Antes de nada decir que los personajes de Glee no me pertenecen. Aleena es invención mia pero todos los demás son obra de los genios que conocemos como Ryan Murphy, Brad Falchuck y Ian Brennan. No gano nada con esta publicación a excepción de dejar suelta un poco de mi loca imaginación.

Yo era feliz, escribiendo mis historias cuando Dinamic Duets llegó a mi vida. Creo que es mi capítulo favorito hasta el momento. Si lo habéis visto, decidme: El momento en el que entran Sebastian, Jeff, Nick y Richard es como... "Ya Blaine, deja de jugar y vuelve a casa" a mi me hacen esa oferta y no se vosotros. Pero no dudo. Me quedo en Dalton.

Ains... aquí va la primera parte del que será el capítulo mas importante hasta el momento. Al fin la reunión. Es introductorio, pero quería que sintierais el dolor de Nick y lo que esta planeando al igual que los planes de Jeff.

Ahora si. Disfrutad!


Capítulo 6. La reunión de los Gorriones. Parte 1.

El viernes llegó sin pena ni gloria para Nick. Estaba en casa, encerrado literalmente con las piernas engarrotadas y el ánimo por los suelos. Su pequeña rebelión había sido algo mas que desastrosa. Había sido estúpida y sin querer había puesto en peligro a sus amigos. No podía perdonarse si algo malo les llegara a pasar. Sería simplemente demasiado.

Se concentró en la comida, pensar en la manera de prepararla le alejaba de los pensamientos, la única manera de alejarse de las lágrimas. Cuando llegaron de Westerville, Nick le había pedido perdón. Se había puesto de rodillas tragándose su orgullo para evitar que les hiciera una "visita" a sus amigos. Ellos no sabían nada de la mierda en la que Adam estaba metido y el solo pensamiento de ponerles en peligro había bastado para que hiciera algo que se había negado hasta el momento. Le suplicó y Adam finalmente cedió. Le humilló y reafirmó quien tenía el mando en aquella situación que estaban obligados a vivir hasta el resto de sus días. Complacido por como habían acabado las cosas, con Nick en su cama cumpliendo lo que supuéstamente un marido estaba obligado a hacer se olvidó de sus amigos y del supuesto castigo que ya estaba planeando para ellos.

Escuchó la puerta de entrada y sin querer comenzó a temblar. No era una respuesta voluntaria, pero su cuerpo no encontraba la diferencia. Nick era como el perro de Pavlow, a diferencia que el cuando escuchaba la campanita no podía parar temblar. Adam se acercó y le rodeó la cintura con sus brazos con una sonrisa que gritaba lo pagado de si mismo que estaba en aquel momento.

Era un idiota al pensar que podía escapar.

- Huele de maravilla. ¿Que es?

- Spaguetti Carbonara.

- Mis preferidos. Gracias amor. -le dio un beso en la coronilla y se sentó en la mesa.

Nick había tenido la precaución de preparar la mesa perfectamente para preguntarle algo. Tenía cero esperanzas en que aceptara lo que estaba pensando en proponerle, pero no perdía nada por intentarlo. Mas daño ya no podía hacerle. Se sentó junto a su marido y espero que llegara al postre para hablar.

- Adam. -El hombre le prestó atención. Peinándose descuidadamente el rubio cabello.- Quería preguntarte algo. -puso su mejor sonrisa.

- Habla, pero seré inflexible en cuanto a lo de salir de casa. Has de aprender a respetarme-Nick se encogió un poco, pero dado que había empezado era mejor acabar, aunque supiera de sobre lo que le iba a contestar.

- Esta noche es la cena en Dalton.

- ¡No irás Nicholas! Creí que había dejado ese punto claro cuando llegamos de Westerville. -Nick asintió como un buen perrito.

- Lo se, pero mis amigos se preocuparan si no asisto.

- ¿Tus amigos o el rubio?

Nick sabía a la perfección de quien estaba hablando Adam. Jeff Starling era el tema traído a colaición, el único hombre al que se refería como "el rubio".

El lunes Adam había estado enfadado por la fuga, había puesto el grito en el cielo, amenazado y pataleado. Le habia llegado a golpear en las costillas, todo leve en comparación a lo que Nick había estado esperando. Sin embargo las cosas habían acabado mas o menos por solventarse tras la sumisión absoluta de Nick. El miércoles todo se había ido a la mierda cuando por error había cogido el teléfono del moreno. Las llamadas a un número desconocido le intrigaron e investigó hasta dar con el rostro de Jeff. No hacía falta explicar lo que había ocurrido, las costillas de Nick eran testigos mudos de la ira de Adam. Ya doloridas de la agresión anterior habían acabado por incluso fracturarse.

- Todos Adam. No hay ninguna preferencia y lo sabes.- mintió como un bellaco. Cada día se le daba mejor hacerlo frente a su marido. - Simplemente digo que se preocuparán si no voy, quizás incluso puedan venir y no quiero crear conflictos innecesarios. -El hombre sujetó con fuerza el cuchillo con el cual estaba pelando la manzana.

- ¿Y que propones? ¿Que de nuevo te deje ir solo a Westerville? Todo por un bien común claro... -alzó la voz.- ¡No soy estúpido Nick! Quieres meterte en los pantalones de ese fantoche y no voy a permitirlo.

Nick aguantó el impulso de defender a Jeff. No era el momento ni el lugar para esa discursión. No cuando tenía un claro objetivo en mente que había estado planeando desde la noche anterior. Debía expresarse con cautela. Haciendo bien las preguntas para conseguir las respuestas. A pesar de que lo único que deseaba en ese momento era levantarse y gritarle a la cara que Jeff era mucho mas hombre que el.

- Yo no quiero meterme en sus pantalones.- Si, definitivamente se le daba bien mentir.- Quiero que todos sepan que te quiero y mi propuesta era que tu me acompañaras. -Vio la duda en los ojos oscuros de Adam.

- Explicate.

- Si aparecemos juntos y felices, no habrán mas problemas ni llamadas. Las cosas acabarán y finalmente podremos darle un punto y final a este pequeño paréntesis en nuestra relación. -le acarició la mano a pesar de la repulsión que sentía al tocar su piel.- Piénsalo, sería un golpe de efecto que acabaría con las dudas.

- ¿Me estas pidiendo que te acompañe a la reunión?

- Te estoy pidiendo que lo hagas como mi marido. -le ardió la garganta de la rabia ante las siguientes palabras.- Como mi dueño. -Pero era necesario.

El hombre se le quedó mirando con algo parecido a la duda. Sin realmente decidirse por si creerle o ignorar lo que había dicho, terminando la conversación con un simple y conciso No. Nick se inclinó y beso sus labios, evadiéndose de la realidad como tantas veces había hecho ya. Imaginando que era otro a quien tenía delante. Adam cogió aquello como una invitación y adentró la lengua en la boca del moreno. Siguieron besándose un rato hasta que finalmente la falta de aire les hizo detenerse. Adam enterró los dedos en el rebelde cabello de Nick, acariciándole el cuero cabelludo.

- Iremos.

- Llamaré a Dalton para confirmar.

Nick sonrió, esa vez de manera genuina. Estuvieron un rato mas toqueteándose para que Adam estuviera mas que contento, no podía haber ningún fallo llegados a aquel punto. Nick se disculpó y subió a prepararse, tenía mucho que hacer si quería que todo saliera bien. Cerró la puerta tras asegurarse que Adam no le seguía, no podía encerrarse (su marido había eliminado los cerrojos de todas las habitaciones), pero por si acaso trabó la puerta con la banqueta del baño. Se duchó y recogió las cosas necesarias para el plan que tenía en mente. Aquella noche se libraría finalmente del yugo de su matrimonio y pondría a salvo a sus amigos. Dos pájaros de un tiro. Como un buen gorrión.

Una hora mas tarde estaba en el piso de abajo, preparando unos Sandwiches cuando Adam bajó perfumado y arreglado. La mas pura imagen de la elegancia con un traje a rayas, corbata y camisa azul. Su marido le observó como tantas veces, no aprobava que se vistiera de una manera poco recatada, pero Nick, en ocasiones pensaba que las miradas contrariadas valian la pena. Nick tampoco se había quedado corto a la hora de arreglarse, si iba a ser exhibido por su marido lo menos que podía hacer era vestir acorde a la situación. Se había decantado por un traje de chaqueta oscuro, camisa negra y había optado por eliminar la corbata. No quería llevar nada al cuello que le recordara la soga que portaba cada día.

- ¿Estas impresionante amor? -Le dijo Adam apoyándose en la mesa.- Me gusta bastante cuando te arreglas. -Era mentira, pero Nick sonrió igual.

- Gracias, tu estas magnífico.

- Siempre lo estoy querido. Siempre. -Nick se tragó la contestación.

Adam desapareció de nuevo escaleras arriba. Nick se quedó en medio de la cocina con la mirada fija en la nada. Se acercó al salón para esperar allí a su marido. Al pasar por el pasillo su imagen se reflejó en el espejo. Se quedó parado observándose, hecho que había tratado de evitar siempre desde que vivía en aquella casa. Desde que el primer golpe le dejó dos semanas amoratada la mejilla. No le gustaba mirarse a la cara.

Sin embargo aquel día lo hizo. Se puso frente al espejo y recorrió su rostro con la llema de uno de sus dedos. En lo primero que paro fue en el pequeño moratón que aún adornaba su cara, estaba ya en uno de los últimos estadios, casi imperceptible pero visible aún. Siguió observándose, recayendo en sus ojos vacíos. Había cambiado. Su rostro se lo decía y él lo sabía, el dolor finalmente había volado lejos, olvidado, perdido. Finalmente Adam le había convertido en un cascarón vacío, sin sentimientos, sin esperanzas. Aquel fatídico miércoles había destruido todo aquello que representaba a Nick Duval.

Cuando la gente decía que las palabras herían mas que las balas no tenían la mas mínima idea de lo que estaban hablando. No herían mas, las palabras podían matar a alguien en un momento acertado. Adam le había convertido en un muerto andante y la situación tenía que acabar. Estaba demasiado cansado de luchar.

OoOoOoOoOoOoO

Jeff salió del edificio. Aún quedaba media hora para que empezara a llegar la gente y se sentía agobiado dentro de los muros de la solemne institución. Cuando llegó al aparcamiento se dio cuenta que no estaba solo, Sebastian había salido a fumar tras la insistencia de Wes de que dejara de hacerlo en su despacho. Estaba apoyado en su flamante Mustang rojo, con la mirada fija en el móvil y la cara triste. Jeff se acercó y sacó un cigarro de la cajetilla que el otro había dejado descuidadamente sobre el capó del coche. Cogió el encendedor y lo prendió. Cuando la nicotina comenzó a hacerle efecto sus músculos se relajaron notablemente, dejando que la tensión fuera menos.

- ¿Problemas? -le preguntó al ver que no se despegaba de la pantallita.

- No, no al menos de los preocupantes. -Levantó la mirada.- Blaine está en la reunión del McKinley y no se siente muy a gusto. -Se sentó junto a el.

- ¿Porqué?

Hablar de cualquier cosa aliviaba el nudo que tenía en el pecho ante la proximidad de su encuentro con Nick y el adorable marido de este. Estuvieron charlando unos cuantos minutos, Sebastian explicándole las conjeturas a las que el había llegado tras los crípticos mensajes de su marido. La conversación se detuvo cuando Rick les llamó desde la puerta. Wes les estaba buscando. Se encontraron con el viejo gorrión en la puerta del salón multiusos. Habían habilitado la enorme sala para que recibiera a los Gorriones graduados en el 2013. Habían colocado un pequeño escenario en el que tendría lugar el discurso del director y una pequeña presentación de las últimas actuaciones. Habían colocado mesas en uno de los laterales con un selecto catering para amenizar con comida la fiesta. Tras el protocolo y los pequeños discursos de los antiguos capitanes (Sebastian y Hunter), apagarían las luces y la verdadera fiesta comenzaría.

- ¿Preguntabas por nosotros? -Wes se giró ante la voz de Sebastian.

- Si, tenemos un problema de última hora. El proyector no funciona. -Los tres chicos esperaron que siguiera hablando. El director rodó los ojos.- No se podrán proyectar los últimos éxitos de los Gorriones.

- ¿Y cual es el problema? -le preguntó Jeff.- Todos sabemos cuales fueron.

- Vosotros si cabeza panocha, pero los familiares y acompañantes no.

- Pues no se... supongo que se tendrá que suspender esa parte de la reunión.

- ¡Me niego! -sentenció el hombre. Los tres dieron un paso atrás. Wesley Montgomery podía ser muy cabezota cuando se lo proponía.- Todo sería muy soso y serio. Además, quiero fardar de mis compañeros.

- Wes...

- Podríamos cantar en directo.

Ninguno de los tres e había dado cuenta de que Hunter se había acercado hasta donde ellos se encontraban. El antiguo militar seguía siendo tan furtivo como en sus años de instituto. El hombre se inclinó hacía Wes y le habló al oído algo que hizo que el moreno riera con ganas. Los demás se quedaron algo mosqueados. Sebastian fue el primero en reaccionar.

- No creo que sea lo adecuado Coronel Clarington. -le dijo con una sonrisa falsa, redoblando el tono solemne de su voz al hablar de su puesto en el ejercito.- Estamos mas que desentrenados y comprendo que tu no tengas reputación, pero yo soy un abogado bastante talentoso que necesita mantenerse así.

- ¿Es miedo lo que escucho en tu voz? -Jeff decidió intervenir antes de que la sangre llegara al río.

- Pienso como Sebastian. No creo que pueda acertar una nota sin desentonar.

- Esa es la peor falacia que he escuchado salir de tus labios Panocha. -Le dijo Sebastian. Jeff se quedó anonadado.- Se que has ayudado a varios de tus clientes en la saya de ensayo cantando con ellos. No tienes el instrumento "vocal" oxidado.

- ¿Tu de que lado estas?

- Del mío. -Le guiñó un ojo.

- Entonces decidido. -Wes dio una palmada.- ¿que os parece comenzar con "Glad you came"?

- ¿No era deshonrosa?

Jeff se alejó de la conversación, les había escuchado discutir toda la tarde y no estaba de humor para escuchar de nuevo esa pelea de gallos de corral. Se alejó unos pasos para colarse en el salón sin que se dieran cuenta. Hunter fue el único que le miró. Imperceptiblemente asintió con la cabeza diciéndole de ese modo que no se preocupara, que el lo cubría. Se metió las manos en los bolsillos y paseó por aquel lugar. Las paredes guardaban innumerables recuerdos de su juventud. Se sentó en uno de los laterales del supuesto escenario y comenzó a recordar.

La mas memorable de las ocasiones que venían a su mente era cuando, en el último curso, se había colado en el salón con una botella de Vodka y otra de Whisky escocés que Sebastian había metido en la escuela de contrabando. Habían faltado a las últimas clases, francés y biología habían sido las damnificadas. Rick, Sebastian, Hunter, Nico, Nick, Thad, David y el se habían sentado en círculo con la estupidez de jugar a la botella. No tenía muchos recuerdos claros pero lo poco que sabía era que aquel día había estado apuno de darse un beso con Nick. Lo había deseado en secreto, aunque días después haría su gran momento de jovencita deshonrrada cuando Nick tratara de bsarle. Había deseado que "Su primer beso" con letras mayúsculas fuera con el, en aquel juego, sin repercusiones reales. Sin embargo la botella no le había hecho caso, su primer beso había sido con Hunter. Las pesadillas habían durado días.

La llegada de los dos primeros gorriones le sacó del estupor en el que se había sumido. Se levantó y saludó a los antiguos conocidos. Los demás también fueron llegando hasta que estuvieron casi todos. La mayoría de los muchachos habían traído con ellos a sus familias. Luke incluso venía con sus bebé, el pequeño Timothy, inscrito en Dalton desde el momento en que era una idea en el vientre de su madre. Wes actuó como un anfitrión desde el instante en que empezaron a llegar. Saludando a las familias y sabiendo a la perfección el nombre de todos aquellos que llegaban a la reunión. Jeff se mantenía en uno de los lados junto a los chicos, Sebastian y Hunter se les habían unido en poco tiempo, oliendo a tabaco, pero soportablemente enteros. Todos con una sonrisa en los labios y sin embargo un ojo en la puerta. Estaban esperándole. Trent cruzó la sala medio corriendo hasta llegar al grupo.

- Ha llegado. -les dijo.- Nick acaba de llegar. -Sebastian llamó la atención de los muchachos.

- Plan "Salvad al soldado Nick" en marcha. -Miro a la puerta.- Sabéis lo hay que hacer.

- Después del espectáculo. -Dijo Rick.- Cuando las luces bajen.

- Que comience el espectáculo.- Tras decir estas palabras Hunter apuró su copa de Chapán.

El corazón del rubio comenzó a latir frenéticamente, había llegado el momento de la verdad. Jeff esperó que cruzara las puertas para acercarse. Ya no estaba en calzoncillos, no tenía frío, estaba en su escuela pero tenía mucho que perder en esa ocasión. Era un todo o nada. Sin poder evitarlo desvió los ojos hacía la pequeña porción de piel que aún continuaba morada alrededor de su párpado. Los Gorriones no mentían, aquello había sido un golpe y tenía la marca de Adam por todas partes. Su intención de llevárselo de allí se hizo mas fuerte. Había tenido sus dudas, pero todas ellas habían quedado olvidadas al ver su triste sonrisa. Nick no estaba bien aunque tratara de aparentar ser el mismo. Su cerebro hizo cortocircuito al ver que no iba solo. Adam estaba entrando también, con una sonrisa complacida y la mano siempre colocada en la baja espalda de su marido. Marcando su propiedad.

Sintió una mano en su hombro y se reconfortó en la mirada de Rick. Aquel grandullón era el mejor amigo que alguien pudiera desear, un gorrión fiel que no dudaba a la hora de darlo todo por los demás. Se tranquilizó y espero que algunos de sus compañeros saludaran al moreno. No quería ser demasiado obvio. Al ver a Sebastian acercarse pensó que era el momento adecuando. Comenzó a caminar hacía ellos.

- ¿Abogado? ¿en serio? -le estaba preguntando Nick al rubio cuando llegó hasta ellos.

- Eso pone en mi licencia. -Se rascó la nuca.¿- Tengo un Buffet en Cincinnati -Alzó la vista para mirar a Adam- "Anderson, Smythe & Co" ¿te suena?

Un músculo comenzó a palpitar en la barbilla de Adam al darse cuenta que aquel era su abogado. Al mismo al que Jeff le había dicho que debía recurrir en caso de querer hablar de nuevo con el. Jeff pensó que era un buen momento para hacer notar su presencia.

- Hey, hola Nick. -El moreno sonrió.

- Hola Jeff. Cuanto tiempo.

- Si, mucho.

- Es el inicio de conversación mas patético que he escuchado en los últimos meses y trabajando como abogado eso es mucho decir. -Como siempre, Sebastian metiendo baza con la finalidad de aligerar el ambiente.

Nick reaccionó y sobresaltándolos a todos se acercó para darle un enorme y cálido abrazo a Jeff. El rubio cerró los ojos y se permitió disfrutar del extraño contacto a pesar de que no entendía porque lo estaba haciendo. Si Adam era el monstruo maltratador que todos sabían aquello no debía de estar haciéndole ni pizca de gracia. Había dos opciones o bien Nick queria demostrar su independencia delante de su marido (un extraño juego de poder en su opinión) o simplemente le extrañaba demasiado como para reprimirse.

- Te he echado de menos. -le dijo Nick al oído. Al parecer la segunda opción era la acertada.

- Y yo a ti.-La sinceridad fluyendo por su boca.

Jeff pensó que podía morir en los brazos de Nick. No quería separarse y sin embargo sabía que tenía que hacerlo. Pensó que sería maravilloso poder estirar aquellos segundos y que pudieran permanecer así por siempre. Abrazadas y unidos, juntos al fin. Aflojó el gesto asumiendo que era el momento de dejar que Nick se alejara. El moreno se apartó con un brillo en los ojos que segundos antes no había estado allí. El corazón de Jeff saltó en respuesta.

- Jeff. Me alegro de verte completamente vestido.

El rubio había olvidado por un segundo que Adam continuaba allí. Tan perdido en la mirada de Nick no había caído en que de nuevo le sujetaba la cintura. Tuvo que controlar el estúpido impulso de arrancar esa mano de SU Nick. No estaba bien y no entendía como los demás no podían ver los trozos de Nick

- Adam, cuanto tiempo. -Le dio la mano, el otro trató de romperle los dedos de tan fuerte que apretaba.- Es un placer que hayas podido venir.

- Sentía curiosidad por conocer a los famosos gorriones.

- Tanto como famosos... -intervino Sebastian.- En los geriátricos de todo Ohio éramos leyendas. Pero poco mas.

- Si, por lo que me han contado siempre acababais perdiendo ante el instituto McKinley. -Los tres gorriones torcieron el gesto. Sebastian habló.

- Eran excepcionales.

- O vosotros menos buenos de lo que creíais. -Los ojos del rubio se enturbiaron. Iba a replicar y no estaba del mejor humor. Una voz les interrumpió.

- ¡Nick! -Wes le dio un abrazo.- Me encanta que finalmente hayas podido venir.

- No podía negarme. Estaba seguro que tu mismo hubieras venido a buscarme si se me hubiera ocurrido negarme.

- Bien cierto. -Le ofreció su mano a Adam.- Usted debe de ser el hombre que nos ha robado a nuestro Nick. -El rubio se la estrechó con mas fuerza de la necesaria.

- Ahora MI Nick me temo.

Las cosas se volvieron tensas durante un segundo. Wes era una persona cortés, pero había ocasiones, momentos muy concretos en la vida, en las que su afable expresión cambiaba. Jeff podía dar fe de que solo había presenciado un estallido del director. En ese momento se podía oler la catástrofe. La estática de megafonía distrajo la atención, uno de los muchachos estaba pidiéndole a Wes que subiera al escenario. La reunión debía comenzar.

- Si me disculpan.

Wes se alejó, subiendo al pequeño escenario que había habilitado para la reunión. Agradeció con un cálido abrazo al gorrión que le tendía paso y se colocó frente al micrófono. El discurso estaba apunto de comenzar.

- Bienvenidos Gorriones. -Miró a todos los allí reunidos.- Estoy orgulloso de que hayáis respondido a mi llamada Hermanos. Porque mas que amigos, somos hermanos y hay ocasiones en que solo alguien en quien hemos confiado tan ciegamente es capaz de recordarnos quienes somos. -alzó las manos.- Llegamos a esta institución como desconocidos. Hoy nos encontramos como una familia.

- Amén. -dijo Thad. Quien había aparecido al lado de Jeff. Los dos se sonrieron y siguieron atentos. Wes aún no había acabado.

OoOoOoOoOoOoO

Nick sintió que algo se removía en su interior ante las palabras de su antiguo capitán. Wes y Nick tenían una historia en común, ellos dos tenían un pasado centrado en los vestuarios de la Dalton. Ambos eran jugadores del equipo de Baloncesto de la Academia, compartendo siempre derrotas y victorias. Esperando el momento de salir, respirando el nerviosismo del otro. Esa no había sido la primera vez que hubiera escuchado una charla como aquella, Wes era bueno con las palabras, el lo sabía. Le había animado a que se apuntara al club de Debate antes de intentarlo los dos juntos en el coro. Wes era el único que los animaba antes de los partidos. Era el y no el capitán quien se ponía frente a cada uno de ellos, mirándolos a los ojos, expresando la confianza que les tenía con solo cuatro palabras "hoy ganaremos por ti". Tenía la capacidad y la fuerza de levantar la moral de cualquier persona. Por eso no había tardado mas de dos meses en alcanzar el máximo puesto en los Gorriones. Por eso era el quien estaba frente a todos ellos.

Hay ocasiones en que solo alguien en quien hemos confiado tan ciegamente es capaz de recordarnos quienes somos. Nick se estremeció, aquellas palabras habían sonado demasiado personales. No sabía porque, pero Wes conocía su debacle interna. Apartó la mirada abrumado, no quería que descubriera lo que estaba apunto de hacer. El lo detendría y no podía parar ya. Apartó la cara, pero no pudo evitar seguir escuchando sus palabras.

- Hoy es un día especial. Hace ya cincuenta años que esta escuela está en pie. Cincuenta largos años en los que ha mantenido una férrea determinación en cuidar de aquellos que no podían encajar en la vida. Es su inicio, esta institución fue un hospital para refugiados, un hogar para huérfanos. Un lugar al que aquellos que huían podían recurrir. Una fortaleza bajo el mando de uno de los últimos hombres puramente buenos. Un hombre que consagró su vida a la protección de los mas desfavorecidos. Arthur Dalton III fue un gran señor y jamás ha de haber un director mejor que el. En su lecho de muerte tuvo una visión. Recitó unas palabras que formaron parte de la historia de este lugar. Su visión del mundo. Ven gorrión que has perdido a tus padres, juega conmigo. Fueran sus últimas palabras.

Dejó que las palabras calaran en los demás. Nick, tímido volvió la vista a el solo para comprobar que le estaba mirando. No como se hace en una exposición, vista perdida y todo lo demás. No, le estaba mirando a los ojos, con las palabras pasando a toda velocidad por ellos.

- Y yo hoy os digo. Venid mis hermanos, venid mis gorriones. Venid a jugar conmigo.

El público estalló en un aplauso. Muchos prefirieron silbar, como era tradición en el coro. Sebastian incluso alzó las manos para animar a Wes a seguir hablando. Nick observó su alrededor. El siempre había pertenecido a aquellas cuatro paredes, Dalton era su casa, el único hogar que había conocido cuando sus padres decidieron dejarle allí y ellos marcharse lejos. Vivir con su abuelo no le había reportado ni la mitad de la calidez que la biblioteca representtaba para el. Sus hermanos estaban allí. Jeff estaba allí y verls a todos unidos le daba la verdadera razón, la fuerza para hacer lo necesario por salvarlos. Como ya había dicho, la Academia era su todo. Por eso había elegido Dalton para suicidarse.


Si, lo se, queda una parte importante de este capítulo, pero estaba quedando algo largo y he pensado que lo mejor es partirlo. Aun no se si serán dos o tres trozos, pero aquí va el primero de ellos.

En el próximo episodio de We Change...

- Nick, ¡que mierda estas haciendo!

El moreno observó a su pesadilla. Jeff estaba frente a el mientras trataba de taponar su herida. Las manos del rubio se cubrieron de inmediato de sangre. Nick sonrió y con la mano que tenía sana sujetó el pelo de Jeff para atraerlo hacía el.

- Os estoy salvando.

Y no esperó respuesta. Hizo aquello que estaba esperando hacer desde hacía ya diez años. Le beso con la poca cordura que le quedaba. Con lo poco que le había dejado Adam.

- Te quiero. -le dijo con un hilo de voz.

- Nick, no me dejes, no ahora.

Pero ya no podía escucharle. Se perdía en un túnel negro en el que simplemente escuchaba de lejos el sonido de un gorrión cantando.

(Estoy escribiendo este trozo y estoy casi llorando) Reviews. Plis. I love You.