Rachel ocultó su rostro entre sus manos. Todo lo que estaba sucediendo a su alrededor solamente lograba que se sintiese todavía peor. Toda su vida estaba dando un giro inesperado. Ya no era una persona la que había sufrido, sino varias. Personas que formaron parte de su vida, y otras que seguían a su lado pese a todo. No sabía cómo sobrellevar el mero hecho de que su mejor amiga estuviese ingresada en el hospital tras haber sufrido una violación. Ni tampoco sabía cómo estaría Anastasia, ni dónde. Sabía que había salido disparada del lugar en cuanto lo supo, y sin embargo, seguía destrozada.
― ¿Quieres un café? ―Levantó la mirada, encontrándose con la mirada de Quinn.
La muchacha le tendió un recipiente de cartón, y la joven no pudo evitar tomarlo con una sonrisa en su rostro. Quinn Fabray, pese a las circunstancias, sonreía. Sonreía y le infundía unos ánimos que ella apreciaba, y mucho. Siempre había pensado en cómo ella había estado al lado de la rubia en los tiempos difíciles, y que ella también lo había estado, a su manera. Y ahora se encontraba allí, dedicándole una sonrisa. Haciéndole sentir que todo saldría bien. Que nada malo le ocurriría a Marta.
― ¿Qué haces aquí?
―Me ha avisado Anastasia… ¿Aún no ha venido? ―Rachel negó con la cabeza, dejando escapar un hondo suspiro― Todo va a salir bien, ¿vale?
―Marta sigue encerrada en esa habitación y los médicos no dicen nada más que está mal, aturdida, o cansada…Y estamos todos de los nervios.
― ¿Han llamado sus padres?
―Por supuesto. La madre estaba muy alterada, y su padre también…Alejandro siempre ha sido así, y Ana María es un drama en todo que sea relacionado con sus hijas.
Quinn rio entre dientes. Se imaginaba a la madre de Marta muy similar a Rachel, y eso le provocaba cierta ternura. También podía imaginarse al padre, y por una extraña razón, se le asimilaba similar a su hija. Y eso le hizo sonreír. Se preguntaba si en algún momento dejarían de vivir algo tan macabro como todo aquello. Algo que supusiese una gran oscuridad para todos. Para esa gente que estaba a su alrededor. Solo se vio capaz de deslizar su brazo pos los hombros de la morena, invitándole a que apoyase su rostro sobre su hombro. Y la joven no se hizo esperar. Necesitaba aspirar el dulce aroma que le rodeaba. Lo dulce que era ella. Lo mucho que le gustaba sentir a Quinn a su lado.
―Me alegro de que Marta cuente con gente tan maravillosa como ellos. Tuvo suerte de tenerlos a su lado.
―La tiene… Hay padres que no asimilan los sentimientos de sus hijos―musitó, molesta―. ¿No piensan acaso en su felicidad?
Quinn se quedó en silencio, sospesando que contestarle.
―Quizás…Ellos creen que así van a ser felices―susurró, acariciando con cuidado el hombro de la muchacha. La aludida levantó la vista, frunciendo el ceño.
―No lo entiendo―la rubia sonrió ante eso, apartando la vista por un momento.
―Hay distintas opiniones…Yo sé que lo que siento está bien, pero mis padres no lo piensan así…Y aunque suene un poco estúpido, a veces, piensan que eso no es lo bueno para sus hijos. De verdad piensan que lo que ellos creen es lo correcto, Rachel. Hay veces que no se comportan así por propio egoísmo…Sino porque ellos ven así las cosas. Igual que otros padres lo aceptan, y otros lo hacen a regañadientes…Pero son varias razones. No todo es blanco o negro. También existe el gris, y eso no quiere decir que esos padres sean malos. No son buenos. Son grises.
― ¿Y tus padres?
―No me aceptaron…Porque creen que lo que me gusta no está bien, y que a la larga, me va a pasar factura. Y pese a que no nos hablamos, en navidades, siempre recibo una postal de mi madre―Rachel sonrió.
― ¿De verdad?
―De verdad. Y a pesar de todo, siempre se despide con un "te quiero, Quinnie". Y yo le contesto, diciéndole que la quiero mucho. Porque aunque no me entienda y prefiera apartarse, sé que lo hace porque si está cerca de mí, no podría evitar intentar cambiar lo que soy. Lo sabe. Lo sé. Y por esa razón, prefiere apartarse. No ser un obstáculo; y me quiere. Igual que yo a ella, por mucho que me duela no poder contar con ella como quisiera.
―A lo mejor…Está esperando―dejó caer, acomodándose mejor sobre el cuerpo fino de la chica.
― ¿A qué te refieres?
―Tal vez está esperando a que le des la oportunidad tú. De saber que le has perdonado todo. De intentar poder estar a tu lado y no ser un obstáculo. Sucederá cuando creas que de verdad te quiere, como bien dices, y cuando ella vea que de verdad confías en ella.
Quinn sonrió, dejando escapar un suspiro de entre sus labios. Hasta hace unas horas, estaba enfadada con Rachel. No le había contado lo de su hermana, y comprendía sus razones, pero eso no quitaba que le doliese menos. Era un tema delicado. Era que Frannie había sufrido mucho por culpa de un alguien al que acabaría encontrando, y le metería en la cárcel en cuanto descubrirse alguna prueba que le incriminase. Pero sabía que la morena no se lo contaría por su hermana, y una pequeña parte de ella misma comprendía que la diva había resultado un apoyo para la menor de las Fabray. De una manera, u otra.
―Marta se va a recuperar…
―Pero ella no se lo merecía―replicó, dejando al fin escapar un fuerte sollozo―. No es justo…
―La vida no es siempre justa, Rach―replicó la rubia, acariciando con más fuerza a la chica―, pero ella es fuerte, y conseguirá dejar todo esto atrás.
― ¿Crees que…?
―No lo sé…Vamos a buscar posibles delincuentes…Algunos que ya estén fichados. Es demasiado pronto para poder relacionarlo con nuestro caso. Quizás ni siquiera forme parte de él…Quizás, simplemente, Marta se encontró en el momento y lugar equivocado.
Anastasia se detuvo en frente del hospital, sin atreverse de nuevo a entrar en aquel lugar. Sabía que si lo hacía, acabaría echándose a llorar. Y no se veía capaz de mostrarse tan débil en frente de Marta. Y no se lo podía permitir. Si ella se derrumbaba, sabía que la morena no podía luchar con todo aquello. Era consciente de que la chica la necesitaba, por lo que prefirió quedarse en un banco de la zona, sentada, pensando en cómo enfrentarse a todo aquello.
Había estado caminando por la ciudad, dispuesta a encontrar al mal nacido que le había ocasionado todo aquel daño a su… ¿Amada? Era extraño incluso para ella, pero la quería, y estaba dispuesta a morir con tal de hacerle pagar por todo el daño que le había ocasionado a ella. Justamente, a ella. Pero… ¿Dónde encontrarlo?
Y allí estaba, mirando detenidamente como la gente entraba y salía. Y no pudo evitar estremecerse por completo al encontrarse con la mirada de Rachel, la que se dirigía hacia su figura con paso firme y acelerado. Apreciaba a esa morena, y más siendo consciente de todo el cariño que le profesaba a la mayor de las hermanas García. Y le agradecería eternamente que cuidase de su chica favorita en todo ese tiempo de ausencia.
―Te estaba buscando―susurró Rachel, sentándose a su lado―. Quinn dice que sigue estable, pero que sigue durmiendo. Parece que necesita descansar.
La aludida asintió, apartando su mirada del rostro de la diva. Esta se quedó en silencio, sentándose al lado de la castaña. Sabía cómo se sentía. Lo comprendía perfectamente. Ella también se sentía impotente, aunque no era tan efusiva ni quería hacer nada de lo que luego sabía que Marta no se sentiría satisfecha. Conocía suficientemente a la morena como para prever que, pasase lo que pasase, siempre tendría que actuar la justicia por delante. Y pese a lo frío y racional que pudiese sonar, era lo mejor. La morena siempre pensaba en las consecuencias de sus actos.
Suspiró, sintiendo como sus pupilas se inundaban por las lágrimas. Anastasia tampoco pudo contenerse al percibir que su compañera de banco estaba a punto de echarse a llorar. Sollozó, limpiándose una lágrima que rodó por su mejilla, infraganti. ¿Por qué siempre les sucedía algo de eso? ¿Por qué siempre se sentía que era la culpable de todos los daños que Marta pudiese llegar a sufrir? No sabía bien cómo sentirse, pero estaba algo mejor al comprender que había alguien en sus mismas circunstancias.
Leticia también se sentía así, pero era mucho más fuerte que ella. Incluso que su hermana. La menor siempre había demostrado ser un pilar importante en la familia García, y también le había apoyado a ella. No podía evitar sentirse un poco mal al pensar que Leticia no la entendería por completo, pero ver a Rachel en ese estado, le hacía pensar que no era la única que tenía miedo, por muy poco riesgo que existiese.
―Todo va a salir bien―logró escucharle a la morena, que parecía intentar creerse sus propias palabras―. Marta es fuerte, y podrá con esto. Y nos tiene a nosotras.
― ¿De verdad te lo crees, Rachel? ―Inquirió con tono suave, clavando sus ojos marrones sobre los de la morena, que bajó la vista, clavándola en el suelo y mordiéndose el labio, titubeante, sin lograr decidirse sobre el asunto―. Parece que no.
―Quiero pensar que Marta va a salir de esta, que nos tiene a todos y que dentro de unos meses, nos olvidaremos de todo esto…
― ¿De verdad piensas que nos vamos a poder olvidar de esto? Estas cosas nunca se olvidan, Rachel. No siempre te violan y esas cosas de la vida, ¿sabes? ―Musitó molesta, suspirando al percatarse que se había excedido con la chica―. Perdona…No estoy bien.
―Yo tampoco lo estoy―admitió Rachel, sonriendo pasivamente―, y eso que Quinn me ha intentado animar un poco, pero…―una sonrisa apareció también en el rostro de la castaña― No me siento con ganas de nada.
―Te entiendo…Cuesta aceptar que alguien a quien queremos esté viviendo una situación similar…No sé, a mí, al menos, me cuesta pensar en que todo esto mejorará. En que Marta podrá estar bien…
―Con nuestra ayuda…Con tu ayuda…
― ¿Crees que, después de esto, tendrá ganas de seguir luchando por lo nuestro? ―Quiso saber, temblando.
Ese era su mayor temor. Su mayor miedo era pensar en que la morena no sería capaz de seguir luchando por esa relación. Que ya no fuese capaz de disfrutar de esos momentos tan íntimos. Que prefiriese estar sola a estar acompañada por ella. Eso era algo que le causaba pánico. Algo que le hacía pensar que perdería al amor de su vida. Todo por ese estúpido. Al que acabaría encontrando y le haría entender que nadie jugaba con Anastasia Gálvez.
―Anastasia, justamente esto hará que os acerquéis más…Ella te quiere, por Dios. Te quiere más que a nada en este mundo, así que claro que va a luchar por ti. Al principio le costará, porque la conozco, pero podrá sus sentimientos que la razón. Lo sabes mejor que yo, ¿no? ―Una débil sonrisa se esbozó en el rostro de la muchacha―. Te quiere―repitió la morena.
―Yo también la quiero―confesó, sonrojándose―, aunque creo que eso no es una novedad―Rachel se permitió reír un poco por ello.
―Tienes razón…No es una novedad saber que os queréis la una a la otra. La novedad pienso que es el hecho de que lo admitas…Que sepas que suena bien. El saber que la quieres. Me siento más relajada.
―Te imagino con una escopeta buscándome por cualquier lugar de la tierra si le hago daño.
―Pues claro. Ella haría lo mismo con Quinn…Aunque preferiría que no fuese así, me encanta tu amiga…Y tampoco me apetece dejarle a Marta sin una chica tan encantadora y guapa como tú.
―Gracias por el piropo, aunque creo que se lo deberías dedicar más a tu… ¿Novia? ¿Qué sois?
― ¿Qué sois Marta y tú?
―Es…Una cosa rara―musitó, dejando escapar el aire en un suspiro profundo―No sabría qué decirte.
―Pues…Yo lo mismo con Quinn, aunque pretendo cambiar esto…Y tú deberías hacer lo mismo.
Anastasia no pudo evitar sonreír ante esa mención.
Quinn se adentró en la cafetería del hospital, sentándose en la barra para poder relajarse. El médico le había asegurado que la chica estaba bien, pero no podía soportar ver a Rachel mal por la muchacha. Le importaba mucho la morena, y en el fondo, sabía que dependía el estado de su chica respecto al de la García. Incluso le dolía que la muchacha hubiese sufrido tanto. No se quería imaginar a nadie en esa situación, y encima, ella no se lo merecía. Para nada.
Suspiró, sintiendo un escalofrío por todo su cuerpo. No sabía se acabarían encontrando al chico, pero le haría pagar por el daño que le había causado a Rachel, y a su mejor amiga, claro. Además, pensaba en cómo se debía sentir Anastasia con respecto a aquello que estaba sucediéndole a la otra. Se mordió el labio, removiendo el líquido del café con la cuchara, pensando detenidamente en como sucedería todo a partir de todo lo que estaba ocurriendo.
Quería haber salido con Rachel, pero cuando la morena le indicó que quería ir a buscar a Anastasia sola, le dio su espacio. Sabía que la chica necesitaba pensar sobre todo tranquilamente, relajarse, y no ansiarse. La conocía lo suficiente como para comprender que la pequeña diva acabaría atosigándose con todo ese asunto. Así que mejor era dejarla tranquila y estar ahí cuando lo necesitase. Era eso lo que iba a hacer. Quería demasiado a Berry como para permitirse el lujo de agobiarla y hacerla sentir peor de lo que ya se debía sentir. Mucho peor.
― ¿Quinn?
La muchacha se giró, sorprendiéndose al encontrar a Joe allí. Se removió, algo nerviosa, en su asiento. Debía admitir que no se esperaba a ese chico por allí. Seguía llevando las muletas y parecía tener en su mano una receta médica. Supuso que serían los calmantes para el dolor de la pierna. El muchacho sonrió amistosamente, indicándole que si se podía sentar a su lado. Ella asintió, fijándose en esa melena perfecta que el muchacho poseía. Sus ojos se posaron sobre los de la joven, analizándola atentamente.
―No esperaba verte aquí, Joe―susurró Fabray, removiéndose incómoda en su sitio, aunque rápidamente se acomodó ante la sonrisa de él, un tanto radiante. Así era Joe―. ¿La pierna? ―el aludido asintió.
―Me están recetando calmantes…Últimamente me duele más de lo normal… ¿Y tú qué haces aquí? Te imaginaba investigando el caso de la chica esa…
―No…Aún no tenemos muchos datos, y encima, la muerte de Tina lo ha empeorado todo…
―Sí, ya me supongo―musitó el muchacho. Quinn frunció el ceño.
― ¿Cómo sabes eso?
―Me lo comentó Mike. Está destrozado. Y Artie otro tanto…No se esperaban ninguno de los dos eso de la muerte…Aún nos seguimos preguntando quien será el que ocasiona tantas muertes…
―Eso intentamos averiguar mi compañera y yo…Y estaba visitando a una amiga. Estamos esperando a los resultados―musitó con suavidad, clavando sus pupilas verdes en las de él.
El muchacho apartó la vista, pensativo. La rubia no pudo evitar esbozar una sonrisa por ese gesto. Seguía siendo el mismo muchacho que se sentía intimidado por la mirada de una muchacha. Los ojos verdes de Fabray centellearon de pura diversión, y el muchacho, que volvió a mirarla con cierto reparo, no pudo evitar carraspear, acomodándose mejor el cabello. En verdad, aún sentía cierta vergüenza en frente de Quinn. Era esa chica que imponía a cualquiera por mucho que no lo pretendiese.
―En fin, ha sido un placer verte, Quinn… ¡Y antes de que se me olvide! ―rebuscó en su bolsillo― Artie me ha pedido que si te veía te lo diese. Es una invitación para una obra que estábamos haciendo unos cuantos del Glee…
―Algo me comentó Finn por encima―susurró, sonriendo un poco― ¿A Rachel ya se lo habéis dado?
―Finn se la va a dar, así que…En fin, me marcho ya, que Artie necesita ayuda.
― ¿Sigues siendo compañero de Artie?
―Así es…Encima necesita apoyo con lo de Tina. Llevaba una temporada ya nervioso, como para encima añadir esto.
―Pero… ¿Nervioso? ¿Le sucedía algo?
Joe se quedó en silencio, sopesando si seguir hablando sobre el asunto. Miró hacia los lados, frunciendo el ceño. Se sentó de nuevo, acercándose un poco a Quinn, dispuesto a confesarle un secreto. Un profundo secreto que ocultaba. La rubia se colocó en posición de alerta. Su rostro se transformó a un gesto severo, llamando la atención del moreno, que emitió un ligero gruñido y carraspeó antes de continuar hablando.
―Creo que estaba pasando por un mal momento amoroso…Se le veía muy animado al principio, pero…Estos últimos meses…
―No quiero resultar cotilla, Joe.
―No te preocupes…Tengo entendido que empezó una relación con ese alguien y…Por razones de la vida, ella le dejó a él. Nunca supo la razón, pero quedó deprimido.
―Supongo que se centró después en su carrera―dejó escapar Quinn, cavilando muchas teorías con respecto a su amigo.
―Supones bien…Artie siempre ha sido así―declaró el joven, acercándose más hacia la chica―, y ha estado un poco triste desde que ella lo dejó por otro…
― ¿Crees que fue por otro?
―Siempre es por eso…O al menos, la voz de la experiencia habla… ¿Dónde quedaría ese amor eterno de las películas, Quinn?
―No lo sé―contestó, riendo un poco―. Espero que esté mejor.
―Hasta hace poco ha estado mandando unas cartas…Supongo que habrá conocido a alguien.
El corazón de Quinn latió desbocado por un segundo. Su boca se quedó seca, relamiéndose sin querer los labios, como si acabara de cazar a su presa en plena carrera. Se acercó hacia él, pareciendo los dos personas que intercambiaban una valiosa información. Una sonrisa apareció en sus labios, coqueta, dejando al chico deslumbrado.
― ¿Has dicho…Cartas?
―Sí…
― ¿Las sigue mandando?
―Pues…Desde hace poco lo dejó de hacer, aunque aún no sé la razón, ¿por qué? ¿Tiene que ver algo con el asesinato?
"Bingo", pensó Fabray.
Nota de la autora: Pufff...Lamento tardar y dejar un capítulo tan corto, pero ando que no puedo...Problemas personales. En fin, el próximo espero que esté para el jueves o el viernes, aunque procuraré que sea más largo :3 Y os dejo, que ando con prisa xD
Monica13: Jajaja Emma volverá, que conste, y... Sí, más o menos esa es la historia de las otras dos. Un besazo y muchas gracias por leer, como siempre ;)
