¡Hola! Bueno, aquí estamos con otro cap de esta locura. Muchas gracias a los que están siguiéndola, a los que dejan y a los que no dejan review; espero que el capítulo sea de su agrado.
Violeta: Gracias a ti y a Nekos, procuro trabajar eso que me han señalado, me está resultando algo complicado porque la verdad no es que arrastre el error de la autora, ya chequé mis otros fics y es algo que vengo trayendo desde hace un buen… pero procuraré ir puliéndolo lo más posible :D en cuanto a Belle XDDD La verdad ese era mi fin con ese personaje, no es una heroína, no es alguien que cree para ser amada o aceptada, de hecho le tengo un plan específico y necesitaba que fuera así, alguien en cierto modo odioso y exasperante; creo que lo conseguí (créeme, tengo un plan para ella, no te apures ;))XDDD Y claro que procuraré dar un vistazo a los pobres hermanitos durante todo esto. Besos ;)
Dragonazabache: Gracias por tus comentarios, me encanta que me digas eso porque así sé que la historia no va tan pérdida jeje. Creo que esas respuestas las tendrás más en el siguiente cap que en este, pero ahí vienen, don't worry. Por cierto, haoyoh no tarda en actualizar y no te apures, no tengo ningún problema en pasarle los recados, después de todo la tengo a un lado, no me cuesta nada XDDD Besos y cuídate mucho ;)
Invasor'sQueen: Gracias! XDDD la verdad me inspiré en ustedes para ellas, bueno un poquito XDDDD y no te apures, yo estoy en la misma disyuntiva que tú y como la fanautora me cuesta aún más ;_; Sí, Habría sido bueno que Rafa se llevara a Leo, pero los habrían matado ahí mismo… o bueno, quizá solo a Rafa, a Leo lo necesitan ;_; Muchas gracias por lo que me dices y al contrario, gracias tú por dedicarme parte de tu tiempo al leer y dejar tu comentario. Besos :D
Guest: Gracias! Y sí, sé que lo de Leo y las vueltas pudo sonar creepy, pero no podía ponerlo a dar saltos y eso, se supone que tiene que ocultar lo que sabe hacer; haberlo hecho ahí habría sido revelar sus cartas antes del juego y darles la oportunidad a los otros de preparar una estrategia ahora que saben que tiene esa agilidad; además, la cosa era lucir el traje, crear ruido e interesar por la banalidad del glamour televisivo, después de todo, se trata del Capitolio, gente aficionada al lujo que se deja atraer por eso; además, a Leo no le agrada la idea de quedar como un niño tontito (de hecho suspiró antes de hacerlo e iba enfurruñado en el auto, no sé si lo puse bien o se notó) pero no le quedaba de otra, el otro plan es para la arena. Gracias por tu coment y un gran beso.
I love kittens too: De nada, cualquier duda ya sabes ;) gracias! Y de eso se trataba, de ponerlo como un artista enigmático e inalcanzable para levantar más el interés de la gente por él, eso es la estrategia publicitaria, por eso como le decía a guest, no podía hacer piruetas o algo más de ninja porque eso es estrategia para el campo de batalla y delatarla desde antes habría sido fatal. Leo si aprecia a Belle, por lo menos por el hecho de que él siempre se inclina a proteger al débil y belle se halla tan perdida que necesita esa protección en lo más que pueda tenerla. Besos y gracias por todo :D
Iukarey: ¡Muchas gracias! XDDD Bienvenida al club, no hay cuota XDDD! Me alegra que te haya gustado el cap; que bueno que el mensaje de Leo te pareció así (la verdad temí no poder reflejar lo que sentía en ese momento XD) y sí, así se escribe Haymitch ;)Muchas gracias por eso y por todo. Besos :D
SSMinos: Gracias por tu comentario! :D Sí, en cierto modo fue porque la intimidaron, pero también porque no es una guerrera y ahí se juzga que tan bien puede defenderse, por ese lado la pobre sale perdiendo :D Se ponen tensas, sí, pero ya aflojaran; XDD Gracias por lo que dices y sí, la gente del Capitolio es cruel, es como los antiguos romanos, apoyaban a los gladiadores, pero para verlos matarse en el coliseo; Besos y nos estamos viendo ;)
Megumi-Elric-x: Que padre tu Nick! O.O Gracias por lo que me dices, eso me anima mucho a seguir *-* XDDD Creo que ya vamos a formar el club de Leo con tantas que se han apuntado "Las chicas en llamas" eso sonaría bien XDDD Gracias. Besos y nos estamos viendo ;)
Disclaimer: los juegos del hambre y teenage mutant ninja turtles, personajes, situaciones y demás no me pertenecen a mí sino a sus autores, Suzanne Collins, Peter Laird y Kevin Eastman.
Gracias a mi beta Haoyoh Asakura, sin ella este fic no podría seguir :D
Capítulo VII
El sol llegó y con él los juegos.
Leonardo casi no había podido dormir, tenía tantas cosas en que pensar que le fue casi imposible; La angustia que venía apoderándose de él desde que salieran del estudio de televisión se iba acrecentado en su interior hasta formar sobre su pecho un peso invisible que no le dejaba respirar a plenitud; el chico sentía una especie de ahogo, como si sus pulmones se negaran a llenarse del todo de aire por más que intentaba hacerlo.
Había que admitirlo, era la hora en la que todo se decidía y al niño le daba miedo pensar en lo que vendría y en lo que podía pasar; Confiaba en su destreza, en las enseñanzas de su padre y en su propia disciplina que le había convertido en un guerrero fuerte y hábil, pero… ¿y si eso no era suficiente? Los demás tributos ignoraban sus conocimientos, ignoraban todo lo que Splinter le había enseñado, pero, ¿y si ellos tenían también un as bajo la manga? ¿Y si ellos poseían conocimientos de pelea superiores a los suyos y fuesen más hábiles? Después de todo, los profesionales eran criados para eso, era un secreto a voces que en los distritos uno y dos había gimnasios especializados en la formación de tributos y que todos los niños asistían ahí desde muy temprana edad; ¿qué tal si en esos lugares les enseñaban técnicas para parar lo que él sabía hacer? Su padre se los decía mil veces, es bueno confiar en uno mismo, pero era riesgoso confiar demasiado, si se cegaba creyendo que era invencible podría convertirse en un blanco fácil y eso lo asustaba.
¿Qué tal si a pesar de todo, de sus entrenamientos constantes, de su experiencia como cazador, de haber pasado la prueba de los vigilantes de aquella forma tan satisfactoria, era asesinado en el primer día? Existía esa posibilidad, tenía aquella incertidumbre atormentándolo desde hacía horas, ¿Qué se sentiría morir? Recibir un golpe con un arma o ser atravesado por las garras de Ace y no saber más; ¿Qué tanto podría doler?
¿Así se habría sentido Rafael cuando los agentes de la paz lo capturaron junto con sus amigos y los llevaron a la plaza pública? Era obvio que cuando lo arrestaron, Rafael tenía las manos atadas por el temor a lo que le pasaría a sus hermanos si él peleaba, por lo tanto se resignó y se dejó llevar a su ejecución… Leo lloró al pensarlo; si su hermano sintió la misma angustia y el mismo miedo que él estaba sintiendo ahora, debió sufrir mucho; aquella era la angustia del condenado a muerte y era la peor agonía que podía existir. Saber que había llegado tu hora y que no puedas hacer nada al respecto, ver que se aproxima el golpe final y no poder detenerlo por el bien de los tuyos, no poder despedirte de los que amas de frente, decirles tus últimas palabras, darles un último beso antes de partir.
Se incorporó; las manos le temblaban y su respiración aún era pesada. Pensaba en sus hermanos y la angustia era mayor… ¿qué les ocurriría si él moría? Sabía que eran hábiles y podrían cazar si fuera necesario, pero, ¿y si pasaba algo malo? ¿Y si los atrapaban en el acto? Cazar era ilegal y era castigado severamente, por eso Rafael y él habían optado por hacerlo ellos mismos sin dejarles participar, para evitarles cualquier problema si eran capturados; sí, es verdad, sus hermanos no eran tontos y eran más hábiles de lo que él pensaba, pero… ¿y si por alguna causa fuera de su control eran detenidos? O peor aún, ¿si eran elegidos en la siguiente cosecha?
Se llevó las manos a la cabeza, encogió las piernas y ocultó su rostro en el regazo. Debía dejar de torturarse de esa forma, ese no era el momento de dejarse llevar por el pánico, la angustia y los ¿Qué tal si…? No dejaba de sentir el miedo a la muerte, de sentirse como un condenado en vía de la ejecución; pero a diferencia de su hermano a él no se le ataba las manos con la amenaza de que podía pasarle algo a su familia si se defendía, al contrario, era justamente lo que querían, que se defendiera, que luchara por salir de ahí con vida, que diera un gran espectáculo.
Y es ahí donde venía la disyuntiva, ¿sería capaz de matar?
Cuándo estuviera en la arena y tuviese a un tributo frente a él, ¿Sería capaz de matarlo? ¿Tendría la sangre fría para simplemente golpear a alguien con un arma a sabiendas de que con eso le estaría privando de la vida? La simple idea le daba asco, el pensar en matar a un inocente (porque hasta los profesionales, aun con su sed de sangre, podían contarse en ese grupo) le hacía sentir horror y repulsión… ¿cómo podría hacerlo? ¿Cómo evitar que su corazón detuviera su mano a la hora de…?
Se levantó y se dio una ducha; aún seguía temblando ligeramente, pero procuraba mentalizarse, enfocarse en lo que, por ahora, le parecía más importante, salir de ahí vivo para volver con sus hermanos. No sentía hambre por los nervios, pero era mejor llenarse todo lo que pudiera, así que salió a tomar el desayuno, después de todo, no sabía si en la arena tendría la posibilidad de conseguir comida pronto. Belle llegó poco después y parecía más cansada que él, sus ojos se veían rojos como si hubiera pasado la noche entera llorando y parecía más demacrada de lo normal, era como si la joven se hubiese consumido en una noche; daba más pena que en todos los días que llevaban viviendo en el Capitolio.
Haymitch llegó después, parecía más nervioso de lo que Leo hubiera esperado verlo pues sus manos tenían un ligero temblor y las ojeras bajo sus ojos delataban que tampoco había pasado una buena noche; llegó a pensar que quizá aquella extraña nota que recibiera la noche anterior tuviese algo que ver, después de todo, el mentor se venía comportando raro desde que la había leído, pero no se atrevió a preguntarle nada, pues aunque tuviera poco de conocerlo, Leo sabía que Haymitch no era de los que compartían sus problemas con los demás y resultaría en vano en esos momentos involucrarse en un asunto que él no podía ayudar a resolver, además, su cabeza se hallaba aún enfocada en lo que se venía.
Los tres salieron del penthouse y subieron a la azotea del centro de entrenamiento; ahí les esperaba un aerodeslizador. Los demás mentores comenzaban a despedirse de sus respectivos tributos; Haymitch abrazó a Belle, le dio algunos consejos y le deseó suerte, dejándola ir al interior de la nave; luego se giró hacia Leo.
-Escucha…-Empezó el humano, nerviosamente.- Estarás bien, ¿de acuerdo? Tienes todo para ganar, enfócate en eso y no le des tregua a nadie, usa todos tus recursos y estarás bien; ahora, no bajes de la plataforma hasta que termine el conteo, cuando eso pase aléjate de la cornucopia, sé que tienes las habilidades como para salir airoso de ahí, pero no tomes riesgos innecesarios, corre lejos de ella hacia el bosque y estarás bien.-
Leo asintió, no se sentía capaz de hablar.
-Otra cosa…- El mentor se quedó mirando al joven; tentado a decirle lo que aquella nota significaba, la buena noticia sobre su hermano, pero no podía… ¿Cómo arriesgarse? ¿Qué tal si no era verdad y era solo un engaño? ¿Para qué darle una noticia tan impactante justo antes de iniciar la lucha por su vida? Él debía concentrarse en los juegos, no podía distraerse con nada más.-Olvídalo… suerte.- Y le abrazó con fuerza.
-Gracias, Haymitch… gracias por todo.-
Haymitch solo asintió con la cabeza. Liberando al muchacho de su abrazo le dejó ir al aerodeslizador.
Al subir la tortuga se le asignó un lugar casi enfrente de Usagi que también presentaba signos de no haber descansado bien; ambos chicos se sonrieron nerviosamente y se desearon suerte asintiendo con la cabeza y sin mediar palabra. Una mujer ataviada con una bata de médico pasó por cada uno de los chicos, inyectándoles en el brazo un chip rastreador con el que los vigilantes podrían conocer su ubicación una vez dentro de la arena. La nave aterrizó en una base parecida a una fortaleza en donde cada uno fue llevado por una puerta diferente. Leo alcanzó a ver a Usagi que era ingresado por una entrada lejana a aquella por la que debía entrar él.
Escoltado por unos agentes de la paz, Leonardo fue ingresado en una austera habitación gris donde solo había una mesa junto a un panel de control pequeño empotrado en la pared, un sillón grande y en la esquina un tubo de cristal en cuyo interior se hallaba una plataforma redonda. El chico fue dejado solo en ese lugar, cerrándose la puerta tras de él. Nervioso, temblando,sin saber qué ocurriría ahora, Leo se quedó de pie, en medio de aquella sala en la cual no había ni una sola ventana y por lo tanto le era difícil ubicar en donde se encontraba realmente.
La puerta se abrió de nuevo y Cinna entró a través de ella.
-¡Cinna!- Exclamó el chico, feliz de ver una cara amiga. El estilista, que llevaba un paquete en las manos, le sonrió dulcemente y se acercó a él, estrechándolo fuertemente entre sus brazos, sintiéndose renuente a soltarlo.
Sin embargo tuvo que hacerlo y cuando por fin se separaron, le entregó el paquete.
-Toma.- Dijo a media voz.- este no es un diseño mío, es uno estándar realizado para todos los tributos… si lo hubiera hecho yo, lo habría blindado.- El hombre esbozó una semi sonrisa, tratando de parecer animado, pero fallando miserablemente.
-Gracias.-Murmuró Leo, intentando corresponder de la misma forma y fallando de la misma manera; comenzó a desembalar el paquete; dentro venía un pantalón de una tela impermeable color gris claro, una playera negra de tela flexible y un rompe vientos negro con vivos azules, ligero, con capucha y cinturón, también había un par de botas de piel suave que le llegaban un poco más arriba del tobillo, y con suela antiderrapante, lo cual sería muy útil en algún terreno escarpado. El chico comenzó a vestirse bajo la atenta mirada de Cinna; cuando al final se colocó el rompe vientos, El hombre se acercó a él y le prendó el broche que los amigos del quemador le habían obsequiado al muchacho; este miró al estilista con sorpresa.
-Lo dejaste en tu habitación, pensé que te gustaría llevarlo contigo.-
Al chico le extrañó el hecho de que Cinna se paseara por su habitación con aquella libertad, pero no le dio mayor importancia, y solo se limitó a esbozar otra sonrisa nerviosa, la tensión no le daba para más.
-Gracias.- Susurró sinceramente. Lo había olvidado a causa de los nervios y la verdad le habría dolido mucho no llevarlo consigo a la arena; aquello era muy valioso para él pues el broche representaba un pedazo de su distrito, de su hogar; la gente con la que había convivido se lo había enviado y era un recordatorio de lo mucho que le querían. Era como si sus hermanos y sus amigos estuvieran ahí a su lado y eso le hacía sentir menos solo.
-Es un placer.-El hombre le rozó suavemente la mejilla con el dorso de la mano, después guardó silencio unos segundos bajando la mirada brevemente, para volver a posarla en el rostro del chico, esforzándose de nuevo por sonreír .-Será mejor que comas algo antes de que todo empiece, aún faltan algunos minutos.-
Leo quería negarse, no sentía hambre a causa de los nervios y por el sustancioso desayuno que se había obligado a sí mismo a tomar, sin embargo asintió con la cabeza y acompañó a Cinna hasta el sillón; el hombre pulsó unos botones en el panel y del centro de la mesa emergieron algunos cuantos platillos de guisados variados, pan, agua y fruta. Leo tomó algunos trozos de fruta, pues no se consentía a poder comer alguna otra cosa, y comenzó a mordisquearla lentamente; pero el temblor en sus manos parecía no darle tregua y sus nervios eran tales que sentía que no podía pasar bocado.
-Creo que no puedo más…- Aceptó por fin, incapaz de darle otra mordida. Sin querer que aquello se desperdiciara, miró a Cinna y tímidamente le preguntó- ¿Lo quieres?- el estilista le sonrió con ternura, tomó el pedazo de fruta y continuó mordisqueándolo por él.
Se hallaban sentados uno a lado del otro. Leo retorcía sus manos con ansiedad, su pierna derecha temblaba mientras esperaba el momento del lanzamiento; todo lo que le venía persiguiendo desde la noche anterior seguía ahí, exacerbado por el hecho de hallarse en la antesala de la muerte. La respiración aún se le dificultaba y sentía la boca seca. El miedo y la incertidumbre seguían ganando terreno en su corazón mientras un nudo terrible se le formaba en la garganta, y a pesar de que tenía ganas de llorar se esforzaba por evitarlo lo más posible aunque la idea de salir corriendo se le presentaba una y otra vez en la cabeza.
Cinna, buscó con su mano la del chico y al encontrarla la aferró con fuerza a lo que Leonardo correspondió de inmediato. Aquello le hacía sentir mejor. Hasta ahora, Cinna era la única persona del Capitolio que realmente parecía entenderle en aquellas circunstancias, veía la realidad de aquellos juegos y la crueldad de la que los tributos eran objeto; más que buscar honor y gloria con su trabajo, Cinna había buscado la forma de ayudarle, de hacerle inolvidable, de ubicarlo entre los favoritos para que el público no lo abandonara y eso era más de lo que Leo podía pedir; el estilista usaba su talento para mantenerlo con vida, pues era la única forma que él tenía para lograrlo y el chico agradecía profundamente aquella comprensión, cariño y dedicación, aquel apoyo incondicional que iba más allá del deber (pues dudaba que los demás estilistas estuvieran en ese momento con sus tributos), aquel hombre se había convertido en su amigo, uno muy preciado.
Dudando un poco, pero animándose al final, Leo recargó su cabeza contra el hombro de Cinna; el hombre pasó su brazo por los hombros del muchacho y atrajo su cabeza hacia su pecho, abrazándolo de manera protectora.
-Gracias por todo, Cinna.-
-No digas nada.- susurró el hombre, pegando su frente a la del chico.- Vuelve con vida y entonces sí me dices todo lo que quieras.-
-"Tres minutos para el lanzamiento".- Dijo una voz femenina por un altavoz, haciendo que Leo y Cinna comenzaran a separarse un poco. El niño miró al estilista y esbozó una breve sonrisa, Cinna tomó suavemente el mentón del chico, levantando su rostro y depositando un dulce beso en su frente, luego, ambos se pusieron de pie.
Se acercaron a donde se encontraba el largo tubo de cristal y la plataforma. Leo miró aquel espacio con incertidumbre, luego vio a Cinna, quien le esbozaba una sonrisa dulce.
-Estarás bien, sé que puedes lograrlo. Si me estuviera permitido apostar, apostaría por ti.-
-Gracias, Cinna, gracias por todo.- Insistió el chico, por si acaso no lograba volver para decírselo como le pedía.
-Ojalá pudiera hacer más.- El hombre volvió a abrazar al muchacho fuertemente, para luego acompañarlo hasta la plataforma circular; Leo subió a ella, el tubo de cristal bajó ensamblándose con la plataforma y Leo miró de nuevo a Cinna, quien seguía ahí de pie, cerca de él, negándose a irse antes de que el chico lo hiciera.
Rafael y Casey llegaron a la plaza principal desde temprano; aquel era un enorme lugar pavimentado con adoquines grises, rodeado de grandes y elegantes almacenes de paredes blancas con grandes cristales; había jardineras en diversos puntos del lugar en donde, flores y árboles criados en el distrito once servían de ornato para aquellos citadinos que jamás habían pisado un bosque; varios cafés aledaños con pintorescas mesas con sombrillas ubicadas en los exteriores servían los excesivos y elegantes desayunos a los que la gente del Capitolio se hallaba acostumbrada.
Mucha gente se hallaba reunida ahí, tanto en las elegantes bancas cercanas a los frondosos árboles o en las mesitas de los cafés; todos habían tomado buenos lugares para poder ver en la gran pantalla que se hallaba en ese lugar, el inicio de los juegos.
Rafael y Casey habían tomado una banca casi enfrente de la pantalla. La tortuga no le quitaba la mirada de encima a aquel enorme televisor, movía la pierna sin cesar y se retorcía las manos de manera nerviosa; se hallaba ansioso, y más que nada, luchando consigo mismo y sus deseos de destrozarlo todo en afán de desahogar la furia que le carcomía por dentro.
-Tranquilo, todo saldrá bien, ya lo verás.- Intentaba animarlo Casey, pero la tortuga solo emitió un gruñido, sin dejar de mirar de manera fija el televisor.
Cuando el gran reloj que se hallaba en una torre cercana, marcó las diez, la gente se acercó aún más alrededor de la pantalla; esta se tornó oscura; el escudo del Capitolio apareció en el centro y la voz de Claudius Templesmith, el otro presentador de los juegos, se dejó oír.
-Damas y caballeros, ¡Qué empiecen los septuagésimo cuartos juegos del hambre!-
Leonardo miró por última vez a Cinna. La plataforma comenzó a elevarse a través del tubo de cristal llevándolo hacia la superficie. Al emerger, se encontró con un hermoso prado en el bosque, con césped verde y brillante, era una superficie plana rodeada de árboles en cuyo centro se alzaba la cornucopia, una enorme construcción que emulaba aquel cuerno de la abundancia del que hablaban las leyendas antiguas, solo que este estaba hecho de metal dorado, diseñado de tal forma que parecía un entretejido de hilos de oro, como si aquello hubiese sido tejido a mano por algún dios enorme y misterioso. Desperdigado en el prado había mochilas, armas y un sinfín de equipo necesario para la supervivencia en aquel bosque, pero aquellos regalos mejoraban mientras más cercanose se hallaban a la cornucopia, estando lo mejor en el interior de esta, pero para poder conseguirla habría que meterse en el baño de sangre en el que aquello iba a convertirse una vez les dejaran bajar de las plataformas.
En las pantallas de todo Panem la gente podía ver el bello paraje, la enorme y reluciente cornucopia con sus tentadores regalos y los veinticuatro círculos formados a media luna frente a ella. Rafael seguía atento a la transmisión, igual que en el lejano distrito doce, Miguel Ángel, Donatello, Abril y su madre seguían el inicio desde la casa Hamato, pues aunque en la plaza pública había montada una pantalla que se hallaba transmitiendo lo mismo, ellos preferían la intimidad de su hogar, para poder darse ánimos entre ellos, como familia.
En aquellos círculos aparecieron los tributos, cada uno con una expresión distinta en el rostro. Leonardo, quien había respirado profundamente antes de ver la luz, se hallaba decidido a darlo todo y renovando su promesa de luchar por su vida, se encontraba listo para lo que tuviera que hacer... fuera lo que fuera.
Miró los equipos desperdigados y los que se hallaban en la cornucopia; había desde mochilas pequeñas y simples hasta unas más grandes y cargadas de mucho equipo; aquí y allá podían verse armas distintas: hachas, mazos con puntas, cuchillos, cadenas con hojas afiladas; en el interior de la cornucopia había un par de brillantes espadas, largas y de hojas delgadas. Aquello era un botín muy tentador, pero… ¿se atrevería a ir por ellas?
Un holograma apareció sobre la cornucopia, en él aparecía un enorme "60" en números dorados.
El conteo había iniciado.
-"59, 58, 56…"- Se oía contar a la voz de Claudius Templesmith.
Rafa, aferrándose al asiento, se inclinaba hacia la pantalla, nervioso.
Mickey y Donny se tomaron de las manos, angustiados y sin apartar la mirada del televisor, Abril, abrazada a su madre, luchaba consigo misma para forzarse a mirar.
-"…33, 32, 31…"-
El presidente Saki, en un salón de su hogar, miraba la transmisión cómodamente, rodeado de su familia.
Leo recordaba los consejos de Haymitch, correr lejos de la cornucopia, pero… ¿Irse sin nada? ¿Dejar todo ahí? ¿Dejarle esas espadas a Ace para que le fuera más fácil partirlo en dos?
-"…14, 13, 12…"-
No lo haría; era hora de dejar el miedo y las inseguridades atrás; él podía hacerlo, tenía una oportunidad y solo tenía que saber aprovecharla, solo tenía que…
Sonó un estallido y con él varios gritos. Azorado, Leo se giró hacia el lugar de donde provino aquel escándalo y lo que vio lo dejó mudo. El estallido se había dado en el lugar donde se encontraba el tributo del distrito ocho, aquel niño de doce años.
Frente a las plataformas de los tributos había una mina activada que era desactivada en cuanto el conteo terminaba, justamente para evitar que los tributos tomaran ventaja corriendo antes que los otros; al parecer, aquel niño por los nervios, se bajó antes de lo debido activando el aparato y volando en mil pedazos; los gritos eran de aquellos que se hallaban más cerca al momento de la explosión; Belle que se hallaba justo al lado, acabó bañada en sangre y vísceras de aquel muchacho, temblando y gritando fuera de control. Leo estaba impactado, no podía creer lo que veía, sentía que las piernas le temblaban por la carga de adrenalina y el horror de ver todo aquello.
De pronto vio que los demás corrían y volvió en sí; la impresión, el estallido y el sonido del cañón que anunciaba la muerte de un tributo y que sonó justo después de la explosión, no le habían dejado escuchar en cuanto acabó el conteo. Regañándose a sí mismo y superando el horror de lo ocurrido, salió corriendo de la plataforma con dirección a la cornucopia, ¡aun podía ir por esas espadas!
-¡Vamos Leo, tú puedes, vamos, vamos…!- Murmuraba Rafael mordisqueándose los nudillos de la mano derecha sin apartar la vista de la pantalla. Casey también se hallaba absorto, jamás había presenciado unos juegos del hambre y verlo por primera vez lo tenía sin palabras; aquello era una verdadera matanza donde las garras de Ace se destacaban destrozando a varios tributos, mientras que los demás profesionales alcanzaban algunas armas y se unían a la masacre; el verde y brillante césped se encontró regado de sangre.
Leonardo corría a toda velocidad, moviéndose agilmente y evitando las batallas que se desarrollaban a su alrededor, con la vista puesta sobre el paquete con las espada, decidido a alcanzarlas, tomar algo más de equipo y alejarse de la cornucopia, sin embargo, Liberia, una muto de pantera, tributo del distrito dos, saltó hacia él con la intención de derribarlo.
El chico la vio de reojo y reaccionó al instante y con un rápido y grácil movimiento logró quitarse de su camino; la chica cayó en el césped sobre sus pies y manos y luego volvió a lanzarse contra la tortuga, pero este ya la esperaba en una postura de defensa y dio una patada de giro, acertando justamente en la boca del estómago de la chica, sacándole el aire y dejándola en el piso.
Pero antes de que Leo pudiera hacer cualquier movimiento, Dominus, un tributo humano, compañero de Liberia, comenzó a lanzarle cuchillos; Leo, haciendo uso de toda su agilidad y dominio, logró esquivar cada uno los proyectiles que este le lanzaba sin que uno solo llegara a rozarle siquiera; Dominus quedó desarmado, pero no se dio por vencido, se lanzó contra Leonardo para un combate cuerpo a cuerpo, pero la tortuga le recibió con otra patada que lo lanzó lejos de él.
Nuevamente, Leo iba a retomar la carrera, pero vio para su decepción como Ace había llegado al interior de la cornucopia y se hacía de las espadas; El león lo ubicó con la mirada con un gesto que demostraba todo el odio que le profesaba a la tortuga. De pronto, Leonardo sintió que alguien le sujetaba por detrás, levantándolo unos palmos del piso; las manos férreas y llenas de pelo castaño, las garras negras y afiladas, la fuerza de sus brazos y la altura, era obvio para la tortuga quien le había atrapado.
Aquel muto de oso del distrito cuatro al que Leo había notado durante la repetición de la cosecha y que le recordaba a aquel que había intentado cazar hacía tiempo.
Ace, al verlo capturado, se encaminó hacia donde ellos estaban con una gran sonrisa, las ansías asesinas reflejadas en sus ojos y blandiendo las espadas. Danae, ese era el nombre del chico oso, ejerció más presión en el cuerpo de la tortuga con sus manos; era obvio que aquel par tenían una alianza, una en la que parecían participar todos los profesionales.
Asustado, pero no dispuesto a morir, Leo comenzó a agitarse; Ace corrió hacia él pero justo en el momento en que levantaba la espada para asestarle el golpe, la tortuga le dio una gran patada en la cara haciéndolo caer hacia atrás; el impulso del movimiento hecho por Leonardo y la sorpresa de aquella defensa, hizo que Danae aflojara su agarre lo cual la tortuga aprovechó; se giró encarando al oso, pero no duró mucho ahí, pues de un salto apoyó los pies rápidamente en los brazos del oso para luego con otro rápido impulso saltar sobre su cabeza y caer detrás de él.
Era hora de irse de ahí, pero no sin antes tomar algo; Leo alcanzó a tomar una mochila no muy lejos de él (había avanzado lo suficiente en la cornucopia, por lo cual esperaba que hubiese algo bueno en ella) y pasando un brazo por una de las correas de esta, se la echó al hombro; luego se dispuso a correr lejos de aquel lugar.
Sin embargo vio algo que lo hizo detenerse.
Belle se hallaba aun estática sobre la plataforma, con los ojos desorbitadamente abiertos, temblando como una hoja y bañada en la sangre del chico que había estallado. Sasha, la compañera de Ace, acababa de cortar el cuello de la chica del distrito tres cuando vio a Leo y notó luego a Belle. Sonriendo con malicia, la joven comenzó a correr con dirección a la chica gato.
-¡Demonios! ¡Belle!- Gritó Leonardo, cambiando la dirección que había tomado para dirigirse a donde estaba su compañera.
-¡¿Pero qué carajos estás haciendo?!-Rafa, al ver lo que hacía su hermano, se paró de un salto de su asiento y agitando el puño le gritaba a la pantalla; la gente de la plaza se le quedaba mirando, horrorizada.
-Eh… je, je, je, discúlpenlo, es que le apostó mucho dinero, ¿saben? Con eso de que son de la misma especie.- Decía Casey, tratando de alejar a los curiosos.- ¡Rafa, compórtate! ¡No queremos llamar la atención!- le dijo después en un susurro.
La tortuga se quedó de pie, sin hacer caso a su amigo, solo mirando la pantalla con la preocupación reflejada en su rostro y susurrando.
-Por favor… sal de ahí…-
Sasha se acercaba cada vez más a Belle, que seguía paralizada en su lugar, jadeando y con los ojos tan abiertos que parecía que iban a salirse de sus cuencas; cuando la tributo del dos estaba a punto de atravesar a la chica gato con la espada que había conseguido en la cornucopia, Leo alcanzó a llegar a tiempo y quitó a su compañera de la plataforma, tacleándola. Al caer al piso, Belle, azorada, miró a Leonardo; temblando, agitada y sin mediar palabra se levantó y salió corriendo hacia los árboles lo más rápido que le permitieron sus temblorosas piernas.
Sasha comenzó a correr tras ella, pero Leo le barrió la pierna haciéndola caer estrepitosamente al piso. La chica, jadeante, con los dientes apretados y mirándolo con furia se levantó lo más rápido que pudo, al mismo tiempo que la tortuga, y se lanzó contra él, blandiendo la espada mientras este la esquivaba con facilidad; la joven lanzó otro golpe, y Leo al esquivarlo, pisó una parte resbalosa del piso cayendo sobre el césped. La chica sonrió con maligna satisfacción al verlo, indefenso, frente a ella.
Leo la vio acercarse hacia él, sus manos temblorosas tentaban el terreno buscando una roca o algo con que poder defenderse, pronto sintió la rugosa y aspera superficie de una rama, larga, delgada y con escasas hojas, la cual tomó rápidamente; a su mente vinieron las enseñanzas con el bastón bo; el chico se puso de pie y contuvo el siguiente golpe sosteniéndola en alto de forma horizontal con sus dos manos, recibiendo en ella el golpe de la espada de Sasha. Esta retrocedió, levantando el arma de nuevo y arremetió contra la tortuga otra vez, Leo se puso en guardia aun con la rama en las manos, y la chica, gritando de frustración, se lanzó a atacarlo repetidas veces; él, haciendo girar su nueva e improvisada arma, repelía las estocadas con presteza; pero por desgracia, la rama era endeble y tras tantos golpes, Sasha logró partirla por fin por la mitad.
La chica volvió a sonreír de manera triunfal, ahora Leonardo estaría a su merced por fin, pero el chico aún conservaba las partes y cuando Sasha arremetió contra él, Leo, usando las ramas como si fueran espadas, repelió los ataques con limpias y firmes estocadas que lograron desarmar a la chica y hacerla caer de espaldas al piso. Ambos miraron la espada en el piso; ansiosa y desesperada, Sasha se arrastró rápidamente para alcanzarla al mismo tiempo que lo hacía Leo; pero Sasha no pensaba dejarle el arma a la tortuga tan fácilmente, y arrancando un puñado de césped y tierra se la lanzó al muchacho en los ojos, logrando quitarlo del camino y recuperando su arma.
En ese momento se escuchó un rugido. Ace con la nariz chorreando sangre (pues Leonardo se la había roto con la patada), corría hacia donde los dos se encontraban; los ojos del león parecían echar chispas, sus colmillos afilados y sus garras se destacaban de manera amenazante. Leo se talló lo más rápido que pudo; le ardían y tenía la visión borrosa. No podía enfrentar a Ace en ese momento y en esas condiciones; era arriesgado y se hallaba en desventaja, además, Danae, el chico oso, corría detrás del león para apoyarlo. La tortuga se echó las ramas a la espalda, atorándolas en las correas de la mochila mientras corría hacia los árboles, subiendo a uno de ellos de un salto y alejándose del prado de la cornucopia saltando de árbol en árbol, Ace quiso seguirlo, pero otro borbotón de sangre manó de su nariz impidiéndole siquiera tomar impulso.
-¡¿Han visto eso?! ¡Qué gran inicio de los juegos, damas y caballeros!- Exclamaba Flickerman, dejándose oír por todas las televisiones de Panem.
-¡Así es, Caesar! Y como todos esperábamos, Ace del distrito uno dominó en la cornucopia acabando con una gran parte de los tributos.-
-Pero en especial, sin duda la gran sorpresa la ha dado...-
-¡Ni lo digas! ¡El chico en llamas, Leonardo Hamato, ha demostrado que realmente está que arde!-
El presidente Saki observaba la pantalla fijamente, en silencio; su respiración se había vuelto pesada y sus puños se crispaban mientras su cuerpo se inclinaba hacia el frente de manera involuntaria, la sorpresa y el estupor habían hecho presa de él al ver como se desenvolvía aquel chico, el famoso chico en llamas.
Aquellos movimientos... las patadas, los giros, las técnicas limpias, estilizadas y perfectas, el uso de aquella rama como un bastón bo primero y luego como si fueran espadas; eso era algo que él conocía perfectamente... él y aquel espécimen, ese muto rebelde.
La rata 4264.
A él no le había tocado enfrentarlo durante la guerra, sino a su padre, el anterior presidente de Panem que también conocía las artes marciales con las que habían alimentado el cerebro de aquel muto y con las cuales le había entrenado a él, su hijo. Nadie más las conocía, pues no era un conocimiento que querían difundir en cualquier muto, solo aquellos con características especiales que aseguraran un beneficio para el Capitolio y la verdad no habían sido muchos; nadie más había tenido acceso a esa información específica; y ahora aparecía ese chico, venido del distrito más pobre de todo el país, demostrando ser todo un maestro de aquellas artes ancestrales.
Eso significaba solo una cosa, esa rata había sobrevivido a la guerra. Su padre lo había dado por muerto en la última batalla antes de la rendición de los distritos, pero no había sido así, ¡Aún vivió otros años más y había entrenado a esos chiquillos, convirtiéndolos en armas mortales vivientes!
Se levantó y salió de la sala sumido en el silencio; los que le rodeaban le vieron irse, murmurando entre ellos, tratando de averiguar que era lo que le pasaba. Oroku Saki entró en su despacho, cerró la puerta y tomó el teléfono.
-Díganle a Seneca Crane que quiero verlo, ¡ahora!-
Se sentó en la gran silla detrás de su escritorio, apoyando el mentón sobre sus manos, reviviendo en su cabeza una y otra vez aquellos movimientos que había visto. Aquel chiquillo era una amenaza, representaba todo lo que el espécimen 4264 había hecho, alguien podía pensarlo así, alguien podía ver en él algo que pusiera en peligro el destino de Panem, y su poder sobre el país.
Y no pensaba permitir que eso ocurriera.
-¡¿Lo viste?! ¡¿Lo viste?!- Exclamaba Mickey, emocionado, con lágrimas en los ojos que contrastaban con la enorme sonrisa que se dibujaba en su rostro; aferraba los brazos de su hermano mayor y miraba a ratos la pantalla del televisor y a ratos a Donny, para luego mirar a Abril y su madre.-¡Puede ganar, sé que él puede ganar! ¡¿Verdad?!-
-¡Sí, Mickey, Leo puede ganar, él es mejor que todos esos!- Donny sonreía ampliamente, aferrando también los hombros de su pequeño hermano, animándole y haciéndole sentir más tranquilo. Abril y su madre aun miraban impactadas a la pantalla, con la boca ligeramente abierta en una mezcla de alegría y sorpresa; la señora O'neil se había llevado una mano al pecho de tan agitado que sentía el corazón, casi temía que este pudiera salírsele de golpe.- Será mejor que empiece a preparar la comida, si no lo hago en este momento se pasará la hora.- Donny acarició la cabeza de Mickey y se puso de pie para comenzar con su labor.
-No puedo creerlo.- Musitaba lentamente la señora O'neil.- Sabía que su padre les había entrenado... qué él sabía cosas de la guerra, pero...- Sacudió ligeramente la cabeza, cerrando los ojos y volviéndolos a abrir para mirar a Mickey.- ¿Cómo es que logran hacer todo eso?- Logró decir por fin con la sorpresa aun presente en su voz.
-Son secretos ninja.- Repuso Mickey con un tono seudo misterioso, haciendo que Donny volviera sobre sus pasos, le diera un coscorrón y luego retomara su camino. Abril, que había notado algo raro en el semblante de Donatello, se separó de su madre que seguía interrogando a Miguel Ángel, y se acercó a él.
La chica llegó a la pequeña cocina, que realmente se hallaba en el mismo lugar en donde se encontraba la sala donde se hallaba el televisor, solo que algo alejada, razón por la cual bajó un poco la voz al dirigirse al muchacho.
-¿Estás bien?- Posó su mano en el brazo de Donny.
-Sí, sí, yo... ¿Por qué no habría de estarlo?-
La chica le miró, arqueando una ceja. Conocía a Donny a la perfección y sabía cuando algo le preocupaba; el chico, derrotado, suspiró, bajando los hombros.
-Estoy preocupado, eso es todo.-
-¿Pero por qué? Es verdad que Leo aun está dentro de la arena y es obvio que es razón para preocuparse, pero... viste lo que hizo, conoces sus habilidades, ¡salió bien librado del baño de sangre de la cornucopia!-Añadió con emoción y tratando de animarlo.
-¡Lo sé, lo sé! Y no es eso lo que me preocupa, Abril... es decir, sé que mi hermano tiene todo para salir de ahí como un vencedor...-
-¿Entonces?-
Donny suspiró otra vez.
-Abril, conozco a mis hermanos más de lo que ellos pudieran conocerse a sí mismos, y aunque Leo siempre se ha mostrado ante nosotros como una persona férrea, seria, centrada, inamovible... sé que en el fondo no es del todo así.-
-Donny, no te entiendo.-
El chico se pasó la mano por el rostro para luego cruzarse de brazos; su voz sonaba angustiada, miró a su amiga, con los ojos brillantes por las lágrimas que se esforzaba por no dejar salir.
-Sé que Leo saldrá vivo de esta, sé que volverá de nuevo al distrito doce, lo sé bien, pero... ¿Has pensado cómo volverá? Leo es más sensible de lo que muchos creen, aunque nunca lo demuestra abiertamente, las cosas le afectan más de lo que afectan a otros... ¿Crees que mi hermano pueda vivir con eso? ¿Con todo lo que ha pasado hasta ahora y lo que le falta dentro de ese infierno?- Se autoabrazó y giró el rostro hacia otro lado, luego volvió a ver a Abril.- Has visto a Haymitch Abernathy, ¿no? Sé que muchos lo consideran un loco alcoholico, pero yo sé lo que hay detrás de eso, no he hablado nunca con él, pero sé porqué hace lo que hace... porque el alcohol es el único que le ayuda a olvidar, es lo único que le permite evadirse de las pesadillas que deben perseguirle desde que ganó los juegos hace veinticuatro años.-
-Donny...-
-Leo es una persona muy noble, ya lo conoces... lo has visto... ¿Cómo va a afectarle todo eso Abril?- Su voz se quebraba a causa del llanto que por fin escapaba de su control, las lágrimas corrían por sus mejillas al tiempo que su respiración se agitaba.- ¡¿Qué demonios le perseguirán al volver?! ¡¿Cómo haré para poder ayudarlo?!-El chico se llevó las manos al rostro, luchando por ahogar los sollozos que escapaban de su garganta; Abril abrazó al muchacho con fuerza y este ocultó su rostro en el cuello de la joven, esforzándose por que su pequeño hermanito no le escuchara llorar, pues no deseaba transmitirle sus miedos y preocupaciones; la joven pasaba su mano por la cabeza de Donny, aferrándolo hacia sí, tratando de transmitirle de esa forma el amor y la comprensión que sentía hacia él y el resto de la familia.
-¡Eso es!- Gritó Rafael muy contento en medio de la plaza, golpeando el aire con el puño y dando un salto de felicidad; algunas personas compartían su alegría, gente que simpatizaba con Leo o que habían apostado en su favor; otros le miraban mal, ya fuera por sus malos modales o por que no simpatizaban con aquella tortuga pobre del distrito doce que, de la noche a la mañana, no solo había encantado a medio Panem, sino que había apaleado a varios de los favoritos.
-Así que es verdad… eres tú…- Se escuchó una voz casi ahogada, a sus espaldas.
Al oírlo, la tortuga se detuvo y se giró; tras de él, vestido con ropa demasiado casual y una enorme gorra que le cubría el rostro de las cámaras cercanas, se encontraba Haymitch, mirándolo con los ojos muy abiertos, la boca contorsionada al tenerla abierta por la sorpresa al mismo tiempo que se tornaba en una sonrisa; su expresión era mezcla de alegría, asombro y confusión.
-Hola, viejo.- Le saludó la tortuga, esbozando una gran sonrisa.
