Heartbreak.
N/A: Buahaha! No se desharán de mí tan fácilmente. *w*
Este capítulo va especialmente dedicado a cinco maravillosas personas que me motivaron para seguir el Fic, y no dejar a Black Star sufriendo en silencio...
Así que, aquí va:
Hime-chan.
CATITA-EDWIN
Bell Star
Jaxsy-chan
¡Muchas gracias! ¡Gracias por apoyarme y darle una oportunidad a mi historia!
Espero esta continuación, hecha para ustedes, resulte de su agrado.
Disclaimer: Soul Eater no es mío (aún). Así que a mí sólo me pertenece la historia.
La luna se cernía sobre el cielo de Death City, y todo quien tuviese la conciencia más o menos limpia estaba durmiendo.
Pero claro, Black Star no era de esos…
El volvía de sus entrenamientos de la tarde. Había corrido hasta sentirse desfallecer, y ahora subía las escaleras del edificio, hasta llegar a su puerta.
Apenas entró al departamento, corrió a darse una ducha. Hasta un Dios como él sabía cuando admitir que apestaba por tanto sudor.
Con cuidado de no hacer mucho ruido, para no despertar a su compañera a altas horas de la noche, Black Star se vistió con algo cómodo y se tumbó en el sofá de la sala a comer su improvisada cena.
Impaciente por el momento en el que podría entrar al cuarto de Tsubaki tras casi una semana de no verla dormir, cada segundo de espera parecía una hora; así que el peli azul dejó su mordisqueado sándwich sobre la mesa de la sala y se dirigió al pasillo, rumbo a la habitación de su compañera.
Una vez ahí, y sólo por precaución, Black se detuvo frente a la puerta a escuchar. Sinceramente, prefería ahorrarse el disgusto y la vergüenza de colarse en el cuarto y encontrar a Tsubaki despierta…
Entonces supo que algo no marchaba bien.
Dos respiraciones, en lugar de una…
Con el corazón latiendo a mil por hora, y más por curiosidad que por ganas, Black Star entró al cuarto.
Entonces lo supo: Ni su sesión más intensa de ejercicios dolía tanto como lo que vió ahí.
Enredado a Tsubaki, durmiendo junto a ella, se encontraba el hijo de Shinigami Sama… A juzgar por su torso desnudo, y la sencilla camiseta que la chica portaba, Black supo que esa noche, el mono asimétrico que él consideraba su amigo, había hecho suya al amor de su vida.
Y eso fue demasiado para su corazón.
Mientras bajaba las escaleras a toda velocidad, de la resplandeciente estrella cada vez quedaba menos. Las lágrimas escurrían por su rostro crispado por el dolor, y los sollozos amenazaban con abrirse paso en su garganta.
¿Cómo fue que esto sucedió?
Si algo tenía claro, es que en ese momento no tenía la fuerza suficiente como para estar a menos de un kilómetro del cuarto en el que la mujer que él amaba dormía con otro hombre.
Una vez en la calle, Black Star comenzó a correr con dirección al bosque. Ahí había una cabañita que encontró con Tsubaki al volver de una de sus misiones… Era simplemente perfecta para su cometido.
Porque, esa noche él quería estar sólo. Quería llorar sin preocuparse por guardar las apariencias. Necesitaba deshacerse del nudo que se formó en su garganta, o terminaría por asfixiarse con él.
Siempre lo supo. Ella jamás estaría a su lado. Y aún así, él se había enamorado de su compañera… Tsubaki había acabado por ser tan vital para él como el aire que respiraba. Y ahora tendría que vivir con el hecho de saberla ajena.
Nunca más podría verla dormir, o acariciar su tersa piel. Adiós al beso que siempre robaba de sus labios al irse del cuarto…
No, él no podría estar así.
Caminó hasta el cuarto de baño en la cabaña, y se dirigió al espejo… Exhaló sobre él, empañando la superficie, y rápidamente escribió unos números en el cristal.
42-42-564
De inmediato, la imagen de Shinigami Sama llenó el espejo, y Black Star tuvo que contenerse para no romper en llanto, y reclamarle por lo que Kid hizo…
-Hola, ¡hola! ¿Cómo te encuentras, pequeño Black Star?- dijo la Muerte, con su característico tono jovial y despreocupado.
Y tras una breve conversación, se decidió. Aunque el chico no hubiera explicado sus razones para desearlo así, Shinigami accedió. Black Star se mudaría a Londres, y allá conseguiría un nuevo compañero para continuar con sus misiones.
-Pobre Tsubaki, estará destrozada cuando se entere-, pensó la muerte antes de retirarse del espejo de la Death Room.
Fue una noche horrible para Black Star, y el día siguiente no mejoró en lo absoluto.
No pudo entrar al departamento hasta que estuvo seguro de que el bastardo de Kid ya no estaba dentro, y decidió faltar al Shibusen para tener tiempo de empacar sus cosas.
Una vez que terminó de guardar todo, aún le quedaban algunas horas antes de que Tsubaki y los demás terminaran con su día de clases. Así que llamó a Shinigami por segunda vez en menos de doce horas.
-Black Star, aún estás a tiempo de arrepentirte, lo sabes, ¿no?- preguntó, sin poderlo evitar. No quería que el chico de cabellos azules se marchara de Death City… Y, no quería ver a Tsubaki desmoronarse al perder a su amado Meister.
-Sí, sí lo sé, Shinigami Sama… No tengo dudas, esto es lo que quiero- respondió Black, logrando sonar más convencido de lo que en realidad estaba.
-De acuerdo, si no hay más que decir, tu vuelo sale mañana a las nueve AM. Mucha suerte, Black Star-. Y dicho esto, el Dios de la muerte desapareció, dejando al peli azul sólo consigo mismo y con las lágrimas que le escocían en los ojos.
Bien sabía que no tendría el valor de hablarle a Tsubaki de frente, así que decidió que todas sus despedidas quedarían en manos de una hoja de papel. Era patético, lo sabía...
Ok, ok... Ya sé que están pensando...
Sí, ahora Black Star sufre más...(?)
Venga, ya tengo más o menos armada la carta... ¡No me rendiré hasta que terminen juntos y felices!
Aún si tengo que matar a mi adorado Kid-kun, Black Star se quedará con la chica... He dicho. u.ú
¿Les viene gustando como queda, o mejor cortamos por lo sano? TwTu
