― ¿Estás bien?
La pregunta de Anastasia se logró escuchar a pocos centímetros de Marta, la que se giró con el ceño fruncido sin saber muy bien qué contestar. Lo que menos se esperaba era encontrarse con los ojos de la mujer sobre los suyos. Más bien, lo que no se esperaba era mantener una conversación privada en medio del baño del instituto. Llevaban mucho tiempo sin mantener una charla acerca de lo que había ocurrido entre ellas tiempo atrás, pero estaba claro que no se libraría de esa conversación por parte de la otra.
― Sí―se limitó a responder, aunque su sentido de la educación podía con ella―. Gracias…
―Me han contado que David y tú habéis roto…―dejó caer la castaña, acercándose un poco.
El baño se encontraba vacío y la morena quería un poco de tranquilidad. Sabía que su relación con David se había enfriado y no tenía ganas de escuchar las palabras de su mejor amiga intentando animarla, y mucho menos las de Leticia, que no dejaba de instigarle para descubrir quién era la misteriosa chica que enloquecía a su hermana mayor. Necesitaba un poco de tranquilidad, y lo que menos quería era mantener una discusión con la que fue su mejor amiga.
― ¿Vienes a regodearte o algo? ―Inquirió con cierto recelo y una sonrisa irónica―. ¿O quizás a alegrarte delante de mi cara? ―El silencio se apoderó de las dos―. Necesito estar sola. Vete, por favor.
―No he venido a regodearme ni nada por el estilo…Eras mi mejor amiga, y sigues siendo importante para mí. Él no te merecía.
― ¿Y tú qué sabes si me merecía o no? ―Anastasia se quedó en silencio ante la pregunta de Marta― ¿Y si soy yo la que no me merezco a ese chico? No sabes nada. Nada.
―Solamente quería hablar contigo…Acercar posturas…Intentar arreglar lo que fuimos alguna vez.
Pudo percatarse de la sorpresa marcada en el rostro de la chica. Parecía incrédula ante las palabras de la castaña, que no pudo evitar acercarse para poder volver a sentir la presencia de su mejor amiga cerca de ella. Pero de la misma manera que ella dio un paso hacia adelante, Marta hizo exactamente lo mismo. Lo hizo de manera automática, como si quisiese escapar de los brazos de la castaña. Como si quisiese escapar de la única verdad que causó su ruptura con su chico perfecto.
David tenía sus fallos y defectos como cualquier otra persona, pero era él. Era su mejor amigo. Era el que la comprendía, el que llegó a quererla por lo que era y por cómo era. Y ante todo, y más importante, no se avergonzaba de quererla. No quería negarlo, ni se escondía si algún estúpido chico se burlaba de él por salir con la chica tímida del instituto. Quizás le hubiese mentido y engañado en un principio, pero algo que valoraba Marta era la sinceridad, y él lo fue. Al final, fue más sincero que cualquier otra persona. Porque la quería. Porque no se merecía que él la quisiese.
― ¿Y qué es lo que fuimos, Anastasia? ―Preguntó con intensidad, haciendo que la otra se sobresaltase. Que el corazón se acelerase con tanto ímpetu que creía que su corazón saldría del pecho en cualquier momento― ¿Qué es lo que fuimos, Anastasia? ¡¿Qué?!
―Fuimos las mejores amigas, ¿o es que acaso no lo fuimos?
― ¿De verdad fuimos las mejores amigas? ―Esa pregunta dejó a la otra helada―. ¡Anda! Pero… ¡Si yo pensaba que esa fue Erika! ¡Ah no!, espera… ¡Fue Alicia! ¡O quizás Sandra! ¿Quién fue, Anastasia? Necesito que me lo digas, porque siempre me he quedado con esa duda en mente.
―Siempre fuiste tú mi…
― ¿Y cómo es que te molestaba tanto que Alicia pasase de ti? ¿O Sandra? Y mejor… ¿Por qué me ignorabas por ellas? Ah…Cierto…Eso es lo que hacen las mejores amigas.
Ese golpe fue bajo. Lo sabía, pero eso no hizo que se detuviese. Anastasia tragó saliva nerviosa, encontrándose con la mirada llena de furia por parte de la otra chica. Sabía que esas palabras eran ciertas, y que no se había comportado de la mejor manera, pero lo que era verdad era que si se comportó así era por evitar sus sentimientos. Unos sentimientos que le quemaban por dentro, que le hacían arder, que le hacían dudar de sus mismos pensamientos y de la realidad que creía que se formaba en su mundo.
― Eso…No es verdad―logró responder mientras la otra ladeaba la cabeza―. Y si te sentías así, podrías haber hablado conmigo y…
― ¿Y qué? Si contigo no se podía hablar de nada, Anastasia. Siempre era lo que tú mandases. ¿Alguna vez te paraste a pensar en mis sentimientos? ―La aludida se quedó en silencio, a sabiendas que si respondía se delataría a sí misma― ¿Qué querías que hiciera?
―Que te quedaras a mi lado. Que fueses mi amiga…Que no me abandonases por ellas.
― ¿Querías que fuese la amiga que tú nunca fuiste?
― ¿Ahora toda nuestra amistad se va a basar en mentiras y dolor? Creía que también teníamos nuestras partes buenas.
―Siempre evitando que conociese a gente. Haciendo que quedase por debajo de los demás…
―Eras mi mejor amiga…Necesitaba protegerte, ¿no lo entiendes? No quería que te cambiasen. No quería que te influenciasen.
―Era mi vida, Anastasia. Era yo la que tenía que decidir, ¿no crees? ―Se quedaron en silencio, mirándose mutuamente y dándose cuenta de que habían cambiado, pero que la esencia de ambas seguía ahí. Igual que ese sentimiento que nunca se apagaría. Ni siquiera con esa gran ventisca que había podido con ambas―No sé qué es lo que pretendías con esto. Solamente sé que esto era algo del pasado. Algo que era mejor no remover. Estábamos mejor como hasta ahora. Tranquilas. Con cordialidad. Nada más.
― ¿No extrañas nuestros momentos? ―Y se percató de que la chica bajaba la mirada. Y lo comprendió. Claro que los echaba de menos. Igual que ella―. ¿Por qué eres tan orgullosa?
― ¿Y tú tan cínica? ―Se dirigió hacia la puerta, pero Anastasia se lo impidió―. Déjame salir.
― ¿Y si no quiero? ¿Dónde quedó esa chica capaz de perdonar todo de los demás? Parece que ya no existe.
―En cambio, veo que tú no has cambiado nada, Anastasia. Sigues siendo la misma zorra de siempre.
Intentó abofetearla. Intentó rebatir esas palabras con un simple gesto que ni ella misma era capaz de controlar. Pero cuando Marta la detuvo justo a tiempo, el forcejeo se hizo paso entre ellas. Quería hacerle retirar esas palabras, sobre todo al comprender que la chica se arrepentía de haberlas pronunciado. Pero algo sucedió. Esa ira que manaba de las dos se convirtió en algo más concreto. En algo que las desesperaba por completo. En algo que no podían ocultar por mucho que ellas quisiesen: Deseo.
Marta había visto muchas veces esas escenas de series y películas donde la pareja protagonista acababan con un arrebatador beso que dejaba al espectador sin aliento. Cuando sintió que la boca de Anastasia se estrellaba contra la suya, hubo un momento en el que se estremeció por completo. Era volver a saborear esos labios en la única ocasión que lo logró. Era volver a sentir un vacío que le provocaba un cierto temblor en las piernas. Creía que iba a caer en cualquier momento al suelo, pero los brazos de Anastasia la rodeaban por la cintura y la sostenían, haciendo que sus cuerpos se rozasen y prosiguiesen con ese acercamiento.
No pudo evitar deslizar sus manos por su rostro, sujetándola para así, quizás, evitar que se apartase de su lado. El aliento de la morena le rodeaba toda la boca, y lo que comenzó con un contacto de labios se profundizó a uno de esos besos que la gente catalogaba como "beso con lengua". Y no pudieron evitarlo. Necesitaban un contacto más intenso para calmar ese ardor que se apoderaba de ambas muchachas.
La espalda de Marta se estrelló contra la estufa del baño en un arranque de pasión por parte de la más alta. Un roce de caderas. Un contacto de los dedos con la piel de la otra. Y se habían vuelto a conquistar en un segundo. Las respiraciones se entrecortaban, pero no parecían percatarse, y menos si las manos de ambas se perdían bajo la ropa de la otra. Un gemido se escapó de los labios de la morena, que se vio de nuevo en una emboscada de los labios de la otra. Esa mirada felina de Anastasia era lo único que conseguía que se quedase en silencio. Eso, y por supuesto, la boca de la otra apoderándose de la suya propia. Sentía que necesitaba separarse para escapar, pero su yo interno le hacía permanecer a su lado. Solamente necesitó eso para acabar decidiéndose. El beso prosiguió. El ardor permanecía a su lado. Pero había una cosa clara para Marta.
Ella estaba dispuesta a todo, incluso estaba dispuesta a desafiar al oxígeno por un beso de Anastasia.
― Me debes mucho. Lo sabes, ¿no?
Anastasia la estrechó con fuerza hacia ella, susurrándole unos cuantos "gracias" por el favor que le había pedido. Eran las doce de la mañana y la castaña tiraba de Marta del brazo, dirigiéndose hacia la casa de Quinn. Le había pedido que viniese cuando Quinn le comunicó que necesitaba ayuda médica. ¿Y quién mejor que Marta? Al fin y al cabo, su estudio de enfermería y el estar activa era algo que facilitaba todo el proceso. Encima, era alguien conocido. Y cómo no, cuando Anastasia se lo pidió, Marta no pudo resistirse ante esa mirada tierna cargada de un poco de amor y cariño. ¿Por qué siempre conseguía lo que se proponía con tan solo esa mirada de ese calibre?
―Lo sé, pero es algo importante. Quinn no me ha querido dar detalles por elo móvil, pero estaba agitada y se notaba que algo malo le ha sucedido.
― ¿Y para eso necesitas la ayuda de una enfermera?
―No de una enfermera cualquiera, sino de la enfermera más guapa de toda España―Marta soltó una carcajada profunda, contagiando así la risa en la castaña―. Venga, vamos.
―Con esos piropos, convences a cualquiera, que te conste―señaló divertida la chica, siendo aún tirada de la otra. O quizás era una mala excusa para sentir la mano de la muchacha sobre la suya. O puede que la excusa perfecta para Anastasia.
―Solamente te quiero convencer a ti―dejó caer con una sonrisa sensual, mientras que la otra apartaba la mirada incómoda―. No voy a parar hasta que consiga que estés conmigo de nuevo. Lo sabes, ¿verdad?
―Lo sé, pero de mientras va a ser muy divertido…
Ambas sonrieron, cómplices, como si en el fondo fuesen conscientes de que acabarían juntas. De que ese era su destino. Y eso era lo que calmaba a la castaña, pero eso no impedía que se tuviese que comportar de una vez como una mujer enamorada, por lo que tendría que ganarse de nuevo la confianza de la García, que en el fondo, no era capaz de decirle no a esa mujer que se encontraba a su lado. ¿Por qué se tendría que enamorar de ella? No lo sabía, pero en el fondo le gustaba pensar que era la vida la que le estaba preparando. Acabaría siendo feliz. Acabarían siendo felices, pero la vida antes les estaba preparando para ello. Y merecía la pena.
Quinn les abrió la puerta con su gesto cubierto de un montón de lágrimas derramadas. Anastasia no pudo evitar acercarse a su mejor amiga. Al fondo, se encontró con la mirada de Santana y el gesto preocupado de Brittany, que de vez en cuando miraba de soslayo a la latina para cerciorarse de que la chica estaba ahí, tan cerca de ella que podría tocarla con las yemas de sus dedos. Pero la rubia sabía que no era el momento, por lo que permaneció con un gesto serio propio de ella y con la preocupación al percatarse de que Fabray parecía rota por dentro.
Marta se quedó a un lado observando la escena, y cuando la castaña se apartó, se acercó para revisar el cuello de la chica, magullado por el agarre de Emma. Se quedó en silencio. No hacía falta ni siquiera ser enfermera para saber que ese golpe se lo había ocasionado alguien. Tragó saliva, un poco nerviosa, mientras que sentía la mano de Anastasia aferrándose a la suya. Podía haberla apartado en un solo momento, y aunque lo hizo, antes apretó la mano para hacerle entender que le agradecía el gesto. Para hacerle comprender que todo era por lo que estaba sucediendo.
― ¿Qué es lo que ha sucedido, Quinn? ―Inquirió Marta mientras que Anastasia se apartaba a un lado.
―Emma está encerrada en su cuarto. No quiere salir.
― ¿Ha sido ella la que…?
―Sí―cortó con fuerza Fabray―. Pero no sé lo que sucedió. De repente, me tenía cogida del cuello y…Cuando estuve a punto de quedarme sin aire…Me soltó.
― ¿Un arranque de violencia? ¿Estuvisteis discutiendo o algo?
―Acababa de romper con ella…
―Fabray. Con fuego no se juega―señaló Santana con voz grave―. Ya le he mirado yo la herida. No es nada grave.
― ¿Entonces para qué me necesitáis? ―Quiso saber Marta con curiosidad, encontrándose con la mirada lastimera de Anastasia. Entonces, lo comprendió todo―. Ni hablar. No.
―Por favor ―le pidió Quinn con cierta necesidad―. Anastasia me contó que terminaste la carrera de psicología. Podrías hablar con ella. Seguro que sabes qué es lo que le sucede.
―Ni hablar. Yo hace mucho tiempo que no he vuelto a estudiar. ¡Ni siquiera lo ejerzo!
―Venga, García―musitó con un poco de cansancio Santana― ¡Podrías hacer ese favor! Además, si temes a la leona, que sepas que la fierecilla se ha tranquilizado.
―Fue como si, de repente, cambiase de persona. Había pasado de rabia a incredulidad, como si no se hubiese dado cuenta de lo que me estaba haciendo hasta ahora.
Marta se quedó en silencio. Con esas pautas, sabía perfectamente que era lo que sucedía. Pero necesitaba hablar con la chica. Asegurarse de que era eso antes de hablar. Hacía muchos años que no volvía a tocar un libro de psicología, quizás porque las palabras de su profesor de carrera le retumbaban en la mente: "No tienes maneras para ser psicóloga. Tu inestabilidad emocional no te ayudaría. Eres tú la que necesita un psicólogo, no alguien a ti como tal". Aún recordaba esas palabras como si se las hubiese dicho el día anterior. Pero allí estaba, y con la mirada de Anastasia sobre su figura. Porque sabía que la morena confiaba en ella. Porque sabía que, con su ayuda, quizás podría ir solucionándose poco a poco lo que había sucedido en ese piso.
Se dirigió por el pasillo hacia el lugar que le había indicado la rubia. Se detuvo en frente de la puerta y llamó con un ligero golpe de nudillos. Nada. Ni tan siquiera un movimiento al otro lado. Como respuesta, podía seguir escuchando el soplo de aire que debía de estar entrando por la ventana. Cualquier otra persona se hubiese asustado, pero ella sabía perfectamente que Emma estaba al otro lado de la puerta, escuchándola.
― ¿Emma?
No obtuvo respuesta alguna. Suspiró un poco, sentándose en el suelo y apoyando su cabeza en la puerta. Pudo sentir entonces como la chica hacía lo mismo al otro lado. También podía escuchar cómo se limpiaba las lágrimas, y cómo el llanto amenazaba con salir a flote de nuevo.
― ¿Estás bien? Quinn me ha dicho que no sales de ahí desde hace dos horas.
― ¿Quién eres? ―Marta iba a responder con que era amiga de Rachel, pero algo le hizo cambiar de idea. Quizás era la razón por la cual Quinn le había dejado. No se iba a arriesgar.
―Soy una amiga de Anastasia. Quinn está muy preocupada por ti. Cree que te ha sucedido algo.
―No debería estar preocupada por mí―una breve pausa se acomodó entre ellas―. Supongo que ha venido por lo que le he hecho, ¿verdad?
―Llámame de tú, por favor. Y no, no he venido solamente por eso. ¿Te duele la cabeza? ―el silencio se volvió a acomodar entre ellas.+
―Sí―respondió con firmeza―. Ahora menos, pero me sigue doliendo.
― ¿Qué es lo que te sucede cuando te duele la cabeza?
―Pues…Me viene ese dolor de cabeza y después, no recuerdo nada. Son breves pausas.
― ¿Estás cansada?
―No duermo últimamente bien. O bueno, no sé. Duermo, pero no descanso. Me despierto más cansada de lo normal…Yo…―Sollozó con fuerza―. No sé por qué lo he hecho. Quinn me dijo que quería a otra y, de repente, escuché una voz.
― ¿Una voz? ¿Conoces esa voz, Emma? ―Inquirió con curiosidad. Sabía lo que era, pero eran casos poco comunes y no dejaba de maravillarle, como buena apasionada de la psicología, el hecho que estaba viviendo en primera persona.
―Me resulta familiar.
― ¿Qué te dijo esa voz?
―Me…Me dijo que me había engañado. Que nunca me había querido. Me…Me insinuó que Quinn me había engañado, y yo sabía que no era así, pero…
― ¿Pero?
―Me volvió a dar un dolor fuerte de cabeza, y no recuerdo más. Cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, tenía entre mis manos el cuello de Quinn, y parecía que estaba a punto de ahogarse.
― ¿Qué hiciste?
―Salí corriendo y me encerré en esta habitación―su voz temblaba―. Soy un monstruo. Lo soy. Casi mato a…A la mujer que supuestamente quería, pero si he sido capaz de eso…
―No eres un monstruo, Emma. Y quieres a Quinn―señaló Marta―. Pero tienes un problema.
― ¿Un problema?
―No soy psicóloga en sí, pero durante años he estado estudiando la carrera. Creo que sé lo que te sucede, pero necesito que me ayudes. Ábreme la puerta, por favor.
― ¿Y si le hago daño?
―No creo que ella tenga intenciones de hacerme daño alguno.
― ¿Ella? ―Emma parecía confusa.
―Sí. Ella.
Y finalmente, la puerta se abrió, dejando así entre ver el rostro mancillado de Emma por las lágrimas. Marta sonrió, cerrando tras de sí la puerta.
Nota de la autora: A ver lo que sucede en el próximo capítulo. Solo diré que va a haber una conversación entre "Emma" y Marta. Y que bueno, que las dos se van a entender muy bien ;) ¡Ah! Y va a ser más largo porque ya iré tocando más temas aparte de los que nos conciernen. Me estoy demorando más de la cuenta y ahora que estoy algo más libre, vamos a poner esto de nuevo en marcha.
Monica13: Pues sí. Anastasia debe luchar por Marta. Y… ¿A Emma? En el próximo capítulo descubrirás lo que le pasa a nuestra pelirroja. Por ahora, solo ver que está destrozada la pobre. Necesita ayuda, y Marta se la va a dar…
