―Pasa, Rach.
La mujer sonrió tímidamente, pasando a la casa de su mejor amigo. Kurt sonrió amablemente, tomando el abrigo de su amiga y colocándolo en el perchero de la entrada. La mujer se adentró en el salón, sentándose en el sofá un poco intimidada. Hacía mucho que no visitaba al castaño, aunque era cierto que las obras de teatro le ocupaban gran parte del tiempo, igual que a Kurt. Ambos eran las reinas del espectáculo, triunfando poco a poco.
―Lamento molestarte. Debes de estar muy ocupado.
―No tanto como para no poder recibir a mis amigos. Ya lo sabes―musitó él con una sonrisa, dirigiéndose hacia el mini bar―. ¿Quieres algo? ¿Un gin-tonic, quizás?
―No, gracias. No suelo beber, y menos…A estas horas―susurró nerviosa, viendo como el chico, en cambio, se servía una copa.
― ¿Y a qué ha venido la reina del drama? ¿Creía que estarías muy ocupada? ¿Qué es lo que ha ocurrido?
―Necesitaba hablar con alguien. Marta últimamente está desbordada con la llegada de su hermana… ¿Sabías que ahora Brody es novio de ella?
― ¿De Marta? ―Inquirió sorprendido―. ¿No era Marta lesbiana?
―Sí. Me refiero a que es novio de la hermana de Marta, Leticia. Marta ya tiene bastante con Anastasia―esto último lo dijo con una sonrisa tímida―. Ella dirá lo que quiera, pero…
―Sin embargo, no creo que hayas venido a hablar de tu amiga… ¿O sí?
El muchacho soltó una carcajada, sentándose en frente de Rachel. Sus ojos azules brillaban con interés y con cierta curiosidad, sospesando el porqué del nerviosismo de la morena. En cualquier momento, hubiese jurado que estaba volviendo a ver a la morena al principio de su entrada al instituto. Una chica segura que era intimidada por las grandes estrellas del lugar. Y había triunfado. Claro que lo había hecho. Había dejado de ser la adolescente que se enamoraba del capitán del equipo de fútbol para acabar bajo el amor de cualquier otra persona. Había conseguido a una muy buena amiga y solo le quedaba encontrar el amor. ¿Sería eso lo que le estaba sucediendo a su pequeña estrella?
―No…Es algo personal mío…Tengo que decirte que no sé lo que me pasa. Estoy sintiendo cosas muy profundas por alguien y…
―Rach…Dime por favor que no soy yo―la morena le lanzó una mirada furibunda mientras que él sonreía un poco.
― ¿Dónde está mi reina del drama? ―Inquirió ella con fingida molestia, cruzándose de brazos―. Creía que me entenderías.
―Te entiendo, pequeña estrella. A ver… ¿Qué es lo que pasa? ¿Le gustas a esa persona?
―Creo…Creo que sí. Pero no es ese el problema. El problema es…Es que es alguien con el que el pasado es un poco…
― ¿Es Finn? ―Musitó él incrédulo, tragando saliva.
― ¡Claro que no! Entre Finn y yo existió algo muy bonito, pero nada más. Ahora solamente somos amigos.
― ¿Jesse?
―Jesse está en el sur de América con una gira. ¿Por qué Jesse?
―No sé. Vuestro pasado es un poco raro, pero fuisteis felices por un tiempo… ¿Brody?
― ¿Has oído lo que te dije antes? ¡Que tiene novia! Y parece que con ella va en serio. Solo con decirte que eso, que son novios…
―Cierto. Que él no creía en las relaciones con etiquetas… ¡Qué curioso! ¿Entonces? ¿Quién es? ¿Puck?
― ¿Me ves tan desesperada? ―Levantó el dedo índice, señalándole―. Y no contestes.
― ¿Entonces? No soy adivino, Rachel. ¿Me vas a decir quién es el afortunado?
―Es…―se mordió el labio―. Es Quinn…
Kurt abrió los párpados estrepitosamente, mirándola con un claro gesto de sorpresa palpado en su rostro. ¿Acababa de escuchar bien lo que le había dicho su amiga? ¿Quinn Fabray? ¿La misma Quinn Fabray que se había quedado embarazada, que había estado con dos hombres en su vida y que ahora estaba con una mujer? ¿La misma Quinn Fabray que le había hecho la vida imposible a su mejor amiga? Se detuvo a pensar detenidamente, volviendo a escuchar las palabras de Rachel en su mente. ¿Había creído escuchar que a Quinn también le podía interesar Rachel? Podía jurar que cualquiera que se encontrase con esta situación pensaría que era propia de un drama de Brodway. O más de una serie televisiva de calidad barata. Pero pensar que era una realidad al más puro estilo Rachel era algo que le hacía tragar. Aunque, claro, lo de Quinn no se lo esperaba. Se lo vio venir cuando se enteró que se acostó con Santana cuando la latina estaba soltera tras su ruptura sentimental temporal con Brittany.
― ¿Fabray? ¿La misma Fabray que conocemos? ¿No será su hermana, Frannie?
―Por favor, Kurt, no. Es una cría, además de que no la conozco. Es Quinn. Y no sé qué es lo que tengo que hacer.
―Aclararte, desde luego. Lo primero, y ante todo, es… ¿Te gusta de verdad?
―Ayer, por la noche, se quedó a cuidarme. Y la besé. La besé en la boca, pero ella estaba dormida―aclaró ante la mirada incrédula del chico―. Ella no se enteró ni nada.
― ¿Me estás contando que casi violas a Quinn Fabray en tu cama?
― ¡Claro que no! Era la cama del hotel… ¡Oh, Kurt! No pude evitarlo. ¡Es tan guapa!
―Debo admitirte que tienes razón. Quinn Fabray sería la única mujer con la que me podría plantear algo fuera de mis gustos―Rachel levantó las cejas―. ¿Qué? Es guapa, es femenina y tiene buen gusto con la ropa. Encima es policía. ¿Te la imaginas con el uniforme puesto? ―Esto último lo dejó caer con una sonrisa pícara, observando como la morena se sonrojaba―. Cierto. Ya lo te lo habrás imaginado…
―No es esa la cuestión, Kurt. EL problema es que… ¡Es una mujer!
― ¿En serio, Rachel? ¿En serio? ―La miró con cierta gracia―. Tu mejor amigo es gay. Tu mejor amiga es lesbiana. Tus padres son gays… ¡Quinn Fabray es gay, con padres católicos y con una hija de por medio! ¿Y ahora vienes tú con esto?
―Dios…Tienes razón. Soy una maldita cobarde. Dios.
―A ver, tranquila. ¿Te gusta Quinn?
Rachel se quedó en silencio, sospesando la respuesta. ¿Le gustaba Quinn? No es que le gustase. Era algo más que eso. Le agradaba su forma de preocuparse por ella. Le encantaba poder sentir su mirada sobre ella, más que nada por esa sensación agradable que se instalaba en su corazón, acelerándose poco a poco. En verdad, le enamoraba el comportamiento de la rubia con respecto a ella. La pregunta que su mejor amigo le había hecho le resultaba del todo fría e inconsciente. ¿Acaso no se percataba el chico de lo que ella estaba sintiendo en su interior?
―No. No me gusta Quinn, Kurt…―el muchacho la miró sin entender―. Me estoy enamorando de ella. De esa pequeña arruga que se forma en sus comisuras cuando sonríe. O puede que esa suavidad cuando lo hace que se muestra en su perfecto rostro. Su cabello dorado, en todas sus formas. Corto. Largo. Me resulta igual de hermosa en todas sus formar. No es que me guste Quinn Fabray. Es que me estoy enamorando de ella, y no sé cómo evitarlo siquiera.
― ¿Pero quieres evitarlo? Te he entendido algo de que le gustas.
―Pero está ahora con una chica, y no me quiero interponer entre las dos. Quinn parecía ahora feliz. No puedo llegar yo y romperle todos sus esquemas―el castaño suspiró.
―Mira, Rachel…Si le gustas, no le veo el problema. Es simple, por mucho que tú pienses que no. Si ella siente lo mismo por ti, no tiene sentido que siga al lado de una mujer a la que no ama por mucho que se lleven bien. ¿De qué serviría eso? De nada. Necesita sentirse querida y amada por alguien a quien también ame. Una vez vi una serie de televisión en la que uno de los protagonistas decía algo así de que había que aprovechar cuando encontrabas a alguien que te quisiese. Aparte de que creo que era una soberana estupidez por el sencillo hecho de que él no correspondía a la chica, sí que creo que es cierto, y más cuando tú correspondes a esa persona. ¿No crees que vaya siendo hora de mirar por tu propia felicidad un poco?
― ¿Y de que me serviría eso si le hago daño a Quinn?
―No se lo vas a hacer, diva del teatro. Si le gustas, ve a por ella. No te quedes parada. ¿Dónde está la Rachel Berry que conozco? Esa que luchaba por sus sueños sin pensar en nada más. Sé sincera contigo misma y lucha por ella, Berry. La quieres. Ella seguro que te quiere, así que, por favor, ve a por ella de una santa vez.
― ¿Sabes que eres el mejor amigo que una diva puede tener?
―Lo sé―musitó con una sonrisa satisfecha―. Hazme ver que eres más que una estrella colgada en el firmamento.
Quinn dejó que su mirada se detuviese en la mirada de Santana, la que llevaba sentada un buen rato. Anastasia no paraba de caminar de un lado a otro, un poco asustada y preocupada de lo que pudiese estar llegando a suceder dentro de esa habitación. Se preguntaba si había hecho bien en pedirle a Marta ese favor, y aunque sabía que ella era capaz de todo, eso no quitaba importancia al hecho de que la otra casi había matado a la que era su mejor amiga. Brittany apoyó su cabeza en el hombro de Santana con cuidado, esperando a que la latina no hiciese nada que mostrase desagrado por ese acercamiento. Y como ella esperaba, no sucedió nada. La morena permaneció inmóvil, pero acomodándose mejor para que ella pudiese descansar mejor sobre ella. En esos momentos extraños, la rubia podía comprobar como su novia volvía a ser la de siempre. La de antes. La que la seguía queriendo por encima de todo.
― ¿Le habrá sucedido algo? ―Inquirió entonces Anastasia, demostrando que su preocupación no era solo visual. La latina suspiró, cansada.
―Si le hubiese sucedido algo, habría gritado. Estará bien. Es fuerte.
―Ya sé que es fuerte―musitó la morena con fuerza―. La conozco de hace mucho tiempo, pero Marta enseguida se deja convencer por cualquier persona.
― Como por ti, ¿no? ―Señaló la latina con tono socarrón, haciendo mella así en la mirada de la otra.
― ¿A qué te refieres?
― ¡Ahora te harás la santa que te preocupas por ella! ¡Dije que debíamos llamar a un profesional por si acaso! Pero no quisisteis hablar y, ala, así, a la ligera. Llamemos a Marta, que seguro que lo va a llevar bien. No sé si pensar que sois estúpidas o ingenuas.
―Confío plenamente en ella―interrumpió Fabray con suavidad―. Prefiero que sea alguien que conozco. Emma no puede estar sola en esto. Sé que estaréis pensando que es una mala persona o algo así, pero cuando la miré a los ojos, no era ella. Sé lo que estaréis pensando, pero tengo razón. No era ella. Y no pienso dejarla sola.
― ¿Y piensas volver con ella? Te recuerdo que te gusta Rachel.
―Espera―interrumpió Santana con gesto sorprendido― ¿Berry?
― ¿Al final os vais a decidir? ―Inquirió Brittany con una sonrisa―Podríamos hacer una fiesta con ponis o algo.
― ¿Tú también lo sabías? ―Se dirigió a su novia con tono suave, haciendo que la rubia sonriese y asintiese―. Genial. Y yo que pensaba que era la más mal pensada del planeta y ahora resulta que no es así.
― No es ser o no más mal pensada. Es ser avispada y percatarse del asunto―señaló Anastasia con una sonrisa de suficiencia, sonsacando un bufido por parte de la latina.
― ¿Podemos volver al tema central, por favor? ―Preguntó Quinn sonsacando una sonrisa por parte de sus amigas―. Claro que no pienso volver con ella. Estoy enamorada de Rachel y no puedo mentirle a Emma. No a ella. Pero sí que voy a estar a su lado. Como amiga. O como ella quiera―susurró, a sabiendas de que posiblemente la pelirroja no quisiese su amistad por los hechos―, pero no la voy a dejar sola. No se lo merece. Y necesita mi ayuda.
Marta dejó escapar un suspiro mientras que Emma se removía en su sitio. Había pasado exactamente una hora y no había ocurrido absolutamente nada. La muchacha parecía estar en estado normal, aunque de vez en cuando se le escapaba un sollozo que le costaba contener, y era en ese momento cuando la morena se levantaba para sentarse a su lado y cogerle de la mano. A la otra le había sorprendido en un primer momento ese gesto por parte de la otra, y si bien no era del todo cariñoso, transmitía a la otra una fuerza que le gustaba sentir. Era como si esa mujer pudiese llegar a entender todos sus movimientos. Como si la mirase en el interior del alma y la analizase atentamente. Se preguntaba si esa muchacha no era alguien que había caído del cielo. Como un ángel. El ángel que conseguía que su corazón se calmase un poco.
Otras veces se separaba, sentándose en frente y esperando. Esperando a algo pacientemente. No parecía correrle prisa. No parecía querer moverse de allí. Y estaba empezando a preguntarse si esa mujer estaba intentando descubrir su problema de una manera de lo más estúpida. ¿No debería preguntarle cosas? ¿No debería intentar indagar en ella? ¿Por qué permanecer en silencio? El dolor de cabeza le estaba matando. Si tan solo pudiese explicarle lo que estaba sintiendo en ese momento y lo que su mente estaba viviendo…
Bajó el mentón, cerrando los ojos con ligereza. Estaba tan cansada…Tan sumamente cansada que…
Marta se quedó mirándola con curiosidad. La mujer de enfrente de ella se había sumergido en una especie de trance. Un trance que empezaba a hacerle pensar que al fin había logrado lo que quería. Era cierto que parecía haber tardado más de lo que esperaba, pero estaba mereciendo la pena. Solamente por eso, merecía la pena esperar durante una hora.
El rostro de la muchacha se levantó lentamente, con un cambio de gesto bastante notorio. La soledad y tristeza dejó paso a la felicidad y la picardía. Sin lugar a dudas, estaba a te un suceso extraordinario. La mujer se levantó de la silla con ligereza, como si de una bailarina de ballet se tratase. Depositó sus manos sobre el cajón de la mesita de noche, abriéndola para así, a tientas, sacar de un escondrijo un paquete de cigarrillos. Se giró, sentándose de nuevo mientras se soltaba el cabello que se había recogido Emma anteriormente. Sí. Sin lugar a dudas, la seriedad de Emma no era comparada con la sensualidad y libertad que demostraba su misma figura. Pero… ¿Qué era lo que estaba sucediendo?
―Hace un poco de calor aquí, ¿no cree usted? ―Musitó con una sonrisa ladeada, soltando uno de los botones de la camisa, dejando ver parte de su cuello―. Debo admitir que ésta vez me ha costado más salir que las demás.
― ¿De qué me estás hablando, Emma?
― ¡Oh! ¡No se haga la sueca conmigo, por favor! Ambas sabemos que no soy Emma―dio una calada al cigarrillo, frunciendo sus labios en un toque sensual que no pasó desapercibido para la morena―. Al menos, aparentaba esa inteligencia.
― Y si no eres Emma… ¿Quién eres?
―Puedes llamarme Daniela―contestó con una sonrisa radiante―. Parece un nombre de habla castellana, ¿no? ―La morena se encogió de hombros―. ¿Qué te parece todo lo que ha sucedido? Debo admitir que me pasé un poco con esa estúpida de Fabray―soltó el humo con calma―. Debe de estar asustada. Dígale que no pienso hacerle nada…Por ahora.
― ¿Por qué la atacó? ―La otra se encogió de hombros.
―Me toco las narices. Ya está. Estaba haciendo daño a Emma…No me malinterprete. No me cae bien Emma. Demasiados dolores de cabeza tiene. ¡Es tan seria! Y encima, es un poco estúpida. Pero su daño me afecta a mí y…Esa estúpida de Fabray le estaba toreando, ¿entiende? Perdí los estribos, eso es todo.
― ¿Perdiste los estribos? ¿Le estaba toreando?
― ¡Por favor! Todos sabemos que desde el principio, Fabray ha jugado con Emma…He intentado advertirla, pero la tonta de ella se estaba pensando que se estaba volviendo loca―soltó una tremenda carcajada― ¿No cree que es un poco estúpido por su parte?
―Cualquier persona en su situación hubiese pensado lo mismo…He de confirmar que ella no sabe de su presencia, ¿no?
―No. Ella no sabe nada. Creo que le dan dolores de cabeza y periodos de amnesia…Pobre…―musitó con maldad, deteniéndose para mirarla―. Es usted muy guapa, ahora que me he fijado… ¿Tiene usted novia?
―No. No tengo novia―respondió con severidad―. Nos hemos llevado un buen susto, y como comprenderá, va a tener que ponerse en manos de un psicólogo.
―No veo por qué. Yo estoy bien como estoy. ¿No tiene novia? Es muy bella… ¿Le gustaría salir un día bailar conmigo? ―Se levantó, acercándose con paso sensual a Marta―. Le advierto que se me da muy bien bailar…
―Se la ve una mujer con marcha―susurró divertida la morena―, pero no creo que sea mi tipo.
―Aún no sabe lo ardiente que puedo llegar a ser…Emma es una sosa, pero yo…Yo soy mucho más diferente de lo que usted puede llegar a pensar…Y lo de que no tiene novia facilita el asunto―musitó al final con voz ronca, inclinándose hacia la morena. Ésta no se apartó.
―Creo que seré yo la que lleve esto.
―Le gusto―dijo la otra triunfante.
―No. Estoy deseando ayudar a Emma a librarse de usted―inquirió ella con firmeza, levantándose y apartando a la chica de su lado―. ¿Puedo tutearte, Daniela?
―Por supuesto, Marta―la aludida abrió los ojos, sorprendida―. Conozco todo lo que ella conoce, aunque nunca sea al revés. Y créame, antes de que se dé cuenta, la he enamorado.
Marta ladeó la cabeza, levantándose de la silla para salir de allí. Daniela se quedó observando atentamente la escena, siendo consciente de que, por primera vez, quizás podría contar con la ayuda de la inútil de Emma.
Nota de la autora: Pues, aquí de nuevo. Ya empezamos a visualizar las cosas y… ¿Quién quiere faberry? Porque, chicas, el pedido de Faberry va a empezar a llegar poco a poco. :P Calculo que dentro de poco va a ir cayendo cosas…Interesantes :P En fin, en el siguiente capi vuelve Frannie y su aparición con el chico misterioso, una escena de Anastasia y Marta y otra de Quinn y Rachel. :P No diré más :P
Monica13: Lo de Anastasia y Marta es un juego interesante xD Quinn no se va a quedar con Emma por pena, pero le va a ayudar. Y va a ser algo que necesite hacer porque, pese a todo, aprecia a la pelirroja mucho. Se va a enterar en el próximo, y va a ser…Interesante todo xD Pero bueno, ya saben, voy poco a poco pero voy a intentar que merezca la pena. Un beso y gracias por leer :).
Lucyfaberry: Quinn no la va a dejar. No va estar con ella pero…No la va a dejar ni nada por el estilo sola, más que nada porque son importantes la una para la otra. Debo admitir que me he reído mucho con la idea, pero más porque me lees un poco la mente. En el ahora de ahora no va a suceder nada entre Marta y Rachel. Los papeles están claros, pero… Aún queda saber cómo se conocieron, ¿no? :P Y pienso tocar el tema de las Brittana pero primero les doy importancia a las protagonistas de esta historia, nuestras chicas, y a las otras. Un beso y muchas gracias :).
