pedían que le enviara saludos a Sasuke y que le entregara las cartas que le habían pasado.

Ino esperó a ver una reacción negativa por parte de Sakura, pero grande fue su sorpresa cuando aceptó todos los regalos para Sasuke y los guardó con sutileza. ¿Esa pelirosa que estaba mirando de verdad actuaba así? En su caso, si estuviese en los pantalones de ella, no aceptaría nada para él, porque los celos serían más grandes.

― ¿De verdad se los pasarás? ― le preguntó cuando ya estuvieron arriba del carro listas para irse.

― Claro, ¿acaso no debería? ― Le contra preguntó. ― Sasuke es mil veces más famoso que yo. Sé que si tengo una relación con él, estas cosas pasarán todo el tiempo, por lo mismo, intento aceptarlo de la mejor forma para no complicarme. Además, en una de esas le enviaron cosas para comer y sabes que los dulces son mi perdición. ― Las tres chicas de su alrededor se largaron a reír. ― Nadie entiende mi amor por ellos.

― Es que llega a ser patológico. ― le dijo Ino. ― Admiro a tu madre y ahora al sexy bombón que te comes.

― ¡Ino! ― chilló la peliazul, tapándole los oídos a su hermana. ― Está Hanabi. ― le recordó.

La rubia se tapó la boca avergonzada.

― No se preocupen por mí, porque sé de lo que hablan. ― Hinata lentamente le destapó las orejas. ― Vi a Sakura con Sasuke el día de tu cumpleaños. ― le dijo a su hermana. ― Eso sí que era comerse.

― ¿Te quedaste mirando? ― le preguntó Sakura, volteándose azorada.

― No, tampoco me interesa ver películas pornográficas en vivo. Solo cerré la puerta para que nadie los pillara.

― Tu hermana es genial, Hinata. ― aseguró Sakura, tomándole la mano. ― Gracias por eso.

― Igual tengo mi precio. ― comenzó a decir. ― Quiero un juego de computadora y no lo he podido encontrar. ― Sakura alzó una ceja. ― Supongo que tú tienes mejores contactos que yo y podrás traérmelo.

― ¿Qué juego? ― preguntó.

― Los sims4 con todas sus extensiones. Mi mesada no alcanza para solventarlo y de verdad, que es casi una necesidad la que tengo. ¿Podrías hacerlo?

― ¿Lo venden en alguna parte? ― la niña negó.

― Está solo en Estados Unidos y como Sasuke está allá… ― Dejó la idea boteando.

― Ok, lo llamaré y se lo pido. ― Los ojitos alabastro de Hanabi, brillaron sin mesura. ― Y gracias por no decir nada.

― No hay de qué.

Hinata se acomodó en el asiento y dando por finalizada la conversación, buscó su celular. Era el tercer día sin Naruto y echarlo de menos se había vuelto un sentimiento constante y que no menguaba. Tenía claro que algo así pasaría, pero nunca esperó que fuese tanta su necesidad de tenerlo, ¿acaso eso era el amor? ¿Esa maldita sensación donde no puedes estar alejado de la persona por la cual te desesperas? Era como si algo le faltara en su vida e irremediablemente tenía que seguir aguantándolo.

Preciosa, aquí todo está muy aburrido y más si no estás tú. Espero que pasen rápido los días para poder estrecharte como lo necesito.

La peliazul sonrió como boca y procedió a contestarle. Escueta como era, intentó expresarle que le pasaba lo mismo.

Aquí todo es diferente. Cierro los ojos y espero que pase el tiempo. También te extraño mucho.

Dándole enviar, guardó el teléfono y miró por la ventana, pensando como siempre en ese rubio tentación que se había vuelto su novio. Ya era todo oficial; ahora estaba en una relación y aunque no sabía de qué forma se actuaba en casos así, solo se dejaría llevar para conocer. Con el tiempo las cosas se encausarían y podrían generar patrones.

Subieron en silencio por el ascensor, cansadas y hambrientas. Sakura abrió la puerta de su departamento y el rico olor que lanzaba la comida, les hizo sonar las tripas.

― ¡Llegamos, Mebuki! ― la mujer salió de la cocina enfundada en un delantal y sonriente. Saludo a todas las chicas y le presentaron a la pequeña Hanabi, que como siempre, actuó de forma educada haciendo una leve reverencia. ― ¿Konohamaru?

― Está en tu cuarto. Se llevó el televisor para allá, porque dice que es más silencioso.

― ¡Pero mamá! ― chilló enojada. ― El televisor debe ir en la sala, porque contamina las vibras de mi cuarto. Además debe estar jugando esos juegos sangrientos, llenos de muerte.

― Intenté detenerlo, pero no me hizo caso. ― contestó ella, sin inmutarse por la molestia de Sakura. ― Creo que he criado dos hijos muy desobedientes.

― Lo iré a golpear y te aviso desde antes para que vayas pensando en mi castigo. ― gruñó, caminando como oso enrabiado. ― ¡Konohamaru Haruno! ― entró a su cuarto como tromba marina y entrecerró los ojos fijados en él. ― Sale de mi pieza A-H-O-R-A ― masculló, masticando su enojo. ― O te juro que rompo tu consola y los chiliones de juegos que tienes.

― ¿Chiliones? Eso lo dijo Fry en Futurama y ni siquiera es un número. ― le dijo burlándose. ― Que bruta, pónganle cero. ― acotó, alzándose en su cama. ― Si rompes la consola, le diré a Sasuke porque él me la regaló.

― Ya imaginaba yo eso. Entre hombres se entienden. ― reclamó al aire. ― Te doy dos segundos para que saques todo de acá o te juro por qué me llamo Sakura Haruno, que te haré comer mis zapatos de colegio.

― Guacala, deben oler a queso podrido. ― Ofendida, la pelirosa corrió directo a él para golpearlo con su fuerza que se volvía sobrehumana cuando estaba furiosa, y en este caso, herida. ― Ya, ya, ya…

― Ahora quieres parar, cobarde. ― Konoha estaba bajo ella, revolviéndose como culebra para zafar de las manos asesinas de su hermana. ― El televisor afuera o te degollaré.

― Eres tan bruta. ― dijo entre dientes, viéndola salir del cuarto.

Sakura miró a las presentes, que ya comenzaban a acomodar la mesa y ayudó en la misma tarea. Su madre seguía preparando ensaladas y dándole los últimos toques al almuerzo.

― Mami, ¿cómo has estado? ― Le preguntó, sentándose en la encimera. Bastó solo una mirada de Mebuki para que se bajara y quedara quieta. ― ¿Cómo te sientes en Tokio?

― No puedo quejarme. ― le dijo. ― Vivo tranquila junto a mis padres y tu hermano. Sasuke nos paga bastante bien y su casa está muy protegida.

― Me alegro por eso, mamá. Estoy mucho más tranquila con ustedes acá, teniéndolos cerca.

― Pero si apenas te veo. No vas a visitarnos muy seguido y eso que no estás con grabaciones. ― Mebuki se dio una vuelta y la miró con las manos puestas en sus caderas. ― ¿En qué andas?

― ¿Yo? ― se apuntó la pelirosa de forma nerviosa. ― En nada, mamá. ¿Por qué piensas que siempre ando haciendo tonterías?

― No sé si tonterías, pero tengo claro que no eres alguien muy normal, cariño. ― con suspicacia, intentó indagar. ― ¿Tienes que contarme algo, Sakura?

― No me mires así. ― le pidió, tapándose la cara con las manos. ― Y no tengo nada que contarte. Sigo siendo la misma chica de siempre.

― Eso espero, hija, porque si yo sé que hay algo distinto que no me guste, te aseguro que tendremos una gran pelea. ― advirtió.

― ¿Y qué cosa no te gusta? ― preguntó temerosa, intentando averiguar de qué iba todo eso.

― Sasuke contigo. ― Sin empachos ni pintando una realidad más linda. A Mebuki no le gustaba Sasuke y al parecer nunca le gustaría. ― No quisiera verte relacionada con él, porque sé que sufrirás.

― Tú no eres de juzgar de buenas a primera a la personas y con él siempre has sido tan exigente, ¿acaso hay algo que no me has dicho? ― La mujer alzó una ceja, tomándose aquello como una ofensa.

― Tu padre tenía rasgos muy parecidos a él. ― confesó, mostrándose incomoda. ― Kizashi era muy guapo y atraía a todo el mundo, embelesándolos con su forma de ser. Se mostraba seguro e inaccesible, pero era solo la fachada de un mal nacido.

― ¿Y por los errores de él haces pagar a otro hombre? Sasuke nos ha ayudado mucho. Tanto a ti como a mí. ― Mebuki volvió a su tarea fingiendo no oírla. ― Mamá, que papá haya sido un desgraciado, no quiere decir que hombres con virtudes parecidas vayan a hacer cosas iguales. Si hay algo que he podido conocer de Sasuke es esa lealtad sin medida que le otorga a todos los que lo rodean. ¿Acaso no te ofreció todo en bandeja a ti y no te ha defraudado?

― Sakura, éste tema me cansa, ¿podemos dejarlo por un rato y disfrutar de un rico almuerzo?

― Lo dejaremos cuando en verdad entiendas que me gusta estar con Sasuke. ― Mebuki se volvió hacia ella de forma lenta y tortuosa.

― ¿Qué acabas de decir? ― Sakura enrojeció al sentirse pillada y nerviosa.

― Eso. Sasuke es mi amigo y quiero que lo siga siendo, por lo mismo te pido que por favor lo aceptes. ― la pelirosa cerró los ojos sin querer verla. Sabía que mentía, pero era una mentira blanca. Si las cosas resultaban entre ella y el pelinegro, estaría obligada a decirle la verdad, sin embargo en ese instante bastaba con la palabra amistad para referirse a su relación. ― No quiero tener problemas contigo por llevarme bien con él. Sasuke nos brinda una seguridad y estabilidad que yo todavía no puedo darles. Quizás tenga el dinero, pero no me manejo en esto y él es un gran aliado.

― Si lo miramos de esa forma, claro que nos sirve, pero…

― Mamá, es la única forma. ―la interrumpió. ― Lo que haya pasado en su vida o lo que haga es cosa de él, pero como se ha comportado con nosotras es cosa aparte.

― Maldita sea, Sakura. Tienes un don de la labia admirable. ― le dijo en tono de reproche. Ese era el cese de la guerra, al menos por un par de días. ― Comeremos y dejaremos éste tema para otra ocasión. Por ahora mis reticencias siguen existiendo y Sasuke me causa resquemores.

― Te aseguro que todo estará bien. Es un gran tipo.

― Ino me dijo algo parecido. ― La mujer se acercó cautelosamente a su hija y le habló bajito. ― ¿Qué le pasó a tu amiga? Cuando me abrió noté que tiene un gran moretón bajo su ojo y se ve reciente.

― Hay historias que no son mías, mamá. Tampoco la sé como para comentarte, pero para que sepas ella está viviendo conmigo y ha sido maravilloso.

― Se nota que es una chica responsable. ― Mebuki abrazó a su hija. ― Te he echado de menos. Antes te veía a todas horas y ahora pasan varios días sin tocarte.

― ¿No recuerdas que me echaste dos veces de casa?

― Eso es porque me superabas con tu mal comportamiento. ― se separó de ella y siguió en su tarea. ― andando, ve a lavarte las manos y te sientas en la mesa. Comerás todo lo que ponga en tu plato, no alejarás las verduras y si queda aunque sea un poco, estaré sentada por horas hasta que te comas todo. ― amenazó. ― Estás muy delgada.

― Sasuke me dijo algo parecido. ― nuevamente salía el pelinegro a escena.

Sakura se lo imaginó estornudando sin parar y con escalofríos en su espalda de tanto que salía a colación.

― Por fin en alguna cosa que concordemos. ― rieron levemente.

― Sakura… ― temerosamente, Ino y Hinata se acercaron a ellas. ― Me llamó Natsuki y me dijo que hoy está de cumpleaños la chica del blog: Nozomi.

― Aah, si la recuerdo. ¿Qué pasa con eso? ― Hinata revolvió sus manos e Ino miró a Mebuki.

― Nos invitó a su cumpleaños y es hoy en la noche. Quería saber si íbamos a ir.

― Luego del último numerito que te mandaste junto a ese compañero tan guapo que tienes, debería negarte la salida, pero como me iré a casa en un par de horas y no tengo idea que harás después, no tengo poderío sobre ti. ― miró a las tres chicas. ― Además, ya estás grande y necesito confiar en ti, así que sí tienes permiso, pero te exijo que no tomes, que no te beses con nadie y que por favor, mañana los noticieros de farándula no se ceben con tu mal comportamiento. ¿Oíste?

― ¿De verdad? ― Las tres chicas saltaron felices. ― ¡Te quiero, Mebuki!

― No te pongas cargante y aceleremos esto que muero de hambre. ― la mujer salió con una olla en las manos, mientras Ino, Hinata y Sakura se quedaban viendo ilusionadas.

― ¿Hinata también irás? ― preguntó la pelirosa.

― Si va Natsuki, me dan permiso.

¡Yupi! Gritaron internamente las tres. ¡Se venía una noche redonda!

14.

Sasuke bebió de su vaso con parsimonia mirando a todos a su alrededor. Eran las 2 de la madrugada del sábado. Un día importante tomando en cuenta que por la tarde noche se celebrarían los premios Grammy, donde estaban muy nominados junto a la banda. A pesar de tener que estar descasando, habían preferido lanzarse de fiesta, porque quería desestresarse luego de ensayar durante todo el día anterior sin parar. Naruto se quejaba sin remedio de que su cuerpo apenas si le respondía y a su lado, Kiba movía las muñecas en claro gesto de estar acalambrado. Los únicos que se mantenían imperturbables eran Shika, que ya de por sí era demasiado flojo como para quejarse, Neji, con su cara de no sentir nada y él, que a pesar del desgaste que significaba estar cantando, se sentía revitalizado.

Sacó su celular cuando lo sintió vibrar en el bolsillo trasero de su pantalón. Sabía sin lugar a dudas de quien se trataba.

¿Viste las fotos de la fiesta? Salieron en los noticieros, pero me porté bien, no bebí, ni tampoco estuve con otra persona. Saku.

El pelinegro sonrió. Claro que había visto las fotos, pero no se sintió molesto. Es más, se alegró de que Sakura comenzara a hacer buenas amistades y que la cuidaran como él lo haría si estuviera ahí.

Si las vi. Solo puedo decir que te veías preciosa. Uchiha.

En otro momento de su vida jamás hubiese mandado un mensaje así, pero era Sakura y por ella hacía cosas casi impensadas. Cambiaba por completo, sin darle chance para rememorar al frío y lejano Sasuke que estaba acostumbrado.

Ni dos míseros meses habían pasado desde su llegada y ya lo traían así. No quería imaginarse en un año más, porque probablemente la imagen que se formaría lo avergonzaría.

Desperté hace poquito. Te echo mucho de menos. Saku.

Era mutuo, porque él también la extrañaba. Una sensación extraña y nueva, que lo hacía valorarla aun más.

Sé que te vendrás en unos días más. Ahí recuperamos el tiempo perdido. Uchiha.

Una promesa sexual iba implícita en el mensaje y sabía que Sakura lo notaría. Oh, por Dios, que ganas tenía de besarla, tocarla, escucharla gritar su nombre y comerse ese cuerpito pequeño, pero proporcionado. De solo pensarlo, el corazón le bombeaba más sangre y se le resecaba la boca. Cuando llegara, la encerraría en su departamento y no la soltaría hasta sentirse saciado.

¡Me sonrojo! Saku.

Lo sabía. Debía estar como un melocotón jugosito listo para ser comido.

Foto o fake. Uchiha.

Bromeó.

A los pocos segundos le llegó una foto de Sakura, sin maquillaje y con ese moñito que se hacía sobre la cabeza para que el cabello no le molestará en la cara.

Sus mejillas estaban arreboladas y su boca roja, como si hubiese estado comiendo alguna fruta del mismo color. Se veía perfecta y autentica.

Yo también quiero mi foto. Saku.

Exigió. Como siempre, Sasuke sabía que con ella era "Yo doy, tú das" y viceversa, porque no podía negar que él también le exigía.

Intentando no ser visto, caminó hasta el baño del lugar para sacarse una foto tranquilo. Aunque eso de no ser visto fue difícil, porque tres chicas se le cruzaron en el camino y una le lanzó su trago en la ropa, intentando tener aunque fuese unos minutos de conversación. Sasuke enviándole una mirada amenazante al verla acercarse para poder limpiarlo, se largó con más ímpetu al baño, sacándose la chaqueta.

― Tontas. ― dijo en un susurro. Deberían ser más explicitas y no buscarle conversación de ese modo, pero eso ya no le importaba, porque había prometido portarse bien.

Llegado al baño, se secó con una toalla blanca. El hedor que salía del líquido era bastante molesto. Vodka con tónica, un trago demasiado de nena para él.

Sacándose la ropa húmeda, quedó solo en una delgada remera. Sin importarle, procedió a tomarse de un sorbo el último concho de su trago y tomar la fotografía que le mandaría a Sakura.

Haciendo un gesto de "salud" y sonriendo levemente, lanzó el flash contra el espejo y le puso enviar para que la foto llegara a cierta pelirosa.

A los pocos segundos tuvo su respuesta y se materializó en una llamada que contestó de inmediato.

― Señorita Haruno. ― siseó, mostrando que el alcohol comenzaba a hacer efecto en su cuerpo. ― ¿Cómo estás?

― Mucho menos guapa que tú. ― aseguró, riendo despacito. ― ¿Estás de fiesta?

― Sí, te dije que vendría. ― le recordó la conversación que habían tenido el día anterior. ― Y vi que tú también te fuiste de farra. Dime, ¿bebiste?

― Nada de nada, me comporté como una señorita. ― afirmó. Sasuke se la imaginó haciendo énfasis con una mano en el aire y cerrando los ojos en pose remilgada. ― ¿Y tú? Se te oye algo diferente.

― Puede que esté un poquito ebrio. ― Sakura hizo una pedorreta desde el otro lado, causándole risa. ― Sakura, te extraño.

― Yo también, Sasuke. ― le respondió apenada. ― Quisiera estar acostada a tu lado y haciéndote cariño.

― Es mutuo entonces. ― chasqueó la lengua. ― Espero que te vengas pronto.

― Viajaremos la misma semana del Oscar. Atrasamos el vuelo. ― Sasuke frunció el ceño luego de esa información. ¿Era necesario que se demoraran tanto? Hablaría con Jiraya apenas terminara de conversar con Sakura. ― No vayas a llamar a Jiraya. Fue una decisión general.

― No me interesa. Yo también participo en la película y si queremos hacer promoción, tendrían que llegar en una semana más. ― se sentó en el borde de la bañera, pasándose la mano por el cabello y revolviéndolo. ― Es algo sobre trabajo, no sobre nosotros, aunque eso también influye porque te quiero ahora acá.

Sí, el alcohol desinhibía cualquier traba mental o decoro para hablar. El alcohol provocaba que la faceta fría del pelinegro se fuese a la mierda. A comprar flores de maravilla a la China.

― Eres tan perfecto. ― susurró aletargada.

― Molestia. ― le contestó. ― ¿Te gustó mi foto?

― Sales muy guapo, aunque eso no es nuevo, Sasuke-kun. ― aseguró. ― Se me haría raro que te vieras feo.

― Tú te ves fea cuando te enojas. ― le dijo molestándola. Sakura desde el otro lado bufó sonoramente. ― Aunque estiras tu boquita y eso me gusta mucho.

― ¿Cuánto es mucho?

― No le pondré un valor. No estoy tan tarado. ― reconoció.

― Ah, ¿entonces aceptas que si lo eres un poco? ― Sasuke no respondió. ― ¿Estás muy tomado?

― No. ― le dijo. ― ¿Y tú? ¿Ayer no bebiste?

― Nada de nada ― le volvió a repetir, entendiendo que por su estado etílico, le costaba entender que ya le había preguntado lo mismo tres veces ― y antes de que podamos tener cualquier discusión por alguna foto malintencionada, te aviso que habían chicos. ― el pelinegro frunció el ceño. No le molestaba que hubiesen chicos, pero si le causaba resquemor sentir que Sakura intentaba justificarse siempre, como si le temiese.

― Sakura, eso no importa. A mí me interesa que no te metas con otro y ya. Si quieres hablar con alguien, hazlo, si quieres disfrutar de un baile, hazlo, aunque intenta que no sea muy provocativo. ― le pidió. ― No veas en mí alguien que te prohíbe hacer cosas, porque de eso no se trata.

― ¿De verdad será así? ― le preguntó. ― Es mi primera relación amorosa con otra persona y no sé cómo comportarme.

― Tienes que ser como siempre has sido, pero recordando que estás con alguien y a esa otra persona le debes confianza y respeto. Yo a ti te respeto y confío. Sé que lo que pasó con Sasori ya fue, porque me lo has demostrado y por lo mismo dejé mis temores de lado y estoy aceptando todo. ― Sakura suspiró desde el otro lado. ― Disfruta con tus amigas, pero no te desates ni bebas alcohol.

― Sí. ― aceptó. ― Debo cortar porque quedé de comer en tu mansión.

― Es de tu madre en este momento. ― Le recordó, enrolando los ojos. ― Cuídate, pequeña. Intenta no sufrir ningún accidente en lo que resta por vernos.

― ¿Accidente? Ni que fuera tan tonta.

― Eres patosa, no lo niegues. ― el pelinegro rió levemente al igual que ella. ― Nos vemos pronto.

― Te mando un millón de besos. ― Sasuke no pudo evitar sonreír como estúpido. ― Te estaré enviando mensajes.

― Eso espero.

Sakura le envió un beso sonoro y cortó. Sasuke quedó con su celular en la mano, sintiéndose aliviado; era espectacular hablar con ella, porque se relajaba y todo volvía a armonizarse en su vida. Sakura servía como bálsamo tranquilizante.

Quería verla, pero saber que su viaje se retrasaba lo entristecía, algo raro viniendo de él que jamás había dependido de nadie. Sakura tenía ese poder de volverlo un ser muy diferente al que era normalmente.

Un idiota, pero malditamente feliz.

.

.

.

― Reitero los agradecimientos a todas esas personas que creen en nuestra música y nos consideran lo suficientemente buenos como para ganar Grammy. ― comenzó a decir, embolinando a todo el público con su gruesa voz. ― También agradezco a todos los que se encuentra tras de nosotros, apoyándonos en éste camino. Nuestra familia, nuestros amigos y a algunos de nosotros, sus parejas. ― Todo el lugar se soltó con risotadas por las palabras de Sasuke. Ya era sabido por todo el espectáculo el fin de su relación con Fuka. ― Gracias, seguiremos trabajando.

Besando el premio, bajó del estrado acompañado de sus amigos, recibiendo palmoteos en su espalda desde todos lados.

Abrazó a su hermano que se encontraba esperándolos en los asientos y aceptó gustoso cada una de las felicitaciones.

Living in Peace había ganado la no despreciable suma de 7 galardones, donde se incluían álbum del año, canción del año, disco del año, mejor álbum de rock, mejor colaboración (cuando aportaron en un tema junto a Deftones), mejor álbum de música alternativa y mejor actuación de Rock (por un festival en Tokio). Todos estaban completamente agradecidos por ello; habían muchas horas de trabajo y ensayo, días donde apenas dormían para poder sacar acordes. La obsesión partían en Sasuke, pero todos trabajaban de forma incansable para lograrlo.

Neji saludó con la mano a un productor que se le acercó y aceptó el abrazo de Naruto, aunque a regañadientes lo correteó. Bastante tenía con verlo siempre y ahora saber que era el novio de su prima, porque sí, se había enterado. El muy bruto le había confesado todo el día anterior mientras lo afirmaba para que vomitara correctamente en el inodoro. No negaba que quedó de una pieza y pensó en asesinarlo, pero si ese rubio del demonio significaba la felicidad de su prima, él no se metería. Ya bastante tenía con sus problemas.

Shikamaru por su parte seguía con esa altura y desenfado que lo caracterizaba. Se encontraba tranquilo. El día anterior había hablado con Nozomi deseándole un feliz cumpleaños y a pesar de que fue una conversación algo trancada y corta, se dio por pagado. Al menos lo había recordado y debería darle crédito por eso. Por otro lado y a pesar de no demostrarlo, había un poco de intranquilidad en su persona, partiendo por las malditas llamadas que comenzaba a hacerle Temari y los constantes mensajes donde le pedía que conversaran. Según lo que él creía, no había temas en común, porque cuando ella decidió irse, no lo tomó en consideración, pero tampoco podía negar que la curiosidad comenzaba a comérselo. ¿Qué querría? ¿Volver? Sabía que un poco de insistencia por parte de Temari y terminaría en sus brazos, cosas que no lo enorgullecía, pero era la realidad.

Kiba movía un pie nerviosamente, llamando la atención de Itachi que a su lado ya le había lanzado tres codazos para que dejara de moverse. El castaño estaba nervioso, no por los premios, ni por presentarse en frente, sino porque sabía que se había prometido en matrimonio y ni siquiera le había regalado un anillo a Natsuki. Había decidido comprar uno en Estados Unidos, pero no tenía mucho tiempo para salir. Por culpa de eso estaba desesperado, sintiéndose un maldito fracasado. Además, las miradas furtivas y extrañadas que le lanzaba su jefe no lo estaban ayudando.

― ¿Te pasa algo? ― El castaño negó de forma ferviente, dejando claro que si le pasaba algo. Itachi enarcó sus cejas. ― Habla, Kiba.

― Me voy a casar. ― El pelilargo se quedó un segundo sin saber qué hacer ni decir. Era como si la noticia le hubiese sentado directamente en su cráneo, imposibilitando cualquier capacidad para razonar.

― ¿Qué? ― preguntó de forma poco audible. ― ¿Casar?

― Sí, con Natsuki. ― Itachi sabía que podía tratarse de ella, ya que era su novia oficial desde hace años. ― Pero no tengo anillo ni nada, se lo pedí así nada más y ahora no sé qué hacer.

― ¿Te arrepientes de habérselo pedido?

― No. ― dijo inmediatamente. ― Es algo que me hace muy feliz, pero no fui capaz de darle una buena petición. Estaba desnudo, medio excitado y con mi rodilla en el suelo.

― Un romántico, ¿eh? ― lo molestó Itachi. ― ¿Qué quieres hacer?

― Comprar un anillo. ― comenzó. ― Y hacerle una cena o algo así.

― Lo más común. ― supuso Itachi. ― Apenas termine la ceremonia, iremos directo a alguna joyería para comprar tu anillo. Luego de eso, habrá que celebrar la despedida de solteros.

― ¿Despedida de solteros? ― Tanto Kiba como Itachi quedaron mirando fijamente al rubio que se acercó y metió en su conversación. ― ¿Por qué habrá una despedida de soltero?

― ¿Por qué no te dejas de hablar fuerte? ― le preguntó retóricamente el pelilargo. ― Es una conversación entre Kiba y yo.

― Estamos en una ceremonia, ¿podrían dejar de murmullar? ― reclamó Sasuke.

― Tenemos un problema y hay que solucionarlo.

― Habrá una despedida de solteros, teme ¿puedes creerlo? Eso quiere decir que alguien se casa y… Esperen ¿qué? ― Tanto el rubio como el moreno se quedaron en silencio, comprendiendo la situación. ― ¿Te casarás Itachi?

― Si, con su mano. ― lo molestó Shikamaru, uniéndose a la conversación. ― Los únicos dos que mantienen una relación "estable" es Kiba y Neji. ― les recordó el coleta, mirando a los aludidos. ― Supongo que serás tú, Kiba. ― Dijo, esperando que no fuera el ojialabastro, porque era capaz de pararse en medio de la ceremonia y parar todo. Hyuga no se merecía a una mujer como Mei.

― Sí, soy yo, pero no le compré anillo, ni hice una cena. ― se pasó las manos por la cara. ― No supe estar a la altura de ese tipo de propuestas. ― Neji, sin comprender nada, los miró ceñudo.

― Dejen de hablar. Están interrumpiendo la ceremonia. ― Naruto lo ignoró y se acercó a su oído para hablarle. El pelilargo al escuchar, abrió la boca sin creerlo. ― ¿De verdad? ¿Por qué mierda harás eso? ¿No habrás dejado embarazada a Natsuki?

A pesar de no ser muy apegado a ella, el pelilargo le tenía un cariño especial al haber crecido prácticamente juntos. Desde que la chica salía con Kiba, sabía que estaría en buenas manos, pero eso no la prevenía de la insensatez que por fabrica traían los hombres: "mi amor, te aviso si me voy a ir", "esta noche hagámoslo así nada más. Te aseguro que no pasará gran cosa", "con condón es aburrido…"

― No, que yo sepa. ― respondió ambiguamente. ― Le pedí matrimonio porque es el paso que debía dar, además quiero que viva conmigo.

― No es necesario que te cases para poder vivir con ella. ― le dijo Sasuke.

― Supongo que no, pero quiero hacer las cosas bien y la verdad no me aterra amarrarme de ese modo. Amo a Natsuki de forma loca y sé que será así siempre.

― Iremos a comprar un anillo. ― comenzó a decir Itachi. ― Y por "iremos" me refiero a todos. Kiba necesita de nuestra ayuda porque tiene un gusto muy parecido a Naruto y sabemos lo que eso significa.

― No tengo mal gusto. ― se defendió el rubio. ― Tengo una novia preciosa.

― Si por novia te refieres a mi prima, te sugiero que comiences a correr, porque te romperé la cara.

― Y aquí va otra vez nuestro Manny Pacquiao. ― bromeó con cansancio Shikamaru. ― La que lo tiene que querer es Hinata, no tú.

― Además se vería raro que me quisieras de la forma que me quiere ella. ― dijo el rubio. ― Somos amigos y se podría malinterpretar.

― ¿Ven lo que hacen? Le dan pie a este tarado para que se crea la gran cosa. ― Neji bufó y volvió a mirar la ceremonia que comenzaba a acabar. ― Cuentas conmigo, Kiba.

― Conmigo igual. Te ayudaré a elegir el anillo perfecto para Nat. ― acotó Naruto.

― Con que hagas acto de presencia, nos damos por pagados, Naruto. ― El rubio respondió al provocativo comentario de Sasuke con su dedo levantado.

― Tienes el apoyo de nosotros, idiota, pero para la próxima, organiza bien la petición. ― le pidió Shikamaru.

― Puedo decir que fue cosa del momento, aunque era algo que quería hace mucho. ― les contó. ― Natsuki necesitaba una estabilidad y yo quiero dársela. Casarnos es un mero papel, pero a ella le importa y cuando uno se enamora, todas las cosas que para tu mujer son importantes, lo pasan a ser también para ti. Es como una regla de vida.

Todos quedaron pensativos. Naruto asintió comprendiendo, porque tenía claro que lo que Hinata quisiera, él se lo daría. Neji no elucubro bien sus pensamientos, todavía trastocado por todo, mientras Shikamaru pensó que con Temari no le había pasado eso de dejar las cosas de ella sobre las suyas. Sasuke por su parte, mordió su labio y guardo silencio tanto mental, como físico. Ya mucho se había comido la cabeza respecto a Sakura. No seguiría en la misma senda. Itachi hizo lo mismo, ese no era el día perfecto para que los Uchiha pensaran.

Cuando acabaron los Grammy's, las felicitaciones y los coqueteos correspondientes que se daban en el coctel final ños recibieron de lleno, pero como teían cosas que hacer, duraron un par de minutos más en el lugar y se largaron. Todos corrieron por las calles de Nueva York directo a la van que los llevaría a una fiesta de desenlace. Sin embargo, se desviaron del camino como habían acordado y partieron directamente a las mejores joyerías que pudiesen encontrar abiertas.

Se convirtió en una gran odisea encontrar el anillo perfecto y cuando ya daban todo por terminado y fallado, encontraron una pequeña tienda. Sin grandes ostentaciones y anillos delicados, cosa que a todos les pareció bastante apropiado. Kiba fascinado por la idea, eligió una bella joya delgada, con un delicado diamante encima y oro sin accesorios: un detalle tomando en cuenta la simpleza con la que vivía su chica.

― Por fin. ― dijo Shikamaru, cayendo sobre el sofá cama del departamento de Sasuke. ― Estaba harto de caminar.

― Y de espantar paparazis. ― Los malditos reporteros gráficos se habían agregado a ellos luego de pasar por la segunda tienda, haciendo imposible su entrada y salida del lugar.

Los flashes se centraron en Sasuke como estaban acostumbrados y lo hicieron mucho más cuando lo vieron con una cajita de terciopelos en la mano. El pelinegro tenía la certeza de al otro día tendría a muchos fuera de su casa esperando por una cuña, cosa que no les daría, por supuesto.

― Sasuke, eres como mi hermano, pero en días así es cuando deseo no trabajar contigo. ― El pelinegro miró a Neji, que sentado en una butaca y bebiendo cerveza en botella, lo miraba. ― Agradezco no provocar tanta conmoción.

― Ni aunque quisieras. ― aseguró Naruto. ― Sasuke siempre será el niño bonito de la banda.

― Eso me sonó a envidia. ― Naruto negó de inmediato a la acusación de Kiba, que estaba atontado mirando el anillo. ― Espero le guste.

― Si no le gusta, guarda el recibo y lo cambias.

― Eres tan práctico, Shikamaru. Rebasas amor. ― Lo molestó sarcásticamente el mayor de los Uchiha. ― Chicos, aprovechando que estamos reunidos quería hablarle sobre algunos temas de la agenda.

― No, Itachi. ― reclamó el rubio. ― Son las 3 de la madrugada.

― Es buenísima hora para comenzar una reunión de negocios, así que me importa una mierda su lloriqueo. ― le dijo el pelilargo como por toda razón. ― Saben que la carrera de Sasuke nos coarta un poco a nivel musical, por lo mismo, quiero aclarar ciertos detalles y contarle algunas cosas: Partamos por lo más simple.

― Nos separamos. ― sentenció Naruto, riendo a mandíbula batiente.

Todos lo miraron sin una cuota de humor y algo cansados con su actitud.

― No, Naruto; lamentablemente te tendremos que seguir aguantando. ― El rubio se amurró como niño pequeño y en un rincón se dispuso a escuchar. Su autoexilio era demasiado infantil. ― Se viene una semana de la moda aquí mismo, pero por cosas de tiempo, he decidido cancelar la participación de ustedes, pero donando una cuantiosa suma de dinero que saldrá de nuestros bolsillos. ― No les dolía porque dinero era lo que más poseían ― Hay mucho que ensayar y debemos probar como nos escuchamos en el escenario del súper bowl. Además, se vienen semanas repletas de promoción a la película en la que Sasuke está actuando, haciendo que llegue toda la comitiva desde Japón. ― esa noticia alegró tanto a Sasuke, porque no tendría que ver a Fuka y además por la llegada de Sakura. ― Por lo mismo, el tiempo se reducirá en gran cantidad, al menos para él, así que necesitaré de toda su disposición para poder dar la talla en todo lo que se viene.

― Mi matrimonio lo haré en una fecha que nos acomode a todos. ― aseguró Kiba.

― Tranquilo, si fuese justo encima de un festival, te aseguro que estaríamos ahí. ― prometió Shikamaru.

― Yo también tengo que darles una noticia. ― comenzó a decir Sasuke. ― Supongo que será un poco fuerte.

― ¿Qué mierda hiciste? ― Le preguntó su hermano tapándose la cara y preparándose para escuchar lo peor.

― Deja el dramatismo, Itachi. Ese es mi trabajo. ― el ambiente se distendió, pero seguía el suspenso. ― Luego de esta película, dejaré el cine y me dedicaré por completo a la banda.

― ¿De qué mierda hablas? ― le preguntó un atónito Itachi.

― De eso hermanito, que Sasuke Uchiha deja de ser el actor de Hollywood y se concentrará de lleno en lo que lo apasiona: la música. ― mirando a todos, prosiguió. ― Esto implica que mi atención se irá directamente a la banda.

― Por lo tanto nos cagarás la vida, porque eres enfermo de perfeccionista. ― dijo Shikamaru.

― Ya no podré vaguear. ― lloró Naruto. ― Esto es malo.

― ¿Estás seguro, Sasuke? ― le preguntó Itachi de forma seria.

― Como nunca lo había estado de nada.

15.

Sakura tomó su maleta con algo de nerviosismo, pero intentando relajarse. Desde ese día y para siempre, decidió que si no era estrictamente necesario, no se volvería a subir a un avión. La maldita maquina se había agarrado todas las turbulencias habidas y por haber, dejándola mareada, nauseabunda y pálida como una muerta.

Jiraya la miro preocupado. Verdaderamente se veía complicada.

― ¿Cómo te sientes? ― le preguntó.

Sakura le regaló una enigmática mirada, dándole entender todo a través de ella.

― Pobre Sakura, se ve terrible. ― aportó Kakashi, intentando no burlarse. ― Te daremos un medicamento a la vuelta para que duermas ¿te parece?

― Podrías habérmelo dado antes. ― Le reprochó ella, a un paso de desmayarse.

Ino y Tenten fueron a su encuentro, abrazándola para sostenerla. No caería de bruces, pero le tiritaban las piernas.

― Apenas lleguemos al hotel, tomarás algo frío y descansarás. ― le dijo Ino, quitándole la maleta de las manos para llevarla ella. ― Y también llamarás a tu madre que anda algo histérica.

― Mebuki nació histérica. ― bromeó la pelirosa sin ni un ápice de gracia. ― Estados Unidos es más frío de lo que pensé.

― La tarde está helada, así que te abrigarás. ― le comentó la castaña. ― Mañana tienes que encontrarte perfecto para ir a promocionar y un resfriado nos retrasaría mucho.

― No hablen de trabajo, por favor. ― les pidió en un ruego. ― Quiero fallecer sobre alguna superficie blanda y no despertar en meses.

― No fue tan malo, mujer. ― dijo Kakashi, acercándose a ella. ― Chicas, necesito que actúen un poco como escudo humano porque afuera hay varios reporteros que buscarán hablar con Sakura. ― Ino y Tenten asintieron al mismo tiempo. ― Hay algunos guardias así que no se saldrá de control.

― Lo que me faltaba. ― rezongó Sakura. ― Intentaré poner mi mejor rostro.

Le costó, pero lo hizo, sonriendo con mesura y asintiendo a lo poco y nada que entendía.

Cuando pasó todo el barullo, Sakura se subió a la van y durmió en el hombro de Tenten, respirando profundamente. Kakashi se volteó a mirarla y con una sonrisa, les dijo que irían a la casa de Sasuke porque había que organizar ciertas cosas.

― Ah y está toda la banda quedándose ahí. ― Tenten miró a Ino y viceversa, suceso que no pasó desapercibido por el peliblanco. ― ¿Les causa problemas? ― la castaña estuvo tentada a quitarle la sonrisa socarrona de un puñetazo.

― No. ― respondió la rubia escuetamente, pensando en cómo sobrellevar eso de ver a Itachi. ― Nos quedaremos en la van junto a Sakura.

― Como quieran.

El silencio se hizo presente, solo interrumpido por el respirar de la pelirosa.

Cuando la van se detuvo, sus corazones también lo hicieron y sonriendo falsamente instaron a todos para que bajaran. Ellas cuidarían a la pelirosa.

Comenzaba a anochecer, haciendo que el frío se volviera mucho más fuerte. Sakura dio un respingo, pero fue abrigada por la chaqueta gruesa que traía en la mano. Volviendo a suspirar, se acomodó mejor, cayendo en las piernas de Tenten; la castaña le acarició el cabello con afecto.

― Es una niña. ― dijo. ― Y se nota cansada.

― Creo que eso de tener que ir a la escuela y trabajar le pasará la cuenta. Soy de la idea que termine éste año con profesores particulares y el próximo lo haga de forma presencial.

― Podrías sugerírselo a Jiraya. ― acotó la castaña. ― Es probable que acepte, pero yo pondría la condición de que se centrara ciento por ciento en eso.

― A Sakura nunca la podremos obligar a hacer algo que no quiere. Además, es tan obstinada... pero creo que si canalizamos bien esa fuerza de convicción que tiene, podremos llevarla directo a las buenas calificaciones. ― Ino esperaba que fuera así, para que después la pelirosa no se lamentara de no haber aprovechado la oportunidad que se le estaba brindando. ― Supongo que estudiará teatro o artes escénicas.

― No tomes nada por sentado. Quizás salga con que quiere ser veterinaria. ― Tenten asintió riendo.

― Tengo mucha sed. Muero por agua o algo para beber. ― dijo Ino, cambiando de tema.

― Estoy igual, comimos demasiado maní sobre el avión.

― Para la próxima llevaré comida, porque es asquerosamente mala la que te dan en el viaje.

― En eso te apoyo. ― acotó Tenten.

La puerta corredera de la van se abrió, haciendo entrar a quien menos esperaban.

Sasuke con sus ojos negros las miró fijamente, como buscando algo a alguien. Sakura se encontraba arropada y tapada por los asientos delanteros.

― Hola, Sasuke.

― Yamanaka, Tenten. ― saludó. ― ¿Dónde está Sakura?

― Durmiendo a pie suelto. ― respondió Ino. ― Entra, porque hace frío y no está muy abrigada.

Con rapidez Sasuke hizo lo que le pidió la rubia y agachado caminó directo hacia ellas. Al ver el bultito en medio de las dos chicas, la ternura se apoderó de su corazón con una fuerza extraordinaria, haciéndole detenerse y contemplarla con afecto.

Lo que crecía dentro de él era mucho más de lo que estaba dispuesto a aceptar. Mirarla, olerla, acariciarla… definitivamente ese sería su paraíso.

― Está pálida. ― sentándose frente a ellas, le acarició el rostro a la pelirosa. ― ¿Por qué?

― Tuvo un vuelo horrendo y juró no volver a subirse a un avión. ― dijo medio en serio, medio en broma la castaña. ― Desde que salimos hasta que llegamos estaba aterrada.

― ¿Han comido algo? ― les preguntó, sin soltar la mejilla de la chica. Ino y Tenten negaron. ― Suban, arriba hay cosas para comer y bebestibles.

― No te preocupes, Sasuke. Nos quedaremos abajo cuidando a Sakura. ― aseguró Ino, sonriendo nerviosamente.

― Háganlo, se enfermarán.

Ino mordió su labio, sabiendo a ciencia cierta que estaba con su peor rostro y vestida de forma desprolija. Tenten se encontraba teniendo los mismos pensamientos, pero haciendo acopio de valor, aceptó. De nada servía quedarse ahí abajo fingiendo no sentir frío por el simple hecho de no querer ver a ciertos personajes.

― Vamos. ― Ino miró horrorizada a la castaña, haciendo muecas para que se retractara. ― Tengo hambre y si hay comida, subiré.

― Digna amiga de Sakura. ― murmuró el pelinegro apenas siendo oído. ― Pásamela, mientras ustedes bajan.

― Despertémosla para que no sea incomodo bajarla. ― sugirió Ino, pero Sasuke se negó.

Sin embargo no fue necesario que debatieran, porque Sakura se removió entre las chicas y abrió los ojos desorientadas. Tallándolos, se incorporó mirando ceñuda y pasando las manos por su cara.

― ¿Dónde estamos? ― preguntó con voz enronquecida.

Sasuke sintió su corazón latir cada vez más fuerte expectante por la reacción que tuviese Sakura al verlo, pero al parecer todavía no reaccionaba del todo porque miraba con confusión a la rubia exigiendo una respuesta.

― Estamos en Estados Unidos. ― le contestó la rubia, arreglándole un mechón de su cabello.

Sakura volteó el rostro para mirar a Tenten y de reojo vio a otra persona, alguien quien deseaba ver hace mucho.

― ¿Sasuke? ― preguntó, sobándose nuevamente los ojos sin dar crédito a lo que veía. ― ¿Eres tú?

― Supongo que sí. ― respondió sonriendo de medio lado.

La pelirosa lo miró fijamente dos segundos intimidándolo y temiendo por su salud mental ¿lo había olvidado?

― Eres real. ― murmuró despacio, para luego de forma brusca jalonearlo del cuello y comenzar a besarle la boca rápida y reiteradas veces. Sasuke apenas respondió a ese ataque tan frontal, pero no la separó para sorpresa de Ino y Tenten, más bien le respondió como podía, haciendo más sonoros los besos. ― Te eché tanto de menos. ― le dijo contra los labios, haciendo que el último beso fuese más profundo, pero sin llegar a abrir la boca. ― ¿Te irás con nosotras?

― Hasta que te acuerdas de que estamos acá. ― le reprochó la castaña bromeando. ― No lo dejaste ni reaccionar.

― No me molesta que seas efusiva, Sakura. ― le respaldó el moreno, acariciándole la mejilla. ― Vamos, subamos al departamento.

― Sasuke…

― Sí, tengo comida. ― Los ojos de la pelirosa brillaron y esperando a que todos bajaran, se encaminaron a los ascensores. ― Están los chicos arriba junto a Jiraya, Kakashi y Yamato.

― ¿Por ellos supiste que yo estaba abajo? ― le preguntó una vez que se encontraron en el ascensor.

Estaban intentando mantener las distancias por encontrarse a vista de cualquiera y había sido la mejor decisión, porque en el tercer piso se subió una pareja de chicas y en el octavo, un anciano.

Las mujeres le coquetearon a Sasuke a través del espejo, pero una jugada inesperada por parte de Ino y Tenten, no les permitió continuar porque se posaron en toda la visual impidiéndoles verlo. Sakura por debajo le pellizcó un brazo, mandándole una mirada de advertencia. El pelinegro que toda la vida había odiado las escenas de celos o reclamos mudos de las mujeres, se sintió extrañamente feliz con ese gesto de Sakura; era reafirmar que estaba bien con ella y no perdiendo el tiempo.

Al bajarse, Sakura lo miró ceñuda.

― No hice nada. ― se defendió levantando las manos.

― Ino, creo que es mejor que adelantemos el paso para no oír su conversación ni verlos reconciliarse. ― comenzó a decir la castaña. ― Luego de la presentación que nos dieron abajo, me bastó para lo que queda de viaje.

― Eres una habladora, Tenten ― le dijo Sakura ofendida. ― Y anda acostumbrándote porque seguirás viendo ese tipo de espectáculos.

― Me encanta que seas tan decidida. ― acotó la rubia, parándose a un lado de la única puerta que había en el piso. ― Supongo que ésta es tu casa.

― Una de muchas. ― arregló Tenten.

― Habladora. ― Sakura le sacó la lengua y esperó a que Sasuke abriera la puerta para entrar, pero no lo pudo hacer, porque cuando iba a dar un paso dentro, el pelinegro la agarró del brazo.

Ino y Tenten entendieron el mudo mensaje y se escondieron en la casa del pelinegro, olvidándose de sus reticencias con el solo fin de dejarlos solos.

Sasuke la arrinconó contra la muralla a un lado de la puerta, acercando su cuerpo para encerrarla y agachando la cabeza a su altura.

Tomándola por el mentón y enlazando un brazo tras su espalda, procedió a besarla como quería hacerlo desde hace mucho. No se dio preámbulos y mordiendo su labio inferior la obligó a abrir la boca para poder recorrer con su lengua todo su interior. Sakura dio un respingo aferrándose a su cuello y devolviéndole el beso con todo lo que había aprendido.

Sasuke aspiró hondo para aguantar mucho más pegado a sus labios. Sakura enredó sus dedos en el cabello oscuro, moviéndole la cabeza a su antojo. Fue tanta su efusividad que chocaron bruscamente los dientes, haciendo que se separaran. La pelirosa se avergonzó profusamente, mientras Sasuke se apoyó contra su frente y lanzó una leve risa, fascinado con ella.

― Me gusta que seas tan tú para todo. ― le confesó, mirando de cerca el rubor que cubría sus mejillas. ― Por fin estás acá y no fue en el tiempo que me dijiste.

― Mentira piadosa. ― susurró contra sus labios, odiándose por no haberse lavado los dientes en el avión. ― ¿Te puedes alejar? ― Sasuke frunció el ceño al oír esa petición. ― No me he cepillado los dientes.

― Sakura, acabo de meter mi lengua en tu boca y me sales con esto. ― La pelirosa no comprendió ¿debía ofenderse? ― Hueles exquisitamente como siempre. ― Vaya imbécil en el que se estaba convirtiendo. ― ¿Dónde te quedarás?

― No lo sé, porque apenas si he hablado con Yamato y él sabe todo eso. ― Sasuke se alejó un poco sin soltar su abrazo, viéndola gesticular, aunque apegada a él. ― En el aeropuerto me pillé con periodistas, pero supe mantener la calma. ― afirmó. ― Creo que comienzo a perder el miedo.

― Si no lo pierdes, me tendrás a mí a tu lado para protegerte. ― Sakura se sintió a medio derretir por sus palabras.

Sasuke no era romántico y distaba mucho de ser alguien cariñoso, pero eran tantos sus gestos que quedaba claro que le importaba. Su forma de protegerla, apoyarla, cuidarla, acompañarla… podría seguir sin acabar y eso le parecía grandioso. Él no necesitaba pintarle una realidad rosa, porque con sus acciones volvía las fantasías en realidad. Algo palpable y único.

― Tengo seguridad de que es así. ― Le dijo, reafirmando sus palabras al darle el respaldo.

Se iban a dar otro beso, pero escucharon la puerta abrirse y Sakura lo empujó para pasar desapercibido. Itachi los miró alzando una ceja dando a entender que sabía en lo que estaban.

― ¿Cómo estás, Sakura?

― Bie… bien. ― tartamudeó ella, sonrojándose fuertemente. Sasuke frunció el ceño molesto por las reacciones que tenía Sakura frente a su hermano. No quería ponerse un bruto celoso y posesivo que veía a todos como posibles contrincantes, pero le molestaba en puntual esa situación.

Ya tendría tiempo de reclamarle.

― Relájate, pequeña. ― Itachi notó como las mandíbulas de su hermano se apretaban una contra la otra. No queriendo tentar más a su suerte, mantuvo las distancias y bromas para otro momento. ― Deberías entrar. Está helado el pasillo y no te puedes resfriar.

― Sí… creo. ― dando un tumbo, lo esquivó y entró al lugar.

Itachi miró fijamente a su hermano que siguió con sus ojos la caminata de Sakura hasta que se perdió.

― ¿Estás feliz?

― Lo suficiente como para no partirte la cara en este instante. ― aseguró. ― ¿Sabes dónde estarán?

― Se van a un hotel que queda a unas dos manzanas. ― le comentó. ― Sakura estará junto a las chicas.

― Quiero que se quede acá. ― el pelilargo volvió a enarcar una ceja. Esa era una petición arrogante e infantil a ojos de él. No estaba pensando claramente. ― Intentaré…

― Ni se te ocurra. ― lo amenazó. ― Sé que te gusta y mucho, quizás más de lo que eres capaz de reconocer y de lo que alguna vez te ha gustado una mujer, pero debes ser cauteloso. Quizás para ella o para ti no sea complicado el tema, pero para Jiraya, Yamato, Kakashi y yo sí lo es, porque debemos protegerlos. ― le tomó un hombro. ― No te pido que te separes de ella, porque ya me fijé que es imposible, pero sí que pienses con la cabeza antes de enfrascarte en un problema gigante y causarle daño a ella por esto. Jiraya puede verse muy relajado, sin embargo no permitirá que se quede acá porque la protegerá y se lo debe a Mebuki. No quieres que te la quiten ¿verdad?, entonces demuestra que se puede confiar en ti y que no te aprovecharás de ello. ― le aconsejó. ― Piensa que debes comportarte como el primer novio y eso implica ser lo más caballero posible.

― Hmph. ― dijo Sasuke por toda respuesta, pero para Itachi fue una ganancia ya que no significaba su negación.

― Vamos dentro, disfrutemos, mantén las distancias frente al resto y luego déjala marchar. ― le apuntó. ― Te prometo que mañana intentaré algo para que la veas, pero por ahora, hazme caso.

― Que quede claro que lo hago por ella, Itachi. No es un cese de mi odio contigo, pero si aceptaré lo que implique cuidarla.

― Gracias. ― entraron a la sala para encontrarse a todos los presentes en distintos estados.

Shikamaru conversaba con los mandamases. Kiba y Naruto conversaban con las chicas y Neji miraba todo desde una distancia prudencial, solo concentrado en su cerveza a medio tomar.

Sasuke vio a Sakura reír levemente con un comentario de Kiba y se alegró por ello, pero evitó acercarse, cosa que le extrañó. Luego le daría sus explicaciones, por ahora solo se preocuparía de cuidarla.

Llegó a la altura de Neji y se apostó ahí. Lo vio mirar fijamente hacia el grupo de ruidosos que se encontraba equidistante a ellos y también lo oyó gruñir por lo bajo. Ceñudo, lo instó con una mirada a que hablara.

― ¿Qué hace ella acá? ― le preguntó el pelilargo apuntando con un movimiento de cabeza a la castaña. ― No actúa junto a ti.

― Es la que hace todo el vestuario. ― le contó. ― ¿Y a ti que te importa?

― Nada. ― respondió, dándole un largo sorbo a su cerveza, acabándola. ― ¿Tienes más de estas? ― le preguntó, alzando la botella vacía.

― En el refrigerador. ― Le indicó, caminando hasta Jiraya dejándolo solo.

No había mejor cura para los pensamientos que distraerlo con conversaciones de trabajo.

16.

Tenten se metió al cuarto de baño para desahogar sus problemas fisiológicos. Cuando se sintió con su vejiga deshincha, dispuso a lavarse las manos y salir para seguir hablando sobre el casamiento de Kiba con Natsuki.

Sonrió como tonta contra el espejo se echó agua en el pelo para bajar un poco el frizz y arreglar su peinado desarmado por el viaje. Luego de eso, bebió un poco de agua y salió dispuesta a comentar las ideas que se le habían ocurrido mientras orinaba, respecto al enlace.

Iba tan centrada en eso, que no recayó en la presencia que se encontraba a un lado del baño bebiendo cerveza con parsimonia.

― Tenten. ― murmuró Neji, penetrándola con sus ojos blanquecinos. ― Tanto tiempo.

― No el suficiente. ― musitó ella, esquivándolo para no conversar de cualquier estupidez que se le ocurriera al pelilargo. Ya estaba cansada de ese tira y afloja de mierda que consumía sus energías.

― Que desagradable para saludarme. ― le reclamó sin ningún tipo de emoción en su tono. ― Supuse que podríamos llevarnos bien.

― Supones mal. ― lo desestimó. ― En mi mundo, para llevarse bien, primero hay que tratarse con respeto y ambos sabemos que tú no me respetas.

― Deja de llorar por ello. ― le pidió con cansancio. ― No se me da bien tratar contigo, pero eso no quiere decir que no te respete.

― Como sea, Hyuga. ― Le dijo, restándole importancia. ― Tengo que ir a hacer algunas cosas y tú…

― ¿Por qué te pones nerviosa, Cleopatra? ― la castaña quedó muda y sin saber que decir. ¿Por qué la llamaba de esa forma? ¿Acaso quería recordarle algo? ― Estamos mayores como para estar dando preámbulos.

― Yo no tengo por qué darme preámbulos. ― aseguró, mirándose las uñas. ― No hay nada que contar o que conversar entre nosotros.

― Si hay. ― el pasillo estaba oscuro y solitario.

El departamento de Sasuke se alejaba mucho de la idea que ella tenía de departamento. Bajo su concepto ese lugar era enorme, digno de una casa de un piso, con 5 habitaciones e igualdad de baños y ella, haciendo gala de su forma idiota de ser, se había metido en el más apartado.

― Olvídalo. ― le espetó, intentando avanzar, pero el brazo de Neji se cruzó en su camino, impidiéndole continuar. ― Por favor, basta.

― ¿Basta de qué? No hemos empezado nada. ― le dijo de forma sugerente. ― Nada que valga la pena, todavía… ― le dio un valor de poca importancia a la frase, pero dejando la posibilidad de que las cosas cambiaran.

― No quiero relacionarme contigo, así que por favor déjame pasar. ― Le pidió, intentando remover su brazo, pero no fue suficiente, ya que el pelilargo se abalanzó contra ella, haciendo chocar su hombro derecho contra la pared. ― Neji… ― le insistió.

― ¿Qué tienes, Tenten? ― le preguntó de forma retorica, pasando su nariz por su oreja. ― ¿Qué tienes que me haces sentir tan miserable? ― la castaña intentó controlar sus impulsos más primitivos, ya fuese volarle los dientes de un puñetazo o girarse para comérselo a besos y dejarse llevar. ― Contigo me siento un idiota al por mayor.

― Esa es tu realidad y no es mi culpa. ― Neji rió amargamente. ― Déjame ir. ― volvió a pedirle.

― Ojala fuese fácil. ― susurró en su oído, dejándola embriagada con el calor de su aliento. ― Ojala no fuese de ésta forma.

Tenten sabía que volvería a ocurrir, porque tarde o temprano sus cuerpos los obligarían a actuar, pero a diferencia de lo que creía, fue Neji quien dio el paso de girarla para apoyarla contra la dura superficie y besarla como enajenado, olvidándose de quien era, de cómo se sentía y que le debía fidelidad a otra mujer.

― Neji. ― le pidió entre besos, aunque no especificó si era de necesidad de saciarse o de que se alejara. ― Neji.

― Te odio y me odio por esto.

Palpando contra la pared, encontró la manilla de la puerta que lo llevaba al baño. Jalándola contra él, la hizo entrar sin soltar su boca y se metió junto a ella al lugar.

Tenten no podía ni quería soltarlo. Era su necesidad, lo necesitaba con desesperación. Sabía que estaba cayendo bajo en muchas formas, pero no podía negarse a lo que sentía ni mucho menos mentirse. Era Neji, el maldito hijo de perra que llevaba amando desde que era una adolescente, el idiota que se cruzaba por su mente cuando se acostaba con otro, el hombre que añoraba cuando compartía sus gemidos con algún novio. Siempre había sido él para su cuerpo y lo reafirmó al no negarse a lo que sucedía.

Neji dejó la botella de cerveza parada a un lado del lavamanos para poder tocarla como quería. Sus manos recorrieron su silueta, llevándose en su paso parte de la ropa que cubría a la castaña.

Tenten suspiraba contra su boca y oído excitándolo aun más, instándolo a mordisquear su cuello y pecho cubierto solo por una remera de tiras, que vislumbraba un poco erótico sostén deportivo, aunque eso poco le importó.

Apenas si bajó la remera juntó al sujetador para tomar su pezón entre los dientes y morderlo levemente. Tenten sintió electricidad recorriendo sus extremidades, haciendo que el dolor de la acción se mezclara por completo con el placer, convirtiéndolo en algo único.

El pelilargo siguió bajando, descubriendo su estomago para besarle el ombligo y pasar su lengua por ese sector. Al llegar a la cinturilla del jeans, lo desabrochó con ímpetu, reventándole el botón de metal y bajándole el pantalón a los tobillos. Perdido en el olor que expelía el sexo de la castaña, se acercó para besarla sobre las pantaletas.

Tenten dejó de respirar y aferró una mano en la cabeza de Neji, obligándolo a seguir ahí, mientras la otra apretaba con desesperación la toalla blanca que estaba a su lado. Mordiendo su labio inferior, tragó sus gemidos intentando contenerse.

Al abrir los ojos, se vio frente al espejo con su cara roja de excitación, su pecho izquierdo descubierto y la remera a medio levantar, pero la imagen que más le impacto, fue la cabeza del pelilargo perdido entre sus piernas, dándole un poco de placer sin concretar del todo, pero no tuvo que pedírselo, porque Neji le rompió su bonita pantaletas y la tiró lejos, para luego levantarle una pierna sacándole un pie del jeans, posarle ésta misma sobre su hombro y proceder a darle sexo oral como se lo merecía.

Tenten vio estelas de colores al cerrar sus ojos y su cuerpo se apretó desde el esternón hasta los pies, encogiendo los dedos contra la dura y fría cerámica. Ya sin fuerzas para abrir los ojos y solo dedicada a sentir, olvidó por completo donde estaban y que todo el mundo estaba a unos pasos de ellos debatiendo quien sabe qué cosa. Podían oírlos y descubrirlos, pero no les importó.

Neji supo que la castaña se venía en su boca cuando su jaloneo en la cabeza se volvió más rudo, pero en verdad eso no era lo que quería. Sabía que era egoísta y no le importaba reconocerlo; él también quería placer y se lo pediría a esa chica que por segunda vez se entregaba a él.

Levantándose de su posición, la volteó contra la pared, apegándose a su espalda y rozándole su erección contra las nalgas. La castaña murmuró reclamos por quedarse insatisfecha, pero Neji no la oyó. Sacando su billetera, procedió a buscar el condón y cuando lo encontró, tiró ésta a algún otro lugar al igual que las pantaletas.

Bajó sus pantalones con una mano mientras con la otra sacaba el contenido del paquete. Poniéndose el plástico a lo largo de su sexo, la tomó de las caderas y levantándola, la penetró de una simple y decidida estocada.

Tenten se desplomó contra la pared y aunque con un poco de incomodidad por el largo tiempo que llevaba de abstinencia, lo aceptó dentro de su cuerpo. Neji feliz por ese cese, comenzó a embestirla sin darle tregua a descansar. La castaña aguantaba a duras penas cada gemido que arrancaba su garganta.

Ambos necesitaban gritar. Desgarrarse sus gargantas para que así se fuese el dolor que se provocaban, más él a ella, sin embargo era imposible. Debían contenerse y conformarse con ello tan básico, duro y carnal. Cada estocada fue más profunda y más certera. Tenten nunca se había encontrando sintiéndose tan llena como se sentía con él, era como si tocara muy dentro de su cuerpo y la dejase quieta. Excitada a más no poder, comenzó a tocarse para darse más placer. Neji no quiso que nada fuese arrebatado de su autoría y sacándole su mano, puso la de él, mientras la otra pellizcaba su pezón duro y necesitado de atención. Tenten se sintió atacada por todos sus flancos, volviendo sus huesos en lava ardiente y su cuerpo en un volcán listo para hacer erupción, acabando en un grito.

― Di… dilo. ― le dijo Neji en su oído. ― Ve… quien te coge.

― Neji. ― dijo ella contra la pared, completamente vencida por su fuerza e ímpetu. ― Neji.

― Soy yo quien te está cogiendo. ― masculló apoyado en su hombro. ― Nunca lo olvides.

― No. ― fue su única respuesta.

Las palabras del pelilargo solo hablaban de lo enfermizo que podía volverse eso si no era controlado.

Neji sintió su cuerpo vibrar dando claros indicios de que se venía su orgasmo. Uno de los mejores al parecer, porque su centro se sentía muy acalorado. Dándole más rapidez a sus estocadas, esperó hasta que los músculos interiores de la castaña se aferraran a su miembro para dejarse llevar. No debió esperar mucho, porque en pocos segundos Tenten tiró la toalla que apretaba con su mano y la mordió. Neji se abandonó a lo mismo y enterrando sus dientes en el hombro delgado de la chica, se vació dentro del plástico.

Jadeantes, perlados de sudor se quedaron en esa posición algunos segundos. Sin separarse, sin pensar y sobretodo solo sintiendo, porque ya tendrían tiempo para los reproches.

Sus respiraciones se normalizaron, pero no sus mentes ni corazones. El final llegaba con todo lo que conllevaba y para ellos el sonido de una botella quebrándose contra el suelo fue la señal.

No había nada más. Eso era lo que eran y lamentablemente, ya no se podía cambiar.

17.

― Chicas, por favor, tengan una lluvia de ideas esta noche y ayúdenme a hacer mi proposición en algo decente. ― les pidió Kiba con sus ojos brillantes. ― Que descansen.

La comitiva de Japón se despidió con afecto de toda la banda y partió a su hotel para descansar. Ya habían hablado de lo necesario con Sasuke y casi todo había quedado claro.

Sin embargo el pelinegro se sentía incómodo. Tener que verla, pero no poder tocarla era una prueba demasiado fuerte para su desesperante forma de ser. Itachi tampoco pudo mantenerse estoico frente a esa visita: miraba a Ino, pero no sabía cómo acercarse a ella.

Era un estúpido, ya con más de 30 años se comportaba como un crio ¡un maldito nene!, se reprochó.

― Wow, me agradan demasiado esas chicas. ― dijo Naruto de forma desenfadada ― Les aseguro que con esa simpatía, muy pronto nos encontraremos que tienen novios.

El rubio no fue consciente de los tres pares de ojos que se posaron de forma asesina sobre él. A diferencia de Shikamaru, que ya se había percatado de todo, el Uzumaki era demasiado bruto y lento como para llegar a una conclusión lo suficientemente elaborada que explicara el errático comportamiento de sus amigos.

― Sería bueno, así mi Natsuki y yo tendríamos parejas amigas con las cuales seguir. ― Si Naruto era un bruto sin remedio, Kiba demostraba que podía haber un segundo espécimen que lo avalara.

― No seas imbécil. ― dijo Sasuke. ― Sakura es una adolescente.

― Muy guapa, por lo demás. ― Itachi puso una mano entre su hermano, antes de que se tirara con toda su furia sobre el rubio. ― Ino, también es preciosa. ― Fue el turno de que el Uchiha menor pusiera cara de burla al ver como el gesto de su hermano se endurecía.

― Las tres son guapas o me dirán que no se han fijado en las bonitas caderas que posee Tenten. ― dijo Shikamaru, buscando validar un punto y no se equivocó, porque rápidamente Neji se puso en evidencia al dar un respingo y lanzarle una fría mirada.

Así que el pelilargo sí se había perdido con la chica de chongitos, pensó. Eso era una novedad que le agradaba. Quizás así se olvidaba de la furcia que tenía por novia.

― Sí me había fijado. ― Lo avaló Itachi. ― Sus caderas son espectaculares.

― ¿Podrían dejar de hablar tanta tontería? ― les pidió el Hyuga. ― Hay cosas que hacer y estar hablando de forma tan lasciva de chicas me fastidia.

Dando un chasquido de lengua, se volteó para meterse en la habitación que compartía junto a Shikamaru.

Todos lo vieron salir, aunque solo Shikamaru fue consciente de lo que le pasaba.

― A mí me cae bien Nozomi. ― agregó Sasuke con esa tranquilidad desconcertante. Fue el turno del coletitas para molestarse. ¿Podía ser que a Sasuke le gustara la chica? Si ese era el caso, podía darse por perdedor de inmediato, porque jamás tendría las armas suficientes para competir contra el porte del pelinegro. ― Pero no es mi estilo de chica.

¿Podía tomarse eso como una esperanza frente al moreno? No fue necesario a ahondar, porque el tema pasó a segundo plano.

― Mañana los quiero ensayando a las 7 de la mañana, así que váyanse a dormir. ― les dijo Itachi, obligándolos a tomarse lo último que quedaba de alcohol para irse a acostar relajado.

Cada uno en sus pensamientos procedieron a acostarse, el único que quedó despierto fue Naruto, que se whatsappeaba junto a Hinata.

¿Cómo estás? Aquí ya es más de medianoche y debo levantarme en un par de horas. Naruto

Expectante, Naruto puso el teléfono bajo la almohada aguardando su respuesta que no se demoró en llegar.

Estoy algo cansada, pero bien ¿y tú? Hinata

El rubio se preocupó.

Bien. ¿Por qué cansada? ¿Saliste a alguna parte? Naruto

Nuevamente la maldita espera.

Sí, tuve que acompañar a mi padre a una comida. Hinata

Bueno, al menos no había salido con otro chico, pensó… ¿desde cuándo él era así de posesivo? No le gustó esa sensación, así que la erradicó de lleno.

¿Por último estuvo sabrosa? Naruto

El rubio sonrió. Se imaginaba esas comidas tan formalitas y aburridas que compadecía a su novia.

Era gente de dinero, así que apenas comen… quedé con hambre. Hinata

Naruto no pudo evitar añorar estar junto a ella para haberla complacido.

Apenas llegue, hagamos una salida a algún restaurant. Te llevaré donde preparan el mejor ramen de la historia y no estoy agrandando las cosas. Es exquisitamente exquisito. La última vez que fui, el viejo me regaló dos porciones, ¿puedes creerlo? Casi morí de felicidad. Naruto

Recordó con afecto ese momento. Estaba junto a Shikamaru almorzando para conversar algunos detalles mientras Sasuke disfrutaba de sus vacaciones junto a Fuka, cuando llegó el dueño del lugar y agradecido por toda la propaganda que le hacía o la cantidad de clientela que entraba gracias a su presencia, le regaló dos porciones que duraron nada sobre la mesa.

Te imagino sonriendo. Es una de las cosas más bonitas que tienes. Naruto

Naruto suspiró como idiota, superando su marca con creces.

La tuya también ( ) Hinata

Su sonrisa se agrandó al punto de partir su cara, sorprendido con su coqueta respuesta. Apurando los dedos, le hizo saber lo que sentía.

Como desearía que estuvieras aquí. Naruto

El sentimiento de soledad crecía dentro de él en la medida que Hinata se encontraba lejos. Estaba tan enamorado, aunque siempre lo había estado de ella, que ahora poder tenerla y a la vez no era desesperante. Añoraba a la peliazul con desesperación.

¿Pink Floyd? Hinata

Había captado de inmediato que estaba haciendo referencia a esa banda.

Claro. Con esto me demuestras que mereces completamente la pena: una chica que sabe de rock es perfecta. Aunque si tú escuchases bandas pop o cualquier cantante con pinta afeminada, me seguirías gustando. El solo hecho de que seas quien eres ya me deja a tus pies. Naruto

Claramente Naruto se estaba perdiendo como bajista, porque como poeta era muy probable que ganara más dinero. La peliazul tenía el poder de sacar todo ese don afuera.

Tú eres mi músico favorito ( ) Hinata

El rubio se sintió nuevamente consumido por ese amor sosegante, que lo dejaba reducido en un ambiente de paz y tranquilidad.

Y espero que sea así por siempre. Naruto

Nuevamente se comportaba con posesividad y no le gustaba. Él confiaba en Hinata.

Tengo la certeza de que sí. Me debo ir porque saldré con Natsuki. Tiene que ver vestidos de novias y se ha puesto imposible ( ) Háblame cuando despiertes por la mañana, me gusta leerte. Adiós. Hinata

El rubio aceptó.

Ahí te encontrarás con mis mensajes, preciosa. Cuídate novia mía y encuentra el vestido perfecto. Que tengas una buena tarde Naruto

Hinata le dejó el visto y él se lo tomó como la despedida.

La noche cayó en los Ángeles, acompañada con los parpados de cada uno, dando pie a un sueño reparador.

18.

― Si alguien te pregunta como entraste, di que fue por tu astucia y no por confabularte conmigo. ― Sakura asintió sonriendo de oreja a oreja.

Shikamaru se alzó de un hombro y le dio la pasada al lugar.

Eran pasadas las 3 de la tarde y la banda dormía luego de haberse levantado a las 5 de la madrugada a ensayar. Itachi, intentando ser benevolente, les había dado un par de horas para que descansaran y todos aprovecharon, incluido él que dormía a pie suelto dentro de su cuarto.

Lentamente, la pelirosa caminó a la habitación que el moreno le indicó: quería despertar a Sasuke a punta de besos y cariños que solo ella le propinaba. Además, en su bolso guardaba unos chocolates que se había robado de la consulta médica a la cual había ido por la mañana y se los comería mientras regaloneaba junto al pelinegro. La idea de compartir sus dulces no le parecía, pero haría la concesión solo porque era Sasuke.

Con sutileza abrió la puerta y del mismo modo la cerró. Todo se encontraba en orden, haciendo aun más claro a quién le pertenecía el lugar. La luz natural que bañaba el lugar, era acogedora y volvía la escena en algo más perfecto al combinarse con la espalda blanquecina, pintada de algunos tatuajes que reposaba sobre la cama de forma desenfadada.

Se subió a la cama, sacándose el bolso y gateó sobre el colchón para llegar donde él. Le dio un pequeño beso en la parte trasera de su cuello que era cubierto por la cabellera larga y oscura de Sasuke y siguió bajando por su columna con lentitud. Estaba haciendo un camino erótico y disfrutando de ello.

Sus manos se perdieron tocando por completo la espalda del Uchiha y acarició con sus yemas parte de sus tatuajes. Había mucho realismo, animales y un poco de constelaciones. También notó en su hombro derecho reposaban los nombres de su familia. Fugaku, Mikoto e Itachi y a un lado el símbolo Uchiha. Quizás Sasuke no era demostrativo, pero ese tipo de cosas dejaba claro el amor desmedido que sentía por sus cercanos.

Lo oyó gruñir y quejarse. Comenzaba a despertarse.

― No me jodas, Itachi. ― murmuró sin querer levantarse. Sakura liberó una bajita risa y posó nuevamente sus labios en el centro de su espalda. ― ¿Qué mier…? ― reclamó volteándose.

La pelirosa aprovechó ello y se sentó sobre sus caderas para mirarlo desde esa altura, con manos en la cintura y ojos picaros.

― Hola, Sasuke. ― saludó la chica. ― Debo reconocer que tienes un mal despertar, así que para la próxima no lo haré.

― Sakura. ― fue la única palabra que salió de su boca y sentándose, la abrazó por la cintura para besarla.

La pelirosa alzó una ceja, pero no se separó y le respondió con ganas e ímpetu. Enlazando sus brazos alrededor del cuello de Sasuke, lo acercó para profundizar aun más. El pelinegro se dejó caer sobre la cama junto a ella y sin separarse de su boca.

Sakura rió sobre sus labios y le mordisqueó el inferior con dulzura. Sasuke adentró su lengua en esa boca que tanto le gustaba, y comenzó a recorrer con sus manos el cuerpo que ya conocía tan bien.

Acarició su espalda de arriba abajo y luego posó las manos sobre sus nalgas para apretarlas contra su pelvis ya excitada. Bajó por sus muslos y las volvió a subir para meterlas entre ambos y acunar los dos senos que caían a la perfección en sus manos. Sakura dio un gemido ahogado y acallado por los besos de Sasuke: le gustaba lo que le estaba haciendo.

― Sasuke. ― gimoteó al separarse un poco de él y ponerle atención a su cuello.

Lo mordió y succionó dejando una marca que después le costaría muchas bromas por parte de sus amigos, pero a ninguno le importó. Sasuke se dejó hacer por ese cuerpo que le fascinaba y ese olor que lo aletargaba.

― Me encantas. ― le masculló el pelinegro, incapaz de contenerse del todo.

Se volteó para quedar sobre ella y someterla bajo su peso.

― A mi también. ― profirió ella, alzando los brazos para que le sacara el chaleco que traía, junto con una camiseta manga larga, quedando solo con sus sostenes.

― ¿Cerraste la puerta? ― le preguntó bajito. Sakura negó con la cabeza. ― Mierda.

Rápidamente se levantó de la cama y Sakura pudo admirar como su miembro era detectable bajo el pantalón suelto que traía Sasuke. Se notaba bastante excitado y listo para dar placer. El pelinegro no le permitió pensar mucho más, porque se metió dentro de la cama para continuar en lo que estaban.

Sakura abrió los brazos para recibirlo y disfrutó de sus besos profundos, húmedos e invasores. Las manos de Sasuke se perdieron en todas partes y recorrieron su cuerpo sin darle espacio a replicar. Sakura jadeó cuando una de ellas se metió dentro de su pantalón para tocar su sexo deseoso de atención.

El pelinegro aprovechándose de lo propicia que estaba Sakura, metió un dedo con más rapidez y profundidad que la vez anterior. El cuerpo de Sakura ya podía soportar ese tipo de embates y comprobó su punto cuando la pelirosa se mordió los labios para no gritar de placer.

Entró y sacó su dedo para luego agregar otro y hacerla gozar con ellos. Sakura se aferró a su espalda y lo rasguñó con desesperación. Sasuke bajó su sostén y tomó uno de los pezones para succionar mientras la recorría en el vértice de sus piernas. Sakura no podía soportar mucho más y todo se desbocó cuando las caricias intimas se volvieron más rápidas y profundas. La succión de su pezón se volvió más fuerte y fue acompañada de caricias otorgadas por la lengua, jugueteando con el montículo erecto. El pelinegro se sostenía en una mano para no dejar caer todo su peso sobre Sakura, pero se tambaleó cuando bajó la otra parte del sostén y buscó el otro seno uniéndolo en un camino de saliva. La pelirosa se tragó su jadeo y aguantó lo que más pudo la bola de placer que crecía en su interior. Sin embargo no pudo por mucho tiempo, porque ésta rogaba por ser liberada y haciendo referencia a ella, Sakura explotó en mil pedazos, viendo estelas multicolores y respirando sonoramente, sudada y saciada.

Sasuke se levantó para mirarla y sacó su mano desde la calidez donde se encontraba. Húmedo y bañado por su placer, procedió y meter el dedo en su boca y saborear lo que le daba Sakura. Fue como un néctar, ya que sabía a dulce, probablemente por lo virginal que era. No quiso pensar y disfrutó de ese manjar.

― Eres un descarado. Están todos afuera. ― Le reprochó la chica, liberándose de su peso y dejándose caer sobre el pecho de él. Lo abrazó por la cintura y se dejó regalonear por el pelinegro. ― Podían habernos oído.

― Me aplaudirían. ― aseguró de forma arrogante. Sakura se limitó a bufar. ― ¿Cómo entraste?

― Shikamaru me ayudó, porque anoche le pedí que lo hiciera. ― contestó, alzando su cara para mirarlo. Sasuke bajó su cabeza un poquito y le besó la boca. ― Aunque me advirtió que no podía contarle a nadie.

― Coletitas se quiere salvar el culo. ― Sakura hizo una mueca. ― Si Itachi o Jiraya saben que estás aquí, creo que ni Suiza me podría ayudar a cubrirme.

― ¿Suiza cubre a la gente?

― Te ayuda a desaparecer porque tiene una política muy protectora con sus ciudadanos. ― le explicó escuetamente. ― ¿Qué has hecho durante el día?

― Variadas cosas: comí un rico desayuno junto a Tenten, me tomó las medidas para el vestido y comenzó a darle los retoques, Kakashi me acompañó a una entrevista y puedo decir que me fue bien.

― ¿De verdad?

― Sí, la chica fue muy amorosa y comprendió que mi inglés era tan básico como lo era Tarzán en la selva.

― Tus analogías son peculiares. ― aseguró Sasuke. ― Y ahora te viniste para acá ¿verdad?

― Eeh, no. ― Sakura se separó un poco y afirmó su cabeza en la mano. Sasuke la miró ceñudo. ― Fui al médico.

― ¿Por qué? ¿Te sientes mal? ― le preguntó de inmediato. Sakura sonrojada negó. ― ¿Nuevo ataque de asma?

― No, escúchame. ― le pidió. ― Ino me llevó al ginecólogo y antes de que empieces con todas las preguntas, te cuento que el médico me recomendó unas pastillas anticonceptivas, para cuando ya sabes, nosotros… concretemos.

― ¿Ya quieres concretar? ―le preguntó el moreno algo incrédulo. Él todavía no se imaginaba desvirgando a Sakura y aunque no negaba que la idea de verse dentro de la chica era demasiado tentadora, sabía que tenían que pasar algunas cosas y afirmar mucho más su relación.

― No, o sea sí, pero no ahora. Las pastillas se demoran un mes en hacer el efecto de forma correcta y las debo comenzar a tomar cuando comience mi periodo. ― le comentó sonrojada. ― como estuve en "mis días" hace dos semanas, tengo que esperar otras dos y un mes completo para poder hacerlo.

― Lo podemos hacer con condón. ― Le dijo él, pero se golpeó mentalmente luego de hablar. No era correcto darle alas a aquello, al menos no todavía. ― Como sea, creo que actuaste de forma responsable, pero antes de que digas cualquier cosa, quiero que sepas que yo nunca lo hago sin protegerme. Es algo de seguridad.

― ¿Cómo? ― le preguntó ceñuda.

― "Sin globito no hay fiesta" ― Sakura asintió sonrojándose avergonzada. Había quedado como estúpida. ― No dejo todo en manos de las pastillas, porque igualmente hay riesgos.

― Ya comprendí. ― murmuró ella. ― Me apresuré y…

― Ven. ― Le dijo, abrazándola contra su cuerpo. ― Ambos podemos llegar a acuerdos, por lo mismo no nos lancemos de inmediato al sexo porque puede ser decepcionante.

― Vemos las cosas de forma distinta. Ya comprendí. ― aseguró, intentando tranquilizarse. ― Si es que llegamos a hacerlo será a tu manera porque tú sabes más.

― ¿Por qué lo condicionas? De que pasará, claro que pasará. Yo no tengo dudas de que te tendré bajo mí y muchas veces. ― Sakura contuvo el aliento con esas palabras tan fuertes y directas. ― Así que no digas "si es que…", porque creo haberte dejado claro que será así. Ahora, como lo hagamos o no, quedará decidido en el momento y el hecho de que quieras protegerte desde ya, solo me hace admirarte, porque no te estás tomando las cosas a locas.

― Fue por insistencia de Ino.

― Entonces le agradeceré a ella. ― Sakura rió y el ambiente se distendió.

― Ya lo creo.

Sakura fue en busca de su bolso y sacó las chocolatinas que guardaba dentro. Sasuke odiaba comer sobre la cama y mucho menos aguantaría que otra persona lo hiciera, pero ahí estaba, con Sakura sentada a lo indio comiendo dulces y galletas, mirando televisión.

Hace algunos minutos estaba en teniendo sexo y ahora ella se comportaba como una niña. No pudo evitar reír de eso, era tan chocante y distinto, como único. Eran mil Sakura en una.

― Dame una galleta. ― Sakura a regañadientes le regaló una oblea y Sasuke la mordió con sensualidad para admirar sus mejillas sonrojadas. La pelirosa le sacó la lengua y siguió mirando televisión. ― Tómame en cuenta.

― Descansa un rato. Pronto te tendrás que levantar a ensayar. ― Sasuke hizo una mueca de desagrado. ― Yo te velaré el sueño.

― Si insistes. ― agarrándose de sus caderas y dejando caer su cabeza sobre la pierna de la pelirosa, se durmió. Sakura le acariciaba el cabello con cariño y tranquilidad.

― Eres un pesado. ― sonriendo, se separó de él y acomodándose la ropa, caminó a la puerta para ir al baño.

Miró por el pasillo para no encontrarse con ninguno de los chicos y logró escabullirse a la puerta que se encontraba en frente donde había visto que estaba uno de los baños. Ya dentro, se arregló el cabello, hizo sus necesidades, para luego lavarse la cara y agacharse a amarrar sus zapatillas.

Estando en eso, miró hacia el frente y frunciendo el ceño se acercó a una prenda que destacaba por su fluorescencia. Su corazón comenzó a latir asustado en la medida que se acercaba y comenzaba a descubrir de qué se trataba. Al llegar, la levantó con un dedo y la puso frente a sus ojos; claramente eran unas pantaletas amarillas desgarradas…

― No. ― susurró no dando crédito.

Eso no le podía estar pasando a ella. Aquél baño era el más cercano al cuarto de Sasuke que se encontraba alejado de todos. Solo podía decirse que él lo usaba porque ahí se aguardaban sus cosas personales, por lo tanto eso correspondía a una chica que había estado en su cuarto.

Las pantaletas no podían llevar más de un día, porque la señora del aseo se había largado el día anterior al verlos llegar.

― No, no, no. ― se tomó la cabeza, soltando la prenda como si le quemara.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y su pecho se apretó como cuando estaba teniendo un ataque de asma. Le dolía todo y las manos le temblaban. ¿Qué mierda era todo eso? Sasuke no podía hacerle eso.

Recuerda que no tienes nada con él, se dijo mentalmente. Solo están juntos porque él te desea y siente un cariño protector sobre ti.

Levantándose con energías renovadas, tomó la panty y se metió al cuarto de Sasuke, sin importarle ser vista. Caminó casi remeciendo el suelo y Sasuke cambió su cara de burla a una de profunda preocupación cuando la vio entrar.

― ¿Qué pasa? ― le preguntó temeroso. Se notaba que había despertado recién, pero estaba lucido, mucho más al notar el enojo de Sakura.

― ¿Y tienes el descaro de preguntarme eso? ― El pelinegro se sentó sobre la cama. ― Me haces sentir mal por querer hacer las cosas bien, me prometes y me pides que te prometa que no habrá otras personas en nuestra "supuesta" relación. ― Las lagrimas corrían libres sobre sus mejillas y los gritos comenzaban a atraer a todos los presentes en el lugar. ― Pero no eres capaz de mantener tu palabra, porque ni siquiera una semana después de venirte, ya me encuentro con esto. ¿Estabas aprovechando que no estaba?

Le tiró las pantaletas a Sasuke e ignorando su reacción, fue en busca de su bolso caído a un lado de la cama. Sasuke no sabía que decir.

― No las había visto… ― comenzó a decir. ― Yo no tengo nada que ver con esto.

― Es tu maldita casa, el maldito baño está en frente de tu cuarto y solo puedes decirme "¿yo no tengo nada que ver?" Eres idiota si crees que seguiré aguantando esto. ― Le dijo, poniéndose su bolso. ― Quizás si te metiste con Fuka, pero te aprovechaste de que yo había cometido el error de besarme con Sasori para justificarte y quedar tú como víctima.

― Estás errada en todo, Sakura. ― le hizo ver, levantándose de la cama. ― Yo no conozco esas panty ni me he acostado con Fuka desde que terminamos.

― No me interesa saber. Eres un cerdo repudiable. ― antes de irse, sacó un pequeño paquetito. ― Me compré ésta tontería, pero ya no me interesa tenerla. Dáselo a la fulana con la que te acuestas.

Lanzádole la bolsa, salió de su cuarto.

Sasuke fue a su siga y se encontró con ella esquivando a todos sus amigos y al final a su hermano. Todos miraban atónitos la situación y más aun cuando la vieron salir de la casa. Por inercia, sus cabezas volvieron a él. Sasuke no sabía que decir. Con manos tambaleantes abrió lo que le había tirado Sakura y se encontró con un llavero que tenía su figura, su cara y su cuerpo convertido en una miniatura caricaturesca.

― Vaya, creo que alguien tuvo problemas. ― dijo Naruto.

El pelinegro le pagó con un portazo, dejando a todos fuera de su problema.

― No entendí mucho.

― Creo que yo sí. ― comenzó a decir el rubio. ― Al parecer, ―bajó la voz. ― a Sasuke le gusta Sakura.

― Amigo, ten cuidado porque la NASA anda en busca de genios como tú. ― Shikamaru pasó por su lado meneando la cabeza.

Naruto era idiota.

El único que no se tomó la situación con tanta tranquilidad fue Itachi. Vio algo que nunca antes había visto en su hermano y eso lo desconcertó: miedo.

Sasuke estaba aterrado mientras la veía salir, por lo mismo no había sabido cómo reaccionar y la dejó escapar.

― Sasuke está enamorado. ― le dijo Neji.

― ¿Cómo sabes?

― Porque por primera vez lo vi aterrorizado y todos sabemos que ese no es Sasuke.

― ¿Qué podemos hacer? ― Le preguntó el mayor de los Uchiha, buscando ayuda en su quebradero de cabeza.

― La pregunta es: ¿tenemos algo que hacer? ― dijo Neji. ― Está claro que ya no, así que anda preparando las declaraciones. ― Y el Hyuga nuevamente comenzaba a ser acertado.

Shikamaru lo supo, Itachi lo supo, Neji lo supo y Kiba lo supo; su amigo y vocalista estaba perdido.

Naruto solo se quedó pensando en la NASA y el miedo que le causaba el mundo exterior. ¡Nah!, él sabía que no llegaría.


Por fin, luego de varios meses pude terminar el capítulo que me estaba dando tantos quebraderos de cabeza. Aun así, es mucho menos de lo que tenía preparado, pero decidí cortarlo para no volverlo tedioso.

Quiero agradecer por la paciencia, espera y el amor infinito que me dan con sus comentarios. Escribo por placer, pero ver que tiene buena llegada me hace enamorarme más y más del fandom Naruto. Me siento mil veces pagadas por ustedes y muy reconocida. De verdad, no hay una manera más precisa de darle las gracias que con un capítulo. Ojala valga la pena

Respecto a todo lo que leen, quiero dejar clara algunas cosillas. El fic no es un camino color rosa donde todos serán amigos y se tomarán las manos. Tampoco nos encontraremos con amor rebosando en cada costado. Si se han dado cuenta, la relación de Neji y Tenten es bastante fuerte, pero sucede y mucho. Creo que la menor aparte de la población tiene amores dulces, pero que sea más real, no quiere decir que no tendrá sus momentos, porque sí los habrá. Al menos, en esa pareja en específico, ya tengo decidido el final.

Sobre NaruHina, debo reconocer que me cuesta un mundo completo escribir sobre ellos. Me trabo mentalmente y generalmente es la parte donde dejo el fic para ir a refrescarme y traer nuevas ideas a mi mente, porque en verdad me agoto. Como le dije a alguien en sus respuestas de review, esos dos personajes se ven bastante perfectos a diferencia del resto y me he cabeceado un montón pensando de qué forma llevarlos y más o menos me hice una maqueta mental de cuál será su falencia. Dejé ciertos esbozos en éste capítulo de lo que pasará con ambos y ojala no me odien más adelante por ello. Si quieren corazones y bombones, tampoco los encontrarán en el NaruHina.

Sobre ItaIno, SasuSaku, TemaShikaNozo, KibaNat, SuiKarin creo que he dejado claro más o menos para donde van y poco a poco irán tomando mayor claridad. Insisto, no es un fic repleto de amor, porque eso no se me da, así que si esperan leer sobre Sasuke diciendo "te amo" en el siguiente capítulo, lxs decepcionaré.

Reafirmo mi postura de NO ABANDONAR, me puedo demorar, pero jamás dejaré a medias. Por lo mismo, no duden de mí, es lo único que les pido. Mis atrasos son por el simple hecho de que me cuesta un poco compatibilizar trabajo/casa/vida. Es complejo, pero lo intento lo mejor que puedo, así que entiéndame por eso y crean en mi promesa de no abandono.

Sin nada más que agregar y esperando que disfruten de todo lo que leen, me despido. Espero que ésta vez sea menor el tiempo de espera, valga la redundancia xD. Intentaré acelerar procesos, pero necesito descansar antes de volver de lleno a escribir (aunque no lo crean, hay muchas horas invertidas en esto, por eso las autoras piden review, porque es lo mínimo que se puede dar en compensación de lo que se hace. Yo no les pido, porque con lo que me dan, me basta y sobra), porque mi cabeza está a punto de colapsar ahahahah.

Mil besos a todos, gracias por seguir apoyándome y sobretodo, dejarme sus comentarios. Es lo más gratificante de ser un escritor amateur. Nos leemos prontamente (espero) y ya saben, cualquier cosa, no duden en escribirme. Me demoro, pero contesto.

Cuídense.

LilyLoop

Abajo las respuestas de los review sin cuenta. Y una aclaración.
En el trabajo contesto los review con cuenta.


Reviews

Guest (1): Que rico es leer que disfrutas del fic. Escribo por mero placer y me agrada saber que lxs entretiene. Ojala no defraudarte nunca. Un abrazo bien apretado, weón culiao, cachai xDDDD (me matarán por esto en fanfiction, pero que mejor manera de dirigirse a una compatriota de ésta manera tan única e inusual que tenemos los shilenos xD) Besos

Guest (2): Pero ¿cómo? El InoIta es vida, es amor xDD. Tranquila, por lo mismo hay variadas parejas, con diversas temáticas para no quedarse pegado en una. La principal es SasuSaku, sin embargo, si te das el tiempo de leer el resto, me daré por pagada. Besos :)

Nana: Me demoré, lo reconozco, pero espero haya valido la pena. Inochi está cegado por las mentiras, así que hay que darle espacio a que conozca la verdad. Respecto a Neji, creo que tu duda quedó resuelta y más que demostrado que acá no veremos amor color rosa. Obviamente habrá lemón NaruHina, ¿cómo no lo voy a hacer? Es la pareja que más me cuesta llevar a cabo, porque ambos son demasiado "perfectos", pero ya verán que tengo preparado (muajaja, soy mala) Besos y nos leemos en la próxima.

Anahi: Que bueno que te gustó. Sobre Sakura cantante, lamento decirte que no será así, porque la pelirosa canta horrible XD. No me gusta crear Mary Sue que son perfectas en todo y en destacan en millones de ámbitos, porque nadie tiene esos dones, a menos que tengas 50 vidas o días de 80 horas, así que por ahora y hasta el final la dejaremos como promesa de actriz. Quizás baile, pero eso está en veremos. Besos y nos leemos.

Guest (3): Hoy actualizo xD

Asfgsds: Sí, todavía estoy viva. A medio morir por cansancio, pero poniéndole empeño xD. Besos.

Mari: Sasuke es tan hot, me encanta escribir sobre él. Puede que se vea un poco OC, pero intento apegarme a su personalidad. Ojala seguir leyéndote por acá, cariño. Mil besos.

Lunakari: En Chile estamos un poco acostumbrados a los temblores, aunque yo muero de miedo por ellos (no soy tan chilena como el resto xD) Saludos y espero leerte en el nuevo capítulo.

*Por Ken, me refiero a la pareja de Barbie. Si alguna vez tuvieron uno, les comento que él fue mi primer príncipe azul xD
*Tuve una disyuntiva con la palabra confrontacional. Según leí, solo se usa en Chile. Ojala se entienda el contexto.