Marta no pudo evitar soltar una sonora carcajada mientras caminaba seguida por la mirada furibunda de la otra chica, la que corría de vez en cuando para alcanzar su paso. Se sentía bien. Demasiado bien. Había extrañado esos celos de la castaña, y ahora estaba allí de nuevo. Podría rozarla con sus manos y besarla. Y eso era algo que le reconfortaba. No merecía ya la pena negar lo evidente. Quería a esa estúpida que le había roto el corazón en miles de pedazos. Quería a esa chica caprichosa que le había hecho tener pesadillas, que rompió sus ilusiones y que hizo que se quedase sin aliento en muchas ocasiones.
Pero también quería a esa chica que la alcanzó. La que sonreía con una sonrisa de lado, coqueta, misteriosa. Amaba a esa mujer de corazón frío, casi como el viento helado del polo norte. Añoraba esos labios con sabor a fresa. Porque a Anastasia le gustaban las fresas. Y a ella le gustaba besar esos labios con ese sabor. Adentrar su lengua en su boca. Y con esos pensamientos, era capaz de sonrojarse por completo. Sonrojarse y admirar un poco la belleza de la otra. Un poco más cerca, y quizás, solo quizás, podría ser de nuevo suya. Y ella se dejaría arrastrar a ese delirio que era el amor de su vida.
― ¿De qué te ríes? ¡A mí no me hace gracia! ―Y ante esa queja, no pudo evitar soltar de nuevo otra carcajada―. ¡Marta!
―No es nada malo―replicó la aludida con una sonrisa coqueta―. A mí me gusta que me digan lo guapa que estoy.
―A mí también me gustaría, pero eso no quita el hecho de que a mí no me hace gracia―musitó con tono molesto, cruzándose de brazos.
Sabía que no tenía derecho alguno a reclamarle nada a la chica, pero era lo que más le gustaba de todo. Discutir, para así, poder encontrarse con esa mirada de tonalidad igual que el mar. Una sonrisa se apoderó de los labios de la morena, que no pudo evitar mirarla de soslayo. Se moría por robarle un beso, pero tenía que aguantar. Lo haría. Lo haría porque era lo mejor. No podía dar a entender que con tan solo un gesto así ya le había conseguido conquistar el corazón de nuevo, con la misma facilidad que lo hizo las dos veces anteriores. Había caído de nuevo en las redes de la castaña.
― ¿Sabes que estás muy guapa hoy? ―Inquirió con tono sensual, haciendo que el cuerpo de la otra se estremeciese por completo―. Demasiado guapa. Me encanta cuando te pones celosa.
―No estoy celosa, pero no me gusta que te coquetee una mujer que casi ha matado a mi amiga―musitó, en parte diciendo la verdad. Podría casi sobrellevarlo mejor si fuese David el que le dedicase esas palabras a la morena―. No ha dicho ninguna mentira. Y no puedo recriminarte nada, ya lo sé.
Marta sonrió un poco, deteniéndose en frente del hotel. Clavó su mirada en el lugar, percatándose de que su hermana llegaba por el otro lado de la calle con el ceño fruncido. Suspiró un poco. Ahora sería cuando las dos mujeres más importantes de su vida se meterían entre ellas para dejar claro quién era la que llevaba los pantalones en esa situación.
La otra se detuvo en frente de las dos muchachas, sonriendo falsamente a la castaña y con cierto cariño a su hermana mayor. Se colocó a su lado, besando su mejilla con cariño y entusiasmo. Anastasia no pudo evitar sonreír por ello. Sabía que Marta y Leticia se llevaban estupendamente pese a la diferencia de edad, y ante todo, de pensamiento. Leticia era más extrovertida que su hermana, decidida, y orgullosa a más no poder. Marta, en cambio, no era tan decidida, aunque al final podía con ella su sentido de la honestidad.
―Pensé que llegarías más tarde―exclamó con alegría, clavando al final su mirada en el cuerpo de la castaña―. Hola, Anastasia.
―Encantada de volver a verte, Leticia. Veo que sigues igual de animada que siempre―susurró con sinceridad, haciendo que la otra se sintiese al fin más cómoda. ¿Sería verdad que la castaña había cambiado por completo? ―No os quiero molestar más.
―Sabes que tú nunca molestas―indicó Marta sin poder evitarlo, carraspeando ante la mirada reprobatoria de su hermana.
―Gracias―respondió con un poco de ilusión la aludida―. En fin, chicas, os dejo tranquilas. Tendréis muchas cosas de las que hablar.
La joven se giró, encaminándose por la calle con paso lento, quizás dubitativo, enterrándose en sus profundos pensamientos. La morena se cruzó de brazos, observándola marchar. Dejó escapar un suspiro mientras escuchaba como su hermana le baría la puerta.
―Creo que no deberías mostrarte tan obvia. Así va a creer que tiene el camino fácil―dirigió su vista a la morena, que parecía sumergida en sus propias sensaciones―. Marta…
―Es que lo tiene fácil―respondió al fin.
―Pero si te dejas ver con esa facilidad, va a pensar que puede tenerte bajo sus órdenes. Deberías alejarte un poco de ella y…
―No―la respuesta fue tan escueta que sorprendió a su hermana.
― ¿No?
―No. No puedo alejarme de ella―dijo al fin, clavando sus pupilas azules sobre las de la otra―. Ni tampoco quiero.
Y tras estas palabras, se encaminó con rapidez hacia la otra muchacha, que se había detenido en uno de los escaparates de la calle. Su corazón latía con fuerza. Cualquiera pensaría que era una loca por lanzarse de nuevo a la piscina en la que se había golpeado un millón de veces. Pero no le importaba. No si estaba a su lado.
"Necesito mi espacio, mi tiempo."
"Todo ha sido un error. Estábamos confundidas."
"Te quiero, pero eso no significa que esto esté bien."
Podía escuchar esas palabras de nuevo en su mente. Podía rememorar esas miradas. Podía volver a sentir ese sabor de las lágrimas cuando besaba sus labios. Podía volver a sentir como su corazón magullado le pedía, sin embargo, que no la perdiese de nuevo. Y no lo pretendía. Porque eso significaría que volvería a morir. Y le daba igual si era la tercera, cuarta, o incluso quinta vez. No le importaba las veces que tendría que morir por ella. Porque no merecía la pena vivir sin el amor. Siempre lo había creído así, y por eso se emocionaba con las escenas de "Moulin Rouge". Porque el amor era como el oxígeno. Porque lo más importante en la vida era querer. Querer, y ante todo, ser correspondido.
Podía escuchar también a su hermana llamarla. Podía encontrarse con la mirada sorprendida de Anastasia cuando se giró al escuchar su nombre. Pero no importaba.
Creía que se iba a quedar sin aire. El espacio entre ellas parecía alargarse más de la cuenta. ¿De verdad estaba tan lejos? ¿O quizás eran imaginaciones suyas? Podía oír el cantar de algún pájaro, como ocurría en esos poemas de Bécquer, o también el resonar de sus zapatos contra el asfalto. El deslizar de su cabello por su espalda. El latir de un corazón acelerado. La sensación de necesidad, de esperanza, de corazones encerrados en tarros de cristal. Esos que caían al suelo y se rompían. Y ella también se rompía. Y se quería morir por un segundo. Pero era el suficiente tiempo como para seguir y no perderse. No hacerlo.
Pero ya era imposible echarse atrás. No cuando se detuvo a tan solo unos centímetros de ella. Anastasia se quedó un poco sorprendida, pensando que algo malo estaba a punto de suceder. Y quizás, en el fondo, también la llama de la esperanza de prendió en ella. Ese fuego eterno que parecía querer consumirla. Lo que haría que volviese a morir de amor por segunda vez. Podía esperar. No le importaba. No quería que ella le temiese. Que temiese a que la volviese a alejar por sus dudas y miedos.
― ¿Te he dicho hoy lo guapa que estás?
Anastasia se quedó en silencio ante esa pregunta, con un corazón a punto de salírsele del pecho. Podría contestar que sí, pero sus labios no le permitían pronunciar palabra alguna. Y tampoco le hizo falta. Cuando quiso darse cuenta, Marta ya había dado un paso hacia adelante.
― ¿Te he dicho ya que me encantas cuando te pones celosa? ―La castaña tragó saliva.
―Algo he oído.
― ¿Te he comentado que no me molestas nunca? ¿Sabes ya que no te odio?
―Lo sé.
― ¿Sabes que, por más que desee lo contrario, te quiero con todas mis fuerzas? ―La aludida se quedó estática ante esa afirmación―. ¿Te he dicho hoy que te quiero?
―Llevas sin decírmelo diez años.
―Pues te quiero.
Y antes de que se pudiese decir nada más, Anastasia sintió la boca de Marta sobre la suya, dejando llevar por el simple gemido que se apoderó de todo su ser.
Ni siquiera Leticia, a lo lejos, pudo evitar sonreír. Podría ser un error, pero sabía que Marta era así. Era una romántica empedernida. No quedaba otra explicación lógica. Pero… ¿Acaso en el amor había algo lógico?
― ¿Puedo?
Habían pasado cuatro días desde aquel encuentro desafortunado con Emma, y si bien la mujer no se había marchado de la casa, seguía encerrándose en la habitación, procurando evitar a su antigua novia. Dejaba entrar a Frannie para que le trajese la comida, y Quinn era consciente de que la chica se quedaba un buen rato charlando con la pelirroja. Sin saber la razón, ambas habían profundizado su relación hasta límites que podían resultar insospechados. Incluso podía percatarse del ligero sonrojo de Frannie cuando salía por la puerta.
En un principio se le había pasado por la cabeza la simple razón de que la chica sintiese algo por su ex, pero rápidamente comprendió que a la menor de los Fabray solo le interesaban los hombres. Pero eso no quitaba para que se sonrojase cada vez que establecía una conversación íntima con la pelirroja. Había cosas que le contaba a ella y no a su hermana mayor, y aunque a ésta le dolía, no podía dejar de pensar que todo se solucionaría con el paso del tiempo. Y pese a que su hermana era temerosa de manera repentina, al menos se sentía satisfecha al verla bien con su ex. Emma, después de todo, era una buena persona.
Pero ahora no se estaba preocupando por eso, sino por el acercamiento de Rachel hacia ella. Había aparecido a las diez de la noche con el fin de explicarle que había encontrado algún dato relevante de Marley, más en concreto, que había estado cenando dos noches antes del asesinato con Mike en uno de los restaurantes. No hacía falta ser muy listo para percatarse de las razones de ello. Sin embargo, esa noche prefería descansar antes de lanzarse a la aventura. Lo que no se esperaba era que tuviese que detener a la morena, dispuesta a matar a la pelirroja cuando se percató de las magulladuras del cuello de la muchacha.
Tardó media hora en explicarle todo. Que había roto con Emma y que, como consecuencia, se descubrió la doble personalidad que la mujer presentaba. Emma, la fría, lógica y consciente muchacha que estaba completamente enamorada de Quinn Fabray. Y luego, Daniela, la coqueta, seductora y sin ningún tipo de escrúpulos, la que la detestaba con todas sus fuerzas. Rachel estuvo escuchando sin poder creerse todo lo que le estaba contando la rubia, aunque era cierto que no podía evitar sentir una calidez propia ya en ella cuando sentía la mano de la otra apretar la suya. ¡Y qué decir cuando aspiraba su dulce aroma! Y lo que más le hacía sentir bien era el hecho de que se lo estaba contando a ella. A Rachel Berry. Le estaba confiando lo que había sucedido.
Y tenía que admitir que, en el fondo, lo que más le gustaba era el hecho de que su amiga hubiese roto con la pelirroja. Se entristecía en parte porque era consciente del cariño que Quinn le profesaba a la chica, y sin lugar a dudas, estaba preocupada por ella. Pero no podía evitar sentirse mejor al pensar que esos labios carnosos que se le antojaban irresistibles ya no le pertenecían a la otra.
―Claro―respondió Quinn tragando saliva.
La morena sonrió un poco, apartando el cabello de la otra. Se encontraban sentadas en el sofá de la rubia. La noche se iba cerniendo poco a poco sobre Ohio y, aunque anteriormente se estaba preocupando por la ausencia de la menor de los Fabray durante todo el día, en ese momento solo podía pensar en que las manos de Rachel, más en concreto sus dedos, se deslizaban por su suave piel con el fin de recorrer las zonas marcadas por las manos de Emma.
―Aun no entiendo como no la apartaste.
―No podía hacerle daño. Sabía que no era ella la que me estaba haciendo esto―argumentó la rubia, sintiendo la calidez de la piel de la morena―. Creerás que fue una tontería, pero hice lo que considero correcto.
―Quinn…Podría haberte hecho daño, ¿entiendes? ¿Y si llega a suceder algo grave?
―Pero no ha sucedido, Rachel, y eso es lo que más me importa en estos momentos.
Se apartó un poco, clavando su mirada en la puerta de la habitación. Se sentía culpable. ¿Y si no tenía que haberla dejado? En su interior sabía que había hecho lo correcto, pero eso no hacía que la culpa disminuyese. No tenía que haber sido tan directa. Si hubiese sabido que estaba en esa situación… ¡Pero ni siquiera la pelirroja parecía percatarse de esa situación! Se aclaró la garganta bajo la atenta mirada de Rachel.
― ¿Cómo está ella?
―Lo lleva, que ya es suficiente…No sé. No hablamos mucho. Prefiere evitarme.
―Es normal, Quinn. Pese a que no fue ella, debe sentirse bastante mal. Al fin y al cabo, ella te quiere. Y mucho―comentó con resignación. No podía mentir. Era la verdad. Esa mujer quería a Fabray.
―Sí, pero…Sabe que no le culpo. Y pese a que hemos roto, me importa, ¿sabes? No quiero que piense que he jugado con sus sentimientos porque no es así. No quiero que sufra. La quiero como quiero a Brittany o Santana. La quiero muchísimo, y si le sucediese algo, yo…
La morena siseó ante la ansiedad que estaba sintiendo la rubia en esos momentos. Posó su dedo índice sobre sus finos labios, callando así la voz de Quinn. Ésta no pudo evitar sonreír un poco, sintiendo de nuevo la calidez al presenciar la cercanía de Rachel para con ella. ¿Quién le diría que estaría en ese tipo de situación con la morena? Sin lugar a dudas, estaba empezando a sentirse extremadamente bien.
―Tranquila, Quinn, ¿vale? Todo va a ir bien. Ella por ahora está bien. Ahora tienes que pensar un poco en ti―aclaró con una suave sonrisa dibujada en su rostro, tomando así el mentón de la otra con su mano―. No quiero que estés mal…
Una sincera sonrisa se formó en el rostro de la rubia, que no pudo evitar soltar un suspiro sonoro al encontrarse con los ojos negros de la mujer. Podía sentir de nuevo un ardor recorriendo todo su cuerpo. Sabía que en cualquier momento no podría controlar la necesidad que sentía de besar esos labios que se le antojaban demasiado apetecibles. La morena no se quedaba demasiado atrás. Berry no podía evitar sentir la atracción pudiendo con ella. Sin lugar a dudas, le encantaba lo que era sentir la respiración de la rubia acelerarse al sentirse ambas a tan escasos centímetros. Podía sentir como el corazón de Fabray latía igual de desbocado que el suyo.
Estaba presenciando como una especie de fuegos artificiales se celebraban en el interior de su cuerpo. Si alguien le dijese hacía años que la capitana del equipo de animadoras estaría allí con ella, a escasos centímetros, a punto de besarse, juraría a esa persona que estaba loca. Pero, quizás, después de todo, hubiese sido jurar en vano. Y más cuando los dedos de Quinn apretaban ligeramente la otra mano que descansaba en su propio muslo. Si el delirio era un pecado, y más con una mujer, Rachel quería ser sometida a juicio sin arrepentirse de nada.
―Rach…―susurró la rubia con cuidado, entreabriendo sus labios.
―Quinn…
Y justo en ese instante, donde parecía que Rachel iba a acortar el espacio que quedaba entre ellas, la puerta se abrió, sorprendiéndolas. Ambas se quedaron conmocionadas al ver a un chico sujetando el cuerpo de la hermana menor de la rubia, la que parecía que no podía seguir en pie. Fabray se levantó del sofá a la misma velocidad que Rachel, acercándose hacia su hermana sin poder creerse que esa persona estuviese allí, en su casa. Y la morena tampoco se lo podía creer. Esperaba verle en cualquier otro lugar, pero no precisamente allí.
―Me la he encontrado por la calle…Está un poco borracha.
Quinn se colocó por debajo de la rubia, tomándola por la cintura. Frannie no podía controlar la risa, rodeando el cuello de su hermana con sus finos brazos.
― ¿Sabes que soy una inútil, hermanita? ―Y volvió a soltar una sonora carcajada.
Emma salió de su escondite al escuchar las risas de Frannie, y para sorpresa de Rachel, la pelirroja, sin importarle nada, se acercó a la menor, rodeándola ella también para poder sujetar su pesado cuerpo. Sin lugar a dudas, la amistad entre las dos chicas se había fortalecido con los acontecimientos.
―Ahora mismo me quiero morir―susurró Frannie, escondiendo su cuello en la espesa melena rojiza de la otra―. Y él me encontrará…
― ¿Él? ―Inquirió Quinn sin entender, pero decidió callar ante la severa mirada de Emma.
―Creía que podría escapar…Pero no puedo…―susurró sin saber muy bien como proseguir―. ¿Estarás conmigo, Ems? No me dejarás sola, ¿verdad?
―Nunca―habló al fin la aludida―. Nunca, pequeñaja.
La aludida volvió a soltar una sonora carcajada, abrazándose con fuerza al cuerpo de su amiga.
―Si fuese lesbiana, te follaría hasta decir basta―y volvió a reírse bajo la mirada incrédula de Rachel y Quinn. El muchacho permanecía apartado observando esa escena con algo de diversión―. ¿Sabes que estás muy buena?
―Lo único que sé es que necesitas descansar un poco―musitó Emma con fuerza―. Gracias―se dirigió hacia el chico, que asintió.
―Eso, gracias, misterioso desconocido… ¿Quieres ser mi ángel de la música? ―Canturreó con fuerza―. ¿Quieres ser mi fantasma de la ópera? ¿O prefieres serlo tú? Bah, no hace falta…Él vendrá a por mí, con su máscara, ocultando su verdadera identidad…Y entonces, no me dejará escapar de entre sus brazos…―las palabra se perdieron bajo la mirada preocupada de Quinn―. Todo está perdido.
―Venga, mi querida Christine…Necesitas dormir―decidió Emma―. Voy a ir contigo, y te contaré un cuento…―susurró para la chica, la que solo pudo mostrar una sincera sonrisa ante las palabras de la otra―. Buenas noches a todos.
Quinn se quedó mirando a ambas muchachas con cierta satisfacción. Le sorprendía que su ex fuese tan cuidadosa con su hermana, aunque lo que más le gustó fue el hecho de que la trataba como una hermana mayor que cuida de la menor. Y quizás, en el fondo, era eso. Y eso era lo que más le gustaba. Esa era la Emma que le gustó. La que cuidaba de la gente que quería.
―No sé cómo agradecértelo―musitó Quinn girándose hacia el muchacho. Éste se encogió de hombros―. En serio. No sé que hubiese llegado a suceder si…
―No pienses en eso, Quinn―interrumpió Rachel―. Ahora ella está bien bajo buenas manos. No creía que vendrías.
― ¿Acaso lo dudabas? ―Inquirió él con diversión―. Ha sido una sorpresa encontrarte aquí, siendo sincero. ¿Sois amigas ahora o qué?
―El mundo es un pañuelo―contestó Rachel con una risa nerviosa. Quinn se encogió un poco, algo incómoda. No siempre te encontrabas con el ex, ahora buen amigo, de la chica que estabas a punto de besar minutos antes, después de la aparatosa intromisión de Frannie y su borrachera―. Más que nada, hemos sido amigas de antes. Ahora estamos retomando el contacto.
―Me alegro…Pero… ¿No vienes a abrazarme?
La morena ladeó la cabeza, contrariada, para acabar sonriendo extensamente y abrazarse al cuerpo del chico. Quinn sonrió un poco ante esa escena. Debía admitir que era agradable ver a la muchacha tan feliz por ver a una persona importante en su vida. Y él, pese a todo, lo era. Nunca dejaría de serlo.
―Te he echado de menos…―susurró él con suavidad.
―Y yo a ti―respondió Rachel, apartándose para sonreírle.
Jesse le correspondió al gesto, con esa sonrisa radiante que en su momento tanto le gustó a ella.
Nota de la autora: ¡Al fin beso entre Anastasia y Marta! Me parecía demasiado precipitado, aunque creo que estarán pensando..."Mejor que lo sea con las Faberry" jajaja. Debo admitir que este capítulo me ha gustado escribirlo. Primero, por la decisión de Marta. Segundo, por la complicidad que creo que existe entre Rachel y Quinn, que parecen estar juntas desde siempre, y el afecto y cariño que parece mostrar Emma hacia Frannie, la que quiere escapar de su fantasma... ¿Y Jesse? Jo, yo pensando que sabrían que aparecería él... ¡Es mi chico preferido! Lo sé, es un capullo, pero Quinn lo fue en su momento y la adoro :3 En fin, espero que el capítulo les guste ;).
monica13: Sí, Emma tiene un problema grande entre manos, pero...Poco a poco... ¿Quieres Faberry? Uy, ve calentando motores, porque cuando voy empezando, ya no paro xD Con eso lo digo todo...Voy con el romanticismo, ya en el siguiente caiga algo de tensión sexual xD Y sí, ¿cómo no enamorarse de Fabray? Aunque también... ¿Cómo no enamorarse de nuestra diva del teatro? ;) Un beso y gracias por leer ^^
