¡Hooooli! :D. Ya saben, no hay muchoque decir, más que: PERDÓN, Y miles de perdones por haberme perdido tanto. Espero les guste el capítulo, y aviso que esta historia ya va llegando a su fin. (Triste, pero real). Espero tener unos muy lindosreviewsque compensen el número de visitas de este fic (INDIRECTA).

Eeeeeeenfin, ¡A leer! :D.ShamanKingno es mío.

Capítulo cuatro: Acompáñame

No, no, no, no,¡NO!

―Hola, hola, hola. Mi nombre es Silver, ¿y el tuyo?― Preguntó en voz chillona y entusiasta, cómo sí le hubieran dado el mejor regalo de su vida.

¿Recuerdan qué Anna dijo que tenía una cita? Bueno, olvidé que para ella yo soy gay, por lo que, obviamente, mi cita era con un hombre. ¿Entienden el problema? UN HOMBRE.

―Para vos, no tengo nombre― Mascullé entre dientes.

Es decir, de haber sido un verdadero homosexual, Silver hubiera sido mi tipo de hombre: alto, musculoso, pelo largo, bien vestido (aunque pantalones muy apretados), pero en estos momentos, sólo es el tipo que parece que quisiera que dejara de ser virgen por el lugar incorrecto.

―Él es Yoh― Me presentó Anna al ver que no tenía intenciones de responder, pellizcándome un brazo disimuladamente con malicia―. Dale la mano― Susurró (mejor dicho, me ordenó) bajito para que sólo yo lo escuchara.

Muy a mi pesar, lo hice. Estiré mi mano lentamente, puse mi mejor sonrisa forzada, y esperé a que la tomara. Y claro que la tomó, pero, tomándome desprevenido, tiró de mí y me plantó un beso en la mejilla, uno muy ruidoso y lleno de baba. En cuanto llegue a casa, buscaré en Google cual es la forma más fácil y rápida de suicidarse.

―Por favor, estamos en confianza, no es necesaria tanta formalidad, Yhito― Dijo Silver, pasando su brazo por mis hombros y dirigiéndome hacia el interior del lugar.

Me giré para mirar a Anna totalmente en pánico, pero ella ya estaba perdida en su mundo. Ese donde sólo estaba su "magnifico" prometido de pelo turquesa, del cual no se me pasaban desapercibida sus miraditas de "¡JÁ!, es mía, no tuya, ¿acaso creíste qué tendrías alguna posibilidad, iluso?". Pero, en contra de lo que pensaba, ella no lo miraba con la felicidad que debería demostrar, no, de hecho, lo miraba con el ceño fruncido y parecía que le estuviera diciendo algo importante en voz baja. De todas formas, no le di más importancia al asunto cuando sentí una mano deslizarse "sutilmente", por mi espalda, hacia abajo, tratando de llegar a un lugar que claramente no debería llegar. Me senté en la primera silla vacía que vi antes de que lograra su cometido, y le sonreí nervioso. Él me lanzo una mirada de lasciva que estremecería al cadáver más tieso del cementerio de Tokio.

―Con que un chico difícil, eh― Me murmuró con picardía, tomando asiento frente a mi.

Para mi suerte, Anna se sentó a mi lado. Sin embargo, eso no impidió que la cena fuera una de las más incómodas de mi vida, incluso peor de incómodo que lo del ascensor, peor aún que cuando mi hermano le confesó a mi abuelo que su sueño era ser bailarín, peor aún que cuando les presentó a mis padres su primer novio: un tipo raro con complejo de Elvis, peor aún que… Eh, bueno, creo que se entendió el punto.

Él tipo, perdón, mi cita no dejó de hablar ni por un segundo, cómo tampoco dejó de rozar su pie contra mi pierna, ni mucho menos de lanzarme indirectas y miradas atrevidas que hasta Horo-Horo, que es muy despistado, se daría cuenta. Era más de lo que podía soportar, así que decidí tomar cartas en el asunto, ¿y qué mejor excusa que fingir que vas al baño cuándo, en realidad, vas a escaparte por la ventana? El plan perfecto. Y lo hubiera sido, sí hubiera habido una ventana por la cual escapar. Mierda. Volví a mi mesa completamente abatido.

―Entonces la tomé del pelo y la hice gritar cómo una loca…― Seguía narrando Silver su "interesante" anécdota sexual, aunque nadie le prestaba atención.

Por no sé cuantas veces en la noche miré de reojo a Anna, asombrándome de lo seria que se veía (más de lo usual) y de cómo fruncía el ceño constantemente cada vez que me miraba de reojo, o la mirada molesta que le lanzaba al pobre hombre que fingía ser interesante contando anécdotas. También noté que no miró en ningún momento al idiota que tiene cómo prometido, y para que mentir, eso me hizo demasiado feliz y capaz de aguantar hasta el final de la cena.

Finalmente, el horror llegó a su fin y pude marcharme a mi casa, queriendo no pensar en que Anna y Recibidor (o cómo sea su nombre) se estaban marchando juntos, ni tampoco quería pensar en el "Nos veremos pronto, Yhito" que me gritó Hao versión adulta (Porque si, se parecía, hasta en lo depravado).

Los siguientes ocho días pasaron tranquilos. Seguí cumpliendo con mi trabajo en la universidad, reuniéndome con los muchachos, y pasando el menor tiempo posible con Anna, por la única razón de que no quería saber sobre los preparativos su boda o todo lo relacionado a ello. De todas maneras, a ella pareció no importarle mucho que nos alejáramos un poco. No era idiota, sabía que algo pasaba, desde la cena que tuvimos la última vez, ella se había estado comportando extraño, más cortante y más formal a la hora de dirigirse a mi. Y eso, por más hipócrita que sonora, me desconcertaba.

―Hasta que al fin llegás― Para mi desgracia, una voz que reconocería en cualquier lado, tan dulce y tímida, pero que se había vuelto firme en los últimos años, me esperaba al llegar a mi casa.

―¿Tamao? ¿Qué estás haciendo acá? ¿Cómo entraste?― Pregunté sorprendido de encontrarla tan cómodamente sentada en uno de los sillones de la sala, ya que cuando ella se marchó, cambié la cerradura.

―¿Se puede saber por qué todavía no firmaste los papeles del divorcio?― Preguntó a su vez, salteando todas mis otras preguntas.

¡Oh, no, los papeles! ¿Cómo pude ser tan estúpido de olvidarme de algo así? Le avisé a Tamao que los buscaría y firmaría en ese mismo momento, mientras me dirigía rápidamente hacia mi habitación, donde recordaba haberlos dejado. En el trayecto no pude evitar pensar en lo bien que se veía, en todos los sentidos de la palabra. Parecía volver a ser la misma mujer atractiva y relajada de pelo rosa corto y ojos violetas relucientes que conocí en mi juventud, e increíblemente me alegré por ella. Se ve que no tiene que fingir que es homosexual para permanecer al lado de la mujer que ama.

Me congelé en mi lugar, con los papeles en la mano. ¿Qué ama? ¿AMOR? ¿YO AMO A ANNA? Oh, por Dios, oh, por Dios. Estaba más jodido de lo que creía. Con el corazón en la boca, y la sangre huyendo de mi cuerpo, llegué a paso lento hacia donde me estaba esperando mi ex mujer y le tendí los papeles ya firmados previamente.

―¿Te pasa algo, Yoh? Estás pálido― Señaló con preocupación.

Iba a contestarle que no, que sólo necesitaba ir a comprar una botella de cianuro, cuando una voz, que me llamaba a gritos desde abajo, se hizo presente. Para mi horror, también reconocía esa voz.

―Quédate acá y no te muevas― Le advertí con temor y salí disparado hacia abajo antes de que ella pudiera preguntarme algo.

En cuanto llegué a la calle, intercepté a Silver para que saliera fuera del campo de visión de todos los vecinos que habían llegado a escucharlo y ahora se acercaban a mirar con curiosidad desde su ventana.

―Ay, mi Yoh, corazón, que bueno que te encuentro. Llevo horas gritando― Dramatizó, mientras pasaba una mano por su frente para borrar un sudor inexistente.

―Mira, no es un buen momento, en serio― ¿Dónde está esa parte en la que la tierra se abre al medio y te lleva al más profundo infierno? Ah, cierto, eso nunca pasa.

―Si, lo es, lo es, porque ya no puedo más tengo que confesarlo, tengo que gritarlo― Y sí que estaba gritando.

―No, no. ¡Shhhhh!― Intentaba callarlo en vano, mirando hacia todos lados, tratando de ocultarnos lo más que podía.

―¿Qué es lo que tenés que confesar?― Mierda, mierda, mierda. Una de las razones por las cuales me divorciaba de ella, sin duda, era porque nunca me escuchaba.

―Que soy gay, igual que él, y que toda la vida tuve vértigo en la cola*― Gritó a los cuatros vientos―. Gracias, Yoh, gracias. Por vos me di cuenta de la verdad― Y, cómo al parecer estaba de moda, me plantó un beso, logrando que Tamao cayera desmayada de inmediato, y yo la hubiera seguido con gusto.

―¡¿Qué vos ya no eras gay?!― Grité incrédulo.

―Ay, no, tontito. Antes ni loca― Respondió riendo cómo sí fuera el mejor chiste del mundo, y se fue saltando libremente por ahí, dejándome estupefacto y muy confundido.

Luego de eso, tuve una interminable charla con Tamao para convencerla de que no era gay, que no estaba en una fase, que no estaba loco, y tuve también que explicarle por qué hacía eso, lo cual desmentía completamente el hecho de que no estuviera loco. Al final, me creyó, pero me aclaró que no compartía mi estupidez miles de veces y que, sí no quería hacer sufrir a Anna, ni sufrir yo, que terminara con esto de una vez. ¡Já, cómo sí no lo hubiera considerado ya!

―¡Yoh, esperá!― Me llamó Anna cuando pasaba por el pasillo para ir a mi clase, pero no tenía ganas de esperar y aceleré el paso―. ¡Yoh!― Gritó más fuerte.

―Ah, hola Anna, no te oí― Mentí, tratando de sonreír naturalmente.

―Andás muy raro últimamente. ¿Te pasa algo?

Si, me pasa que te amo y no puedo soportar que te vayas a casar con otro.

―No, nada. ¿Para qué me llamabas?― Le pregunté poniendo mi mejor cara de inocente.

Ella hizo una mueca, parecía dudar entre decírmelo o no.

―Verás, este fin de semana tengo que viajar a la casa de mi abuela para buscar mi vestido de novia― Zas, estaca al corazón.

―Ajam, si, está bien. Necesitás que te cubra con tus clases, lo hago, no te preocupes. ¿Eso es todo?― Dije apresuradamente, deseando salir corriendo de ahí.

―No, eso no es lo que quiero pedirte―Repuso enseguida―. Quiero que me acompañes. Ya sé que estamos un poco distanciados, pero es importante para mí― Me pidió tranquilamente.

Y contra todo sano juicio, ¿qué hice yo?

―Claro, acepto, ¿qué puede pasar de malo?

Francamente, TODO.

Continuará.

*Frase sacada de la película Argentina llamada "Apariencias".