Aquí sigo, de nuevo con esta maravillosa historia. Lo primero:

Antes de nada decir que los personajes de Glee no me pertenecen. Aleena es invención mia pero todos los demás son obra de los genios que conocemos como Ryan Murphy, Brad Falchuck y Ian Brennan. No gano nada con esta publicación a excepción de dejar suelta un poco de mi loca imaginación.

Lo segundo: Aquí esta el capitulo de Nick. Es un capitulo muy complicado y dramático. Quiero deciros que me encantan mis personajes y siempre los creo porque los amo. Adam no, Adam va a ser odioso y lo advierto desde este primer momento. En este capitulo vais a ver su verdadera cara y se que vais a querer matarme, pero es necesario que sea así. ¿Porque? Porque Nick necesita volver a encontrarse y lo va a hacer desde el dolor. Porque Nick, aunque no lo parezca es el mas fuerte de los dos y el va a tener que ser el pilar de Jeff (y de algunos mas que ya iréis viendo).Necesita aprender a luchar y tristemente las cosas siempre han de ponerse muy mal para darnos cuenta de lo fuertes que somos.

Si habéis leido el otro Fic, el de 'Separated Ways' os daréis cuenta que en mis historias normalmente (además de mucho amor y dramatismo) siempre hay un personaje que ha sufrido y otro que sufrirá. Aquí no va a ser menos. Nick lo ha pasado mal y por decirlo de alguna manera, para que os vayais haciendo el ánimo el rechazo de Jeff fue el menor de sus problemas. Así que sin mas os dejo con el capítulo.

Música recomendada;

1.- Rolling in the Deep -Adeele

2.- Love the way you lie - Rihanna y Eminem

3.- (tras romper el espejo hasta el final) Stronger (what doesn't kill you) - Kelly Clarkson

Disfrutad!


Capítulo 3: El cuidador de ángeles.

Nick no se encontraba bien esa mañana. Tampoco se había sentido bien desde el fin de semana anterior, desde que había tenido la visita sorpresa mas inesperada de los últimos diez años. El mismísimo Jeff Starling en su puerta, medio desnudo, mas guapo que nunca y con la suficiente confianza como para besarle con su marido a menos de dos metros. Suspiró y se terminó de cambiar, había llegado pronto al hospital y tenía el vestuario para el solo. Como mas le gustaba, completa paz justo antes de ingresar en el barullo que suponía la planta del hospital de Medicina Interna. Se puso la insignia que le identificaba como Enfermero y buscó los zapatos antes de salir. Siempre que acaba de arreglarse se miraba al espejo de los vestuarios, mas que por vanidad, por manía. Trataba de salir de allí perfecto, sin una sola mancha en el uniforme, intentando dar una imagen de paz y pulcritud acorde con su puesto. Trataba de darles a los pacientes la tranquilidad que el hacía años que había perdido.

Se sentó en una de las sillas del vestuario, su cabeza era una maraña de pensamientos, estaba enfadado y a la vez extrañamente complacido. Jeff le había ido a buscar, diez años tarde, pero lo había hecho. Reuniendo el valor suficiente, había llamado a su puerta y esperado pacientemente sin saber que encontraría o siquiera si lo encontraría a el. Había tenido paciencia y eso era lo que mas le sorprendía. El pequeño Jeff que el conocía era un chico inquieto con la idea de que el peor infierno era tener que esperar dos semanas a que publicaran en el tablón de anuncios las notas de los exámenes parciales. El chico que se desesperaba en la cola del cine argumentando que tenían demasiadas cosas que hacer en Columbus como para perder minutos allí plantados frente a un dependiente que no conocía las sesiones que en su propio trabajo ofertaban. Jeff había cambiado y no sabía si le agradaba o le aterrorizaba ese cambio.

Se acarició los labios y se sintió transportado de nuevo a esa noche. Jeff le había besado. Finalmente le había besado. Apoyó los codos en las rodillas y enterró la cara entre sus manos. Quería llorar y gritar, estaba desestabilizado y para su trabajo ese era el peor de los males. El debía ser un sustento para aquellas personas, ser constante y siempre con una sonrisa en los labios para alegrar sus momentos de dolor. ¿Como iba a hacerlo si sentía el corazón caer en pedazos? Sin embargo tenía la respuesta bien clara, aprendida a base de golpes.

- Como lo has hecho toda tu vida Nick Duval. -se contestó en voz alta,- Tragándote la mierda y colocando una sonrisa en tu cara.

- ¿Hablando solo? -David entró en el vestuario con la mochila al hombro y el mp3 en la mano.- ¿Finalmente te has acabado de volver loco?

- Mas o menos Dave, mas o menos.

Nick suspiró y consultando el reloj se dio cuenta que tenía tiempo de sobra para esperar a David. Se quedó sentado, pensando en que hubiera sido de su vida si no hubiera tenido a su amigo para sujetarle en los peores momentos. Dave había estado desde el colegio con el, ambos habían ingresado en Dalton huyendo de la escuela elemental de Columbus. Los dos con problemas, Nick siendo golpeado por ser Gay, David por ser de color. Ambos compartiendo la pena de no encajar en un mundo demasiado cerrado. Dalton había sido su salvación y les había unido para siempre. Tras graduarse se habían separado, pero el tiempo les dio una nueva oportunidad reuniendolos en aquella planta de hospital. Ambos enfermeros titulados con muy buenas referencias.

Recordaba perfectamente la conversación que habían tenido el primer día que se encontraron, entre cervezas y tequilas se confesaron la vida que habían tenido aquellos años. Impecable en lo académico y laboral. Un desastre en lo personal.

- ¿Has recibido la carta? -Nick alzó la cabeza y prestó atención.

- ¿Perdón?

- Estas verdaderamente desconectado esta mañana, ¿Que te pasa? -recogió una silla de la otra punta del vestuario y la colocó frente a Nick.- Cuéntale al viejo Davo que te ocurre.

- Jeff me besó la semana pasada.

Tras esa confesión se hizo el silencio. David le miraba con los ojos muy abiertos y Nick no quería mas que se le tragara la tierra. No debería haber sido tan directo, pero con David sabía que los rodeos eran además de inútiles una pérdida de tiempo. Comprobó el reloj y se tranquilizó al ver que aún quedaban siete minutos para que ambos tuvieran que entrar a trabajar. Dave le asustó al levantarse de la silla de golpe. Lanzó los brazos al cielo y silbó. Después los colocó en sus caderas en su típica pose superman.

- Siempre supe que el cabeza panocha lo haría. -Sonrió de oreja a oreja.- Ha tardado, pero confiaba en el.

Nick alucinó tras esa confesión. De que mierda estaba hablando David, Jeff le había repelido frente a todos ellos en el último año de instituto. ¿Como coño se atrevía a decir que el sabia que lo haría? Su humor cambió reforzando la teoría de que definitivamente había perdido la razón.

- ¿y si estabas tan seguro porque no compartiste esa información con la clase? -le preguntó.

- Porque cabía la mínima posibilidad de que el rubio fuera una capullo y te dejara marchar. -se sentó de nuevo.- Eres mi amigo y no quería putearte dándote falsas esperanzas.

- Independientemente, llega tarde.

- ¿Y eso porque? -Nick levantó la mano izquierda sin alzar la mirada, en su dedo anular brillaba el anillo de oro blanco que le unía a otra persona.- Viejo, estas hablando conmigo...

- Lo se Dave y por eso sabes que esto es un contrato blindado que aunque quiera...

- Y quieres hacerlo. -Nick le miró alzando una ceja, odiaba que le interrumpieran.

- Y aunque quiera no puedo romperlo.

- ¿De verdad crees que cumpliría su amenaza? -Le preguntó David mortalmente serio, el tema no era para menos.

- No soy suficientemente fuerte para averiguarlo.

No hablaron mas, se acabaron de preparar y salieron a la planta donde trabajaban. Siempre había mucho que hacer así que no tuvieron tiempo de recuperar el hilo de la conversación. Nick consiguió olvidarse de sus problemas en el momento en que comenzó la ronda por las habitaciones, sus pacientes eran su bálsamo, lograban calmarle como nada mas lo hacía. Al principio, cuando le habían ofrecido el empleo había creído estar en un sueño. En los tiempos que corrían no era fácil encontrar un puesto fijo en la sanidad pública. Era complicado tener siquiera un buen trabajo. Cuando ya llevaba dos semanas allí descubrió porque siempre habían vacantes en esa sala. Era la planta del hospital con la tasa de mortalidad mas alta, el lugar donde se derivaban los casos terminales o aquellos para los que no tenían una clasificación. También tenían gente de muy avanzada edad que reunía tantas patologías que no lograban centrarse en cual era la mas importante.

Cuando había pisado por primera vez la sala, los dos a la vez, unidos de nuevo por el destino, la realidad de la situación se les había caído encima. Los demás sanitarios les advirtieron y les aconsejaron buscar un buen terapeuta si querían tener una larga estancia allí. David los mandó a todos a la mierda, el no necesitaba a nadie para llorar sobre lo mal que estaba en esa sala. Lo único que necesitaban era una nueva forma de ver aquel lugar. En la tercera semana, se había convertido en el hogar de los ángeles. Decir que habían revolucionado a los pacientes era poco. Les habían devuelto la ilusión y ni ellos mismos se habían dado cuenta hasta semanas después. El cambio había comenzando en una de las guardias nocturnas, tras consultar con el jefe de planta y el director del centro habían redecorado una de las paredes poniendo en letras enormes un dicho de los dicho que llevaban marcado a fuego todos ellos, todos los que había huido de un lugar para llegar allí.

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

El efecto había sido inmediato, los pacientes se habían tomado la estancia allí de otra manera luchando contra sus males y dándose cuante, que por primera vez no les daban por perdido, esperando cada día que sus pajaritos particulares les hicieran una visita para alegrarles la mañana aunque el dolor fuera insoportable. Aunque en ocasiones quisieran dejar de luchar, ya no no le hacían, le peleaban al destino por un día mas de vida. Ellos eran la vitamina que necesitaba el hospital y hasta ese día, cuatro años después de su ingreso, no habían dejado de hacer reír a sus pequeños ángeles. De recordarles que no olvidar era ganarle la batalla al tiempo, pues sus memorias eran el secreto que guardaban sus corazones y ser capaces de verlas era su guerra vencida.

La mañana pasó rápida y cuando se quiso dar cuenta de nuevo estaba en el vestuario enfundando sus piernas en sus mas cómodos vaqueros. David se asomó cuando se acababa de abotonar la camisa.

- ¿Has acabado por hoy? -Le preguntó mientras buscaba la caja de cigarros en su taquilla.

- Ese vicio te va a matar hermano -le advirtió como cada día.- y si, he acabado ¿Tu doblas?

- Si, te acompaño abajo y me fumo uno. -Salieron de los vestuarios.- Además es el primero que me fumo en todo el día, estoy bajando progresivamente la dosis para acabar dejándolo. -Nick rodó los ojos.

- Llevas dos años diciendo lo mismo.

- Esta vez te prometo que es de verdad.

Salieron al aire libre y el frío les golpeó. El otoño había llegado con fuerza alejando los pequeños resquicios de verano que aún pudieran quedar, el sol había sido lo primero que se habían llevado. Se mantuvieron unos segundos en silencio hasta que David volvió a la carga con el tema que habían dejado inconcluso por la mañana.

-¿Y que vas a hacer? -La pregunta le pilló de sorpresa.

- ¿Sobre que?

- Jeff Starling, alias cabeza panocha, alias rubito, alias...

- Lo he pillado Dave... -Miró al infinito antes de contestar.- No lo se... me pillo de sorpresa.

- ¿Le sigues queriendo?

- Eso no importa. -Dave tiró la colilla al contenedor especializado tras apagarla.

- A mi si. Contesta por favor. -Lo que iba a confesar le dolía, pero debía hacerlo para sacarselo de dentro de una maldita vez.

- Si. Le sigo queriendo como un idiota.

- Entonces dile la verdad, explícale porque no puedes siquiera pensar estar con el. -Nick le miró horrorizado.

- No puedo hacer eso... es vergonzoso. -Apartó la cara, sentía ganas de llorar y no quería hacerlo frente a su amigo. Al menos esa pizca de orgullo le quedaba.

- A mi me lo contaste.

- Tu eres diferente. -Sintió un dedo en su barbilla y como era su cara girada lentamente.

- ¿Porque yo soy diferente? Explicámelo Nick.

- Porque sabía que tu no me juzgarías.

- ¿Y el si? -Nick trató de escapar, pero Dave era mas alto, mas listo y mas viejo. Le sujetó los brazos sin fuerza y le suplicó la respuesta que tanto le estaba costando dar.

- ¡Joder Dave! -Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.- Tengo miedo de que sepa que no soy mas que un estúpido muchacho que se vendió al primer hombre que le prometió el mundo y acabó encerrado en un matrimonio con un maltratador borracho al que le tiene miedo. -se soltó bruscamente.- Por eso no quiero que sepa nada. Porque me da vergüenza que sepa en la clase de cobarde en que me he convertido.

- Nick, sabes que no tienes la culpa de haberte equivocado...

- Hasta mañana Dave.

Nick salió corriendo de allí. No paro hasta llegar a su casa, a cuatro manzanas del hospital. Sacó las llaves del bolsillo interior de su chaqueta y atinó de puro milagro en la cerradura. La capa de lágrimas se había hecho espesa y no podía ver mas que manchas frente a el. Subió las escaleras que conducían a su habitación y se encerró dejando escapar todo el dolor que había contenido esa semana. La realidad que había negado golpeándole de frente. Si se paraba a pensar en el beso, no llegaba a la conclusión que le había gustado y si no llegaba a esa conclusión no podía golpearse con la realidad que estaba encerrado en su matrimonio. El dolor no era tan grande normalmente, había asumido que le habían repartido malas cartas en la vida, había subsistido con una simple pareja de cuatros. Sin embargo todo había cambiado. Jeff lo había cambiado. Le había demostrado que conformarse no era suficiente para el.

Aquel estúpido rubio confundido le había dado una pizca de aquello que se estaba perdiendo, de lo que había mas allá, fuera de las paredes de su habitación. De lo que en un principio había creído tener antes de darse cuenta que sus primeros años con el que en ese momento era su marido no habían sido mas que una elaborada farsa. Vivir con Adam no había sido siempre así, al principio las cosas habían sido maravillosas, le había ayudado a salir de la espiral de autodestrucción en que se había metido por golpe del golpe de Jeff (literal y metafórico). Le había impulsado a estudiar Enfermería y a trabajar duro para sacar matrícula de honor. Todo había ido bien hasta que le contó que estaba pensando en marcharse un año a estudiar a Europa. Ese día había llegado el primer golpe y su vida paso de ser feliz a simplemente una tortura.

Sin darse cuenta, anonadado por la brillante superficie de la relación que mantenía con Adam había dejado que le absorbiera de tal modo que había perdido contacto con todos sus antiguos amigos. De la noche a la mañana, mirándose al espejo con un ojo morado se había dado cuenta de que estaba completamente solo. Encerrado en una jaula de metal que poco a poco estaba acabando con su vida. El hospital era una alivio y el único lugar donde era libre de hablar con quien quisiera. El único lugar donde Adam no podía controlarle.

De repente una frase que le había dicho David se filtró en su cabeza. Había dicho algo sobre una carta. Se limpió las mejillas sin preocuparse en asearse mas, Adam no llegaba hasta dos horas mas tarde, así que tenía tiempo de sobra para arreglarse. Como le había advertido su amigo había un sobre esperándole.

Mi muy estimado Señor Duval:

Mi nombres es Wesley Charles Montgomery y como nuevo director de la Academia Dalton para jóvenes es un placer para mi invitarle a la primera reunión anual de veteranos de la Academia, que tendrá lugar el próximo nueve de Octubre en el salón de Actos de dicha institución. La reunión consistirá inicialmente en un discurso conmemoratorio del paso de su generación por la institución, donde se recordarán los buenos momentos que pasaron allí, se proyectarán la serie de actuaciones de los Gorriones de esa generación con la finalidad de devolver su talento a las sagradas paredes de la Academia. Todo ello adrezado de una cena en el salón comedor de la misma.

Mas tarde se les facilitará la entrada a la fiesta emplazada en la sala de asambleas donde se servirán cócteles y se bailará hasta que nuestros cansados huesos digan basta.

Es necesaria la confirmación de la asistencia y le invitamos a que traiga con usted a un acompañante. La Academia Dalton siempre tiene los brazos abiertos, dispuesta a abrazar a cualquiera que desee poner los pies en ella.

Así que sin mas, le esperamos el próximo día Nueve a las seis de la tarde.

Muchas gracias por su atención y pase un buen día.

W.C. Montgomery

Director de la Academia Dalton.

Un pequeño papelito estaba pegado a la parte posterior de la carta, escrito sin duda de puño y letra del mismísimo Wes. Nick no pudo evitar reír como hacía mucho tiempo que no lograba conseguir al leer las tres escuetas líneas.

P.S: Duval, amigo, hermano, orejudo... como no vengas te corro a ostias por todo Westerville. ¿Claro el mensaje? Te espero aquí y con una buena escusa para no haber contactado conmigo en estos años. Que tengas un pabellón auditivo fuera de lo común no te convierte en Super Señor importante. ¡Así que ya sabes lo que has de hacer si no quieres sufrir mi ira divina!

Observó la carta con una sonrisa. Se había parado al lado de la ventana para poder leerla, concentrado como estaba no se había dado cuenta que un tímido rayo de luz se había colado y había ido, justamente, a parar en medio de las letras, recalcando una frase "La Academia Dalton siempre tiene los brazos abiertos". Haciendo que sus letras brillaran en la penumbra de la habitación. Si significado mas claro que nunca. Escuchó el sonido de la puerta de entrada y extrañado se asomó, no había llegado aún la hora en que Adam salía del trabajo. Se acercó a la entrada y lo siguiente que supo era que estaba en el suelo boca abajo. Vio una botas negras antes de caer en la inconsciencia.

Despertó al escuchar la voz de alguien que no conocía a su lado, abrió lo ojos y lo primero que pudo registrar fue la placa de identificación del para-médico que aparentemente le estaba atendiendo.

- ¿Que ha...? -El hombre le iluminó con la pequeña linterna.

- ¿Esta consciente Señor?

- Si. -Puso tres dedos frente a el.- ¿Cuantos dedos ve?

- Tres.

- Parece que no hay conmoción. -añadió un segundo médico inclinándose en su dirección.- ¿Puede moverse? ¿le duele algo?

- Creo que puedo sentarme. -Entre los dos le ayudaron y una vez se hubo sentado fue consciente de su alrededor.

Seguía en el mismo lugar donde había caído, todo estaba lleno de policías sin embargo lo que mas le cabreaba era el estado de su casa. Todos los muebles habían sido volcados y los papeles de los archivadores removidos. No era necesario que la policía le informara del estado de la parte de arriba. Se podía imaginar perfectamente todo revuelto y desordenado. Por un segundo agradeció tener un marido obsesionado con la seguridad, se había empeñado en esconder sus bienes mas preciados en una caja fuerte en el sótano. Si habían tenido relativa suerte y los ladrones eran los mismos que habían estado aterrorizando al vecindario no tenía nada que temer, su modus operandi era sencillo: Entraban con la familia (o parte de ella) en casa, los aturdían y robaban lo mas caro y visible. No perdían tiempo buscando en los sótanos. La sensación de alibio se le pasó de inmediato, Adam estaría furioso cuando se enterara y su marido en ese estado daba verdadero miedo.

- Señor, le recomendaría que mañana no fuera a trabajar. -le informó el para-médico mientras apuntaba unas palabras en una receta. Había comprobado sus constantes y retirado el collarín que inicialmente tenía puesto tras asegurarse que no hubiera mas lesiones visibles- A pesar de solo tener el golpe de la nuca no es recomendable que en unos días haga esfuerzos y si comienza a perder visión o siente nauseas diríjase inmediatamente al hospital.

- Entendido.

- Bien. -le pasó la receta.- Tome esto si hay dolor y descanse -le puso la mano en el hombro.- Suerte.

- Gracias.

Los médicos se despidieron de los tres policías que quedaban en su casa, iban con ropa de calle pero sus pistolas y placas eran perfectamente visibles. Dos de ellos eran jóvenes, probablemente prodigios de su promoción, el tercero era un poco mas bajito y mayor. El veterano del grupo si la vista no le fallaba a Nick. El dolor de cabeza que sentía era horrible así que observó la receta que le había dado el médico, tenía analgésicos de sobra en casa y esos en particular también. Trató de caminar unos pasos, pero un mareo le obligó a quedarse quieto. Lo mejor que podía hacer en esa situación era dormir, pero aun quedaba gente en su casa. Debía esperar. Los tres hombres al percatarse de que había despertado se acercaron.

- Es usted el dueño de la casa. -le preguntó el policía mas bajito.

- Mi marido lo es. -en ese momento Adam entró por la puerta con el rostro blanco, mirando a su alrededor.

- Nick ¿Que coño ha pasado aquí? -Uno de los policías jóvenes se adelanto al viejo Gorrión contestando por el.

- Han sufrido un atraco exprés Señor. -Le sonrió.- Pero no se preocupe, su marido se encuentra perfectamente.

- ¿Nos han robado? -preguntó confuso mirando a Nick.- Estúpido, ¿Donde coño estabas?

- Est...

- Señor le ruego que se calme, -le advirtió el policía bajito.- Su marido se encontraba en la casa, le golpearon como hicieron con las demás familias.

- Se que es horrible ser víctima de un robo de esta envergadura, pero lo mejor que puede hacer ahora es mantener la calma. -le recomendó el último de los policías. Adam dulcificó el rostro y pasó un brazos por encima de los hombros de Nick.

- Lo lamento, acabo de llegar de trabajar y supongo que me puse algo nervioso.

- Le comprendemos señor. Ahora bien, -uno de los dos jóvenes miró a Nick esperando que le diera su nombre.

- Nick Worningon-Duval.

- Bien Señor Duval -El brazo de Adam se contrajo imperceptiblemente, Nick lo notó.- Espero verle mañana en la comisaría, su declaración será fundamental para encontrar a los culpables.

- No recuerdo mucho, se lo advierto.

- Cualquier cosa será importante.

- Estará allí. Yo le acompañare. -se apresuró a contestar Adam.- No dejaré a mi marido solo en esto.

- Eso esta bien. -El policía sonrió antes de volver a su expresión seria.- Les recomiendo que pasen esta noche en casa de algún amigo. Se por experiencia que las víctimas de allanamiento, sobretodo cuando han estado en la casa no se sienten seguras en ella por un tiempo.

Aun tardaron unos minutos en marcharse mientras les informaban de las cosas que aparentemente se habían sustraído, Adam contestaba a las preguntas y confirmaba los huecos que por la mañana habían estado ocupados. Nick no prestó real atención a la conversación, el dolor de cabeza le estaba matando y lo único que deseaba era quedarse a solas para recuperar la carta de Wes. Sabía que posiblemente estaba en estado de Shock, que no pensaba con claridad, pero el se sentía mas centrado que en toda su vida. No le importaba que hubieran robado el DVD o el televisor, de daban igual los Rolex de Adam, el solo esperaba que no hubieran roto su carta. A decir verdad era lo único realmente suyo en aquella casa.

Tras despedir a los policías y asegurarse de que estaría al día siguiente a primer hora en la comisaría se planteó la posibilidad que podría no haber acabado la noche ahí. Adam tenía la cara completamente cerrada, observando el estropicio en el que se había convertido el salón. Papeles por el suelo, los muebles volcados y algunos incluso rotos. Adam recogió algunos DVD's del suelo y los colocó de nuevo en la estantería con algo parecido a la delicadeza. Nick se quedó impresionado, recuperando por un segundo al joven que había conocido tantos años atrás.

- ¿Que hacemos esta noche? -le preguntó aprovechando que estuviera calmado.

- Esta claro que aquí no pienso dormir con la casa así.

- Podemos ir a un hotel, conozco uno...

- ¿Porqué debería ir a un hotel cuando mis padres viven a tres manzanas? -le preguntó Adam fijando su vista en el finalmente.- Prefiero no gastarme dinero si puedo evitarlo.

- Pero...

- ¿Que problema tienes ahora Nick? -se acercó un par de pasos y cruzó los brazos sobre su pecho.

- A tus padres no les gusto, no creo que me dejen quedarme en tu casa.

- ¿Es que acaso he dicho algo de que tu vendrías?

Nick se apartó un paso. Por un segundo había olvidado con quien estaba hablando. Había olvidado que el para su esposo era otro bonito objeto que exponer, nunca se había preocupado por su bienestar y no iba a comenzar a hacerlo en ese momento. Se encogió de hombre y se disculpó para ir al baño, sentía las lágrimas en el borde de sus párpados y no quería montar una escena que seguramente no haría mas empeorar la situación en la que se encontraban. Cerró la puerta tras es con calma y se dejó caer contra la fría madera. Pasó un par de minutos en la misma posición, no quería pensar en nada y concentrarse en su dolor de cabeza de ayudaba en cierta forma a fingir que el mundo tras esa puerta no existía.

Se apoyó en el lavabo y se miró al espejo. Su aspecto era penoso, complementado con unas enormes ojeras y unos ojos cansados. Abrió el cajón de las medicinas y se tomó un par de analgésicos, las hizo bajar con un trago de agua y continuó allí, apoyado, esperando que la medicina hiciera efecto. Trató de reconstruir su rostro para no perder la poca salud mental que le quedaba, su vida era una mierda pero la única que tenía aunque odiara reconocerlo. El pensamiento le rompió el corazón, sabía que estaba atrapado y eso le mataba por dentro. Trataba de sonreír y seguir viviendo pero el sabía que la verdad era como un vidrio hecho añicos, podías tratar de unirlo de nuevo, de repararlo. Pero siempre quedaba la grieta ahí, recordándole a quien tratara de mirarse que el había estado roto ya una vez. Que podía ser fácilmente quebrado de nuevo. El Karma era una perra psicópata.

La rabia le inundó y sin poder contenerse le dio un puñetazo al espejo, los trozos no se separaron pero quedo completamente destrozado. Sintió una extraña satisfacción al comprobar como el cristal se había mantenido sin venirse a bajo, quizás si el aprendía también pudiera quedarse entero a pesar de tener miles de trozos. Se miró la mano y se lamentó por sus magullados nudillos, no le dio mayor importancia y salió del baño reconstruyendo como pudo su máscara de frialdad, la necesitaba para pasar la noche en aquella casa.

Escuchó un ruido proveniente de su habitación, se acercó y observó a Adam hacer la maleta. Se extrañó al ver que guardaba bastante ropa, mas de la necesaria para pasar un par de días en casa de sus padres. Cuando le preguntó el simplemente le dijo que había pensado que pasar una semana en casa la casa de campo de sus padres le ayudaría a olvidar lo que había pasado esa noche. Nick no se hacía ilusiones a pesar de saber que estaría una semana solo. Su marido tenía todo controlado y entre esas cosas se incluían cada uno de los pasos de Nick. Estaría solo, pero seguiría siendo el quien le diera los movimientos permitidos para hacer. Siempre había sido así los últimos cinco años. Le acompañó hasta la puerta y le despidió con un beso, como estaba acostumbrado a hacer. Adam sonrió complacido y le agradeció la comprensión que estaba teniendo con el.

- Gracias Nick, sabes que no puedo desestabilizarme, mi trabajo es muy importante y un golpe así podría provocar que bajara en mi rendimiento.

- ¿Seguro que no puedo acompañarte? -le preguntó al borde del colapso.

Había creído que estaba bien, que podría aguantar allí, era su casa al fin y al cabo, debía sentirse a salvo. Sin embargo al bajar y acompañarle, al ser consciente de que iba a quedarse completamente solo el terror le bloqueo. No podía estar allí un minuto mas, tenía la necesidad de huir. El miedo mas grande que había sentido en toda su vida.

- Ya lo hemos hablado. A mis padres no les agradas. -le sonrió acariciándole la mejilla con un dedo- Si quieres puedo esperar que ellos se vayan y recogerte el domingo para relajarnos en la piscina todo el día.

- Trabajo el Domingo.

- ¿Y tu maldito trabajo como enfermero de viejos es mas importante que tu marido? -le dijo alterado.

- No puedo cambiarlo Adam, esta semana no he tenido descanso y necesito esos días libres. -Trató de explicarse antes de que las cosas se complicaran.

- Ya veo, definitivamente todo esto te importa una mieda, no te preocupas por mi. -le reprochó.

- ¿De la misma manera que tu te preocupas por mi dejándome solo después de que me hayan atacado?

Nick horas después no recordaría muy bien porque había dicho lo que había dicho, no entendería el extraño valor que le había impulsado a contestar a su marido cuando sabía que aquello era una discursión fantasma que como siempre solo tendría un vencedor. Tampoco podría recordar de donde había venido el golpe, solo sabía que esas palabras le habían condenado. A Adam Wornington no se le discutía y preso del momento, del estrés o aun asustado por la visita de Jeff no había logrado recordarlo.

Acabó de colocar los muebles del baño de abajo, era la única habitación que le quedaba por arreglar. Miró el espejo roto y pensó en descolgarlo y tirarlo a la basura. En su estado no hacía mas que ocupar espacio. Lo desencajó de la pared y cuidadosamente lo envolvió en una toalla para no cortarse con los trozos de vidrio que se había movido al quitarlo de la pared. Cogió las llaves y se puso la chaqueta, abrió la puerta, se giro para avisar a Adam sin recordar que se había marchado, al sentir la casa vacía no pudo dar un paso mas. No quería tirar el espejo a la basura, no cuando entendía a la perfección lo que era estar roto y olvidado, lo que era sentirse menos importante que el suelo que cada día pisaban. Tiró las llaves de nuevo a la repisa y bajó al sótano, era el único lugar donde podría conservarlo sin que Adam lo viera. Ese espejo representaba su alma y no iba a tirarlo a la basura. Apartó un par de cajas y lo colgó en la pared aprovechando un viejo clavo oxidado. Dio un par de pasos atrás observando su obra y algo extraño ocurrió. Los trozos se habían movido por culpa de la presión que había ejercido el brazo de Nick, todos ellos se habían recolocado y apuntaban hacía su derecha, reflejando una vieja caja polvorienta y olvidada bajo otras muchas.

La sacó de su escondite y con la mano retiró el polvo que cubría la parte de arriba. La etiqueta que solía utilizar para numerar las cajas de trastos viejos se había borrado haciendo que le fuera imposible leer lo que allí había escrito. Rompió el precinto y abrió la caja. Lo primero que vio fue la corbata de grana y azul de Dalton. La sacó con extremo cuidado sintiendo como una sonrisa sincera se formaba en sus labios, se la colgó al cuello e investigó en la caja. Todos los recuerdos que conservaba de la escuela estaban allí, juntos y protegidos en aquella caja de cartón. Se sentó en el suelo y comenzó a ver los objetos. Uno en particular le llamó mucho la atención. Recordaba cuando los Gorriones le habían enviado la tarjeta, se había caído por las escaleras de Dalton en un gesto de torpeza propia de su adolescencia y se había roto una pierna. Había despertado horas después con una conmoción cerebral y una escayola enorme. Sus amigos no habían tardado en escribirle, abrió la tarjeta y se fijo en la única frase que allí había. Se estremeció al darse cuenta de algo que no había notado diez años atrás entre la nebulosa que los anti-inflamatorios y analgésicos le habían provocado. La nota había sido escrita por una sola persona, por el muchacho que se sentaba cada día a su lado. Jeff.

"Sílbame cuando me necesites,

da igual donde esté pues siempre te escucharé

porque al final que soy mas que tu pequeño gorrión"

Salió del sótano a la carrera, subió las escaleras con una idea fija en mente. No iba a dormir allí y era momento de arreglar un poco de la mierda que había ido dejando por el camino desde que estaba casado con Adam. Quizás no podía arreglarlo todo de golpe, pero esa noche empezaría. Sacó su maleta del armario y metió ropa para varios días. La cerró y llamó al trabajo, tenía muchos días de vacaciones acumulados que había ocultado ingeniosamente a Adam. Habló con su supervisor y le explicó el robo que habían sufrido. Jimmy le concedió la semana de vacaciones sin chistar, Nick no había faltado un solo día en cuatro años y ser un buen chico tenía sus beneficios. Necesitaba relajarse y aclarar su mente. Tenía que pensar en muchas cosas y al final de la semana, el viernes sería la presentación el Dalton a la que iba a asistir se pusiera Adam como se pusiera.

Cogió las llaves del coche y su móvil a pesar de que no le sirviera de mucho. Las llamadas las controlaba Adam y el no le permitía comunicarse con nadie que no fueran sus jefes o los amigos de ambos que su marido consideraba apropiados. Ni siquiera podía llamar a David desde eso teléfono. Bajó las escaleras y se metió en el garaje. Su viejo coche le saludó con un ronroneo al encenderlo. Ese coche había sido el primero que pudo comprar con su sueldo y a pesar de las constantes críticas de Adam no había consentido deshacerse de el. Le tenía demasiado aprecio al hoyo de salpicadero y a la pintura algo desconchada.

Tardó dos horas a buen ritmo en llegar, pero cuando se encontró en el porche supo que había merecido la pena el viaje. Respirar el aire de aquella ciudad tenía un efecto inmediato en el, era capaz de revivirlo a pesar de estar medio muerto, rescatarlo aun cuando se encontraba hundido en un mar de pesadillas. Suspiró y dejó la maleta en el suelo. Se preparó mentalmente y solo esperó que le dejara pasar. Había pasado demasiado tiempo y no sabía si estaba aún enfadado con el por haber pasado tanto tiempo sin hablarse. Tragó saliva y sin pensarlo presionó el timbre.


Me estoy sorprendiendo de lo rápido que actualizo, pero lo juro llegué al ordenador y ya estaba escrita!

Bromas aparte, es muy sencillo escribir la historia de estos dos. Son como entidades vivas y no puedo evitar compartir con vosotros sus vivencias. Sobre el capítulo de hoy... ¿Que puedo decir? Es completamente lacrimógeno. Nick lo ha pasado mal, pero las cosas van a cambiar. ¿Donde ha ido? ¿Adam se enterará? Eso se verá en el próximo capítulo. Solo os adelantaré que en el siguiente habrá una conversación bastante curiosa de un Nick borracho y un Jeff impresionado ¿quien no se asusta cuando alguien le llama a las tres de la mañana diciéndole que echa de menos su culito respingón?

Espero vuestros comentarios. Me inspiraís vosotros y sin vuestras palabras no soy nada.

Besos y hasta pronto!