Holi :D. Evidentemente la inspiración me agarra para cualquier lado, menos donde tiene que estar ¬¬. Cómo terminé "3 más 3 igual a ¿Amor?", se me ocurrió hacer otro fic, porque soy tan maniática que, bueno, no puedo tener sólo un fic circulando, sino que ahora tengo que tener cinco xD.
Eeeeen fin, a leer y comentar :D, o eso espero T.T. Shaman king no es mío.
...
Capítulo uno: Tenés una cita
-¡DIJO QUE SÍ!- Gritó mi amigo, Horokeu Usui, saltándome encima en cuanto abrí la puerta, luego de sus insistentes golpes en la puerta, a las cuatro de la madrugada, abrazándome efusivamente.
-Jijiji, felicitaciones, Hoto- Le dije, correspondiendo su abrazo.
-No me dig... Bah, da igual, ni siquiera ese estúpido apodo puede opacar mi felicidad- Dijo con una sonrisa que, por un momento creí, le rompería los cachetes. Deshizo el abrazo y entró al departamento- ¿Tenés cerveza para celebrar?-
Todo el mundo sabía que Ren diría que sí, después de todo, Horo y él son novios desde hace siete años. Sin embargo, pasaron diez meses de puros: "¿Y sí dice que no?" "Voy a morir, Yoh, lo digo en serio" "Me va a rechazar, lo sé, me va a rechazar", para que mi amigo juntara el valor necesario y finalmente se lo propusiera. Yo no veía la razón de tener ese miedo innecesario por el que Horo pasó todos estos meses, sí se nota a kilómetros que Ren lo ama. Y estaba muy seguro de mis palabras, tal vez, puede ser, por la forma en que se conocieron, cuando aún teníamos veinte años...
-No me gustan estos lugares, Horo, y no lo digo porque sea un boliche gay, no, para nada, sino por el ambiente en sí- Dije un poco asustado cuando vi pasar, desde la barra donde estábamos, a un hombre cuyos pantalones tenían dos agujeros enormes... en su trasero. Por parte de Horo, no obtuve ninguna respuesta, así que me giré a verlo- ¿Hoto?- Pregunté extrañado, pasando una mano por su cara, la cual estaba en shock, mirando un punto fijo.
Seguí el trayecto de sus ojos, y entonces lo vi, o bueno, eso intenté entre tanto humo y flashes de luces; a unos veinte metros, o menos, se encontraba un chico bajito, de pelo negro con destellos violeta, peinado de forma graciosa, vestido con ropa aparentemente cara, y expresión sería o de suficiencia.
-Tengo que conocerlo- Escuché decir a mi amigo, por primera vez en la vida, con determinación.
Yo lo miré un poco asombrado, y entonces supe que ese chico iba a ser alguien importante en su vida... tal vez no tan así, pero si animé a Horo a acercarse. Minutos después, vi cómo en la cara del chico se asomaba una sonrisa...seguida de un golpe incrustado de manera precisa en el ojo de mi amigo, y por un momento pensé que tenía que acudir en su ayuda, pero luego vi cómo le tendía un papel recién escrito.
Horo me contó más tarde que tal vez había sido muy directo con lo que quería, pero, bueno, todo resultó genial, ¿verdad?.
-¿Saliste de un pastel?- Le dije incrédulo, sirviéndome una taza de café y tomando asiento frente a él.
-Bueno, Hao me dio la idea, y Liserg me consiguió, muy a su pesar, el número de la pastelería- Dijo encogiéndose de hombros, todavía con la sonrisa en la cara.
-Debí imaginarlo- Rodé los ojos con diversión.
Hao Asakura es mi hermano gemelo y Liserg Diethel es su novio. Los cuatro nos conocemos desde los trece años, cuando, con mi familia, nos mudamos al barrio donde vivía la familia Usui y la familia Diethel. Horo, liserg y mi hermano se hablaron recién cuando comenzamos las clases, luego de eso, me los presentó y desde ahí nos volvimos inseparables. Poco después, incorporamos a Ren, quien se acopló perfectamente al grupo. Ustedes dirán, ¿no te sentís incomodo entre tantas parejas? Bueno, no. Ellos actuan normal, cómo si fueran amigos, de hecho, Horo y Ren se la pasan peleando, y Liserg apartando a mi hermano. Aparte yo no tenía de que preocuparme, puesto que, hasta hace dos meses, no estaba solo, sino que tenía una vida plena junto a mi esposa... o eso creía yo, hasta que Tamao me pidió el divorcio. Sin embargo, compartía los mismos motivos que ella para separarnos, así que nada cambio, por decirlo de alguna manera.
Volviendo a nosotros, aún cuando las obligaciones hacían de las suyas, tratábamos de juntarnos, al menos, una vez por mes, porque no es nada fácil que un abogado, un ecologista, un criminalista, un empresario y un licenciado en música, logren tener un mínimo de tiempo libre. Pero, después de todo, tenemos veintisiete años, somos jóvenes, claro que sí.
-¿Cuándo es la boda?- Preguntó mi mamá, desde la otra línea, con tanta emoción, que por un segundo creí que había sido yo el que dijo que se casaba.
-Dentro de cuatro meses, creo- Contesté dudoso. En realidad, sé que me lo dijo, pero me perdí cuando Bob comenzó a sonar en la radio. Ah, cuanto amo a Bob.
-¿Crées? ¿¡CRÉES!? Ay, Yoh, ahora voy a tener que llamar a tu hermano para preguntarle- Dijo con resignación.
No es que mi mamá y Hao se llevaran mal, sino que el verdadero problema es que ella tiende a ser un poco, bastante, entrometida. Lo comprobé, por desgracia, hace tres años, cuando le conté que me casaba, y no dejó de inmiscuirse en los preparativos, ni siquiera el día de la boda. Sin embargo, el tema con Hao empezó desde antes. Tamao y yo nos pusimos de novios a los quince años, y desde ese entonces no dejó de decirle "indirectamente" a mi hermano que se iba a morir solo, cómo un indigno solterón. Luego, él se puso de novio, y la cosa empeoró, llamándolo todos los días para saber sí ya le había propuesto matrimonio. Eso es algo que irritó mucho a mi hermano, por lo que muchas veces la envió al condenado infierno, gritándole que arreglara su vida y que dejara la de él y su novio en paz. Bueno, en realidad, él utilizó otras palabras, pero el punto se entiende.
-Vas a ir con Tamao ¿verdad?-
Suspiré cansado, incrédulo de que todavía conservara la esperanza de que podríamos arreglar las cosas.
-No lo creo- Dije tranquilo.
-Yoh, ya tengo un hijo que va a morirse solo, no quiero otro- Dijo autoritaria.
-Pero sí Hao ya tiene novio- Defendí, por primera y última vez, a mi gemelo. En vano, porque ella me ignoró.
- Conseguí una cita, por lo menos. Sabes que da igual sí es mujer o sí es hombre. A decir verdad, no me extrañaría, Manta es una buena opción- Y con esas palabras, me cortó.
¿Conseguir una cita? ¿Estaba loca? Sí, definitivamente ¿Aparte qué quería decir con eso de que no le extrañaría? ¿Y por qué Manta sería una buena opción?. No hay caso con esta mujer. Miré el reloj de la sala, mientras suspiraba, y me paré de un salto al comprobar que llegaba tarde al trabajo.
El día pasó sin antecedentes relevantes, fue en parte divertido, en parte rutinario, sin variaciones. Salí a las seis de la tarde, y me reuní con Manta para cenar, cómo siempre desde que Tamao se fue del departamento. Él es mi amigo desde la universidad, siempre me apoyo en todo, incluso en mis malos momentos, y también se hizo muy buen amigo de los muchachos.
-Todavía no puedo creer que se casen, creí que nunca llegaría el momento- Dijo Manta, entusiasmado y escéptico, cómo todos.
-Jjiji, ¿vos crees? Yo sabía que tarde o temprano el día llegaría, ellos se aman de verdad- Dije con confianza.
-Ahora que lo mencionás, puede que tengas razón- Dijo sonriendo, restándole importancia- Ah, antes de que me olvide. Invité a mi prima a la boda, ¿te acordás de Anna?- Yo estaba tomando mi jugo de naranja, siendo la mejor parte del día, pero él no esperó una respuesta de mi parte, y siguió hablando, muy concentrado- Ella es a quien invité. Increíblemente aceptó, bueno, no sin antes sobornarme, pero eso no importa. Lo que sí importa es que, tal vez, le dije que tengo un amigo para presentarle- Terminó de decir, extrañamente nervioso.
-Ajám, ¿y a quién le dijiste que le presentarías?- Dije con curiosidad, no recordando quien corno es Anna.
-Bueno, jeje, capaz no te agrade mucho la idea, pero...- Entonces me cayó la ficha.
-Manta- Dije frunciendo el ceño- ¿Acaso le dijiste qué yo podría ser su cita?- No podía creer que él haya hecho eso. ¡Se supone que es mi amigo más leal!.
-Lo siento, Yoh, es que pensé que quizás esto solucionaría el "problema" con tu madre, y aparte, podrías darle celos a Tamao estando con Anna- Dijo un poco arrepentido.
-Ni siquiera conozco a esa tal Anna- Dije un exaltado, siendo que, cómo no logré recordarla, no debó conocerla.
-Si la conoces, Yoh- Rebatió-. La viste el día de tu boda, era la chica rubia sentada junto a mí-
Y ahí la recordé.
-¿Estás hablando de la chica con sobrepeso, frenos, y qué no dejaba de tartamudear?- Le pregunté con temor a que me diera una afirmativa.
-Este...- Y con eso me dijo todo.
Genial, ahora no sólo afrontaba un divorcio, sino también que tenía una cita con la hermana gemela de Betty la fea. No me malinterpreten, no es que sea superficial, pero, vamos, podría conseguirme algo mejor. Incluso ir a la boda con Tamao sería mejor.
-Está bien, iré con ella, pero sólo porque ya le dijiste- Le advertí.
-Prefecto- Dijo entusiasmado- Ella me confirmó que asistiría a la fiesta de compromiso de este viernes, en la mañana, así que los presentaré ahí-
Y así dimos por finalizada la conversación.
El viernes llegó con más prisa de lo que hubiera pensado, y lo digo porque no me había percatado de que era viernes, por lo que ya estaba llegando tarde.
Entré al salón, y casi me caigo de espaldas. Lo primero que pensé, fue que Jun tuvo algo que ver en la decoración; lo segundo, fue que a Ren de seguro le dio un ataque; lo tercero, fue que era impresionante. El salón era amplio, con ventanas grandes que dejaban filtrar la luz solar de manera precisa, estaba perfectamente pintado de celeste cielo, decorado con telas negras, las cuales tenían el símbolo del Yin y el Yan, mezclado con los símbolos Ainu, que sobresalían desde una gran lámpara colgando en el techo y había flores blancas por todos lados. Obviamente, el primer símbolo hace referencia al lugar de origen de Ren y a su apellido, el cual es Tao y proviene de una dinastía China muy importante, o algo así, y el segundo hace referencia al lugar de origen de Horo. Las mesas estaban ubicadas alrededor de un escenario y dejaban lugar a una gran pista de baile. Había meseros por todos lados, y muchas mesas con bocadillos que se veían exquisitos.
-¡Yoh!- Gritó Pillika, agitando su mano desde la mesa donde estaban todos, menos los futuros esposos, y la que llevaba buscando desde que entré.
-Hola muchachos, jijiji- Saludé con la mano a todos, sentándome en la única silla libre que había.
-¿Ni siquiera te dignaste a ponerte una corbata?- Me reprochó Hao, en modo de saludo.
-Yo creo que se ve bien- Intervino Liserg, sonriéndome amable.
Hao bufó y miró a Liserg con un puchero. Rodé los ojos frente a su pobre carita de niño bueno que hacía cada vez que Lis lo contradecía.
-Hasta que al fin llegaste, compadre- Dijo Chocolove, dando unas leves palmaditas en mi espalda, sosteniendo de la mano a Pillika, su esposa y futura madre de su hija.
-Me alegra que Horo no te haya matado todavía, Choco- Era increíble cómo había logrado meterse con Pilli, la hermana menor de, un muy cuida, Horo y salir ileso de ese problema.
El se rió de buena gana, dándome la razón.
-¡Hasta que al fin apareciste!- Dijo Manta con reproche, mirándome reprobatoriamente.
-Llegó el marido- Susurró Hao con diversión.
-Lo siento, me quedé dormido- Dije sonriendo un poco apenado.
-Me lo imaginé- Dijo rodando los ojos con obviedad- Vamos, Anna te está esperando-
Lo miré con súplica, pero él ya había comenzado a caminar, por lo que no me quedó otra que seguirlo, resignado y renuente. El problema con Manta es, que es tan enano (un metro veinte, o menos), que siempre lo termino perdiendo de vista. Miré por todos lados, pero sin embargo no logré ubicarlo. A quien sí ubiqué fue a la famosa Anna, justo en la mesa dulce, tal y cómo la recordaba: con sobrepeso, el pelo corto y rubio, y seguramente con frenos, aunque cómo estaba de espaldas, no estoy muy seguro. Me acerqué a ella, inspiré profundo, me preparé para lo que diría, cerré los ojos y comencé a hablar.
-Disculpá, Anna, sé que esto te parecerá raro, y sé que Manta nos organizó una cita a ciegas, prácticamente, pero yo no estoy interesado en citas porque, bueno... soy gay- Terminé de decir, abriendo los ojos lentamente, lamentándome por mentirle a la pobre chica, pero grata sorpresa me llevé al comprobar que no era ella, sino que era una señora de unos ochenta años. Quise retractarme enseguida, pero ya era muy tarde.
-¿¡Qué vos sos, qué!?- Demasiado tarde.
...Ustedes júzguenlo. CHA CHA CHA CHAN.
