Quinn cerró la puerta tras de sí, haciendo que el joven se sentase en una de las sillas de su alrededor, o más bien la que estaba situada al lado de la mesa. La mujer se acercó hacia la máquina de café y pulsó el botón, colocando su taza para que el líquido se vertiese sobre la taza de café. Sus pupilas verdes centelleaban con cierta fiereza y cansancio. Joe tragó saliva, titubeando un poco a la vez que se sentaba en el sitio, dejando las muletas a un lado con cierto gesto de desesperación, recibiendo la ayuda de Quinn.

―Gracias―Agradeció el chico con una sonrisa.

―Gracias a ti, Joe―Susurró ella con una sonrisa cómplice.

No olvidaría nunca el apoyo que ese chico le ofreció en esos días donde sus piernas se encontraban incapacitadas para moverse. Con esa ayuda que el muchacho le dio, logró andar mucho antes de lo que ella esperaba. Nunca lo olvidaría. Eso lo tenía claro. Y el saber que después, años sin verse, lo vería con unas muletas, le parecía más bien una comedia más de lo que le resultaba la vida. El hombre sonrió con cierto cariño y nostalgia, dejando las muletas en el suelo mientras se colocaba mejor, observando atentamente la figura de la rubia.

―Debes de estar cansada―Musitó entonces, el chico, haciendo que ella sonriese con cierto toque sonriente.

―Lo estoy. Tomar apuntes de los interrogatorios de personas que no parecen ser culpables es bastante…En fin, ya sabes.

―Supongo que entonces yo soy uno de los sospechosos―Levantó la ceja con cierta diversión―Pobrecito de mí.

―Solo te voy a hacer unas preguntas―Indicó ella con una sonrisa― ¿Dónde te hiciste eso?

―Veo que no me escuchas cuando hablo, señorita Fabray. Me lo hice en un ensaño de teatro. Un clavo atravesó mi pie. He traído los datos del médico.

―No hacía falta―Añadió Quinn, tomándolos entre sus manos.

―Creo que sí. Es para que veas que no pude hacerlo, Quinn. No con estas muletas. No me creo tan increíble como para hacer algo así tan rápido. Necesitaría ayuda.

La mujer se quedó en silencio, comprobando que, efectivamente, un clavo había atravesado uno de los pies del muchacho, haciendo que le fuese imposible caminar. La mujer frunció el ceño. Los datos eran de esa misma mañana, aunque supuso que serían recién sacados. Asintió, sonriendo al joven, recordando que la noche anterior había comentado ese hecho vagamente y que llevaba las muletas consigo. Se sintió un poco mal, aunque enseguida comprendió que él no podría ser el asesino que andaban buscando.

― ¿Cómo te lo hiciste?

―Un compañero empezó a discutir con otro y…Bueno, cogió la taladradora, intervine y…Ya te imaginarás como acabará la historia.

―Pues vaya con tu amigo, ¿no?

―Perdieron los nervios los dos. Ya sabes que por una mujer, perdemos la cabeza…

―Supongo que sí. ¿Conocías a Marley de antes?

―Era la primera vez que la veía en persona, siendo honestos. La conocí ayer por la noche, para gracia mía.

― ¿No te cayó bien?

―No me parecía muy agradable, además de que…Mejor no hablaré, no soy quien para juzgar a nadie, Quinn.

―Siempre tan honesto.

―Ya sabes que en eso siempre he sido así. No me gusta quejarme de otras personas, y menos de alguien a quien no conocía en sí.

― ¿Y nunca habías oído hablar de ella? ¿Ni siquiera a alguno de nosotros?

El muchacho se quedó en silencio, pensativo, además de mordiéndose uno de los labios con gesto titubeante. La rubia enseguida comprendió que algo parecía de estar pasando, y que seguramente, el chico sabía más de lo que aparentaba. El gesto compungido de él asintió, haciendo que ella se acomodase mejor en la mesa, donde estaba sentada, dándole algo la espalda a él. Le miró son sumo interés, dejando a un lado el bolígrafo.

―Ayer le oí hablar con alguien. Por el móvil, cuando subí para arriba finalmente después de intentarlo tanto. Estaba hablando con alguien, y parecía estar teniendo una discusión. Le oí decir algo de que ella no tenía la culpa de haberse interpuesto o algo por el estilo. Me dio la impresión que debió mantener una relación con alguien que estaba con otra persona o algo.

― ¿Qué era la amante de alguien?

―Sí. A esa conclusión he llegado. No sé de qué iría el asunto, porque seguí a lo mío, pero escuché algo de eso. ¿Puede ser relevante para la investigación?

―Bastante. Depende, claro, pero si hay una discusión por medio, esta puede ser el móvil para matar a alguien, y más si se trata de que era una amante de alguien―Se quedó en silencio―Por ahora no tengo nada más que preguntarte, Joe. Pero necesito tenerte localizado. ¿Te importaría apuntar tu número aquí, por favor?

―Por supuesto, Quinn. Ya sabes que siempre estoy dispuesto a facilitar el trabajo siempre que pueda yo hacer algo por ello―Susurró el muchacho con una sonrisa en el rostro, dejando el boli a un lado después de apuntar un par de números en la hoja― ¿Me puedo marchar ya?

―Sí, claro. ¿Necesitas que te ayude o…?

―No―Intervino él―Sé salir solo, además de que he quedado aquí cerca con un compañero de la obra. Muchas gracias por tu amabilidad Quinn. Así da gusto hablar con alguien.

―Me alegro, Joe―Contestó la rubia.

El chico salió de allí dejando a una muchacha sumergida en sus pensamientos. Lanzó su blog de notas encima de la mesa y se sentó en la silla con el boli en la boca, mordiéndolo mientras pensaba sobre los datos que tenía. Y no era mucho. Sin embargo, al menos ya sabía algo nuevo. La chica parecía ser la amante secreta de alguien, y la curiosidad en cierta manera le estaba pudiendo. ¿Qué narices estaba pasando allí? ¿En qué lío se habría metido esa chica para acabar muerta en una cena de reencuentro? Y la pregunta no era esa, sino que qué habría hecho ella para que alguien de Glee club la matase a sangre fría.

Dejó que su mente se relajase un poco, escondiendo su rostro entre sus manos. Anastasia abrió la puerta un poco, asomándose para ver como su amiga permanecía quieta en su sitio. Una sonrisa se dibujó en su rostro, un poco cariñosa, para entrar en la estancia y cerrar sigilosamente tras de sí la puerta. Una sonrisa se acomodó en el rostro de Fabray cuando se percató del movimiento de su amiga. Esta se colocó cerca de ella, sentándose en la mesa con un movimiento rápido. Parecían jóvenes, y aunque ella lo era, Anastasia ya tenía una edad más avanzada. Y sin embargo, allí estaban las dos, reconcomiéndose los pensamientos en algo que no tenía ni pies ni cabeza.

― ¿Has descubierto algo? ―Preguntó Quinn después de un silencio que se le hacía algo incómodo.

―Nada que merezca la pena mencionar. Kurt parecía mantener cierta relación con ella, al igual que Rachel. Trabajaba, no parecía mantener relación alguna con nadie. Ni tampoco me han dicho que era una chica problemática. Al contrario. Tiene un buen currículum. Parece perfecta, si te soy sincera―Señaló la castaña pensativa.

―Pues no lo es tanto. Tuvo por lo que parece una relación misteriosa con alguien. Y que se interpuso entre la relación.

― ¿La amante de algún casado? ¿O de alguna pareja? ¡Pero si rotas en el Glee hay muchas! Quizás esté todo malinterpretado.

―Es la única lógica, y es el móvil que estoy viendo. Piénsalo. En esa sala, no hay razones por parte de nadie para odiar a esa chica. No al menos laboral. Todos tienen la vida solucionada y se encuentran en muy buenas posiciones.

―Puede que ella les quitase algún puesto o…

―No todo es cosa del dinero. También puede ser del corazón, Anastasia. El caso es que barajaremos todas las posibilidades. Pero ahora es de esto de lo que tenemos que tirar.

―Sí, eso parece. Igualmente, tendremos que registrar su casa―Señaló―Estoy molida.

― ¿Qué tal con Rachel y Marta cuando las llevaste a casa?

―Bien―Contestó sin más, haciendo que Quinn sonriese un poco― ¿De qué te ríes?

―Te veo muy contenta. ¿Has hablado con Marta o algo? ―La aludida se sonrojó―Puedes contármelo. Sabes que entre nosotras hay confianza, si es eso lo que te da miedo.

―Ayer en el baño mantuvimos una conversación y…Estuvimos a punto de besarnos. Bueno, estuve a punto de besarla yo a ella.

― ¿En serio? ―Inquirió Quinn divertida― ¿Y qué ocurrió?

―Nada. Antes de que pudiese hacer nada, escuchamos los gritos. Creo que si no hubiese pasado nada, nos hubiésemos acabado besando. ¡Te juro que no podía evitar sentir un ardor en el pecho que…!―Exclamó con una sonrisa en el rostro, para acabar carraspeando―Lo que más me ha hecho ilusión es el hecho de que le importo, Quinn. ¿Sabes? Le importo. De que soy algo para ella después de estar tanto tiempo sin vernos.

―No sabía que estabas enamorada de una mujer.

―No es una historia de la que esté muy orgullosa. Y no hablaba de ella porque tenía la certeza de que jamás volvería a saber nada de ella.

―Y el destino te ha sorprendido.

―Sí. Debo admitir que sí―Carraspeó de nuevo, con sus mejillas sonrojadas.

Quinn sonrió un poco. Sabía que su amiga tenía que contarle muchas cosas, pero no sabía que era que estaba enamorada de una mujer desde hacía años, y que por razones que no sabía, las dos no estaban juntas por mucho que se quisiesen. ¿Así era de dura la vida? Estar sin ese alguien que tanto querías y estar con otras personas que ni siquiera merecían la pena al mismo nivel. Un escalofrío se apoderó de ella, pensando detenidamente en lo ocurrido la noche anterior.

Abrió la puerta con cuidado, procurando no hacer ruido alguno. El reloj de la entrada, digital, marcaba las tres de la mañana. Respiró un momento, cerrando tras de sí la puerta. Sin embargo, se sobresaltó al encontrarse con la mirada de Emma, la que se encontraba de piernas cruzadas con la bata de seda cubriendo su perfilado cuerpo. Quinn se quedó en silencio, observando a su novia sin saber qué decir para complacerla, sobre todo por el gesto severo que estaba mostrando. La pelirroja se veía en jarras, frunciendo sus finos labios.

Emma era una mujer de fuerte carácter, aunque en un principio no lo pareciese. Su cabello rojizo era de larga medida, y sus ojos azules centelleaban con una fuerza que encandilaría a cualquier chica. No era de cuerpo espectacular, aunque sus piernas se encontraban perfectamente torneadas. Sus pechos eran algo más grandes que los de la rubia, aunque estaban peor moldeados que los de esta, que tenía un cuerpo mucho mejor repartido. Sin embargo, Emma no era nada fea. Al contrario, era muy guapa. Demasiado guapa, y a veces, Quinn se preguntaba cómo es que la chica se había fijado en ella. Pero lo había hecho, y le gustaba.

La mujer se levantó entonces, dejando ver así todo su cuerpo. Su cabello se encontraba recogido en un sencillo moño que le hacía verse estupendamente, y una sonrisa apareció en su rostro, aunque el gesto de preocupación se plasmaba en ella. Estaba claro que había estado esperando por preocupación de que le hubiese pasado algo a su chica. Se acercó a ella con rapidez, tomando su rostro entre sus manos para depositar repetidos besos en ella. Quería demasiado a Quinn, eso era algo que ella tenía claro. No pudo evitar estremecerse al percibir la frialdad de la piel de su novia. En esa noche, había caído la helada, pero no había caído en que hubiese sido tanto.

¡Quinn! ¡Cariño! ¡Me tenías preocupada!

Perdóname, Ems. Es que…Ha pasado algo y…

Podrías haberme avisado―Reprendió la pelirroja―Estaba muy preocupada por ti. ¿No había salido con Anastasia?

Sí, había salido con ella…

Pensé que ibas a venir más pronto. Estaba a punto de llamarte para ver dónde estabas.

Sé cuidarme bien, Emma. No tienes por qué estar detrás de mí ni nada por el estilo―Soltó un poco cansada la rubia, dejándose caer rendida en el sofá. Emma la miró herida.

Parece ser que es un pecado que me preocupe por mi novia, veo. Para la próxima pásate todo el día fuera…Pero si un día te encuentras con que me he marchado, no te sorpresas―Amenazó la muchacha con cansancio― ¡Es normal que me preocupe por ti! ¿Tú no harías lo mismo llegado el caso?

Claro que lo haría, pero ya te avisé de que llegaría tarde―Suspiró―Perdona, esta noche no quiero discutir contigo. Ha sido dura la noche.

Emma relajó su rostro, sonriendo un poco para sentarse al lado de Quinn y tomar sus manos entre las suyas. No estaba muy acostumbrada a dar cariño a la gente, aunque con la rubia hacía todos sus esfuerzos. Era de carácter algo antipático, y algo fría, pero con Fabray intentaba no ser ella y cambiar un poco. Por ella estaba dispuesta. Por la gente a la que de verdad quería. La rubia la miró con cierta ternura, invitándola a que se inclinase y la besase en los labios con calma. Y así lo hizo.

Sus bocas encajaban con perfección y cierta ternura. La pequeña nariz de Emma rozaba de vez en cuando la de Quinn, haciendo que esta riese con ese encanto de sonrisa que enamoraba a la pelirroja. Le encantaba Fabray al completo, de una manera que nunca hubiese llegado a suponer.

Me encanta besarte―Dijo entre suspiros Emma, atrayendo de nuevo esa boca que tanto le apasionaba―A veces me enloquezco con que te voy a perder y…

Tienes que pensar que estoy aquí, contigo―Señaló Fabray, deslizando su mano por la barbilla de la chica con cierta ternura.

Conmigo…―Susurró tímida, y algo azorada―Me gusta pensar que eres mía, y solamente mía…

Por supuesto―Contestó zalamera su novia, volviendo a besarla castamente en los labios―Necesitaba esto ya.

Emma sonrió coqueta, y un poco maravillada, para así besar a su novia de nuevo con cierta intensidad. El ardor que sentía no era comparable con el sonrojo que se podía presenciar en sus mejillas. Su piel blanquecina encajaba con la de Quinn y le hacía estar bien a su lado. Deslizó su mano por el abdomen de la rubia, rodeando la cintura para apresarla un poco, sin separarse mucho de ella. Ese gesto sorprendió a Quinn, que no pudo evitar dejarse llevar por las manos tan sutiles de su querida novia. Sus labios se volvieron a encontrar con dulzura.

Yo también lo necesitaba. Y mucho. Te notaba todos estos días tan distante que…

Sabes que no. Soy igual de poco cariño que tú, cariño. Lo sabes.

A veces se me olvida. Pero no creo que llegues a mi punto. Yo soy demasiado, mi amor. ¿Qué es lo que te ha ocurrido? ―Cuestionó muy cerca de sus labios, jugueteando con ellos, provocando a la rubia―No has venido de buen humor.

Ha ocurrido un asesinato―Dejó escapar, separándose un poco al recordar el cuerpo de la chica, ensangrentado y sin vida. Le seguía costando encontrarse con alguien así en esa situación―Hace una hora más o menos. Por eso Anastasia y yo hemos tardado más en llegar de lo que hubiésemos pensado, Ems.

¿Qué es lo que ha pasado? ―Preguntó ella alarmada― ¿Tú estás bien? ¿Y Anastasia?

Me sorprende que preguntes por ella―Y era verdad. Sabía que el odio era mutuo por parte de las dos chicas, y no se esperaba nada que su novia se preocupase por su amiga.

De acuerdo que me parece una gilipollas, una falsa y…―Decidió callarse―Pero una cosa es eso, y otra muy distinta es que quiera que le suceda algo grave. Me parece mentira que dudes de eso, Quinn.

Igualmente estamos bien…

¿Y era en la fiesta esa en la que estabas? ―Se quedaron en silencio― ¿Quinn?

Yo…Conocía a esa chica, Emma. Y conozco a todas las personas que estaban a su alrededor. Y conozco al posible asesino―La mujer no entendía nada de nada―Emma…Tengo que contarte algo―La aludida frunció el ceño, separándose, sin comprender nada de nada.

― ¿Quinn? ¿Estás bien?

La aludida salió de su ensoñación, clavando su mirada en el rostro de su amiga, asintiendo. Claramente, discutió con Emma esa noche. La pelirroja estaba indignada y se sentía dolida de que no le hubiese llevado a esa cena para presentarle a sus antiguos amigos. Lo primero que se planteó era que se avergonzaba de ser lesbiana, pero cuando la rubia lo intentó arreglar con que había dejado claro que tenía una novia que era ella, eso solo consiguió que la furia de la mujer aumentase todavía más. ¿Se avergonzaba acaso de ella y de su carácter? La pelirroja admitió que no era muy dada a ser social, pero eso no quería decir que no hiciese el esfuerzo por su novia. Y la pelea llegó a un nivel en el que la pelirroja le dejó claro que quizás era porque, en el fondo, allí había una chica que le gustaba más que ella.

―Estoy bien. Estaba pensando en comprarle unas flores a Emma. Unos tulipanes. ¿Le gustarán?

―Son sus favoritos, ¿no?

Antes de que Quinn lograse preguntar, un inspector llamó a la puerta.

―Señorita Fabray. Afuera hay una mujer que desea verla.

Quinn y Anastasia intercambiaron una mirada para indicarle al buen hombre que hiciese pasar a la chica. En la mente de Quinn rondaba al principio que sería su novia, aunque en la comisaría ya la conocían, por lo que no debía de ser ella. ¿Sería Rachel? Se reprendió a sí misma al pensar en ella. Por otro lado, Anastasia pensaba que sería Marta, y secretamente, eso le hacía feliz. Sin embargo, no fueron ninguna de las tres mencionadas.

Una chica de melena rubia, aunque larga, por contrario a Quinn, apareció en escena. La sonrisa que relucía en su rostro era más de tono pícaro, causando conmoción en Quinn y algo de desconcierto en Anastasia.

― ¿No vas a venir a saludar a tu hermana, Quinnie?

La rubia seguía inmóvil en su sitio ante una Frannie que sonreía encantadoramente a su hermana mayor.

Nota de la autora: ¡Al fin! Bueno, ¿qué os parece? Pues aquí está Joe, que el pobre está con dificultades, una Marley que se entrometió por lo que parece en una relación...También a Emma. ¿Qué os parece? A mí me cae por ahora bien. Es un personaje que va a tener sus malos puntos y sus buenos, aunque la veáis muy de mala xD Y luego, tachan... Frannie Fabray en aparición. Seguro que eso sí que no lo esperabais xD

Contestación a los reviews que no tienen cuenta:

Monica13: Me alegra saber que te gustan las historias de misterio. Lo de Joe...Bueno, es pronto para decir nada, ¿no crees? Igualmente, iremos viendo todo. Y lo que más me alegra es que nuestras cuatro protagonistas te gusten ^^

Guest: Sí, siempre meto capítulos como el de hoy, en los que dejo un poco de tranquilidad ante la tempestad y porque aún faltan muchos personajes. Pero ya tenemos un detalle...Sobre nuestra querida Marley. No creo que sea ni parecido a lo de Agata C, ni en el tono ni nada, pero intento que sea una historia de misterio. Espero poder lograrlo xD A las dos primeras preguntas...Pues no digo nada. Finn aparece en el próximo capítulo. Tranquilas, que vamos a tener moreno para rato ;)

Muchas gracias por esperar la actualización. Me alegra saber que al menos comprendéis que no ha sido por gusto. Aquí os dejo ya el capítulo. Un beso. :)