Hooooooooooli gente :D. Primero que nada quiero agradecer sus reviews en el capítulo anterior :D, de todo corazón, me alegro mucho que les gustara la idea, también que la pusieran en sus favoritos y que la sigan :D. Segundo, espero que les agrade el capítulo y me lo hagan saber ^^. No acotando nada más, prosigamos con:

Eeeeeeeen fin, a leer :P. Shaman king no es mío.

Capítulo dos: Reglas en seis sencillos pasos

Sabía que no debería haberme levantado esa mañana, sabía que por algo me había quedado dormido y también sabía que jamás debería haber dejado salir esa estúpida excusa de mi boca. ¿Por qué, de todas las justificaciones existentes en este planeta, tenía que elegir justamente ESA? ¿Y por qué tenía que decirla justo cuando Manta estaba a mi lado? Sin que yo me diera cuenta, claro está. Hubiera sido un alivio sí él habría estado solo, puesto que sería más fácil de explicar las cosas, y no acompañado de mi madre y de la auténtica Anna. No tengo que decir cómo terminó eso ¿O sí? Jamás creí que le daría la razón a Hao con respecto a esa mujer que me parió, pero el haber gritado a los cuatro vientos que lo sospechaba y que se largara a casi llorar porque otro de sus dos únicos hijos iba a morir solo, era la más pura prueba de que estaba desquiciada. Sobre Manta, creo que entró en shock, porque el pobre ni siquiera pestañeaba.

Por otro lado, la prima de Manta, no era ni de lejos a cómo la recordaba: alta, delgada, pelo rubio y corto, ojos grandes y negros, completamente hermosa, y hasta podría jurar que no llevaba aparatos, pero no lo pude comprobar porque no sonrió en ningún momento, y no porque estuviera enojada o algo parecido, sino que al parecer así era su forma: estar seria todo el tiempo. De todas maneras, nuestra conversación no fue, lo que se diría, prolongada…

-¿Él es Yoh Asakura, el chico que, aseguraste, era heterosexual?- Le preguntó la chica rubia a mi amigo, con tono escalofriantemente tranquilo.

-S-si, pero…- Respondió temblando, con sus ojos de huevo mirándome impresionado.

-Pero ¿qué? ¡Me mentiste!- Acusó, dirigiéndole una mirada de lo más temible-Pretendías, acaso, que saliera con tu amigo gay, ¿para, qué? ¿Subirme el autoestima?-

-No, Anna, te juro que yo no…- Intentaba excusarse.

Entonces caí en la cuenta de que ella era la famosa Anna, la chica que estaba fulminando con la mirada a su primo, y la que posiblemente iba a enterrarlo trescientos metros bajo tierra de ser necesario. Mierda, mierda, mierda.

-Perdón que la interrumpa pero yo no…- Intenté intervenir, pero alguien me giró bruscamente, interrumpiendo lo que intentaba explicar y así poder salir de este embrollo.

-¿Cómo es eso de qué, de repente, te comés la galletita? Por dios, Yoh, compartimos cordón umbilical, útero, colegio, amigos, vidas, y encima, ahora, ¿también tenemos que compartir orientación sexual?- Me preguntó, un muy frustrado, Hao.

Lo miré perplejo un segundo, preguntándome, ¿cómo carajo se había enterado? Y al mismo tiempo, la respuesta llegó a mis ojos cuando mi muy afligida madre encaraba a los futuros novios, y estos dirigieron su mirada inmediatamente hacia mí, con horror.

-Discúlpame- Dijo una voz a mis espaldas, tomándome del hombro: Anna- ¿Te molestaría sí olvidamos lo sucedido? Lamento que mi primo te haya metido en este embrollo- Si bien sus palabras indicarían estar apenada, la verdad era que su rostro lo disimulaba muy bien.

-No, pero yo…- Volví a tratar de excusarme.

-¡Yoh, quiero una explicación ahora!- Maldición. Ren llegó a mi lado, arrastrando a Horo del brazo, con la expresión más enojada que había visto alguna vez en él. Tragué saliva nerviosamente.

-Admito que fue una gran sorpresa, pero no es razón para matarlo, Ren- Dijo su prometido, en un vano intento de calmarlo.

-No estoy enojado por eso, idiota, sino que estoy enojado porque ahora él es la atención principal del salón- Le respondió encaprichado.

Suspiré aliviado de saber que conservaría todas las extremidades de mi cuerpo en su lugar. Pero esto no terminaba ahí. Me giré rápidamente hacia la chica, para poder de una jodida vez explicar este malentendido, pero ya se había ido.

Sin embargo, sólo esos pocos minutos bastaron para que mi existencia quedara totalmente arruinada por un momento. Ah, y también para que no me pudiera olvidar de ella. Ya habían pasado dos días desde la fiesta y yo todavía no lograba dejar de pensar en Anna, pero, por mi bien, decidí no darle vueltas al asunto y concentrarme en otras cosas. Fue una suerte que al final el problema se solucionara. Obviamente, me acusaron de un montón de cosas y me insultaron otras más, pero el tema de mi sexualidad había pasado a la historia. O eso creía yo.

Hoy es lunes, día de trabajo, por supuesto. Cómo ya dije, soy licenciado en música, y mi lugar de trabajo es la Universidad de Tokio, ahí soy profesor, obviamente, de música, para aquellos que siguen está carrera o alguna relacionada a mi materia. Era un día perfectamente normal, casi rutinario. Casi.

Llegué a la Universidad con paso tranquilo, relajado y escuchando a Bob con mis auriculares, cuando el rector interceptó mi paso.

-Señor Asakura, que bueno que llegó- Dijo con su voz ronca y vieja, tomándome por los hombros, conduciéndome a quien sabe donde.

-Señor Rector, me agrada verlo- Dije desconcertado, dejándome guiar- ¿Se le ofrece algo?-

-De hecho, si. Verá, cómo usted sabrá estábamos buscando un nuevo profesor para que enseñe contabilidad, y, bueno, la hemos encontrado. El problema es que no conoce todas las instalaciones del lugar ni sabe cómo manejarse, ya que se recibió hace poco, y cómo usted es uno de los mejores profesores que tengo, pensé y consideré que sería el indicado para el trabajo- Concluyó, abriendo la puerta de su oficina, con una sonrisa de satisfacción.

Todavía no respondía ante tal petición, pero él sabía que yo no me iba a negar, después de todo, no tenía nada más importante que hacer. Lo que nunca imaginé es que ella, justamente ella, estuviera sentada en la oficina del director, mirándome por una milésima de segundo con sorpresa, pero luego volvió a su gesto serio. Sin embargo, yo no me recuperé tan rápido.

-¿Anna?- Pregunté dudoso, cerciorándome de que en verdad estuviera ahí.

-¿Se conocen?- Preguntó extrañado el Rector.

-Técnicamente, sí- Respondió ella pasiblemente- ¿Él será mi guía?-

-Efectivamente- Afirmó el hombre a mi lado.

Y minutos después, sólo fui consciente de que ella salía de la oficina a mi lado. Era extraño, muy extraño, hasta podría decir que sentía una gota de transpiración recorrer mi cara, algo que no llegaba a comprender del todo.

-Entonces ¿trabajás acá?- Preguntó cómo quien no quiere la cosa.

-Sip- Contesté rígido, automático.

-Y… ¿tus compañeros saben que vos…?- Empezó a preguntar, pero la dejó inconclusa, con un extraño tono de voz insinuante.

-¿Qué yo, qué?- Pregunté, frunciendo el ceño, sin entender.

-Sos…gay- Susurró, dejando de caminar y deteniéndome a mí también.

Volteé tan rápido la cabeza que creí que me desnucaría. La miré con los ojos más abierto de lo normal, y podía jurar que mi boca imitaba perfectamente a un pez.

-Preguntó por si las dudas, ya sabes, no quiero arruinar tu ámbito de trabajo- Dijo encogiéndose de hombros, restándole importancia.

Entonces me di cuenta de que jamás tuve la oportunidad de aclarar nada, y que ella seguía pensando que yo era gay. Lancé una risa frente a mi anterior estupefacción. Ella me miró mal, y anoté mentalmente que jamás debía hacer que se enoje. Por favor, esa mirada da miedo.

-Yo no soy gay- Le dije tranquilo, sonriendo para apaciguar tensiones.

Ella pestañeó confundida, pero luego frunció el ceño. Oh, oh.

-Entonces, me estás diciendo que te hiciste pasar por gay en la fiesta ¿por qué razón?- Preguntó entrecerrando los ojos.

Mierda, me había olvidado de que la razón era que no quería salir con ella. No, no, no, no, Yoh, sos un estúpido. ¿Y ahora qué digo? La miré unos segundos, ¿por qué me importaba tanto que ella no me odiara? Ni siquiera la conocía. Anna me seguía mirando expectante, a la espera de una explicación. Y supe que no podía dañarla de esa manera cuando recordé lo que dijo de la baja autoestima en la fiesta. Bueno ¿qué problema habría sí...?

-Era broma- Le dije fingiendo sorpresa, forzando una sonrisa.

-¿Estás demente?- Me preguntó molesta. Oh, si, definitivamente. Ella suspiró y casi, CASI, sonrió- Por un momento pensé que habías dicho eso cómo excusa para no salir conmigo- Dijo con cierto deje de alivio en la voz, y siguió caminando.

¿En qué me había metido?

-¡¿Qué le dijiste qué cosa?!- Gritó Manta, y puedo asegurar que su grito se escuchó por todo el edificio.

-Creí que habías dicho que no eras gay- Dijo Ren con su habitual sarcasmo.

-Y no lo soy- Afirmé, ocultando mi cara entre mis manos, con pesar.

-¿Entonces por qué le dijiste que si lo eras?- Cuestionó Liserg, trayendo una bandeja con tazas de café.

-Porque, sí se entera que inventé esa excusa para no salir con ella, ¿cómo creen que se sentirá?- Pregunté apenado.

Todos parecieron meditarlo un momento, suspirando al saber que tenía razón en lo que decía.

-Es la excusa más estúpida que pudiste inventar. Se nota quien sacó la inteligencia- Dijo Hao, negando con la cabeza, y recibiendo un sape de parte de Liserg.

-Bien, no tenemos otra opción- Dijo Horo, mirando con decisión a todos en la sala, los cuales le devolvimos una mirada interrogante. Él resopló con diversión- Sí Yoh quiere hacerse pasar por gay, entonces tendrá que aprender a ser uno-

Lo miré en shock un segundo. ¿Aprender a ser uno? ¿De qué estaba hablando?. El asentimiento de todos, con Manta incluido, me hizo estremecer, y una alarma que decía claramente "Huye" se encendió en mi cabeza. Pero ya era demasiado tarde, y cuando quise reaccionar, un papel recién escrito, donde se leía claramente: "Cómo ser gay en seis sencillas reglas", reposaba en mis manos.

-Si seguís esos pasos, tendrás el éxito asegurado- Dijo mi hermano, sonriendo con aprobación.

¿Yo? Jamás había sentido tanto miedo en mi vida. Me dispuse a leer la lista una vez que mis amigos se fueron, porque no iba a aceptar que se burlaran de mi por seguirles la corriente con esta payasada.

Regla número uno: Admirá a una diva

Tener un ícono femenino fuerte es de alguna manera fundamental para la identidad gay, y se remonta a los días más oscuros de la identidad gay cuando estas atormentadas mujeres eran lo más parecido que se podía encontrar a una representación de la vida gay. Sólo tienes que elegir una, y nunca, nunca, nunca la abandones.

Bien, con qué, ¿una diva? Emmm, bueno, eso no era complicado, había muchas mujeres que había admirado, por ejemplo: Madonna, la reina del pop, siempre me había gustado, cantaba muy lindo y creo que tuve algún CD de ella por ahí. Aunque no entendía eso de representación gay, y que nunca la tengo que abandonar ¿Cómo iba a hacerlo, sí ni siquiera la conocía? Bueno, de todas formas, la regla número uno, ya está hecha. Bah, esto es pan comido.

Regla número dos: Vístete de mujer

Incluso sí es sólo una vez para Halloween, pasea por el mundo llevando la ropa del sexo opuesto. Desatará una personalidad que ni siquiera sabías tener y te reconciliará con tu feminidad.

Ok, esto ya se está poniendo raro. ¿De dónde iba a sacar ropa femenina ahora? Por desgracia, Tamao se llevó hasta la última prenda. Medité un rato sobre este punto, no del todo seguro sobre sí me convenía hacerlo o sí sólo era una de las estúpidas bromas de mis amigos. Bueno, ellos jamás se enterarían ¿verdad?.

Llegué corriendo al departamento luego de haberme recorrido casi toda la capital en busca de ropa de mujer. Finalmente, pude comprar una tanga, un corpiño, medias traslucidas y un vestido. Cabe destacar que la señora que me atendió fue muy amable, incluso se rió cuando le conté de esto. La verdad no tenía ni idea de cómo se ponía la prenda interior superior ni para que servían las medias traslucidas, pero en esta vida todo se aprende ¿cierto?

Primer intento: Fallido. La tanga es muy incómoda, se me quedó completamente incrustada en… ya saben donde, y dolió más de lo que dolería que alguien te arranque el brazo cuando apretó a mi valeroso amigo, el cual vale más que la jodida tanga, se los aseguro. El corpiño sigue en espera, y las medias traslucidas son un completo enigma.

Segundo intento: Casi logrado. La tanga ya dejó de molestarme, de hecho, casi se siente cómoda. Intenté ir por el corpiño, lo abrí con éxito, después de todo, recuerdo el de Tamao, me lo coloqué donde supuse que iban, y según me indicaba Internet, y cuando quise abrocharlo, el muy desgraciado pareció haberse transformado en una cerradura imposible ¿Cómo diablos hacen las mujeres para no descolocarse el brazo al tratar de cerrar esta cosa? ¿Y por qué carajo no lo puedo abrochar? Al final, resignado, me lo saqué, no había caso, prefería seguir conservando mis brazos. Las medias siguen mirándome fijamente.

Tercer intento: Fracaso absoluto. La ropa interior inferior ya ni la siento, hasta creo que podría acostumbrarme. El corpiño y yo seguimos sin entendernos, ya intenté cuatro veces cerrarlo pero el desgraciado insiste en dislocarme los brazos, cambiando la sospechosa cerradura. Ahora siguen las medias. Seguí las indicaciones de Internet, y pensando que había entendido todo, procedí a ponérmelas. Apenas puse el pie, la suave tela me impresionó. Seguí avanzando, estirándola para qué suba, pero un "Rash" me hizo detener. Las medias fueron a parar a la basura por un improvisado agujero. Juré hacerle un funeral cómo la gente más tarde.

Cuarto intento: Logrado. Me resigné con el corpiño, no hay manera de lograr que el muy… logré cerrarse. Proseguí con el vestido. Y me sorprendió lo fácil que fue. Entró enseguida, sin extrañas cerraduras, ni haciéndose agujeritos a penas uno pone el pie. Perfecto. Incluso podía sentir la libertad de mis piernas y lo cómodo que sería usarlo siempre.

Maravillado cómo estaba, supuse que ya había hecho conexión con mi lado femenino, así que no esperé más y proseguí a la siguiente regla.

Regla número tres: Liga en la calle

Había un complejo código de miradas y señales que los hombres solían usar para atraerse mutuamente, algo que hizo que los gay fueran más perceptivos respecto al lenguaje corporal que nuestros homólogos heterosexuales. Aprendé a hacerlo. Mejorará tu experiencia y tu forma de interactuar con todo el mundo.

Lo único que entendí de eso, es que tenía que salir a la calle para conquistar con la mirada. Bueno, no era difícil la regla en sí, el problema es que eran la una y media de la madrugada, y salir a la calle a ligar con cualquiera… bueno, no estaba en mis planes esta mañana, pero ¿qué de todo esto si lo estaba?

Frío, mucho frío azotándome la cara y el cuerpo mientras caminaba por las calles. Cómo era lógico, no había ni un alma en las calles. Eso complicaría aún más las cosas. Seguí caminando hacia la carretera y ahí las vi. Muchas chicas, altas y vestidas ligeramente, charlando entre amigos, y entre la gente que estaba en los coches. Perfecto, ¡hoy estaba de suerte!. Caminé rápido hacia allí, con la esperanza de encontrar alguien que fuera de mi agrado. Cielos santos, todas eran muy altas y estaban muy maquilladas. Finalmente, me decidí por una.

-Hola ¿cómo estás? Jiji- Le pregunté de forma simpática.

-Hola bombón, ahora que te veo, mejor- Respondió mordiéndose el labio con lasciva. Me extrañó un poco el tono ronco de su voz, pero tal vez se debía a que estaba fumando.

Vaya suerte la mía, ligué enseguida. Bien hecho, Yoh. Este… ¿Y ahora qué? Oh, no, ya olvidé lo que decía la lista. Bueno, no importa, ¡Improvisá, Yoh!

-Y, estem, ¿no tenés frío con esa ropa?-

Definitivamente, ligar en la calle es más difícil de lo que parece. Luego de mi pregunta, la "chica" me miró con sorpresa y antes de que me diera cuanta si quiera de sus intenciones, ya estaba completamente desnudo frente a mí. Si, desnudo. No vuelvo a ir por esa calle.

Regla número cuatro: Protesta

Sal a la calle con una pancarta y un poco de indignación y lucha por tus derechos. Puedes recoger firmas a favor de la igualdad de matrimonio o puedes unirte a las protestas contra la desigualdad social, pero nunca dejes de luchar.

¿De dónde iba a sacar una pancarta? Y sobretodo, ¿dónde iba a manifestar tal cosa? Volví a releer la regla anotada y opté que mejor sería juntar firmas para la igualdad social. Eso sí podría hacerlo hoy y ahora. Genial, que bueno que vivo en un edificio lleno de buenos vecinos. Jijiji.

Resultado: treinta y siete portazos en la nariz, veinte tomatazos, diez discursos sobre "por qué los gays destruyen este país", siete personas me persiguieron por la escalera con una palo, una de ellas lo logró, me partió la cabeza, y recién despierto.

Regla hija de…

Regla número cinco: Desarrollá el radar gay

Este sentido de ser capaz de encontrar otros homosexuales en el área dada no es innato, cómo el sentido de la orientación. No, debe ser adquirido a través de años de duro trabajo y averiguar qué pistas delatan a los gays. Pero es esencial, no sólo te ayudará a determinar cuando estás protegido entre tu gente, también te ayudará a saber con qué dependiente puedes flirtear para obtener un descuento y a qué azafato debes guiñar el ojo para que te regale una botellita de vodka.

Esa regla era pan comido. A lo largo de todos mis años, aprendí a ser muy observador, puesto que de chiquito, Hao siempre se robaba mis galletitas del plato, así que por eso aprendí a tener reflejos y ojo de águila. También gracias a eso me di cuenta de que mis amigos eran gays. De hecho, lo descubrí antes que ellos. Regla numero cinco, cubierta.

¿Debería asustarme el haber desarrollado algo así?

Regla número seis: Sal del armario

Todos tenemos una historia sobre cómo salimos del armario, ya sea tu madre diciendo que ya lo sabía, tu padre que dejó de hablarte o tu jefe a quien no le importó y te dijo que volvieras a tu mesa. No importa que más puedas tener en común con otros gays, siempre puedes volver a este asunto. Es como hablar sobre el tiempo, pero mucho más interesante y a menudo con más lágrimas.

Miré completamente extrañado esa regla, pero bueno, si había que hacerlo, había que hacerlo. Me dirigí a mi habitación, y unos minutos después, regresé hacia donde estaba sentado anteriormente. Miré devuelta extrañado el papel, y no supe comprender porque habría lágrimas y sería interesante salir del armario, yo lo acababa de hacer y no fue nada sorprendente, de hecho, me clavé una percha.

Conclusión: ¿Debería considerarme dichoso por salir airoso del armario? Probablemente, sí.

Bien, al fin, terminé con la lista. Ahora podía considerarme un gay hecho y derecho, así que mañana enfrentaría a Anna cómo un hombre nuevo, cómo un verdadero gay que encara la vida. Cerré los ojos, y dejé que mi mente divagara hacia los brazos de Morfeo.

Continuará?