N/A: ¡Hola! ^^
Aquí ando con la tercera parte de esta historia.
¿Quién hubiera dicho que esto resultaría tan adictivo?
En fin, ah, como sufrí para hacer los diálogos de este capítulo... Espero no hayan quedado demasiado mal... xD
¡Disfrúenlo!
Soul Eater no es mío, bla, bla... :P
Para cuando Black Star acabó de escribir la carta, tenía lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta.
Poco a poco veía como su determinación flaqueaba, y comenzaba a arrepentirse de su decisión. ¿Que importaba que ella no lo amara? Solo con estar cerca de ella él era absurdamente feliz...
Pero ya no había marcha atrás. Debía sostener lo que decía con hechos. Él lo había decidido así. "Los dioses deben mantener su palabra", se repitió una y otra vez.
Dejó la hoja de papel, ahora humedecida por las lágrimas que lograron escapar de sus ojos mientras escribía, en su habitación, hasta arriba de su maleta.
Entonces, como ignorando que había pasado las peores veinticuatro horas de su existencia, vio a Tsubaki entrar al departamento.
Con una sonrisa fija en el rostro, mitad fortaleza y mitad sinceridad, Black Star recibió a la chica...
-Hola, Black Star… Me tenías preocupada. ¿Dónde estuviste anoche, y hoy?-. Preguntó la morena, sin poder disfrazar su sincera preocupación por su Meister. Era la tercera vez en el mes que el chico faltaba a clases, y seguro se atrasarían si seguía sucediendo.
-Amh, ¡los dioses como Yo podemos ir y venir a nuestro antojo! Además, no sé de qué nos sirve ir a la escuela, llevamos casi seis meses sin conseguir una sola alma-. Respondió nervioso Black Star, tratando de sonar despreocupado y alegre… Sin éxito alguno.
-Venga, no pienses así… Ya llegará nuestro momento. Date prisa, prepararé la cena-. Dijo Tsubaki, dedicándole una hermosa sonrisa al peli azul.
La cena, aunque era deliciosa, transcurrió en completo silencio… Pese a que Black Star quería disfrutar la última vez que estaría en la mesa con su compañera, tuvo que permanecer callado, por temor a que pudiera terminar reclamándole por el "incidente" de Kid.
Al terminar, Black Star se ofreció a lavar los platos, en recompensa por la suculenta lasaña que Tsubaki preparó. Una vez recogido todo, y tras ver un poco de televisión, ambos chicos se retiraron a sus habitaciones a descansar. O eso creía Tsubaki, pues Black Star colocó su maleta al lado de la puerta, y, mientras se recostaba en la cama se permitió, por primera vez en lo que parecía una eternidad, que la nostalgia lo invadiera por completo.
Oh, cómo la extrañaría…
Daría lo que fuera por volver a ese momento en el que la vio por primera vez; ella era la única que aplaudía ante su espectáculo de primer día de clases en el Shibusen. En ese momento supo que Tsubaki era especial…
Black Star disipó esos pensamientos de su mente justo cuando éstos comenzaban a ser demasiado dolorosos para él. Entonces volteó a ver el reloj, y supo que era hora.
Salió del departamento en completo silencio, cargando la maleta bajo su brazo. Rápidamente bajó las escaleras y dejó sus pertenencias en la recepción, donde el guardia nocturno roncaba sonoramente sobre su escritorio.
Entonces llegó la parte a la que le llevaba toda la tarde huyendo.
Volvió sobre sus pasos con la carta en mano. Cada vez más nervioso y afligido…
Entró al departamento con su copia de la llave, y caminó lentamente hacia el cuarto de Tsubaki. No pudo reprimir un suspiro de alivio al escuchar su respiración pausada y tranquila a mitad de la noche.
Tan cautelosamente como siempre, Black Star entró a la habitación, y antes que nada, dejó la copia de su llave sobre la mesa de noche al lado de la lámpara, y encima de ella, su carta.
Entonces, el de cabellos azules volteó a ver a la chica que yacía en la cama dormida… Y como llevaba haciendo desde varios meses, acarició su mejilla, pero esta vez no se permitió acostarse junto a ella, pues bien sabía que ese no era su lugar, sino el de Kid.
-Oh, Tsubaki… ¿Qué me has hecho?-. Susurraba Black Star sin dejar de mirar al rostro de su compañera.-Ahora me dispongo a salir de tu vida por siempre, aún cuando eso me hace el hombre más desdichado del mundo-.
-Te amo, te amo demasiado preciosa. ¿Cómo es que no me di cuenta antes? Debí de haber peleado por tu amor, pero fui un cobarde, siempre temiéndole a tu rechazo… No merezco llamarme a mí mismo un "dios".
Y en ese momento, una solitaria lágrima escapó del ojo de Black Star, e impactó en la mejilla de Tsubaki.
Todo sucedió demasiado rápido a partir de entonces.
Tsubaki despertó alarmada. Efectivamente, algo había caído en su pómulo izquierdo… Pero no había rastro del responsable. Su ventana estaba abierta, y a través de ella se colaba un delicioso aire fresco, típico de la madrugada en Death City.
Al incorporarse, una gota de agua resbaló por su mejilla y finalizó en sus labios como un beso fugaz. Entonces supo que era una lágrima…
Bajó de la cama de un salto y vio el sobre en su mesita. Tomó la carta, y entonces fue su turno de llorar.
Lo sé... Soy cruel...
¡Venga! No tendría chiste que simplemente fueran felices y ya... Admítanlo! ¬¬(?)
La buena noticia es que ya más o menos se como acabará todo. ^^
¡Gracias por leer!
