N/A: ¡Hoooola!
¿Como se encuentran mis lectores queridos preciosos? :/3
Capítulo interesante, en serio. Creo que es el más largo que he escrito hasta el momento... -Se aplaude a si misma(?)-
¡Gracias a Julian y a Jumbiie Hana por su Review!
¡Gracias a yuki-chan22 por su crítica constructiva! ¡Claro que no! Kid sigue tan guapo como siempre, dije obseso por lo de obsesivo. Tiene poco que lo leí en un libro. Ya veré como diablos le hago, pero pondré más diálogos... Me promise. Y no te preocupes, pronto comenzarán a notar que nadie es perfecto. ;)
¡Gracias a CATITA-EDWIN, siempre es un placer leerte!
¡Disfrútenlo!
Mientras Tsubaki dormía sin preocupación alguna, al otro lado del mundo, Black Star se alistaba para ir al Shibusen.
Apenas salió al porche del edificio de departamentos en el que vivía, una chica de cabellos rizados le saltó encima, abalanzándose sobre su cuello en un abrazo bastante salvaje...
-¡Buenos días Meisteer! ¿Dormiste bien?-Preguntó Scarlet sin zadarse de Black Star.
-No muy bien, Scar... Pero no hay nada que le pueda hacer. ¿O si? Venga, o llegaremos tarde-. Respondió el de cabellos azules mientras apartaba lentamente a Scarlet.
No lo malinterpreten, le había tomado cariño a la chica, en serio. Desde su primer día en la Technician & Weapons London Shibusen (N/A: ¿Verdad que todo suena más refinado si estamos en Londres?)... Cuando se tropezó con ella en el pasillo de entrada. Black Star no dudó un segundo en pedirle indicaciones para llegar a los que sea que supliera la Death Room. Y ella, avergonzada, admitió que estaba tan perdida como él.
Entonces Black Star pasó el brazo por sus hombros y comenzó a caminar. Le calculaba unos trece años -él recién cumplía dieciséis-, y lucía mucho más desorientada que él, así que juntos buscaron la Recotría, donde los recibió una especie de Sherlock Holmes moderno, que al ver que se habían encontrado mutuamente, "dedujo" que ellos debían ser compañeros.
Desde entonces habían pasado casi tres semanas, y aunque de verdad quería a Scarlet, pues se había vuelto una especie de hermanita para él, no podía evitar pensar en la mujer que tenía su corazón como rehén.
-Tsubaki… Si supieras cuanto te extraño…-Susurró Black Star mientras observaba como Scarlet corría para asustar a las palomas que estaban en la plaza.
Perdido en sus recuerdos, Black ni siquiera se dio cuenta de cuándo habían llegado al Shibusen. Bueno, hasta que casi se mata por no ver las escaleras…
-Siempre tan distraído… Un día en serio te harás daño, y ¡espero estar ahí para reírme de ti!-Canturreó Scarlet mientras le daba un juguetón puñetazo en el brazo a su Técnico.
-Jeje, es cierto pequeña. Debo tener más cuidado, o ese día podría ser hoy mismo…-. Respondió alegremente Black Star. Era muy divertido estar con esa chiquilla… En muchísimos aspectos, le recordaba a Patty Thompson, la pistola gemela de Kid, siempre tan activa, tan inocente; a su lado, él parecía todo un hombre maduro, y eso es mucho para su gusto.
Entonces se pasaron por el mural de las misiones, donde muchísimos alumnos se apiñaban para conseguir un trabajo interesante, pues las clases no eran del todo interesantes los últimos días.
Por esa misma razón, Black Star y Scarlet se detuvieron a buscar alguna misión emocionante, pues querían que su primer trabajo juntos dejara bien claro que ellos no eran una pareja de ineptos ruidosos, que era el concepto que se tenía de ellos en la escuela… Después de todo, siempre llegaban tarde, o perdían su salón, además de que gustaban de meterse en problemas.
-¡Mira, Black!-Dijo la pequeña mientras señalaba una tabla muy arriba en el muro.-Esa misión tiene mucho tiempo ahí, y nadie la ha tomado…
-Ha de ser muy peligrosa, o sin buena remuneración- Respondió casi automáticamente Black Star, pues era algo que Tsubaki le había enseñado: las misiones antiguas no siempre son buenas, pero si es mucha la necesidad de quién la solicita, el pago aumenta considerablemente.-¡Justo por eso es que la tomaremos!
-¡Yupi!-Scarlet no pudo evitar soltar un gritito, al mismo tiempo que se estiraba para alcanzar la tabla en la que estaba escrita la misión que llevarían a cabo.
Al ver que su compañera no lo lograría, Black Star decidió tomarla él mismo, y cuando la tuvo en las manos, no pudo evitar la tentación de darle un suave golpe en la cabeza con ella a Scarlet…
-Venga, vamos a reportar nuestra misión, pequeñita…-Dijo burlonamente el de cabellos azules, provocando que la chica inflara las mejillas fingiendo haberse ofendido, para inmediatamente después seguirlo por el pasillo rumbo a la Rectoría.
Una vez ahí, le informaron a la secretaria que tomarían la misión de matar a Iacomino Tomasso, principal contacto de la mafia en Italia… ¡Justo lo que necesitaban para reivindicarse como los mejores del Shibusen!
Ya que la mujer había tomado sus nombres y el número de misión en la computadora, Black Star y Scarlet se retiraron, pues pronto tendrían otra clase…
Entonces la secretaria se dispuso a enviar los datos a la base web del instituto, para que todos los Shibusen del mundo supieran que la misión había sido tomada.
Justo cuando el computador enviaba el mensaje, ocurrió algo bastante inesperado: Se fue la luz, al mismo tiempo que sonaba el timbre para la primera clase de la mañana, y la hora de desayuno de la secretaria.
-¡Uy! ¡Hora de almorzar! Ya arreglaré esta porquería cuando tenga la pancita llena…-Se dijo a sí misma mientras se levantaba de la silla giratoria y caminaba fuera de la oficina.
Cuarenta y cinco minutos después, la secretaria volvía a su puesto de trabajo, con un marcado estómago de chilaquiles, cortesía del restaurante mexicano que estaba cruzando la calle.
Tanta era su satisfacción en ese momento, que olvido por completo reportar la misión que los chicos habían ido a presentarle, y se puso a jugar Solitario en la computadora. Y así permaneció por el resto del día, quejándose de que su vida era terriblemente difícil, y que nunca podía ganar un juego.
(N/A: Y como yo misma decidí lanzar a Black tan lejos de Tsubaki, y los malditos husos horarios están tan coordinados, ¡aquí va!)
Justo cuando Black Star volvía de su sesión de ejercicios nocturnos, y se quedaba dormido en el sillón frente a una televisión sintonizada en las TeleCompras, Tsubaki despertaba fresca como una lechuga(?).
Había sido la mejor noche desde hace un mes… No despertó jadeando, ni entre lágrimas, simplemente, se abandonó al sueño, así como se abandonó a la perspectiva de un nuevo amor; uno que no la hiciera llorar, o que la abandonara a medianoche sin siquiera decir adiós.
Porque Nathaniel era perfecto. Él era todo lo que Tsubaki jamás había querido, o eso pensaba…
Llegó al Shibusen con media hora de sobra, y ahí, en la entrada, tan glorioso como siempre, estaba su compañero esperándola.
Vestía una camiseta sin mangas negra y bermudas blancas, y de algún modo esa combinación de colores hizo que la mente de Tsubaki le jugara una mala broma. Por un segundo, Nathaniel desapareció del sitio donde estaba de pie, y en su lugar apareció Black Star, con su sonrisa socarrona de las mañanas…
Esa visión bastó para que Tsubaki se frenara en seco, con los ojos extremadamente abiertos… ¿Qué carajos había sido eso? ¿Por qué había pasado?
De la nada, toda la torre de "yo ya no lo quiero, que sea feliz con Scarlet", que Tsubaki había apilado a lo largo de la semana, se derrumbó sobre ella… Y la verdad la golpeó como un mazo: Ella aún amaba a Black Star.
Haciendo acopio de todas sus fuerzas, la morena continuó caminando hasta llegar a Nathaniel, quien se dio cuenta de su repentino cambio.
-Hey, ¿te encuentras bien, princesa?-. Preguntó el chico mientras depositaba un suave beso en la mejilla de Tsubaki, provocándole un leve sonrojo a la morena.
-Claro, claro… No te preocupes Nathaniel… Estoy bien. ¡Vamos a conseguir nuestra primera misión!-Dijo la chica, que de la nada lucía sumamente ilusionada, y tiraba del joven al interior del recinto.
Una vez en la pared de las misiones, ambos se pusieron a buscar algo emocionante, que representara reto para ambos…
Y al mismo tiempo, los dos chicos se estiraron para alcanzar la misma tabla. En el momento en que se tocaron, una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal de Tsubaki, y de inmediato apartó la mano.
Entonces Nathaniel bajó la tabla, y la leyó en voz baja, tan baja, que Tsubaki sólo veía sus carnosos y seductores labios moverse…
-Pues, básicamente hay que eliminar a Iacomino Tomasso, un mafioso de Italia… Suena bien, ¿no crees?-. Preguntó el de cabello azabache, mirando a Tsubaki.
-¡Claro que sí! Es perfecta Nathaniel. ¡Vamos a registrarla!-. Respondió la chica emocionada.
Una vez en la oficina de misiones, simplemente tuvieron que escribir sus nombres en una tarjeta con elástico y atarlo alrededor de la tabla, ya que cada noche se actualizaba la base de datos según el reporte de tarjetas tomadas de la oficina.
El resto del día fue bastante aburrido en comparación con la elección de su primera misión… Bueno, Nathaniel conoció al profesor Stein, y la cara que puso cuando vio al oso panda recostado en la plancha, y al loco ese preparar sus instrumentos de disección, valió oro…
En fin, al día siguiente saldrían rumbo a Italia.
¿Qué clase de emociones los esperarían allá?
JAJAJAJAJAJA... Creo que ya saben para dónde va esto... xDDD
Y dejenme decirles, que disfruté mucho escribiendo este, y el capítulo siguiente.
Ay, ¡como me motivan!
Ahora sabemos que Black Star sólo quiere a Scarlet como su hermanita encimosa... -Suspira-. Se siente bien quitarse un peso de encima, ¿no?
¡Gracias por leer!
