¡Hooooooooli! Bueno, les traigo el tercer capítulo ^^. No tengo inspiración para escribir acá, así que ya saben, comenten, lean, bla, bla, bla :D. Y recuerden: Dejar review es gratis, fácil, y no ha matado a nadie todavía xD.

Eeeeeeen fin :D. Shaman king no es mío.

Capítulo tres: Tu ex apesta

Tres meses después.

-¿Se puede saber hasta cuándo vas a seguir con esto?- Me preguntó Hao, mientras íbamos en su auto hacia la casa de nuestros padres.

-No sé- Dije, suspirando abatido.

Sí tuviera que hacer un resumen rápido sobre lo que pasó en estos tres últimos meses, sólo destacaría esto: Anna se volvió mi mejor amiga y estoy enamorado de ella. ¿Quieren qué la joda aún más? Ella sigue pensando que yo soy gay. ¿Por qué? Porque no tuve el valor de desmentirlo porque ella me confesó que jamás había conocido a alguien cómo yo y que se sentía muy cómoda a mi lado, logrando ser ella misma. Soy una basura, lo sé, lo tengo muy en claro. Pero eso no fue lo peor en estos tres meses, no, claro que no…

-¿Tu ex?- Pregunté asombrado, todavía sosteniendo entre mis manos la foto de ella y aquel tipo muy horrible.

-Si, un estúpido que no sabía que hacer de su vida- Dijo restándole importancia al asunto.

-Y… ¿Todavía lo querés?- Seguí preguntado un poco inseguro y con la esperanza que me dijera que no.

Ella rió amargamente.

-Cómo el primer día-

El sonido de mi corazón rompiéndose se debe haber escuchado por todo el espacio. Recuerdo haber pasado una semana encerrado, comiendo todos los chocolates del planeta y mirando cualquier telenovela mala que pasaran por la tele. Claro que eso sólo fue uno de los peores momentos…

-A las 16 y 15 en el ascensor- Me dijo el rector, muy seriamente, mientras me dirigía a mi siguiente clase.

-¿Pasó algo, señor Rector?- Pregunté extrañado.

-A las 16 y 15 en el ascensor- Volvió a repetir, todavía con aire misterioso.

Di la clase de forma ausente y casi preocupado, con un extraño sabor amargo en boca, y me dirigí rápidamente hacia el lugar acordado. Allí, muy puntualmente, me esperaba el viejo.

-Señor- Saludé con una sonrisa para infundirme tranquilidad.

Él me ignoró y abrió la puerta del ascensor, indicándome con la mano que entrara, no quedándome otra que obedecerlo.

-Señor- Volví a hablar, esta vez ya con los nervios a flor de piel- Juro que yo no fui el que puso la bombita de olor esa vez, bueno, está bien, si, fui yo, pero juro que no fui yo el que estuvo jugando con la cabeza del esqueleto del área de Medicina, bueno, tal vez si fui ese yo también, pero juro que no tenía intenciones de…-

Mientras hablaba torpemente, disculpándome por todo lo que hice y no admití antes, el ascensor se llenaba cada vez más. Hasta que la séptima persona, contándonos a mí y al rector, entró por fin, y el viejo me calló, de una jodida vez, con la mano. Lo miré confundido cuando trabó el ascensor entre dos pisos, pero antes de que preguntara algo, él se giró, sonriendo.

-¡Bienvenido al club, tontito!- Exclamó abrazándome, y escuché perfectamente cómo todos comenzaban a tocarme en señal de aprobación y gritaban emocionados.

-Yo soy Kaito, de contabilidad, es un placer, bombón- Se presentó uno a mi derecha, encajándome un beso en la comisura del labio.

-Sabíamos que muy pronto te nos ibas a unir- Alegó otro, dando saltitos.

-Picarón, te lo tenías guardado- Habló el rector, guiñándome un ojo con picardía.

-Pe-pero ¿qué está pasando acá?- Pregunté confundido y exaltado, consciente de que alguien me estaba tocando el trasero.

-Te damos la bienvenida, mi amor. Este es el único lugar donde podemos ser nosotros, nuestro punto de reunión- No me pregunten quien contestó porque no tengo idea.

-Así es. Acá nos reunimos todas para ser nosotras mismas- Y luego de eso, el viejo amargado del rector me plantó un beso en la boca, haciendo que todos gritaran emocionados.

Mi gran error fue contárselo a mis amigos, los muy desgraciados se rieron por HORAS frente a mi evidente trauma. Poco después me enteré que fue Anna la que le había contado a-no-sé-quien mi recién descubierta orientación sexual y que esa persona lo había divulgado. Así que, sí, ahora soy el nuevo maricón del área de música.

-¿Mamá y papá están enterados de tu nueva elección que incluye entregar tu trasero?- Me preguntó mi hermano, una vez que aparcó el auto en la entrada de la gran casa de nuestros progenitores.

-Ya te dije que es mentira, que yo no soy gay- Le dije cansado de lo mismo. ¿Qué tres meses no le bastaban, qué tenía qué seguir gastándome con eso?

-Sí, sí, claro, me olvidé que estás enamorado de la rubia sexy a la cual estás engañando para poder verla desnuda- Dijo mitad divertido, mitad sarcástico.

Decidí ignorarlo y encaminarme hacia la casa. Cielos, este lugar no cambió en nada, puedo apostar que incluso sigue teniendo la caja de arena que tenía cuando aún era chiquito.

-¡Yoh, Hao!- Instintivamente me giré hacia donde provenía el grito, y pude divisar a lo lejos a mi madre caminar tranquilamente hacia nosotros, arrastrando a mi padre del brazo.

-Oh, Oh, trae malas noticias- Aventuró Hao con una mueca de fastidio.

Generalmente, siempre que nos ve, ella sale corriendo y nos brinda un abrazo estrangulador, cómo sí fuera que hace años no nos ve, en cambio, cuando estamos en problemas, ella camina tranquilamente, arrastrando a mi padre con ella para que, según escuché, le brinde apoyo moral, porque, claro, mi padre jamás fue de poner limites, él es más bien de los que dicen: "déjalo, cariño, sólo tiene la cabeza abierta y se está desangrando, ya aprenderá", creo que por eso tengo tanto problemas con mi vida.

-¡Má, pá, que bueno verlos!- Dije con entusiasmo, abriendo los brazos para abrazarlos.

Pero en vez de eso, cinco dedos se estamparon en mi mejilla.

-Me querés explicar cómo está eso de que ahora vos también te la comés- Dijo cruzándose de brazos con los ojos entrecerrados.

-Ey, viejo, ¿por qué no caminamos por ahí?- Maldito Hao.

-¿Y bien?- Preguntó de forma autoritaria esa persona que dice haberme parido.

-No es verdad- Contesté abatido, todavía sobándome la mejilla.

Y se desató el griterío indignado y la sarta de insultos más específicos sobre donde me podría meter mi mentira, mi ética de hombre machista y mi asquerosa persona. Si, el almuerzo fue genial, sobretodo la parte donde mi padre empezó con las rondas de "había un hombre tan pero tan mentiroso que….", si, estupendo. Cabe destacar que Hao tuvo muy buen material para seguirse riendo de mi por lo menos por unos largos años. Por los Grandes Espíritus, tengo veintisiete años, sé que hacer con mi vida, no necesito regaños de mis padres a esta altura de mi vida. Está bien, tal vez no sé bien que hacer con mi vida, pero no necesito los regaños de ellos, muchas gracias.

Lo único que deseaba de regreso a casa era tirarme en la cama y desaparecer por, no sé, ¿toda la vida es posible?, pero mi estúpido celular comenzó a sonar.

-Hola- Contesté sin ánimos.

-Yoh, hola, ¿llamé en un mal momento?- Me incorporé enseguida en mi asiento al escuchar del otro lado a Anna.

-No, para nada, jamás es un mal momento para vos, Annita- Mentalmente, me golpee al sonar tan patético. Esa voz afeminada me quedaría marcado de por vida.

-Ah, que bueno, y ¿estás ocupado?- Preguntó curiosa. Supuse que estaba escuchando la voz/risa de Hao y que ese era el por qué de su pregunta, así que lo golpee para que se callara.

-No, siempre tengo tiempo para vos- Alguien, por favor, máteme ahora.

-Genial, ¿te molestaría sí nos encontramos en, no sé, dos horas, en la cafetería de siempre? Tengo algo muy importante que contarte- Se la oía tan entusiasmada, que me olvidé de contestar por unos cuantos segundos.

-Eeeh, si, si, claro, por supuesto, nos vemos allá- Dije sonriendo cómo estúpido enamorado.

-Nos vemos- Sabía que había cortado, pero siempre que lo hacía me quedaba cómo idiota con el teléfono pegado a la oreja, recordando una y otra vez la conversación.

-Estás jodido, hermano, estás completamente jodido- Y por primera y única vez, le deba la razón a Hao.

-Sí, lo sé-

Dos horas más tarde me encontraba puntual frente a la puerta de la cafetería que siempre recurríamos Anna y yo para evitar tomar el asqueroso café de la Universidad. Estaba expectante y tembloroso, haciéndome falsas ilusiones de que ella finalmente había descubierto que de gay no tengo ni la g, y que estaba muy enamorada de mí. Cómo dije, ilusiones. Anna se caracteriza por ser muy puntual y por hacer sorprender a la gente, dos combinaciones que en este momento no le favorecían en lo absoluto. Allá sentada y agitando la mano para indicarme que me acercara, se encontraba ella, pero no estaba sola.

-Annita, mi amor- La saludé con un beso en la mejilla. Privilegios por ser el mejor amigo gay de ella.

-Yoh, me alegra que hayas venido- Dijo dándome un abrazo desde su lugar. Entonces se giró hacia el intruso presente- Redseb, él es Yoh Asakura- Me presentó, dirigiéndole una sonrisa que nunca había vista, provocando que se me contrajera el estómago violentamente.

Yo ya sabía quien era él, por supuesto que si, no se me había olvidada su horrible cara. Este… hijo de su madre es el famoso ex de Anna, de quien ella todavía está enamorada, el cual la dejó de un día para el otro, alegando que tenía un trabajo muy importante en el exterior y que no creía en las relaciones a distancia. Si, claro, trabajo en el exterior mis pelotas.

-Mucho gusto, me alegra conocer a quien estuvo cuidando muy bien de mi Anna, tanto cómo para que me hablé horas del tal famoso Yoh- Dijo estrechándome la mano una vez que tomé asiento frente a ellos. No se me pasó el hecho de que dijera mi Anna.

-Vaya, al contrario de vos, ella no te nombró para nada- Dije con una sonrisa fingida, sin estrecharle la mano.

Él sonrió por mera cortesía y retiró su mano, la cual había quedado colgada, y Anna se removió incomoda en su asiento.

-Bueno, ejem, la razón por la que te llamé, Yoh, corazón, es porque tengo una noticia muy feliz que darte- Dijo un tanto cohibida.

Yo la miré expectante y un poco confundido, ¿qué carajo pintaba su ex en todo esto, sí ella me tenía que dar una noticia pura y exclusivamente a mi?

-¿Si, Annita? Dime- Dije encogiéndome de hombros, sonriéndole con confianza.

-Me caso- Soltó sin anestesia, entrelazando la mano con la él, sólo entonces me percate de la sortija que ambos portaban.

-¡¿SE CASA?!- El grito de Manta retumbó en mis oídos, confirmándome que este no era un maldito sueño y que evidentemente esto estaba pasando.

-Ay, amigo, no te preocupes. Tal vez Anna no era verdaderamente para vos- Dijo Liserg mirándome con lastima o comprensión, daba igual, dándome leves golpecitos en la espalda.

-Sabía que esto no iba a terminar bien- Dijo Ren, negando con la cabeza, provocando que Horo lo mirara mal- ¿Qué? Es la verdad, vos también lo dijiste e incluso apostaste a que no duraría ni dos semanas con esta mentira- Se defendió ofendido.

-Lo siento- Me susurró sonrojado mi amigo azulado. Ni las rimas me animaban.

-Pero, ¿con quién se va a casar?- Preguntó Manta con escepticismo.

-Con su ex, un tal Receptor, o algo así- Dije suspirando desganado.

-¿No querrás decir Redseb?- Preguntó pensativo. Yo simplemente me encogí de hombros, cómo si me importara cómo se llama ese idiota- Pero, él se había ido- Dijo aún incrédulo.

-Si, pero, la contactó hace dos semanas, cosa de lo que no estaba enterado, diciéndole que se volvía por ella, así que cuando se encontraron, él aprovechó y le propuso matrimonio. No me extraña que haya aceptado, después de todo, aún lo ama- Le dije abatido, queriéndome cortar las venas con una galletita de agua.

-¿Y qué estás esperando, eh?- Preguntó Hao apareciendo de repente, provocando que me sobresaltara.

-¿De qué estás hablando?- Pregunté intrigado.

Él resopló con molestia y me miró de la misma forma.

-De que pelees por ella, de que ya es hora de que terminés con esta mentira y que le confesés que la amas con locura. Porque ya me cansé de verte llorar por los rincones- Dijo con reproche.

Todos asintieron con la cabeza y me miraron de igual forma que Hao. ¿Luchar por ella? Pero… ¿cómo podría hacer eso? Es decir, ella me va a mandar de una patada al fin del mundo sí le cuento la verdad.

-Tenés un mes, Yoh, sí no te veo aparecer en mi boda con ella del brazo, considérate hombre muerto- Me amenazó Ren, y por desgracia sabía que cumpliría con su amenaza.

-¿Qué opinas de este?- Me preguntó señalando el vestido negro de su armario.

-Muy escotado- Dije poniendo mueca de disgusto.

Anna se rió, pensando que era una aprobación a que se lo pusiera, y lo sacó del armario.

-Me alegra tener a alguien que sepa del buen vestir- Dijo dejando un beso en mi mejilla.

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no ponerme colorado y no tirarla en la cama para hacerle una serie de acciones nada decentes. Entonces, justo cuando creí que ya nada podría sorprenderme y que tenía todo controlado, ella se sacó la bata que portaba, quedando en ropa interior, frente a mí. En ropa interior, frente a mí. Crucé las piernas enseguida cuando mi pantalón comenzó a abultarse justo en la zona de la entrepierna.

-¡ESPERÁ!- Grité horrorizado cuando vi que se desabrochaba el corpiño.

-¿Qué, qué pasa?- Preguntó sobresaltada, mirando para todos lados, asustada.

-Y-yo, creo que voy a esperarte en la sala- Dije nervioso, pero cuando intenté pararme me percaté de que no era buena idea, ya que un ligero ajuste en la parte baja no había desaparecido cómo pensé- Mejor me quedo-

-Estás muy raro, Yoh- Dijo mirándome de forma analítica y desconfiada.

-¿Yo? Imaginación tuya, Annita- Dije, enfocando mi mirada en la muy interesante alfombra, puesto que la muy maldita todavía no se había cambiado y seguía parada frente a mí, en ropa interior. Frente a mí, en ropa interior. Mierda.

-Mírame- Ordenó. No, por favor, eso no- Yoh, mírame te dije- Volvió a ordenarme.

Con todo el autocontrol (que a esta altura no poseo) la miré de reojo. Se la veía molesta, pero antes de que pudiera decir algo, alguien nos interrumpió.

-¿PERO QUE SIGNIFICA ESTO?- Y llegó el idiota de turno, mirándonos cómo sí fuéramos dos extraterrestres.

-Amor, llegaste temprano- ¿Amor? ¡¿AMOR?! Ahora definitivamente lo odio más. Sobretodo porque ella le está dedicando otra vez esa sonrisa.

-¿Qué se supone qué haces en ropa interior frente a él?- Preguntó enojado.

-¿Perdón?- Preguntó ella desconcertada.

-Eso. Quiero una respuesta lógica- Sentía cómo el muy imbécil me enviaba rayos lazer con sus ojos.

-Lo siento, él es mi mejor amigo y es gay, así que puede verme desnuda cuando quiera- Respondió indiferente, dándole la espalda. ¡Viva ser el amigo gay!

Él suspiró y se pasó una mano por la cara, dándose cuenta de lo estúpido que había sido, así que se acercó hacia ella, le pidió perdón y la besó, siendo correspondido, mientras yo estaba ahí, controlándome para no romperle la cara.

-Me voy, que disfruten su cena- Dije parándome de golpe, aprovechando que mi amigo se había dormido otra vez, y fingiendo una sonrisa.

-Espera, Yoh- Me llamó Anna, tomándome del brazo- Esta cena no es sólo para nosotros dos, vos también nos vas a acompañar- Pensé en negarme, obvio, pero en cuanto me sonrió, supe que había perdido la batalla.

-Está bien- Dije resignado, regalándole una sonrisa.

-Genial, así no vas a dejar plantada a tu cita- Dijo divertida, entrando al baño para terminar de cambiarse.

¡Un segundo! ¡¿QUÉ DIJO?!

Continuará?