¡Hoooooooli! :D. ÚLTIMO CAPÍTULO. Lloren, rían, revuélquense (? :P. Déjenme comentarios e.e. Y bueno, no tengo mucho más que decir. Recuerden que habrá epílogo.

Eeeeeeen fin, ¡a leer!. Shaman King no es mío.

Capítulo seis: Estás cordialmente invitado

El viaje de regreso fue muy incómodo, aparte de las treinta canastas de pastelitos que Pomona me había obligado a llevarme, Anna no me dirigía la palabra y tampoco me escuchaba. Me evadía completamente. Incluso cuando bajamos del avión, ni siquiera se despidió y se fue directamente a los brazos de su prometido. No sé con exactitud si eso fue lo que me hizo dar cuenta de que en verdad la había perdido, o si fue el hecho de que, una semana más tarde, Manta se había presentado en mi casa con una invitación de boda en la mano, una que, claramente, nunca me llegó.

El dolor era tan grande y confuso. Es decir, ¿cómo podía ser qué por una estupidez y un descuido se hubiera arruinado todo? Lo peor es que sabía que toda la culpa era mía, ni siquiera podía culpar a Tamao por haber abierto la boca, mucho menos culpar a Anna por haber atendido mi teléfono.

De todas formas, todo eso ya daba igual, no había nada que pudiera hacer para evitar lo inevitable.

─¡Claro que todavía hay algo qué podemos hacer! ─Exclamó Hao, zarandeándome por los hombros.

─No, no lo hay ─Negué destruido, apenado, sin ilusiones, con hambre, sin sueños y sin fronteras.

─Qué sí, Yoh. Dejá de poner esa cara de perro feo y mojado ─Me regañó─. ¿Cuándo es la boda?

─Este fin de semana ─Contesté destruido, apenado, sin ilusiones, con más hambre, sin sueños y sin fronteras.

─¿¡Éste fin de semana!? Bueno, eso cambia las cosas. ¿Y cuándo es el ensayo de la boda?

─Mañana por la tarde ─Respondí destruido, apenado, sin ilusiones, con una galletita en la boca, sin sueños y sin fronteras.

─¿¡MAÑANA!? Bien, eso cambia definitivamente todo. Mañana, entonces, impediremos que Anna se case, y le vas a confesar tu amor, Romeo.

─Claro ─Afirmé destruido, apenado, sin ilusiones, con… ¡Un segundo! ¡¿Que fue lo qué dijo?!─. No, Hao, olvídalo. Ya le causé mucho dolor, no quiero seguir lastimándola.

Pero Hao ni siquiera fingió escuchar mi reclamo, sino que se dedicó a llamar a los demás y refinar su plan: "Hagamos que el idiota de Yoh sea feliz" (H.Q.I.Y.F. se había encargado de abreviar también), como él lo había denominado, y de paso también nos puso un nombre: "El escuadrón del fuego" (últimamente, sospecho que Hao podría tener tendencia piromaniacas), que, a decir verdad, poco tenía que ver en verdad con la situación.

─Pitufo pelo de escoba, exige un cambio de apodo. Cambio ─Gruñó Horo por el Walkie-Talkie.

─El Rey del mundo opina que Pitufo pelo de escoba se queja demasiado. Cambio ─Contestó mi hermano, visiblemente divertido.

─¿Pueden dejar de ser tan idiotas y terminar con esto de una vez? ─Se quejó Ren, también hablando a través del Walkie-Talkie. Hao se aclaró ruidosamente la garganta, como haciendo obvio que Ren se había olvidado de decir algo─ Jodete, Hao. Cambio y fuera.

Suspiré para reprimir una risa ante el refunfuñó de mi hermano, quien por cierto estaba aún más loco de lo que creía. Su maravilloso plan consistía en, básicamente, interrumpir el ensayo y secuestrar a Anna, encerrándola en alguna de las habitaciones, dejándome los minutos suficientes para que yo pudiera hablar con ella. Ustedes dirán: ¿y para qué eso de los Walkie, los apodos y demases? Bueno, no tengo idea, pero es divertido, Jijiji. Hasta el momento, sólo nos habíamos limitado a observar la gran casa de la familia Kyoyama, donde se llevaba a cabo la ceremonia, desde lejos, divididos en grupos: Hao y yo en la entrada; Ren, Horo y Lyserg en la parte trasera; y Manta, obviamente, dándonos el informe desde adentro.

─Inspector de piso llamando a los demás. Respondan. Odio ese apodo yo también. Cambio ─Escuchamos que se lamentaba Manta.

─Acá, bobo sonrisitas. ¿Qué pasa, Manta? Cambio ─Contesté, obviando los insultos de Hao sobre que no valoraban el esfuerzo que él había hecho al haber considerado ponerles apodos tan geniales. Siendo sinceros, yo también quería un cambio de apodo, pero ahora tenía algo más importante que hacer.

─El objetivo está en el perímetro. Repito, el objetivo está en el perímetro. Cambio ─Nos advirtió Manta.

─¿Escucharon eso, Gatito Gruñón, Pitufo pelo de escoba y Primera Dama? Cambio ─Se comunicó Hao con los demás.

─Sí, maldito idiota, lo escuchamos. ¡Dejá de llamarme así, y por favor, basta de decir "Cambio" todo el tiempo! ─Gritó exasperado Ren.

No alcancé a escuchar las otras sarta de insultos que Horo y el novio de mi hermano le dedicaban a Hao; mi corazón latía frenéticamente al saber que pronto le confesaría todo a Anna. ¡Oh, no, ni siquiera sé que decirle! No importa, improvisación, Yoh, concéntrate y todo saldrá bien, se positivo, de todas formas, ¿qué podría ser tan malo? ¿Qué ella te rechace? Sí, eso era lo malo.

─¡Yoh, reacciona! No tenemos tiempo que perder. ¿Estás listo?

El grito que llegó desde mi derecha me sacó completamente de mis cavilaciones, dándome cuanta de que era Hao quien efectivamente me estaba gritando. Internamente le agradecí por traerme devuelta al mundo, y asentí a su pregunta con confianza, que no poseía, para avanzar con el plan.

Él me sonrió y entró a la casa, advirtiéndome que estuviera atento al aparato de comunicación para saber cuando tendría que entrar yo. Pero la verdad es que lo escuché poco y nada porque me quedé tildado cuando lo vi sonriéndome. ¿Entienden? ¡HAO ME SONRIÓ! En estos veintisiete años de hermandad, él jamás lo había hecho, a no ser que fuera con malicia o ironía. ¿Qué está pasando con el mundo? Primero me ayuda, y después me sonríe, ¿acaso estoy por morir?

─¡MIERDA, YOH, CONTESTÁ!

El sobresalto hizo que casi se me cayera de las manos el aparato, del cual había provenido semejante grito. ¿Por qué todo el mundo me gritaba? Ah, sí, claro, distracción. Tal vez no debería seguir pensando tanto.

─Sí, Horo, ¿qué pasa? ─Contesté sumamente relajado.

─¿Cómo que, qué pasa? ¡La misión, Yoh, la misión! Ya tenemos a Anna esperándote. ¡Dejá de boludear y empezá a escalar hacia la ventana número tres, la del segundo piso!

¿Misión? ¿Anna? ¿Ventana? Ey, eso rima. ¡OH, SÍ, YA RECUERDO! Sin contestar, salí corriendo hacia donde me había indicado mi amigo, pensando en lo rápido que habían sido todos. Tomé la soga que guardaba en la mochila, que Hao obligadamente me había hecho empacar, tomé también un gancho, lo até y lo tiré, enganchándolo con precisa puntería al marco de la ventana. ¡Bien, eso había sido muy fácil! Comencé a escalar rápidamente, o todo lo que mis brazos me permitían. Nota mental: comenzar a entrenar. Nota mental dos: dejar de pensar idioteces. Nota mental tres: comprar leche y pan.

Finalmente, llegué hasta la ventana y… ¡Ey, ahí está Anna! Oh, no tiene cara de buenos amigos.

─Sabía que esto era algún plan estúpido tuyo ─Masculló, lanzándome dagas con los ojos.

Tragué saliva ruidosamente y me animé a adentrarme por completo en la habitación. Apesar de la situación límite en la que me encontraba, no pude evitar observar cuan hermosa estaba; elegante hasta lo increíble con un hermoso vestido rojo que se ajustaba perfectamente en donde tenía que ajustarse y que caía libremente hasta las rodillas; sus tacones negros, haciéndola ver más estilizada; su pelo y rostro naturales y a la vez tan remarcados, la hacían lucir tan irreal, que por un momento pensé que estaba soñando. Hubiera sido un gran sueño, excepto que su cachetazo me confirmó que no se trataba de ninguna irrealidad.

─¿Por qué fue eso? ─Lloriquié, sobándome la mejilla. Aunque en verdad ya sabía porque había sido.

─¿Y todavía me lo preguntás? ─Espetó fría y seria─. Tus amigos irrumpieron en el ensayo, me secuestraron, me encerraron acá, te colaste por la ventana, apesar de que te dije que no quería saber nada de vos, y todo eso ¿para qué? ¿Para seguir burlándote? ¿Qué no te bastó, Yoh? ─Sus palabras eran firmes y heladas, pero no fue hasta el final que pudo mantenerse así, y a mi no se me pasó desapercibido el matiz herido que su voz había tomado.

Negué con la cabeza, acobardándome por un momento. Pero no, no podía dejarla, no podía vivir sabiendo que ella estaba sufriendo, no podía… ¡Un minuto! ¿Ella está sufriendo? ¿Ella sufre por mi mentira? Claro que sí, idiota. Me golpeé mentalmente por eso, porque recién ahora lo veía todo claro: el día de mi cita y su misterioso comportamiento, su reacción cuando nos fuimos solos el fin de semana, el hecho de que se sienta lastimada con todo esto y por haberle mentido. ¿Cómo no me di cuenta antes?

─Anna, ¿me responderías algo? ─Vi que ella iba a protestar y contestar, obviamente, que no, así que me adelanté─ Juro que, si me contestás esta pregunta, y dependiendo de lo que digas y quieras, no voy a volver a interferir en tu vida o en tus planes.

Ella pareció meditarlo por unos segundos, hasta que asintió renuente.

─¿Vos me amás? ─Pregunté con el corazón a mil.

Directo y al grano. Casi me felicité por haber sonado tan seguro y firme. Su expresión de hielo se desmoronó, dejando paso a una de total desconcierto. No es que la culpara. Sin embargo, sus ojos me dijeron todo, sus ojos hablaron lo que ella no pudo, y antes de arrepentirme, y que ella se arrepintiera, crucé la habitación en dos zancadas y la besé.

Al principio ella no me correspondió, sino que puso instintivamente sus manos en mi pecho, para apartarme supuse. Pero no, ella no hizo ni el menor esfuerzo, sorprendiéndome cuando cruzó sus brazos por mi cuello y sus labios comenzaron a responder: dulces, aceptados, suaves y, por sobretodo lo demás, llenos de amor correspondido.

Lo que siguió después, es historia.

Dos semanas después

─No puedo creer que se haya puesto a llorar cuando le dijiste que no te ibas a casar con él ─Cuestionó Manta divertido, todavía recordando el escándalo que Anna armó cuando bajó conmigo por las escaleras y suspendió el compromiso, sorprendiéndonos a todos cuando el ex se largó a llorar.

─Ni me lo recuerdes, primo. No sé que tenía en la cabeza ─Fingió afligirse mi novia. ¡Sí, MI novia! Jiji, que bien suena.

─Tal vez tenías en tu cabeza a cierto idiota que se hacía pasar por gay ─Interrumpió Hao, abrazándonos a Anna y a mi por lo hombros.

─Si querés seguir viviendo, salí de encima mío ahora, Asakura ─Amenazó Annita.

Hao obedeció sin rechistar. Jiji, la extraña relación de "cuñadismo" entre ellos era muy divertida. Aunque fingían no soportarse, se llevaban bien, incluso apuesto que Anna está agradecida con el plan que mi gemelo había ideado para juntarnos. Eso sí, jamás lo admitiría ninguno. Aún me parecía increíble que ella me haya perdonado. Claro, se vengó cuando una semana después fingió tener un atraso. Terminé en el hospital luego de un ataque, pero se lo tuve que perdonar. Te la tenía que devolver, dijo ella.

─Ya van a entrar. Será mejor que nos vayamos a ubicar ─Dijo Lyserg, con una gran sonrisa en la cara que fue correspondida por todos nosotros.

Una vez que nos ubicamos en el altar; Hao, Lyserg y yo, no pudimos no asombrarnos con la decoración del lugar; el salón estaba adornado en tonos dorados y blancos, dejando un largo pasillo con alfombra dorada entre medio de dos hileras de sillas cubiertas con telas blancas, y flores azules colgando de barrotes blancos ubicados al lado de cada hilera. El altar estaba cubierto por una tela también blanca, con la excepción de que llevaba líneas doradas, y que colgaba a ambos lados de una especie de atrio hecho de madera, ambas llenas de flores azules que formaban dos iniciales: la H y la R dentro de un corazón. Sin duda, esto no había sido obra de nadie que no se llame Jun Tao y Pillika Usui, quienes por cierto se encontraban del otro lado del altar, en sus puestos de madrinas, tan sonrientes e iguales de embarazadas. Pobre Choco y Lee.

En el altar se encontraba la Jueza, con el libro de actas de matrimonio, sentada en una silla, muy sonriente y expectante. En la primera fila pude divisar a los padres de mis amigos: las madres de ambos iguales de felices que sus hijas, y los padres, aunque un poco serios, podría jurar que tenían lágrimas en los ojos. Manta también se encontraba en la primera fila, muy sonriente, hablando con Silver. Jiji, que bueno que se lleven bien, por muy extravagante que el último sea. Oh, y también está Tamao con su mejor amiga, Jeanne. Aunque admito que su cercanía siempre me pareció sospechosa.

Por desgracia, en la primera fila también se encontraban mis padres. Mi padre portaba la misma cara de tranquilidad, pero mi madre parecía al punto de un ataque de alegría cuando vio que Anna se había sentado a su lado. Recalculando. Anna. Mamá. Sentadas. Juntas. No-puede-ser. Casi salgo corriendo para impedir lo que sin duda pasaría, pero entonces la música empezó a sonar, y la puerta del lugar se abrió, dejando paso a los felices novios que caminaban por el pasillo con orgullo. Incluso por un momento todo pasó a segundo plano. Por un momento.

─¡SÍ, MI HIJO NO VA A MORIR SOLO!

La música paró, Ren y Horo se detuvieron estupefactos, yo dejé de respirar, y sólo el refunfuño de Hao a mi lado, mascullando algo como "vieja" "Lyserg" "no voy a morir solo", se alcanzó a escuchar.

Entonces Anna empezó a reír, y luego todo el salón la siguió. Yo sólo la veía con una sonrisa, pensando en que todo comenzó por una mentira, y que terminó con una verdad: que la amo. Y, si para ello tendría que volver a hacerme pasar por gay, lo haría con gusto.

O tal vez no.

Nos vemos en el epílogo.