¡Hola! Llegué con nuevo capítulo. No me odien. Trabajé mucho para complacerlas y espero que les guste. Ojalá no se vuelva tediosa la lectura y disfruten de lo que pasa con la vida de nuestros personajes tan amados jajaja. Besos y nos leemos prontamente.
Les dejo la cordial invitación para que se integren a nuestro grupo en Facebook. Es privado y secreto, para que nadie sepa de su amor desmedido al fic xD. Búsquenlo como: We Love Lily Loop, mandan la solicitud y serán agregadxs a la brevedad. Agradecimientos a mi fiel amiga Lu Grint que me hizo el grupo.
Sin nada más que agregar y deseándoles unas felices fiestas, porque probablemente no alcance a llegar con nuevo capítulo para esas fechas, me despido de ustedes.

Cuídense !

146 páginas :O

DATO MUY IMPORTANTE: El capítulo está lleno de lemmon, por lo tanto, cautela al leer y hago las advertencias correspondientes para que lean bajo su responsabilidad. Eso.

Disclaimer: Aplicado


Capítulo XV
Toda pareja tiene su historia.
Mujeres al mando.

Birds flying high you know how i feel
sun in the sky you know how i feel
reeds drifting on by you know how i feel
it's a new dawn it's a new day it's a new life for me
and i'm feeling good
Feeling good: Muse

1.

La lluvia se convirtió en la música de esa noche. Chocando raudamente contra los grandes ventanales que cubrían el departamento de Sasuke, los acompañó en el largo camino que hicieron desde el salón a la habitación que tantas veces habían compartido para entregarse a sus instintos, pero a la vez para mostrarse ese amor que mudamente se tenían.

Sasuke un poco desesperado por lo eterno que se le estaba haciendo la llegada al lugar, la levantó en sus brazos como si fuese una pluma y entró a su habitación esquivando el quicio de la puerta para que la cabeza de la chica no azotara contra ello. Suspirando, no dejaron de besarse, ni siquiera cuando el moreno la dejó parada frente a él y buscó con sutileza los bordes de su camiseta para sacárselos por la cabeza y dejarla sin la prenda. Sakura se alejó un para hacerlo ella misma, desvistiéndose frente a sus ojos mostrando una seguridad que enterneció al moreno.

― Luego de esto no hay vuelta atrás. ― Le advirtió, sabiendo que tenía que darle la oportunidad de retractarse si así lo consideraba la pelirosa. No quería que se viera obligada a estar con él porque quisiese satisfacer su apetito sexual. Ya le había dejado claro que estaba con ella porque en verdad quería, no en busca de algo o por el capricho de poder poseerla en el sentido más completo de la palabra. ― Por eso, si quieres arrepentirte, hazlo ahora, porque después no me detendré. No podré hacerlo. ― le aseguró con voz baja.

― Quiero hacerlo, Sasuke. ― Le respondió ella, sacándose la camiseta y dejando caer sus pantaloncillo a los pies. ― Quiero que seas el primer hombre de mi vida.

― Y el único. ― agregó posesivamente.

Tomándola por la cintura, la acercó a su cuerpo para volver a besarla. Sakura lo hizo con lentitud, a la vez que sus manos bajaban por el pecho de Sasuke y le desabotonaba la camisa que traía. Botón por botón, fue descubriendo la piel suave y blanca del pelinegro, posando su mano sobre el corazón del moreno y sonriendo al sentirlo tan acelerado, al igual que el de ella.

― Quiero tocarte. ― le susurró la pelirosa, posando sus manos en la cintura y vientre del moreno, quién contraía sus músculos a medida que la chica iba tocándolo con dulzura. ― Eres tan perfecto.

― Sakura. ― murmuró contra sus labios. ― Sakura. ― repitió como letanía.

― Sasuke. ― Le respondió ella, tirándole la camisa hacia atrás, dejándolo a torso descubierto.

Volvieron a fundirse en un beso apasionado, abrazándose fuertemente y dándose poco espacio para respirar.

Sasuke subió sus dedos por la espalda de Sakura y le desabrochó el sostén, haciendo un clic muy elocuente que resonó en toda la habitación. Cuando la prenda cayó a sus pies, la separó de su cuerpo para mirarla y suavemente posó una de sus manos en el seno redondo de la pelirosa, abarcándolo por completo y deleitándose al verlo caer perfectamente entre sus dedos. Sakura suspiró y retuvo el aire cuando lo sintió jugar con uno de sus pezones adoloridos y necesitados de atención. Emocionada, lo vio bajar la cabeza para ir en busca con sus labios del otro pezón.

En cuanto Sasuke lo humedeció con su lengua, Sakura vio una estela de miles de colores vivos pasear frente a sus ojos, mientras el centro de su cuerpo la azotaba con esa sensación de sentirse viva. Sin embargo, necesitaba las manos de Sasuke perdiéndose en ella, entrando en su cuerpo dándole placer solo usando su tacto.

― Espera. ― le pidió cuando Sakura dio indicios de buscar su miembro para tocarlo y equilibrar la situación. ― Quiero tocarte. ― le justificó, queriendo ser solo él el que tuviera la chance de acariciarla, para que Sakura disfrutara en todo momento y no perdiera la concentración buscando satisfacerlo.

― Siempre me tocas. ― Le recordó ella, caminando hacia atrás y jalándole por la mano para que la siguiera. ― Vamos.

Sasuke la vio caer sobre la cama, riendo como niña pequeña y con sus ojos brillantes de fulgor. Viéndola de ese modo, no pudo dudar de sus sentimientos por Sakura que ya eran imposibles de manejar; estar ahí con ella le dio la certeza de que lo estaba haciendo bien, que esa niña-mujer era por completo lo que él necesitaba. No la había buscado, tampoco imaginaba que se enamoraría en cuanto la encontró, pero ahora que la tenía, nada lograría arrebatarle lo que la vida le había querido brindar tan desinteresadamente. Quizás ese Dios del que tanto hablaba, llevaba una lista de las cosas buenas que había hecho en la vida y en forma de pago por ello, le quiso regalar la llegada de Sakura. Si ese era el caso, ¿quién era él para rechazar tremendo regalo?

Pensando en su satisfacción, quiso darle un espectáculo personal. Se bajó los pantalones, junto con el bóxer, quedando sin ropa frente a ella, mostrando su majestuosidad a una chica que se los comía con la mirada y le derretía con eso. Sakura se saboreó al mirar la entrepierna de Sasuke: Empalado, palpitante y listo como lanceta para hacerle el amor.

― Hoy es tu noche. Déjame darte placer. ― le pidió el moreno, arrodillándose entre las piernas de la chica. Sakura lo miro desde su lugar y se derritió cuando los labios de Sasuke se posaron sobre su vientre.

― Mmmm… ― jadeó, siendo interrumpida por los labios del moreno, que subieron hasta su altura y apretaron los suyos, comiéndoselos con decisión. ― Perfecto. ― murmuró aletargada.

― Loca. ― le respondió, alzando su cabeza y apoyándose en sus codos para no aplastarla. ― Eres muy linda.

― Nunca me dices piropos. ― le dijo Sakura, pero no como un reproche. Más bien evidenciaba un hecho. ― Hazlo más seguido. ― le pidió.

― Ni lo sueñes. ― Respondió Sasuke sonriendo, para luego darle un beso en la comisura de sus labios y bajar por el mentón delicado de la pelirosa.

Al llegar a su cuello, le dio un lametón, pero evitó succionárselo para no marcarla. Le dejaría algunos recuerdos en otras partes de su cuerpo, que solo ella vería, y él, por supuesto. Sería un recordatorio de lo que estaban haciendo con tanta dedicación. Llegando nuevamente al valle de sus senos, se puso entre ellos y se desvió al izquierdo, sin parar de besarla. Nuevamente tomó uno de sus pezones con la boca, mientras el otro lo estimulaba con sus dedos. Sakura se revolvió bajo su cuerpo, deseosa de más.

― Baja, cariño. Baja. ― le rogó, haciendo reír a Sasuke, que sin embargo no se separó de ella, sino que obedeció y con largos besos comenzó a bajar por su vientre mientras sus manos se entretenían en los pechos de Sakura. ― Oh, sí, sí. ― pregonaba Sakura, arqueando su espalda y tirando las manos sobre su cabeza, meneándola de un lado a otro.

Sasuke llegó al monte de Venus de la pelirosa y notó su humedad muy marcada en las bragas que traía. Con sutileza le indicó que levantar las caderas para poder sacarle la última prenda. Sakura lo hizo y sin perder detalles, lo admiró besar sus piernas, sus muslos, para terminar llegando a ese sitio que lloraba por atención. Cuando la boca de Sasuke se posó en el vértice de la pelirosa, Sakura se tapó el rostro y meneó la cadera en busca de más roce. Sasuke la besó de arriba abajo, usando su lengua y labios. Recorrió sus carnes satinadas y calientes de emoción, buscando darle el mayor placer posible.

Ya lubricada como él necesitaba, ingresó un dedo dentro de la pelirosa, causando todavía más espasmo en el cuerpo menudo de su novia. Lo sacó y lo metió con cautela, sin separar su lengua del botón que tenía como propulsor para desatarla mucho más. Sintiéndola preparada, le metió otro dedo, ingresando cada vez más rápido, procurando no lastimarla. Sakura estaba muy húmeda, provocando que los dedos del moreno ingresaran sin problemas en su cuerpo. Un tercer dedo solo ayudó a terminar de enviarla al cielo, donde un orgasmo bestial la tomó y llevó por el aire, haciendo que gritara el nombre de Sasuke.

El moreno siguió bebiendo lo que el cuerpo de la chica le entregaba y subió a su altura cuando Sakura ya había tranquilizado su respiración para volver a retomar la tarea.

― ¿Estás lista? ― la pelirosa asintió, mordiéndose su labio inferior y mostrando vestigios de que el orgasmo todavía azotaba en su cuerpo. ― No habrá vuelta atrás. ― volvió a decirle.

― No buscaré volver a recuperar mi virginidad, ni me enojaré porque me la quites. ― Le respondió con una sonrisa, acariciándole el cabello mojado. ― Estás sudando.

― Estoy nervioso. ― le confesó, dándole un beso que le supo a gloria y a Sakura.

― Me gusta mi sabor. ― murmuró la chica, con ojitos llenos de amor.

― Es delicioso. ― dijo Sasuke, acomodándose sobre ella. ― Dame ese cojín. ― Le dijo, pidiéndole el acolchado para ponérselo bajo las caderas de la pelirosa, buscando que la entrada de Sakura quedara en el ángulo preciso que le causaría menos dolor y más satisfacción. ― Abre un poco las piernas. ― Sakura lo hizo, acomodándolo en el lugar.

― No me depilé. ― susurró sonrojada al verse tan expuesta.

― Estás preciosa como estás. ― agradecida por su piropo, Sakura envolvió con una de sus piernas la cintura del moreno. Sasuke le acarició el muslo, relajándola, para luego volver a tomarle la boca en un beso.

Lentamente, Sasuke se acomodó en la entrada de la pelirosa y jugueteando con su mano, recorrió la hendidura con su miembro. Sakura se revolvió inquieta, ansiosa y expectante. No había miedo en ninguno de sus movimientos. Suspirando hondo, para darse el ánimo que necesitaba, Sasuke comenzó a ingresar en su cuerpo, intentando hacerlo lento. Sakura cortó el beso y abrió la boca, disfrutando de todo el proceso, sin querer perder ninguna de las sensaciones.

Sasuke había ingresado la punta de su miembro sin incomodarla, pero cuando empujó un poco más, Sakura dio un chasquido con los labios.

― Me molesta un poco. ― le dijo, pero sin dejarlo que se retirara. ― No pares ahora. No pares nunca. ― le instó, echando la cabeza hacia atrás.

Sasuke siguió en su faena, sabiendo que ya no había vuelta atrás y seguir en ese ritmo tan lento solo le provocaría más dolor. Sintiéndose miserable por eso y decidiendo que no podía hacerla esperar más, le levantó las caderas y se ingresó en su cuerpo con un duro empujón, rasgando en dos la virginidad de la pelirosa, quién perdió todo el aire de los pulmones y escondió su rostro en el cuello del moreno.

― Tranquila. ― le susurró en el oído Sasuke, oyéndola sollozar. ― Prometo que pasará. Te lo juro. ― le dijo, haciendo que se separase de él para mirarla a los ojos. Sakura los tenía llenos de lagrimas por el dolor sentido, pero su orgullo no le permitió echarse hacia atrás y tampoco quería hacerlo. ― Tú dime cuando te sientas lista.

― Muévete despacio. ― le pidió, alzando para unirse otro poco a él. ― Eres muy grande. ― agregó, pensando en cómo podría acomodarlo mejor dentro de ella.

― Gracias. ― Su respuesta fue un intento de broma que resultó, ya que la chica sonrió suavemente. ― Me moveré.

Uniendo la palabra a la acción, Sasuke se movió un poco, disfrutando de sentir como estaba siendo tomado en su interior estrecho y caliente. Se sentía estrujado por ella, pero aquello le fascinó. Era una sensación muy diferente a la que había tenido en sus otras relaciones sexuales. En ese minuto era alucinante estar así, sabiendo que era parte de él. Un único cuerpo con dos corazones latiendo.

― Hazlo un poco más fuerte. ―le pidió la pelirosa, relajándose.

Sasuke le hizo caso y se movió en su interior, saliendo hasta la mitad, para volver a entrar. Sakura dio un respingo y soltó un jadeo. Algo en el pecho de la chica se había anidado al estar tan unida a Sasuke. Una emoción nueva, de complicidad y eterno agradecimiento para con el pelinegro.

En espacio de segundos, Sasuke tomó un nuevo ritmo, más fuerte, más hondo, saliendo casi por entero e ingresando hasta el final, tocando puntos erógenos que ella no sabía que existían dentro del cuerpo humano femenino. Jadeante, comenzó a responder, uniéndose a los embates de Sasuke. Cuando el entraba, ella iba a su encuentro, cuando él salía, Sakura se alejaba, rozando con mayor fricción sus partes sensibles. Unidos como estaban, comenzaron a moverse en la danza más antigua de la historia, Sasuke metió su rostro en el cuello y cabello de la chica. Sakura se abrazó a él con brazos y piernas, mojándose con su sudor. La espalda del moreno era resbaladiza bajo sus manos y se fruncía cada vez que le tocaba en su interior.

Las cosas se descontrolaron sin poder detenerse. Se movieron en busca de un desfogue que se merecían. Sasuke podía decir sin lugar a dudas, que ese había sido su mejor polvo al estilo misionero que alguna vez hubiese tenido. Era ella la que lo hacía diferente, mejor. La mezcla del amor y la pasión, del deseo contenido, de las ganas de tenerla habían desencadenado en que su relación sexual estuviese siendo muy superior a lo que esperaba.

El moreno apagó su mente cuando Sakura lo aprisionó con sus músculos interiores, gritando que llegaría al orgasmo. Moviéndose más fuerte y queriendo llegar junto con ella, le dio fuertes embates que terminaron por levantarla al cielo, igual que a él. Juntos gritaron sus nombres y juntos decidieron besarse como si no hubiese mañana. Sasuke se derramó en su interior, llenándola del calor que su semilla entregaba. Para Sakura era tener otro orgasmo sentir eso en su interior.

La pelirosa logró comprender por fin porque la gente hablaba tanto del sexo y era un tema tan recurrente en el mundo general, generándose programas de debates, revistas, comedias y un sinfín de cosas que hacían referencia al tema. Su orgasmo había sido algo nuevo para ella, que no se comparaba a otras ocasiones. Las centellas que invadieron su mente fueron más reales y fuertes que nunca, su cuerpo entero convulsionó al son de su respiración, electricidad pasó por cada una de sus terminaciones nerviosas y se sintió satisfecha por entero. Si todo el tiempo se sentía así, como ella lo había sentido, era claro que no pararía de hacerlo y que se especializaría en el sexo si fuese necesario, para buscar su placer y darle más placer a Sasuke.

El silencio reinó por largos minutos, sin que ninguno de los dos quisiera interrumpirlo. Sasuke intentó levantarse para no aplastarla más, pero Sakura no se lo permitió, jalando de él para siguiera encima.

― Tengo que salirme. ― le dijo, tirándose hacia atrás y saliéndose de su interior, para luego caer a un lado y abrazarla contra él, besándole las sienes húmedas de su cabello pelirosa. ― ¿Te duele?

― Ya no. ― respondió la chica, mirando el miembro semi erecto del pelinegro manchado de sangre. ― Parece una escena terrorífica. ― Sasuke vio lo que ella miraba y rió bajamente. ― ¿No te incomoda?

― Ni un poco. ― le aclaró, haciéndole que levantara la cabeza para que lo mirara. ― Quizás cuando te levantes, te dolerá.

― ¿Acaso has perdido algún himen? ― Sasuke quedó de una pieza y más cuando ella se puso a reír. ― Era broma.

― A los hombres no nos duele, pero sé que a ustedes sí. ― Sakura enroló los ojos, molestándolo con esa actitud. ― Me preocupas.

― Estoy bien. Allá abajo todo estará bien en un corto plazo. Solo tiene que acostumbrarse a esta nueva actividad, porque no pararemos jamás. ― Sasuke sonrió de medio lado, posando una de sus manos tras la cabeza.

― Yo feliz. ― murmuró con glotonería. ― Haré turnos extras si así lo deseas. ― Sakura asintió. ― Vamos, debo lavarte.

― No, quedémonos en la cama para siempre. ―le dijo remolona. ― Podría vivir aquí sin sentirme siquiera avergonzada.

― Tu mamá no se lo tomaría muy bien. ― Sakura dejó de moverse como gatita y lo miró, sesgando la mirada.

― No le contarás a nadie que nos hemos acostado, ¿verdad? ― Fue el turno de que Sasuke enrolara los ojos.

― ¿Tengo cara de ser un soplón que cuenta sus infidencias? Para mí esto es igual de importante que para ti. La primera relación sexual siempre marca un antes y un después en las parejas, pero si le agregamos que es tu primera vez, más importancia tiene, ¿no crees? ― Sakura afirmó con la cabeza. ― Esto es de nosotros, Sakura, tuyo y mío.

― Igual les contaré a mis amigas. ― Sasuke se esperaba eso, por lo mismo no reclamó. ― ¿Tú eres bueno en esto? Porque en verdad me sentí maravillosamente bien. Fue muy alucinante.

― Soy el mejor, molestia. ― Sonriente, se paró de la cama y estiró su mano. ― Vamos a darnos un baño.

― No quiero. ― reclamó, estirando la boca.

― Vamos. ― la tomó entre sus brazos y la alzó en el aire de la misma forma que lo había hecho cuando llegaron al cuarto. Al entrar al baño, dio el agua de la bañera y esperó que se llenara. Mientras lo hacía, Sakura le comenzó a dar besos en su mejilla, mordiéndole la barbilla. ― No volveremos a hacerlo por hoy. Tienes que descansar. ― le dijo Sasuke.

― ¿Y si no quiero? ― respondió como niña pequeña y muy berrinchuda.

― Vas a tener que esperar. Tu cuerpo tiene que acostumbrarse a esto y si volvemos a hacerlo, puedo lastimarte, ya que no estás preparada. Piensa que si por ahora nos contenemos, mañana podremos hacerlo sin parar.

― ¿Me prometes que será así? ― Sasuke asintió. Si Sakura supiera que para él era todavía más difícil aguantarse las ganas de hacerle el amor, quizás lo comprendería sin necesitar tantas palabras. ― Acepto entonces.

El agua había llegado a un buen punto y tanteando con su pie comprobó que no estuviera muy caliente. Haciendo que ingresaran los dos, la sentó entre sus piernas y con la esponja de baño, la bañó tiernamente, tocando con delicadeza su cuerpo y deteniéndose en su parte más lastimada.

― ¿Te duele? ― Sakura no quería reconocerlo, pero igualmente lo hizo, asintiendo con cautela. ― Lo siento mucho.

― Cariño, no me pidas perdón. Era claro que esto pasaría. Por hoy descansaremos y ya mañana volvemos a la faena de hacerlo nuevamente, ¿te parece? ― le dijo la pelirosa, tranquilizándolo como si le hablase a un niño. ― Sigue haciendo lo que estás haciendo. Me hace muy bien.

― Ni lastimada se te quitan tus aires mandones. ― Sakura se largó a reír, apoyando su cabeza en el hombro del moreno. ― No es para que te rías.

― Si no te gusta que te mande, ¿para qué me haces caso? ― la pelirosa giró el rostro y le dio un beso en su mejilla. ― Sabes que te encanta darme en el gusto.

― Consigo más si te doy en el gusto. ― respondió él.

― ¿Ves? Los dos somos unos buenos negociantes. ― Risueña, le tomó los brazos para que la abrazara. ― Eres el mejor novio del mundo. El más sexy, el más guapo, el más inteligente y sensual de la historia de los novios.

― Eres muy afortunada. ― dijo el moreno sin un deje de humildad.

― Gracias por todo, Sasuke. ― comenzó a decir la chica con seriedad. ― Por acompañarme, intentar entenderme, escucharme, halagarme, darme lo que quiero… me siento tan mimada por ti, que casi enloquezco.

― Ya estás loca. ― Le rectificó él. ― Pero por alguna extraña razón, me gustas así.

― Es que soy perfecta.

― No responderé frente a eso. ― dijo el moreno, haciendo que la chica se volteara a mirarlo. ― ¿Qué ocurre?

― ¿No me encuentras perfecta? ― Nuevamente las inseguridades Sakura aparecían frente a él.

― Te encuentro gloriosa. ― tomándole la mano, se la llevó a su miembro. ―Esto solo lo provocas tú. ¿Necesitas otra prueba?

― Ninguna, mi amor. Ninguna. ― Sonriente, volvieron a fundirse en un beso que duró mucho tiempo.

Al salir, se secaron con premura y se acostaron a descansar lo que pudiesen, ya que las grabaciones serían toda la noche, sin embargo, dos horas después de haberse dormido, Sakura despertó al sentir besos en su nuca y espalda. Al voltearse se encontró con Sasuke recorriendo su cuerpo con evidente ansia.

Sin poder negarse, se fundieron nuevamente, aunque se habían prometido no hacerlo, pero las ganas pudieron con ellos. Sakura gritó y él la siguió. Juntos fueron uno en el espacio, que se unieron a esas miles de almas que gritaban en ese momento, el amor infinito del sexo correspondido.

Mirándose a los ojos, volvieron a ratificar lo que sentían. ¿Algo podría salirles mal luego de eso? Nada y si así fuese, ya tenían la herramienta perfecta para protegerse de cualquier problema ¿y cuál era el arma? Simplemente el amor.

2.

Suigetsu se pasó la mano por el cabello de forma automática, como lo llevaba haciendo hace casi una hora, desde que había decidido ir a conversar con Karin. Tenía la certeza de que dicha conversación no sería fácil y ambos genios volátiles que los dos se gastaban podían chocar con brusquedad, causando aun más resquemores. Sin embargo, pensar así no lo desalentó; necesitaba hacerle saber a su ex novia que estaría junto a ella en todo el proceso que comenzaba a pasar y que estaba directamente relacionado con él.

Un hijo era algo realmente fuerte, tomando en cuenta como había sido su vida desde un comienzo. Era infantil y muchas veces inmaduro. Su hermano, Mangetsu más de alguna vez le había dicho que él era el hijo guapo y talentoso, pero no el más sabio. Palabras inteligentes y más si venía de un tipo que era experto en artes marciales y tenía campeonatos mundiales en sus espaldas. Si había algo de lo que sabía Mangetsu era de mantener la calma y luchar como un verdadero animal, sin despeinarse ni un poquito.

El peliblanco nuevamente volvió sus pensamientos al entuerto que en ese minuto se encontraba. Iba a ser padre, algo único y aterrador. A pesar de su miedo inicial, medio y final, no era capaz de rendirse frente a ese reto. Si había logrado un Oscar siendo que se consideraba un actor promedio y estaba siendo considerado para películas de gran envergadura, superando a su amigo y muchas veces mentor, Sasuke, enfrentar la paternidad no debía ser tan terrible.

"Te puede reprochar tus errores" se dijo a sí mismo y nuevamente se aterró, pero apelando a una calma que no poseía, se tranquilizó, sin temer a sus actos, que por mucho que le afectaran no lograrían hacerlo decaer frente a su prueba más importante.

― Suigetsu. ― la voz de Karin lo volvió a la realidad de sopetón y por escasos segundos no supo ubicarse dónde estaba. ― Pasa, no te quedes parado ahí. Está haciendo un frío horrible. ― la vio sobarse los brazos, intentando calentarse y se encontró tentado a abrazarla, pero sus emociones todavía revueltas, lo mantuvieron a raya. ― ¿Quieres algo?

― No. ― respondió seco, odiándose por ello. ― La verdad es que no. ― rectificó con mayor sutileza, sin mirarla a los ojos. Sabía que los carmines de la chica le provocaban más sensaciones de lo que era capaz de asumir y también al hacerlo, se le venían a la cabeza los pasados episodios que lo habían destrozado por entero. ― Vengo porque tenemos algunas cosas que conversar.

― Sí, lo sé. ― Karin ésta vez se sobó las manos y tomó la punta de su cabello en un dedo, girándolo una y otra vez en señal de nerviosismo. Tan bien la conocía el peliblanco, que sabía que ella estaba aterrada. ― Mis padres salieron, así que nadie podrá interrumpirnos.

― Me hubiese gustado hablar con ellos también. ― confesó el peliblanco, con las manos en los bolsillos y tamborileando sus dedos con ansiedad. ― Supongo que sabes a lo que vengo.

― Tenemos un grave problema acá. ― dijo Karin, señalándose el vientre. ― Y digamos que no se ha portado del todo bien conmigo. Me ha hecho mucho sufrir.

― ¿Por qué? ― quiso saber Suigetsu, intentando recopilar toda la información que le pudiese dar de su hijo. Quería saber todo sobre él, desde lo que sentía su madre, hasta si tenía formado sus deditos. ― ¿Ya lo has visto?

― Solo en sueños y en ecografías. ― le contestó ella. ― En una semana más tengo otra y me preguntaba si te gustaría estar presente, ya que posiblemente sepamos el sexo del bebé.

― Obvio, me encantaría. ― le respondió Suigetsu. ― Karin, yo sé que por ahora nuestra relación no está bien, pero creo que podemos llevar todo el tema como los adultos que somos. Sé que quieres independencia y la llegada de nuestro hijo te la arrebatará cosa que claramente no debe agradarte. Sin embargo, lo estuve pensando y creo que puedo ayudarte con eso.

― ¿Cómo? ― si Suigetsu le decía que la dejaría sola, era hombre muerto, se prometió Karin. No quería ni imaginarse como sería la vida sin tener a ese peliblanco que tanto le había dado. Estaba muy consciente de que había cometido un grave error con él, pero ahora que podía tenerlo nuevamente a su lado, le demostraría que había madurado y estaba dispuesta a todo para hacer que la volviera a querer.

― Tengo una casa no muy alejada de acá. Es grande, cómoda, pero no entra en la categoría de mansión. Me gustaría que te quedaras con ella y así tendré la certeza de que te cuidan bien. Tendrás personal en el lugar, pero se regirá bajo tus reglas. Si quieres que trabajen en cierto horario, te deben obedecer.

― ¿Por qué haces esto? ― le preguntó cautelosa.

― Porque quiero estar cerca de mi hijo. La única condición que te pongo, es que me permitas ir a visitarlos y quedarme con ustedes en caso de que quiera hacerlo. ― Eso era una llama de esperanza para la pelirroja. Significaba que el peliblanco muy posiblemente estaría constantemente yendo y viniendo a su hogar, dispuesto a compartir del bello acontecimiento que significaba tener un bebé. Además de que podría agasajarlo con pequeños gestos, que se volverían en actos de coquetería y así, poco a poco, Suigetsu volvería a mirarla con el amor infinito que antes lo hacía. ― Espero que aceptes.

― Lo acepto. Quiero que seas participe de todo lo que ocurra conmigo y el bebé. ― Karin agachó la cabeza y se miró las manos. ― También quiero pedirte disculpas. No he sido la mejor mujer para ti y en diversas ocasiones te he mostrado una cara tan infantil de mi personalidad que de solo pensarlo me avergüenzo. ―comenzó a decir, para sorpresa del peliblanco, que jamás había oído a su ex novia reconociendo un error, por mínimo que fuera. ― Mi primer error fue dejarte cuando me enteré de que estaba embarazada.

― ¿Sabías que estabas embarazada cuando terminamos? ―Karin asintió avergonzada. ― ¿Por qué lo hiciste? He perdido meses de la vida de mi propio hijo por tu…

― Egoísmo. ―interrumpió ella. ― Me sentía víctima, porque solo yo sería la afectada frente a éste embarazo. Era estar atada de pies y manos para siempre. Al menos eso sentía yo.

― ¿Alguna vez pensaste en… abortar? ― temeroso de la respuesta, Suigetsu miró sus facciones contrariadas y sintió pena y rabia por ella. Pena por verla compungida y rabia por su forma de ser tan egocéntrica que no le había permitido acercarse cuando ambos se necesitaban.

― Sabes que creo en un aborto libre en todas sus condiciones, porque fui criada de un modo mucho más científico que emocional, pero en cuanto vi por primera vez el pequeño maní que era nuestro bebé, no pude. Tampoco se me había pasado por la cabeza. ―aseguró de inmediato, comprendiendo que estaba siendo algo ambigua con su respuesta. ― Solo que verlo me confirmó que nunca podría negarle el derecho a vivir a un ser que había llegado producto de nuestro gran amor.

― Karin, fuiste muy irresponsable. ― le reprochó Suigetsu. ― Y no conmigo, sino que con el bebé. Él o ella tiene derecho a saber quién es su padre y sentirse orgulloso de sus progenitores. Lo quisiste privar de mí.

― Sí, porque fui una tonta, cegada por la rabia que sentía de verme acorralada, repitiendo la historia de mi madre, pero ahora lo veo de otra forma. Hablé con mamá y ella me clarificó todo. No me arrepiento de tener a éste bebé, de que tú seas el padre, porque eres el hombre al cual más amo en la vida. Llamarte para hablar sobre el bebé fue un acto de rebeldía contra mí misma. Contra mi afán de controlar todo y de ser siempre la víctima. ― reconoció. ― Me hubiese gustado no haber sido tan imbécil y haberte acompañado a ganar el premio más importante de tu vida. ― le confesó, con lagrimas aflorando en sus ojos. ― De estar tomando tu mano mientras esperabas el veredicto. No te imaginas cuánto he llegado a arrepentirme por eso, por no haber estado ahí, junto a ti, Suigetsu. ― Sin poder aguantar la lejanía, se acercó a él y se abrazó a su pecho.

Suigetsu en un comienzo quedó sorprendido, pero respondió con delicadeza y la abrazó contra él, acariciándole la espalda para calmar sus sollozos.

― Tranquila, todo está bien. Ahora miraremos hacia delante y le daremos mucho amor a nuestro pequeño maní. ― Aunque ya no era tan pequeño, como pudo notar el peliblanco. La panza de Karin se estaba convirtiendo en un maravilloso toque contra su propio vientre y era una sensación única.

Verla era vislumbrar el milagro de la vida y le fascinaba aquello.

― ¿Cuándo quieres que me cambie de casa? ― preguntó la pelirroja al calmarse.

Sus ojos carmesí se veían muy brillantes, pero esperanzados de que se venían tiempos mejores para ambos.

― Cuando te sientas preparada.

― Ahora mismo si quieres. ― le informó ella, impaciente por comenzar una nueva etapa en su vida. ― Queremos estar junto a ti.

― No creo que viva con ustedes, pero si pasaré mucho tiempo a su lado. ― Algo es algo, pensó Karin. No lo presionaría por el momento, pero si poco a poco iría logrando tener nuevamente un terreno importante del corazón de Suigetsu.

― Ok, solo quiero que estemos cerca y que veas como me crece el vientre. Los pantalones ya no me suben. ― le comentó bromeando.

― Bueno, eso pasaba desde la época en la cual estábamos juntos. ― Karin abrió la boca fingiéndose ofendida.

― Si me dices que tengo un culo gordo, te cortaré en pedacitos. ― amenazó, levantando el puño.

― Tienes un culo gordo, pero bonito. ― respondió el peliblanco, sin temer a su reacción. ―Venga, vamos a comer.

― Tengo ganas de comer comida tailandesa. ― Suigetsu hizo una mueca. ― ¿Por qué no?

― Demasiado condimento y ni siquiera te gusta. ― la chica se apuntó el vientre, dando con eso toda la respuesta. ― Bueno, no digas después que no te lo dije.

Y Karin le dio la razón cuando pasó toda la tarde con la cabeza metida en el wáter, vomitando la comida.

― No me mires así. ― le dijo al peliblanco.

― Te lo dije…

3.

Eran la 21:33 cuando Sakura se metió a su camarín para comenzar una nueva tirada de grabaciones que se daría toda la noche. Pensar en ello la desmotivaba en cierto modo, ya que estaba cansada por todo el ejercicio que había hecho durante el día… Mirándose en el espejo el ancho y alto reflejo que le devolvió de su cuerpo, la hizo enrojecer. ¿alguien se daría cuenta que ya no era la chica casta y pura que era hasta hace unas 10 horas atrás? ¿Se notaría en su cuerpo que ya había perdido su virginidad y había entrado de lleno en el mundo de la sexualidad? Acercándose al espejo, vio en sus ojos un brillo inusual, pero prometedor. Quizás, alguien más observador se fijaría en ese detalle y descubriría su secreto, dejando en evidencia que ya había tenido su primera experiencia en la "profundización" del amor. Sin embargo, pensar de ese modo no le importó. Estaba tan segura de lo que había hecho, que ningún comentario fuera de lugar la iba a incomodar. Además, todo el mundo tenía sexo, ¿o no? y ella nunca había visto que anduvieran pregonando eso.

Agachando la cabeza y estirando todo su cuerpo en la nueva postura de yoga que había practicado la semana anterior, el recuerdo latente de lo recién pasado volvió con más fervor a su cabeza: esos músculos que residían entre sus piernas, se quejaron al sentirla moverse de ese modo.

― Debo parecer un travesti al caminar así. ― susurró al aire. ― Sasuke me lisió.

El moreno, a pesar de haber sido en extremo delicado, no podía esconder que la naturaleza lo había bendecido con un monumento espectacular que se erguía con soberbia bajos su bóxer. Quizás más adelante gozaría todavía más de aquello, pero en ese minuto, sus músculos interiores no estaban muy agradecidos de ello.

― ¡Sakura! ― el gritó de Tenten la sacó de su ensoñación. ― ¡Debemos apurarnos! Jiraya está como loco queriendo grabar de inmediato.

― Dile que se puede ir a la mierda. ― contestó ella. ― He dormido con suerte 2 horas y no tengo muchas ganas de escuchar los sermones de Jiraya. Al menos no hoy. ― murmuró, dejándose caer sentada sobre el sofá, pero dando un respingo incómodo. ― Maldito Sasuke. ― masculló.

La castaña la miró fijamente y comenzó a hiperventilar, saltando como sapito nuevo.

― Tú… Sakura… ― Tenten se tapó la boca con una mano y tanteó con la otra su bolsillo en busca de su celular. ― No… debo contarle a Ino…

― ¿Podrías ser más clara? ― le pidió Sakura, sobándose los ojos. ― Estoy muerta. ― exclamó al aire, estirando sus brazos y volviendo a sentir cierta incomodidad en su interior.

― Espera a que llegue Ino. ― en menos de 30 segundos, la rubia entró al camarín, jadeando en el proceso y mirando a sus dos amigas.

― ¿Qué paso? ― les preguntó, para luego fijarse solo en Tenten. ― Dijiste que había pasado algo increíble.

― Dile a ella que te cuente. ― Sakura frunció el ceño al sentirse observada y buscó en la cara de Tenten alguna respuesta a su comportamiento tan extraño. ― No te hagas la tonta. Se te nota.

― ¿Qué se…? ― Sí, al final la burda conversación que había tenido con el espejo solo había calmado sus pensamientos por escasos segundos.

Todo su cuerpo gritaba lo que había pasado la noche anterior y eso la hizo enrojecer como granate.

― No estoy entendiendo. ― dijo Ino, comenzando a hartarse de aquello. ― Estaba tratando un tema muy importante con Shizune cuando me llamaste, Tenten. No puedo dejar mi trabajo botado, así como así, siendo que estoy bajo la atenta observación de Yamato por culpa de haberme acostado con Itachi en el…

― Cállate un segundo y mira a Sakura. ― Ino lo hizo y solo se encontró con la cara casi morada de la pelirosa. ― Fíjate bien.

― ¿Te cortaste el cabello? ― le preguntó, empezando a tirar al voleo respuestas a la interrogante que había lanzado Tenten. ― ¿Te pintaste los labios?

― Eres muy bruta, Ino. ― le reclamó Tenten. ― Mírala fijamente. ― la rubia bufando lo hizo y expectante se encontró solo con la mirada abochornada y avergonzada de la pelirosa. ― Sakura, dile por favor. Nunca lo descubrirá sola.

― ¿Cómo te diste cuenta? ― le preguntó Sakura en un siseo a la castaña, mirándola asesinamente. ― ¿Necesitabas publicarlo en el diario?

― Esas cosas se cuentan, porque somos tus amigas y nosotras te contamos todo, ¿o no? ― Sakura se miró los zapatos, pero tuvo que levantar la vista cuando escuchó un chasquido de lengua por parte de Ino, para luego oírla detener su respiración.

― ¡Te acostaste con Sasuke! ― chilló la rubia, abanicándose la cara. ― Tienes una cara de haberte mandado el mejor festín de tu vida. ― le reclamó Ino, sentándose a un lado de ella. ― Comienza a hablar.

― No sean así… ― pero sus reclamos quedaron acallados por los ojos inquisidores de Tenten y los expectantes de Ino. ― Ok, sí. Me acosté con Sasuke.

― ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ― quiso saber Tenten.

― ¿Te dolió? ¿Sangraste? ¿Lloraste? ― prosiguió la rubia.

― ¿Fue dulce? ¿Se fue adentro? ― Sakura en ese minuto se tapó la cara.

― ¿Tuviste un orgasmo? ― esa última pregunta por parte de Ino la asombró del mismo modo que la acomplejó. ― Ok, mejor habla a tu ritmo. Prometo no presionarte.

― Ni yo tampoco.

Sakura dudaba de eso, pero era preferible hablarles de inmediato, en vez de tenerlas en espera y listas para lanzarse como aves carroñeras en busca de más información.

― Al llegar de mi departamento luego de nuestra fiesta…

― Nos abandonaste. ― le reprochó la rubia, aunque ella también se había perdido rápidamente en cuanto vio llegar a Itachi.

― Deja que continúe. ― le reclamó Tenten, fijándose nuevamente en Sakura.

― Llegamos a su casa y estaba Naruto echado sobre el sofá, algo ebrio y quejándose porque Hinata se había ido de viaje.

― Al grano. ― exigió Tenten.

― Cállense o no les cuento nada. ― amenazó Sakura, volviendo a hablar luego de ello. ― La cosa es que Naruto se fue y nosotros desayunamos algo poco. Después nos echamos en el sofá a ver televisión, disfrutando de que tendríamos que grabar por la noche y todavía era lo suficientemente temprano para seguir remolando. Por tevé pasaron el momento de Hinata y Naruto en el aeropuerto, dónde también estaba yo despidiéndome de ella. Comenzamos a bromearnos y Sasuke me dijo que tenía un lindo trasero y que como él se daba cuenta, también otros hombres lo notarían. ― Ino y Tenten asintieron, muy intrigadas. ― Yo le dije que podían notarlo, pero solo él tenía derecho sobre mi cuerpo y en tono de broma sugerí que le gustaba solo mi trasero. Sasuke respondió que aparte de eso, le gustaba mi cabeza, mi forma de ser y lo que tenía dentro. Se puso muy meloso y romántico, para después decirme que ya no quería esperar más y que me necesitaba mucho. Yo feliz acepté y ambos nos fuimos a la cama. ― sonrojada, Sakura se mordió el labio. ― Tenten, fue hoy, como a las 12 del día, como la gente hace el amor y lo hicimos en su cama. ― respondió Sakura, a las preguntas que le habían hecho sus amigas anteriormente. ― Si me dolió, si sangré y sentí mis ojos mojarse, pero de emoción. ― le contó a Ino. ― Fue muy dulce y no te diré si se fue adentro. ― explicó a Tenten. ― Y sí, tuve un orgasmo, aunque fue muy diferente a los que ya había tenido. Es como raro sentir algo así dentro tuyo, con ese poder y conexión magistral. Me sentía completa y el orgasmo nació desde muchas partes, pero sobretodo del interior de mi vientre, con otro nivel de colores y sensaciones. ― suspirando, culminó. ― Agradezco haber esperado, porque sinceramente, valió cada segundo.

― ¿Se comportó bien Sasuke? ― Sakura asintió. ― ¿No te sentiste presionada?

― Más bien yo lo presionaba a él para que lo hiciéramos. ― con sus ojos brillantes de emociones, les tomó las manos a sus amigas. ― Es tan diferente a todo lo que esperaba. Ahora sin lugar a dudas puedo decir que amo a ese hombre. Me cuida y me da tantas cosas. Estoy segura de que nadie se le podrá comparar en ningún ámbito. Sasuke sabe amar con todo su cuerpo y eso es fenomenal.

― Estoy segura de que fue así. ― sonriente, Tenten le dio un beso en el dorso de su mano. ― Eres una suertuda, porque no todas las mujeres tienen la suerte de tener una primera vez decente. Y aunque está algo mitificada, eso no quiere decir que no pueda ser algo importante. Al fin y al cabo, lo recuerdas toda la vida. ― Ino asintió.

― Tú conoces nuestras experiencias, Saku y sabes que no fueron buenas, por lo mismo sentimos tanta felicidad por ti, al verte tan completa con Sasuke y sabemos que él también se completa contigo. ― aseguró la rubia. ― Te mira con unos ojos llenos de amor y casi siempre busca tu aprobación en todas las cosas que hace. ― dando un saltito, Ino empuñó su mano libre. ― Ahora puedo contarles a mis nietos que yo estuve presente en todo el enamoramiento de Sasuke y Sakura.

― Y yo también. Podría escribir un libro sobre esto. ― sopesó la castaña, ganándose una mirada suplicante de Sakura. ― Es broma, tontuela, pero cuando su relación salga a la luz, me sentiré casi una súper mujer al saber de fuentes directas, o sea yo, todo lo que vivieron y como se fueron enamorando.

― Esperen. ― las detuvo Sakura. ― Sasuke no me ha dicho que me quiere.

― ¿Y necesitas eso? ― le preguntó Ino. Sakura respondió alzándose de hombros. ― A ese tipo se le nota que vive a expensas de tus vientos. Se desvive por ti. No puedes reclamar que no exprese del todo sus sentimientos cuando estos son tan evidentes.

― Opino lo mismo. ― apoyó Tenten. Sakura dejó de lado sus inquietudes respecto a ese tema y se concentró en sus dos amigas, que todavía estaban emocionadas con la noticia. ― ¿Y qué te dijo cuándo se levantaron para venirse?

― Pues nada. Nos vinimos para acá y me besaba cada vez que podía. ― les contó sonrojada. ― Aunque reclamó por tener que venir a trabajar y obligarnos a separarnos, pero yo le dije que era por ahora, así que no se molestara.

― Como si eso fuese a detener el genio Uchiha. ― susurró la rubia, aunque sonriendo. ― Son tan enojones.

― Pero sensuales. ― agregó Sakura. ― Extremadamente sensuales.

― Lastima que tú no sabrás lo que es hacer el amor con un Uchiha, Tenten. ― Sakura enarcó los ojos, sabiendo que tanto Ino como Tenten, comenzarían con sus disputas idiotas para terminar riendo. ― Itachi es mío y Sasuke de Sakura.

― Que territorial te has puesta con Itachi, ¿eh? ― molestó la castaña. ― Te tiene cegada con sus artes amatorias.

― Es que esos Uchiha son… uff. ― la rubia se abanicó la cara. ― ¿Verdad, Sakura?

― Ahora con conocimiento de causa, puedo decir que sí. ― aceptó Sakura.

― Bueno, supongo que…

― Sakura, ¿te pasó algo? ― la entrada estrepitosa de Sasuke las hizo saltar a las 3. Guardo silencio al tenerlas al frente, para luego agregar: ― Ya sé que te pasó. ― Cruzándose de brazos, alzó una ceja.

Sakura se sintió descubierta y sonrió incomoda.

― Sasuke, pero que pelo más brillante tienes hoy. ― lo molestó Tenten, haciendo reír ahogadamente a la rubia. ― Como que tu piel brilla.

― Igual que la tuya ese día que dejaste tus calzones regados en mi departamento. ― respondió Sasuke, mordaz y dando la estocada final, haciendo sonrojar a la castaña. ― Jiraya está como loco gritando allá afuera. Dijo que tenías 5 minutos para ordenarte.

― ¿Solo 5? ― el moreno asintió a la pregunta de Sakura.

Tenten se puso de pie y tomó la vestimenta que traía en los brazos y había dejado tirada sobre un taburete.

― Sakura, apresúrate. ― Relka entró al segundo y jaló a la pelirosa para darle los retoques en la cara.

― Siemprre tiendes a atrrasarrte. ― dijo la regordeta mujer, con su remarcado acento ruso.

― Eso le pasa porque se pone a chismosear. ― le reclamó Sasuke, todavía parado a un lado de la puerta y con los brazos cruzados.

Ino había salido a dar aviso de que Sakura en 8 minutos estaría lista. Yamato le estaba dando un sermón por ello y Jiraya meneaba la cabeza agotado.

― Lo siento mucho. ― dijo la pelirosa apenada, mirando a Sasuke y su evidente enfado. ― No te enojes. ― le pidió con cara de súplica.

― Yo también tengo cosas que hacer, molestia. No puedes retrasarnos a todos por estar contando tus cosas. ― le reclamó, verdaderamente molesto.

Sakura ariscó la nariz y decidió no decir nada más. Cuando Sasuke se ponía en esa faceta tan intratable, era imposible hacerlo entender y estaba demasiado agotada como para discutir con él.

El que dijera que Sakura, por ser su novia del pelinegro, tenía más privilegios con él, se equivocaba ciento por ciento. Casi le exigía el doble que a los demás, aunque en cierta medida eso no le incomodaba. Sabía que lo hacía por su bien y para que se hiciera cada vez más responsable.

― Sakura, Shizune mañana enviará a un profesor a tu casa. ― llegó diciendo Ino, luego de haberse echado a volar con la llegada de Sasuke y la entrada estrepitosa de Relka. ― Tendrás clases hasta las 2 de la tarde sobre diferentes materias.

― Odio la vida de estrella. ― reclamó al aire, haciendo reír a Tenten y Relka, que a duras penas lograba aplicarle el maquillaje. Tenten por su parte estaba dándole los últimos retoques al vestido. ― Ino. ― llamó. ― ¿Has visto a Morio?

Sasuke se puso alerta y la miró fijamente, sin comprender porque Sakura estaba preguntando por su guardaespaldas. ¿Algo había entre ellos? Se contuvo de interrogarla. No era su dueño, además que le parecía irracional tener esos celos tan impropios.

― Sí, está con Kisame en la cafetería. ¿Quieres que lo llame? ― propuso la rubia.

― No. Iré a hablar con él después. ― Sasuke, aunque había decidido no meterse, no pudo evitar carraspear esperando captar la atención de la pelirosa, pero Sakura no se dio por enterada y siguió dejándose adecuar por Relka y Tenten.

― ¿Por qué? ¿Te pasó algo? ― le preguntó la rubia. Sakura negó y Sasuke agradeció mudamente que Ino fuese tan curiosa.

― Es algo personal que debo tratar con él. ― Ino asintió y anotó algo en su libreta, pero a Sasuke aquello no le gustó.

Él necesitaba saber de qué se trataba, por mucho que su orgullo le gritara que mantuviera silencio y no hiciese preguntas. Después podría recriminarse, pero en ese instante, sus intereses eran otros.

― ¿Qué cosa personal debes tratar con él? ― quiso saber Sasuke, todavía parado a un lado de la puerta y recordándoles a todas que seguía presente.

― Una idiotez. ― dijo Sakura, restándole importancia con la mano y estirando sus labios para que Relka le diera un pequeño retoque.

― ¿Qué idiotez? ― insistió el moreno, llamando la atención de toda la camada femenina que estaba frente a él. ― ¿No me puedes contar?

― Sasuke, después hablamos. ¿te parece? ― A Sasuke no le parecía, pero no tuvo tiempo de replicar, porque Sakura se levantó de su taburete y al pasar por su lado le dio un corto beso en los labios, para luego salir. El moreno se los chupo y sintió un sabor a fresa. Mirando a Relka, le preguntó a través de sus ojos que era y la mujer respondió:

― Brrillo labial.

.

.

.

― Hasta que apareces, por Dios. ― reclamó el peliblanco grueso y bonachón, que por primera vez lo veía realmente molesto. ― Llevo mucho tiempo llamándote.

― Lo lamento, me retrasé por razones femeninas. ― al parecer, aquella respuesta, logró aplacar el genio del peliblanco, que inmediatamente agachó la cabeza y le pidió disculpas en un susurro. Sakura sabía que estaba usando una antiquísima y muy manoseada treta para salir del apuro, pero no había tiempo para lamentos. ― No hay problema, Jiraya. Ya todo está bien.

― Ok. Intentaré que todo resulte a la primera. ― Sakura asintió, aceptándolo. ― ¡Sasuke, apresúrate! ― llamó. ― Erika, también.

Tanto Sakura, como Erika y Sasuke se posaron enfrente del peliblanco y recibieron las indicaciones tal cual eran. Sasuke a duras penas logró concentrarse, todavía teniendo en mente lo que había dicho Sakura al interior de su camerino.

Ya con todo completamente hablado, se dirigieron a sus puestos. Sin embargo, Sasuke la retuvo, tomando su mano y esperando una respuesta.

― ¿Sasuke? ― preguntó Sakura, mirando su agarre.

― ¿Qué tienes que hablar con Morio? ― Sakura bufó y se encontró tentada a besarlo, pero se detuvo al verse expuesta frente a todos esos ojos. ― ¿Es algo entre ustedes?

― ¿Dónde está la confianza, Sasuke? ― alzando el mentón, prosiguió. ― Después hablaremos. No es nada malo. ― regalándole una sonrisa, se acomodó en el lugar que le correspondía y esperó a que Sasuke también llegara.

El moreno la siguió. Como siempre.

Historia de Chiyo
10° Escena. Sakura la que gana

Hayato entró a su cuarto luego de un día de largo entrenamiento – y para despistar la mente – donde Yuu fue su contrincante y compañero. Unas magulladuras hablaban de que no había estado del todo prolijo en su defensa, aunque había terminado ganando la pelea. Sin embargo, aquellas distracciones podrían haberle costado la vida en otro momento, algo no menor.

Con algo de molestia, recordó la conversación que tuvo con el grandulón pelirrojo que había sido su sombra desde que tenía 12 años.

Ryu no es del todo culpable. ― le dijo, luego de tenerlo con la katana en la garganta y un pie sobre su pecho. Hayato se revolvió incomodo al verse sometido de esa forma. ― Ryu es un imbécil, que todavía le encuentra el encanto a la vida y vio en Chiyo a una chica de la cual enamorarse, porque quiere sentir. A diferencia de ti y de mí, que ya conocemos el lado oscuro de esto y sabemos que eso es una estupidez.

Hayato le dio una certera patada en la rodilla de apoyo, evitando de lastimarlo todavía más. Lo vio caer y cambiando de posiciones, terminó siendo él el que apuntaba con su katana en el cuello de Yuu.

Podría haber buscado cualquier otra. Las chicas que están con nosotros, por ejemplo. ― le hizo ver, sin lograr comprender del todo el porqué de las acciones de Ryu. ― Había tantas formas de las cuales se pudo agarrar para poder satisfacer su necesidad de "amor", pero cometió un grave error.

Le diste caza como un perro y lo masacraste en cuanto lo tuviste en las manos. ― Hayato no quería recordar la furia que sintió ni el deseo de sangre que corrió como hiel por su cuerpo en cuanto se encontró de frente con ese traidor. Todavía se preguntaba cómo había aceptado liberarlo en el linde del bosque para que escapara como el marica que era. Dentro de él había una parte que se regocijaba pensando en que haría si se lo encontraba otra vez. Las muertes lentas y muy dolorosas se avistaban en su cabeza, con Ryu como principal protagonista y su katana como verdugo. ― Y lo liberaste.

No me lo recuerdes. ― le ordenó, sacándole el filo brillante de su garganta y volteándose a mirar el paraje que bordeaba su hogar. Las plantaciones de arroz y ajo lo hacían un paisaje envidiable, aunque él tenía claro que todo eso nacía desde el vandalismo más puro. De la sangre de muchas personas y del dolor ajeno. Todo provenía desde la maldad. ― Soy capaz de ir a pillarlo nuevamente.

Han pasado dos semanas, ¿cómo está ella? ― Hayato alzó los hombros. ― ¿Qué significa eso?

No habla. ― respondió escuetamente. ― Me odia y no lo esconde.

La atravesaste con tu katana. Eso no es una buena presentación, ni el comienzo de una fructífera relación. ― Hayato se volteó a mirarlo con fuego irradiando de sus ojos. ― No me asustas. Te conozco desde enano.

Recuerda que soy tu jefe. Además, ¿Por qué estás tan hablador? Tú no eres así. ― Yuu sonrió de medio lado.

Si Hayato no lo conociera, pensaría que esa sonrisa era diabólica.

Alguien necesita centrarte.

Pues no lo necesito. ― Y haciendo un amague, le cortó la cabeza… Y Yuu, rió

Volver al presente, le hizo buscar con la mirada algún indicio del pelo rosado que tantos quebraderos de cabezas y dolores le había causado las últimas semanas. Cuanto había sufrido y perdido por ella, pero a la vez no se arrepentía, siendo algo que lo desconcertaba. Con Chiyo había más puntos en contra que a favor y sin embargo no podía dejarla.

― Chiyo. ― llamó.

La buscó en el baño y la cocina, sin encontrarla, pero al entrar en su oficina la vio ahí, sentada en su silla como si fuese ama y señora y dormía sobre el escritorio, con algunos papeles regados encima.

Apoyándose en el quicio de la puerta deslizante, se perdió mirándola. Con un vestido blanco y ligero, pies descalzos y pelo enmarañado, la encontró preciosa. El ver que sus piernas no tocaban el suelo, lo llenó de ternura y terror. Dentro de esa niña había un bebé que era suyo y del cual, ella no tenía conocimiento.

De forma cautelosa la había alimentado como había dicho Amatista y aunque la anciana mujer de sagrados conocimientos había declinado en su oferta de prestarle servicios para cuidar a la chica, le había dejado claro cuáles eran los mejores alimentos para alguien que se encontraba convaleciente por una gran herida y por llevar un bebé en su interior.

Los pies de Chiyo se enroscaron y comenzó a moverse despacio. Al parecer, su herida todavía le causaba dolores, aunque ni siquiera se había quejado. Hayato lo había deducido al verla caminar más lento o meterse en la cama con extrema delicadeza, evitando movimientos bruscos que le causaran daño.

― Hola. ― le saludó, esperando que lo mirara. Como siempre, solo se encontró con profundo desprecio, algo que odiaba, porque la inocencia de ella se había perdido, o más bien, él se la había arrebatado de un zarpazo. ― ¿Cómo te sientes? ― No respondió y levantándose, caminó hasta la puerta, esquivándolo. Hayato bufó sonoramente, rascándose la cabeza sin saber cómo actuar. ― He entendido el punto, Chiyo. Estás enojada por todo esto, pero si no hablas, no sé cómo ayudarte.

― Déjame ir. ― le dijo.

― No. ― respondió tajantemente. ― Eso no te lo concederé.

― Entonces no me puedes ayudar. ― sus palabras fueron bruscas y carentes de emociones.

― ¿Para qué quieres irte? ¿Quieres juntarte con Ryu? ― Chiyo se quedó seria. ― Responde.

― Lo mataste. ― murmuró despacio. ― Lo dijeron las chicas de tu harem.

― No es un harem, maldita sea. Y tampoco lo maté. ― dijo Hayato, hablando fuerte. ― Le di libertad y escapó de acá apenas lo dejaron en la entrada del bosque.

― No me mientas. ― le exigió.

― ¿Por qué tanta necesidad o fervor por ese imbécil? ¿Tú crees que con él ibas a encontrar algo mejor? ¿Amor? ¿Paciencia? ¿Fortaleza? ― enroló los ojos. ― Te hubiese dejado tirada en cuanto se hubiese visto acorralado.

― Acorralado por ti. Dilo. ― siseó. ― Eres un ser humano que no tiene nada de humano. Me das profundo asco, ¿sabes? Todavía me pregunto como pude aguantar estando bajo tuyo, recibiéndote.

― Eres igual de idiota que él. ― molesto con sus palabras, él también escupió un par más. ― Sí, soy sanguinario, he matado y no me arrepiento de aquello, porque lo he hecho por necesidad, sin embargo, ese imbécil era mi amigo y lo rescaté cuando un clan enemigo le dio caza a toda su familia. Los ayudé a esconderse y les abrí las puertas de mi hogar, para recibir éste pago: una traición. ― acercándose a ella, la arrinconó contra la pared. ― La traición aquí se paga con la cabeza del traidor empalada; el que ande por ahí perdido solo habla de que soy lo suficientemente humano como para recordar que en algún momento fue un gran compañero.

― ¿Para que todo esto, Hayato? ¿Qué ganas? Mi madre murió, tu padre también. Nuestros abuelos igual y todo lo que nos rodea ha desaparecido. ¿Por qué seguir? ¿Cuál es la necesidad de seguir manchándote las manos con sangre de venganzas que no nos competen? ― quiso saber Chiyo, exigiéndole respuestas.

― Hablas bonito, ¿te lo han dicho? ― una risa sardónica escapó de sus labios. ― Pero yo no necesito discursos que remuevan mi conciencia ni me enseñen de moral, ¿sabes? Menos de una chiquilla que es capaz de venderse por escapar, porque eso es lo que yo vi: Corriste hasta Ryu y lo engatusaste con tus encantos para que él te abriera las puertas a la libertad. Bonito discurso te debe haber dado para caer de ese modo, ¿o fuiste tú? ¿Quieres probar que se siente tener a todos los hombres babosos por ti? ¿Qué se siente acostarse con todo un clan? Al fin y al cabo, no eres mucho mejor que esas mujeres que duermen un poco más allá. Ellas no fingen ser unas mojigatas.

― ¡Solo tengo 15 años, imbécil! ― logró empujarlo, causándose dolor en la herida y agarrándose de inmediato ese lugar. ― Hasta hace poco no me había acostado con nadie y ahora me consideras una puta. ― sus palabras fueron acompañadas con lágrimas que no enternecieron al moreno. Todavía mascaba la rabia, aunque eran tantas sus emociones, que no sabía de qué forma controlarlas.

― Con tu actuar no me has dejado espacio para dudas. ― Chiyo se tapó un oído y fijó sus ojos verdes en los oscuros azabaches. ― ¿Qué esperabas? ¿Qué te recibiera de buenas a primeras?

― Das asco. ― escupió.

― No creo que tanto. ― dijo Hayato. ― Al menos no para esto.

Y en un abrir y cerrar de ojos, la boca del moreno se encontró sobre la de la pelirosa y la abarcó con su lengua, acariciando todo el interior húmedo y satinado de la chica. Chiyo gimió con la intrusión y se aferró a la camisa de Hayato con dos puños fieros que arrugaron la tela. La mano delgada y larga del moreno le subió el vestido por el muslo y apegó su pecho con los pechos pequeños de la chica, jadeando ambos al encontrarse de ese modo nuevamente. No obstante, el dolor pulsante de la herida que tenía Chiyo en el estómago, la hizo retroceder con el poco espacio que tenía y lo tiró hacia atrás, afirmándose nuevamente el lugar.

― Me duele. ― susurró, escapando de los brazos de Sasuke y sentándose sobre la cama, para levantar el vestido y verse con dificultad el largo recuerdo que le había dejado Hayato con su katana. ― ¿Puedes…?

Hayato entendió de inmediato y fue a mirar que todo estuviera en orden. A pesar de que era grotesco, la sutura del estómago se encontraba en un buen estado, al igual que la de su espalda.

― Lamento haber sido tan brusco. ― Chiyo no respondió. ― Descansa.

― ¿Dónde vas? ― el moreno alzó una ceja. ― Te pregunto nada más, para saber si podré dormir lo suficiente sin tener que estar alerta porque en mi habitación hay un tiburón.

― Iré al "harem" ― dijo Hayato, haciendo las comillas en el aire.

― Si te acuestas con una de ellas, no lo harás conmigo. ― el moreno rió largamente. ― ¿De qué te burlas?

― Tú, que te restregaste con uno de mis súbditos, te crees con el derecho de venir a dominarme y mandarme en lo que hago o dejo de hacer con otras chicas. ― Chiyo mordió su labio. ― No me mandas.

― Te lo advierto…

― Y yo te advierto a ti, Chiyo. Nadie nunca me ha dicho lo que debo o no debo hacer y mucho menos una mujer me dará órdenes. La hija de Carey no controlará mi vida. ― la pelirosa cerró los ojos incomoda. ― Intenta no entrometerte donde no te llaman.

― No tendrás sexo conmigo.

― Tampoco lo quería. ― Chiyo estaba sorprendida al vislumbrar tanto odio en esos ojos. ― Ahora eres tú la que causa asco.

― Mientras te acostabas conmigo, lo hacías con ellas. ― le dijo Chiyo. ― Masami lo pregonó en todos lados.

― Que triste que tus sueños del primer amor hayan terminado en el tacho de la basura, ¿verdad? ― Hayato volvió a caminar hasta donde ella. ― Chiyo, ya no me interesas como antes. Lo que podrías haber conseguido conmigo, lo perdiste en el instante que te metiste con Ryu. ― Chiyo se sintió empequeñecer frente a la altura imponente de Hayato. ― Perdiste en tu propio juego.

― ¿De qué hablas? ― quiso saber.

― Conmigo hubieses ganado mucho más, pero preferiste a Ryu, por lo tanto, terminaste de cavar tu propia tumba. ― la pelirosa agachó la cabeza. ― Y no te hagas la inocente conmigo. Ya pasó tu tiempo, Chiyo y si me acuesto contigo, será por mero placer de verte sucumbir a mis más bajos instintos. Y al igual que tú, las demás chicas también disfrutarán de mí.

― Que te aprovechen. ― farfulló enferma de los nervios, imaginándose todo lo que se le vendría.

A pesar de odiarlo, una parte de ella aborrecía imaginárselo acostado junto a todas esas mujeres expertas, con muchos más conocimientos y dispuestas a todo, a diferencia de ella que se ponía como tabla cada vez que él la tocaba. Y no era como si avalara su actuar sanguinario o fuera de cualquier moral, pero estar con Hayato le había dado una esperanza en cierta medida. Él la hacía sentir protegida y no podía desconocer que los primeros días, el moreno tampoco permitió que nadie se le acercara para hacerle daño o vejarla. Solo su cuerpo fue el que la tocó y también era él el que provocaba que gritara de placer cuando se encontraban juntos.

Sin embargo, no se arrepentía de nada. Su libertad sería a cualquier precio y estaba dispuesta a pagar, pero la pregunta era otra en ese minuto: luego de ver a Hayato cuidándola, protegiéndola y mostrando sus emociones a flor de piel como solo él sabía hacerlo, ¿necesitaba su libertad? ¿Quería volver a un mundo real donde lo único que tenía era la amistad con un mendigo y su amor desmedido por las flores al igual que su madre? ¿Dónde una choza con un camastro eran su habitación y el baño era un hoyo oscuro y profundo, para que su ducha terminara siendo el rio? ¿Quería nuevamente eso?

Y la respuesta era obvia:

Se quería quedar con Hayato.

O.O

― ¡Masami! ― gritó Hayato, ingresando a la habitación de las mujeres y encontrándoselas a todas desperdigas por el lugar, sin nada que hacer. ― ¿Qué pasa?

― Señor. ― gritaron varias, poniéndose de pie y expectantes de su reacción. Masami pasó adelante para mirarlo.

― Señor, ¿viene en busca de placer? Sabe que todas estamos dispuestas a satisfacerlo. ― agregó apresuradamente.

― ¿Están aburridas? ― nadie respondió. ― ¿Quieren a un hombre? ― nuevamente el silencio. ― Les doy su libertad. Salgan de acá y vuelvan a sus lugares.

― ¿Qué? ― preguntó Masami descompuesta. ― Señor, sabe que si estamos acá es porque así lo deseamos y no porque nos sintamos prisioneras. Lo que usted nos ha dado ha sido por sobretodas las cosas, lo mejor. Tenemos un lugar donde dormir y comer. Salir a la vida será morir.

― ¿Qué desean entonces? ― preguntó Hayato. ― ¿Sexo?

― Sí, sobretodo con nuestro señor. ― Gritó una chica desde atrás. Una a la cual nunca había tomado. ― Queremos tenerlo feliz.

― Masami, ¿ella es nueva? ― la mujer asintió a regañadientes. ― Si se darán disputas de gatas celosas, no las querré acá. Tienen claro que estar acá significa que todas tendrán la posibilidad de estar conmigo, ¿de acuerdo? ― la regañina que le había dado a la mujer, no le agradó ni un poco, pero no habló. ― Dejaré que otros súbditos vengan a ustedes, pero no serán cualquiera. Las habitaciones que usarán son las que se encuentran al final del pasillo, porque si hay algo que quiero es tranquilidad.

― ¿Y usted? ¿Ya no nos quiere? ― haciendo un puchero gracioso, una chica de mediana edad esperó su respuesta.

― Nunca las he querido. ― contestó sin ningún tacto. ― Si están acá, es porque pertenecen a una tradición. ― agregó, sin darle siguiera un remordimiento por ser tan duro. ― No puedo satisfacerlas a todas. No soy una máquina y mucho de los tipos que hay allá abajo merecen un poco de relajación. Buscar sexo y pagar por ello es demasiado riesgoso y puede provocar una traición, por lo mismo aquí les daré lo que necesitan. ― reconoció, cada vez más agradado con su idea. ― Pero no dejaré que cualquiera las tome. Procuraré que sean machos decentes.

Volteándose, salió del lugar, siendo seguido por Masami.

― Señor. ― lo llamó ella, parándose a mitad del pasillo. ― Yo no quiero otro cuerpo. El de usted es mi necesidad y estoy hecha para satisfacerlo. Sabe que nos entendemos.

― Masami, no tenemos una relación. No eres mi pareja y no tengo sentimientos por ti. ― le aclaró de inmediato. ― Estás actuando patéticamente. Te aseguro que lo pasarás mejor con cualquier otro. Yo no quiero tener un montón de mujeres dispuestas a abrir las piernas cuando lo requiera.

― Entonces la chiquilla ganó.

Hayato la miró fijamente, para luego volver a su camino y meterse en su habitación, encontrándose a Chiyo durmiendo sobre su cama, descalza y con el pelo cayéndole en el rostro. Sus dedos picaron por ir corriendo a despejarle su frente, pero se detuvo y volvió a pensar en las palabras de Masami. La verdad era algo que no se podía guardar por mucho tiempo y en su caso era demasiado evidente.

― Sí. Chiyo ganó.

Fin de la 10° escena

― ¡Corten! ― el grito de Jiraya le dio termino a la escena y los hizo aplaudir a todos, por la emoción mostrada en la actuación. ― Todavía agradezco a ese amigo el haberme pedido un favor tan personal y el haberte encontrado ahí como extra, pequeña. ― Sakura se sonrojó, pero sonrió agradecida de esos halagos, sobretodo de un director de tanto renombre como lo era Jiraya. ― Mi mejor joya, por lejos. ― la pelirosa siguió escuchando las palabras del gigante peliblanco, mientras Sasuke caminaba hasta una larga mesa donde había algunos comestibles. Decantó por un vaso con agua y vio a Suigetsu acercarse hasta él.

― ¿Cómo estás? ― le preguntó su amigo, sonriendo como siempre y chocando sus manos, aunque él peliblanco se acercó a darle un leve golpeteo en el hombro. ― Buena actuación.

― Sí. ― respondió escueto, tomando agua y mirando fijamente a la pelirosa, que seguía siendo alabada por todos. Si supieran que eso solo lograba hacer crecer el ego ya inflado de la chica… ― ¿Te llamaron? ― le preguntó al ver su presencia ahí.

― Adoro tu forma de ser tan amistosa. ― lo molestó Suigetsu, aunque riendo. ― Me toca grabar una escena con Sasori. ― Sasuke hizo una mueca. ― Para de odiarlo. Ya pasó.

― ¿Y Hiroto? ― fue el turno del peliblanco de hacer una mueca. ― ¿Ves?

― Ok, entendí el punto. ― aceptó Suigetsu. ― Tengo una buenísima noticia que darte.

― ¿Me dejarás en paz? ― el peliblanco bufó y Sasuke sonrió de medio lado, siendo tapado por el vaso. ― Habla. ― lo instó con su ya conocido genio.

― Seré papá. ― susurró despacio. Sasuke casi explotó con el líquido en la boca y lo miró atónito, sin saber que decir. ― Karin está de casi 5 meses.

― Espera, ¿qué? ― Sasuke no daba crédito a lo que oía. ― Pobrecito bebé. No sabe qué tipo de papá le tocó. ― Sin embargo, a pesar de la broma mordaz, Sasuke le dio una fuerte palmada en el brazo y le sonrió genuinamente. ― Felicidades, idiota.

― Gracias, amigo. ― Suigetsu se rascó la nuca incómodo. ― Igualmente con Karin no volvimos. Creo que para todos es conocido lo que pasó fuera de su casa.

― Gran actuación, ¿eh? ― le molestó Sasuke, aunque esta vez ambos rieron. ― ¿Cómo está ella?

― Bueno, acomodándose en una de las casas que tengo y dándome el chance para estar cerca de ambos. ― le comentó Suigetsu. ― Cuando terminamos, ella recientemente se había enterado de su embarazo y eso la descompuso por completo.

― Por eso terminó. ― Suigetsu asintió. ― Debe haberte odiado.

― Sí. Supongo que debe haber sido un gran batazo en su cabeza, pero con el tiempo lo ha ido aceptando y ahora la veo bastante entusiasmada con el tema. ― Suigetsu tomó un canapé y se lo sirvió. ― Debo reconocer que esto me sirve un montón, para intentar volver y eso, pero creo que debo ser pensante ésta vez y no me lanzaré de lleno a tener una relación que pueda no resultar del todo bien. Muchas veces las cosas no funcionan entre nosotros y ahora no es tan simple como antes. Hay un bebé de por medio, que necesita la mayor atención y cuidado. No podemos llegar y separarnos por nada. Podríamos causarle un gran daño.

― Veo que has madurado. ― Aunque Sasuke le encontró toda la razón. ― Poco a poco se esclarecerá su situación. ― para que el moreno hablara con un deje de esperanza, tenía que haber algo importante sucediendo en su vida. Sasuke se caracterizaba por ser demasiado crudo y realista, muchas veces llegando a ser pesimista. ― Todo sea por el bien de tu bebé.

― Mi enano, ¿qué será? ― le preguntó al aire. ― Si es una niña, igualmente será mi todo.

― Mejor niños. Para armar un equipo de futbol. ― Suigetsu entornó los ojos. Una de las grandes aficiones de Sasuke era el fútbol. ― Las niñas tienden a no mirar las pelotas y tampoco les impondría que jugasen ese deporte.

― Eso es machista. ― Sasuke negó.

― Machista sería decir que ellas no puedan jugar por ser mujeres. A lo que yo voy, es que, como niñas, muchas veces se dejan influenciar por su entorno, volviéndose princesas de inmediato y ven al futbol como un deporte de hombres. ― Suigetsu aceptó que el razonamiento de su amigo no era del todo descabellado. ― Igualmente ese no será mi problema. En mi futuro no veo hijos.

― ¿No quieres tener? ― Sasuke por inercia miró hasta donde Sakura y se la encontró entretenida conversando con Gaara y Tenten. ― Ya veo que te tiene con ese brillo especial. ¿Ya están juntos?

― Hace bastante que estamos juntos. ― contestó Sasuke. ― Es mi novia.

― ¿De verdad? ― Sasuke asintió. ― ¿Oficial? ― Sasuke volvió a asentir. ― ¿Se la presentarás a tus padres?

― Todavía no, pero es porque no quiero que la incomoden con sus preguntas. Prefiero preparar el terreno e Itachi también aportará con su ayuda. ― Suigetsu entendió. ― Si quiero tener hijos. ― dijo, volviendo al tema anterior.

― ¿Con Sakura? ― inquirió el peliblanco, esperando por la respuesta. ― Recuerda que soy tu amigo.

― No necesitas recordarme que fui un imbécil hace algunos años y te acepté la conversación de autos que me estabas dando. ― dijo Sasuke, haciendo reír al peliblanco. ― Si ella quiere, sí.

― ¿Y si no? ― preguntó el peliblanco, poniendo otro escenario.

― Seré el tío genial de todos los niños. ― respondió, dejando a medio entrever que por Sakura estaba dispuesta a sacrificar ciertos sueños. Aquello sorprendió al peliblanco, aunque no dijo mucho más. Era un tema personal de su amigo y él no se involucraría más allá de lo correcto. No le correspondía.

― El tío adinerado lleno de fama y mujeres. ― molestó el peliblanco. ― Llamaré a Karin para saber cómo está. Es tardísimo debería estar acostada.

― O se fue de fiesta. ― musitó Sasuke, mirando el gesto contrariado de su amigo. ― Es una broma, imbécil. ― le recordó con ese afecto tan característico.

― No es algo que no pueda suceder. Al fin y al cabo, ella es libre de hacer lo que quiera. Soy el papá de su bebé, pero no su pareja. ― las palabras de Suigetsu fueron acompañadas por una mueca de pesar. ― Reconozco que es muy apresurado volver a estar juntos, pero también me incomoda estar así, sin nada seguro y con ella libre, en cierto modo.

― Compórtate a la altura de sus expectativas. ― aconsejó el moreno, volviendo su mirada a Sakura y viéndola perderse en dirección a la cafetería. Frunció el ceño. ― Te veo al rato.

― Ya capté, amiguito. ― de forma burlesca, Suigetsu tiró besos. ― Se le perdió su amor.

― Cállate, tarado. ― levantándole el dedo del medio, caminó hasta donde mismo se había ido Sakura y se la encontró riendo en un rincón junto a Morio.

Aquello cofradía y cercanía no le agradó para nada y se encontró tentado en ir a separarlos, marcando su territorio, pero su cabeza fue mucho más fría y con evidente enfado, aunque sin dirigírselo a la persona que quería, se volvió sobre sus pasos en busca de entregarle privacidad a su novia. Sakura era libre de hacer lo que quisiera y tener los amigos que estimara convenientes. Él no iba a tener reparos frente a eso y tampoco se involucraría más allá de lo sensato. No quería atosigarla.

― Sasuke. ― la llamada de Kakashi lo alertó. ― Oye, tenemos que ver un tema contigo.

― ¿Qué pasa? ― Kakashi miró tras el hombro de Sasuke y comprendió el porqué de su pregunta tan brusca. Sonriendo de medio lado, entrecerró los ojos. ― No digas nada.

― Tampoco pensaba hacerlo. ― respondió chulesco. ― Aunque Sakura se ve bastante… ― una advertencia con la mirada bastó para que Kakashi no siguiera por esa línea de comentarios y se abocara a lo que lo había llevado hasta ahí. ― En fin, volviendo al tema, quería pedirte el gran favor de que mañana vayas a una entrevista radial.

― ¿Para qué? ― preguntó Sasuke.

― No sé si tu recuerdas que yo tengo una fundación. ― Sasuke recordó de inmediato hacia donde iba y su cuerpo se crispó. ― Comprendo que no quieras ser la cara visible de mi institución, pero necesito que puedas hacer la invitación a todos los jóvenes que te oigan mañana.

― Kakashi, sabes que para mí ese tema es delicado. ― el peliblanco asintió solemnemente. ― Y que estoy dispuesto a apoyarte en el sentido monetario, cosa que ya hago, pero no me pidas esto.

― Sasuke, tenemos una de las más altas tasas de suicidio juvenil del mundo. ― le hizo ver el productor, contrariado. ― Las drogas son un tema muy fuerte a nivel país y si los jóvenes ven que un famoso, guapo y con mucho dinero los invita ya que él es directo patrocinador, podremos salvar muchas vidas. ¿Acaso eso no te motiva lo suficiente como para, al menos, pensarlo? ― sugirió Kakashi.

― Va más allá y lo sabes. ― de reojo, Sasuke vio que Sakura los miraba confusa, sobretodo por la cercanía que había entre él y el peliblanco. ― No puedo aceptar.

― Bueno. Al menos lo intenté. ― ciertamente abatido, pero evitando hacer sentir culpable al moreno, Kakashi se devolvió por donde mismo había llegado.

Sakura por su parte, se acercó al moreno y le tocó el brazo, haciendo la pregunta muda de que pasaba. Sasuke no respondió.

― ¿Mi amor? ― le llamó con infinito afecto, llenándolo de mariposas revoltosas en el centro de su pecho. ― ¿Pasó algo?

― Nada grave. ― dándole un beso en la frente, se dirigió a los camarines y entrando en el suyo, se echó sobre el sofá con el brazo en los ojos y el cansancio reflejado en cada uno de sus gestos.

Sakura entró a los pocos minutos y lo miró expectante. Sopesando de qué forma actuar para no incomodarlo.

Sasuke le aclaró el panorama al estirar su otra mano, guiándola a que se sentara a un lado de él, aunque la pelirosa fue más audaz y se subió sobre el cuerpo del moreno, apoyando su mentón en el pecho de este y dejándose abrazar por aquellos brazos que tan feliz la hacían.

― ¿Qué te dijo Kakashi? ― quiso saber la chica, mirándolo fijamente a los ojos. ― Tu cara se descompuso de un momento a otro.

― ¿Qué hablabas con Morio? Estabas riendo. ― contra preguntó Sasuke.

― Le pregunté si era notorio que no me quedaba en mi departamento y que hacían ellos cuando yo no estaba ahí. ― Sasuke esperó que siguiera hablando. ― Siento que, de ahora en adelante, me quedaré mucho menos en mi cuchitril e iré al tuyo para aprovecharme de tu buena voluntad y vivir a tus expensas.

― Y de mis despensas. ― bromeó el moreno. ― Te comes todo.

― ¡Hey! Recuerda que esa es la Sakura malvada, que le exige comida a mi estómago. ― Sasuke sonrió con las ocurrencias de la pelirosa. ― La Sakura buena, o sea yo, come lo justo y necesario porque es una señorita que no siente hambre.

― Estás loca, molestia. ― Sakura asintió, dándole la razón.

― ¿Qué te dijo Kakashi? ― Sasuke bufo. Había esperado que Sakura se olvidara de ello, pero conociéndola como la conocía, era capa de recurrir a la tortura para averiguar que pasaba.

― Me pidió que hiciese una invitación para su fundación. ― contestó cansino. Sakura sonrió de oreja a oreja, haciéndola ver muy bella. ― ¿Por qué te pones tan feliz?

― Porque es maravilloso que participes en ese tipo de cosas, Sasuke. ― le dijo ella, con su soltura y felicidad por la vida. ― Siempre es bueno aportar con fundaciones y temas relacionados.

― No acepté. ― la sonrisa de la chica se congeló y lentamente fue desapareciendo de su rostro. ― No soy capaz de invitar a la gente a participar en algo, cuando yo mismo no soy un ejemplo a seguir.

― ¿De qué hablas, Sasuke? ¿De qué es la fundación? ― preguntó Sakura.

― De ayuda a jóvenes con problemas de drogas. ― contestó sucinto. ― Jóvenes que están a punto de morir por culpa de ello.

― ¿Y no te sientes lo suficientemente bueno para ser cara visible de eso? ― Sasuke asintió, todavía contrariado. ― Tú eres un claro ejemplo de lo que hace la ayuda correcta en el camino, Sasuke. Si apareces o hablas sobre esto, todos esos chicos que sienten que son los únicos con estos problemas, se sentirán acompañados. No hay nada como confraternizar en el dolor y sobretodo cuando es un personaje que admiramos el que está teniendo problemas de distinta índole. Nos sentimos acompañados y entendidos. ― Sasuke la miró con toda su atención puesta en ella y acunó su mejilla. ― Hace algunos años, tenía una amiga de mi barrio que sufrió de ansiedad. Ella pensaba que era la única con ese problema, hasta que se encontró con un artículo en estas páginas que sigues en Facebook donde hablaban de los famosos que tenía el mismo problema. ― le contó la pelirosa. ― Ver que no era la única y saber que Angelina Jolie pasaba por su mismo calvario, la motivó a sentirse importante y luchar contra su enfermedad. No te imaginas lo bien que le hizo.

Sasuke, medio escuchando lo que decía y medio atontado al verla tan concentrada hablando, pensó nuevamente en la propuesta de Kakashi.

― Supongo que tienes razón. ― Sakura asintió. ― Por esta vez te aceptaré las razones.

― Reconoce que lo haces porque sabes que estoy en lo correcto. ― le exigió ella, subiendo un poco por el cuerpo del moreno, dejando sus rostros frente a frente. ― ¿O no?

― Lo hago porque tienes un punto fuerte en el que sustentarte. ― Sakura sonrió feliz por haber dado una buena batalla y haber conseguido una seudo victoria. ― Aunque todavía pensaré si apoyaré a Kakashi en esto o no.

― Eres tan complejo. ― Le reclamó con cariño.

Bajando la cabeza y tomando sus labios en un beso corto, pero profundo, Sakura dio por terminada la conversación, dejándose disfrutar de estar regaloneando de ese modo junto a él. Sasuke le daba cariños en la espalda y besaba su cabello de vez en cuando, aprovechando a la altura que había quedado sobre su pecho.

― Molestia. ― susurró. ― ¿Le contaste a tus amigas que nos acostamos? ― Sakura se puso tensa, como cuerda de violín. ― Lo sospechaba.

― Sabes que las mujeres somos así. ― se justificó ella. ― Además, era mi primera vez. Merecía ser contada.

― Omitiste detalles, ¿verdad? ― quiso saber el moreno.

― Depende de qué detalles. ― respondió incomoda. ― Aunque te dejé como un semental. ― Sasuke bufó.

― No me interesa ser un semental para tus amigas, Sakura. ― la pelirosa se sintió avergonzada, aunque él no lo pudo ver. ― Comprendo que quieras contar ese tipo de cosas, pero hay detalles que son solo nuestros y que el resto puede vivir sin saberlos.

― Me preguntaron lo típico. Si me había dolido, si lo había disfrutado y eso. ― se defendió la chica. ― No es como que les haya dicho que antes de completar nuestro acto amoroso, me besaste por todos lados.

― No digas nada. ― la calló el moreno. ― Estoy contigo encima y recordar lo que hicimos, me hará excitarme otra vez y no creo que estés preparada para entrar nuevamente a la acción. Al menos no por hoy.

― Eso es verdad. ― Sakura levantó la cabeza. ― Aunque podríamos hacer el intento.

― En casa. ― la sugerencia sonaba tan real, que casi se le hizo palpable a la chica, quién fue nuevamente en busca de los labios del moreno.

Tanta fue la pasión que ejerció Sakura, que sus dientes terminaron chocando, haciéndolos jadear y reír por aquello.

― Me dolió. ― dijo como niña pequeña, haciendo un puchero tierno.

― Eres muy brusca. ― le reclamó el moreno, sin soltarla. ― Mi celular está vibrando. ― le dijo, intentando sacarlo de su bolsillo, pero Sakura terminó haciéndolo cuando para el moreno fue imposible lograrlo. ― Yamato.

― Sasuke, hay que grabar otra escena. ― dijeron desde el otro lado. ― ¿Estas con Sakura?

― Sí, se quedó dormida, pero la despierto. ― mintió, acariciándole el cabello con parsimonia. ― Vamos de inmediato para allá.

― Los necesito.

Y como el deber llamaba, ambos se pusieron de pie. Con calculado tiempo, salieron del camarín sin ser descubiertos.

El amor prohibido y escondido, muchas veces era más sabroso y sensual.

4.

― He decidido el salón y éste será. ― Natsuki mostró un folleto maravilloso, de una sala que parecía sacada del castillo de Buckingham y donde sí se miraba con detención e imaginación, se podría vislumbrar a la reina tomando el té con su dedo meñique levantado. ― En cuanto lo vi, me enamoré y creo que será estupendo para todos, ya que tiene la suficiente seguridad como para proteger a tus amigos y los míos.

― ¿Pensaste en la banda cuando lo viste? ― le preguntó Kiba a su novia, revisando los detalles del folleto. ― Wow, es bastante dinero.

― Dijiste que querías un lugar espectacular para la cena y que tuviese el suficiente celo como para que nos sintiéramos tranquilos sin ser acosados por la prensa. ― le recordó Shikamaru, dándole una calada larga a su cigarrillo.

― Además, será algo que recordaremos toda la vida. ― le hizo ver Natsuki. ― Yo pienso casarme una sola vez y espero que sea por lo grande, tanto como dijiste tú que fuera.

― Bueno, tampoco me estoy quejando. ― se defendió el castaño. ― El dinero no es el problema y creo que mis padres estarán felices de ver el lugar que elegiste, aunque dejaron claro que ellos quieren ser los que darán el servicio de comida.

― Por supuesto. Su restaurant tiene la mejor comida que he probado en mi vida. El chef de los Inuzuka es el mejor del mundo entero, ¿o no Shikamaru? ― el moreno asintió, dándole la razón a la guapa pelivioleta.

― Nozomi me mandó este folleto hace un par de días y me pareció bueno para lo que buscan ustedes, por eso se lo mostré a Natsuki. ― comenzó a contar el pelinegro. ― El galpón que había visto, era demasiado poco salubre y no creo que tu novia hubiese sido muy feliz entrando ahí.

― Por no decir antigénico. ― aclaró Kiba. ― Lo bueno es que no tuviste la suerte de verlo, mi amor, o sino, estarías pensando seriamente en cancelar la boda. ― la chica sesgó la mirada. ― Tranquila, le dije de inmediato a éste individuo ― apuntó a Shikamaru. ― que eras capaz de cortarme las bolas si te proponía hacer la cena ahí. Los baños eran lo peor y olían a bar de mala muerte.

― Era porque el día anterior había tocado una banda punk metal. ― explicó Shikamaru. Natsuki entornó los ojos frente a sus palabras. ― Fue Kiba el que me obligó a ayudarlo. Yo le dije que no era el más propicio para buscar lugares. Tengo una experiencia limitada en el tema. ― se excusó.

― Lo bueno es que Nozomi quiso cooperar y funcionó. ― Dándole medio punto por ello, la pelivioleta aceptó las disculpas del par que tenía enfrente. ― ¿Entonces nos quedamos con este? ―preguntó Kiba.

― Por supuesto. Nozomi se lució y es de mi completo gusto. ― aclaró la pelivioleta. Kiba se alzó de hombros y aceptó. Shikamaru no tenía mayor opinión ahí, pero como estaba de "ayudante" del castaño, debía estar presente en esa reunión. ― Le mandé una invitación. Espero vaya, aunque con sus múltiples trabajos y sus estudios, lo veo muy difícil.

― Es una chica muy aplicada, ¿o no Shikamaru? ― Lo molestó Kiba. El coletas lo miró de refilón, ignorando el tono chulesco de su amigo. ― No me dirás que no te has fijado en ella.

― Obvio que la he mirado, pero como ayuda, no como chica. ― Kiba lanzó una pedorreta.

― Yo insisto. No entiendo tu afán de encamarte con chicas muy superficiales, cuando tienes una muy guapa que gustosa aceptaría tus atenciones. ― Natsuki le envió una mirada de advertencia a su prometido para que guardara silencio. A juicio de ella, Kiba no tenía derecho de meterse en la vida pelinegro, sin embargo, no podía negar que le interesaban las respuestas de este. Nozomi se había vuelto en una chica cercana y había notado cierto interés de ella en Shikamaru. No se las daría de celestina, pero podía ayudar a aclarar el panorama.

― Nozomi no puede ser tomada para el rato, Kiba. Ella merece mi respeto. ― le explicó Shikamaru. La parte feminista de la pelivioleta no quedó indiferente frente a esas palabras, esperando alerta para intervenir. ― No digo que las otras no lo merezcan, Natsuki. No creas que hablo desde mi machismo. Solo intento aclarar que estar con Nozomi es un compromiso mayor al que deseo en este momento. Además ella está concentrada en su carrera y no pienso entrometerme en eso.

― Eres demasiado correcto. ― susurró la pelivioleta, jurando que lo había dicho en su cabeza, cuando en verdad su boca lo había verbalizado. ― Lo siento. ― se tapó de inmediato sus labios. ― No me refiero a que le faltes el respeto, pero las mujeres también tienen necesidades. No trates a Nozomi como algo intocable, porque llegará alguien que verá en ella esa pasión que tú quieres desconocer y te la arrebatará.

― No quiero tener algo con Nozomi, Natsuki. ― le aclaró el moreno, hablando con claridad y sin mentir. ― Vengo saliendo de una relación larguísima donde amé mucho a esa mujer y todavía la quiero.

― Pero Temari ya no está. No tiene derecho a reclamarte porque comienzas a rehacer tu vida nuevamente. ― refutó la chica, esperando que Kiba metiera su opinión, pero éste se mantuvo al margen. Había visto a Shikamaru sufrir, como también sabía lo que le había costado salir arriba luego de su separación como para ahora intentar encaminarlo a meterse en una profunda relación.

El castaño pensaba que una relación con Nozomi le serviría para que madurara a nivel emocional y tuviese una alianza suficientemente adulta, con alguien de su mismo nivel, pero eso no significaba que fuese a convertirse en su novia, sino en alguien que se acostaba con él comportándose como su igual. Las chicas que estaban pasando por la vida del moreno era solo nenas con poco cerebro que iban en busca de fama. Las famosas groupie que buscaban una historia que contar, una meta o estrella en su historial, no un crecimiento afectivo.

― Ahí yace el punto, Natsuki: yo no quiero rehacer mi vida. Al menos no todavía. ― le explicó. ― Y Nozomi seguirá en la categoría que la tengo: AMIGA.

― Los hombres no tienen amigas. ― dijo la chica, murmurando.

― Eso fue muy machista, Nat. ― le reclamó el castaño, mirándola con reproche. ― Todos podemos tener relaciones amistosas sin necesidad de caer en el deseo físico. ― refutó Kiba.

― Ok, lo acepto. Me dejé llevar por el momento, pero tienen razón: la amistad entre hombre y mujer existe. ― contestó ella, aceptando su derrota, pero sin mostrarse contrariada por eso. Era una chica que entendía y aprendía de sus errores. ― Aunque agradezco que en nuestro caso si hubiese mutado a una relación de verdad. ― murmuró coquetamente al castaño.

― Todavía recuerdo cuando lo tenías en la friendzone y lloraba por ello. ― bromeó Shikamaru. Kiba alzó su dedo del medio hacia su amigo en señal de animadversión que sentía en ese minuto. ― Llegaba a los ensayos muriendo de dolor porque tú le hablabas de otros chicos.

― Reconozco que muchas veces le puse un poco más de historia a mis cuentos. No niego que hubo otros chicos, pero quería que tu amigo reaccionara. ― le contó la chica, riendo.

― No hagan como si no estuviera acá. ― les reclamó como niño pequeño. ― Lo pasé bastante mal. Sobretodo cuando estuviste tanto tiempo con ese imbécil que no nombraré, pero muero de ganas por encontrármelo y darle una buena tunda.

― ¿El que era personal trainer? De dos chasquidos te tendrá contra el suelo y comiendo polvo. ― vaticinó el moreno, haciendo reír a la chica. ― Asume que eres un padawan en las artes marciales.

― No se pondrán a hablar de Star Wars, ¿verdad? ― ambos hombres se alzaron de hombros. ― Kiba, si llegas vestido de Jedi a nuestra cena, da por terminado cualquier enlace. Mamá moriría de vergüenza. Piensa que estarán sus jefes ahí. ― le recordó la chica.

― Lo tengo presente, mi pequeña foquita. ― Shikamaru alzó las cejas, sintiéndose un intruso y más aún al ver como Natsuki le daba un corto, pero contundente golpe en la cabeza a Kiba.

― ¡No me llames así! ― roja como tomate, se alzó de su asiento y se perdió en el baño del departamento.

― No entiendo porque las mujeres se molestan con ciertos sobrenombres. ― ¿De verdad se preguntaba eso? ― ¿Has visto las focas bebés? Son adorables. ― Al parecer Kiba no tenía ni un ápice de tacto, ni los pensamientos coherentes respecto a los motes cariñosos.

― Hay formas más bonitas de llamar a las mujeres, por ejemplo, decirles su nombre. ― Un toque de ironía marca Nara que no ayudaba en nada, pero servía como raspacachos… algunas veces. ― ¿De verdad no tienes problemas por contratar ese salón? Cuando Nozomi me lo envió, pensé que era perfecto para lo que me había descrito Natsuki, pero también sé que es carísimo.

― Shika, con la banda ganamos bien. Piensa que estamos en nuestro mejor momento, además no es como que termine en banca rota por esto. ― El coletas se alzó de hombros. Nunca estaba demás en preguntar si es que se había cometido un error. ― Por ella soy capaz de cualquier cosa y creo que lo sabes.

― Por supuesto. ― sonriendo de medio lado, Kiba posó sus manos tras la cabeza. ― Me largaré. Debo ver algo Sasuke y quiero estar preparado para ello.

― ¿Qué cosa? ― quiso saber el castaño. ― ¿Algo de la banda?

― ¿De qué más podría tratarse? Sabes que no me meto en la vida privada de él. ― le recordó el moreno.

― Todavía me sorprende verlo tan entusiasmado por alguien. Es como otro Sasuke. ― comentó el castaño. ― Aunque me agrada. Lo siento más accesible y humano, como si su máscara de Dios hubiese caído.

― Sabes que esa actitud pedante parte en el hecho que es tan conocido, que debe tener ciertas barreras y a veces olvida que con nosotros se las puede sacar. ― en cierta medida, Shikamaru admiraba a su amigo. Sabía que el trabajo que hacía era muy por superior al resto de ellos, que simplemente se preparaban para los ensayos y conciertos. Sasuke debía estar pendiente de la música, creación -aunque el último tiempo, casi todos estaban presentando sus propios proyectos para la banda- y el tema promocional. Era muy meticuloso. ― Sakura le hace bien.

― Espero la prensa no tenga conocimiento de ellos. Lo pueden destrozar. ― elucubró el castaño, temiendo por ese momento.

― Creo que tiene un buen equipo detrás que lo apoya. ¿tú le darías la espalda? ― Kiba negó.

― Puede ser el ser más indeseable del universo, pero es mi amigo. ― esa era la más potente razón para ponerse de su parte. ― Él vio en mí algo más que un simple chico gamer con facilidad para las computadoras y me dio una oportunidad de oro. Eso es algo que no puedo desconocer y tampoco olvidar.

― Eras un maldito ñoño, que usaba lentes de vidrios muy gruesos.

― Eran vidrios normales. ― refutó el chico. ― Pero ya no los necesito.

― Te operaste, así cualquiera. Eso es como renegar de tu condición nerd. ― lo molestó el coletas, encendiendo un nuevo cigarrillo. ― Olvidaste tu pasado de niño rata.

― Esas cosas no se olvidan del todo, amigo del alma. ― Shikamaru sonrió abiertamente. ― Todavía tengo mi computadora con mi LOL al día todo el tiempo. Soy ADC conocido mundialmente. No le debo fallar a mi equipo.

― Campeón mundial de LOL… tu foto debería ir al lado de la palabra "virginidad" en el diccionario. ― lo molestó Shikamaru, todavía riendo. ― Tu escudo anti mujeres era impasable.

― Pero mi Natsuki lo rompió. ― Todos sabían que antes de Natsuki, Kiba había tenido solo una novia y se desconocía si alguna vez había llegado a intimar con ella. ― Ahora soy un hombre que próximamente pasará a ser honrado.

― Estás en edad de merecer. ― ambos rieron y así mismo los pilló Natsuki, llevándoles vasos con jugo. ― Me largo.

― ¿De verdad? Pensé que te quedarías a cenar con nosotros. ― Natsuki hizo una mueca apenada. ― Hice una pasta con pesto maravillosa.

― No lo dudo, pero el deber me llama y tengo que arreglar una letra creada hace un tiempo. ― les explicó, intentando que comprendieran su abandono. ― Guárdenme un poco.

― Shika, te están llamando y creo que te sorprenderá ver quién es. ― Kiba tomó el celular del moreno que estaba sobre la mesa de centro y se lo entregó para que contestara. ¿Nozomi? Pensó el moreno, pero grande fue su sorpresa al ver otro nombre.

― Temari. ¿Qué querrá ahora? ― se preguntó el moreno retóricamente, temiendo contestar.

― Hacerse presente en tu vida. ― le dijo Natsuki. ― Ella todavía no te deja ir.

― Hola. ― saludó el moreno bruscamente, esperando que desde el otro lado hablaran.

― Shikamaru. ― estaba enojada y era muy notorio. ― ¿Cómo te atreves a hacerme esto? ― el moreno frunció el ceño. ― ¿Acaso no puedes esperarte un poco más para empezar a pasearte con una cantidad obscena de mujeres? Has salido en todos lados, con distintas chicas todo el tiempo. Aunque la última al parecer es oficial y por fin te estacarás ― le reclamó como novia celosa. ― He sido el hazmerreír de mi grupo de pelea. No es agradable saber que mi ex novio se está encamando con cualquier cosa que tenga cabello y senos.

― Para ahí mismo. ― la frenó Shikamaru. ― Todo se trata de ti, ¿verdad? A ti te molestan, de ti se burlan por mi culpa, a ti te desagrada ver que tengo otras mujeres. ¿Acaso en tu cabeza rubia no cabe la posibilidad de que si salgo con otras chicas es porque quiero? ¿No puedes pensar que no todo gira en torno a ti y lo que menos me importa es que creas que lo hago en venganza por dejarme? ― sus palabras fueron duras y así lo notó al oír la respiración acelerada de la rubia desde el otro lado. ― Te lo dije cuando te fuiste, te lo dije cuando nos vimos en los Ángeles y te lo vuelvo a decir ahora: Tomaste una decisión y mantente fiel a ella. Elegiste un camino que no me incluía, por lo tanto, lo que yo haga o deje de hacer no es de tu incumbencia, ¿oíste?

― Por favor, se nota desde lejos que todo esto lo haces porque sigues dolido producto de nuestro final. ― Shikamaru soltó el aire por la nariz sonoramente. ― Entiendo que 5 años son importantes, pero te comportas como si hubieses estado estancado y ahora que estás libre, debes recuperar el tiempo perdido. ¿Así te sientes, Shikamaru? ¿Cómo un toro liberado de sus amarras que necesita conocer el placer de la variedad?

― ¿Sabes qué? No tiene caso que hablemos. Tú sigues empecinada en que eres un yo-yo, a diferencia de mí que avancé y estoy feliz con lo que tengo ahora. ― Temari quiso replicar, pero Shikamaru no le dio el espacio. ― Éxito en tus campeonatos. Supongo que eres la campeona. Sigue por esa senda y no pierdas de vista tus metas.

― No te queda bien el papel de ex novio compasivo. ― le dijo con tirria.

― Tampoco espero que me creas, aunque lo digo de verdad. ― se imaginó a la rubia con una mueca de impotencia y rabia. La misma mueca que había tenido él, pero que con el tiempo se había ablandado y de ese modo, logró erradicarla de su vida. ― Adiós, Temari. Intenta no llamarme. Mi vida social me consume y hablar contigo es una pérdida de tiempo.

Le colgó.

Al girarse para encontrarse a sus amigos, vio que estaba solo. Habían sido lo suficientemente respetuosos como para dejarlo hablar solo en la privacidad que podía entregarle el salón.

Pasándose la mano por la cara, intentó recomponer su gesto, cosa que logró. Fue en busca de los anfitriones y al encontrarlos, se despidió fraternalmente de ellos. Kiba lo acompañó hasta la puerta para decirle una última cosa.

― No quiero que vuelvas a ser como eras antes, Shika. No permitas que esto te afecte de tal modo que te desarme. ― el moreno sabía que no se desarmaría, pero eso no quitaba que las palabras de Temari le hubiesen afectado. ― Espero que todo lo malo pase muy rápido.

― Lo malo ya pasó, pero veo que solo para mí. ― explicó Shikamaru. ― Temari comienza a sufrir por su decisión, pero no soy yo quién tiene que sostenerla.

― ¿La olvidaste? ― En otro momento hubiese negado de inmediato, asegurando que el amor seguía ahí, pero en ese minuto no estaba del todo seguro.

Sabía que Temari formaba una parte muy importante de su vida y que lo había ayudado a moldarse como hombre, pero también tenía claro que al terminar, él había tenido que seguir con lo que venía y supo enfrentarse a todo a pesar de su dolor. Había levantado la cabeza haciendo que su sufrimiento fuese el combustible para moverse. Poco a poco, la rubia había comenzado a salir de sus pensamientos, torturándolo cada vez menos y convirtiéndose en un bello recuerdo que le recordaba una época bonita, pero que en ese instante ya no estaba.

Volviéndose a mirar a Kiba, respondió lo único que tenía claro en ese minuto.

― Lo tengo que pensar.

La última lluvia del invierno amenazaba con explotar. A la par, un corazón latía como nuevo.

5.

La miró correr a través del prado, riendo como niña pequeña, con sus pies descalzos y el cabello suelto. Su mano era tironeada por la de ella, que le gritaba que corriera, que no parara.

Esto es libertad. ― chilló descontrolada, saltando sobre él para enredarlo con sus piernas y besarle la boca. ― Eres libre. ― inevitablemente sonrió, de forma real y con su corazón puesto en esa expresión. Verdaderamente era libre y ella se lo estaba dejando más que claro. ― Quiérete y quiéreme. ― Le pidió anhelante y buscando algún indicio de que sí seguiría su consejo.

Sin embargo, no le pudo contestar, porque ella se bajo de sus caderas y volvió a correr, alejándose de él. Intentó correr, pero no pudo porque sus pies se plantaron sobre la tierra, echando raíces de forma aterradora. Comenzó a desesperarse al no poder ir a su siga y más todavía al ver que cada vez se iba perdiendo en el horizonte, apenas oyendo su voz.

Miró con desesperación sus pies y gritó que lo esperara, pero ya no había nadie que pudiera oírlo. Destrozado, cayó sobre sus rodillas, fijándose que sus pies ya se encontraban sueltos. Levantándose con rapidez y casi cayendo, corrió detrás de ella y la vio dando vueltas para luego zambullirse en el agua y emerger completamente desnuda frente a él. Sus ojos castaños estaban llenos de vida y se encogió de hombros al verlo llegar.

No me iré. ― se oyó decir, caminando hasta ella sacándose su propia ropa.

Y tampoco quiero que te vayas, Neji. ― Sus labios se encontraron en un beso dulce y lleno de nuevos sentimientos que no correspondían a los mismos que había sentido el último tiempo. El rencor había desaparecido, las ansias de consumirla no existían, solo quería mantenerse a su lado, con su vibrante voz y esa incansable forma de ser que no permitía ser avasallada. ― Quiérete y quiéreme.

Enséñame. ― le pidió el pelilargo, acariciándole las mejillas.

Ya te enseño, solo tienes que abrir los ojos. ― Neji no quería despertar de ese maravilloso sueño, donde solo eran ella y él, sin ningún novio entremetido ni un pasado que incluía a Mei y su insistentes llamados buscándolo. Eran libres a su modo y le encantaba. ― Ábrelos y no tendrás esto solo en sueños.

No puede ser un sueño. ― reclamó con decepción. Él quería que fuera tan real como se sentía en ese momento. Sus cuerpos tocándose, sus labios besándose y sus manos apretándola contra él. ― Necesito que sea real.

Y será real en la medida que lo permitas.

Nuevamente se vio paralizado desde sus pies, con la diferencia que ahora sus manos tampoco se movían y no podía gritar. La vio sumergirse en el lago tranquilo y no salir más. Gritando su nombre a desgarros y creyendo que se estaba muriendo ahogada, intentó desesperadamente zafarse de sus agarres, pero no pudo.

Es mentira, es mental, es un sueño. ― Se recordó como mantra, intentando reaccionar y salir de ese sueño que comenzaba a convertirse en pesadilla. ― Tenten, Tenten. ― gimió destrozado, temiendo haberla perdido.

Una nebulosa negra bajó desde el cielo y todo perdió forma y sentido. Ya no estaba ni Tenten, ni él, ni el lago precioso. Solo estaba el denso poder de la neblina. Calmándose, respiró hondo e intentó reaccionar.

Neji, Neji… ― escuchó nuevamente la voz de Tenten y la buscó a tientas. ― Despierta.

Abrió los ojos lentamente y vio a la castaña casi encima de él, mirándolo con preocupación.

― ¿Qué pasó? ― le preguntó, sobándose la frente y recordando de a poco donde estaba.

― Comenzaste a llamarme. ― le contó ella, cayendo de espalda sobre la cama, pero sin dejar de mirarlo. ― Pensé que te ocurría algo. ― Neji se acostó de lado, fijándose en el pecho de la chica que subía y bajaba erráticamente. ― Me asustaste. ― le reclamó, poniendo su mano sobre el centro, donde se encontraba su corazón.

― ¿Qué hora es? ―quiso saber el moreno, tomando el primer celular encima del buro y que para su suerte, era el de Tenten. ― Las 4 de la madrugada. ― Tenten asintió, sentándose sobre la cama y usando la sábana para taparse. ― ¿Dónde vas?

― Me quedé dormida. Debería haberme ido a mi casa. ― le respondió la chica, mirando a los lados de la cama, en busca de su ropa. ― Estaba cansada, lo siento.

― No quiero que te vayas. ― Neji la tomó del brazo y la jaló haciendo que cayera sobre su pecho. Tenten tenía las mejillas sonrojadas y mordía su labio con nerviosismo. ― Puedes quedarte. ― le sugirió con su típico tono monocorde y carente de emociones.

― No es buena idea. Le dije a Tsubasa que volvería y no puedo fallarle. ― La mandíbula de Neji se tensó, haciendo rechinar sus dientes.

― No sé porqué continuas con él, si haces el amor conmigo. ― le recriminó con rabia. ― Él ya sabe que tenemos algo. ¿Acaso no tiene dignidad? ― le preguntó ya molesto, pero sin soltarla.

― ¿Y tu dignidad, Neji? ¿También se fue de paseo o tiendes a olvidarla cuando te conviene? ― dijo Tenten, respondiendo ácidamente a sus provocadoras palabras. ― Tsubasa es alguien demasiado importante en mi vida como para dejarlo de lado así como así, ¿ok?

― No has demostrado eso. ― susurró entre dientes el pelilargo, volteándose para quedar sobre ella y tirando la sábana que la protegía hacia un lado, en busca de tener mayor contacto con su piel. ― Gritas mi nombre, no el de él. Sollozas de placer por mí, no por él. Me buscas a mí, no a él.

― Eres el que está más asequible. ― A diferencia de lo que esperaba, se desconcertó al verla sonreír y más todavía cuando su corazón dio un brinco dentro de su pecho al engatusarse por la belleza que exudaba. Tan natural, tan bonita y limpia, algo único que no se le permitía tener, pero lo poseía de mala manera, ignorando a todo aquél que se le atravesaba en el camino. ― De verdad debería irme. ― su determinación anterior, fue sustituida por el titubeo de su voz, claro indicio de que comenzaba a ceder. ― Tsubasa…

― Tsubasa en un imbécil con suerte, pero que no sabe cuidarte. ― dijo Neji, interrumpiendo cualquier discurso que la chica pudiese tener referente al inútil de su novio. ― Es insípido y no te merece.

― ¿Acaso tú sí? ― Neji alzó una ceja por toda respuesta al desafío enviado por la chica. ― Te das por pagado al tenerme así, pero yo soy más que esto, Neji. Tengo más virtudes que ponerme horizontal bajo tuyo.

― Lo tengo más que claro. ― El moreno hizo rozar ambas narices y aspiró el agradable olor de su aliento. ― Me gustaría encontrarte muchos defectos para no perseguirte. ― le reconoció, haciendo que nuevamente, las mejillas de la chica tomaran una tonalidad escarlata muy adorable. ― Tú único "pero" es Tsubasa.

―Un guapísimo "pero". ― su intento de broma recibió como respuesta la embestida de Neji, que se adentró en su cuerpo ya preparado para él. ― Ah… ― su cabeza se echó hacia atrás, y mordió su labio mientras sus ojos se ponían en blanco, cerrándose al final. Para Neji aquella imagen fue la nitidez del placer, de llegar a un punto donde solo eran uno y el mundo desaparecía a su alrededor.

Despacio y sin prisa le dio otro embate, sonriendo al sentir la suavidad de su interior.

― Pero yo soy más guapo. ― le molestó el pelilargo, excitadísimo y sin frenarse para comenzar el vaivén de caderas que la tenía atontada.

Cada vez fue aumentando el ritmo, hasta que Tenten, necesitando más control y no queriéndose entregar por completo, lo volteó en un descuido del moreno y se sentó sobre él, saltando sola sobre su miembro y disfrutando como no había esperado jamás.

Sus relaciones sexuales se limitaban a ponerse debajo y esperar. Hasta el momento, con Neji había disfrutado de ello, pero quería cosas nuevas y estar a horcajas sobre el moreno era una travesía que esperaba resultara bien. Neji tampoco se iba a negar, porque de esa forma tenía completa visual del cuerpo que tenía la castaña. El sudor que perlaba su pecho y vientre, su boca jadeando levemente abierta, sus senos rebotando al son de los embates que ella misma se proporcionaba. Instintivamente, sus manos se dirigieron a su vientre y abarcaron la estrecha cintura de Tenten, para luego continuar su recorrido y llegar a sus pechos.

― Dame tus manos. ― le pidió la castaña entre jadeos, entrelazando los dedos para darse impulso de ese modo, ya que la posición en sí era agotadora. Neji se dio cuenta que para Tenten estaba siendo una batalla mantener el ritmo.

― Muévete hacia atrás y hacia adelante, no saltes. ― le indicó, ayudándola con sus caderas a hacerlo y tomándola desde ese lugar para mostrarle el ritmo. ― Eso, así.

Neji siguió pendiente de sus movimientos, pero una parte de él, esa que alimentaba la obsesión que sentía por la chica, saltó de emoción al notar que Tenten no era tan experta como quería hacerse ver y su forma de moverse se lo indicaba. Le encantó la idea de ser él el que le enseñara como hacerlo, pero más para satisfacerse a sí mismo, que dándole las herramientas para que practicara con otro. Nuevamente su corazón saltó al mirar donde sus cuerpos se unían y eso lo excito todavía más, sorprendiéndolo. Era erótico, sensual y muy agradable. Podía estar a toda hora con la chica sentada sobre su cuerpo, dándole placer.

― Neji, me vengo. ― echando la cabeza hacia atrás, al igual que su cuerpo y solo afirmándose en las canillas del pelinegro, dio los últimos movimientos y se liberó. Neji no llegó a su punto culmine y aprovechando un poco de la languidez de la chica, la tomó por la cintura, penetrándola fieramente, para luego gritar entre jadeos. Tenten cayó sobre su pecho y cuello, helando con su respirar el lugar, dado que se encontraba sudado. No obstante, no le molestó y por inercia, sus brazos la envolvieron en un abrazo cálido y contenedor. ― Estoy agotada. ― murmuró contra su cuello, sin siquiera moverse, como un ser inerte.

La respiración en un principio errática de Tenten, se convirtió en algo acompasado, tranquilo que evidenciaba claramente que se había quedado dormida. A Neji no le importó tenerla encima de él, aunque sus cuerpos comenzaban a enfriarse y eso no era un buen presagio. Con cuidado, tomó una de las mantas que se encontraba caída a un lado de la cama y con habilidad logró taparlos a ambos. Tenten solo reclamó cuando Neji intentó enderezarse para taparle los pies, pero prontamente volvió a dormirse, ignorando el mundo alrededor.

El pelinegro no quería sacarla de encima, le gustaba tenerla de ese modo y disfrutaba de ello. Además, Tenten tendía a dar saltitos entre sueños y se refregaba contra él, acomodándose mejor. Neji se quedó pensativo, recordando su sueño y la posterior entrega de la chica.

Sabía que no estaba enamorado. Tenía claro que su corazón seguía teniendo sentimientos por Mei y que al escuchar sus ruegos por teléfono, había dudado de su decisión, sin embargo Tenten le había entregado muchas más cosas y le hizo sentir vivo cuando la monotonía lo consumía. Le mostró un mundo diferente, sin siquiera proponérselo, uno donde se sentía importante y no la sobra de o lo que quedó de. Desde que había perdido a sus padres, siempre se sintió diferente, ajeno al resto de las personas. No pertenecía a nada, ni nadie era su dueño. Quedó a la deriva y cada una de sus relaciones posteriores tuvieron la misma tónica; una dependencia enfermiza que lo hacía sentir menos e inseguro. Con Tenten deseaba que las cosas fuesen distintas, porque ella era distinta, porque él se sentía diferente a su lado y porque sus temores se volvían en cosas idiotas cuando la tenía cerca. Odiaba que tuviese novio como nada en el mundo y pedirle que lo dejara era una necesidad, pero tampoco quería presionarla para no perderla, porque nuevamente comenzaba a sentir que estaba dependiendo de algo y no tenerlo era otro golpe en su ya tan deteriorado enlace emocional con el mundo en general.

El remoloneo de Tenten detuvo el hilo de sus pensamientos y la miró levantar su cabeza para fijar sus ojos en él y apenas entender donde estaba.

― Duerme. ― le ordenó Neji, sin tacto.

― No, es hora de que me vaya. ― respondió ella y se giró para caer sobre la cama, pero nuevamente el cuerpo de Neji no se lo permitió. ― ¿Otra vez quieres? Lo hemos hecho 3 veces.

― Siempre que pueda, querré. ― le murmuró lacónicamente, bajando su cabeza para besarla, pero Tenten fue más rápida y logró escabullirse, poniéndose de pie a su lado y recogiendo su ropa con premura. ― ¿Por qué te vas? ― le preguntó frustrado.

― Porque debo llegar a mi casa y hablar con Tsubasa. ― Neji dejó caer su cabeza contra la almohada y boca abajo con se encontraba, suspiró hondamente. ― No puedo estar mucho tiempo contigo y lo sabes.

― Si dejases a ese bicho, podrías quedarte sin problemas. ― le reclamó molesto.

― Y compartirte, porque nadie me garantiza que si llega Mei tú no vayas a correr tras ella. ― Neji se sentó sobre la cama y la miró ceñudo. ― A diferencia tuya, yo tengo claro los límites. Si terminaste con tu novia, estoy segura que prontamente volverán, porque les encanta esa enfermante relación.

― ¿Acabas de acostarte conmigo pensando que volveré con Mei? Eso es más enfermizo. ― le reclamó, levantándose, mostrando evidentemente que le ganaba por varios centímetros.

― Es ser realista frente a algo que no debería haber comenzado jamás. ― con rapidez se puso sus prendas, evitando mirarlo. ― Por ahora te gusto porque soy la novedad y no creíste poder tenerme, pero ya pasará y tengo claro que correrás donde Mei, porque eres lo suficientemente estúpido para aguantar su basureo como yo lo hago contigo. ― Neji le tomó la muñeca, odiando sus palabras. ― Somos unos imbéciles, que intentamos tapar nuestros problemas bajo la cama, ¿no crees? Dices que por mí dejaste a Mei, pero en realidad lo hiciste para no sentirte culpable de acostarte conmigo, porque aunque no lo creas, eres un buen hombre. Sin embargo, no te importa pasarme a llevar, lastimarme, destrozarme mi vida.

― ¿Destrozarte la vida? Tsubasa no te hace feliz y yo te entrego…

― ¡No metas a Tsubasa en esto! ― le gritó, descontrolada. ― Estoy cansada de esto. De acostarme contigo y luego sentirme sucia, tonta y como la idiota ingenua que era cuando tenía 17 años.

― ¡Lo lamento!, nunca pensé que eso podría causarte tanto daño. ― exclamó Neji, haciendo alusión al hecho que los había juntado hace algunos años. Se pasó la mano por el rostro, descompuesto. ― Pero el pasado esta donde corresponde, yo estoy soltero, tú lo estarás en poco tiempo.

― ¿Y qué pasará después? ― quiso saber la chica. ― ¿Me llevarás a comer con tus tíos y me presentarás como tu novia? ¿Iremos de la mano tomando helado en el parque o nos quedaremos en casa mirando películas? ― Neji no respondió. ― No, Neji. Lo único que quieres satisfacer es a ese ego masculino que no te permite aceptar que yo esté con otro aparte de ti, pero apenas deje a Tsubasa dejaré de importarte, porque no seré complicada y porque no me ofrecerás nada, solo un revolcón en cualquier parte. ― Los ojos castaños se empañaron de lágrimas. ― Yo merezco mucho más que esto. No dejaré mi estabilidad para estar con alguien que sigue prendado de su ex.

― Por favor, deja a Mei fuera de esto.

― ¡Ella es la culpable de tu desequilibrio! Si yo… si yo hubiese tenido la oportunidad que tuvo ella contigo… una oportunidad real de poder… ― carraspeó, tragando el nudo de su garganta. ― la oportunidad de quererte, no te hubiese lastimado jamás. ― Neji sintió esas palabras como dagas directas a su corazón y el fervor con que las decía, le hacía entender que no eran vacías. Tenten verdaderamente no lo lastimaría ― Nunca te hubiese engañado, ni te habría arrastrado por el suelo para sentirme más mujer. Simplemente… te habría hecho feliz… como soñaba.

― Tenten. ― intentó tomarla, pero ella fue más rápida y se alejó de su agarre, poniéndose a saltos sus pantalones. ― Cálmate.

― No estoy descontrolada. Solo agotada de esta mierda que me entregas. ― se volteó y salió corriendo por el pasillo, en busca de la salida. Neji corrió tras ella, pero recordó su desnudez y tuvo que retroceder en busca de algún pantalón. Ya cuando volvió a reanudar su búsqueda, se dio cuenta de que la chica se había largado.

Mascullando improperios, golpeó con el puño la puerta y cerró, haciendo temblar el marco.

― Maldita sea. ― ¿Qué podía hacer en ese momento? Tenía una ensalada de pensamientos que no lo dejaban en paz.

6.

― Sasuke, ¿podemos hablar un segundo? ― el moreno detuvo sus pasos y se volvió a hablar con Shikamaru. ― Te invito una cerveza.

― Ok. ― ambos bajaron de la sala de estudios y ensayos y se despidieron del resto de la banda, ignorando por completo los intentos desesperados por parte de su rubio amigo por agregarse a la salida. ― Vamos al bar que está más abajo.

― Dale. ― respondió Sasuke.

Ya sentados y con sus birras en las manos, Shikamaru sacó un papel de sus pantalones, mostrándoselo a Sasuke.

― ¿Qué es esto? ― El coletitas no respondió y esperó a que Sasuke leyera todo lo que aparecía ahí. Frunciendo el ceño, para luego sonreír complacido, Sasuke lo miró. ― Esto está genial. ¿Tú lo escribiste?

― Traté de usar mi quiebre como un momento de inspiración y esto salió de aquello. ― Sasuke asintió, creando melodías rápidamente en su cabeza y sonriendo por aquello. ― Puede que sea un poco triste, pero refleja fielmente lo que sentí en cuanto me quedé solo. Además, siento que esto es muy fiel a nuestro estilo de música y con tu voz podemos sacar un verdadero himno para el desamor.

― Sí, me parece fenomenal. Dame dos días y puedo sacarle una tonada. ― Aseguró, con ferviente pasión y entusiasmado frente a la idea de una nueva creación, además de tener esa letra tan profunda para trabajar. ― Te luciste, coletas.

― Nunca nadie espera que algo tan fuerte como ser abandonado, se convierta en pura magia para motivar a escribir. ― le confesó, con cierto tono esperanzador. ― Pero vale la pena tener esos remezones para centrarnos nuevamente en nosotros.

― Algo bueno que salga del sufrimiento. ― dijo Sasuke, sin lograr comprenderlo, porque nunca había sufrido por amor. ― Podemos lanzar este tema como el single de presentación de nuestro nuevo disco. Ya lo estoy oyendo.

― Te ves más motivado, Sasuke. ― Shikamaru alzó las cejas. ― Veo que algo bueno pasa en tu vida.

―No estoy más motivado. Sigo siendo el mismo puta madre de siempre. ― replicó, tomando un gran sorbo de su cerveza. ― Ustedes se esmeran en ver cosas que no existen.

― Sasuke, no es necesario profundizar mucho para saber que hay un toque rosa en tu vida que te hace alucinar. ― el moreno carraspeó, pero no desmintió nada. ― Te ha hecho bien.

― Dejen de ver cosas donde simplemente no las hay. ― comenzó a decir. ― Reconozco que tengo una relación con ella, pero recién comienza y para que hayan sentimientos profundos debe pasar bastante tiempo.

― Hay sentimientos que son como mazazos en la cabeza y no le dan chance al tiempo. ― Sasuke guardó nuevamente silencio frente a eso. ― ¿Cómo te ha ido con todo?

― No me puedo quejar. ― respondió el moreno, entretenido mirando su vaso. La vida le sonreía en variados aspectos y eso lo hacía sentir lleno y pleno, como nunca antes se había sentido.

― Respecto a la banda, Sasuke, quería saber qué pasará en cuanto termines de grabar. ― Le preguntó el coletas preocupado por ello. ― Dijiste que te ibas a dedicar de lleno a esto y me parece estupendo, pero también eso significa estar muchas veces viajando, fuera de casa y en ensayos eternos, ¿Crees que estás dispuesto a hacer ese tipo de concesiones?

― Sí, estoy dispuesto. ― El tema Sakura se volvería muy complicado, lo tenía clarísimo. Probablemente ella no se tomaría del todo bien estar tanto tiempo separados, pero siempre existía la posibilidad de que viajaran juntos y de compartir la mayor cantidad de momentos que pudieran. También intentaría dejar claro a sus amigos y a Itachi que necesitaba tiempo libre. Se iba a dedicar por completo a su banda, pero no desatendería sus otros intereses que ahora poseían un diferente valor. Un valor muy superior a lo que alguna vez pensó que les daría. ― Pero tendré mis condiciones.

― Esperaba que me dijeras eso. ― dijo Shikamaru, soltando el aire. ― Sabes que la banda es muy importante para nosotros, pero creo que con la fama que tenemos, seguir estresándonos del modo que lo hacíamos antes para cumplir con todos los proyectos, está de más. Hemos cumplido nuestro cometido cuando empezamos: Ser los mejores y llegar a la gente.

― ¿Lo que escribimos en el "Bar de abajo"? ― Shikamaru asintió. ― Lo logramos en corto tiempo.

― No debemos desconocer que fue gracias a ti y a tu fama ya hecha. ― Sasuke no lo pudo negar. ― Aunque demostraste que no eras solo la cara bonita, sino que tu calidad vocal es muy por sobre lo genial.

― Ha sido un trabajo de todos. ― dijo el moreno, sin restarle meritos. ― Ustedes también han sacrificado mucho por estar como estamos ahora.

― Temari, por ejemplo. ― Shikamaru sonrió algo cansado. ― Se agotan.

― Ella te dejó por cumplir sus sueños, no porque tú le hubieses fallado. ― le recordó Sasuke. ― Aquí no eres culpable.

― Es complejo el tema, ya que ella me hace ver que me apoyó en todo y yo no fui capaz de apoyarla en sus sueños. ― le contó, con soltura. ― Y eso me hace cuestionarme. Creo que le fallé.

Luego de hablar con ella, había llegado a diferentes razonamientos, sobretodo en las noches que se encontraba solo sobre su cama y pensaba en todo. Sentía que le había dado la espalda y aquello le dolía. Una relación se basaba en la entrega mutua y él no había querido entregar por miedo a perder su zona de confort.

― Tú no la amabas. ― Shikamaru hizo una mueca y detuvo todos sus pensamientos, al ver que las palabras de Sasuke eran tan duras y a la vez tan certeras. ― Si la hubieses amado, hubieses dejado la banda por ella.

― No soy un adolescente como para soltar todo lo que tengo e irme tras una chica, ¿no crees? ― Sasuke se alzó de hombros.

― No era cualquier chica. ― El moreno se apoyó en la mesa, para mirarlo desde más cerca. ― Si hubieses hablado con la banda, te habríamos entendido, pero tampoco lo hiciste, porque en verdad sentías que no valía la pena. ― Shikamaru carraspeó incómodo, sobretodo al verse escrudiñado con tanta fijeza por Sasuke y sus deducciones. ― Temari tiene el derecho de reclamarte, pero tú también tenías el derecho de decidir y decidiste quedarte.

― Estás equivocado. ― refutó, sobándose la frente. ― Con Temari nos amábamos, pero ella me impuso algo.

― Eso no es amor. ― Shikamaru estuvo tentado de recurrir a la violencia, pero no era culpa de Sasuke tener la razón. Él había sido el idiota que no quiso mirar más allá y se quedó echándole la culpa a Temari de todo, cuando también era responsable de su actitud.

¿Si se hubiesen amado lo suficiente, ella hubiese optado por buscar su sueño alejado de él? ¿Merecía la pena buscar esa respuesta? Claramente no, porque perdería.

Ninguno de los dos tuvo los sentimientos suficientes para luchar por el otro. Temari lo había hecho al comienzo de la relación, pero el último tiempo, habían estado tan alejados, que pensó no era necesario continuar apegada a algo que ya no la satisfacía y buscar un nuevo horizonte, que se le presentó de frente, fue una buenísima excusa para zafar.

― Hace algunos días me llamó para celarme. ―le contó Shikamaru. No entendía por qué se estaba sincerando con Sasuke, pero hacerlo le ayudaba.

― Posesividad nada más. ― le explicó Sasuke. ― 5 años no es poco tiempo.

― Maldita sea, odio ser psicoanalizado. ― masculló molesto.

― Para que veas que no es agradable. No todos quieren oír sus verdades. ― respondió Sasuke, alzando una ceja y dándose por ganador. ― Al menos sacaste un buen tema que será el himno del despecho.

― Eres el peor amigo del universo. ― le reclamó el coletas, volviendo a meterse en sus cavilaciones.

Era injusto que Sasuke con un par de palabras pusiera toda su vida pies para arribas. Él no tenía el derecho de venir a removerle sus ideas de por sí ya impuestas y obligarlo a mirar desde otra perspectiva algo que creía tener del todo controlado.

― Shikamaru, me largo. La prensa está afuera. ― dijo, dando por terminada cualquier conversación o replica por parte de su amigo Nara.

Shikamaru tampoco lo detendría y sabía que Sasuke tampoco lo esperaba. Decidió quedarse algunos minutos más dentro del lugar, sopesando sus pensamientos y volviendo a centrarse, pero cualquier idea de seguir por una línea, se vio truncada cuando la entrada de Nozomi se hizo presente en el lugar y como por arte de magia, todo se iluminó, olvidando por completo cualquier otra estupidez.

Se iba a levantar para ir a su encuentro, pero a su lado vislumbró que había otra persona: Un médico, con bata blanca y pelo amarillo, como Naruto. Ambos sonreían y estaban entusiasmados hablando de algo.

Aquella complicidad le molestó y siendo un idiota, decidió quedarse sentado, esperando que Nozomi se diera cuenta de su presencia. Llamando al mesero, pidió cualquier cosa para picar, llegándole a los minutos, un plato lleno de papas fritas. Como si fuese un voyerista, comía mientras los observaba.

La risa ligera de ella y como le brillaban los ojos, fueron un indicio de que el tipo le gustaba. También como él la tocaba en el hombro y la hacía morisquetas para que siguiera riendo, hablaba de que a él también le interesaba la chica. ¿Eso significaba que Nozomi solo estaba en sueños para él? Era tan idiota la mayoría del tiempo, que tener la sensación de nuevamente haber fallado, lo hizo sentir un imbécil, pero ¿quién era él para reclamar? No tenía ningún derecho siendo que seguía estando soltero y la chica igual.

― ¡Shikamaru! ― el grito de ella remeció el lugar e hizo que todos lo miraran con mayor atención, olvidando por completo lo que hacían y dedicándose a observarlo. ― ¿Cómo estás? ― dijo ella, caminando hasta él con una gran sonrisa y sentándose enfrente. ― Sálvame. ― murmuró con sus labios, sin perder la sonrisa, pero con ojos suplicantes. El coletas frunció el ceño. ― Por favor. ― le rogó.

― Estoy bien ¿y tú? ― le preguntó, siguiéndole el juego. ― ¿Hoy nos juntamos a la hora que me dijiste? ― Nozomi comenzó a relajar su gesto y sonrió genuinamente, volviendo a ver la calidez que expresaban sus ojos castaños.

― Vamos de inmediato. Ya terminé mi turno. ― la chica se volteó hasta donde se encontraba el otro doctor, que la miraba con su rostro desencajado. ― Kenshi, lo lamento, pero tengo algo urgente que tratar con mi amigo. ― Despidiéndose con una reverencia, salió, siendo seguida por Shikamaru y la cara de odio del tipo. ― Uff, no sabes cuánto agradezco haberme encontrado contigo.

― ¿Por qué no quieres estar con él? ― La chica enroló los ojos, comenzando a hablar mientras caminaban.

― Es de lo más petulante, desagradable y creído que pueda existir. Hace ayudantías y está de pasante en el hospital, por lo tanto, se cree superior al ya tener más años estudiando la carrera. ― reclamó la chica, haciendo aspavientos. ― Además es tan protegido por los profesores, que estos mismos le han permitido que evalúe y nos califique, ¿puedes creerlo? ― le preguntó incrédula, como si Shikamaru estuviera enterado de que aquello era gravísimo. ― Un estudiante, que está a la par conmigo, puede decidir si apruebo un ramo o no. ― Shikamaru la siguió oyendo silente y entretenido con su diatriba. ― Apuesto que debe haberse acostado con alguna profesora o quizás la decana de mi carrera, que dicho sea de paso, tiene una fama de come alumnos. ― Nozomi tiró su cabello pelirrojo hacia atrás, despejando su frente. ― No es que no pueda disfrutar de su libertad sexual, ¿quién soy yo para criticarla?, pero odio que por el hecho de tener una relación de ese tipo, le de la libertad a él de abusar sobre los otros. ¿Quién se cree? Ahora entiendo porque muchas chicas que anduvieron con él, reprobaron. Posiblemente había líos de celos. ¿Dime si no es injusto?

― Es injusto, Nozomi. ― la chica parpadeó, para luego mirarlo fijamente y detener sus pasos.

― Estoy siendo muy desagradable, ¿verdad? ― Shikamaru negó con la cabeza, sonriendo levemente. ― Es que de verdad, Shika, ese tipo me molesta y mucho. Odio que por ser cara bonita y tener sustento económico, pasen por encima del resto sin importarles pasar a llevar a nadie. ― Doblaron en la esquina siguiente. ― Shika, no es necesario que me sigas acompañando. Ya nos perdió de vista.

― Como yo te hice un favor, tú ayúdame con algo. ― le respondió. ― Necesito comprar un traje para la boda de Kiba.

― No tengo buen gusto.― se excusó la chica. ― Además, ahora que sales con otra mujer, el hecho de que nos vean juntos puede traerte problemas. ― Nozomi le sonrió genuinamente, pero Shikamaru ni siquiera sospechaba lo que había sufrido al enterarse de esa noticia por medio de los blog de música y programas de farándula. Se sintió incómodamente traicionada, como si Shikamaru le debiera algo y eso no le gustó. Ella siempre había sido libre, en todo el sentido.

De familia humilde tuvo que labrarse su futuro a punta de esfuerzos y de su cabeza. Sus padres se sentían orgullosos de ella y ella les había demostrado que jamás les fallaría, por lo mismo, en el tema amoroso siempre fue independiente. Nunca le dio el poder a ninguna de sus parejas para que pudiera lastimarla o sentirse dueño de ella. Nozomi amaba en la libertad, por lo mismo no encontraba justificación a enojarse por la nueva relación del pelinegro. Pero las justificaciones quedaron a un lado por las avasallantes emociones que la envolvieron.

― Eso era un invento de ella. ― le contestó. ― No niego que salimos dos veces, pero nada más. ― Nozomi sesgó la mirada, intentando bromear. ― La pregunta es si a ti te complica, porque puede haber por ahí algún hombre que me quiera machacar por salir contigo.

― Por el momento estoy libre. ― aseguró, alzando sus manos en señal simbólica de no tener ataduras. ― Pero no quiero problemas con mujeres que se convierten en gatas fieras cuando ven su terreno invadido.

― ¿Gatas fieras? ― Nozomi asintió, sonriendo. Su sonrisa era grande y larga, abarcándole gran parte de la mitad de su rostro. ― No tengo gatas fieras a mi alrededor.

― Lo dudaría cuando una tal Shirley dice que es mi pareja oficial. ― Shikamaru enroló los ojos.

― Que problemático. ― masculló el coletas.

― Eso te pasa por no tener filtro a la hora de conocer chicas. ― dijo Nozomi, dando catedra del tema. ― Si fueses más exigente y menos superficial, eso no te pasaría.

― No me considero alguien superficial. ― Nozomi lanzó una pedorreta, revocando las palabras del pelilargo. ― ¿Por qué dices que soy superficial?

― Te conocí cuando te habías llevado a la cama a una guapa chica llena de silicona.

― Era una prostituta, Nozomi. ― la chica lo sabía, pero eso no quitaba que el gusto del moreno fuese notorio: Le gustaban las rubias. ― Si su cuerpo es su trabajo, tiene que invertir en él, ¿no crees?

― No critico su trabajo, Shikamaru. Entiendo que por necesidad o gusto lo haga, pero si me dices que no hay gatas fieras a tu alrededor, deberías mirar un poco más allá y te fijarías que no es muy descabellado que te lo pregunte. ― el pelilargo comenzó a hacer una mueca. Al parecer era el día de refutarle cosas en la cara. ― No eran hijas de papá, criadas en colegios católicos.

― Tampoco me interesan ese tipo de chicas. ― le contestó.

― ¿Y cómo las prefieres? ¿Rubias? ― ¿En qué terreno pantanoso se estaba metiendo? Pensó Nozomi. No debería estar preguntándole ese tipo de cosas.

― Me gustan las chicas aguerridas, que saben lo que quieren y van en busca de ello. ― ¿Era una indirecta? Nozomi se sonrojó. ― Pero también tengo necesidades las cuales son satisfechas por mujeres que no tienen problema con eso.

― Bueno, bueno, el cuerpo es tuyo. ― sentenció la chica, intentando terminar la conversación.

― ¿Y a ti como te gustan los hombres? ― quiso saber ahora el pelilargo, comenzando su interrogatorio.

― Que me amen libremente y no intenten amarrarme. ― Shikamaru la dejó caminar unos pasos adelante y se deleitó con su vista.

No era una chica de cuerpo maravilloso, es más, no era menuda, ni baja. Imponía presencia y cuando abría la boca, dejaba claro que era mucho más que una simple chica que se rompía el lomo trabajando. Era esforzada y siempre sonreía, a pesar de no dormir como la gente normal o no tener mucho tiempo para nada.

― ¿Nozomi huye del compromiso? ― le preguntó cuando logró llegar a su altura.

― No, huyo de la gente. ― y se perdió, entre las vueltas de las calles y la gente que se cruzó al venir por el paso de cebra.

El viento sopló llevándose por entero un antiguo amor.

7.

Sasuke estaba medio acostado sobre el sofá que había en su estudio de grabación, rasgando la guitarra con sus gráciles dedos, sacando diferentes sonidos y mezclándolos con la canción que había creado Shikamaru días antes.

Anotó en la hoja roñosa que estaba usando como borrador y puso ciertos acordes que le parecían adecuados. También vocalizó, haciendo calzar la música junto a la letra y agregando los puntos donde la canción llegaría a tonos más altos, mezclándose con fuertes retumbos de la batería. Quería que se notara el sonido fuerte de los tambores y platillos, como si de esa forma, se pudiese vislumbrar desde donde nacía la canción. Claramente le daría todos los créditos a Shikamaru, pero también tenía que hacer los honores tomando en cuenta el nivel musical.

Tututututututu… ― murmuraba mientras tocaba una nueva nota y tomaba el ritmo con el tiempo que le correspondía. ― Lalalala…

Siguió concentrado en eso por algunos minutos más, hasta que se le hizo imperante y muy necesario volver a la realidad de su vida ya que su estomago necesitaba comida. Los últimos días había sometido a su cuerpo bajo mucha presión y sobretodo ejercicio físico. Sakura, que se había quedado durmiendo sobre la cama, lo buscaba y necesitaba cada cierto tiempo, recordándole que "necesitaba de su amor" y que si él le había enseñado ciertas cosas, ella quería "pulirlas" para hacerlo mucho mejor.

La pelirosa era demasiado exigente, aunque no se podía quejar sobre eso. Adoraba tener una mujer tan deseosa y sensual como Sakura, que no escondía sus necesidades ni se hacía la mojigata frente a temas tan controversiales y tabú.

― Hasta que apareces. ― le reclamó con cariño cuando lo vio llegar. Se notaba que venía recién levantándose por sus ojitos todavía hinchados, aunque se veía preciosa. ― Te vi en el estudio y no te quise molestar.

― Salí porque me dio hambre. ― le dijo, bajando a su altura para darle un beso en los labios y encaminarse a la cocina.

― Mira, sales muy guapo. ― Sasuke volteó a mirar la televisión y se vio a sí mismo en un programa de entretenimiento, donde hablaban de su reciente nominación como uno de los hombres más atractivos del mundo. ― Y estás haciendo esa media sonrisa que me derrite. ― el moreno miró a la chica, que sentada a lo indio y con una remera grande como única prenda, aparte del calzón, se veía adorable y perfecta. ― Ven a sentarte.

― Voy a preparar algo para comer. ― le contestó, tentado a dejar todo tirado, pero conteniéndose al saber y suponer que más adelante, cuando estuviera entretenido con Sakura en la cama, si ésta no comía, era capaz de detenerlo para ir en busca de cualquier cosa para alimentarse. ― Podrías ayudarme.

― No, estoy cansadita. ― haciendo un puchero, lo vio partir bufando. ― ¡Me encantas! ― gritó al verlo perderse en la cocina. Sasuke sonrió sin ser visto y fue a preparar algo rápido para comer. Concentrado en ello, no se percató de la llegada de Sakura, que con su mirada picara, se acercó hasta él y lo abrazo por la espalda, acariciando su torso desnudo. ― Me gusta éste tatuaje. ― su mano se posó en el costado, donde se encontraba un tigre. ― Y también este. ― prosiguió, besándole el hombro donde estaban los nombres de su familia. ― Yo también quiere hacerme uno.

― ¿Dónde? ―le preguntó el moreno, mirando las manos pequeñas de la chica acariciar su vientre, logrando que algo dentro de sus pantalones se levantara por aquellas caricias despreocupadas. ― Recuerda que duelen mucho. ― Sakura entornó los ojos, aunque lo ignoró.

― En la espalda o en la clavícula. ― le contó la pelirosa, soltándolo para ir a sentarse sobre la encimera, su lugar favorito. ― ¿Sabes? Pensé que iba a tener más miedo, pero fue bonita mi primera vez. ― Sasuke sonrió sin mirarla. Habían hablado solo superficialmente del tema, sin ahondar mucho. ― Eres un gran desvirgador.

― ¿Me lo tomo como sugerencia para practicarlo con otras chicas o es un halago? ― Sakura alzó una ceja y medio broma, medio en serio, le sacó la lengua, cruzándose de brazos. ― Eres muy celosa, molestia.

― ¿Y tú? El ladrón los cree a todos de su condición. ― Sakura estiró sus labios pidiéndole un beso, que Sasuke le dio rápidamente, aunque volvió a su tarea de picar zanahoria. ― Wow, durante 17 años me perdí de las delicias que entregan los placeres de la carne.

― Me haces sentir como un trozo de ser humano, molestia. ― le hizo ver con intranquilidad el moreno, mientras revolvía lo que fuese que estaba haciendo dentro de una olla. ― Ahora no se te ocurrirá ir a compartir lo que compartimos nosotros con otros tipejos, ¿verdad?

― ¿Te das cuenta? Tú eres muy inseguro conmigo, pero yo ni siquiera puedo pensar en ti como alguien infiel porque te enojas. ― Sasuke frunció el ceño, pero no la miró. ― Eres injusto.

― Nuestras diferencias son notorias. Yo tengo mucha más experiencia que tú y sé lo que provoca la primera vez. Se cree en hadas y duendecillos. Yo quiero que creas en eso, pero solo conmigo, ¿me entiendes? ― Sakura enroló los ojos. ― No te enojes.

― Me molesta tu poca confianza, pero acepto que es algo que mejorará a lo largo del tiempo y cada vez será menos frecuente este tipo de conversación donde al final no sacamos nada provechoso, solo enojos. ― Sasuke no pudo no darle la razón y aceptó su razonamiento. ― Quiero acostarme nuevamente, pero no sé si mi cuerpo esté preparado para volver a tenerte dentro. Ha sido mucho. ― Sasuke dio un respingo frente a sus palabras tan desinhibidas. ― ¿Qué piensas?

― Pienso que si me vas a tener todo el tiempo en éste estado… ― se alejó de la encimera para mostrar su enorme y fuerte erección. ― tendremos graves problemas. ― Sakura se sonrojó, pero mordió su labio, sintiéndose tentada a saborearlo, pero sabía que a Sasuke aquello le podría incomodar luego de haber estado haciéndolo en muchas poses toda la noche. ― Deberíamos buscar una solución.

― ¿Sexo oral? ― propuso encantada, esperando que aceptara, pero como se lo esperaba, no fue así. Sakura se abatió. ― ¿Entonces?

― No puedo tenerte todo el día prendada a mi… ― Sakura se lamió los labios con glotonería y provocándola. ― No sigas.

― Sabes que encantada estaría prendada a tu pene. ― Sasuke le lanzó una mirada anhelante y le suplicó con la misma que parara. ― Puedo estar todo el día unida a ti. Me encanta ser descarada y sentir tanta confianza para decirte todo lo que te quiero hacer.

― A veces lo eres demasiado, pero reconozco que me agrada saber que provoco esa confianza en ti.

― Solo para la parte sexual, ya pronto pasará a la parte sentimental de nuestra relación. ― bajándose de la encimera, le dio un beso en su hombro y volvió al living. Sasuke aprovechó el momento de soledad para relajar su cuerpo y destensar los músculos de su estómago que seguían contraídos por aguantar su erección palpitante.

Luego de varios minutos en donde siguió cocinando y sin escucharla, fue en su busca para decirle que estaba lista la comida, pero se la encontró echada sobre el sofá, acostada de lado, dándole la espalda y levantando su bonito trasero, mientras su remera apenas le tapaba los muslos y se adivinaban claramente sus curvas deliciosas.

Nuevamente se vio empalmado y aquello le molestó. Sabía que cuando una relación comenzaba, el sexo era lo mejor, pero con ella era una constante que ni los meses lograban aplacar. Pensó que acostándose con Sakura lograría bajar sus niveles de deseo y estrés acumulado, pero lo único que se esfumó fue el estrés, ya que su deseo se desbocó con una brutalidad que apenas lograba controlar. Lo peor de todo, es que ahora recién comenzaría su gran batalla, ya que tendría que aguantar las ganas cuando estuvieran trabajando, estudiando o estando con gente a su alrededor. Moriría por querer meter sus manos entre las piernas suaves de Sakura… de acariciarla hasta oírla acabar a su lado… de morder sus pechos o golpearle el trasero como le había indicado ella que le agradaba. De solo imaginarse con Sakura bajo suyo, gimiendo su nombre o poniéndose en cuatro para él, obligándolo a tomarla, su libido se volvía incontrolable.

Sin darle chance a la cordura, avanzó hasta ella y se acostó a su lado, rozando su evidente excitación. Sakura gimió entre los labios y se volteó a mirarlo, medio adormilada, medio encantada. Susurrando palabras inentendibles, la pelirosa se lanzó a sus labios y pasó una pierna por encima de su cadera, chocando directamente con su centro cálido y disfrutando de aquello. El moreno mordió su labio, sediento de ella, de su boca jugosa, de su piel perlada levemente por el sudor y ese olor característico que solo ella poseía. No era su perfume, era su piel y su sabor. Era lo agradable de Sakura y lo que la hacía única y diferente. Su hermosa mujercita.

― Necesito tenerte. ― le murmuró al oído el moreno, mientras le tiraba la camiseta y se la subía para lanzarla a algún lugar recóndito de la sala. Sakura metió su mano dentro del pantalón de Sasuke y rió al sentirlo ya listo como lanceta para entrar en su cuerpo. Le acarició todo el largo y luego se posó en la punta, disfrutando de ese toque y gozando por oírlo descontrolarse.

Sasuke no quería tanta previa, solo necesitaba estar dentro de su cuerpo y anhelante como se hallaba, bajó sus pantalones hasta los tobillos y le rajó las braguitas a Sakura, entrando en ella de un solo empellón que le cortó el aliento a la chica y le hizo apretar sus dientes. Sasuke miró el gesto de dolor de la chica y se sintió miserable. Aquello no debería pasar así, ¿Cómo se había comportado tan inhumano? Cuando se disponía a salir, Sakura se aferró a él y le dio un empujón con sus caderas, metiéndoselo más adentro por sí misma. Sasuke gruñó contra su cuello.

― Más, más. ― le pidió en el oído y buscando algo más de brusquedad. No le gustaba contenerse tanto y Sasuke tendía a mantener todo bajo control, cosa que le desagradaba. Ahora que había descubierto el sexo, también había descubierto que le gustaba el jugueteo más duro, que el sexo más tierno. Poco a poco, sus inclinaciones se hacían más evidentes y se lo quería mostrar a como diera lugar. ― No te frenes ahora.

Sasuke tampoco pensaba frenarse. El olor almizclado de sus cuerpos y de lo que hacían, más el contorno de las curvas de Sakura, lo tenían en el séptimo cielo, pensando solo seguir junto a ella, brindándole placer.

Cuando su punto culmine llegó, ambos se dejaron ir y Sakura gimió largamente en su oído, deleitándolo, mientras Sasuke apretaba las manos en puños, sobre el sofá.

Ya más calmados y con sus necesidades básicas satisfechas, se miraron en silencio, disfrutando nuevamente de la relación tan apegada y de la situación tan comprometida en la que se encontraban.

― ¿Cómo estás? ― le preguntó el moreno, pendiente de esos ojos verdes que lo tenían realmente cautivado y a un paso de volverse adicto a ella.

― Me siento excelente. ― le respondió, levantando un poco las caderas para poder sacarse las bragas desgarradas.

Sasuke salió de dentro de su cuerpo y se apoyó a un lado, con la cabeza siendo sostenida por su mano. Aprovechó la posición para acariciar con cautela los montes que adornaban el cuerpo de la chica y se recreó nuevamente pensando en cómo había acariciado y recorrido con sus labios cada recoveco de esa grácil piel que ya le pertenecía por entero.

― La comida se debe haber enfriado. ― susurró, cambiando un poco de tema y de pensamientos. ― Necesitas alimentarte.

― Aliméntame tú, con besitos. ― sonriente como siempre, la chica le besó el mentón y se aferró a su cintura para abrazarlo. Sasuke le correspondió dicho abrazo y se fascinó con la resbaladiza piel de su espalda, por el sudor del ejercicio recién acabado. ― Sasuke, no me mires.

― ¿Por qué? ― quiso saber el moreno, alejándose un poco, pero Sakura volvió a apretarse contra su pecho y le besó en el centro, justo donde palpitaba su corazón. Impetuoso por como lo había dejado ella y pleno por ese pequeño beso justo donde se sentía conectado con su ser.

― Te quiero, Sasuke. Más de lo que puedes imaginar. ― Sasuke se quedó en silencio, asimilando y agradeciendo su confesión. Aquello era maravilloso, pensó. Sus palabras, sus gestos, estando así tan unidos los dos, sin importar cualquier problema que se avecinara le daban clara señal de que para ambos su relación era muy importante. No se lo tomaban a la ligera y Sakura como él, estaban comprometidos por completo. ― Y no quiero que esto termine jamás.

La abrazó fuerte contra su pecho y le permitió esa cercanía que a nadie le permitía. Sasuke tenía claro que decirle te quiero era algo titánico para él, casi imposible, porque era demasiado parco y en su vida expresar las emociones había sido algo demasiado anormal, pero realmente intentaría por todos los medios que ella se diera cuenta cuanto la valoraba y agradecía tenerla a su lado. Sus actos hablarían por él.

Sakura en poco tiempo había puesto su mundo de cabeza, para prontamente meterse en su corazón y ahora ser sin lugar a dudas, era una parte fundamental de él. La parte que más amaba de toda su vida y que lo hacía sentir dichoso y pleno, rebosante de amor, de ese que nunca esperó sentir, pero que ahora que lo tenía, no lo perdería.

― Y no terminará si está en mis manos protegerlo. ― sentenció con voz gruesa y confiada. Él también tenía miedo, pero no se paralizaría frente a eso. Protegería a Sakura, a él y a su amor frente a todas las cosas.

― ¿Me lo prometes? ― le pidió la chica, levantando la cabeza para mirarlo a los ojos. ― ¿Me prometes que nunca terminará?

― Te lo prometo, preciosa. ― A Sakura se le derritió el corazón con ese apodo cariñoso y lo beso en los labios, sin embargo no fue el deseo lo que primó, sino que un profundo respeto, la necesidad de tenerse mutuamente, y sobre todo, el amor. De ese que sucede una vez en la vida y no acaba jamás.

8.

Días más tarde.

― Gaara, acércate. ― Las locaciones estaban listas para comenzar una nueva jornada maratónica de grabación. Eran las cinco de la tarde, pero se veía que acabarían de grabar en plena madrugada. ― Necesito que tus expresiones sean más remarcadas. Isoka debe mostrar que todo lo que le dice Hayato lo trastoca, ¿me entiendes? ― El pelirrojo asintió a las indicaciones de Jiraya. ― Sakura, la personalidad de Chiyo ha cambiado y tú has mostrado claramente ese cambio. Ella ha vivido cosas horribles y eso le ha quitado la inocencia.

― Aunque ella no ha perdido del todo ese toque de niñez. ― contó la pelirosa, a sabiendas de que Jiraya comprendería porque se lo decía.

― Quiero que practiques algunas cosas. Detalles pequeños, pero que un profesor de actuación puede pulir.

― Yo la ayudaré. ― intervino Kakashi. ― Soy productor por temas financieros, pero es otra mi profesión.

― Verdad que me lo dijiste cuando llegué. ― recordó Sakura, sonriendo. ― Te tomaré la palabra.

― Me parece. ― Jiraya anotó unas líneas en un cuadernillo y volvió a hablar. ― ¿Dónde está Sasori?

― Viene en camino. Se encontró con un atasco cerca de acá. ― explicó Gaara, con sus manos en los bolsillos.

― Entonces partiremos con la escena de ustedes. ― con un gesto llamó a Yamato. ― Dile a Sasuke que se apresure. Queremos grabar.

― Estaban dándole unos retoques. ― dijo el productor.

Sakura sonrió. Ahora era ella la que estaba lista y él el que llegaba tarde. Al parecer el ensayo con la banda se había alargado un montón, impidiéndole presentarse a la hora que lo habían convocado, pero dando las explicaciones del caso apenas se llegó a locación.

La noche anterior había sido bastante agotadora para ambos y Sasuke había salido de la cama muy temprano por la mañana, dado a un llamado de su hermano. Había tenido que ir a una entrevista y luego a ver a la banda para mostrarles la nueva canción. Eso le había explicado a Sakura rápidamente cuando ésta lo había llamado.

Sakura se pasó toda la mañana, hasta las dos de la tarde, estudiando junto a una profesora particular y que impartía sobre temas humanistas. La añosa mujer tenía una paciencia de monje tibetano que admiraba. Le explicaba todo 20 veces si era necesario y ejemplificaba todo para que fuera mucho más claro su aprendizaje. A diferencia de su profesor de matemáticas que le exigía mucho y ya habían tenido encuentros muy tensos, porque Sakura se bloqueaba frente a los números. Si no fuera por la ayuda de Sasuke, estaría pegada en la primera unidad, pero él había tenido el tiempo de enseñarle y hasta con amor le explicaba sobre algebra.

― Estoy listo. ― Sakura lo vio llegar y como siempre, no pudo evitar suspirar como estúpida.

Alto, delgado, piel alabastro y ojos oscuros… cuanto le encantaba.

― Ok. Pónganse en posición. ― todos asintieron.

Sasuke se acercó a ella con cierta cautela para que no lo notaran.

― ¿Cómo te fue en los estudios? ― Sakura sonrió como niña pequeña.

― La señora Tanaka es un amor de persona y no se molesta cuando no entiendo algo. ― le contó contenta. ― Tiene mucha esperanza respecto a mi futuro y dice que hay en mí una gran capacidad en el área social.

― Generalmente el mundo artístico va de la mano con los temas sociales. ― le comentó Sasuke. ― Lamento haberte despertado por la mañana.

― Yo te desperté a ti. ― le corrigió sonrojada. ― Prometo comportarme mejor.

― No me molesta que te portes mal. Puedes hacerlo siempre conmigo. ― guiñándole un ojo, se puso en el lugar que le correspondía, mientras Sakura intentaba volver a respirar de forma normal luego de eso. ― Molestia. ― la llamó, para traerla a la tierra nuevamente.

― Ya voy. ― con su sonrojo y respiración bajo control, se volteó para comenzar a actuar.

A desatar otra de sus pasiones.

Historia de Chiyo.
11°Escena. Sakura la que pierde.

Chiyo resolvió que ese día era otro día perdido, como llevaba siendo desde hace mucho tiempo en su vida. Levantarse, mirar desde la ventana, escuchar el barullo del harem a su lado, ver a Hayato entrenarse junto a Yuu, a los súbditos corriendo a su lado, a Isoka como alma en pena, a Kai mirando sobre su hombro en todo momento y a Masami matándola con la mirada… de eso se trataba estar secuestrada.

Le pasaban su comida en un plato de metal y se veía limitada a comer sobre la cama, ya que el escritorio de Hayato siempre estaba lleno de papeles. Todos con símbolos que no comprendía. Y para rematar sus días, las nauseas matutinas, los mareos y el asco que sentía hacia ciertas cosas, la incomodaban enormemente. Al principio creyó que era por su grave herida y por lo afectado que podría encontrarse su estomago, pero en ese instante, dicha explicación perdía validez, ya que habían pasado casi dos meses desde el accidente.

Dos meses en el que dormía todas las noches con Hayato, pero sin ser tocada.

Las visitas de Amatista también habían cesado. Según ella ya se encontraba en buenas condiciones, pero cuando quiso averiguar el porqué de sus malestares, no supo responderle y lo achacó a un problema estomacal. Chiyo sabía que no podía ser eso, pero no quiso refutarla. Ya bastante tenía con las constantes discusiones que tenía con Hayato por diferentes cosas, como para tener una nueva contrincante de la cual a la vez dependía su vida.

― Veo que acabaste tu cena. ― Chiyo lo miró de refilón, intentando ignorar su presencia, pero Hayato era del tipo de hombres que al llegar a un lugar, lo llenaba con su cuerpo, haciendo sentir una claustrofobia asfixiante. ― ¿Necesitas algo?

― Que me dejes libre. ― murmuró con su voz rasposa y sin emoción.

― ¿De nuevo comenzarás con eso? ― Chiyo no respondió. ― ¿Qué harás? ¿Correr a los brazos de Ryu?

― Para empezar. ― le contestó, molestándolo.

Hayato caminó hasta ella y agarrándola del brazo la levantó a su altura.

― Tendrás que pasar sobre mi cadáver para volver a encontrarte con él, ¿me escuchaste? ― dijo Hayato de forma amenazante.

Chiyo no perdió la mirada desafiante, ni se quejó al sentir los dedos del moreno enterrados en su piel.

― Cuando me vaya, no podrás hacer nada para detenerme. ― Hayato soltó una risa burlona. ― Nunca me encontrarás.

― ¿Crees que te dejaré libre con tanta facilidad? ― Chiyo se encontró tentada a escupirle. ― Sigue intentando huir. Quizás alguna vez lo logres, pero ten presente que te encontraré. Donde sea que vayas, te pillaré. ― la amenazó. ― Además, ¿de verdad crees que ese malnacido podría contigo? Eres una chica difícil de tratar, Chiyo y necesitas un hombre de armas tomar para domarte.

― Las mujeres no necesitan hombres para realizarse, ni menos ser propiedad de nadie. ― Zafándose de su agarre, lo miró fijamente. ― ¿Has ganado algo por tenerme acá?

― El último tiempo no hemos recibido ataques de dudosa procedencia. ― Chiyo sesgó sus ojos. ― Tengo claro que eres la cabecilla de tu clan y eras tú la que nos estaba atacando. ― le explicó.

― ¿Sigues obsesionado con eso? ― siseó desafiante. ― ¿Sigues buscando una excusa para mantenerme acá? ― continuó. ― Hayato, estás perdido. No sabes ni siquiera porqué me mantienes.

― No conoces mis razones.

― Ni siquiera te acuestas conmigo, como para que al menos sea justificable mi presencia acá. ―le hizo ver la chica.

Hayato se echó hacia atrás y se rió abiertamente con una carcajada. Apoyando su espalda en la pared, la escrutó fijamente.

― De eso se trataba entonces, ¿no? Yo rompiéndome la cabeza intentando entenderte y tú lo único que quieres es tener sexo conmigo. ― Chiyo masculló un improperio. ― Ahora sacas todo tu potencial y carácter afuera, niñata. Ahora muestras a la verdadera mujer, digna heredera de Carey.

― Otra vez mi madre. ― murmuró cansina. ― ¿Acaso yo tengo la culpa de que haya jugado con tu padre y el mío? Ella era alguien aparte, que ni siquiera alcancé a conocer.

― En tus genes y sangre está clavado todo lo que era ella. ― respondió Hayato. ― Y tal como Carey, tú también solo quieres satisfacer esa parte animal que grita dentro de ti por placer. ― agregó, resuelto. ― Quieres a un hombre. Un macho que te haga el amor, que te satisfaga y acabe dentro de ti.

― Deja de ser un asqueroso. ― farfulló Chiyo.

Sin embargo, las palabras de Hayato lograron calentar esa parte que se rebelaba contra ella misma y le impedía ser censuradora por completo con el comportamiento del pelinegro. No debía permitirle siquiera que se le acercase, pero anhelaba tanto su contacto que llegaba a sentir su mirada sobre su cuerpo como si fuesen llamaradas de fuego abrasándola con su calor.

― Asqueroso, ¿eh? Tú misma estás diciendo que ya no me acuesto contigo, por lo tanto, no se justifica que estés acá. ― Volviendo a invadir su espacio, la tomó por la cintura, procurando no lastimarla. ― Ese temita se puede rectificar con mucha facilidad.

― No colaboraré. Será una nueva violación de tu parte. ― Hayato se detuvo para mirarla de frente.

― ¿De verdad consideras que te violo? ― Chiyo por primera vez vio vulnerabilidad en sus ojos, provocando unas ansias locas de asentarse entre sus brazos y evitarle la incertidumbre. ― No soy esa clase de hombres.

― La primera vez fuiste muy brusco. ― le recordó, para dolor de Hayato.

― ¿Y las siguientes? ¿Seguiste considerando que estaba abusando de ti? ― sus ojos se encontraban prendados y ni siquiera parpadeaban.

Hayato esperaba una respuesta. Chiyo intentaba esconder su propia verdad, porque quedar sin defensas frente a él, era perder de inmediato. El pelinegro sabía de qué clavos calientes agarrarse para someterla. La experiencia le había dado la sensatez para actuar y convertir todo a su favor y por mucho que ella le provocara infinidad de emociones que duras penas lograba controlar, siempre salía vencedor en cualquier batalla que se disputaran.

― No. ― escueta y concisa fue la respuesta de la chica, sintiendo su garganta temblar de anticipación y ansiedad.

¿De verdad quería tenerlo sobre sí, dándole eso que le daba y que unilateralmente le había quitado? La respuesta era un rotundo si, que gritaba por todas partes de su cuerpo.

Lo anhelaba como si fuese su manantial en ese terrible desierto que la había sumido, aunque nunca le daría la chance de que se enterara.

― Tampoco me interesa abusar de ti. ― dijo suavemente. Su voz ronca y aterciopelada, acariciaba su rostro de manera exquisita. ― Fuera de la cama somos enemigos. Dentro de ella, siempre seremos uno.

― Bonito eufemismo. ― murmuró ácidamente, aunque Hayato no cayó en provocaciones. ― Suéltame. ― le rogó, bajando otra vez la cabeza frente a él en un sentido figurado.

― No puedo. ― respondió. ― Si fuese por mí, volvería el tiempo atrás y te hubiese matado el primer día que te vi. Ahora me es imposible dejarte ir. Ni siquiera puedo pensar en lastimarte y odio eso, porque no soy yo.

― Hayato, si me dejas libre conseguirás mucho más de lo que estás consiguiendo ahora. ― trató de razonar la chica, levantando lentamente su mano y posándola sobre la mejilla áspera del hombre. Hayato se puso tenso. ― En tu conciencia pesará el no haberme dado otra opción.

― En el mundo de los yakuza, las segundas oportunidades no existen. ― respondió el pelinegro, cerrando los ojos y cautivándose con el toque pausado de la mano delgada y algo helada de la chica. ― Aquí te pillo, aquí te mato. ― susurró.

Cerniéndose por completo a su cintura, bajó la cabeza y le dio un beso. Algo nuevo en su relación, ya que se habían limitado a los malos tratos y al sexo en su lado más primitivo. Los besos eran por lo general brusco y antecedían al acto sexual, pero este era diferente. El toque de sus manos sobre su cintura era delicado, su boca le tocaba sus labios dulcemente y saboreaba del dulce sabor que entregaba la chica.

Chiyo, que no conocía esa clase de besos, se deleitó. Hayato, que nunca había querido dar ese tipo de besos, terminó con sus manos aferrados a esa cintura esbelta, que ya lo tenía cautivado. Sus labios siguieron rozándose y sus brazos se envolvieron con más firmeza a sus cuerpos, buscando captar y abarcar todo el calor que el otro pudiese entregar. Era justo como deseaban estar y disfrutaban de aquello.

― ¿Y las otras? ― dijo Chiyo, disfrutando de como los labios delgados de Hayato bajaban por la línea de su cuello.

― En su cuarto. ― le respondió al oído, dándole un lametón en el lóbulo.

― ¿Cuántas han pasado por tu cama desde que llegué? ― Hayato desabrochó su camisa y cuando ya la tuvo tirada en el suelo, fue en busca de los botones que cubrían el vestido de la chica.

Con suma delicadeza, le bajó las mangas y lo dejó caer a sus pies, formando un pozo que cercaba su cuerpo. Chiyo, con dificultad, se sacó sus zapatos y permitió que los ojos ávidos del moreno se perdieran en sus curvas de jovencita.

― Eres preciosa. ― murmuró con soberbia y listo para dar los primeros golpes que harían ceder el cuerpo delgado de la chica. ― Demasiado linda.

― ¿Cuántas, Hayato? Dímelo. ― le rogó, deleitándose cuando la boca del pelinegro besó sobre su pecho desnudo, para luego bajar y tomar entre sus labios el tenso pezón que se erguía apuntándolo. ― Necesito saberlo. ― le exigió sin voz, perdida en las sensaciones.

― Tu herida. ― murmuró él, sin responder.

Le beso la larga cicatriz con reverencia, odiándose a sí mismo por habérsela provocado. También, un calor nuevo comenzaba a crecer dentro de su pecho y tenía directa relación con el pequeño ser que crecía dentro del vientre levemente abultado y atravesado de la chica. Ahí, en su interior, la vida de su primer hijo se había debatido por ganar y salió vencedor.

Dentro de aproximadamente 5 meses, ese vientre le daría el mayor regalo de su vida.

Hayato sintió miedo de aquello. Eran muy fuerte sus sentimientos, tanto por Chiyo como por ese bebé que se hacía fuerte en su interior. Ahora, sin lugar a dudas, el poder que tendría la chica sobre él sería muy superior a lo que él podría controlar. Una palabra de Chiyo y le daría la vida si así lo quería. Le permitiría todo, menos dejarla libre para que escapara de su control. Menos soportaría que tuviera pensamientos sobre otros hombres en especial sobre Ryu. Ese malnacido tenía que estar alejado de ella y haría hasta lo imposible por mantenerlo a raya. Estaba dispuesto a matarlo, si se veía entre la espada y la pared.

― Hayato. ― la voz de Chiyo lo trajo nuevamente a la realidad y se miraron confundidos. ― ¿Por qué paras?

― No hubo ninguna. ― respondió, levantándose a su posición y mirándola a los ojos. ― No me acosté con ninguna en todo este tiempo. ― Chiyo comenzó a sonreír lentamente.

― Demuéstramelo. ― Hayato se lo tomó como un reto, al igual que todos los retos que le ponía la chica enfrente y esmeró que su acto le demostrara que tan así era su verdad.

Acostados, cada uno tomándose y cayendo en el abismo de la pasión, Chiyo gritó su nombre con fuerza, y disfrutando de sus embates, se mordió los labios cuando lo sintió derramarse dentro de ella. Si seguía por esa senda, rápidamente quedaría embarazada.

― Voy a quedar embarazada. ―susurró sintiéndolo tensarse sobre ella. ― Si no me cuido.

― Chiyo. ― levantando la cabeza, Hayato la miró con cierto temor.

― Dime. ― dijo ella, moviéndose para acomodarlo mejor encima de su cuerpo.

―… Yo te cuidaré.

Fin de escena 11°

Suigetsu terminó de grabar sintiéndose más agotado que de costumbre. Llevaban 2 semanas en grabaciones eternas para poder terminar rápidamente la película y comenzar el proceso de edición. Sasuke tenía una agenda apretada y querían tenerlo libre a más tardar en junio, época donde comenzaba todo el jaleo por festivales, conciertos y temas relacionados con su carrera musical. Además, al terminar en esas fechas, también le daban chance a Sakura para que comenzara su último año en la escuela y la acabase con honores como tanto ella había dicho que sería.

Suigetsu por su parte se encontraba enfrascado en el trabajo, en algunas entrevistas para hablar sobre su Oscar, presentaciones en televisión, pero sobretodo, en su familia que ya comenzaba a crecer. La panza de Karin era notoria y cada vez que la veía, sentía que estaba más abultada por el pequeño que residía ahí. Había procurado que sus visitas en casa de la chica no fuesen hostigantes, pero tampoco tan distantes como para que su relación se enfriara del todo. Pensar en ella le hizo recordar la cena que habían tenido hace un par de noches, donde aprovechó de quedarse ahí. Conversaron muchas cosas y rieron como no lo habían hecho en mucho tiempo. Fue un momento tranquilo y solo de ellos, donde volvieron a sentirse compenetrados.

Cuando llegó a su camarín, tuvo la extraña sorpresa de encontrarse con Sasuke durmiendo a lo largo de su sofá. Con un brazo sobre sus ojos y respirando profundo por la boca, se encontró tentado a despertarlo con un grito, pero sabía que eso provocaría al ser humano matón que vivía dentro de él. Echándose en un sofá más angosto, se acurrucó y en menos de un minuto, también estaba durmiendo.

El sonido de un click lo despertó.

― ¿Sakura? ― la pelirosa sonrió de oreja a oreja, aguantando la risa. ― ¿Nos sacaste una foto?

― Para subirla a mi Instagram. ― dijo la chica por respuesta. ― Tendré muchos likes. ― agregó, dándose por ganadora y tecleando rápido para subir la imagen a su red social.

― Que oportunista, enana. ― la molestó el peliblanco, levantándose de su lugar para estirarse. ― ¿Qué hora es?

― Las 3 de la mañana. ― contestó tranquila, yendo donde el moreno para mirarlo dormir. ― Está realmente agotado.

― No lo dejas dormir, chica mala. ― la molestó Suigetsu, haciéndola sonrojar. ― Lleva con mucho trabajo encima, pero lo bueno es que cada vez queda menos y apenas terminen estás jornadas maratónicas de grabación, podremos descansar.

― Dudo que lo haga. Tiene varios pendientes con la banda. ― le contó la chica. ― ¿Cómo está Karin?

― Cada vez más panzona. ― Sakura frunció el ceño sin comprender. ― Ah, veo que Sasuke no te contó.

― ¿Serás papá? ― el peliblanco asintió. ― Oh, Suigetsu, muchas felicidades. ― murmuró emocionada, abrazándolo en el proceso. ― Me alegro demasiado por ti. Es un niño muy afortunado por tenerte de padre. ― agregó feliz por la noticia.

― Lo mismo pienso yo. Le enseñaré a solo hacer idioteces como su padre y así la mamá de Karin me odiará todavía más. ― bromeó, haciendo reír a Sakura. ― Oye, no tan fuerte. ― reclamó por el abrazo.

― Me despertaron. Sus murmullos son como dos toros entrando en una tienda de cristales. ― masculló Sasuke, alzando una ceja al verlos abrazados. ― ¿Por qué están tan juntos?

Sakura se separó del peliblanco al igual que él de ella con una rapidez irrisoria. Rascándose la nuca, Suigetsu habló.

― Me estaba felicitando porque seré padre. ― le explicó. ― Tampoco es que estuviéramos tan juntos.

― Está bien. ― los tranquilizó el moreno. ― No me pondré celoso por ti Suigetsu. Aparte no soy así. ― Tanto Sakura como el peliblanco se miraron para luego lanzar una risotada que remeció el lugar. ― Todavía me pregunto porque siempre me junto con gente tan ruidosa.

― Porque es el equilibrio espiritual, amigo. ― comentó Suigetsu, mostrando sus dientes afilados. ― Tú le das el silencio a nuestras relaciones.

― Como digas. ― sentándose en el sofá, intentó acomodar su cabello y miró a Sakura que también esperaba algo de él. ― ¿Terminaste de grabar? ― la chica asintió.

― Aunque tengo algo que ver con Jiraya, pero mañana. ― le contó. ―Hay una escena que no quedó del todo bien, así que me dará las indicaciones. ― Sasuke asintió. ― ¿Me estabas esperando?

― No, estaba descansando. ― la chica hizo una mueca de desagradado y se cruzó de brazos. ― Tenía sueño.

― Ya lo noté. Dormiste bastante y en el camarín de Suigetsu. ― el moreno miró el lugar y se percató de aquello. ― ¿No te diste cuenta?

― La verdad es que me vine como zombi para acá. ― reconoció, tallándose un ojo. ― Creo que dormiré toda la noche en cuanto toque la cama.

― ¿Es una declaración de voluntades? ― preguntó descaradamente la chica, olvidando por completo que estaban junto a Suigetsu. ― Oh, lo siento. Qué vergüenza. ― se tapó la cara cuando oyó al peliblanco carraspear.

― Por mí no hay problema. Pueden revolcarse en mi sofá. ― Sasuke le lanzó un cojín por la cabeza y se levantó con el poco de energía que le quedaba. ― Idiota, me diste en mi rostro perfecto. Ahora tendré que hablar con la marca de cremas que me patrocina para que arreglen el daño.

― Eso ya no se puede arreglar, imbécil. ― caminó hasta donde Sakura y le acomodó un cabello salido de lugar. ― ¿Estás lista para irte? ― quiso saber, limpiándole con su pulgar una pequeña mancha que tenía bajo el ojo por el maquillaje corrido.

― No me desmaquillé ni peiné. Solo me vestí y vine de inmediato a buscarte. Cuando no te encontré, supuse que andarías por acá y veo que no me equivoqué. ― le respondió ella, también intentando ordenarle el cabello. ― Y sí, estoy lista para irnos.

― Esperen un momento. ― interrumpió Suigetsu. ― ¿Están viviendo juntos?

― No es algo que deba importarte, idiota. ― le respondió Sasuke.

― Verte tan meloso me impacta, amigo del alma. Te faltó poco gritar que estás loco por ella. ― Sakura le lanzó una mirada amenazante al peliblanco. ― ¡Y tus malas costumbres se le están pegando!

― Oh, ¿por qué viene a caer acá? ― preguntó Sasuke al aire. ― En fin, me largo. ― volteándose, se encaminó a la puerta y esperó a Sakura, pero ésta se quedó mirando al peliblanco. ― ¿Molestia?

― Suigetsu, sí, vivimos juntos y somos novios porque él me lo pidió. ― el moreno abrió la boca sorprendido. ― No quiero que me niegues frente a nadie. ― le respondió, al ver las dudas en la cara de Sasuke y su mirada jade bajó algo apenada. ― Yo no tengo nada que esconder y tus amigos tienen derecho a saber que entre nosotros hay una relación.

― Suigetsu lo sabe, solo quiere joder un rato. ― explicó el moreno con tranquilidad.

― Además, Sakurita hermosa, a éste idiota se le nota que está loco por ti, así que, aunque me hubiese negado hasta el cansancio lo que sucedía, tenía claro lo que pasaba. ― dijo Suigetsu. ― Sasuke me lo contó a grandes rasgos hace semanas y me alegré mucho por ustedes. Lamento no haberlos felicitado antes, pero me entusiasma mucho saber que están juntos.

― Eres un sol, Suigetsu. ― volviendo a abrazarlo, Sakura se despidió del peliblanco y fue al encuentro con el moreno. ― Le compraré alguna cosita a tu bebé.

― No es necesario. ― dijo Suigetsu, pero conociendo como conocía a la chica, sabría que de algún modo se las ingeniaría por llegar con algo.

Sasuke se despidió con un gesto de cabeza y salió detrás de Sakura, indicándole el camino poniendo su mano en la cintura de la chica. Sakura se aprovechó de la oscuridad y se volteó para darle un rápido, pero candente beso, que lo dejó algo atontado.

― ¿Y eso? ― preguntó, caminando abrazado a ella y oliéndole el cuello, mientras Sakura seguía con sus brazos entrelazados al cuello.

― Te veías tan guapo y lindo durmiendo que me encontré tentada, pero Suigetsu despertó, así que no pude hacerlo. ― soltándose de su agarre, pero dándole la mano, retomaron la marcha. ― Hoy te irás a la cama apenas llegues. Prepararé un sándwich rápido y a dormir, ¿me oíste?

― Eres una mandona. ― le reprochó, llegando hasta el estacionamiento y haciendo sonar su carro con el mando a distancia. ― Aunque creo que te haré caso. Estoy agotado.

― Se te nota. Nunca te había visto así. ― le comentó Sakura, sentándose a su lado en el auto. ― Podría aprender a manejar y así también puedo llevarte.

― No es una mala idea, pero manejarías solo carros blindados, con mucha seguridad. ― Sakura iba a replicar, pero Sasuke hizo sonar el motor del Lamborghini. ― Ese sonido me encanta. ― le contó como niño pequeño.

― Tontito. ― lo molestó, tomando su celular. ― Mira, la fotografía que hice de ti y de Suigetsu durmiendo lleva mil likes en Instagram. ― Sasuke tomó el celular de Sakura y alzó las cejas. ― ¿No te molestarás? ― Sasuke negó con la cabeza.

― Estaba muy cansado. ― le comentó, entrelazando sus dedos para llevarlos de ese modo todo el camino.

― Creo que estás agotado porque anoche apenas dormimos. ― le recordó Sakura, acariciando con su pulgar el dorso de su mano.

― Tú me buscaste en la noche. Yo respondo. ― respondió el moreno, refrescándole la memoria con eso.

La noche anterior, Sakura se había dormido luego de haber estado juntos dos veces seguidas. Cuando Sasuke también había entrado en un sueño profundo, el trasero de ella se refregó contra su constante erección, incitándolo a nuevamente tomarse mutuamente. Como siempre, Sasuke no se lo negó y volvieron a quedar agotados.

― Pero hoy descansaremos, ¿bueno? ― Sasuke asintió. Claramente querría estar con ella y hacerle el amor, pero también era consciente de que su cuerpo le estaba respondiendo por inercia y llevarlo al límite podía afectarlo.

Siendo pensante, por ese día dejarían de lado los placeres carnales que tanto le gustaban a ambos y disfrutaría de dormir abrazado con ella.

Aunque no lo dijera, una de las cosas que más le gustaba de Sakura, era esa ternura que expresaba cuando se relajaba entre sus brazos y le hacía pequeños cariños o le daba besos delicados tanto en su frente, en su nariz, le ordenaba el cabello, le olía el cuello, le acariciaba los brazos o simplemente lo tocaba con afecto. Todo en ella era tan liviano, tan tierno y amoroso. No había dobles intenciones y eso le fascinaba.

Al llegar al departamento, bajaron del carro tomados de la mano y se metieron al ascensor luego de saludar al portero. Ya metidos dentro del hogar, Sasuke comenzó a sacarse la ropa y Sakura se lanzó a la cocina preparando unos ricos panes.

Cuando Sasuke se enjabonaba el cabello, unas pequeñas manos subieron por su torso y comenzaron a repartirle el jabón por diferentes lados. Sakura procuró hacerlo de manera prolija, pero sin mostrarse perversa ni necesitada. Solo quería reconfortarlo. Al terminar, Sasuke la bañó a ella, pasando la esponja por su cuerpo, deteniéndose solo en partes cruciales y deleitándose del acto tan personal y privado.

― ¿Lista? ― le preguntó, cerrando la llave y tomando dos toallas. Envolvió en una a Sakura, que, por su estatura, asomaba solos los pies, mientras él tomó otra y la enroscó en su cintura.

El moreno no aceptó que Sakura fuese a la cama con el pelo mojado, obligándola a agachar la cabeza y secarle el cabello con el secador. Sakura a regañadientes aceptó y disfrutó de eso.

Ya completamente secos, terminaron los sándwiches y se pusieron su ropa de dormir. Sasuke siempre dormía desnudo, pero esa noche prefiero ponerse un pantalón suelto. Sakura lo sorprendió al mostrarse con un lindo camisón corto, pero para nada provocador. Listos para acostarse, se metieron bajo las tapas.

― Mmmm… no hay como llegar a acostarse luego de un día agotador. ― murmuró Sakura, estirándose sobre la cama. ― Tu cama es lo mejor.

Sasuke la abrazó por la cintura y apoyó su cabeza en el pecho de la chica. Sakura de inmediato metió sus dedos entre el cabello del moreno y se lo peinó con cierto deje de indulgencia.

― Nuestra cama, molestia. Recuerda que me obligaste a comprar un nuevo colchón. ― aunque no se arrepentía de esa compra, ya que sentía que, de ese modo, estaba generando nuevas vivencias con ella. ― Por lo tanto no es solo mía.

― Bueno, nuestra cama, pero es tu departamento y son tus cosas. ― le recordó Sakura. ― A veces sería bueno que nos quedáramos en el mío y así no me sentiría tan fresca por venir a saquear tu espacio.

― Si me sintiese de ese modo, ya te lo habría dicho. ― aseguró Sasuke, con voz monocorde. ― Me gusta estar contigo, trabajar juntos y compartir mis espacios. Si quieres ir a tu casa, adelante, no te detendré, pero me iré atrás tuyo. Me acostumbré a acostarme a tu lado, así que en eso no voy a tranzar.

Sakura quedó sorprendida y detuvo sus cariños en la cabeza de Sasuke.

― ¿De verdad? ― preguntó dudosa.

― Ciento por ciento. ― levantándose un poco, le dio un beso corto en los labios y se acomodó nuevamente, durmiéndose casi al instante.

― De verdad estabas cansado, mi amor. ― susurró Sakura.

Dándole un beso en el cabello, suspiró y cerró los ojos para dormirse a su lado. Como había dicho el moreno, ya estaban acostumbrados a hacerlo juntos.

El invierno ya se había largado y la primavera solo traería un afiance a su amor.

9.

Jiraya se encontraba mirando la grabación a través de un pequeño monitor y desde ahí mandaba las órdenes para que grabaran de cierta forma y el ángulo de cada cámara en las tomas. Estaba muy concentrado en eso, que no se fijo en la cara compungida de su colaborador, ni tampoco lo vio llegar a su lado hasta que él le tomó el hombro. El peliblanco de mala gana se volteó a mirarlo al ver interrumpido su trabajo y se sorprendió cuando se fijó en la expresión que traía el recién llegado.

― ¿Qué paso? ― preguntó de inmediato, sabiendo que Kakashi no había ido tras él por nada y por lo que se comenzaba a vislumbrar, era grave.

― Sakura acaba de tener un accidente. ― susurró solo para que él lo escuchara. ― La ambulancia ya se la llevó al hospital.

― Pero, ¿Cómo? ― preguntó desconcertado, caminando a un lado del set para hablar en privado con Kakashi, mientras se tomaba la cabeza. ― ¿No que estaba con expertos en equinos?

― Y así era, pero el caballo sufrió un susto, pegó galope y levantando las patas delanteras la botó de espaldas, cayendo seco, azotando su cabeza contra la tierra. ― Jiraya se tapó el rostro preocupado. ― Tuvo un corte profundo y pérdida de conciencia.

― ¿Por qué no me avisaron antes? ― Kakashi se cruzó de brazos, incomodo.

― Porque tratamos de solucionarlo nosotros, además de que estábamos todos preocupados por ella. Si venía a alertarte apenas sabiendo como estaba, sería irresponsable. ― se justificó, frunciendo el ceño. ― Yamato se fue en la ambulancia y yo tendré una reunión con los entrenadores del caballo, aunque ellos se deshacen en disculpas, diciendo que nunca antes les había pasado algo parecido, pero no lo puedo dejar pasar. Es grave.

― ¿Hace cuánto fue? ― preguntó el director, apretándose los ojos. ― Esto volverá a retrasar todo, pero más que eso, complicará la participación de Sakura y sabes que no está en los planes cambiarla. Es perfecta para el papel.

― Me parece demasiado sospechoso el descontrol que tuvo el caballo a pito de nada. Es más, sonaron unos pequeños bombazos donde se encontraba Sakura con el animal y quedó un potente olor a pólvora. Al menos eso sentí cuando me acerqué a ella para saber su estado. ― Jiraya frunció el ceño. ― Puede que alguien esté tratando de boicotear la película.

― No sería extraño. Nos ha costado mucho poder avanzar en ella. ― reclamó el peliblanco, volteándose a mirar la escena que ya estaba por terminar. ― Kakashi, Sasuke tiene una relación sentimental con Sakura, ¿verdad? ― Kakashi tragó hondo y dejó de respirar, para luego sonreír falsamente con sus ojos. ― La verdad.

― No es un tema mío. ― respondió el peliblanco, mirando a su jefe e intentando evadir el tema con delicadeza.

― Entonces sí. ― comprendió el peliblanco. Ambos miraron a Sasuke arreglando su cabello y luego de pasarle la espada de utilería al encargado, se encaminó hasta donde se encontraban. ― ¿Le decimos? ― le pregunto Jiraya inseguro, a sabiendas de lo que podía provocar la noticia para Sasuke.

― ¿De verdad me preguntas eso? Claro que hay que decirle. ― respondió Kakashi. ― Hola, Sasuke.

― Hola. ― parco como siempre miró a ambos hombres. ― Tengo que grabar con Sakura, ¿terminó de practicar con el caballo?

― La verdad es que hubo un problema con eso. ― Sasuke esperó a que continuara hablando Jiraya para saber que ocurría. ― Sakura tuvo un accidente y va camino al hospital

El rostro del moreno palideció y sus ojos se perdieron en un punto alejado de la cabeza de ambos peliblancos. Kakashi esperaba una reacción más brusca, pero le sorprendió verlo voltearse y salir del lugar para irse rápidamente. Ni siquiera preguntó en que hospital se encontraba, pero el productor sabía que Sasuke tenía claridad donde podría encontrarla.

― Eso fue extraño. ― murmuró Kakashi pasados unos segundos. ― Esperaba otro tipo de reacción.

― La verdad que yo no. ― contestó Jiraya. ― Sasuke está enamorado, muy enamorado y por lo mismo quedó de una pieza al escucharnos. ― Kakashi le dio la razón a medias. ― Detén las grabaciones y nos vamos al hospital.

― ¿Para terminar el papeleo?

― No, para salvarle el pellejo a Sasuke si es necesario.

.

.

.

― Tonta. ― Sakura escuchó esa voz ya tan conocida y lentamente fue abriendo los ojos. Con algo de demora logró enfocar bien la vista, encontrándose de frente con unos ojos azabaches que la miraban heridos y se escondían enojados bajo las tupidas pestañas oscuras que los cubrían. ― Eres una tonta.

― ¿Mi amor? ― susurró, sintiendo una quemazón en su garganta por estar sin hablar quién sabe cuánto tiempo. ― ¿Qué me pasó? ― preguntó confusa, llevando una mano a su cabeza algo adolorida.

― Te caíste del puto caballo. ― escupió el moreno, dejando de mirarla y alejándose de la camilla donde ella se encontraba. ― Pudiste haber muerto. ― le espetó, haciéndola culpable de su accidente.

― ¿De verdad? ― Sakura intentó levantarse, pero no pudo y se rindió al ver que Sasuke no la iba a ayudar. ― ¿Y porque estás tan enojado? ― quiso saber, sintiendo un dolor punzante justo en el lugar cubierto con un parche que reposaba sobre su cabeza.

― Tuviste un accidente grave, te partiste la cabeza y actúas como si nada. ― El pelinegro la miró nuevamente con sus ojos sentidos. ― Estaba preocupado. ― confesó entre dientes.

― ¿De verdad? ― Sakura sonrió tiernamente y estiró los brazos. ― Ven. ― le pidió. Sasuke, a pesar de que todavía se encontraba muy molesto, no pudo dejarla con sus brazos estirados haciéndose el ofendido. Se apegó a ella, le permitió que lo abrazara, sintiendo un beso a la altura de su oído. No había nada mejor que el olor de su novia. ― Perdóname, por favor. De repente el caballo se descontroló y me tiró, aunque no recuerdo mucho.

― Estúpidos criadores. ― reclamó nuevamente, escondiendo su rostro en el cuello de la chica. ― No controlan a sus animales y dicen entregar un servicio de primera.

― Pero el caballito no tiene la culpa. ― defendió Sakura, jalándolo por los hombros para poder mirarlo a los ojos. ― Lamento preocuparte. Nunca fue mi intención.

― No digas idioteces. ― le dijo, besándole con delicadeza los labios. ― Solo intenta tener cuidado una próxima vez.

― ¿Llegaste hace mucho? ― quiso saber Sakura, intentando sacar la cuenta de cuánto tiempo llevaba ahí, medio atontada y sin conocimiento.

― Unos 45 minutos. ― le contestó el moreno. Con un gesto, Sakura le indicó que se acostara a su lado, para poder abrazarlo mejor. Sasuke no quería y objetó, pero como siempre, la porfía e insistencia de la chica logró mermarlo y terminó tirado a su lado, abrazándola con firmeza. ― Si entra alguien tendremos problemas.

― No me importa ni un poco. ― Sasuke buscó los ojos de la chica y cuando los encontró, solo pudo regalarle una sonrisa llena de promesas e intimidad. ― ¿Te asustaste mucho?

― Mientras venía hacia acá, me imaginé muchas cosas. ― le comentó, mientras besaba su frente, olía su cabello o le desordenaba el flequillo con la mano. ― Ahora podemos decir que en verdad eres cabeza dura.

― ¡Hey! ― Le reclamó la chica, haciendo un mohín tierno, pero sonriendo. ― Igualmente te encanta esta cabeza dura que solo te provoca problemas, ¿verdad? ― Sasuke se vio obligado a asentir, sin sentir ni un poco de remordimiento por lo que vivía junto a ella. ― Que estés acá, cuidándome solo me hace reafirmar que estoy bien junto a ti.

― ¿Tú no vendrías si tuviera un accidente? ― preguntó el moreno.

― Estaría a tu lado diciéndote tonto mientras intentas despertar. ― Sasuke rió brevemente, ya completamente relajado y con sus músculos agradecidos de haberle quitado toda la tensión en la que se encontraban hace algunos momentos. ― No me hagas repetirlo. ― le pidió en un susurró, escondiendo la cabeza en el pecho del moreno.

― ¿Qué cosa? ― Sasuke tenía claro lo que Sakura intentaba decirle.

― Ya sabes. ― le reclamó, sonrojándose furiosamente.

― Dímelo. No sé. ― insistió el moreno, picándole las costillas, para que Sakura levantara la cabeza y lo mirase a los ojos, recordándole ese momento tan crucial único e importante en su vida.

― Que te quiero mucho. ― susurró, mirándolo fijamente a los ojos y disfrutando de su sonrisa cálida que solo ella conocía. ― Mucho-mucho.

― Tonta. ― el momento se afianzó todavía más cuando sus bocas se buscaron deseosas y felices de encontrarse, para darse un beso largo, profundo, que compartía cada uno de esos sentimientos que los asaltaban y los convertían en macilla. ― Apenas salgas, te irás a descansar conmigo.

― ¿Podrás acostarte a mi lado sin hacer nada? ― Sasuke asintió sin dudarlo. ― ¿De verdad?

― No me atrae la idea de lastimarte. ― Sakura pensó que, si había alguien que sabía hablar bonito y provocar cosas maravillosas, sin lugar a dudas ese era Sasuke. ― La pregunta es si tú podrás controlarte.

― Claro que sí. No pienso estar todo el día en la cama. ― El moreno alzó una ceja escéptico. ― Bueno, solo a veces. ― se defendió, cediendo un poco, pero Sasuke no cambió su expresión. ― Ok, la gran mayoría del tiempo estoy pensando en eso y en ti.

― Eres insaciable. ― le dijo el moreno, besándole la frente para bajar a través de ella. ― Y te gusta todo lo que te hago. ― Prosiguió, continuando hacia su mentón, saltándose los labios. ― En las noches me despiertas buscándome. ― Su mejilla derecha fue sometida esos labios que querían poseer todo. ― No me puedo negar porque también lo deseo. ― Se posó en su mejilla izquierda, mordiéndole levemente, haciendo que Sakura diera una suave risotada. ― ¿Y sabes? ― le pregunto. ― He descubierto que no hay mejor cosa en el mundo que estar dentro de ti. ― Sakura se convirtió en un tomate maduro, que para su mala suerte, no pudo escapar del firme agarre del moreno, que tenía su brazo enroscado tras su cuello y la acercaba a él. ― No vuelvas a subirte a un caballo en lo que te resta de vida, ¿bueno?

― No puedes sobreprotegerme, mi amor. ― Sasuke adoraba ese apelativo, aunque no se lo decía. ― Puede que me pasen muchas cosas de ahora en adelante y tendrás que vivir sabiendo eso, ¿no crees? No viviré en una burbuja.

― ¿Ni siquiera chiquitita? ― le preguntó, haciendo el gesto con la mano. Sakura negó. ― ¿Enana?

― No, de ningún porte. ― el pelinegro se dio por vencido y bufó. ― Dame un beso.

― Eres muy mandona. ― le reprochó en broma como siempre, pero sin desobedecer.

Sasuke comenzó a darle suaves besos en los labios entreabiertos de la pelirosa. Rozó, para luego jalar entre ellos, el labio inferior de la chica, succionándolo. Sakura jadeó expectante por más y Sasuke se lo dio. En un beso hambriento, metió su lengua saboreando el interior de la chica y acarició su rostro con la mano libre, bajando de a poco a través de su cuerpo para acabar quedándose posada en la cintura de su chica. Sakura se aferró con dos puños a la remera de Sasuke y respondió con energía, olvidando por completo donde estaban y que había sufrido recientemente un fuerte traumatismo. No le importaba nada, solo seguir sintiendo sus besos y estar lo más apegada a él que pudiera. El pelinegro, sintiendo como su cuerpo comenzaba a encenderse, se separó bruscamente de la chica, fascinado al ver su rostro atontado luego de tremendo beso.

― ¿Por qué? ― reclamó Sakura, molesta por haberse detenido. ― Quiero más.

― ¿Y terminamos usando la cama para tener sexo? No, molestia. En casa todo lo que quieras. ― amurrada, entrecerró los ojos, aceptando a regañadientes. ― Tienes que descansar.

― No quiero. ― reclamó nuevamente, acurrucándose en el cuello de Sasuke. ― ¿Te quedarás acá?

― Me tienes sin poder moverme. ― le hizo ver con obviedad.

― Soy demasiado pegote, ¿verdad? ― intentó alejarse, pero Sasuke no se lo permitió. ― A veces, cuando despierto en la noche, me pego como lapa a ti. No sé si te has dado cuenta de eso.

― Sí, me he dado cuenta, porque no lo haces de forma sutil. ― El moreno hacía referencia a las veces que se encontraba soñando perfectamente con ella, cuando sentía un brazo envolviendo su estomago y apretándolo, o Sakura ponía sus manos heladas en su espalda de forma maldadosa. Sin darse cuenta, la chica se había hecho por completo, parte de su vida, agregándola a cosas cotidianas; Desayunos, almuerzos, bañarse, dormir, lavarse los dientes, tener ropa esparcida en el suelo mientras buscaba que ponerse o ver en el botiquín de su baño un sinfín de maquillajes que no usaba, pero guardaba en caso de que "algún día" los necesitara. ― Duerme tranquila.

Sasuke recibió gustoso el calor que la chica le entregaba y también fue envuelto por el abrazo de Morfeo, durmiéndose a su lado con paz y tranquilidad. Escuchó a lo lejos la puerta abrirse para después de un rato cerrarse. No quiso abrir los ojos porque nadie habló.

― Sasuke. ― el pelinegro despertó sobresaltado. ― Te quedaste dormido junto a Sakura. ― el moreno miró a Kakashi y luego a la chica que descansaba tranquila sobre su brazo ya completamente inerte por la nula llegada de sangre a él. ― Vino su madre, pero salió de inmediato. Creo que los vio.

― Mierda. ― masculló Sasuke, separándose de Sakura, que quedó haciendo un refunfuño, aunque siguió durmiendo. ― ¿No dijo nada?

― No, simplemente salió, con la cabeza gacha y sin mirar. ―el moreno se pasó la mano por el rostro y buscó su celular. ― Tendrás graves problemas.

― Tarde o temprano pasaría. Aunque esperaba que fuese más tarde. ― susurró Sasuke, mirando la pantalla de su teléfono encontrándose con un mensaje.

Tenemos que hablar. Mebuki. Te espero en la cafetería.

― Eres hombre muerto. ― dijo Kakashi.

― Es la reacción natural de una madre viendo a su hija crecer. ― dijo Sasuke, frunciendo el ceño. ― Pero no terminaré con Sakura. ― aseguró, sin dudarlo.

― ¿De verdad estás dispuesto a enfrentarte con la madre de Sakura? ― quiso saber el peliblanco, impresionado al notar la actitud decidida de Sasuke. ― No será fácil.

― Tampoco esperaba que lo fuera. ― murmuró, levantándose de la camilla. ― ¿Te quedarás acá?

― ¿Quieres que me quede cuidándola? ― Sasuke asintió con un solo gesto y le besó la frente a la chica alistándose mentalmente para ir a la pelea con su estrenada suegra. ― Me quedaré hasta que llegues. ― Sasuke iba a salir, pero las palabras del productor más amigable de la industria lo detuvieron. ― Recuerda que es su madre, Sasuke. Por mucho que te pueda querer Sakura, el peso de ella es mayor al tuyo en su vida y no dudará en elegirla a ella si la hace decidir.

Las palabras del peliblanco lo acompañaron durante todo el camino que hizo en dirección a la cafetería del hospital. Sintió la mirada admirada de mucha gente mientras avanzaba, pero sus pensamientos estaban muy alejados de comportarse como la súper estrella que era. No había tiempo para quedarse conversando con ningún fans.

Al entrar al lugar, lo vio despejado y en una mesa equidistante a su posición, se encontraba la madre de la pelirosa, revolviendo su café con parsimonia. Enderezándose de hombros avanzó donde ella y carraspeó cuando se encontró cerca. Mebuki ni siquiera levantó el rostro.

― Hola. ― susurró Mebuki. Corriendo la silla, Sasuke se sentó y esperó a que la mujer soltara todo lo que quería decirle, pero la pose tranquila y un poco ida de Mebuki lo desconcertó. ― ¿Quieres servirte algo?

― No. ― respondió, mirándola, pero sin recibir lo mismo de vuelta. Mebuki jugaba con una servilleta y la retorcía entre sus dedos.

― Hace un día caluroso. ― comenzó a decir. Sasuke frunció el ceño, sin comprender la táctica de la mujer. ― Es más, creo que comenzarán a subir las temperaturas.

El moreno no alcanzó a responder, porque un mesero llegó y poniendo un café hirviendo frente a Mebuki, se largó. Sasuke intentó ser cauto, porque tenía claro que aquel liquido podía ser usado en su contra y vaya que dolería si ese fuese el caso.

― Quisiera… ― Sasuke intentó hablar, pero cuando los ojos de la mujer se posaron sobre los suyos irradiando una ira y temeraria forma de advertencia, guardó silencio.

― Quiero que termines con mi hija ahora. No me interesa nada, solo tenerte lejos de ella. ― le avisó. Sus palabras fueron mordidas, entredientes y crudas. No quería pintar la realidad. Sabía que para enfrentarse a Sasuke, tenía que mostrarse dura e intransigente. ― Eres muy hombre como para comprenderme, ¿verdad?

― No me alejaré de ella. ― respondió el moreno, sin temerle a nada. Por primera vez estaba completamente seguro de lo que quería y nada ni nadie se lo arrebataría. Estar con Sakura era su deseo más grande y entre sus planes no estaba terminar con ella ni en el corto, mediano o largo plazo. ― Nuestra relación nos hace felices y creo, que por el bien de ella, sería bueno que usted nos apoyara.

― ¿Piensas que adulándome podrás convencerme? ― replicó Mebuki. ― No te quiero con ella, entiéndelo. Eres un tipo que la hará sufrir y la dejará destrozada con su forma de ser. Consumirás todo lo bueno de ella y le arrebatarás su juventud, porque eso hacen los hombres como tú: destrozar lo que pillan. ― Sasuke descubrió que detrás de esas palabras se escondía la verdadera razón de porqué su suegra era una mujer que protegía tanto a su hija.

A Mebuki le habían roto el corazón de forma irremediable y lamentablemente, él estaba pagando los platos rotos de ello, pero no se amedrantaría. Lucharía si eso era lo necesario para poder estar junto a su molesta pelirosa.

― Cada relación es una historia nueva y aparte. ― no quiso ser más directo, pero estaba claro que se refería a aquel dolor que portaba la mujer por culpa de un hombre. ― No quiero destrozarla, solo quiero estar junto a ella.

― ¿Tú que sientes? ¿Deseo sexual o amor por Sakura? ― Frente a esa pregunta, Sasuke dudó en si ser políticamente correcto era una buena idea, o ser sincero.

― Me imagino que sabe como parte cada relación, ¿no? ― Mebuki alzó una ceja. ― Si no sintiera nada, no estaría con ella. ― sentenció.

― Solo quieres adueñarte, porque sabes que es pequeña y mucho más manejable. ― dijo Mebuki.

― ¿De verdad considera a Sakura como alguien manejable? ― la mujer no respondió y la confundió escuchar la risa gruesa del moreno. ― Ella no es alguien simple ni llevable. Si algo le molesta, lo dice en la cara, como también es capaz de enfrentarse a cualquier por lo que quiere. Sakura me ha enseñado que es lo más real que alguna vez podré llegar a tener. No existen caretas ni dobles discursos a su lado; es simplemente ella, en toda la expresión de la palabra la que logró atraerme como idiota.

― ¿Podrás contra ella? ― insistió Mebuki.

― No quiero pelear contra ella. Me gusta cuando estamos bien y conectados. Desde que la vi, supe que todo había cambiado en mi vida y en verdad, no me arrepiento de sentir lo que siento.

― No has hablado de amor. ― le hizo ver la mujer.

― Supongo que endulzar con palabras lo que siento, no logrará jamás abarcar por completo mis sentimientos. ― Mebuki frunció el ceño. ― No la dejaré por nada del mundo. Nadie, ni siquiera mi familia o la de ella logrará separarnos. Solo su hija puede decidir si estar o no estar conmigo.

― ¿Dejas en ella la responsabilidad de su futuro? ― dedujo Mebuki, pensando que esas palabras solo podían ser usadas a su favor. Si manipulaba a Sakura, podría lograr separarlos.

― Sí. Yo tengo claro lo que quiero y es estar a su lado. ― explicó sin necesitar ahondar en el tema.

― Sasuke, si tú no la dejas, sacaré a Sakura de la película. ― resuelta y dándose ganadora por ello, vio la expresión complicada del moreno. ― Sabes que tengo ese poder.

― Si la saca la lastimará a ella. ― le hizo ver. ― Además, donde sea que esté, yo estaré a su lado.

― ¡Es enfermo! ― gritó ya descontrolada, perdiendo los nervios por completo. ― Sakura es mucho menor que tú. ― le recordó con rabia, pero bajando la voz al verse observada por los comensales que atraídos por Sasuke y más con su grito, podían salir hablando en la prensa por esa discusión.

― Y siempre existirá esa diferencia, no importa el año que sea. ― Sasuke enfrió sus ojos, estremeciendo el cuerpo de Mebuki. ― Sakura se irá contra suyo si no le permite elegir. Y no se trata de decida por mí, porque jamás la haré optar por uno de nosotros. Ella es libre y adulta, sabe lo que quiere y lo que no, no por nada está donde está con la edad que tiene. Podría haber sido solo una chica linda encontrándose de frente con la fama, pero ha demostrado tener talento y si usted la saca, se perderá una gran actriz que tiene todo para crecer.

― Entonces termina con ella. Hazte a un lado y yo dejo la carrera de mi hija en paz. ― le dijo la mujer.

― Eso es rastrero. ― Mebuki se ofendió e intentó replicar, pero Sasuke no se lo permitió. ― Sus propias inseguridades las está reflejando en ella, temerosa de que cometa un error. Si estoy aquí, enfrentándome a usted y sin rendirme es porque de verdad estoy comprometido con ella y no pienso dejarla. Sakura es una chica maravillosa; no la rompa.

― Tú apenas conoces a mi hija. ― dijo Mebuki, cruzándose de brazos.

― La conozco tanto que fue en mis brazos donde lloró por ver caer la imagen que tenía de su madre. La conozco tanto que sé que sufre cuando pelean o tienen discusiones idiotas. La conozco tanto que sé que, si la hace elegir, ella sin dudarlo la elegiría a usted, a pesar de que eso vaya contra lo que quiere. ― Mebuki agachó la cabeza, sin poder mirar de frente. ― Destrócele la carrera, destruya sus sueños. Probablemente la aleje de mí, pero también la alejará de usted, ¿eso es lo que quiere?

― Por supuesto que no, pero…

― No hay pero que valga. ― tirándose hacia atrás y arrastrando la silla en el proceso, se levantó. ― Creo que no hay nada más de que hablar.

― Esto no ha acabado, Sasuke. ― le amenazó Mebuki.

― Acabó en el instante que usted dejo claro que usaría artimañas deshonestas contra su propia hija. ― Mebuki se mordió el labio, culpable. ― No competiré por el amor de ella, pero tampoco me orille a tomar una decisión que nos pueda afectar a ambos. ― Se agachó levemente, para que solo ella lo oyera. ― Entre nos, Sakura me importa más que nada en el mundo y no permitiré que ni siquiera su madre la lastime.

Dando por terminada la conversación, Sasuke se volteó solo dejando el aire de su perfume y el sonido ensordecedor de sus palabras.

Mebuki tuvo que tragar saliva para volver a recuperar la compostura y no caer en la tentación de correr tras él y a golpes hacerle entender que su hija era intocable, pero ¿qué tan intocable era Sakura cuando ya se estaba convirtiendo en toda una adulta? Mebuki no se supo responder frente a eso. Su hija era de decisiones fuertes y temperamento igual. No se dejaba avasallar y no permitiría que decidieran por ella, cosa que jugaba en contra para Mebuki, pero también jugaba en contra para Sasuke, porque en caso de verse frente a algo que no le gustara, Sakura no dudaría en estallar.

Igualmente, pensar de ese modo no la reconfortó. Tenía tantos miedos, que se habían hecho realidad en cuanto llegó a ver a su hija y la pilló ahí, acostada con el moreno y disfrutando de su mutua compañía. A leguas se lograba vislumbrar que ella estaba enamorada de Sasuke y aunque le costara reconocerlo, Sasuke también parecía tener sentimientos muy potentes por su retoña. ¿Estaba bien lo que estaba haciendo? Y la respuesta a esa pregunta si llegó con rapidez.

Estaba más que errada.

.

.

.

Sakura despertó en la camilla y con un poco de dificultad, logró recordar que había pasado. Volvió a poner la mano sobre su cabeza y giró el rostro para buscar a quién se había quedado velando su sueño. Sin embargo, se encontró con el espacio vacío.

― Sasuke. ― murmuró al aire, extrañándolo de inmediato. ¿dónde se habría metido? Quiso saber.

― Sakura. ― la voz de su madre la alertó y la vio parada a un lado de la puerta, con su rostro sonriente. ― Me alegro de verte bien.

― Mami. ― abriendo los brazos, esperó que Mebuki la abrazara.

Para ella, desde que era pequeña, no había cura más grande para que su dolor que recibir el abrazo cariñoso y lleno de amor que le brindaba su mamá. Eran sus besos que sanaban las raspaduras de sus rodillas y sus abrazos los que le quitaban la pena.

― ¿Qué te pasó? ¿Le hiciste algo a ese pobre caballo?

― No, como que de repente se volvió loco y me botó. ― haciendo un teatral puchero, volvió a sonreír. ― Me dolió mucho. Creo que reboté contra la tierra, mami.

― Para la próxima, tendrás que tener mayor precaución, ¿Te parece? ― Mebuki estaba muy sutil, pero Sakura se lo atribuyó al miedo que había pasado por su culpa. ― Konoha también quería venir, pero no se lo permití. En una de esas me encontraba con una escena dantesca y el pobrecito se asustaba para siempre.

― Bonita, Konohamaru pasa jugando videojuegos de sangre y guerra. Verme con un pequeño tajito en mi cabeza no lo hubiese molestado. ― le hizo ver la pelirosa, sonriente como llevaba desde que había visto a su madre. ― Lamento haberte preocupado.

― Cuando uno se hace madre, tiene claro que las preocupaciones serán parte del día a día. ― Sakura asintió. ― Vienen en el contrato. Te quedarás conmigo estos días, hasta que te recuperes por entero.

― Supongo que tienes razón. ― guardaron silencio unos segundos, disfrutando de su mutua compañía, para luego volver a abrazarse. ― Gracias por venir.

― ¿Pensabas que no vendría? Eres mi hija, Saku. Mi pedacito de sol y siempre estaré a tu lado. ― sus palabras le parecieron hipócritas, porque también, tras ella, estaba tejiendo una red para despojar a su hija de un gran amor. ¿Eso haría una madre incansable?

― Lo sé. Nunca me fallarás, aunque peleemos. ― riendo, Sakura se dejó acurrucar por su progenitora, disfrutando del olorcito característico que la cubría. Pasado los minutos, nuevamente sus parpados se volvieron pesados y se quedó dormida cómodamente.

Suspirando, Mebuki la observó por largo tiempo y se preguntó cómo había sido capaz de pensar siquiera en romper a su renacuajo. Esa chiquilla tan aguerrida, de ojos color césped y fina figura. Era una verdadera chica que rápidamente se estaba haciendo mujer y con ello, también llegaba tener que optar por sus propias decisiones sin que nadie pudiese refutar sobre ellos.

Sus pensamientos quedaron interrumpidos con la llegada de Sasuke. Éste la miró sin mayores emociones y se dispuso a largar, pero Mebuki lo detuvo.

― Quiero que vayas tú a dejar a Saku a la mansión. Tendremos una conversación los tres, ¿te parece? ― Sasuke asintió. ― Por nuestro bien, aprenderemos a llevar la fiesta en paz.

― Eso es lo único que deseo. ― respondió el moreno, mirando con infinito amor a la pelirosa que dormía sobre la camilla. Aquello, no fue indiferente a la mujer y dentro, poco a poco, su decisión de separarlos se le volvía más ilógica.

― Nos vemos. Cuídala.

Mebuki salió de la habitación y por varios minutos, se quedó sentada tras el manubrio de su carro.

Sería sensata, aunque le costara un montón. Su hija se merecía lo mejor y para ella, Sasuke sin lugar a dudas, era lo máximo.

10.

Mebuki se sentó al borde de la pileta que se encontraba en medio del patio de esa enorme mansión. El sonido del agua relajó suavemente sus pensamientos y logró mirar todo desde otra perspectiva. Una sonrisa triste adornó su rostro, ¿Qué iba a hacer? No tenía la respuesta para esa pregunta, siquiera sabía de qué forma se había llegado a eso, pero el problema ya existía y solo le quedaba encontrar una solución, que claramente no había logrado con Sasuke.

El moreno se negó rotundamente en dejar a Sakura y le aclaró que la única forma de separarse de ella, era porque Sakura no quisiese continuar con él. Además, en cuanto Sakura reaccionó, lo primero que hizo fue llamarlo, dejando en claro sus sentimientos por él.

― Cariño, está demasiado fresco como para que estés aquí afuera. ― Mebuki agachó la cabeza, refregándose las sienes en señal de cansancio. Chiyo preocupada se sentó a su lado, esperando a que hablara.

― Sakura es la dueña de todas mis canas. ― reclamó la mujer, mirando a su madre. ― Ahora salió con que tiene novio.

― ¿Novio? ― Chiyo sonrió con picardía. ― Pero eso no es malo. Tiene 17 años.

― Y el novio tiene 25. ― la matriarca del lugar abrió los ojos confusa. ― Es Sasuke.

― ¿Sasuke? ― preguntó incrédula. ― ¿De verdad?

― Sí, de verdad. ― Mebuki dejó caer sus hombros abatidas. ― Hablé con él y le dije todo lo que opinaba respecto a esto y se negó a dejarla. No quiero a mi hija con ese tipo.

― ¿Por qué? ¿Ha hecho algo malo? ― Mebuki negó a la pregunta de su madre. ― Entonces.

― Es demasiado mayor para ella.― explicó la mujer. ― Recién está partiendo, no puede ponerse de novia con un hombre que le gana por más de 8 años y quizás la use solo para tú sabes qué.

― ¿Acostarse con ella? Pero eso es algo natural. Puede suceder a los 15, como puede pasar a los 25. ― justificó Chiyo. ― Si yo te hubiese prohibido estar con Kizashi, ¿Tú crees que no te hubieses acostado con él? ― Mebuki no respondió. ― Piensa como la mujer que eres y con la experiencia que tienes. Si tú le prohíbes estar juntos, perderás mucho y el que se acuesten será tú ultima preocupación. Sakura es capaz de alejarse de ti para siempre, olvidándote por entero y sin poder perdonarte el no permitirle tener una relación como ella quiere.

― Sasuke la puede convencer para que lo haga. ― entristecida, la mujer se acurrucó en el regazo de su madre. ― Es tan difícil. Cuando pienso que avanzamos, pasa algo y nos separa. Hoy, luego de verla en el hospital junto con él, me dio impotencia porque no me lo dijo.

― Es que tú no le das la confianza para hacerlo. Mira que ir a prohibirle que estén juntos. ― Mebuki hizo una mueca. ― ¿Cómo hablaste con Sasuke?

― Lo cité en la cafetería del hospital. Le dije lo que creía y que no lo quería cerca de mi hija. ― Avergonzada, Mebuki se tapó el rostro con su cabello. ― Lo amenacé con sacarla de la película si él no la dejaba. En cierta medida lo orillé a que decidiera separarse, ya que, si no lo hacían, yo destruiría la vida de mi propia hija. Me siento la peor madre del universo por haber usado esa treta y Sasuke me lo hizo ver. En todo momento se mostró maduro y me explicó con palabras simples que si estaba con Sakura, era porque en verdad le importaba y dejarla no estaba en ninguno de sus planes. Él no quiere separarse de ella y dudo que Sakura quiera separarse de él, porque es como yo y ya debe estar enamorada.

― Ella ya tiene 17 años. Es grande y puede cometer sus propios errores. Quizás le falta mucho por aprender y tu deber como madre es acompañarla en sus faltas, pero no empujarla hacia otro lugar para que las esquive. ― el consejo de Chiyo caló hondo dentro de su hija. ― Si le das la suficiente confianza, te aseguro que ella te lo devolverá con creces y podrá tener una relación mucho más sana tanto contigo, como con Sasuke. ― Mebuki asintió. ― Recuerda que nuestras relaciones amorosas se basan mucho en cómo han sido nuestras relaciones con los padres. Si mi madre hubiese actuado de tu forma, ciertamente sería igual que Sakura y te mantendría alejada de mí, porque la coartas.

― No me digas eso, mamá. ― le pidió en un sollozo. ― Lo único que quiero es que no sufra.

― Sufrirá más si la haces elegir entre Sasuke y tú. ― el razonamiento de Chiyo, era por lejos mucho mejor que sus ideas idiotas y que provocarían un completo quiebre en su relación con Sakura. ― Sasuke ya te dijo que no la dejará, porque la quiere.

― No me dijo que la quisiera. ― interrumpió Mebuki.

― ¿Y de verdad necesitas que te lo diga? Se le nota a leguas y no lo digo yo, lo dice mi propio marido. ― la castaña se enderezó para mirar a su madre. ― Ese día que la fue a buscar a nuestra casa para traerla de vuelta e instalarnos aquí, Hayato me dijo que Sasuke la quería. Se le notaba.

― Papá es un sentimental. ― murmuró la madre de Sakura, restándole importancia.

― Pero no estaba errado, porque antes que nosotras, ya se había dado cuenta de lo que pasaba entre ellos. ― Chiyo le limpió la mejilla húmeda a Mebuki y le sonrió con calidez. ― Yo también tenía mis resquemores frente a esa naciente relación, pero he visto a mi nieta estar más sonriente, más cercana y tierna. Incluso mucho más madura. Luego de tu conversación sobre su padre y de haberse encontrado con él, entendió mejor la situación. Ahora hay que permitirle que tome sus propias decisiones.

― Le dije que me la traería para acá estos días que estará con licencia por su caída. ― le contó a su madre. ― Sasuke la vendrá a dejar.

― ¿Sakura sabe que tú ya sabes? ― la rubia negó. ― ¿Por qué no le dijiste?

― Porque tengo miedo de su reacción. No quiero que se ponga en modo defensa y me deje fuera de todo esto. La quiero demasiado como para perderla. ― reconoció con temor. ― Quiero que sea feliz, pero tengo tantos miedos frente a verla crecer.

― Sakura ya creció. Se fue de casa, vive sola, tiene un sueldo estratosférico y trabaja espectacular. En pocos meses consiguió la vida que quería, aparte de un novio fabuloso, porque no puedes negar que Sasuke es guapo.

― Demasiado para mi gusto. ― reclamó Mebuki, sin creerlo. ― Ese hombre es el sexo en persona.

― Acércate a Sakura y pregúntale si ya pasó algo entre ellos. Sería bueno tener la certeza de que se está cuidando. ― Mebuki se tapó el rostro derrotada. ― ¿Qué te pasa?

― ¿Te das cuenta de lo que hablamos? De anticoncepción referente a mi hija, que hasta hace un par de años todavía usaba coletas y jugaba con muñecas. ― Chiyo rió abiertamente. ― ¿También te di muchos quebraderos de cabeza?

― Más de los que esperaba. ― dijo la señora, tomándole la mano. ― Lamento no haberte hablado mejor o tener mayor comunicación para poder ayudarte con Kizashi. Quizás si él no hubiese sabido de nuestro pasado, no te habría rechazado.

― Kizashi no era para mí, mamá. Hay que asumirlo. ― resignada, Mebuki se puso de pie y le tendió la mano a su madre. ― Se vendrá una compleja conversación con mi hija y dudo que esté de los mejores ánimos. Si no ve a Sasuke, se convertirá en un Chuky.

― Ya es un pequeño demonio revoltoso. ― le recordó Chiyo, levantándose. ― ¿A qué hora llega?

― Creo que en un par de horas. Sasuke dijo que la traería y que conversaríamos los tres, pero también quiero hablar en privado con mi hija. Al fin y al cabo, por muy pareja que sean, también deben tener sus propios secretos. ― elucubró la mujer, tomando el brazo de su madre. ― ¿Qué hay de comida?

― Una rica lasaña para consentirte.

― No la hiciste pensando en mí, ¿verdad? ― Chiyo negó riendo. ― ¿Entonces?

― Sospechaba que mi nieta vendría para acá y como es su plato favorito. ― alzándose de hombros, dejó que Mebuki terminase de entender sus explicaciones. ― Te amo, hija.

― Y yo a ti, mamita.

O.O

― ¡¿Qué mi mamá qué?! ― Sasuke frenó el carro con brusquedad al oír el grito, yéndose hacia delante y mirando la pelirosa que se encontraba atónita a su lado. ― Pero, ¿cuándo? ¿cómo?

― Nos pilló durmiendo juntos. ― le respondió sucinto, volviendo a mover el carro camino a la mansión y recuperando los nervios luego de ese grito.

― ¿Durmiendo? ― Sasuke asintió. ― ¿Podrías ser más claro? ― Le pidió con brusquedad.

― Cuando tú te quedaste dormida, yo también lo hice. En eso entró tu madre y nos vio. Me pidió conversar y lo hicimos. ― Sakura se tapó los ojos con sus manos, horrorizada.

― ¿Por qué no me contó? ― se preguntó retóricamente, recordando que se habían visto hace unas pocas horas, antes de que le dieran el alta. ― ¿Y qué te dijo?

― Que te dejara. ―Sakura palideció, más todavía al verlo tan tranquilo y manejando como si nada.

― ¿Qué le respondiste? ― quiso saber, temerosa por su respuesta. ― ¿Vas a dejarme?

― Obvio que te voy a dejar. ― bromeó el moreno, mirándola de reojo y concentrándose en el camino. Sakura volteó el rostro, sin querer mirarlo, ni que viera su labio temblar y sus mejillas mojarse por las lagrimas. ― ¿Sakura? ― la llamó él, al no escuchar una respuesta mordaz o irónica a las que los tenía acostumbrado. La chica sin embargo, no respondió, preocupándolo. Sasuke frunció el ceño, a punto de retractarse de su broma, pero lo dejó de una pieza mirarla y ver que estaba llorando con profunda tristeza y apretaba la boca para que no escuchar sus sollozos. ― ¿Saku? ― la llamó nuevamente preocupado, deteniendo el auto. ― Oye, era una broma, tonta. ¿Cómo crees que te voy a dejar? Fui a enfrentar a tu madre y dejé clara mi posición.

― No te quiero… escuchar. ― gimoteó.

― Sakura, era una broma. ― intentó calmarla él. Nunca esperó verse en una situación así, donde quería de todas las formas encontrar el perdón de alguien y más que eso, contentarla.

― Tonto. ― El pelinegro le tomó la muñeca y la jaló hacia él, buscando que lo mirara. Sakura lo hizo, con sus ojos anegados de lagrimas. ― ¿Te vas a reír de mí?

― No, molestia. ― tomándola por la cintura, la sentó en su regazo para abrazarla como una niña pequeña. ― Pensé que te ibas a reír.

― ¿Cómo me voy a reír de eso? ― lo miró acusadoramente. ― He dado tanto por ti, que encontrarme con la sorpresa de que terminamos por mi madre, me descolocó. ― Sasuke asintió, sin hablar, porque ya bastante la había cagado con sus palabras. ― Eres un bruto insensible.

― El peor del mundo, Saku. ― aceptó Sasuke.

La pelirosa poco a poco se fue calmando y los besos en su cabeza por parte del moreno ayudaron mucho a ello. Cuando se secó las últimas lagrimas, buscó sus ojos y los encontró profundamente arrepentidos.

― Soy una exagerada, emotiva. ― murmuró solo para que él la oyera. ― Te quiero mucho.

― Lo sé. ― sonriendo, le dio un pequeño beso en los labios. ― Le dije a tu madre que no te iba a dejar y ella me pidió que te llevara a casa para que habláramos los tres juntos. Quiero estar contigo y de una forma real, sin escondernos como si estuviese mal. ― Sakura lo abrazó por el cuello y disfrutó de las caricias contenedoras que le daba el moreno, aunque comenzaba a sobrepasarse, no obstante, la pelirosa ni siquiera pensaba en detenerlo. ― Vamos a la mansión.

― Dame un beso. ―le exigió como siempre y buscó sus labios devorándose de inmediato. Una de las piernas de Sakura pasó hacia el otro lado y quedó a horcajadas sobre él, con sus puntos más cálidos chocando.

La chica sintió el deseo del moreno justo en su centro y jadeó cuando él metió una de sus manos entre la remera, agarrándole un pecho y estimulándolo con su pulgar. Sakura tampoco se quedó atrás y de forma incomoda logró sacarle la chaqueta junto a la remera, tirándolas hacia la parte posterior del carro. Sasuke la detuvo.

― Molestia, llegaremos tarde y tu mamá comenzará a preocuparse. ― A Sakura no le importaron las palabras ahogadas del moreno y procedió en la faena de sentirlo como el hombre que era. Sasuke tampoco tenía las fuerzas de detenerla, siendo que quería casi tanto como ella fundirse en su interior. Después de la tarde terrible que había pasado sabiéndola inconsciente por su accidente, tenerla piel con piel era su mayor relajante.

Con mucha más dificultad, Sakura se sacó una pierna del pantalón y abrió el cierre de Sasuke, sacando solo lo que necesitaba con urgencia. No necesitó estimularlo, ya que el moreno estaba más que listo para unirse y sin dar espacio a alguna replica corrió su calzón y se introdujo ella misma el miembro caliente de Sasuke.

― ¡Aah! ― gritó, moviéndose sobre él y disfrutando de sentirlo tan dentro, como nunca antes lo había sentido.

Sasuke se desesperó y la tomó con brusquedad por su cadera, enterrándole los dedos en su delicada piel.

― Eres muy mala, molestia. ― gimió contra el cuello de la chica, embistiéndola con un ritmo desesperado, disfrutando de cada uno de los grititos adorables que soltaba la pelirosa, mientras estiraba su espalda para chocar todavía más sus pechos.

Sasuke echó la cabeza hacia atrás y apoyó sin querer una de sus manos en la bocina del carro, alertándolos a ambos. Sakura lo miró con sus mejillas arreboladas y los ojos brillando, sin detener el movimiento de sus caderas.

― ¿Te gusta? ― le preguntó risueña, mordiendo su labio.

― Sí. ― dijo escuetamente el moreno, buscando su boca para estresarla con sus labios.

Sakura se desató de un momento a otro y le enterró las uñas en la piel del hombro al moreno, sacándole un grito. Luego de varias embestidas más y de un desenfrenado deseo que se acrecentó con cada uno de los gritos, Sasuke se dejó ir en su interior suspirando para ingresar un poco más de aire en los pulmones y ralentizando sus respiraciones lentamente. La pelirosa enterró sus dientes en el hombro del moreno.

― Sabes salado. ― le murmuró en el oído. ― Pero me encanta.

Todavía lo sentía en su interior, pero sin la dureza de hace unos segundos atrás. No quería separarse de él y Sasuke no quería soltarla, sin embargo debían avanzar. Mebuki estaría de los nervios si siguieran retrasándose de ese modo y se molestaría aun más al saber el porqué de dicha demora.

― ¿Qué haces? ― Sasuke la vio chupar en un lugar en especifico y al separarse vio la marca sobre su hombro. ― No me hagas eso.

― Es que me gusta tu sabor. ― se defendió, sacándole la lengua. ― Además tú me dejaste uno en la costilla. Esta es mi venganza. ― dándole un beso corto en los labios, se bajó de encima de él, buscando en la guantera algo para limpiarse y agradeciendo mentalmente que los vidrios fuesen tintados.

― Algún día me vas a matar. ― le dijo Sasuke, mirándola acomodarse a su lado.

― Si mueres teniendo sexo, serás un hombre muy afortunado. ― le respondió, envolviendo los papeles que había usado para limpiar la semilla de Sasuke que estaba entre sus piernas y los metió en una bolsa que tenía en su mochila. ― Deberías tener condones en los carros. Es más cómodo.

― Estás volviéndote muy desinhibida. ― le dijo el moreno, con suspicacia. ― Aparte no me gusta usar condones contigo, porque no hay nada más delicioso que estar piel con piel.

― Pero si seguimos haciéndolo dentro de los autos, me veré obligada a tener que limpiarme siempre y podemos manchar el tapiz. ― Le explicó, esperando que entendiera el punto. ― Si tú te proteges, solo botas el condón y ya. Aparte no quedará este olor a sexo tan latente.

― Insisto, te estás volviendo experta con mucha rapidez. ― Sakura enroló los ojos y terminó de subirse su calza. ― Te haré caso.

― Como siempre lo haces. ― dando por finalizada la conversación, Sasuke volvió a partir el carro. ― ¿Cuántos autos nos faltan por probar?

― Muchos, así que prepárate para ello. ― Sakura siempre estaba lista. ― Vamos llegando.

― Estoy nerviosa. ― le comentó, metiéndose las uñas en la boca. Sasuke se las tomó y las dejó sobre su regazo. ― Me matará.

― Estaré a tu lado, molestia. No tengas miedo. ― le pidió, esperando que lo escuchara. ― No te abandonaré.

― Lo sé, mi amor. ― Quedándose en silencio, Sasuke entró por la verja alta de la mansión y aparcó en la entrada, bajándose del carro. ― No te vayas.

― Tranquila, no lo haré. ― dándole la mano, golpearon la puerta juntos.

― Espero no se note que acabamos de acostarnos. ―murmuró Sakura.

― Nadie lo notara. Te echaste todo el alcohol gel de mi guantera en las manos. ― le reclamó.

― Te compro otro, reclamón. ― Su pequeña discusión quedó silenciada cuando la puerta se abrió y se encontraron con la mirada azabache de Hayato frente a ellos.

— Sasuke, tanto tiempo sin verte. — el moreno se acercó al abuelo de Sakura y estrechó su mano con la de él en un fraterno saludo. — Supongo que ahora eres mi nieto político.

El pelinegro guardó silencio y miró a Mebuki sin saber que responder. La rubia mujer asintió, dándole la libertad de que respondiera con la verdad.

— Sí. — Sakura enrojeció a espaldas del moreno y se lanzó sobre el cuello de su abuelo para abrazarlo, quejándose de inmediato al sentir el punzante dolor en su cabeza.

— Mi cabecita. — agregó, tomándose el lugar y mirando a su abuelo. — Me caí de un caballo que estaba como loco. — le contó, como si el hombre no supiera, o más bien para rellenar el ambiente luego de la respuesta que había dado Sasuke. — Llegué a rebotar contra el suelo.

— No es algo para reírse, cariño. — Sermoneó su abuela, tomándola por las mejillas y mirando el tierno rubor que las cubrían. — Déjame decirte que, a la hora de llegar con novio, vaya que nos sorprendiste. — su tono melocotón se volvió todavía más furioso.

— Mamá. — le reclamó Mebuki, mirando de reojo al moreno, que mantenía su pose estoica, como si nada le pasase. — Sasuke, Sakura, acompáñenme. — la pelirosa tragó saliva, pero alzó la cabeza y se fue tras su madre para entrar a una de las salas llenas de libros y con un escritorio de caoba en medio. ―Supongo que Sasuke te puso al tanto de lo que está pasando, ¿no?

― Sí, algo me dijo. ― la mujer asintió, sin esbozar ninguna emoción. ― Mamá, sé que para ti es un tema complejo porque en verdad no querías que esto pasara, pero las cosas no siempre son lo que queremos y prueba de esto es lo que pasó ahora. Con Sasuke tenemos una relación y me gustaría que tú también fueses parte de ella.

― Sería raro que yo fuera parte de su relación, ¿no crees? ― ¿Un toque humorístico? Pensó la pelirosa, sin comprender. ― La verdad es que no me gusta nada lo que está pasando. Saber que tu primer novio es un hombre experimentado no es algo que me fascine.

― Mamá… ― interrumpió la chica.

― Escúchame; no me gusta su relación, pero hablé con Sasuke hace un par de horas y él me dejó muy claro sus puntos y lo que quiere de ti. Para mi mala suerte, no estuvo dispuesto en ceder frente a mis presiones, y a pesar de que no me agrada ni siquiera un poco, saberlo me deja en claro que él está comprometido contigo y no quiere aprovecharse de la situación. Tú no eres una chica desvalida que necesita ser protegida, sin embargo me gusta la idea de saber que alguien aparte de nosotros te cuida con tanto fervor. ― el moreno carraspeó incomodo. ― Sasuke, una lagrima de mi hija, un mal rato, un solo toque de su cabello y eres hombre muerto. No olvides que por mis venas corre sangre yakuza y no desconoceré mi pasado para hacerte pagar con mucho dolor cualquiera falta que le hagas a mi hija, ¿me oíste?

― ¡Mamá, no eres una matona! ― sonrojada se volteó a mirar a su novio, mientras éste intentaba aguantar la risa. ― Te acaba de amenazar y tú quieres reír.

― No quiero reír. ― Sasuke asintió a la mirada amenazadora de su suegra y pasó su brazo por encima de los hombros de Sakura. ― No tendré pasado yakuza, pero sí tengo una vida donde la gente me respeta. Nadie lastimará a Sakura si estoy yo para prevenirlo.

― Me agrada oír eso. ― Mebuki miró a su retoña y le sonrió. ― Puedes confiar en mí, hija y hoy aprovecharemos que estarás en casa para conversar ciertos temas que creo son importantes. ― la pelirosa asintió sonrojada y pensando seriamente que hacer en caso de que su madre la preguntara sobre su vida sexual. No sabría esconder que ya no era la virginal niña que ella esperaba que fuera. ― Sasuke, ¿te quedas a cenar?

― Bueno. ― respondió escueto, viendo como la mujer volvía a dirigirse a la puerta.

― Nos vemos en la mesa, no se demoren. ― salió dejándolos solos. Sakura soltó el aire lentamente y se giró a mirarlo, sin comprender nada. Sasuke todavía la tenía abrazada contra su costado y aprovechó eso para afianzar más su agarre y apretarla contra él.

― No fue tan terrible como pensé. Es más, creo que hasta le agradas. ― Sasuke no quiso refutarla, ni menos comentarle que en la conversación que habían tenido por la tarde, a Mebuki le faltó poco por tirarle el café encima.

― Venías muy predispuesta a pelear, pero todo se soluciona hablando. ― Sakura sonrió, sabiendo que el temperamento de Sasuke no daba espacio a las conversaciones cuando se encontraba en pleno exabrupto. ― ¿Ahora estás más tranquila que tu madre sabe?

― Tampoco es como que me sienta mega relajada y salgamos de acá de la mano, listos para encerrarnos en tu departamento, pero sí, me alegra no tener que esconderme con ella. El tema complejo será la prensa y ambos lo sabemos.

― La prensa no tiene ni voz ni voto en nuestra relación, molestia. Déjalos fuera. ― la chica asintió a medias, teniendo claro que no sería tan simple como el moreno lo quería pintar. ― ¿Cómo te sientes?

― Siento muchas cosas, pero sabes, me duele un poco la cabeza. ― se tocó el lugar. ― Supongo que debe ser por toda la presión que traía.

― Pensé que la habías descargado mientras brincabas arriba mío. ― le murmuró al oído, con voz ronca y sensual. Sakura le golpeó el hombro, sonrojada y mirándolo ceñudamente.

― No seas pesado, que te pueden oír. ― El pelinegro solo sonrió. ― Creo que me faltó un poco más de "brincos" para relajarme. ― a pesar de su sonrojo y mirada molesta, le respondió esas palabras que solo lograron acrecentar el deseo que ya de por sí, era muy alocado para el moreno. ― Te echaré de menos hoy por la noche.

― Soy inolvidable. ― le contestó arrogante.

― Tú me echarás todavía más de menos. No tendrás a quién hacerle muchos cariñitos por la noche.

― ¿Quién dice que estaré solo? ― Sakura entrecerró los ojos. ― Ok, si estaré solo.

― No te perdonaré ni un solo pensamiento de traición, Uchiha. ― le amenazó, sin pelos en la lengua. ― Aunque eres condenadamente irresistible, un lujo para la vista y haces el amor como un verdadero semental, no dudaré en abandonarte si me engañas.

― Me acabas de dejar el ego en la estratosfera, molestia. ― Sakura se golpeó su gran frente con una mano. ― No sirves para destrozar mi orgullo masculino.

― Tu orgullo es a prueba de balas. No importa lo que diga, siempre sale a flote. ― las manos de Sasuke bajaron por su espalda, posándose con indulgencia sobre sus nalgas respingadas. ― Mi mamá puede entrar.

― Tu mamá te hablará de sexo ésta noche. ¿Le dirás que tú y yo ya tenemos más que repasado ese tema? ― Sakura no podía pensar si las manos de Sasuke seguían acariciándola de ese modo. En vez de responder, entrelazó sus brazos tras el cuello del moreno y lo acercó a su boca para besarlo como quería.

Sasuke se dejó hacer, como siempre, y aceptó que Sakura llevara el ritmo del beso. Sensual, erótico y malditamente lento, recorrió con su lengua todo lo que pillaba a su paso, deleitándolo con un festín para sus sentidos. El moreno se separo solo unos milímetros para sentir la respiración dando sobre sus labios y embobarse con su olor tan único.

― Le diré que cierto ser humano ya me poncho. ― Sasuke le regaló una media sonrisa, asintiendo. ― ¿Qué le digo?

― Lo que tú quieras decirle. Estoy preparado para sus reproches y gritos en caso de que quiera armarme un escándalo. ― sobre sus labios agregó. ― Además ya sabe que no te voy a dejar, así que puede chillar todo lo que quiera. El resultado seguirá siendo el mismo.

― ¿Te das cuenta que acabas de agrandar mi ego? ― Sasuke alzó una ceja. ― Me siento tan irresistible. Todos se pelean por mí.

― Lo que tú digas, molestia. Lo que tú digas…

.

.

.

Sakura se acostó encima de la cama que usaba cuando se quedaba en casa de su madre y aspiró el agradable aroma que le era familiar: El olor a hogar. Medio dormida, medio despierta, se giró hacia un lado y vio la foto en la cual salía ella, con el vestido verde maravilloso que había llevado en los Oscar y a su lado Sasuke, con esa pose de sex simbol que siempre tenía, mientras que la abrazaba por un costado, apoyando su mano en su cintura. Sakura recordó el momento y lo feliz que se sintió estando en la alfombra roja al lado del que en ese entonces, era su "amigo con beneficios".

― Cariño. ― Sakura miró a su madre entrar con cierta cautela y miró a través de la rendija de la puerta. ― Quisiera hablar contigo.

La pelirosa tenía claro cuál sería el tema a tratar, pero eso no significaba que estuviese preparada para enfrentarlo, al menos no del todo.

― Pasa, mami. ― acomodándose sobre la cama, le indicó a su madre que hiciera lo mismo. ― Lamento todo lo que te he hecho pasar hoy. El accidente y después el tema de Sasuke.

― Supongo que estaba algo preparada para eso último. ― contestó resignada la mujer. ― No me fue indiferente la mirada que se dieron la primera vez que se vieron. ― le contó con tranquilidad la castaña, mirando al suelo. ― En cierto modo, no he estado a la altura de la situación y he puesto tantas pegas en todo esto, que te orillé a que no confiaras en mí.

― Es un tema complicado, mamá. No es como llegar un día y decirte: "mami, soy novia de Sasuke". Te hubieses caído de espalda. ― Mebuki asintió.

― En realidad me fui de espalda, pero todavía más quedé impactada cuando él te defendió frente a mí. ― Sakura frunció el ceño. ― Le dije que si no te dejaba, yo iba a arruinar tu carrera.

Sakura quedó con el aire atascado en sus pulmones, sin poder creerlo. Su madre era una mujer de armas tomar, pero no por eso iba a actuar de esa forma tan irracional. Al menos nunca lo esperó de ella.

― Mamá… ― susurró incrédula.

― Sí, fui una tonta y él me lo hizo ver con palabras muy serias. ― Mebuki le tomó la mano a Sakura y la miró directamente a los ojos. ― Cuando le dije eso, él de inmediato se lanzó a defenderte con uñas y dientes. También me dejó claro que si te hacía elegir, yo ganaría, pero que tampoco era la forma de presionarte para que no estuvieran juntos. Fui una verdadera estúpida, hija. Mis temores más grandes los reflejé en ti y cometí el error de querer lastimarte solo por no entender que ya creciste y estás en toda tu facultad de tomar decisiones propias. Pero cuando despertaste en la camilla, lo primero que dijiste fue su nombre. En ese momento supe que mi guerra estaba perdida. Que Sasuke tenía razón. ― Sakura se mordió el labio para no hablar. Quería decirle tantas cosas a su madre, partiendo por el enojo que le daba saber lo que había estado dispuesta a hacer, pasando por la pena de la situación y también la comprensión de que para Mebuki, ser madre era algo muy complejo, pero que estaba madurando lo suficiente como para aceptar que el resto tuviese derecho a elegir sus caminos. ― Reconozco que no me agrada del todo porque sé que es un hombre experimentado y todo eso. Es más, hubiese preferido a Sasori, porque está más cercano a tu edad.

― ¿Sasori, mamá? Pfff, ni siquiera me gusta. Es un desagradable, petulante y con aires de superioridad que me molestan más que cualquier cosa. ― Comentó con infinito desprecio. ― Ese día que nos "besamos", ― Hizo las comillas en el aire. ― fue solo porque yo estaba algo peleada con Sasuke y se me ocurrió la genial idea de hacerme la interesante besándolo a él.

― Entonces desde hace bastante que tú y Sasuke tienen algo, ¿verdad? ― Sakura se reprendió mentalmente por lo bocazas que era, pero ya viéndose pillada, solo tuvo que asentir. ― Vaya, entonces van en serio.

― Todo lo serio que se puede tener en una relación. ― susurró despacio. ― Él me pidió noviazgo y se ha portado tan bien conmigo. No te imaginas cuanto le debo por como ha sido. Me trata bien, me mima, me enseña, me trae comida, me cuida como si fuese algo intocable, me hace sentir especial y única, como nunca esperé sentirme. ― le confesó a su madre, con sus ojos irradiando luz de amor. ― Sé que puede sonar un poco fuerte para ti, ya que no te gusta Sasuke, pero él nos ha demostrado en distintas formas que de verdad le importo y le importa mi entorno.

― Eso es algo que no puedo negar. ― murmuró la castaña, levantando las manos para señalar el mausoleo en el cual vivían gracias al pelinegro. ― Y paga una cantidad grosera de dinero por tenernos acá.

― Yo me arreglaré con él para que también sea mi dinero el que esté manteniéndolos a ustedes. No es responsabilidad de Sasuke. ― le recordó Sakura.

― Hazlo entender, cariño. Es igual de cabezota que tú. ― Ambas mucho más relajadas, se miraron a los ojos. ― Entonces no es un mal tipo.

― Es gruñón, pero nunca conmigo. Si se enoja, me lo hace saber y yo tengo un don para contentarlo. ― Mebuki alzó una ceja. ― ¡Mamá, no pienses mal!

― Supongo que llego tarde a hablarte sobre las relaciones sexuales, ¿verdad? ― sonrojada, Mebuki esperó la respuesta de su hija, que también fue un arrebolado rostro rosado. ― Ustedes dos ya…

― ¿De verdad quieres saber eso? ― le preguntó Sakura, intentado por todos los medios no tener que confirmar la información.

― Solo dime si te estás cuidando. ― sugirió la mujer, expectante.

― Sí, me cuido. ― Mebuki asintió con lentitud, asimilando la reciente información y sacando sus propias conclusiones. ― Sasuke me respeta mucho, mamá.

― Imagino que tú lo obligaste a él para poder concretar. ― elucubró la castaña, mirando fijamente a su hija que nuevamente se volvió a sonrojar. ― Por Dios, Sakura, no sé a quién saliste tan descarada.

― ¿A papá? ― Mebuki se tensó. ― Ok, ok. No hablaremos de él. ― la mujer se puso de pie rígida y lentamente destensó sus músculos de la espalda. ― ¿Qué pasa, mamá?

― Tu padre intentó comunicarse conmigo. ― le contó sin mirarla. ― Supuse que pasaría en algún momento luego de saber que ya estaba al tanto de la película y se había presentado en tu hotel cuando estuviste en Estados Unidos. Sin embargo no esperé que fuese tan chocante nuevamente saber sobre él.

― ¿Cuándo pasó esto? ― quiso saber Sakura, parándose a un lado de Mebuki. ― Mamá. ―insistió.

― Me enteré el día de ayer. ― revolviendo las manos, Mebuki miró a Sakura. ― Había intentado yendo a nuestra casa anterior, pero al no encontrarnos, fue al supermercado en el que trabajaba antes de venir acá. Sumi recién ayer logró comunicarse conmigo. Dijo que lo había intentado por varios medios, pero le fue imposible, así que aprovechando que la llamé para saber cómo estaba después de largo tiempo, me lo dijo. Él quiere hablar contigo y conmigo.

― ¿Qué querrá ahora? Ni siquiera ha estado presente y de la nada volvió a bajarle el amor paternal. ― Sakura bufó. ― No es justo que quiera meterse en nuestras vidas. Tú ya me explicaste todo y creo que con esa verdad me basta. No quiero nuevas injurias en tu contra, porque sé como trabajaste para sacarnos adelante a mí y a Konoha y si él nos hubiese amado tanto como decía, hubiese luchado el triple para poder tenernos cerca, ¿no crees? ― Mebuki carraspeó, intentando tragar el nudo de su garganta y contener de ese modo las lagrimas que amenazaban de caer sobre sus mejillas. ― Bonita, no te lamentes por esto. Es hora de que a nosotros nos toque bailar con la linda y dejar nuestras penurias detrás, donde siempre tuvieron que estar. Si papá nos dejó, él se lo pierde. Nosotros te tenemos a ti y con eso nos basta. Lo mejor de todo es que ya pudimos pagar esas deudas abismantes con las que nos dejó y en caso de que aparezcan nuevos acreedores, tenemos capital para responderles. ― le recordó con seriedad.

― Estás tan madura y tan adulta, cariño. Me enorgullezco tanto de ti. ― Abrazándola, Mebuki dio por cerrado el tema, aunque volvió al anterior, sin soltarla ni un ápice. ― Entonces te acuestas con Sasuke. ― Sakura se puso tiesa como roca.

― Pues… algo. ― Mebuki se alejó para mirarla. En la mente de su hija pasaban un sinfín de mentiras que podría decir para salvarse, pero tenía que decir la verdad. ― Sí, nos hemos acostado, pero desde hace poco.

― ¿Cuánto es poco? ― Sakura sacó cuentas rápidas.

― Desde mi cumpleaños. ― las veces que habían estado juntos anteriormente, no contaban ya que no hubo un acto sexual completo, pero esa información era innecesaria contársela a su madre.

― Dos semanas. ― Sakura asintió. ― ¿Viven juntos?

― No. ― respondió de inmediato. Era una mentira, lo sabía, pero tampoco quería matarla de un patatús. ― Cada uno tiene su espacio.

― Pero te vas a quedar con él y él contigo, ¿verdad? ― Mebuki la miraba esperando respuestas sinceras y eso es lo que recibió. La confianza de su hija era algo valioso para ella y a pesar de que saber que tanto ella como su novio ya estaban teniendo relaciones, intentó mantener la cabeza fría y ser un aporte para su pequeña. ― Quiero respuestas sinceras, Sakura. Quiero estar presente para ti y hablar de esto con total conocimiento de causa.

― Sí, a veces nos quedamos juntos. Tienes que entender que cuando uno empieza a tener una relación con… sexo incluido ― dijo eso último sonrojada como tomate. ― las necesidades llaman y se quiere estar con la persona.

― Si lo sé, por eso me preocupa si te estás cuidando o no. Podemos ir a algún ginecólogo. ― le sugirió Mebuki con cautela. El tema la descomponía, no podía negarlo, pero respirando hondo y pensando en bonitos colores, lograba mantener la calma… aunque se imaginaba rebanándole el pene al Uchiha por haberse metido con su hija.

― Ya tengo ese tema controlado. Además Shizune me consiguió todo un plantel medico que me ha aconsejado tanto por mi asma, como para mis temas más personales. Tengo psicólogos, recuérdalo, así que cualquier tema que pueda afectarme sobremanera, podré tratarlo con especialistas.

― ¿Te recetaron pastillas anticonceptivas? ―Sakura asintió. ― Sabes que debes ser constante con eso, porque una pequeña falla y un bebé vendrá en camino. Ambos saben que es muy complejo que quedes embarazada teniendo la edad que tienes y siendo Sasuke una mega estrella mundial. ― le recordó Mebuki.

― Sí, es algo que tenemos claro. Es más, Sasuke me llama cuando no estamos juntos y me recuerda que debo tomar la pastilla. ― Eso le agradó a Mebuki, porque demostraba que el moreno estaba consciente de lo que podía significar un bebé y quería protegerlos a ambos. ― A su manera me quiere, aunque nunca me lo dice. ― Sakura agachó la cabeza algo apenada. Sabía cómo era el moreno y no esperaba más de él, pero a veces, dentro de su fuero interno, soñaba con que él expresaba palabras de amor con completa soltura y le gritaba un "te quiero" en la cara, tranquilizando de ese modo al maldito monstruo que residía dentro de ella y la hacía dudar.

― Cada uno dice y expresa su amor de manera diferente. No le exijas, pero tampoco tú te cortes por ello. Muéstrate tal cual es, aceptándolo. ― le aconsejó Mebuki. ― Sin darte cuenta, Sasuke estará contándole a todo el mundo sobre ti y de cuanto te adora.

― ¿Tú crees? ― Mebuki sabía que sí. En los ojos del azabache se vislumbraba un poco de sus sentimientos y eran claros respectos a su hija.

― Sí, lo creo. ― respondió la mujer, dando por sentenciado que, en un futuro, eso sí sucedería. ― Eso de casi vivir con Sasuke, tienes que tratar de llevarlo de manera muy cuidadosa, hija. Tener una relación tan grande a tu edad puede salirse de control, ya que todavía tus emociones son un poco confusas y bruscas.

― Sasuke me ha dicho algo parecido.

― Es la verdad. Vivir con alguien es algo muy importante y parejas que llevan años no lo han hecho por temor, sin embargo, tú al ser más pequeña vives un poco más el momento y eso te da la libertad de decidir vivir con él sin temer a las consecuencias. ― dijo Mebuki. ― Tienes que ir quemando tus etapas poco a poco y compatibilizarlo con tu nueva relación que ya se nota lo potente que es. El hecho de que vivan prácticamente juntos… ¿De verdad es lo que quieres? Eres tan chica, todavía. ― murmuró la mujer apenada, mirando a su retoña. ― No es que no quiera verte crecer, pero me altera un poco verte tan grande, con proyectos de igual tamaño y llevando un noviazgo muy formal.

― Sí, madre. Es lo que quiero. ― aseguró con convicción.

― Entonces a luchar por eso y actuar bien, Sakura. ― Tomándole la mano. ― Estoy contigo para todo.

― Gracias, mami. Me haces muy feliz.

El comienzo de abril, también significaba el comienzo de una nueva relación: Una profunda y real, una sin verdades a medias ni mentiras. Una de una madre con su hija.

11.

― Que rabia. Solo pude hablar unos minutos con Saku antes de que le dieran el alta. ― Itachi enroló los ojos al escuchar el doceavo reclamo de la rubia. ― Esto es culpa de tu hermano, que es incapaz de soltar a mi amiga aunque sea dos segundos.

― Quería estar con ella. ― explicó el pelilargo, ganándose una mirada frustrada y odiosa por parte de la rubia. ― Ok, no me meto, pero podrías llamarla durante la mañana o ir a verla si quieres.

― Quiero ir ahora, pero me mandó un mensaje diciendo que estaba en una cena con su familia y Sasuke. ― murmuró con muecas burlonas y se dejó caer al lado de Itachi, en el largo sofá de la sala donde vivía el moreno. ― Tu hermano es un robador de amigas.

― ¿Robador? ― Ino le mostró la lengua como niña pequeña, para luego sonreír ya completamente resignada. ― ¿Por qué no te dejas de refunfuñar y te pones cariñosa conmigo? ― separados solo por algunos centímetros, se miraron largamente sin moverse ninguno de los dos. ― Ven. ― la llamó.

― Ven tú. ―Replicó ella, comenzando ese juego de cedo y no cedo. ― Estamos a la misma distancia.

― Ayer no te quedaste acá. ¿Hoy tampoco? ― quiso saber el pelilargo, levantándose lentamente para comenzar a reptar sobre el sofá, arrinconándola. ― Podrías quedarte.

― Sí, de poder podría, pero ¿para qué? ―le preguntó con un tono chulesco, que solo compartía con el guapo pelilargo. ― ¿Qué tienes para ofrecerme?

― A mí, por completo. ― Ino fingió pensarlo y negó con la cabeza. ― ¿No te gusto?

― Sí, pero no es taaan tentadora la oferta. ― susurró la chica, cruzándose de brazos aumentando de esa forma el tamaño de su busto. Itachi desvió la mirada y quedó prendado del maravilloso pecho que tenía frente a sus ojos. ― Levanta la mirada. Aquí están mis ojos. ― apuntó, señalando con su dedo el sitio indicado.

― Si lo sé. ― respondió, sin dejar de mirar sus pechos. ― Hoy Sakura se quedará con su madre, ¿Por qué no te quedas acá? ― Ino se negó, meneando la cabeza. ― ¿Por qué? ― quiso saber el pelilargo, casi como niño berrinchudo.

― No quiero decírtelo. ― un sonrojo cubrió las mejillas de la rubia. ― Solo acepta que en un par de días no podremos hacer nada.

― ¿Nada? ― preguntó frustrado. ― ¿Estás en tus días?

― No me hagas responderte. ― se cubrió el rostro con las manos y echándose para atrás, evitó el contacto del moreno.

― Ino, es algo muy natural. ― explicó Itachi, aligerando el ambiente y volviendo a la tarea de encerrarla con su cuerpo. ― No te avergüences de algo biológico.

― ¿Podrías no darle una connotación científica? Eso no me hace sentir mejor. ― murmuró Ino con una mueca de incomodidad, mientras veía a Itachi cada vez más cerca de su rostro. ― ¿No puedes vivir sin sexo que todavía me estás arrinconando?

― ¿No puedes vivir sin mí, que a pesar de saber que no podemos hacerlo, igual vienes a visitarme? ― Ino se tomó la pregunta casi como un insulto y abrió la boca herida.

― Entonces me voy. ― Itachi no le permitió que se moviera y usando su cuerpo, se subió sobre ella, dejándola acostada a lo largo del sofá. ― No estoy para tus preguntas mordaces, Uchiha.

― No niegues que quieres estar conmigo, casi tanto como yo quiero estar contigo. ― le murmuró, con sus narices tocándose y sus ojos oscuros fijos en los azules límpidos de la rubia. ― No escondamos esto que a los dos nos pasa y nos agrada tanto. Intenta liberarte de las caretas, Ino. Yo no te haré daño.

― A lo mejor no me lo harás de forma consciente. ― Itachi bufó frente a esa acusación. ― Si buscas que me enamore, te encontrarás de frente con una pared que no podrás atravesar.

― No quiero que te enamores de mí, pero sí que te dejes llevar. ― el pelilargo nunca admitiría frente a nadie, que las palabras de la chica lo habían descolocado y de mala manera. ― Solo quiero que ambos disfrutemos de esto que tenemos. En cuanto quieras terminar, no te retendré.

― ¿Estás seguro de que no quieres más de lo que ya tenemos? ― insegura, esperó la respuesta.

La conversación comenzó a tomar un matiz que no esperaba y más aun, sus palabras no condecían con lo que pensaba. Ella si comenzaba a tener sentimientos por el pelilargo, pero el pánico de todo lo vivido le retorcía su estómago todo el tiempo, esperando que en cualquier minuto esa "relación" tan placentera con el Uchiha mayor, se convirtiera en algo tan desastroso como lo que había vivido en su relación anterior.

― Por el momento no. ― intentado olvidar las palabras, el pelilargo tomó la boca de la chica entre sus labios y comenzó a besarla lentamente, disfrutando del roce de su lengua, del calor de su cuerpo y la suavidad de su piel.

Ino le acunó el rostro con sus manos, para luego seguir el sendero llegando a su cabello, enredando ahí los dedos y apretándolo contra su boca. El aire le comenzó a faltar en los pulmones y el calor entre sus piernas se hizo insoportable. Quería sentirlo dentro, muy dentro. Hacerse uno, mientras chillaba su nombre y su cuerpo se volvía maleable entre sus manos. Necesitaba con desesperación de eso que le entregaba el moreno con cada una de sus formas de hacerle el amor.

Sus besos se volvieron bruscos y desenfrenados. No les interesaba nada, pero cualquier continuación para su deseo, se vio interrumpido con el sonido incesante del timbre. Itachi se separó mascullando palabrotas y prometiéndose contratar personal para que abriera la puerta y echaran a cualquier visitante indeseado.

― No te levantes. ― le ordenó. ― Echaré al o la imbécil que venga a interrumpirnos.

La rubia le regaló una sonrisa como toda respuesta y se acomodó de lado, viéndolo salir de la sala.

Cerro los ojos y disfrutó de su momento. Era demasiado agradable sentirse libre, sin la presión de su padre, ni el miedo aterrador que le provocaba pensar en Daiki y sus continuas amenazas. Dejar su casa había sido un acto al cual se vio orillada, pero las terribles consecuencias que esperaba encontrarse al verse en el mundo relativamente sola, nunca aparecieron. Solo se vio siendo ayudada por la gran amiga en la cual se había convertido Sakura, también se vio acompañada por ese grupo de chicas que comenzaban a hacerse muy importantes en su vida y toda su suerte terminó de afianzarse con la llegada de Itachi y el mejor sexo que nunca esperó tener.

― ¡Primito! ― el gritó alertó a la rubia, que se sentó sobre el sofá en medio segundo y acomodó su ropa algo salida de lugar. ― ¡Tanto tiempo sin verte!

Ino arregló su cabello con las manos y lo amarró en una coleta firme arriba de la cabeza. Esperó como niña buena, piernitas juntas y manos apretadas sobre su regazo, la llegada del visitante. Su vestido era demasiado corto y le daba un aspecto un poco más liberal, pero no iba a escapar para esconderse. Ya no era el secreto sórdido de alguien, solo era Ino disfrutando de su sexualidad.

― Ino, quiero presentarte a alguien. ― La rubia miró al pelilargo que enrolaba los ojos con fastidio. Tras él venía un tipo de cabello oscuro, marca clara de los Uchiha, al igual que los ojos azabaches, pero a diferencia de sus primos, tenía el cabello desordenado y no liso como el de Sasuke o Itachi. ― Shisui, ella es Ino Yamanaka.

― Wow, pero que belleza, por Dios. ― el hombre se acercó a la rubia y estirándole la mano, la saludó.

La rubia le devolvió el saludo, pero rápidamente se vio envuelta en un abrazo.

― ¡Hey, suéltala! ― En un suspiro, Ino se encontró a las espaldas de Itachi que irradiaba rabia por sus cuatro costados. ― No es necesario que la toques. ― murmuró un poco más calmado, sin saltar la muñeca agarrada de la chica.

― ¿Es tu novia? ― le preguntó Shisui, con mirada inquisitiva y cejas picaronas. ― Bastante guapa, ¿eh?

― No somos novios. ― Aclaró Ino desde atrás.

― Entonces… ― las palabras quedaron en el aire, cortadas por un manotazo que dio Itachi.

― Ni se te ocurra, imbécil. ― como un animal, el pelilargo estaba marcando su territorio, cosa que despertó la burla de su primo y el desconcierto de la rubia. ― Ino está conmigo.

― Hace poco estábamos hablando de eso, Itachi. Dijimos que… ― la mirada del pelilargo se volteó hacia ella y fue tan amenazante, que la rubia prefirió dejar de hablar.

― Shisui, ¿Qué haces por acá? ― el moreno primo de los Uchiha, se sentó en el sofá que habían estado usando anteriormente Itachi con Ino y se puso las manos tras la cabeza, con un gesto de relajación digno de admirar tomando en cuenta la tensión que había en el lugar.

― Hace algunos días, me desperté en Washington y me dije: "Shisui, es hora de ir a ver a tus lindos primitos e ir a inspeccionar tus inversiones" y ya ves, acá estoy. ― Ino mordió su labio intentando no reír. Para ser Uchiha, el tipo era bastante cómico, pensó la chica.

― ¿Quién te dio mi dirección? ― indagó el pelilargo, afianzando más su agarre en la mano de la chica. Por nada del mundo la soltaría.

― Hablé con tu madre. ― contestó tranquilamente. ― Pero no te preocupes. Mientras me des una cama cómoda, yo no te molestaré.

― No hay espacio. ― Ino lo tironeó, mandándole una mirada de reproche. Arriba, en el segundo piso, habían más de 3 habitaciones que podían ser usadas por el primo de Itachi. No hablaba bien de él que lo quisiera dejar en la calle.

― ¿Y tú, bonita? ¿Tienes algún lugar donde pueda quedarme? ― No fue necesario responder, ya que el gruñido de Itachi sirvió como respuesta.

― En el segundo piso, cuarta puerta a la izquierda. Ahí te quedarás. ― Era un mandato. ― Ni se te ocurra acercarte a Ino, ¿me oíste?

― Primito, nunca esperé verte así. ― bromeando, Shisui se puso de pie y tomó la manilla de su maleta. ― Ino, cuando quieras dejarlo, avísame.

― ¡Itachi! ― lo afirmó Ino, cuando lo vio abalanzarse hacia delante en busca de pelea. ― Cálmate.

― Buenas noches. ― riendo, Shisui se perdió en la oscuridad que le brindaba la escalera y los dejó solos.

― ¿Qué te ocurre? ― quiso saber la rubia. ― Estábamos hablando de esto y vienes a comportarte de esta manera con tu primo.

― Te miró de una forma que no me agradó. ― respondió el pelilargo, sin sentirse arrepentido. ― Sé que tienes miedo de estar conmigo, de sentir algo más, pero eso no significa que andarás con otros para no enamorarte de mí, Ino.

― ¿De qué estás hablando? ― le preguntó ceñuda.

― De que no quieres quererme y lo comparto. Tienes miedo. Sin embargo no estoy dispuesto a mantener una relación abierta. ― la rubia lo miró sin lograr asimilar por entero sus palabras. ― Es verdad, puede que no sea un tipo que se llame muy "leal", pero estoy dispuesto a dejar muchas cosas de lado para que confíes en mí. Quiero estar contigo y no te engañaré.

― ¿Entonces estaríamos en una relación? ― Ino no lo reflejó, pero por dentro comenzaba a gritar. Itachi le estaba haciendo una promesa de lealtad.

― Sí, aunque sin nombre, ¿te parece? ― la rubia se alzó de hombros, pero no se negó.

Caminó hasta él y lo abrazó por el cuello, dándose el impulso para encaramarse en sus caderas. Itachi la agarró por los muslos e hizo el camino directo a su habitación.

― Solo podré mirarte a ti de ahora en adelante. Haz que valga la pena. ― le susurró Ino en el oído.

E Itachi se aseguraría de que no se arrepintiera y le enseñaría que no era necesario estar dentro de ella para lograr que tuviera un orgasmo. Nunca era malo tener una agradable sesión de sexo tántrico.

12.

― Mmmm… que rico es esto. ― Sakura siguió moviendo sus caderas en un ritmo candente, chocando directamente con el deseo pulsante del moreno. Sasuke tenía sus manos perdidas en el cuerpo de la chica y le besaba el cuello, para después subir a mordisquearle el oído. ― Odio que tengamos tanto trabajo, pero aprovechemos que hoy tenemos libre.

― Sí. ― susurró, Sasuke, intentando caminar junto con ella para llevarla a la cama donde estarían más cómodos.

Ya metidos en el cuarto, se sacó su chaqueta y remera en dos segundos y tironeó para que Sakura también se sacara la suya. La pelirosa se lo permitió y buscó su boca para darse un beso apasionado.

― ¿Qué le dijiste… a Jiraya? ― quiso saber la chica, mientras se retorcía por las caricias de Sasuke.

― Que necesitaba tiempo para estar con mi novia. ― le explicó él, enterrándole los dientes en su marcada clavícula.

― ¿De verdad esa excusa pusiste? ― insistió Sakura, alejándose un poco de su agarre para mirarlo.

― Molestia, si estás hablando mientras intento hacerte el amor, no llegaremos a nada. ― le advirtió el moreno, volviendo a la tarea de enloquecerla con sus besos.

― No puedes haberle dicho eso a Jiraya. Es muy irresponsable. ― le reprochó ella.

Frustrado, Sasuke dejó caer su cuerpo a un lado y lanzó un bufido. Tirándose el cabello hacia atrás, volteó levemente la cabeza para mirarla.

― ¿Crees que le diría eso? ― preguntó retóricamente. ― Por supuesto que no. Solo le dije que tú tenías que hacer ciertas cosas y yo otras. Itachi me ayudó porque me debe bastantes favores.

― O sea tu hermano sabe que estamos acá teniendo sexo porque apenas si alcanzamos a vernos el último tiempo. ― Sasuke suspiró agotado. Cuando Sakura se lo proponía, se volvía intratable.

― Siempre tenemos tiempo para estar juntos, pero hoy solo quería tenerte para mí solo, sin pensar que tendré que hacerte el amor a la rápida y luego irme volando al set. ¿acaso eso me vuelve en mala persona? ― le recriminó ya hastiado.

― Ok, ok… entiendo. Yo también quiero estar contigo. ― Sakura se subió sobre él y le acarició el pecho con cierta vellosidad. Le encantaba el cuerpo de Sasuke y todas las pequeñas cosas que iba descubriendo cada vez que lo tenía para ella sola, como esos dos lunares en las costillas o su ombligo perfectamente simétrico. Le encantaba su cuello que siempre se veía firme o el pequeño hoyuelo que se le marcaba en la mejilla cuando sonreía de forma picarona.

Desatando su sostén, fue en busca de la boca del moreno, pero un sonido la detuvo: El sonido de la puerta principal.

Sasuke frunció el ceño y tomándola de la cintura, la dejó sobre la cama. Corriendo hasta el salón, se encontró con todos sus compañeros de banda, incluido su hermano

― Hola, hermano. ― saludó Naruto. ― ¿Por qué estás sin polera? No me digas, estás con una chica. ― asombrado, el rubio miró a Itachi, para luego volver donde su amigo. ― ¿No que estabas con Sakura? ¿Cómo la puedes engañar?

― Es obvio que está con ella. ― señaló Shikamaru, haciendo un gesto con la cabeza para que mirara el morral que yacía tirado en el sofá. ― ¿Interrumpimos?

― Aunque así fuera, debemos grabar un single, Sasuke. ― dijo Neji. ― Tenemos presentaciones prontamente y aunque intenté no interrumpir tu vida personal y laboral, aproveché tu día libre para exigirle a Itachi que grabáramos hoy.

― Quiero que se vayan. ― respondió el moreno, mirándolos a todos uno por uno. Los únicos que se amedrentaron fueron Kiba y Naruto, aunque este último se veía tentado a largarse pronto. ― Estoy ocupado.

― Y nosotros también tenemos nuestras vidas, hermanito, pero debemos avanzar y te hemos dado todas las posibilidades para que termines la película. Sin embargo recuerda que hay contratos de por medio y debemos cumplirnos si no queremos demandas millonarias. ― advirtió Itachi. ― Yo también quisiera estar con… una mujer, pero las responsabilidades son primero.

― Entre menos nos demoramos, más rápido estaremos desocupados y tú podrás correr a ver a tu chica. ― le dijo Shikamaru, sentándose sobre el sofá. ― Esto es tan problemático. ―murmuró agotado.

― Entonces manos a la obra. Ponte una remera y apresúrate. ― le dijo Itachi, hostigándolo con la mirada.

Cualquier replica quedó apagada con la aparición de Sakura. Completamente roja y las manos retorciéndose en su regazo, se encontró con 6 pares de ojos que la miraban expectantes.

― Hola. ― saludó, alzando una mano como niña y rogando internamente que se abriera un agujero negro a sus pies, que la tragara y dejara en una dimensión donde no tuviese que enfrentarse a la mirada inquisidora de todos esos hombres. ― Lindo día, ¿no?

― ¿Cómo estás, pequeña? ― le preguntó Itachi, caminando hasta ella y poniéndose enfrente para que no se sintiera avergonzada. ― Ino fue donde Tenten. Si quieres puedes ir allá.

― No quiero que se vaya. ― se metió Sasuke. ― Sakura se queda.

― Igualmente me gustaría ir a verlas. ― dijo Sakura. ― Naruto, ¿Hinata?

― En reuniones por el tema de la empresa de su padre. ― tanto la pelirosa como el rubio hicieron una mueca. ― También lo odio.

― Maldito y vil dinero. ―bromeó Kiba. ― Aprovechando que estamos reunidos, quisiera contarles que a la vuelta de nuestra presentación en el Coachella será la cena de compromiso. Tenemos que ultimar unos detalles con Nat, pero está decidido. Esperábamos que tu suegro se recuperara, Naruto.

― Tendré que ponerme un traje de pingüino. ― masculló Shikamaru, sobándose los ojos. ― Justo lo que quería hacer.

― Así es, amigo del alma. No todos los días un hermano de la vida se casa. ― argumentó el castaño, mirando a Neji. ― Ella quiere que toda su familia esté presente.

― Y toda mi familia, que es tan suya lo estará. ― aseguró el pelilargo, sacando su celular para mirarlo. ― Vuelvo de inmediato. Apresúrense. Necesitamos grabar. ― les recordó Neji, alejándose para escribir en su móvil.

― Entonces chicos, manos a la obra que hay un tema que debemos grabar a la brevedad. Ya lo han practicado. ― les recordó Itachi, perdiéndose en el pasillo siendo seguido por el resto de la banda, menos Sasuke.

― ¿Amor? ― llamó Sakura, susurrando para que nadie más oyera el mote cariñoso que usaba para el moreno. ― Toma.

Entregándole la remera, esperó que se la pusiera, viéndolo refunfuñar y quejarse contra todo el mundo.

― Cuanto odio a Itachi en este momento. ― masculló, acomodándose el cabello con las manos luego de ponerse la camiseta. ― Pedí el día para estar contigo y pensé que él me había comprendido. Ya veo que al final terminó haciendo lo que le pinta al imbécil de mi hermano.

― Bueno, tendremos que dejar todo para después. Igualmente nos las ingeniaremos para tener un momento a solas. ― Caminando hasta él, le pasó los brazos por el cuello y lo bajo a su altura. ― De tanto que reclamas te pondrás viejo. ― Le hizo ver con ternura y rozando sus narices.

― No me gusta que me corten mis planes. ― refunfuñó otra vez, abrazándola por la cintura. ― Ahora podría estar haciéndote llegar a tu primer orgasmo de la tarde, en vez de tener que ir a grabar una maldita canción.

― ¡Sasuke! ― lo regañó sonrojada. ― Deja de decirme esas cosas. ― le pidió sin sinceridad. ― Iré donde Ino.

― No, quédate acá. ― le ordenó Sasuke, pero Sakura no se lo permitió, negándose en redondo. ― Por favor.

― ¿Eres tú pidiéndome algo por favor? ― le preguntó sorprendida. ― Mira, piensa que puedes demorarte bastante en la grabación y lo que menos quiero es que te sientas con la presión de que yo estoy acá rondando y apurándote. Haz las cosas a tu ritmo y cuando termines, me llamas y me vengo, ¿te parece?

― ¿Y saldrás con las chicas? Solo procura cuidarte si vas a algún lugar muy público. ― le pidió el moreno. ― Y llama a Ino para que te venga a buscar. No quiero que te vayas sola para allá y en esto no voy a tranzar.

― Bueno. ― aceptó la chica con un suspiro cansino. ― Oye, irás al Coachella. No me habías dicho eso.

― Hemos tenido tanto trabajo que apenas he pensado en mi carrera musical. ― le aclaró el moreno. ― Me iré solo por unos días, más que nada para las entrevistas, fotografías y luego el concierto en sí.

― Me encantaría acompañarte. ― dijo Sakura. ― Pero dudo que pueda, ya que queda tanto por grabar. ― Sasuke asintió, igual de agotado que ella. ― Eso sí, antes de irte, nos tomaremos dos días para estar juntos los dos y lo hablaremos de inmediato con Jiraya, Kakashi e Itachi. No quiero que cuando estemos disfrutando de nuestra relación, venga tu hermano a robarte. ― Sasuke sonrió de medio lado, embobado por esa enana que lo tenía más que agarrado de sus bolas. ― Ve donde tus amigos. Necesito enviarle el mensaje a Ino.

― Esperaré a que llegue. ― Dándole un beso, la soltó para que fuera en busca de su celular a la habitación y la vio escribir con una sonrisa en el rostro. ― Hey, te pones feliz al separarte de mí.

― Deja esa cara de escepticismo. Nada más tengo ganas de tarde de chicas. ― tirándole un beso, esperó la respuesta de su amiga. ― ¡Yupi, dice que ya viene! ― aplaudió como foquita.

― ¿Qué harán? ― Sakura se alzó de hombros. ― Te noto muy emocionada.

― Y lo estoy. Es agradable ver a las amigas y tener una tarde junto con ellas o acaso a ti no te gusta estar con tus amigos durante la tarde. ― Preguntó la pelirosa, posando sus manos en las caderas. ― ¿Desconfianza?

― Claro que no. Confío en ti. ― pero no en los demás, pensó en su fuero interno, aunque no se lo dijo. Eso era resquemores personales y no coartaría a Sakura por temores que no le correspondían. ― Ya me tendrás que pagar por estas horas de abandono.

― Con interés, guapo. ― Le guiño un ojo con coquetería. ― Ve a grabar.

―No quiero. ― Farfulló como niño pequeño. ― Me siento tan frustrado. ― exclamó, mirando a sus espaldas con odio.

― ¿Tú crees que yo no? ― Sasuke mirando a Sakura pensó que no se le notaba ni un poquito de molestia por verse separados. ― Nos servirá para enfriarnos un poco.

― Espero me digas lo mismo cuando estemos 5 días separados. ― le reclamó, escuchando los pasos de alguien que se acercaba por el pasillo.

― Sasuke, te estamos esperando. ― llamó Naruto. ― Yo también tenía planes, pero se me frustraron por esto. ― Haciéndole ver que no era el único con vida personal.

― ¿Y a mí qué? ― le preguntó Sasuke, ganándose una mirada reprobatoria por parte de su novia. ― ¿Por qué me miras así? ― le preguntó sin sentirse ni un poco arrepentido. ― Bueno, amigo Naruto. Lamento haber dicho eso como también lamento atrasarte en tus planes por quedarme al lado de Sakura esperando que llegue su amiga.

― La ironía me molesta, Sasuke. ― le aclaró la pelirosa. ― Esperaré afuera. ― Naruto, notando que sobraba, fue al estudio y avisó que Sasuke llegaría en unos 10 minutos. Todos entendieron que había problemas en el paraíso y por lo mismo no salieron nuevamente a buscarlos.

― Sakura. ― la llamó, jalándola de un brazo y encerrándola en los suyos. ― Soy un idiota ― aceptó con una mueca chistosa en su rostro.

― Al menos lo reconoces solito. ― le dijo la pelirosa, mirándolo de refilón. ― No te pongas pesado, Sasuke. Entiende a tus amigos. Ellos también tienen compromisos y no son menos importantes que los tuyos. ― El moreno no quería escuchar un sermón, ni tampoco era de los que aceptaran uno como si nada, pero oír a Sakura recriminándole cosas o exigiéndole mayor comprensión, le llegaba profundamente en sus convicciones. Él no haría nada para hacerla sentir peor. ― Intenta dar tu mejor esfuerzo como siempre lo has hecho y disfruta de ello. Puedes estar conmigo en cualquier otro momento, cuando quieras.

― Eso se oye como si yo fuese dependiente de ti y sabes que no es así. ― espetó, intentando de todos modos mostrarse frío siendo que todos sabía que su relación con Sakura era lo más cálido y profundo que alguna vez había tenido. Nunca antes había estado tan enganchado de alguna mujer. ― Solo me molesta que me cambien los planes y más si esos te incluyen a ti.

― Eres un mandón, peleador, pero así me encantas. ― susurró Sakura contra sus labios y rió a la vez sobre ellos. ― Y no te gusta que te separen de mí. Si eso no es dependencia, no sé lo que será. ― bromeó la chica, riendo, mientras Sasuke le daba achuchones bruscos en su cuello y la apretaba contra él. ― ¡Sasuke, para! ― le gritó, separándose de él y mirándola con gracia y cautela. ― Te están esperando.

― Que esperen otro poco. ― dijo Sasuke, tomándola por la cintura y bajando sus labios en busca de los de ella. ― Que rica boquita, señorita Haruno.

― Toda suya, señor Uchiha, ¿acaso no recuerda lo que me dijo cuando me respondió mi mensaje de whatsapp la primera vez que nos besamos? ― le preguntó la chica.

― "Tu boquita es mía" ― respondió él, con voz ronca y sensual. ― ¿Y es así, señorita Haruno?

― Creo que soy toda suya, señor Uchiha. ― su jugueteo apasionado, acabó con un beso muy largo y extremadamente excitante. No por nada, la pelirosa soltó un suave gemido contra los labios del moreno y tuvo que detenerlo en cuanto sintió una mano de Sasuke en su pecho, mientras su palpitante erección se hacía firme contra su abdomen. ― Sasuke, nos van a pillar.

― Sí, ya los pillé. ― reclamó Itachi, mirando hacia otro lado. ― Sasuke, saca tus manos de encima de Sakura. ― le indicó como orden. ― Pequeña, Ino ya está abajo. Me acaba de avisar.

― Ok. Iré de inmediato. ― dándole tres besos cortos a Sasuke y evitando que él la agarrara para profundizar, salió por la puerta tomando el morral a su paso. ― Nos vemos Itachi.

― Adiós, Sakura. ― le dijo Itachi a la puerta, ya que la chica ya había cerrado. ― De verdad que te tienen embobado.

― ¿He pedido tu opinión? ― respondió el moreno mordaz, mirando a su hermano sin incomodarse por haber sido pillado, ni por estar todavía con cierto grado de excitación. ― Pues no. Así que cállate.

― Deberías agradecerme por haberte conseguido el día libre.

― Si claro. Eres el peor mentiroso que conozco. ― le reprochó Sasuke. ― Lo hiciste todo para que pudiésemos grabar el día de hoy, ¿verdad? Anoche salí del set a las 5 de la mañana y lo único que hice fue dormir hasta hace una hora, donde desperté buscando a mi novia, pero ¿Qué me encontré? Al imbécil de mi hermano, con toda la banda en mi casa, exigiéndome grabar. ― Itachi se alzó de hombros sin darse por aludido. ― Al menos ten los huevos de reconocer que conseguiste el día para que terminara haciendo otra cosa.

― La verdad es que no. Esperaba que hubieses estado con Sakura… aunque no me interesa hablar de tu vida sexual. ― le respondió Itachi. ― Yo también estaba listo para estar con mi chica, pero Neji pidió esto.

― Y como es imposible que te niegues a algo que me vaya afectar a mí, estás acá. ― le dijo haciendo aspavientos y con clara obviedad. ― Shisui me escribió ayer, ¿es verdad que está en Japón?

― Sí, se queda en mi casa, para mi mala suerte. ― Sasuke se alegró de eso, ya que era una especie de venganza. ― Ni te rías. Le diré que venga a quedarse contigo.

― Le pago un hotel. ― respondió el Uchiha menor de lo más tranquilo.

― Le coquetea a Ino, así que probablemente le coquetee a Sakura. ― A Sasuke esa información no le agradó ni un poco. ― Y si a mí me molesta que lo haga, supongo que a ti te arderá el recto con deseos de matarlo.

― Y lo mataré si se atreve a decirle algo a Sakura. ― murmuró él, con una tranquilidad que distaba mucho de sus palabras. ― Que no se venga a meter para acá.

― Eso será difícil. Probablemente aparezca ahora. ― Sasuke bufó. ― Quiere verte. Está viendo su inversión en el nuevo club nocturno de Pein y aprovecharía venir después de eso a visitarte. ¿notas que te acabo de salvar?

― Esto no pasaría si no te metieras en mis cosas, Itachi mal nacido. ― masculló Sasuke, esquivando a su hermano. ― Ponte a trabajar. Tengo un single que grabar y lo haré en menos de lo que se dice, "Itachi es un imbécil".

― Que maduro.

― Lo dice el tarado que me partió la cabeza hace un par de meses y estaba preocupado por lo que diría su mamá. ― Itachi le lanzó un cojín que Sasuke esquivó sin dificultad. ― Fallaste.

― Te odio, maldito Sasuke.

― Es mutuo hermanito.

Juntos, pero no revueltos, los hermanos Uchiha llegaron a la sala de grabación, donde todos ya estaba posicionados en sus instrumentos, con las indicaciones dadas y afinando los últimos detalles de la grabación. Naruto, aferrado a su bajo, tocaba las cuerdas bajas, disfrutando del sonido grave que emitían.

― Debo reconocer que escuchar mi bajo me excita. ― Todos guardaron silencio. ― ¿A ustedes no les pasa?

― No, nos excitamos con tu bajo. ― respondió fríamente Neji, mientras aclaraba su guitarra. Shikamaru por su parte se encontraba abstraído en sus pensamientos y algo atemorizado de como fuese a salir el tema.

No era la primera vez que hacía la letra para una canción, pero si era la primera vez que una letra era tan importante para él, tomando un significado muy profundo. Los acordes que le había enviado Sasuke le habían parecido estupendos y agradeció enormemente tener un genio de ese tamaño en su banda. El tipo sabía lo que hacía y lo hacía excelente, sacándole el mayor provecho y logrando llegar mucho más allá de lo que un genio normal haría.

― El tema lo escribió Shikamaru y espero que hayan ensayado bien sus partes, para que esto resulte. Cualquier cosa que le quieran agregar, será bien recibida y grabaremos diferentes demos. ― comenzó a decir Sasuke, mirándolos a todos y tomando el micrófono. ― Si resulta, será nuestro primer single. Me parece idóneo para la nueva faceta que queremos tomar. Ésta vez, Kiba tendrá una actuación mucho más pasiva dentro de la canción y será solo instrumental, por lo tanto, él se encargará de estar en la mesa de sonido controlando los altos y tonos, ¿ok?

― Me pregunto para que me eligieron como jefe si al final Sasuke manda. ― murmuró Itachi, distendiendo el ambiente que muchas veces se cargaba de energías cuando iban a grabar. Su concentración tomaba cuotas espeluznantes y muchas veces se volvía en algo tan profundo y personal, que por lo mismo había preferido sacar a Sakura. Podía violentarse al encontrarse de frente a una creación de ese tamaño.

Sasuke al hablarle del tema le dijo que sería uno de los mejores que alguna vez hubiese grabado y eso significaba muchas cosas. Habían demasiados factores involucrados y debían crear la obra maestra entre ellos, sin distracciones.

―En marcha.

Lentamente, los acordes que había encontrado pertinentes para la letra fueron fluyendo en los instrumentos de sus amigos. Neji agachó la cabeza envalentonado y Naruto hizo una mueca de concentración muy diferente con su continua sonrisa zorruna. Kiba tenía puesto los grandes audífonos y Sasuke tomó el micrófono con firmeza, dándole seguridad a todos sus compañeros.

Cuento aparte era Shikamaru, que ensimismado, tomó las baquetas y le dio el sonido bombeante a la canción.

Black

Hey...oooh...
Sheets of empty canvas
Untouched sheets of clay
Were laid spread out before me
As her body once did
All five horizons
Revolved around her soul
As the earth to the sun
Now the air I tasted and breathed
Has taken a turn

Ooh, and all I taught her was, everything
Ooh, I know she gave me all, that she wore
And now my bitter hands
Chafe beneath the clouds
Of what was everything
Oh, the pictures have
All been washed in black
Tattooed everything

I take a walk outside
I'm surrounded by
Some kids at play
I can feel their laughter
So why do I sear

Oh, and twisted thoughts that spin
Round my head
I'm spinning
Oh, I'm spinning
How quick the sun can, drop away...
And now my bitter hands
Cradle broken glass
Of what was everything
All the pictures had
All been washed in black
Tattooed everything
All the love gone bad
Turned my world to black
Tattooed all I see
All that I am
All I'll be...
Yeah

Uh huh...uh huh...ooh...
I know someday you'll have a beautiful life
I know you'll be a sun
In somebody else's sky
But why
Why
Why can't it be
Why can't it be mine

(not sure?)
mm-hmm no yeah no
mm mmmm no nonono yeah yeah
we-
we belong
we belong together
together
oooh ooh
we-
we belong
we belong together
oh yeah

El silencio reinó en la sala luego de tan potente entrega. Itachi estaba con la boca a medio abrir y los ojos todavía clavados en cada uno de ellos, especialmente en Shikamaru. Todavía sus platillos vibraban con la pasión que él había puesto en cada uno de los toques de sus palillos. Hablar era matar en ambiente casi sagrado que se había creado y los dejó a todos en un estado de completa contemplación por lo recién hecho. Había sido brutalmente fuerte y muy enérgico.

― Salió estupendo. ― oyeron gritar a Kiba desde la cabina donde se grababa todo. ― De verdad fue todo un conjunto de cosas que lograron que esto sonara espectacular.

Su emoción era mucho más visible que la del resto. Cada uno comenzó a salir de su trance en la medida de lo que creían correcto.

― Espero no terminar con mi novia. ― susurró Naruto, mirando de refilón a Shikamaru y viendo que su cabeza estaba gacha, todavía anonadado.

― Una de las más grandes obras que alguna vez poseamos. ―agregó Neji, sacándose la guitarra de encima y sentándose sobre uno de los taburetes. ― Fue una magnifica creación.

― Eso se siente cuando te abandonan. ― la voz baja, pero gruesa de Shikamaru los hizo detenerse. ― Duele como nada y se siente como si todo se volviese negro. Y odias, y gritas, y quieres matar a cualquiera por tener lo que tú ya no puedes tener. ― levantando la cabeza, miró a Sasuke. ― Yo si la amaba, pero no estaba preparado, ni todavía lo estoy, para abandonar mis propios sueños.

― Ahora se comprende. ― le respondió el pelinegro, tomando una botella de agua y lanzándosela por el aire. ― Descansa. Por hoy terminamos.

Sentenciando de ese modo la grabación, todos se volvieron a Itachi, que seguía en su mismo sitio, realmente sorprendido por lo que habían mostrado sus compañeros.

― Eeh… sí. Vayan a sus casas y descansen. ― dijo todavía algo ido. ― Hablaré con la discográfica y revisaré el tema con Zetsu para que le dé su aprobación. ― Itachi salió del cuarto luego de un movimiento de cabeza.

Sasuke se despidió de sus amigos que pasaban por su lado y el último en salir fue Shikamaru.

― No seas idiota con Sakura. ― le aconsejó. ― Puede que el orgullo muchas veces nos impida hablar desde el corazón, pero intenta demostrarle de todas las formas posibles cuanto te importa. No perderás nada con hacerlo.

― Gracias por esto. ― respondió Sasuke, golpeándole el hombro y dejándolo partir para que pudiera ir a descansar a su hogar. ― Todos te lo agradecemos.

― De nada.

Solo, Sasuke se quedó parado en medio de la sala. Con las manos en los bolsillos y todavía con la energía fluyendo por su cuerpo, sacó su celular y miró la foto que tenía de protector de pantalla: Era Sakura sonriendo como niña pequeña mientras se tomaba el pelo. Abrió su galería de fotos y se encontró con diferentes tomas de ella, sobretodo selfies de la pelirosa tirando besos, guiñándole un ojo, molestándolo a él, besándose con ternura y otras donde parecía que casi se la devoraba.

Sonriendo frente a eso, se dejó caer en el sofá y siguió revisando cada imagen que frente a él aparecían. Sus ojos grandes y verdes, su pelo rosa y su boca de igual tono. Sus mejillas arreboladas y ese brillo que salía desde todo su cuerpo… simplemente a sus ojos, era preciosa. Le encantaba.

― Loca. ― dijo al ver un vídeo donde ella lo mostraba a él durmiendo, con un pie fuera de las colchas de la cama y hacía zoom para que lo vieran babear sobre la almohada.

Aquí está el novio más guapo de todo el mundo. ― volteando la cámara hacia ella, habló. ― Mi amor, sé que no te enojarás en cuanto veas el vídeo, pero igualmente te pido disculpas por usar tu celular como mi cámara. ― se veía hermosa hablando de ese modo. ― ¿Sabes?, te quiero mucho y me encanta decírtelo. Tus ojitos brillan al verme pronunciar esas palabras y aunque tú no las digas, yo sé que sientes algo muy fuerte por mí. ― la adoraba y más al ver en ese video el fiel reflejo de su amor. Su corazón se llenó de burbujas y sonrió como idiota, algo que nunca pensó que haría. ― Hoy estás muy agotado, pero prometo no cansarte tanto la próxima vez. Cuando veas esta grabación, no me lo digas, porque moriré de vergüenza. ― se lo diría ese mismo día apenas la viera. ― Muchos besos para ti.

Tirándole infinidad de besos, la pelirosa cortó la grabación, dejándolo todavía lelo, pero lleno de esperanzas. Sakura sabía tocar ese punto que nadie más había tenido la suerte de ver. Ese punto que lo volvía en un ser cercano, amable y muy querendón.

El ser humano que se había enamorado por completo.

13.

Hinata terminó de anotar el último número que salía en el listado y cerró el libro, apoyando la cabeza en él. Luego de haber estado durante toda la mañana y parte de la tarde estudiando para un examen de algebra, había tenido una cena muy importante con asesores de la empresa de su padre, junto a su madre.

Desde que éste había decidido compartir el mando con su mujer, trayéndosela a la sede central y dejando en la sede en Europa a cargo de otro socio, y enseñarle el manejo de la directiva a Hinata para un futuro cercano, estudiar se había vuelto en un hobby para Hinata, ya que apenas si tenía tiempo para hacerlo y cuando podía, lo hacía con muchas ganas. Se lo pasaba en reuniones donde le explicaban como se manejaba cada parte de las empresas Hyuga y quienes eran sus colaboradores más cercanos. Aparte de eso, había tenido que lidiar con las habladurías por parte del staff que secundaba a su padre. Decían que era demasiado joven y claro que lo era, como para asumir con tamaña responsabilidad, por lo mismo todo su trabajo estaba basado en el futuro de las empresas, cuando su madre y padre desertaran por completo y ella fuese la heredera universal de todo ello. Además, le enrostraban su fructífera relación con Naruto que ya era de total conocimiento público. Las fotografías de ellos en el aeropuerto y otras donde salía él esperándola a las afueras de la escuela habían dado pie a comentarios muchas veces poco acertados.

Igualmente, eso no mermaba sus ganas de estar juntos y luchando de lleno contra su timidez, había logrado establecer un vinculo muy prometedor con el rubio. Él había tenido una profunda conversación con su padre cuando éste se encontraba hospitalizado y mientras Hiashi lo amenazaba, Naruto aceptaba cada uno de sus requerimientos y se desvivía en darle en el gusto al cabecilla del clan Hyuga. No iba a fallar tomando en cuenta la oportunidad que tenía junto a Hinata y ella tampoco iba a hacer nada para pasar a llevar las "peticiones" de su padre respecto a esa relación. Aunque a veces, por iniciativa propia, le tomaba la mano y le robaba pequeños besos que muchas veces él profundizaba evitando ser descubierto. Recordar aquello la hizo sonrojar.

― Hermana, te traje un emparedado. No llegaste a comer. ― dijo Hanabi, ingresando con un pan y un jugo de naranja a su habitación. ― Te ves agotada.

― Pero estoy bien, Hanabi. ― le sonrió a la pequeña Hyuga para tranquilizarla. Estaba muy cansada, pero no por eso se iba a rendir ni dar lo mejor de sí para poder abarcar todo el trabajo que se le estaba viviendo encima ahora que comenzaba en convertirse en adulta. ― Hoy ha sido un día un poco más complejo, pero nada que no se pueda manejar.

― ¿Todavía esos viejos estandartes te siguen molestando por Naruto? ― por toda respuesta, Hinata alzó un hombro. ― Tontos. Tu vida personal no debería importarles mientras demuestres tener dotes para manejar el holding.

― Digamos que temen que su credibilidad se vea afectada en cuanto tome el control. Dicen que es un poco "farandulera" mi relación y estar en el centro de los medios no les agrada. ― explicó la peliazul, bebiendo un largo trago. ― No me importa, en todo caso. No tengo nada que esconder y ahora que cuento con el apoyo de papá, me siento tranquila.

― Eso me alegra mucho. ― murmuró Hanabi, sentándose a su lado en el escritorio. ― ¿Naruto no vendrá?

― Me dijo que no lo sabía todavía. Están grabando un nuevo single en casa de Sasuke. ― le contó la peliazul.

― ¿Y Sakura? Hace mucho que no la veo.

― Está tan sumergida en las grabaciones que apenas tiene tiempo de juntarse conmigo. ― acongojada, la peliazul pensó en su amiga y lo poco o nada que habían logrado hablar. Por whatsapp se había enterado de su accidente y lo tuvo que lamentar a la distancia, ya que no podía presentarse a verla. ―Esto de crecer no es agradable.

― A mí solo me preocupa jugar los sims. ― dijo Hanabi, haciéndola reír. ―Es verdad, ahora hay una expansión donde puedo ir al trabajo con mis monos.

― Ojala la vida fuese tan simple como la de esos monos. ― murmuró Hinata, levantándose del asiento y caminando hacia su bolso para guardar el cuaderno. ― Terminé de estudiar algebra y ya tengo el comienzo de una presentación que quiero hacerle a los colaboradores de papá.

― ¿Asumirás de inmediato con toda la responsabilidad? ―quiso saber Hanabi, sorprendida por aquello.

― La verdad es que espero estudiar economía o ingeniería para poder hacerme cargo del puesto que me quiere heredar papá. ― o al menos eso esperaba la peliazul. Tenía que aprender demasiadas cosas por el momento y no podía llegar y hacerse cargo de un puesto que requería conocimientos superiores y que en ese instante no poseía y dudaba que el corto tiempo lograse manejarlos.

― Hermana, decidan lo que decidan, sé que será lo mejor a los Hyuga. ― aseguró con convicción su pequeña hermana. ― Te quería hacer una pregunta.

― ¿Dime? ― Hinata puso toda su atención en Hanabi y esperó a que comenzara a hablar, dándole la confianza con una sonrisa acogedora. ― ¿Qué sucede, Hanabi?

― Digamos que tengo un pequeño problema. ― comenzó a decir la menor de los Hyuga. ― ¿Recuerdas que cuando ibas en mi mismo nivel de escuela, había una época del año donde los profesores intentaban que nosotras expandiéramos nuestras relaciones amistosas y nos enviamos cartas con alumnos de la escuela de hombres? ― le preguntó casi sin respirar. Hinata asintió. ― Pues bueno, me comencé a enviar cartas con un chico y… no sé, me agrada.

― ¿Lo has visto? ― Hanabi negó. ― ¿Nunca?

― Siempre me lo pide, pero me da vergüenza. ― Hanabi se tapó el rostro con las manos.

Hinata sonrió con calidez. Sabía que su hermana era tan tímida como ella.

― ¿Por qué no le das tus datos de internet? Facebook, Instagram o tu Whatsapp. ― Hanabi volvió a negarse. ― ¿Te da vergüenza?

― Más que eso, siento que lo decepcionaré. No soy tan guapa como el resto de las chicas de nuestra escuela. ― susurró abatida.

― Cariño, eres muy bonita. ― le dijo Hinata, acercándose a ella. ― Y si él al conocerte no te mira, pues piensa que no es para ti.

― Me decepcionaría demasiado. ― contestó la chica.

― ¿Recuerdas cuánto sufrí por Naruto? ― Hanabi asintió. ― Pues no me arrepiento de aquello. Sufrir, decepcionarse o tener pena por amor es lo más natural del mundo, Hanabi. No te puedes prohibir sentir algo por temor a lo que pensará el otro. Si él se ha encantado contigo por tus cartas, no debería importarle tu aspecto físico, aunque creo que hasta un ciego se daría cuenta de lo linda que eres. ― agregó Hinata, sonrojada al igual que su hermana, pero dichosa de sentirse útil para ella. ― No tengas miedo y si no resulta, puedes buscar en otro lado, o más que buscar, puede servirte para abrirte paso en un mundo diferente, donde los hombres son algo agradable para las mujeres y no solo seres molestos.

― Gracias, Hinata. ― la pequeña Hyuga abrazó a su hermana, sorprendiéndola, pero rápidamente Hinata la abrazó de vuelta y le dio un beso delicado en la cabeza. ― Si no me resulta, sé que tendré tu hombro para venir a llorar.

― Y también lo buscaré para golpearle por hacerte sufrir. ― bromeó Hinata, poniéndose protectora.

Hanabi entendió que su hermana era mucho mejor que antes y tener esa nueva relación la motivó por completo.

.

.

.

― Uzumaki, tengo la sensación de haber estado demasiadas horas contigo. ― reclamó Neji, mirándolo de reojo y con cansancio. ― ¿No tienes casa?

― Quiero ver a tu prima. ― Neji bufó agotado, pero resignado frente a su amigo.

El pelilargo no podía desconocer que cuando el rubio se lo proponía, lograba hacerlo recular en sus pegas frente a la relación que mantenía con su prima y en cierto modo los apoyaba en su noviazgo, aunque nunca se lo diría directamente.

― Hinata debería cambiar de novio. ― Naruto no se sintió siquiera ofendido. Tenía la certeza de que Neji era un aliado. ―Uno menos ruidoso.

― Estoy seguro de que te encanta que alguien tan genial como yo, parezca loro a tu alrededor. ― Neji entendió que Naruto no tenía la suficiente materia gris como para comprender que parecer loro no era una virtud admirable. ― Deberías valorar que me dé el tiempo de hacerte participe de mis conversaciones…

― Oh, por favor cállate. ― le rogó agotado e ingresando a la mansión Hyuga seguido por un sonriente Naruto. ― Hola.

Con una reverencia, ambos saludaron a dos de las chicas que procuraban mantener la mansión en su más alto apogeo. Pocos segundos más tarde, vieron a los padres de Hinata y Hanabi salir del despacho y quedarse frente a ellos. La mujer, como siempre, estaba sonriendo y los miraba expectante.

― Chicos. ― Naruto guardó las manos en los bolsillos y se obligó a no decir ninguna estupidez en, por lo menos, los próximos 30 segundos. Necesitaba mostrarse como un ser inteligente y no el idiota que era la gran mayoría del tiempo. ― Es tarde. ― les hizo ver la mujer.

― Tuvimos una grabación que nos liberó a esta hora, tía. ― Explicó Neji, mientras Naruto asentía detrás.

― No es una hora prudente para que visites a mi hija, Uzumaki. ― frente a esa confrontación de su suegro, el rubio agachó la cabeza.

― Cariño, déjalos en paz. ― intercedió la madre de Hinata. ― Ve a verla si quieres. Sé que estando acá sabrás comportarte a la altura de las circunstancias, Naruto, ¿verdad? ― una amenaza velada, entendió el rubio.

― Sí. ― alzando las manos en señal de no llevar nada, caminó lentamente hasta la escalera y comenzó a subir. Cuando iba por la mitad, escuchó la voz del patriarca.

― Una huella tuya en el cuerpo de mu hija y date por muerto. ― Fue una amenaza que surtió efecto, ya que el rubio subió de dos en dos, atemorizado, pero con una leve esperanza recubriéndolo: Tener a su suegra de aliada era lo mejor que podía pasarle en ese minuto, donde intentaba que confiaran en él, además de no poner en tensión al señor Hyuga.

―Uff… ― una onomatopeya que alertó a Hinata.

La linda chica estaba leyendo un libro sobre su cama, pero al ver al rubio frente a ella, cualquier interés por este desapareció y bajó de su cama para lanzarse a sus brazos.

― Pensé que no te vería. ― le dijo al separarse, sonriente y con sus ojos brillantes de amor. ― Me había resignado.

― Sé que es tarde, pero iban a ser dos días sin estar juntos. Ayer por ti, hoy por mí. ― arreglándole el flequillo, bajó la cabeza y le besó la nariz. ― Según yo, es demasiado tiempo.

― También para mí. ― Hinata se puso de puntillas y le dio un beso corto, pero profundo. ― Estaba estudiando algo de literatura y ya se me cerraban los ojos.

― Has estado bajo mucha presión el último tiempo, Hinata. Deberías descansar. ― la chica sabía que debía tomarse unos días de descanso, no obstante, todavía no era el momento. Habían temas delicados que debían esclarecerse y recién ahí se daría la chance de descansar. ― Hablaré con tu padre para que podamos ir a un pequeño viaje. Quiero que conozcas a mis padres.

― ¿Qué? ¿Cuándo? ― sonrojada, se volteó y recogió algunas cosas tiradas sobre su cama, evidenciando su nerviosismo. ― ¿Conocer a tus padres? ¿No crees que es muy pronto? ― Naruto junto el entrecejo, confundido.

― ¿No quieres conocerlos? ― Hinata negó a esa pregunta.

― No es que no quiera conocerlos, sino que me atemoriza decepcionarlos. ― El rubio bufó restándole importancia.

― No todo el mundo espera que seas perfecta, Hinata. Al menos yo no quiero eso. Solo espero que me quieras de la mejor manera y te aseguro que mis padres también quieren lo mismo. ― le tranquilizó. ― No es como si quisieran que llegara una lumbrera que resolviera sus problemas o una chica con cualidades marcianas.

― Samui era modelo. Y muy guapa. ― Naruto pensó que eso era producto de la inseguridad de Hinata, cosa que no podía desconocer, aunque en cierta medida lo desconcertó casi tanto como le molestó. ― No digas que no era así.

― Como dicen por ahí: "la belleza está en los ojos de quién la ve". Samui fue mi ex novia y eso es algo innegable. ― comenzó a decir el rubio. ― Pero aquello no significa que todas las mujeres que vengan después estén bajo un escrutinio donde las comparo con ella. Mucho menos mis padres buscan semejanzas. Aparte, cariño, ellos saben que llevo tanto tiempo enamorado de ti, que celebran conmigo el haber conseguido que me volvieras a querer.

― Nunca he dejado de quererte, mal hablado. ― le recriminó la chica.

― En algún momento me hiciste vivir una pesadilla. ― Hinata se sonrojó, aunque sin sentirse ni un poco arrepentida. ― Todavía miro a Kiba con receloso. ― Bueno, en ese minuto si sintió arrepentimiento.

― Soy una tonta, pero eso es por la edad. ― se disculpó avergonzada. ― Estoy creciendo y poco a poco lograré ser más segura. ― le prometió muy convencida.

― Ya no tartamudeas cuando estás conmigo. ― le hizo ver el rubio. ― Eso es un gran avance para mí. Uno de los más importantes.

― Confío en ti. ― Naruto se acercó donde ella y la abrazó para esconder su rostro en el cuello de la chica. ― ¿De verdad tus padres no se decepcionarán?

― ¿Por qué crees eso? ― le preguntó sin comprender. ― Ellos saben lo que significas en mi vida, lo importante que eres y si dijesen algo que te incomodara, yo sería el primero en defenderte. ― le aseguró. ― Mis padres tienen claro quién eres tú en mi vida y eso quiero que vean, ¿estás dispuesta a conocerlos y a hacerte parte de mi familia?

― Creo que… sí. ― respondió ella, temiendo por dentro, pero intentando irradiar seguridad. ― Tú ya conoces a mi familia.

― Y aunque lo detesten, ya formo parte de ella. ― Hinata sonrió teniendo claro que, aunque su padre quisiese que otro fuese el yerno, comenzaba a aceptar la presencia del rubio en su vida. ― Debo irme.

― Sí, ya es tarde.

Igualmente, no quería separarse de él, pero una de las reglas claras que había dejado Hiashi, era que lo podía recibir en su casa hasta cierta hora y no quería pasar a llevar ese mandato.

― Entonces iremos donde mis padres. ― concluyó el rubio, dando por asumido ese plan.

― Sí.

― No viven en Tokio, así que será un viaje largo y debemos quedarnos fuera. ― le advirtió el rubio, causando un resquemor en la chica. ― Puedo hablar con tus padres.

― ¿Cuándo planeas que sea esto? ― Naruto sacó cuentas rápidas y recordó que tendrían un gran festival a finales de abril, por lo tanto, y tomando en cuenta que, para esas fechas, ya su relación con la chica sería mucho más larga, a la vuelta del Coachella no estaría mal hacer el viaje.

― Después del Coachella. ― le comentó.

Hinata lo pensó unos segundos, para asentir lentamente.

― Será duro que acepten. ― dijo temerosa. ― Pero podemos conversarlo. ― agregó esperanzada.

― Esa es mi chica. ― murmuró con orgullo el rubio, para luego darle un largo beso a su novia.

Hinata se separó de él al escuchar pasos en la escalera y lo alejó torpemente para hacerse los desentendidos.

La cabeza de su madre asomó por el marco de la puerta y alzando una ceja, los miró.

― ¿Puedo pasar? ― Hinata asintió, con sus manos en la espalda y pasando la lengua por sus labios, aunque procurando de que su madre no se diera cuenta de ese detalle. ― Ya es tarde. ― dijo con cautela, lanzando una indirecta.

― Sí, ya me iba. ― dijo Naruto de inmediato, mirando a la mujer.

Tanto Hinata como ella, eran muy parecidas, aunque su novia tenía el pelo más azul.

― Tu padre está algo nervioso allá abajo porque llevan mucho tiempo solos. ― comenzó a decir la mujer, mirando a su hija y a su yerno. ― Pero confío en ti, Naruto.

― Madre, no es necesario que hablemos de esto… ― susurró muy roja la peliazul. ― Naruto ya se va.

― Hinata, yo también tuve tu edad. ― No, por favor, pensó la chica, que no comenzara a contar sobre sus experiencias amorosas. No estaba dispuesta a oír ni a comparar lo que vivía a ella con lo que había vivido su madre. ― Y conozco las hormonas revolucionadas.

― Mamá… ― susurró suplicante.

― No les daré una charla sobre sexualidad. ― Hinata cayó sentada sobre la cama, asustando a los presentes. ― ¡Cariño! ― gimió asustada la mujer, corriendo hasta su hija. ― ¿Estás bien?

― Mamá, ¿podríamos hablar ciertos temas en… privado? ― tartamudeó. ― Naruto, ¿nos vemos mañana?

― Ok. ― dándole un beso en la frente y una mirada algo temerosa a su suegra, salió de la mansión Hyuga.

― Lamento ser tan intrusa, pero eres mi hija mayor y es la primera vez que me enfrento a un novio tuyo. ― Hinata asintió.

― Es mi primer novio. ― le comentó.

La mujer la miró fijamente, para luego bajar la cabeza, sentarse a su lado y soltar un largo y muy sentido suspiro.

― He sido una mala madre, ¿verdad? ― Hinata frunció el entrecejo, sin alcanzar a responder. ― Las deje en momentos cruciales de su vida para poder ayudar en la compañía que con tanto esfuerzo tu padre ha levantado. ― le dijo, lamentándose enormemente por ello. ― ¿Sabes? Nuestro matrimonio fue planificado desde que éramos niños.

― ¿En serio? ― Hinata abrió los ojos incrédula y miró a su madre. ― Eso es horrible.

― Se es horrible cuando no quieres a la persona, pero yo estaba enamorada de tu padre desde que tengo memoria. ― le contó. ― Sin embargo, él no de mí.

― Pero papá… ― la mujer sonrió con tristeza. ― ¿Papá no te ama?

― Puede que ahora sí. La verdad es que no lo sé. ― respondió sincera. ― Ahora que estás grande, siento que es más fácil que comprendas todo. Tu padre se casó conmigo cuando yo apenas tenía 17 años y el 23. Éramos unos niños sin mucho futuro, pero la verdad, es que yo me sentía pletórica por tener al hombre de mi vida a mi lado. Me sentía una ganadora, la más fuerte; por fin mi sueño se hacía realidad: Hiashi era mi marido y nada ni nadie me lo quitaría… eso pensaba cuando nos casamos. Toda una vida mirándolo a hurtadillas, suspirando por él y admirando su determinación en todo. Agradecí enormemente a tus abuelos por tener negocios con él. Por darme la posibilidad de que pudiésemos estar juntos.

― Pero… ― dijo Hinata, sabiendo que había un gran dolor para su madre en eso.

― Pero él no me amaba. Estaba enamorado de otra mujer, su novia. ― Hinata la miró horrorizada. En cierta medida se parecía a su historia con Naruto. ― Y yo me vine a dar cuenta cuando para nuestro primer aniversario de matrimonio, él se fue de viaje. Pensé que me tendría una sorpresa y lo seguí, encontrándomelo con ella. ― la peliazul se tragó un sollozo con profundo pesar. ― Al verlos, mi mundo se derrumbó por completo. Mis sueños se acabaron y me desgarré por dentro.

― ¿Y qué te dijo él? ― Hinata vio a su madre sorber su nariz de forma poco glamorosa, tomando en cuenta de que la señora Hyuga era de lo más alta alcurnia que se conociera. ― ¿Qué dijo, mamá? ― insistió, entregándole un pañuelo.

― Me pidió perdón y juró nunca más volverse a ver con ella, pero el daño ya estaba hecho y para mí todo se volvió un infierno de celos e inseguridad. Lo veía salir y me imaginaba que se encontraba con ella en algún hotel para dar rienda suelta a su pasión. Lo vislumbraba tocándola, acostados en una cama gritando sus nombres mientras yo me estaba muriendo por dentro. ― Hinata se agarró las sienes, sintiendo parte del dolor de su madre. ― Pero era una adolescente, poco mayor que tú y muy enamorada. Pensé que embarazándome lo lograría cazar por completo, obligándolo a fijarse solo en mí. Luego de 2 años intentándolo, quedé encinta de ti. Fuimos felices un año entero, donde yo creí que todo estaría muy bien, pero mi inseguridad volvió un día que fui a verlo a la oficina, contigo en brazos y la vi a ella, como secretaria en un piso inferior. Quedé de una pieza.

― ¿Ella que hizo? ― la mujer sonrió con tristeza frente a la pregunta de su hija.

― Me miró aterrorizada y te miró a ti con profundo dolor. ― le contó. ― Llegué hasta donde tu padre y le pregunté porque estaba esa mujer trabajando con él. Me explicó que no la podía dejar sin trabajo, porque se encontraba en una compleja situación económica. Le amenacé con destrozarle la vida si no la echaba y él me instó a que lo hiciera, que me atreviera, desafiándome. Al final, me aseguró que nunca la echaría porque ella era un buen elemento y que no la perdería por mis celos absurdos. ― Hinata masculló un improperio, sorprendiéndose y sorprendiendo a su madre. ― No digas palabrotas.

― Papá es un idiota. ― su madre asintió sin poder negarlo.

― En ese tiempo lo era mucho. ― aceptó con cierta gracia. ― Dejamos de dormir juntos un tiempo, ignorándonos mutuamente, hasta que un día se me acercó, diciéndome que no podíamos seguir así. Que él no quería perder su matrimonio por una estupidez como aquella. Yo le recordé que no era cualquier estupidez, sino que esa mujer había sido su pareja antes y durante parte de nuestro matrimonio. Algo así no se olvida con facilidad. ― Y Hinata pensó que en eso tenía mucha razón. ― Pequeños detalles y conversaciones fueron dando paso a una tregua que terminó por afianzarse cuando volvimos a dormir juntos. Ahí fue cuando concebimos a Hanabi. Una época extremadamente feliz y prospera. ― le contó con templanza. ― Pero pronto las cosas se escaparon de las manos. Tus tíos tuvieron ese accidente, Neji se vino con nosotros y parte de la empresa comenzó a decaer por no tener un directivo como tu tío en la junta general. Con mucho miedo, pero convencida de que sería una gran ayuda, le propuse a tu padre hacerme cargo de la filial en Europa. Se negó en rotundo. ― Hinata asintió, esperando por más información. ― Dijo que él mientras viviera, no aceptaría que su mujer trabajase y lo avergonzara de ese modo. Me sentí una inútil, pero no me rendí y pidiéndole ayuda a un ex compañero de clases que era experto en finanzas, conocí el rubro y le hice una propuesta formal a tu padre. Cuando el resto de la junta directiva la vio, la encontró fabulosa y aceptó, pero él se negaba en rotundo de aceptarme dentro de la compañía.

― ¿Cómo lo convenciste? Antes de su ataque, todo lo relacionado con la empresa y su matrimonio estaba yendo bien. ― la mujer negó con su cabeza.

― Me impuse frente a él y le dije que, si no me permitía llevar a cabo mi proyecto, pediría el divorcio. Viéndose acorralado y temiendo perder el estatus que tenía de hombre casado, aceptó a regañadientes, siempre esperando que me equivocara para poder lanzármelo a la cara. ― en ese minuto, la guapa mujer miró a su hija y con las lágrimas vivas corriendo por su rostro, le tomó las manos. ― Las abandoné para demostrar un punto, que al final casi me costó nuevamente mi matrimonio y mis hijas. Lloré profundamente mucho tiempo y en cada reunión que tenía con tu padre en Europa, le rogaba que me trajera fotos suyas. Las vacaciones que pasaban conmigo se me hacían demasiado cortas y sufría mucho. Tu padre en cierto modo las usó, sin mala intención, para recordarme que tenía una familia en Japón prácticamente abandonada. ― Hinata le secó una lagrima y le sonrió con tranquilidad.

― Mami, reconozco que el tiempo sin ti fue muy triste, pero lo aceptaba, porque entendía que era la vida que me tocaba vivir. Me siento muy orgullosa de ti y de todo lo que lograste junto a papá. Nos diste más de lo que el resto esperaba de ti y lo sé porque ahora tengo conocimiento gracias los papeles de la compañía y noté como crecieron con tu ayuda, proyectos y la creación de áreas que tú propusiste. ― le tranquilizó la chica. ― Eres genial y todos lo sabemos.

― Eso no quita que me fuera y tuviese que ver desde lejos como crecían. Temía el día en que llegara acá y me encontrara contigo casada y con hijos. ― confesó apenada la mujer.

― ¿Por qué viniste tan poco a Japón? Casi siempre viajábamos nosotras allá. ― le preguntó muy curiosa.

― Cuando me fui, tuve una gran pelea con tu padre y él me amenazó con volver con su ex novia. ― Hinata dejó de respirar. ― Lo encontré tan rastrero y me hirió profundamente, pero ya no era la niña que temía por perder su amor. Lo seguía amando, eso no lo dudé jamás, pero había dos personitas que quería todavía más. Tres más bien, porque Neji se volvió casi un hijo para mí y ustedes me dieron la fuerza para enfrentarme a tu padre, hacerle ver que era una táctica muy nauseabunda, pero si quería volver con ella, yo no me interpondría. Al fin y al cabo, pensaba en ese entonces, yo había sido la que se metió en su relación. ― la mujer sonrió de medio lado. ― Nunca olvidaré su cara. Fue un verdadero poema y se puso lívido.

― Horrorizado. No me lo imagino. ― comentó Hinata.

― Se espantó mucho, pero no opinó más y me dejó ir. Nos juntábamos de vez en cuando en algún lugar y hablábamos de la compañía la mayoría del tiempo, pero hay necesidades… ― ambas se sonrojaron. ― Eso era lo mejor.

― ¡Mamá! ― la mujer volvió a tener la compostura de siempre y siguió hablando.

― Hace algunos meses, me llegaron nuevos contratos y uno de ellos llamó mucho mi atención. Era el contrato de esta mujer, que volvía nuevamente a la compañía para trabajar en la subdirección como asistente. Eso era a un lado de tu padre. Olvidando mi orgullo, lo llamé y él me lo confirmó.

― ¿Volvió con ella? ― Hinata vio a su madre alzarse de hombros. ― Mamá, ¿le permitiste engañarte otra vez?

― Siempre lo negó, pero en ese minuto, cuando lo supe, le dije muchas cosas. Que lo odiaba por haberme roto el corazón cuando adolescente. Que yo siempre lo había amado a pesar de todo y que le había perdonado su infidelidad, pero que no estaba dispuesta a seguir humillándome más por él, cuando todos en la empresa sabían que había estado a punto de casarse con ella si no hubiese sido por mí y el arcaico acuerdo de matrimonio. ― sobándose la frente, la mujer carraspeó. ― A los días envié mi renuncia y me desligué de la empresa por completo. Salí de la sede en Europa y me fui a descansar unos días a Miami.

― Papá nunca nos dijo. ― la mujer negó.

― Le advertí que a ustedes no las molestara con nuestros problemas. ― Hinata asintió. ― Fueron solo 5 días, pero tu padre se desesperó tanto, que fue a buscarme por todas las filiales y averiguó sobre todos los lugares que usábamos en Europa y el mundo como hoteles y casas. Al volver de mi viaje catártico dispuesta a enfrentarme a él, me lo encontré en mi departamento. Tenía mi ropa en una de sus manos, mientras en la otra tenía una botella a medio beber.

― ¿Papá hizo eso? ― su madre asintió. ― ¿De verdad? Esto es increíble.

― Al verme, se levantó y me abrazó como nunca antes lo había hecho. Hasta su cabello largo estaba enredado y a medio peinar. Me tomó el rostro entre las manos y me besó. ― Hinata agachó la cabeza, avergonzada. ― Entiendes lo que pasó, ¿verdad? ― la peliazul asintió sin mirarla. ― ¿Tú y Naruto…?

― No, mamá. No ha pasado. ― respondió rápido, atropellándose con las palabras. La mujer asintió suspirando.

― Pero dudo que no pase. Me gustaría llevarte al médico. ― Hinata comenzó a enrojecer a punto de desmayarse. ― Cariño, cálmate. Es algo normal. Solo quiero que estés precavida.

― Volvamos a lo tuyo. ― La mujer asintió. ― ¿Qué pasó después?

― No podía perdonarlo. Me era imposible y se lo dije. Tu padre me rogó que lo entendiera, que él consideraba a esa mujer un buenísimo elemento, que tenía muchos conocimientos y que venía de perilla al puesto, pero para mí eso no bastaba. Me aseguró que no la amaba, que nunca lo había hecho, que solo había sido un escape para el estrés en el que se encontraba y la rabia que tenía de verse obligado a casarse conmigo cuando pensaba que era un hombre lo bastante maduro para tomar decisiones solo. Eso me dolió, porque sentí que él intentaba escapar de mí y en un arranque de rabia, le pedí el divorcio, echándolo. ― la mujer nuevamente comenzó a temblar. ― Lloré mucho, pero me recompuse y organicé todo para venirme a Japón con ustedes, pero antes, le envié los papeles de divorcio a tu padre. Me llamó a los dos días y con un tono de voz muy bajo, profundamente herido y apenado me preguntó por qué. Yo le dije que era lo mejor, que debíamos separarnos por el bien de ustedes y sobretodo del nuestro. Me colgó sin despedirse… ― un largo respiro. ― Luego vino tu pelea con él. Gracias a Neji me enteré de tu reciente relación y me aterroricé, porque supe que tu padre no se lo tomaría bien. Ya con todo planeado, tenía vuelo para dos días más tarde, cuando me llaman del hospital avisándome que tu padre había tenido un infarto y se encontraba grave. Eso fue lo más horrible que he pasado en mi vida. Me destrozó por completo y más verlo sobre ella camilla, con mascarilla y una maquina mostrando sus pulsaciones. Era como una escena de película. ― Hinata le dio la razón, pensando que ella lo había visto del mismo modo. ― Fui un cero a la izquierda tanto para él, como para ustedes. Me comporté como una neurótica.

― Yo lo entendí, madre. Lo amas.

― Y temí perderlo. Neji se encargó de los negocios mientras yo estaba con un ataque de nervios el cual me obligaba a estar dopada. ―Hinata recordó aquellos momentos y se le atenazó el corazón. ― Cuando reaccionó y salió del coma, lo primero que le dije fue que no quería el divorcio. Que, aunque él no me amara, yo si lo hacía y no lo perdería por eso.

Hinata sonrió llena de dicha.

― ¿Y que respondió papá?

― Cerró los ojos y suspiró, como quitándose años de encima. Años de sufrimiento, distancia, pena y dolor. No habló, pero tomó mi mano y durante horas no me soltó. Para mí eso fue una muestra de amor más grande que sus palabras.

― Pero recién me dijiste que no sabías si él te amaba.

― No lo sé por su boca, pero si lo sé por sus gestos. ― tirándose el cabello para atrás, se sonrojó. ― Me lo ha demostrado de muchas formas el último tiempo. Salimos a cenar como no lo hacíamos antes o vamos al cine. ― le contó feliz, como un niño con su dulce favorito en las manos. ― Dejamos el trabajo de lado y ahora trabajamos en conjunto, apoyándonos. Él valora mis conocimientos y se siente orgulloso de ellos. Confía en mis palabras y propuestas y eso ha hecho crecer la empresa.

― ¿Entonces no asumiré prontamente? ― les preguntó esperanzada. ― Me encanta aprender, pero también es agotador y me siento muy joven para asumir ese gran cargo.

― Te interiorizarás con todo el manejo de los negocios, pero asumirás cuando tu padre y yo estemos listos para dejar nuestro trabajo de lado, aunque eso será pronto, así que no te hagas muchas ilusiones. ― le advirtió, reventando de inmediato su globo de alegría. ― Disfruta de tu relación con responsabilidad.

― Es lo que hago, mamá. ― dijo cansina. ― Naruto quiere que conozca a sus padres.

― Ve y muéstrale lo bella que eres. ― Hinata revolvió sus manos. ― ¿Qué pasa? ¿Crees que no les gustará? Déjame decirte que, si ellos no te valoran, los mato.

― No, no se trata de eso. ― temerosa la miró. ― Los padres de Naruto viven fuera de Tokio y para ir a verlos hay que viajar bastante.

― Por lo tanto… ― inquirió la mujer.

― Debo quedarme fuera… con él. ― la madre de Hinata asimiló la información lentamente. ― Sé que es fuerte que te pida permiso para quedarme junto con él, pero tampoco es justo no conocer a sus padres por sus propios resquemores, madre. Soy madura para mi edad.

― En el sexo no se mide la madurez de las personas. ― Hinata se sonrojó. ― Pero pensar que por ir allá terminarás en su cama es idiota, tomando en cuenta que también lo pueden hacer acá.

― Nunca hemos estado juntos. ― le informó la chica. ― No me siento preparada.

― Hazlo cuando creas que es correcto y que él no te presione.

― Me respeta. ― le contó la chica. ― Mucho y me gusta que sea así.

― Algún día me tienes que contar su historia de amor. ― Hinata asintió, expectante por la respuesta de la mujer. ― Sobre lo otro…

― Lo conversaremos más adelante. ― la voz de su padre las interrumpió, haciendo que ambas mujeres se sonrojaran.

― ¿Qué oíste? ― preguntó la madre de Hinata, aterrada.

― Mucho más de lo que te gustaría. ― a pesar de ello, los ojos de Hiashi no mostraban ningún rencor ni molestia. Más bien se veían aliviados. ― Hinata, a dormir. Mañana tienes clases y luego junta con más directores.

― Si padre. ― como hija obediente, esperó a que salieran, pero antes, su madre se devolvió y le besó la frente.

― Intentaré interceder por ti. ― guiñándole un ojo, salió delante de su marido.

Hiashi se volteó donde su hija y le regaló una sonrisa, algo inédito, pero con la certeza de que aquello volvería a suceder.

― Buenas noches, Hinata. ― dijo el hombre.

― Buenas noches, padre. ― apenas cerraron la puerta, la chica corrió hasta ella para poner la oreja en la madera.

¿La dejamos ir? ― silencio. ― Es madura para su edad

Si vi que confías en ella ― ¿Aquello era un reproche? Pensó la chica. ― Pero me alegro. Se merecía entender porque tuvo que crecer con un padre tan lejano y una madre en otro continente.

No eres lejano. ― intentó reconfortarlo la madre de Hinata. ― Eres más frío.

Pero los quiero, Hisae, son mi familia. ― una pausa. ― Y a ti te amo, como tú también me amas a mí. Fui un idiota en un principio y muchas veces puse mi orgullo sobre ti, creyéndome superior. Te lastimé al incluir a Meyi en la plantilla no una, sino que dos veces, pero jamás lo hice intentando volver con ella. Verdaderamente era un buen elemento, no obstante, aprendí la lección. No quiero despertarme una mañana nuevamente sin mi mujer a mi lado, con unos papeles de divorcio en el escritorio y un maldito rumor que te involucraba con un estadounidense.

Algo que nunca pasó. ― replicó su madre. ― Rumor malintencionado de algún directivo.

A pesar de que no me gusta recordarlo, este problema me dio la oportunidad de volver a tener a mi mujer a mi lado. ― palabras esperanzadoras. ― Nunca le diré a ese tipejo que gracias a él estoy contigo otra vez. ― Hinata notó el cambio de tema y supo que se referían a su novio.

Naruto se merece saber que lo valoras por esto. Que, por su tozudez y tu infarto, dejamos atrás las peleas. ― le dijo Hisae, dulcemente.

Solo servirá para hacer crecer su ego que ya está desmedido y se creerá con la libertad de salir junto con mi hija por todos lados. Eso no lo permitiré. ― amenazó con frialdad.

Tengo pensado darle permiso para ir donde sus padres. ― dijo la mujer. Hiashi carraspeó, por lo que logró oír Hinata. ― ¿Me apoyarás?

Si no lo hago, de algún modo te vengarás. ― Hinata rió. Su padre estaba entre los hombres que agachaban la cabeza frente a sus mujeres. Nunca se lo esperó. ― Más adelante se lo permitiré, no ahora.

Algo es algo. ― unos nudillos tocaron su puerta. ― Cariño, deja de oír. Ya tienes la mitad del permiso listo.

Sonrojada se metió bajo las tapas de su cama sin siquiera ponerse el pijama. Había sido descubierta, pero no le importó. No le contaría las buenas noticias a Naruto hasta que estuviera todo confirmado.

A pesar de eso, sonrió esperanzada por todo, pero sobretodo por su madre. Era un hermoso comienzo para la familia Hyuga. Un recomienzo con todo lo que debía conllevar; amor, pasión, entrega y ternura.

El viejo Hiashi se volvería loco por tanto sentimiento, aunque ahora lo enfrentaría mejor, al menos eso creía Hinata y verdaderamente, no se equivocaba.

14.

― Chicas, llegó Sasuke. Está subiendo. ― como niña pequeña, Sakura corrió a buscar sus zapatos que habían quedado tirados sobre la alfombra de la sala y saltó del mismo modo para ponerlos rápidamente sin sentarse. ― ¿Cómo me veo?

― Bien, Saku. Y si te vieras mal, ese hombre ni se fijaría. ― dijo Tenten, lanzando un largo bostezo. ― Tsubasa, conocerás a Sasuke.

― Es mi novio. ― le advirtió bromeando la pelirosa, haciendo un gesto con sus dedos bajo los ojos: "te estoy vigilando".

― Solo lo miraré, tonta. ― le reclamó el rubio, arreglándose la ropa y el cabello. ― Pero déjame darle, aunque sea, un abrazo.

― Dudo que él te permita esa cercanía.

― Una fotografía entonces. ― le rogó el chico, casi saltando de emoción. ― Nunca esperé que una súper estrella de ese tamaño llegase a nuestra sala, Tenten. Y no es tanto lo físico; simplemente amo su música. ― El rubio saltaba de emoción por aquello. Era un sueño hecho realidad.

Cuando el sonido de los nudillos tocando la puerta alertaron a los presentes, Ino fue a abrir. Sasuke estaba tras la puerta, con sus gafas sobre la cabeza y 4 personas tras él.

― Señor Uchiha, éste es el departamento de la señorita Tenten. ― le indicó un hombre canoso. ― Esperemos su estadía en nuestro edificio sea muy grata y cualquier cosa no dude en pedirla. Estamos a su entera disposición.

― Yo como presidente de la junta vecinal, le invito cordialmente a visitarnos cuando guste…

― Yei, cállate. Cuando dejes de cobrarnos hasta por respirar acá, te permitiremos ver a Sasuke. ― Dando por terminada la cháchara de todos esos lamebotas, Tenten les cerró la puerta en la cara, antes de entrar al moreno al departamento. ― Hola, Uchiha.

― Hola, Cleo. ― la molestó él, ganándose un golpe despacio en su hombro. En cierta medida, había confianza con la chica. ― ¿Y Sakura?

Todos se voltearon a mirarla, pero la chica había desaparecido. Ino frunció el ceño.

― Recién estaba acá. ― La iban a buscar, cuando salió desde el pasillo que había para llegar al baño. ― Ahí viene.

Con su carita lavada y su pelo tomado, se veía como niña pequeña, pero poco le importó al moreno verla de esa forma. Ya la conocía en cada uno de sus estados y la encontraba muy guapa en cada uno de ellos.

― Fui a lavarme el rostro para despertar. Muero de sueño. ― reclamó al aire. ― ¿Cómo les fue en la grabación?

Le preguntó al acercarse y cuando estuvo frente a él, se puso de puntillas y le besó los labios. Eran una pareja y nadie dudaba de eso.

― Estuvo bien. ― respondió con poca elocuencia. ― ¿Vamos?

― ¿No quieres nada? ― le preguntó Sakura, mirando a Tsubasa que revolvía sus manos ansioso. ― Sasuke, te quiero presentar a alguien.

― ¿Quién? ―preguntó de inmediato, frunciendo el ceño.

― Él es Tsubasa. Es el mejor amigo de Tenten, un gran modista y muy fans tuyo. ― El chico rubio estiró la mano como robot y Sasuke se la estrechó con algo de inseguridad.

― Tienes la voz más espectacular que he escuchado. ― habló con un tono igual de robótico que sus gestos corporales.

Hizo tres reverencias tieso y soltó su mano con lentitud, mirándolo sin creer que estuviera frente a él.

― Gracias. ― susurró el moreno. ― No te pongas tan tenso. ― dijo Sasuke, intentando tranquilizarlo. Se veía demasiado aterrado.

― Oh por Dios, Sasuke me está aconsejando. ― hiperventiló el amigo de Tenten, tirándose aire. ― Estoy a punto de desmayarme.

― Respira hondo, idiota. ― lo molestó Tenten.

― Le traeré un vaso con agua. ― dijo Ino, haciendo que el rubio se sentase antes de ir en busca del brebaje que, esperaba, lograra calmar sus nervios destemplados.

― Sasuke es pesado y mal genio. No lo mires como un Dios, porque después no hay como bajarle los humos. ― dijo Sakura, sonriendo con malicia y soltando una risotada al sentir los dedos del moreno picar en sus costillas. ― ¡Sasuke!

― Eso te pasa por pesada. ― se defendió el moreno. ― Tsubasa, ¿verdad? ― el rubio asintió todavía impactado. ― Sakura dijo que eras un gran modisto. ¿te especializas en algo?

― En lo que me pidas. ― respondió de inmediato, atropellándose con sus propias palabras.

― ¡Hey, es mi novio! ― le reclamó la pelirosa, viendo en la respuesta del chico una sugerencia a aceptar lo que el moreno quisiese pedirle, incluso peticiones sexuales. ― Está conmigo.

― Necesito un traje de gala para algunas semanas más, ¿me lo podrías confeccionar? ― le preguntó Sasuke, ignorando por completo el reclamo de su novia y sus elucubraciones desviadas.

― Por supuesto. Es cosa de que me digas que tela te acomoda y te lo haré. ― Sasuke asintió.

― Debe combinar con el de Sakura. ― la pelirosa se volvió a mirarlo sin entender. ― Será para la fiesta de compromiso de Kiba.

― Oh, verdad. ― Sakura asintió. ― Quiero algo que combine, pero no que parezcamos pareja de pingüinos.

― Recuerden que yo también soy modista. ― les hizo ver Tenten, levantando su mano.

Ino llegó con el vaso con agua y se lo entregó a Tsubasa, quién se lo tomó de un solo trago.

― Denle trabajo a esta chiquilla para que se pueda ir a su querido Paris. ― bromeó la rubia. ― ¿Me llevan hasta el departamento de Sakura? ― les pidió Ino, cambiando de tema.

― Sí. ― dijo la pelirosa, sin importarle la respuesta que pudiese dar el moreno, aunque este tampoco se negaría. ― Tenten y Tsubasa podrían hacernos los trajes, ¿te parece? ― le propuso la chica a Sasuke.

― Por mí lo que te acomode a ti. ―respondió el moreno como un tonto enamorado.

Tanto Sakura, como Ino y Tenten lo molestaron haciendo sonidos de ambulancia, cosa que enervó el genio del moreno.

― Sasuke, no te molestes. ― le dijo Sakura todavía riendo. ― Nos iremos. ― dándose una vuelta, besó y abrazó a Tenten y Tsubasa. ― ¿Te gustó mi novio, Tsubasa?

― Parece de mentira. ― respondió el chico, estirando su mano para dársela a Sasuke. ― Un gusto conocerte y espero tu llamado para concertar una cita. Antes de que se vayan, ¿podríamos tomarnos una fotografía? Necesito el recuerdo físico de que estuviste a mi lado.

El moreno aceptó y Tenten fue la encargada de hacer la toma. Tsubasa se encontraba pletórico al verse con esa suerte y lo demostró en una sonrisa enorme que atravesó su cara.

― Insisto, no me gusta como le coqueteas a Sasuke frente a mi nariz. ― dijo Sakura al verlos terminar con la fotografía. Mirándolo suspicazmente, caminó sin perderlo de vista y se abrazó al moreno, que, enrolando los ojos, caminó junto con ella. Ino lo hizo detrás y le besó las mejillas a ambos.

― Nos vemos. ― cuando el trio salió del departamento, Tenten miró a su amigo que todavía estaba con sus ojos fijos en la puerta.

― Espero no se hayan encontrado con la bola de imbéciles que subió junto con él. ― Tsubasa no respondió. ― ¿Tan sorprendido te dejó? Ni que fuera la gran cosa, en verdad. ― bromeó la chica, sentándose.

― Tenías razón. ― la castaña frunció el ceño sin comprender. ― En lo que me dijiste cuando llegaste de los Ángeles.

― ¿Qué Neji es un idiota? ― inquirió, tirando propuestas hasta achuntarle. ― ¿Qué eres un farandulero?

― Que la relación de Sakura con Sasuke va más allá de algo físico. ― murmuró como todo un sabio y erudito en los temas amorosos. ― Ellos se adoran.

― ¿Ves? Te dije que no había nada asqueroso entre ellos, por algo yo, que soy la más reacia a apoyar el abuso por parte de mayores, los apoyé. ― le dijo dándose como triunfadora. ― Para que veas que tu diosa Tenten nunca se equivoca.

― Ellos están destinados. Eso es algo seguro.

― Y así será por el resto de sus días. ― agregó Tenten.

― Amén.

15.

Ino resolvió que no era necesario empeñarse tanto en limpiar la cocina. Un plato de hace dos días y un vaso con la misma cantidad de tiempo, reposaban sobre el fregadero esperando ser limpiados. Luego de eso, podría descansar sobre el sofá sin tener la presión de moverse a hacer algo.

Estaba empecinada en su corta tarea de dejar relucientes los servicios y que la cocina volviera a su esplendor, cuando su celular sonó. Secándose las manos en los muslos de su pantalón y respondió sin reconocer el número.

― ¿Diga? ― silencio. ― ¿Alo? ― habló otra vez, esperando señales de vida desde el otro lado.

― Ino. ― su cuerpo se paralizó al oír esa voz. ― Soy yo…

― ¿Mamá? ― un carraspeo desde el otro lado fue la señal de aceptación.

― Necesito pedirte ayuda. ― nuevamente con lo mismo. Ya encontraba raro que en más de un mes no hubiesen comenzado con sus exigencias. Para ser padres separados y personas que decían odiarse con furia, eran muy parecidos. Su padre y su madre eran calcados. ― Tengo deudas.

― Yo también las tengo. ― respondió ella, moviendo su cabello hacia a un lado, distrayéndose con ese gesto.

― Pero las mías son millonarias. ― Nuevamente la misma historia. ― Tu padre dice que no me pasará más dinero.

― Papá tampoco tiene mucho. ― le recordó la rubia. ― Sabes que hasta hace poco, gran parte de mi sueldo se lo entregaba a él y te lo pasaba a ti.

― Tampoco es para que me lo saques en cara. ―le reprochó la mujer. ― No me gusta mendigarte.

― Para ser algo que no te agrada, pones bastante empeño en superarlo. ― contestó irónicamente. ― No tengo dinero para pasarte. Estoy juntando para mis propias cosas.

― No puedo vivir en Italia sin tener una entrada de dinero. ― dijo la mujer desde el otro lado. ― Sabes que te lo devolveré todo.

― Me quitaste la herencia de mis abuelos. Le quitaste hasta el último peso de la florería a papá y después quisiste seguir estrujándome a mí. ― desde el otro lado escuchó un quejido. ― ¿No crees que ya es hora de que dejes de comportarte como una niña y busques tus propias soluciones? Ni siquiera has estado presente en mi vida como para que yo me sienta en la responsabilidad de darte dinero. ― le recriminó sin suavizar la realidad. ― Ahora vivo sola y tengo cosas que mantener.

― Si te dejé con tu padre fue porque él tenía la solvencia económica para protegerte y ampararte. Sabías que ganaba bastante dinero para los dos. ― Ino enroló los ojos bufando. ― No es mi culpa que haya hecho malos negocios que lo llevaron a la quiebra. Tampoco esperaba que nuestra propia hija nos diera la espalda de este modo.

― ¿Chantaje emocional? ― le preguntó mordaz. ― Me dejaste junto a un golpeador que no ha dudado en levantarme la mano para corregir ciertas conductas mías que no le agradan.

― ¿Te volvió a golpear? ― el silencio fue la clara respuesta de la rubia. ― Ino. ― insistió.

― Sí, lo volvió a hacer. ― el jadeo de espanto de su madre le causo risa. ― No te hagas la impresionada ahora, mamá. Tú también viste como se enceguecía golpeándome y no hiciste nada, porque le tenías miedo. ¿Fuiste golpeada por él al igual que yo?

― Sí. ― Así que Inoichi no era ni el padre, ni el marido del año. Y todavía tenía la desfachatez de aparecerse y exigirle cosas.

Si su padre volvía a pedirle dinero, se negaría por completo. Era su sutil venganza luego de años de sometimiento. Ya no aguantaría lo mismo.

― ¿Cuánto necesitas? ― no tenía mucho ahorrado, pero podría entregárselo a su madre para que solventara algunos gastos.

― 500 mil yenes. ― respondió.

― ¡¿Qué?! ― gritó Ino. ― Yo no tengo tal cantidad, mamá. Con suerte poseo 50 mil.

― Igualmente me sirven. ― respondió de inmediato, temiendo encontrarse sin esa entrada por ponerse pretenciosa. ― Te envío mis datos bancarios a través de un mensaje, ¿te parece?

― ¿Ni siquiera me preguntarás como estoy, ni qué hago? ― nuevamente el silencio embargó su conversación. ― Pues estoy excelente, con un trabajo remunerado y me siento feliz. Te lo cuento por si te interesa. ― dijo sarcásticamente. ― Aunque tengo claro que no.

― Lamento no ser la madre que mereces, Ino. ― y cortó, dejándola más apesadumbrada y llena de incertidumbre.

― Vaya día. ― cansada tanto física como mentalmente, se fue directamente al sofá y se acostó sobre él, haciendo zapping para de esa forma despejar su cabeza.

Ino sabía que su familia era muy disfuncional. Una madre que buscaba dinero y que se había casado por lo mismo; un padre que quería estatus que había conseguido, a costas de perder a su hija y esposa por su temperamento violento y dado a la agresividad. Ella, hija única, acosada por un amigo mucho mayor de la familia y aceptando que ese amor era de lo más normal sin darse cuenta que era un abuso disfrazado en buena voluntad. ¿Acaso no tendría algún momento de felicidad en su vida? ¿Todo era tan diferente y difícil para ella en comparación al resto de las chicas de su edad?

Sus preguntas fueron silenciadas con el sonido de una nueva llamada, esta vez era cierto pelilargo que la hacía feliz en la medida de lo que podía. Itachi le daba sexo y el último tiempo, mucha compañía y contención. Le demostraba de diferentes formas que le alegraba tenerla en su vida y se mostraba muy afectuoso con ella.

― Hola. ― sonrojada, como siempre, esperó que le hablaran.

― ¿Cómo estás? Pensé que vendrías a mi casa. Fuiste a buscar a Sakura a casa de Sasuke, así que supuse que andabas en tu carro.

― Andaba en el carro de Tenten. ― le explicó. ― Aproveché que tu hermano fue en busca de mi amiga y le pedí que me trajeran. Te digo de inmediato que fue una muestra de su relación tan empalagosa, que todavía siento como si la miel corriera por mi cuerpo. Posiblemente sufra un coma diabético luego de haber estado tanto tiempo encerrados con ellos en el maldito carro de Sasuke.

― Son demasiado sentimentales. ― bromeó el pelilargo. ― ¿Qué harás ahora? ― quiso saber.

― Pensaba en descansar. He tenido un día algo agotador. ― le comentó la chica, acariciándose la frente.

― ¿Te pasó algo? ― Ino no quería contarle, pero su mutismo era demasiado elocuente. ― ¿Estás donde Sakura?

― No te preocupes. No es necesario que vengas. ― Itachi entendió que esa contestación era un llamado de auxilio que él no desatendería. ― Solo ha sido agotador.

― Iré para allá. Espérame. ― Itachi cortó la llamada.

Ino se quedó acostada sobre el sofá, aceptando que prontamente se vería en los brazos de Itachi, olvidando por entero lo que le provocaba su propia familia. Una familia digna de lotería barata.

Sin darse cuenta, se quedó dormida, metiéndose en un sueño turbulento que la hizo jadear y removerse inquieta sobre el lugar, sin darle el descanso que tanto añoraba. Dormir solo sirvió para hacerla más consciente de los problemas que ahora la atosigaban.

Comenzó a reaccionar cuando la suavidad de un cabello le acarició la nariz, haciendo que la ariscara. De un manotazo intentó alejarla.

― Déjame. ― gimió, sin abrir los ojos.

― No quiero. ― la voz ronca de Itachi la obligó a separar los parpados para encontrarse de frente con el pelinegro, sonriendo con sensualidad y atontándola por largos segundos al tenerlo frente a su rostro y su gesto tan erótico. ― Entré porque tenía la llave de éste lugar. Hubo un tiempo que Sasuke vivió aquí y tenía que vigilarlo.

― Me imagino. ― sonriéndole de vuelta, Ino se deleitó viéndolo bajar hasta su boca, para darle un beso de esos que solo él sabía darle. ― ¿Mucho trabajo? ― le preguntó cuándo se separaron.

― No tanto. ― contestó, empujándola para echarse a su lado. Posando su cabeza en la mano, la miró desde altura. ― ¿Estás cansada?

― Un poco. Más que nada, me duele la cabeza. ― le comentó, sobándose el entrecejo. ― Han sido días agotadores grabando casi 15 horas diarias.

― Así es la vida dentro del mundo del espectáculo. ― murmuró Itachi, tirándole su mechón hacia atrás para despejarle los ojos azules. ― Pero ya pronto termina y estarás libre.

― No quiero quedar desempleada. ― dijo Ino, estirando la trompa. ― Yo no soy como tú que tiene trabajo seguro.

― Puedes trabajar conmigo si quieres. ― Ino se iba a negar, pero Itachi le tapó los labios con su dedo. ― Escúchame antes y después te niegas. ― la rubia esperó. ― Tengo una gran cantidad de trabajo sobretodo en el verano y finales de año. Muchos conciertos, festivales, conversaciones, discos, premiaciones, patrocinadores… podría continuar. Reuniones eternas con magnates de la industria del espectáculo, por lo tanto, necesito a alguien que me ayude a organizar eso, como también el papeleo y que me sirva de intermediario con los clientes.

― ¿Una secretaria? ― Itachi asintió. ― ¿Y no tienes una?

― Tenía una, pero encontró que era demasiado pesado el trabajo y no quería estar disponible los 7 días de la semana revisando contratos o recibiendo solicitudes por parte de nuevos actores o músicos que quieren mi representación. ― Ino se mordió el labio. ― No hagas eso.

― Tú también me los muerdes. ― le recordó con tranquilidad. ― ¿Es muy tedioso y agotador ser tu secretaria?

― Terriblemente y eso que solo represento a la banda y a Sasuke, aunque ahora agregué a Suigetsu. ― Ino asintió, sopesando la oportunidad. ― Te pagaré una cifra altísima, además de que me tendrás todo el tiempo para ti. Sin embargo, aclaro de inmediato que cuando trabajo, lo hago concentradamente y cuesta mucho distraerme.

― Yo también soy muy profesional. ― le respondió la rubia. ― Tanto que, si me veo con mucho trabajo, prefiero dormir menos y avanzar. ― Itachi sonrió. ― Podría intentarlo.

― ¿Te atreverías? Seré un jefe muy exigente. ― le advirtió con burla. ― Puede que te haga hacer muchas horas extras y mucho trabajo físico.

― ¿De ese trabajo físico que me hace gritar de emoción? ― le respondió con coquetería. ― A mí también me gusta.

― Mmmm… no esperaba menos de ti. ― sonriendo y con sus temperaturas caldeadas, se besaron en los labios, frunciendo sus lenguas y abrazándose.

Itachi bajó su mano para llegar al muslo de la chica, cubierto solo con la fina tela de una panty. Subiéndole el vestido, tocó el hilo de la cadera.

― ¿Vamos a la cama? ― le sugirió Ino, pasando sobre él y tomándole la mano para irse a la habitación que usaba en el departamento de Sakura. ― Es más cómodo. ― le hizo ver cuando lo vio a un segundo de quejarse por haberlo interrumpido cuando estaba entretenido perdiéndose en ella. Con su vestido subido hasta la cintura, caminó derecha hasta la habitación.

― Lo que digas. ― apegándose a su espalda, Itachi le besó el cuello y prendó una de sus manos al voluptuoso pecho derecho de la rubia. ― Apurémonos.

Ino entre jadeos avanzó y en pocos minutos se encontró desnuda sobre la cama, con Itachi dentro de su cuerpo comenzando el vaivén de la danza más memorable que conocía la humanidad.

Sus bocas juntas, sus manos rozándole la espalda mientras las de él se aferraban a un lado de su cabeza para no aplastarla con su peso, sus pechos unidos y las caderas meneándose, eran el llamado que el placer requería para hacerse presente. Envalentonados y consumidos el uno por el otro, se dejaron llevar alcanzando altas cuotas de satisfacciones. Itachi se echó a un lado, respirando de forma errática para poco a poco calmarse. Ino se volvió hasta él, para caer sobre su pecho.

― Ahora sí que estoy agotada. ― murmuró sonriente y pasándole el brazo por encima del vientre de Itachi. ― Moriré.

― Una magnifica forma de morir. ― respondió Itachi, con su cabello revuelto y la frente bañada en sudor. ― ¿A qué hora debes volver a la productora?

― Hoy no vuelvo y mañana es día de descanso, al menos para mí. ― le contó la rubia, adormilada por el toque delicioso de los dedos de Itachi en su cabello y espalda. ― Aprovecharé de hacer otras cosas.

― ¿Cómo qué? ― Ino bostezó.

― Tonterías. ― dijo, restándole importancia. ― ¿Durmamos? ― le propuso, acariciándole el pecho e intentando relajarlo de ese modo. ― Estoy demasiado agotada. ― volvió a decir la chica, reafirmando su cansancio con su voz decaída.

― Duerme, guapa. ― no fue necesario que Itachi hiciera nuevamente esa propuesta. Ino cerró los ojos y se durmió casi al instante, cayendo en un sueño muy profundo.

Itachi la siguió a los pocos minutos, pero antes procuró taparla y taparse para no enfermarse por quedar encima de la cama. Soñando diversas cosas, Itachi despertó encontrándose solo sobre la mullida superficie.

Se sentó sobre la cama y buscó a la chica por la habitación. Sin encontrarla, agudizó su oído y la oyó conversar con alguien en el baño.

Entiéndeme, no puedo ahora. ― ¿con quién hablaba? Se preguntó Itachi ― Estoy ocupada, además de que no hay ningún banco cerca y no tengo un computador para hacerte una transferencia online. ― Alguien le estaba pidiendo dinero. ― No uses ese tipo de chantaje. Sabes que te quiero, pero… ― Itachi frunció el ceño y se levantó de la cama sabiendo perfectamente con quien estaba hablando la chica.

Vistiéndose con evidente enfado y con la rabia bullendo por todo su cuerpo, la vio salir del baño. Más pálida y solo cubierta por una corta bata, se quedó frente a él, expectante de una reacción.

― ¿Te vas? ― Itachi se siguió vistiendo, sin responder de inmediato. ― ¿Ocurrió algo?

― No, solo quiero largarme. ― respondió el pelilargo, abotonándose el pantalón y colocándose la camisa. ― Nos vemos otro día. ― le dijo, tomando sus zapatos y saliendo raudo del lugar.

― Espera. ― lo llamó Ino, tomándole el brazo. ― ¿Qué pasó? ― preguntó, sin entender por qué ese cambio de actitud tan notorio y poco acorde del Itachi que ella conocía. ― Estábamos bien hace menos de una hora. Pensé que te quedarías.

― Te equivocaste. ― le rectificó con brusquedad el Uchiha mayor, soltándose de su agarre. ― Quedarse es darle más dramatismo a nuestra relación. Si es que podemos llamarle relación a lo que tenemos. ― la rubia frunció el ceño, sin comprender.

― Estoy confundida. ¿hice algo que te molestó? ¿No te gustó despertar y no tenerme a tu lado? ― sonriendo chulescamente, Ino intentó bromear con la necesidad evidente de él, en busca de aligerar el ambiente. ― No puedes vivir sin mí.

― Solo tenemos sexo. No le des más importancia. ― la sonrisa de la chica fue desapareciendo lentamente y sus ojos se velaron con esa frialdad tan característica que Itachi había logrado erradicar hasta ese segundo.

El moreno vio nuevamente las paredes emocionales de la chica, erigirse a su alrededor, haciéndola ver como inaccesible; se estaba comportando como un verdadero idiota, pero tenía rabia.

― Ok. ― caminando hasta la puerta de salida, la abrió. ― Nos vemos. ― Itachi se sintió estúpido y pasado a llevar, pero no quiso agregar ni una palabra. Sentía que todo se comenzaba a derrumbar a su alrededor y esa sensación era realmente desesperante.

Saliendo del lugar, se acomodó la ropa dentro del ascensor y palpó las llaves de su carro junto con su billetera.

Iluso y perdido, se acomodó tras el manubrio y apretando el acelerador a todo su poder, salió de los estacionamientos, sin importarle las miradas molestas de las personas que se encontraban en su camino. El Uchiha tenía rabia y cuando alguien hacia enojar a Itachi, debía sentir miedo.

Por su parte, la rubia se quedó estática frente a la puerta luego de verlo salir. ¿Ese era el fin de su relación? Simplemente no comprendía que pasaba. De un segundo a otro, la actitud siempre amorosa de Itachi cambió profundamente y se volvió en ese ser pedante que ella había creado en su cabeza, pero que él había suplantado con su forma de ser agradable y confiable. ¿Tanto cambiaba un hombre cuando se encontraba molesto por cualquier cosa? Ella no era la culpable, estaba segura, porque si no tendría que haber alguna explicación. Lamentablemente no tenía respuestas frente a sus dudas y eso la enervaba todavía más.

En fin, pensó Ino, si Itachi se iba a comportar así, podía irse de inmediato a la mierda, porque ella no le iba a rogar a nadie, menos a un bipolar. Ya tenía bastantes temas pendientes como para agregarle la personalidad ambigua del moreno.

Aprovechando que al día siguiente no tendría que trabajar, llamó a Tenten. La castaña tenía un don para no necesitar tantas horas de sueño y aun así presentarse al trabajo fresca como una lechuga.

― ¿Dónde dijiste que querías ir? ― le preguntó la castaña sin comprender. ― ¿Te das cuenta que recién son las 8 de la noche y quieres salir?

― Tengo ganas de fiesta, Tenten. Por favor, acompáñame. ― le rogó, usando un tono infantil que sonó irresistible para la castaña.

― Está bien. ― saltando en un pie, Ino le dio las indicaciones. Se juntarían en el club Chocolait, el de moda en ese minuto en Tokio. Un buen mojito, acompañado de un pisco sour la harían olvidar por esa noche el mal rato recién vivido.

― Nos vemos.

Obligándose a no pensar en Itachi y sus duras palabras respecto a ambos, se metió en su mejor vestido luego de bañarse; se echó su perfume favorito y se calzó con sus tacones más altos, para verse como toda una mujer fatal. No, señor, como que se llamaba Ino Yamanaka, ella no se quedaría llorando en los rincones por culpa de un insensible.

Montándose en su carro escarabajo llegó hasta el club y vio a Tsubasa y Tenten entre el gentío. La castaña tampoco estaba para nada mal vestida y se notaba que esa noche era una de chicas que no se pondrían freno… aunque no en el sentido literal.

― Pero que preciosa, Ino. ― le dijo Tenten al verla a su lado, abrazándola. Tsubasa también la saludó, aunque se mantuvo en la fila para no perder el puesto. ― Deberíamos hacer valer tu condición de chica del jefe y pasaríamos más rápido.

― Eso es pasado. No tengo nada con Itachi. ― Tenten la miró atónita. ― Las cosas se acaban, Tenten.

― ¿Terminaron? ― le preguntó sin creerlo.

― Nunca empezamos como para decir que terminamos. ― respondió la rubia, avanzando dos puestos en la fila. ― Además era demasiado mayor para mí.

― ¿Esa será tu excusa, guarra? ― le preguntó Tenten.

― Tenten, no seas insistente. ― le dijo Tsubasa, viendo cierta tristeza en los ojitos celestes de la rubia. ― Solo divirtámonos.

― Eso es verdad. Olvidemos por completo a cualquier hombre. ― Tanto Tenten como Tsubasa asintieron a las palabras de Ino. ― Hoy quiero beber de todos los tragos que me quieran hacer probar.

― Hoy te cuidaremos, tonta. ― respondió Tenten, llegando a la puerta. ― Tres entradas, por favor.

― 10 mil yenes. ― los tres quedaron de una pieza. ― ¿Los pagaran o no? No tengo tiempo de estar esperándolos.

― Pero es que… ― Una mano pasó sobre sus cabezas y dio la cantidad que pedía el guardia con cara de perro rabioso.

― Yo les pago. ― Ino reconoció la voz y lo miró sorprendida. ― ¿Cómo estás, guapa? ― le preguntó con la sonrisa marca Uchiha rebosante en su rostro.

― Shisui. ― murmuró queda. ― No deberías…

― Avancen. ― exigió el mismo malhumorado tipo de traje negro.

― Deberías dar un mejor trato. Con mi socio no estamos nada contento si nuestros queridos invitados son tratados así. ― el hombre guardó silencio. ― Soy Uchiha Shisui y Pein es mi socio. ― El hombre grandulón palideció y se echó a un lado para darles el paso. ― Gracias.

― Lo siento. ― dijo el hombre, sonriendo con temor.

― Luego hablaremos. ― con esas palabras, el trío de amigos fue guiado al interior y acompañados en todo momento por el pelinegro de ojos dulces. ― ¿Qué les puedo ofrecer en mi humilde centro de mala muerte?

― Bastante caro para ser de mala muerte. Espero que los tragos valgan la pena. ― dijo Tenten, con ese humor ácido y gesto incómodo. ― Te pagaré mi entrada.

― Pero que ninfa más hermosa. ― susurró Shisui con un chillido y sin creerlo. La chica se le hizo preciosa. ― No tenemos el honor de conocernos, pero no dejaré que pase más tiempo sin saber quién eres, qué haces y qué necesitas para aceptarme una copa. Frente a usted tiene a un ferviente y fiel hombre que está dispuesto a todo por tener un resquicio de su tiempo. Si solo quiere respirar, me hará feliz de igual modo. ― estirando su mano, Shisui recibió la de Tenten, le besó el dorso con marcado caballerismo que hizo reír a los presentes, incluido a la castaña.

― ¿Siempre es así? ― le preguntó la chica a Ino.

― No he tenido la suerte de tratarlo tanto tiempo, pero supongo que sí. ― respondió sonriendo la rubia, agradada con el primo de Itachi.

― ¿Y usted, linda flor? ¿Por qué está sin mi primo? ― una mueca se formó en el rostro de la rubia. ― Ya veo. Huelo los problemas.

― Digamos que preferiría que él no se enterara de que estoy acá. ― una clara clemencia que el moreno adecuó a su propio entendimiento.

― De mi boca no saldrá ni una palabra. ― respondió sonriente, calmando los ánimos de la rubia. ― Iré por algunos tragos para ustedes y acomódense: Están en el vip.

En el camino que lo llevaba hasta el bar, Shisui tecleó unas pocas palabras para su primo. La lealtad hacia la familia le impedía hacerse el loco frente con lo que se había encontrado. Itachi merecía saber que su chica estaba ahí, por lo mismo, lo mensajeó, dándole una pequeña sugerencia al final del texto.

La "intocable" está en mi club. No seas imbécil.

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― Hola, cuñadita. ― Sakura dio el pase para que Itachi entrara. ― Vine a hacerles una visita y traje un rico vino. ― agregó, levantando una botella ya descorchada.

― Que agradable sorpresa, Itachi. Eres bienvenido en el departamento de TU hermano. ― dijo la pelirosa, aclarando de inmediato aquello. No quería que después hubiera malos entendidos donde se diera a creer que ella se había adueñado de los espacios personales de su novio y se daba la libertad de caminar por ellos con aire de autoridad. ― Estamos con Hinata y Naruto. ― le contó.

― Tenía muchas ganas de ver a ese rubio. ― dijo sarcásticamente el pelilargo, viendo a su hermano salir de su cuarto con la cara recién lavada. ― Hola, Sasukito.

― ¿Qué haces tú acá? ¿Planeaste una nueva junta en mi departamento? ― Itachi alzó el vino por toda respuesta. ― Ok, eres bienvenido, aunque debería venir sellado.

― Que pesado, reptiliano. Tu hermano siempre es alguien querido y bien recibido acá. No importa si el vino viene abierto, nos lo tomaremos igual. ― Itachi abrazó por los hombros a Sakura, agradeciendo su defensa con tanto fervor.

― ¿Ves? A ella le agrado. ― Con un gesto, Sasuke le indicó que sacara la mano de donde la tenía y cuando el pelilargo se hizo el desentendido, se vio obligado en ir hasta él y sacarla por sí mismo, arrebatándosela con firmeza.

― No es necesario que la toques. ― le explicó, tomando a Sakura por su mano y tirándola hasta su cuerpo. ― ¿Quieres cenar? ― le preguntó más por cortesía, que como una invitación a quedarse a compartir con ellos.

― Sí, tengo hambre. ― Tanto Sakura como Sasuke fruncieron el ceño frente a la respuesta del pelilargo, más con el hecho de que Itachi intentaba parecer feliz y cómico, cuando en verdad se notaba su incomodidad sobre algo.

― Amor, creo que iré a ver cómo están los chicos. Ustedes deben conversar. ― dándole un rápido beso en la mejilla, Sakura dejó a Sasuke junto con su hermano.

― ¿Amor? ¿De verdad te dijo así? ― Itachi se aguantó la risa a duras penas. ― Nunca esperé ver que permitieras a una mujer llamarte así, menos frente a todos tus seres más cercanos. ― siguió bromeando. ― Estás cambiado.

― Soy feliz con eso. ― fue su escueta respuesta, pero muy eficaz para calmar la risa fingida de Itachi. ― ¿Qué te pasó? Estuviste bebiendo. ― le comentó.

― Solo dos whiskys. ― se defendió el Uchiha mayor. ― No tan cargados.

― Generalmente no tomas whisky a menos que estés molesto por algo. ― Itachi enroló los ojos. ― Mira, idiota, no me interesan tus dramas, pero si tuviste la desfachatez de llegar hasta acá para fingir que estás excelente, al menos habla, para que pueda tener una excusa que me sirva en las próximas humillaciones que te haré.

― Con tus palabras me dan más ganas de hablar. ― le respondió el moreno, sonriendo con frialdad. ― Solo quise venir a verte. ―Sasuke alzó una ceja. ― ¿Acaso no puedo?

― No, no puedes. ― el pelilargo agotado, se volteó y dispuso a irse, pero Sasuke lo detuvo. ― Maldita sea, Itachi, habla.

― Me siento como un imbécil. ― comenzó a decir. ― Pensé que estaba haciendo lo correcto y fingí que no me importaba ser utilizado para el sexo, pero la verdad es que no puedo. Quiero más de lo que está dispuesta a darme.

― ¿Mei? ― elucubró Sasuke.

― No seas idiota. Hablo de Ino. ― respondió bruscamente Itachi, mirando a su hermano. ― Hoy la oí conversar con su ex y decía que lo quería. ― le contó abatido, como si su energía o arrogancia hubiese sido consumida por eso.

― ¿Estás seguro? ¿El mismo tipejo que golpeaste? ― el pelilargo asintió solo una vez, con evidente molestia. ― ¿Y cómo sabes que era él?

― Por cómo le hablaba. ― cada una de las palabras de Itachi iban teñidas de rabia y marcaban su dolor a fuego en sus facciones. ― Él le pedía dinero y ella le dijo que no podía dárselo en ese minuto. ― Sasuke silbó sorprendido.

― Es un desgraciado. ― dijo Sasuke. Itachi agachó la cabeza. ― Pero podría haber sido otra persona. ― propuso en un tono esperanzador.

― Con su padre no se habla y su madre tampoco. Sakura no le pediría dinero y dudo que Tenten lo hiciese, porque es igual de orgullosa que ella. Es obvio que estamos hablando de ese mal parido. ― le dijo Itachi, explicando de qué modo, sus deducciones lo llevaron a descubrir de quién se trataba. ― En fin, le dejé claro que lo que teníamos era sexo y me largué. Posiblemente ahora esté pensando que se liberó de mí. ― sentenció el pelilargo.

― Para pregonar que eres muy maduro, tus deducciones son bastante infantiles. ― el moreno enarcó sus cejas.

― Lo dice el más sensato. ― Sasuke no respondió a su comentario desagradable. ― ¿Por qué está Naruto?

― Sakura quería ver a su amiga y yo le propuse que hiciéramos una cena. ― respondió monocorde. ― Ve a saludarlo.

― Al menos me servirá para despejar la cabeza. Los comentarios de Naruto que la gran parte del tiempo son imbéciles, me harán reír. ― o eso esperaba que pasara, porque quería dejar de sentir esa incomodidad latente que se había sumido en él luego de salir del departamento donde había hecho el amor con Ino.

Itachi dio un paso hacia al salón cuando su celular sonó y vibró dentro de su pantalón. Pensó en ignorarlo, pro quizás era algo importante. Sacándolo con molestia y sabiendo que no se trataba de Ino, porque la chica apenas si se había pronunciado, vio las palabras de su primo.

La "intocable" está en mi club. No seas imbécil

― ¿Quién? ― le preguntó Sasuke al ver el gesto de su hermano cambiar por completo. ― ¿Ino?

― ¿Puedo volver en un par de horas? ― el Uchiha menor no alcanzó a responder, porque su hermano salió casi corriendo de su departamento, dejando la estela de su caro perfume y solo confusión en Uchiha menor, aunque tenía claro de que se trataba.

― Sentí la puerta, ¿Echaste a Itachi? ― le recriminó Sakura al llegar a su lado. ― Sasuke, te estoy hablando. ― insistió la pelirosa.

― Tuvo problemas con tu amiga, pero de hoy no pasan. ― Sakura siguió con su ceño fruncido. ― Y no lo eché, enojona.

― ¿Qué problemas tuvieron? Iré a llamar… ― se vio interrumpida por los labios cálidos de Sasuke y sus manos grandes tomaron su cintura.

― Deja que solucionen sus problemas. Nosotros tenemos una cena que compartir. ― dándole un último beso, la soltó.

Atontada, Sakura lo siguió.

Itachi llegó al club y estacionando en doble fila, le tiró las llaves a un acomodador para meterse de inmediato a la discoteca de su primo. A un lado de la puerta estaba Pein que, dándole una cabeceada, intuyó que algo pasaba y lo dejó avanzar sin retenerlo ni exigirle el pago de su carísima entrada.

El pelilargo estuvo largos minutos buscando algún indicio de su chica y se la encontró en el medio de la pista, bailando con un tipo, mientras su primo estaba en el vip, haciendo reír a Cleo. Enajenado y olvidando por completo su exquisita educación, empujó a cuanto espécimen se le puso enfrente y quedó delante de la parejita que bailaba feliz. Se cruzó de brazos dando una muestra más intimidante de su genio molesto.

― ¡Lo estoy pasando muy bien! ― gritó la rubia, saltando en círculos y con la cabeza echada hacia un lado.

Tsubasa la seguía, pero un frío recorrió su espalda. Al voltearse, se encontró con un par de ojos azabaches que lo miraban con ganas de verlo muerto a sus pies. Rápidamente se detuvo y quedó de una pieza, reconociendo en el pelo oscuro y ojos del mismo color el evidente signo Uchiha.

― Ino. ― llamó Tsubasa, jalándole la mano, gesto que no pasó inadvertido para el pelilargo, que alzó una ceja al notar el contacto. ― ¡Ino! ― llamó nuevamente, sabiendo que estaba metido en tremendo lio. Internamente rezaba para que ese guapo, alto y fuerte tipo le diera la chance de poder explicar. ― ¡INO! ― gritó, deteniendo los saltos de la rubia, que sonriendo medio adormilada, lo miró buscando una explicación. Tsubasa con la cabeza le apuntó al moreno que estaba frente a ellos.

La música de Galantis se volvió el telón de fondo e Ino dejó de respirar.

― Itachi. ― murmuró como si fuese la aparición de un fantasma. ― ¿Qué haces acá?

― Podría preguntar lo mismo. ― respondió él, comunicándose solo con la lectura de labios. La rubia tragó saliva, sintiéndose acorralada.

― Tsubasa, ve donde Tenten. ― el rubio dudó en si hacerle caso o quedarse ahí para defenderla. Por cómo había visto a la chica la última hora, notaba una tristeza en ella y no le agradaba, además tenía la certeza de quien la había lastimado era ese guapo espécimen que se erguía frente a ellos como un dios bajado del olimpo.

― No la lastimes. ― le advirtió a Itachi cuando pasó por su lado, pero no fue lo suficientemente temerario para seguir ahí a escuchar su contestación ni ver si iba a tener una reacción violenta frente a su sugerencia poco amistosa.

― ¿Qué haces acá? Le dije a tu primo que no hablara. ― Itachi levantó su celular y le mostró el mensaje.

― Y no habló. ― la rubia bufó y se cruzó de brazos, igual de desafiante.

― ¿Qué quieres? Me quedo claro que lo nuestro terminó, así que está de más que te presentes acá con esa pose de macho posesivo que me repugna.

― ¿Terminamos? No tenía idea de eso. ― respondió el pelilargo con tono de burla. ― Yo solo salí de tu casa…

― Aclarando que solo era tu amante. ― Itachi se acercó un paso que Ino no retrocedió, ni mostró indicios de sentirse acobardada. ― No me intimidas.

― Tampoco quiero hacerlo. ― refutó él. ― ¿Quién era él? ¿Un nuevo "amigo"?

― No soy una prostituta como para que me trates como tal. ― molesta, se acercó hasta él y chocó su índice en su pecho. ― Tú eres el que se acostaba con una mujer con problemas de fidelidad. No me pongas en el mismo nivel que ella.

― ¿Otra vez Mei? Es agotador que sigas pegada con eso. ― Ino ni siquiera quiso contestar. ― Solo te estoy preguntando quién era él y quiero una respuesta sincera.

― ¿Sincera o que te satisfaga para que termines conmigo? Ya no te entiendo. ― confundida, la rubia agachó la cabeza y murmuró algo que Itachi no oyó. ― Y no soy feliz así.

― ¿Vamos a otro lugar? ― sugirió el pelilargo, porque a duras penas se lograban oír. ― Sígueme.

Sacándola de la pista y con una señal de cabeza, le avisó a su primo, a Tenten y al maldito que estaba recientemente bailando con su chica, que se la llevaba. Sintió satisfacción al ver la cara del rubio estreñido que miraba con horror como la rubia seguía a su lado sin refutar que se la llevara.

Ino se montó en el carro maravilloso de Itachi y se sentó a su lado.

― ¿Después me puedes traer de vuelta? ― le preguntó. A Itachi no le agradó eso y se lo hizo ver con una fría mirada. ― Dejé mi carro, por eso debo volver.

― Hablaré con Shisui para que hoy se quede ahí. ― Ino aceptó, aunque las palabras de Itachi eran una declaración de voluntades: Esa noche estaría con él.

Llevándola por varias calles, subió por un monte pavimentado y se estacionó en un mirador, donde toda la ciudad de Tokio se veía a los pies. Ino salió del descapotable y caminó para poder deleitarse con la vista. Itachi más atrás la esperó pacientemente.

― ¿Para qué me trajiste acá? ― quiso saber la rubia, volteándose y apoyándose en la baranda de fierro. A Itachi se le atenazaron los nervios del estómago al verla tan a la orilla y se acercó hasta ella para encerrarla en sus brazos, pero sin tocarla. ― Dijiste que hablaríamos y de este modo no se puede. ― continuó cuando se vio acorralada contra el frio fierro.

― ¿Quién era ese rubio desabrido? ― Ino lo miró con sus ojitos inocentes y sonrió de medio lado. ― No me digas que te gusta, porque soy capaz de volver y partirle la cara de niño bueno. Ya hablamos de esto Ino y quedó claro que, a pesar de tu reticencia a comprometerte, yo no tenía ganas de compartirte y sigue siendo igual.

― Pero eso fue antes de que me dijeras lo que hoy me dijiste. ― le explicó ella. ― Solo tenemos sexo, ¿no? Entonces limitémonos a eso. Ahora si quieres, vamos a un motel, descargamos nuestras ganas y cada uno se va por su lado. Puedo acostarme solo contigo si así lo deseas, pero no me exijas más, porque tampoco tú estás dispuesto a entregar más. ― le recriminó, cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado, evidentemente dolida.

― No quiero eso. ― Agachando la cabeza frente a ella, se alejó un poco y la miró nuevamente, con sus ojos turbulentos. ― Te oí conversar con Daiki mientras estabas en el baño.

― ¿Con Daiki? ― Itachi asintió. Llegaba a odiar como sonaba el nombre del tipejo en labios de Ino. ― Yo no he hablado con él desde el día que lo golpeaste. ― Itachi no le creyó e Ino captó eso. ― Si no me crees, ¿Por qué me traes hasta acá?

― Porque una parte de mí ruega que me estés diciendo la verdad y me aferro a eso para no perderte. ― le explicó agotado. Podía ser que hace algunas horas hubiesen tenido esa pelea, pero para él había sido eterno. ― Me gustas tanto, pero veo que tú quieres tan poco, que me desespero. Soy egoísta y solo quiero que pienses en mí y saber que amas a ese imbécil me hace enloquecer. Sin embargo, no estoy dispuesto a dejarte libre para que vuelvas con él y comiencen una nueva relación. No soy tan magnánimo y mucho menos después de verlo atacarte.

― Yo no amo a Daiki y tampoco he hablado con él. ― le explicó nuevamente, tratando de penetrar en esa mente tan cerrada que tenía el moreno. ― No quiero decirte con quién hablaba, porque es problema mío, pero te aseguro que no era él.

― ¿Y esperas que confíe? ― le preguntó el pelilargo temeroso.

― Sí, espero que lo hagas. ― le respondió muy segura. Itachi se debatió internamente. ― No tengo para qué mentirte.

― Dijiste que lo querías. ― la chica bufó. ― ¡No le restes importancia a tus palabras!

― ¡No me grites! ― le amenazó. ― Estaba hablando con mi madre. ― terminó por contarle, molesta por verse orillada a eso.

― ¿Y por qué te pide dinero? ― le preguntó Itachi, recordando la conversación. ― ¿Por qué tu madre recurre al chantaje para exigirte cosas?

― Porque es una mujer que no sabe mantenerse sola. Ha tenido infinidad de amantes y hombres que solo le interesan por su dinero. Ella presta la belleza, ellos le dan joyas y estatus. ― confesó dolida. ― He intentado toda mi vida alejarme de la imagen que proyecta mi madre y en cierta medida lo he logrado, pero el costo ha sido alto. El último tiempo se ha visto abandonada por esos hombres y no tienen como solventar su vida de lujos que está muy por encima de lo que debería tener, ya que no tiene los medios para subsistir de ese modo, así que me he visto en la obligación de ayudarla monetariamente. ― le explicó, logrando que cada vez Itachi entendiera un poco más del dolor y angustia que cargaba sobre sus hombros por culpa de problemas que no deberían porqué atormentarla. ― Hoy me llamó y me pidió dinero. No tengo la cantidad que desea, pero si un poco y se lo ofrecí. Ella aceptó, porque peor es nada, así que me comprometí en depositarle en cuanto tuviera la chance de hacerlo, pero se desesperó y volvió a insistir mientras tu dormías y ahí escuchaste esa conversación.

― ¿Cuánto quiere? ― Ino se cerró de inmediato.

― Ni sueñes que me pasarás ese dinero. Tengo mis ahorros y eso le entregaré. ― Itachi chasqueó la lengua.

― Ino, sabes que el dinero no es un problema para mí. Puedo pasártelo y me lo pagas apenas puedas.

― No. ― se negó en rotundo. ― Tampoco es necesario que me restriegues en la cara que te sobra el dinero. ― le reclamó. ― Además, si le doy esa cantidad, sabrá que tengo algo o alguien de donde sacarla y cada vez me exigirá más.

― Pero no es por algo malo, Ino. Piensa que de ese modo la proteges de esos inescrupulosos que la buscan solo para satisfacer sus necesidades y luego la dejan entregándole limosna. ― La rubia alzó una ceja.

― ¿No es lo mismo que tenemos tú y yo? ¿No satisfacemos nuestras necesidades, con la diferencia de que no me entregas dinero, aunque ahora insistes con hacerlo? ― ofuscado, el pelilargo se giró y pateó fuertemente una piedra que estaba al alcance de su pie.

― ¡Si crees que eres mi prostituta, pues anda mirando bien lo que hago y verás que distas mucho de serlo! ― le gritó enojado. ― Patéticamente fui a buscarte al Chocolait y te saqué de los brazos de un tipo porque muero de celos al verte con otro. ― confesó, sorprendiéndola. ― Golpeé a tu ex y volvería a hacerlo mil veces porque te humilló. Estoy dispuesto a pagar una manutención para tu madre y de ese modo no verte sufrir. Odio a tu padre porque es un hijo de puta que nunca te ha protegido y te ha lastimado más que nadie. ¿quieres que siga dándote ejemplos de porque nuestra relación es muy diferente a la que tiene un cliente con su prostituta? ― le preguntó agotado.

― No es necesario que digas todo eso para rebatir un punto que no tiene sustento. Solo estoy enojada. ― le explicó la rubia, pidiéndole perdón en cierto modo y acercándose lentamente a él. ― Si no quieres que las cosas se confundan, no saques deducciones rápidas de conversaciones ajenas, ni tampoco me hagas sentir como si fuera un recipiente de tu hombría. ― Si Itachi fuera de los que se sonrojara, lo habría hecho, pero solo se quedó mirándola fijamente. ― No es solo sexo al parecer y creo que ambos somos conscientes de ello.

― Ino, exígeme más, porque yo quiero hacerlo contigo. No tengas miedo. ― le pidió, acercándose a ella, pero solo juntando sus frentes, sin tocarla. ― Lo que menos me interesa es lastimarte.

― Hoy en la tarde lo hiciste. ― le recordó.

― Y apenas solté esas palabras me arrepentí. ― La rubia comenzó a sonreír lenta y genuinamente. Sus ojos azules dejaron de tener esa sombra y su cuerpo bajó el muro que estaba volviendo a construir a su alrededor. Itachi notó eso y la abrazó por la cintura, apegando su rostro al cuello blanquecino de la chica. ― Date una oportunidad de confiar. Hazlo conmigo.

― Es evidente que confío en ti. ― Tomándolo por las mejillas, lo alejó para mirarlo directamente. ― No me decepciones.

― Nunca.

Y su beso se volvió eterno. No era sexual, ni antecedía a una reconciliación llena de brumoso deseo. En la soledad de su cuarto, se entregarían, pero en ese minuto solo querían alargar el momento de la entrega simbólica que habían hecho. Sus temores que engarzados y unidos junto con sus sentimientos y estaba en sus manos volverlos en aprendizaje y no brechas que los separarían.

16.

― Sakura, ¿tú cocinaste? ― la pregunta de Naruto hizo a todos volver a mirarlo. ― Es la mejor salsa que he probado en mi vida. ― agregó el rubio, relamiendo sus labios.

― La verdad es que Sasuke fue el que cocinó. ― le contó la chica, viendo como el amigo de su novio abría los ojos desmesuradamente. ― Yo no cocino, al menos no cosas tan elaboradas y sabrosas.

― ¿De verdad fuiste tú? ― Sasuke asintió, metiéndose un poco de ensalada en la boca y comiendo con su infinita calma y educación. ― Vaya, de verdad lo haces bien. Recuerdo que una vez preparaste risotto y quedó muy bueno.

― Se me da bien la cocina. ― dijo Sasuke.

Al igual que muchas otras cosas, pensó la pelirosa.

Sasuke tenía una habilidad innata para todo. Era un prodigo que tenía la costumbre de sorprenderla con su infinidad de trucos y secretos que merecían todo su respeto.

― ¿Por eso no tienes servidumbre? Digo, un hombre como tú, que tiene infinidad de casas y dinero, se rodearía de gente que le hiciera todo. ― supuso el rubio.

― No tengo porque me gusta mi privacidad, dobe. ― Con una sonrisa fingida, Sasuke dejó de escuchar al rubio que insistía en preguntarle cosas. ― Itachi dijo que volvería. ― le comentó a Sakura.

― Que bueno. ― se alegró la chica, entrelazando sus dedos con los de Sasuke que reposaban sobre la mesa. ― ¿No te gustaría hacer una pequeña fiesta? Podríamos bailar, beber y no solo cenar. ― Sasuke alzó una ceja, interrogante. ― No es que sea aburrido, pero tengo ganas de algo más informal.

― Ciertamente, teme, esto es demasiado formal, ¿no crees? ― Sasuke miró asesinamente al rubio.

― Nadie ha pedido tu opinión. ― Hinata contuvo el aliento, mientras Sakura meneaba la cabeza y Naruto se largaba a reír. Tres reacciones muy diferentes. ― Tendré que ir a comprar alcohol. ― dijo Sasuke, mirándola fijamente.

― Ok. Tengo ganas de tomar vodka y ron. Mucho ron. ― dijo la chica, saboreándose.

― Alcohólica. ― le reclamó el moreno, aunque Sakura no se lo tomó a mal y le sonrió haciendo derretir los huesos de Sasuke. ― Y yo fomento tus vicios.

― Ni que bebiera todos los días. ― le reclamó, con los ojos fruncidos. ― La última vez que tomé fue para mi cumpleaños y eso fue hace casi 3 semanas. ― excusó la chica. ― Yo no me quejo porque tú fumes.

― Lo hago lejos de ti. ― le recordó con molestia, pero por sus palabras, no por la situación.

― Igual quedas con el olor impregnado en la ropa. ― Picaronamente, la chica se acercó a él, olvidando por completo que estaban el resto de sus amigos frente a ellos. ― Aunque reconozco que es como un afrodisiaco muchas veces ese olor a nicotina. Mezclado con tu propio olor es muy… Wow. ― Hinata carraspeó incomoda y sonrojada. Sakura al mirarla también se sonrojó y se tapó la cara. ― ¡Lo siento!

― No te preocupes, Sakura. No es la primera vez que veo a una mujer haciéndole sugerencias sexuales a Sasuke. ― explicó el rubio, ganándose una mirada de advertencia por parte del moreno y otra ofuscada de la pelirosa. ― No me miren así.

― ¿Quién te ha hecho propuestas? ― quiso saber Sakura, mirándolo inquiridoramente. ― ¿Erika?

― Espera, no tengo porqué explicar las burradas que dice el idiota este. ― Naruto se hizo el desentendido y siguió comiendo, fingiendo no estar presente. ― A él también le llegan sugerencias y cartas con ropa interior, ¿o no, imbécil? ― Fue el turno de Hinata para reaccionar.

― ¿Ropa interior? ― Naruto le lanzó un pequeño grano de arroz a Sasuke. ― ¿Por qué te mandan correspondencia con ropa interior? ― le preguntó la peliazul, muy confundida.

― Así es la vida de artista, Hinata. ― contestó Sakura, salvándole el pellejo a Naruto. ― Hace algunos días, Morio intervino una carta para mí, donde venía algo asqueroso de un tipo enfermo. Según lo que me contó, sus palabras eran muy fuertes hacia mí y se deshizo de esa linda misiva para no hacerme sentir incomoda. ― le contó Sakura para sorpresa del trio.

Sasuke la instó a mirarlo.

― ¿Cuándo pasó eso? ¿Por qué no me contaste? ― exigió el moreno. ― Morio tiene que dar informes sobre tu cuidado. Kisame lo sabe y Shizune también. ― la pelirosa soltó el aire cansina, todavía sorprendida por lo que le había contado su guardaespaldas.

― No quise preocuparte. ― le contestó algo abatida acariciándole el dorso de la mano para aplacar su molestia. ― Fue chocante y humillante para mí. Agradezco enormemente que Morio se haya hecho cargo, porque sino estaría verdaderamente traumada. ― intentó bromear, pero todos estaban preocupados. ― Sabes que son fans con problemas mentales. Pervertidos que buscan una u otra manera de estar cerca y les gusta estos medios de acciones porque te marcan. Solo quieren quedarse con la medalla de que el famoso siempre recordará.

― ¿Y cómo fue que consiguió tu dirección? ― preguntó Sasuke. Sakura se alzó de hombros. ― Sakura, esas cosas me las tienes que contar. No es algo menor.

― Pero consideré que ya se había hecho lo correcto. Kisame y Morio tienen indicaciones que les dio Shizune, para intervenir toda mi correspondencia. ― Acercándose a él, se acurrucó en su costado y Sasuke la abrazó por los hombros. ― Ya pasó y olvidémoslo.

― Tienes que tener cuidado, Saku. Los tipos enfermos son capaces de muchas cosas. ― le dijo Hinata con su voz bajita. ― Y Sasuke tiene razón; no debes guardarte este tipo de temas solo para ti. Te hará mal a la larga. ― la pelirosa sabía que era así, pero no era fácil llegar y contar que un idiota le había mandado una fotografía de su pene, manchada con su propio semen y haciendo sugerencias sexuales muy explicitas de como la sometería bajo sus instintos. De solo pensar en esa asquerosidad, le daban nauseas. ― Somos tu circulo de contención.

― Muchas gracias. No le tomé el peso. ― dándole un beso en la mejilla al moreno y tomándole la mano a Hinata, sonrió aliviada. ― Volviendo al tema, es normal que las mujeres se lancen sobre nuestros novios. Tendremos que vivir con eso.

― Ustedes también tienen sus seguidores. ― les hizo ver Naruto, todavía sorprendido por la historia de la pelirosa, pero en cierta medida agradecido de que Hinata no tuviera esa fama como para llamar la atención de esa forma.

― Eso es verdad. ― apoyó Sasuke. ― Dobe, ¿vamos por alcohol? ― una salida y tomar aire le ayudaría a relajar los nervios en tensión que tenía luego de escuchar a su novia.

― ¿De verdad irás tú mismo a comprarlo? Puede ser peligroso. ― sugirió el rubio.

― Eres un marica. ― le reclamó Sasuke, ganándose una mirada reprobadora de Sakura. ― ¿Qué? Si es verdad. ― se defendió.

― Naruto tiene razón. ¿No puedes pedirle a alguien que traiga en vez de ir tú? ― le preguntó Sakura. Sasuke enroló los ojos. ― Llamaré a Ino.

― Sí, que ellos traigan. ― apoyó Naruto. ― Recuerda que eres una figura mundial, teme. No puedes salir a la calle y comportarte como un ciudadano normal.

― Pones en riesgo tu vida. ― acotó Hinata, con su voz bajita. ― ¿Dónde está el baño? ― preguntó, esperando que Sakura le enseñara el camino.

Sasuke y Naruto se quedaron solos sobre la mesa, con los platos vacíos y las ensaladas a medio comer. Naruto jugó con su servilleta.

― ¿Va todo bien con Sakura? ― le preguntó pasado algunos segundos. ― ¿No han tenido grandes problemas?

― ¿Por qué quieres saber eso? ― contra preguntó el moreno. Hosco como siempre. No iba a contar sus intimidades.

― Nada. Era un intento de conversación. ― Sasuke apiló los platos y se levantó para dejar limpia la mesa. Naruto lo ayudó y estuvieron así por algunos minutos. ― Por fin me gané la completa aprobación de la familia de Hinata. ― le contó el rubio.

― ¿El señor Hyuga no sueña con cortarte las bolas? ― Naruto rió y meneó la cabeza negando. ― Aunque dudo que se haya despreocupado del todo con el tema.

― Más bien tengo el permiso para ser su novio, aunque eso no significa que pueda comportarme como un novio normal. ― algo frustrado, Naruto se apoyó a un lado de la encimera, mirando a su amigo lavar la loza. ― No me quejo de eso, pero a veces quisiera, no sé, salir de viaje a cualquier parte con ella. Una semana donde nos despejemos ambos, al lado del mar o en un bosque, pero no se puede. Hiashi no se lo permite todavía.

― Piensa que tiene 17 años. ― Naruto entendía eso, pero había momentos donde se sentía sobrepasado por el tema. ― Yo tampoco la tuve fácil y la mamá de Sakura me amenazó.

― ¿Ella sabe que están juntos? ― Sasuke asintió. ― ¿Y sabe que prácticamente viven juntos? ― Sasuke volvió a asentir. ― ¿Y aceptó?

― Entendió que no podía ir en contra. ― mirando a su amigo, habló fríamente. ― Sabe que no dejaré a Sakura.

― Si le dijiste eso, de la misma forma que me lo acabas de decir a mí, estoy seguro de que aceptó por miedo, más que por estar de acuerdo. ― bromeó, aunque apegándose a la realidad. ― Igual Sakura tiene una personalidad mucho más fuerte y altanera que Hinata. Ella también se debe haber enfrentado con su madre por ti.

― Demuestra que eres alguien confiable, sin ser el perrito faldero de los Hyuga. ― Naruto hizo una mueca. ― Si te vuelves muy servicial, abusarán. Si eres confiable, pero dejas claros los límites de lo que aceptarás, ellos también tendrán que atenerse a tus condiciones. Es lógica, dobe.

― ¿Impongo mi voluntad sin faltarles el respeto? ― Sasuke asintió. ― Después del Coachella, le propuse un viaje: quiero que conozca a mis padres. ― el moreno volvió a asentir, pero en medio camino se detuvo. ― ¿Qué te pasa?

― Nada. ― no quiso contarle.

Sus pensamientos se fueron al momento imaginario en donde presentaría a la pelirosa con sus padres. Fugaku ya le había dejado claro en su momento, lo que opinaba sobre Sakura y que no quería verlo con ella. Mikoto no se había pronunciado, pero dudaba que fuese en contra de lo que había dicho su marido. Eso significaba que no se tomarían del todo bien que ellos fuesen una pareja.

― ¡Hola! ― el saludo que llegó desde la puerta de la cocina, lo sacó de sus cavilaciones, teniendo que fijar su atención en el recién llegado Itachi. En cada una de sus manos, llevaba botellas de alcohol. Vodka, ron y un whisky. ― Les traje sus pedidos.

― No te llamamos. ― dijo Sasuke. Ino apareció por detrás del moreno y los saludó con la mano. ― Hola.

― Sakura me mandó un mensaje, así que pasamos a comprar esto. ― con Ino. Itachi asintió, poniendo las botellas sobre la isla que se encontraba en el lugar. ― No son de las mejores marcas, pero pasamos por un supermercado nada más.

― Ino no quiso ir a una distribuidora exclusiva. ― explicó Itachi, sentándose en un taburete.

― ¿Dónde está Sakura y Hinata? ― preguntó la rubia, alisándose el cabello.

― Dijeron que estarían en el baño, pero probablemente estén en otro lado. ― elucubró el rubio.

― Sakura compró toneladas de ropa. ― comentó Sasuke. ― Deben estar en su ropero.

― Ok, me iré a verlas. ― Guiñándole un ojo a Itachi, salió del lugar.

― Otro que cae con ese grupo de amigas. ― molestó Naruto. ― Deben de tener un truco bajo la manga para tenernos así.

― Tu eres idiota desde siempre. No le eches la culpa a Hinata. ― respondió Itachi. Sasuke hizo una mueca, evitando reír. ― ¿Y a ti que te pasa? Estabas más animoso cuando vine, "amor". ― Naruto esperó a que Itachi explicara ese sobrenombre, pero no se refirieron a aquello.

― Estaba pensando en esa vez que me acusaste con nuestros padres por la relación que tenía con Sakura. ― contestó Sasuke. ― No se tomarán bien que la presente como mi novia.

― Como fue un error mío, ayudaré a que cuando llegue el momento, nuestros padres no se lo tomen a mal. ― explicó el pelilargo. ― Yo también tengo a alguien a quién presentar y no creo que se sientan del todo felices al saber que sus dos hijos, han caído en redes de chicas mucho menores. ― Naruto se sentó en la encimera. ― Tú estás en la misma disyuntiva.

― Mis padres saben sobre Hinata. ― les contó Naruto. ― Desde un principio les dije quién era. Es más, saben que estaba enamorado de ella desde hace mucho tiempo, así que tienen todo perfectamente preparado para recibirla. Yo temo más, porque creo que serán demasiado efusivos y mi pobre chica escapará.

― Si te quiere, no se asustará. ― lo motivó Itachi. ― ¿Por qué no olvidamos esto y nos ponemos a beber? Estamos en buenos momentos de nuestras vidas: Tenemos trabajo, salud, ningún problema con drogas y sobretodo, 3 chicas hermosas que nos esperan.

― Por fin dices algo interesante. ― murmuró Sasuke, olvidando por completo el tema de sus padres.

En otro minuto pensaría sobre eso y tomaría decisiones. Por ahora se limitaría disfrutar junto a Sakura y hasta que ella no se sintiera preparada para hacer oficial su relación, él tampoco la obligaría a hacerlo.

― Naruto-kun. ― llamó Hinata.

El rubio salió hacia ella y la vio con una linda blusa, sin mangas, escotada y varios botones bajando por su liso vientre.

― Wow. ― fue lo único que dijo.

― Sakura me la regaló. ― le contó, sonrojada y tomándose el pelo para que él la viera en completa plenitud. ― ¿Cómo me queda?

Naruto se fijó en el blanquecino cuello de la chica y bajó por su escote, encontrándose con sus senos llenos y que parecían a punto de explotar dentro de la tela. Más abajo su cintura se acentuaba. Al girarse, Naruto descubrió que la parte trasera era de encaje transparente y se veía el broche de su sostén azul.

― Te ves preciosa. ― le contestó, abrazándola por la espalda y besándole el hombro. ― Justo como me recetó el doctor.

― Que chulo tu piropo. ― le respondió la peliazul, aunque riendo.

― Es que me haces sentir de ese modo. Un chulo. ― abrazados en medio de la sala, vieron llegar al cuarteto que faltaba.

Se acomodaron en la alfombra, sentados uno al lado del otro, aunque Sakura se había aprovechado y estaba entre las piernas de Sasuke, apoyándose en su pecho y robándole calor al pelinegro.

― Ino, dame vodka. ― le pidió Sakura. La rubia tomó la botella y le sirvió un trago que consistía en vodka con jugo de naranja. Mezclándolo con su dedo, se lo pasó a la pelirosa, quién lo tomó hasta la mitad como si fuera un dulce. ― Esto es una delicia.

― Hoy quiero hacer un brindis. ― dijo Itachi, alzando su vaso cuando todos tuvieron servido el brebaje. ― Por las mujeres.

― ¿Las mujeres? ― le preguntó Ino, alzando una ceja. ― ¿No será mejor: "por Sakura, por Hinata y por Ino"?

― Se entiende a lo que voy. ― explicó Itachi. ― Pero si así lo deseas. ― mirándola a los ojos, reanudó su brindis. ― Brindo por la rubia de ojos azules que me mira. Por la peliazul de ojos alabastros que se abraza a Naruto y por la pelirosa de ojos verdes que tiene amaestrado a mi hermano. ― Alzando el vaso, continuó. ― Brindo porque hoy me siento más ganador que nunca y…

― Itachi, ya cállate. ― le pidió la rubia, cortando su discurso por la mitad y rebanando también parte de su orgullo masculino ya muy magullado por la rubia. ― Esto pasa porque se pone a beber antes de la medianoche. ― Sasuke asintió, recordando que su hermano había tomado whisky antes de ir a buscar a la rubia y con los nuevos vasos de alcohol que se había mandado desde que se apareció por segunda vez en su casa, muy probablemente estaba borracho. ― Me tuve que traer yo el carro, porque se quedó dormido.

― No estoy borracho. ― se defendió el moreno. ― Solo algo "achispado".

― Lo que digas. ― alzaron las copas, y riendo se tomaron sus bebidas. ― Disfrutemos de nuestra compañía. ― sugirió la rubia.

― Yo tengo ganas de bailar. ― Sakura levantándose, fue hasta el computador del moreno y puso música. Sasuke la miró extrañado cuando la vio colocar ritmos muy movidos, casi latinos. ― Amor, ven.

― Uuyy, le dicen amor. ― lo molestó Itachi. ― Aunque Ino, si quieres me dices igual. ― Verdaderamente Itachi estaba bebido, porque en su sano juicio, era genial y poco conversador, como todos los Uchiha y jamás de los jamases hubiese hecho esa sugerencia para recibir un apelativo amoroso.

― Sasuke, ven. ― le volvió a llamar Sakura, tomándole la mano cuando estuvieron cerca.

Abrazándose por su cuello, lo beso tiernamente y se olvidaron del resto. Naruto y Hinata se pusieron a bailar, aunque descoordinadamente y riendo. Ino e Itachi seguían regañando juntos, pero se notaba que estaban felices por estar bien.

― Eres un verdadera loquita. ― la molestó Sasuke, abrazado a su cintura y con sus frentes pegadas. Sakura tenía los ojos cerrados y se dejaba envolver por los brazos del moreno. ― Y yo lo estoy todavía más por estar contigo.

― ¿Te arrepientes? ― no había temor ni inseguridad en su pregunta. Sabía que, si respondía afirmativamente, la pelirosa le daría infinidad de razones para que no estuviera arrepentido y siguiera a su lado por siempre.

― Por nada del mundo. ― respondió el moreno, viéndola sonreír sin abrir sus ojos. ― No necesito a nadie más en mi vida. Solo a ti. ― agregó.

― Y yo también solo te necesito a ti. ― se besaron largamente, disfrutando de su apasionado momento. Sin embargo, fueron interrumpidos por las risas cómplices de sus amigos y el sonido de un celular sacando una fotografía de su alargado beso y abrazo. ― Saquémonos una foto todos juntos. ― sugirió Sakura, corriendo a tomar su celular.

Naruto abrazó por la espalda a Hinata. Ino quedó a un lado de Itachi, quien tuvo que agacharse para salir en la fotografía ya que era mucho más alto. Sasuke al costado de la pelirosa, que aprovechándose de que la cámara no los captaba de cuerpo completo, apretó sus dedos en la cintura de ella.

― Digan: "Naruto es el más cool" ― gritó el rubio.

El clic sonó, pero la única que gritó fue Hinata, quién se ganó al final de la captura, un largo, pero maravilloso beso. Y la gracia le hizo recibir 10 mil me gusta en Instagram. Una verdadera sensación.

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― Ino, yo muy feliz te haría el amor… ― la rubia alzó una ceja y se puso la remera que le había prestado su pelirosa amiga para que se durmiera en una de las habitaciones del departamento de Sasuke. ― Mucho tiempo… ― continuó.

Ino miró la hora en su teléfono y sonrió: Las 6 de la mañana. Una buena hora para levantarse, pero que, para todos ellos, era la hora de acostarse. Sasuke ya se había llevado a Sakura a la cama, al igual que Naruto lo había hecho con Hinata. Recordaba las mentiras que le habían dicho a la madre de la peliazul para que las dejara quedarse en la "casa de Sakura" y ésta, aunque algo reticente, aceptó.

― Hoy estás en calidad de bulto. Quizás cuando nos levantemos, apenas recordarás lo que me has dicho. ― Le dijo, metiéndose en la cama. Pensar de ese modo la entristeció, temiendo que el pelilargo desconociese todo lo conversado, pero vio tanta determinación en los ojos del pelilargo, que entendió de inmediato que el moreno tenía total claridad de cada una de las cosas que le había dicho a lo largo de la noche. ― Sácate esa ropa y ven a la cama. ― lo llamó, cuando ya estuvo dentro de las tapas.

― ¿Te he dicho que me gusta dormir contigo? ― le comentó el moreno, quedando a torso descubierto y solo con bóxer. ― Eres muy suave.

― De verdad estás borracho. ― le dijo la rubia, tomándole el peso a todos los tragos que se había bebido el Uchiha mayor. ― Ven a la cama. ― lo volvió a llamar y se maravilló viendo como el cuerpo delgado y atlético se contraía y estiraba al caminar hacia ella para terminar metiéndose entre las tapas y arrimándose a su lado. ― Duerme.

― Quiero sellar nuestra reconciliación. ― le reclamó angustiado al saber que no sería así. ― Antes de venir, me dijiste que lo dejaríamos para la noche y ahora estamos de noche, pero no quieres hacerte cargo de tus palabras.

― Habla más bajo. ― le pidió abochornada y tapándole la boca. ― Estás ebrio y yo tampoco me encuentro en mi mejor estado.

― ¿Y cuando nos reconciliaremos? ― quiso saber el moreno haciendo un gesto como si se sintiese herido. ― No podemos estar juntos sin reconciliarnos.

― ¿De verdad crees que podrás hacerme el amor en tu estado etílico? ― le preguntó la rubia muy dudosa. Itachi la miró, pensando en la respuesta.

Soltando el aire y dándose por perdedor, negó con la cabeza.

― No es que no tenga aguante, pero tener sexo borracho provocará que no acabe nunca y será frustrante. ― reconoció cansino. ― Por hoy te dejaré libre.

― No quiero ser libre, solo que hoy prevalecerá el sentido común, ¿te parece? ― Las conversaciones de borrachos tendían a ser estúpidas, pero la de ellos tenía de todo un poco: humor, aclaraciones y sobretodo promesas.

― Me parece. ― Itachi se acomodó de tal forma, que quedó con una parte de su cuerpo sobre el de la rubia y bajó la cabeza para besarle los labios.

Lento y pausado, solo se rozaron, pero la rubia se desesperó por ello y cruzó sus brazos tras él para tirárselo encima y acalorarse con el peso que tenía su cuerpo.

― Dame un beso bien. ― le reclamó frustrada y abrió la boca en busca de su lengua, encontrándola de inmediato. Itachi no se hizo de rogar y se acomodó de tal forma, que sus cuerpos se enlazaran entre miembros cálidos y alientos jadeantes. Se revolcaron sobre la cama, llenándose de besos, con la promesa latente de que los días posteriores, no habría necesidad de contenerse.

Ino, que intentaba mantener una vida independiente, agradecía dejar sus problemas sobre los hombros del pelilargo. Sabía que él la ayudaría… y ella le pagaría comportándose como la mejor secretaria sexy de la historia.

O.O

― Ah… aaaah… ¡aaaaaaaaah! ― dando el ultimo alarido de su orgasmo desbordante, Sakura cayó sobre el pecho del moreno, quién todavía seguía teniendo el suyo.

Ambos respiraban fuertemente e intentaban normalizar los latidos de su corazón. Sasuke, secándose la frente con su mano y acariciándole el cabello rosa a la chica que tenía sobre él con la otra, sonrió extremadamente satisfecho.

― Nunca, y no lo digo por complacerte, una mujer me había dejado tan saciado. ― le susurró despacio, sin ver los ojos brillantes de la chica, ni como las comisuras de su boca se alzaban en una pequeña, pero pagada sonrisa. ― Eres igual que yo. Muy apasionada.

― ¿Cómo una chica va a rechazar acostarse contigo? ― se preguntó la pelirosa, retóricamente. ― Dudo que haya habido alguna que te haya dicho que no.

― Por hacerse las interesantes, si se niegan. ― le comentó él, posando una mano tras su cabeza, palpando el sudor que le cubría la nuca. ― Tú me das del mismo modo que te doy yo. Eres apasionada y no escondes tus ganas de mí.

― Sería idiota fingir que no me gusta el sexo contigo. ― Sakura se sentó nuevamente sobre el cuerpo del moreno, sintiéndolo dentro suyo, aunque sin la dureza anterior. ― Sería negarme a mi misma un placer que, desde que lo descubrí, me siento maravillosa. Me miro al espejo y me siento deseable, linda, con fuerzas, porque nos entregamos mutuamente algo único. No me imagino jamás compartiendo esto con otro hombre... ― el gesto del moreno cambió de inmediato. ― Noooo, esta vez no te permitiré malinterpretarme. Es tan perfecto lo que hacemos, lo que siento dentro de mí, traspasando del placer físico, que dudo que, en algún momento de mi vida, si llegásemos a separarnos, cosa que no pasará porque te prohíbo alejarte de mí, pueda sentir la confianza que siento en ti para que me toques, me digas cosas al oído, te apegues a mí, conozcas mi cuerpo con tus manos, tus ojos, tu boca… eres mi hombre especial, hecho perfectamente a mi gusto, como si te hubiese mandado a hacer a una fábrica de muñecos system. ― bromeó la chica, dándole un toque humorístico a sus serias palabras.

― Creo que tienes razón en algo que me dices siempre. ― Sakura se puso atenta, esperando su confesión. Antes de que hablara, se tiró a un lado del cuerpo del moreno, acomodándose en un costado para oírlo con mayor atención. De ese modo, pudo vislumbrar en completa plenitud su perfil atrayente y muy atractivo. ― Me siento muy bien a tu lado.

― ¿Ves? ― Sasuke alzó una ceja y la miró en una silente amenaza de: "di algo más sobre esto, y te mato… a besos". ― Eso es porque aunque no me lo digas, dentro de ti hay un poco de amor para mí.

― ¿Amor? ― preguntó dudoso. Sakura asintió, temiendo en todo momento de haberlo puesto en esa posición, casi entre la espada y la pared, para obligarlo a hablar de sus sentimientos. ― Si piensas que lo que siento por ti es un "poco" de amor, tendré que poner más empeño en demostrarte que esa escasa palabra no logra a reunir lo que me provocas, molestia. ― Sakura iba a hiperventilar.

¡Esa era una confesión marca Uchiha!

― ¿Un poco-mucho? ― Sasuke se puso de lado, al igual que ella y la acercó a su cuerpo para que Sakura quedase frente a su pecho. ― ¿Sasuke? ― llamó, instándolo a que respondiera. Necesitaba de sus palabras para sentirse todavía más segura.

Sasuke se hizo de rogar, pero con voz ronca, risueña y muy ceremonial dijo:

― Un poco-demasiado.

O.O

Sobre la cama, Naruto acarició largamente el cabello de su novia, acurrucada en su pecho. Sin embargo, algo el incomodaba bastante y no dudo en hacérselo ver por tercera vez en lo que iba de ese descanso en conjunto.

― ¿Crees que tu madre no se dará cuenta de que te estás quedando en casa de Sasuke en vez de la de Sakura? ― Hinata chasqueó la lengua, intentando no pensar en esa posibilidad ni en la reprimenda que se llevaría si ese fuese el caso. ― Cariño, sabes que puedo irte a dejar a tu casa.

― ¿Quieres que me… vaya? ― le preguntó la peliazul tartamudeando, incrédula frente a las palabras de su novio.

― ¡No, ¿Cómo crees! ― gritó el rubio, escuchando un golpe en la pared que colindaba con la habitación de Itachi. ― Lo digo para que no tengas problemas. ― aclaró, mirando con odio de donde venía el golpe. Tampoco había gritado tan fuerte como para que se molestara la pareja de al lado.

― Si llego en este estado a mi casa, papá me matará. ― respondió la chica, quedando aletargada. ― Nunca hemos dormido juntos toda una noche. ― le hizo ver, sonrojando sus mejillas y mordiendo su labio, antes de decirle: ― Me gusta.

― No más que a mí, créemelo. ― Naruto levantó levemente la sabana y vio como de su pantalón, afloraba una dura y marcada erección. ― Comenzaré a contar cerditos para intentar dormirme.

― ¿Eso no te… incomoda? ― le preguntó, muy sonrojada y en cierta medida caliente. Una sensación diferente, avasallante, pero no por eso desagradable. Se sentía bien con ello. ― ¿Duele?

― Ni se te ocurra acercar tu mano para hacerme una friega. ― le amenazó el rubio, masticando sus palabras que salían seseantes entre los dientes. ― No es fácil tener autocontrol y menos cuando estás en la cama con la mujer que te trae de la boca, casi besando las baldosas que ella pisa y la cual tiene toda su deliciosa humanidad chocando directamente con la tuya. ― le dijo Naruto. ― Me siento…

― Borracho de amor por mí. ― Naruto la vio levantar la cabeza para mirarlo. ― Eso me provocas. Me siento atontada, como si tuviera… corchos en la cabeza. ― tartamudeó.

― ¿Borracha de amor por mi? ― Hinata asintió, mordiendo su labio. ― Quieres decirme algo, ¿verdad? Cuando quieres hablar y no te atreves, tiendes a morder tu labio.

― ¿Cómo lo sabes? ― Naruto se había pasado muchas horas de su vida observándola, dedicándose a desentrañar todo los pequeños gestos que hacía la chica, logrando comprender sus actitudes y adivinando cuando algo la carcomía por dentro. Otro gesto continuo de la peliazul, era revolver sus manos. Ese era un intento desesperado, junto con el morder sus labios, de acallar un grito interno; una petición de cualquier tipo, que él no dudaría en cumplírsela por mucho que quisiera objetarla. ― ¿Puedo tocarte? ― le preguntó atropelladamente Hinata, esperando que hubiese entendido, pero Naruto no se lo pondría fácil.

― Ya lo estás haciendo. ― le respondió el rubio, con obviedad y feliz de verla tan azorada. ― Tu mano está en mi pecho, la otra la metiste tras mi espalda y tu tronco y piernas se apegan como segunda piel a mi cuerpo. Creo que no nada tuyo que no esté tocando algo mío.

― No me refiero a eso… ― poniéndose granate, levantó la sabana y le apuntó su miembro con la cabeza. ― Esto.

― ¿Qué? ― Naruto dejó de respirar y la miró con los ojos abiertos como platos. ― ¿Esto..., pero…? ¡Jesús! ― gimió asustado, con sus ojos azules muy abiertos. Ese tipo de peticiones eran las que debería objetar, pero su libido le impedían negarse a ella. Llevaba meses sin tener sexo. ― Hinata, me encantas como nadie y te aseguro que me fascinaría poder estar contigo en el sentido más apegado y completo de la palabra, pero permitirte lo que me estás pidiendo, es…

― Mira. ― no lo dejó acabar, para cuando su mano estuvo en la entrepierna del rubio. Naruto echó la cabeza hacia un lado y le tomó la muñeca con cierta brusquedad. ― ¡¿Por qué?! ― quiso saber apenada al sentir sus dedos alejarse de la humanidad palpitante de su novio, sintiendo un deje de desolación por verse sin cumplir lo que estaba deseando.

― Porque no. ― No podía darle una explicación racional cuando la mitad de su sangre había abandonado su cerebro y se encontraba alojada sobre su parte privada más necesitada de atención. ― Hay cosas que me es imposible controlar y si tú me llevas a un límite, será complejo mantener mi calma. No soy de metal, Hinata, por mucho que me gustaría serlo.

― Solo quiero tocar. ― insistió, haciendo una mueca. ― Un poco. ― le pidió, rogándole en cierto modo. Quería dar ese paso con Naruto. Solo era tocarse, no tenía nada de malo que comenzaran a familiarizarse con sus cuerpos.

― No. ― Hinata enroló los ojos. ― Entiéndeme. Soy mucho mayor que tú. Estamos en una situación que no deberíamos. Mentiste para quedarte acá. No me parece justo que abusemos de la confianza que nos brinda tu familia. ― le explicó entrecortadamente y rogando al cielo que sus ideas no sonasen con el desespero que sentía.

― Mi familia no tiene porqué enterarse de que te estoy tocando. ― respondió la chica, como si fuese lo más natural del mundo.

― Se pueden enterar de que pasamos la noche juntos. ― Hinata bufó. ― Sakura subió una foto de todos nosotros a sus redes sociales.

― Pero mis padres no saben que lo que sale detrás es la decoración del departamento de Sasuke, no el de Sakura. ― le hizo ver Hinata, como si estuviese tratando con un niño berrinchudo y cegado por su tozudez. Tonto Naruto, pensó dentro de su ebriedad.

― Cariño, estás bebida, por eso actúas así. Quizás mañana, cuando despiertes y recuerdes lo que hicimos te bajará todo el remordimiento. ― le dijo Naruto, intentando encontrar excusas para que Hinata cesara en su intento de acariciarlo y lograra apreciar su inquietud. No es que no quisiera que lo tocara, sino que, si lo hacía, era capaz de lanzarse sobre ella, corrompiendo todo lo que había prometido no corromper. El deseo era un arma de doble filo y Hinata todavía no le tomaba el peso a eso.

― Los borrachos dicen la verdad y piden lo que verdaderamente quieren. ― Naruto la quedó mirando largamente. ― Quiero conocerte. Mirar tu cuerpo y sentirlo parte del mío… Déjame, por favor. ― insistió, con mucha determinación.

Naruto echó la cabeza hacia atrás, sabiéndose observado por los ojos alabastros suplicantes de su novia. Ceder significaba un nuevo nivel en su autocontrol. Un nivel que no sabía si lograría dominar, pero tampoco podía estar todo el tiempo echándose hacia atrás. Era mejor que Hinata desde ya experimentara con él. Podían aprender juntos. A la larga, no sería un tema desconocido para ambos y poder lograr la confianza necesaria les garantizaría momentos mucho más dichosos, donde la vergüenza no tendría lugar. Naruto sabía que no debía ceder, tenía que mantenerse firme, pero no podía desconocer su naturaleza animal, que estaba deseosa de ser satisfecha y más si era la chica de sus sueños la que le entregaría esas cuotas de pasión.

― Ok. Hazlo. ― aceptó, con voz gruesa y obscura, pero notoriamente resignada. Hinata no esperaba encontrarse de frente con el cese del rubio y en un principio no supo qué hacer con ese adquirido poder. ― Dame tu mano. ― le dijo Naruto.

La chica se la entregó como autómata y lo miró bajar su bóxer con parsimonia, deleitándose del momento en el cual se encontraría de frente con Naruto desnudo.

Ya al verse descubierto y con Hinata jadeando, esperó su reacción.

― Es… grande. ― Naruto asintió, muy abochornado. ― Y está rojo.

― ¿Nombrarás todas sus características evidentes? ― le preguntó muy incómodo, sintiéndose descubierto. ― No es agradable sentirme inspeccionado, por mucho que esté orgulloso de mi herramienta.

― Y eres rubio. ― Naruto alzó una ceja sin ser visto. ― ¿Puedo…? ― la peliazul no esperó respuesta y con una seguridad aplastante, lo tomó entre sus manos, soltándose del agarre que tenía Naruto sobre esta. ― ¡Palpita! ― el rubio se tapó el rostro con una mano, muy avergonzado y a la vez caldeado. ― ¿Porque palpita?

― ¿No han visto en anatomía el aparato reproductor masculino? ― la chica lo miró a la cara por primera vez desde que había comenzado a observar su pene. ― Mi sangre está acumulada ahí… No sé ni cómo te hablo de esto… ― Por lejos, aquel momento, era el más vergonzoso de su vida. ― ¿Ya te sientes satisfecha?

― Sí. ― respondió la chica, separando su mano del miembro masculino. ― ¿No te gustó?

― Claro que me gustó, pero estoy siendo inteligente. ― argumentó el rubio. ― Si quiero que tu familia me acepte, contar mentiras y tener sexo a escondidas no ayudará mucho. ― explicó Naruto. ― Claramente tus padres en algún momento comprenderán que, al ser pareja, tenemos que tener intimidad, pero quiero que nuestra relación sea transparente y no haya nada que pueda avergonzarnos ni obligarnos a escondernos por habernos adelantado, ¿me entiendes? ― la peliazul no respondió de inmediato, pero luego de sopesarlo algunos segundos, aceptó. ― Me alegro.

― Gracias por tenerme paciencia. ― comenzó a decir la chica. ― Tampoco me siento preparada para dar un paso… más allá de lo que ya tenemos. ― dijo la peliazul, abochornada. ― Quiero ser sincera con mis padres, así que esta será la primera y última vez que les mentiré.

― Apoyo eso. ― Dándole un beso en la frente, suspiró. ― La fotografía que sacamos fue subida a las redes sociales de Sakura… ― lentamente, el rostro del rubio comenzó a mutar. ― Tus padres sabrán que no estabas con ella.

― Mis padres no tienen redes sociales.

― Neji sí. ― Hinata enroló los ojos, comenzando a sentir el cansancio del día sobre sus hombros y la presión del alcohol en todo su cuerpo.

― No hablará.

― Me amenazará. ― espetó Naruto.

― No se meterá. ― insistió la chica.

― Y si… ― lo silenció con un beso.

― Cada día tiene su afán. Ahora durmamos. ― a Naruto le impresionó la respuesta clara y dominante de la chica. Nunca era así, pero le agradaba enormemente verla sacar sus actitudes y hacer valer sus opiniones. Notaba que todo lo que estaba aprendiendo junto a los allegados de la empresa de su padre, le estaban ayudando a pulir esa personalidad tímida, pero concisa, que necesitaba un pequeño empujón para aparecer en todo su apogeo.

Esperaba que prontamente no fuese necesario la presencia del alcohol para inhibirla frente a los demás, ni tampoco que otros aleonaran su forma de ser para hacerla más valiente.

A Naruto le encantaba la Hinata tímida, que se enrojecía cuando lo veía y tartamudeaba al tenerlo en frete, pero el amor que comenzaba a sentir por la decidida y fuerte de carácter que estaba viendo el último tiempo, lo volvía loco. Si antes se sentía enamorado, ahora se sentía mega ultra embobado y dominado por esa chica que comenzaba a nacer dentro de ella.

Minato en alguna conversación que tuvo lugar entre ellos, le dijo: "los Uzumaki nos enamoramos de las mujeres decididas, con ideas claras y genio dominante". En su momento dudó de aquello cuando vio que su amor era solo para su tímida y preciosa mujer, pero ahora, con su cambio, esas palabras retumbaron en su cabeza.

Minato no se equivocaba y tenía toda la razón cuando agregó otra frase más a esas palabras: "Naruto, los Uzumaki aman ser macabeos".

17.

Tenten prendió el televisor y recorrió tres veces toda la programación sin encontrar nada que le interesara. Aburrida por ello, se echó en el sofá, mirando el reloj con números rojos que indicaban las 5:17 de la madrugada.

Luego de comer un yogurt y sacarse los grandes tacones, había caído sobre el mullido sillón esperando que el sueño llegara a anclarse en su cuerpo y de ese modo olvidar todos los sucesos del día, pero lamentablemente no tuvo esa dicha.

― Maldita soledad. ― masculló, recordando como Ino se había largado junto con Itachi y su compañero de piso había quedado de encontrarse con un nuevo "amigo" que lo traía atontado. Para sorpresa de la castaña, su amigo se veía realmente interesado y cada vez quedaba más en el pasado esa pose de ameba que caracterizaba al rubio.

Encontré al tipo perfecto. ― le había dicho hace algunas semanas cuando tomaban desayuno. ― Estoy a punto de enfrentarme a todos por él.

Ver los sentimientos tan claros y decididos de su amigo le hicieron juzgar su propia vida que en cierta medida todavía no se encarrilaba. Todavía se encontraba en una relación sin nombre con el moreno primo de su amiga Hinata. Insistía en verla y a pesar de que ya no era tan exigente como en un principio, dejar de responderle a sus mensajes era una pelea segura. Evitaba tener malos ratos con él y le contestaba apenas veía sus llamados, pero muchas veces eran inevitables, ya que el genio Hyuga se apoderaba de Neji y lo volvía un energúmeno intratable.

¿Qué harás? ― Le preguntó la última vez que estuvieron juntos, mientras la veía ponerse la ropa. ― Podrías quedarte.

Sabes que no puedo. ― Le respondió, subiéndose el jean y acomodando su cabello en una coleta alta. ― ¿Puedes llamar un taxi? ― Bufando, el pelilargo lo hizo.

Comienzo a hartarme de esto, Tenten. ― le dijo, con una amenaza clara en sus palabras. ― Quiero que te quedes conmigo y no vuelvas donde tu novio.

¿Nuevamente con lo mismo, Hyuga? Creo que había quedado claro que lo de nosotros es una aventura pasajera. ― le recordó la chica. ― Vivamos el momento y ya.

No pienso vivir el momento si eso significa tener que compartir algo que me pertenece. ― Tenten odiaba su posesividad, pero no sabía de qué forma enfrentarse a ella para aplacarla. Neji lograba intimidarla. ― Me estás obligando a tener que hablar nuevamente con el imbécil que vive contigo. Tendré que decirle que perdió; que su novia es mía.

Que yo sepa, la esclavitud fue abolida hace mucho tiempo. ― le respondió mordaz.

No te pongas condescendiente, Tenten. Sabes de lo que hablo. ― sentándose sobre la cama, dejó al descubierto su torso blanquecino, con el cabello suelto cayéndole por la espalda. ― La pasión y deseo es una cadena que no se logra soltar con facilidad.

Ya te he dicho que eres libre de largarte. De no molestarme. Te libero. ― dijo la chica. Esas palabras se las había reiterado en diferentes ocasiones, pero Neji no la escuchaba. Muchas veces le había dejado claro que pensaba respecto a lo suyo, sin embargo, el pelilargo usaba todas sus herramientas para convencerla de lo contrario y volvía a caer en sus brazos, olvidando su dignidad.

¿Y tú? Dices que me dejas libre, pero tú tampoco te has podido ir. O más bien, no has querido irte ― le replicó el castañ tomó su bolso con decisión. Neji le tomó la muñeca en el intertanto, impidiéndole moverse de su lugar, para que lo siguiera escuchando. ― También eres libre de irte, siempre y cuando tu noviecito tenga claro que le gané.

¿Es una competencia? ― la castaña se soltó de un jalón firme. ― ¿Machos disputando una hembra?

Tú lo volviste una lucha cuando decidiste jugar a dos bandos. ― le dijo con sorna y sonriendo malévolamente.

Tu también jugaste a dos bandos. ― lo acusó, recordándole el modo en que habían comenzado esa seudo relación.

Pero yo ya me decidí por uno, ¿Cuándo lo harás tú?

Ni siquiera le respondió. Salió del departamento del moreno como alma que lleva el diablo y con el corazón latiéndole en la garganta por la fuerza de sus emociones.

Sentía dolor, placer y un amor casi psicótico por el Hyuga. Le encantaba su forma de hacerle el amor, de hacerla sentir parte de algo. Esa fortaleza que exudaba, la confianza en sí mismo… pero todas esas cosas quedaban olvidadas cuando mostraba su posesividad que rayaba en lo absurdo.

Sin embargo, no iba a escapar. No quería hacerlo, por lo mismo, y fingiendo no recordar su pelea, marcó a su número. Había estado recibiendo mensajes del pelilargo desde ese día, pero ninguno se los había respondido, fingiendo y aclarando con su silencio, que necesitaba espacio para pensar, aunque el moreno al parecer no entendía.

Ya en el tercer pitido de la llamada, le cayó el peso de lo que estaba haciendo. De lo patética que se veía llamándolo con necesidad. Muy probablemente el moreno estuviese ocupado con otra chica, incluso con Mei. Pensar de ese modo le dolió en el corazón como una daga. No quería imaginárselos juntos, pero era algo muy probable…

― Tenten. ― la voz ronca y adormilada del pelilargo la detuvo. ― ¿Te pasó algo? ― le preguntó preocupado. Tenten se lo imagino intentando reaccionar cuando el sueño le daba batalla.

― No. ― respondió. ― ¿Estás ocupado?

― Estaba durmiendo. ― respondió, sin reprocharle por ello. ― ¿Quieres hablar?

― ¿Puedes venir a mi departamento? ― antes siquiera de arrepentirse, se lo preguntó, cerrando los ojos con temor. ― Estoy sola…

― ¿Tu novio? ― le preguntó con voz ronca, derritiendo los huesos de la chica. ― ¿Un trío? Si eso es lo que quieres, ni sueñes que estaré dispuesto.

― No, ¿Cómo crees? ― refutó de inmediato. ― ¿Puedes venir?

― Sí, puedo, pero si me encuentro con tu novio, le partiré la cara. ― amenazó. Tenten enroló los ojos. ― ¿Cómo es tan imbécil de dejarte sola?

― Sé cuidarme muy bien desde que cumplí la mayoría de edad. ― le comentó cansada.

― ¿Para qué sigues con él si buscas en mí lo que no te da? Termínalo y me tendrás cuando quieras. ― le volvió a decir.

― Hasta que aparezca Mei a reclamarte. ― le interrumpió la castaña, molestándose con la conversación. Si lo había llamado era porque tenía una necesidad física que solventar -aunque la necesidad emocional estaba muy patente en ella-.

― Mei no me interesa. ― dijo Neji con gran tranquilidad. ― Espérame. ― le ordenó y colgó.

La chica miró su teléfono cortado y una sonrisa asomó en su rostro. Sabía que era incorrecto, que saldría muy lastimada, pero no podía alejarse de él por mucho que quisiera. Además, el último tiempo, el moreno había bajado revoluciones respecto al tema de Tsubasa, aunque lo sacaba a colación cuando quería exigirle exclusividad.

Quizás era una tonta ilusionada, pero verlo tan interesada en ella, sin abandonarla a pesar de que estaba con otro, le daba una pequeña esperanza de que podría haber un futuro ligeramente prometedor para ellos. Tendrían muchos problemas, como la posesividad de él y la personalidad sumisa de ella. Tendrían que aprender a lidiar con sus genios volátiles y las palabras hirientes que se lanzaban en momentos de máxima impotencia. Olvidar el tema de Mei de una vez por toda y de la detestable perdida de su virginidad, pensando en ello como sucesos que formaron sus caracteres y le estaban enseñando a no cometer los mismos errores del pasado.

No obstante, la nebulosa oscura que siempre teñía su cielo azul cuando pensaba en el pelilargo, volvió a aparecer en su corazón. Le era imposible competir con sus propias inseguridades. Con ese dolor que le causaba pensar en el pelilargo y todas las cosas que hacía mal frente a ella. Le costaba entender el porqué de tanta agresividad muchas veces, como si Neji fuese un muñeco roto, que necesitase con urgencia alguien que lo ayudara a sanar, pero a la larga terminaría destruyendo a su salvador. Ella quería hacerse parte de su vida, estar presente en sus batallas, pero era realmente agotador estar a un lado de un tipo que cada cierto tiempo se sumía en su tristeza interior, destrozando todo a su alrededor, olvidando por completo que la gente también tenía sentimientos y al actuar de ese modo los lastimaba a todos. Ya lo había hecho con la banda, con su familia hasta un punto y ahora con ella.

Mei era un catalizador, alguien que lo hacía sentir inferior y que de esa forma lograba manejarlo, porque le daba la sensación de que ella podría hacerse dueña de sus decisiones y él solo descansaría estando a su lado, sin necesidad de analizar nada. Tenten quería que Neji la mirara como si igual, no como una competencia donde debía ser el merecido ganador. Que al mirarla sintiese la confianza de apoyarse y de apoyarla, no de avasallarla o darle el papel de soporte, mientras él se dormía en los laureles.

El sonido del timbre le recordó que esperaba a alguien y levantándose del sofá descalza, con su vestido arrugado y el maquillaje corrido, fue a abrir. Al llegar a la puerta, se vio en el espejo que tenía a un lado y se horrorizó.

― ¿Tenten? ―llamaron desde afuera, tocando con impaciencia el timbre. ― Si no estás acá… ― no escuchó más su voz, porque el pelilargo la estaba llamando a su celular, que estridente reveló que ella se encontraba ahí. ― Abre. ― exigió.

― Espera un poco. ― ni siquiera se había lavado los dientes. Había estado tan sumida en sus pensamientos que el tiempo pasó volando sin darse cuenta.

― No tengo paciencia. ― le recordó con un gruñido incluido.

― Ya me había dado cuenta.

Ordenó su cabello y se mojó la cara, esparciendo el maquillaje por todos lados. Tomando una toalla húmeda de bebé, comenzó a sacarse lo que quedaba desperdigado por su rostro. El vestido no tenía arreglo, así que decidió sacarlo, quedando en ropa interior. El lazo que había a un lado de la tanga era muy erótico y el encaje de su sostén era muy llamativo, haciendo juego. Neji se llevaría una grata sorpresa al verla así, pero, al fin y al cabo, era obvio que lo había llamado para tener sexo, por lo tanto, el pelilargo no podría quejarse de verla con esas prendas. Su cuerpo no era el de una modelo, pero Neji ya la conocía, así que no había necesidad de esconder la realidad.

Armándose de valor, caminó hasta la puerta, abriéndola. Al hacerlo, lo vio a él apoyado en el quicio, con la mano empuñada listo para golpear otra vez.

Al verla, quedó con el gesto de su cara detenido en el tiempo. Admiró sus lindos ojos, sus pechos rebosantes dentro del brasier, su vientre con carne, que le encantaba, sus caderas generosas y piernas soberbias. Perfecta y muy linda por lo demás, pensó el pelilargo. Carraspeando, volvió a mirarla a los ojos, aunque se quedó más tiempo reparando la sutileza de sus labios.

― ¿Y esto? ― le preguntó. No esperaba encontrársela de ese modo, tan eróticamente vestida.

Tenten se pasó nuevamente la toalla húmeda por la cara y tirándose a un lado lo dejó pasar.

― Perdón el desastre. Llegué hace un rato de una fiesta y no he podido ordenar. ― a Neji no le interesaba el orden del departamento. ― ¿Quieres algo para tomar?

― Quiero tomarte a ti. ― fue su decidida respuesta.

Agarrándola por la cintura, fue en busca de sus labios, besándolos con ferviente deseo, pero se separó casi al segundo, mirándola con el ceño fruncido.

― ¿Qué ocurre? ― le preguntó la chica, con las mejillas sonrojadas.

― Tu boca está amarga. ― La vergüenza tomó el cuerpo de la castaña, quién se puso roja de pies a cabeza para sorpresa del pelilargo. ― Tranquila, me refiero a que tiene sabor a alcohol.

― Bebí bastante. ― se excusó muy entristecida.

― Es esa cosa con la cual te estás limpiando. ― le apuntó la toalla húmeda. ― ¿Dónde fuiste? ― le preguntó el pelilargo, interesándose en besarle el cuello y caminar con ella hasta el centro del living, sin soltarla de sus brazos y tocándole la suavidad de sus nalgas.

― Fuimos de fiesta con Ino y Tsubasa. ― Neji levantó su rostro y la miró expectante. ― No está acá. ― le respondió la chica, leyendo la pregunta que le hacía con sus ojos alabastros. ― Para de odiarlo. ― le pidió, cansada.

― Es un imbécil, no puedes negar eso. ― Tenten frunció el ceño, pero se limitó a enlazar sus brazos tras la nuca del pelilargo. ― Lo detesto porque no te valora. Porque se va y te deja sola. Sabe que yo estoy en tu vida y nunca ha hecha nada para echarme. No tiene los huevos para enfrentarse a mí y cuidar a su novia de otro tipo que se la quiere quitar.

― Si lo ha hecho. ― replicó la chica. Tsubasa había intentado de muchas formas alejar el espectro que significaba el moreno en la vida de su amiga, pero todos sus intentos habían fallado. ― Pero soy un poco llevada de mi idea.

― ¿Un poco? ― Tenten hizo un mohín que a Neji le pareció tan natural. Algo que generalmente no veía en las mujeres con las cuales se relacionaba. No había nada artificial en la castaña que tenía enfrente. ― ¿Dónde está?

― La verdad es que no lo sé. ― respondió sincera, besándole la mandíbula y disfrutando del toque delicado que le daba el pelilargo en su cintura y caderas. ― Dijo que tenía cosas que hacer. ― ariscó un poco la nariz cuando la barba incipiente del moreno le tocó las mejillas.

― Te está engañando, ¿acaso no te das cuenta? ― Tenten se alzó de hombros. ― ¿Qué tipo de relación tienen ustedes? Es muy rara.

― Somos libres. ― le explicó sin ahondar en el tema.

― Yo no estoy dispuesto a compartirte con nadie más. ― la castaña enroló los ojos. ― Estoy hablando en serio. Si vas a mantener relaciones con otro más aparte de mí, olvídate de que existo. La única certeza de porque sigo acá, es que he ido descubriendo poco a poco y con tu forma de hacer el amor, que nunca te acuestas con Tsubasa.

― Eso no lo sabes. ― se defendió la chica, sonrojándose.

― Un hombre sabe cuándo una mujer no está satisfecha. ― su ego y soberbia masculina la alteró, pero, aun así, no se separó de él, ni permitió que se alejase un centímetro. ― Tienes que dejarlo. ― le insistió, mirando sus labios.

― ¿Tienes una propuesta mejor? ― Neji guardó silencio. ― Tu tampoco estás dispuesto a comprometerte conmigo, ¿Para qué vamos a complicarnos?

― No es complicarse… ― el pelilargo le besó la boca tiernamente, como nunca antes lo había hecho.

― Tienes miedo, Neji. ― le dijo Tenten al verse liberada de su boca. ― Tienes miedo de que me meta ahí y no puedas sacarme más. ― le apuntó el corazón con su dedo. ― Yo no soy como Mei.

― Déjala fuera de esto. ― Tenten soltó un bufido y se alejó de él, yendo a su habitación para buscar algo con lo que taparse.

Al terminar de abrigarse, se pasó otra toalla por el rostro y limpió el resto de maquillaje, para luego echarse mucha agua y quedar con su cara al natural. Volvió al salón y lo encontró sentado en el sofá, con la mirada fija en el suelo pensando en algo.

― No meteré a Mei en nuestras conversaciones. ― reculó la castaña, aceptando que la guapa mujer debía quedar fuera de ellos. ― Pero no me pidas que ignore la importancia que tiene ella en tu vida. Sé que, si usa bien sus armas, tú te irás de acá sin mirar atrás para correr a sus brazos. No estoy dispuesta a esperar a que eso suceda, por lo mismo no quiero comprometerme contigo.

― Me fijé en ti mientras estaba con ella. ― le recordó Neji, levantando la cabeza para mirarla a los ojos. ― ¿Eso no te quiere decir algo?

― Lo hiciste porque sabías que me conocías de alguna parte. ― le hizo ver Tenten.

― Conozco a mucha gente y ninguna mujer me ha causado lo que me causas tú. ― Tenten se miró los pies, sin poder aguantar la mirada penetrante del pelilargo. ― Mei quedó enterrada para siempre, pero reconozco que me da miedo volver a vivir lo que viví con ella.

― ¿Por qué aceptaste ese trato, Neji? ¿Dónde estaba tu dignidad? ― el pelilargo se alzó de hombros, sin tener una respuesta clara.

Tenten se arrodilló frente a él, para estar a una altura parecida.

― Me gustaba desde que era un adolescente. El amor que sientes por una mega estrella. ― le confesó el pelilargo.

― Lo mismo que sentía yo por ti. ― agregó apagada la castaña.

― Yo cumplí mi sueño de tenerla y me creí lo suficiente maduro de aceptarle sus tratos poco equitativos. ― le explicó con su voz baja y tranquila. ― No dudo que me gustaba mucho, incluso la llegué a querer, pero no entendía porque necesitaba acostarse con otros para validarse como mujer. He analizado muchas veces las relaciones que he tenido en mi vida y todas han sido algo tormentosas. Creo que una infancia sin padres y viviendo de allegado en otro lugar me obligó a querer generar lazos fuertes de pertenencia, ya que nunca pertenecí a nada.

― Los Hyuga son tu familia. Hinata te considera su hermano.

― Pero no lo soy. ― replicó el pelilargo. ― Verme solo y sin ese apoyo que creía merecer, me ha formado como alguien que tiene problemas para relacionarse afectivamente. A Mei le acepté el basureo, porque creí que era lo que me merecía. A ti intento controlarte, porque te siento mía. ― Tenten se mordió el labio y Neji se lo rescató tomándolo con su pulgar. ― No te muerdas.

― Veme como tu igual, Neji. ― al mirarse a los ojos, Tenten vio lo roto que se encontraba el castaño por dentro. ― No eres mayor ni menor que yo. Solo eres Neji y yo soy Tenten. Un gusto. ― estirando la mano, se presentó de manera simbólica. El pelilargo se la aceptó sonriendo de medio lado. ― Y ya que estamos con esto de las confesiones, debes saber algo.

― No me gusta cómo se oye esto. ― Tenten negó tranquilizándolo.

― Calma. No es malo… supongo. ― elucubró, haciendo un gesto de duda. ― Tsubasa y yo no somos pareja. ― dijo solemnemente.

― ¿Qué? ― preguntó sin creerlo y sintiendo una esperanza en su pecho que jamás nunca la había sentido. Se asemejaba mucho a lo que sintió cuando su padre le regaló su primer instrumento musical. Tenía ganas de conocerlo por entero, de tocarlo, dominarlo, perfeccionarse… ― ¿Terminaron?

― Nunca estuvimos juntos. ― especificó la chica. ― Tsubasa es gay y el mejor amigo que cualquiera quisiera tener.

― Espera, ¿ustedes nunca han estado juntos? ― Tenten negó. ― ¿Nunca?

― No le gusta lo que tengo entre las piernas. ― bromeó la chica.

― A mí me encanta. ― Tenten se sonrojó como colegiala y le golpeó el hombro. ― ¿Es en serio, Tenten?

― Es en serio, Hyuga. Tsubasa y yo nos conocemos desde que íbamos en pre escolar y él se comía el pegamento. ― le contó infidentemente. ― Él me dio una mano cuando me quedé sola, con la diferencia de que a mí me exiliaron de mi familia por diversos motivos. Tsubasa me apoyó y me dio un lugar donde vivir. Apoyó mi sueño de convertirme en una gran diseñadora y también me ayuda para poder conseguir llegar a mi meta máxima que es estudiar en Paris. La cuna de la moda. ― sus ojos castaños brillaron con fulgor. ― Odiaba mentirte y odié verte golpearlo tantas veces.

― No te cuidaba. ― se defendió el castaño. ― Te dejaba bailar borracha como cuba sobre la mesa, mientras unos perritos falderos babeaban abajo tuyo.

― No recuerdo eso. ― dijo riendo. ― ¿Babeaban?

― Como idiotas. ― la chica volvió a reír.

― ¿Sin más mentiras? ― le preguntó Tenten, esperando que fuese una promesa que durara a lo largo del tiempo.

― Sin más mentiras. ― aseguró el castaño, agradecido por estar así con ella.

La esperanza se hizo parte de sí como nunca antes. Lo motivaba a estar a su lado, a mejorar como ser humano y no volver a comportarse idiotamente como lo había hecho al estar con Mei. Tenten lo obligaba a querer mejorar muchos aspectos fallidos de su diario vivir que lastimaban al resto por sentirse como una víctima. Quería demostrarle a la chica de que no era un mal partido, cosa que le sorprendió, porque tampoco era como si soñara que se fuesen a quedar juntos, pero la mera idea de que ella lo mirara con decepción como lo había hecho desde el día que lo conoció, le molestaba.

No obstante, no pensaría en eso en ese minuto. Quería deleitarse de la sensación que le daba saber que ella estaba soltera y dispuesta a estar a su lado. Paso a paso, descubriéndose juntos y sanando. Él le daría mucho más de lo que alguna vez había entregado.

― ¿Vamos a la cama? ― sugirió la chica. ― Para eso te llamé.

― Soy tu esclavo. ― levantándose del sofá y dándole la mano para que ella lo hiciera del piso, se pusieron frente a frente. ― Lamento mucho haberte hecho tanto daño.

― Ahora, aunque sea un pequeño rasguño, olvídate de mí. ― era una amenaza clara y sabía que la cumpliría. ― Mi circulo no te tiene mucho afecto y te aseguro que irán en tu búsqueda si me vuelves a hacer llorar.

― ¿Te he hecho llorar? ― Tenten no respondió. ― Soy un imbécil.

― Que se va a rectificar, ¿verdad? ― Neji asintió con cautela. ― Vamos.

De la mano caminaron hasta la habitación de la chica y mirándose, comenzaron a sacarse la ropa.

Desnudos fueron a su encuentro y se abrazaron a un lado de la cama. Neji se sentó sobre la colcha y Tenten se sentó a horcajadas sobre él. Con fuerza, el pelilargo los levantó para quedar en el centro, sentado a lo indio y con la chica abierta sobre él como una flor mostrándose a la luz del sol que cubría los primeros días de la primavera.

Le besó la boca, el cuello, su clavícula, sus senos y costados de esto. Succionó sus pezones y la hizo jugar con su placer, llevándola a límites son rozándola con delicadeza. Se empalmó violentamente con sus gemidos roncos y su voz clamando su nombre con entrega. Cerró los ojos en todo segundo, dejando que sus labios conocieran el cuerpo delicado de la chica. Que su nariz se llenase de su afrodisiaco olor y que sus manos masajearan la piel suave que la cubría.

El cabello de Tenten cayó a los lados de su cara y lo peinó hacia atrás en un gesto erótico. Desesperada por más contacto, movió las caderas de forma circular, rozando su centro liquido con el miembro erecto del pelinegro. El roce de su tronco central con su estómago, le dio mucho más placer de lo esperado y la obligó a tomarlo entre sus manos. Con una experticia por la práctica que tenía con el pelilargo, lo acarició de arriba abajo, deteniéndose en su cabeza gruesa y bañada de su liquido previo al orgasmo.

Neji quiso tirarla sobre la cama, para ponerse sobre él, pero Tenten no se lo permitió, que, apoyándose sobre sus rodillas, posicionó perfectamente en el ángulo preciso del miembro del moreno y lo clavó en su centro anhelante de la humanidad del pelilargo.

Completamente llena, rebosante de él y con su placer desatándose como marea alta dentro de su cuerpo, se movió de adelante hacia atrás, tomándolo por entero en su interior. Neji mordió sus labios y entreabrió los ojos para mirar sus gestos de placer. El olor de sus sexos sirvió como enardecedor de sus sentidos y alocó sus deseos ya de por sí descontrolados. Neji la tomó por las caderas y la movió con más brusquedad, llegando más dentro de ella y sonriendo de medio lado cuando la vio abrir los ojos con pavor por el placer inmenso que sentía cuando su miembro tocó una fibra en su interior que era el punto exacto que la llevaba a otro nivel.

― Ahí… más. ― le rogó con la voz cortada. Neji volvió a levantarla y la dejó caer con brusquedad y al moverse hacia delante, volvió a rozar ese lugar privado. El botón de su clímax.

Tenten chilló con desesperación y lo empujó hacia atrás, para saltar sobre él con ímpetu. Tocándose ella misma los pechos y buscando con sus dedos la unión de ambos cuerpos, donde se encontraba su palpitante perla, llegó al orgasmo más brutal que alguna vez hubiese tenido. Neji, solo mirándola se enloqueció y dándole embestidas bruscas, tocando lo más profundo de la chica, se liberó soltando su semilla en el interior de ella.

― Dame dos minutos para recuperarme. ― le dijo el pelilargo, dejando que cayera a su lado vientre abajo y respirando erráticamente. Pasado algunos segundos, levantó la cabeza para hablarle.

― Amo tu pene. ― susurró Tenten.

Aquella simple frase de tres palabras se volvió una broma muy divertida y personal para ellos, como también el título de su nuevo capítulo.

18.

Shikamaru

Sobre su cama, con una mano tras la cabeza y la otra dando caladas a su cigarrillo, pensó en la soledad que lo acompañaba. Su madre ese mismo día lo había ido a ver para decirle, entre otras cosas, que, si seguía así, se quedaría solo para siempre y ella no podría disfrutar de sus nietos porque estaría demasiado vieja para darles en el gusto. No supo que responder a eso, provocando nuevamente el odio desmedido de la mujer, que, con chancleta en mano, lo amenazó de dejarlo sin descendencia -el quid del problema- si no le daba descendencia… No había entendido nada, pero no jugaría con su suerte diciéndoselo.

Sin embargo, luego de que se fuera refunfuñando, se quedó pensando en ello. En que llevaba meses solos y solo estaba supliendo sus necesidades sexuales con mujeres ocasionales que buscaban un poco de sexo y dinero fácil. Él no les quitaría el sueño y les entregaría lo que pedían, pero eso no estaba dándole la satisfacción que comenzaba a pedirle su cuerpo.

La compañía de alguien, querer a otra persona sobre todas las cosas y sentirse amado de la misma forma, como había sido con Temari. Pensar en ella lo descomponía, pero no de la misma forma que lograba antes. Ahora lo ayudaba a mirar las cosas con cierta perspectiva y a entender que ambos habían cometido muchos errores. Aceptaba su ida y ya no le reprochaba el que se fuera para seguir su sueño. Al fin y al cabo, él también lo había hecho.

También pensó en Nozomi. Su cara sonriente, esa vivaz forma de ser y humor muchas veces absurdo que le gustaba. Le agradaba conversar con ella, ya fuese de trivialidades como que el televisor gastaba menos watts que una ampolleta, hasta temas cruciales, como las crisis europeas, la inmigración por parte de muchos ciudadanos con problemas de primera necesidad que afectaban ese minuto al mundo. Oírla hablar con tanta pasión de las necesidades que había en el mundo, le hizo remover una parte de él, obligándolo a hacer una cuantiosa donación a una ONG que se preocupaba de ayudar a niños con problemas de hambre. La chica lo había convencido de que era una maravillosa obra, como también lo convenció de ir a hacer presencia en el lugar, construyendo una escuela, o parte de ella, como muestra de su caridad.

Era un bonito gesto, no lo dudaba, el mismo Neji, un apático engreído que andaba de lo más simpático, le había dicho que ayudar a niños de escasos recursos o con problemas era algo muy valorable y maravilloso. No quiso preguntarle de donde había sabido eso, pero le aceptó el punto.

Apagando el cigarrillo en el cenicero, escuchó el clic de su celular. Un mensaje. Una sonrisa. Desde que Nozomi había comenzado a hablarle continuamente, era una constante sonreír cuando veía las cosas que le decía.

Hoy me tocó atender mi primer forúnculo anal. No te imaginas lo nauseabundo, pero interesante que fue. Igualmente, dudo que esto te importe, así que solo te escribo para desearte un buen viaje y éxito en tu presentación. Estaré atenta para oír el nuevo tema que cantarán. Apenas suban los vídeos a "yutú" hablando sobre ustedes, estaré ahí gritando como loca. Adiós amigo y nos vemos pronto para comprar ese hermoso terno de pingüino.

¡AMIGO! Gritó internamente.

Verdaderamente iba de mal en peor. Era hora de llamar a su madre y pedir esa vasectomía por violencia. Ya no podían nacer más perdedores como él. No le hacían bien al mundo.

El suicidio es mi destino, nada me faltará.

Kiba

― Nada de mujeres. ― advirtió Natsuki, poniendo su pelo violeta tras la oreja. ― Solo una y te corto el pene.

― Ya me lo has dicho 30 veces, mi amor. ¿Por qué mejor no disfrutamos de la rica cena que nos preparó mi madre y nos regaloneamos?

― Bueno, por esta vez te acepto el punto, pero ni creas que me harás tonta. ― amenazándolo con la mirada, volvió a comer. ― Estuve mirando vestidos de novia. ― le contó.

― ¿Elegiste alguno? ― Natsuki asintió. ― ¿Lo puedo ver?

― Ni loca. ― gritó ella. ― Es de mala suerte, ¿o acaso quiere que acabemos antes de empezar?

― Solo era una pregunta. ― tomándole la mano sobre la mesa, sonrió. ― No quiero que te estreses por esto. Sé que estás bajo mucha presión eligiendo todo y yo no he sido de mucha ayuda por mis temas con la banda, pero te aseguro que después del Coachella descansaré y me abocaré a ayudarte.

― Cariño, te entiendo. Tampoco me volveré una neurótica que te enterrará el cuchillo en el cuello porque no estás a mi lado. ―Kiba tragó duro, sin ser notado. ― Te conocí trabajando a este ritmo, incluso en esa época trabajabas todavía más junto a los chicos para volverse famoso. No me puedo quejar ahora. Además, tienes que ser el mejor siempre, ¿verdad? No quiero que quedes a medias por darme el gusto a mí. No soy egoísta contigo.

― Cuando nos casemos, tendremos una hermosa luna de miel y nos olvidaremos de todo, ¿te parece? ― le propuso el castaño.

― ¿Dónde quieres ir? ― le preguntó la chica. ― Yo pensaba ir a Europa.

― Quiero playas paradisiacas, ¿te gusta la idea? ― Natsuki asintió muy entusiasma. ― Brasil es uno de los lugares que llama mi atención.

― Dos meses en Brasil tomando sol. Se oye hermoso. ― dijo soñadora, visualizándose tomando piña colada, mientras tocaba la arena suave bajo sus pies y miraba los hombres en tanga que se paseaban frente a ella, con puros atléticos y…

― No sé si podrán ser dos meses. ― Natsuki le restó importancia con una mano, todavía soñando despierta con su futura y muy posible, luna de miel.

― Con un par de días me basta, cariño. ― Kiba sonrió. ― Seremos muy felices.

― Señora Inuzuka. Se oye bien, ¿eh? ― Nat asintió feliz. ― Compré algo. Más bien es para mí, pero quiero que tú me lo pongas.

― ¿Un dildo gigante? Sé que comenzamos a experimentar con mi dedo en tu recto, mi amor, pero no creo que sea prudente que lo digas aquí en frente de todos. ― susurró la chica, mirando sobre su hombro mientras hablaba. Kiba se puso morado, ahogado por su propio bochorno.

― Ni se te ocurra volver a decir eso. ― la amenazó, aterrado de que sus amigos se enteraran de sus gustos "versátiles" con su prometida. ― Más bien era algo más pequeño y que no me meteré por el culo. ― Nat lo miró dos segundos, para explotar en una risotada que llamó la atención de todo el restaurant. ― Ok, gracias por esto. ― le dijo enojado y muy apenado.

― Perdón, perdón. ― le dijo, juntando sus manos, pero sin lograr cubrir las risas. ― Es que te pones con un gesto de niño pequeño que me fascina. ― Kiba se cruzó de brazos. ― Dime que es, cariño.

― No sé si te mereces que te lo muestre. ― alzándose de cejas, Natsuki lo miró sugerente. ― Hoy estás muy difícil de tratar. ― le reclamó.

― Ok, me pondré seria. ― Kiba resignado, sacó algo de su bolsillo y lo puso sobre la mesa. Era una caja de terciopelo, como la que traía su anillo de petición de matrimonio. ― ¿Otro anillo?

― Sí, pero ábrelo. ― Natsuki lo hizo con cautela, encontrándose con una alianza de oro, no muy gruesa y sin nada en su exterior. ― Es la alianza que usaré yo.

― ¿Cuándo nos casemos? ― Kiba negó.

― Desde ahora. Quiero que todos sepan que soy un hombre comprometido. ― a la chica se le llenaron los ojos de lágrimas. ― Ve lo que dice en el interior.

Natsuki, mi jedi favorita.

― Cariño, esto es hermoso. ― le dijo emocionada, saltando de su asiento y abrazándolo frente a todos para terminar sentándose sobre él. ― Pásame tu mano izquierda. ― Kiba lo hizo y sintiendo un escalofrió mientras el anillo se apoderaba de su dedo, se vio con él puesto con precisión. ― Eres mi prometido, mi hombre, mi vida, mi amor. ― Dándole un beso en los labios, sellaron la puesta del anillo. ― Esto es una gran prueba de amor.

― Para que veas de lo que estoy dispuesto a hacer por ti. ― riendo, la chica le revolvió el cabello.

― ¿Soy tu jedi porque saco mi espada por las noches? ― moviendo los dedos con sorna frente a su nariz, lo molesto riendo como posesa al verlo descompuesto. ― Es una broma.

― Mala broma. No te permitiré volver a hacerlo. ― la amenazó, aunque Natsuki no se sintió afectada y lo apretó contra ella.

― Estos días se me harán eternos sin ti. ― le contó, haciendo una mueca de tristeza.

― Pero ya me tendrás a tu disposición. ― le prometió el castaño.

― Y ya sabes lo que te espera.

Felices, sellaron su prueba de amor. Kiba era un hombre enamorado y Natsuki era la mujer más querida del mundo entero, sin lugar a dudas.

Naruto

― Nos vemos. ― alzando la mano, todos los presentes se despidieron de Neji. Naruto le palmeó el hombro al verlo pasar por su lado. ― No llegues tarde. ― le dijo el pelilargo a su amigo rubio.

Naruto lo miró salir sin entender nada. Buscó la mirada de su novia, que sonriendo se alzó de hombros, sin entender tampoco, pero si feliz de ver ese cambio en su primo.

― Está raro. ― dijo extrañado cuando Neji desapareció de su campo visual.

― Está más amable. ― dijo Hanabi, situándose a un lado de su cuñado y dándole un vaso de jugo. ― Me gusta cuando vienes a cenar a casa.

― Le gusta porque le traes juegos de videos y ahora quiere que le traigas otro desde Estados Unidos. ― le explico Hinata. Naruto se puso la mano en el pecho ofendido.

― Y yo que pensé que era un real cariño el que sentías por mí. ― dijo fingiéndose herido. ― Me has roto el corazón, Hanabi.

La chica sonrió feliz. Había un nuevo ambiente en su familia y la llegada de Naruto era un claro ejemplo de eso. Cenaba frecuentemente con ellos y sus bromas aligeraban el lugar, haciendo reír a las tres mujeres y a Hiashi, aunque este fingía no oírlo. Neji lo ignoraba, pero no para hacerse el interesante, sino porque estaba más concentrado en mirar su celular que en mirar a su alrededor.

― Lo siento. Aunque creo no ser la primera mujer Hyuga que te rompe el corazón. ― Hinata le lanzó una mirada amenazante a su hermana para que guardara silencio.

― Tu hermana estuvo a punto de lograr que tuvieran que hacerme un trasplante coronario de tanto dolor que sentí. ― bromeó el rubio.

― Mi padre también ha visto su corazón afectado por ti. ― broma acida marca de Hanabi. Naruto dejó de sonreír y puso una cara digna de fotografía. Hinata rió bajamente, mientras Hanabi casi se tiraba al suelo para burlarse de él. ― Es una broma, Naruto.

― Una muy mala. ― dijo ofendido, aunque esta vez era real su sentimiento de aflicción. ― ¿Tus padres? ― le preguntó a Hinata.

― Estaban en una cena de negocios, pero ya venían. ― le dijo la peliazul, acercándose hasta él para tomarle la mano. ― ¿Demos un paseo mientras los esperamos? ― Naruto aceptó.

Hanabi se perdió en el segundo piso, pero antes de llegar a su cuarto, corrió de vuelta donde su hermana y cuñado.

― ¡Naruto, quiero Overwatch! ― le pidió suplicante. ― Y una nueva consola, la mía se rompió. Allá en Estados Unidos hay una especial, que viene con todo lo de Overwatch incluido. Por favor, tráemele.

― Yo te la pago. ― dijo Hinata, mirando a su hermana de reojo por lo sinvergüenza que estaba siendo.

― Yo lo traigo y yo lo pago. ― replicó el rubio, aceptando la petición de Hanabi. ― Vamos, Hinata.

― Gracias, eres el mejor. Si mi hermana se enoja contigo, avísame. Yo la convenzo de que te perdone. ― le prometió la chiquilla.

― Lo haces porque eres una interesada, pero sin lugar a dudas, eres la mejor cuñada de todas. ― le dijo el rubio, sonriendo zorrunamente.

― Y ha tenido muchas cuñadas, así que siéntete importante. ― bromeó Hinata. A Naruto volvió a no gustarle la broma, pero no lo dijo. ― Ve arriba y mándame un mensaje cuando nuestros padres lleguen.

― Ok. ― aceptó Hanabi y salió del lugar saltando.

Hinata y Naruto se fueron al patio trasero de la mansión Hyuga y se pusieron a un lado de la piscina. Naruto le tomó la mano y entrelazó sus dedos con los de ella. Jalándola con decisión, la envolvió en sus brazos, disfrutando de brisa primaveral.

― Te voy a extrañar mucho. ― le dijo Hinata, apretándose en su pecho. ― Me había acostumbrado a verte casi todos los días.

― Te llamaré en cada momento que me encuentre desocupado. ― Hinata lo aceptó. ― Pero te aviso de antemano que cuando hay este tipo de eventos, el tiempo es escaso y vivo corriendo. Te puedo mandar mensajes, ¿te parece?

― Solo quiero que pienses en mí. ― Naruto la alejó para que se miraran a los ojos.

― Siempre estoy pensando en ti. ― juntando sus frentes, se tomaron de la mano. ― No quiero presionarte y los últimos días no te lo he preguntado, pero quería saber si ya habías conversado con tus padres respecto a mi petición.

Hinata asintió lentamente.

― Ellos saben y me dijeron que me darían una respuesta pronto. ― le comentó Hinata. ― Ese día que mamá entró a mi habitación y tú te fuiste, me quedé conversando con ella. Supe algo de su vida amorosa con mi padre y la entendí mucho. ― Naruto no quiso preguntar de que se trataba, aunque su vena curiosa estaba en todo su apogeo buscando saber. ― Le ha tocado duro, pero ha sido muy fuerte.

― Se nota que es una mujer de armas tomar. ― dijo Naruto, alabando a su suegra. ― Es muy amable.

― En eso me parezco a ella, aunque es más decidida que yo. ― sonriendo, la peliazul, continuó hablando. ― Se casó muy joven, muy enamorada y eso le jugó en contra. Papá la engañó y le dolió mucho, pero siguió a su lado, sin embargo, continuaron los errores de mi padre y mamá ya no aguantó más, por eso decidió irse a Europa, a hacerse cargo del área que quedó botada luego de la muerte de mis tíos. Antes lo tenían otros directivos, pero nos estaban llevando a la quiebra. Mamá remontó la compañía y triplicó las ganancias. ― admirada, Hinata se encontró con esa información en los papeles y solo pudo sentir profundo orgullo y respeto por esa mujer que era su madre. ― Es una gran negociante y estratega.

― Como tú. ― Hinata agradeció el piropo, porque si la comparaban con su madre, era para sentirse orgullosa. ― Tu padre es muy idiota, ¿Cómo se le ocurre engañarla?

― Era al principio de su relación. ― le explicó la chica. ― No lo justifico, pero tampoco lo sentencio por ello. Ha sabido resarcirse luego de eso.

― Ahora son más felices que nunca. ― Hinata asintió feliz por ello.

― Le comenté a mamá sobre nuestro viaje y me dijo que me iba a apoyar, pero papá igualmente tiene que darme su permiso. No quiero ir contra ellos, menos ahora que se han mostrado muy complacientes y confiados en mí. ― bajó la voz para que solo él la oyera, aunque su alrededor estaba vacío, no podía confiarse. Las paredes tenían oídos. ― Lo del otro día fue una estupidez apoyada en el alcohol, pero de ahora en adelante iremos con la verdad.

― Me parece perfecto. ― Naruto la besó en sus labios y se perdieron en ese mundo que solo les pertenecía a ellos. ― Te quiero.

― Yo más. ― chupándose los labios, Hinata volvió a abrazarse a él. ― ¿Tus padres me darán una habitación a mi sola?

― Es probable que no, pero les puedo decir que lo hagan para que no te incomode. ― Hinata lo aceptó. ― Pero esperemos la resolución de tus padres. No quiero presionarte y si no es ahora, puede ser más adelante, ¿bueno? Así que, si dicen que no, no te enojes. ― le pidió el rubio.

Hinata admiró que él pusiese a sus padres sobre sus necesidades. Podía comportarse infantil y tozudamente, exigirle que se pusiese intransigente con sus progenitores e impusiera su voluntad, pero no, era lo suficientemente correcto para decirle que pensara en ellos antes que en él. Eso solo reafirmaba su amor por él.

― No me enojaré. No soy una niña mimada. ― Naruto sabía que no. ― ¿Entremos? Mi celular acaba de vibrar y esa es la señal de Hanabi.

― Bueno. ― tomándole la mano, ingresaron al hogar, encontrándose con el matrimonio Hyuga en el recibidor de la casa. ― Buenas noches. ― saludó el rubio.

― Buenas noches, Naruto. ― lo saludó su suegra, mientras Hiashi movía la cabeza. ― ¿Cenaron?

― No. Los esperamos a ustedes. ― dijo Hinata.

― Pero ya comimos, Hinata. ¿no tienen hambre? ― la peliazul asintió. ― ¿Tu hermana?

― Arriba, probando videojuegos, supongo. ― respondió la chica. ― Iremos a cenar. Voy a buscarla.

― Antes de que subas, quisiéramos hablar contigo. ― Naruto se separó de ella. ― Más bien con los dos. ― agregó la mujer.

― ¿Pasa algo? ― pregunto la chica temerosa.

― El último tiempo te has visto sometida a muchos cambios, Hinata. ― comenzó a decir su madre. ― Luego de lo que le pasó a tu padre, tuviste sobre tus hombros la responsabilidad de tomar en cierta medida, la batuta de la empresa, aprendiendo terminología que no conocías, entrevistándote con acreedores, directivos, jefes y gerentes. Escuchaste muchas cosas, averiguaste otras más y mostraste que, a pesar de que no estabas del todo preparada, igualmente te atreverías a tomar las riendas de nuestro conglomerado.

― Era lo mínimo que podía hacer. ― susurró la chica.

― Y por eso mismo, por la madurez mostrada, por tu forma de ser y porque confiamos ciegamente en ti, tienes el permiso para salir de viaje con Naruto. ― le dijo su madre.

Ambos quedaron en silencio, pero rápidamente la situación explotó. Naruto la tomó en brazos y giró con ella, como si se hubiesen ganado el premio mayor de la lotería.

― Gracias, papás. No los decepcionaré. ― Hiashi tenía una expresión convulsa y poco convencida, pero ya estaba todo dicho. Debía confiar en su hija y en su buen juicio y dudaba que Naruto fuese tan idiota como para propasarse con la chica sabiendo que tenía todos los ojos puestos sobre él.

― Con la condición de que no duerman juntos. ― agregó el patriarca, mirando fijamente a Naruto. ― Ya sabes lo que pasará si mi hija llega con un pequeño toque tuyo. ― amenazó.

― Hiashi. ― advirtió la mujer. ― Naruto tiene claro los límites y Hinata comienza a ser una mujer. Démosle la confianza suficiente, ¿te parece? ― la peliazul agradeció al cielo por tener a su madre como confidente y ayudante. Era un regalo del cielo, una bendición del mundo que ella fuese una mediadora innata y que estuviese de vuelta en casa. ― Esperemos que Hinata termine con los exámenes y podrán irse un fin de semana.

― Me parece fabuloso. Gracias por eso. ― dijo Naruto, dándole la mano a Hiashi. ― No abusaré de su confianza.

― Eso espero. ― sus ojos blancos daban miedo, pero Naruto no se amedrentó. La noticia había sido tan buena, que no tenía miedo a nada.

―Vayan a cenar y luego hablamos de los detalles.

La pareja Hyuga se fue a su habitación, mientras Naruto y Hinata quedaron en el salón, abrazados.

― De a poco iremos consiguiendo más cosas. ― empezó a decir Naruto. ― Me siento como un adolescente que tiene que ir quemando etapas para conseguir permisos.

― ¿Y eso no te molesta? ― el rubio negó. ― ¿Ni te frustra? ― insistió la peliazul.

― Nada, cariño. Me hace feliz, porque te estoy acompañando en tu crecimiento. ― tomándole el rostro, la besó largamente. ― Lleva muchos bikinis para disfrutar de la playa.

― Traje de baños largos. ― corrigió la chica, sonrojada.

― Lo que sea, solo ponte linda. Aunque si te pones más linda, tendré que esconderte.

― Estás loco. ― rió la chica.

― Por ti.

Abrazándose y con la maravillosa noticia frente a ellos, su despedida no tuvo nada de tristeza, solo la promesa de que, a la vuelta, un nuevo paraje se ponía frente a sus ojos. El paraje de la confianza y no decepcionarían a nadie.

Neji

Neji sintió a la bonita castaña removerse entre sus brazos, despertando de su sueño corto, pero reparador y murmurando palabras ininteligibles.

― ¿Qué hora es? ― le preguntó, mirándolo con los ojos entrecerrados y abrazada como lapa a su pecho.

― Van a ser las 8 de la noche. ― le respondió, mirando la hora en su celular. ― Dormiste algunos minutos.

― Estoy cansada. ― se defendió, dejando caer su cabeza en el torso desnudo del pelilargo. ― Las grabaciones han estado muy agotadoras.

― ¿Están por acabar? ― Tenten asintió. ― ¿Y qué harás luego de eso?

― Tengo pensado tomarme unas largas vacaciones, pero luego recuerdo que junto dinero para estudiar y se me pasa. ― dijo bromeando la castaña, mientras acariciaba el pecho de Neji. ― Cuando terminen las grabaciones, me dedicaré por entero a la tienda que tenemos junto con Tsubasa. Hace mucho que no confecciono algo de mi autoría y me gustaría volver a hacerlo. ― le contó, suspirando cuando los dedos del pelilargo se perdieron entre sus hebras castañas, acariciando su cabeza con sutileza. ― Lo último fue el vestido de Sakura, pero generalmente hago más cosas y ahora no tengo mucho.

― ¿Tienes una tienda? No lo sabía. ― reconoció el Hyuga. ― ¿Venden solo ropa?

― Y algunos accesorios que no tienen mayor relevancia. ― contestó. ― Intentamos vender a un precio moderado, pero hay cosas que salen de nuestro presupuesto y nos han metido en grandes problemas. Hace algunos meses, antes de entrar a la película, compré una tela desde la India. Era carísima y según yo, la mejor para hacer una tenida completa, sin embargo, terminó siendo una imitación de muy mala calidad y que nos dejó con números rojos, sin ganancias. Nos desesperamos con Tsubasa. Teníamos que cerrar la tienda, un sueño mío y que él apoyó con todo su entusiasmo, pero una mano divina nos cayó del cielo: El padre de Tsubasa, como siempre, nos salvó, inyectándole dinero, así que pudimos continuar en Shibuya. ― dijo Tenten sonriendo al recordar la sensación de alivio que los embargó en ese minuto, cuando todo lo malo ya había terminado.

― Shibuya es un lugar caro. ― Tenten asintió, acomodándose mejor y poniendo su pierna sobre la pelvis del pelilargo, chocando directamente con su miembro semi erecto. ― ¿Dónde tienen la tienda?

― En uno de los centros comerciales. ― Neji quería mayor información, pero como Tenten se veía reacia a seguir contando, buscaría la información con la ayuda de Itachi o cualquier otro. ― Oye, ¿y cómo se pasa en las giras? ¿Mucho alcohol, muchas chicas, mucha gente?

― Mucho ensayo. ― respondió pausado. ― Es lo que más hacemos. No hay tiempo para divertirse.

― Es sabido que en las giras hay muchas groupies o ustedes tienen puertos en los que atracar. ― dijo la chica, usando un eufemismo. ― No es como que quiera saber cuántas tienes, ni cuantas tendrás, sino que es para…

― ¿Recopilar información? ― Tenten alzó la cabeza para mirarlo confundida. ― No sabes mentir.

― No miento. ― dijo sonrojándose. ― Era una pregunta, como si te hablase del tiempo. ― comparó, intentando salvar su dignidad.

― Sabes que no. ― serio como siempre, le peinó el flequillo hacia atrás y la dejó con su mentón posada en su pecho, mirándolo con cierta admiración. ― No me gusta andar con una y con otra. Ya no tengo 19 años.

― Pero es verdad que las chicas se lanzan, ¿verdad? ― Neji aceptó, moviendo la cabeza, pero sin darle importancia. ― La querías mucho, ¿no? Todavía la quieres. ― los ojos castaños de la chica se apagaron al igual que su brillo constante. Neji la vio escapar de sus brazos y poniéndose el pantaloncillo y su camiseta, salió de la habitación, dejándolo solo. Nuevamente Mei se hacía presente frente a ellos, como un fantasma que solo servía para atormentarlos.

Neji mascullando algunas palabras, se levantó, pero se tomó un tiempo para calmar sus emociones que se contrariaban cuando tenía a la chica cerca. Se vistió con tranquilidad y salió del lugar amarrándose el cabello en lo alto de la cabeza, despejando su rostro anguloso y guapo.

― No la quiero. ― contestó convencido. ― No del modo que se debe querer.

― No quiero saberlo. ― replicó ella, perdiéndose en la cocina. ― ¿Quieres comer algo?

― Intento hacer las cosas bien. ― volvió a la carga el ojialabastro, caminando tras ella. ― Hoy me voy por 5 días.

― Lo sé. ― respondió la chica, apenada y fingiendo concentrarse en encontrar alguna tontería en el mueble inferior. ― ¿Tienes tu maleta lista?

― Ya está todo en el avión. ― dijo Neji. ― Quiero paz y lo que tú me das.

― Sexo gratis, porque a diferencia de tu ex, yo no te pido dinero. ― un golpe frontal, que le dio de lleno en la cara. ― Lamento haber dicho eso. No me corresponde.

― Sí, tienes razón, no me pides dinero, pero pides algo que es mucho más difícil que te pueda dar. ― Tenten alzó la mirada y lo miró desafiante. ― Yo no soy de los que da amor, Tenten. Tenlo claro. Si crees que podrás evangelizarme luego de haber logrado que hablara de mi vida, no lo conseguirás.

― ¿Entonces qué haces acá si te sientes obligado a analizar tu vida? ― Neji cuadró los hombros, en una pose de dureza que no la asustó. ― ¿Para qué te apareces en mi casa, en mi vida, exigiendo cosas, pero luego andas reculando de tus propias palabras?

― Si lo supiera, todo sería más simple. ― comenzó a caminar donde ella. ― Si no tuviese esta necesidad de tocarte que me quema por dentro y que me obliga a buscarte desde que me levanto hasta que me acuesto, me sentiría satisfecho, pero no puedo sacarte de mi vida y lamentablemente ahora no QUIERO hacerlo. Me gusta tocarte, olerte, besarte, llevar tu cuerpo al límite, rozarlo con el mío, oírte chillar mi nombre, que me muerdas, morderte, marcarte y que me marques, porque, maldita sea, Tenten, esto es más fuerte de lo que alguna vez he sentido en mi vida. Nada se le compara a esta necesidad de tenerte a mi lado, como si fuese un drogadicto dispuesto a todo por conseguir su droga. Ni siquiera lo que sentía por Mei logró hacer que dejara de asecharte como un poseso enfermo de la cabeza. ― invadiendo su espacio, la tomó por la cintura. ― Una y otra vez, siempre, sin acabar, estás en mi cabeza y me desarmas por completo. No sé si será culpa por mis faltas anteriores o tus curvas que me enloquecen. Tampoco sé si será mi deseo de olvidarme en ti, perderme acá… ― le tomó su entrepierna con posesividad, haciendo que Tenten soltase el aire de golpe y se aferrase a sus hombros. ― buscar ese consuelo que sabes brindarme tan bien, el que me obliga a no dejarte ir. Simplemente eres mía, desde siempre. Y con sinceridad te lo digo: espero que esto no nos lleve a la muerte.

Buscó su boca con un ansía voraz. Famélico por ella, le estrelló contra la encimera y enredó una de sus manos en el cabello de la chica, desatándolo de su cinta, mientras la otra se anclaba en su cadera y la afirmaba contra su cuerpo con deseo sin contener.

Tenten jadeó al sentir el deseo del pelilargo rozando su vientre. Su dureza palpitante se le antojó deliciosa y ocupando sus manos, tiró los lados de la camisa que tenía el Hyuga y sus botones saltaron por toda la habitación, chocando sonoramente contra el suelo. Sin embargo, aquello no les importó. Deseándose con furia, como caracterizaban sus relaciones, Neji la tomó por la cintura y la sentó en la encimera, sin dejar de besarla.

En segundos, ya todo fue descontrol y apoyada en su hombro, Tenten sintió los últimos embates de su orgasmo astronómico, sintiendo cada uno de sus miembros aletargados mientras Neji bombeaba en su interior y le regalaba todo lo que tenía en su ser, derramándose en su interior.

Jadeando, quedó con su cabeza ahí, abrazándolo con sus piernas por la cintura y sus brazos todavía cansados enganchados a su cuello. Neji normalizaba su respiración poco a poco, apretándola todavía contra él y dándole pequeños besos en su oído y cuello.

― Y volvemos a caer. ― susurró la chica, desnuda abrazada a él, igual que él a ella.

― Será una constante. ― le resumió, obligándola a asumir que Neji estaría siempre ahí. ― ¿Logras comprenderme?

― Jamás lo haré. ― respondió Tenten, sabiendo de antemano que la cabeza de Neji era demasiado compleja como para ponerse a analizarlo. ― ¿Tú quieres ser comprendido?

― Solo quiero que estés presente. ― murmuró taciturno. ― Pero no exijas nada.

― Neji, algún día serás tú él quiera entregar más. ― vaticinó ella. ― Y para tu buena suerte y mi porfía, ahí estaré para acompañarte.

― ¿Por qué, Tenten? ¿Por qué no me abandonas? ― la chica tragó saliva y se separó de su cuerpo para mirarlo.

Los ojos alabastros estaban llenos de incertidumbre y vulnerabilidad, algo que le dolió a la castaña, quién añoraba no volver a ver esa mirada en el pelilargo.

― Porque nadie merece estar solo, por mucho que quiera creer que sí.

Dándole un beso, volvieron a empezar, pero esa vez fue distinto.

Se tocaron con ternura, se amaron con pasión, pero sin desarmarse. Se miraron a los ojos y se unieron con delicadeza, con afecto, con respeto, algo que había faltado mucho en su relación. Tenten con los ojos llenos de lágrimas, creyó en un futuro mejor junto al ojialabastro y sabía que lo conseguiría.

Sasuke

― Serán los 5 días más eternos de mi existencia. Ni los dos días que logramos conseguir gracias a Itachi lograron saciar mi cuota de ti. ― Murmuró Sakura, caminando detrás del pelinegro que llevaba en sus brazos un televisor para ponerlo en su habitación. ― Tendré que acompañarme de esa maldita cosa para no sentirme tan sola.

― Trae a tus amigas. ― sugirió el pelinegro. ― Pero quédate acá. No quiero que vuelvas a tu departamento.

― ¿Por qué? No me portaré mal. ― Sasuke sabía que no y le molestaba que la pelirosa pensara que él la quería en su departamento para controlarla. ― Tengo claro que estoy contigo y andar con otro no me atrae.

― En este tipo de cosas es cuando me doy cuenta de que eres más niña de lo que estás dispuesta a asumir. ―dijo Sasuke. ― Aquí la seguridad es mucho mayor que en tu departamento. No quiero que corras riesgo y este departamento es casi un fuerte en comparación al tuyo.

― Tampoco vivo en un cuchitril. ― Sasuke enroló los ojos sin contestar. ― Pero me quedaré acá, no porque sea seguro ni el riesgo de que me atropelle una estampida de elefantes sea menor… ― ¿Qué?, pensó Sasuke. Ya comenzaba a dar sus ejemplos delirantes que lo hacían reír, más que tomarlos como posibilidades. ― Lo haré porque aquí tu olor estar ramificado y te extrañaré tanto que esto será lo único que me quedará.

― Eres una sufrida, emotiva y llorona. ― Sakura alzó la cabeza y puso sus manos en la cadera, desafiándolo. Sasuke la miró de la misma forma y sonrió lentamente. ― ¿Por qué te gusta tanto el melodrama?

― Es una forma de sacar afuera mi tristeza por la soledad en la que me dejas. ― el pelinegro meneó la cabeza resignado. Aquella chica era un peligro público y una locura constante. ― ¿Ya te vas?

― Tienes 10 minutos para despedirte de mí antes que mi hermano comience a llamarme desesperadamente. ― le dijo el moreno.

Sakura se quedó pensando algunos segundos.

― Ya llamó. ― le dijo como cuando se es descubierto en una maldad. ― Pero le corté porque me estaba dando un sermón agotador.

― Debe estar de muerte. ― susurró el Uchiha, sonriente por dentro al imaginarse a su hermano con la boca abierta y desconcertado porque su cuñada lo hubiese dejado con la palabra en la boca.

― En 10 minutos no alcanzamos a hacer mucho. ― el moreno alzó una ceja. ― Tú sabes a lo que me refiero.

― Sakura, los últimos dos días, anoche y durante todo el día hemos estado juntos haciendo el amor. ― le recordó el pelinegro, riendo con complicidad. ― Voy con mi apetito más que saciado.

― Eso es para que no mires a nadie más y pienses solo en mí. ― Sasuke no le dijo que eso ya le pasaba. Que no había ninguna chica en su horizonte que captara su atención. ― Y yo también necesitaba sentir que mi cuota de ti estaba llena, casi rebalsando. ― agregó con picardía. ― Mi cuerpo te extrañará, así que debía darle lo que le faltaría.

― ¿Te das cuenta de que está loca? ―Sakura asintió sin sentirse ofendida. ― ¿Y que yo estoy más loco por aceptarte todo?

― Puedes negármelo, pero sabes que usaré mis tretas femeninas para conseguir lo que quiero. ― Sonriente, caminó a paso seguro hasta él y lo abrazó por el cuello, jalándolo para que quedaron con sus narices rozándose. ― Quieres hacerme creer que eres genial y que me haces un favor al estar conmigo, pero no olvides que eres tú el que me necesita más.

― Eres una egocéntrica y soberbia. ― Pero no se alejó. ― E inmadura.

― La peor, ¿verdad? ― Sakura le respondía con ironía, cosa que hacía reír al pelinegro. ― Creo que deberías abandonarme.

― ¿Tú crees? ¿Terminar contigo? ― Sakura asintió, riendo al sentir picotones en sus costillas. ― ¿Y quién me dará esos momentos tan hilarantes que me das tú?

― Nadie, por eso como consejo deberías dejarme, pero como no quieres, no lo harás. ― Sasuke asintió, embobado por sus ojos verdes. ― Disfruta de tu viaje, mi amor. Disfruta de cantarle a todos, pero prométeme que te vendrás apenas termines.

― ¿Y si no lo hago? ― Le preguntó, desafiándola. Sakura alzó sus cejas.

― No tendrás sexo por dos semanas. ― Sasuke la miró largamente, para luego comenzar a reír, acabando en una carcajada limpia. ― No estoy bromeando. ― Le amenazó la chica, alejándose de él y de sus brazos. Sasuke la tomó firme y caminó con ella hasta el centro del living.

― ¿Tú aguantarías? ― quiso saber el moreno. ― Yo creo que no.

― Mi orgullo es más fuerte. ― respondió, alzando las cejas.

― No lo creo. ― acabando con el tema, la beso en los labios de muchas formas.

Fueron minutos donde sus labios estuvieron unidos y se separaban solo para tomar aire y volver nuevamente a besarse, abrazados como si fuesen uno y deseosos de esa cercanía. Sasuke abrió los ojos y la vio en un punto sublime entregada a sus besos, a su cuerpo, a su sincronización como pareja, sintiéndose más enamorado. Era muy linda, con su boquita pequeña y ojos grandes. Su preciosa mujercita.

― Te quiero mucho. ― le dijo Sakura sobre sus labios. ― Cuídate y disfruta.

― Tú también cuídate. ―dándole los últimos y cortos besos que le daría por 5 días, se alejó, peinándole el flequillo. ― Cualquier cosa háblame. Tendré el celular prendido. ― Sakura asintió, algo entristecida, pero sabiendo que ese tipo de viajes serían algo común entre ambos.

Era la primera prueba de separación e intentarían sortearla de la mejor manera.

― Nos vemos. ― Saliendo, Sasuke se apoyó en el cubículo cerrado que lo bajaba de su departamento y un sentimiento extraño lo abarco.

El sentimiento de extrañar algo a un nivel muy por encima de lo que ya conocía. Le molestaba la sensación, pero no lucharía contra ella. Sabía que en cuanto llegara, él y Sakura estarían juntos por mucho tiempo más y eso solo era un tiempo que debían tomarse.

No se apenaría y daría un gran espectáculo, porque a pesar de su incomodidad, en el mundo de los famosos, el show siempre debe continuar.

19.

¿Cómo estás?

Sakura se talló los ojos, despertando como si hubiese tenido el mejor sueño reparador de su vida. A pesar de que en un principio temió no poder descansar bien por no tener a Sasuke a su lado por tercer día consecutivo, rápidamente el abrazo de Morfeo la envolvió y durmió a pierna suelta por casi 14 horas… ¡14 horas! Gritó internamente, sentándose en la cama y agarrándose la cabeza por la brusquedad.

Volvió la vista a su celular y vio que el mensaje era de las 8 de la mañana. Sasuke quizás no se tomaría bien que le respondiera 5 horas más tarde.

Acabo de despertar.

Respondió, encontrándose rápidamente con el moreno en línea y escribiendo para responderle.

Ya me percaté.

Por palabras era difícil identificar las emociones de las personas, pero sospechaba que el moreno no estaría en su felicidad máxima.

Estás enojado?

Quiso saber.

Esperó pacientemente la respuesta, pero nunca llegó. Bufando, bajó los pies de la cama y se metió en el cuarto de baño para lavarse el cabello y su cuerpo. Al salir, volvió a revisar su móvil, pero seguía sin haber respuesta. Para acompañar un poco su soledad, prendió el televisor de la habitación – cosa que no le agradaba porque destrozaba la armonía del lugar, pero que ahora era su única compañía mientras Sasuke no estaba, aunque apenas el moreno se apareciera en casa, el televisor volaría del lugar. – y se encontró con su novio dando una entrevista en vivo.

Se veía muy guapo con su cabello desordenado, camisa azul con dos botones desabrochados y jeans. Esa pose indulgente, que decía a gritos: "no me importa bajarte los calzones" la derritió todavía más. A medio vestir se sentó sobre la cama y lo escuchó.

Sasuke, siempre es un agrado tenerte acá. ― Sakura sesgó la mirada porque la mujer le estaba coqueteando descaradamente, pero el moreno no respondió a eso. ― Les recuerdo que estamos en un especial del Coachella, hablando con las bandas que tocarán todo este fin de semana de buena música. ― comentó la mujer, hablándole a la cámara, para luego volver donde el moreno y sonreír como tonta. ― ¿Nerviosos? Es la primera vez que les toca cerrar un festival tan grande como lo es este. ― La pelirosa descubrió que al lado de Sasuke estaba todo el resto de la banda, menos Kiba.

Siempre están los nervios, pero confiamos en nuestro trabajo. ― respondió Sasuke, hablando tranquilo y grave como siempre lo hacía. Sakura lo echó todavía más de menos al oírlo y rogó para que el tiempo pasara rápido y pudiese tenerlo de nuevo a su lado. ― El estar acá es fruto de nuestro esfuerzo y no decepcionaremos.

De eso estoy segura. ― habló la presentadora, acomodase el cabello. ― Naruto, se ha sabido de tu nueva relación con la hija del multimillonario empresario Hiashi Hyuga, ¿Qué puedes comentarnos al respecto? ― Maldita periodista metida. Quizás su amiga se tomara aquello de muy mala forma.

No comentaré nada sobre eso. Venimos a hablar de música. ― Rara vez Naruto se ponía serio, pero esa ocasión fue una de esas veces y Sakura se lo alabó. ― Estamos muy enfocados en nuestros proyectos musicales y esperamos en el corto plazo sacar un nuevo disco.

Naruto ha creado nuevos temas que son bastante buenos. ― apoyó Neji, llevando toda la atención al ámbito de la banda. ― Y todos estamos colaborando con letras y música.

Trabajo duro, ¿no? ― elucubró la presentadora, mirando nuevamente a Sasuke, pero éste seguía sin responder, solo miraba el suelo, a la gente y a sus compañeros. ― ¿Cómo compatibilizan la vida en general con tener que viajar por el mundo a presentarse? Sabemos que todos deben tener sus novias y abandonarlas de repente puede ser algo molesto para ellas.

Todo se puede compatibilizar. ― dijo de forma intrigante Shikamaru.

Mi vida familiar es bastante estable. ― aseguró Naruto, sin ahondar más.

La gente que nos rodea sabe lo que significa participar en una banda que tiene muchos fans. ― aportó Neji.

Además, si nos quieren, aguantan. ― la frase de Sasuke sacó carcajadas en todo el set, incluida Sakura, que corrió a su teléfono para enviarle un mensaje.

Yo te aguanto mucho… te quiero 3

La pelirosa había aprendido que en los set ni en entrevista, los celulares no podían salir, porque era una desconcentración, pero Sasuke sacó de su bolsillo el celular y miró el mensaje de Sakura, aguantando una carcajada y sonriendo de medio lado. Iba a responder, por lo que captó la pelirosa, pero fue interrumpido por la desagradable presentadora.

Sasuke, ¿qué te causa tanta risa? ― quiso saber.

¿Puedo decir algo? ― respondió con otra pregunta, pero no espero la respuesta. ― Yo te aguanto mucho más a ti. No lo olvides. ― Luego de esa declaración tan indescifrable, Sasuke volvió a concentrarse en las nuevas preguntas.

La presentadora trató de llevar la conversación a un terreno más personal por lo que notó Sakura, pero como siempre, el moreno la corto en pleno e insistió que de la vida privada de cada uno no se hablaba.

Nos enteramos que la señorita Haruno, su coprotagonista en la nueva película que estás haciendo, tuvo un complejo accidente con un caballo. ¿Cómo se encuentra ella en este minuto? ― a pesar de ser una pregunta personal, también era algo que incluía su trabajo y no podía negarse a responder.

Ella está bien. Tuvo unas pequeñas lesiones, pero se recuperó excelente. ― escueto y conciso, a Sakura le agradó la respuesta de Sasuke.

¿Consideras que tiene un futuro prometedor? ― la pelirosa se sentía incomoda al ver como intentaban meterla en la entrevista, pero el moreno sabía manejarse bien.

Como todos los que entran en el mercado. Considero que dando las oportunidades, hay más posibilidades de encontrarse con ese tipo de talentos y Sakura es muy talentosa. ― sus palabras le encantaron y chilló feliz por eso. Era tan guapo y genial cuando se lo proponía… ― Me encantaría seguir hablando sobre la película, pero venimos a un programa de música y dudo que a su público le agrade esto.

Por supuesto. ― aceptó la mujer, volviendo a la tarea de hablar sobre música. ― ¿Alguna banda que consideren buena y que sea emergente?

Muchas. El ámbito musical japonés y mundial ha crecido bastante y es agradable escuchar a nuevas bandas, con ideas renovadas y letras acordes a nuestros tiempos. ― contestó Neji, serio y sucinto como siempre.

Es probable que haya bandas que destronarán o al menos pasarán a estar a la par con muchas otras que ya son leyendas. El rock se reinventa todos los días y no podemos quedarnos pegados en lo que ya conocemos. ― Agregó Shikamaru. ― Living in Peace ha intentado desbancarse un poco de lo que de por sí se llama rock. Nosotros intentamos hacer algo más progre, pero eso no significa que sea más malo, como he tenido la desgracia de leer en muchos foros musicales. Es lamentable que el fanático de nuestra música no se permita oír otras cosas, como si eso fuese pecado intentar variar en las tonadas o incluir más tecnología.

Buen punto. ― celebró la presentadora. ― Viéndolo de ese modo, a ustedes los siguen tanto jóvenes como viejos estandartes que muchas veces se cierran a las cosas nuevas.

Es algo complejo. ― Acotó Sasuke. ― Intentar atraer más gente, aunque tampoco es lo que nosotros buscamos, sino más bien intentamos satisfacer nuestra necesidad de música. El apoyo es fundamental, pero buscar hacer música para contentar a la gente que nos sigue, sería demasiado irresponsable.― aseguró. ― Me preocupo todo el tiempo de hacer un buen trabajo que me complazca, pero no puedo desesperarme por todo el sentir de la fanaticada.

Todo su público sabe que trabajan mucho para poder llevar buena música a sus oídos.

Sakura quería seguir viendo la entrevista, pero su celular vibró, con un aviso de Shizune que le alertaba de tener que ir a grabar nuevamente al set. Refunfuñando como niña pequeña, le respondió con un "ok".

.

.

.

Concierto Coachella

Sasuke saltó sobre su lugar, moviendo los brazos y meneando la cabeza de un lado a otro para relajar los músculos en tensión. Se preparaba físicamente para la extenuante, aunque maravillosa tarea de dar un concierto en un festival. Era más de una hora de mucha adrenalina, cantando y coreando con el público, disfrutando de la gente y mirando en el horizonte los cientos de miles de cabezas que se apretujaban casi a sus pies solo para verlos tocar. Un sueño hecho realidad.

Desde que tenía memoria, estar en un escenario había sido su deseo más desesperante y cumplirlo fue su mayor logro. Cada vez que se paraba frente al público, era como la primera vez: nervios atenazando su estomago, manos sudorosas, millones de pensamientos, para acabar frente a toda esa gente que esperaba lo mejor de él.

¿Lo lograría? Sabía que sí. No por nada llevaba tantos años en la industria del entretenimiento.

― Ok, chicos. Ya está todo sobre el escenario para dar comienzo a una nueva presentación. ― Todos los presentes miraron a Itachi. Los maquilladores, productores del magno evento, publicista y periodista junto a su cámara estaban dentro del lugar, revisando que todo estuviera bien y dejando un registro visual de todo lo que pasaba tras el telón. ― Toda la mierda-mierda para ustedes y den una gran presentación.

Poniendo las manos en el centro, gritaron el nombre de la banda y tomaron los últimos sorbos de agua para subir a cantar.

Itachi le tomó el brazo antes a Sasuke antes de que saliera.

― ¿Qué pasa?

― Da lo mejor de ti. ― le pidió sonriente.

― Siempre lo hago. ― respondió arrogante.

― Ya conseguí lo que me pediste. ― dijo Itachi, ignorando su comentario anterior. ― Te bajas del escenario y el avión estará en la loza esperándote para despegar.

― Genial. ― dijo, sonriendo de medio lado. ― ¿Nos iremos todos?

― Créeme que no eres el único que dejó una chica preciosa esperándolo en Japón. ― Y el moreno tenía claro que no. ― Nos vemos después. Termina rápido.

― Claro. ― corriendo, Sasuke salió al escenario.

Empapándose de lo que le daba la gente, sonrió abriendo los brazos y yendo directo al micrófono. Le gustó ver la variedad de personas que habían: adultos, hombres, mujeres y niños. Eso hablaba de que estaban haciendo un buen espectáculo.

Sin más que pensar y dándole una señal a Naruto, comenzó la primera canción.

Electricityscape.
The Strokes

Oh with strangers to impress so near
Old friends don't realize I'm here
I wish two drinks where always in me
I'd pretend I had the perfect day

Take me to the water
Make me understand
That I was wrong

For me tomorrow is my first day
So please don't tempt me in the wrong way

It's almost after midnight
I can see the city lights
We're here

Change your mind tonight
You belong to the city now
And you're closer now, I know
You belong on the radio

I swear I'll give it back tomorrow
But for now I think that I'll just borrow
All the chords from that song
And all the words from that other song I heard
Yesterday

Change your mind tonight
You belong to the city now
And you're closer now, I know
You belong on the radio

I will not disturb you
I was just returning you the compliment.

El público tarareó junto con ellos y Sasuke se movió en el escenario como si fuese su propia casa. Sonrió como nunca lo hacía, demostrando en sus gestos y forma de actuar que algo lo estaba haciendo feliz. Que había cambiado una parte de él y lo hacía más accesible.

― Sasuke, vamos con otro tema. ― le dijo Shikamaru.

Guitarra, batería y bajo se dieron paso en la canción, haciendo enloquecer al público.

Like a Stone
Audioslave

On a cobweb afternoon
In a room full of emptiness
By a free way I confess
I was lost in the pages
Of a book full of death
Reading how we'll die alone
And if we're good we'll lay to rest
Anywhere we want to go

In your house I long to be
Room by room patiently
I'll wait for you there
Like a stone I'll wait for you there
Alone

On my deathbed I will prey
To the gods and the angels
Like a pagan to anyone
Who will take me to heaven
To a place I recall
I was there so long ago
The sky was bruised
The wine was bled
And there you led me on

In your house I long to be
Room by room patiently
I'll wait for you there
Like a stone I'll wait for you there
Alone

And on I read
Until the day was done
And I sat in regret
Of all the things I've done
For all that I've blessed
And all that I've wronged
In dreams until my death
I will wander on

En todo momento, Sasuke sintió la complicidad con el público. Esa sensación de estar haciéndolo bien, acompañado de un deseo enorme de hacerlo mejor para satisfacerlos a todos y terminar con la nota más alta el espectáculo. Sin embargo, en ese minuto se le venía la parte crucial de la presentación: Enseñar un nuevo tema. Generalmente la gente no se tomaba bien cuando su banda favorita tocaba una canción nueva en algún concierto. Los desconcertaba y solo ayudaba a que se dieran vuelta a buscar algún bebestible o ir a comprar comida, no obstante, Sasuke no se iba a acobardar por eso y se presentaría frente al público con su nuevo single. El que haría sensación en poco tiempo. Estaba seguro.

― Traemos un nuevo tema, que espero sea de su completo agrado. ― comenzó a contar Sasuke, embobando a todo el público que gritaba su nombre y lo cegaba con los flashes de sus cámaras personales. ― Vendrá incluido en nuestro próximo álbum.

Terminando esa entrada, Sasuke se acomodó frente al micrófono, esperando el pase de sus compañeros. En cuanto llegó, cerró los ojos y se dejó envolver por la música, volviéndose uno.

Black
Pearl Jam

Sheets of empty canvas, untouched sheets of clay
Her legs spread out before me, as her body once did
All five horizons revolved around her soul
As the earth to the sun
Now the air I tasted and breathed has taken a turn
Ooh, and all I taught her was everything
Ooh, I know she gave me all that she wore
And now my bitter hands chafe beneath the clouds
Of what was everything?
Oh, the pictures have all been washed in black, tattooed everything...

I take a walk outside
I'm surrounded by some kids at play
I can feel their laughter, so why do I sear
Oh, and twisted thoughts that spin round my head
I'm spinning, oh, I'm spinning
How quick the sun can, drop away
And now my bitter hands cradle broken glass
Of what was everything?
All the pictures have all been washed in black, tattooed everything...
All the love gone bad turned my world to black
Tattooed all I see, all that I am, all I'll ever be...yeah...

I know someday you'll have a beautiful life,
I know you'll be a star
In somebody else's sky, but why
Why, why can't it be, why can't it be mine

La gente prendió encendedores como si de antorchas se tratase y menearon las manos de un lado a otro, identificándose con el tema y dándole la tranquilidad al pelinegro de que sería un verdadero éxito cuando el tema se presentara en las radios locales e internacionales, convirtiéndose en el himno del despecho.

― Gracias. ― dijo, sonriente y yendo hasta donde Shikamaru, donde se encontraban las botellas con agua. ― ¿Viste? Esto es tuyo.

― También es tuyo, Uchiha. Tú le diste el toque. ― respondió el coletas, sonriéndole de manera sincera. ― Sigamos con el show. Creo que quieres irte lo más pronto posible.

― Tengo una novia que me espera. ― Shikamaru quedó sorprendido con su declaración. Por primera vez veía al moreno tan resuelto y completo por una relación. Ni Fuka que había estado a su lado por años había logrado sacar afuera a ese chico que ahora veía. Uno que estaba muy alejado de la superestrella y que sonreía como un chiquillo al pensar en su novia.

Quizás la edad de Sakura había logrado que el Uchiha se pusiera en su mismo nivel y eso lo hizo volver a retomar una infancia y adolescencia cortada por el éxito temprano de su carrera música y actoral. La chica le daba esperanzas y lo dejaba convertirse en un chiquillo que solo quería disfrutar de su relación como si se tratase de un niño.

Pensar de ese modo, alegró a Shikamaru. Por fin su amigo se vería despojado de su seriedad, cosa que lo haría ciento por ciento, más feliz.

Corriendo al centro y tirándose el resto de agua en la cabeza, Sasuke tomó el micrófono.

Razorblade
The Strokes

Oh, the razorblade
That's what I call love
I bet you'd pick it up
And mess around with it
If I put it down
It gets extremely complicated
Anything to forget everything

You've got to take me out
At least once a week
Whether I'm in your arms
Or I'm at your feet
I know exactly what you're thinking
You won't say it now
But in your heart it's loud

Oh, no
My feelings are more important than yours
Oh, drop dead, I don't care, I won't worry
There you go

Oh, the razor blade
Wish it would snap this rope
The world is in your hands
Or it's at your throat
At times it's not that complicated
Anything to forget everything

He would never talk
But he was not shy
She was a street-smart girl
But she could not lie
They were perfect for each other
Say it now
Cause in your heart it's loud

Oh, no
My feelings are more important than yours
Oh, drop dead, I don't care, I won't worry
Hey

Sweetheart
Your feelings are more important of course
Of course
Everyone that wanted
Everything that we would take from them
I don't wanna know, I don't wanna know
Tell me, tell me, tell me, tell me
No, don't
Okay

― Todo lo bueno termina. ―comenzó a decir Sasuke. ― Es hora de que nosotros volvamos a nuestro país y ustedes vuelvan a sus casas. Gracias por tremenda oportunidad y esperamos verlos nuevamente. ― el abucheo fue generalizado, pero no había más que hacer. La presentación debía acabar y sabía que podían cerrarla con broche de oro. Ya bastante había disfrutado el público con los solos, la pirotecnia, la presentación fabulosa de escena y con las canciones, por lo mismo se iban satisfechos. ― Hasta pronto.

Whatever Happened
The Strokes

I want to be forgotten
And I don't want to be reminded
You say
Please don't make this harder
No I won't yet

I wanna be beside her
She wanna be admired
You say
Please don't make this harder
No I won't yet

Oh dear, is it really all true?
Did they offend us and they want it to sound new?
Top ten ideas for countdown shows
Whose culture is this and does anybody know?
I wait and tell myself life ain't chess
But no one comes in and yes
You're alone

You don't miss me
I know

Oh Tennessee
What did you write?
I come to get her in the middle of the night
Oh that's an ending that I can't write
Cause
I've got you to let me down

I want to be forgotten
And I don't want to be reminded
You say
Please don't make this harder
No I won't yet

I want to be beside her
She wanna be admired
You say
Please don't make this harder
No I won't yet

Haciendo una reverencia, bajó del escenario y se encontró con su hermano.

― Listo, Itachi. ― golpeándole el hombro a su hermano, esperó a que todos bajaran y se felicitaron con entusiasmo. ― Yo me voy, ¿quién más toma el avión? ― Todos se pusieron de pie y despidiéndose rápidamente, salieron del lugar, siendo escoltados por gorilas que los protegían del público.

Algunos saludos, autógrafos y fotografías fue lo único que entregaron. Los periodistas se quedaron con las ganas de conseguir una cuña. Para otra ocasión, pensó Itachi. Enviaría un comunicado y con eso les tenía que bastar.

Arriba del avión, Sasuke sonrió satisfecho y dándose una ducha en el baño acondicionado que tenían sobre la gran aeronave, se quitó el sudor que le había otorgado cantar frente a esa cantidad de público. Habían hecho una gran presentación y estaba seguro que sus seguidores así lo considerarían.

Esperando que nadie molestara su sueño, el moreno se acomodó en el asiento y deseó enormemente que las casi doce horas de vuelo fuesen las más cortas de la historia. Reaccionando de un salto, le envió un mensaje corto y conciso a Sakura.

Tomé el avión. Nos vemos en mi casa. Sasuke.

Ya con eso, dio por terminada su actuación en Estados Unidos. Ahora solo le quedaba ir al encuentro con su novia, un tema muy crucial e importante.

20.

¿Cuándo llegas? Dijiste que viajabas por la tarde y todavía no apareces por acá. Sakura

Sasuke se imaginó a su novia, haciendo muecas por extrañarlo. Si supiera que él también estaba desesperado por verla, darle besos, abrazarla, tener su olor, mirar sus ojos… Estaba demasiado enamorado como para siquiera darse el lujo de negar que no la extrañaba.

Sigo en Estados Unidos. Sasuke

Mintió. Estaba en Japón y ya iba en una van que lo llevaría directamente a su departamento donde la pelirosa lo estaba esperando.

¿Entonces te quedaste más días? ¿Porque no mejor me dices que quieres separarte de mí y nos ahorramos todo esto? Sakura

Molestia dramática. Se la imaginó triste y no le gustó, pero igualmente siguió con su jugueteo.

Créeme, si quisiera terminar contigo te lo diría cara a cara. Sasuke

Esperó su respuesta, mientras sentía el auto avanzar a toda velocidad por las calles de Japón. Se perdió unos momentos mirando por la ventana, hasta que el celular vibró entre sus manos.

¿No quieres venirte? Sakura

A veces era tan tierna.

Ya te dije que quiero estar contigo. Sasuke

Esta vez Sakura no respondió. Solo le dejó el visto.

― ¿Podríamos apresurarnos? ― le preguntó al chofer, impacientándose en la van. Quería solo llegar para encontrarse con ella y más que necesitarla a nivel sexual – dónde claramente la necesitaba, pero no era lo primordial – la necesitaba a un nivel más emocional. El estrés del festival, andar corriendo, preocupado también de la película y de que se encontrara bien, era mucha presión, pero saber que la vería prontamente lo motivaba para mantenerse todavía un poco más en pie.

Volvió a mirar su teléfono, pero nada, seguía sin responder. Chasqueó la lengua; cuando Sakura se lo proponía era muy cabezota y no entendía razones. Al parecer no captaba que lo tenía comiendo directamente desde su mano, como si él fuese el fiel y amable perrito faldero. Tendría que nuevamente aclararle esos puntos y recordarle que para él solo existía ella y no la dejaría por mucho que el mundo entero o la vida misma lo pusiera todo en contra.

Ya llegando al edificio, le dio la mano al chofer y le pidió que dejara las maletas en el suelo, para que él mismo las subiera. El hombre le obedeció y se ofreció a acompañarlo, pero Sasuke no quiso y dándole una jugosa propina, agarró sus cosas y corrió al ascensor. En el camino, saludó con la cabeza al conserje y siguió sin desviarse. Llegando a su piso, pulsó la clave de ingreso y las puertas se abrieron de par en par. Con cautela, dejó las maletas en el piso y fue en busca de Sakura.

Al principio no la vio, pero luego la vislumbró sentada en el sofá, con las rodillas apegadas a su pecho y abrazándolas. Miraba unos videos de actuación, como moverse, gesticular y olvidar que estaba la cámara en frente.

Despacio caminó hasta ella y se puso tras del sofá, para luego bajarse hasta la altura de su oído y hablarle.

― Molestia. ―susurró.

Sakura se dio vuelta con brusquedad y lo quedó mirando, pero rápidamente se puso de pie sobre el sofá y se lanzó a él como gato, encaramándose en su cuerpo y enlazándole con las piernas alrededor de su cintura. Sasuke por inercia la tomó y la apretó contra él, disfrutando de eso que solo ella le entregaba cuando estaba cerca.

― Mi amor, pensé que no te vería. ― murmuró como niña pequeña, escondiendo el rostro en su cuello y suspirando. ― Echaba de menos tu olor. No te imaginas cuanto. Incluso tu almohada fue mi compañero de cama.

― Espero no se haya propasado. ― bromeó el moreno, alejándose para poder darle un beso en los labios.

Sakura se apoyó en su frente, para luego empezar a darle muchos besos rápidos, en los labios, mejillas, pómulos, ojos, mentón, orejas… todo lugar que encontraba, se lo besaba.

― Mi amorcito te extrañé tanto-tanto. No te imaginas cuanto. ― le aseguró con híper dramatismo que le encantó. ― Soñaba contigo y despertaba sin tenerte a mi lado. Fue lo peor de la vida.

― Estuve fuera solo 5 días.

― Eternos 5 días. Prométeme que no te irás tanto tiempo la próxima vez. ― Sasuke no quiso recordarle que, como había sido en los premios Óscar, a veces debía irse por casi un mes o acaso más. ― Quizás si no durmiésemos juntos, no te extrañaría tanto. Fue muy triste.

― Eres una melodramática, ¿te das cuenta de eso? ― Sakura asintió sin sentirse abochornada. ― ¿Qué hiciste?

― Dame un beso, primero. ― le exigió y bajó la boca para tomarlo por sí misma. Sasuke suspirando se lo permitió y le dio un beso largo, húmedo, donde sus lenguas se encontraron y se demostraron con cada roce cuanto se habían echado de menos. Sakura hacía esos soniditos que a él lo ponían muy caliente. Jadeos contenidos que nacían desde su pecho y lo estaban comenzando a excitar. Una de sus manos, que estaba afirmándola por los muslos, subió en su camino y le tomó una nalga apretando los dedos. Como siempre, Sakura estaba con short y ellos le permitían sentir la piel de su novia como tanto le gustaba. Por deseo, corrió los dedos y fue en búsqueda de su centro húmedo que lo encontró listo como siempre para que entrara en él. ― Amor… ― gimió. ― Te quiero dentro de mí, pero primero… comamos algo.

― ¿Tienes hambre? ― Sakura se separó a mirarlo y asintió abochornada. ― Bueno, vamos. ― bajándose desde su cintura, le tomó la mano y la llevó hasta la cocina, donde se encontró con un pequeño banquete. Platos preparados con esmero y muy bien decorados. ― ¿Y esto?

― Te tenía una sorpresa, pero como dijiste que no llegabas, lo iba a tirar a la basura. ― reconoció medio acomplejada. ― Cociné yo misma. Le pedí a Jiraya venirme antes y con ayuda de Kakashi lo conseguí, entonces me vine corriendo y… ― sus palabras fueron interrumpidas por los labios de Sasuke, que bajaron hasta su altura y la besaron en la boca con pasión, amor, anhelo, añoranza. En su beso le transmitía muchas cosas y Sakura a duras penas lograba controlar los embates de la lengua lujuriosa del moreno, mientras sus manos ya se habían perdido por alrededor de su cuerpo. ― Sasuke… ― llamó, intentando detenerlo, pero el moreno caminaba con ella por la sala, directo a la habitación, mientras a tirones le sacaba la ropa y se desabotonaba su camisa. Además de eso, Sakura sintió el claro indicio de su deseo en su vientre, rozándola e incitándola a desatarse. ― Mi amor… ― llamó nuevamente entre besos, aprovechando que Sasuke había bajado por su cuello para besarla, pero luego su voz se apagó al caer sobre la cama, con él encima.

Todo perdió sentido e importancia. Se volvieron uno y quedaron jadeantes sobre el colchón con Sakura mirando el techo, mientras él caía a su lado, completamente saciado.

Sasuke la miró y esperó cualquier reacción por parte de ella, pero Sakura estaba en shock.

― Lamento haber sido tan brusco. ― murmuró cuando logró controlar su respiración. ― Pero lo necesitaba.

― ¿Cómo el aire que respiras? ― Sasuke frunció el ceño sin comprender. ― Así te necesito yo. Como el aire que muy necesariamente necesitan mis pulmones. ― dijo medio en broma. ― ¿Tanto me extrañaste?

― ¿Qué esperabas que hiciera en cuanto viera lo que habías hecho? Me sorprendiste. ― confesó, volteándose hacia ella, para volver a ponerse sobre su cuerpo, pero a medias. ― Tiendes a dejarme sin palabras.

― ¿Te gustó la sorpresa? Puede que ahora esté fría, pero podemos calentarla. ― reafirmó como niña pequeña y a él le fascinó. Sin poder evitarlo, una sonrisa de oreja a oreja asomó en el rostro de Sasuke y se la regaló a ella.

― Eres única, Sakura. ― no quiso decirle que era la mejor, pero para él Sakura era lo máximo. Lo que más quería en su vida. ― Mientras me doy una ducha, tú puedes calentar la comida. ― sugirió el moreno.

― Bueno. ― aceptó la chica, dándole un beso en los labios y poniéndose de pie para comenzar su tarea. Sasuke la miró largamente, apreciando sin recato sus delicadas curvas. ― Me vas a gastar de tanto que me miras. ― lo acusó Sakura, sonriendo de medio lado.

― Tú también me miras y todavía no me gasto. ― le recordó el moreno, poniendo las manos tras su cabeza, sin incomodarle su desnudez.

― Soy más sutil para mirarte. ― Sakura se puso una remera ancha y sus calzones para caminar directo a la cocina.

― Ponte zapatos. ― le dijo Sasuke. ― Te enfriarás si vas así.

― Tenemos calefacción central. ― tirándole un beso, salió del cuarto y fue a calentar la cena, cantando una tonada sin ritmo en el proceso.

Tan ensimismada estaba en eso, que no se percató de la llegada del moreno; con su pelo mojado, secándolo con una toalla, pantalones de chándal y remera sin mangas, se veía todavía más apetecible que antes.

Sasuke aprovechó la distracción de la chica y se posó tras ella, poniendo sus manos en el vientre liso de Sakura y tirándola hacia atrás, haciendo chocar su pecho con la espalda de la pelirosa.

― Mmmm, que bien huele. ― dijo con voz ronca y sugerente el moreno.

― Es un rico pollo… ― Sasuke no se refería a eso y se lo dejó claro al olerle el cuello y bajar sus manos por los muslos desnudos de Sakura, tocándoselos con evidente deseo. ― Oye, para.

― Cinco días sin esto es demasiado. ― dijo Sasuke, volviendo a recorrer las piernas de la pelirosa con sus manos y dándole un beso húmedo en el cuello. ― ¿Cómo estuvieron estos días de grabación?

― No puedes cambiar así de tema y esperar que responda, cuando tengo tus manos recorriéndome y tu boca besándome. ― le reclamó la chica, zafándose de su agarre y yendo en busca de los utensilios para comer. ― Saca los cubiertos. ― le "ordenó" al moreno mientras acomodaba la comida recién calentada sobre dos platos. ― Muero de hambre.

― ¿Has comido bien? ― Sakura asintió, sentándose en el taburete a un lado de Sasuke y sobando sus manos. ― Vamos a probar tus artes culinarias.

― Si está malo, no me digas. ― le advirtió antes que cualquier cosa y lo miró expectante mientras Sasuke se metía el tenedor en la boca y saboreaba parte de su comida.

Sakura dejó de respirar rogando porque su invento hubiese resultado y sintió su alma caerse al suelo cuando Sasuke dejó de masticar y la miró con horror.

― ¡No me digas! ― gimió abochornada y completamente abatida. ― Sabía que no debía haber cocinado. Nunca se me ha dado bien y como me desconcentro con una facilidad alarmante, terminé cometiendo un error garrafal y…

― Está muy rico. ― interrumpió el moreno. ― Abre la boca. ― le dijo, esperando que la chica lo hiciera y cuando lo hizo, le metió el tenedor con comida entre los labios.

Sakura saboreó lentamente y disfrutó del toque mágico que le había dado la albahaca al pollo y el orégano al arroz.

― Es verdad. ― expresó lentamente, abriendo los ojos con emoción. ― Quedó rico.

― Eres una llorona. ― la molestó el moreno y siguió comiendo.

― Compré un vino. ― bajó del asiento y corrió hasta llegar el bar trayendo una botella de brebaje oscuro y etiqueta blanca. ― Me dijeron en la tienda que era de lo mejor y me costó caro, así que debe ser bueno.

Poniéndose de puntillas, sacó dos copas gordas y las puso frente a ellos.

― Déjame abrirlo. ― Como todo lo que hacía Sasuke, sacar el corcho se volvió un deleite para los ojos de Sakura, que disfrutó de sus gestos sensuales y cara de concentración. ― ¿Has tomado antes?

― Sí, pero no de ésta calidad. ― contestó la pelirosa, mirando su copa llenarse con lentitud. ― Mmmm… hasta huele bien.

― ¿Quién te lo recomendó? ― le preguntó Sasuke, oliendo el mismo aroma que la chica y sintiéndose gratamente sorprendido por lo bien que se notaba.

― Uno de los vendedores que atendía en la tienda. Fui a una muy exclusiva y como aparecí junto a Kakashi, nos atendieron de inmediato, dándonos casi una clase de enología. ― le dijo la pelirosa. Sasuke sonrió para seguir comiendo. ― Se me había olvidado comentarte: Kakashi me está haciendo unas clases de histrionismo y dramatismo, porque dice que hay ciertos detalles que afinar en mi actuación. Como él es profesor, aunque hace mucho que no ejerce, quiere volver al rubro conmigo.

― Como productor ganas más dinero, por eso dejó la docencia de lado. ― le contó el moreno, levantando la copa. ― ¿Hagamos un brindis?

― ¿Por qué? ― quiso saber la chica, levantando su copa.

― Porque estamos aquí, juntos, sin escondernos. ― Sakura asintió.

― Yo brindo por ti y por lo rico que es tenerte nuevamente acá. ― Sasuke sonrió encantado y le dio un corto besito que le sabio a mariposas multicolores. ― También brindo porque te quiero y me encanta ser tu novia.

― La mejor novia del mundo. ― lo dijo bromeando, aunque a ojos de él, Sakura sin lugar a dudas era la más perfecta. ― Salud.

― Salud.

― Mirándonos a los ojos, porque sino son 7 años de mal sexo. ― le advirtió Sasuke, sonriente y revoltoso. Sakura enrojeció, aunque bebió su copa sin despegar la mirada de los azabaches que la perseguían en sueños.

― Dudo que eso nos suceda a nosotros. ― agregó resuelta y saboreándose los labios. ― Está muy rico.

― ¿Y tú? ― le coqueteó el moreno, tocándole el muslo, para luego volver a la tarea de comer. ― Entonces, ¿Cómo estuvieron las grabaciones? ― volvió a preguntar.

― Extenuantes, pero cada vez queda menos para acabar, lo que me hace sentir nostalgia. ― le respondió Sakura, metiéndose el tenedor en la boca.

― Así son este tipo de proyectos, molestia. Deben acabar en algún momento. ― le recordó, sin reconocer que a él también le daba cierta pena dejar atrás la producción de la película y todo lo que conllevaba. No podía olvidar que gracias a esa producción había conocido a la pelirosa que tenía a su lado. ― Ahora tendrás que prepararte para tu ultimo año y decidir que se viene para después.

―Voy a estudiar, Sasuke. Prepararme con titulo para convertirme en actriz. ― le dijo con convicción, completamente decidida a que se dedicaría de ahora en adelante. ― Te sentirás orgulloso de mí.

― Ya me siento orgulloso de ti. ― refutó Sasuke. ― Desde hace mucho tiempo que te admiro. Incluso antes de estar contigo. ― agregó, limpiándole la mejilla que tenía manchada con un pedacito de hoja verde. ― Tienes dotes artísticos que se envidiaría cualquier actriz de renombre y no se te suben los humos por aquello.

― ¿Así que cuando andabas de refunfuñón conmigo, igualmente me admirabas? ― Sasuke alzó una ceja al verla tan complacida y pagada de sí misma.

― No, cuando andaba refunfuñando por ti es cuando más me molestaban tus niñerías. ― Sakura bajó la cabeza, recibiendo el duro golpe de sus palabras. ― Aunque esas niñerías son las que me tienen aquí, ¿no crees?

― Te hice enloquecer, Sasuke. Reconócelo. Me viste y quisiste tenerme contigo, ¿verdad? ― El moreno se atragantó con la comida y la miró sorprendido. ― ¡Te descubrí!

― ¡No fue así! ― replicó él, sabiéndose pillado. ― Bueno, reconozco que llamaste mi atención.

― ¿Por qué? ¿Por mi belleza exótica? ¿Mis ojos verdes? ¿Mis labios rosas? ― insistió Sakura, moviéndose casi como una culebrita por lo feliz que era.

― No, por tu pelo color chicle. ― Sakura volvió a desinflarse y le lanzó una mirada herida. ― Mentira. Fueron tus ojos los que me hicieron sentir diferente.

― ¿Sentir diferente? ― inquirió la pelirosa, en busca desesperada de palabras por parte del moreno. ― ¿Cómo?

― ¿Qué sentiste tú cuando me viste? ― quiso saber el moreno, dando vuelta la conversación.

― No es justo, yo pregunté primero. Además, en mi caso es muy diferente, porque imagínate tú encontrarte con uno de tus actores y artistas favoritos, trabajar con él y verlo en vivo. Es alucinante. ―Sasuke no conocía de ese tipo de sensaciones, ya que para él los famosos eran sus iguales y no le interesaban en lo más mínimo. ― Pensé que eras muy guapo.

― Yo también te encontré muy guapa y cuando Jiraya dijo tu edad, fue un batazo en mi cabeza. ― Sakura sonrió, esperando por más. ― Eso fue lo que sentí.

― ¿Nada más? ¿Ni una vibración? ¿Ni un sentimiento de encontrarte con la mujer más espectacular del mundo? ―Sasuke alzó una ceja y Sakura se cruzó de brazos. ― Yo sentí que me había encontrado con el hombre más espectacular del universo.

― ¿Y lo sigo siendo?

― ¿Qué cosa? ― Preguntó la pelirosa sin comprender.

― Bajo tu mirada, ¿Sigo siendo el hombre más espectacular del universo? ― una cierta desconfianza e incertidumbre tiñó sus palabras. No era como si necesitara que Sakura le confirmara su afecto, pero también era un hombre con sensaciones y temía por sus palabras.

― No. Ahora creo que eres real y eso me gusta todavía más. Ya no eres el Sasuke idealizado que todo lo que veía por televisión era su rostro bonito y voz perfecta. Eres mal genio, gruñón, serio, cariñoso cuando se te antoja, muy celoso…

― Eso es mentira. ―Sakura se limitó a levantar una ceja, objetándole de ese modo su refutación. ― Sabes que no es así.

― ¿Por qué te cuesta tanto reconocer que eres celoso? Yo también lo soy. ― confesó Sakura. ― Me molesta cuando te coquetean descaradamente, aunque tengo claro que es algo común en tu vida. También me molesta que cuando te enojas conmigo, de inmediato te vas donde Erika y son de lo más amigos. Sufrí mucho cuando la pasada navidad andabas con distintos perfumes de mujeres marcados en tu cuerpo.

― Lo lamento. ― Sakura lo miró de hito a hito. ― Lamento haberte hecho sufrir, pero estaba tratando de olvidar lo que pasaba entre nosotros y me encontraba frustrado por oír todo el tiempo que nuestra edad era un gran impedimento o que cometía un error al meterme contigo. Acepté que los demás influenciaran mis decisiones, cosa que nunca había hecho y te lastimé. ― El moreno puso sus manos a los lados del taburete encerrándola. ― Debo aceptar que fui un idiota, pero no me obligues a decirlo de nuevo. ― Sakura lentamente comenzó a sonreír y pasó sus brazos por detrás del cuello del moreno.

Dándole cortos besos en los labios, se deleitó con la fortaleza que expresaba el moreno en cada uno de sus gestos. Su forma pausada de hablar, sus manos que la tocaban con afecto, su aroma tan característico y que enardecía sus sentidos al punto de volverla devota de él.

― Sin lugar a dudas, eres el mejor novio del mundo. ― aseguró Sakura, regalándole un lamentón en la nariz que lo hizo ariscarla. ― Sí, fuiste un idiota, pero no me debías nada a mí y no puedo reclamarte por eso.

― Si puedes hacerlo, porque te estaba traicionando en cierto modo al fingir que no me pasaba nada estando a tu lado, cuando en verdad me pasaba de todo. ― Sakura se quedó prendada mirándole los labios. ― ¿Qué te pasa?

― Me gustan tus labios y tus ojos. ― murmuró la pelirosa, completamente cautivada por tenerlo a un palmo de distancia. ― A veces siento que me tienes vuelta loca. A punto de encerrarme en el manicomio lista para recibir mi tratamiento. ― bromeó con su dramatismo característico.

― Me agrada saber que te tengo así. ― confesó Sasuke hinchado de orgullo y monstruosamente pagado por estar con ella. ― Terminemos de comer. Quiero revisar unas cosas con el nuevo tema que creamos y que Naruto escribió.

― Me impresiona ver a tu amigo tan concentrado y hasta serio muchas veces. ― Sakura se puso una mano en el mentón, dándole seriedad a sus palabras. ― Sin lugar a dudas, los hombres cambian cuando se enamoran.

Sasuke no quiso responder sobre eso. Tenía claro, y lo notaba en él que el amor había sido una nueva dimensión que le había hecho voltear su mundo al revés. No podía ignorar que mientras estaba en el concierto, el rostro de Sakura era lo que veía en su mente. Tampoco desconocía que solo quería estar con ella y tenerla cerca, porque de ese modo se sentía en completa paz, sin temor a nada. Ella lo hacía fuerte y le daban ganas de luchar por cosas imposibles con el simple hecho de tenerla a su lado.

¿El amor cambiaba a los hombres? Por supuesto que sí. Lo vio en Naruto y ahora lo vivía él en carne propia. Sakura era su todo y eso lo asustaba al mismo tiempo que lo enloquecía.

21.

― Y Mebuki aceptó que tuviera vida sexual activa. ― terminó de contarles Sakura a sus amigas, mientras acababan sus jugos.

Era de noche y habían decidido juntarse a beber algo sano, para comentarse cosas de la vida cotidiana y que habían quedado algo olvidadas por sus cargas laborales y estudiantiles.

― Yo conseguí el permiso para irme… de viaje con Naruto. ― les contó Hinata sonrojada, esperando que sus amigas gritaran. Y no tuvo que esperar mucho, ya que el chillido de Tenten y Natsuki la alertó, haciéndole saltar. ― No griten.

― Esto es increíble. ― dijo la pelivioleta. ― Mi prometido se puso la alianza, ¿vieron eso en los titulares? ― Todas asintieron. ― Ya es de conocimiento público nuestro próximo matrimonio.

― Yo me estoy preparando para la fiesta de compromiso. ― comentó Ino. ― Me compré un vestido espectacular, entallado y perfecto.

― Que la hará ver más guarra de lo que ya es. ― acotó Tenten por debajo, ganándose risotadas y una mirada asesina por parte de la rubia. ― Me alegro de verlas felices.

― Y tú también estás feliz, ¿o no? ― Tenten no respondió a la pregunta de su rubia amiga. ― Hinata, Tenten es tu nueva prima.

― ¿De verdad? ―preguntó la peliazul sorprendida. ― Por eso no he visto a Neji en los últimos días.

― No somos primas políticas, Hinata. ― aclaró la castaña de inmediato, sacándose la mano de Ino que tenía en el hombro. ― Simplemente tengo una especie de tregua con tu primo que ha servido para que podamos… entendernos.

― Por "entendernos" se refiere a tener su pito en la boca todo el día. ― bromeó la rubia, logrando sonrojar a Tenten y Hinata; la peliazul se tiraba aire, mientras la castaña se estaba imaginando de qué forma muy dolorosa podría asesinar a su rubia amiga. Sakura se reía a mandíbula batiente, igual que Natsuki, quién se agarraba la panza de tanto reírse. ― O me vas a negar que tú con él no hacen esas cosas, que solo se juntan a conversar.

― Eres muy ordinaria. ― le reprochó la castaña. ― ¿Y qué si tengo su pito en mi boca todo el día? Esas cosas me hacen feliz. ― se defendió, asumiendo que no había otra forma de enfrentarse con la rubia. Cuando se ponía en plan de bromista, no había nadie que la parara.

― "Esa cosa" te hace feliz. No la pluralices. ― Acabando, Tenten le dio un pellizco en el brazo. ― ¡Hey, me duele! Me quedará un cardenal.

― Te lo mereces. ― le dijo la castaña. ― Tú para de reírte. Piensa que tendrás a ésta deslenguada como concuñada. Yo no me sentiría muy feliz por eso. ― apuntó Tenten, mirando a Sakura.

― Ya tengo asumido que es la pareja de Itachi. Mi pobre departamento está vacío. ― murmuró Sakura. ― Pero no pienso entregárselo a la productora. Puede que sea la novia de Sasuke, sin embargo nadie me garantiza que sea así siempre y mientras no tenga mi propio hogar, tendré el departamento en mi poder.

― Gran pensamiento, Sakura. ―alabó Natsuki. ― Por muy enamorada que puedas estar, tienes que ser cabeza fría. A veces las cosas terminan y quedarse sin ni un respaldo es terrible. Le pasó a una prima, que tuvo que volver donde sus padres.

― Yo también me compraré mi propio lugar. ― Dijo Ino. ― No quiero quedar a la deriva en caso de que con Itachi no nos comprendamos.

― ¿Asumes entonces que están juntos? ―le preguntó Natsuki. Ino le respondió alzándose de hombros.

― Los Uchiha tienen algo que terminan revolucionando tus hormonas. ― dijo Sakura, apoyando a su amiga. ― Y hacen el amor de forma magnífica.

― ¿Te gustó? ― le preguntó Ino. Sakura asintió. ― Es genial.

― ¿Pero se siente así con todos o es porque hay sentimientos de por medio lo que provoca esa sensación de compenetración que te deja más allá de las estrellas? ― quiso saber la pelirosa.

― Hacerlo con alguien que quieres es mejor que cualquier cosa. ―dijo Tenten, recordando las dos parejas sexuales que tuvo después de Neji y que nunca lograron que tuviera un orgasmo decente o que se sintiese tocando las nubes. Neji con pequeños roces y palabras sutiles la dejaba mucho más allá que cualquiera. ― Se siente especial.

― Y es delicioso. Aparte de la confianza que se genera, que te permite exigir y dar. No te cohíbes, porque hay amor. ― dijo Natsuki, aunque Tenten sabía que entre ella y Neji no había amor, al menos no de parte de él.

― Yo creo que es algo que va más allá del amor. Es ser compatible con alguien físicamente lo que te logra hacer alucinar. A mí me gusta cuando Itachi me domina, pero cuando yo lo hago, me siento mucho más poderosa. Es sensacional completarse de ese modo. ― Sakura asintió, pensando parecido.

― Y entre nosotras. ― comenzó a decir Natsuki, acercándose al centro de la mesa, haciendo que todas hicieran lo mismo. ― No hay nada mejor en el mundo que sentirlos dentro tuyo.

Hinata se tapó el rostro muy sonrojada.

― Sí. ― gimió Ino, pensando en su pelilargo que a regañadientes la había dejado partir esa noche. ― ¿Hoy nos quedamos en tu depa Sakura?

― Mmm… no creo. ― respondió la pelirosa. ― Sasuke dijo que tenía que mostrarme algo esta noche, así que debo ir para allá si o si.

― Ese hombre no te suelta. ― Sakura sonrió, sabiendo que era verdad. ― Hace algunos días, con Tenten los pillamos dándose una cantidad de besos obscena dentro del camarín y las manos de Sasuke andaba por todo el cuerpo de Sakura. ― Verdaderamente, Ino era una deslenguada, pensó la pelirosa.

― Eres la peor guardando un secreto. ― La rubia ni se dio por aludida.

― ¿Y tú Hinata? ¿Qué harás en este viaje? ¿Permitirás llegar a otro nivel con Naruto? ― la peliazul tapó su rostro con el flequillo y se lo ordenó con las manos.

― No lo sé, Tenten. ―murmuró la chica, respondiéndole a su amiga. ―Tengo miedo.

― No duele… tanto. ― le alentó Sakura. ― Y después se siente delicioso. ― aseguró como niña pequeña.

― Es que no se trata de eso. Me da miedo porque después significará algo nuevo para nosotros… y quizás no pueda dárselo. ― todas fruncieron el ceño sin comprender. ― No tendremos lugares… como para… hacerlo. ― Muy roja, levantó la cabeza.

― Siempre hay lugares, chiquitita. ―le dijo Natsuki con tono maternal. ― Solo tú tienes que estar segura de que quieres estar con él y no sentirte obligada a ello porque nosotras hablamos todo el día de esto. Es una decisión importante, pero tuya y de él. Como pareja, tienen que saber si quieren dar ese paso o esperar otro poco. Al final, las relaciones sexuales son importantes, pero los lazos afectivos lo son todavía más y cuando se afianzan, es más placentero que cuando te acuestas.

― El sexo es solo eso y tienes que tomarlo como un complemento, no como toda tu relación. ― le aconsejó Tenten. ― Al principio uno cree que será vergonzoso, que no podrá mirar nunca más a esa persona a la cara, pero cuando llega el momento, lo haces y se siente tan bien, porque es algo privado de ustedes. Es como crear una nueva dimensión que te permite explorar todavía más.

― Es verdad. No tengas miedo. Además, al final recae en la mujer aceptar ese tipo de atenciones. ― le dijo Ino. ― Aunque los hombres son muy persuasivos y cuando se es débil, una tentación de ese estilo te desarma.

― A Ino le hicieron un guiño y saltó sobre Itachi. ― bromeó Sakura. ―Eso sí, el día que lo hagas con Naruto, tienes que mandar un whatsapp al grupo que tenemos, contándonos de eso. Queremos celebrar contigo.

― Y hacer causa común: todas estaremos con nuestros machos perfectos. ― acotó Natsuki, logrando que todas rieran. ―Saku, ¿Cómo vas con el tema de la fama y eso? Veo que a tu alrededor, al menos 4 personas ya te reconocieron.

― Intento tomármelo con tranquilidad, además de que tengo a Morio y Kisame cuidando mis espaldas. ― Con la cabeza, Sakura les señaló al par de hombres que se encontraban a una distancia prudente, pero dentro de un perímetro de seguridad en caso de cualquier cosa. ― Sin embargo, en cuanto se sepa de mi relación con Sasuke, esto se triplicará. Tendré que tener mucho cuidado.

― La gente se te lanzará encima y tendrás muchos fans como detractores. ― le dijo Ino. ― Shizune hace unos días me comentó sobre eso. El riesgo que se avecinaba en cuanto se sepa de su relación, no obstante, ella se está preparando con eso y tiene todo un grupo de apoyo en cuanto la olla se destape.

― Pero esas cosas hay que tomarlas cuando sucedan. Por ahora disfruto de estar con Sasuke, de tener momentos con él, de que mi madre no se entrometa de mala manera y nos apoye, en cierto modo. ― bromeó. ― Lo trata muy bien. Hace unos días fue a cenar con nosotros y le ofrecieron de todo. Ella y mi abuela están fascinadas con él y como a Sasuke le encanta ser mimado, se siente en el cielo. Mamá cambió mucho desde que le hablé con sinceridad y ha visto como es Sasuke conmigo.

― ¿Tu madre se ha tomado de buena forma… ahora que sabe que viven juntos? ―le preguntó Hinata, preocupada.

― Hasta el momento ha entendido que tenemos algo fuerte. Igual yo le digo que me quedo en mi departamento, pero ella debe saber que no es así. Hoy pensaba de verdad quedarme en casa, pero Sasuke es insistente y dice que apenas me ve. ― Lo excusó Sakura, sonriente.

― Pero si trabajan juntos. ― dijo Natsuki.

― Lo mismo le dije, pero según él, el trabajo no cuenta y como yo siempre necesito de él, no me quejo. Me hace feliz y yo intento hacerlo feliz a él. ― Y las chicas sabían que era así. Que los dos estaban muy enamorados. ― Natsuki, ¿Cuándo la cena de compromiso?

― En dos semanas más. ― Les respondió la chica. ― Vengan preciosas y no se preocupen por paparazis; con Kiba tenemos todo organizado para que su protección sea óptima y se sientan libres con sus parejas. Naruto y Hinata son de conocimiento público, pero Neji recién viene saliendo de una relación con una modelo importante y que lo vean con Tenten será tremendo.

― Tampoco nos comportaremos como una pareja. Él por su lado, yo por el mío. ―dijo con orgullo la castaña.

― Irá el primo de los Uchiha y pregunta mucho por ti. Dice que eres una ninfa preciosa. ― comentó Ino. Tenten se sonrojó, imaginándose de inmediato los problemas que acarraría eso.

― Eso es verdad. ―apoyó Sakura a las palabras de Ino. ― Con Sasuke también habló, aunque el amoroso de mi novio le dijo que no podía molestarte, porque tú ya estabas casada. Como comprenderás, decirle que no a un Uchiha es retarlos a que reviertan la situación a su conveniencia, así que atente a él. Puede que te persiga.

― Y eso serán problemas. ―susurró Hinata. Conocía a su primo y sabía sobre su temperamento. ― Tranquila, estaremos todas ahí.

― También irá Nozomi. ― todas asintieron felices. Les agradaba mucho la chica. ―Shikamaru tiene cierto "interés" por ella.

― Se le nota. ― dijo Tenten.

Contándose más anécdotas y acompañadas por John Newman y su Love me again, siguieron bebiendo sus jugos, hasta notar que eran las 4 de la madrugada y tenían que volver a sus casas. Natsuki se llevó a Tenten y Hinata, mientras Ino lo hizo con Sakura.

Juntas las dos amigas hablaron dentro del coche.

― Me alegro de que Mebuki se lo haya tomado bien. ―le comentó la rubia, girando en una esquina. ―Tenía miedo de su reacción y más de que se enterara que su nenita ya no era virgen.

― Yo creo que en cierta medida cedió cuando supo que yo ya tenía controlado lo de los anticonceptivos y que Sasuke tenía mucha responsabilidad frente a ellos. Ninguno de los dos quiere un bebé. ― Ino sabía que no. ― Y tú con Itachi, ¿luego de esa pelea estuvieron bien?

― Sí. Hablamos todos y nos arreglamos. ― le contó Ino. ― El problema de los Uchiha es que intentan esconder lo que sienten y tergiversan las situaciones, temiendo siempre lo peor. Tienen mucho miedo a perder.

― Y a perdernos. ― sonrojada, la pelirosa se puso las manos en las mejillas. ―Sasuke no me lo ha dicho con palabras, pero me dejó entrever que me quiere y eso me hizo rebosar de emoción. Ya no me imagino sin él.

― Yo tampoco me imagino sin Itachi y eso, en cierto modo, está mal, ya que tenemos que hacer nuestras propias vidas. Puede que algún minuto nos separamos y quedemos en la deriva, porque como llevamos una relación tan dependiente, no supimos hacer nuestra vida aparte, ¿me entiendes? ― Sakura asintió. ― Querámoslos, pero siendo conscientes.

― ¿Quieres a Itachi? ― la rubia quedó muda, sintiéndose descubierta. ― Nunca lo habías dicho.

― Y tampoco lo diré. ― mirándola a los ojos y desviándose algo de la pista, le advirtió: ― No se lo digas o te mato.

― Tranquila. Moriré en silencio. ― sonriendo con complicidad, guardaron silencio hasta que Ino se detuvo fuera del portal de donde vivía Sasuke.

― Nos vemos en la tarde. ―le dijo la rubia, recordándole que ese día las grabaciones comenzaban cuando el sol comenzaba a esconderse.

― Te quiero, loca. ― le dijo la pelirosa, dándole un abrazo y corriendo hasta la entrada, para saludar al guardia y meterse en el ascensor que daba directamente al departamento de su novio.

Poniendo la llave para abrir las puertas metálicas, se metió al ascensor y como siempre, se acomodó el cabello antes de llegar al piso de Sasuke. Cuando llegó al lugar, se encontró con el silencio y la oscuridad: Sasuke estaba durmiendo y al acercarse a la puerta de la habitación que compartían, escucho su respiración pausada. Entró a la pieza y sonrió cuando lo vio acostado vientre abajo, su espalda fuerte y desnuda estaba iluminada por la luz que entraba del gran ventanal no cerrado, a su lado, una libreta donde anotaba sus letras reposaba desperdigada y una de sus piernas estaba saliendo de entre las sabanas, para estabilizar la temperatura. Usaba la mitad de la cama con esa postura.

Yendo al baño, se sacó el maquillaje, lavó sus dientes y se desnudó, temblando de frío. Al meterse a la cama, se arrimó al cuerpo de Sasuke, quién dio un respingo al sentirla helada. Al intentar voltearse, Sakura no se lo permitió y solo se apretó a su espalda, temblando.

Sasuke notó lo helada que estaba y en ese minuto, solo recordaba una forma de hacerla entrar en calor, junto con él.

Volteándose, se subió sobre ella y le dio un beso apasionado, partiéndole la boca. Una mueca de satisfacción adornó su cara cuando notó la desnudez de la chica. Sus senos estaban apretados contra su pecho y su pelvis ya se movía contra su vientre en busca del calor que compartían. Sasuke le indicó que se pusiera boca abajo, pero sin hablar, manteniendo el mutismo como símbolo.

Sakura sintió las manos largas del moreno bajar por su vientre, para perderse en el vértice de sus piernas, haciéndole jadear y jadeando él en su oído. Por instinto, su trasero se levantó, rozando con brusquedad la dura erección del pelinegro, quién rápidamente bajó su cabeza y le dio un beso húmedo en el cuello, riendo bajito al escuchar el gruñido de la chica. Su pasión se desató cuando Sakura agarró las almohadas con ambas manos y las apretó, alzando las caderas y poniendo sus rodillas sobre el colchón, al igual que las palmas. Sasuke entendió la posición sin necesidad de palabras y arrodillándose detrás de ella, la afirmó de las caderas y guió su miembro a la entrada mojada de la pelirosa.

Sakura hecho la cabeza hacia atrás y disfrutó de los embates duros del moreno, que daban con fuerza en el centro de su cuerpo y sonaban como aplausos al chocar sus muslos. Era una obra majestuosa la que estaban montando y bañados por la luz de la luna, se veía mucho más ceremonial. Sakura se levantó nuevamente y apoyándose en sus piernas, puso las manos detrás del cuello de Sasuke, subiendo y bajando por la humanidad del pelinegro, quién la entretenía pellizcándole los pezones y besándole el cuello.

Sasuke la tomó por la cintura y la llevó a un nuevo ritmo para que subiera y bajara, llegando todavía más dentro de ella.

Sakura perdió el aire, llegando a su orgasmo y Sasuke se dejó ir cuando los músculos interiores de la chica lo apretujaron decididamente. Ese era el momento culmine de su erotismo y pasión. Habían llegado al punto de no retorno que solo entregaba el clímax. Gritaron a unísono. Sakura lo llamó por su nombre, él le dijo preciosa. Ese mote cariñoso que usaba solo cuando estaba con ella y cuando le quería demostrar que su amor era muy fuerte.

Cayendo rendidos sobre la cama, Sasuke se puso a un lado de ella y la miró.

― ¿Se te pasó el frío? ― Sakura sonrojada asintió y se lanzó sobre su pecho para darle un beso delicioso. Terminando, se acomodó sobre su pecho, pasando su pierna sobre el vientre del moreno. Sasuke la abrazó contra él y le besó la frente. ― ¿Lo pasaste bien con tus amigas?

― Siempre. ― Le respondió ella en un susurro. Cansada y casi durmiéndose, siguió hablando: ― Ino se quería quedar conmigo, pero le dije que tú me ibas a mostrar algo.

― Yo no he dicho eso. ― dijo el moreno.

― Mentira piadosa para venir a buscar calor. ― más arrimada a él, se quedó dormida.

Sasuke acomodó la ropa de cama sobre la chica y le acarició la pierna con lentitud, absorto en sus pensamientos.

― ¿Qué me hiciste, Sakura? ― le preguntó retóricamente, sin esperar respuesta al saber que ella estaba dormida y que ni un cambión gigantesco lograría hacerla reaccionar. ― ¿Qué me hiciste que me tienes tan enamorado de ti? Sueño contigo, me levanto y acuesto pensando en ti. Te veo en todas partes. Quiero que te sientas orgullosa de mí. ¿Por qué te metiste de ésta manera en mi sangre? ¿Por qué, mi amor? Mi preciosa chica, la más linda de todas.

Acomodándose en la cama para quedar a la altura de su rostro y abrazarla con ambos brazos, Sasuke se durmió y soñó con ella.

Él la esperaba al final del pasillo, con su esmoquin y una pajarita de corbata. Sus ojos verdes brillaban dichosos y se aproximaba a él con un ramo de flores en sus manos. Al descubrir que era un sueño, se apenó, pero eso no lo haría disfrutar menos de esa fantasía hecha realidad.

Al fin y al cabo, en un corto plazo, Sakura si caminaría por ese pasillo, dónde él estaría esperándola para prometerle fidelidad y amor incondicional. Sin lugar a dudas, ellos se casarían.

22.

Mei llegó corriendo hasta la oficina del peliblanco. Jadeante y empujando a todo aquél que se le cruzara, ingresó al lugar temblando de pánico, con el estómago recogido y el pavor escrito en su rostro. Kabuto al verla, se levantó del asiento y esperó expectante que la voz de la mujer se hiciera presente, pero Mei simplemente cayó sobre la silla y lo miró aterrada.

― ¿Qué ocurre? ― le preguntó el peliblanco, intentando mantener la calma, porque sabía que lo que estaba esbozando la mujer era el tener una noticia bomba, que le pondría todos sus planes en conjunto de cabeza.

Y no se equivocó.

― Kabuto, estoy embarazada. ― El peliblanco se subió las gafas, sin poder creerlo y boqueando algunos segundos.

― ¿Y el padre…? ― Mei apretó su cartera.

― No sé cuál de todos es.

Kabuto, Neji, Itachi, el jugador de fútbol y un presentador de tevé eran los posibles padres de ese bebé.

El mundo del espectáculo, se ponía patas para arriba.

Fin capítulo XV


*Cualquier falta de ortografía, gramatical o salto de palabra, háganmelo saber.

Respuestas a review sin cuenta.

July: ¡No soy mala!, solo soy dada al dramatismo, por eso lo dejé en la mejor parte jejeje. Saludos y espero seguir leyéndote por acá. Un abrazo.

Gnesis Andrea: Lamento haberme demorado tanto en subirlo, pero ya está arriba, cariño, para que me sigas amando/odiando en conjunto jajaja. Saludos y espero seguir viéndote por acá. Un abrazo.

BBreffs: Me has dejado tantos review, que decidí contestarte todo en tu cuenta jajaja. Espero los caracteres me acompañen para aclarar tus dudas. Un abrazo, linda.

MaruuUchiha: ¡Bienvenida nueva lectora! Que bueno que te enganchen las historias que hay dentro de mi fic. Escribo variedad para todos los gustos xD. Gaara y Sai si tendrán su momento, para que se aclare qué pasó entre ambos y, sí, a pesar de no ser una lectora de yaoi, agregaré escenas del estilo, para satisfacer a todas esas chicas que les agrada el genero. Me amarán 3 jajajajajajajajja. Saludos y espero seguir viéndote por acá.

Guest(1): Espero ahora si te hayas dado cuenta de que volví a actualizar jejeje. Este último capítulo es el más largo que he escrito en mi vida de escritora. Ojalá no se vuelva tedioso y lo disfrutes. Un abrazo y espero seguir viéndote por mi fic. Cuídate.

Guest(2): ¡Ya actualicé!

MarceCullen: Me alegro que te guste mi fic y las diferentes parejas que hay en él. Y tranquila, no me lo tomo a personal. Sé que no pueden gustarle todas las parejas, por eso escribo de varias a la vez, para que alguna sea de su agrado jajajaja. Siempre he dicho que el NaruHina es la pareja que me cuesta más plasmar en escenas. No logro interiorizarme mucho con ellos como me pasa con el resto, pero de a poco irán tomando mayor relevancia y quizás ahí te enamoren. Kiba y Natsuki a mí me fascinan jajaja. Lo de Kakashi pensé que había quedado claro :( Pasó que iba a viajar con Jiraya, pero él lo abandonó, así que recurrió a los hermanos Uchiha para que lo llevaran en su avión privado, por eso se durmió en el hombro de Itachi, porque viajaron todos juntos. Lo de las fechas siempre es complejo, así que eso lo entiendo y lo comparto y tranquila, insisto, no me lo tomo a mal. Son críticas que sirven para ir mejorando. Qué bueno que te gusten los capítulos largos, pensé que se volvía tedioso en algún punto. Sasuke es perfecto, yo le amo. Es mi hombre ideal jajaja. Saludos y espero seguir viéndote por acá. Un abrazo.

Guest(3): Gracias por considerarme el mejor AU. Siento que todavía me falta mucho, pero intento mejorar cada vez más. El término "no te la pudiste" es como decir que él no logró su cometido en el trío, que se vio sobrepasado y no pudo hacerlo. Lamento usar terminología chilensis que muchas veces complejiza la lectura. Intento que no pase, pero hay veces que lo olvido y salen esos detalles. Para cualquier otra duda, no dudes en preguntarme, valga la redundancia xD. Un abrazo y espero seguir leyéndote por acá.

Lorena: Ni yo me leo los capítulos enteros y tú lo haces 3 veces jajajaj, maravilloso. Para tu tranquilidad y la del resto, aclaro de inmediato que me puedo demorar, pero jamás abandonar. Un abrazo y espero seguir viéndote en el fic.