¡HOOOOOOOOOLI! Tantas semanas. No tengo perdón del Shaman King, lo sé, pero la facultad no me da tiempo :(, trato de ponerle todo de mi para un pequeño espacio libre y que sepan que no morí, lo juro. Bueno, en cuestión al capítulo está en su pico más alto de angust, tal vez mucho, pero bueno este es el punto culmine digamos. A lo sumo quedarán dos capis y el epílogo, como mucho.
Otra cosa que quería mencionar es que estoy muy feliz con sus reviews en el anterior capítulo :D. Once reviews, cielos, muchas gracias de verdad. (L) ¿Tendré los mimos resultados? Espero que si, y que sigan disfrutando la etapa final de este fic :D.
Eeeeeeen fin, ¡A leer!. Shaman King no es mío.
…
Capítulo cinco: Pérdida
Tres horas. Si, tres horas llevaba sentado en mi sillón, mirando la pared, pensando en mi vida, tratando de encontrar algo verdaderamente malo que justifique por qué el destino, Dios, los extraterrestres, quien sea que esté allá arriba, me odia. Pero no, no encontré nada más que el haber sido un vago en el colegio. Oh, no, esperen, si, existe eso tan malo que hice en mi vida: engañar a la mujer que amo. Engañarla como uno engaña a un bebé para sacarle su juguete, engañarla como lo hizo la víbora con Eva, mentirle como lo hizo Scar con Simba cuando dijo que fue su culpa que Mufasa muriera…
─Yoh.
…¡Oh, pobre Mufasa, pobre Simba!. Creo que jamás superaré eso. ¡No, otra vez la nostalgia, ¿por qué Mufasa, por qué?! Tan blanco era su corazón, tan puro, tan vivo. Que injusticia. ¿Hasta con los animales se mete la vida? ¡Hasta donde hemos llegado!...
─¡Yoh!
…Tal vez debería comprarme una mascota, sólo para ponerle Mufasa. ¡Si, qué gran idea! Y lo mejor va a ser que no va a ser asesinado por su propio hermano, porque no va a tener hermano. Emm, aunque eso sería triste. Tal vez no me compré una mascota. No, creo que no lo haré…
─¡YOH!
El gritó repentino logró sacarme de mis cavilaciones, logrando que me sobresaltara y terminara de trasero en el piso.
─Auch. Qué dolor ─Me quejé, incorporándome mientras me sobaba mis pobres nalgas─. ¿Pero qué…? ¡Hao! ¿Qué se supone que estás haciendo acá? ─Pregunté sorprendido cuando levanté la vista y me encaré con mi hermano, el cual traía una cara de muy pocos amigos.
─¿Qué estoy haciendo acá? ¡¿Qué, qué estoy haciendo acá?! ¡Me preocupo, maldito insensible! Creí que te habías suicidado ¿Por qué no me contestabas el teléfono, copia mal hecha? ─Me reclamó, agitando los brazos con desesperación.
Parpadeé perplejo. Había dos cosas que no cuadraban en esa misma oración: Hao y preocupación. ¿Desde cuándo la persona más insensible y egoísta de la Tierra se preocupaba? Y lo que es aún más increíble, ¿desde cuándo se preocupaba por mí?
─¿Quén sos y qué hiciste con Hao?
La persona que decía ser mi hermano gemelo resopló con molestia y se acercó lo justo para pagarme un zape.
─¿Por qué no contestabas el teléfono? ¡¿Y por qué este lugar está hecho un asco?!
Suspiré cansado, dejándome caer en el sillón donde estaba minutos antes de que el gritó del supuesto Hao me hiciera caer.
─Mañana me voy con Anna hasta Aomori. Quiere ir a buscar su vestido de novia y yo acepté acompañarla.
Silencio. Más silencio, aire pasando y teniendo sonido de repente. La mirada del No-Hao fija y en shock sobre mi comienza a perturbarme. ¿Por qué de repente hablo conmigo mismo como sí estuviera redactando un informe? Aunque es divertido. Jijiji, lo haré más seguido.
Minutos más tarde.
─¡¿QUÉ ACEPTASTE QUE COSA?! ─Cielos, era extraño como recién ahora me daba cuenta de lo gritón que era Manta. ¿Cómo es que lo vecinos nunca se quejaron?
Aún más extraño era como todos habían aparecido en cuestión de minutos cuando "Hao" (si, me convenció que es él a base de golpes, pero sigo teniendo mis sospechas) los llamó diciéndoles algo como "Yoh es idiota" "Urgente. Rápido". O algo así.
─Tenés que decirle la verdad, Yoh. Esto se te está yendo de las manos ─Me advirtió Lyserg, negando con la cabeza.
─Vengo diciendo que es una mala idea desde el principio. Así aprenderán a escucharme ─Refunfuñó Ren, tomando asiento a mi lado.
─Creo que hay que calmarnos. Si, puede que Yoh esté bien jodido, pero jamás sería tan estúpido como para aceptar algo así, ¿cierto, Yoh? ¿Verdad qué sólo nos estás jugando una broma? ─Intervino Horo, sonriéndome inquisidoramente.
─Eeeeh… No ─Contesté sincero y despreocupado. Después de todo, no tenía caso mentir. No quería cargar con otra mentira más.
Horo me miró sorprendido unos minutos.
─¡¿Qué? ¿Entonces de verdad vas a irte con Anna?! ¡¿Es qué te volviste loco?! ─Me recriminó, mirándome como sí tuviera dos cabezas.
─Eso mismo pienso yo ─Concordó Hao con hastío.
─¿Y qué quieren que haga? Ya no puedo negarme. Le prometí ir ─Dije, encogiéndome de hombros. Ciertamente ya no había mucho por hacer. Ellos lo tenían más que claro.
Los cinco se miraron entre ellos y luego largaron un suspiro al mismo tiempo, confirmando que tenía razón. Pero entonces Lyserg volteó a mirarme con decisión.
─Este fin de semana vas a decirle la verdad y terminar con esto de una vez, Yoh. Sí no lo hacés, voy a hacerlo yo ─Concluyó con voz firme.
Y dándome ese ultimátum, todos dimos por concluido el tema, dando paso a las bromas y pudiéndome relajar al menos unas últimas horas. Ah, que bueno es estar entre amigos. Claro, cuando no te recuerdan lo desgraciado que sos y te amenazan de por medio, por supuesto.
Para mi desgracia, la noche se pasó tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de asimilar como encararía el asunto mañana. ¿Y sí me hacía gay para siempre? Digo, sacando el dolor de trasero y que me gustan las mujeres, tal vez podría llevar ese estilo de vida, y de esa manera Anna no me odiaría para siempre. No, definitivamente esa no era la salida.
─¡Yoh, qué bueno que llegaste! Muy puntual de tu parte ─Me felicitó Anna, saludándome con un beso en la mejilla.
─Jijiji, si, hoy madrugué. No quería hacerte esperar Annita.
─Bien, ¿estás listo? Vamos, Redseb nos está esperando por allá con los pasajes.
En cuanto tomó mi mano, no pude evitar cuestionarme sí ella no sentía la misma electricidad que recorría nuestras manos como yo. Quizá sólo era yo y mis ilusiones. Si, era lo más probable. Sin embargo, hoy había algo diferente en ella, no se veía tan seria, reservada y alejada de mi como antes. Estaba más ¿Contenta? ¿Hermosa? ¿Radiante? Si, hasta incluso parecía como sí la distancia que habíamos estado tomando estos últimos días, nunca hubiera existido. Estoy tan, tan, pero TAN, jodidamente enamorado. Ay, ya no quiero vivir.
El perfecto y muy bien subido en su nube del idiota que quiere robarme al amor de mi vida, le entregó los pasajes a Anna muy renuentemente, mirándome con desconfianza y murmurándole algo a ella que yo no alcancé a escuchar pero que sin duda puso de mal humor a Anna, porque en cuanto ella llegó hasta mi, sólo se limitó a tomarme del brazo y arrastrarme hasta el avión, con el ceño fruncido, sin despedirse del roba-futuras-novias. Y eso, por poco que pareciera, me hizo sonreír durante todo el viaje.
Finalmente, todo llegó a su fin. Llegamos a la casa de la abuela de Anna, y déjenme decirles que casa se queda corto. Frente a mi se encontraba la mansión más impresionante que había visto nunca: blanca, hecha de algún mármol reluciente, rodeada de rosales por todos lados, puerta de madera hermosamente barnizada y bien cuidada, ventanas sumamente limpias, un parque enorme y prolijo, y mesitas con sombrillas, dignas de una señora de la alta sociedad donde se sienta a tomar el té.
─¡Señorita Anna, señorita Anna! ─Gritó una señora que se acercaba hacia nosotros, de unos cincuenta años, con el pelo canoso y corto, llevaba puesto un vestido rosa con flores, y traía consigo una canasta en el brazo.
─Pomona ─Saludó cordialmente mi acompañante, dejándose abrazar por la señora─. Te presento a Yoh, un amigo.
Apenas ella terminó de presentarme, Pomona me escaneó de arriba hacia abajo, para luego sonreír con aprobación y tenderme la canasta.
─Mucho gusto, joven Igo, ¿gusta un pastelito? Son de batata con miel ─Me ofreció amablemente.
─El gusto es mío, jiji. No, gracias ─Rechacé de forma gentil─. Ah, y mi nombre es Yoh ─Le aclaré con una sonrisa.
─Sí no te molesta Pomona, estamos un poco cansados y nos gustaría…
─¡Oh, si, si, si! ¡Claro, discúlpeme, señorita Anna! Enseguida le voy a mostrar la habitación a nuestro invitado ─Interrumpió a Anna, completamente entusiasmada, arrastrándonos hacia el interior de la mansión.
Anna suspiró con resignación, yo seguí sonriendo, repentinamente contagiado de la emoción de Pomona y de la perspectiva de pasar un fin de semana solo con Annita. Aunque no debería, de verdad que no. Voy a ir al infierno, lo sé, ya puedo ver mi nombre en esa lista.
Dentro, la mansión era aún más increíble: perfecta y lujosamente amueblada, reluciente y sofisticada, con una escalera en el medio, blanca y amplia, que finalizaba en un recorrido con múltiples habitaciones. A ambos lados de la escalera había dos cuartos: uno conducía a la cocina y el otro era la sala, más al fondo se encontraba el comedor. Como dije: IN-CRE-Í-BLE. Jamás había supuesto que la familia Kyoyama fuera de la alta sociedad. En realidad, creo que nunca habíamos hablado de la familia de ella, hasta el momento en que me pidió que la acompañara. Y la lista de cosas para hacerme sentir más mal todavía se seguía extendiendo. Soy un diminuto, Hao tenía razón, lo soy.
El resto de la tarde me la pasé contemplando mí, recientemente asignada, habitación. Había tanto espacio que perfectamente podrían caber veinte personas y aún así habría espacio para moverse libremente. Asombroso. También me puse a pensar en sí conocería a la abuela de Anna y como sería esa anciana. O tal vez conocería a toda la familia al completo. Yoh Kyoyama, suena bien ¿verdad? Jiji.
─¡Adelante! ─Indiqué a la persona que había tocado la puerta del cuarto, tomando asiento frente al escritorio que había en el lugar, chequeando mi celular.
Escuché el sonido de la puerta cerrarse lentamente. Extrañado, saqué la vista de mi celular para ver a la persona que había entrado. Pero jamás esperé encontrarme a Anna, parada a mis espaldas, con su hermoso vestido blanco. La tristeza me invadió de pronto y tuve que cachetearme mentalmente para reaccionar.
─¿Y, cómo me veo? ─Me preguntó, dando una vuelta sobre si misma, torturándome.
─Estás… estás perfecta ─Contesté sincero, intentado sonreír.
─¿De verdad? ─Cuestionó casi sonrojándose, pero con la neutralidad y seguridad que la caracterizaban.
Y entonces ya no lo pude soportar más. Me levanté de golpe y caminé hasta quedar frente a ella, decidido, obviando el significado de su mirada brillante.
─Annita… yo… ─Comencé flaqueando y balbuceando. Sacudí mi cabeza y retomé el hilo de mis pensamientos─. Anna, yo no soy…
Pero el sonido de mi celular me interrumpió. Maldiciendo hasta a mi doctor, me acerqué a contestar. En la pantalla se leía el nombre de Tamao y no recuerdo haberla odiado tanto como en este momento. Giré a mirar a Anna otra vez, pero ella ya se había ido. Mierda. Frustrado, dejé el celular en el escritorio, sin contestar, y me tiré en la cama, dando por finalizado el día. Y quedan dos. Más mierda.
El Sábado fue parcialmente relajante y desestresante (por momentos). Paseamos todo el día por los distintos lugares del lugar, me dediqué a observar a Anna todo el día y a cenar un exquisito salmón al horno. Todavía no conocí a la abuela de Anna. Ah, y tampoco le dije la verdad, pero si lo intenté, sólo que cuando iba a abrir la boca, siempre algo me interrumpía: sino era Pomona con sus pastelitos, era Hao y sus interminables llamados. No sé quien me iba a volver más loco.
El Domingo a la tarde, decidimos salir a la noche para celebrar la finalización de un excelente fin de semana. Estaba en el baño dándome un último vistazo, cuando escuché a Bob Soul sonar: el inconfundible tono de llamada de mi celular. No le tomé importancia, seguro era Hao y sus estúpidos llamados. Salí del baño sonriéndome con confianza, pensando en lo guapo que me veía, cuando me encontré a la chica de mis sueños sentada en mi cama, con mi celular en su mano y la mirada ausente. Anna, celular, mirada. Oh. No. Puede. Ser.
─¿A-annita? ─Pregunté con temor.
─¿Quién es Tamao? ─El tono frío de su voz y su pregunta me confirmó que ella ya sabía la respuesta, que ya sabía todo, y que dijera lo que dijera, no podría negarlo.
Inspiré profundamente, sintiendo mi corazón partiéndose.
─Puedo explicarlo.
─¿En serio? Bien, adelante ─Apremió con el mismo tono, sabiendo que en verdad no podía explicarlo.
─Verás, es que todo fue un malentendido ─"Expliqué" abatido. ¿Qué caso tenía decir toda la historia? Maldita sea, ¿por qué ahora?
─¿Un malentendido? ─Preguntó incrédula─, ¿tomarme de idiota fue un malentendido? ¿Haber confiado en vos y que me mintieras de esta forma tan asquerosa, fue un malentendido?
─No, Anna, en verdad yo no…
─¡¿Vos no, qué?! ¡No lo puedo creer, Yoh! ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? ─Me interrumpió, gritándome, por primera vez, dolida de verdad.
Quería decirle tantas cosas en ese momento. Gritarle que la amo, que cuando lo dije era un idiota superficial, que no quería herirla, que sí pudiera remendar mi error, lo haría, que justamente era esto lo que quería evitar. Quería decir y hacer tantas cosas, y era demasiado tarde para todas, que sólo pude decir:
─Lo siento.
Sabiendo que eso no bastaba, que nunca iba a ser suficiente y que, quisiera o no, jamás volvería a tener a Anna en mi vida. Su mirada de dolor y decepción fue el detonante para darme cuenta que había lastimado a la persona que traté de no lastimar, que debería haber protegido.
─Yo lo siento ─Y con los ojos brillosos, salió del cuarto, dejándome solo.
…Continuará?
