Disclaimer: KKM no me pertenece, así como ninguno de sus personajes.
Aclaración: Las frases en cursiva, indican pensamientos, recuerdos, sueños, o situaciones que escapan a la realidad. Cuando escriba "Maou" en una frase en cursiva, me estaré refiriendo a Yuuri; mas cuando utilice esa palabra, en letra normal (la que indica que estoy narrando un hecho del presente o de la vida real), me estaré refiriendo a Wolfram; quien es ahora, el nuevo rey.
Sin más, los dejo con este segundo capi. Perdón por la tardanza n.ñ
Capítulo 2: Tu recuerdo gélido
-¡¡Yuuri!!
La pequeña princesa de cabello caoba, corría a toda velocidad, para acercarse al Maou. Sus rizos danzaban en el aire, meciéndose de un lado al otro.
-Greta.
Yuuri la llamó dulcemente, sonriendo. La niña se abalanzó sobre él y lo abrazó. El gesto fue correspondido.
-Yuuri, Wolfram, ¿En verdad deben irse?
El rubio, quien aguardaba al lado de su prometido, miró a su hija y contestó.
-Sólo serán unos días. Regresaremos en cuanto podamos.
-Wolfram dice la verdad. Además, no hay de qué preocuparse; Gwendal y Conrad nos acompañarán.
-Y, si algo llega a ocurrir, yo estaré all, para proteger al debilucho –se jactó, orgulloso, el mazoku de fuego.
Ella sonrió. Sus dos padres sabían exactamente qué decirle para contentarla.
-Me portaré bien.
Los ojos del Maou se abrieron lentamente. No era la primera vez que algo así ocurría. Los recuerdos de antaño, lo embriagaban en sueños y le hacían creer que era feliz. Pero, entonces, despertaba a la cruda realidad, con lágrimas en los ojos. Porque ni era feliz, ni Greta estaba sonriendo, ni Yuuri era conciente.
Se puso de pie, secando con su mano las pequeñas gotas que residían en sus pestañas. Otro día había comenzado.
El despacho de Gwendal von Voltaire, consistía en una habitación rectangular, que alojaba una gran mesa central, de madera firme; a un costado, una enorme estantería colmada de muñecos tejidos; al otro, un librero enorme y bien abastecido; en la pared restante, un imponente ventanal, con cortinado corredizo; algunos cuadros prendidos al ladrillo y, finalmente, frente a la ventana y próximo a la mesa, el escritorio del noble.
Ése era el lugar en el cual solían llevarse a cabo las reuniones entre el rey y sus consejeros. Ahora mismo, se hallaban reunidos allí todos ellos. Sólo faltaba el soberano quien, se sabía, era el último en llegar.
-Buenos días –saludó, abriendo la puerta.
Todos respondieron el saludo, con expresiones serias en sus rostros. El rubio camino hacia la cabecera de la mesa y se ubicó.
-Siéntense.
Pese a ser, ahora, obligadamente maduro y firme, Wolfram conservaba sus pequeños toques personales. La irritabilidad era, sin duda, uno de ellos.
-De acuerdo. Los escucho.
Los adultos se dirigieron algunas miradas entre sí. Como si estuvieran decidiendo en silencio quién sería el primero en hablar. Afortunadamente, Gwendal tomó la iniciativa, con algo que los demás interpretaron como firmeza.
-Esta mañana, llegó una paloma mensajera –hizo una pausa.
-Yozak…
-Gran Shimaron planea atacar Caloria.
-Su armada no está calificada para enfrentar a Gran Shimaron.
-Debemos enviar refuerzos –retomó el mazoku de tierra.
-Yo me ofrezco para ir –se introdujo, el castaño, a la conversación.
-No, Conrad. No sólo tú. Yo también iré.
-¡Wolfram! –advirtió su Hermano mayor.
-Aniue, tú también nos acompañarás –miró al peliplateado- Y Günter…
-¡Claro que iré! –se adelantó.
-Alteza…-habló a Murata en tono de súplica.
-No se preocupe, Lord von Bielefeld. Cuidaré el reino en su ausencia.
El sabio sonrió amablemente. Era una de esas sonrisas que extraña vez dibujaba; pero era sincera. El rubio correspondió la expresión y finalizó diciendo "Gracias".
Annisina se paseaba de un lado al otro del laboratorio, sin quitar la vista de un grueso libro.
-¡Ahá! –exclamó y depositó el libro sobre una mesa –Esto debería bastar…
En el corredor se oyeron unos pasos retumbando. La pelirrosa ni siquiera volteó a ver, cuando la dueña de los sonidos se adentró en la habitación. Estaba demasiado ocupada, ahora, haciendo una conexión de cableado, como para saludar. De cualquier manera, sabía que ella lo haría.
-Buenos días, Annisina –la peliverde saludó sin demasiadas ganas.
-Gisela, ¿todavía con esos ánimos? –bromeó.
-Lo lamento, no me acostumbro a ver a su majestad en este estado. Es demasiado…
-Duro, lo sé –confesó, sin quitar la vista del trabajo; pero, por su voz, la doctora pudo notar que la depresión se le había contagiado.
-A veces, cuando veo su rostro tan relajado, siento como si fuera a despertar.
-Eso no ocurrirá –cortó por la raíz aquello que podría llegar a convertirse en una charla dolorosa.
-Ya lo hemos aceptado. Es sólo que él era tan bueno. Siempre me pregunto qué hubiera hecho si esto le hubiera pasado a otra persona.
-Seguro que estaría en la misma postura que Wolfram.
-Esperando a que despierte…
-Engañándose –dijo secamente la calculadora mujer.
-Sufriendo…-Gisela entrecerró los ojos.
La inventora suspiró. Le molestaba hablar del antiguo Maou. No por Yuuri, por supuesto. Pero, cada vez que se mencionaba aquella situación, alguien terminaba herido.
-Seguro que su Majestad está en un mejor lugar ahora –se acercó a ella y posó una mano en su hombro. Annisina tenía el toque materno que Cheri nunca pudo obtener.
-Espero que así sea –la enfermera contempló el rostro del soukoku y sonrió levemente- Bueno, será mejor que comience ya. Hay demasiadas cosas que hacer. No debería perder el tiempo.
-Eso mismo digo yo –finalizó y regresó a los cables, con los que trabajaba antes.
La enfermera, por su parte, posó ambas manos en el pecho del joven y cerró los ojos. La sesión diaria de curación, había comenzado.
-Wolfiee, oh, ¡¡Wolfiee!! –la ex maou salió del castillo a toda prisa, acercándose a su hijo menor, quien estaba a punto de montar en su corcel.
-Hahaue.
-¿Acaso ibas a irte sin despedirte de mí?
-Lo siento, no pude encontrarte en todo el día.
-Su hubieras asistido a desayunar…-la rubia hizo un puchero.
-Teníamos que alistarnos –esta vez fue Conrad quien habló.
-De acuerdo. Pero será mejor que no se confíen. No quiero que les vaya a ocurrir nada. Además, ahora que Wolfie es el Maou…
-Nosotros nos encargaremos de protegerlo –agregó Gwendal, firmemente.
Cherri sólo sonrió y asintió. El sol estaba apenas corrido hacia el oeste, eso indicaba que la tarde apenas comenzaba. Todos tendrían un largo camino por delante. El Maou despidió con la mano a los que quedaban en el castillo; entre ellos, Murata, Cheri, Dorcas, las criadas y algunos más. Marcharon, uno tras otro, en silencio, mientras abandonaban aquella fortaleza. Entonces, todo quedó en silencio.
-Shinou Hecka…-la sacerdotisa sonrió amablemente a la aparición que se erguía frente a ella. Sentado en una de las tres cajas, el rey original, contemplaba la expresión de la que parecía una niña –y, definitivamente, no lo era- que le daba la bienvenida con la mirada.
-Ulrike. Tiempo sin vernos.
-Sí. Desde "aquello" –su tono se ensombreció.
El soukoku que respondía al llamado de "Alteza", irrumpió en la habitación, cerrando la puerta tras sí.
-También has venido.
-No creo necesitar una invitación, ¿o sí? –sonrió sarcásticamente.
-Al menos podrías ser amable conmigo, una última vez –ante esto, su rostro y el de la sacerdotisa se sorprendieron.
-Cosas grandes están por suceder. Bastaría salir allí afuera para ver que, el mundo que construí con tanto esfuerzo, está por derrumbarse.
-¿Qué significa eso, Shinou Hecka? –indagó alarmada.
-No hice una mala elección al poner a Yuuri al trono. Sé que no lo hice –trató de sonar convincente, incluso para sí mismo- Pero todos sabíamos que su sencillez le costaría caro, algún día.
-¿Entonces…? –su pregunta sonó más bien a un "ve al grano"
-En este momento, Lord von Bielefeld está dirigiendo a todos a una muerte segura.
-No es su culpa –trató de defender al inexperto Maou.
-No, no lo es –el mayor, endureció la mirada.
-Pero nadie puede detener esto. Nadie, excepto…
-Shinou –reprendio seriamente el chico de gafas- Voy a decirte esto, porque creo que estás pensando en cometer otra de tus imprudencias. Puedes tomarlo como un consejo de amigo…-le clavó la mirada- Todo lo que ocurre, simplemente, ocurre. El destino es una rueda que gira en un solo sentido y no puede…o, mejor dicho, no debe retroceder.
El ambiente se tensó. Ninguno de los tres volvió a hablar, porque ninguno de los tres debía hacerlo.
Al abandonar la sala, Ulrike y Murata, emprendieron un silencioso camino de regreso a la entrada del templo.
-Alteza…¿Shinou Hecka no estará pensando en…? –preguntó, una vez llegaron a la entrada.
-Como simpre, se lleva el premio a los cabezaduras.
La sacerdotisa entendió la expresión que acababa de emplear el sabio. Pese a no ser una palabra conocida en Shin Makoku, su simplicidad la hacía evidente. Suspiró con pesadez.
-Si él hace eso…
-Lo sé, Ulrike. Lo sé… - El tono del moreno le sonó molesto. Pero no era precisamente así como él se sentía. Preocupación era lo que su corazón, extrañamente, estaba experimentando.
La puerta del camarote se cerró tras el inquilino que acababa de ingresar. El joven rey, que yacía en la cama, no se volteó a ver. Sabía perfectamente de quién se trataba. Por su parte, el hombre se acercó a paso lento. Depositó un plato hondo en la mesilla de noche y se sentó en la cama.
-¿Te sientes mejor? –dijo, mientras colocaba una mano en la espalda del rubio, y comenzaba a acariciarlo.
-No necesito que hagas eso…-se quejó débilmente.
-Lo sé. Sólo creí que te aliviaría –insistió.
-Conrad…
La habitación permaneció en silencio durante unos segundos. El castaño continuó describiendo pequeños círculos en la espalda de su hermano, mientras sentía su cuerpo estremecerse por el mareo.
-Cuando lleguemos a Caloria, nos enfrentaremos a Gran Shimaron. De verdad –acentuó las últimas dos palabras.
-No tienes de qué preocuparte. No voy a dejarte solo. Es mi deber protegerte.
-Es tu…¿deber? –su voz era suave.
-Como hermano y soldado. No puedo permitir que tu vida corra peligro. Preferiría…
-Morir. Lo sé. Lo he oído antes –el rubio hizo a un lado la mano del mayor y se incorporó en la cama- Dime algo. ¿Crees que Yuuri esté vivo? –la pregunta lo tomó por sorpresa, desvió la mirada.
-Wolfram… -no podía contestar esa pregunta. Todavía se debatía sobre lo que debía creer o no.
-Espero que no despierte mientras estoy fuera del castillo. Espero poder estar junto a él cuando lo haga –meditó un momento, luego continuó- Si eso sucede, al menos sabrá que, aun, hay alguien en quien confiar.
Las palabras del Maou hirieron en lo más hondo. Y, entonces, Conrad se percató de algo. Algo muy importante…y doloroso: Wolfram tenía razón. Y todos, excepto él, habían abandonado a Yuuri.
-Yuuri…
-Alguien está llamándome…
-Despierta, Yuuri.
-¿Quién es?
-Ya has dormido suficiente.
-Esa voz…la conozco…
-Todos están esperándote.
-Shinou…
-Ahora, te enviaré de regreso.
-Shinou.
-Adiós, amigo.
-¡Shinou!
Ken sintió un escalofrío recorrerle la espalda. En ese momento se encontraba en su habitación. Apenas unos segundos más tarde, oyó un grito estremecedor. Abrió la puerta de manera brusca y comenzó a correr por el pasillo.
-Shinou…Shinou...-susurró desesperado incontables veces hasta llegar al lugar de donde provenían los alaridos.
Al poner un pie dentro del laboratorio de Annisina, la sangre en sus venas se heló. Pudo observar a la pelirrosa, petrificada y de pie. Bajó la vista y vio a Gisela, de rodillas frente al ataud, temblando. Bien comprendía ahora, el joven sabio, la causa de semejante estruendo. Mirándola curiosamente, incorporado en el lugar, estaba el vigésimo séptimo Maou de Shin Makoku.
-He-hecka…-dijo temblando.
-¿G-Gisela? –preguntó, algo asustado, ante la reacción de la muchacha.
-Por Shinou…-susurró el de gafas- ¿Shibuya?
-Günter, reúne a todos los hombres en cubierta. Iré a por el Maou.
-Entendido.
El de cabellos cenizas se dirigió hacia el camarote del rey. Golpeó la puerta tres veces y fue atendido por Conrad, instantáneamente. Entró y cerró tras sí.
-Wolfram, casi llegamos a Caloria.
-Entiendo.
-¿La señorita Gilbin nos espera? –esta vez fue el castaño el que habló.
-Yozak ha enviado una paloma mensajera desde el puerto. Todo está preparado.
-Lamento todas las molestias que te estoy ocasionando, Aniue.
-Es mi deber como sirviente del Maou –se excusó.
El menor de los hermanos sonrió levemente. El viaje sería largo y duro; pero, si Gwendal y Conrad estaban ahí para apoyarlo, todo iría bien. Al menos eso quería creer.
Yuuri permanecía sentado en la mesa del jardín. Doria, Lasagna, Sangría y Effe, lo habían colmado de atenciones, y lo entretenían mientras aguardaba al Gran Sabio. El soukoku había querido preguntar; pero los constantes cacareos de las criadas lo mantuvieron ocupado.
-Bien, aquí estoy.
Murata se acercó y el silencio de las chicas se hizo presente. Como si hubieran visto un fantasma. Qué irónco.
-Shibuya, tú sí que sabes cómo sorprendernos.
-¿De qué hablas, Murata? ¿Pueden explicarme lo que ocurre aquí?
-Supongo que no lo recuerdas. Te pondré al tanto –se acomodó sus lentes- Acabas de despertar de un coma de veinte años.
-¡¿Qué?! ¡Estás de broma!
-Me temo que no es así. Verás, luego de aquel incidente, agotaste todo el maryoku de tu cuerpo.
-Aquel incidente…-su voz se tornó triste. Había recordado algo doloroso.
-Caíste inconciente y fuiste traído de regreso a Shin Makoku, junto con el resto de nosotros.
-Y ¿qué ocurrió con…?
-El rey Saralegui, no corrió con la misma suerte. Los soldados de Gran Shimaron, lo capturaron.
-No puede ser…-dijo sorprendido- Beries-san no lo hubiera permitido…
-Shibuya…Beries-san…no sobrevivió aquella batalla.
El chico miró a su amigo, con el rostro consternado. Ya no sabía qué decir.
-Hubieron muchas bajas…
-¿Por qué no regresaron…a rescatar a Sara? –dijo acusadoramente.
-Tu seguridad era nuestra prioridad, Shibuya.
-No…no puede ser cierto.
-Créeme.
El ex Maou pudo sentir su vista nublándose. El que estaba frente a él, era un hombre digno de confianza, su mejor amigo de La Tierra. Aun así, no quería creerle, al oír tan terrible historia.
-¿Y los demás…? –se atrevió a preguntar.
-Lord von Bielefeld ha sido nombrado Maou. Ahora mismo, va camino a Caloria. Gran Shimaron amenaza con atacar y no podemos hacernos a un lado. Lord von Voltaire, Lord von Christ y Lord Weller, lo están apoyando. Yozak se encuentra en Caloria, con Flurin-san.
-Dios mío…-se tomó la cabeza con una mano.
Al oír esa invocación, el Gran Sabio sintió un puñal atravesarle el pecho. No estaba seguro de estar viviendo emociones propias o ajenas; pero dolía mucho, y eso estaba claro como el agua.
-Shibuya…Shinou se sacrificó para devolverte a la realidad. Sacrificó su maryoku y…sacrificó su vida.
-Shinou…¿Él también? –el morocho sintió la angustia desbordarlo.
-Si piensas en eso, ahora, lo único que puedes hacer es dar gracias por estar vivo…y comenzar a vivir.
-Bienvenido, Majestad –el pelinaranja saludó con su habitual sonrisa.
-Siempre es un gusto verte. Lo lamentable es la circunstancia.
-Majestad, lamento que haya tenido que venir –una afligida Flurin le sonrió.
-Caloria es nuestro aliado en el ideal de paz entre humanos y mazokus. Si Gran Shimaron quiere pelea, pelea es lo que obtendrá.
-¿Qué sabemos sobre las tropas enemigas? –el mazoku de tierra tomó la palabra.
-Nos doblan en número; pero sólo una porción de ellos son magos. Se aproximan por tierra, bordeando las fronteras. Si mis cálculos no me fallan, será cuestión de días hasta que logren llegar al centro de Caloria.
-Contamos con ese tiempo para organizar nuestras filas, combinando la milicia de ambos países. Necesito discutirlo con el jefe del ejército local y conseguir su colaboración.
-La tendrán. A partir de ahora, Caloria se pone a su entera disposición –aseguró la joven.
-Pase lo que pase, defenderemos estas tierras. Los soldados de Gran Shimaron lamentarán el día en que atacaron la alianza de humanos y mazokus.
-Majestad…
-Te lo aseguro Flurin.
-Gracias.
Yuuri cogió un amplio manuscrito de la biblioteca. El mismo, relataba detalladamente, los sucesos ocurridos en la historia de Shin Makoku, desde hacía veinte años, hasta la actualidad. Tomó asiento y lo abrió, dispuesto a leerlo.
"Shin Makoku, 26 de febrero del 4916.
Su Majestad Maou, Yuuri Shibuya, recibió una invitación por parte del rey Saralegui, de Pequeño Shimaron. La misma, lo instaba a concurrir a su país, con motivo de firmar la incorporación a la Alianza de Shin Makoku. Esa misma tarde, un navío partía rumbo a Pequeño Shimaron. El rey Yuuri, en compañía de los tres hijos de la ex Maou, Cecile von Spitzberg: Lord Gwendal von Voltaire, Lord Wolfram von Bielefeld y Lord Conrad Weller; se encaminaba hacia un viaje, que llevaría al joven rey, a la mismísima muerte".
Al leer la última frase, Yuuri tragó duro. Tenía que continuar el texto, si quería enterarse de todo lo ocurrido, durante esos últimos años. Sin embargo, ver que lo "mataban" en la primera reseña, no era nada alentador. Tosió en su mano y volvió a concentrarse. Esta sería una larga lección de historia, pensó.
Konbanwaaa!!!!
Buenop, finalmente, capi 2. Lamento la demora.
Probablemente estén odiándome porque no hay nada romántico en este capítulo. Pero, tengan paciencia. Prometo recompensarlos algún día, con una buena escena Wolfyuu xD
Ahora, ¿Qué les pareció este capi? Yo creo que no tiene mucha acción; pero sí se ven cosas interesantes. Por ejemplo, se empieza a aclarar un poco la situación. Sabemos que Sara está secuestrado (o al menos lo estaba hace 20 años); Beries-san está…bueno…eso sí que ni yo me lo creería (de no ser porque esta es mi historia); pero, si no lo sacaba del medio, Sara nunca hubiera caído en manos de los Daishimarones (menudo nombre XD). Shinou…¡¡¡Desapareció!!! ¿Desapareció? Ahahá, quédense con la duda. Y ¿Qué pasará con Caloria? ¿Dónde está Greta (o.o)?
La respuesta a esas preguntas, y muchas otras más, las tendremos en los próximos capítulos. Así que, por favor, dejen reviews si les gustó (Agradezco MUCHO los que ya me han dejado). Y ténganme paciencia. Tengo otras historias por actualizar tmb u.u
Entonces…see ya!
Shiko.
