Capítulo XVI

Simplemente amor

*Chicas, adhiéranse al grupo de face. Es privado, para su seguridad. Ahí subiré los vestidos de la fiesta, para que tengan claro cómo se veían las chicas*

Light it up, on the run
Let's make love tonight
Make it up, fall in love
Try
-Baby, I'm right here-

Dusk Till Dawn - Zayn feat. Sia

1.

― ¡Itachi! ― el moreno pelilargo no se dio ni por aludido frente al llamado de atención que le estaba haciendo la rubia inquieta frente a él. ― Basta. ― le pidió, revolviéndose para zafarse del agarre sorpresa que la tenía atrapada.

― Solo quiero un beso y me voy. ― le dijo el Uchiha mayor, tomándola por la cintura para girarla y ponerla frente a él. ― Solo uno. ― repitió, sonriente y juguetón.

― Te recuerdo que estoy trabajando. ― le hizo ver ella, para luego estirar los labios y darle un pequeño topón en los ansiosos labios del moreno. ― Hoy no llegaré a dormir. Las grabaciones serán durante toda la noche y Kakashi me pidió que me quedase a acompañar a Sakura.

― Sasuke me lo comentó. ― le respondió el pelilargo, apegándola por entero a su cuerpo y hablándole desde muy cerca. ― Supongo que también me quedaré.

― ¿Y tú por qué? ― le preguntó ceñuda, sacándole una pequeña pelusa que tenía enredada en su varonil barba.

― ¿Qué tengo? ― le preguntó el pelilargo, alejándose para mirar entre los dedos de la rubia. ― Es de la toalla.

― Lo supuse. ― olvidándose de eso, Ino volvió con el tema anterior. ― ¿Por qué te quedarás?

― Porque tengo intereses comprometidos. ― le respondió, metiendo su rostro en el cuello de la chica, para depositar un húmedo beso en el lugar, erizando la piel de porcelana de la rubia.

― ¡Itachi, me dan escalofríos! ― le reclamó, intentado separarlo de su cuerpo, pero le fue imposible. El pelilargo estaba haciendo fuerza para que la rubia no se separara ni un centímetro de él. ― No me estás escuchando.

― No. ― Aceptó sin aproblemarse. ― Estoy bien así. ― murmuró el Uchiha, subiendo con besos por la mandíbula delicada de Ino, y deteniéndose en sus labios para darle más besos, que se profundizaron rápidamente.

― Si me pilla Kabuto o cualquier otro, tendré un gran problema. ― le dijo entre besos la chica, mientras enlazaba sus brazos tras el cuello del moreno y se dejaba llevar por sus caricias tranquilas que terminaban donde acaba su espalda y subían hasta su cuello, para masajeárselo con parsimonia. ― ¿Qué intereses tienes? ― le logró preguntar, cuando Itachi la soltó algunos segundos para mirar su celular que comenzaba a vibrar.

― Sasuke, obvio. ¿Acaso pensabas que eras tú? ― Ino alzó una ceja, sin molestarse.

― Soy más que tus intereses, Uchiha. ― Itachi se rió cortamente, y la levantó en sus brazos, emocionado. ― ¡Me voy a enojar! ― le amenazó, sin una cuota de credibilidad en sus palabras, mientras era girada en el aire, como niña pequeña.

― Enójate. Yo te desenojo. ― La rubia enroló los ojos y apenas tocó el suelo, se soltó del moreno, alisándose su ropa y mirándolo con odio. ― Te ves toda guapa cuando te molestas. ― La rubia se puso las manos en las caderas y lo desafió con su pose altiva.

― Tú te ves horrendo siempre. ― respondió, como niña pequeña, para luego mostrarle la lengua y volver a hacer lo que estaba haciendo. ― ¿Ya viste tu traje para la fiesta de compromiso? Te recuerdo que es este fin de semana.

― Ni me lo recuerdes. He tenido que organizar toda la agenda de la banda para acomodarme en vista a ese gran evento. Además de tener que organizar la seguridad del lugar y mucho más. ― le contó, sentándose en una de las sillas que había en el lugar y mirándola ordenar los papeles que habían sobre la mesa. ― Como Shikamaru está soltero, me ayuda. Con el resto no puedo siquiera contar. ― Ino sonrió, sin mirarlo.

― Para que veas el poder de las mujeres sobre los hombres. ―Itachi dio un sonoro bufido. ― ¿Y llevarás pareja? Por lo que leí en la invitación, es con acompañante. Al menos eso dice la mía.

― Tú eres mi acompañante. ― le contestó confundido, como si su pregunta no fuese a lugar.

Ino detuvo sus acciones y lo miró detenidamente.

― A mí no me lo has pedido. ― le aclaró.

― ¿Es necesario que te lo pida? ―la chica asintió. ―Ok. Ino, ¿quieres ser mi acompañante?

― No. ― El pelilargo la miró atónito. ― En realidad sí iré contigo, pero tienes que aprender a pedirme las cosas. Podría haber llegado con cualquier otro.

― ¿Perdón? ― le preguntó retóricamente el moreno, dándole la chance para que se retractara. ― ¿Con qué otro?

― Con cualquiera. Aunque no lo creas, tengo muchos amigos… hombres. ― Itachi alzó una ceja y asintió lentamente, como asimilando la información.

― Me hubiese molestado, lo reconozco, pero no sería como para acabar con lo nuestro. ― le aclaró de inmediato el pelilargo. ― El pobrecito se hubiese quedado sin pareja, porque no te hubiese soltado apenas te hubiese visto. ― Ino respiró cansinamente, mientras lo veía echarse hacia atrás en la silla, con los brazos tras su cabeza. ― Eres parte de mis intereses.

― Te las das de campeón, ¿eh? ― Itachi sonrió de medio lado, mientras asentía chulescamente.

― Siempre, nena. ― Ino lo ignoró mientras seguía en su tarea, pero un leve dolor en su espalda baja la hizo detenerse y voltear a mirarlo.

― Estuve pensando y como el último tiempo he estado sufriendo dolores lumbares, decidí sacarme un poco de senos. ― Luego de decir esa barbarie, a oídos del pelilargo, muy tranquilamente se tomó sus pechos en las manos y los movió de arriba abajo. ― Ni siquiera caen en mis manos y mi espalda se queja.

― Pero sí en las mías. ― replicó el moreno, sentándose recto en la silla y mirándola fijamente. ― Si es por tu salud, hazlo, pero como opinión personal, creo que son perfectos.

― A los hombres les encantan los pechos. ― El Uchiha sabía que eso era cierto, por lo mismo no lo refutó. ― Creen que son su juguete.

― Para mí no son un juguete. ― Le aseguró, sin ningún rastro de humor.

― Has visto demasiados, por eso no te sorprenden. ― molesta, se volteó y volvió a tomar los papeles que estaba arreglando.

― No lo niego. ― murmuró el moreno. ― Y tampoco me arrepiento. No puedes estar celosa de mi pasado.

― ¿Quién dice que estoy celosa? Si tú eras un mujeriego, es cosa tuya. ― replicó molesta.

― Síp, estás celosa. ― ratificó el moreno, cruzándose de brazos. ― Pero, para calmar tu enojo, te comento que si estoy contigo, es solo contigo. No soy un hombre que tenga una chica y ande con otra paralelamente.

― Partamos por algo: Ya no eres un chico. ― Itachi se largó a reír luego de esa respuesta mordaz. ― Además, no tenemos nada. Solo nos acostamos.

― Tú no quieres más. ― le recordó Itachi, mirándola fijamente.

― Tampoco es como que me hubieses ofrecido otra opción. Yo dije que no quería compromiso, pero ya ha pasado el tiempo y considero que estamos muy libres. ― el pelilargo alzó los brazos al cielo en señal de necesidad de ayuda divina.

― ¡Denme paciencia! ― pidió elocuentemente. ― Sinceramente, guapa, no te entiendo.

― En fin, ignórame. ― sentenció la chica, intentando dejar el tema atrás y enfocarse en lo que estaba haciendo. ― ¿Irás donde Sasuke?

― No me cambies el tema. ― le reclamó, levantándose de su asiento y yendo hacia ella. Cuando la tuvo a un palmo de distancia, la tomó de la cintura y con fuerza, la levantó para sentarla sobre la mesa y quedar con sus ojos y cuerpo muy cerca de ella.

― ¡Itachi, puede entrar alguien! ― le hizo ver, revolviéndose. Itachi no le permitió bajarse, por lo mismo, la rubia se resignó, no de la mejor forma, cruzándose de brazos y mirándolo con el mentón levantado. ― Eres un cavernícola. ― le reclamó.

―Y tú una indecisa. ―le rebatió, tocándole la punta de la nariz. ― ¿Quieres estar conmigo o es solo una jugarreta para que te tome más atención? Es evidente que me gustas mucho, Ino y que termino haciendo lo que tú quieres, pero también tengo mi límite y si un día me dices algo y a los pocos días te desdices, me confundes. ¿Quieres o no quieres estar conmigo?

― Si quiero estar contigo. ― susurró la rubia muy sonrojada, sin mirarlo. ― Pero no te quiero como novio. Al menos no todavía.

― ¿Entonces me quieres como amigo con beneficios? ¿Con derecho a tener sexo y después nos olvidamos? ― La rubia hizo una mueca indecisa. ― Dime. Hablemos. Aclaremos nuestros puntos y veamos si esto nos lleva a alguna parte.

― No te pongas tan diplomático. ― detuvo la rubia. ― Estoy nerviosa y tú estás muy cerca.

― Hemos estado más cerca. ― le dijo con cierto deje de picardía.

― ¿No me vas a engañar? ― le preguntó trémula, volviendo a la seriedad anterior. ― No quiero sentirme idiota después.

― No te voy a engañar. ― le aclaró de inmediato. ― En todo este tiempo, que hemos estado así como una pareja sin compromiso, no he mirado a ninguna otra mujer. Solo a ti. Creo que es evidente.

― Muy evidente. ― Lo molestó la chica, echándose hacia atrás, apoyándose en sus codos y mirándolo de forma peculiar y muy desafiante. ― ¿Por qué en vez de estar hablando de esto, no hacemos algo más entretenido?

― No me distraerás con sexo. ― dijo muy poco convencido el Uchiha, mientras con sus ojos se la devoraba. ― ¿De verdad piensas sacarte senos? Son preciosos. ― La rubia se rió al ver su cara contrariada tan compungida por sus anteriores palabras. ― No es algo para reír.

― Tu cara si lo es. ― sentándose nuevamente, lo agarró de los hombros y lo tiró sobre ella. ― Mis senos se mantendrán igual que siempre, ¿te parece?

― Si sigues usando esos vestidos tan pequeños y apretados que usas o te pones estas remeras con pabilos, te aseguro que me parecerá de lo mejor. ― bajando el rostro, le tomó los labios en un delicado beso. ― Sin embargo, estamos tratando otro tema.

Levantándose, se alejó de la rubia y volvió a tomar asiento en el lugar que estaba anteriormente. Ino refunfuñó y lo miró asesinamente.

― ¿Puedes ignorar lo que dije? Más adelante tengamos esta conversación. Por ahora necesito ordenar este despelote que dejó el idiota de Kabuto. ― reclamó la chica, apilando con frustración las hojas. ― Solo porque es mi "jefe", lo aguanto, pero no me faltan ganas de darle un buen puñetazo.

― Solo ignóralo. A Kabuto le encanta figurar y más que le teman. Tú preocúpate de hacer las cosas bien y ya. ― respondió Itachi, sacando su celular para mirar los mensajes. ― Lo había olvidado. Tengo reunión con un director de cine. Sasuke me pidió que no aceptara ningún nuevo proyecto y debo cancelar una promesa de contrato.

― Se te viene un lindo comienzo de semana. ― Itachi hizo una mueca, bajando por la pantalla de su móvil y punteando mentalmente lo que tendría que hacer durante los días venideros.

Sin embargo, un mensaje inusual y que no esperaba, apareció en su whatsapp.

Necesito hablar contigo de forma urgente. Juntémonos lo más pronto posible, en el hotel que nos veíamos antes.

La palidez que tiñó sus mejillas alertó a Ino, que lo miró para comentarle algo. Carraspeando, la rubia lo obligó a mirarla.

― ¿Qué te ocurre? ― le preguntó sin rodeos, esperando comprender porque el mutismo y cara de pavor que tenía el pelilargo. ― ¿Olvidaste algo?

― Sé que no somos pareja, ― comenzó a decir, sorprendiendo a la rubia. ― Pero quiero que veas esto. ― Asustada, la chica tomó el celular y leyó el mensaje expresivo y muy claro. Alzando una ceja, le entregó el aparato y esperó la resolución del moreno. ― Es Mei.

― Si vi la foto. ― dijo, sin saber que decir, ni tampoco atreviéndose a preguntar. El miedo característico que antecedía a la ruptura de un corazón comenzaba a vislumbrarse frente a ella, aterrándola. No quería volver a sufrir y sabía que con esa víbora dando vueltas por ahí, no podría estar tranquila.

¡Maldita Mei!, pensó, queriendo patear el suelo por culpa de ella. Era tan expresiva. Una maldita zorra que seguía tirándole sus malditos calzones en la cara a Itachi, provocándolo de ese modo.

― No iré. ― dijo el moreno, imaginándose la cantidad de escenas tremendas que se recreaba la rubia en su cabeza. ― No tengo nada que ver con ella. Desde ese día en la casa de Neji, para el cumpleaños de Hinata, que no la veo.

― ¿Y por qué te escribe? ¿Les ha dado pie para esto? ― Itachi meneó la cabeza, negándolo de inmediato.

― ¡Ni siquiera sé para que me quiere! ― La rubia hizo un mohín con la boca, disfrutando, en cierto modo, el ver a Itachi tan contrariado con eso, deshaciéndose en explicaciones para que no se molestara, aunque no servirían de mucho, porque cuando se le metía algo en la cabeza, Ino era testaruda como mula-burra, volviéndose intransigente.

― Sabes para que te quiere. ― le dijo, haciendo evidente que el sexo era lo único que andaba buscando la mujer. ― Ni se te ocurra ir a verla.

― Ya te dije que no lo haría. ― repitió el moreno, pasándose las manos por el cabello. ― Aunque me intriga saber para que me escribe y con tanta urgencia. ― Itachi volvió a leer el mensaje, analizando con la cabeza fría el tema. ― ¿Te molestaría si la llamo?

― ¿De verdad te atreves a preguntarme eso? ― mascullando una grosería, Ino tomó todos los papeles de la mesa, sin importarles si estaba ordenados o no. ― Llámala si quieres, pero no esperes a que esté presente. ― agregó, pasando por su lado y masticando la rabia.

Mei tenía el poder de descontrolar cualquier cosa que tocaba. Enfurecía a las mujeres, enloquecía a los hombres y rebajaba a los más bajos instintos a todos los que la rodeaban. Era una mujer que lograba sacar lo peor de las personas con su simple personalidad avasalladora y esa facilidad que tenía de meterse entre relaciones ya formadas, logrando dejar su marca inherente en ellas, destrozando, en cierta forma, todo a su paso.

Ino salió del camarín respirando su rabia y dando pasos fuertes contra el suelo. Sabía que no debía estar comportándose así, pero escuchar a la ex de su "amigo", le enfurecía bastante. ¿Acaso Itachi no podía alejarse de esa mujer? Enrabiada, explotó con una palabrota.

― Esa boquita. ― Ino levantó la cabeza, para encontrarse de frente con otro Uchiha. ― Pero me agrada.

― Shisui, ¿Por qué tu primo será tan imbécil? ― le preguntó, retóricamente. El pelinegro aguantó dos segundos, para luego lanzar una risotada. ― No es una broma.

― Es que generalmente las mujeres no piensan que mi primo es idiota. Me sorprende. ― le aclaró, con una gracia muy particular. ― ¿Te molestó?

― Todos los días. ― respondió bufando la rubia. ― ¿Y tú? ¿Qué haces por acá? ― le preguntó confundida. A Shisui lo veía generalmente en la casa de Itachi, pero nunca en el set.

― Quiero conocer a la novia de Sasuke. ― le contestó el moreno. ― Tanto recelo me provoca sospechas y comienzo imaginarme cosas muy estrafalarias en mi cabeza.

― ¿Cómo qué? ― quiso saber la chica, tomándole completa atención.

― Como que fuese una menor de edad… ― Ino abrió los ojos sorprendida. ― Vamos, Sasuke toda la vida ha preferido a las mujeres mucho mayores que él. No me lo imagino intentando enseñarle a una chiquilla lo que le gusta o queriendo ser mentor en algo.

― Eeeh… los gustos cambian, ¿no crees? ― dijo Ino, algo incómoda.

Shisui la miró por largos segundos, poniéndola nerviosa. Un tono carmesí subió por sus mejillas, y lo espantó de un manotazo en el aire, para hacer reaccionar al Uchiha, que parecía haber entrado en un trance del que no salía.

― Tú eres un ejemplo de que los hombres cambian. ― La rubia no entendió y echó la cabeza hacia un lado. ― Itachi no es muy apegado a sus novias. Supongo que sabes la historia de la loca que fingió estar embarazada para que él no se fuera de su lado.

― Y también de la abogada con la cual no se comprometió. ― acotó la chica. Shisui asintió.

― La del hijo ficticio dejó una gran marca en mi primo, privándolo de confiar en las mujeres. ― le contó infidentemente. Ino se sintió incomoda por estar escuchado aquello, pero no era capaz de detener a Shisui. ― Las mujeres que le siguieron fueron sus novias, pero con ninguna se comprometió. Al igual que era mujeres muy realizadas, con carreras que iban en subida meteóricamente: una abogada, ingenieras, empresarias… y un largo etc.

― Yo también soy alguien. ― se defendió la chica.

― Ino, jamás te miraría en menos. Es más, creo que superas a todas esas mujeres. ― se defendió el moreno. ― Eres simple y haces feliz a mi primo. ― punteó. ― Cosa que no vi con nadie más. Esa forma celosa con la que actúa a tu lado es demasiado divertida, y no es que justifique los celos, pero son una muestra clara de que quiere defender lo que le pertenece.

― No le pertenezco. Hace tiempo se abolió la esclavitud. ― Shisui solo sonrió. ― Te llevarás una gran sorpresa con la novia de Sasuke, y antes de que cometas un grave error, te aviso que él es 15 veces más celoso que Itachi, así que ni pienses en piropearle a la novia, ni comportarte muy coqueto.

El moreno tomaría su consejo. Sabía que Itachi enojado era algo terrible, pero Sasuke se volvía un verdadero energúmeno intransigente que no oía razones cuando algo se le metía entre ceja y ceja. Sería imposible razonar con él, si por algún extraño motivo considerara que se le estaba "allanando el terreno" con su novia.

― ¿Y en verdad es la novia? ― Ino asintió sonriendo frente a la pregunta escéptica del Uchiha. ― Eso es impresionante, aunque después de Fuka, no lo es tanto.

― ¿Y cómo era Fuka? ― le preguntó la rubia. ― ¿Simpática?

― Era en extremo sensual. De esas mujeres que te deja embobado fácilmente. ― respondió muy sincero. ― Y me sorprende que Sasuke la hubiese dejado, porque de verdad es muy guapa.

― La conocí en persona y la encontré normal. ― dijo Ino, bajándole por entero el perfil.

― Yo la encontraba guapísima, pero bueno, cada uno sabe lo que le gusta y lo que no. Tampoco compararé a la chica que tiene ahora con la que tuvo.

― Son muy diferentes. ― aseguró la rubia. ― Y es muy notorio.

― Eso espero, porque para qué terminar con alguien si estarás con otra igual. ―bromeó Shisui. ― ¿Quieres tomar algo?

Ino levantó los papeles solo un poco, para que comprendiera que tenía mucho trabajo que hacer, además, no tenía ganas de hablar de Itachi, menos en ese minuto que seguía algo enojada con él. Solo algo.

― Kabuto me matará si no acabo con esto en los próximos 10 minutos. ― Shisui aceptó. ― ¿No deberías estar en tu local?

― El Chocolait se mantiene solo. ― guiñándole un ojo, se marchó, dejándola sola.

Ino fue a la oficina de Yamato, aprovechando que estaba vacía para poder, por fin, acabar con el papeleo. Cuando se encontraba en la hoja numeró 125, Itachi entró, sentándose en el sofá de Yamato y agarrándose la cabeza con ambas manos. Ino lo miró largamente, esperando algún movimiento, pero solo el silencio fue su respuesta.

― ¿Itachi? ― llamó, para instarlo a hablar. ― ¿Qué ocurre?

― Te estaba buscando. ― susurró muy bajo, como ultratumba. ― Shisui me dijo que estabas acá.

― Sí, estuve hablando con tu primo, pero no le dije nada ni él me coqueteo, por si comienzas a crearte alguna magnifica historia en tu cabeza donde él y yo… ― Itachi negó como si no oyera, deteniendo la innecesaria defensa que estaba haciendo la rubia respecto a su conversación con el primo Uchiha. ― Entonces que ocurre.

― Me vas a odiar. ― murmuró, sonriendo y riendo tristemente, completamente resignado. Ino jamás lo había visto así.

Preocupada caminó hasta él y se sentó a su lado en el sofá, poniéndole una mano en el muslo, buscando de ese modo conectar con él y saber qué pasaba. El silencio y la espera comenzaban a desesperarla, al punto donde un grito alojaba en su garganta, en busca de sacar de ese maldito trance al Uchiha mayor.

― Si no me dices, te voy a odiar. ― contestó, intentado tranquilizarlo de ese modo, pero Itachi se puso intratable, negando la cabeza, añorando negar la realidad. ― ¿Qué pasó con Mei? ― Los ojos azabaches del pelilargo se posaron sobre los azules de ella, demostrándole que algo tenía que ver esa mujer con Itachi. Un palpito en el corazón de la rubia le dijo que era algo grave, esa maldita sensación de que estaba a punto de caer en un abismo de cual le costaría mucho salir.

Y no se equivocó.

― Mei está embarazada y ese hijo puede ser mío.

¡Boom! Y todo se derrumbó.

.

.

.

Minutos antes

Vio pasar a Ino con su cuerpo ardiendo en llamas de la rabia que llevaba por su culpa. Salir tras ella era un suicidio, pero quedarse tampoco le garantizaba buenos dividendos una vez que se acercase nuevamente. Simplemente, no había forma correcta de actuar frente a una mujer, más bien una jovencita, enojada y su parte madura, atribuida a los años que ya poseía, no le dio la respuesta que necesitaba para contentarla. Se limitó a esperar un tiempo prudente, mientras jugueteaba con su celular: ¿Era correcto llamar a Mei aprovechando esa espera? No fue necesario que lo siguiera analizando, la llamada entrante de la mujer hizo vibrar su celular entre las manos. Ignorando sus llamados de atención internos, le contestó.

― Dime. ― le dijo bruscamente.

¿Cómo estás? ― Con mi chica enojada por tu mensaje, quiso responder, pero no venía al caso hacer responsable a Mei de los comportamientos que tenía Ino. Eso eran problemas de ambos que no tenían porqué salir a la luz.

― Bien, gracias. ― la necesidad de ser cortante nacía desde la inquietud de sentirse incomodo con la conversación. ― ¿Qué ocurrió? ¿Por qué me pediste vernos?

Es necesario que nos juntemos de forma urgente, Itachi. Es algo que no te puedo decir por celular. ― le aclaró la pelirojiza. ― Yo tampoco me siento entusiasmada de verte. No es para revivir lo que alguna vez poseímos.

― Y si así fuera, te darías de frente con una pared, porque no aceptaría. ― le cortó de inmediato. Mei chasqueó la lengua. ― Dime qué pasa. No iré a juntarme contigo, menos para que se malentienda nuestra relación.

¿De qué relación me hablas? ¿Esa de acostarse con la novia de tu amigo? Dichoso tú como compañero de vida, ¿eh? ― No caería en sus provocaciones, por mucho que se viera tentado a ello. No le replicaría, porque tenía claro su error desde un comienzo. ― Verdaderamente, Itachi, eres un buen hombre y me encantaría que fueses el responsable de lo que me está pasando. Me darías un buen pasar.

― ¿Podrías ser más clara? ― Una risita desagradable desde el otro lado, logro sacarlo de su estado de temple. ―Maldita sea, Mei, si no hablas de una vez, te juro que te arrepentirás.

Quizás el que se arrepienta seas tú. ― Silencio. ― Supongo que tu cabeza está trabajando a mil por hora y no te miento cuando digo que me encanta saberte tan desesperado.

― No me provocas eso, Mei. ― masculló, mintiendo.

Pero lo que te provoqué bajo los pantalones trajo consecuencias. ― Itachi captó de inmediato y se puso pálido como el papel. Levantándose de la silla y apoyando su mano en la mesa, soltó el aire contenido desde que habían comenzado a hablar.

― Estás mintiendo. ―Algo cambió desde la otra línea. Mei escupió dos improperios fuertes, para nuevamente dirigirse a él.

¿Quién más que yo querría estar mintiendo? ¿Acaso crees que me agrada la idea de estar embarazada y más de saber que tú podrías ser el padre de este bebé? Realmente no me enorgullezco. ― Itachi había entrado en un trance. No reaccionaba, ni siquiera procesaba. Lo único que su cabeza recibía era el bombardeo de saber que podría ser padre, con una víbora como lo era esa mujer y que perdería a Ino. Que la rubia no le perdonaría eso.

― ¿Quién más es el posible padre?le preguntó con voz impaciente, evitando mostrar sus emociones a través de ella.

No te daré nombres, solo te diré que estás en la lista y prepárate, porque apenas descubra quién es, lo haré pagar por eso. Me acaban de arruinar la vida.

La línea se colgó y Mei dejo tras de sí, a un hombre atormentado.

5 minutos se demoró en volver a entrar en razón. 5 largos minutos donde vio su vida unida hasta el final de sus días con una mujer que no valía en ningún sentido la pena. 5 largos minutos donde escuchó a sus padres sermonearlo como si se tratara de un idiota adolescente y 5 largos minutos donde Ino no estaría en su vida. Pensar eso le dolió más que cualquier cosa. Recién comenzaba a aclararse su relación y se tenían que ver enfrentado a un tema tan difícil de llevar como lo era un embarazo de ese tipo.

Se quiso golpear a sí mismo, pero reculó, sabiendo que no era la solución a su problema. Solo le quedaba enfrentarse a lo que se le venía y que mejor forma que ir directamente a hablar con la rubia.

Salió del lugar tambaleando, casi desmayándose y chocó de frente con Shisui que lo miró contrariado.

― No me preguntes. ― le pidió, esquivándolo. Shisui frunció el ceño, temiendo algo terrible y le tomó el brazo, en busca de respuestas, pero Itachi negó con la cabeza. Era incapaz de hablar.

― Se fue por allá. ― Le susurró, entendiendo que su primo solo quería ver a una persona.

Itachi caminó con terror, desgana y desesperanzado, como un hombre que ha perdido la razón de vivir. No le encontraba una solución factible a su problema. Era imposible que Ino lo perdonara.

Entrando, la vio concentrada ordenando y sus movimientos bruscos denotaban que estaba enojada por algo. Caminó hasta el sofá de la oficina y se sentó sobre él, con las manos cubriendo su rostro e ignorando la mirada inquisitiva de la rubia, que buscaba respuestas. No se atrevía a hablar. El hombre que era se aterró con la idea de contar lo que pasaba, de verse despojado del afecto de esa guapa jovencita que le había traído cosas muy buenas a la vida.

― Itachi, ¿qué ocurre? ― Levantar la cabeza y decirle las cosas era la mejor opción, pero era un verdadero cobarde.

― Te estaba buscando. ― despacio, poco a poco, encontraría las palabras para hablar, por ahora, solo se daría el chance de estar a su lado unos minutos antes de lanzar la bomba. ― Shisui me dijo que estabas acá.

― Sí, estuve hablando con tu primo, pero no le dije nada ni él me coqueteo… ― solo quería oírla, no perderla, no estar metido en tremendo embrollo. No ser el futuro padre de ningún bebé. Negó con la cabeza en negación a sus pensamientos e Ino tomó aquello como una señal de que se detuviera. ― Entonces que ocurre.

Ocurrían muchas cosas y todas ellas le confirmarían a la rubia que nunca debió confiar en él, pero ¿Qué podía hacer? Su relación con Mei había sido antes de estar con ella. No era por completo su culpa lo que pasaba y quizás, si Ino lo veía de ese modo, lo aceptaría. Sin embargo, sus pensamientos se volvieron turbios otra vez, recordándole todas las veces que ella le pidió que no la lastimara y justo en ese momento, él la lastimaría más de lo que una vez pensó.

― Me vas a odiar. ― respondió quebrado, abatido.

La rubia caminó hasta él y le puso una mano en su muslo. Itachi se encontró tentado a amarrarla con él y no soltarla más, obligándola de ese modo a aceptar sus disculpas. Quería verla gritarle, saltando encima de su cabeza, pero quedándose a su lado, acompañándolo.

― Si no me dices te voy a odiar. ― le dijo la rubia. Itachi meneó nuevamente la cabeza, sin poder creer lo que estaba viviendo. La historia otra vez se repetía, con el horror que lo vivió la primera vez, aunque con mucha más madurez, pero no estaba a la altura de las circunstancias. Aterrado, siguió meneando la cabeza.

― ¿Qué pasó con Mei? ― Sintiéndose descubierto, levantó la mirada y se quedó prendado de esos ojos azules que merecían sinceridad.

Armándose de valor, habló:

― Mei está embarazada y ese hijo puede ser mío.

Ino abrió la boca y la cerró, para nuevamente abrirla y volver a cerrarla. Su piel se volvió blanca como la cera y sus ojos se aguaron. Itachi se sintió el miserable más grande e intentó tomarle la mano que seguía reposada en su muslo, no obstante, su movimiento fue muy lento; la mano de la chica se alejó de su agarre y con impulso se levanto de su lado, completamente anonadada.

Itachi la observó, esperando una reacción, pero la rubia se movía como autómata. Llegando a la puerta, se detuvo con la mano en el pomo y apoyó la cabeza en la madera. Con voz quebrada, le pidió.

― Necesito tiempo. No me busques. ― Y desapareció.

2.

No muy alejados de los problemas, Sakura, Sasuke y Kakashi, intentaban infructuosamente sacar arriba una escena.

Hayato, si sigues mirándome de ese modo, no podré contenerme. ― La pelirosa hizo un gesto con su cabello y terminó de decir parte de su libreto, levantando la cabeza, encontrándose de frente con dos miradas expectantes y juzgadoras. ― ¿Cómo me salió?

― Puede mejorar. ― dijo Kakashi, con una falsa sonrisa. ― Puede mejorar mucho. ― agregó, dándole otro énfasis.

― Está mintiendo. Te salió mal. ― refutó Sasuke, ganándose una mirada de terror del peliblanco y una de profunda aflicción de la pelirosa. ― Las escenas donde eres una peleadora o candente, te salen a la perfección, pero ser coqueta o romántica te cuesta demasiado. ― Sakura se sonrojó frente a las críticas del moreno. ― Recuerda que soy yo el que está enfrente tuyo… ― Sakura bufó abatida. ― Con Sasori te sale natural. ― agregó a tono de reproche susurrando y mirando hacia otro lado, con fingido desinterés. Kakashi enarcó las cejas, sorprendido al ver los celos del Sasuke de forma tan evidente, como si no pudiese reprimir su posesividad e ignorando que tenía público enfrente.

― Con Sasori le resulta porque no es su novio. Contigo siente que debe esconder su relación, para que el resto no la note y eso la vuelve más robótica. ― dijo Kakashi, defendiéndola de los celos irracionales y pullas que no venían al caso. ― No la alteres más. ― le pidió en un tono autoritario que a Sasuke no le importó ni un poco.

― No la estoy alterando. ― reclamó el moreno, cruzándose de brazos. ― Relájate. ― volvió a hablar, dirigiéndose a la chica. ― Piensa que igualmente la gente se enterará que estamos juntos y si te muestras tal como eres, tendrán más imágenes para hacer videos que subirán a youtube suspirando por nuestra relación. ― Sakura le respondió con una mueca y dejándose caer sobre el sofá.

― ¿Qué es lo que te incomoda cuando actúas con Sasuke? ― le preguntó Kakashi, esperando que de ese modo pudiesen llegar al punto de partida en la traba actoral que tenía la pelirosa. Quizás era un tema con su coprotagonista. Un tema sicológico, porque físicamente tenían una química envidiable y se notaban muy relajados el uno al lado del otro. ― ¿Pelearon?

― No, estamos bien. ― respondió de inmediato Sakura, alzando la cabeza para mirar al moreno. ― Solo que es él. Siento que lo que sale en el libreto es muy parecido a como soy yo con él y me incomoda, porque se me asemeja a vulnerar nuestra privacidad.

― Molestia, el hecho de ser actores ya vulnera nuestra privacidad. ― le explicó Sasuke, como si hablase con un niño. ― Suéltate, tócame, acércate. No me gusta como lo estás haciendo ahora último.

― Sakura, comprende que es muy importante que avancemos en la película y grabar la misma escena en repetidas ocasiones solo nos retrasa. ― le explicó Kakashi, con la mayor calma del mundo y sentándose a su lado para tomarle su mano que se movía inquieta sobre su rodilla. ― Ven, dime esa línea del libreto, pero mirándome a mí. Como si yo fuese Hayato. ― le pidió el peliblanco, expectante. Sasuke cuadró sus hombros, prestando toda su atención a la escena.

Hayato, si sigues mirándome de ese modo, no podré contenerme. ― Sensualmente, con una sonrisa que acompañaba a la oración y una pose digna de Marilyn Monroe, la chica logró decir su parte, dando como siempre un guiño de lo magistral que podía llegar a ser su capacidad escénica.

― En síntesis, Sasuke es el problema. ― el pelinegro se volteó molesto, listo para salir, pero Kakashi lo detuvo de un llamado. ― Te quedarás con ella hasta que les salga la maldita escena. No me importa cuánto se demoren. La terminarán hoy. ― amenazó Kakashi saliendo enojado del camarín, como nunca Sakura lo esperó ver.

― ¿Qué haremos? ― le preguntó temerosa, tapándose la cara. ― Lo estoy arruinando. ― le dijo compungida y aterrada.

― Ven. ― estirando una mano, Sasuke la tomó de la suya y la levantó del asiento, para envolverla entre sus brazos. ― ¿Te acuerdas cuando te rodeé en mi casa y te enseñé a que te acostumbraras a mí? ― Sakura asintió. ― Ok, haremos lo mismo, pero esta vez serás tú la que se acercará a mí y buscarás la mejor forma de acostumbrarte a mi presencia.

― Bueno. ― Sasuke la soltó y cerrando los ojos, la sintió moverse a su alrededor, respirando su aroma, acariciándole sus labios con la punta de sus dedos y pasando la nariz por sus hombros, llenándose de él. Sasuke tragó hondo cuando su sentido del tacto la presintió delante suyo, muy cerca de él. ― Abre los ojos.

Al hacerlo, Sasuke se encontró con la mirada jade fija en sus ojos azabaches. Las pecas de su nariz se remarcaron por el sonrojo que había en sus mejillas y su boca tenía un lindo mohín que intentaba esconder su risa.

― ¿Qué ocurre? ― le preguntó ceñudo. Sakura se acercó un poco más, solo rozándose y le besó los labios, despacio y sin prisa. Sasuke le respondió del mismo modo y acercó sus manos a las caderas de la chica, pero Sakura se corrió de su alcance. ― ¿Qué pasa?

Hayato, si sigues mirándome de esa forma, no me podré controlar. ― le dijo sonriente, coqueta y muy decidida. Era una amenaza sexual que le fascinó, sobretodo al ver su notable actuación. ― Te desnudaré frente a todos tus súbditos y querrás morir en el mismo instante que mi boca toque la tuya, porque te sentirás loco por mí.

Ya estoy loco por ti. ― respondió Sasuke, siguiendo con el libreto. ― Endemoniadamente loco. ― esa parte no iba incluida en la película, pero si era para ella.

― Se te nota. ― Sakura se abalanzó esta vez donde él y lo besó con total libertad, meneando su cuerpo como si la música se los hubiese tomado. Sasuke sonrió contra sus labios y respondió gustoso a los besos que su novia le daba. ― Te adoro, mi amor.

― Preciosa. ― susurró el moreno, meneándose con ella y riendo al separarse, para darle un giro rápido.

Sakura chilló entretenida y siguió bailando junto a Sasuke.

― Creo que ya nos resultó. ¿Vamos donde Kakashi? ― Sasuke lo pensó dos segundos y se negó. ― Tenemos que grabar.

― Quiero estar contigo. ― le dijo Sasuke, con un digno gesto de cansancio. ― Solo algunos minutos.

― Ok, te dejaré tocarme. ― tirando de él, Sakura se enganchó a su cuello y lo besó largamente. ― Hoy, antes de levantarme, me puse a pensar en mi virginidad.

― Tu "pasada" virginidad. ― rectificó Sasuke, recordándole lo que él con tanto placer le había arrebatado hace ya algún tiempo. Le peinó el flequillo hacia atrás y le observó los labios con detenimiento.

― Como sea, estaba pensando en eso y recordé que hace algún tiempo, estuve tentada a venderla. ― Le contó, sonriendo, mientras Sasuke fruncía el ceño, incomodo. ― Con Mebuki teníamos deudas millonarias, que nos impedían hacer lo que queríamos. Yo solo quería salir de mi pueblo y sacar a mi familia de ahí, entonces, la única forma que encontraba para lograrlo en ese entonces y que estaba de moda, era vendiendo mi virginidad.

― Eso es como prostitución. ― le hizo ver Sasuke. ― Si lo hubieses hecho, al ser menor de edad, el tipo que la comprase terminaría en la cárcel. ― aseguró el moreno, abrazándola por la cintura. ― Que bueno que aparecí en tu vida. Tienes ideas demasiado desafortunadas la mayoría del tiempo.

― ¡Hey, no son malas ideas! ― le reclamó, inflando los cachetes. ― Son momentos desesperados. Algo que tú jamás has tenido, o me vas a decir que el rey de Japón alguna vez se ha visto compungido por algo. ― le preguntó, irónicamente.

― La verdad es que sí he tenido problemas. ― declaró Sasuke. ― Las drogas, alcohol, libertinaje y dos mujeres que me quisieron amarrar con la treta más antigua del mundo. ―Sakura no comprendió, obligando a que Sasuke le tuviese que explicar. ― Dijeron que las había dejado embarazadas.

― ¿De verdad? Y como resolviste eso ― le preguntó Sakura, muy curiosamente, pero antes de responder, agregó: ― Ahora lo recuerdo, aunque en la prensa salió solo una, no dos. ― dijo la pelirosa, poniendo cara pensante. ― Cuando miraba E!, salió de tu supuesta paternidad y fue como que mi mundo se desinflara, porque yo esperaba, de forma muy fangirl, que tú en algún momento te fijaras en mí, cosa imposible porque no nos conocíamos. ― Ambos rieron. ― Pensar que ibas a ser papá, me destruyó por dentro. Mis ilusiones de derrumbaron frente a mis ojos y vi, al amor de mi vida, amarrado para siempre con otra mujer… ― melodramáticamente, se puso una mano en el corazón.

― ¿Soy el amor de tu vida? ― Le preguntó, bromeándola y a la vez extasiado por su posible respuesta.

― No te responderé, porque ni siquiera tú has sido capaz de decirme dos simples palabras que podrían cambiar muchas cosas. ― apuntó, sin avergonzarse. ― Sabes lo que siento por ti.

― Y tú también sabes lo que yo siento por ti. ― le dijo el moreno. ― No soy de palabras, ni siquiera de gestos, pero contigo hago concesiones. ― Sakura alzó una ceja y procedió a separarse de su agarre. ― ¿Por qué te alejas?

― ¿Por qué no me puedes decir que me quieres? ¿Acaso crees que me convertiré en un monstruo? ― el moreno enroló los ojos en gesto cansino. ― Para mí también es agotador. Me siento sola en esta relación, donde solo yo expreso lo que siento.

― ¿Y yo no lo hago? ―le preguntó el moreno. ― ¿Yo no he sido contigo mucho más pareja que cualquier otra mujer?

― Y cómo voy a saberlo yo si no estuve contigo en años anteriores. ― le respondió con brusquedad. ― Soy insegura y lo sabes y esta incertidumbre me pone más nerviosa. ― le aclaró. ― Solo te pido dos simples palabras.

Sasuke meneó la cabeza, para evitar explotar, pero no pudo controlarse y contestó.

― Bueno, te quiero, ¿eres feliz? ― No era la forma y Sasuke lo supo apenas terminó de hablar, reafirmándolo cuando los ojos verdes de Sakura se agrandaron como platos, al igual que lo hacía siempre que algo la molestaba sobremanera. ― Ok, no quería decirlo así… ― dijo, intentando arreglar el entuerto en el cuál se había metido.

― Pero lo dijiste y sigue siendo la misma mierda de siempre. ― contestó Sakura. ― Hablas sin pensar, pero llegas acá donde mí, dándotelas de maduro, y yo, que soy una imbécil, te exijo palabras que eres incapaz de decirlas incluso para ti mismo. ― Sakura se volteó y tomó la jarra de agua. Sasuke por un segundo pensó que sería empapado, pero la pelirosa solo se sirvió un vaso, para luego volver a mirarlo. ― Es mejor que te vayas. Dile a Kakashi que grabaremos de inmediato.

― Quiero aclarar esto. ― respondió sucinto el moreno.

― Pero yo ya no quiero hacerlo. Entendí. ― Su mirada fría y desabastecida del inocente y peculiar brillo que siempre la acompañaba, empañó los pensamientos de Sasuke, volviéndolo casi loco. Odiaba la sensación de sentirla lejana y más todavía, cuando sabía que era su propia forma de actuar la que lo llevaba a estar contra las cuerdas como se encontraba en ese minuto.

― No me pidas palabras. ― Le susurró, intentando acercarse, pero Sakura se alejó dos pasos y negó. ― ¿Por qué vuelves todo tan complicado? ― le reclamó, muy molesto.

― Es mejor que salgas. ― fue la única respuesta de Sakura.

― ¿Para que esto se agrande todavía más? Tu maldito camarín está lleno de malas energías. Ves que vengo para acá, terminamos con algún problema que es muy irrelevante. ― Sakura lanzó una risa sarcástica.

― ¿Quién fue el último que se enojó? ― Sasuke miró hacia otro lado, reconociendo la acusación. ― Es fácil buscar excusas baratas, ¿no crees? Esto es agotador y… y yo soy una chica de 17 años. No debería porque estar complicándome por tus estados anímicos cambiantes y por tu falta de palabras.

― Que recalques tu edad no viene al caso. ― respondió el moreno.

― Si viene al caso, porque verdaderamente yo quiero un amor bonito. Sentirme querida y aprender al lado de la persona que elegí. Cometer errores juntos, pero tener la certeza de que me quieren de la misma forma que yo quiero. ― Sasuke bufó sonoramente, mirando al cielo. ― Maldita sea, quiero palabras, quiero que me digas que me quieres mirándome a los ojos y sin sentir vergüenza. Yo lo hago libremente contigo, ¿Por qué te cuesta tanto decírmelo?

― ¿Para qué quieres eso? Te demuestro con hechos lo que siento por ti. Te dejo quedarte en mi casa, cosa que no hice con ninguna mujer, te doy la libertad en muchos sentidos, vivo pendiente de ti y de lo que necesitas, te acompaño en cada cosa y quiero verte feliz, ¿eso no es más importante que una par de palabras que se las llevará el viento? ― Sakura se cruzó de brazos, expresando con su cuerpo que se iba a cerrar frente a la discusión. Sasuke volvió a enrolar los ojos. ― Si quieres palabras, te las daré, pero no esperes que actúe de la misma forma que lo he venido haciendo desde que comenzamos a estar juntos como pareja.

― Estás condicionándolo todo por temor a perder. ― Sasuke se volteó, caminando hacia la puerta. ― ¡Y no vuelvas!

― ¡Créeme, no tengo ganas de escuchar a alguien que solo necesita engrandecer su ego! ― Sakura abrió la boca ofendida, tentada a tirarle algo por la cabeza, pero fue pensante. No iba a manchar su relación, o ex relación, con violencia innecesaria que la haría arrepentirse.

― Bueno, si eso crees de mí, allá tu. ― Sasuke la miró largamente, pensando en decir algo para dar por terminada y ganada la discusión, sin embargo, se contuvo.

Para sorpresa de la pelirosa, que esperaba un portazo descargando su rabia, el moreno cerró lentamente, con prolijo cuidado. Quizás para no llamar la atención.

Sakura se sentó sobre el sofá y tapándose el rostro, respiró muchas veces, buscando calmar la rabia que seguía bullendo de su cuerpo. Sentía que toda la discusión se podría haber evitado, tanto con haber cedido, como haber recibido por parte de Sasuke algo que tranquilizara sus ánimos. Podrían haber hecho las cosas de manera correcta, pero se fueron de mala forma, llevándolos a pelear de ese modo. Injusto o no, Sakura creía ser la parte que tenía la razón, pero eso no justificaba lo que había pasado ahí.

Evitando de cualquier manera deprimirse, se puso manos a la obra, pero rápidamente se dejó caer sobre el sofá nuevamente. Más tarde que temprano, volvería a moverse. Ahora solo quería descansar su cabeza y calmar los ánimos.

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Tenten tosió nuevamente, sintiendo un ardor que abarcaba de su espalda a su garganta, haciéndole doblar de dolor. Llegando a su departamento, se prometió meterse bajo las tapas y no moverse en lo que restaba de mañana. Apenas despertara, iría al médico si la situación empeoraba, pero por el momento, debía seguir presente donde se encontraba.

Con cierta dificultad caminó al camarín de Sakura y la encontró sentada, con la mirada perdida y sus manos temblorosas.

― ¿Saku? ― le llamó. ― ¿Te pasa algo? ― la pelirosa asintió despacito, casi imperceptible, pero no habló. ― ¿Quieres ayuda? ― Sakura negó con la cabeza y miró con una sonrisa rota a la castaña. A Tenten el corazón se le apretó.

― Nada, estoy un poco preocupada por mi actuación deficiente las últimas horas y otras cosas, pero no te preocupes, son idioteces mías. ― respondió la pelirosa, despeinándose el cabello. ― ¿Necesitas algo? Estás pálida.

― Venía a ver tu vestuario para grabar. ― le dijo la castaña, tosiendo despacio. ― Lo siento, estoy algo resfriada. ― explicó, tomándose un costado de la cabeza. ― Tomaré algún analgésico más tarde. ― sonriendo, Tenten se acercó a Sakura y la levantó de un brazo. La pelirosa, al sentir el calor de sus dedos, se alarmó y posó su mano en la frente de la castaña.

― ¡Estás ardiendo en fiebre! ― le gritó, sentándola en el sofá y yendo en busca de cualquier cosa para ayudarle a bajar la temperatura. ― En este tipo de casos, Tenten, tienes que hablar con producción. Puede ser algo grave y eres un elemento fundamental que afecta enormemente si faltas. Hazte valer, mujer, por Dios. ― le reclamó. ― ¿Qué te pasó? ¿Cómo te resfriaste así?

― Hace algunos días, me quedé hasta tarde arreglando parte de un vestido y me enfríe en el salón de mi departamento. No pensé que me fuese a dar una gripe. ― le explicó la castaña, acurrucándose en el sofá. Sakura fue en busca de la manta que usaba cuando se quedaba a dormir unas horas en el camarín y la cubrió, procurando que estuviera cómoda y completamente cubierta.

Encontró entre sus cosas un paño que mojó con agua helada del dispensador y se lo puso en la frente. Tenten, que mantenía los ojos cerrados, como si ya no tuviese fuerzas para luchar, dio un respingo y volvió a toser fuertemente.

― Iré por ayuda, ¿bueno? Tienes que irte a urgencias de inmediato. ― le dijo Sakura, levantándose, pero Tenten se negó.

― Saku, no tengo seguro social. Me saldrá carísimo atenderme, debo esperar a mañana para conseguir una hora con el médico que atiende cerca de mi casa y me cobra una suma menor. ― la pelirosa chasqueó la lengua.

― Como amiga mía, no permitiré que mendigues por atención médica. Yo te pagaré todo, así que guarda silencio y deja que me haga cargo. ― Sakura iba a salir, cuando el sonido de unos nudillos chocaron contra la puerta. De mala gana abrió, encontrándose a un desconocido del otro lado, que la miraba expectante y risueño. ― ¿Quién eres tú?

― Supongo que debes ser la novia de mi primo Sasuke. Soy Shisui. ― respondió de forma coqueta y sonriendo de medio lado. ― Y veo que eres preciosa. Ahora entiendo porque no quiere que…

― Debes ser el Uchiha que más habla de todos los Uchiha. ― interrumpió Sakura, mirándolo con rareza. Sin embargo, recordó a Tenten y se concentró en ello. ― Necesito tu ayuda. ― Shisui frunció el ceño. ― Pasa. ― le convidó a entrar.

― Dime, ¿para qué soy bueno? ― le preguntó, solicito.

― ¿Tienes carro? ― Shisui asintió. ― Genial, necesito que te lleves a esta chica de inmediato a un centro asistencial. Tengo dinero para…

― Yo la conozco. ― interrumpió esta vez el moreno. ― Andaba con la chica de Itachi en mi pub hace algunos días. ¿Qué le pasó?

― Está muy resfriada, pero no está tratando su resfrió y puede empeorar. ― le explicó Sakura a grandes rasgos. ― Voy a ver si puedo acompañarte.

― Ok. ― Shisui se acercó a la castaña y la miró detenidamente, admirado por la belleza clásica que esbozaban sus lindos rasgos. Al acercarse, la escuchó susurrar bajito.

― Neji… Neji… ― alarmado, frunció el ceño y su cabeza lo llevó de inmediato a reconocer el nombre de quien hablaba. El amigo de sus primos, el guitarrista de la banda de Sasuke. Tenía la certeza de que se trataba de ese Neji.

― ¿La puedes levantar? ― Shisui lo hizo livianamente y Sakura la abrigó con su colcha, protegiéndola del frío que se encontrarían en cuanto salieran del camarín.

Caminaron entre todos los que se apostaban ahí, incluso encontrándose de frente con los hermanos Uchiha, que conversaban bajamente, viéndose cabizbajos. Sakura pensó que estarían hablando del problema que recientemente había ocurrido con Sasuke, pero no quiso ahondar en el tema y se limitó a fijar toda su atención en Tenten. Itachi, que tenía una palidez muy rara en él, se acercó, seguido por Sasuke y Yamato.

― Sakura, ¿qué le ocurre a Tenten? ―le preguntó el pelilargo. ― ¿Y qué haces tú acá? Pensé que ya te habías ido. ― dijo, mirando a su primo.

― No es hora de conversar. ― Ignorando a los hermanos Uchiha, la pelirosa se dirigió a Yamato. ― ¿Puedo acompañarla al médico? Se encuentra muy enferma y quiero que la revise de inmediato un doctor. Se está enfriando acá.

― Sakura, puedes llevarla a la ambulancia y desde ahí la trasladamos. ― Sakura negó, mirando a Yamato con pesar.

― No tiene seguro social y la ambulancia la llevará a un recinto público, donde la atenderán en muchas horas más. Si la llevo yo, la puedo llevar a la atención privada y darle lo mejor. Permíteme salir en este minuto y volver en cuanto esté ingresada. ― Yamato sopesó la situación con rapidez, siendo mirado desde atrás por gran parte del elenco. ― Si quieren, castíguenme por esto, pero no dejaré a mi amiga esperando. ― advirtió con firme resolución. Itachi, intervino, encontrándolo prudente.

― Yo me la llevo, Saku. ― dijo el pelilargo. ― Conozco una buena clínica dónde la podrán atender. ― aseguró el moreno, siendo mirado por todos. ― Vamos Shisui. Iremos en mi carro.

― Itachi, déjame pasarte dinero. ― Lo detuvo Sakura. El moreno se negó, meneando la cabeza.

― Corre por mi cuenta, pequeña. ― revolviéndole el cabello, salió a la siga de su primo que ya llevaba a la castaña.

Sakura llevó las uñas a sus dientes y se las mordió nerviosa. Yamato, poniéndole una mano en el hombro, la calmó.

― Estará bien. ― sonriendo, le apuntó su camarín. ― Y tienes 3 minutos para prepararte. Te enviaré a Ino para que te ayude.

― Ok. ― Sakura comenzó a correr.

― ¡Sakura! ― llamó Yamato, urgentemente. ― ¡De verdad son 3 minutos!

Asintiendo, la pelirosa volvió a su camarín, ignorando a todo el resto y sobretodo a Sasuke. Dejaría su problema de lado por lo que restaba de grabación y se enfocaría en hacerlo bien, para luego volver a saber sobre el estado de su amiga.

― Apurémonos. ― dijo Ino, entrando con brusquedad y retocándole el maquillaje. Sakura notó un aura caldeada por parte de la rubia y le iba a preguntar, pero la chica captó antes lo que iba a pasar y la detuvo. ― Tuve una gran pelea con Itachi, o más bien nos distanciamos, pero ahora no te daré detalles, así que pongámonos manos a la obra.

― Yo tuve una pelea con Sasuke y sí, creo que también nos distanciamos. ― Ino hizo una mueca. ― ¿Nos vamos de fiesta por lo que resta de semana y nos olvidamos de los estúpidos hermanos Uchiha?

― Sería maravilloso, pero creo que debemos partir por saber el estado de Tenten y compartir con ella nuestras penas. ― respondió con madurez.

― Me parece estupendo. ― culminando, Ino la ayudó a ponerse su vestimenta, haciéndolo lo más rápido posible.

Un minuto más tarde de lo que le había exigido Yamato, Sakura salió directo al set para ponerse a grabar. Sasuke la miró desde su distancia. Admirado, enrabiado y enamorado.

Sí, la había cagado, pero ella también lo había hecho cuando lo obligó a actuar de una forma que no se condecía con lo que él era. Sakura no notaba que con ella era mucho más complaciente que con cualquier otra mujer, pero insistía en cosas burdas para calmar sus inseguridades. Él no era su monigote y no se dejaría llevar por su enojo. Cuando llegasen a casa, conversarían, por ahora, solo quería descansar y retomar el trabajo.

― Me alegró y enorgulleció tu actitud, Sakura. Admiro esa fortaleza con la que te paras frente a todos y defiendes lo que quieres. ― alabó Jiraya. ― Pero lamentablemente, nos encontramos con mucho trabajo de frente y espero que para una próxima ocasión podamos grabar con mayor celeridad. Nos estamos atrasando y ya no tengo más excusas frente a la impaciencia que comienza a presentar el conglomerado de Hollywood. ― Sakura agachó la cabeza, asintiendo. ― Estaremos muchas horas grabando. Quizás duermas menos que nunca, pero espero que terminemos prontamente con este proyecto.

― Espero lo mismo. ― Jiraya la miró con una suave sonrisa en sus labios y se volteó para hablar con el resto. ― No quiero más retrasos de ninguna índole, ¿me escucharon? Sasori, Gaara, Suigetsu, Sasuke, Erika, Juugo y todos los que nos acompañan. Comenzaremos a grabar el final de la película. Quiero lo mejor de ustedes.

― Mucho ánimo y a darle con todo. ―agregó Kakashi.

La paleta se posó frente a ellos, con todos los camarógrafos listos, acompañados de sonidistas, iluminación y productores.

― ¿Listos? ― Un "sí" gigante se escuchó. ― Entonces, luz, cámara y acción.

Historia de Chiyo

Escena 12° Sakura la que se libera.

Chiyo levantó la cabeza del retrete y se secó la frente con la mano de forma desprolija. Agazapada frente al inodoro, con la piel perlada en sudor helado y sintiendo que nuevamente una arcada remecía su cuerpo, se lanzó de cabeza a devolver lo que su estomago ya no lograba retener.

Maldita herida, pensó. Le había dañado a tal punto que no era capaz de aguantar ninguna comida, obligándola a vomitar durante largas horas y mantenerla con nauseas que apenas lograba controlar. Hayato la había mirado con cierto asco hace un par de días, cuando estaba en pleno momento amoroso y se había detenido para ir a devolver lo que había tomado en el desayuno.

¿No puedes llamar a alguna curandera o algo? Me siento horrible. ― Hayato no le respondió. Simplemente se volteó, limitándose a salir. ― Vaya persona. ― Reclamó al aire y procedió a seguir amando la taza del baño.

― Chiyo, ¿dónde estás? ― la pelirosa alzó la cabeza y vio al moreno, que desde su altura, se veía imponente frente a ella. ― ¿Te sientes mal?

― Es obvio, ¿no crees? ―le respondió la chica, intentando levantarse, pero cayendo estrepitosamente a sus pies. ― Estoy mareada. ― le dijo en tono de ultratumba.

Hayato, siendo caballeroso, la tomó en brazos y la dejó sobre la cama con suma delicadeza. La pelirosa lo miró detenidamente, causando un efecto no deseado, pero devastador en el moreno. Sus ojos grandes y verdes, penetraron el cumulo de emociones que le provocaban la chica y solo pudo reaccionar, poniéndose de pie con brusquedad.

― Venía a avisarte que está lista tu comida. ― señaló el yakuza, apuntando con la cabeza la bandeja de humeante y oloroso aroma. ― Puedes comer un poco más contundente. Amatista dijo que tu herida ya no es de gran peligro, aunque debes seguir cuidándote. ― Chiyo asintió, sentándose en la cama y pasándose la mano por la frente. ― ¿Quieres algo?

― ¿Un vaso con agua? ―le pidió temerosa. ― Siento que volveré a vomitar. ― declaró, con rostro cansino.

― Te traeré uno. ― La pelirosa lo vio salir con su semblante ceñudo y mirada de pocos amigos.

― ¿Quién te entiende, Hayato? ―le preguntó al aire.

En la mañana no le había permitido levantarse y disfruto de darle placer solo con su boca y manos. No pudo evitar sonreír y sonrojarse al recordarlo, pero todo se apagó al ver el rostro arisco del moreno, entrando nuevamente a la habitación.

― Estás roja. ― frente a esa acusación, la chica reaccionó poniéndose más granate. ― ¿Tienes fiebre?

― ¡No! ― gritó asustada, para luego negar fervientemente. ― Lo siento, solo estoy agotada de tanto vomitar. ― levantando la cabeza, lo miró. ― ¿Puedo pedirte otro favor?

― No estás en posición de pedir favores, Chiyo.

― ¿Qué te pasa? En la mañana estabas bien. ― le reclamó. ― Yo no te he dado ningún problema y si tienes un problema con alguien, no lo pagues conmigo.

― ¿Ahora me tuteas? Que refrescante escucharte tan altanera, pero déjame aclararte el panorama, niñata. ― acercándose a ella, le puso los brazos a los lados de su cabeza, atrapándola contra el cabecero. ― Tú eres una prisionera, una chica secuestrada, por lo tanto, te tienes que atener a lo que yo decida respecto a ti. Si quiero, puedo llenarte de besos y tener sexo contigo, sino, puedo maldecirte y odiarte como lo estoy haciendo ahora, ¿te parece? No tienes derechos sobre mí, ni nada de lo que me digas, me importa. Eres un simple estorbo, que ha venido solo a complicar mi tarea, que de por sí, ya era complicada.

Chiyo agachó la cabeza, escapando de la mirada fría y carente de sentimientos. Un dolor se alojó en su pecho y erradicarlo se le vislumbró difícil. Sin embargo, haciendo de tripas corazón, carraspeó, tragando el nudo y le sonrió con una frialdad que jamás esperó poseer. El encierro comenzaba a sacar lo peor de ella.

― ¿Quiere que vuelva a ser la chica asustadiza que era, señor Ebino? ― el pelinegro se echó hacia atrás, sorprendido por la acometida. ― ¿De verdad espera eso, señor Ebino? ― Sus palabras fueron venenosas, mascando el odio. ― Se equivocó. Soy Yamazaki y le haré honor a mi apellido, luchando contra usted. Al final de esta guerra sin sentido, verá que seré yo la que alzará la victoria.

― ¿Estás tan segura de tu poderío? ― Chiyo asintió, sin responder nada más. ― Entonces era cierto que tras todo esto, hay un plan muy elaborado. Por eso Ryu intentaba sacarte junto con Isoka. No soy imbécil.

― No necesito ayuda de sus súbditos para arrancar de usted. ― Le murmuró, bajando los pies de la cama y procediendo a levantarse, pero un mareo la tiró directamente a la cama. ― ¡Maldita sea! ― gritó desesperada, sin comprender que la tenía tan adolorida y aletargada. ― ¿No puede pedirme ayuda?

― Lo que tienes no se soluciona con una simple agua de hierbas. ― Chiyo frunció el entrecejo. ― Tu herida fue muy profunda…

― Y dañaste mi estomago, ¿verdad? ― Hayato iba a refutar, pero prefirió guardar silencio. Mientras Chiyo no se enterase de la verdad, él tenía un clavo caliente del cual agarrarse hasta que fuese insostenible su mentira.

― Algo así. ― respondió sucinto, volteando la cabeza.

Chiyo agarró una almohada que reposaba a su lado y se tapó la cara, escondiendo las lágrimas que comenzaban a brotar de sus ojos. La frustración se hacía de ella y el odio que sentía por Hayato, volvía a consumirla. Un odio que se había apagado por un tiempo, pero que había vuelto a brotar.

Hayato la vio quebrarse y una furia creciente contra él se apoderó de su cuerpo. Sabía que estaba haciendo lo correcto. Poniendo los limites que había traspasado por ella, pero le dolía más que cualquier cosa. No quería hacerle daño, de ninguna forma. Sin embargo, una parte de él, se vanagloriaba de tenerla tan cohibida y aterrada. Su deseo de venganza no se apagaba y le comenzaba a temer. El rencor hacia el padre de la chica, algo que nunca esperó sentir, se acomodó en su pecho luego de conocer a Chiyo. No quería quererla, pero ya la quería, y ahora que la tenía, debía perderla, por el bien de su clan. Deshacerse de ella significaba dejarla libre, quedándose con la victoria, pero a la vez, permitiéndole que se fuese a los brazos de Ryu para terminar perdiéndola.

Asqueado con el pensamiento, tomo el cojín que protegía el rostro de la chica y lo tiró lejos de su cuerpo, viéndola llorar. Se conmovió como nunca antes y se dejó caer a su lado, posándole con delicadeza una mano en su vientre que ya se veía prominente. Prontamente cumpliría los 3 meses y si no reconocía los síntomas, podría seguir manteniéndola en dudas hasta que cumpliese los 5 o 6.

― No llores. ― Le ordenó, escuchando sus sollozos descontrolados. ― Por favor, no lo hagas. ―le rogó, con tono mucho más contenido.

― Estoy cansada, quiero irme a casa. ― Le respondió, girándose hacia él, para mirarlo con sus ojos grandes y verdes. ― Siento que me voy a caer en cualquier momento y tú te reirás de mi.

― No sé como tomar el que me tutees y después me trates de usted. ― le confidenció, secándole una lágrima y retándose mentalmente por sucumbir a sus emociones. ― No te puedo dejar libre, lo sabes.

― No hablaré de lo que pasó acá, ni de lo que hiciste conmigo. ― Anhelante, le tomó la mano y la apretó entre las suyas, sorprendiendo al moreno por lo heladas que las tenía. ― En cuanto salga de acá, volveré a mi choza, junto al mendigo que prácticamente me crío. No te molestaré, te lo aseguro. De verdad, Hayato, déjame escapar.

― ¿Por qué? Aquí tienes de todo. ― le preguntó, confuso.

― Tú me odias y lo sabes. ― susurrando, cerró los ojos. ― Y yo quiero sentirme libre.

― Tu familia es yakuza, estás relacionada con este mundo mafioso. No puedes ser libre, para ti no existe la libertad. ― le hizo ver, con cautela. ― Si no soy yo, será otro el que te pille. Sabes que Kai te quiere asesinar. Culpa a tu clan de la muerte de su hermana. Yo mismo todavía siento ganas de matar a los malnacidos que le hicieron ese año a Ai.

― Pero no es mi culpa, Hayato. ― largándose a llorar, le soltó las manos y volvió a taparse el rostro. ― Odio estar acá, odio que me utilices y después te vuelvas frío como el hielo. Me duele imaginarte con todas esas mujeres del harem y lo que más odio, es que si escapo de este lugar, te extrañaría demasiado.

Hayato quedó de una pieza y su respiración se detuvo. ¿Aquello era una declaración? Su corazón saltó con renovado ímpetu, sintiendo como se llenaba de burbujas a punto de estallar. Acercándose a la chica, le sacó las manos de encima y bajó su boca, en busca de los labios de la chica. Chiyo en cuanto sintió el contacto, enganchó sus brazos tras el cuello y abrió la boca para recibirlo. Hayato metió sus manos dentro del vestido, rozando con la punta de los dedos el borde de sus pantaletas. El jadeo de la chica fue instantáneo y ningún hombre, menos uno que estaba en vías de enamorarse, podría contenerse.

― ¿De verdad quieres esto? ―Chiyo asintió, sin dejarlo escapar. ― Ven.

Tomándola con decisión, la sentó sobre la cama y comenzó a desvestirla. Chiyo se dejó por algunos momentos, pero tomó la iniciativa, tirándolo sobre la cama y comenzando a desvestirlo ella misma.

― Déjame. ― le pidió, cuando lo notó inquieto por llevar la batuta. ― Tú me guiarás, pero yo quiero hacerlo.

Decidida como nunca, Chiyo tomó lo que él le entregó y se nutrió de cada uno de sus embates, de su fuerza de unión, del poderío demarcado y de la pasión incansable del moreno. Quiso llorar cuando sus ojos conectaron en medio del orgasmo y la cama se volvió una zona de peligro, por la ebullición de un amor mucho más allá del común.

― Chiyo, Chiyo. ― llamó él, enterrándose en el cuello de la pelirosa y acariciando con deleite sus curvas delicadas. ― Eres una joya preciosa. ― declamó exhausto, pero con fulgor en su mirada. ― La más maravillosa de todas. ― continuó, abriendo su corazón por primera vez. ― No me dejes. ― Le rogó, sin vergüenza y dejando su orgullo de lado. ― Nunca me dejes.

― No lo haré. ― Sonriente, Chiyo le acarició su rostro cubierto por la barba reciente. ― Me gustas barbón.

― ¿No amenazarás con irte nuevamente? ― Chiyo dejó de sonreír y lo miró con profundidad. ― Sé sincera

.

― No te lo puedo prometer. ― le respondió. ― Quiero irme de acá, pero contigo. ― Hayato frunció el ceño nuevamente. ― Escúchame, podríamos irnos de acá y ser felices. Muy felices. No necesitaríamos pelear ni luchar contra nadie, partiríamos desde abajo y no seríamos hijos de clanes enemigos. Podemos ser nuevas personas.

― Se oye lindo, pero yo no soy cualquier soldado, Chiyo. Soy el cabecilla de un clan milenario, no puedo abandonarlo.

― Si puedes hacerlo, pero tienes miedo. Yo también lo tengo, pero podemos intentarlo. Danos esa oportunidad.

― No. ― negándose en rotundo, se puso de pie y comenzó a vestirse. ― Iré a…

― ¿Al harem? ―le preguntó, interrumpiendo.

― No. A entrenar con Juugo. ― se sorprendió al oírse dando explicaciones, pero aunque esperó sus recriminaciones internas, no las oyó. Quería ser sincero con la chica. ― El harem tendrá sus propios visitantes. Yo no lo usaré más.

― ¿Hablas en serio o es para calmarme? ― Hayato enroló los ojos y siguió en su tarea de vestirse.

―Hablo en serio. ― le respondió calmo, mirándola de reojo intentando no tentarse con la visión de su cuerpo desnudo. ― Vístete.

― Oh, sí. ― sonrojada, comenzó a ponerse su ropa con rapidez.

Dentro de su cabeza pelirosa, se recriminó internamente por no haber actuado mucho antes y se aterró pensando que sentía tanta confianza en el moreno, que saberse desnuda no le había importado siquiera un poco. Se sentía cómoda a su lado y eso le impactó. Jamás esperó tener la tranquilidad de estar desnuda con alguien a su lado.

― Comete toda la comida. ― Chiyo asintió, como niña pequeña y se sentó al borde de la cama, esperando que se fuera. ― Si quieres… puedes salir a dar un paseo.

― ¿De verdad? ― Hayato asintió sin vehemencia, levemente molesto por el entusiasmo en la voz de la chica. ― ¿Podré ir a ver las flores?

― Siempre y cuando vaya alguien junto a ti. ― le aclaró el moreno, mirándola fijamente. ― No puedes estar sola.

― Ok, peor es nada. ― murmuró bajito, aunque Hayato la escucho y alzó las cejas. ― Lo siento.

― No me pidas disculpas. ― caminando hasta la puerta, Hayato dispuso a largarse, pero algo lo retuvo, más bien su cuerpo no quiso seguir avanzando. Devolviéndose sobre sus pasos, fue hasta donde la chica y bajando la cabeza, le besó la boca con dulzura, a modo de despedida. Chiyo lo agarró por las mejillas, profundizando el beso y echándose hacia atrás, haciéndole caer encima de ella. ― Debo irme. ― le susurró contra la boca, volviendo a perder sus manos sobre el cuerpo menudo de la chica.

― Después.

Cayó sobre ella y se olvidó del mundo por largos minutos, ignorando que tras la puerta, Isoka apretaba el puño y se mordía los labios de impotencia.

Esa furcia llamada Chiyo, se las iba a pagar.

3.

― Ufff… por fin. ― dijo Jiraya, tirándose hacia atrás en la silla y agradeciendo enormemente haber avanzado en tantas tomas en poco tiempo. Casi estaban a la par de lo que deberían llevar si no hubiesen tenido tantos retrasos. ― Kakashi, ¿cómo te fue con Sakura y Sasuke?

― Los tuve que dejar solos, pero como ves, se solucionó. ― No obstante, el productor vio a lo lejos como Sakura caminaba derecha como hierro hacia su camarín, mientras Sasuke la seguía con la mirada, entre resignado y abatido, quizás cansado. ― Iré a tratar algo con Sasuke.

― Y de paso dile que parece un borreguito a medio morir mirando a su novia de esa forma. ― Kakashi sonrió de medio lado. ― Todo el set notó que están algo peleados, aunque las escenas le salieron de maravillas. Más reales que en cualquier otro momento.

― A veces, que estén molestos, ayuda a que saquen sus emociones a flor de piel. ― sin agregar más, fue hasta donde el pelinegro, que comenzaba a desatarse toda la indumentaria yakuza, pasándoselas a los tramoyas. ― Buena escena.

― Gracias. ― agradeció parco. ― ¿Qué hora es? ― Le preguntó, mirándole la muñeca.

― Van a ser las 8 de la mañana. ― Toda una noche grabando. ― ¿Practicaron mucho con Sakura para que les resultara ese momento romántico? ― quiso saber, siendo intruso.

― Algo así. ― Cansino, el pelinegro tomó un vaso que le entregaba una de las chicas de producción y agradeció con un gesto de cabeza. ― Me iré a descansar, ¿Sakura también puede irse?

― Por supuesto. ― Asintiendo, Sasuke se giró. ― Antes de que te vayas, Jiraya me mandó a decirte que dejarás de mirar a Sakura como si fueses a morir, igual que un cachorrito perdido. ― El moreno frunció el ceño y agachó la cabeza, pero no negó las palabras del peliblanco. ― ¿Pelearon?

― No es de tu incumbencia, Kakashi. ― le respondió gruesamente. ― Lo que me pase a mí y a Sakura es de nosotros.

― Deja de ser de ustedes cuando es evidente para todos. ― Sasuke bufó, odiando la sonrisa fingida del peliblanco. ― A ella no se le nota, cosa que me sorprende, pero a ti… es como mirar un escaparate que grita: "Mi novia me odia, ayúdenme".

― No me odia. ― se defendió de inmediato, quedando en evidencia. ― Sea lo que sea, lo solucionaré. ― volvió a partir, pero antes de irse, agregó. ― Y no me vuelvas a hablar sobre mi relación. No te metas.

Amenazándolo, se fue. Kakashi sonrió otra vez, pero esta vez, era real.

Sakura estaba ordenando su bolso, frustrada por no poder encontrar su nuevo celular, regalo de Sasuke, entre todo el desorden que tenía. Ya pronto se pondría manos a la obra y ordenaría ese cuchitril que tenía por camarín. Parecía una casa de gitanos por tener tantas cosas colgando por aquí y por allá.

― Maldito celular. ― refunfuñó, tocándose los bolsillos y moviéndose en su propio eje. ― Esto te pasa por desordenada. ― se reclamó a sí misma, molesta. ― Deberías conseguirte un celular que grite cuando se sienta perdido sin ti.

Sonriendo por sus ocurrencias, jaló su bolso y se tomó la cabeza, sin creer que el maldito móvil estaba sobre un cojín más allá. Si hubiese sido perro, la hubiese mordido.

― Sakura. ― La entrada, sin avisar, del moreno, le hizo dar un salto. Había apagado sus pensamientos respecto a Sasuke, pero tenía claro que debían volver a enfrentarse para tratar de solucionar el despelote que se había generado. ― ¿Vamos?

― ¿Dónde? ― le preguntó la pelirosa, mirando su celular para no posar sus ojos sobre él.

― A casa. ― respondió suavemente el moreno, manteniendo su genio a raya. ― Debemos conversar.

― Las cosas están claras, Sasuke. ― La pelirosa soltó el aire y lo miró, sin traslucir nada. ― Hoy descansemos y mañana vemos como lo solucionamos.

― No. Quiero que arreglemos esta tontería ahora. ― expuso el moreno, acercándose un paso a ella. ― Si lo dejamos pasar, se agrandará.

― Sasuke, estoy cansada. Ha sido una ardua grabación y seguir es agotador para ambos. Mañana, mucho más tranquilos, lo intentaremos arreglar. ― sugirió Sakura, con gran madurez. Sasuke se sintió impotente.

― ¿Dónde irás? ― le preguntó Sasuke bruscamente. La pelirosa enroló los ojos, pero decidió responderle, para no seguir agrandando más la pelea.

― Me quedaré en mi departamento. ― el moreno asintió, asimilando que no tendría a su novia por todo ese día. ― También quiero pasar a ver a Tenten.

― ¿Estarás con Ino? Tuvo un gran problema con Itachi. ― Sakura recordó aquello y se sintió mala amiga por haberlo olvidado. ― Es muy grave.

― ¿Tu hermano te contó? ― Sasuke asintió. ― Más razones para que este día lo pasemos separados y nos demos un respiro. Quizás estar tanto tiempo juntos, nos está agotando. ― El moreno sintió esas palabras como si uñas pasaran por un pizarrón de tiza, dañándole los oídos.

― No, Sakura. Yo no estoy cansado de ti, ni de estar siempre a tu lado. Solo me agota el pelear por cosas que no deberíamos. ― puntualizó, con un fervor muy peculiar en él.

― Pedirte dos palabras no es un gran sacrificio. ― Le dijo ella, con un toque de ironía bastante sutil. ― Pero creo que es mucho pedir para ti.

― Sí, es demasiado pedir, porque no soy así. No me nace ser de ese modo y pensé que lo tenías claro. ― respondió comenzado a enfurecerse.

― No leí el contrato cuando comenzamos a estar juntos. ― murmuró la pelirosa, mirándolo fijamente. ― Quizás me hubiese abstenido a estar contigo.

― ¿En serio crees eso, Sakura? ― Un bufido superado por parte del moreno, enervó a la chica. ― Me gustabas y mucho. Quería tenerte y todavía lo quiero. Para mí es un gran sacrificio aceptar que hoy no durmamos juntos.

― Hoy extrañarás el sexo. Me has creado a tu propia complacencia. ― Luego de decirlo, Sakura se arrepintió. Era una acusación bastante infundada y nacida del resentimiento que sentía por su novio en ese instante, sin embargo, no era necesario que lo dijera, dejando entrever que Sasuke prácticamente la había formado para solo para darle placer.

― Sinceramente, tienes una pésima opinión de mí. ¿También crees que te soy infiel? ― Sakura agotada, se quiso ir y pasó por su lado, pero Sasuke la tomó del brazo, deteniendo su huida. ― Sé sincera por una vez en la vida, ¿de verdad crees que simplemente te uso?

― Ambos nos usamos.― susurró, embobada por su cercanía.

― Si querer abrazarte mientras duermo es usarte, entonces sí lo hago. Si querer verte sonreír es usarte, entonces sí lo hago. Si quiero escuchar tu voz saludándome por las mañanas, toda amodorrada y con tus ojitos llenos de amor por mí es usarte, entonces mil veces sí, lo hago. Te uso, porque me haces feliz, porque me gusta estar a tu lado, porque te demuestro mi amor de otras formas, sin necesidad de usar palabras. ― Sakura sintió un nudo alojado en su garganta. ― Eres una tonta, que no ve más allá de lo que quiere ver. Buscas un amor como teleserie, donde te diré "te quiero" y seremos más felices, pero la vida es mucho más que eso. Son actos simples que nos demuestran el afecto.

― No seguiré discutiendo contigo. ― de un fuerte jalón, se zafó de su agarre. ― Me iré a casa y espero, de todo corazón, que paremos con esto.

Saliendo como un alma que lleva el diablo, Sakura prácticamente corrió hasta el auto de su amiga, encontrándose a la rubia tras el manubrio, con la mirada pérdida y los ojos llenos de lagrimas. Un golpe en el vidrio, hizo volver a la rubia, quien se demoró dos segundos en reaccionar y quitar el seguro de la puerta.

― Hola. ― dijo con voz trémula, secándose las mejillas. ― ¿Vamos donde Tenten? ― Le preguntó, recomponiendo el gesto y respirando hondamente.

― Primero que todo, me dirás que pasó. Necesito entender porque esa cara de tanto sufrimiento. ¿Te atacó? ― Ino negó con la cabeza, volviendo a llenar sus ojos de lágrimas, que cayeron rápidamente por sus mejillas.

Un sonido proveniente de su pecho, desencadenó una ola de sollozos imparables, que a hipidos intentaba controlar.

― Itachi… ― dijo entre el llanto, siendo consolada en el hombro de su amiga. Sakura compungida, intentaba reconfortarla, pero sabía que no tenía las herramientas para ayudarla. ― Itachi… será papá.

― ¡¿Qué?! ― gritó Sakura, separándose. ― ¿De quién?

― De… Mei. ― Y como un dique rebalsado, Ino comenzó a llorar sin control, lanzando gritos de dolor. Sakura la apretó contra ella y la sostuvo mientras su llanto se hacía más desconsolador.

― Cariño, tranquila, por favor. ― le rogó. ― Todo tendrá solución. Quizás no es de él.

― ¿Y si lo es? ― susurró la rubia, carraspeando. ― ¿Y si es un bebé de él? El niño no tendría la… culpa. ― dijo la chica.

― Claro que no, pero no puedes arruinar lo que tienen basándote en lo que dice esa mujer. ― le aconsejó Sakura, acariciándole el cabello. ― Es muy probable que ese bebé no sea de él. Ambas sabemos que Mei tiene ciertas falencias con respecto a la facilidad con que se entrega al sexo masculino. No es novedad.

― Pero el muy idiota… ¿Cómo puede acostarse… con ella? ― dijo entre lágrimas. ― Sabía que era… perra.

― Ino, nosotras recién estamos empezando y por lo mismo hay muchas cosas que no comprendemos, pero cariño, hay deseos que tienen que ser saciados y cualquier persona, con la misma libertad de uno, sirve para sacarnos las ganas. Al menos así lo veo con Itachi. Él no te traicionó, porque su historia con Mei es anterior. Sin embargo, entiendo que te duela, porque sientes que lo pierdes.

― Es tan… todo siempre… nada me resulta. ―dijo inconexamente, llorando a mares. ― Estábamos tan bien.

― Y lo volverán a estar. Yo sé que ahora lo ves difícil, pero tienes que intentar confiar en él y buscarle una solución a este problema. Saldrán arriba juntos. ― Ino suspiró, calmando su llanto.

― Gracias… por estar conmigo. ― Sakura le levantó el rostro y le secó las lágrimas con sus pulgares.

― Nada más de llanto por esos Uchiha feos, que solo saben hacernos sufrir. ― murmuró Sakura, sonriendo con complicidad.

― ¿También pelearon? ― Una mueca y un chasquido de lengua recibió por respuesta la rubia. ― ¿Qué pasó?

― Tengo el novio más parco del mundo. Es incapaz de decirme que me quiere. ― le contestó la pelirosa, sin ahondar en detalles. ― Pero bueno, dejémoslo estar y ahora vayamos a ver a esa enferma que tenemos por amiga y que está disfrutando de las atenciones de otro Uchiha.

― ¿Shisui? ― Sakura asintió. ― ¿Tú crees que…? Cuando salí con Tenten… Shisui quedó flechado. ― le contó la rubia, todavía con voz quebrada, pero mucho más recuperada.

― ¿De verdad? La muy guarra se lo tenía guardado. Te apuesto que ahora están teniendo una conversación de lo más interesante, con besos incluidos.

― Lo dudo. Está muy enamorada de Neji. ― Y era que no, la castaña tenía una obsesión insana con el primo de Hinata y era casi imposible que lograsen sacarla de eso, tomando en cuenta que estaba realmente enamorada del Hyuga.

― Somos mujeres tontas. ― reclamó Sakura. ― En vez de probar con muchos hombres, nos enamoramos a la primera.

― Yo si estuve con otra persona… creo. ― dijo la rubia, recordando el dolor que le provocó la primera vez con Itachi. ― Aunque lo he dudado. Fue demasiado dolorosa mi primera vez con Itachi.

― No te costó nada encontrarle el ritmo después, ¿eh? ¿Ahora te duele, guarra? ― Ino se sonrojó y de un aleteo, la corrió de su lado. Sakura se puso a reír. ― Quiero verte feliz, Ino, por favor, intenta solucionar esto con mi cuñado. Se nota que lo quieres más de lo que eres capaz de asumir y dejarlo te costará horrores.

― Lo olvidaré. ― respondió con orgullo la rubia, mientras hacía contacto en el auto. ― Y seré feliz, sin él.

― Primero ve como avanzan las cosas. No te precipites. ― le advirtió la pelirosa, acariciándole el cabello. ― Ya, olvidémonos un momento de los hombres y manos a la obra.

― Intentemos que durante la tarde las cosas pasen en paz. ― Ino se perdió un par de segundos con la mirada enfrente y mil pensamientos que la atormentaban, agregándole un peso a su corazón. Sakura le dio el espacio y omitió cualquier comentario. En penas de amor, era imposible tener los consejos perfectos para sanar, pero ya tendría la tranquilidad que necesitaba. Estaba segura. ― Sakura, iremos donde Tenten, ¿verdad?

― Por supuesto. ― aseguró la pelirosa.

― No debemos decirle. ― La rubia se volteó a mirar a su amiga. ― Tenten no debe enterarse de esto.

― Pero… ¿Lo dices por Neji? ― Sakura se demoró un segundo en sacar conclusiones rápidas. ― Maldita sea, es un gran problema. Mendiga mujer.

― Tenten se merece ser feliz y si está con Neji, dudo que él esté enterado de esta situación. ― La pelirosa asintió. ― Es él quien tiene que darle la noticia y como pareja deben solucionarlo.

― Nosotras no debemos meternos y, aunque te duela el alma, tendrás que fingir que estás bien y mantenerte serena.

― Lo intentaré de todas las formas posibles. ― prometió la rubia. ― Pero me duele acá. ― apuntó a su pecho. ― Ni con Daiki sufrí de esta forma.

― Estás enamorada de Itachi. Él te genera otros sentimientos que jamás esperaste sentir, por eso te duele de esta forma.

― Maldigo el día que Mei puso su primer alarido en esta tierra. ― Sakura se limitó a tomarle la mano y escucharla desahogarse. ― Su maldito ego, su fanfarronería, como maneja a las personas a su antojo y usa el sexo como arma de sometimiento. Es de lo peor que hay en la especie. Su belleza solo genera conflicto y dolor.

― Pero tampoco es por completo su culpa, Ino. ― interrumpió Sakura. ― Para crear un bebé se necesitan dos y en las relaciones que mantenía Mei, ninguno de sus hombres se negó a lo que ella les daba. Es injusto que le eches toda la culpa, cuando hay culpas compartidas.

― Sakura, necesito liberar mi odio contra ella y contra lo que hace. Me rompió el corazón a mí y se lo romperá a Tenten. ― La rubia se secó sus lágrimas con una mano, mientras la otra seguía entrelazada con la de Sakura. ― En mi caso, Itachi tiene más que claro sus sentimientos por esa mujer, pero Neji no y eso ocasionará un quiebre en la seudo relación que lleva con nuestra chica. Si mi dolor es palpable, el de ella será inconmensurable.

― Cariño, nadie puede protegerla de esto. En nuestras manos está el no contarle hoy, pero más temprano que tarde la noticia le llegará y será nuestro deber estar presente para levantarla. ― Ino asintió mucho más decidida.

― Solo nos toca sufrir. Las mujeres venimos solo a sufrir. ― reclamó la rubia, siendo tozuda.

― Y a ser amadas… aunque algunos no saben ser claros con el tema. ― dijo Sakura entre dientes, sin ser oída por la rubia. ― ¿Vamos?

― ¿Dónde Tenten? ― Sakura asintió con vehemencia y mirando de reojo el auto posicionado a sus espaldas, que parecía pendiente de sus acciones. Ino, ignorando aquello, hizo partir el carro y con un fuerte chirrido de ruedas, salieron del estacionamiento, olvidando por ese día, lo que significaba estar enamoradas.

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― Estás en tremendo lio. ― murmuró Sasuke, mirando con melancolía y frustración la ida de su novia. Durante ese día, no estarían juntos, pero sería lo único que le aguantaría. Si la muy enojona no aparecía durante la noche, se iba a enojar y enfurecido la buscaría hasta que volviera a su cama… y a su vida, donde tenía que estar.

― Tú también la tienes complicada el día de hoy. ― a pesar de sus palabras, se oía una tristeza profunda en el Uchiha mayor, que con la cabeza hacia atrás y mirando hacia el frente, evidenciaba su malestar y poca costumbre al sufrimiento. ― Se me fue todo de las manos. ― agregó, pasándose una mano por el rostro y el cabello. ― ¿Cómo pude dejar embarazada a Mei?

― Sabes perfectamente cómo. ― le dijo Sasuke, haciendo partir su carro. ― ¿Te llevo a tu casa? ― Itachi negó. ― ¿Dónde?

― Desayunemos juntos y me quedaré contigo. ― El pelinegro menor farfulló un par de palabras, pero aceptó. Sabía que, por primera y única vez, tenía que ser una contención para su hermano, por mucho que esto lo hartara. ― Mañana vendré a buscar mi carro.

― ¿Y por qué estás acá? ¿No deberías estar preocupándote de mi agenda muy ocupada? ― Itachi sonrió con tristeza.

― Quería estar con Ino. ― respondió suavemente. ― Y cagué.

― Podrías no ser tan sensible y solucionar el problema. ― le aconsejó Sasuke, virando en un cruce. ― No pensé que fueras de esa gente que se lamentara.

― Me gustaría verte en mis zapatos. Es fácil juzgar sin estar viviendo lo mismo que yo.

― ¿Quién fue tan imbécil como para acostarse con una mujer así? ― le recordó cruelmente el Uchiha menor. ― No me interesa con quien te encamas, pero deberías tener un poco más de filtro la próxima vez.

― Tú te acostaste con prostitutas, ¿o no lo recuerdas? ― Sasuke carraspeó incomodo. ― Antes de Fuka te llevaste a la cama cosas que ni siquiera pueden nombrarse. Que no tengas hijos, es una suerte que no deberías mirar en menos, porque dudo que en tu estado de completa drogadicción hayas usado siquiera un condón.

― Siempre me cuidé. Estoy muy sano. ― le respondió Sasuke. ― En fin, no estamos hablando de mí.

― Te gusta molestar solo a ti. ― Itachi buscó su celular y miró la hora. ― 9:30 de la mañana.

― Ahí también sale la hora. ―le apuntó Sasuke, al panel del carro. ― ¿O esperas un mensaje de tu ex novia?

― Eres la peor persona que tengo el mal gusto de conocer. ― dijo Itachi, metiéndose en sus cavilaciones, ignorando por entero a su hermano.

― Y nos une la sangre. ― Lamentablemente, pensó Itachi. ― ¿Quieres desayunar algo? ― le preguntó.

― Cloro, eso tengo ganas de tomar. ― El aspecto melancólico de Itachi caía en lo gracioso, pero Sasuke fue inteligente y no se rió. ― Solo quiero dormir.

― Primero comamos algo. ― andando por el centro de Tokio, se encontraron un Starbucks abierto y olvidando la mega estrella que era, Sasuke ingresó al estacionamiento, bajándose raudo. Al ser tan temprano, el lugar estaba casi vacío. ― Hola. ― saludó a la dependienta, con sus lentes oscuros puestos y su gorra puesta hacia atrás, como niño travieso. ― Quiero dos expresos, muy cargados.

― ¿Sas…Sasuke? ― el moreno hizo una mueca y asintió despacio.

― Que quede entre nosotros. ― Y levantándose los lentes, le guiñó un ojo. La dependienta perdió el aire, a punto de desmayarse. ― Por favor, intenta que no llamemos la atención.

― Después… foto. ― Sasuke entendió y asintió a la pobre chica atolondrada que lo miraba como se mira solo a una mega estrella. ― ¿Quiere… comida?

― 2 sándwiches jamón-queso. ― La chica terminó de teclear y corrió a prepararle su pedido, olvidando que estaba de cajera y debía seguir atendiendo. La encargada de la tienda salió a los pocos segundos, con cara de perro y lista para retar a la chica.

― ¿Qué te sucede, Sayumi? Tenemos mucha clientela esperando para que la atiendas. ― mirando a Sasuke como si fuese un ser asqueroso, iba a continuar, pero sus palabras quedaron en el aire. ― No lo puedo… creer.

― Por favor, intentemos que esto pase desapercibido. Yo me sentaré a comer por allá y quiero tener un momento de paz. Si seguimos aquí, llamaré la atención. ― les dijo Sasuke. ― Prometo no alborotar nada.

Pero ya era tarde. La mitad de la tienda se había dado cuenta de su presencia y comenzaban a sacar sus celulares. Por fuera, los paparazis ya lo habían descubierto, probablemente por su carro detenido ahí. Con un gesto de cabeza, llamó a su hermano, pero este no entendió.

― Quisiéramos… regalarle… ― Sasuke se negó y sacando su billetera, la abrió, deteniéndose a mirar la foto que había ahí: era él, junto con Sakura, dándose un beso. Dos segundos se encontró algo desorientado, como si hubiese perdido el conocimiento, pero reaccionó y pagó con un billete que cubrió la comida y una jugosa propina. Tomando los vasos, los sándwich y dando las gracias, caminó hasta su hermano.

Los flashes resonaban por todo el lugar, pero Itachi estaba abstraído en su mundo. Tomándolo con firmeza por el hombro, lo sacudió de forma imperceptible.

― Nos vamos. ― le señaló. El pelilargo se levantó y caminó tras su hermano, sin fijarse en la locura que se había formado a su alrededor y procurando esquivar a todos los que se cruzaban. Tampoco se dio cuenta que Sasuke no había llegado al carro con él. Al devolverse a buscarlo, lo encontró rodeado de personas, que se sacaban fotos con él y le sonreían pidiéndole cosas. Sasuke estaba incomodo y con las manos ocupadas, sin poder alejarse.

Itachi reaccionó y sonriendo del mismo modo, alejó a todos los que rodeaban a su hermano de forma bestial. Se le tiraban encima y a duras penas Sasuke lograba alejarlos, procurando no lanzarles el café hirviendo encima.

― Por favor, déjenme salir. ― les pidió el Uchiha menor, siendo cauteloso y sonriendo en todo momento. ― Puedo lastimarlos con el café. ― Itachi tuvo que hacer uso de su fuerza y mediación para sacarlo de ahí y cuando ya se vieron dentro del carro, siendo, todavía, asediados por toda esa gente, emitieron palabrotas.

Sasuke, a duras penas logró salir del estacionamiento y tuvo que esquivar a varios paparazis que estaban encima de él.

― Al menos sirvió para que dejara un momento de lado mis pensamientos tristes. ― dijo Itachi, rompiendo el silencio. ― Para la próxima, espero que ocupes a Peter durante el día, no solo para situaciones puntuales. ― agregó, recordándole que era una estrella y un guardaespaldas era muy necesario.

― Esta es una de las cosas que odio de ser famoso. ― murmuró Sasuke, andando a toda velocidad en su Lamborghini. ― Y el no poder estar con mi novia en paz.

― Sasuke, hablando de Sakura, creo que es hora de que hablemos con nuestros padres y esto se haga visible. ― El pelilargo lo había pensado mucho y sentía que era momento de comenzar a hacer las cosas bien. ― Estuve investigando y hay muchas parejas que parten cuando la chica es menor de edad. Por último, si nos vemos muy urgidos con el tema, se pueden casar y se legaliza todo.

― ¿Casarme? ― preguntó Sasuke, sin creerlo. ― ¿Tan drástico?

― Sí, casarte. ¿No te gustaría?

Sasuke ni siquiera lo dudó: ¡La idea le agradaba! Jamás había sido dado al compromiso. Le gustaban las cosas ligeras, pero con Sakura se sentía capaz de todo, de casarse, tener hijos, establecerse, amarse.

― Vamos al tema de nuestros padres. Tienes que estar presente cuando hable con ellos. ― Itachi asintió, tomando su café. ― Tienes claro que tú me metiste en este problema, al ir a acusarme.

― No fue tan así. ― Sasuke alzó las cejas y enroló los ojos, mirando su sándwich y dándole una mascada. ― Ok, sí, pero es porque pensé que estaba haciendo las cosas bien. Ahora que te veo junto con ella, me doy cuenta de que en verdad es importante para ti.

― Sakura es mi novia, Itachi. Estoy con ella porque quiero y porque la necesito. No es para salvarme de algo, como fue al estar con Fuka. ― Itachi sabía la diferencia, no necesitaba que se lo aclarara.

― Lo sé. Por lo mismo, es necesario que transparentes el tema. ― sugirió el pelilargo. ― Si ella es tan importante para ti, nuestros padres merecen saberlo.

― Papá se opondrá y a mamá no le gustará. ― vaticinó Sasuke.

― ¿Cuándo le has tenido miedo a nuestros padres? ― preguntó Itachi retóricamente. ― Ni siquiera te importó cuando quisieron negarse a que te metieras en la música.

― Sabían que lo deseaba más que ser actor.

― Papá incluso se negó a que fueras actor, porque quería dejarnos su empresa, pero ambos tomamos caminos diferentes. ― Sasuke se detuvo dentro del estacionamiento que tenía su departamento, pero no se bajó de inmediato. Se quedó bebiendo su café en silencio, siendo observado por Itachi. ― ¿Qué piensas?

― Que te cagué la vida. ― respondió el Uchiha menor, sucinto y sin mirar a su hermano. ― Por mi drogadicción y desperdicio con la fama, tú tuviste que dejar Estados Unidos y volver a casa para salvarme. Te corté las alas y solo para engrandecerme más a mí.

― Eres mi hermano. Jamás te he mirado como una carga. ― aseguró Itachi. ― Además confiaba en tu potencial. Sabía que a la larga me traería buenos dividendos estar a tu lado, a pesar de las estupideces que hacías en esa época.

― Volviste porque casi morí. ― le recordó Sasuke.

― Y me quedaré a tu lado sea lo que sea que pase. ― Ambos se miraron, sin ser necesario que se tocaran. ― Vamos. Dejemos el sentimentalismo el día de hoy. Quiero descansar y olvidar que existo.

― Es mutuo. ― respondió Sasuke.

Bajándose del carro, subieron al departamento. Itachi cayó directamente sobre la cama en la habitación de huéspedes. Sasuke por su parte se bañó y puso ropa de cama. Quería apagar la cabeza y como fuese lo haría.

4.

― Digamos que te desmayaste luego de ver mi precioso rostro, y yo, como el responsable de tu desmayo, te traje al hospital en busca de ayuda. ― Tenten enroló los ojos, sonriendo. ― Suelo tener un efecto devastador en las mujeres, pero ninguna se había lanzado a mis pies de una forma tan poco glamorosa, ¿qué quieres que te diga? ― le preguntó retóricamente, alzándose de hombros. La castaña rió abiertamente. ― ¿Cómo te sientes? ― le preguntó mucho más serio.

― Sobreviviré. ― respondió en un lastimoso graznido.

― Espero tus palabras sean reales. ― se mofó Shisui, volviendo a bromear. ― Tienes que cuidarte. No es normal tener este tipo de resfríos.

― Mis resfríos son algo… exagerados. ― respondió con dificultad. ― ¿Itachi?

― Yo soy tu salvador y llamas a mi primo. ― le reclamó, bromeando como siempre. ― Dijo que tenía cosas que hacer y se largó. Entre nos, ― se acercó donde la castaña, sentándose en la camilla a un lado de ella. ― creo que tuvo problemas con tu amiga. Tenía muy mala cara.

― ¿De verdad? ― Shisui asintió con solemnidad. ― Ya lo sabremos.

― Eso está claro. ― Sonriente, Shisui la miró por largos segundos, poniéndola nerviosa. ― Ni con 40 de fiebre dejas de ser guapa. ¿Cuál es tu técnica?

― ¿Técnica? ― Shisui afirmó, esperando una respuesta. ― Pues… no hay técnica.

― Tus ojos son muy lindos.

― Si intentas conquistarme, vas a fracasar. ― le advirtió la castaña, recordando a cierto ojialabastro que le armaría tremendo drama si se enteraba de que había un tipo coqueteándole abiertamente. ― ¿Comiste?

― Ya entendí… quieres que me vaya. ― haciéndose el ofendido, Shisui se puso de pie de forma teatral. ― Y yo que te salvé la vida, arriesgando la mía y así es como me pagas.

― No pareces Uchiha. ― murmuró la castaña, sonriendo con sus ojos.

― Soy Uchiha hasta la médula, pero, a diferencia de mis primos, yo jamás he tenido que labrarme a cuesta de esfuerzo un futuro, ni tampoco le he trabajado un día a nadie. He vivido al son de lo que dice el momento y soy libre, por eso me siento feliz.

― ¿No tienes metas? ― Le preguntó la chica, sin comprender como alguien podía vivir sin nada que lo motivara ni remotamente.

― ¿Para qué? Tener metas es limitarme para encontrar un destino que, quizás, jamás me agradará. Yo quiero vivir, sentir, aprovecho que tengo un sustento muy generoso tras de mí, que me permite vivir de esta forma tan "nómade". ¿No te gustaría ir de un lugar a otro sin dar explicaciones? ¿Sin sentir que estás fallando a todo lo que te creaste? ― Tenten no supo responder. ― Te apuesto que eres ese tipo de chicas que sueña con llegar a estar dentro de las mejores en cualquier rubro.

― No todos tenemos tanta libertad. ― respondió ofendida. ― Ni tampoco el dinero.

― No eres libre porque no quieres.

― No soy libre porque tengo un sueño y lo voy a cumplir. ― le rectificó la castaña, con mayor énfasis, aunque su voz no la acompañaba. ― Llegaré a lo más alto de la moda y miraré todo mi trabajo realizado. De ese modo tendré la libertad que yo busco: la de crear sin miedo a nada. ― le explicó. ― Tener un sueño no te limita, sino que te encausa para ser alguien en esta vida.

― ¿Y qué es ser alguien, Tenten? ¿Tener una carrera? ¿Una forma de llamarte? ¿Doctora, abogada, enfermera, bibliotecaria? ¿Es es lo que buscas?

― Quiero ser diseñadora. ― repitió.

― Cuando te des cuenta que la vida no es llevar un adjetivo, valoraré tu punto. Por ahora me parece perverso que te limites a ser alguien, por miedo a vivir.

― Si vivo. ― se defendió la castaña.

― No, no vives. Hay algo que tranca a esa cabecita de color chocolate y yo me deleitaré intentado desentrañarla.

― No tengo trancas. ― le replicó, haciendo un mohín.

― Ya veremos. ― tirándole un beso al aire, Shisui se perdió tras la puerta.

Tenten miró su salida y no pudo evitar sonreír, pensando que era el Uchiha más raro de todos los Uchiha que tenía la suerte de conocer. Uno más vividor y sin tanta cara de culo, además de tener esa belleza perfecta que venía de la mano con el apellido.

La suerte de algunos, pensó la chica. Nacer guapo y rico, mientras otros sufrían lo indecible para encontrarse bien en la vida.

― Buenas tardes, mi nombre es… ¿Tenten? ¿Qué te pasó? ― la castaña alzó la mirada, encontrándose con un cabello corto y oscuro, algo rojizo. La sonrisa de Nozomi abarcó todo su rostro y le dio un placer enorme verla. ― Mujer, aquí sale que tuviste una descompensación por fiebre. Prácticamente te deshidrataste.

― Mis refriados suelen ser algo… exagerados. ― bromeó la castaña. ― ¿Cómo estás?

― Muerta. Estudié toda la noche para un examen y hoy en la mañana me tocó pasantía. ― La chica se sentó a un lado de Tenten. ― Hace mucho que no sabía de ti. Me he estado comunicando con Natsuki, por su boda y eso, pero de ti y el resto de las chicas no tenía idea. ― le comentó la pelirojiza.

― Supongo que irás a la cena de compromiso.

― Claramente. Estoy ayudando a Nat con todo. Mínimo que me invite a comer gratis, ¿no crees? ― Tenten asintió. ― En fin, basta de cháchara y déjame revisarte. ― Tenten se sentó en la camilla, mientras Nozomi descubría su espalda. ― Respira con la boca abierta.

Tenten siguió cada una de las indicaciones, mientras Nozomi anotaba en su hoja de registro.

― ¿Cómo me encuentra, doctora? ― la chica sonrió al escuchar como la llamaba.

― Te salvaste de un eminente shock hipovolémico. Tuviste una fiebre altísima, que a la larga, te hace sudar toda el agua de tu cuerpo y la falla orgánica pudo haber sido generalizada. ― Nozomi, la miró fijamente. ― No puedes descuidarte de esta forma, Tenten. Ahora tuviste suerte, pero estando sola, puede ser más complejo. Por suerte, tus pulmones tienen poca secreción y no se oye una obstrucción evidente, así que no serán necesario antibióticos. Te dejaré con un antitusivo buenísimo y de origen más natural, además de los nunca bien ponderados paracetamoles. ― Ambas rieron. ― Es más que nada para el dolor de tu cuerpo. Te aliviará bastante.

― ¿Me voy con alta entonces? ― Nozomi hizo una mueca.

― Tendrás que esperar algunas horas, porque no estoy calificada para dar las altas medicas. ― Tenten frunció el ceño. ― El doctor de turno te la dará en cuanto termine de dar la última vuelta que le queda. Yo ya dejé listo el informe para que sea solo un mero trámite y no vengan a toquetearte nuevamente.

― Eso espero. Aunque pasé muchas horas en estado de alucinación. No recuerdo si estaba despierta o no, solo que veía cosas. ― Nozomi meneó la cabeza.

― Eso no es bueno, Tenten. ¿Podrías hacerte un chequeo la otra semana? ― la castaña aceptó. ― Te aviso cuando esté acá y revisamos todo, para no encontrarnos con sorpresas. Ah, y te agregaré unas vitaminas, para fortalecer tu sistema inmune. Así, el próximo invierno estarás preparada para lo que venga.

― Pero si estamos en primavera.

― Los cambios de temperaturas están siendo muy bruscos. ― La castaña sabía que sí, aunque su resfriado tenía que ver más con su irresponsabilidad que con problemas del tiempo. ― ¿Estarás en la cena?

― Por supuesto. Soy invitada de honor a ese magno evento. ― Nozomi saltó como un conejito feliz.

― Estará toda la banda Living. Será maravilloso volver a verlos. Quizás canten y seré una privilegiada al estar ahí. ― Tenten rió. ― ¿No crees lo mismo?

─ Me gusta la banda, pero no soy fans la verdad. Trabajo con Sasuke y me agrada más él como persona que como cantante. ― confesó la castaña.

― ¿Es simpático? No he tenido tiempo de compartir mucho a su lado. Es más, quedamos en que me ayudaría en una fundación, pero solo apareció Neji. ― el nombre apretó el estomago de la castaña. ― ¿Lo conoces? ― Pfff… si supiera cuanto lo conocía, pensó Tenten. ― Ha estado haciendo muchos aportes a un hospital de niños y también ha ido a saludarlos.

― ¿De verdad? ― preguntó la castaña, muy sorprendida.

― Sí, es verdad. No somos cercanos y los tratos los hace directamente con los encargados de la fundación, pero si me he enterado de sus aportes y de cuan cercano se ha vuelto para esos niños que están ahí. Me pareció estupendo. ― agregó entusiasmada.

― ¿Y los chicos saben quién es? La música de la banda no es para niños. ─ insistió en preguntar, sin salir de su asombro.

― Un antiguo enfermero les habló de la banda y se las enseñó, así que los chicos lo ubican, pero les agrada mucho más por la persona que es y no de donde viene. Neji se ha vuelto en un gran compañero para ellos. ― La castaña sintió sus ojos humedecerse. No se lo diría. Guardaría el secreto del pelilargo hasta que él se atreviera a contarle, pero saberlo de otra persona y de lo admirada que estaba de él, se le hacía asombroso. Neji no era un mal sujeto, solo una persona rota.

― Me parece maravilloso. ─ murmuró la castaña, conteniendo sus emociones y evitando que se transparentaran. Por mucha confianza que sintiera por Nozomi, no quería dejarse en evidencia frente a ella.

― Y a mí mucho más. ― aseguró Nozomi. ―Espero verlo el día de la cena y agradecérselo personalmente.

― Hazlo en privado. Dudo que quiera que todos se enteren de su faceta tan personal. ― sugirió la castaña, con mucho tacto.

― Claramente. Esto lo sé yo y algunas personas, pero por alguna extraña razón te lo confío a ti. ― Tenten imaginaba que una parte invisible de ella, lograba que el resto confiara en su persona y lo agradecía enormemente, porque gracias a eso, ahora sabía el gran secreto del pelilargo. ― Ya, tengo que continuar. Reposo en casa y descanso. Nada de trabajar para que el sábado te encuentres entera, así que serán 4 días de licencia.

― Que maravilla. ― agradeció la castaña. Nunca estaba mal descansar un poco. ― ¿Irás emparejada a la fiesta?

― Nope. Estaré sola, así que me apegaré a ti. ― sonriendo por última vez y besándole la mejilla, Nozomi salió de su cuarto, dejando un ambiente tranquilo y agradable, como lo era la pelirojiza.

Al quedarse sola, sus pensamientos comenzaron a divagar, partiendo por su dolor de cabeza principal: Neji. Se le hacía inconcebible mezclar la imagen que tenía de él junto a la del gran ser humano que se mostraba para el resto. El filántropo, con corazón de oro, que compartía su fortuna con niños desvalidos. A pesar de eso, una sonrisa asomó en su rostro y el orgullo llenó su pecho. No podía ser tan malo después de todo, por algo actuaba de ese modo. Solo era cosa de darse el tiempo de conocer al pelilargo, aceptar sus conductas y conducirlas a ser cada vez mejor. Que esa parte privada que escondía de sus más cercanos, quedara a la luz y se reflejara en sus relaciones interpersonales.

Sin embargo, se detuvo. Ella no era una terapeuta como para guiar el camino del pelilargo. No conocía las herramientas sicológicas para poder ayudarle de la forma correcta. Evitando pensar más en el tema, se dedicó a admirar lo lindo del cuarto en el cual se encontraba y lo carísimo que debía ser estar ahí. Comenzó a lamentar haberse puesto enferma de ese modo y haber ocasionado tantos problemas, más ahora que tendría que estar casi cuatro días fuera de grabaciones, lo que provocaría más de algún descalabro con la vestimenta.

Lamentablemente no había nada más que pudiese hacer, así que ignoró el estrés que se ocasionaba por nada. La productora hallaría la forma de lograr suplirla y encontraría otra para devolver la mano de quienes la ayudaron en ese momento.

― ¿Hola? ¿Se puede pasar? ― Una cabeza rosa ingresó antes que cualquier cuerpo, por debajo, una rubia larga y platinada hizo acto de presencia. La sonrisa adornó el rostro tierno y sonrojado de Tenten.

Su día mejoró por absoluto.

5.

Sasuke se acostó sobre su cama luego de toda una noche de grabaciones. Agotado como solamente se puede estar después de una extenuante jornada, cerró los ojos, abriendo los brazos a lo que daba su cama. Sentirse pleno era lo que buscaba con el gesto, pero no le sirvió. Poder estar estirado de esa forma solo significaba que estaba solo en su habitación y no era agradable. Después de muchos días habiendo tenido un rico calorcito a su lado y una piel suave a su alcance, se sintió desamparado al verse despojado de ese placer.

― Que desagradable ― susurró, poniéndose de lado, como si un pelo rosado y ojos verdes se fuesen a hacer presentes por arte de magia. No obstante, tenía más que claro que eso no iba a suceder y reconocer aquello lo desarmó nuevamente. Estiró la mano y tomó la almohada que generalmente usaba la chica. Poniéndola sobre su rostro, la olió, abarcando por entero el olor de su cabello. Era una forma bastante penosa de sentirse cerca de alguien, pero la única que tenía en ese minuto a su alcance.

Lo otro era llamarla por celular, preguntarle cualquier estupidez y, por último, ocasionar una discusión, aunque se oía igual de penoso que oler su almohada.

Maldita sea, estaba agotado tanto física como mentalmente, pero el sueño no se asentaba en su cuerpo. Dando vueltas sobre la cama, decidió que no estaba preparado para dormir. Solo le quedó resignarse y se levantó, tomando su celular en el proceso y buscó, ilusamente, encontrarse con algún mensaje de Sakura, pero la foto de ambos juntos fue lo único que vio.

Humillado, derrotado y cansado, se dirigió a la sala de grabación y tomó su guitarra. Unos acordes por aquí, unos toques por allá y su cabeza echada sobre el respaldar, comenzaron a iluminarlo lentamente. Una sonrisa grande partió todo su rostro, creando una genialidad de inmediato. Poniéndose de pie, fue hacia el computador a buscar los acordes de un tema y como podría cambiarlos para hacerlos mucho más actuales y rockeros. Qué gran sorpresa se llevarían en la fiesta de compromiso. Haría una gran presentación.

Sin darse cuenta, pasó toda la mañana y gran parte de la tarde componiendo, logrando que su cansancio fuera sustituido por un gran momento artístico.

Durmió algunas horas, extrañando el cuerpo de su novia, pero sabiendo que es lo que debía hacer para recuperarla. Sin embargo, era tanto el deseo de crear música que llevaba en ese momento, que despertó motivado, preparado para hacer un avance en la canción.

A las 9 de la noche y considerando que era una buena hora para grabar, llamó a toda la banda, para practicar dicho tema.

A las diez se presentaron todos en su departamento. Sasuke, recién bañado y sin afeitar, los hizo pasar, peinando su cabello hacia atrás.

― ¿No se te puede ocurrir grabar en un día menos mierda que hoy? ― murmuró Itachi, dejándose caer en el sofá luego de haber sido despertado bruscamente por su querido hermano. ― He dormido con suerte un par de horas. Tu maldito cuarto de invitados es lo menos acogedor que conozco. ― Sasuke sabía que su insomnio no tenía nada que ver con la comodidad, sino con su dolor genuino por la falta de su chica.

― Te puedes largar si así lo deseas. ― respondió Sasuke, mirando a sus compañeros de banda. Itachi se levantó y se metió a un cuarto para bañarse. El Uchiha menor siguió hablando como si su hermano nunca hubiese estado ahí. ― Encontré un tema que me gustaría acondicionar a lo que somos nosotros. Quiero tocarlo en tu cena de compromiso, Kiba. ― el silencio fue casi sepulcral.

Atónitos, todos se miraron entre sí, sin comprender a su amigo.

― Sasuke… ― llamó Naruto con cautela. ― ¿Te sientes bien? ― Sasuke alzó una ceja. ― Pensé que no te agradaría tocar para una cena de compromiso… ─ explicó el rubio.

― Es una especie de regalo. ― justificó el moreno, ignorando las miradas escépticas que el lanzaban sus amigos. ― ¿Me van a ayudar o seguirán como imbéciles parados ahí? ― Neji fue el primero en moverse, camino hacia el lugar de grabación. Secundado por Kiba y Shikamaru. Naruto, un poco más atrás, volvió donde su amigo. ― ¿Qué te pasa, dobe? ─ le preguntó al verlo tan "cerca".

― Me sorprendes, teme. Es todo. ― le respondió Naruto, mirándolo con extrañeza. ― No pensé que alguna vez en la vida, tuviese la dicha de ver a Sasuke haciendo algo romántico.

― ¿Quién dice que es romántico? Podría ser un cover de "Te quiero, puta" ― Naruto meneó la cabeza, sonriendo. ― Es otra canción. No pienso cantar a Rammstein enfrente a mi madre. ― puntualizó el moreno, aclarando las dudas sordas y yendo hacia el estudio.

― ¿Y Sakura? Oí que están libres el día de hoy y mañana. Es más, Hinata se juntará con ella. Pensé que la vería acá. ― Sasuke no respondió. ― Te estoy hablando.

― Sakura está con sus cosas y yo no me meto. ― dijo parcamente. Naruto abrió la boca entendiendo de inmediato.

― Pelearon. ― sentenció, sin esperar las palabras de su amigo. ― ¿Qué hiciste ahora?

― ¿Por qué es mi culpa? ¿No puede ser acaso ella la que se equivocó esta vez? ― Naruto lo sopesó dos segundos y negó con la cabeza.

― Tú tienes cara de arrepentimiento y se te nota a leguas que la extrañas, por algo estás jodiendo así, tan de repente. ― sugirió Kiba.

― Yo lo llamo trabajar, algo que tú no haces. ― le recriminó Sasuke, pasando por su lado. Naruto prefirió callarse la respuesta mordaz que tenía en la punta de su lengua traviesa. ― Tomen, aquí están algunas indicaciones. ─ les dijo el moreno, entregándole unas partituras.

Todos miraron sus hojas y lentamente comenzaron a sonreír en conjunto sin lograr contenerse. Naruto fue el primero en lanzar una carcajada, que enervó los nervios de Sasuke.

― ¿Y esto no es romántico? ― Lo molestó el rubio, acercándose donde su amigo y abrazándolo por los hombros. ― Te perdimos, teme. Me impactas, aunque me siento feliz por ti.

― Es un regalo para Kiba. ― explicó Sasuke, ganándose miradas suspicaces de todos, incluida la del castaño aludido. ― Por favor, es un clásico, ¿Acaso no podemos hacer un cover para darle un buen regalo a este imbécil que se casa?

― La idea es magnífica, lo sorpréndete es que se te ocurra a ti. ― explico Shikamaru. ― Le pondremos rock y te ayudaremos en lo que sea que quieras hacer.

― Es más, podríamos hacer una coreografía. ― aportó Naruto. ― Como cancán.

― Mis pelotas. No pienso bailar. ― murmuró Neji. ― Aboquémonos a sacar este tema arriba y a lograr que Sasuke confiese sus sentimientos.

― Neji, no me hagas golpearte. Ya bastantes ganas he acumulado. ― amenazó Sasuke. ― Mejor no hagamos ninguna mierda y lleguemos solo a bebernos todo el alcohol que Kiba ponga en nuestras manos, ¿son felices así?

― ¿Por qué te cuesta reconocer que quieres hacer algo por alguien? Sakura se pondrá muy feliz al enterarse que le dedicas esta canción. ― le dijo Naruto, intentando infructuosamente darle ánimos.

― No se la dedico a ella. ― respondió Sasuke, mirando hacia otro lado.

― ¿Alguna otra mujer? Si es así, yo mismo le paso un bate a Sakura para que te dé en la cabeza. ― aseguró Kiba, sonriente. ― Esa chiquilla te adora y lo mínimo que puedes hacer es respetar sus sentimientos. Si hay otra mujer, mejor díselo y sé sincero de raíz, porque puedes perderla y dudo que quieras perderla…

― Ya cállate. Si es para Sakura, pero el hijo de puta que hablé, lo mato y saben que soy capaz de hacerlo. ― volteándose, tomó el micrófono. ― Apresúrense, no tengo todo el día. ― El resto de la banda se miró entre sí, pero prefirieron guardar silencio. Nadie tenía ganas de lidiar con el mal genio del Uchiha menor. ― Quiero que comience lento, como lo indiqué en las partiduras. Neji, partes con Shikamaru, para dar el pase a mi voz. Luego de eso agregamos el bajo. Naruto, concentrado por favor, quiero que resulte bien.

― Está bien. Todos haremos que tu declaración de amor quede fabulosa. ― guiñándole un ojo, el rubio tomó su lindo bajo y dispuso a seguir el ritmo, ignorando por completo la mirada de odio que le lanzó Sasuke.

El moreno se posó frente al micrófono y exhaló hondo. No todos los días se humillaba de esa forma.

Dos horas más tarde

― ¿Puedo irme? Ya ensayamos lo suficiente y estoy agotadísimo. ― reclamó Kiba. ― Piensen que tengo que probar platos de comida, mirar que sillas prefiere Nat y buscar un maldito dj que complazca mis necesidades de buena música. Y las de ustedes, obviamente. ― dijo el castaño, mirando a todos sus amigos.

― Recuerda que tenemos que agregar este "regalo" para ti sin que nadie se dé cuenta que tiene otro significado. ― dijo Shikamaru, dándole una calada a su cigarrillo. Sasuke y Naruto también prendieron uno. ― ¿Necesitas más ayuda en la organización? ─ quiso saber el coletas, intentando ser la mayor ayuda para su amigo.

― La verdad es que no. Esto lo dejaré como un regalo que vendrá de repente y me haré el sorprendido. ― miró a todos. ― Así que no cuenten con mi participación. ― les aclaró de inmediato.

― Estupendo. ― dijo Naruto. ― Después de esta fiesta, me iré de viaje con Hinata, para presentarle a mis padres. ― Neji que había estado en una pose desinteresada desde que habían terminado de ensayar, lo miró, descruzando sus brazos.

― ¿Qué dices? ― todos voltearon a mirar a ojialabastro. ― ¿Y mis tíos? ¿Acaso lo harás sobre su autoridad?

― Ya hablé con ellos, Neji. Y aceptaron. ― el pelilargo abrió sus ojos como plato, sin poder creerlo. ― Es verdad. Hablamos hace algunas semanas y ahora le dieron la autorización. La próxima semana la presentaré como corresponde.

― Wow, vas bien avanzado. ― declaró Kiba, mirando de reojo a Neji. ― Estás decidido con ella.

― Por supuesto. ― Naruto soltó el humo de su cigarrillo. ― Yo la amo

.

El silencio fue casi palpable. Todos se miraron entre sí, para luego volver a mirar al rubio, que seguía en sus pensamientos propios, sin percatarse de lo que había causado. Neji carraspeó, evitando mostrar una sonrisa genuina que adornaba su rostro. Quizás no era el prospecto que esperaba para su prima adolescente. No se le acercaba ni medio metro al tipo de hombre que le hubiese gustado para la chica, pero conocía a Naruto y sabía lo real y genuino que era. De una forma extraña, había logrado mermar las defensas y resquemores que tenía hacia él y lo aceptaba. Pero…

― Si le haces daño, la haces sufrir o llorar, te mato. Y no es un eufemismo. ― Tomando una de las cervezas que había sobre la mesa, la abrió lentamente, bajo la atenta mirada de todos.

― ¿Matar tipo: "no vivir más"? ― Preguntó torpemente el rubio, rascándose el mentón.

― ¿Qué otro tipo de muerte conoces? ― le respondió el pelilargo, alzando sus cejas.

― Por eso no es aconsejable meterse con la familia de los amigos. ― susurró Shikamaru por lo bajo, recordándole un antiguo lema que se daba entre todos los amigos del mundo. ― Son sagradas.

― No vengas. Tú eras amigo de Kankuro y te agarraste a su hermana. ― El coletas se sonrojó levemente e ignoró el ataque de Kiba. ― Como sea, yo creo que hoy debería quedar claro y para siempre, que si Naruto llegase a terminar con Hinata…

― Cosa que no pasará. ― interrumpió el rubio, levantando un dedo como sabiondo.

― Si eso llegase a pasar, la relación entre Neji y él seguirá igual. Y la banda tampoco se verá afectada. No podemos dejar que años de carrera se vayan a la basura por un tema sentimental. ― pidió el castaño, mirando a ambos amigos. ― Prometan que dejarán de lado cualquier rencilla que se pueda ocasionar con esto. Que la relación de Naruto es solo con Hinata y que tú, Neji, ― apuntó a su amigo. ― no tienes ni voz ni voto dentro de ella.

― ¿Tú podrías ser así de simplista? Hinata es como una hermana para mí.

― Y lo comprendo perfectamente. También sufrí cuando en el cumpleaños número 21 de Sasuke mi hermana conoció a Juugo y se quedó con él. Mi hermanita querida que me cuidaba y era sus ojitos… ― Todos sonrieron al recordar esa época, donde Hana hacía de protección para su hermano pequeño y se desvivía por los logros de este. No quería que Kiba cayera en las drogas y se interpuso en todo momento entre ellas y el menor Inuzuka. ― En fin, son cosas que pasan y debemos aceptarlas.

― Tu hermana era adulta. No tenía 17 años. ― Neji abrió los ojos desmesuradamente, mostrando con mayor énfasis su punto. ― Ni tenía un novio que le iba a quitar TODAS sus experiencias.

― ¿Quieres entrar en esos detalles? ― Neji negó violentamente, al igual que todos. Naruto se alzó de hombros. ― Tampoco contaría infidencias.

― Con tu bocaza, lo dudo. ― Carraspeó Sasuke. ― Dense la mano y sellen esta promesa.

― ¿Tú crees que un trato de palabra los detendrá? ― preguntó mordazmente Shikamaru.

― No, pero tendremos que estar presentes para parar cualquier indicio de pelea. ― Sasuke miró con sus ojos fríos a Neji. ― Ya bastante hemos aguantado tus arranques de rabia. Feliz te golpearía si te lo mereces.

― Podríamos comenzar hoy mismo. ― sugirió el pelilargo, con mirada desafiante, pero a la vez un burlón matiz que cubría sus facciones.

― Ya quisieras. ― Sonriendo de medio lado, Sasuke le dio la ultima calada a su cigarrillo y lo apagó en el cenicero, abanicando el aire. ― Apresúrense. Quiero arreglar el tema y terminar con ciertas cosas.

Naruto estiró la mano y esperó la respuesta de su amigo. Neji, a regañadientes la extendió de vuelta y le dio un apretón que sacó un leve quejido de entre los labios del rubio.

― Estás advertido. ─ dijo Neji, dando por terminado el tema.

― Tanta amenaza ya me dio hambre. ― Poniéndose de pie, Shikamaru alzó la mano y comenzó a caminar hasta la puerta. Salió, para volver a los pocos segundos y hablar desde la puerta. ― Prende los purificadores de aire que compraste, Sasuke. Hasta el cuarto de estar llega el olor a cigarrillo.

El moreno asintió y caminó hasta el panel central de la casa, seguido por sus tres amigos, que iban a la salida.

― Neji. ― llamó Sasuke, haciéndoles un gesto con la cabeza a sus amigos como despedida, para volver a fijarse en el Hyuga. ― Ven.

― ¿Qué ocurre? ― preguntó el pelilargo ceñudo. ― ¿De verdad quieres pelear?

― No. ― metiéndose en una pequeña puerta, dio clic a algo y un leve sonido de succión se escuchó en la casa. ― Sakura es asmática. ― explicó levemente.

― Ya lo sabía. Recuerdo el incidente en Los Ángeles. ― respondió el Hyuga, trayendo a colación ese minuto horroroso donde pensó que la pelirosa novia de su amigo estaba muriendo. ― ¿Qué pasa? ― insistió, sin comprender.

― Tente estuvo algo indispuesta en el set. La tuvieron que llevar de inmediato al médico durante la noche.

― ¿Qué? ― Neji fijó sus ojos en Sasuke de manera inquisidora. ― ¿Qué le pasó? ¿Está bien?

― Un resfriado de mierda, pero ya se encuentra mejor por lo que le dijo Kakashi a Itachi.

― Por eso no respondía mis mensajes. ― se dijo a sí mismo, recordando la cantidad de textos y WhatsApp que le había enviado, sin recibir respuesta. ― Voy a verla. ― Sasuke asintió y le palmeó el hombro. ― ¿Y eso?

― Una idiotez. Las mujeres me hacen mal. ― justificó el Uchiha.

― Sakura te ha vuelto humano, que es diferente. ― Neji, palmeándole el brazo de vuelta, salió del departamento raudamente.

Sasuke se quedó parado donde mismo, escuchando el sonido desagradable de la succión. ¿Tan enamorado estaba que limpiaba el aire que respiraba su novia? Y la respuesta era obvia. Incluso, estaba dispuesto a meterla en una burbuja si se diera el caso.

Por Sakura todo, hasta humillarse si era necesario y la canción recién ensayada, era el claro ejemplo.

6.

Horas antes. Departamento de Sakura.

Itachi se dio una tercera vuelta por el pasillo que lo llevaba al departamento de Sakura. Pensando, se dijo mentalmente, los pros y los contras de estar ahí. Todo iba bien cuando se acercaba a la puerta, pero al estar a punto de tocar la madera, los contra aparecían frente a él con un abismante tono neón, gritándole: "Lárgate". Su orgullo le decía una cosa, pero su necesidad imperiosa de ver a la rubia le decía otra. No se sentía bien estando separado de ella y tomándose de esa excusa, se impulsó nuevamente hacia la puerta, tocando con decisión.

El temor se hizo de él nuevamente, pero no sucumbió, teniendo la certeza de que en un par de horas agradecería haber tenido los cojones para luchar por su guapa chica. O al menos eso esperaba.

― Hola… Itachi. ― La sonrisa de su cuñada se apagó en cuanto lo vio.

― Tampoco soy tan asqueroso. ― Intentó bromear el pelilargo, pero solo consiguió una mirada de reproche por parte de Sakura. ― ¿Qué pasa?

― Hiciste sufrir a Ino. ― murmuró la chica, saliendo hacia el pasillo e impidiéndole la entrada al Uchiha. Acongojado, Itachi agachó la cabeza. ― Me contó lo sucedido y en verdad lo lamento mucho, pero más lamento que no hayas arreglado el problema de inmediato.

― No es tan simple como se ve, pequeña. ― respondió Itachi, peinándose el cabello hacia atrás. ― No puedo enfrentarme con ella, estando ambos con nuestros genios caldeados y a punto de estallar. Lo que menos quiero es hacerla sufrir. ― le aseguró apesadumbrado.

― Pero lo estás haciendo. ― le recriminó la pelirosa. ― Y ella tiene mucha pena. Confió en ti y sabes lo que le cuesta. La decepcionaste y de una forma grotesca. ― Itachi se sintió cada vez más pequeño, recibiendo todas las acusaciones, teniendo claro que se las merecía. ― Ella, aunque no lo demuestre y finja que no es así, te quiere. Le importas mucho, Itachi. No abuses de esa confianza.

― Yo también la quiero. De alguna forma u otra logró hacerme sentir de una forma nueva y muy maravillosa. Por eso estoy aquí, porque no quiero perderla. ― Sakura dudó unos segundos. ― Déjame hablar con ella. Todo será para mejor, te lo prometo.

― No quiero verla llorar nunca más. ― Le amenazó la chica.

Se veía graciosa apuntándolo con el dedo, tomando en cuenta su estatura mucho menor, pero Itachi mantuvo la seriedad y esperó a que la pelirosa se hiciera a un lado para ingresar. Ya dentro del departamento, sintió el leve aroma de Ino y sus manos picaron de ansiedad por verla, anhelantes por conseguir su perdón.

― ¿Está en su habitación? ― Sakura afirmó con la cabeza. ― Iré a verla.

― Tenle paciencia. Está herida y puede que se ponga complicada. ― Itachi no esperaba menos, por lo mismo entró con extrema cautela a la habitación de la rubia.

La encontró acostada sobre la cama, tapada hasta los hombros y durmiendo suavemente. Al acercarse, vio sus pestañas húmedas, reconociendo que había estado llorando. Sintiéndose un desgraciado, se reclamó interiormente por estar haciéndole daño.

Con infinito cuidado, se acostó a su lado, a lo largo de la cama y la miró largamente, tentado a tocarla. Sin poder detener su instinto, le quitó un mechón de su frente, despertándola. Ino abrió los ojos asustada y lo miró, sin ubicarse por entero de donde estaba.

― ¿Qué haces aquí? ― Le preguntó hoscamente, sentándose sobre el colchón. ― Es mi día de descanso y no quiero ver a nadie que tenga que ver con la película y mucho menos a ti.

― Tenemos que hablar. ― repuso Itachi, sentándose al igual que ella. ― Hemos postergado esto por casi todo el día. He respetado tu espacio, pero quiero volver a tenerte en mi vida y no pienso perder. ─ agregó muy seguro.

― ¡Jáh! ¿Y amenazándome lo lograrás? ― Un risita irónica y bastante malintencionada salió por parte de la chica. ― Lo que teníamos se acabó.

― ¿Y quién decidió eso? A mí no me lo habías dicho. ― le dijo el moreno.

― En el momento que engendraste un hijo con esa… mujer, dejamos de estar juntos. ― argumentó la rubia. ― Lárgate Itachi y déjame en paz.

― No Ino, no me iré. ― respondió seguro de sí. ― No pienso separarme de ti.

― ¿Es que no entiendes el idioma? Ya no quiero estar contigo. ― Ino se levantó de la cama y caminó hasta la puerta, siendo interceptada por el moreno. ― ¡Maldita sea, Itachi! ¡Déjame en paz! ―le gritó, descontrolada y golpeándolo en el pecho. El pelilargo se lo permitió, esperando que de ese modo la rubia pudieses calmarse. ― ¿Cómo pudiste ser tan asqueroso? ¡¿Cómo?! ― le reprochó, comenzando a llorar rápidamente. Itachi la abrazó contra su cuerpo, permitiendo que se desahogara. ― Te odio porque confié en ti y me hiciste esto.

― Lo sé y me arrepiento, pero todavía no es seguro que sea mi hijo. ― La rubia se aferró a su camiseta, sorbiendo por la nariz y aterrada con el futuro que veía venir. ― Acompáñame en esto. No terminemos por Mei. Tú sabes que no me interesa en ningún sentido y cuando estuvimos juntos, fueron momentos de calentura como el que tendría con una mujer que me satisface de forma sexual meramente. ― La rubia se secó las lágrimas con una mano y se separó de Itachi, volteándose para darle la espalda. ― Dime algo.

― ¿Qué quieres que te diga? ¿Felicidades por tu paternidad? ― Itachi se miró la punta de los pies, aterrado. ― Lo que más te pedí era que no me lastimaras, pero esto supera cualquier cosa que pudiste haber hecho. Hablamos de una vida que merece tener a su padre.

― ¿Cuántos padres son separados? Si el bebé es mío, asumiré con todo lo que corresponda, pero no me quedaré con Mei. ― Ino sonrió tristemente, sin ser vista por el Uchiha.

― Tú vienes de una familia muy constituida que los domingos cenan juntos y se apoyan en todo. Tu bebé merecerá lo mismo. ― le hizo ver la rubia, pensando en esa pequeña vida que no tenía la culpa de nada. ― Merece a padres que se comprometan con él y no se sienta un estorbo por venir al mundo.

― Ino, ¿de verdad quieres acabar con todo? ― le preguntó Itachi, seriamente. ― Si es así, lo aceptaré, pero eso no significa que correré donde Mei y le propondré matrimonio. ― le aclaró. ― Neji también está dentro de los posibles padres.

― La tendrán que compartir. ― dijo Ino, mordazmente. ― Tendrás que nuevamente ser otro plato en la mesa de Mei. Triste, ¿no crees? ― el pelilargo caminó hasta Ino y con violencia la volteó, encontrándosela nuevamente con sus mejillas surcadas de lágrimas. ― ¡Suéltame!

― No lo haré. Si buscas una excusa para dejarme, te daré en el gusto, me largaré. ― Itachi se veía iracundo e Ino cerró los ojos para no mirarlo. ― No te volveré a buscar, Ino Yamanaka. Si quieres terminar, entonces ok, terminemos.

― Eres un maldito cobarde. ― le replicó la rubia. ― El más grande, que no sabe que hacer frente a la situación y se va sin luchar.

― ¿Quieres que te siga rogando y me humille por ti? ¿Ya no lo he hecho lo suficiente desde que comenzamos a estar juntos y cada vez me exiges algo más, porque jamás me has encontrado decente para ti? ― la rubia abrió la boca para refutar, pero Itachi no se lo permitió. ― Quiero estar contigo, porque me estoy enamorando de ti y no me agrada la idea de dejar de verte, pero ver tu ahínco en que me haga cargo de algo que todavía sé si me pertenece o no, me estremece. Estás intentando desesperadamente alejarme de ti y siento que lo estás consiguiendo.

― ¿Qué quieres que haga, maldita sea? ¿Qué finja que esto no está pasando y sigamos nuestra vida normal? ─ le preguntó la rubia, muy enojada y entristecida.

― Sí, creo que sería lo correcto. ― respondió Itachi seriamente. ― Yo asumiré con cualquier responsabilidad que tenga en caso de ser mi hijo, pero no puedo hacer mucho más en este minuto. No seas injusta con nosotros. ― le pidió.

― Te odio. ― murmuró la chica, tapándose el rostro y largándose a llorar nuevamente. ― ¿Por qué la embarazaste?

― Todavía no está confirmado que sea mío y en verdad lo dudo, cariño. Siempre me cuide para estar con ella. ― Le explicó, acercándose con cautela. ― Conozco a Mei y sabía que no era el único.

― Si el bebé es tuyo, ¿Qué harás? ― Le preguntó, destapándose con parsimonia la cara.

― Jamás lo abandonaría. No tiene la culpa de haber sido fecundado por dos inescrupulosos que éramos en ese entonces, al menos yo no pensaba mucho cuando lo hacía con Mei. ― le comentó, apenado. ― Estaría junto a él o ella y le daría todo lo que necesita. Mei puede seguir con su vida, porque yo no me interpondré. No me interesa, solo quiero quedarme contigo y que juntos enfrentemos esto.

― ¿Y si no lo logramos, Itachi? ¿Si mis celos se vuelven terroríficos? ― le preguntó, temerosa.

― Sabremos enfrentarlo. ― más decidido, se acercó hasta ella y la tomó por la cintura. ― Desde que te vi, supe que serías para mí. No me veo en un futuro donde tú no estés y la mera idea que he tenido estas horas, donde tú desapareces, se me ha hecho devastadora. Te quiero, Ino. Solo a ti. Lucha a mi lado con todo esto, no permitas que un maldito error nos separe y enfrentémonos a lo que Mei desea.

― No sé si podré aceptarlo del todo. ― le dijo con sinceridad. ― Pensar en ella y en ti haciéndolo, me dan nauseas, pero también, la idea de no estar juntos, me provoca terror. ― Sus ojos azules se posaron sobre los azabaches de Itachi. ― Yo también siento algo muy fuerte por ti. A las chicas les dije que me daba terror un mundo donde tú no estuvieras, porque eras una de las personas que me hacía desear algo mejor para mí. Que me daba confianza y me ayudaba a no recordar mi pasado desagradable.

― Y siempre estaré para ti. Para ayudarte a no sucumbir y acompañarte en tus pasos. Serás mi futura secretaria, por lo mismo, no puedo darme el lujo de perderte. ― Ino sonrió despacio, con los ojos todavía aguados. ― ¿Seguiremos juntos?

― Quiero algo más formal. ― le exigió Ino. ― No soy el secreto tuyo ni de nadie, ¿ok?

― Entonces somos novios. ― aclaró el moreno, sin caer de emoción. ¡Por fin lograba amarrar a su rubia mujer! ― No pienso ser menos que eso. ― Le dijo, mirándola directamente a los ojos.

― Esas cosas se piden. ― murmuró sonrojada la rubia. ― No lo digas como si no tuviese más opción. ― le explicó.

― Es que no tienes más opción. O soy yo, o yo. ― Ino sonrió de medio lado, sintiendo que el nudo de la garganta iba a evaporándose rápidamente. ― ¿Quieres ser mi novia?

― Sí. ― Y acercándose hasta sus labios, se dieron un profundo beso, que dio paso a caricias desatadas, acabando con los dos sobre la cama. Sin embargo, Ino detuvo todo y se separó, para mirarlo. ― No me vuelvas a hacer sufrir.

― Lo paso peor yo que tú. ― le aseguró Itachi. La rubia se aferró a su cuello y lo abrazó firmemente contra ella. ― Eres tan hermosa, incluso llorando.

― Tampoco es para que lo sigas haciendo. ― le reclamó Ino, separándose solo para mirarlo a los ojos. Itachi hizo jugar sus narices, sonriendo más tranquilo. ― ¿Te quedarás conmigo?

― ¿Quieres salir a cenar? ― le preguntó de repente, acariciándole las caderas. ― Nuestra relación se ha limitado al sexo y a vernos para tener mucho del mismo. Quiero que exploremos otras cosas, como conocernos, reírnos de nuestras historias, compartir mucho más. También quiero que todos me vean contigo.

― ¿De verdad? ― Indecisa, Ino se rascó la barbilla.

― Eso es lo que significa ser mi novia, princesa. Dijiste que no querías que nos escondiéramos más y te cumpliré eso. ― dándole un corto beso en los labios, continuó: ― Quiero que todos vean lo feliz que soy.

― No pensé que fuese tan pronto.

― Me demoré en arrinconarte, pero ya nadie te zafará de mí.

― ¿Conoceré a tus padres? ― Los colores subieron por las mejillas de la chica. ― No les gustaré.

― ¿Y eso importa? Me tienes que gustar a mí. ― Poniendo una mano sobre su pecho, le acarició el montículo que ya sobresalía. Ino soltó un suave gemido. ― Y sabes que me encantas.

― ¿Yo también tendré que presentarte a mi padre? Sabes que no me llevo bien con él. ― Itachi la vio hacer una mueca. ― Odiará saber que nos llevamos por tantos años.

― Si veo a tu padre, será solo para partirle la cara por no saberte cuidar. ― Los gestos furiosos del moreno, remecían las entrañas de la rubia, quien odiaba verlo así. ― Precisamente por eso, deberías presentarnos. Así le aclaro de inmediato que no me agrada y que no se le ocurra molestarte. También quiero conocer a tu madre.

― No me tranquilizas con eso. ― Le comentó la chica, bajando la mirada para verlo jugar con su pezón erecto, tapado por la delgada tela de su pijama. ― Detente. ― Le pidió, en un gemido. Itachi apretó su botón con el dedo índice y pulgar, disfrutando de como los colores subían por la cara de la rubia y su boca se abría expectante, buscando llenar sus pulmones de aire. ― Dijiste que cenaríamos.

― Quiero un par de minutos. ― le pidió el moreno, bajando sus manos por el costado de su pijama y tirando hacia arriba, para sacárselo. Ino se lo permitió, esperando a ver el siguiente movimiento.

Itachi se entretuvo acariciándole los pechos y sonriendo cada vez que oía un pequeño gruñido de la boca rosa de la chica. En cuanto, sus labios bajaron a succionar su pezón izquierdo, la chica dejó de respirar, levantando la espalda para sentir más cerca la boca del Uchiha.

― Aaaah… ― gimió la rubia, cerrando los ojos y formando puños a los lados de su cabeza. Itachi soltó con un sonoro "pop" su seno y se dirigió al otro, repitiendo el mismo patrón.

Con sutiliza, paseó su mano por la cintura de la chica, bajando lenta y tortuosamente por su vientre, para terminar perdiendo los dedos en la unión entre sus piernas. Ino se aferró a su cabello, enroscándose sobre la cama y enterrando los talones sobre el colchón, en evidente placer que estaba recibiendo. Para el pelilargo, todo se convirtió en una batalla ganada cuando la vio mover la cabeza de un lado a otro, gimiendo y gritando, recibiendo de lleno su orgasmo en todos los nervios de su cuerpo. Despacio, como mismo había ingresado, sacó la mano de entre su pantalón y soltó su pezón, para mirarla volver a un estado de normalidad.

― ¿Y? ― la rubia abrió sus ojos vidriosos y lo observó chupar sus dedos, tomándose el néctar que su cuerpo le había entregado. Ella misma abrió la boca, buscando que el moreno le diera a probar. ― Tu sabor es único.

La rubia probó su esencia y le mordió el dedo al moreno, con sensualidad y promesa de que pronto, también lo haría gozar.

― Me desarmas. ― le susurró Ino, levantando su mano y peinándole el cabello hacia atrás, luego de habérselo desordenado por completo. ― Me enervas, me matas.

― Me encantas. ― agregó Itachi. ― No pienso dejarte jamás. ― sentenció, dándole una sonrisa que reafirmaba sus palabas. ― Vamos, de pie, hay que ir a cenar.

Poniéndose de pie y dejando la pasión de lado por algunos segundos, se perdieron en las calles oscuras de Tokio, disfrutando de su renacida relación y de su renovado amor. Ino lo miró a través de las velas y sonrió como estúpida cuando Itachi le tomó la mano sobre la mesa.

Parecían, y se confirmaba, que era una verdadera pareja.

7.

Neji salió del departamento de Sasuke como un bólido, sin reparar en nada ni en nadie. Luego de escuchar a su amigo decirle que Tenten se había encontrado "indispuesta" en el set, siendo llevada de inmediato al doctor para ver que le ocurría, unas ganas locas nacieron en él para salir arrancando e ir en busca de la chica, para saber su estado directamente. Enfrente de la puerta de la casa que compartía Tenten con su amigo, Neji golpeó la puerta impacientemente.

― ¡Ya voy! ― se oyó un grito. ― Tanto desespero… ― los reproches de Tsubasa se vieron acallados cuando la mirada alabastro de Neji lo penetró completamente. Más bien lo taladró. ― Hola, Hyuga. ¿Qué necesitas?

― Quiero ver a Tenten. ― Ignorando por entero si era o no era bienvenido, Neji entró al departamento y se detuvo a la mitad. ― Mira, ya no te detesto. Tenten me contó la verdad de su relación, así que solo te exijo que la cuides un poco mejor de ahora en adelante. Cuando yo no estoy, tú eres quién tiene que protegerla.

― Espera un poco, señor "protector": A Tenten la conozco desde mucho antes de que tú llegaras. Yo soy la que he limpiado sus lagrimas de los daños que le has provocado, yo fui el que estuvo presente cuando su padre la eliminó de su casa porque se llevaría a su madrastra e hijastros a vivir con él. Yo fui el que estuvo presente cuando su madre murió y la consoló durante meses. A mí no me vengas con un discurso de este tipo, ¿me oíste? Yo sí te detesto y odio que estés cerca de Tenten, pero lamentablemente no puedo tomar las decisiones por ella. ― mirándolo con rabia, agregó: ― Si existiese una cura para que te pudiera superar, compraría toneladas del tónico y se los metería directamente. Yo seré el más feliz cuando te deje.

Neji procesó rápidamente las palabras de Tsubasa. Escuchándolo, se dio cuenta de lo poco que conocía a la chica y la vida tan dura que le había tocado vivir. Sin embargo, logró recomponerse y fue categórico al responder.

― Me alegro mucho porque estuvieses presente en su vida, pero ahora también estaré yo, así que tendrás que aceptarlo. ― haciendo una leve inclinación con su cuerpo, de forma irónica, se metió al cuarto de la chica, encontrándosela durmiendo.

La miró desde la puerta; pálida, con la boca semiabierta, las mejillas arreboladas y su cabello desordenado, se notaba claramente su enfermad.

Cautelosamente se acercó y poniéndose de cuclillas, se puso al nivel de su rostro, peinándole el flequillo. Por inercia, Tenten se apegó a su mano y soltó un leve susurro, que le hizo sonreír levemente.

― Neji… ― murmuró.

El pelilargo le besó la frente, sintiendo de primera fuente el calor que emanaba de su cuerpo.

― Aquí estoy. ― le susurró, levantándose.

Sacándose su sudadera, jean y zapatillas, se metió por el otro lado de la cama, disfrutando que fuese solo de plaza y media.

Tenten apegó su espalda a su pecho y agradeció el calorcito que emanaba ese nuevo cuerpo, sin saber, realmente, de quién se trataba. Igualmente temía que fuese un juego de su cabeza, que estuviese alucinando por culpa de la fiebre, pero lo ignoró. Se limitaría a disfrutar de lo que estaba recibiendo.

En pocos segundos, Neji se relajó y se durmió junto a ella, preocupado por su temperatura que evidenciaba la fiebre, pero a la vez tranquilo de poder estar ahí.

Una hora más tarde, Tenten comenzó a inquietarse, despertando al pelilargo, que de espaldas y con la chica sobre su pecho, había tenido un sueño reparador.

― ¿Neji? ― escuchó decir a Tenten y abrió los ojos lentamente. ― ¿Cuándo llegaste? ― le preguntó incrédula, alejándose un poco del y peinándose su enmarañado cabello con los dedos. ― Espera, iré a lavarme los dientes.

Neji la tomó por la nuca y juntó sus labios con los de ella. Un beso corto, que no profundizó, pero que le encantó de igual forma.

― Ya no tienes fiebre. ― dijo, limpiándole el labio inferior, que había quedado con un poco de su saliva. ― ¿Cómo te sientes?

― …Bien. ― respondió la chica, sonrojándose. ― ¿Cómo sabías que estaba enferma?

― Sasuke me avisó. Si hubiese sabido antes, te hubiese acompañado en el hospital. ― le aseguró el pelilargo.

― No fue necesario. Estuve con Shisui, Tsubasa y las chicas. ― le contó la castaña, sonriendo levemente.

― ¿Shisui? ― Tenten asintió con su sonrisa todavía, hasta que recordó que no estaba hablando con cualquier hombre, sino que con Neji, su maldito y temperamental "ponedor". ― ¿El primo de Sasuke? ― Tenten se bajó de la cama, mostrándose solo en pantaletas y una remera de tiras. Neji sintió su miembro comenzar a reaccionar, pero antes, necesitaba aclarar que tenía que ver Shisui en todo el tema. ― ¿Por qué estabas con Shisui?

― Me iré a lavar los dientes. ― repitió la castaña, corriendo hasta el cuarto de al lado y mirando a Tsubasa con miedo. ― ¿Por qué lo dejaste pasar? ― le preguntó a su amigo, viéndolo sentado en el sofá de la sala.

― ¿Has visto cuanto mide? Te recuerdo que conozco su puño de manera directa, así que no iba a ponerle complicado el paso. ― explicó el rubio, con un tono irónico que le dieron ganas de golpearlo.

― Cobarde. ― entrando al baño, se lavó los dientes, la cara y se peinó como pudo. Al salir, volvió a encontrarse de frente con su amigo.

― Deberías ponerte zapatos. Te vas a enfermar más. ― le aconsejó Tsubasa.

― Traidor. ― respondió ella, sacándole la lengua y volviendo a su cuarto, esperando que Neji ya estuviese saliendo, pero se lo encontró acostado en su cama, con la mano tras la cabeza y con la otra mirando su celular. ― Pensé que te irías.

― Pensaste mal. ― dijo el pelilargo, tirando su móvil hacia el velador. ― Metete a la cama o te enfriarás.

― Es preferible que me levanté. El doctor dijo que no era necesario hacer cama. ― explicó ella, yendo hasta su closet, pero sus acciones quedaron detenidas al verse levantada en el aire y luego siendo metida a la cama junto a Neji, que se acostó a su lado. ― ¡¿Qué haces?!

― Cuidarte. ― explicó escuetamente. ― ¿Qué tiene que ver Shisui en tu historia? ¿Por qué él te estaba acompañando en el hospital? ¿Qué hay entre ustedes?

― Tantas preguntas van a colapsar mi cabeza. ― le respondió la castaña, sentándose a lo indio sobre la cama. ― A Shisui lo conocí un día que fui a su club. El día de ayer, como estaba tan enferma y ni Sakura, ni Ino me podían llevar al médico, él se ofreció a hacerlo. Me acompañaron junto a Itachi. Fin.

― ¿Y por qué él? No entiendo. ¿Ligaron en su club? ― Tenten entornó los ojos. ― Estoy a punto de llamar a Itachi para que me dé el puto número de su primito, así que habla.

― ¿Por qué eres tan cavernícola? A Mei no le hacías estos escándalos. ― le dijo mordazmente la chica, cruzándose de brazos.

― No metamos a gente que no está en esta conversación. ― le pidió Neji.

― Shisui tampoco está. ― le hizo ver, evidentemente.

― Tenten, comienzo a perder la paciencia. ― la castaña bufó molesta. ― Solo dímelo.

― Nos conocimos porque yo ese día andaba con Ino y él la reconoció. Es la chica de Itachi y se habían visto anteriormente. ¿Alguna otra consulta? ― Neji la miró largamente, como sacando un veredicto.

― ¿Y por qué te acompañó al médico? ─ insistió el Hyuga, sin detenerse.

― ¡Qué sé yo! Quizás le di pena… no lo sé. ― dijo nerviosa. ― Eres muy celoso. ― le reclamó, furiosa consigo misma por no tener las herramientas de enfrentarlo.

― Sí, lo soy y lo sabes. ― tomándola por la cintura, la hizo caer sobre él.

― Neji, estoy enferma. ― le recordó ella. ― Te contagiaré.

― Solo quiero besarte, porque estoy a punto de ir a buscar a Shisui y golpearlo por atreverse a acercarse tanto a ti. ― Tenten lo miró aterrada. ― Ok, no golpearlo, pero si aclararle que su amistad no me agrada del todo. ― Sin esperar más, le tomó los labios en beso profundo y se volteó, quedando sobre ella. ― Me tenías preocupado.

― Lo siento. ― dijo apenada, enredando sus dedos en el cabello largo de Neji. ― No era mi intención.

― No respondías los mensajes y eso me preocupó más que enojarme. ― Tenten asintió de manera automática, ya que la mano del moreno se estaba perdiendo entre su ropa y eso la tenía atontada. ― No te haré el amor.

― Yo también te lo hago a ti. ― respondió pícaramente la chica, agarrando las frazadas de sus lados y tirándolas sobre ellos. ― No me toques las piernas. ― le pidió la chica, muy roja.

― ¿Por qué? ― preguntó Neji y supo la respuesta en cuanto las tocó. ― ¿Tú crees que eso puede provocar que no me excites? ― Tenten se puso más roja. ― Ni que ronques me baja la libido.

― No ronco. ― dijo amurrada.

― Si lo haces y de forma poco glamorosa. ― Neji siguió acariciando sus piernas y bajó a besarle el cuello. ― Basta, tienes que descansar. ― Tenten reclamó, apretándose contra él. Neji, acalorado tanto por el deseo, como por estar tan tapado, la apartó con decisión.

― Que aburrido. ― masculló la castaña, dejándolo ir.

― ¿Cuáles fueron las indicaciones del médico? ¿Reposo absoluto? ― quiso saber el pelilargo, destapándose un poco, pero procurando cuidar el calor de la chica.

― No tengo que hacer reposo absoluto, solo descansar y tomarme las medicinas. ― le contó Tenten. ― Si yo fuera tú, tomaría mis mismos remedios, para que no caigas con gripe.

― Tengo mejores defensas. ― Neji la jaló hasta su pecho y la abrazó contra él. Tenten dio un gritito de sorpresa, pero se aferró de forma poco delicada al pelilargo, con brazos y piernas. ― ¿Tienes frio?

― Un poco. ― enterrándole la nariz en su pecho, aspiró su aroma masculino tan característico. ― Haré reposo solo para estar bien el fin de semana.

― ¿Por la fiesta de compromiso? ― Tenten asintió. Recordando la cena, también recordó la conversación que había tenido con Nozomi, aunque no dijo nada, manteniendo el silencio. ― ¿Irás con alguien?

― Iré sola. ─ le contó.

― ¿Quieres ir conmigo? ― La castaña se levantó con brusquedad de su pecho. ― Tampoco es para que te alteres tanto. Es una simple sugerencia. ─ bromeó Neji.

― Una rara sugerencia. ― rectificó la chica. ― No creo que sea buena idea, Neji. Estarán tus amigos, parte de tu familia y no quiero que se pueda malinterpretar nuestra relación. ― el pelilargo dejó de mirarla y se fijó en el techo tras su cabeza. ― Te estoy hablando.

― Yo solo escucho unas mierdas de excusas. ― dijo Neji. ― ¿Quieres o no? Quizás no quieres porque eso te sigue dando la posibilidad de estar con Shisui. ¿Es por él?

― Controla tus celos. ― le exigió la castaña.

― Sé sincera. Se me hace raro su forma de conocerse, pero te lo concedo, sin embargo, que te lleve al hospital por la madrugada y se quede contigo es demasiado sospechoso. ¿Tengo que preocuparme?

― Yo no soy como Mei. ― le recordó la chica.

― Al menos Mei me decía cuando se estaba acostando con otra persona. ― Tenten lo empujó y se puso de pie. ― ¿Es por Shisui?

― Quiero que te vayas. ― le dijo fríamente, odiándolo por su actitud. En la mañana se había enterado de algo tan precioso, pero su forma de ser distaba tanto de ese ser tan maravilloso que se había pintado en el transcurso del día.

― Claro que me iré. No pienso estar con alguien que se acuesta con otras personas al mismo tiempo que conmigo. ― le dijo el pelilargo.

― Vaya, te llega un poco tarde el remordimiento y el amor propio. ― agregó Tenten, irónicamente, mientras se calzaba un pantalón y Neji hacía lo mismo.

― ¿Seguirás obsesionada con Mei?

― ¿Y tú dejarás de compararme con ella? Todo lo que haga se rige por tu antigua relación y eso es enfermo. ― dijo apenada, poniéndose las zapatillas ― Lárgate y no regreses. Quizás Mei todavía espera tu vuelta.

― Sí, lo hace. No para de enviarme mensajes desde que terminamos, rogándome que nos juntemos. ― Tenten sintió sus palabras como un golpe directo y lo miró impactada. ― No me he juntado con ella y tampoco está en mis planes hacerlo.

― La tentación es muy grande, ¿no? ― Tenten agachó la cabeza y salió del cuarto.

Neji terminó de vestirse y también salió, encontrándose con Tsubasa mirando el televisor y a Tenten desaparecida en acción.

― ¿Dónde está? ― le preguntó sin ningún tipo de educación.

― Creo que está afuera, en el balcón y salió furiosa, así que lo mejor es que te vayas y la dejes en paz. ― Tsubasa, levantándose, le apuntó la puerta. ― Haznos un favor a todos y retírate con toda la dignidad que te queda.

― ¿Dignidad de qué? Esto es entre tu amiga y yo.

― Nadie te quiere cerca de ella. ― Neji alzó una ceja.

― A mí solo me interesa lo que a ella le interese. ― Obviando los improperios que le lanzó el amigo de Tenten, salió al balcón, encontrándosela a punto de darle una calada a su cigarrillo. Neji fue más rápido y se lo quitó de los labios, tirándolo hacia abajo.

― ¿Qué haces? ― le reclamó la chica. ― Puedes dañar a alguien.

― No fumas. ― le recordó el pelilargo. ― Que te preocupes más de la gente que puede haber abajo, en vez de que te haya quitado el cigarrillo habla de eso.

― Ni siquiera me conoces. ― le recordó ella. ― Pensé que te habías ido.

Neji la ignoró y sacándose su sudadera, se la puso a ella por la cabeza, procurando taparle la espalda y abrigarla del viento que corría.

― No es bueno que estés aquí afuera, con este frío y además fumando. ― el viento revolvió el cabello de la castaña. ― Iremos juntos a la fiesta, te guste o no. Estamos juntos, hay algo entre nosotros y yo no quiero esconderlo.

― Pero yo sí. No me siento orgullosa de haber estado a tu lado mientras seguías con Mei. ― Tenten lo miró con sus ojos llenos de lagrimas. ― Pensé que podría estar a tu nivel, de intentarlo, aunque fuese una relación sin compromiso, pero me es imposible. Sufro el doble.

― Olvida el espectro de Mei. Eso ya pasó en mi vida.

― Todavía la amas y no quiero luchar contra eso. Ya no. ― Neji no sabía cómo expresarse. Ni siquiera él tenía claro lo que le pasaba con la chica. Reprimirlo le era complejo, llevarlo todavía peor, pero mantenerse alejado no era siquiera una opción considerable. Llevaban meses en esa situación y no sabían estar el uno sin el otro. Él lo sabía y Tenten también.

― No, no la amo. ― le reconoció, tomándola del mentón y volteándola hacia él. ― Y también es raro para mí reconocerlo, porque de verdad creí que lo hacía. Durante años pensé que lo que sentía era amor. ― Tenten se secó una lagrima traicionera con brusquedad. Neji aprovechó el instante de debilidad que tenía la chica, y la abrazó contra su pecho, aspirando el aroma de su cabello. ― No es amor cuando aceptas que te denigren. No es amor cuando no te importa ser el cuarto en su vida. No es amor cuando tu relación se basa en sexo y en lo que le puedes entregar de forma material.

― ¿Y por que te vienes a dar cuenta ahora de eso? ― Neji cerró los ojos y aspiró el aire del frio viento que los envolvía.

― Porque por primera vez me siento avergonzado de lo que hice con ella y quiero redimirme a los ojos de otra persona, que me importa más de lo que creí que alguna vez llegase a importarme alguien. ― Tenten se aferró con sus puños a la parte trasera de la camiseta de Neji. ― Quiero ser mejor de lo que he sido jamás. Y es por ti.

― Lo dices porque el sexo es bueno. ― respondió Tenten, sin soltarlo ni un milímetro.

― No me puedo quejar. ― respondió pícaramente, aunque Tenten no lo notó. ― Pero es mucho más que eso y tú también lo sabes.

Tenten se apretó más contra su pecho y disfrutó como nunca las manos grandes que le acariciaban su espalda.

― A veces creo que sí. Otras veces me trastornas. ― murmuró la castaña, sin querer apartarse. ― ¿Por qué no podemos ser normales? ¿Por qué tuviste que estar con ella? Es de lo peor. ― Nuevamente Mei salía al baile, como el tema recurrente que más le dolía a la castaña. ― ¿Por qué le aguantaste tanto? De verdad no lo entiendo.

― Yo tampoco lo entiendo y tampoco quiero hacerlo. Solo sé que ahora las cosas son distintas. ― Tomándole el rostro, la alejó para que lo mirase. ― Tú me haces distinto, pero años siendo un hijo de puta no se cambian así como así. Con Mei no era posesivo, simplemente me dolía que necesitara otros hombres, pero se lo aceptaba, porque pensaba que estaba bien. En cambio contigo, de solo pensar que otro tipo se te acerca, te toque o te hable, me desespera. Siento como si me desgarraran por dentro y temo que pongas en balanza lo que tenemos juntos y decidas estar con él. Es terrible. Detesto lastimarte, pero quiero que tengas claro que yo te poseo, que eres mía.

― Eso me da miedo. ― le dijo conmocionada. ― Yo no sé querer así.

― Yo tampoco sé porque me pasa esto contigo. Quiero saber que haces, que piensas, que sientes, donde estás, que comes, que respiras. Es agotador. ― Tenten alzó su mano y le acarició el rostro. Con profunda melancolía, observó el rictus atormentado que teñía las facciones del pelilargo. Era alguien que necesitaba amor en grandes proporciones para lograr equilibrar sus emociones trastocadas y frente a eso, tenía claro, que perdería. Ella no tenía las herramientas para enfrentarse a la necesidad de un hombre tan desarmado. ― Es aterrador.

― Mucho. ― murmuró, apenada al verlo tan abatido. ― Y sé que no podré lidiar con ello. ― Neji agachó la cabeza y asintió. Tenten, bajando su mano, se separó de su agarre y lo observó. ― Lo mejor sería que no nos viéramos más.

― Sí, sería lo más sano. ― aceptó el pelilargo.

― Pero… ― sus ojos castaños se llenaron nuevamente de lagrimas. ― No quiero no verte. ― Neji sonrió con tristeza y le secó los surcos bajos sus ojos almendrados. ― Moriría de pena.

― Te hago daño. ― le recordó el pelilargo. ― Y no te mereces lo que te doy. Eres una mujer maravillosa.

― ¿Confías en mi? ― Neji se confundió con el cambio de tema tan brusco. ―Dime, ¿confías en mi?

― ¿En qué sentido? ― si le decía en el sentido romántico, emocional, era claro que no, cuando la celaba hasta por el viento que soplaba en su oído.

― General. ¿Confiarías tu vida en mi? ― Neji no lo dudó ningún segundo.

― Completamente.

― Entonces intentemos ser amigos, ¿te parece? Partir de lo básico, conocernos sin acostarnos. Yo te ayudaré para que superes este miedo que sientes a perder. ― Tenten le sonrió genuinamente, logrando que su corazón saltara de una emoción diferente, que solo ella le provocaba. ― Voy a tomar tu mano para ayudarte a confiar en ti, para que te sientas seguro. No te dejaré.

― ¿No podré hacerte el amor? ― Tenten se sonrojó, pero estaba decidida. Su plan era el perfecto y el correcto. A Neji debían ayudarlo de manera constante y prolija, sin mezclar emociones, para que lograra separarlas y pudiese comenzar a vivir mucho mejor.

― No. ― el pelilargo cerró los ojos. ― Escúchame: cuando pase el tiempo, me lo agradecerás. Confiarás mucho más en mi y sobretodo en ti, que es lo que verdaderamente te falta.

― Tenten, ¿Qué parte del "pienso todo el día en ti y en tu delicioso cuerpo" no entiendes? ― La castaña alzó una ceja.

― Eso es deseo físico y es controlable.

― ¿Tirándome a otras? ― aquella respuesta no le gustó ni un poquito a la castaña. ― No me llama la atención la idea.

― Si seguimos teniendo sexo, seguirás con esa confusión en tu cabeza que no te permite ver en mi a la persona leal que soy. ― Y tampoco me permitirá ver a mí a ese maravilloso hombre que es capaz de dar parte de su fortuna y tiempo a niños desvalidos como él, pensó Tenten.

― Es algo que va más allá y no se me quitará con que prescindamos del sexo. ― Tenten bufó, odiándolo porque no lograba entenderla. ― Cuando estamos en la cama, me siento bien, protegido y único. Me siento tuyo, como te siento mía, ¿a ti no te pasa? ― le preguntó confundido, como si no pudiese creer que fuese el único que tuviese ese sentimiento.

― Sí, me pasa, pero por lo mismo, debemos dejarlo por un tiempo. Quizás, si estamos sin acostarnos, te des cuenta que en verdad no te gusto tanto. ― Neji enroló los ojos y le tomó la mano, guiándola a su miembro. Tenten dio un respingo.

― Puedes estar hablándome de la cosa más asquerosa de la vida, pero el solo ver mover tus labios, logra que me endurezca como roca y solo desee comerte. ― Tenten intentó alejar su mano del miembro palpitante del pelilargo, pero este no se lo permitió. ― Yo te dejaré entrar más en mi vida, con la condición de que el sexo siga, sea exclusivo y me permitas mostrarme libremente contigo.

― ¿Para qué quieres hacerlo público? ¿Para demostrarle algo a Mei? ― Neji echó la cabeza hacia atrás y lanzó un gruñido agotado. ― Es que no lo entiendo.

― Quiero besarte cuando me nazca, tomarte la mano, comer helado en el parque, ir a cenar con mis tíos, presentarte al mundo, porque por primera vez no me siento avergonzado de sentir algo por alguien. Por primera vez es desinteresado y se siente bien, muy bien. Como tú me pides que confíe en ti, yo te pido que también lo hagas conmigo, ¿me entiendes? ─ era una promesa en base a las palabras que ella le había dicho una vez anterior, cuando habían discutido.

― ¿Y si no resulta? ― le preguntó Tenten. ― Tú volverás con Mei y yo quedaré destrozada, ¿verdad?

― ¿Y ahora no estás expuesta a eso? ― La castaña lo sopesó un segundo y asintió. ― Tú me ayudas como quieres ayudarme y yo te tengo para mí, de la forma que deseo tenerte.

― Pero eso sería como ser tu novia, ¿de verdad te gustaría tenerme como tal? ― Neji asintió.

― Nunca he tenido una relación formal como para saber cómo se siente, pero me gustaría comenzar contigo. ― Tenten comenzó a temblar, emocionada y asustada. ― ¿Aceptas?

― Prométeme que no me controlarás y no estarás llamándome cada cinco minutos. ― Neji frunció el ceño. ― Ni tampoco desconfiarás de mi palabra. Si estoy contigo y acepto estar en esta relación, es porque así lo deseo, sin necesidad de buscar en otras personas lo que tú me das.

― ¿No te enamorarás de nadie más? ― Tenten bufó. ― Ok, ok, ok. Lo intentaré. Yo solo te pido que no me mientas, ni que niegues cosas cuando veo que son evidentes.

― Tú tienes la mirada algo atrofiada. Ves cosas donde no las hay. ― Neji alzó una ceja frente a la provocación de la chica. ― Shisui es un conocido que se ha portado muy bien conmigo el par de veces que nos hemos visto. ― Tenten alzó su mano y mostró dos dedos. ― Porque sí, han sido dos veces.

― Dos veces donde ha tomado bastantes confianzas. ― La castaña tomó al castaño de remera y lo acercó a ella. ― No lo quiero cerca.

― Aceptarás que tengo amigos, tanto hombres como mujeres. No pienso ceder en eso. ― Cansino, Neji asintió. Solo quería besarla a verla tan cerca y accesible. Tomándola por la cintura, la acercó hasta él. ― ¿Qué haces?

― Quiero sellar el trato.

― Quedaron muchas cosas fuera. ― Neji no lo negó, pero ya no quería hablar más.

De un movimiento decidido, le buscó la boca, dándole un beso de infarto y acompañándolo de agradables caricias en su espalda y en el comienzo de su trasero.

― ¿Vamos adentro? ― Tenten sonrió sugerentemente. ― Dormir. Estás enferma.

― Te advierto de inmediato que mis resfríos son así. Están a punto de darme la extremaunción y sobrevivo. ― Neji, poniéndole una mano en la espalda baja, la hizo volver a entrar a la sala, donde Tsubasa los miraba con recelo.

― Te hace mal estar allá afuera. ― le reclamó el rubio, acercándose donde ella y tocándole las mejillas. ― Te puedes enfermar todavía más.

― Tranquilo. Neji me pasó su sudadera. ― respondió la castaña. ― ¿No ibas a salir? Me dijiste que tenías una cena importante con tu nuevo "amigo". ― A Tsubasa no le cayó muy bien que la castaña hablase de eso frente a Neji y se lo hizo ver con una herida mirada. ― Oh, lo siento.

― Esperaré en tu cuarto. ― dijo Neji, retirándose silenciosamente. Tenten miró a su amigo, profundamente arrepentida.

― ¿Qué te pasa por la cabeza, Tenten? Sinceramente no te entiendo. ― el rubio le dio la espalda y caminó hacia el otro lado de la sala. ― Ese tipo es un imbécil, que te quiere de una forma obsesiva.

― Acabamos de tener una conversación bastante esclarecedora. ― Tenten miró a su amigo muy ilusionada. ― Todo será para mejor de ahora en adelante. Confía en mí.

― Siempre que me pides que confíe en ti, queda mucho más la cagada. ― la castaña recibió sus palabras como un ataque brutal. ― Lo siento, pero es que te veo y me desespera. ¿Sabes lo que me dijo cuando entró? Que mientras él no estuviera, era mi deber cuidarte. En mi rabia, me fui de lengua y conté cosas que no debía.

― ¿Qué le contaste? ― Tsubasa se veía incomodo, pero habló.

― Un poco de tu vida familiar.

― Quizás por eso me pidió formalizar. ― se dijo a sí misma.

― ¿Formalizar? ― Tenten asintió. ― ¿Cómo una pareja?

― Dentro de nuestros parámetros, sí. Ambos tenemos historias familiares accidentadas y, de verdad, yo no quiero estar separada de él. Nos entendemos. En nuestro idioma tan violento, hay un entendimiento que nos lleva a desear ser mejor, tanto por él como por mí. ― Tenten le tomo las manos a su amigo y lo miró esperanzada. ― No tengo miedo.

― Cariño, no quiero que te lastimen. ― Tenten le soltó una mano y la llevó hasta su mejilla.

― Solo yo tengo el poder de lastimarme. ― sonriendo sinceramente, se volvió. ― Iré donde él.

― Cuídate.

― Te adoro. ― abrazándolo fuertemente, pero dejándolo con rapidez, volvió a su habitación, donde se encontró con la cama hecha y a Neji mirando la fotografía que había sobre su cajonera.

― ¿Cuántos años tenías ahí? ― señaló la imagen, donde sonreía sensualmente a la cámara.

― Diecisiete. ― respondió segura, yendo hasta él para mirar la foto. ― Un día, al Bar de Abajo fue un connotado fotógrafo a retratarlos a ustedes, pero no aparecieron, así que comenzó a fotografiarnos a nosotras, las meseras y me pidió que posara de esa forma. ― en la imagen, se veía a una Tenten, apoyada en una mesa, con dos copas en las manos y sonriendo con la cabeza vuelta. Sus piernas y trasero se veían muy apetecibles, junto con su remarcada cintura que se entallaba con la camisa que usaba como uniforme. ― Al terminar mi turno y salir del bar, lo encontré fuera y me la regaló.

― De todas las meseras, eras la más guapa. ― susurró Neji. ― Me había fijado en ti tres semanas antes de que te hiciera tanto daño. Te veías muy diferente al resto de las chicas que pululaban por el lugar.

― Era menor de edad. ― respondió, sorprendida por sus palabras. ― ¿Es en serio o lo dices por todo lo que ha pasado?

― No tengo para que mentir. ― apoyándose en la cajonera, Neji la miró fijamente. ― Te ruborizabas cuando te pedía algo y me mirabas con esos ojos tan expresivos que tienes. Al voltearte, miraba tus piernas y te imaginaba con ellas alrededor de mi cintura.

― Neji… ― el ambiente comenzaba a caldearse.

― Lamentablemente, el puto día que te tomé, estaba muy drogado y borracho. No recuerdo bien que pasó, solo que te metí en ese cubículo y te volteé. Caliente como estaba, fue fácil, pero al terminar, me sentí asqueado por haberte forzado a estar conmigo. No era la forma.

― No me forzaste. Yo quería. ― Tenten lo miró con sus ojos brillantes de emociones. ― Pensé que perdería la virginidad de una forma más convencional, pero como bien sabes, está demasiado mitificado. ― Neji la apegó a su cuerpo por un costado, respirando el aroma que había detrás de su oreja. ― Me dolió que me trataras como una más, pero la experiencia me ha dado el conocimiento de que, en las relaciones sexuales, no siempre tienen que haber sentimientos profundos y el que a mí me hayas encantado, no quiere decir que yo te tenga que haber gustado a ti.

― Pero si me gustabas. Tu inocencia me agradaba. ― dijo Neji, con solemnidad. ― Eras como la brisa purificadora para un alma tan destrozada como la mía.

― Un alma que vamos a reparar. ― Tenten se separó. ― Juntos o no, siempre estaré para ti, Neji. No lo dudes. ― Y dando por finalizada la conversación, se metió a la cama.

Neji se acostó a su lado y la abrazó, ignorando por completo que todo se volvería más complejo para ambos.

Fuera del edificio, el viento sopló con brusquedad, llevándose una nueva promesa.

8.

Acostado en su gran cama, Sasuke miró su celular largamente. Solo mensajes de la banda, compromisos varios y una que otra señal de su Twitter personal eran los que adornaban la pantalla: Su novia, brillaba por la ausencia a la cual lo tenía sometido. Justo o injusto, estaba obligado a mantenerse a distancia, sin que eso lo satisficiese de ningún modo. Llevaba casi 24 horas sin estar juntos en el sentido literal de la palabra. Luego de separarse en el set, había guardado las distancias por respeto a su enojo, pero ya no daba más. Estaba a punto de cortarse una mano solo por verla dos segundos.

Ignorando su ferviente orgullo, marcó los números que ya se sabía de memoria y esperó impaciente por la voz que le quitaba el sueño todos los días.

Tres pitidos más tarde, la llamada conectó. Nervioso como no esperaba estarlo, escuchó la voz amodorrada de su novia, odiándola por no permitirle estar a su lado. Sakura, al privarlo de su presencia, lo desencajaba y molestaba más que cualquier cosa

― ¿Sasuke? ― preguntó como si estuviese recién despertado. ― Es un poco tarde para que llames. ― murmuró con voz agotada. ― Van a ser las 3 de la madrugada.

― ¿Un poco tarde por la hora o por el tiempo que dejé pasar para llamarte? ― le preguntó de forma enredada.

― No importa. ¿ocurre algo? ― Ocurrían muchas cosas, pensó Sasuke, pero la más importante, era que la extrañaba como solo se extraña a la persona que se ama. De forma violenta e incomprensible. ― ¿Sasuke? ― llamó, para hacerlo reaccionar.

― ¿Cómo estás? ― Preguntó Sasuke, para luego retarse mentalmente por hacer una pregunta tan imbécil. ― ¿Qué hiciste en tu día libre? ― agregó, tratando de rectificar.

― Estar con Tenten, estudiar y dormir. ― respondió escuetamente. ― ¿Y tú?

― Ensayar un nuevo tema con la banda. ― le respondió, añorando tenerla a su lado, para abrazarla y hablarle directamente. ― ¿Cómo está Tenten? ― Sasuke ya sabía cómo se encontraba la castaña, pero le preguntó solo para tener algo de qué conversar y seguir escuchando su deliciosa voz.

Se sentía bastante patético, pero jamás lo reconocería.

― Mejor. Tuvo una gripe mal cuidada que le provocó esa crisis tan grande, pero ya está bien. ― le comentó Sakura, con su habitual tono jovial. Sasuke captó que comenzaba a ganar terreno y no iba a perder ese avance.

― Que bueno que ya se encuentra mejor. ― dijo el moreno, para luego continuar: ― ¿Ino está contigo?

― Mmmm… nope. ― Una risita complicada acompañó a sus palabras. Sasuke sonrió por inercia, como el imbécil que era al estar enamorado. ― Itachi le vino a rogar, se gritaron, Ino lloró, lo echó, no sé si lo habrá golpeado, pero creo que no y al final, se la llevó a su casa. Deben seguir reconciliándose. ─ bromeó la chica.

― Itachi se quedó conmigo durante el día, después le perdí el rastro, así que supuse que estaría con tu amiga en alguna parte. ― Sakura volvió a reír como niña pequeña. ― ¿Qué más hiciste?

― Repasé las últimas líneas, estudié logaritmos y le pedí a Shizune que llamara a mi profesor de inglés para avanzar con varias lecciones. Hace un par de horas nada más que me vine a acostar, no tenía mucho sueño, pero me dormí rápido. ― le contó la pelirosa, bostezando. ― ¿Creaste un nuevo tema?

― No, solo hice un remake. Para la fiesta de compromiso de Kiba lo tocaremos. ― le confidenció, odiando el silencio que acompañó después. ― Sakura, Hoy I wish, how I wish you were here. ― dijo, intentando salvar la situación.

― ¿Qué? ― le preguntó Sakura, sin comprender. ― ¿Qué me dijiste? ― insistió.

Quisiera que estuvieras acá. ― susurró, ciertamente algo abatido. ― Te extraño demasiado y no me agrada esta sensación. ― Sakura guardó silencio, impactada por sus palabras. Era un Sasuke muy diferente el que estaba oyendo y le chocó dolorosamente. ― Soy un imbécil, lo reconozco, pero este imbécil está loco por ti. Nunca lo pongas en duda.

― Sasuke… ― un suspiro acompañó el nombre del pelinegro. ― También te extraño mucho, por eso llené mi día de cosas, para no pensar en ti. ― soltando el aire en un nuevo suspiro, Sakura continuó. ― Pero entiéndeme, estoy comenzando a cansarme. Es agotador para ambos estar escondidos y fingiendo que nada pasa. ¿Tú no te agotas?

― Créeme, yo sería el más feliz recalcando que eres mi novia, mi chica. ― Sakura se sonrojó mucho, aunque Sasuke jamás sabría eso. ― Seré feliz el día que se lo diga a Sasori y se lo restriegue en a cara.

― No se trata de los celos… ― trató de replicar la pelirosa.

― Estaba intentado bromear, pero no me resultó. ― Otro silencio incomodo. ― ¿Estás muy cansada? ― preguntó Sasuke, comenzando a exasperarse. Él era de decisiones rápidas, de acciones y consecuencias, no de estar tanteando el terreno como si se tratase de un cobarde.

― Un poco, pero puedo seguir conversando contigo un par de minutos más. ― aseguró Sakura, sin querer soltarlo.

― No me basta tan poco, Sakura. ― volteándose en la cama, palpó la almohada donde dormía ella. ― ¿Puedo ir a verte? Solo algunos minutos.

― Mañana nos veremos. ― le recordó la pelirosa, aunque su corazón comenzó a latir violentamente. También quería verlo en ese instante.

― Y si te prometo que es vernos cinco minutos, sin necesidad de nada. Solo quiero verte. ― Sakura abrió los ojos y la boca, sorprendida. Él le estaba rogando, algo que jamás esperaría de un hombre tan orgulloso. ― Cinco minutos.

― Ok, cinco minutos. Apresúrate. ― Sasuke agradeció que su departamento quedara cerca del de Sakura y sonrió abiertamente. Podría verla. Ya estando enfrente, tendría más chance de convencerla de estar juntos.

― Voy.

El moreno se puso de pie, calzándose unos pantalones bombachos negros, una camiseta blanca y su chaqueta azul marina encima. Peinándose el cabello con la mano y echándose su perfume, salió de la casa, tomando solo su celular, billetera y llaves del carro.

En 7 minutos se encontraba estacionado en el edificio de la pelirosa y 2 minutos más tarde, ya se estaba en el piso de ella, tocando el timbre y peinándose el cabello otra vez.

La pelirosa lo recibió con la camiseta con su cara que usaba para dormir y unos diminutos short. Descalza y con el pelo tomado, se veía perfecta.

― Hola. ― lo saludó la chica, abriendo la puerta hasta atrás, para dejarlo pasar.

Sasuke pasó por su lado y se situó en la sala, sin besarla como saludo. Sakura notó eso, pero lo agradeció. No sabría como reaccionar a un beso repentino, aunque no pudo no extrañarlo.

― Hola. ¿no tienes frio? ― preguntó Sasuke. Sakura alzó una ceja.

― ¿Usarás tus cinco minutos para hablar del clima? ― Sasuke enroló los ojos, pero sonrió. ― ¿Quieres algo para beber? Tengo jugo, agua, bebida y unas cervezas que dejaste acá la última vez que nos quedamos.

― Nada, gracias. ― Sakura con un gesto, lo invitó a sentarse. Sasuke lo hizo, con sus manos cruzadas. ― ¿Aprendiste bien tu inglés?

― Voy mejorando cada vez más, pero todavía me cuesta. ― respondió la chica, sentándose enfrente. ― No supe entender lo que me dijiste por celular hace algún rato.

― "Quisiera que estuvieses aquí". Es una canción de Pink Floyd. ― le contó el moreno. ― ¿Quieres que te revise los ejercicios de matemática?

Sakura se enterneció por aquello. Se veía tan desesperado, que se odió por estarlo haciendo sufrir y por mantenerlo lejos. Era realmente tierno. Quizás las palabras estaban de más en su relación, porque Sasuke le demostraba de un millón de formas diferentes cuanto la quería, sin necesidad de recaer en el constante recordatorio de esas dos palabras que solo serviría para tranquilizar a su cabeza, pero no a su corazón que moría por sus acciones. Acciones repetitivas que le gritaban a todas luces: "Él está loco por ti. Deja de joder, y hazle el amor".

― ¿Perdón? ― le preguntó, luego de verlo mover la boca, sin tomar en cuenta lo que decía.

― ¿Estoy perdiendo el tiempo? ¿No quieres que esté acá? ― Sakura lo vio tan abatido e intranquilo, que prefirió ignorar su dignidad y mandar de paseo a su orgullo.

Tenían toda una vida para gritarse cuanto se amaban, en ese minuto, volverían su relación en algo aburrido y predecible. Sasuke se lo diría cuando quisiera y del modo que se le antojara. Sakura solo quería quererlo y Sasuke solo sabía quererla de su manera preocupada y presente.

Levantándose de su asiento, caminó hasta donde él, viendo como sus ojos oscuros se agrandaban sin comprender que pasaba. Cuando estuvieron frente a frente, con Sasuke sentado y ella mirándolo desde su altura, le sonrió como la niña pequeña que vivía dentro de su corazón y a horcajadas se sentó sobre sus piernas, sintiendo de inmediato las manos del moreno posarse en su cintura, aunque con un gesto que seguía sorprendido y la vez cauteloso.

― Siempre te quiero cerca, mi-amor. ― Las últimas dos palabras, las dijo de forma mecánica, a modo de burla e intentando relajar el ambiente. ― Yo te amo y así será siempre. Con eso me basta.

Sasuke la tiró contra él, jalándola por los brazos y le tomó el rostro entre sus manos, para besarle la boca como venía deseando desde el puto momento en que se habían distanciado por la mañana.

― Vas a pagar por mantenerme alejado durante todo el día. ― Sakura asintió gustosa. Más que feliz pagaría el precio de haberlo alejado de forma consciente de su lado. ― ¿Tienes hambre?

― ¿Comida? ― preguntó la chica confundida. ― Solo quiero que me hagas el amor. ¡Ahora! ― chilló, ordenando y riendo al verse levantada de voladas, siendo llevada en brazos hacia la habitación. ― ¡Mi amor! ― gritó cuando Sasuke la dejó caer sobre su cama sin delicadeza. Sakura reptó de espaldas para acomodarse al centro y se apoyó en los codos, disfrutando de como el moreno se sacaba su chaqueta, camiseta -de forma muy erótica- marcándose sus musculosos brazos, sus abdominales hechos con cincel y los oblicuos que le calentaban la sangre como nada en el mundo.

― No te dejaré dormir. ― Sakura hizo un puchero, para pronto volver a sonreír. ― Y te pregunté si tenías hambre, porque de ahora en adelante, no saldrás de esta cama hasta que yo lo diga.

― ¡Grrrr! me excita que te pongas dominante. ― Sasuke se sacó las zapatillas y se bajó los pantalones.

― Eres una nena muy mala. ― Sakura disfrutó de la excitación de su novio y pegó un pequeño alarido cuando la agarró por los tobillos y la arrastró hacia a la orilla de la cama. ― Te mereces una zurra.

― Golpéame, amor. Golpéame, pero follame duro. ― le dijo entre dientes, evidenciando su calentura. Sasuke dio un gruñido y con un movimiento decidido, la volteó, dejándola boca abajo. Sakura hundió la cara en el colchón, y gritó al sentir una palmada en su nalga derecha. ― ¡Auch!

― ¿Te duele? ― la pelirosa negó, sonriente. ― ¿Quieres más?

― Mucho más. ― el moreno le levantó la camiseta con su rostro, dejando al descubierto ese trasero que tanto le encantaba. Las pantaletas cubrían la mitad de sus nalgas, mostrando la cantidad justa de piel para dejarlo sediento de ella.

Besó la curva del término de su espalda, y bajó con su boca por la suavidad del trasero muy bien formado de su novia. Sonrió al ver la rojez que ya teñía esa piel suave luego de su palmada y le pegó una parecida en la nalga que faltaba, disfrutando del chillido de Sakura.

Cuando amaba a esa chica. Su chica. Había ido hasta allá en busca de una solución a su problema y se la había encontrado tan linda, tan tierna y expectante por él. Solo queriendo solucionar el entuerto. Alucinaba sabiendo que esa noche dormiría entre sus brazos y la tendría a su alcance. De solo pensar en todo lo mal que lo había pasado, se sentía confuso y poco fino, pero verse ahí, con ella y su aroma, estaba más que pagado. No necesitaba nada más en la vida que tener a la molestia entre sus brazos para sentirse completo.

― ¿Estás preparada? ― le preguntó, bajándose los bóxer la liberarse. Sakura lo esperaba boca abajo y con sus caderas levantadas levemente.

― Siempre, bebé. ― dijo Sakura. Sus motes cariñosos ya no le incomodaban. Como fuese que le dijese, para él era música celestial directamente a sus oídos. ― Apresúrate.

Sasuke le hizo arrodillarse en la cama, pero con su cabeza pegada al colchón, dejándola en el ángulo preciso para entrar a su cuerpo y llenarla por completo con su porte. La boca del moreno recorrió su espalda y bajó hasta entre sus piernas, besándola para estimularla. Su olor característico abarcó su nariz y enloqueció su deseo. Siguió en su cometido, disfrutando de cada uno de los gritos que soltaba su novia.

― Sakura. ―llamó. ― Me encantas como nada en este mundo. ― la pelirosa miró por sobre su hombro, sin comprender, pero cualquier deseo de hablar murió en cuanto Sasuke se introdujo en ella, quitándole el aliento.

El espejo que adornaba la pared lateral los reflejó perfectamente. A Sakura con su cara enterrada en la cama y a Sasuke con la cabeza hacia atrás, dándole embates al cuerpo menudo de la pelirosa. La chica hizo puños con sus manos y Sasuke se echó hacia adelante, entrelazando sus manos, haciendo la posición más compleja, pero más cercana. Cada alarido de Sakura fue un grito de amor y cada embestida del moreno significaba cuanto la amaba. ¿Qué palabras se necesitaban si se tenía eso en cantidades monstruosas? ¿Quién podía dudar de su amor cuando se entregaban de esa forma al placer que solo ambos compartían? Eso era amor a todas luces.

Dieron su último grito de entrega y Sasuke cayó a su lado, completamente desnudo y respirando gruesamente. Sakura miraba hacia el otro lado e intentaba ralentizar su respiración.

― Te amo. ― le murmuró, girando la cabeza para regalarle una gran sonrisa. ― Eres el mejor.

― Y tú una tonta. ― poniéndose de costado, la acercó hasta él para abrazarla. Ambos sudados y saciados se miraron por algunos segundos, disfrutando de la complicidad que se creaba luego de compartir algo tan intimo como hacer el amor con la persona amada. ― Me haces sufrir. ― dijo Sasuke, sonriendo con dulzura ― Pero no me imagino una vida sin ti.

― Para mí es lo mismo, Sasuke. ― le respondió Sakura. ― De no solo pensar que llevábamos horas sin vernos ni hablarnos, se me aprieta el estomago. Más que no estar cerca, el hecho de sabernos peleados no me agrada ni un poquito. ― El moreno asintió, peinándole el cabello que estaba enmarañado en su frente.

― Ambos somos orgullosos y vamos a pelear fuertemente debido a nuestros genios irascibles.

― Prométeme algo: ― Le pidió la pelirosa, remojadnos los labios y todavía respirando entrecortadamente. ― Por muy enojado que estés conmigo, jamás nos iremos a la cama peleados. Lo arreglaremos de algún modo, pero dormir juntos estando peleados es algo que no toleraré, ¿entendido? La cama es nuestro punto de unión y mancharlo con peleas y malas energías no está bien.

― Tenemos más puntos de uniones que la mismísima cama, molestia. Nosotros nos unimos acá. ― dijo, señalándole con su dedo donde reposaba su rebosante corazón. Sakura sintió mariposas danzar en su panza. ― Eres lo mejor que me ha pasado en la vida y ni las peleas lograrán separarme de ti. ― respondió, acariciándole la mejilla y sus labios con el pulgar. ― Eres tan hermosa, tan perfecta… ―volvió a buscar sus labios en un beso hambriento que Sakura respondió con mucho ahínco.

― Te quedarás, ¿verdad? ― El moreno le respondió con un asentimiento de cabeza, sin dejar de besarla y volteando para quedar sobre ella. ― Amor. ― llamó la pelirosa, riendo cuando un beso peligroso rozó el borde su lóbulo y la unión con su cuello.

― Déjame besarte mucho, por todos lados. ―le pidió el moreno, riendo al ver su cara sonrojada. ― ¿Qué te avergüenza?

― Que me quieras besar por todos lados y lo digas abiertamente. ― Sakura rió cuando Sasuke también lo hizo y le acarició la mejilla, picándole su mano por la barba del moreno. ― ¿Metámonos bajo las tapas? Tengo frio.

Decididamente, Sasuke se levantó de la cama, desnudo como estaba y levantó a la chica. Era tal su nivel de confianza, que a ninguno le avergonzaba estar sin ropa frente al otro, haciéndolo ver natural.

― ¿Te traigo algo? ¿Quieres comer? ―le preguntó Sasuke, abriendo las tapas. Sakura negó con la cabeza y fue rápidamente al baño, para lavarse los dientes. El moreno la siguió, más atrás y la pilló con su trasero respingón levantando y a ella apoyada en el lavamanos, mirando de cerca su rostro en el espejo.

La posición era perfecta, sus ganas imparables y a merced de sus deseos, el Uchiha se acomodó detrás, ingresando a su cuerpo de un simple empellón. Sakura, con el cepillo de dientes en la boca, lo soltó, cayendo con un repiqueteo sobre la loza y se aferró al borde del mueble, cerrando los ojos y comenzando a gemir. Sasuke se miró en el espejo y sonrió abiertamente al verla con su cara llena de placer. Se peinó el cabello hacia atrás y siguió dándole duramente contra el mueble. Sakura trataba de apoyarse en cualquier cosa, pero comenzaba a enloquecer.

Amaba el sexo de reconciliación, sin lugar a dudas. Era muy bueno y divertido. Adoraba que Sasuke la tomara por asalto y le hiciera el amor de forma tan brusca, pero espectacular, evitando dejar espacios donde la pasión no preponderara. Su relación tenía muchos momentos; tiernos, amistosos, cariñosos y extremadamente fogosos. El sexo entre ambos era un tema fundamental que se veía satisfecho con creces.

― Oh… oh… ― gimió la chica, bajando la cabeza y dejando que el orgasmo bañara todo su cuerpo. Sasuke siguió bombeando un par de veces más, hasta vaciarse en su ser. Un beso en su nuca y el cuerpo del moreno salió de su interior. ― Eres… bestial.

― ¿Te gustó? ― La pelirosa se volteó, sonriente y asintiendo. ― Es tu trasero tan parado. Me calienta como nada en este mundo.

― Y yo que pensaba que te gustaba entera. ― bromeó la chica, abrazándolo por la cintura, para comenzar a besarle su cuello. ― Como a mí, que me gustan tus ojitos oscuros y esa boca tan seria que tienes. Tu barbita me excita, aunque me deja secuelas en la piel. ― lo miró fijamente y alzó su dedo. ―Ni se te ocurra sacártela o te mato. ― Sasuke rió. ― Me encanta el olor de tu perfume, pero más el olor que tienes después de estar conmigo, como la mezcla de ambos. Me gustan tus brazos fuertes, tu abdomen que usaría para lavar mi ropa de lo duro que está… tus oblicuos… ―Sakura puso los ojos blancos. ― los amo, tus piernas fuertes, tus pies más grandes que los míos, pero que se ven tan lindos juntitos. Creo que tengo una foto de ellos junto a los míos. ― Acercándose a su oído, prosiguió. ― Amo tu pene… es tan delicioso. Lo imagino dentro y fuera de mí, en mi boca, en mi centro, comiéndomelo como si fuese una gran paleta que sabe a Sasuke. ― El moreno reaccionó más que entusiasmado a esas palabras. Agradeció al cielo, a los dioses, a quien fuera, el hecho de tener una mujer tan apasionada por él, que no temía decirle las cosas como eran y que disfrutaba en la cama sin reprimirse. Quizás en otra vida había sido muy bueno para merecer a esa chiquilla. A su novia perfecta.

― ¿Vamos a la ducha? ― Sakura comenzó a reír lentamente. ― ¿O a la tina?

― En la tina será muy difícil hacer lo que quiero hacer. ― La pelirosa le guiñó un ojo. ― Vamos a la ducha. ― Jalándole por la mano, la chica lo metió dentro y se metió ella, cerrando la puerta corredera de vidrio. ― ¿Cuántos chorritos quieres en tu cuerpo, mi amor?

― No me importa. ― Apretando el botón central, todos los chorros de la ducha se activaron, cayendo sobre sus cuerpos. Sakura aprovechó los ojos cerrados de Sasuke, para enlazar sus brazos al cuello y besarlo en la boca. El moreno respondió de inmediato, moviendo sus manos por el cuerpo de su novia. ― Sakura. ― murmuró contra sus labios, sonriendo alelado cuando la sintió separarse.

― Quiero seguir disfrutando. ― dijo la chica, besando sus labios, su cuello, para comenzar a bajar por su pecho, jugueteando con sus tetillas. ― Mmmm… que delicia cuando gruñes así, mi amor. ― Sasuke sonrió, todavía con los ojos cerrados. Solo se dedicó a sentir y escuchar el bombeo incansable de su corazón en los oídos.

Sakura bajó por su liso vientre, atravesando con su lengua los surcos que se creaban gracias a los abdominales bien formados del moreno. Sasuke sabía lo que se venía y le acarició el cabello, mientras disfrutaba de la vorágine de sensaciones.

La pelirosa le acarició los muslos y se acuclilló frente a su poderosa lanza, que palpitaba en busca de su toque. Su lengua traviesa, le dio un pequeño lametón a la punta del miembro, haciéndole saltar. Sasuke se mordió los labios, y apoyó una mano en los azulejos del lado, para mantener el equilibrio. La chica vio este gesto y respirando hondo, bromista y campante, se metió completamente el miembro del moreno en su boca, tragándoselo casi por entero. Sasuke echó la cabeza hacia atrás y la guió con su mano, para que chupara como a él le gustaba. Sakura lamió, comió y mordió su paleta favorita, a la vez que la soltaba y la hacía chocar con su lengua.

― Preciosa… ― susurró Sasuke, bajando la mirada para verla juguetear. Desnuda y con su pene en su boca, era la imagen más erótica de todas, solo comparable a momentos en los cuales él se encontraba dentro de su cuerpo y ella chillaba su nombre.

― Me encanta ese mote cariñoso. ― Le dijo la chica, volviendo a meterse la humanidad de Sasuke dentro de la boca. El líquido que precedía a la descarga completa del moreno bañó la boca menuda de la chica, haciendo que aumentara sus embates, en busca de la liberación de su novio.

Sasuke la sintió succionar, soltar y estremecer cada vez más su punto más sensible y se dejó llevar, aceptando ese regalo de la mujer que amaba.

― Sakura… no aguanto. ― Quería dejarse ir en su boca, llenarla de su sabor y verla saborearlo, pero más quería terminar en su interior. Observar sus ojos verdes emblanquecer de tanto placer y devolverle la mano de la misma forma que ella lo hacía llegar.

Tomándola por debajo de los brazos, la separó con brusquedad de su miembro.

― ¿Qué…? ― Le preguntó la chica.

Tomándola por los muslos, Sakura quedó enroscada en su cadera. El moreno remojó sus dedos con su saliva, y acarició el centro de la chica, a la vez que tocaba su erección. En un proceso rápido, que duró menos que un pestañeo, Sakura lo sintió en su interior, llegando tan hondo, que se preguntó cómo no la estaba lastimando. La respiración agitada de Sasuke le chocó directamente en el rostro, exaltando los sentidos. La pelirosa bajó la mirada y vio sus cuerpos unidos y siendo mecidos sin parar, en busca del anhelado orgasmo. Sasuke se las ingenió para que llegaran al mismo tiempo y en dos minutos, ambos cuerpos se perlaron de cien mil sensaciones diferentes. La chica gritó hacia arriba, él escondió su rostro en la curva de su cuello y hombro, ralentizando, poco a poco, su respiración.

― Me haces feliz. ― le murmuró, despacito, solo para que ella lo oyera. ― Como nunca nadie lo había hecho.

― Y siempre intentaré que seamos felices, mi amor. ― separándose, buscó sus ojos y los vio libre de cualquier frialdad o muralla que siempre erigía. Sasuke se mostraba límpido a través de su mirada. Era un hombre diferente.

Era un hombre que gritaba te amo.

10.

Suigetsu abrió los ojos, a mitad de la noche y frunció el ceño, sin comprender donde estaba. Lentamente, se volteó al sentir una mano acariciando su espalda y parte del torso. Un cuerpo cálido estaba amoldado a sí mismo y se aferraba al frente de su camiseta, en un puño, sin permitirle moverse mucho más allá. Asustado, se levantó de prisa y buscó a tientas alguna lámpara.

― Suigetsu… ― la voz adormilada de la otra persona le hizo reconocerla. Era obvio que se trataba de Karin. Soltó un suspiro aliviado. ― ¿Qué pasó?

― Pensé que estaba… ¿Por qué estoy acostado acá? ― le preguntó. ― En tu habitación.

― Es la tuya. ― Le respondió ella. Suigetsu lo confirmó cuando encendió la lámpara y descubrió que Karin era la intrusa y no él. ― No podía dormir bien y me vine a acostar contigo. ¿Te molesta?

― No, no… por supuesto que no. Solo me asusté. ― se revolvió el cabello y se sentó en la cama, sin saber si meterse de nuevo o irse a otro lado. Miró su celular y marcaban las 6 de la mañana. A las 10 tenía que estar en el set, así que tenía algunas horas más para dormir, pero la idea de importunar a su ex y muy embarazada novia, no le atraía. ― Voy al gimnasio.

― No te vayas. ― le pidió la pelirroja, sentándose en la cama y tomándole la mano. ― Hace mucho tiempo que no conciliaba el sueño más que un par de minutos y ahora, que me acosté contigo, he dormido tres horas seguidas. ― le contó. ― El bebé siempre está inquieto cuando tú no estás. Es como si extrañara a su padre, hasta que te escucha y siente.

― Será un papón. ― bromeó el peliblanco, haciendo referencia a que el pequeño estaría muy apegado a él. Sonriente, levantó las tapas. ― Venga, acomódate. Me quedaré un rato más en la cama.

― Genial. ― sonriendo como niña que recibe su dulce favorito.

Pasado un par de minutos, Suigetsu comenzó a relajarse nuevamente, sintiendo el sueño apoderarse de él. Estaba en una perfecta vía a dormirse, cuando una mano se posó sobre su pecho, sobresaltándolo.

― ¿Qué pasa? ― Karin carraspeó incomoda. ― ¿Te molesta algo?

― ¿Puedo abrazarte? Tengo frío. ― Suigetsu sabía que la calefacción central estaba activada y la temperatura en la habitación, rondaba unos agradables 22 grados, pero al parecer, eso no era suficiente para Karin, que haciendo un puchero, se apegó a él. ― Solo hasta que me duerma.

― No hay problema. ― Abriendo los brazos, la acercó a su pecho, viéndola recargar todo su cuerpo sobre él. Suigetsu disfrutó de la sensación de tener la panza hinchada, donde residía su hijo apegado al costado de su vientre. ― ¿Por qué no me dijiste que estabas durmiendo mal? ―le preguntó, cuando ambos estaban en absoluto silencio.

― Has hecho tanto por mí, que no quería agregarte otro problema. Además, no es siempre. ― dijo la pelirroja.

― ¿Y tiene alguna razón o desencadenante? ― Preguntó el peliblanco, oyéndole suspirar.

― Cuando estás cerca, pero no podemos estar contigo. ― confesó, levantando la cabeza. ― Sé que me equivoqué y de la peor manera. Sería muy descarado que te exigiera otra oportunidad, pero quiero estar contigo, Suigetsu.

― Ya hemos hablado de esto. ― le recordó Suigetsu, cerrando los ojos.

― Y sé que no quieres volver a lo mismo. Yo tampoco lo quiero. ― le aseguró. ― Por favor, mírame. Yo te amo mucho, incluso más que antes. ¿Tú ya no lo haces?

― ¿Amarte? Por supuesto que te amo. Estuvimos por años juntos y el amor no se acaba de un día para otro solo por un terrible error. Si ese fuese el caso, la gente no sufriría tanto por amor. ― la pelirroja apoyó su frente en el pecho del Hozuki, esperando que continuara y que cercenara su corazón. Se veía venir que no escucharía lo que esperaba escuchar. ― Me heriste, Karin. Estábamos juntos y rompiste conmigo por tus dudas. No fuiste capaz de confiar en mí y depositarme tus incertidumbres para que te ayudara a aliviarlas. Éramos una pareja en vista y momentos, pero en algo importante, como es un bebé, te acobardaste a tal punto, que casi rompiste con todo lo que había a tu alrededor. Y sí, te lo juzgo y soy duro con el tema, porque casi me mataste. ¿Qué harías tú si vas a verme y me encuentras besando a otra persona? Está bien, ya habíamos terminado, pero no era necesario restregarme eso en la cara. Y todo se fue de nuestras manos cuando descubrí que tu embarazo había sido la causa de nuestra separación. ― La pelirroja quiso intervenir, pero Suigetsu no se lo permitió. ― Déjame terminar, por favor. ― Tomando aire, volvió a hablar. ― En dos segundos, muchas cosas se derrumbaron para mí y me sentí morir, solo por haber confiado ciegamente en ti. Hiroto es un hijo de puta, te lo repetí muchas veces, pero nunca quisiste oírme. Aprovechó las circunstancias y acabó con cualquier deseo por parte mía de volver a mantener una relación cercana. Puede sonar horrible, pero si no fuera por el bebé que esperas, yo no estaría acá. Te amo con toda mi alma, pero me desarmaste de tal forma, que comencé a sentir rechazo por ti. Más que un beso, más que una traición, más que otro hombre haya tomado algo que siempre creí mío, me destruyó tu poca confianza en mí, en nosotros. Habíamos luchado juntos por años, con odiosidades por parte de ambas familias, con nuestros genios, con nuestros trabajos y estudios, siempre saliendo vencedores, pero a la primera de una situación, donde te ves sacada de tu zona de confort, cortaste conmigo, olvidando que estar juntos significaba luchar a la par. Puede que sea alguien alegre, desinteresado y muy voluble, pero amo con mucha intensidad. Tú no valoraste eso.

La confesión del peliblanco cortó el aire del lugar y lo lleno de una electricidad que emergía de dos personas que no lograban llegar a un punto de unión, donde hacerse daño se había convertido en una mala tónica, solo suavizada por el hecho de estar esperando un bebé.

― ¿Nunca volverás conmigo? ― preguntó Karin, temblándole la voz.

― No veo el futuro…

― Pero no me quieres presente en él como tu novia, sino como la madre de tu hijo. ― Suigetsu prendió la lámpara de su lado y la miró a sus ojos, directamente. Karin se secó una lágrima que caía por su mejilla. ― Lo entiendo. Necesitaba que me dijeras todo esto para poder… aceptar que el "nosotros" no existe para ambos. ― se alejó de Suigetsu y se sentó a lo indio sobre la cama. ― Antes, me vanagloriaba de provocarte en todas las formas habidas y por haber, tanto en buenas y malas, pero ahora que te toqué, me di cuenta que ya no sientes lo mismo que sentías. Solo fue rechazo por mi contacto.

― No es rechazo. ― Karin sonrió entristecida y quebrada. ― Entiéndeme. Estoy dolido.

― Lo entiendo, Suigetsu. Me vine a vivir acá, esperando que hubiese una reacción de tu parte. Que volvieras a enamorarte de mí, pero me encontré con una coraza que nunca esperé en alguien como tú. Pensé que era todo algo muy menor a lo que en verdad es y esto es grave. Nunca le tomé el peso hasta ahora. ― girándose, lo miró con sinceridad. ― Te agradezco todo lo que has hecho por mí y por nuestro bebé. De verdad, nuestro pequeño no puede tener un mejor padre.

― Karin… ― La pelirroja le puso un dedo en los labios.

― Volveré a mi casa, aunque esto no significa que te alejaré del bebé y que esto se convertirá en una batalla. ― El peliblanco quiso replicar, comenzando a asustarse. ― Tienes total derecho por y para él. Puedes irme a visitar cuando lo desees. Las puertas de mi casa estarán abiertas.

― No quiero esto. ― le confesó, entendiendo que se estaban separando. ― Puedes quedarte aquí.

― ¿Para qué? ― Le preguntó, levantándose de la cama. ― Toda posibilidad contigo quedó reducida a nada y quedarme solo significaría seguir esperando algo que ya no se dará. En mi casa, tendré a mi familia para que contenga y apoye, acá estoy sola.

― Puedo estar más contigo.

― No era un reclamo. ― le aclaró. ― Solo estoy haciendo visible un punto. Me queda solo un mes de universidad y en dos semanas más comienzan los exámenes. Quiero terminar bien este semestre, para congelar todo el que viene y el siguiente en pos al nacimiento y crianza de nuestro bebé. Solo te pido que no nos abandones. Nosotros no te estamos abandonando acá.

― Karin, por favor… ― se levantó de la cama, presuroso. ― Sé que fui duro…

― Fuiste sincero. Necesitaba de esa sinceridad. ― tomándole una mano, la llevó hasta sus labios. ― No te odio, jamás lo haré. Tienes todo el derecho en estar molesto después de todo lo que pasamos y te hice pasar. ― Soltándole la mano, caminó hasta la salida. ― Descansaré en la otra habitación.

― Karin. ― llamó el peliblanco, pero sus palabras fueron cortadas por el cierre certero de la puerta. Su mano, todavía electrizada y caliente por el roce de la pelirroja, se fue directamente a su corazón, intentando detener los latidos que le remecían el pecho. Toda la conversación, todo lo que le había dicho, era algo que tenía atascado en su garganta desde hace mucho tiempo. Ver los intentos de ella en reconquistarlo, más que hacerlo feliz, comenzaron a enervarlo, como si una cena agradable, una conversación amena y una Karin sumisa pudiesen lograr calmar las ansias y la rabia que sentía dentro de su ser con toda la situación. Si no hubiese sido por el egoísmo de Karin, el hubiese disfrutado desde un comienzo el embarazo de su pequeño. En cierta forma, un odio que jamás esperó sentir, porque no era una persona que tuviera ese tipo de sentimientos, se anidaba dentro de él, al verse orillado a tomar decisiones apresuradas, y por culpa de eso, estaba reaccionando de esa manera tan inesperada.

Sin embargo, todo el tumulto de sensaciones desagradables que tenía, se veían opacadas frente a la desazón que lo llenaba por entero. Podía odiarla, estar enojado con ella, sentido, lastimado, herido, pero verla con sus ojos llenos de lágrimas, abatidos y resignados sobre ellos, lo estremeció de un modo que no esperó. A pesar de eso, era imposible ceder. Como bien le había dicho y aunque sonara duro, él había hecho todo lo posible por mantenerla bien solo por tener presente la integridad de su hijo y sería así hasta el final de sus días.

Karin era su gran amor, pero como todos los grandes amores, las situaciones que fortalecían el sentimiento habían terminado por sepultarlos.

Karin no volvería a ser su novia por el momento.

11.

Hinata se mordió el labio nervioso, mirando hacia todos lados, como si se tratase de un perrito nuevo, que estuviese suelto a la deriva, sin un dueño ni protección. Nunca había sido muy confiada y menos estando sola en un lugar "desconocido" aunque no lo era del todo si lo analizaba más en frío.

― Hyuga. ― Una voz gruesa, envolvente y conocida la hizo voltear. Sus ojos se agrandaron y las mejillas se le sonrosaron. Más que por estar frente a él, se trataba de la poca relación que solía mantener con miembros del sexo masculino. ― ¿Buscas a Sakura?

― Sí. ― respondió cortamente, agachando la cabeza. ― Me dijo que nos juntáramos acá. ― A pesar de la relación que mantenía su gran amiga con Sasuke, no podía negar que cada vez que se encontraba cerca de él, se abrumaba de una manera espeluznante. El pelinegro, con su mera presencia, ponía los pelos de puntas y más con sus ojos oscuros y penetrantes.

― Ya terminamos de grabar. ― le comentó y con un gesto de cabeza, hizo que lo siguiera. ― Me mandó a buscarte.

Hinata abrió la boca, pero la cerró rápidamente. Era sorprendente ver a ese hombre, tan serio, tan guapo, tan extremadamente antisocial, intentando ser amable por su novia, además de aceptando hacerle caso en las peticiones que le hacía. Estaba casi segura, que, en la intimidad de su relación, su amiga lograba muchas cosas más con solo hacerle un leve jugueteo con sus pestañas.

― Mi amor, ¿pillaste a Hina…? ― Sakura la vio y una sonrisa rompió todo su rostro. Había una belleza física en el ser de Sakura, que le hizo sonreír del mismo modo. Se veía preciosa y feliz. Muy enamorada quizás. A lo mejor, ella tenía el mismo semblante… el buen amor. ― Amiga… ― dijo la pelirosa, caminando hasta ella y envolviéndola en un fuerte abrazo. ― Odio no verte tanto como quiero, pero ya volveré a la escuela a ser tu compañera de fechorías.

― No creo que a Tsunade eso le haga muy feliz. ― le comentó la peliazul. ― Nadie ha vuelto a activar las alamas antincendios. ― Ambas lanzaron picaras risotadas. ― ¿Cómo te ha ido?

― Ya ves. ― abrió los brazos. ― Mucho trabajo. Mucho amor. ― agregó, tirándole un beso a Sasuke, que sentado en el sofá del camarín, miraba su celular, pero al oírla, levantó su cabeza y sonrió de medio lado. ― Y con mamá muy feliz.

― No esperaba menos. ― dijo Hinata, caminando hasta un taburete para sentarse.

Sakura se volvió en donde estaba y sacó un agua micelar, para sacarse los restos de maquillaje.

― ¿Cómo está la novia? ― le preguntó la pelirosa, despejando su rostro de cualquier color y quedando con un delicado tono rosa en sus mejillas. ― Supongo que nerviosa por la cena del sábado.

― La verdad es que Kiba está más nervioso. ― le contó la Hyuga, mirando de reojo a Sasuke, que seguía sentado en el lugar, como si nada. ― Debe estar ansioso.

― Yo estaría aterrada organizando todo y tratando de satisfacer los gustos de la gente que me rodea. Ya con mi madre, me daría por loca solo para detener cualquier casorio. ― Ambas chicas rieron, mientras Sasuke las miraba, fingiendo no tomarles atención, cuando en verdad, oía cada una de sus palabras. ― Mi amor, ¿tú te casarías conmigo? ― Hinata contuvo el aliento y miró a su amiga sin creerlo que hubiese hecho esa pregunta. Luego, expectante, miró a Sasuke, quien parecía muy relajado sobre el asiento.

― ¿Es una pregunta o proposición? ― le preguntó con su voz ronca y mirándola fijamente. El ambiente se llenó de electricidad y Hinata se sintió el mal tercio sobrante.

― Pregunta. ― confirmó la pelirosa, volteándose para mirarlo de frente.

― ¿Tú te casarías conmigo? ― Contra preguntó el moreno. Hinata miraba a un lado y a otro, como si estuviese en un partido de tenis.

― Pregunté primero. ― Le recordó la chica, caminando hasta donde él, para sentarse a su lado, pero con su cuerpo todo girado hacia el moreno. ― ¿Harías de mí tu mujer?

― Ya lo eres, ¿o te quedan dudas? ― Sakura le mostró la lengua, resignada a no recibir una respuesta del moreno. Por mucho que lo apretara para que hablara de algo, cuando no quería, sabía irse por la tangente y hacerla quedar con las ganas de saber, por lo mismo, había evitado sacar temas espinosos entre ambos. Siempre salía perdedora.

― Bueno, como sé que no me responderás, es mejor que me apresure para que nos vayas a dejar pronto al Shibuya. ― miró a su amiga y se volvió a poner de pie. ― Tenten está en su tienda e Ino llegará más tarde. Está en un tema "importante" con mi querido cuñado.

― ¿Querido? ― le preguntó Sasuke ceñudo.

― ¿Amable? ― La pelirosa no le dio tiempo de responder, porque le dio un corto beso en los labios. ― Andando o me atrasaré mucho.

― Eres tan mandona. ― le reclamó como siempre, pero se puso de pie y agarró su chaqueta.

― Podrías enseñarme a manejar y no te tendría como mi chofer. ― le dijo Sakura, pasando por delante de él. Sasuke enroló los ojos y miró a Hinata, esperando que pasara primero. Ya cuando los tres estuvieron afuera, Sasuke palpó sus bolsillos, sacando las llaves y la billetera.

― ¿Llevas dinero? ― le preguntó, caminando hasta ella y tomándole la mano, para entrelazar sus dedos. Sakura asintió a su pregunta. ― ¿Cuánto?

― Oye, sé llevar mis finanzas, aunque no lo creas. ― Hinata detrás sonreía tranquilamente, disfrutando de ver un amor tan verdadero explayándose de esa forma. ― ¿Por qué? ¿Piensas pasarme dinero?

― Pienso pasarte la tarjeta. ― le respondió el moreno, sacando nuevamente su billetera y soltándole la mano para poder sacar su Visa, negra y con las letras de un banco muy prestigioso de Japón. ― Puedes gastar lo que se antoje. No tiene límite.

― ¿Y tú crees que aceptaré? ― la pelirosa bufó y no le recibió la tarjeta. ― Tengo mi propio dinero.

― Pero puedes usar el mío. A mí me gusta que lo hagas. ― Sakura se negó en rotundo. ― ¿Por qué no?

― Porque me gusta pagarme mis cosas. Mi vena feminista no acepta que nadie le pague lo que ella misma se puede pagar. ― respondió resoluta la pelirosa. ― Además, no me aceptarías el dinero de vuelta cuando te lo quiera pagar.

― Me puedes pagar de otra forma. ― Sugerentemente, el moreno alzó una ceja. Sakura se puso roja y le golpeó el brazo, haciéndole reír. ― Bueno, como quieras, pero podrías llevarla, en caso de cualquier cosa. ―le sugirió, como quién no quiere la cosa.

― Solo por esta vez. ― Tomando la tarjeta, la guardó en el bolsillo de su pantalón. ― ¿Tú que harás?

― Iré a ver la construcción de mi nueva casa. Necesito hacerle unos arreglos. ― le comentó, volviendo a tomarle la mano y caminando con ella, siendo seguidas por Hinata, que los miraba risueña. ― Quiero que me acompañes en otro momento.

― ¿Para qué? ¿Quieres repetir lo de la otra vez? ― Sasuke sonrió, meneando la cabeza y jalando hasta él para abrazarla por la cintura con un brazo, mientras escondía su rostro en el cuello. Hinata agachó su cabeza, tratando de darles intimidad y más aun, cuando su amiga se sonrojó como escarlata, para terminar espantando a su novio que se carcajeaba de ella y de su cara. ― ¡Eres odioso!

― Pero amas así. ― le recordó el moreno, pasando su brazo por los hombros de la chica. ― Tengo que hacer el dormitorio principal y necesito de tus ideas.

― ¿Lo vamos a compartir? ― le preguntó incrédula.

― Sí. ― fue la escueta respuesta del moreno.

Llegaron al estacionamiento y Sasuke hizo sonar su Range Rover negra como su cabello. Sakura abrió la puerta del copiloto y se sentó, invitando a Hinata a hacer lo mismo. La peliazul se metió atrás, mirando con profundo amor un mensaje que le había enviado su rubio novio.

― ¿Naruto? ― le preguntó Sakura, volteándose hacia atrás, esperando que Sasuke subiera. Este último se había quedado conversando algo con un sonidista, que gesticulaba mucho. Quizás nervioso por estar cerca del moreno o quizás extasiado por lo que fuese que le estuviera contando. ― Se nota a leguas cuando es tu noviecito el que hace acto de presencia. ― molestó la pelirosa, tirando su cabello hacia atrás, para amarrarlo en un desprolijo moño. ― ¿Cuándo se irán de viaje juntitos?

― Después de la fiesta. ― respondió suavemente la chica. ― Estoy muy nerviosa.

― ¿Por qué? Lo pasarás excelente. Te aseguro que Naruto hará de todo para que tú disfrutes tu estadía junto a sus padres. ― Hinata asintió algo ida. ― Es el tema del sexo, ¿verdad?

― ¿Puede haber otro tema que me provoque tanto nervios? ― contestó sin buscar una respuesta, peinándose el flequillo. ― De solo pensarlo… me pongo histérica.

― ¿Qué te causa nervios? ¿El dolor? ― Hinata asintió a medias. ― ¿Qué te descubran? ¿Qué tu madre sepa que ya no eres virgen? Eres una persona independiente y a pesar de que nuestras madres quieran protegernos, las experiencias sexuales son parte de nuestras vidas y tenemos que vivirlas cuando creamos prudentes hacerlo. Tú decides con quien lo haces, de qué forma y como disfrutas de la libertad que te ocasiona el placer. No puedes reprimirte porque la sociedad te obliga a guardar la flor eternamente. ― Sakura hizo una pedorreta. ― Solo idioteces. Si sientes que quieres hacerlo, lo haces y ya. Ni el dolor, ni pensar en tu madre, ni el que te descubran importan en ningún sentido cuando tienes al hombre que amas y deseas sobre ti, entregándose a una fuerza que es más poderosa que cualquier cosa que hayas conocido anteriormente. Es un nuevo nivel de confianza, que te lleva mucho más allá de lo natural. Eres libre, dueña de tu cuerpo y sensaciones. ― Hinata se mordió el labio, mirando desde esa nueva perspectiva la sexualidad, gracias a las palabras de su amiga. ― Además, cariño, lo estás haciendo con alguien que te quiere y que tu quieres. El sexo sin amor no lo conozco, pero te puedo decir con mucho énfasis, que el sexo con amor está muy por encima de cualquier cosa que te cause felicidad. Es tocar el cielo con las manos o tener un pedazo de nube entre tus brazos… miras a ese hombre que te provoca todas esas sensaciones y agradeces a sus padres por haber creado semejante espécimen. ― Sakura sonrió picaronamente, mirando a su novio, que seguía enfrascado en una la conversación con el sonidista. ― Cuando Sasuke me toca, me besa o me dice cosas al oído, yo me siento más afortunada que un reciente ganador de la lotería. Cuando me mira con sus ojitos llenos de lujuria solo por mí, entro en éxtasis. De solo pensar que ese hombre me desea como yo lo deseo, dejo de respirar, porque sinceramente, mi corazón deja de latir y mis pulmones dejan de recibir oxigeno.

― ¿Duele mucho? ― Sakura hizo una mueca.

― Es un dolor que se puede manejar. Además depende de muchos factores. ― le explicó, como si fuese una experta. ― Primero y muy importante, tienes que estar relajada. Si no te relajas, los músculos de tu interior se contraen y debe ser muy incomodo.

― ¿Tú estabas relajada? ― Sakura asintió con vehemencia, riendo chulescamente.

― Sasuke supo hacer un buen trabajo anterior antes de tirarse de lleno a… entrar. ― Se sonrojó suavemente. ― Naruto también debe saber preparar tu cuerpo. Dudo que vaya de lleno de meterla en cualquier agujero.

― ¡Sakura! ― le reclamó la chica peliazul, tapándose la cara. ― Eres una descarada.

― Sincera. ― puntualizó, sonriente, para girarse al ver entrar a su guapo novio. ― Mi amor, ¿verdad que nuestra primera vez fue asombrosa?

― Oh, por favor, mátenme. ― pidió Hinata al cielo, sin atreverse a mirar al pelinegro, que muy probablemente, estaría fulminando a su novia con la mirada azabache.

― No me quejo. ― fue la lacónica respuesta que dio el Uchiha, haciendo vibrar el auto al moverlo. ― ¿Shibuya?

― Déjanos antes, porque no quiero que nos vean juntos. ― dijo Sakura, buscando sus gafas dentro de la guantera del carro. ― ¿Dónde dejaste mis lentes de sol?

― Sakura, van a ser las 6 de la tarde y quieres lentes de sol… ― le hizo ver Sasuke, como si se tratase de una tontería. Igualmente iba pendiente de la calle en la cual estaba doblando. ― Te dejaré 3 cuadras antes. ¿Le avisaste a tu perro?

― Deja de decirle así a Morio. Sabes que es un buen guardaespaldas.

― Que te mira como quien mira un pedazo de carne. ― Sakura enroló los ojos, ignorando los ataques de su novio. Sabía con certeza lo poco y nada que le gustaba su protector, pero el chico había rendido excelente en sus funciones, siendo halagado por Shizune. No podía desprenderse de él, menos por los celos idiotas de Sasuke. ― ¿Le avisaste?

― Claro que sí. Sabes que no puedo ir a ningún lugar donde él no esté o Kisame. Son mis cuidadores. ― le explicó, como si el moreno no tuviese claro aquella situación.

― Como sea. Si te pasa algo, Morio pagará. ― amenazó. Sakura se limitó a bufar y mirar por la ventana. ― ¿A qué hora terminarás?

― No lo sé. Estaré con las chicas probándonos los vestidos que Tenten ha hecho a lo largo de su carrera. ― le comentó, poniéndose unas gafas de sol que le quedaban grande, haciendo una mueca por ello. Las dejó donde mismo y volvió a hablar. ― Puede que me demore muchas horas. Si es así, me quedo en mi departamento.

― ¿Quieres que me quede contigo? Puedo esperarte en el departamento. ― Sakura se enterneció por ello y lo miró como quién mira algo que le gusta mucho.

― Mi amor, no te puedo tener esperando ahí. ― Sasuke asintió, mirándola de reojo. ―Te aviso cualquier cosa.

― Cualquier cosa. ― le punteó, para enfatizar. Sakura aceptó. ― Me estacionaré ahí. ― Las chicas se prepararon para bajarse, pero antes de cualquier cosa, Sakura se volteó hacia Sasuke y tomándolo por los hombros, lo tiró hacia ella y le besó de lleno la boca. Sasuke apoyó su mano a un lado de su cara y la otra en su muslo, apretándoselo levemente. Sus lenguas se rozaron e hicieron un fuerte sonido. Hinata se bajó azorada, sin querer seguir viendo el espectáculo que estaba dando su amiga. Por tanto, la pelirosa, se separó de Sasuke, para solo esconder su rostro en el cuello del moreno.

― Te amo. ― le susurró. ― Espero no demorarme tanto. ― guiñándole un ojo, se intentó bajar, siendo detenida por la mano de Sasuke, que la interceptó dos segundos más, para darle un nuevo beso.

― Tendré que darme una ducha helada. ― le reprochó. ― Cuídate. ― dándole un último beso en su frente, le permitió bajarse.

Sakura quedó lela dos segundos, para al lado del carro que comenzaba a partir.

Hinata carraspeó a su lado, para llamarle la atención.

― Son impresionantes.

― El amor es así, bonita. Te pega tan duro. ― dando un último suspiro, caminó a un lado de su amiga, haciendo un leve contacto visual con un auto que se posicionaba a su lado. ― Llegaron mis cuidadores. ― Kisame se bajó primero, siendo seguido por Morio, que con un movimiento de cabeza, saludó a ambas chicas, acercándose confiadamente. ― ¿Cómo están? ― les preguntó Sakura.

― Nerviosos por el nivel de exposición que tendrá acá, señora Haruno. ― le reprochó Kisame, mirando sobre su hombro y con su mano en un bolsillo. ― Podríamos conseguir que grandes boutiques le enviaran ropa a su departamento y usted elegiría ahí.

― ¿Cuántas veces te tengo que decir que me trates de tú? ― reclamó Sakura, ignorando el comentario anterior de su guardaespaldas. ― Supongo que doscientas veces. ― Kisame enroló los ojos. ― Por vez doscientos uno, te exijo que me trates de Sakura y de tú. Eres mi cuidador, tengo que confiar en ti, como tú debes confiar en mí.

― Mantengo las distancias. ─ le explicó el guardaespaldas mayor.

― Distancias que no existirán si me veo en peligro. ― le hizo ver la pelirosa, poniéndose su dedo en la boca. ― ¿Qué pasa si un día me atacan? Yo no puedo confiar en alguien que no confía en mí.

― Es una treta la que estás usando, Sakura. ― La chica dio dos palmaditas en el aire. Kisame bufó resignado.

― ¡Muy bien! ― dijo feliz. ― Aprendes rápido, ¿eh?

Sonriente como estaba, jaló a Hinata para perderse entre el tumulto de gente. A ambos lados de las chicas, se posaron los guardias, pendientes de cualquier movimiento extraño que los pusiera en alerta inmediata. Sakura miró varias tiendas, sin entrar en ninguna, solo esperando llegar al sitio donde Tenten la esperaba. Cuando la gente se volvió una masa que apenas le dejaba avanzar, entraron a un centro comercial lleno de tiendas independientes, reconociendo al instante el logo de la tienda de Tenten.

Sakura ingresó primero, buscando entre las telas que caían del cielo, el cuerpo espectacular de su amiga castaña.

― Quizás está… ― Se escuchó un gemido, luego un leve grito de dolor y algo cayendo estrepitosamente al suelo.

― ¡Idiota, lo vas a romper! ― La voz de Tenten, intentando sonar despacio- en un siseo que generó más ruido de lo que esperaba- las alertó de su presencia. ― ¡Te odio!

― ¡Tenten, estamos acá! ― gritó Sakura, mirando a Hinata, que sonrojada, se imaginaba más o menos de que se trataba el embrollo. ― ¿Estás ocupada?

― ¡No! ― chilló la chica, saliendo detrás de una puerta y arreglando su camiseta, algo subida. ― Estaba…

― Hola Sakura. ― saludó Neji, para luego mirar a su prima y quedarse en silencio. ― Prima. ― susurró más despacio, mirándola, levemente, avergonzado.

― ¿Qué estaban haciendo? ― les preguntó Sakura, alzando una ceja. ― Mejor no me digan.

― Solo me estaba ayudando con una maquina que no podía echar a andar. ― explicó la castaña, tirándose el cabello para atrás, muy sonrojada. ― Y ya te vas, ¿verdad?

― Tenten, ellas saben lo que estábamos haciendo. ― agregó Neji, apoyándose en una mesa larga que había tras él. Cruzándose de brazos en el pecho, miró a su prima. ― Me contaron que te vas de viaje, ¿Cuándo pensabas decírmelo? ― le preguntó, fríamente, pero con una mirada fija en la Hyuga.

Los guardaespaldas de Sakura salieron del lugar sigilosamente, sin ser percibidos. Se pondrían en la puerta a vigilar.

― No eres mi padre, Neji. ― le recordó con cautela la peliazul, peinándose el flequillo. ― Mis padres ya saben de esto.

― Sabes que no apruebo tu relación, ¿verdad? Y también sabes por qué lo hago. ─ Agregó Neji, mirándola fijamente.

― Naruto no es un mal tipo. ― defendió Hinata, frunciendo el entrecejo.

― Tienes toda la razón. No lo es. ― sentenció el pelilargo, echando un suspiro. ― Si lo fuese, créeme que le partiría la cara por acercarte a ti, pero el muy desgraciado es uno de los mejores tipos que conozco y creo que merece ser feliz. ― agregó, mirando de reojo a Tenten, que expectante, lo miraba ansiosa, con temor a que dijera algo que lastimara a su prima. ― Sabes que no le haré daño. ― le dijo a la castaña.

― Tus palabras son las que más lastiman la mayoría del tiempo. ― le hizo ver la castaña, mordiéndose el labio. ― Hinata ya no es una niña.

― Para mí siempre lo será. ― aseguró el Hyuga. ― Siempre recordaré a la chica de cabello corto que me prestaba su peluche para que no me sintiera tan solo en este mundo. ― El silencio se sintió en todo el lugar, ni siquiera el sonido de afuera, de la gente que correteaba en busca de chucherías, logró penetrar lo que ocurría dentro de la tienda. ― Es como una hermana para mí. ― se acercó a la peliazul y le levantó la cara. ― Eres mi hermana y no quiero que nadie te haga daño. ― Hinata sintió sus ojos aguarse. ― Si Naruto se propasa contigo sin tu consentimiento, házmelo saber. Si te dice o hace algo que te hace querer llorar, házmelo saber. Si te lastima o te pasa a llevar, házmelo saber. Siempre te protegeré, Hinata. ― la peliazul no aguantó más su llanto y se lanzó a abrazar a su primo.

Los Hyuga no abrazaban, ni consolaban. Menos lloraban uno frente a los otros, pero estos Hyuga eran diferentes, porque eran mejores y nada ni nadie podría quebrar esa nueva sensibilidad que comenzaba a emerger de ellos.

Los nuevos Hyuga eran dados al sentimentalismo y al amor, cosa extraña y sorprendente, pero necesaria.

Nunca más nadie los lastimaría, si se tenían los unos a los otros.

Afuera la gente guardó un sepulcral silencio. Había pasado un ángel.

.

.

.

― Sí, Neji. Como tú digas.

― Estoy hablando en serio, Tenten. ― Le advirtió, siendo ignorado olímpicamente por la chica, que seguía pegada haciendo un rápido bosquejo de un vestido. ― No me estás escuchando.

― Y no me siento mal por no hacerlo. ― aseguró la castaña, sonriendo cuando unos dientes se adueñaron de su oreja, intentando molestarla. ― ¡Hyuga!

― Neji. ― Le recordó él, sentándose a su lado y mirando el vestido. ― ¿Alcanzarás a hacer 4 vestidos de aquí al sábado? Recuerda que estamos a miércoles. ― la chica enroló los ojos.

― Los vestidos de Sakura, Ino y Hinata están listos. Es el mío el que está retrasado. ─ le contó la castaña, intentando zafarse de su insistente y desagradable protección.

― ¡Tenten, lo amo! ― chilló Sakura, saliendo del vestidor y mostrando su creación en todo su apogeo.

El traje consistía de dos piezas: una falda azul hasta la mitad del muslo, con una tela de seda, cubierta por una malla transparente encima, que hacía el efecto vaporoso. La parte de arriba era un top sin mangas y que se amarraba tras del cuello, afirmándose con unas cintas que hacían una cruz en su espalda. Toda la parte superior estaba cubierta por pequeñas flores blancas, y el cuello como la cintura, tenían una franja metálica.

― Unos tacones altos o sandalias azules, le vendrían muy bien. ― comentó la castaña. ― No me gusta cómo me quedó esa parte. ― Señaló la cintura. ― Te la puedo apretar, para que se vea más apegada.

― Cariño, está fabuloso. A mí me fascina. ― aseguró la pelirosa. ― ¿Qué opinas Neji? ― el pelilargo quedó mudo con esa pregunta tan directa.

― Eeeh… no creo que deba opinar.

― Hazlo. Sasuke no se enterara. ― Le tranquilizó la chica. ― Sé lo celoso que es.

― Te queda bien. ― murmuró algo quedo. ― Me gusta.

― ¿Ves? Si a Neji le gusta, que es muy parecido a Sasuke, te apuesto que a mi novio le encantará. ― dijo muy feliz.

― Esperaba que a ti te gustara, no a Sasuke. ― le dijo Tenten, mirándola con reproche. ― Tienes que sentirte cómoda.

― Y me siento excelente. No dudes de eso. ― dándole un beso en la mejilla, corrió a cambiarse. ― ¡Hinata, tenemos que ir por zapatos! ― apresuró la chica.

― Me volverán loca. ― dijo Ino, ingresando a la sala, mientras hablaba por celular. ― Lo sé, Itachi, pero es demasiado trabajo. No me dijiste que sería así… Eso es una mentira, aunque sea por omisión. ― Tenten alzó una ceja y miró a su amiga, que refunfuñando contra el teléfono, la saludó de un beso en la mejilla. Para sorpresa de Neji, también se acercó a él para saludarlo del mismo modo. El pelilargo aceptó la muestra, algo incomodo, pero entendiendo que aquel gesto, era por lo distraía que estaba la rubia. ― Como sea, hablaremos después de esto. Estoy en terapia de compras con mis amigas, así que no me llames hasta que yo lo haga. ― silencio, sin que la chica cortara. Tenten miró a Neji, que seguía sentado a su lado, encima de la mesa. ― Ok, puede ser. Nos vemos más tarde. ― colgando, la rubia se volvió a la pareja, que la miraba confundida. ― No intentes trabajar con tu novio. Es lo peor de la vida. ― Como si todo el peso del mundo cayera sobre los hombros de la rubia, se dejó caer en el sofá que había en una parte de la sala. ― ¿Cómo están?

― Encontrándole todos los defectos a los vestidos que he creado. ─ respondió Tenten.

― Eres una tonta. Solo sale magia de tus manos. ― Tenten enroló los ojos y se metió en un cuarto. ― ¿Cómo estás, amigo Neji?

― Supongo que mejor que tú. ― respondió mordaz. No olvidaba que esa rubiecita, de ojos azules y cara angelical, lo había amenazado hace algunos meses, defendiendo a su amiga del supuesto "dolor" que él le podía causar.

― Meeeh, como sea. ¿Qué haces acá? ¿Tenten te está haciendo el traje a medida? ― el pelilargo chasqueó la lengua, entendiendo claramente a lo que se refería la rubia. ― Supongo que te debe tocar mucho.

― ¿Siempre eres así de desagradable? ― le preguntó el Hyuga, sin poder contenerse. La chica fingió pensar, para luego asentir con una sonrisa de oreja a oreja.

― Lo soy con tipos como tú… aunque, pensándolo bien, ya no me desagradas tanto. ― Neji hizo una mueca. ― Supe que eres un gran benefactor de obras de caridad, sobre todo con niños. Eso merece todos mis respetos, Hyuga. Así que, espero por el bien de ambos, comenzar a llevarnos bien. También quiero cooperar de algún modo y necesito alguien que esté dentro de ese mundillo para poder meterme yo.

― Itachi también tiene nexos. ― le comentó el Hyuga, bastante incomodo con ver su realidad siendo evidenciada.

― Pero soy la novia y se entendería que lo hago solo por él. No quiero eso. ― aclaró la chica. ― Quiero que sea anónimo y no de forma monetaria.

― Hay proyectos con niños de hospitales. Para ir a leerles y compartir con ellos. ― dijo Neji, viendo a Tenten saliendo del cuarto en el que se había metido. Una rápida mirada a la rubia, le bastó a esta para entender que el pelilargo no quería que el resto se enterara de su vena altruista. Haciendo un gesto, le aclaró que guardaría su secreto.

― Ino, hice este vestido hace mucho tiempo. Pruébatelo y me dices que opinas. ― La rubia se levantó presurosa y se metió en el mismo cuarto que su amiga había salido. Tenten, respiró hondo, algo nerviosa y Neji lo notó.

― ¿Qué pasa? ― le preguntó el Hyuga, tomándola de la mano para ponerla entre sus piernas, abrazándola de ese modo.

― Me pone nerviosa ver mis creaciones. Siempre le encuentro defectos en algún punto. ― le contó, algo avergonzada. ― Sé sincero conmigo, ¿te han gustado?

― Me parecen bastante bonitas. ― dijo parco, fiel a su estilo. ― Eres muy creativa y juvenil.

― ¿Sabes? Eres el peor dando ánimos. ― Neji iba a replicar, pero la vio sonreír de esa forma que le fascinaba y solo atinó a apretarla contra él y darle un beso en sus labios. Tenten se enganchó a su cuello y disfrutó del masaje que el moreno le daba en la espalda baja, justo al borde de sus nalgas. Sus labios húmedos, se abrieron como flores al sol entre los del Hyuga y juntaron sus lenguas de forma paulatina, como si estuviesen conectados. Neji la tomó por la cintura y la alejó un poco. ― ¿Por qué?

― Porque está mi prima ahí dentro y no quiero que nos pille haciendo el amor encima de esta mesa. Ya casi nos pilla en este tipo de escarceos cuando llegó. ― La castaña aceptó su explicación, aunque no se separó de él. Es más, lo abrazó por el cuello, entregada entre sus brazos y anhelante de ese contacto físico que Neji no se lo negaba. ― Todavía estás débil por tu resfrió.

― Respiro, eso es lo importante. ― bromeó la chica. ― Solo estoy cansada. Hoy trataré de dormir muchas horas, disfrutando todavía más la licencia que me dieron para no ir a trabajar a la productora.

― Me parece. No habrá sexo. ― Tenten iba a reclamar. Llevaban 3 días sin nada de nada, pero la entrada de Hinata la detuvo en su diatriba.

― Disculpen. ― carraspeó incomoda. ― ¿Les gusta?

El vestido era azul por completo, con la parte superior tapada con una tela transparente. El busto era tipo corazón y tapaba gran parte de su espalda. Los brazos descubiertos y la cintura estrecha, hacían el vestido muy veraniego y semiformal. La falda caía profusamente hasta casi las rodillas y se englobaba al caminar. Hinata se veía preciosa.

― Te ves divina. ― dijo Tenten, acercándose para arreglarle una parte del hombro. Neji sonrió de medio lado y levantó su dedo pulgar, dándole la aprobación. ― ¿Te gusta? ― le preguntó a la chica.

― Es como mi estilo. ― respondió azorada. ― ¿Qué tipo de zapatos tengo que usar?

― Podrían ser unos blancos. ― sugirió Tenten. ― Aunque unos negros tampoco vendrían mal.

― Tendremos que comprarlos hoy. ― Dijo Hinata. Tenten sabía eso. El tiempo que tenían era demasiado escaso y los dos días que quedaban antes del magno evento, los tenían llenos, ya sea con la organización (Hinata) y con la película (Tenten, Ino y Sakura). Lo poco y nada que tenían de espacio, se reducía a nada con la carga laboral que se traían todas.

― Hinata, te ves guapísima. ― Todos miraron a Sakura. Ya vestida con ropa habitual, se había hecho un moño en la parte superior de su cabeza. ― El azul te sienta maravilloso.

― Tú también irás de azul. ― murmuró la Hyuga, girándose en redondo. ― Me gusta mucho.

― Tenten es una diosa. Venga, una foto para Instagram. El mundo de las pasarelas es lo tuyo. ― Tenten empezó a negarse a retratar el momento.

― No, Sakura. Por el momento soy feliz con lo que tengo… ― Neji la tomó de la cintura y la llevó hasta donde Sakura.

― Yo les tomo la fotografía. ― Hinata sonrió despacio, evitando ser vista. No quería que su primo se sintiera incomodo al ver que ella se daba cuenta de cuánto comenzaba a importarle la castaña. ― ¿Hinata? ― le llamó, haciéndole saltar.

― No, no. El vestido es secreto. ― aclaró la peliazul, posándose a un lado de su primo para ver la fotografía. ― Tenten, sonríe. ― Le dijo la chica Hyuga.

― Odio esto. ― dijo entre dientes la castaña, pero aceptó. Más aun cuando el Hyuga le guiñó un ojo. ― ¡Termina luego! ― gritó, agotada.

Neji sacó dos fotografías más y le entregó el modernísimo celular a la pelirosa.

― ¿Cambiaste teléfono? ― preguntó Hinata.

― Gajes de tener un novio demasiado pudiente. ― bromeó Sakura, mirando cada una de los instantes. ― Me gusta ésta, ¿te agrada, Tenten? ― la chica apenas la miró y asintió, mirando acusadoramente al Hyuga, por haberse puesto de parte de la loca de su amiga. ― De aquí, al estrellato. Esto es seguro.

Una gran fiesta, necesita un gran vestido. Solo la mejor lo puede crear. #TenTsuLoTiene #ShibuyaLocal45 #TentenTHEBEST

― Saku, ¿estás subiendo una foto? ― Ino llegó hasta donde sus amigas, que se quedaron calladas admirándola. ― No me digan: Me veo horrible. ― La rubia se tapó la cara, azorada. ― Yo sabía que los vestidos con este tremendo busto…

― Cállate, cerda. Te ves perfecta. ― La atajó Sakura, acercándose hasta ella, para tomar el borde la falda. Neji se volteó, para darles privacidad y Tenten se lo agradeció. Era muy educado.

El vestido de la rubia consistía en dos piezas del mismo color vino. En la cintura se unían por pequeños trozos de la misma tela. El top superior, se amarraba tras su cuello y dejaba gran parte de la espalda al descubierto. La falta era acinturada y caía con la misma gracia que caía el vestido de Sakura y Hinata.

― ¿No me veo voluptuosa?

― Ino, eres preciosa. ― le recordó Hinata. ― No te escondas por eso.

― Malditos senos. Me los sacaría, pero son un plus que…

Neji carraspeó incomodo. Todavía de espaldas, fingía no saber que existían, pero tampoco quería estar oyendo una conversación que no le correspondía.

― Neji, ¿Por qué no nos juntamos más tarde? ― sugirió la castaña. ― En unas 3 horas.

― Me dejarás pagando. ― la chica chasqueó la lengua, tal cual él lo hacía. Todos los presentes se dieron cuenta de eso y comenzaron a reír. ― Se te pegan mis malas costumbres. ─ le dijo el pelilargo, dejándola en evidencia frente a todos.

― Paso demasiado tiempo contigo. ¿No deberías estar viendo algo con la banda? ― preguntó Tenten.

― Tuvimos ensayo ayer por la tarde. Hoy es de descanso. ― Resignada, la castaña miró a sus amigas.

― Lo siento. ― dijo Tenten.

― La verdad es que no me molesta su presencia. Hasta me cae bien. ― aseguró Sakura. ― Neji, ¿me acompañas por un helado? Quiero hacerte unas preguntas.

― ¿Ahora? ― la pelirosa asintió. ― Ok.

― Nos vemos. ― levantando la mano, Sakura se despidió de sus amigas, prometiendo volver.

― ¿Qué mierda acaba de pasar? ― preguntó sin creerlo la rubia, que había desencajado su mandíbula.

― Creo que Sakura nos está dando el espacio para que nos muestres tu vestido, Tenten. ― Elucubró Hinata, mirando hacia la puerta.

― Iré por mi vestido, para que me digan que les parece. ― caminó hasta el cuarto de dónde sacaba todo, agradeciendo que Sakura hubiese sacado al pelilargo de combate. Sin embargo, a medio camino se detuvo. ― Sean sinceras. No me herirán.

― Apresúrate. ― le pidió Ino. ― Itachi me está molestando para que aprenda sobre unos contratos. No te imaginas cuanto lo odio. ― le contó a Hinata. ― Novios mayores y tan demandantes son lo peor.

― Lo tengo claro. ― bromeó la peliazul, sonriendo.

― ¿Cómo vas con ese tema? ― Hinata se sonrojó y dejó de sonreír inmediatamente. ― Si no quieres contarme…

― No, no… tranquila. ― dijo rápidamente, evitando hacer sentir incomoda a su gran amiga. ― La otra semana, nos iremos de viaje donde su familia… ― Ino hizo una mueca picarona. ― Estoy muy nerviosa.

― Me imagino. Aparte, una primera vez tan pensada, solo trae consecuencias mentales. ― Hinata no comprendió. ― Sabes que ocurrirá, no es algo que se da de momento. Eso genera un estrés mayor del esperado.

― Tengo miedo de no ser… buena.

― ¿Tú crees que se nace sabiendo? Es solo instinto. ― le contó la rubia, tomándole la mano para sentarse. ― No se puede hacer mecánicamente. No es como que un libro o una revista te digan exactamente como hacerlo. Lo haces y ya, porque te nace, porque te gusta, porque quieres.

― ¿Dejarse llevar?

― Exactamente. No tenerle miedo a las sensaciones, solo disfrutar de ellas y dejar que la otra persona también se empape de lo que estás sintiendo. ― Ino se tocó una mejilla y sonrió azorada. ― Tampoco para mí es un tema fácil de conversar. La verdad es que no soy una experta y he tenido dudas todo el tiempo, desde que empecé a salir con Itachi. Piensa que él me gana por 12 años. ― Hinata abrió la boca atónita. ― Suena súper fuerte y lo es. Son doce años que marcan muchas diferencias en demasiados sentidos, pero también, son los que le dan sabor a nuestra relación. Yo le doy un poco de mi infantilismo en su mundo tan gris y él me entrega la madurez y la pasión que conlleva tener su edad.

― Pensé que se llevaban por menos. ― confesó la peliazul. ― No se nota tanto.

― Los Uchiha tienen una genética privilegiada. ― masculló la rubia, sonriendo medio alelada. ― el muy desgraciado de mi novio parece hecho a mano.

― Naruto también es bello. ― aseguró la peliazul.

― No miro a tu novio, Hinata. ― dijo Ino. ― Pero, ¿tú lo amas? ― La guapa Hyuga se sonrojó violetamente, para luego asentir sin atreverse a mirar a su amiga. ― Entonces, nada que decir. Tú atrévete. ¿Quieres hacerlo?

― Eehh… ― era una pregunta muy directa, que la remeció. ― No estoy del todo segura.

― Si no quieres, solo tienes que decírselo y ya. No te pueden forzar a algo que no quieres. ― le aseguró Ino. ― No es no, por mucho que sea tu pareja, tu novio o el amor de tu vida. Tienes que tener la tranquilidad sobre eso y hablarlo con él. Que el límite existe y no lo puede transgredir si te sientes pasada a llevar.

― Él siempre me ha respetado. ― le comentó Hinata, sonrojándose.

― Y eso es muy admirable de su parte. Así que, como te digo, si tú quieres, él puede, si tú no quieres, nadie te puede obligar. ¿Oíste bien? Cualquier cosa que te haga sentir incomoda, no dudes en llamarme. Voy a rescatarte donde sea. ― La peliazul le sonrió abiertamente, agradeciéndole. ― ¿Has ido al médico?

― Fui con mamá. ― Le contó, sonrojándose por doceava vez. ― Me hice un par de exámenes.

― ¿Te dieron algún tratamiento para protegerte? ― Hinata negó, agachando la cabeza. ― ¿Y por qué no?

― Porque mi mamá ingresó conmigo y me dio vergüenza pedirle pastillas. ― Ino se golpeó la frente con brusquedad. ― ¿Cometí un error?

― Sí. ―le dijo, sin preámbulos. ― En diez días te irás de viaje con tu novio, quién supongo quiere darte hasta que hables en hebreo. ― Hinata dio un respingo, poniéndose violeta. ― Hinata, es muy importante que te protejas; pastilla por los embarazos y condón por las enfermedades venéreas.

― Ino, estaba muy nerviosa.

― Tendrías que haber ido conmigo o con Tenten. ― dijo la rubia. ― En fin. Iremos. Yo misma te llevaré.

― Yo también puedo hacerlo. ― murmuró la castaña, entrando al lugar. ― Lamento haber oído su conversación, pero estaba ahí atrás.

― Tranquila. No pensaba esconderlo. ― dijo Hinata. ― Hablemos después. ― agregó, fijándose en el vestido de la preciosa castaña. ― Te ves muy linda, Tenten.

El vestido de la chica consistía en una tela de un solo tono, color vino. Arriba se afirmaba con dos tiras sobre los hombros, un escote v muy largo, pero que cubría triangularmente sus pechos. En la cintura se ajustaba con un delicado elástico interior y se dejaba caer con varios pedazos de tela, que al caminar dejaban a la vista sus largas piernas.

Tenten miró a sus amigas y después volvió la vista a sus piernas, dudando.

― ¿Tú crees? Quizás estos pliegues deberían ser un poco más cerrados, para que no se me noten tanto las piernas.

― Deja de hablar estupideces, tonta. ― le reclamó la rubia, haciendo que se girara en su sitio. ― Tienes las mejores piernas que he tenido la dicha de conocer.

― Mi primo se pondrá muy feliz. ― Tenten sonrió de medio lado.

― Es lo que espero. ― levantando un puño en el aire, agregó: ― si el muy idiota no dice nada, se puede ir despidiendo de dormir conmigo.

― ¿Dormir? ¿Tú crees que nosotras te creeremos eso? ― Tenten asintió, muy segura de sí misma.

― Desde que caí al hospital, lo único que hacemos es dormir en mi cama. ― Tanto Hinata como Ino se taparon la boca, intentando no reír. ― Le hago masajes, lo toco sutilmente, hasta lo jalé por la camisa, pero sigue sin querer darme nada. Dice que esperará hasta que me recupere bien.

― ¿Y ya te sientes bien? ―le preguntó la Hyuga.

― Mejor que bien. ― abatida, se tapó el rostro. ― Necesito amor. Mucho amor.

― Amor duro. ― bromeó Ino.

― Amor contra la pared. ― rectificó Tenten.

― ¡Oigan, es mi primo! ― chilló Hinata.

― Y tiene el mejor pene de la historia.

Hinata entendió, que a pesar de que las adoraba, eran las peores amigas del mundo.

.

.

.

― Hemos pasado dos heladerías y no pienso caminar en busca de una tercera. ― Sakura hizo un mohín, sin embargo, no se detuvo y Neji tampoco lo hizo. ― Es riesgoso que andes en la calle sin protección.

― ¿Ves a esos dos de allá atrás? ― le señaló con descuido. Neji asintió al hacer contacto visual con uno de ellos. ― Son mis guardaespaldas. Están preparados para cualquier inconveniente. Además, la gente no me reconoce del todo y quienes lo hacen, se avergüenzan tanto que evitan acercárseme.

― Yo también soy reconocido, Haruno. ― Sakura se alzó de hombros, para luego mirarlo de forma sesgada. ― ¿Qué te pasa?

― Te pareces mucho a Sasuke.

― No se te ocurra decirle eso. ― le advirtió. ― Es capaz de degollarme si piensa que su novia nos encuentra un parecido.

― ¿Por qué? Él sabe que lo amo. ― respondió sueltamente. Neji se sintió muy incomodo con esa declaración. ― No te gustan las muestras de afecto, ¿verdad?

― No me gusta sentirme en medio de una relación. ― Sakura alzó una ceja. ― No nombres a Mei. Sé lo que pensaste.

― Hombre sabio. ― susurró la chica, sonriéndole. ― ¿Quieres una bebida? Se me quitaron las ganas de helado.

― Sakura, ¿Por qué no vas al grano? Estoy aburrido de caminar. ― le reclamó el moreno.

― Una bebida, por favor. Muero de hambre. ― Enarcando los ojos, Neji la siguió. ― Venga, siéntate. ― le dijo cuando se pusieron frente a una mesa. La mesera corrió a atenderlos y quedó blanca cuando reconoció a Neji.

― ¿Autógrafo? ― le pidió, pasándole una servilleta, que Neji garabateó con descuido. ― Gracias.

― ¿Podrías traernos la carta? ― dijo Sakura.

― Enseguida. ― tuvieron dos segundos de paz, antes de que llegara nuevamente la chica, sonriéndole a Neji como si se le fuese a rajar la cara. Sakura, hastiada, la miró feo mientras hacia su pedido de una simple bebida. A duras penas la chica entendió y se largó refunfuñando, trayendo los productos rápidamente y perdiéndose otra vez en el lugar.

― Que pegote. ― reclamó la pelirosa. ― Te traje para acá con dos fines.

― ¿Tenten y Sasuke? ― la chica asintió, alabando su perspicacia. ― Con Tenten tenemos una relación.

― Sí, así noté, pero créeme, no te daré un sermón del cuidado hacia mi amiga, ni como te comportes, ni lo que me gustaría sobre ustedes, porque no me compete, además de que confío en el buen juicio de ella para cortarte las bolas si te comportas como el imbécil que eres usualmente. ― Neji abrió la boca ofendido. ― No te hagas. Sabes que eres idiota.

― No es necesario que lo jures. ― le criticó, mirando hacia otro lado. ― Tampoco quiero lastimarla, por si te interesa.

― Tenten tiene mucha gente que la quiere y respeta. Te aseguro que si le haces algún daño, más de alguien te las hará pagar. ― Dándole un sorbo a su bebida, Sakura sonrió. ― ¿Te gusta mucho?

― No te pienso responder. ― dijo Neji, cruzándose de brazos.

― Tu actitud lo revela. Te encanta. ― Neji se preguntó que hacía ahí, sentado con una niñata metiche. ― Como sea, a ella también le encantas.

― No necesitamos palomas mensajeras. ― respondió mordaz. Sakura se puso una mano en el pecho, ofendida. ― ¿Qué quieres saber sobre Sasuke? ¿Si le encantas? La verdad es que no lo sé, porque no hablo de ese tipo de temas con él.

― Tampoco necesitamos paloma mensajeras. ― remedó la chica, mirándolo de costado. ― Se viene su cumpleaños en un par de meses y quiero hacerle algo espectacular. ¿Hay algo que por culpa de la falta de tiempo y fama ya no puede hacer?

― Sasuke tiene tanto dinero, que es imposible que alguien no le pueda cumplir sus deseos. ― Sakura lo miró largamente. ― Ok, puedes disfrazarte de tomate y el te amará.

― ¿De tomate? ― Neji aguantó la risa dos segundos y se largó a reír abiertamente, sin detenerse. Sakura captó la broma medio segundo más tarde y también se largó a reír. Ambos estuvieron carcajeándose largo rato, ignorando el barullo que habían formado fuera del local y de lo felices que se veían a ojos del resto. ― Eres un imbécil.

― Deja de insultarme, niñita chica. ― le dijo le pelilargo, sonriendo por última vez, para luego enseriarse. ― Desde que somos niños, Sasuke ha estado en el ojo de la prensa, casi sin descanso. No hay lugar donde no lo conozcan. Por lo que tengo entendido, la nueva casa que se está construyendo, queda alejada de la ciudad, en altura y con bosque frondoso a su lado, que delimita con un lago. Podrías hacerle algo ahí, los dos solos.

― Podría ser primero una fiesta y después algo privado.

― O algo privado simplemente. Dudo que quiera compartir con más gente. ― argumentó el pelilargo.

― Y ustedes, sus amigos, ¿no quieren compartir con él? ― Neji frunció el ceño. ― Sé que tú y él son muy antisociales, pero Naruto no, Kiba tampoco y Shikamaru es bastante agradable cuando quiere serlo. Suigetsu también lo considera su hermano, así que dudo que quieran perderse un evento para celebrarlo.

― Quizás es Sasuke el que no quiere compartir con nosotros. ― la pelirosa no aceptaba esa respuesta. Por lo que conocía a su novio, sabía que sus amigos eran parte fundamental de su vida. ― Si quieres organizarle algo, hazlo. Cuenta con mi presencia. Ese maldito enfermo es mi amigo.

― No lo trates así. Es tan lindo. ― dijo soñadoramente, mirando sobre sus cabezas. ― Oh, oh, creo que algo pasa.

Alertado, Neji se volteó hacia atrás y vio a los guardaespaldas de Sakura intentando espantar a un molesto reportero grafico. Mascullando por lo bajo, se levantó de su asiento y le hizo un gesto a Sakura, para que hiciera lo mismo con celeridad. La pelirosa lo siguió con la mirada.

― Tenemos que salir de acá sin que hayan más fotos. ― le dijo el pelilargo, tomándola por el codo. ― Hay que tomar un auto.

― ¿Por qué? ― preguntó temerosa, apegándose de forma sutil a su lado. ― Me estás asustando.

― Sasuke me va a matar. ― murmuró por lo bajo. ― Es muy celoso contigo y si sabe que vinimos a tomar unos jugos juntos y además solos, se lo tomará de mala manera. ― Casi corriendo, salieron por una puerta lateral, que fue abierta por la misma mesera que miraba con anhelo a Neji. ― Gracias. ―Sacando bastantes yenes, se los pasó con premura y caminó rápido hasta el callejón interior, donde los esperaba Morio.

― Tengo un carro esperándolos. ― Les informó, mirando a Sakura. ― ¿Dónde los dejo?

― Vamos donde Tenten. ― respondió Sakura. ― Para que los fotógrafos nos sigan y me puedan ver con mis amigas.

Morio asintió y corrió delante de ellos, indicándoles el camino. Neji hizo pasar a Sakura antes de subirse él al auto, y guardó silencio por largos momentos. Sakura sacó su celular del bolsillo y marcó el número que ya se sabía de memoria. Sasuke le respondió al cuarto pitido.

Hola, molestia. ― la saludó, con ese tono varonil que derretía sus entrañas y la volvía masa en sus manos. ― ¿Ya me extrañas?

Sakura sonrió compungida y se mordió el labio. Miró a Neji, esperando que él le diera una ayudita. Soltando el aire, el pelilargo tomó el celular de la chica y habló.

― Hola. ― Saludó bruscamente. ― Quizás te encuentres con unas imágenes que no te gustarán. Con Sakura salimos…

Espera un poco. ¿Neji? ― preguntó con brusquedad.

― Ajá.

¿Qué mierda haces saliendo con mi novia? Yo la dejé con sus amigas. ― Neji entornó los ojos, agotado. Solo a él le pasaba que terminaba metido en líos que no le correspondían.

― Con Sakura salimos a tomar algo. Fueron menos de 15 minutos y nos pilló la prensa. Te aviso antes de que te encuentres con fotografías.

¿Tú saliendo con ella? ¿Y de que mierda tenían que hablar? ― Neji conocía los diferentes estados de su amigo y sabía que ese instante estaba más allá de la furia. Los celos lo carcomían y era incapaz de razonar con un hombre en estado cavernícola.

― Aunque te explique, seguirás gritando. ― escuchó un bufido del otro lado. ― Pero estate tranquilo. No pasó nada entre nosotros. Solo salimos a tomar algo.

Tienes más que claro que las novias de los amigos son intocables, ¿verdad? ― Neji no respondió a una pregunta tan imbécil. ― Yo jamás miré a Mei ni menos salí con ella. Respeté tu nauseabunda relación porque te considero mi amigo, pero tú no lo estás haciendo al salir con Sakura.

― No seas idiota, Sasuke. Tienes más que claro que Sakura te ama y yo no tengo nada que ver. Maldita sea, no te puedo decir para qué nos juntamos, pero te aseguro que fue lo más informal del mundo.

Sinceramente, te has ganado que quiera partirte la cara. ― reclamó con brusquedad. ― He aguantado muchas de tus imbecilidades, pero el que salgas con mi novia, no. Dame con Sakura.

Neji enervado al hartazgo, le pasó el celular a la pelirosa, que, carraspeando para armarse de valor, se lo puso en la oreja, aceptando el rezongo que se le venía.

― Sasuke. ― llamó con tranquilidad.

Sasuke nada. Yo como imbécil confiando en ti y tú te vas con mi amigo. ― Sakura se tapó el rostro, avergonzada, porque la conversación se oía por todo el carro y Neji, a pesar de intentar parecer indiferente, estaba tenso como estatua.

― No me he ido con tu amigo. Quería hacerle un par de preguntas y justo nos pilló la prensa. ― Le aclaró, con infinita calma, evitando caer en el enojo que estaba en las puertas de su cuerpo. ― Neji era el que estaba en el lugar y momento adecuado cuando necesitaba tener información sobre ti y tomé la opción. Tampoco es que nos hayan pillado en algo extraño. Solo te encontrarás con fotografías de dos personas tomándose una bebida en un lugar público, junto a mis guardaespaldas.

Si me estás mintiendo, me enteraré. ― Sakura odiaba cuando se ponía como matón y no dudo en dejárselo claro.

― Si no confías en mí, ni tampoco en tu amigo, perdemos el tiempo estando juntos. ― Sasuke se quedó callado, como si un bombazo le hubiese reventado en la cara. ― Hablaremos cuando se te pase esta actitud de machito controlador, ¿me oíste? No dominarás mi mundo ni cuestionarás mi fidelidad, cuando estoy intentando hacer algo por ti. Adiós… ― iba a colgar, pero quiso agregar. ― Y no me llames hasta que yo te lo pida.

Neji la miró de reojo y sonrió imperceptiblemente, alabando la actitud de la chica. Sin embargo, cualquier respeto que podía sentir por su acción, se vio opacado cuando recordó su propia actitud con cierta chica castaña, que también intentaba luchar contra su dominación. Neji agachó la cabeza, ciertamente preocupado. No quería verse como Sasuke, reclamando territorialidad de forma agresiva y ganándose, de ese modo, solo el rechazo de su alrededor.

― Eres fuerte.

― Soy mujer. ― Le respondió, como si con esas dos simples palabras, tuviera la respuesta a todo lo que no se comprendía. ― Morio, ¿falta mucho?

― No, Sakura. Estamos casi llegando. ― asintiendo, Sakura volvió a echarse hacia atrás, resoplando por lo bajo.

― A Sasuke le gusta mucho el mar y estar en la playa. ― Sakura, que iba metida en sus pensamientos, lo miró sin comprender. ― Un buen regalo de cumpleaños podría ser que fueran a una isla, una fiesta personal entre ustedes y quizás algunos amigos.

― ¿Una isla? ¿Y cómo podría conseguirme una? ― Neji hizo una mueca, sin saber si estaba actuando bien o no al contar eso. ― Neji, algo sabes…

― La familia de Sasuke es de mucho dinero. Tienen empresas multinacionales. ― le comentó lentamente. ― Y su padre, hace algunos años, compró una isla, construyendo una gran mansión ahí. Antes de que lo preguntes, ahí se hicieron grandes fiestas y Sasuke vivió el descontrol. Sin embargo, cambió bastante cuando vio, que al otro lado de la isla, que no pertenece a los Uchiha, vivía gente muy pobre. Toda la familia decidió emplear a esa gente y usar la mansión para arrendarla en caso de vacaciones para famosos y matrimonios. Todo el dividendo de dichos eventos, son en pos al crecimiento de la isla. Los lugareños adoran a los Uchiha.

― ¿Y podremos arrendarla? ― Neji asintió.

― Es cosa que hables con Itachi y le digas que quieres darle una sorpresa a Sasuke. La única forma de llegar es en yate y Shikamaru tiene uno bastante veloz que los puede llevar.

― Yo quiero que también vayan ustedes. ― dijo Sakura. ― Puedo darle una sorpresa personal en cuanto lleguemos de la isla.

― Supongo que sí. Habría que organizar todo para ese día.

― Cae domingo. Podríamos irnos el sábado. ― sugirió la chica, poniéndose un dedo en la boca. ― Gracias por la idea, Neji. Hablaré con Itachi y espero me resulte.

― Si resultará. ― sonriéndole con cofradía, se bajaron del auto y fueron nuevamente a la tienda de Tenten, quién estaba entretenida mirando diferentes zapatos. Había muchas cajas apiladas en el local.

― ¿Y esto? ― preguntó Sakura, viendo a Tenten caminar a duras penas con unos tacones altísimos.

― Mira, me veo de tu porte. ― bromeó la chica, acercándose a Neji.

― Todavía te supero por 15 centímetros. ― le dijo Neji, tomándola por la cintura. ― Aunque me es más fácil besarte.

― No empiecen. ― reclamó Ino, mirando entre todas las cajas algo que le gustara. ― Llamé a Itachi por ayuda y nos enviaron esto. En menos de 10 minutos, más de 50 cajas de zapatos estaban acá, esperando para que las revisáramos. Dime, ¿no es maravilloso tener un novio con contactos? ― preguntó retóricamente la rubia, alzando las manos. ― Gracias Dios.

― Minutos antes estaba reclamando. ― confidenció Hinata, ganándose una mirada celeste cargada de odio. Todas se pusieron a reír.

― Reclamo porque me exige demasiado. ― se defendió Ino. ― Aunque no importa. Me hace feliz.

― Es lo que verdaderamente importa. ― dijo Sakura sonriendo, para luego correr a probarse zapatos de diferentes tonos. ― No soy fanática de los zapatos, pero me siento muy entretenida. ― aseguró, mirando dentro de muchas cajas. ― ¿Hay de varios números? Yo calzo 36.5.

― Tienes un pie muy pequeño. ― dijo Ino. ― Yo calzo 38.

― Yo 37. ― comentó Hinata, encontrando unos zapatos que le habían gustado y que eran de su talla. ― ¿Tú, Tenten?

― 38,5. ― dijo, algo avergonzada.

― Tus pies son muy delgados. ― acotó Neji, mirándola descalza. ― Ahora te ves muy pequeña.

Tenten era alta en comparación al resto de las chicas, pero a un lado de Neji, seguía viéndose como una chaparra que con suerte le llegaba a la punta de su nariz. Haciéndole una mueca, se volteó, siendo capturada por los brazos largos del pelilargo, quién la apegó por su espalda.

― Neji. ― le advirtió. ― Necesito buscar un buen zapato.

― Cualquier cosa te queda bien. No es necesario que busques mucho. ― La chica se dejó abrazar, apoyando su cabeza en el hombro del moreno.

― Se demoraron poco. Pensé que llegarías más tarde. ― Neji la apretó más contra él y se apoyó en una mesa, para estar más cómodo con la chica entre sus brazos.

― Tuvimos un problema. Nos pilló la prensa y tuvimos que salir del lugar. ― Tenten se volteó y lo miró asustada. ― Es probable que aparezcan fotos.

― ¿De ustedes dos? ― El pelilargo asintió. ― ¿Y qué hicieron?

― Solo conversar. Sakura quería saber que regalarle a Sasuke para su cumpleaños y yo intenté ayudarla. ― Tenten asintió. ― Estuvimos siempre a la vista, con los guardaespaldas de ella tras nosotros. No pienses mal.

― No pienso mal, idiota. ― Le reprochó, aunque sonriendo. ― Confío en ti y lo sabes. Solo me sorprendió, aunque pensándolo bien, no es muy raro. Ambos son famosos y jóvenes, tienen como conocerse y son guapísimos. ― Poniéndose una mano en el mentón, siguió sacando conclusiones. ― No es irrisorio creer que algo podría pasar ahí, si es que no los conocen.

― Y cómo tú me conoces, sabes que tengo ojos solo para cierta castaña que está hablando idioteces. ― Tenten rió, siendo observada por sus amigas. Las chicas intentaron darles más privacidad, a pesar de que no oían nada.

― Más te vale, NejiBomBom. ― El pelilargo la agarró con fuerza por la cintura y metió su rostro en el cuello perfumado de la castaña. ― Oye… ― le llamó la atención.

― Solo un beso. ― Le pidió, ignorando que estaban rodeados de gente, que podría ser incómodo y sobretodo, que él no era de demostraciones públicas de afecto. Ni siquiera con Mei, la mujer que pensó amar, sentía esas ganas locas de besarla en cualquier momento, de comerle la boca y acariciarla. Hasta para eso, Tenten era diferente. Lo llevaba a otro planeta con sus labios delicados y siempre suaves. ― Uno pequeño. ― tranzó, esperando que la chica cediera.

Tenten, completamente sonrojada, aceptó. Lentamente acercaron sus labios y se perdieron en ellos, fingiendo estar solos, sin nadie que los molestara alrededor. Sin embargo, cualquier profundización de sus besos, fue interrumpida por la estrepitosa llegada de Sasuke, que mascando la rabia, miró hacia todos lados, encontrándose con Neji abrazando a Tenten. Sin medir consecuencias, Sasuke se acercó a paso pesado donde su amigo. Sakura, que estaba un poco más allá, corrió a interceptarlo.

― Hey, hey, hey. ― le llamó la pelirosa, jalándolo del brazo. Sasuke la miró dos segundos, para luego volver la vista donde su amigo, que se encontraba de lo más tranquilo, esperando el enfrentamiento. ― Sasuke, ¿qué mierda haces acá?

― ¿De verdad me estás preguntando eso? ― respondió el moreno, mirando con furia al pelilargo, que seguía apoyado, con Tenten entre sus brazos. La castaña no se quiso mover, sabiendo que servía de muralla entre ambos hombres.

― ¿Buscas pelear, Sasuke? ― el moreno alzó su dedo, apuntando a su amigo.

― Sabes que es intocable. ― le recordó con furia latente. ― Ella más que cualquier otra mujer que haya tenido en mi vida. ― Silencio total en toda la estancia.

― Lo tengo más que claro. Sé lo que significa Sakura para ti. Incluso sé más de lo que tú mismo sabes. ― Le aseguró, con fría calma.

― Entonces, ¿Por qué salieron juntos? ― Sakura más atrás bufó contrariada. ― Déjame que él me explique. ― le pidió, tratando de encontrar alguna explicación factible.

― No confías en mi palabra. Ni dos días han pasado desde que nos arreglamos y ya tienes que cagarla otra vez. ― Sasuke frunció el ceño, mirando a su novia. ― ¿Por qué te cuesta aceptar que no te engañaré, que te amo y que espero un mínimo de confianza? Esto me estresa y supera.

Sasuke la miró largamente, para luego volver a mirar a su amigo. Ciertamente, se sintió como el mayor estúpido de la historia y más aun, al ir a hacer ese tipo de show a otro lado.

― Yo… ― poniéndose dos dedos en el tabique de su nariz, se volteó, evitando sentirse observado. Era un idiota con letras mayúsculas.

― Chicas, vamos a comprar algo para beber. ― sugirió Ino con un gran tacto, sacando a Hinata y a Tenten del lugar. Sakura se quedó, para solucionar el entuerto.

― Cariño, toma las llaves. ― sonriéndole con cautela, Tenten le pasó el manojo y salió tras las otras chicas.

― Creo que les debo una disculpa. ― dijo Sasuke, sin mirarlos. ― Soy celoso.

― No me había dado cuenta. ― murmuró Sakura, muy molesta. ― Me junté con Neji porque quería saber algunos detalles tuyos. Que son las cosas que te llaman la atención y como poder sorprenderte, pero adivina: ¡Lo arruinaste! ― le gritó, hastiada. ― Para mejor preferimos llamarte y así aclarar el panorama, sobretodo Neji que supo de inmediato que nos harías un gran problema por esto.

― Sakura, ya basta. ― le pidió Neji. ― El malnacido está arrepentido. ― Sasuke alzó la cabeza y los miró a ambos, con profundo pesar.

― Soy muy celoso. ― reiteró, avergonzado. Sakura sintió algo remecerse dentro de ella, al verlo tan abatido. ― Contigo mucho más.

― Eso no es mi culpa. ― le dijo Sakura. ― Yo no te he dado razones para desconfiar de mí.

― Me da miedo que alguien vea lo que yo veo en ti. ― dijo Sasuke.

― No seas imbécil, Sasuke. Sakura es tu chica y esa es la única cosa que yo veo en cuanto la miro. Además, me gusta su amiga. ― le aclaró. ― Y lo sabes.

― Sí, lo sé. ― Sasuke, ya resignado, se dejó caer sobre un sofá que había en el lugar. ― ¿Alcanzaron a conversar de lo que fuese que estuviesen conversando?

― Sí y alcanzamos a escaparnos a un hotel a tener mucho sexo. ― respondió Sakura, de manera mordaz. Sasuke se sintió herido, pero más por las estupideces de él que por las palabras de Sakura. ― ¿Quieres saber los pormenores? Puedo decirte en que…

― Basta, ya entendí que fui un completo imbécil. No es necesario que hagas leña del árbol caído. Me siento lo más estúpido que pisa la tierra. ― Neji le golpeó el hombro y Sakura lo odió por mostrar su preferencia.

― Es mi amigo. Por muy idiota que sea, tengo que defenderlo. ― la pelirosa asintió de mala gana. ― Iré a fumar un cigarrillo.

― Está Peter afuera. ― Peter era un rubio, alto de casi dos metros, que había cuidado a sus amigas en un concierto de Sasuke, mientras Sakura era sacada de ahí por amenazas de bomba. Ese rubio gigante, era el guardaespaldas de Sasuke, aunque siempre estaba en el anonimato, porque el moreno odiaba sentirse seguido. ― Llegó a los pocos minutos de que llegara yo.

― Pobre tipo. Anda detrás de un energúmeno. ― Lo molestó Neji, saliendo del lugar.

― Y en verdad eres un energúmeno. ― declaró Sakura cuando se encontraron solos en el lugar, cruzándose de brazos.

― Sucede que tú no sientes celos por mí. Me tienes muy seguro a tu lado. ― replicó herido, mirándola con frustración. Sakura abrió la boca ofendida. ― En cambio yo temo que te pueda gustar otra persona. Temo que tus sentimientos sean igual de volátiles que tú y me dejes de la nada. Yo seré el que terminaré desecho.

― ¿De verdad eres tú hablándome de penas de amor? Jamás en la vida, ninguna mujer te ha hecho sufrir. Yo tampoco quiero hacerlo, porque verdaderamente te amo. ― agachándose a su altura, lo miró fijamente. ― He luchado mucho por ti. Me he enfrentado a mi familia, a mi madre por estar a tu lado, ¿no ves eso?

― Sí, lo hago. ― Le dijo, tomándole las mejillas. ― Soy un idiota, que quiere ser tu completo centro de atención y que cada día se le hace imposible controlar todo lo que siente por ti. ― Sakura le sonrió levemente. ― No puedo decir cuán grande es lo que me provocas, porque ninguna palabra lo dimensiona, pero te aseguro que cada vez que despierto y veo tu rostro, me siento lleno de calor. Cada vez que me besas, mi corazón se dispara. Cada vez que me miras con tus ojitos verdes, siento que soy capaz de hacer una secta en honor a ti y que me tendría solo a mí como seguidor, sin permitirle a nadie mirarte con tanta adoración. Cada vez que me tocas o me sonríes, todo pierde sentido para mí y no necesito nada más para sentirme tranquilo. Cuando hacemos el amor, me siento más poderoso que cualquier hombre del mundo, mi amor. Más grande que cualquiera que puedas conocer. ― Sakura se lanzó a sus brazos a abrazarlo, con sus ojos rebosantes de emociones, pero de felicidad. Sasuke la acomodó contra él. ― Llegaste a mi vida como un huracán, a romperlo todo para armarme de nuevo. Tu amor me mantiene de pie y feliz. Toda completa me haces feliz de una forma que no te imaginas. Te pienso y te siento en cada minuto del día. No hay momento en el que no me atravieses en mi cabeza, donde no te vea toda linda solo para mí.

― Eres un tonto si crees que te dejaría o te cambiaría. ― Le dijo, sentándose en sus piernas. ― Te estás declarando. ― agregó, con gran sorpresa. ― Continua, por favor.

― ¿Qué más te puedo decir? ― le preguntó, besándole una mejilla. ― Me encanta tu olor, ¿te lo he dicho? ― Sakura asintió, sonriendo. ― Cuando te conocí y conocí tu genio, les dije a los chicos que compadecía al idiota que fuese tu novio a los 25 años. Ahora solo puedo pensar que ese hombre tengo que ser yo, porque nadie sabrá cómo hacerte feliz.

― ¿Me amas? ― Sasuke la miró fijamente, a punto de morderse el labio. ― Si no puedes responder, no lo hagas. Tus palabras me dejan claro que sientes muchas cosas por mí.

― Siente. ― le tomó la mano y se la puso en su propio pecho. Sakura escuchó el latido firme de su corazón, fuerte y seguro contra su mano. ― Mírame. ― la pelirosa miró los ojos azabaches de Sasuke. ― Te amo con toda mi alma, hermosa. Te pertenezco por completo y así será siempre.

― Sasuke… ― susurró completamente anonadada. ― Mi amor…

― Cada día confirmo más y más este sentimiento que me regocija más que cualquier otra cosa. En cuanto te vi y conocí a esa rebelde, me empezaste a gustar. Tus pequeños gestos, verte comer sushi, tus ojitos verdes llorando al sentirse frustrada, como buscabas mi protección, tus abrazos agradeciéndome que te llevara comida o cuando arreglaste mi celular roto, que ahora reposa a un lado del dragón de origami que me regalaste. Cuando nos besamos por primera vez, cuando te fuiste a Estados Unidos y compartimos momentos tan íntimos, cuando te pedí ser mi novia, cuando me enfrenté a tu madre… todo esas cosas. Esas mañanas donde te apegas a mi costado, desnuda como llegaste al mundo y me empiezas a besar el cuello, despertando todos mis instintos o cuando me haces esos pucheros, porque quieres algo y no sabes cómo conseguirlo. ― Sakura le sonrió, halagada y amándolo. ― ¿Cómo no te das cuenta que eres mi mundo por completo? Parezco imbécil tras de ti. Mira lo que hice ahora.

― Eres muy celoso. ― le reclamó Sakura. ― Si no confiamos en el otro, esto no funcionará.

― Hermosa, yo lo haré funcionar como sea, porque en lo que me resta de vida, jamás me separaré de ti. ― Sakura acercó sus labios para besarlo y Sasuke respondió apasionadamente como siempre. Sus lenguas se encontraron, sus brazos se volvieron sogas que sostenían al otro. ― Te amo, mi amor. ― le dijo al separarse. Sakura le mordió el labio inferior, para luego perderse en su cuello.

― ¿Ves que no era tan difícil decirme esto? Ahora me siento muy poderosa. ― Sasuke sonrió, como si hablar le hubiese liberado de un gran pesar. Ya no quedaban murallas entre ellos. Se habían dicho y entregado todo. ― Seré la mejor novia de la historia.

― ¿Qué no saldrá a tomar bebidas con mis amigos? ― Sakura levantó la cabeza, frunciendo el ceño. ― Es broma, molestia.

― En cuanto veas las fotos, verás que solo es una charla amistosa. ― le aclaró. ― Neji es igual de parco y lejano que tú.

― Más le vale que se haya comportado como un gran amigo. Soy capaz de rebanarlo si noto algo extraño. ― Sakura meneó la cabeza.

― Contigo no se puede, ¿verdad? Eres intratable. ― Sasuke se alzó de hombros. ― Dijiste que me amas. Debes confiar en mí.

― Y confío en ti, pero no en el resto. Neji es un idiota. ― Sakura quiso replicar, pero los labios de su novio la interrumpieron. ― Dime que me amas. ― le pidió el moreno. ― Tu carita declarándome amor es mi antídoto personal.

― ¿Te duele algo? ― le preguntó preocupada, pero se detuvo cuando lo vio sonreír y asentir con picardía. ― ¿Te duele esa parte que me está rozando desde que me senté sobre ti? ― Sasuke volvió a asentir, muy sonriente. ― ¿Cómo quieres que lo ayude?

― Con tu boquita. ― Sakura se puso roja de vergüenza y Sasuke no pudo aguantar la risa.

― ¡Oye! Eso lo dejamos para cuando estemos solitos, sin Morio y Kisame tras de mí. ― guiñándole un ojo, Sakura volvió a apoyar su cabeza en el hombro del moreno. ― ¿Qué hiciste desde que me dejaste acá? ─ le preguntó la chica.

― Alcancé a hacer una lista de las cosas que necesito para la pieza que usaré como estudio en la nueva casa. ― Sakura asintió. ― ¿Vamos a verla antes de la cena? Ese día estaremos más liberados. ― le propuso el moreno, acariciándole los muslos, mientras la otra mano le tocaba su cintura.

― ¿Me tendrás una habitación? ― Sasuke alzó una ceja, sonriendo chulescamente.

― Dormirás conmigo, en mi cama, como lo vienes haciendo desde que estamos juntos. ― Sakura sabía que respondería eso. ― Además, me extrañarás si no me tienes cerca.

― Ya sabes que soy muy regalona y tienes que darme todo lo que necesito. ― dijo Sakura, incorporándose en su regazo para mirarlo directamente a los ojos. ― Mi amor, tengo una gran duda. ― sus ojos se vieron algo confusos, como temerosos de preguntar lo que quería saber.

― ¿Qué pasó? ― preguntó Sasuke, frunciendo el ceño.

― ¿Cuánto tiempo estarás de gira? Recordé que cuando empezamos a grabar juntos, reclamabas que Itachi había reventado tu agenda para este año y entre esas cosas, estaba una gira con la banda en octubre. ― Sasuke bufó abatido. ― ¿Lo habías olvidado?

― Solo pienso en ti. ― le comentó, sin importarle dejarse en evidencia. ― Pero sí, tengo gira de octubre a diciembre.

― ¿Los 3 meses? ― Sasuke asintió. ― ¿Me puedo ir contigo?

― Tú entrarás a terminar tu último año de escuela, no te puedo llevar. ― le recordó, con pesar, porque llevársela de gira hubiese sido una grandiosa experiencia. ― Pero será solo por Asia y gran parte de Japón, así que no estaré tan lejos.

― Igualmente te extrañaré. ― le dijo Sakura. ― Será eterno.

― Haré hasta lo imposible por venir a verte cada vez que tenga espacio. Solo espérame.

― Nada de groupies, ¿me oíste? ― le amenazó, con mucha resolución. ― Nada de mujeres en tu camarín, ni hotel. Nada de mirar a esas feas que te quieren comer con papas fritas. ― Le advirtió la guapa chica, poniéndose seria. ― Si me entero de que una se propaso, viajo hasta allá para tirarle los pelos.

― Sabes que eso es muy común, igual que la ropa interior de regalo o las propuestas indecentes.

― Una semana antes de que te vayas, nos meteremos en una cama y no saldremos de ahí hasta dejarte tan saciado, que ni siquiera puedas mirar a otras chicas. ― le advirtió Sakura.

― Y yo soy el celoso. ― murmuró Sasuke por lo bajo. ― Igualmente no te dejaré sola 3 meses. Nunca te descuidaría de ese modo. ― le aseguró el moreno, mirándola fijamente. ― También necesito de ti.

― ¿Cómo lo hacías con Fuka? ¿También viajabas a verla? ― preguntó Sakura, algo insegura.

― ¿De verdad quieres que te responda eso? ― La pelirosa lo sopesó un segundo muy largo y luego asintió, pero le puso una mano en los labios, para darle una acotación.

― No me des detalles de lo que hacían. ― Le pidió, con sus ojos verdes fijos en él.

― Bueno, con ella a veces viajaba a las giras, pero generalmente nos encontrábamos en alguna parte. Coincidió que nuestra relación se dio cuando yo me quería hacer conocido en Estados Unidos y como ella trabajaba allá, no nos era problemático encontrarnos. ― le contó, tranquilamente.

― ¿Sabes? Ya no siento celos al pensar en ella, aunque una parte de mí sigue sintiendo que te arrebaté de su lado. ― Sasuke hizo una mueca. ― ¿Nunca estuviste con las dos al mismo tiempo?

― Ni siquiera podría pensarlo. En cuanto entraste a mi vida, yo dejé de pensar en Fuka y sentir lo que sentía por ella. ― Sakura le sonrió, cautelosamente. ― Yo no quería dejarla… necesitaba mantenerme lejos de ti y mi única barrera era ella, pero en cuanto comenzaste a acercarte más a más, me fue imposible no buscarte y tenerte. Sé que merecías algo mejor, pero no te pensaba ni pienso dejarte escapar.

― ¿No la extrañas? ― le preguntó, inquisitivamente.

― No. También fue de su parte que nos separáramos. Comenzó a volverse alguien que no reconocía y eso no me gustaba. ― le confesó el moreno. ― ¿Podemos dejar que mi relación con ella quede en el pasado?

― Bueno, mi amor. Tampoco quiero hablar más del tema. ― le aclaró. ― Solo quiero harto amor del más perfecto de todo el mundo.

― Cuando no estás enojada, eres muy melosa. ― La molestó Sasuke, pero feliz de estar regaloneando con ella muy pegada a su lado.

El silencio se hizo parte de ellos, donde solo el sonido de leves besos en los labios o mejillas, lo interrumpían. Sasuke aprovechó esa tranquilidad, para sacar su celular y mirar los mensajes. Había uno de de Neji, preguntándole si ya estaba todo bien. Le contestó de inmediato, con un dedo hacia arriba.

― Pobrecito, debe estar asándose allá afuera. ― le dijo Sakura. ― Tienes más mensajes ahí. ― Le señaló, viéndolo bajar a través del whatsapp. Había muchos mensajes sin leer de números sin agregar. ― ¿Y eso?

― Gente que se consigue mi número y me habla. ― le respondió, tranquilamente.

― Pero mira, ahí te habló Erika. Nuestra compañera de trabajo. ― Sasuke enroló los ojos. ― Quizás es algo que tiene relación con la película.

― ¿Quieres ver lo que me dice? ― Sakura aceptó, mirando fijamente el celular. Al abrir la conversación, se encontró con invitaciones.

Sasuke, haré una fiesta en mi casa. Será poca gente, ¿te gustaría venir? Estaré esperando tu respuesta.

Hola, Sasuke, tengo entradas a un concierto de rock, pensé que te podría gustar ir. Avísame.

Holaaa! ¿Cómo estás? ¿Quieres ir por un trago después de las grabaciones? Hay un nuevo bar a la vuelta del set y es fabuloso. Me avisas.

― Vaya, de verdad quiere salir contigo. ― Dijo Sakura. ― ¿Y nunca le respondes?

― Jamás abro sus mensajes. ― rectificó Sasuke. ― Hace algunos años, su manager se comunicó con Itachi, para agendar una cita. Yo me negué, porque no me interesaba e Itachi lo encontró demasiado falso.

― Es muy falso, pero quizás a ella le gustas. ― Elucubró la chica. ― Como sea, no saldrán juntos.

― Lo tenía más que claro. ─ respondió el moreno.

― Les trajimos bebidas. ― dijo Tenten, entrando al lugar. ― Y muy heladas, para calmar el ambiente caldeado… ¿Neji?

― Estaba fumando allá abajo. ― le respondió Sakura, sin levantarse de donde estaba.

― No lo vi. ― dijo Tenten, apenada. ― Puede que se haya ido.

― No lo creo. Allá viene. ― le dijo Hinata, mostrando su dedo a su primo que venía entrando. ― Neji, te trajimos un jugo.

― Gracias. ― respondió, tomando la botella y sentándose a un lado de Sasuke y Sakura. ― ¿Todo bien?

― Sí. ― respondió escuetamente Sasuke. Sakura quería celebrar con sus amigas las palabras de Sasuke y chillando gritó.

― ¡Por ahí alguien me dijo que me amaba! ― Todos se quedaron callados, hasta que Tenten estalló en vítores. Hinata sonrió abiertamente e Ino meneaba la cabeza. Neji sonrió de medio lado, palmeándole el hombro.

― Te compadezco. ― le dijo el pelilargo. ― Estás jodido.

― No te admires mucho. ― le respondió Sasuke, señalándole a la castaña que miraba a Sakura con infinito amor, casi maternal. ― Vas por las mismas.

Neji no pudo negarlo. Y tampoco quería.

Sasuke se entretuvo mirando a Sakura probarse zapatos, mientras conversaba tranquilamente con el pelilargo.

― ¿No me vas a decir que te pidió Sakura? ― le preguntó por octava vez el Uchiha.

― No, y no insistas. ― le respondió Neji, ignorando a su amigo. ― Me caías mejor cuando eras tan arrogante, que ni siquiera te importaba lo que dijeran los demás de ti.

― Y me sigue sin importar, pero Sakura es mi novia y quiero saber qué es lo que le falta.

― No le falta nada, ¿no te basta con eso? ― Sasuke negó. ― No es carencia de algo, sino una necesidad de… como sea, no te diré. ─ sentenció el pelilargo.

― ¿Por qué no? ― insistió Sasuke. ― Dime.

― No, y basta de humillarte. ― le exigió. ― Solo deja que fluya y verás de lo que te hablo.

― Traidor. ― masculló el Uchiha menor.

― Lo que quieras, pero ahí vienen las chicas, así que cállate. ― volvió a mirar a Tenten y la castaña le señaló sus pies.

― ¿Te gustan?

― Sí. Están lindos. ― respondió, como típicamente respondían los hombres, sin tener idea de moda ni combinaciones.

― Ponte de pie. ― Neji lo hizo. ― Sigo viéndome más baja que tú. ― le llegaba a la punta de su nariz. ― Pero me encantan estos zapatos y quedarán tan bien con mi vestido y blazer.

― Entonces déjatelos. ― Sonriente, la chica aceptó su sugerencia.

― Yaaaa… estoy muerta. ― dijo Sakura, tallándose los ojos. ― ¿Vamos a casa? ― le dijo a Sasuke, quién se levantó, parándose a su lado.

― ¿Encontraste zapatos? ― la chica hizo un gesto con la cabeza, afirmando, para luego apoyarse en el pecho de Sasuke, buscando un abrazo. ― Ino, ¿te vas con nosotros?

― Voy donde tu hermano. ― Sasuke lo sabía. ― ¿Me pasas a dejar?

― Sí. ― Escueto como siempre.

― Yo me llevo a Hinata y Tenten. ― dijo protectoramente el Hyuga, tocando con delicadeza la cintura de la chica.

― Pero primero debo ordenar. ― dijo la castaña.

Todos se pusieron manos a la obra y en 10 minutos dejaron el local muy presentable.

Tenten se metió en el cuarto donde se habían cambiado y salió con 4 cajas.

― ¿Los vestidos? ― preguntó Sakura. ― No te lo pienso mostrar, Sasuke, así que no insistas. ― Le dijo, aferrándose a la caja como tabla salvavidas.

― No iba a insistir. ― bromeó el moreno, sonriente. ― ¿Listas? ― le preguntó a Sakura y su cuñada.

― Sí, por fin. ― respondió Ino. ― Nos vemos el sábado. Los espero a todos muy bellos. ― corriendo a besar a sus amigas, incluido a Neji, tanto Sakura como la rubia salieron. Sasuke fue más cauto y con un movimiento de cabeza y un golpeteo de manos con Neji, se despidió.

Ya llegados a la casa, Sakura y Sasuke comieron algo liviano, se bañaron rápidamente juntos y se metieron a la cama, desnudos.

La pelirosa estaba sobre él, besándolo como si se le fuese la vida en eso. Sasuke acariciaba el contorno de su cuerpo, con suma delicadeza.

― Te amo, mi amor. ― Le dijo la chica, apretándose contra el cuerpo fuerte del moreno. Sasuke la volteó, quedando sobre ella y sonriendo.

― Yo te amo más. ― la molestó, perdiéndose en ella.

Fueron horas de entrega y pasión, que culminaban con ambos gritando o jadeando sus nombres entre dientes.

― Yo creo que deberíamos crear nuestro propio Kama Sutra. ― Sasuke aceptó, sonriendo y mirando el techo. ― Siempre hacemos cosas diferentes.

― Y me siento más que pagado por eso. ― aseguró chulesco.

― No espero menos de ti. ― guardando silencio, suspiró. ― Dormiré.

― Ok, yo velaré tu sueño. ─ susurró Sasuke.

Sin embargo, solo puedo velarlo 10 minutos, antes de caer rendido.

Luego de un día de tantas emociones, dormir los recuperaría por completo. Y como siempre, sus sueños se compenetraron. Se veían juntos y felices.

12.

― ¿Estás seguro que puedo elegir lo que quiera y ponerlo acá? Podría tomarme muy a pecho esto y mi gusto es mucho más colorido que tu frío y metálico estándar. ― Sasuke volvió a aceptar con la cabeza. ― Me encanta que la habitación tenga un ventanal tan grande.

― De noche se ve toda la ciudad, como si estuviera a nuestros pies. ― le comentó el moreno, parándose a un lado de la puerta de entrada. ― Ese de ahí es un ropero gigante.

Sakura fue hasta ahí y abrió las dos puertas, encontrándose con un cuarto que era del porte de su anterior casa, antes de llegar a Tokio.

― Esto es gigante. ― dijo abrumada, adentrándose para encontrarse con ella misma replicada en muchos espejos. ― ¿Eso es para los zapatos?

― Sí, y ahí irían las corbatas. ― le comentó el moreno, mirándola expectante. ― ¿Te gusta?

― Me encanta, mi amor. Esto es mejor de lo que pensaba. ― le respondió, abriendo los brazos. ― Podría tener toda la ropa que quisiera.

― Esa es la idea. ― le dijo el Uchiha, sentándose en un pequeño buro que había en medio. ― El sector de allá es para que tengas tu maquillaje y ese tipo de cosas que te echas ocasionalmente.

― El dinero no da la felicidad, pero si provoca orgasmos visuales. ― Sasuke sonrió cansino, acostumbrado cada vez más a ese humor fuera de lugar. ― ¿Cuántas habitaciones tiene esta mansión?

― Creo qu baños. ― Sakura abrió la boca incrédula. ― Hay un salón de juegos para cartas, póker o Ping pong, sala de grabación, piscina temperada bajo la casa y otra que estará afuera y dará la sensación de encontrarte en un precipicio, porque tendrá una cascada que caerá en el borde. Empezarán a construirla en un par de semanas.

― ¿Cocina, cuarto de estar, comedor? ─ preguntó Sakura.

― Dos comedores grandes, una cocina completamente equipada. Una sala de videojuegos, consolas y otra para ver televisión. En el sótano, también hay una sala de cine, aunque solo para 20 personas.

― Solo para 20… ― murmuró Sakura, bromeando con la cantidad de gente y que él hacía ver como si fuese muy poca. ― ¿Y qué más hay en esta majestuosidad?

― Un salón de pool, con juegos de maquina y un patio amoblado para disfrutar de una grandiosa barbacoa. ― Sakura seguía mirando todo con profundo asombro. No dejaba de sorprenderle el nivel adquisitivo de su novio. Su celular, un IPhone 8, hablaba de eso. Apenas había salido, exclusivamente él se lo había regalado. Cuando Sakura le preguntó porque él no cambiaba el suyo, respondió que ese era el que ella le había regalado a él con su esfuerzo y lo hacía su teléfono favorito.

Cuando Sasuke se lo proponía, era verdaderamente un osito cariñosito.

― Debes de estar invirtiendo mucho. ― le dijo, sonriendo algo alelada. ― Tiempo y dinero.

― Desde pequeño quise la casa de mis sueños. ― le contó. ― Siempre viví en mansiones, pero más gregorianas, que hasta el alcantarillado era antiguo. Yo quería algo más moderno, que con un panel maneje todo. Y a pesar de estar alejado de la ciudad, mi trabajo queda todavía cerca y eso es invaluable. Puedo vivir en un pequeño campo, con mucho espacio e ir a trabajar con la tranquilidad de que siempre llegaré a mi cama a dormir. Además, aquí se respira un aire más limpio y las verjas que protegen el lugar, impiden que los paparazis y busquillas nos molesten.

― No tengo duda de eso. ― saliendo del ropero gigante, llegaron a la habitación nuevamente. ― Podrías poner la cama aquí, pero no con los pies hacia la ventana, ni tampoco el respaldo, sino que, de lado, para poder sentirte cercano a la ciudad.

― Podemos. ― corrigió. ― Quiero que te vengas a vivir conmigo acá. ― le propuso, aunque sonó más como orden.

― Sasuke, sabes que sigo siendo menor de edad y a pesar de que paso mucho en tu departamento, todavía vivo en el mío, para protegernos.

― La casa estará terminada en unos 6 meses más. Entre que la decore, encuentre todo lo que me gusta y la haga utilizable, puede pasar otro par más. ― explicó el moreno. ― Es muy probable que ya tengas tus 18 años.

― ¿Y si no estamos juntos? ― Sasuke alzó una ceja. ― Es una mera pregunta, por si acaso.

― Si no estamos juntos me vendré a vivir igual acá. ― le respondió, frunciendo el ceño. ― ¿Por qué dudas de nosotros?

― No lo pongo en duda, bruto. Yo te amo y tú me amas, pero como tenemos genios irascibles, es muy probable que a lo largo del año sigamos peleando y eso conlleve en que odiarás ver mi mano en tu mansión. Te recordará a esta chiquilla hermosa. ― se alabó la pelirosa, sonriente. Sasuke meneó la cabeza.

― No te voy a dejar, Sakura. ― le afirmó, con impulsivo énfasis. ― Arreglaré todo para quedarme siempre contigo.

― Es lo mínimo que esperaba. ― bromeó la chica, estirando los labios para ganarse un fogoso beso. ― Wow, me dejas loca.

― Y espero tenerte en ese estado por lo que te resta de vida. ― Sakura le mordió el mentón y se balanceó contra él, bailando vals. ― Hoy es la fiesta.

― Pero todavía quedan algunas horas, así que no nos desesperemos.

― ¿No te quieres arreglar? Las mujeres se vuelven seres intratables cuando quieren verse bellas. ― Sakura siguió meneándose, con una sonrisa gatuna.

― Bueno, yo me veo bella siempre, así que no me desesperaré por ir a arreglarme. ― Sasuke le dio la razón. Solo ella era capaz de echarse una capa de rímel, un brillo de labios y parecer de revista. Su carita con pequeñas pecas y libre de imperfecciones, le parecía un lienzo para sus labios. ― ¿Me crees bella?

― Eres la más hermosa que pisa la tierra. ―le respondió regalón, apretándose contra ella para meter su rostro en el cuello de la chica. ― Y hueles mejor que nadie.

― Es que yo me baño. No como tú. ― lo molestó, riéndose cuando le dio un suave beso en el lugar. ― Que seas reptiliano no quiere decir que el baño se prescindible. Ya te he dicho que hay que bañarse todos los días.

― Si me baño, se me va tu olor y marcación personal. ¿Quieres que otras me huelan? ― Sakura se separó y lo miró fulminantemente. ― Ves.

― A la que pille oliéndote, le corto la nariz. Solo yo puedo tener tu olor grabado. ― Sasuke riendo, la abrazo todavía más fuerte, muy enamorado de su pequeña.

― Como tú digas, Sakura. ― riendo, se separaron y bajaron al primer piso, todavía lleno de tablas, cemento y un olor a construcción sin terminar. ― Tengo que llamar a Itachi. ― recordó el moreno, sacando su celular.

Sakura siempre disfrutaba de ver su rostro en la imagen principal del celular de Sasuke.

― Salgo tan bella en esa foto. ― dijo la chica, sonriente. ― ¿Te gusta?

― La tengo de antivirus, para espantar monstruos. ― Sakura hizo un mohín herido. ― Es broma, preciosa. Sales perfecta. ― abrazándola por los hombros, marcó el número de su hermano. ― Itachi.

El día que me saludes de forma cortes, me iré de trasero. ― dijo el pelilargo desde el otro lado. ― Tu esmoquin te está esperando en casa. ¿para eso me llamabas?

― Sí, además de que quiero que me lleves la moto a la concesionaria. Está algo floja y tiene un sonido extraño.

Porque no la usas. ― Le hizo ver con obviedad su hermano mayor. ― Ocúpala dos veces por semana y volverá a ser lo que era. Tienes una moto espectacular guardada en tu garaje, ¿no te da vergüenza?

― No puedo ir al set en moto, porque siempre me llevo a Sakura. Además, que a ella le causa inseguridad que me suba en la motocicleta.

― ¡Puede caerse! ― gritó la chica, para que Itachi le escuchara.

Y cuando te revisen en la clínica, descubrirán que eres el único ser humano que tiene la cabeza más dura que el granito. ― bromeó el Uchiha mayor, sonriendo. ― Dile a Sakura que eres el tipo más duro del mundo, y que tienes una imagen que vender. Si tus fans se enteran de que no te subes a tu moto porque a tu novia le da miedo, serás el hazmerreír de todos.

― Solo quiero que Sakura se sienta segura y si ella me dice que algo no le agrada, ¿Para que buscar la pelea? Ahora como hombre enamorado, deberías saber qué hay que actuar de cierta forma con tu chica.

¿Dijiste hombre enamorado? ¿Estas reconociendo que te encuentras enamorado? ― preguntó incrédulo Itachi.

― Creo que es bastante obvio que estoy enamorado. Tú me lo vienes diciendo y restregando en la cara desde que Sakura llegó a mi vida. No te hagas el desentendido ahora. ―Itachi sonrió realmente complacido.

― Cuñadito, tu hermano me dijo que me amaba después de un ataque de celos… ― intervino Sakura, pero una mirada amenazante la hizo detenerse, largándose a reír por eso.

Hasta que se lo dijiste, ¿eh? Ino me había comentado algo, pero pensé que eran percepciones suyas. Ahora veo que estaba hablando de una realidad y algo textual. ― Sasuke gruñó, odiando a la familia y novia que tenía. Eran todos unos alcahuetes.

― No estoy para que se burlen de mí, así que ahórrense este momento de mofa. ― Les dijo a ambos, aunque Sakura no lo tomó muy en cuenta y se limitó a abrazarlo por la cintura, como una chica enamorada. ― ¿Cuándo irás a buscar la moto?

Mañana, le pediré a Peter que la lleve. Yo haré el contacto por teléfono. ― Sasuke aceptó, apoyando su nariz en el cabello rosa de Sakura y acariciándole la espalda con la mano libre. ― ¿Algo más que necesite el Rey de Japón?

― Por ahora no. ¿Sabes la lista de invitados que tendrá el evento? ― preguntó Sasuke, todavía repartiendo caricias por la espalda de la chica.

No. Kiba ha mantenido todo en el máximo anonimato. Dice que no quiere que nadie le prohíba hacer lo que él quiera un día tan importante. ―Explicó Itachi. ― Se justifica en que no ha necesitado de mi ayuda en nada y que él se preocupará de la seguridad del lugar, junto con la protección a todos sus invitados. Igual tendrás dos guardaespaldas, por si acaso.

― ¿Dos? Creo que con Peter basta.

No tranzaré con esto, Sasuke. Sé que sabes librarte fácilmente de ciertas situaciones, pero tengo entendido que la prensa ya se enteró del evento y estarán afuera, esperando encontrarse con una exclusiva, además de los fans que también llegarán. Quiero protegerte a ti y a Sakura. Sabes lo grave de su situación. ― Sasuke aceptó tales razonamientos. Por proteger a Sakura, cualquier cosa era necesaria. No dejaría que la lastimaran. ― ¿Algo más? Estoy ocupado e Ino me tiene con estrés, porque no me deja ver como se ve, pero me exigió que mi corbata tenía que combinar con su traje.

― Nada más. Respondió Sasuke, riendo bajito. Llevaré a Sakura a casa, para que también se cambie. ― cortando, Sasuke le tomó la mano a su chica y se dirigieron al auto, pero antes, Sakura paró en medio del camino y miró todo el paraje del lugar.

― Es realmente hermoso. ―murmuró abstraída. ― Me acostumbraría muy rápido a vivir acá. Podríamos tener un muelle pequeño, para bañarnos en el lago que veo ahí atrás.

― Por eso elegí este lugar, porque añoraba tener un lago, muy parecido al que conocí cuando grabé una película en Estados Unidos.

― "Remember". ― contestó Sakura. ― Cuando trabajaste con Sean Penn y eras el hijo del medio.

― El que muere ahogado, pero al final no estaba muerto. ― complementó Sasuke, sonriendo. ― ¿Te sabes toda mi filmografía?

― Hubo una época que amaba todo lo que hacías. Después se me pasó cuando conocí a otro actor que también me encantaba. Y todavía me encanta. ― A Sasuke se le acabó la sonrisa y frunció el ceño. ― No te irás a poner celoso de un amor platónico.

― Yo también era tu amor platónico y ahora soy bastante real. ― corrigió él, mirándola ceñudo. ― ¿De quién se trata?

― Es viejo. ― aclaró la chica, levantando un dedo. ― Y para la premiación de los Oscar's, apenas lo vi dos segundos.

― ¿Quién? ― exigió el moreno.

― Tom Hank. Le amo. ¿has visto sus películas? Son lo máximo. ― Sasuke sesgó la mirada, sin creerle del todo. Sakura, rendida y sabiéndose observada, prefirió decir la verdad. ―Ok, es Christian Bale. Lo encuentro muy guapo, interesante y tiene una buena trayectoria. Me bajó el amor por él cuando vi su primera Batman, junto a Christopher Nolan de director. Todavía las veo y me estremezco.

―Es un buen actor, pero muy malas pulgas. ― le comentó Sasuke. ― Yamato trabajó con él y era bastante complejo satisfacerlo. Aunque eso no quita que sea un genio dentro de la actuación.

― Si algún día lo conozco y tengo el tiempo de acercarme, no escatimaré en gastos para conseguir un autógrafo y tú me servirás de nexo, ¿me oíste? ― Sasuke asintió, resignado. ― Vamos, debo cambiarme.

― Eres muy mandona, ¿te lo he dicho? ― Sakura solo sonrió. ― Y yo soy el bruto que lo acepta.

― Me amas, cariño. Por eso me aceptas todo. ― mostrándole la lengua, se montó en la Ranger Rover y esperó impaciente que el moreno se subiera.

― Vamos a mi departamento, ¿verdad? ― Sakura asintió, buscando sintonizar la radio. ― ¿También tienes el maquillaje ahí?

― Tengo todo en tu departamento. Parece que me hubiese cambiado con maletas y todo. ―bromeó la chica. ― Todo era para pasar el invierno tan frío que tuvimos. ― continuó bromeando, sacándole una sonrisa al moreno, que ya había hecho partir el carro. ― ¿Tú que harás?

― Me daré una ducha. ―le comentó, pendiente de la calle que transitaban. ― Solo eso.

― Tienes una maldita genética que no te obliga a ponerte guapo como al resto de los mortales. ¡Naciste casi perfecto! Y digo casi, porque tus celos son tu peor faceta y la he conocido tan de cerca... ―el moreno gruñó. ― No puedes negarlo.

― Y no lo niego. Intento controlarlo. ― Sakura bufó. ― Dije que lo intentaba, no que lo lograba.

― Tus intentos son peores que mis avances en ingles. ― el sarcasmo no fue agradable para Sasuke. ― Como sea, de ahora en adelante serás menos celoso, ¿verdad?

― Sí.

― No te creo.

― ¿Empezaremos una discusión por nada? ― le preguntó Sasuke, buscando de ese modo conseguir detener cualquier problema. Y extrañamente, lo consiguió. Sakura guardó silencio y le tomó la mano, para entrelazar sus dedos.

Sasuke se dio pagado por eso y disfrutó de manejar, teniendo sus manos convertidas en una y oyéndola tan cerca. Sakura tarareaba una canción que sonaba en la radio y miraba hacia afuera, para luego mirarlo a él, quedarse atontada dos segundos y volver su vista afuera, esperando que el moreno no la descubriera. Pero se equivocaba. El moreno era perspicaz, y sabía que la chica estaba pendiente de él y de lo que estaba haciendo, así que, en un semáforo, aprovechó el rojo y le dio un largo beso en su mejilla, para luego buscar su boca y chocar sus labios en un corto beso.

― ¿Y eso? ― le preguntó la chica, azorada.

― Me nace besarte. ― Sakura le sonrió, enamorada y le besó la nariz.

20 minutos más tardes, subían por el ascensor del lugar, felices a pesar de haber estado en un atochamiento por largos momentos.

― Espero que no te demores 6 horas en acabar. Son la las 8 tenemos que estar en la cena.

― Necesito una hora y media para estar lista, así que antes ya sabes lo que quiero. ― Sasuke alzó una ceja. ― No te hagas el que no entiendes.

― ¿Quieres sexo? ― Sakura hizo una mueca y se amurró, saliendo del ascensor. Sasuke la siguió de cerca, pero sin tocarla y riendo al verla enfurruñada.

― Yo no tengo sexo contigo. Hago el amor. ― le rectificó, metiéndose en la sala y comenzando a sacarse la ropa. Sasuke se metió las manos en los bolsillos, para disimular su rápida erección y la miró deshacerse de cada una de sus prendas. ― ¿O lo vas a negar, Sasukito? ―le preguntó, provocativamente.

― No podría. ― respondió sucinto, haciendo que una leve sonrisa asomara en su boca y llegara a sus ojos. ― ¿Puedes continuar desvistiéndote? Me estoy deleitando.

― ¿Te gusta lo que ves? ― Sasuke asintió, moviendo la cabeza hacia un lado, para buscar otro ángulo. La luz solar de la tarde entraba por los grandes ventanales y se reflejaba en la piel fresca y expuesta que iba dejando la guapa chica. ― Comienza a hacer calor, ¿no crees?

― Creo que estás hablando mucho. ― Sakura, repitiendo el patrón, se sacó el pantalón lentamente, quedando solo en ropa interior. ― Esto me gusta demasiado.

― ¿Tanto que te unirás a mí y ambos nos sacaremos la ropa al mismo tiempo? ― Sasuke negó. ― ¿Por qué no?

― Es mi show privado. No quiero interrumpirlo con el mío.

― A mi no me molestaría. ― le dijo la chica, comenzando a jugar con el broche de su sostén. ― Podrías hacer esto con tus dientes.

― Por la noche ocuparé mis dientes. Ahora solo quiero verte a ti haciéndolo. ― Sakura se alzó de hombros y poniéndose de espaldas a él, se sacó el sostén. Sasuke se sintió colmado y caminó hasta ella, interceptándola por sorpresa. Sakura pegó un leve gritito, pero rió cuando la boca del moreno hizo contacto con su piel del hombro, mientras sus manos se perdieron en sus senos.

Rápidamente todo el mundo se volvió en millones de explosiones coloridas que le hicieron reventar los sentidos. Apoyada contra el gran vitral, se dejó poseer y disfrutó de ello como si se le fuese la vida en ello.

Casi media hora donde cualquier indicio de cordura quedó relegado al final de sus cerebros, se detuvieron frente al mundo e hicieron el amor, olvidando todo.

― Amor. ― le llamó Sakura, mientras seguían acostados a lo largo del sofá, donde cayeron después de un orgasmo demoledor. ― Debemos ducharnos.

― Vamos. ―le dijo el moreno, mientras seguía abrazado a su espalda, sin dejarla moverse. Sakura sonrió tiernamente.

― Deja que me ponga de pie. ― le pidió, risueña. Sasuke apenas la soltó, ignorando por completo su llamado. ― Vida mía, si no me levanto ahora, no llegaremos a la cena y sabes que tendremos un gran embrollo por culpa de eso. ― El moreno a duras penas aceptó y cansino, se despegó de su cuerpo. Sakura se levantó rápidamente, cayendo de trasero sobre el sofá al sentir un fuerte mareo. ― Me puse de pie muy deprisa. ― Justificó al ver la cara de espanto del moreno. ― Ni se te ocurra meterte te a la ducha conmigo, Sasuke. ― amenazó la chica, antes de correr a bañarse.

Sasuke se quedó largo tiempo acostado sobre el sofá, completamente desnudo y sin importarle estar así. Al fin y al cabo, la casa la tenían sólo para ellos dos y nadie importunaba, a menos que fuese Naruto o su puto hermano y ambos tenían la gran dicha de conocerlo sin nada encima. Dicha maravillosa, pensó Sasuke. Eran tan cercanos a él que no le importaba nada.

Sonriendo luego de eso, se puso de pie y buscó su celular, que había vibrado contra el suelo. Esperando encontrarse con algún mensaje sin sentido, lo desbloqueó, tranquilamente, como si nada lo alterara. Pero su sonrisa se congeló en el acto, sacándolo de su estado de letargo y profunda satisfacción.

Mamá también fue invitada a la cena. Ten cuidado.

Itachi le advertía de un gran problema. ¿Qué mierda haría?

― Es hora de enfrentarlo. ― pensó con madurez. Ya no era un niño que debía esconderse. Ni siquiera cuando niño escondió lo que hacía. Nunca se avergonzó de nada y no rompería esa tradición, mucho menos para hacer sentir menos a la mujer que más había amado y amaba en su vida. Sakura no merecía ese tipo de desplante y menos de su parte.

― ¡Amor! ― le gritó. ― Te estoy llamando hace rato y no me escuchas. ― le reprendió la chica, tapándose con una pequeña toalla. ― ¿Qué haces ahí desnudo? ¿Le pasó algo a la ducha de invitados? ― Sasuke la miró dos segundos, recapitulando en su cabeza y le sonrió después de un rato.

― Mi madre también va a la cena. ― Sakura frunció el ceño. ― No quiero esconderte, quiero que te conozca.

― Pero, Sasuke, sabes que no se lo tomará bien. Recuerda que antes de que empezáramos, tuviste una charla con tu padre, donde evidenciaba que no le agradaba para ti.

― Tengo casi 26 años. No voy a permitir que decidan por mi. Yo estoy muy seguro de lo que siento y también sé lo que tú sientes. Habíamos postergado este momento, pero ya no se puede seguir así. ― resoluto, solo como un Uchiha podría encontrarse frente a una situación así, la tranquilizó, achinando sus bellos ojos. ― A mi madre le encantarás, y si eso no sucede, pues tendrá que aguantarse. Ya te lo dije Sakura: No te pienso dejar. ― la efusiva declaración de intenciones, fue como un tónico calmante para su alma. Regalándole una sonrisa llena de promesas, Sakura se acercó y le besó los labios.

― Te amo, mi amor. Nos enfrentaremos a esto. ― un último beso y un leve empujón para separarse. ― A bañarse.

― ¿No podemos…? ― Sakura negó de inmediato y se corrió de su agarre, en caso de que quisiera pillarla. ― Ok, ya entendí.

Sakura lo vio ir apenado y sonrió tiernamente. Cuando lo miraba, siempre se veía al hombre fuerte, resuelto, al actor de renombre y músico reconocido a nivel mundial, pero en la intimidad de su hogar, cuando las luces se apagaban, era un simple hombre, con problemas, emociones, muy territorial y que demostraba cada uno de sus sentimientos de manera única, sin permitir que nadie lo sobrepasara. Tener la dicha de conocer ambas caras, la hacía sentirse única.

Sin embargo, no era momento para divagar sobre las diferentes facetas de su novio y cuál de todas la hacía más feliz. Al fin y al cabo, de todas estaba enamorada.

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Sasuke se posó frente al espejo y se miró largamente. No era un reconocido presumido, pero tenía que aceptar que vestido de smoking se veía muy guapo. Además, su pelo recién lavado, caía distraído sobre su frente y el largo que poseía, le pasaba el cuello de la chaqueta, haciéndolo ver como un galán latino o pirata rebelde. Sonriéndole a su reflejo, se pasó la mano por las mejillas y mentón. Estaba algo barbón, pero no tanto como para estresarse. Era barba de algunos días, que un poco de orden, se vería bastante bien. Sakura ya le había dicho que se veía muy sensual con ella, así que quitarla no estaba en sus planes.

― Si me veo fea, no me digas. ― le pidió. Sasuke se iba a voltear, ya algo impaciente por llevar tanto tiempo sin verla.

Cuando quiso meterse a su habitación a ponerse su traje, la había pillado solo en pantaletas y zapatos de tacón. Con un solo gesto, lo echó y desde dentro de la habitación le gritó que no quería que la viera hasta que estuviera completamente lista. Agotado, aceptó.

No obstante, ya mucho había aguantado, así que apenas escucho su dulce voz, se giró rápidamente, encontrándosela toda cohibida, dentro del lindo vestido. Cuando levantó la mirada, se encontró con sus ojos verdes, maquillado de forma simple, pero que hacían destacar lo grandes que eran y ese color tan característico que poseía. Su boca estaba roja y apetecible. Su peinado era simple: dos trenzas a los lados que se unían detrás de la cabeza, como una delicada corona por detrás. El resto del pelo caía levemente ensortijado sobre sus hombros y parte de su espalda.

― Te ves… preciosa. ― murmuró, algo abstraído. ― Muy hermosa.

― ¿No lo dices porque me quieres y sabes que herirás mis sentimientos si comentas lo contrario? Puedes ser sincero. No quiero ser el hazmerreir de todos allá y menos parecer un adefesio frente a tu madre… ― su diatriba quedó interrumpida por dos dedos de Sasuke, que todavía atontado, se había acercado a ella para observarla desde más cerca.

― Ninguna mujer, en ninguna parte, se te podrá comparar. Eres realmente preciosa.

Sakura aceptó su piropo como la tonta enamorada que era y cerró los ojos, disfrutando de su perfume. Al abrirlos, quedó de una pieza al ver a Sasuke mucho más cerca de lo esperado y con su mirada completamente excitada.

― Sasuke, no. ― le advirtió la pelirosa, con mirada encendida y corriéndose del lado de su novio, quién ya vestido y completamente apetecible, se paró frente a ella, en busca de un beso. ― Me acabo de maquillar y tengo los labios muy bonitos pintados. Es rojo matte.

― ¿Y? ― quiso arrinconarla, pero Sakura fue más rápida y corrió de su agarre, riendo. ― Dame un beso. ― le exigió el moreno, jugueteando a pillarla, mientras Sakura escapaba.

― Vas a quedar con los labios rojos. ― le hizo ver la chica, escondiéndose detrás del sofá que tenían en el departamento. ― Estoy hablando en serio. ― dijo Sakura, intentando no sonreír ni menos reírse, porque le daba más pie a que siguiera atosigándola.

Sasuke, que no se iba a rendir tan fácil, volvió a hacer un movimiento rápido para cazarla, pero Sakura, con un grito, saltó hacía otro lado, riendo sin parar. Parecían dos niños pequeños jugueteando a pillarse, sin importar lo trajeados y bellos que se veían.

― Es un simple beso. No te meteré la lengua. ― aseguró con infinita que fe, cosa que hizo dudar Sakura quien lo miró escéptica.

― Siempre dices lo mismo y terminamos haciendo el amor. ― Le recordó la chica, escondiéndose tras otro sofá. ― Hoy no podemos llegar tarde y no tengo tiempo para arreglarme el cabello ni el maquillaje de nuevo. ― Sasuke sonrió de medio lado. ― ¡Sasuke, ni siquiera me escuchas! ― Le reprochó la pelirosa, alejándose lo más posible de él. ― Mal novio.

― ¿Soy un mal novio por pedirte un beso? ¿Acaso quieres algo más? ― le preguntó sugerente. Sakura enrojeció y perdió la concentración, siendo atrapada en el acto por el moreno, que, aferrándose a su cintura, comenzó a besarle el cuello.

― Mi amorcito, por favor. ― Sasuke levantó la cabeza, para mirarla como si le hubiese salido otro ojo. ― ¿Qué pasó?

― ¿Mi amorcito? Eso es el colmo de cursi. ― la molestó, para luego ir en busca de sus labios, pero Sakura lo esquivó, poniendo la mejilla. ― ¿Por qué no? Es un simple beso.

― Me sacarás todo el lápiz labial y se te pegará en la boca, ¿quieres llegar así a la cena de compromiso? ― El pelinegro se alzó de hombros.

― Si eso se traduce en que me des un beso, sí. ― Y la besó, olvidando por completo que tenían que ir a un evento y estaban esperándolos. Se olvidaron del tiempo por largos minutos, besándose como si el día de mañana no pudiesen hacerlo. Sakura se estremeció entre los brazos de Sasuke y dio un saltito cuando la mano inquieta de su novio se posó con indulgencia sobre su respingado trasero.

Lentamente, comenzaron a separarse, pero sin romper el abrazo. Sasuke le regaló una linda sonrisa, todavía masajeando su nalga y cintura.

― Me metiste la lengua. ― Le reprochó la chica, bromeando. ― Te voy a matar.

― Vestida cómo estás y con tu boquita toda húmeda por mis besos, eres tú la que me mata a mí. ― Sakura se enganchó a su cuello y le dio un beso esquimal.

― ¿Traes algún pañuelo? ― le preguntó.

― Sácalo de mi bolsillo. ― Sakura lo hizo y precedió a limpiarle la boca. Sasuke seguía sonriendo como idiota y a Sakura aquel gesto le causó risa. ― ¿Estás nerviosa?

― Más de lo que me gustaría reconocer. ― le respondió, volviendo a guarda el pañuelo y alejándose del agarre de Sasuke.

En ese gesto, evidenció a ojos de Sasuke, cuan alterado estaba su ánimo.

― Teníamos claro que esto en algún momento pasaría. Que mi familia tenía que conocerte. ― Sakura se volteó, mirándolo con atención. ― Llevamos más de 5 meses juntos, Sakura. Era evidente lo que se venía.

― No discuto eso, mi amor. Solo me pone nerviosa. No tengo experiencia en conocer suegras. ¡Ni siquiera he tenido una suegra antes! ― Sasuke se acercó a abrazarla, y le acarició el cabello, apoyándola en su pecho.

― Si pasas esta prueba, cumplirás tu cuota de suegras para siempre. No tengo pensado dejar que conozcas otras. ― Sakura rió sobre su pecho y levantó la cabeza para darle una sonrisa.

― ¿Te he dicho que eres el mejor? ― el moreno solo respondió con un beso delicado sobre sus labios. ― Ok, basta de cháchara. Ahora debemos ir a una cena de boda y yo a conocer a mi futura suegra. ¿Te sientes preparado?

― Yo siempre estoy preparado.

Aunque nunca iba a estar preparado para lo que la vida les deparaba.


Estimadas, perdón por esta gran tardanza. La verdad nunca esperé que me fuese a demorar tanto, pero a veces, la vida nos consume de diferentes maneras.
Ninguna excusa es válida, sin embargo, acá estoy.
El capítulo fue mucho más corto en comparación a los que les tengo acostumbrados y a pesar de que no quería que fuera así, tomé la decisión de partirlo en dos, porque no quería que siguieran esperando, además de que ya me estaba perdiendo con las ideas. Sin embargo, esto también significa que podré subir más seguido. Capis más cortos, pero más constantes, ¿les parece? Igualmente no aseguro nada, aunque el siguiente capítulo ya lo empecé y está muy avanzado. Solo eso diré :X

Sin nada más que agregar, disfruten del capi, como yo disfrute escribiéndolo. Les amooooooo

Pd1: ATENCIÓN (medio spoiler): Tomen atención a cierto personaje que comienza a aparecer y será el dolor de cabeza más grande que tendrá nuestra Sakura… Se viene tremendo :O
Pd2: Ya pasamos la mitad del fic, así que comenzarán a aparecer los clímax.
Pd3: Quiero hartos reviews para motivarme mucho más a seguir dándoles este tipo de entregas.
Pd4: Me odiarán ): se vienen cosas muy fuertes.
Pd5: ¡Recuerden los reviews!
Pd6: Los quiero
Pd7: Responderé los review con cuenta mientras se sube el capi.

PdInfinita: A pesar de que fue un capítulo de 80 páginas, me demoré como dos días en corregir todo... estoy muerta. MEREZCO REVIEW ! xD