El humo se acomodaba en la habitación que se encontraba cernida en la oscuridad. La televisión estaba encendida en el canal de las noticias, donde aún escuchaba a la prensa hablar del asesinato de la chica del club de música del antiguo instituto. Algunos reporteros lo marcaban como un suceso más en la vida, mientras que otros se extrañaban que hubiese sucedido ese asesinato y más en una cena de antiguos compañeros.
Dejó el cigarrillo después de darle una calda de sus labios, sonriendo después de eso mientras se levantaba de la silla del sofá donde se encontraba. Se acercó al televisor y lo apagó con un movimiento de muñeca, haciendo que todo el lugar se quedase sumergido en un oscuro silencio. Su rostro se contrajo en una mueca desagradable, aunque terriblemente maléfica. Soltó un poco el humo que retenía en su boca y después se acercó a la mesita de en medio del salón, cogiendo la copa rellena de vino y sorbiendo el líquido de este con un toque que le quedaba estupendamente bien.
Sabía que finalmente descubrirían quien era y todo lo que estaba haciendo, pero una parte de su interior le indicaba que eso no sucedería hasta tiempo después y que, cuando sucediese, ya sería demasiado tarde para poder hacer nada. Cumpliría con todo lo que estaba marcado por el destino y por lo que se le había exigido. Su rostro se relajó cuando volvió a encender el televisor y se encontró con el rostro de Quinn Fabray. Sonrió son satisfacción mientras se volvía a sumergir en ese manjar que era el vino. Dejó escapar un suspiro de sus labios mientras dejaba la copa sobre la mesa, sonriendo de nuevo y dejando caer su cuerpo en el sofá.
―Vaya, vaya…―Dejó escapar con una sonora carcajada que resonó en la habitación―Quinn Fabray…Vas a ser un digno adversario.
Y tras decir esto, levantó la copa, en un brindis hacia la rubia, mientras movía una pieza del juego de ajedrez que estaba al lado de la copa. Movió al caballo con cierta astucia, comiendo así a la reina. Sonrió con tranquilidad, sospesando todo lo que estaba sucediendo, pero con la certeza de que, con el próximo movimiento, destruiría al rey. Sin embargo, era consciente de que quedaba mucha partida, y que le gustaba jugar con las víctimas, por lo que se tranquilizó, pensando que disfrutaría mucho de eso.
Frannie dejó que su hermana sacase su maleta del maletero del coche bajo la atenta mirada de Rachel, que sonreía algo divertida por ver a su amiga siendo tan familiar con alguien. Nunca la había visto así y en cierto modo, era agradable verla estar así de bien con alguien de su familia. Una sonrisa se asomó en su rostro mientras que la rubia se adentraba al portal seguida de la menor, que esperó en la puerta a que Rachel pasase.
― ¿Vamos, Rachel? ―Inquirió Frannie, haciendo que la morena se sonrojase para acabar carraspeando y acercándose a su recién nueva amiga, aunque esta era algunos años menor que ella.
―No sé si debería, además de que ahí arriba…Bueno…Está la novia de Quinn y…
―Yo tampoco la conozco, si te sirve de aliento―Comentó Frannie con una sonrisa, y bajando un poco el volumen, se puso en plan confidencial―Te gusta mi hermana…
― ¿Qué? ―Se sobresaltó Rachel, mirando a Quinn, quien las observaba mientras subía la maleta con cierto gesto de curiosidad―Claro que no. No digas tonterías, Frannie.
―No era una pregunta, sino una afirmación―Dejó caer la chica―Lo sé porque sé reconocer a la gente que se quiere, ¿sabes? Es un don que he heredado―Aclaró la chica.
Una sonrisa se asomó en el rostro de la morena, empujando a la chica para que prosiguiese su camino. En su rostro se conformó una sonrisa mientras que, sorprendentemente, hizo que Frannie también sonriese, aún con una sensación extraña en su cuerpo. El miedo atenazaba su cuerpo, pero era consciente que no podía seguir así. Se había mudado allí para escapar del miedo y de la soledad, y aunque no era muy capaz de ello, esperaba que su hermana estuviese con ella. Le contaría lo que le tenía que contar en el momento adecuado, aunque una parte de ella era consciente de que no era capaz siquiera de estar bien pretendiendo olvidarlo. ¿Cómo sería afrontándose a su destino?
Tragó saliva mientras que Quinn abría la puerta de lo que parecía ser su piso, pasando a él cargada con todas las cosas. Rachel y Frannie intercambiaron una mirada de complicidad mientras se adentraban al mismo lugar que había entrado Quinn. La morena cerróa la puerta con cuidado tras de sí. Para su sorpresa, se encontró con una casa de aspecto agradable y tranquilo, bien acomodado y amoldado, por lo que se notaba que estaba adornado por una mano femenina. La mujer se sobresaltó con pensar que seguramente en esto tenía que ver la novia de Quinn. Emma. ¿Estaría ella en casa? Tragó saliva, un poco nerviosa, y con la sensación de que, por mucho que la mujer fuese agradable, no acabaría pareciéndole adecuada para la rubia. Incluso le molestaba que estuviese con ella, sorprendiéndose incluso a ella misma.
¿Sería verdad eso de que le gustaba Fabray? No podía ser verdad, porque al fin y al cabo, la chica era una mujer que nunca se había sentido atraída por ninguna mujer, aunque Quinn supuestamente era heterosexual y ahora estaba saliendo con una chica. Se mordió el labio, y cuando estaba dispuesta a decirle a Quinn que podía contar con ella, apareció una muchacha de cabello rojizo que era extremadamente guapa. Y sí, esa era Emma. La muchacha acababa de hacer su aparición con un movimiento rápido de muñeca mientras se colocaba un reloj de tonalidad plateada.
Llevaba un traje, y es que era abogada de una compañía importante de la ciudad. Levantó la vista, deteniéndose al ver a dos chicas desconocidas en su casa con su novia, con la que había tenido una fuerte discusión la noche anterior. Intentó relajar el gesto de su rostro, acercándose con paso vacilante aunque firme, colocándose al lado de Quinn, la que sonreía con timidez y pidiéndole todavía disculpas con la mirada.
― ¿Quinn? ¿Quiénes son estas dos chicas? ―Preguntó con tranquilidad, sonriendo de la manera más cordial que pudo a las dos extrañas que estaban en su casa.
―Perdona, cariño, pero ha sido todo un poco…Desconcertante, lo admito―Confesó la otra con gesto cariñoso, abrazando a su novia por la cintura, besando sus labios castamente.
Agradeció estar delante de las otras dos porque así Emma no se atrevería a apartarle ni montarle ningún número. Rachel apartó la mirada, incomprensiblemente dolida por el hecho de que Quinn pareciese estar feliz con una mujer, y más con esa que no le traía muy buena espina. Frannie, en cambio, no veía nada desagradable en la chica, por lo que no pudo evitar sonreír un poco. Quizás eso era lo que necesitaba su hermana. Un poco de estabilidad emocional y alguien que la quisiera y apoyase en todo. Una sonrisa se apoderó de la menor de las Fabray a la vez que en el rostro de la mayor, que se separó con gesto romántico de su novia, acariciándole el rostro sin poder evitarlo, haciendo que la pelirroja se quedase estática ante ese comportamiento tan inapropiado por parte de Quinn delante de las otras dos.
―Quinn, estamos delante de gente―Señaló con obviedad, mientras que su novia negaba con la cabeza, un poco divertida, debía admitir, del comportamiento de la muchacha.
―No pasa nada. Son de confianza, cariño―Señaló―Esta es mi hermana, Frannie. Te he hablado a veces de ella.
El rostro de Emma se descompuso en una mueca de sorpresa. No se esperaba encontrarse con la que era su cuñada a efectos técnicos en su casa, sobre todo al saber que Quinn no había sabido nada de ella en dos años. Pero eso no hizo que se inclinase y depositase dos sonoros besos en el rostro de la menor, que correspondió con el mismo énfasis y agradecimiento por el recibimiento.
―Encantada, Frannie. Yo soy Emma, la novia de tu hermana.
―Ya me he imaginado―Dejó claro la rubia con una sonrisa exactamente a la de Quinn―Hacéis una pareja perfecta, mis felicitaciones. Quinn, parece que has encontrado a una buena chica.
―Eso sin lugar a dudas―Musitó la rubia con gracia, sonriendo encantadoramente y haciendo que el poco enfado que quedaba en Emma se disipase―No me imaginé nunca el estar presentando a mi novia a mi hermana.
―Esto tenía que pasar, aunque no lo creyeses―Señaló Frannie con cierto acierto, sonriendo cálidamente a Emma que correspondió al gesto de la misma forma.
― ¿No deberías llamar a alguien? No sé, una compañera de trabajo o algo. Ya sabes… Par avisar de que estás aquí y demás.
Frannie asintió, un poco cohibida, dirigiéndose hacia donde Emma le había señalado que estaba el teléfono. Se acercó, tomando el auricular entre sus manos mientras se giraba, encontrándose con la mirada de Rachel, que la sonreía para tranquilizarla. Las tres esperaban a que Frannie hablase, mirándose entre ellas. Y sucedió.
Frannie pulsó el botón de colgar, pero se quedó con el auricular en la mano, sonriendo amablemente con el fin de evitar que ninguna de esas chicas sospechase que estaba mintiendo. Su rostro se contrajo.
― ¡Hola, Ali! ―Exclamó fingiendo una conversación con una persona que si existía o no era relevante en esta historia―Era para avisarte que ya he llegado, ¿de acuerdo? Ya estoy con mi hermana aquí, así que no tienes de qué preocuparte. Todo está bien―Hizo una pausa teatral―De acuerdo, un beso. Y cuídate, ¿vale?
Las otras sonrieron mientras que Quinn carraspeaba, acercándose a Rachel y tirando de ella con cierta fuerza de voluntad. Cómo amar a una mujer y presentarle a la persona que querías era una de las cosas que demostraba que Quinn Fabray era una de esas muchachas que merecían la pena. Una sonrisa se acomodó en su rostro, fingiendo que todo estaba bien para que al final, su mirada se clavase en los ojos oscuros de Rachel. Esta la correspondió en la mirada, y sintió como su corazón vibraba de puro placer. Tragó saliva, irguiéndose, para acabar tirando de la chica y colocándola en frente de su novia, la que observaba a Rachel con cierta curiosidad y, en cierto grado, temor. Una sonrisa se conformó en su rostro intentando apaciguar toda su alma.
―Emma, quería presentarte a Rachel. Fue una persona que resultó ser bastante importante en mi vida a su manera. Fue como una especie de amiga para mí. Rachel, esta es Emma, mi novia.
Las dos se quedaron mirándose detenidamente, analizando la una a la otra. Emma tragó saliva al comprobar que la morena era mucho más guapa de lo que había supuesto. Y que, claramente, era la mujer que traía loca a la que era su novia. No pudo evitar estremecerse y quejarse de dolor por dentro. Sabía perfectamente que si no estaba atenta, esa mujer le robaría al amor de su vida, y era algo que no tenía pensado permitir. Quinn era su novia, a la mujer que quería por encima de todo y por la que había luchado mucho por tenerla a su lado, y no pensaba perderla por una chica que había aparecido después de estar cinco años sin dar noticias. Lo tenía claro. Sonrió, tendiendo su mano, que era observada por el gesto de Rachel.
Una sonrisa se acomodó en el rostro de la morena, aunque esta tampoco parecía muy conforme con el gesto de su la otra. Por una extraña razón que ella desconocía, no le agradaba esa mujer. Pero nada de nada. Y no quería saber nada de ella más allá de lo que Quinn le contase. Pero tenía claro que no permitiría que esa muchacha le hiciese daño a su amiga, y algo le decía que no era juego limpio. Aceptó el gesto, tomando la mano y estrechándola con fuerza. El enfrentamiento entre dos titanes acababa de comenzar.
Anastasia se acomodó en el sitio junto a Marta, la que observaba atenta la escena mientras que Santana se sentaba en frente de las dos chicas con cierta curiosidad. ¿Acaso habían descubierto algo que le dejaba a ella en una posición comprometedora? Porque en tal caso, debía de ser que sabían la verdad. Su verdad. Se removió incómoda, esperando no tener que sacar su mal genio para sobrellevar esa conversación con las dos chicas, aunque no comprendía que hacía una de ellas allí, si no era una inspectora de policía, aunque se podía imaginar que habría insistido en acompañar a la castaña. La morena no parecía de ser esas chicas débiles que se dejaban llevar por el temor o por el miedo.
―Sed directas, por favor. ¿Qué es lo que queréis? ―Acabó soltando Santana, siendo extremadamente amable. Más de lo que solía ser, aunque su gesto demostrase lo contrario.
―Quería hablar contigo… No nos has contado toda la verdad―Exclamó Anastasia bajo la atenta mirada de Marta―No habías mentido.
―No he mentido en nada. Solamente que no quise decir una cosa que era personal. Pero no mentí al decir que no me agradaba Marley.
― ¿Mantuvo una relación con…?
Santana apartó al mirada, sintiendo como su corazón se estremecía de dolor ante el recuerdo de como la rubia que había mantenido una aventura con esa chica. Solo una noche, y que la rubia le había pedido perdón y clemencia. Pero ella no era capaz de mirarla a los ojos de nuevo, no con la confianza que antes sentía en ella. Un gesto devastador y un dolor en el pecho que podía con su alma. No pudo evitar soltar una carcajada que asustó a las otras dos, que no sabían cómo comportarse ante ese hecho. La muchacha parecía ser muy distinta de lo que ellas creían.
― ¿Yo? No. No me crea tan estúpida de mantener una relación con esa chica estando enamorada.
―Entonces…
―Fue Brittany la que pasó una noche loca con esa chica. No yo. Nunca me cayó bien, y no me atrajo, pero parece que a mi novia sí. Bueno…Lo que seamos, ni siquiera yo lo sé.
―Por eso has roto con Brittany…
―La quiero―Aclaró con seriedad, fijando su mirada en las dos chicas―La quiero, y mucho. Más que a nada en este mundo. Quizás por eso no hemos roto. Porque no me veo capaz a dejarla en sí. Pero no puedo estar a su lado aunque fuese un desliz. Mi confianza en ella se perdió.
― ¿Y Marley? ―Inquirió Marta por primera vez en esa conversación.
―Marley era una zorra que se encaprichó de Brittany y se aprovechó de esa situación para acostarse con ella. Nada más. Y sí, la odio, pero eso no me convierte en asesina. Además, esa muchacha estaba en el segundo piso cuando fue asesinada, y yo no estaba allí. ¡Las cintas de vídeo lo demostrarán! ¡Estuve todo el rato con Quinn y no me separé de ella!
―Pero nos mentiste y no nos contaste la información. Joder, Santana…
La muchacha apartó la mirada de nuevo, tragando saliva. Le era doloroso hablar de ese tema, y esas dos chicas debían comprenderlo. Debían de hacerlo porque querían a alguien, y querer significaba dolor, felicidad, sufrimiento, pasión, y demás paparruchas que incluso a ella le hacían gracia. Tragó saliva, volviendo a clavar su mirada en el rostro de ambas chicas para acabar abrazándose a sí misma, mordiéndose el labio mientras que una lágrima traicionera se escapaba de su párpado, deslizándose por su rostro, mancillado por la tristeza y que estaba a punto de romper en llanto.
― ¿Qué querías que dijese? ¡Oh, mi novia, el amor de mi vida, que me quiere mucho, me ha engañado con otra! Por favor, que parece más de un culebrón que de otra cosa.
― ¿Y no la has perdonado? ―Quiso saber Marta, más preocupada por la latina que por el hecho de que pudiese ser una asesina.
― ¿Cómo perdonar eso?
―Pero…La quieres…―Dejó escapar Marta.
― ¿Tú serías capaz de perdonar a la persona que quieres todo?
―Con el tiempo, sí.
― ¿Acaso has vivido esto? ―Inquirió Santana.
―No, pero sé de lo que hablas…Y te puedo asegurar que se puede perdonar a esa persona que quieres si te lo propones…Yo lo he hecho.
Y entonces, Anastasia la miró, con el corazón a punto de salir de su pecho. Marta también giró su rostro, encontrándose con los ojos claros de Anastasia, que parecían estar envolviéndola en una burbuja que le haría volver a un mundo de ensoñación. Tragó saliva, quedándose casi sin respiración. Se mordió el labio, apartando la vista para calmarse y seguir la conversación con la otra chica, que parecía percatarse de todo lo que sucedía a su alrededor.
―Me alegro por ti. Pero yo no puedo, o al menos, necesito algo de tiempo.
― ¿Y Marley? ¿Qué era? ¿Lesbiana?
―Bisexual. Creo que estaba pasando una mala situación personal y fue cuando se lanzó a Brittany…
― ¿Por qué no nos ha dicho nada? ―El silencio se apoderó de las tres, y Marta no pudo evitar sonreír.
―Se lo dijiste tú, ¿verdad? ―Santana miró a la chica de ojos azules―Se lo dijiste tú, porque te preocupas por ella.
―Supuse que si ella decía que había tenido una loche loca, la atosigaríais mucho con el tema y ella lo que quiere es olvidarlo, eso es todo.
―No creo que pueda olvidarlo, Santana, y menos después de lo que eso ha provocado―Aseguró Anastasia―Creo que deberías hablar con ella y…
―No te metas donde no te llama nadie, y menos a sabiendas de que no eres la persona ideal para hablar de ello―Ante esas palabras, la castaña bajó la vista, algo dolida, mientras que Marta se removía incómoda en su sitio.
―Era solo un consejo.
―Deberías entonces seguir tus propios consejos, Anastasia. Ahora, por favor, me gustaría estar relajada en mi casa. Ya os he dicho todo. Y si me queréis juzgar por odiar a la otra, intentadlo―Sentenció con fuerza Santana.
Nota de la autora: Lamento mucho la tardanza, pero aquí dejo el capítulo. Tenía mucho pendiente que entregar, son la una casi de la mañana, ando aghotada y acabo de terminar el capítulo, así que ya enseguida me iré a acostar. ¿Qué os parece? Yo creo que más o menos todo ha quedado claro. En el próximo capítulo, otro detalle relevante de Marley, pero este capi voy a tardar en subirlo porque...Va a ser otro comos si fuese doble (por lo que canción de por medio xD) Espero que os esté gustando todo por ahora. Un beso y gracias por la paciencia ;)
