¡Hola!

Muchas gracias a todos los que leen esta historia, a los que dejan review y a los que no también ;D

Muchas gracias Guest por tu consejo, claro que no me enojo, al contrario, te agradezco con el alma que me des está clase de puntos; de hecho es algo que ya había notado, es un vicio que vengo arrastrando desde hace rato (incluso en los foros de rol me da por contestar así, ¡Dios!) y no hallaba como quitármelo; el que me lo hayas hecho notar me ha ayudado y en especial tus consejos; he procurado no hacerlo más, aunque a veces recaigo, espero que en este cap se note alguna diferencia :D

Me da gusto que la historia te agrade y que te hayas animado a comprar los libros; la verdad yo ando enviciada con ellos (incluso se los presté a un amigo y también se envició con ellos XD) Bueno, sí he puesto a Leo en el lugar de Katniss y he tomado algunas referencias de la historia (como lo de la chica en llamas), pero procuro no seguir la historia en su totalidad, habrá algunas diferencias así que por ahora no sé si Karai pueda entrar en ese rol ya que no la he ubicado desde el principio (el que cazaba con Leo era Rafa), pero veremos cómo me guía la musa y a ver que pasa, gracias por todo :D

Invasor's Queen: Muchísimas gracias por tu review! No sabes lo mucho que me anima y en especial los comentarios sobre Leo porque me ayuda a guiarme sobre cómo le irá en los juegos. Espero que te guste este cap :D

Dragonazabache: Sip, la mísmisima Haoyoh es mi beta y no te apures, la estoy aprovechando todo lo que puedo :D Perdona por lo de que sea impuntual, en parte es culpa mía (la tengo ocupada en el mundo muggle :D) pero no tarda en actualizar, ya verás ;) Muchas gracias por lo que me dices, créeme que era una de mis preocupaciones, hay muchas versiones diferentes de los juegos y casi todos empezamos con lo mismo que temí que pudiera aburrir, me da gusto saber que no lo consideras así. Le echaré un vistazo a los juegos de Kori, me da curiosidad :D ¡Muchas gracias! :D

SSMinos: ¡Gracias! Qué bueno que te gustó :D En cuanto a la foto de mi avatar, ¡Sí! Es de Sherlock BBC (por ahí tengo dos fics de él, pero son Johnlocks XD) Soy super fan de esta serie y de su protagonista (es líndisimo!:D) no es ningún atrevimiento, pregunta lo que quieras. Gracias de nuevo :D

Disclaimer: Los juegos del hambre y Teenage Mutant Ninja Turtles, personajes, situaciones y demás no me pertenecen a mí, sino a sus respectivos autores.

Gracias a mi Beta Haoyoh Asakura, sin ella esta historia no sería posible.

Capítulo V

-¿Qué cómo es que conozco a tu hermano?- Haymitch no miraba a Leo; seguía absorto aun al cielo del Capitolio, como si hubiese algo muy interesante plasmado en él.

El chico seguía esperando una respuesta.

-O querrás decir que como le conocí; pero dime, ¿Acaso en el distrito doce había alguien que no conociera a esa tortuga bravucona y testaruda? Sería difícil que hallaras a alguien que no hubiese tenido un roce con él.-

-¿Tuviste un altercado con él?- Leo empezaba a sentirse decepcionado con la perspectiva de la respuesta; él esperaba... bueno, la verdad ni él mismo sabía que esperaba, ¿Qué Haymitch le hablara sobre su relación con Rafa? ¿Qué le contara algo importante... en qué sentido? ¿Qué le dijera que no estaba muerto y que le tenía oculto en el sótano de su casa o qué?

-¿Uno?-Rió el humano.- Varios; como te dije, tu hermano era un testarudo y bravucón cabeza hueca.-

Leo apretó los puños... no iba a tolerar que hablaran mal de su querido hermano.

-Pero era el cabeza hueca más noble que he conocido.- Añadió Haymitch con sinceridad y en su voz se podía percibir cierta nostalgia. Miró a Leo- Le conocí en el quemador, es el único lugar donde se puede conseguir licor blanco.-Aclaró, ante la expresión de extrañeza que Leo puso al saber que Haymitch rondaba el mercado negro del distrito.- La primera vez que nos conocimos venía eufórico; había cazado unos conejos y los llevaba a vender.-

Leo ubicó el día; fue cuando Rafael había cazado por primera vez, aquella en la que había vuelto a casa con la bolsa llena de manzanas y las presas en la otra, cubierto de polvo y con una gran sonrisa.

-Chocó conmigo y me tiró todas las botellas.-Siguió el hombre.- obviamente le exigí que me las pagara, podía ver en su rostro que reconocía su error... pero esa condenada tortuga nunca iba a admitirlo; se atrevió a decirme que me hacía un favor, que al romper mis botellas estaba ayudando a mi hígado.-

El chico esbozó una sonrisa... Sí, ese era Rafael, incapaz de admitir sus errores aunque los reconociera, y siempre buscando justificarse o salirse con la suya.

-Empezamos a discutir y de la discusión pasamos a los golpes, yo quería darle una lección, pero jamás me esperé que supiera pelear... ¡algunos del quemador incluso hicieron apuestas!-Rió.- Pero no pasamos a mucho; yo tenía resaca y él se hallaba agotado por la cacería y la poca comida; no pasamos de unos golpes sin importancia y lo dejamos en empate.- Sonrió.- Desde entonces nos hicimos buenos amigos.-

-Entiendo.-

Haymitch rió un poco.

-A partir de entonces nos reuníamos, a veces en el quemador, otras veces en mi casa; hacíamos "vencidas" o jugábamos a las cartas; ese bribón me ganó muchas monedas en varias partidas, aun creo que se escondía las cartas en las mangas; quizá no te comentó nada al respecto por temor a que le regañaras por apostar.-

Leo se cruzó de brazos, aun con la sonrisa en los labios, aunque era una sonrisa triste.

-Era un buen chico, muy alocado, pero con una gran perspectiva sobre la vida... y lo que decía... aquello...- Haymitch bajó la mirada y guardó silencio, pasándose después la mano por el rostro.-Lo... lo lamento, ¿Está bien? Solo lo lamento.-

-¿Lo lamentas? ¿Qué...? ¿A qué te refieres?-

-Escucha, es tarde, la cena debe estar servida así que mejor volvamos antes de que esa mujer venga aquí a gritar.-

Extrañado por su actitud, Leo quiso interrogarle de nuevo, pero el hombre ya había entrado al penthouse dejándolo solo en la terraza.

Después de la cena, el chico trató de hablar con Haymitch de nuevo, pero el hombre le estuvo evitando todo el tiempo, ya que incluso solo tomó unos cuantos bocados para luego levantarse e irse a su cuarto sin dirigirle la palabra a nadie.

Leonardo entró a su habitación y se alistó para dormir, cepillándose los dientes y tomando un pijama de los que había en la cómoda. Su cama ya estaba preparada; imaginó que lo había hecho un avox y la simple idea le dio escalofríos; se recostó y se cubrió hasta la cabeza con las mantas.

Lo que le había contado Haymitch... la verdad es que en su vida habría imaginado que su hermano mantenía una amistad con el vencedor del distrito doce; no le extrañaba, ambos tenían una personalidad muy parecida y era obvio que congeniaran; pero el hecho de que él no se lo comentara... ¿Sería por, como suponía el humano, evitar un regaño si se enteraba de los juegos de cartas o habría otra razón de más peso? Tenía que haberla, después de todo, aunque obviamente Leo le prohibía a su hermano ese tipo de juegos y le habría regañado al saber que apostaba con aquel hombre, no era motivo suficiente para que este no compartiera el hecho de que tenía aquel amigo, pero entonces, ¿Cuál era la razón? ¿Y qué era aquello que había puesto tan mal a Haymitch?

Se encogió de nuevo en su lugar, haciéndose un ovillo otra vez. Ahí estaba de nuevo, dándole vueltas a algo que a estas alturas quizá ya no tenía caso dilucidar, empeñándose en pensar en ello cuando debía concentrarse en no morir en los juegos, volver con Donny y Mickey. Cerró los ojos y trató de serenarse, anhelando simplemente en tener la mente en blanco y poder descansar.

Al día siguiente se reiniciaron los entrenamientos. Leonardo y Belle tuvieron que bajar solos, pues Haymitch se hallaba en su habitación completamente ebrio.

Como había prometido Usagi, continuaron trabajando juntos. Tras acudir a las estaciones que les habían quedado pendientes, decidieron repasar algunas de las que ya habían pasado, en especial, las de armas. Se acercaron a la estación de lanzas, encontrándose a algunos de los profesionales y Belle, que por más que escuchaba las instrucciones del entrenador no lograba usar el arma correctamente; la situación y las constantes risas de los otros tributos la tenían apabullada y los nervios la estaban dominando; había dejado caer la lanza por tercera vez en lo que iba de la sesión y el entrenador frustrado, había decidido tomarse cinco minutos para serenarse.

La chica estaba a punto de llorar, era más que obvio que todo aquello era superior a sus fuerzas; Leonardo, conmovido por la situación de su compañera, se acercó con la intención de ayudarle.

-Tranquila, Belle, no es tan difícil. Antes que nada debes dejar tu mente en blanco y...-

-Creo que así ya la tiene, ¿no te parece?-

Leo se giró, encontrándose con Ace, aquel enorme muto de León, tributo del distrito uno. Este, cruzado de brazos y con expresión irónica, miraba a los dos chicos. La tortuga decidió ignorarlo y volvió a enfocarse en su compañera; cuando apenas iba a hablarle de nuevo, Ace volvió a interrumpirle.

-Es una pérdida de tiempo, todos sabemos lo que pasa con los tributos como ustedes; son los primeros en caer, y esa chica será un blanco fácil. ¡Acabarás entre mis garras!- Exclamó mirando a Belle quien comenzó a temblar y a llorar.

-Será mejor que guardes silencio.- Intervino Leonardo, interponiéndose entre la joven y el león.

-¡Oh! La tortuguita cree que me asustará con eso.-Ace rió y sus compañeros hicieron lo mismo.- ¡Tú no eres mejor que ella así que no te metas!-

-¡Tú no eres mejor que nadie así que cierra la boca!-

-Te equívocas niño.-Siseó el león.- Provengo de una especia guerrera y de un distrito privilegiado; mis antepasados eran soldados de élite que destrozaban a sus enemigos con sus propias garras; en cambio, ¿qué son ustedes? ¡Basura de especie menor! ¿Sabes para que usaban a los tuyos durante los días oscuros? Para transportar armas o equipo a través del campo de batalla y en el mejor de los casos les hacían transportar bombas en su cuerpo, llegar a una base y hacerla detonar junto con el transporte; así es tortuga, eres carne de cañón, siempre lo has sido y es en lo que acabarás.-

-No te confíes, la "carne de cañón" podría sorprenderte.-

Ace rió nuevamente, luego se acercó a Leonardo, amenazante.

-¡Da gracias a que las reglas prohíben que peleemos antes de los juegos, sino te acabaría aquí mismo!-

-Al contrario, es una pena para ti que no podamos hacerlo, así te dejaría incapacitado para participar en los juegos y salvarías tu vida.-

El león se lanzó contra la tortuga, tomándole del cuello con fuerza; Leo le sujetó la muñeca ejerciendo presión en el punto adecuado, consiguiendo que lo liberara, aquello dejó sorprendido al león.

-¡¿Qué está pasando aquí?!-El entrenador y otros asistentes llegaron corriendo, separándolos en el acto.-¡Saben que está prohibido pelear!-

-¡Nos veremos en la arena, maldita tortuga! ¡Veremos cuánto dura el "chico en llamas"!- Los asistentes se llevaron a Ace escoltado hacia donde estaba su mentor.

Usagi se acercó corriendo a Leo, quien había sido alejado de la estación de lanzas por otro grupo de asistentes y dejado al margen.

-¿Estás bien?-

-Sí, no fue nada.-

-Esto no es bueno, te estará cazando en la arena, tendrás que cuidarte mucho de él.-

Leo esbozó una media sonrisa; aquello no sería nada nuevo, es decir, dentro de la arena debías cuidarte de todos.

Cuando acabó el entrenamiento y tras despedirse de Usagi; Leo y Belle tomaron el ascensor al penthouse. Tan solo abrir la puerta Haymitch ya se encontraba ahí, de pie frente a este, esperándolos. Leo rodó los ojos y avanzó, saliendo del elevador.

-Ahora no.- Se le adelantó a su mentor; seguro ya estaba enterado de lo ocurrido con Ace.

-¿Acaso crees que voy a regañarte?-

-¿No nos esperabas por eso? Después de todo me vi inmiscuido en una pelea ilegal, eso va a afectarme, ¿no es verdad?-

-Al contrario muchacho, has demostrado que eres rudo y que nada te intimida, si esto se sabe...-Haymitch sonrió abiertamente.- Eso en publicidad vale oro, buen trabajo.-

Leonardo sonrió y, sí, respiró más aliviado. Temía que aquel suceso con el arrogante león le perjudicara en cuestión de puntajes ante los vigilantes y que si los patrocinadores se enteraban fuera a repercutir de mala manera; pero lo dicho por Haymitch le tranquilizaba.

-En cambio tú, linda...- Se acercó a Belle.- será mejor que pienses en cómo mejorar esto, te has puesto como el blanco de todos ellos, saben que eres fácil, que no das pelea y que pueden matarte en cualquier momento; ¡necesitas endurecerte más!-

-Lo sé... -

-¡Pues demuestra que lo sabes, linda, porque no me estás dejando mucho con qué trabajar!-

La chica le miró con molestia.

-¿Y para qué? ¡Ya sé que soy caso perdido! ¡¿O es que acaso crees que soy tan tonta como para no darme cuenta?! ¡Todos lo prefieren a él, incluso tú! ¡Sé que si tienes que proteger a alguien lo protegerás a él!-

Haymitch guardó silencio; la chica le miró enojada y se fue a su habitación.

Leo no pudo decir nada, aquello había sido tan raro que se quedó sin habla. Haymitch, pasándose la mano por el rostro, miró hacia dónde se había ido la chica y luego miró al muchacho.

-¿Vas a juzgarme otra vez?-

-No.- Leo se sentó en la sala, Haymitch se sentó frente a él.-No es verdad eso, ¿o sí?-

-Niño...-Susurró el mayor, volviendo a pasar su mano por los ojos y su boca.- Cuando eres mentor... cuando solo eres uno y tienes dos niños a tu cargo, a veces tienes que dirigir todos tus recursos al que crees que puede lograrlo.-

-Pero no puedes desproteger al otro.-

-No, y no lo hago, no la doy del todo por perdida.-

-¿Entonces?-

-Como les dije la otra vez, venderlos a ustedes no es fácil, tienen que darme con qué trabajar y hasta ahora tú eres el único que lo ha hecho; no solo porque escuchas y aprendes, porque haces caso de lo que se te dice... escuchaste a Cinna y seguiste sus consejos, eso complementó su trabajo, el traje no hizo que te amaran en el desfile, fuiste tú dándole vida a esa visión.-

Leo se sonrojó.

-Además sabes pelear, pero en especial estás dispuesto a pelear; te has propuesto salir de esa arena y volver al distrito doce... ¿Crees que no es más fácil elegir al que lucha por vivir que al que se ha dado por vencido?- Continuó Haymitch. El hombre carraspeó y desvió la mirada, luego lo miró otra vez.- Además, tu familia ya ha sufrido mucho... por... -negó con la cabeza.- Si me preguntas directamente sí, de los dos te he elegido a ti por diversas razones, pero no dejaré a Belle desprotegida; la entrenaré lo mejor posible en nuestra sesión privada y procuraré venderla, pero ella debe poner de su parte en la sesión con los vigilantes y en la entrevista, es todo, no puedo hacer más.-

-Entiendo.-

Haymitch bajó la cabeza y luego volvió a levantarla, viendo al muchacho.

-Escucha, eres fuerte muchacho y muy hábil, no se necesita ser un experto para darse cuenta, pero tu punto débil es tu piedad, sientes demasiado y te apiadas con todos, entiendo que Belle y su actitud te inclinan a ayudarla y cuidarla, pero en estos momentos ese es mi trabajo, tú solo debes preocuparte por ti y por salir de esa arena; deja la piedad de lado, haz alianzas si quieres, está permitido aunque sabes que es bajo tu propio riesgo; ese chico conejo parece bueno y puede ayudarte; pero enfócate en el objetivo, debes salir de ahí y volver a tu casa.-

Haymitch se levantó y se alejó de la sala, dejando a Leo solo con sus pensamientos. Entendía el punto de su mentor, pero no podía comulgar del todo con él. Suspiró... los juegos definitivamente iban a arrancarle toda su esencia si no le arrancaban la vida.

El último día de entrenamiento en grupo pasó, y la tensión entre Leo y Ace era bastante palpable. No coincidieron en las mismas estaciones, pero cada vez que se topaban, el león lo miraba con verdadero odio; Leo procuraba ignorarlo y eso parecía incrementar la rabia de Ace, que añadió a las miradas asesinas un gesto amenazador con sus garras; Leo se rió al ver eso y sintiéndose un poco "malvado" en el plan de hacerlo exasperar más, le dedicó una mirada de aburrimiento y desprecio al más puro estilo de Rafael.

Posterior a eso, tuvieron las sesiones privadas con sus mentores, lo cual Haymitch padeció de dos maneras distintas, pues si bien con Belle fue difícil que lograra que diera un simple golpe con un arma sin que él perdiera la paciencia, con Leo fue todo lo contrario; había pocas cosas que enseñarle, pues el chico estaba perfectamente entrenado (cosa que el hombre ya se esperaba) y más le sirvió de bolsa de golpeo que de otra cosa; el pobre hombre, que dados los años de vida sedentaria y alcoholismo, se hallaba fuera de forma, recibió todos los golpes, patadas y diversas técnicas de la tortuga, la cual para colmo del orgullo del vencedor del distrito doce, había coronado la sesión diciendo que "se había moderado" durante la práctica.

El pobre Haymitch acabó con una bolsa de hielo en la cabeza y la espalda hecha polvo.

Sin embargo, si bien Haymitch no podía servirle de mucho en lo que a entrenamiento físico se refería, sí era una gran ayuda en lo referente a consejos sobre supervivencia dentro de la arena. Leo escuchaba sus relatos con respecto a lo que pudiese encontrar, según sus experiencias, y tomaba nota sobre ello; además, el hombre le sugería que hiciera acopio mental de todo lo visto en los juegos del hambre de los años anteriores, los cuales bien podían servirle a la hora de encontrarse ahí adentro.

Por fin llegó el día de la presentación ante los vigilantes. Cada uno de los tributos debía presentarse ante ellos y demostrar su talento; cada año la forma de las presentaciones solía variar, en algunos los tributos eran libres de elegir que presentar, en otras los mismos vigilantes imponían el reto; al final estos calificaban a cada uno de los tributos según su desempeño y, aquella calificación, la cual era mostrada a todo el público, solía ser muy importante a la hora de conseguir patrocinadores.

Se hallaban todos sentados en la cafetería del centro de entrenamiento esperando a ser llamados; se les convocaba según por su distrito, el chico primero, la chica después, para luego volver a su apartamento sin tener contacto con los demás, por lo cual, el resto no podía saber qué era lo que habían hecho los otros. Leo y Usagi, como venían haciendo últimamente; se hallaban sentados juntos, conversando sobre cualquier cosa mientras esperaban su turno, de modo que pudieran calmar sus nervios.

-¿Qué crees que sea lo que pidan este año? ¿Será de libre elección o impuesto por ellos?-

-No lo sé.-Leo apoyó su mentón sobre sus manos.- Tal vez sea de elección libre, ¿Qué harías si fuera así?-

-Mmm... No sé, quizá podría bailar, soy bueno bailando.-

Leo se echó a reír al mismo tiempo que Usagi; los demás tributos solo les echaban miradas reprobatorias.

-¿Y tú?-

-No sé bailar.- Aclaró la tortuga, provocando que el conejo riera de nuevo.- Pero mi hermano menor me enseñó algunos trucos de magia.-

-Si necesitas sacar un conejo del sombrero, soy tu hombre, amigo.-

Ambos se echaron a reír de nuevo.

-¿Qué crees que haría Ace?-

-Escribir una canción sobre su ego... suponiendo que sepa escribir.-

Ambos volvieron a reír; Belle, que se encontraba cerca de ellos, se levantó alejándose y comenzando a pasearse de manera nerviosa. Ambos chicos solo la miraban ir y venir; estaban conscientes de que quizá sus risas le estaban crispando los nervios, pero por más que trataban de evitarlo les era imposible, no solo porque cada que se reunían se divertían mucho juntos, sino porque aquellas tonterías que decían les hacían sentir menos tensos en la espera.

Uno a uno fueron llamados ante los vigilantes hasta que tocó el turno de Usagi; Leo le deseó buena suerte y continuó, solo, esperando a ser llamado.

Por fin mencionaron su nombre. Leonardo se levantó y entró en el gimnasio.

Los vigilantes se hallaban sentados en un balcón, degustando platillos sustanciosos y bebiendo copas de vino. Leo, levemente intimidado, avanzó hasta el centro del gimnasio.

-Leonardo Hamato, distrito doce.- Dijo la tortuga, esperando las instrucciones.

Seneca Crane, el vigilante en jefe, aun desde su asiento, miró a la tortuga.

-Bien, Señor Hamato, tendrá que pasar una prueba con cierto grado de dificultad que usted es libre de elegir, según consienta sus capacidades. Hay cuatro niveles: "A", "B", "C" y "D", dígame, ¿cuál es el que prefiere?-

El chico les miró fijamente; necesitaba una buena calificación, ¡era vital! Sin perder el aplomo, dijo:

-Nivel "D".-

Algunos de los vigilantes comenzaron a reírse, Seneca Crane arqueó una ceja y soltó una risita burlona. ¿Qué pretendía ese chiquillo? ¿Qué lo mataran antes de entrar en la arena? Sin embargo le daría gusto, ya se encargaría de detener la prueba cuando viera que se salía del control de la tortuga, después de todo, necesitaban a los veinticuatro tributos en la arena a la hora de los juegos.

-De acuerdo, muchacho, tú lo has pedido.-El vigilante pulsó un botón en el panel colocado junto a él.

Alrededor de Leo emergieron seis androides más altos que él, cada uno portando un arma diferente, por su parte, él no tenía ningún arma a la mano pues estas se encontraban en una pared ubicada lejos de él.

Los vigilantes se acomodaron en sus asientos; sería divertido ver como apaleaban a ese niño.

Leo cerró los ojos un momento y respiró profundo; debía concentrarse, debía hacerlo por los que amaba, por Donny y Mickey.

Los androides comenzaron a avanzar hacia él, uno de ellos llegó primero y lanzó un golpe con la espada que llevaba en la mano.

Pero justo cuando la hoja iba a golpear al chico, este la detuvo entre sus manos.

Los vigilantes estaban atónitos, e incluso algunos se inclinaron en sus asientos para poder ver mejor lo que ocurría; Leonardo movió sus manos hacia un lado, girando así los brazos del androide y sacándolo de equilibrio; este pretendía zafar su arma de entre las manos del chico al mismo tiempo que otro se acercaba a ellos para golpear al muchacho, pero Leo dio una patada al primer androide, quien con el impacto terminó por soltar la espada, y haciéndose con ella, le lanzó un golpe al segundo, dando un tajo en su pecho el cual comenzó a dar chispazos, sin darle tiempo a recuperarse, el muchacho atravesó el pecho de la máquina, dejándolo fuera de combate.

Los otros se aproximaron en grupo, incluyendo al primero que aún seguía en funcionamiento; los androides iban armados con hachas, cuchillas y mazos con picos; sin dar tregua, se lanzaron contra la tortuga, dispuestos a matarle.

Pero el chico era difícil de tocar; de un salto pasó por encima del primer androide, cayendo detrás de él y atravesándolo con la espada dejándolo fuera de combate, sacó la espada del cuerpo desactivado justo a tiempo para contener el brazo del que llevaba el mazo, el cual ejercía presión tratando de vencerlo y golpearlo, pero el chico empujó con más fuerza, logrando alejarle lo suficiente para barrerle las piernas de una patada y luego dar un salto para dar una patada de giro al del cuchillo que ya se hallaba a un lado, aprovechando el impulso para dar con la espada un tajo al que iba armado con el pico; el del cuchillo se acercó de nuevo acompañado de sus otros compañeros, el del mazo y el último, que iba armado con una cadena; este último logró sujetar el brazo del chico con ella, dando un jalón que le hizo trastabillar.

Los vigilantes seguían observando; algunos sorprendidos, otros esbozaban sonrisas irónicas, pensando que hasta ahí había llegado la sorpresa. La tortuga parecía estar inutilizada por fin al haber sido sujetada con la cadena, los otros dos androides se lanzaron hacia él.

Pero el chico tiró de la cadena y con ella al androide, usándolo de escudo cuando el que traía el cuchillo se lanzó en su contra, logrando que este apuñalara a la máquina y no al muchacho; Leo empujó el "escudo" hacia su atacante, dejando el campo libre para el androide de la maza al cual le cortó la cabeza con la espada para luego atravesar a los otros dos que yacían en el piso con la misma.

Agitado, cansado, dejó la espada en el piso e hizo una reverencia a los vigilantes.

-Gracias por su atención.- Y dando media vuelta se alejó dejando a los hombres boquiabiertos.

Al volver al penthouse y después de darse una ducha, el chico se quedó en la sala.

Sabía que Haymitch querría verlos después de la sesión, es más, tendrían que esperar juntos los resultados que transmitirían esa misma noche. Aburrido y sin tener por el momento nada qué hacer, repasaba un nudo aprendido en la estación de trampas; el maestro les había tomado cariño a él y a Usagi, porqué eran los únicos que habían asistido a su clase y eran muy atentos, por lo tanto les había enseñado un nudo sencillo, rápido de hacer y que solía ser muy fuerte si lo sabías hacer bien; al chico le había parecido sencillo y entretenido; pensando que podía ser útil, se encontraba en el sofá, con los pies recogidos (cosa que si Effie lo hubiera visto le habría hecho bajarlos de ahí), con un largo ovillo de hilo haciendo una larga líneas de nudos.

-¿Qué haces? ¿Acaso estás tejiendo?-

Leonardo se giró al escuchar aquella voz, encontrándose con Cinna; el estilista, sonriendo, dio la vuelta al sofá para sentarse a su lado.

-Hola, no te oí llegar.-

-Estabas muy concentrado, ¿Qué estás haciendo? ¿Coses?-

-No, ni coser ni tejer, no sé hacer nada de eso, solo practicaba un nudo.-

-Eres muy dedicado, ¿Y ya lo aprendiste bien?-

-Mmm... Creo que sí...- El chico miraba los nudos juzgando su propio trabajo.

-¿Puedo ayudar?-

-Necesito probar su resistencia... pero no sé de qué manera... necesito algo que atar...-

Cinna miró a su alrededor, al no encontrar nada ofreció sus manos a Leo, quien algo apenado, terminó por aceptar el ofrecimiento y comenzó a pasar el hilo alrededor de las muñecas del muchacho.

-Gracias... de hecho, no te he agradecido aun por todo, Cinna.-

-¿A qué te refieres?-

-Tú sabes, el traje, tus consejos... lo de las caballerizas.-

El estilista esbozó una media sonrisa.

-No tienes nada que agradecer, además de que el traje es mi trabajo, lo hago con gusto, en cuanto a los consejos y eso... ya te lo dije, pedí específicamente ser tu estilista porque quiero ayudarte.- El chico amplió aún más su sonrisa.

-Gracias.- Insistió Leo, terminando de hacer aquel nudo alrededor de las manos de Cinna.

-Si no te importa... hay algo que quería preguntarte.- Dijo el estilista; Leo lo miró intrigado.- Es obvio que no querías escapar de ahí, eso me queda muy claro, y también es obvio que no te quedaste "maravillado" con las calles del Capitolio como le hicimos creer a Effie, así que... ¿Qué fue aquello que te hizo querer regresar a la calle?-

Leo guardó silencio, apoyó sus brazos sobre sus rodillas y bajó la mirada, Cinna se preocupó.

-Lo siento, ¿Pregunté algo que no debía?-

-No, no, para nada...-Esbozó una breve y triste sonrisa.- Creí ver entre el público a... a mi hermano.-

-¿A Miguel Ángel?- Preguntó extrañado el estilista; Leo lo miró también con extrañeza por el hecho de que recordara el nombre de su hermanito.

-No... A otro.-

-¿Donatello?-

Leo le miró de nuevo.

-¿Cómo sabes sus nombres?-

-Muy simple, a Miguel Ángel por la cosecha y a Donatello porque Haymitch me lo contó...-

-¿Le preguntaste a Haymitch?- El chico estaba aún más sorprendido.

-Bueno, quería saber más de ti... después de todo, es bueno conocer más sobre la persona con la que trabajas.- Le sonrió.

-Oh, entiendo.-Leo correspondió con una breve sonrisa.

-Bueno, si no viste a Miguel Ángel o a Donatello...-

Leonardo suspiró.

-¿Haymitch te contó sobre todos mis hermanos?-

-Sí.- Admitió el estilista con serenidad.

Leonardo se quedó en silencio.

-¿Viste a Rafael?-

El chico asintió.

-Creí verlo... entre la multitud; ¡pero eso es imposible!, ¿no es así? ¡No es posible que alguien que ya no está contigo regrese de esa forma!- El chico tenía una expresión muy triste y los ojos le brillaban por las lágrimas que se negaba a dejar salir.- Quizá solo fue una alucinación mía... ¡sin embargo, fue tan real... y yo, yo... tenía que comprobarlo, tenía que saber si era verdad o era idea mía... por eso, por eso quería regresar y...!- No pudo seguir; hundió el rostro entre sus brazos.-Lo extraño mucho, Cinna...- Murmuró con voz ahogada.- lo extraño tanto y a veces no dejo de pensar, si acaso yo... si tan solo yo hubiera...-

Cinna le tomó del hombro con suavidad.

-Está bien, es obvio que extrañes a tu familia, y a él con mayor razón...- Suspiró.-... pero es hora de que te perdones.-

El chico asomó un poco el rostro.

-Leo, tengo poco de conocerte, pero siento que lo hago de toda la vida y por lo tanto te entiendo; Amas a tus hermanos con todo tu corazón, eres capaz de darlo todo por ellos, esta es la prueba.- Añadió con una media sonrisa.- por lo tanto aun no te perdonas por lo que le ocurrió, por no haber podido hacer por Rafael lo que has hecho por Miguel Ángel, pero estoy seguro de que intentaste salvarlo, de evitar que sufriera todo lo que sufrió y sé que sientes que el haberlo perdido ha sido culpa tuya, pero no es así, sabes perfectamente que no es así, que si hubiera estado en tu poder, habrías tomado su lugar.-Dijo con tristeza.

-Debí salvarlo... Cinna...-

-Él no debió morir, pero no estaba en tus manos, Leo, hiciste todo lo que pudiste, eso no lo dudes nunca.-

El chico comenzó a llorar, cubriéndose el rostro con ambas manos.

- Siempre has estado al pendiente de tus hermanos, cuidándolos y dando todo por ellos, siendo fuerte por ellos, pero es obvio que ellos te aman de la misma manera, eres afortunado-le sonrió nuevamente.- siempre has sido el protector, pero quizá, tu hermano sea el que ahora ha decidido cuidar de ti, ¿no lo crees?-

Leo no pudo responder; Cinna lo acercó a él, haciendo reposar la cabeza del chico en su hombro.

-Ya, tranquilo, todo está bien... todo estará bien; además, mírate, tienes todo para salir airoso de esta prueba y volver a tu hogar a lado de tus hermanitos; eres inteligente, tienes carisma, la gente te adora... con justa razón, y... si hiciste en la sesión privada con los vigilantes este mismo nudo.- Mostró sus manos atadas.- Entonces te puedo asegurar que tendrás la mejor calificación de todas porque realmente nadie puede soltarse de esto.- Dijo, riendo y provocando que el niño riera también.

-Lo siento, ahora te lo quito... si es que consigo deshacerlo.- añadió, riendo aún más mientras luchaba por deshacer el nudo de las manos del estilista.

Haymitch entró junto con Belle en ese momento; al ver a los dos chicos y lo que hacían, arqueó una ceja.

-Por favor, para eso hay habitaciones.- Y siguió su camino dejando al chico y al estilista muy contrariados.

La noche llegó y todo el equipo del distrito doce se reunió en la sala del penthouse para ver la transmisión de las calificaciones.

Estas se otorgaban del cero al doce y se anunciaban en el orden del distrito, primero la del chico y luego la de la chica. Ace, el león del distrito uno, había recibido la máxima puntuación; Leo no se sorprendió al verlo, de hecho hasta lo esperaba; le había visto hacer exhibiciones de fuerza durante los entrenamientos comunitarios y conociéndolo habría optado también por el nivel más alto de la prueba; seguro los androides no fueron rivales para sus afiladas garras.

Después de varios tributos apareció la calificación de Usagi, el chico conejo había obtenido un once, lo cual dejó a todos muy sorprendidos, excepto a Leo que también lo imaginaba; el niño sonreía feliz al ver que a su amigo le había ido tan bien y esperaba que eso repercutiera de manera beneficiosa al momento de conseguir sus propios patrocinadores.

Y por fin, llegó la calificación del distrito doce; todos esperaban ansiosamente el anuncio de Caesar Flickerman, quien, de manera parsimoniosa mencionaba primero el nombre "Leonardo Hamato..."

-... del distrito doce.- Continuaba el presentador, la imagen de Leo, como había pasado con los tributos anteriores, apareció en la pantalla.- Obtuvo... ¡doce puntos!- Exclamaba el hombre muy emocionado.

Leo se quedó pasmado, ¿Era verdad lo que estaba viendo? A su alrededor los demás gritaban felices, jamás habrían imaginado semejante calificación; Haymitch había golpeado el aire con su puño, Effie aplaudía emocionada, mirando al muchacho y mirando a la pantalla alternadamente; Portia le felicitaba al tiempo que le sonreía y Cinna le tomó de la cintura, dándole una vuelta en el aire.

-Belle Thompkins, distrito doce.- Siguió Flickerman; Portia pidió silencio para poder escuchar.- obtuvo un... tres.-

Todos guardaron silencio y miraron a la chica sin saber qué decir; Belle se levantó de su asiento y se alejó de la sala a toda velocidad.

-¿Un doce?- El presidente Saki, en su oficina, revisaba algunos papeles mientras Seneca Crane, el vigilante en jefe, se hallaba sentado frente a él.

-Se lo ganó, realmente lo merecía.- Replicó con una sonrisa.- Si lo hubiera visto...-

-No sé qué estrategia estás llevando este año, Crane, pero me parece muy excesiva esa calificación para alguien de un distrito tan... mediocre.-

-Eso es lo relevante del caso, Señor, para venir de un distrito tan pobre y desolado, lo que hizo ese chico fue realmente extraordinario.-

El presidente frunció el ceño con extrañeza sin dejar de mirar a su jefe de vigilantes; dejó los papeles sobre el escritorio y apoyó el mentón en una de sus manos.

-De acuerdo, si quieres jugar a alentar al distrito doce, no me opongo; dales un poco de esperanza, eso no nos hace daño, lo siento más por ellos cuando vean a su muchacho ser de los primeros en morir, pero por lo menos por ahora que gocen la idea de tener un "héroe", para variar.-

-No lo sé, Señor, quizá el muchacho no muera tan pronto, es más...-

-¿Qué?-

-Es más... tal vez hasta podría ganar los juegos.-

El presidente miró al vigilante con verdadera duda, pero también con algo de molestia; más no con él, no, era algo que no lograba ubicar; había algo en aquella extraña calificación y en el tributo que la había obtenido, algo que le hacía sentir incómodo, como algo que le llamara desde el pasado.

Sin embargo aún no lograba entender que era.