¡Hola! Muchas gracias a todos los que leen esta historia, a los que dejan review y a los que no también! :D

: A mí también me encanta Haymitch! XD su relación es algo similar, pero no pretendo hacerla igual, a ver que sale en el resto de la historia ;)

I love kitten too: No, el que reciba la puntuación más alta significa para el público que es un tributo por el que vale la pena apostar o patrocinar, al contrario, las calificaciones bajas significa que el tributo es fácil de matar :D

Dragonazabache: Sorry, es que Belle no es guerrera, no está en forma y es muy tímida, eso se reflejó en su sesión y por eso le dieron esa calificación ojalá te guste este cap y te aclare esas dudas :D Por cierto, haoyoh está trabajando su próximo cap no creo que tarde en subirlo ;)

Invasor'sQueen: XDDD Me alegra que ese par te hagan reír, Jeje… lo sé, Belle es algo desesperante, tiene sus razones creo yo, pero aun así cualquiera querría ahorcarla, y sí, yo también pagaría por leo en los juegos, por lo menos sé que mi dinero iría a buen camino XDD Ojalá te guste este cap :D

Nekos Dream: No te apures, los libros los puedes hallar en pdf en el foro de "purple rose" ahí los puedes descargar ;) Gracias por lo que me dices y por tu consejo, creo que sí lo entendí y trataré de aplicarlo, por cierto, si buscas fics en español muy buenos, te recomiendo muchísimo el de mi beta haoyoh asakura, se llama el verdadero enemigo y es buenísimo! Échale un ojo, vas a ver que te va a encantar, solo que aguas, no es apto para cardiacos; besos y gracias de nuevo ;)

Disclaimer: los juegos del hambre y teenage mutant ninja turtles, personajes y situaciones no me pertenecen a mí sino a sus respectivos autores, suzanne collins, peter laird y kevin eastman.

Gracias a mi beta haoyoh asakura, sin su ayuda este fic no sería posible.

Capítulo VI

La posterior cena al anuncio de las calificaciones osciló entre la alegría y la aflicción, pues si bien todos se hallaban felices por el resultado de Leo, el de Belle era realmente preocupante.

Haymitch sabía que aquello le dificultaría aún más el conseguirle un patrocinador a la joven y que, esa calificación, aunada a lo ocurrido con Ace el otro día, había dejado bien claro que ella era un objetivo fácil; esperaba lograr un "plan de contingencia" para el día de las entrevistas, razón por la cual Portia tuvo que quedarse después de cenar, pues ella era vital en dicho plan, había que darle un "look" que la volviera atractiva y respetable, y Haymitch quería tenerlo todo listo lo más pronto posible; Cinna por su parte, siendo que ya tenía preparado lo que Leo usaría esa noche y dado que no tenía una emergencia que resolver como su compañera, se quedó otro rato charlando con el chico, hasta que Portia salió de su conferencia con el mentor.

Tras despedirse de ellos, Leo se fue a la terraza; la noche era fresca y no sentía ganas de estar en su habitación, por lo que pasar un rato en aquel lugar le pareció una buena opción. Se quedó pensativo, dando vueltas a lo dicho por Cinna. Era verdad que al dolor de haber perdido a su hermano se unía el sentimiento de culpa por no haberlo salvado. Desde aquel fatídico día no paraba de pensar en qué pudo haber hecho para evitar aquella tragedia y la verdad nunca llegaba a nada que no fuera solo torturarse y sentirse peor, extrañarlo más y desear que nada hubiese pasado, ni su muerte, ni la cosecha, simplemente estar los cuatro juntos en aquella pequeña casa de la veta.

Escuchó unos pasos que se acercaban a la terraza y se incorporó un poco; creía que se trataría de Haymitch, pero se sorprendió al encontrarse con Belle.

-Lo siento... no creí que estuvieras aquí.- La chica parecía muy apenada.

-Está bien... ya me iba.-

-No, no, está bien, tú llegaste primero.-

Ambos guardaron silencio.

-Perdón, aún no te he dado las gracias.- Dijo la chica, con la mirada baja.

-¿Qué?-

-Agradecerte.- Repitió.- por lo que hiciste por mí el otro día con Ace... el defenderme.-

Leo, recordando de repente, negó con la cabeza.

-No tienes porqué, somos compañeros... debemos cuidarnos entre nosotros.-

Belle le miró no muy convencida; después de todo aquello no podría aplicarse siempre, y menos cuando estuvieran dentro de la arena. La chica tomó asiento en la silla libre.

-¿Sabes? Debo admitir que nunca entendí a Miguel Ángel, hasta ahora...- Dijo la joven mirando sus manos, las cuales, tenía entrelazadas.

-¿A qué te refieres?-

-En la escuela... él siempre se veía tan alegre y era tan bromista...-

Leo recordó lo dicho por Mickey el día de la cosecha; había reconocido a Belle como su compañera de grupo; sonrió al escuchar aquella descripción sobre su hermanito.

-Cuando lo escuchaba reír de esa forma y le veía siempre tan sonriente... no lo entendía, no comprendía como alguien como él podía ser tan feliz, viviendo en la veta, siendo un muto, con todo en contra, ¿Cómo era posible que tuviera todavía razones para sonreír?-La joven esbozó una media sonrisa.- Pero comencé a comprenderlo el día de la cosecha, cuando tú y tu otro hermano salieron tras él de esa forma y luego cuando tú te ofreciste para tomar su lugar... y viendo todo lo que haces, tus esfuerzos para... para ganar, por ellos... Es obvio que alguien sea tan feliz cuando tiene a tantos que le quieren.-

El chico sonrió. Algo indeciso, se animó a preguntar.

-¿Tienes... tienes hermanos, Belle?-

-Sí, una hermana menor y otra mayor.-Sonrió tristemente.- Sabes, en casa las cosas son tan... difíciles; mi padre trabaja en la mina, mamá es costurera por lo tanto, por ese lado no estamos tan mal; a veces hemos debido tomar teselas, pero muy ocasionalmente, nada de cada mes, solo cuando el trabajo escasea; prácticamente no somos tan "pobres"; sin embargo ellos discuten todo el tiempo y mis hermanas y yo no somos muy unidas y... no lo entiendo; tal vez no tenemos los problemas económicos que otros tienen, pero aun así no somos felices, no soy como Miguel Ángel, no tuve a alguien corriendo detrás de mí, ofreciendo dar su vida por la mía.-

-Belle...-

-Y aquí solo soy una decepción... pero supongo que no se puede esperar más de alguien con una vida decepcionante, ¿no lo crees?-La chica sollozó.- Olvídalo, quizá lo mejor que me puede pasar es acabar en la arena...-

-No puedes pensar así, tienes que luchar, Belle.-

-Por favor, ¿Luchar? ¿Yo? ¡Ya me has visto! Además, Haymitch dice que todos me ven como un blanco fácil y tiene razón.-

-Pero aun puedes hacer algo, es cuestión de que te propongas hacerlo; haz recibido instrucción, tal vez sea poca, pero si te concentras en tomar lo más básico de aquellas lecciones aun puedes defenderte.-

La joven lo miró; Leonardo continuó tratando de animarla.

-Además, ¿Quién sabe? Tal vez puedas ganar sin enfrentar a nadie, solo tratando de mantenerte a salvo y oculta; y si encuentras a alguien deja que se confíen, que piensen que eres fácil, podrías usar la misma estrategia que usó Johana Mason, ¿No lo crees?- La referencia era por la chica del distrito siete que había ganado los juegos algunos años atrás; les había hecho creer a todos que era una llorona cobarde, pero en cuanto estos bajaron la guardia demostró ser una asesina cruel e implacable.

-No creo que eso funcione dos veces.- La chica sonrió un poco.

-Podría ser que sí, ya te creen un blanco fácil, ¿qué puedes perder por intentar?-

Belle rió un poco más.

-Gracias Leonardo... No puedo creer que a pesar de que deseas ganar más que nada, aún me des consejos de supervivencia; insisto, tus hermanos son muy afortunados.-

-Gracias.- Leo sonrió. No sabía qué ocurriría estando dentro de la arena, no sabía siquiera si aquello le podría jugar en contra, pero aun así no era capaz de sabotearla en su beneficio; la chica necesitaba ayuda, aparte de la que Haymitch pudiera brindarle (y sabía perfectamente que el humano no era de los que motivaban a la gente con palabras), y si él podía por lo menos, ayudarla un poco en ese sentido, no perdía nada con apoyarla.

Por fin, el día de las entrevistas había llegado. Cinna, Portia y los respectivos equipos de preparación habían llegado desde temprano para preparar a los chicos.

Tras sumergir a Leo en una tina llena de una sustancia cremosa y rosácea, le hicieron darse un baño y luego pasaron a arreglarle las uñas y la piel; Venia volvió a hacerle un tatuaje facial, dibujando unas llamas tenues y rojizas que partían de sus ojos hacia los lados de la parte superior de su cabeza, dando a su mirada un aspecto interesante y a veces fiero, según el ángulo desde el que se viera su rostro.

Al final, Cinna le hizo usar una camisa roja de seda y un traje sastre color negro en cuyos puños había un decorado de llamas que brillaban cambiando su intensidad según el movimiento y que parecían subir por los brazos del chico, tras ponerle unos zapatos de piel negra, el muchacho estaba listo para arrasar con todo Panem.

Fueron trasladados al estudio de televisión; afuera de las instalaciones ya se hallaba toda una horda de gente esperando por su llegada. Leo y Belle comenzaron a sentirse nerviosos.

Al entrar se encontraron con el resto de los tributos, los cuales aún recibían los últimos retoques por parte de sus respectivos equipos. Leo vio a Usagi y le saludó desde su lugar; el conejo, sonriendo, le correspondió agitando la mano para luego hacerle una señal de "pulgares arriba" refiriéndose al look de la tortuga; Leo correspondió de la misma manera, pues si bien el traje de su amigo no era como el que Cinna le había hecho (el conejo llevaba una camisa verde con un traje sastre color café, obvia referencia a los árboles), al menos el chico lucía maravillosamente.

Se le dio la entrada al público, el cual comenzó a acomodarse en los asientos del auditorio.

Rafael y Casey, que habían estado ocupando un apartamento vacío en un barrio bajo durante su estancia en el Capitolio, se introdujeron entre la multitud, ataviados con otras ropas conseguidas en una tienda de segunda mano, pero siempre siguiendo la moda actual para pasar desapercibidos. La tortuga quiso colarse tras bastidores, pero los agentes de la paz encargados de cuidar el evento se lo impidieron. Casey tuvo que llevarse al chico con discreción para no llamar mucho la atención de aquellas personas y lo instó a ocupar un lugar entre las butacas, en espera a que terminaran las entrevistas y tratar de interceptar a Haymitch a la salida del evento. A regañadientes, la tortuga aceptó a hacerlo.

-Créeme, será mejor esperar aquí hasta tener la oportunidad perfecta, además, imagino que te gustaría ver la entrevista a tu hermano, ¿no?-

-Sí... supongo que sí.-

-¡Aun no entiendo que fue lo que hizo para obtener esa calificación!- Dijo Casey, con admiración.-Según he oído muy pocos logran una cifra como esa, y menos alguien de un distrito como el doce.-

-No me dices nada nuevo, Casey, ¿olvidas que yo he visto estas cosas toda mi vida?-

-Tú sabes lo que hizo ahí dentro, ¿verdad?-

Rafael esbozó una sonrisa malévola que solo picó más la curiosidad del muchacho.

-¡Anda, dime! ¿Qué hizo?-

-No te lo diré, a menos que me ruegues.- La tortuga cruzó las piernas cómodamente mientras apoyaba la cabeza en una de sus manos, riendo con cierta malicia. Imaginaba lo que Leo pudo haber mostrado ante los vigilantes, y no le extrañaba en lo absoluto la calificación obtenida, al contrario, lo raro hubiera sido que tuviese una menor.

El auditorio se llenó y pronto, el equipo de producción comenzó con las últimas llamadas; tras una señal final, las luces del estudio y de las cámaras se encendieron.

La música inició; en el escenario, sentado dando la espalda al auditorio, se encontraba Caesar Flickerman, con un brillante traje color azul rey y su cabello a juego, mientras en las pantallas que se hallaban al fondo del escenario aparecían imágenes suyas en distintas poses. El hombre dio vuelta a la silla, dando la cara por fin a la gente mientras esbozaba una enorme sonrisa y el público le aplaudía con euforia. Rafael dio un suspiro de fastidio.

-¡Buenas noches, Panem! ¿Listos para la ronda de entrevistas? ¡Hoy verán aquí a todos los tributos que ustedes conocen y aman! ¡Así qué, comencemos!-

La gente se deshacía en aplausos y gritos, Casey aplaudía por inercia y por pasar desapercibido, mientras que Rafa, nervioso, miraba hacia el extremo izquierdo del escenario, pues en el extremo derecho había una gran plataforma con veinticuatro asientos, que era donde los tributos permanecerían durante todo el show, por lo tanto, del lado izquierdo sería dónde vería aparecer a su hermano.

Tras la presentación de Flickerman, comenzaron a salir cada uno de los chicos, ataviados con sus mejores galas y dirigiéndose a la plataforma; iban por orden de distrito por lo que el primero en salir fue Ace, seguido por su compañera, Sasha, una chica humana de dieciséis años; todos iban tomando asiento conforme salían; al final salió Leonardo seguido de Belle, tomando los dos últimos asientos en la parte superior de la plataforma.

Rafael miró a su hermano y sonrió... ¡Si tan solo pudiera ponerse de pie y llamar su atención, decirle que estaba ahí!

Las entrevistas dieron inicio; Caesar comenzó a invitarlos por orden al escenario; el tributo en cuestión ocupaba una silla a lado del presentador y contaba con tres minutos para ser entrevistado; poco a poco fueron pasando, cada uno esforzándose por captar la atención de la gente, de ganar su simpatía o despertar su interés de un modo u otro; Ace hizo gala de su fiereza y Usagi de su simpatía.

-Bien, muchas gracias, ¡Crissa, del distrito once, damas y caballeros!- Flickerman despedía así a una chica humana que, enfundada en un vaporoso vestido color salmón, saludaba alegremente con la mano a la concurrencia.- Ahora, alguien que sé que muchos de ustedes han estado esperando, ¿no es así? Ustedes lo conocen como "El Chico en Llamas" y nosotros lo conocemos como el encantador ¡Leonardo Hamato!-

En cuanto mencionaron su nombre, gran parte del público se volvió loco; Casey, aplaudiendo emocionado, miró a Rafa, esbozando una gran sonrisa; en el rostro de la tortuga se podía ver los nervios y la emoción entremezcladas, más la lucha consigo mismo para no ponerse de pie y salir corriendo hacia el escenario a abrazar a su hermano.

Leo por su parte estaba muy nervioso desde el inicio del show y el escuchar aquella presentación y su correspondiente ovación por parte de la gente no ayudaba a atenuar aquella sensación; además a eso debía sumarle el desagrado que sentía por la gente del Capitolio, que podían alabarlos ahora y sin embargo tenían la esperanza de verlos matarse al día siguiente; la cabeza casi le daba vueltas y el estómago le presentaba un vacío desde hacía varias horas.

Sin embargo se puso de pie, haciendo acopio de todo el valor que poseía. Repasó la estrategia que había acordado con Cinna; el estilista le había aconsejado que se mostrara tal y como era, a la vez de que podía apoyarse con algunos cuantos trucos si le hacía falta, como por ejemplo, si se sentía incómodo en el escenario y no sabía cómo hacer para hablar a la gente, podía mirarlo a él y hacer de cuenta que le hablaba como si estuvieran charlando a solas; a eso, Leo añadió el recordar el encanto natural de su pequeño hermanito, Miguel Ángel; apoyado en eso, esbozó una encantadora sonrisa que consiguió que algunas chicas entre la concurrencia, entre mutos y humanas, gritaran de emoción.

Leo llegó hasta donde se hallaba Caesar, ambos se saludaron estrechando las manos y el presentador le invitó a tomar asiento junto a él.

-Bienvenido, Leonardo, ¡Vaya! Sí que has estado rompiendo corazones desde que llegaste al Capitolio, ¿Qué se siente?-

-¿En verdad?- dijo el chico con voz incrédula y apenas audible, pues aún se sentía muy tenso y aquella pregunta inesperada le había descolocado tomándole por sorpresa.

Caesar rió alegremente, a lo igual que la concurrencia.

-Anda, sí, hazte el inocente muchacho, como si no te dieras cuenta, ¿Acaso no lo has notado? Tu entrada en el desfile de las carrozas… debo decir que me dejó sin aliento y que a mucha gente también, ¿verdad?-

Caesar se giró hacia el público, el cual asentía entre aplausos mientras que algunas chicas gritaban palabras que a Leo, por los nervios le parecían ininteligibles; Rafael que sí podía entender los constantes "Leo, te amo" que provenían de aquellas jovencitas alocadas, las miraba como si fueran alguna especie de bichos muy raros, mientras que Casey luchaba por contener la risa ante la expresión en el rostro de su amigo.

-De hecho.- continuó el anfitrión.- Haz causado tanto revuelo que hasta tienes un club de fans, ¿no es así, señoritas?-

El grupo de chicas que Rafa había visto, aumentó su gritería y los aplausos; fue cuando Leo notó que todas ellas vestían de negro y traían la piel pigmentada de verde, casi de su mismo tono, a la vez se habían hecho una copia más o menos acertada del tatuaje que Venia le había hecho en el rostro aquel día.

-¿Y bien? ¿Qué tienes que decir ante todo esto, jovencito?- Preguntaba Caesar con tono pícaro mientras le daba un suave golpecito con el codo.

-No sé qué decir…-Y la verdad, Leo se hallaba sin palabras.- Solo puedo decir, que me siento muy halagado; muchas gracias.- Juntando las manos frente a él les hizo una pequeña y muy respetuosa reverencia; aquello solo provocó que los gritos de las chicas ensordecieran a casi toda la audiencia.

-¿Lo ven? ¿Ya ven porqué lo aman?- Insistía Flickerman entre risas.- Dime Leonardo, ¿no sentiste miedo al ir en ese carro envuelto en llamas?-

Leo negó con la cabeza, con la expresión más encantadora de que pudo disponer, de más está decir sobre la nueva oleada de chillidos que arrancó a sus fans.

-No, en lo absoluto… el fuego me gusta.- Dijo, sonriendo de manera natural. Miró a Cinna de reojo, este le hizo una indicación con la cabeza.- De hecho…- El chico suspiró.- aún traigo las llamas conmigo.-

-¡¿En verdad?! ¿Podrías mostrarnos? ¿Verdad, amigos? ¡Que nos muestre!-

Leo se puso de pie y siguiendo las indicaciones de Cinna, comenzó a girar suavemente en su lugar; el traje de repente empezó a arder, envolviéndolo en llamas, dándole un aspecto sobrenatural e impresionante, como una criatura mística que se había dignado a pasar unos minutos entre aquellos indignos mortales.

El público rugía emocionado; las chicas verdes gritaban hasta quedarse afónicas; Ace miraba a la tortuga con ganas de devorarla a las brasas, y Casey le miraba impactado.

Rafael se hallaba perplejo; su hermano realmente parecía salido de otro mundo, uno muy distante e inalcanzable y no solo por el hecho de hallarse recluido como un tributo, sino que ese aspecto, aunado a su personalidad dulce y amable, pero de mirada fiera y decidida, hacían un contraste increíble que atraía hasta al más reacio a verle.

Leo dejó de girar, sintiéndose levemente mareado, pero sin dar muestras de ello; su traje aparecía intacto de nuevo, brillante y elegante como si nada hubiera pasado. Caesar le tomó de la mano y lo guió de nuevo a la silla.

-¡Maravilloso! ¡¿No les pareció grandioso?!- Decía a la concurrencia quien aún no paraba de gritar.- Leonardo, eso fue muy especial, muchas gracias por hacerlo.-

-De nada.- El chico hizo una ligera inclinación.

-Se entiende porqué te has posicionado como uno de los favoritos, además de que tus calificaciones te han colocado como los primeros de la lista, ¿Podrías decirme qué fue lo que hiciste frente a los vigilantes para que te dieran esa puntuación?-

-No, no puedo, es un secreto.- Replicó el chico con una sonrisa cargada de inocencia. Caesar, pretendía insistirle, pero Leo seguía reacio a responder.

-Ahora, hablemos más de ti, el día de la cosecha, a todos nos conmovió lo que ocurrió en el distrito doce, es decir, lo que hiciste por tus hermanos, porque según sé, tienes más de uno, ¿fueron a despedirse de ti antes de partir?-

-Sí.- Replicó el chico con una mirada triste.

-¿Y, qué les dijiste antes de marcharte? ¿Nos lo puedes compartir?-

El chico asintió con la cabeza, incapaz por el momento de decir alguna palabra; buscó entre la audiencia de nuevo a Cinna, el estilista asintió con la cabeza, como una señal de apoyo a la cual el muchacho podía aferrarse; haciendo de cuenta que solo le hablaba a él, dijo:

-Les prometí que ganaría.-

-Y no dudo que lo hagas, como no dudo que tus hermanos estén muy orgullosos de ti, ¿quieres decirle algo a Miguel Ángel y Donatello, aprovechando que estás aquí y que te están viendo?-

El chico miró a Flickerman con una mezcla de agradecimiento y confusión; sabía que aquello lo hacía el hombre por aumentar el raiting y dar un toque aún más dramático al asunto, pero para Leo, el pensar en dirigirse a sus hermanos, en poder decirles nuevamente algunas palabras, era algo invaluable, pero… ¿acaso debía permitir que el presentador usara sus sentimientos para aderezar su programa?

Buscó nuevamente a Cinna, como en busca de un consejo; el estilista le miraba fijamente y movía los labios, diciendo "aprovecha la oportunidad".

El chico miró a la cámara, luchando por no deshacerse, respiró hondo y dijo:

-Mickey, Donny… Rafa…-

Rafael levantó la mirada al escuchar que también se dirigía a él; sintió un nudo en la garganta y su ojo comenzó a brillar por las lágrimas.

-Los amo, estaré bien, no se preocupen.-

-Hermoso, Leonardo, eso ha sido muy hermoso, muchas gracias por todo… Damas y caballeros, Leonardo Hamato, ¡El chico en llamas!-

Caesar se levantó del asiento junto con Leo, quien hizo una pequeña reverencia a la audiencia, luego se despidió del presentador y volvió a su asiento mientras el público aplaudía con fervor.

Posteriormente, Caesar llamó a Belle, la joven iba ataviada de manera elegante, dando un aspecto interesante y distinguido. El presentador comenzó a entrevistarla y la joven se esforzó por destacarse lo más posible.

Sin embargo, ni Leonardo ni Rafael le prestaron la más mínima atención. El primero miraba de vez en vez a las cámaras que enfocaban a Flickerman y a su compañera, pensando en sus hermanitos, seguro de que habían visto la entrevista y recibido el mensaje, y esperando que confiaran, que no se preocuparan, que tuvieran fe.

Rafael también se hallaba absorto en sus pensamientos, viendo a su hermano desde su lugar con aquella mirada perdida; casi podía adivinar lo que pasaba por su cabeza, y la idea de no poder hacer algo más que estar ahí, observando, le volvía loco; si tan solo él pudiera, si estuviera en sus manos, sacaría a Leonardo de aquel horrible lugar que se había convertido en su jaula de oro y armaría él solito una revolución que tiraría a todo el Capitolio y sus malditos juegos del hambre.

El problema es que no podía hacerlo solo.

Casey le miraba de reojo y le dolía no poder hacer nada por su amigo; imaginaba lo que debía pasarle por la mente, pero no podía hacer nada al respecto; lo único que podía intentar era acercarlo a Haymitch Abernathy lo más posible.

La entrevista a Belle terminó, la joven volvió a su asiento solo para la despedida de Flickerman y el recordatorio de que mañana se iniciarían los juegos; después todos los tributos se pusieron de pie mientras se escuchaba el himno de Panem, al terminar, la transmisión acabó y los chicos desfilaron por donde entraron, listos para volver al centro de entrenamiento.

-Ahora.- Rafa tomó de la mano a Casey y salieron del auditorio a toda velocidad, colándose entre la gente para salir primero. El humano apenas y podía seguirle el paso al mutante, quien se movía con una agilidad de la que nunca le creyó capaz; nadie creería que aquel chico estuvo a punto de morir y que tenía poco de haber sido dado de alta del hospital.

Los autos con los tributos comenzaron a abandonar uno a uno la estación, obviamente, el del distrito doce sería el último; Casey, aprovechando la multitud, guió a Rafael a un hueco que le dio acceso al estacionamiento.

Ahí todavía había una gran fila de elegantes autos negros en espera de salir. Rafa pudo ver el último, que era sin duda el del distrito doce; el corazón le dio un vuelco al pensar en la poca distancia que había entre él y su hermano.

-¡Vamos!- Exclamó la tortuga, jalando a Casey del brazo.

Sin embargo en cuanto comenzaban a escurrirse, unos agentes de la paz les detuvieron, bloqueándoles el camino. Rafael iba a comenzar a discutir, pero Casey le tomó del brazo y lo alejó de los agentes, no servirían de nada si acababan arrestados.

-Ven, tengo una mejor idea.- El chico arrastró a la tortuga a unos cuantos pasos de ahí. Refugiados detrás de un pilar de los tantos que sostenían el techo del estacionamiento, Casey sacó del interior del abrigo que usaba ese día, un papel y un bolígrafo; se los entregó a la tortuga para que escribiera un recado que, a regañadientes, Rafa terminó de garabatear.

Dejando a su amigo oculto tras la columna, Casey se dirigió a la comitiva del distrito doce. Los agentes volvieron a interponerse y él detuvo su paso, pero no se quedó callado.

-¡Oh, por favor! Solo quiero verlos de cerca, por favor, no les haré daño… ¡Leonardo!- Gritó al ver al chico que se acercaba al auto a lado de Cinna. La tortuga volteó al escuchar aquel grito solitario y vio al humano, a quien le dirigió una tímida sonrisa, pues no se le permitía hablar con nadie que no fuera su equipo y mucho menos acercársele. Haymitch le hizo entrar en el auto junto con Belle.

-¡Por lo menos déjeme darles un recado!- Insistía el humano a los agentes que no parecían querer dar su brazo a torcer. Effie, al escuchar el alboroto, se acercó hasta donde estaba el chico.

-Por favor, procuren no tratarlo mal, hay que ser buenos con el público.- Dijo la mujer con un tono alegre.-Hola, jovencito, ¿puedo ayudarte en algo?-

Casey sonrió; no estaba muy seguro de si sería una buena idea, pero al parecer sería la única oportunidad que se le presentaría; temía que la mujer pudiera cometer la indiscreción de leer la nota, pero confiaba en que para ella no significara nada más que un mensaje sin sentido; decidió arriesgarse entonces.

-Hola… escuche, me gustaría, si no fuera molestia, que le diera esto a…-

-¿A Leonardo?- Inquirió Effie con suspicacia.

-No, no… al señor Abernathy.-

Effie arqueó una ceja, extrañada ante la propuesta.

-De acuerdo, querido, se lo daré, quédate tranquilo.-

-Gracias.- Casey esbozó una enorme sonrisa y tras entregarle la nota a la mujer, se alejó corriendo.

Effie entró en el auto y este arrancó; las ventanas tenían vidrios polarizados, por lo que no se podía ver nada al interior. Rafael, desde su pilar, se quedó observando el vehículo en movimiento, luchando con el impulso de correr tras él o saltarle encima.

-¡Listo!-Casey llegó junto a Rafa.- Ella le dará la nota a Abernathy.-

-Gracias, Case.- La tortuga seguía mirando el vehículo alejarse.

Leo, con los brazos cruzados, se hallaba hundido en el sillón escuchando a todos celebrar por lo bien que habían ido las entrevistas; halagando el trabajo de Portia que había conseguido que Belle se destacara un poco más de lo que habían esperado, pero en especial felicitaban a Cinna por su trabajo que había mantenido la reputación del "Chico en Llamas" muy en alto.

-No lo hice solo.- Cinna miró a Leo y le sonrió.- Sin él nada de esto sería posible.-

-¡Es verdad! ¡Nuestra estrella!- Chilló Effie, aplaudiendo con emoción.

El chico quiso sonreír, pero no le fue posible. Cinna, tocó suavemente su hombro y le habló en un susurro.

-Hiciste lo correcto, Leo; sé que no te agrada en lo absoluto seguir este juego, pero míralo de este modo, vas a ganarles en su propio juego.-

El chico sonrió débilmente, agradecido por el apoyo de Cinna.

-Sin embargo.- Siguió Effie sin notar el pequeño dialogo entre el estilista y el chico.- Leo no es nuestra única estrella con un club de fans; por increíble que parezca, el Señor Abernathy aún tiene algunos seguidores.-

Haymitch, con el cuerpo apoyado sobre la pared del auto, miró a la mujer como si por fin las pelucas tan estrafalarias que solía usar le hubiesen apretado mucho la cabeza. Effie, sin perder su aire juguetón, sacó la nota de su bolso.

-Un chico te dejó esto.- Dijo cantarinamente. Portia, Cinna y los equipos de preparación empezaron a reírse y a hacerle bromas; Leo y Belle miraban a su mentor sin poder evitar reír un poco por la situación.

Haymitch, hastiado les miró a todos, tomó de mala gana la nota que Effie le tendía con una sonrisa pícara, y la abrió con aburrimiento.

Pero después de repasar las líneas, sus ojos se abrieron con espanto.

-Haymitch… ¿Está todo bien?-

El hombre levantó la mirada; era Leo el que le hablaba, el chico parecía sinceramente preocupado.

-No, no es nada… olvídenlo.-

-¿Algún viejo amor?- Quiso saber Effie, aun usando su tono pícaro. Haymitch la miró con molestia; después de eso no se volvió a hablar del asunto.

No tardaron en llegar al centro de entrenamiento.

Leonardo y Belle se dirigieron a sus respectivas habitaciones; debían bañarse y luego asistir a la cena, para después acostarse temprano; al día siguiente iniciaban los juegos y debían descansar todo lo que les fuera posible.

Haymitch se dirigió a la terraza, cerró la puerta que la comunicaba con el penthouse al llegar.

Se sentó en una de las bancas de jardín, se hallaba nervioso; no podía creer lo que había visto.

Casi temblando, sacó la nota del bolsillo de su pantalón y volvió a releerla.

"Necesito hablar contigo, estaré mañana en la plaza principal después de que empiecen los juegos.

Porque todos seguimos por la senda del sinsajo".

Era inconfundible…la letra, el lema…

Aquello solo podía venir de Rafael.