―Es que me está ayudando con unas cosas y…De mientras, pues he cogido el móvil―Comentó Rachel un poco nerviosa―.

Emma se quedó al otro lado del móvil con gesto severo, intentando no mostrar el dolor y la incertidumbre que estaba sintiendo en esos momentos al ver que esa chica había cogido el móvil de su novia. ¿Qué hacía ella con esa diva del teatro? Con esa chica que sabía perfectamente que le gustaba, y mucho. Tragó saliva bajo la atenta mirada de Frannie, que se estaba tomando una lata de coca cola con gesto curioso, preguntándose que debía de estar sucediendo.

― ¿Y dónde está?

―Pues…Eso, ayudándome con algunas cosas―Volvió a señalar Rachel con un ligero intento de que la pelirroja no se mosquease más de la cuenta.

―Pues cuando termine le dices que su novia―recalcó la palabra con una fiereza que asustó a la morena― está esperando a que la llame, ¿de acuerdo?

―De…De acuerdo―Musitó la otra un poco azorada por las palabras de la otra chica.

No pudo llegar a decir nada más porque la otra chica cortó la comunicación sin despedirse. Suspiró un poco, frunciendo el ceño. Sabía que no le agradaba a la mujer, igual que para ella no era un encanto precisamente. Pero había una cosa clara. Era la novia de Quinn, y aunque le estaba gustando mucho la rubia, no quería estropear una relación tan profunda y menos dejar a la otra sin la persona a la que quería. No era ella así. No le gustaba entrometerse.

Ya sucedió una vez con Finn y justamente con Quinn, y no había salido del todo bien. Se detuvo, pensando detenidamente. Siempre había luchado por Finn con suma fuerza, pero cuando lo había hecho, siempre estaba Quinn al otro lado, como si fuese su gran enemigo. ¿Y si todo lo había malinterpretado? ¿Y si nunca luchó contra la rubia? ¿Y si su batalla fue con ese chico moreno, alto, de pensamientos infantiles? ¿Y si siempre quiso llegar hasta el corazón de la antigua animadora? Su corazón se sobresaltó ante ese pensamiento, bajando la mirada y mordiéndose el labio ligeramente. ¿Por qué estaba tan confusa? ¿Qué era lo que estaba sucediendo en su interior? ¿Por qué ahora todo parecía complicarse más de lo que ya estaba?

― ¿Rachel? ―Escuchó preguntar a Quinn, que salía ya totalmente vestida con un pijama que le había prestado la aludida, aunque su cabello seguía ligeramente mojado―. Te he escuchado hablar con alguien.

―Era Emma, tu novia―Señaló ante la mirada incrédula de la rubia―. Te ha llamado al móvil, lo he cogido y…Creo que se ha enfadado.

―Mierda…

Quinn hizo a un lado a Rachel con cierta urgencia y cogió su móvil, marcando el número con rapidez. No quería que su novia se enfadase con ella por cosas como esa, y menos una estupidez tan grande como el hecho de que estuviese en casa de Rachel, cuidándola. Sabía que la pelirroja se imaginaría cualquier cosa y no quería eso. Podía sentir algo muy profundo hacia la morena, pero Emma le importaba. Por lo menos lo justo como para que la chica no se sintiese dolida, y menos que pensase que no la respetaba, porque no era así. La respetaba tanto como a cualquier persona que le importaba.

― ¿Diga? ―Escuchó la voz de su hermana cogiendo el teléfono.

― ¿Frannie? Soy yo, Quinn.

― ¡Ah! ¡Hola! ¿Dónde estás metida? Emma está muy furiosa y enfadada. Me ha dicho algo de Rachel o no sé qué cosas…

―Estoy en casa de Rachel―señaló con suavidad, mordiéndose el labio―. ¿Está muy enfadada?

―Bastante―señaló la menor de las Fabray al otro lado de la línea―. ¿Qué haces allí? Deberías de estar aquí en casa, con tu novia.

―Frannie, yo…

―Mira, Quinn, yo no sé qué está pasado exactamente, pero no hace falta ser muy listo para ver que algo está sucediendo. Suma dos y dos, y el resultado es cuatro―señaló la menor con tono serio―. Así que si vas a hacer algo, hazlo bien, porque lo estás haciendo todo de puta madre.

―No…

―Y no se te ocurra decirme que no está pasando nada porque entonces, encima de estúpida, quedarías como una mentirosa, y no te tengo por eso, Quinnie. Así que, por favor, habla con tu novia antes de que todo esto se te escape de las manos. Por favor…

― ¿Puede hablar?

―Se ha echado en la cama. Llama mañana, ¿vale? Y no hagas nada, Quinn, te lo pido como hermana. Emma no es una mala persona y se merece el menor sufrimiento.

Y escuchó como su hermana le colgaba con un suspiro. Rachel miraba a Fabray con cierta preocupación, mientras que ella dejaba caer el móvil a un lado y se sentaba en el sofá. Sabía que había metido la pata, y más por el hecho de que Emma se hubiese echado en la cama enfadada. Sabía que mañana iba a recibir un rapapolvo, y no pudo evitar sentirse un poco mal y triste sin poder mirar siquiera a la morena, que esperaba a que dijese algo acerca de lo que había sucedido.

Rachel se colocó a su lado, tomando su mano con delicadeza. Esperaba que la otra se apartase por lo que estaba sucediendo. Pero, contrariamente, apretó su mano con más fuerza, haciendo que la morena se estremeciese un poco. No estaba muy acostumbrada a esos gestos por parte de la otra. Ni siquiera en la adolescencia recordaba así a Quinn. Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras que la rubia empezaba a sollozar un poco. Se acomodó mejor, posando su rostro en el hombro de la morena, y esta solo se vio capaz de deslizar su mano por la espalda de la chica para acariciarle y que se sintiese algo mejor. Para lograr calmar un poco el llanto de la muchacha, sintiéndose un poco mal de que la rubia estuviese así. Pero el tiempo sería capaz de curar todas las dudas de la muchacha. Todas. Ahora solo quería disfrutar de la compañía de la otra. Un poco de amor, y quizás, hasta de dudas y temores.

Teresa se dejó la copa sobre la mesita que se encontraba en frente de ella. Ana dejó escapar un poco de humo del cigarrillo que portaba entre sus dedos. Una sonrisa tonta se asomó en la morena, observando atentamente la sonrisa risueña de la castaña, que dejó el cigarro en el cenicero, tomando un momento su respectiva copa para poder tomar algo del líquido. El coñac era la bebida preferida de la Rivas, pero en ese momento estaban tomando algo de anís, que le encantaba a la morena y se le hacía algo más suave, aunque las dos, con dos copas, ya estaban un poco idas y algo atolondradas.

La morena frunció sus labios, uniendo su mano con la de su amiga en un gesto cariñoso, algo típico entre las dos. Las sonrisas atontadas de las dos dejaban entrever que entre ellas existía algo más profundo, algo que no se dejaba ver a primera vista en esa época, o que quizás a nadie se le pasaba por la cabeza. Pero estaba ahí, en esas miradas que se encontraron, cómplices, deliciosas, exquisitas. Una sonrisa se conformó en el rostro de Ana mientras inclinaba su cabeza, pensando detenidamente en cómo se podía resistir a las sonrisas que le dedicaba la que sería su futura cuñada.

Es que siento que soy yo más lenta a la hora de dar el paso. Y en el fondo, a mí me gusta que sea lento, aunque no sé si a ti te parece lo mismo.

No, si a mí también me gusta―señaló con una sonrisa divertida Ana―. Pero los hombres son más impetuosos.

Su voz sonó más ronca de lo normal, aunque eso fue algo que le encantó a Teresa, que solamente podía mirar a los labios de su amiga con cierta disimulación. Le encantaba todo lo que le dijese su amiga, y todo lo que viniese de ella. Sus labios se entornaron a una sonrisa satisfecha. Se sentía aliviada de pensar que su hermano era igual que Héctor, y que era a lo que desagradaba por completo a su amiga, al igual que a ella. Aunque en el fondo, le gustaba pensar que, pese a que Ana quisiese a Alfonso, había algo que hacía que la castaña dudase en cierta manera. La conocía demasiado bien como para pensar lo contrario.

Por ejemplo―logró escuchar que le comentaba Ana, volviendo a prestar toda su atención a sus palabras―, un hombre no le da la misma importancia que una mujer a una caricia.

Y su mano se soltó de la de Teresa, deslizando suavemente las yemas de sus dedos en el dorso de la mano, haciendo pequeños círculos que hicieron que la morena soltase una risa nerviosa, aunque acompañada con un gesto de gusto, dejando claro que le maravillaba sentir de esa manera a su mejor amiga, por mucho que después lo pudiese llegar a negar. Ana levantó su mirada entonces, clavándola en los ojos de la otra para después apartar su mirada, sonriendo radiante, como si aquel momento fuese único y especial.

O a una mirada…―prosiguió Ana con un gesto que se le hizo a Teresa seductor, sensual, terriblemente sensual.

La mano se deslizó un poco por su brazo, acariciándola por toda la piel con la suya propia, siendo así tal la sintonía que la García creía que se iba a morir en ese mismo momento. Tragó saliva disimuladamente, encontrándose de repente con la mirada felina de la Rivas, que se quedó un momento parada, como si estuviese analizando lo que quería hacer. La sonrisa de las dos se desdibujó por completo, haciendo que ese instante que parecía pura diversión se convirtiese en una escena completamente erótica, donde la tensión sexual parecía estar a punto de entrar en erupción.

Y así sucedió. Las miradas se volvieron a encontrar antes de que Ana se atreviese a hacer aquello que se consideraba completamente prohibido. Se inclinó, acercándose a Teresa. El cuerpo de la morena se tensó por un segundo, para seguir recibiendo la calidez de la piel de Ana, que proseguía con la caricia de su mano por su brazo al descubierto. Una descarga recorría el interior del cuerpo de la menor de los García, entrecerrando los ojos por un segundo para acabar ahogando un suave gemido que se predisponía a escaparse de sus labios involuntariamente.

Y entonces, lo sintió. Los labios de Ana posándose sobre su cuello, cerrando así los párpados por completo, saboreando aquel momento que se le estaba haciendo exquisito. La dulzura que demostraba la Rivas solo hacía demostrar a Teresa que aquello no estaba mal. Ese aceleramiento de su corazón no era nada malo. No era un pecado. Era algo maravilloso que ese sentimiento existiese entre dos mujeres. Una sonrisa surcó el rostro de la castaña cuando aún saboreaba la piel del cuello de su amiga, sabrosa y delicada como era ella.

Teresa se dejaba guiar por la mano de Ana, que ahora se había alejado para posarse en su muslo derecho. Su excitación creció, sobre todo al percibir la mano cerca de su falda.

Pero todo momento tenía su final, y ese también lo tuvo. La castaña se separó, apartando su rostro para acabar tomando la distancia apropiada entre dos amigas. La morena abrió entonces sus párpados, clavando sus ojos negros en el rostro de su amiga, que la observaba con atención mientras que sus cuerpos casi parecían ser el uno de la otra. Algo había que hizo que las dos entreabriesen los labios, dejando escapar un suspiro con sus corazones latiendo con fuerza. La mano de Ana proseguía con su cometido, haciendo que Teresa se tensase, percatándose de lo que había sucedido. ¡Ana le había besado en el cuello! ¡Y ella lo había disfrutado! El calor le inundaba por todo el cuerpo.

Intentó pensar en Héctor. Intentó pensar en Alfonso, el que era su hermano. Y, pese a todo eso, solo era capaz de pensar en los labios de Ana Rivas. En sus labios y en ese maldito deseo que levantaba en ella.

Marta dejó caer la maleta en el suelo de la calle, seguida por Leticia y su novio, que observaban como la joven parecía cansada y molesta. Una sonrisa apareció en el rostro de la menor de las García, acercándose para posar su mano en el hombro de la otra, que se mordió el labio disimuladamente para acabar levantando el mentón, clavando su mirada en la de la otra, que permanecía con ese gesto relajado propio de ella.

Las dos hermanas se llevaban estupendamente, y su relación era hasta tal punto de buena que Leticia, siempre que podía, le acompañaba a los viajes, y este caso no sería diferente. La menor se quedó en silencio, mirando de soslayo a su novio, que permanecía quieto, mirando detenidamente a las dos hermanas. En parte se asimilaban, aunque como todos, se había percatado del hecho de que parecía más mayor su novia que la otra. Quizás porque Marta sabía cuidarse pese a no ser nada coqueta, y mucho menos, femenina. Una sonrisa se conformó en su rostro al pensarlo. Y sin embargo, su novia parecía bastante preocupada por su hermana.

Tenía claro que no la iba a dejar sola, y menos si estaba esa estúpida de Anastasia por la zona. No es que le cayese mal, al contrario, fue la única que quería darle su apoyo a la castaña pese a todas las que le había liado a su hermana. Pero la última fue algo que ni siquiera ella estaba dispuesta a perdonar, ni tampoco pensaba dejar que su hermana cayese en los brazos de ella. No al menos con facilidad. Tenía que ganarse otra vez a Marta, y como una última oportunidad. Sabía que su hermana seguía queriendo a esa chica, pero también era consciente de que se podría volver a enamorar, y que podría encontrar a alguien mucho mejor que la otra.

― ¿Estás bien, Marta? ―La aludida asintió, sonriendo un poco.

―Sí…Algo cansada, porque son las cinco de la mañana, pero bien―Leticia rio entre dientes. Sabía que a su hermana no le gustaba despertarse pronto―. No te rías, Leticia.

―Es que me hace gracia―señaló la menor con un gesto radiante de alegría―, y debería estar más contenta. La abuela está bien al final y no le ha sucedido nada malo.

―Lo sé, pero eso no quita para que esté preocupada por ella, y por mi amiga―señaló con gracia, sonsacando un gesto de enfado por parte de la otra―. No puedo evitar pensar que…

―Ella está bien, ¿de acuerdo? ―miró a su novio, sonriéndole tiernamente―. Vamos, cariño. Tenemos que coger las maletas. Y tú espera fuera. ¿A quién has llamado para recogernos?

―A una amiga…Tú tranquila.

Leticia frunció el ceño. Algo le decía que el viaje tenía sorpresas inesperadas. Pero la sonrisa de su hermana la calmó, encaminándose junto al chico a por las maletas. Marta se giró, dirigiéndose a la salida del aeropuerto. Habían cogido el avión pese a que la morena hubiera preferido el autobús, pero su hermana era una cabezota. Le recordaba mucho a su abuela, Teresa. Quizás incluso se podía decir que era su misma imagen, en vivo y en directo. Leticia era una copia exacta de Teresa. La misma sonrisa, con rasgos similares y con gesto en general amigable.

Dejó escapar el aire, sonriendo un poco al reconocer a la persona que se encontraba a tan pocos pasos. Titubeó un poco, aunque parecía que la costumbre no había desaparecido. Se acercó tímida, para acabar siendo arropada por esos brazos finos y suaves, que sabían darle lo que necesitaba en ese momento: Un poco de cariño.

Cerró los párpados, dejándose abandonar un poco entre sus brazos, rodeando su espalda con sus suyos. Tragó saliva, paralizada, para acabar soltando una risa de puro nerviosismo. Se había dejado llevar por el momento, pero eso no impedía que se sintiese algo mejor. Y no le hizo falta apartarse, tampoco es que quisiese, aunque sabía que sería lo mejor. Pero no lo hizo. Se quedó ahí, en silencio, escuchando el latir de ese corazón al que tanto hacía echado de menos.

― ¿Estás bien?

―Perdona…―hizo el amago de separarse, pero rápidamente fue atraída de nuevo a su cuerpo, acomodándose incluso aunque supiese que eso no era lo correcto. Pero… ¿Cuál era la diferencia entre lo correcto y lo que estaba bien?

― ¿Cómo está tu abuela?

―Bien…Ha sido solamente un susto…―dejó escapar, sonriendo un poco al seguir escuchando como el corazón se aceleraba poco a poco― ¿Estás nerviosa?

―Claro que no―se defendió Anastasia, aún abrazando con fuerza a Marta―, aunque no puedo evitarlo.

― ¿El qué?

Marta se separó lo suficiente para mirar a los ojos de la otra, que se había quedado en silencio ante esa pregunta. Podría contestarle muchas excusas, pero algo en su interior le decía que eso no serviría. No con ella. No, porque sabía que ella sabía todo sobre su vida.

Pero no le dio tiempo a decir nada. Leticia apareció con su novio, el que cargaba las maletas de las dos chicas. Marta se apresuró a ayudarle, separándose de su… ¿Amiga?... Su "cosa rara", cogiendo su propia maleta. Leticia no apartaba la mirada de Anastasia, quien se la mantenía con fuerza, procurando no resultar perdedora de esa batalla. Sabía que no le caía bien a la hermana del amor de su vida, pero eso no iba a lograr que se rindiese. Nada podría hacerlo.

―Muchas gracias por traer las maletas―Agradeció Marta al chico con una sonrisa.

― ¿Qué hace ésta aquí? ―Señaló con fuerza Leticia, sin apartar así su mirada de la otra.

―Leti, por favor…―Pidió el chico ante la impertinencia de su novia.

―Brody, déjame, que yo sé lo que me hago… ¿Qué hace ella aquí, Marta?

―Hola a ti también, Leticia―saludó con tono sarcástico Anastasia―. Es un placer volver a verte,

―Pues para mí no lo es―señaló la aludida con gesto severo― ¿La has llamado tú, Marta? ¿De verdad?

Nota de la autora: ¡Hola! Aquí este capítulo. No sé por qué, pero sigo sin encontrarme muy a gusto. Supongo que será que estos días ando cansada y eso me influye, pero me ha costado esto escribirlo un montón. El siguiente capítulo quiero que sea más largo, a ver si me las apaño y no tardo como con este T.T. En fin. Aquí ya tenéis a otro personaje más del Glee Club...Nuestro adorado Brody, que es el novio de Leticia, la hermana de Marta. ¿No es el mundo un pañuelo?

Monica13: Hola Monica. Me alegro de que te gustase. Sí, creo que Rachel estaba a punto de darse cabezazos contra la pared xDDDD Bah, dentro de poco no tendrá por qué hacerlo... :P Sí, tardo más que nada por los exámenes. Esta semana que me entra me vienen seguidos, pero al haber puente me las apañaré para dejaros un capítulo largo, y creo que con algo de faberry a medias. (Ya lo entenderéis cuando lo leáis xD)

lucyfaberry: Jajaja me ha costado ver la broma hasta que he visto el final. No era por el contenido, aunque en el próximo va a haber algo de misterio. Me centro más siempre en lo sentimental si trato el misterio, pero no lo dejo de lado del todo. Siempre sigue una línea diminuta xD Jajaja pobre Rachel, sí, pero Emma va a...No dar la lata, pero va a pasar algo dentro de unos pocos capítulos. Y sé que la vais a querer matar, pero Frannie saldrá al recate y sabremos que está sucediendo. Jajaja me alegro de que quieras golpear a Anastasia. La verdad es que es un poco tonta, para qué negarlo, pero bueno...Marta también va a tener su momento de esplendor, aunque...Quién sabe...Quizás hasta la aplaudís y todo xD. Lo de Quinn...Lo sabremos mañana :P Rachel se encargará de preguntarlo cuando estén en la cama xD En fin, gracias por comentar. Un beso ^^