I dreamed that love would never die

¿Estás bien? ―Anastasia acarició su brazo con suavidad.

Marta sonrió ligeramente, pero no se encontraba bien. Leticia pasó por su lado, dedicándole una sonrisa a su hermana y una mirada despectiva a la castaña, la que prefirió ignorar el comportamiento de la hermana de su novia. Sabía perfectamente cómo era la situación en casa de la morena, pero eso no le permitía a la chica echarle toda la culpa a ella.

No le hagas caso―susurró, estrechando sus libros hacia su cuerpo.

No le hago caso, pero no puedo evitar percatarme de las miradas que me lanza. Si matasen, creo que estaría enterrada bajo tierra.

Piensa que es culpa tuya que la situación en casa sea la que es ahora, pero acabaría sucediendo de todos modos, estando tú, o no, en mi vida.

Leticia no piensa lo mismo―soltó en un suspiro, mirando a Marta con preocupación―. No puedo evitar sentirme culpable…Si no me hubiese descubierto con la camisa subida, encima de ti, besándote…

La verdad es que, en el momento, lo pasé mal. Ahora lo recuerdo y me entra la risa―rio entre dientes, algo coqueta, aunque prefirió disimular ese gesto al encontrarse en público.

¿Cómo lo lleva tu padre? ―La morena se encogió.

No lo sé. No se alegra ni nada por el estilo, pero no se lo ha tomado como mi madre. Me intenta tratar normal, y mi hermana, ya la ves…No le importa que sea como soy…Que me gusten las chicas―esto último lo susurró más bajo, procurando que nadie la escuchase―. Que me gustes tú.

Anastasia sonrió, satisfecha. Le encantaba que Marta admitiese que le gustaba ella. Y le enloquecía. Sobre todo porque sus ojos de cielo se fijaban en los de ella, y se sentía afortunada. ¿No era acaso interesante descubrir lo que era saber que la persona de la que estabas enamorada sentía lo mismo hacia ti? Un sentimiento recíproco. Algo que le ayudaba a sentirse bien consigo misma.

¿Y tu madre?

Dice que ella no se siente a gusto. Cuando te ve…Creo que tiene ganas de salir corriendo―su voz se endureció, y apartó su mirada, cristalina―. Apenas me habla. No entiende como me puede gustar eso. Piensa que me has comido el coco, y que te creía seria.

Yo también lo creía―susurró, consiguiendo una mirada reprobatoria por parte de la morena.

¿Me estás jodiendo?

Solo digo que la entiendo. Tampoco para mí es fácil que…

¿Qué?

Que me gustan las chicas. Bueno. Que me gustas tú―Marta esquivó su mirada, apartando la vista―. Te admiro…Mucho.

¿Por qué?

Porque eres valiente. No sé si podría soportar lo que estás viviendo ahora mismo―declaró, consiguiendo que la morena se interesase en lo que decía―. Te debe resultar duro que…Tu madre se comporte de esa manera―hizo una breve pausa―. Igualmente, pienso que deberías darle tiempo. Mírame a mí. Hasta hace unas semanas no quería saber nada del tema, y ahora estoy que no puedo alejarme de ti.

Pero te tengo conquistada. Y soy tu punto débil―bromeó un poco, aunque la castaña permanecía seria ante sus palabras―. Era broma.

Para mí no, porque es todo verdad. Y tu madre te quiere. Y…No sé. Ana María lo acabará aceptando.

No lo creo…Lo único que espero es que no me odie. Lo lamentaría mucho, más que nada porque preferiría vivir con su apoyo.

¿Aunque te echase de casa, seguirías…?

¿Qué? ¿Siendo lesbiana? Pues claro. No es algo sobre lo que pueda elegir. Soy así. Es algo arraigado a mi persona. No puedo cambiar. Ni quiero. Por una vez, quiero dejar de pensar en los demás y hacerlo un poquito en mí. Y en ti. Y creo que deberías hacer lo mismo.

But the tigers come at night

Lo siento…

Ana apartó su mirada, mordiendo su labio con suavidad. Su corazón se aceleró por completo cuando se encontró con la mirada de Teresa. Se preguntaba qué era lo que había sucedido durante el paso del tiempo para que ambas se encontrasen en esa situación.

Y pese a todo lo sucedido, no podía evitar pensar que se veía hermosa. Incluso con ese rostro inescrutable, con ese moño mal recogido y con esa mirada de loca. Para ella, Teresa García seguía siendo la mujer más hermosa del mundo. Nadie podía opacar el brillo de sus ojos, negros. Nada de nada. Ni siquiera ella misma.

Sus manos proseguían sobre el mostrador. Se encontraban en la pequeña tienda denominada "Novedades", negocio que había abierto Teresa tras abandonar los almacenes Rivas, dejando así a una Rivas completamente desolada.

Ana apartó la mirada, frunciendo sus labios en una mueca suave. Ella también se encontraba bonita. Lo había sido siempre. Y más con esa melena cayendo por su cuello, espesa, clara, pareciendo así un cabello perfectamente sedoso. Y lo era. Teresa lo podía asegurar perfectamente.

Me cuesta creer que mi hermano se haya convertido en un adicto a las drogas, como tú dices―dejó escapar con seriedad, manteniendo su mirada fija. La castaña apartó la suya con cuidado, cambiando el peso de pie.

Te entiendo. Cuesta aceptar que alguien a quien queremos haya tomado ese camino―articuló la joven, haciendo caso omiso a las palabras de su cuñada.

¿Cuándo habían empezado a odiarse? Podía aún escuchar las risas de ambas, la intimidad que compartían, el coqueteo que se dedicaban de vez en cuando. Algo que se rompió en miles de pedazos. Que desapareció sin tan siquiera dejar rastro. Solo una especie de vago recuerdo de lo que alguna vez fueron. Que ya no volvería a estar, o eso era lo que parecía.

Y yo me pregunto qué habrás hecho para que se viera en esta situación―musitó, provocando que la mirada de Ana se clavase en su cuerpo.

Y tragó saliva. Había olvidado por completo la mirada de Ana. Más bien, había olvidado por un segundo lo bien que le hacía sentir esos ojos. Castaños. Intensos. Impetuosos. "Dios mío", llegó a pensar para sus adentros, intentando controlar todo aquello que le provocaba su cuñada con tan solo estar a unos pasos de ella.

Yo lo hubiera ingresado mucho antes―dejó claro, con una seriedad en su tono de voz que provocó una sonrisa irónica en la morena―. Pero solo ahora, cuando él lo ha decidido, he podido.

No―La Rivas la miró sin entender―. No me refiero al hecho de ingresarlo. No creo que mi hermano consuma drogas por simple diversión. No. No es de esa clase de personas.

¿Qué estás insinuando? ―Inquirió la otra, percatándose del tono afilado de la que fue su mejor amiga. ¿Acaso estaba insinuando algo en contra de ella? ¿Tan poco parecía conocerla?

Que al casarse contigo se ha visto sometido a una presión que no ha podido superar; y tal vez por eso haya comenzado a consumir drogas, huyendo de una relación que le estaba haciendo muchísimo más daño―levantó su mano, haciendo un aspaviento exagerado, un gesto que causó la ira de Ana, aunque consiguió disimularlo, guardando la compostura.

No me gusta lo que dices, Teresa―susurró Ana con fuerza, manteniendo la mirada sobre la figura de la menor.

Ni a mí tampoco, pero es lo que siento―mentira―. Y tampoco me creo que mi hermano haya ingresado en un sanatorio por propia voluntad.

Colocó su mano sobre su vientre, sintiendo de repente un dolor extraño. Un ataque de ansiedad. De nuevo. Ana se mantenía firme en su lugar, observando por un momento con cierta preocupación a su amiga. Estaba embarazada de siete meses y no podía permitirse situaciones de tensión, pero la García las buscaba. Y se las ganaba a pulso.

Si no me crees, pregúntale a Héctor.

No metas a mi marido en esto.

¿Por qué no? ¿Es qué Héctor no te ha contado como ha visto a Alfonso estas últimas semanas?

Te he dicho que no pronuncies su nombre―soltó entre dientes, queriendo lanzarse hacia esa mujer, cogerle del cuello y estrangularla con fuerza―. ¡Qué estoy harta que todo el mundo hable con él a mis espaldas!

Héctor―recalcó la castaña con tono mordaz―, es buen amigo de sus amigos. Pero a ti no te importa ni él, ni tu hermano, ni nadie; solo que no se hable si no es bajo tu control. Las personas son libres de hablar con quien quieran, y tú no puedes impedirlo.

Teresa se quedó un momento consternada. Podía volver a ver como esa maldita mujer se abrazaba al cuerpo de su Ana. ¡Su Ana! Podía percibir perfectamente como esa fulana se metía con ella en el ascensor de los grandes almacenes. Donde sucedió…Eso… Y Ana llevaba su vestido rosa. Su vestido. El de ese día. Quería echarla de allí, pero el orgullo y la ira podían con ella misma. Detestaba sentirse de esa manera por ella. Solamente por ella.

¿Me estás llamando egocéntrica?

Yo lo llamo, simplemente, egoísta.

¡Tú eres la única egoísta! ¡Tú! ―Lanzó con furia la mujer, apuntándola con el dedo― ¡La que no tiene amigos! ¡La que nos mira a todos por encima del hombro! ¡Tú! ―Sabía que esa no era cierto. Ana nunca le había echado en cara su situación humilde, igual que tampoco se regodeaba por ser la dueña de unos grandes almacenes. Ana nunca había sido así. Nunca.

Al menos no tengo un complejo de inferioridad, como tú…―frunció sus labios carnosos, rojizos, de una manera que causó una reacción violenta en la morena.

¡¿Complejos…De inferioridad?! ―Dejó escapar en un grito, respirando aceleradamente.

Había agarrado con fuerza la ropa de su amiga, comenzando a forcejear con ella. Creía que en cualquier momento, llegaría a golpearle con fuerza. Y sin embargo, pudo vislumbrar en los ojos de Ana su propio reflejo. Un reflejo que le descolocó, y que no pudo siquiera contener.

No pudo evitarlo. Sus labios se lanzaron, feroces, sobre los de Ana. No sabía como consiguió alcanzar la altura de la otra, pero el cómo no importaba. Lo único relevante es que la estaba besando. ¡A ella! Y lo mejor de todo, por mucho que ella quisiese pensar que era lo peor, era que la castaña le correspondía a ese gesto de la misma manera. Con la misma necesidad. Con el mismo ímpetu.

Había echado de menos el sabor de los labios de su cuñada. Se había impuesto la penitencia de ser "normal"; pero no lo podía evitar. El perderse en la respiración agitada de la castaña, la que luchaba por mantener el control en ese mismo instante. Una batalla de dos fieras, dos fieras que al fin dejaban escapar unos sentimientos acorralados en el lugar más recóndito de sus almas.

La mano de la castaña se deslizó por el cuello, sujetándolo, prolongando así un momento el beso. Un poco más. Solamente eso. Asegurándose que su nariz encajaba perfectamente con la de ella. Ese aliento embriagándole todos los sentidos. Era pensar en Teresa. En que estaba allí, besándola, y que no había nada mejor que eso. Podía satisfacer todo lo que había aguantado con su marido. Valía la pena por estar a su lado por un instante.

La primera en separarse fue la Rivas, aunque fue un movimiento minúsculo con su mano, sosteniendo el rostro de su amiga. Podía percatarse de sus labios hinchados, y como parte de su carmín había pasado a esos labios. A los suyos. Y podía sentir que los suyos estarían en una situación similar. Y fue cuando toda la información se almacenó en su mente. ¿De verdad acababa de ocurrir todo aquello?

Se apartó, incrédula, y con su rostro completamente desconcertado. La morena apartó su mirada, intentando controlar esa respiración agitada, esa sensación de frenesí que no se apagaba. Un ardor que se apoderaba de ella con más rapidez de la que cualquiera pudiese suponer.

Ana tomó todas sus cosas, saliendo apresuradamente de la tienda. Dejando allí a una Teresa completamente absorta en sus miedos. Quería tranquilizarse, pero no podía. Tiró del cuello de su camisa, limpiándose los labios con desesperación. Pero aún seguía allí. Su sabor. El deseo. Algo que no había experimentado antes con tanto ímpetu. Ni siquiera por su marido.

Y volvió a tener miedo. Porque, pese a todo, sabía que no podía ocultar lo mucho que deseaba a Ana Rivas.

She was gone when autumn came

―La noche parece calmada―declaró, cruzándose de brazos.

Emma se giró, depositando su maleta en el suelo. No esperaba encontrarse con la rubia en medio del salón, pero así era. Quinn la observaba con el gesto sombrío, pensando detenidamente en lo que aparentaba esa mujer. Siempre se había parado a pensar en que ella sería el amor de su vida y que estarían juntas durante toda la eternidad. Descubrir que no sería así era algo que le desconcertó, y más cuando la otra mostró su verdad. Una verdad que le llevaba destrozando por dentro durante mucho tiempo.

Había leído la nota que le había dejado a su hermana en la mesita de noche. Una carta desoladora, claro está. Por primera vez, sintió que había perdido por completo a la pelirroja. Si le quedaba un ápice de esperanza de que, al menos, las dos mantuvieran una relación de amistad, el descubrir como la muchacha estaba dispuesta a marcharse de verdad no le terminaba de agradar. Aún no se creía que ya no fuesen un "nosotras", sino un "ella y yo". ¿Dónde quedaría esa ilusión de la rubia para con ella? Ni siquiera la misma chica lo sabía, aunque comprendía que el corazón, nadie mandaba.

―No sabía que estabas despierta―dijo la aludida, carraspeando ligeramente.

―Me he despertado―argumentó Fabray, cruzándose de brazos―. ¿Te marchas? ―La otra bajó la vista, fijándola en el suelo― ¿Pensabas marcharte sin despedirte?

―Es lo mejor―susurró, aclarando la garganta―. Nunca me han gustado las despedidas. No sé cómo comportarme en esos casos.

―Y prefieres dejarnos una nota de despedida, ¿verdad?

―Mejor eso a marcharme sin decir nada―replicó, suspirando al final―. Créeme…Es lo mejor.

― Para Frannie no sé si será lo mejor…

Emma se quedó en silencio, apartando la vista por un segundo. Claro que lo sería. Era consciente de que si seguiría allí, llevaría a la menor de las hermanas por el camino que no le pertenecía. Y comprendía perfectamente lo que era dejarse llevar para acabar sin nada. Sin ninguna satisfacción. Solamente con la sensación de haber fallado, de haberte equivocado en algo tan esencial para tu vida. Y era algo que no estaba dispuesta a permitir. Porque la quería, y pese a que últimamente lo estuviese poniendo en duda, por ahora, sus sentimientos eran fraternales. Y estaba a tiempo de complicar la vida. De complicársela a ambas. A ella misma y a la chica.

―Lo es―aseguró, sonriendo suavemente―. Todo se está acumulando…Lo de los asesinatos, lo tuyo con Rachel, lo de Frannie, lo mío…El ambiente se encuentra sobrecargado.

― ¿De verdad lo crees así?

―Por supuesto. Y Marta necesita pasar tiempo con Anastasia. Y no quiero que Daniela se interponga entre ambas. No se lo merecen. Ninguna de las dos.

― ¿Daniela que opina?

―No estaba de acuerdo, pero…Ya sabes…Pude convencerla asegurándole que va a encontrar a muchas chicas guapas―ambas rieron ante ese pensamiento. Sin lugar a dudas, Daniela era toda una conquistadora nata―. Lo necesitamos. Alejarnos. Descubrir qué es esto…No sé. Hacer algo con mi vida, ¿no? No quiero seguir siendo la chica que vive en casa de su ex novia por pena.

―Sabes que no es verdad.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la pelirroja, la que volvió a tomar entre sus manos la maleta. Era pequeña, y seguramente, solo llevaba lo imprescindible. La misma chica lo había dejado claro: empezar una nueva vida. Alejada de todo. Intentando recordar un pasado más remoto que aquel.

Quinn dio un paso hacia ella, titubeante. Quería abrazarla. Quería despedirse como tenía que hacerlo. Le había roto el corazón, pero la quería. Fue la persona que estuvo a su lado durante muchos momentos dolorosos de su vida. Y eso nunca, pero que nunca, lo olvidaría. Porque ella había sido capaz de quererla con todo su corazón. Y ya era hora de que le devolviese el favor de alguna manera u otra. Emma la miró a los ojos. Sus pupilas marrones centellearon por un solo instante. Un momento que ninguna de las dos olvidaría.

― ¿Puedo abrazarte?

La aludida se quedó pensativa, negando finalmente con la cabeza. Le tendió la mano, esbozando una sonrisa calmada. Era algo que necesitaba hacer desde hacía tiempo. Quería intentar ver a Quinn de una manera objetiva, sin dejarse llevar por el sentimentalismo ni la rabia.

―Será mejor que no―musitó con suavidad―. No quiero que corras riesgo alguno… Te quiero, Quinn. Siempre te querré―le cogió de la mano, estrechándola con fuerza― Volveré. Lo prometo. Cuida de Frannie. Sé feliz…Y no discutas con Rachel. No tuvo opción. Yo tampoco la tuve―Quinn rio entre dientes.

―Has escuchado, ¿cierto?

Emma se encogió de hombros. Abrió la puerta de la calle, saliendo hacia el pasillo. Se detuvo, bajando su rostro. La rubia tragó saliva. ¿La abrazaría al final? Esperaba que sí, porque esa despedida no le gustaba. Para nada. La pelirroja se giró, mostrando una sonrisa que dejó a la rubia sin saber qué decir.

―Yo también me despido, Quinnie…No quiero que te olvides de mí, después de todo―soltó con cierta burla Daniela, obsequiando a la aturdida rubia con una sonrisa radiante―. No te olvides, zorra, que algún día, volveremos…Quizás juntas, quizás separadas…O quizás solo vuelva una…No lo sé―se encogió de hombros―, pero si vuelvo yo, reza para que tu Dios te salve…―soltó una risotada que dejó a Fabray sin respiración―. Adiós, cariño. Y no te preocupes…De seguro, nos veremos en el infierno. Las chicas malas siempre vamos a parar allí.

La mujer desapareció de su vista. Quinn tuvo la necesidad de salir disparada a por ella, pero el móvil la detuvo. Lo cogió, abriendo el mensaje que acababa de recibir de Anastasia.

"Te necesitamos. Marta está en el hospital. Rachel viene para acá. Te quiero."

Quinn frunció el ceño, y cuando se asomó por la puerta, Daniela ya había desaparecido.

There are dreams that cannot be

― ¿Dónde estabas tú?

Anastasia no se atrevió a levantar la mirada. Leticia la observaba con necesidad de recibir una respuesta clara y concisa. Quería pensar que Anastasia estaba totalmente lejos, y a la vez, saber la razón. ¿Cómo es que su hermana estaba sola? Menos mal que una chica, paseando por allí, se percató de su figura. Fue una mera casualidad de que mirase hacia la zona. Sino, quizás, Marta aún seguiría allí tirada, sin fuerza alguna para poder localizarlas a ellas. A las personas que más la querían.

―Me fui a casa. Discutimos y…Dios―ocultó su rostro entre sus manos, sintiendo así la calidez de las lágrimas―. Si hubiese ido con ella…

―Si hubieses ido con ella, os hubiera pasado algo a las dos―afirmó la hermana menor de las García, conteniendo el sollozo―, y eso Marta no se lo hubiese perdonado. Entiendo tu prepotencia, pero no es culpa tuya.

―Lo siento así…

―Pues no deberías―miró hacia el mostrador de información―. ¿Cuándo saldrán? ¿Le habrá pasado algo grave?

―No me pongas más nerviosa de lo que estoy, Leticia.

La aludida se acercó a ella, abrazándola con suavidad. La castaña se quedó sorprendida. No se esperaba ese gesto por parte de la chica. Pero le correspondió de la misma manera. Sentía que caería en cualquier momento en un pozo sin fondo. ¿Qué era lo que había sucedido? Ni ellas dos sabían el qué, pero era algo que no tardarían en descubrir. Dejó escapar un suspiro, apartándose de la figura alta de la muchacha.

―No llores, Anastasia. A mi hermana no le gustaría verte así.

―Como si importase como esté yo…―dejó escapar, desolada.

―Claro que importa. Si es algo grave, no nos puede ver tambalearnos. Nosotras dos, y Rachel, somos sus pilares. Ella está bien gracias a nosotras, y va a seguir siendo así. No pienso consentir que nuestro estado de ánimo le pueda influir.

―Pero no la puedo perder, Leticia. Y con solamente pensarlo…No, no puedo.

― ¿Piensas de verdad que la vas a perder? ―Inquirió la otra, incrédula―. Sabes…Desde el principio, sospechaba algo.

― ¿De qué hablas?

―Marta siempre te miró de una manera especial. Siempre. Aunque creo que todo fue cambiando cuando fuimos creciendo. Recuerdo cuando yo tenía once años como Marta se estaba poniendo guapa un día. Y quedaba contigo. ¿Sabes qué extraño me pareció? ¡Si Marta nunca se había puesto tan guapa! Y cuando llegó a casa, parecía un poco decepcionada.

― ¿Por qué? ―Leticia se encogió de hombros.

―Creo que porque no te debiste dar cuenta de que estaba más guapa.

―Sí que me di cuenta―susurró, sonriendo un poco―. Era difícil no percatarse de ello. Se había echado la raya negra, y le destacaba mucho en los ojos.

―Siempre la he envidiado…Tiene unos ojos preciosos, y no les saca partido…

―Tampoco le hace falta mucho. Está igual de guapa.

Leticia sonrió un poco, enjuagándose las lágrimas. Sin lugar a dudas, podía ver en los ojos de la chica el mismo sentimiento que vio desde la adolescencia a su hermana. Aún la recordaba, allí, en frente del espejo, pintándose los labios con un tono más suave, quizás para disimular un poco que se estaba pintando. Era tan sumamente graciosa así…Ella tenía once años, ni siquiera era consciente de los sentimientos que pudiese albergar su hermana. Y en lo único que fue capaz de pensar en ese instante era en lo guapa que estaba. Y que le gustaría ver así a Marta más a menudo. Preocupándose por su apariencia. Poniéndose guapa para la persona a la que quisiese impresionar.

― ¿Qué crees que hubiera pasado si…?

― ¿Si qué? ―Quiso saber la castaña, fijándose en que Leticia no sabía si proseguir o no― ¿Qué?

― ¿Te has parado a pensar en cómo hubiese sido todo si no hubieses…Salido corriendo la primera vez de tus sentimientos? Quizás seguiríais juntas.

―O separadas―logró decir―. Me arrepiento de todo aquello, pero ahora estoy aquí y eso es lo único que me importa. El pasado es mejor dejarlo atrás.

―A veces, conviene tener el pasado en el presente. Para no volver a cometer aquellos errores que te hicieron sufrir.

―Sé que no estás contenta con que estemos juntas y…

―Te equivocas―le interrumpió la chica―. Yo siempre me he alegrado por vosotras, porque sé que estáis hechas la una para la otra; sin embargo, eso no quita para que quiera proteger a mi hermana por encima de todo. Le hiciste mucho daño. Muchísimo…

―Lo sé.

―Y no quiero que se lo vuelvas a hacer. Sé que no puedo impedir que sufra del todo, pero sí en que no caiga en ese mismo círculo vicioso de siempre. Necesita respirar tranquila. Necesita estar bien.

Anastasia asintió ligeramente.

Rachel llegó a cabo de unos minutos, abrazando a la hermana de su mejor amiga con esmero. Anastasia se quedó apartada, esperando pacientemente a que el médico salga. Y cuando eso sucedió, el mundo se le cayó encima. Estaba bien, dentro de lo que cabía. Lo más importante es que estaba en un estado de nerviosismo y de ansiedad, algo que preocupaba en sobremanera a la castaña y a su hermana. Nunca había estado así; y cuando Rachel preguntó la razón, todo se rompió en mil pedazos.

La sangre le hervía a la chica por dentro. Anastasia no se podía creer lo que estaba sucediendo. ¿Acaso eso era verdad? No podía serlo. Era algo que ni ella misma se veía capaz de imaginar. Ella soñaba con que esa noche, ambas dormirían, se tranquilizarían, y al día siguiente se verían, hablarían, y lo arreglarían todo. Pero ese era un sueño que no podía ser.

Cogió sus pertenencias, sin detenerse ante la súplica de Leticia de que no se marchase. Pero no podía evitarlo.

Now life has killed the dream I dreamed

Encontraría a ese cabrón que le había hecho eso a ella. Y le mataría. Claro que le mataría. Porque no podía evitarlo. Porque la quería. Porque ella era su sueño. Un sueño que había estado a punto de romperse en miles de pedazos.

Nota de la autora: Veo que sigo viva, es algo bueno :P Ahora en serio, me alegra saber que han comprendido el por qué de todo ésto...Y bueno, voy a ir por partes:

-Emma se nos va... ¿Para siempre? No, por favor, no puedo desaprovechar lo que fue su pasado...Estoy pensando malevolamente xD El caso es que va a estar ausente por ahora (aunque se pondrá en contacto con las chicas, así que seguiremos sabiendo de ella. No va a desaparecer y aparecer de repente), y cuando vuelva...Quizás lo haga con más misterio que ahora... :P Así que...Como bien ha dicho Daniela...Se van a volver a encontrar. Y creo que la pregunta es... ¿Se encontrará con las dos o con una de ellas? Ya se verá todo ;)

-Ana y Teresa...Os voy a explicar. La escena de ahora es anterior a la de la violación. El vídeo de esta escena se titual "Pasión en Novedades"o algo así xDD Porque menuda pasión... xDDD El caso es que...Os voy a resumir. Después de casarse las dos, su amistad siguió, pero se fue deteriorando por los celos de Teresa hacia una nueva amiga de Ana, y ésta necesitaba apoyo porque su marido había caído en las drogas (eso no justifica nada porque, al fin y al cabo, él ya era un violento de narices). En la serie, no dan a entender nada de que Alfonso supiese nada sobre estas dos. Sin embargo, había veces, en la cuarta temporada, que parecía un poco molesto de que su hermana estuviese tanto con su amiga. No sé. Todo es muy subjetivo...Los guionistas de esta historia dieron muchas vueltas, y casi siempre no han sabido contentar a los fans de esta pareja ( y por esa razón, mi final no va a ser del todo como el de la serie, con pequeños matices que a la gente le hubiera gustado).

-Marta...Está viva xD Yo siempre busco las partes buenas de las cosas...He dado este giro inesperado porque...Al principio tenía planeado algo, pero casi no lo voy a hacer, por lo que esto es algo de la vida. Siempre me ha llamado la atención eso de que...En una historia, las cosas tienen que suceder por algo...Y yo, cómo no, muchas veces hago algo que no tiene razón para ello. Que es algo que sucede en la vida (pero la mayoría de las veces sí que tiene consecuencias...pero no voy a ser tan mala) Como ya he dicho, no voy a ser tan mala...Algún asesinato caerá, pero no ahora xDDDD. Es igual que también me hace gracia esa gente que, si junto a dos personas, se pregunta que es lo que habrá visto para enamorarse... xDDD No sé, es que esas cosas me hacen gracia. ¿Todo tiene un por qué?, no señoritas, no :P

Sin más demora, me paso a contestaros, que me estoy explayando mucho hoy, ¿no?

Monica13: Normal que estés en shock. Supongo que os esperabais que, como en toda bonita historia, Anastasia llegaría y la salvaría...Me pongo en lo peor, lo sé xD Anastasia va a salir en búsqueda, y volverá prepotente, pero siempre apoyando a su querida Marta... ¡¿Qué sino?! Al fin y al cabo, y eso es cierto, Anastasia tiene muchos defectos, pero siempre ha sido el gran apoyo de la morena. Son capítulos difíciles, porque me cuesta escribir de esto...Es igual que en la violencia. No es agradable... En fin, muchas gracias por tener paciencia y esperar. Un besuco :3

lucyfaberry: Lamento que te pareciese poco sensible, pero en verdad lo soy...Ese capítulo no lo escribí tal cual xD Me costó bastante, más por sentimentalismo que otra cosa, pero me gusta ver las partes...Optimistas. Seré sincera: en la realidad, dudo mucho que Marta hubiese sobrevivido. El hijo de puta se la hubiese cargado. Como no quiero una masacre, y porque adoro a Marta, no le iba a hacer eso...No soy tan mala. Rachel va a necesitar el apoyo de nuestra rubia favorita, y no va a haber problema alguno porque Emma sabe cuando tiene que interceder. Nuestra pelirroja es especial ;) Lo saben, porque la han tenido que llevar al hospital...Y sería muy raro entrar por casa con una Rachel preocupada y toda la ropa desgarrada...Lo dicho, que soy mala, pero... ¿tanto? Um...Puede xD Puede que tenga que ver...O quizás no...Es una buena pregunta ;) No va a pasar nada malo de este estilo, si es lo que os preocupa. La única escena hubiese sido la de Ana, y ya he matado dos pájaros de un tiro para no tener que volver a escribir nada de esto. Me gusta ser consecuente, y no hubiese sido capaz de nuevo. Y sí, ANa fue violada por el marido. Odié mucho a Alfonso por aquel entonces xD Y más a la gente que le echaba la culpa a ella. Jajaja a Frannie, como ya le dije a una persona, tiene su final marcado. Lo tienen todos los personajes. Echado bajo llave... Oh, me he llevado un susto, suerte que he leído hasta el final...Jajajaja entiendo que me quieras menos, pero sé también recompensar, ¿no :P (Bah, te comprendo, ,me suele pasar de lo mismo cuando dejo reviews...No es mala suerte, es la calidad de esta página xD) Un besazo ^^