Título: Renacer
Autora: Tachibana Shiko
Personajes principales: Wolfram vB., Yuuri S.
Género: Romance, drama.
Argumento: Tras 20 años de inconciencia, Yuuri despierta a una realidad caótica. Shin Makoku y Gran Shimaron, llevaron a cabo una guerra que concluyó en tragedia. ¿Qué hará el soukoku para reestablecer la paz y reconstruir su vida personal en el camino?
Resumen capítulo 4: Wolfram y Yuuri se reencontraron, luego de tantos años de espera.
Greta regresó al castillo y se sorprendió al ver despierto al que antaño fue su padre. Luego de una breve discusión que desconcertó al soukoku, el ojiverde aseguró que aun quedaba cosas por ver.
Capítulo 5: El preludio de las campanas – Parte 2
-Estos años han sido muy duros para el reino, Yuuri.
En el instante mismo en el que el rubio tomó la palabra, el antiguo Maou adivinó que su prometido estaba a punto de abordar un discurso monologado.
-No salgas con eso, Wolfram, no me des rodeos, dime lo que tengas que decir y luego…
Antes de poder completar la frase, un soldado hizo aparición por la puerta que aun seguía abierta.
-Lamento interrumpir, su majestad, pero tengo un mensaje urgente… –el hombre miró de reojo a Yuuri, volvió su mirada al rubio y añadió- y confidencial que trasmitirle.
-¿Por qué, Gwendal? –inquirió Greta, en tono de súplica, mientras su voz se entrecortaba por el llanto.
Un paso seguido de otro, el mazoku de tierra se fue acercando a la silueta de la joven que, cesada la carrera de hacía unos segundos, se apoyaba sobre una columna del corredor exterior. Sus ojos cerrados con fuerza, su pecho expandiéndose y contrayéndose a ritmo acelerado, con cada aliento; el cabello ondulado danzando al son de la brisa matutina que se inmiscuía en el pasillo; sus hombros temblando con cada fugaz espasmo que el sollozo le provocaba.
-No se suponía que él fuese a despertar…nunca –la última palabra de la frase se difuminó con el sonido del canto de los pájaros. Acto seguido, la princesa rompió en llanto al tiempo que se desplomó sobre sus rodillas. En las baldosas que yacían bajo sus pies, las lágrimas gruesas no cesaban su caída y formaban un pequeño charco, a medida que se acumulaban en el suelo.
-Greta…-le llamó su tío, con voz suave a la vez que firme. Sin duda, estaba conmovido por la escena- Su majestad está…Yuuri está despierto.
Como si fueran flechas, aquellas palabras se ensartaron en su mente y en su corazón, trayéndole innumerables recuerdos del Maou. Todos y cada uno de ellos eran hermosos, pero, ¿por qué? Uno tras otro se iban agolpando y escindían, laceraban, desgarraban…dolían, dolían más de lo que su cordura podía soportar. Y su nombre, Yuuri, le acariciaba el alma, al tiempo que la destrozaba. Yuuri. Le quería por lo que había sido antaño, le odiaba, aun sabiendo bien que no lo merecía, que no había sido el culpable de todo el sufrimiento que le había causado el ver a su familia desmoronarse, a sus amigos y seres queridos llorar hasta el cansancio, discutiendo entre ellos, cuestionándose en qué creer, debatiendo qué hacer con el dominio del reino y cuántas otras cosas más.
Inconmensurable era la confusión que experimentaba al haberse encontrado con él, tras regresar a Pacto de Sangre: un rey sin corona, la vívida imagen del soberano de Shin Makoku, su padre adoptivo.
-Lo sé –afirmó, llevándose una mano al rostro, para limpiarse-. Debería estar feliz, ¿verdad?
Ni bien efectuó la pregunta, se puso de pie, nuevamente contra la columna y le miró fijamente, con sus enormes ojos, ahora más brillantes que lo habitual.
-¿No lo estás?
-No es eso –confesó-. Lo que sucede es que no quiero que todo vuelva a salirse de control. Wolfram perderá los estribos, lo sé, estoy segura de que él…-dejó la frase inconclusa y agachó su mirada, como perdiéndose en sus pensamientos.
-No creo que tu deber, en este momento, sea preocuparte por el reino.
-¿Eh? –levantó la vista hacia el hombre, sorprendida.
-Quizás, este sea el momento ideal para tomarte la libertad de pensar en ti, Greta.
-Tío…
Pese a que rara vez la princesa se refería al mazoku de tierra con esa denominación, en ese momento le pareció la más indicada. El respeto y admiración que sentía por él quedaron opacados por el cariño que experimentó tras oír sus palabras.
-Puede ser –le dijo, amablemente, mientras una débil mueca se gesticuló en su rostro-. Gracias.
El hombre asintió con la cabeza, luego volteó y le dio la espalda. Avanzó unos cuantos pasos, para alejarse de su sobrina y, sólo entonces, se dio la libertad de sonreír sinceramente, porque estaba seguro de que nadie lo notaría.
-¿Crees que su majestad vaya a estar bien? –el peliplateado rompió el silencio que había gobernado los últimos doce metros recorridos, desde el vestíbulo hasta una de las tantas salas de estar que poseía el inmenso castillo.
-Yuuri siempre ha sido fuerte –afirmó el castaño, sin trepidar.
Habiendo cerrado las puertas tras de sí, se aseguró de que ninguna otra entrada permaneciera abierta y, sólo entonces, prosiguió.
-Lo sabes tan bien como yo, Günter: él apenas está cayendo a la realidad. Aun no se ha enterado de lo más relevante.
-Sin ánimo de ofender, no creo que "eso" sea lo más relevante –el consejero del Maou adornó su hermoso rostro con una mirada compasiva.
-Piénsalo bien, si tú despertaras tras veinte años de coma profundo y te hallaras solo, ¿no te aferrarías, acaso, a la única persona que se mantuvo a tu lado?
-Eso no es amor, sin lugar a dudas.
-No digo que lo sea; pero…
-¿Qué cosa no es amor? –la voz de una muchacha resonó dentro de la sala.
-¡Lady Arabelle! –los nobles espetaron al unísono.
La mujer en cuestión era alta, esbelta, de cabellos violáceos, largos hasta la cintura, recogidos en una media cola adornada con un broche de plata. Portaba un vestido de encaje níveo y hermoso, ataviado con gemas carmesí y púrpura, costuras de plata formando un motivo abstracto y unos zapatos plateados con varios broches de plata, muy delicados.
-Lo lamento, Lord von Christ, Lord Weller, no era mi intención interrumpirlos, y menos exaltarlos de esa manera –ambos se dedicaron una mirada fugaz que denotaba asombro. "¿Cómo ha entrado?" Se preguntaron mentalmente, al mismo tiempo.
-No interrumpió ninguna conversación de importancia, excelencia.
-Oh, pero yo creo que sí lo hice. He oído a Lord Weller pronunciar el nombre del antiguo Maou, ¿no es así? –dedicó una mirada al ojimiel, con sus hermosos ojos color agua.
-¿Cuándo ha llegado? –indagó el aludido, esquivando la pregunta de la joven- ¿Y a qué ha venido?
-¿No le parece ésa una pregunta un tanto grosera, Lord Weller? –la sincera sonrisa que portaba en su rostro le dio la pauta a los nobles de que no estaba ofendida en lo absoluto, sino, más bien, les estaba gastando una broma –A mis tierras llegaron rumores de que el antiguo Maou ha recobrado su conciencia –comenzó diciendo-, quería comprobarlo con mis propios ojos.
-¿Ha venido a conocer a su Majestad? –preguntó Günter, incrédulo.
-Ya conozco a su Majestad, Lord von Christ –afirmó la muchacha, haciendo hincapié en la última palabra-. He venido a conocer a Yuuri Shibuya, vigésimo séptimo Maou de Shin Makoku y ex prometido de su majestad Wolfram –y coronó su frase con una sonrisa.
La escasa luz que se colaba en la habitación, tras el denso cortinado que obstruía el ventanal era la única testigo de aquella reunión secreta que se llevaba a cabo dentro del despacho.
-¿Y bien? –la pregunta fue estratégicamente lanzada en el momento exacto en que la interlocutora corría riesgo de quedar absorta en sus pensamientos-. ¿Eres capaz de hacerlo?
Annisina von Karbelnikoff descarrió la vista de un papel que sostenía en su mano para posarla, finalmente, en el semblante de quien tenía enfrente. Tras unos cristales redondos, engarzados en un marco metálico, los ojos completamente negros de Ken Murata se hallaban expectantes.
-Su Alteza…-comenzó, pero, inmediatamente, fue interrumpida.
-Sé lo que vas a decir, y no es la respuesta que quiero escuchar.
Años atrás, difícilmente se hubiera podido encontrar al joven sosteniendo una mirada tan circunspecta como la que en la actualidad asentaba sobre la inventora.
-Es algo descabellado.
-¿Y eres tú quien lo dice? –la idea le resultó graciosa e irónica, viniendo de alguien que siempre procuraba inventos descabellados.
-Incluso para mí –dibujó una leve sonrisa que desapareció instantáneamente.
-Tienes mi garantía, Annisina, si algo llegase a suceder.
-Usted tomaría la responsabilidad, Alteza, lo sé.
-¿Pero? –arqueó la ceja, al preguntar.
-Es algo descabellado –repitió.
El soukoku suspiró, su molestia era evidente. Incluso él reconocía lo extravagante de su petitoria, mas eso no amainaba su ferviente deseo.
-Quiero a Shinou de vuelta –espetó-, pero, si tú no me ayudas, no podré hacerlo.
-Alteza…-los ojos celestes de la mujer se entrecerraron, dedicando una mirada indulgente al muchacho que le observaba con atención. Suspiró y sus hombros se destensaron- De acuerdo, lo intentaré.
Yuuri Shibuya contabilizó diecisiete nuevas especies vegetales en el jardín exterior del castillo. Todas y cada una de ellas prestando una exhibición soberbia de flores de distinta coloración y estructura; la mayoría tenía un aroma propio e inconfundible que se distinguía al acercarse. El de una de ellas, en particular, le resultó tan intenso que hasta se le humedecieron los ojos al aspirarlo.
-Al menos, las de Cheri-sama siguen aquí –observó cuatro variedades florales enterradas en una parcela oval de tierra-. Mirada roja de Cheri, Secreto Gwendal, Conrad resiste en tierra…-nombró en voz alta; pero, justo cuando estaba por mencionar la última, una voz se sumó a la suya, para pronunciar al unísono:
-Precioso Wolfram.
El soukoku se sobresaltó. No había caído en cuenta de los pasos que se oyeron mientras la rubia se acercaba a él y se posicionaba a su lado.
-¡Cheri-sama!
-¿Qué hace mirando las flores, majestad?
-N...no, nada, no lo sé –cada palabra se atropellaba con la siguiente, dejando al descubierto el nerviosismo del joven-. Creí que estaba solo –se excusó.
-Él ya no se parece tanto a mí –comentó, algo melancólica, la mujer.
-¿Eh?
-Wolfie. Se ha convertido en un joven apuesto y masculino. Cada vez se parece menos a mí; pero sigue siendo hermoso.
-Cheri-sama…
-La persona que vaya a estar a su lado tendrá que estar a su altura, ¿no lo cree?
-Ah…sí –contestó, aunque sin estar completamente seguro de que comprendía el significado de aquellas palabras.
-Me hubiera gustado que fuera usted, Wolfie siempre estaba feliz, mientras permanecía a su lado –le dijo con su tono infantil característico y una sonrisa amplia enmarcando su rostro.
-¿Por qué me está diciendo esto? –al efectuar esa pregunta, el semblante de la mujer se tiñó de tristeza.
-Porque...-dijo, desviando la mirada- Creí que, quizás, estaría dolido por la disolución del compromiso. Yo siempre creí que usted guardaba sentimientos por Wolfram, aunque no le gustaba demostrarlos.
Yuuri no se molestó en escuchar la última palabra de la frase. Incluso antes de que Cecilie concluyera, lanzó la pregunta.
-¿Dijo, usted, "disolución del compromiso"
-¿Atacar Pequeño Shimaron? –la pregunta del rubio demostraba sorpresa- ¿Ése es deseo de Caloria?
-La pérdida de Flurin Gilbit fue el detonante, pero la determinación es premeditada -contestó el soldado mensajero-.
-Ya veo. ¿Mi Hermano está…?
El estruendo causado por las puertas del despacho al abrirse de par en par y rebotar contra la pared cortó la pregunta del muchacho.
-¡Wolfram!, ¡¿cuándo demonios pensabas decírmelo?!, ¡¿lo sabe todo el reino, menos yo?!, ¡¿por qué debo venir a enterarme por tu madre que nuestro compromiso se ha disuelto?!
Sólo cuando terminó de escupir toda la tanda de preguntas, cayó en cuenta del tono en el que lo había hecho. La mirada atónita del guardia y de su, ahora, ex prometido, le atravesaban de arriba hacia abajo.
-Es decir…-intentó excusarse- No es que me moleste, ni nada…pero…
Su expresión se trocó del enojo a la vergüenza en cuestión de segundos, lapso en el cual, el soldado se las arregló para salir de la habitación, pasando desapercibido, y cerrar la puerta tras sí.
-Yuuri, yo…-el Maou no salía de su asombro, pese a que comprendía perfectamente lo que estaba sucediendo.
-¡O…olvídalo! –dijo el morocho, volviéndose de inmediato y dispuesto a correr lo más lejos que sus piernas se lo permitieran.
Repentinamente, sintió cómo era jalado por uno de sus brazos, y volteado hasta quedar enfrentado al mazoku de fuego.
-Wol…fram.
-¿Por qué, Yuuri? –le escudriñó, hincando sus ojos verdes como esmeraldas en su profunda mirada negra.
-¿Por qué…qué? –preguntó él, aturdido por lo inesperado de su reacción.
-Si nunca lo deseaste, ¿por qué te molesta lo del compromiso?
-Esto…yo…-atónito, intentó encontrar una respuesta lógica a aquella cuestión; no obstante, de pocas que se le venían a la mente, no había ni una sola que cumpliera ese requisito- No estoy molesto, ¿de dónde sacaste eso? –dijo, mientras se soltaba del agarre.
-Entraste en la habitación sin permiso, violentamente y completamente fuera de ti, ¿y debo creer que no estás molesto? –el rubio arqueó una ceja.
-¡No es eso lo que me molesta, Wolfram!
-Entonces, ¿qué es?
-¡Que no me lo hayas dicho tú!
-¿En serio esperas que te crea? Lo que estás diciendo es ridículo. Si no te importara, no te molestarías, obviando que no haya sido yo quien te lo ha dicho.
-¡No, Wolfram, no es así! –el moreno gruñó cada palabra, como si se tratase de un niño, peleando con su compañero por llevar la razón- Si tú quieres creer que me importa, está bien, pero sólo estarás engañándote –dijo, y luego volteó-. Puedes estar seguro de que no me afecta en lo absoluto –tomó el picaporte para abrir la puerta y salir de ahí-, puedes comprometerte con quien te dé la ga…-y se paró en seco cuando la vio frente a la puerta.
-Déjeme adivinar –le desafió con una sonrisa pícara en su rostro-, ¿su majestad Yuuri Shibuya?
-Eh, sí…-su humor cambió, repentinamente, al ver a la hermosa joven frente a sí- ¿Quién eres tú?
Haciendo una reverencia, la muchacha se dirigió al soukoku, para presentarse correctamente.
-Es un gusto conocerle, mi nombre es Arabelle von Roshvall, soy heredera de las tierras de mi familia y…-le dedicó una mirada triunfante- futura esposa de su Majestad Maou.
-Padre –la doctora tomó un atajo por el jardín, para encontrarse en el corredor con su padre adoptivo, Günter.
-Gisela, ¿has visto a su majestad Yuuri?
-No, desde el desayuno; pero, su Majestad desea verte a ti y a su excelencia Gwendal y Lord Weller en el salón de reuniones.
-¡Gwendal! –se escuchó la voz de una mujer llamando al hombre que apareció caminando a paso ligero y con mal aspecto desde el otro extremo del pasillo.
-¡Deja de molestarme!, ya te he dicho que no te ayudaré –ladró.
-¡Excelencia!
-Gwendal, Wolfram ha convocado a una reunión.
-¡Günter! –se alegró la inventora - Tú también podrás serme útil.
-¡O..olvídalo! –aulló atemorizado, mientras retrocedía unos cuantos pasos- ¿No has oído?, su Majestad nos llama –y, sin pensárselo dos veces, salió corriendo del lugar.
-Entonces…-giró su cabeza hacia el mazoku de tierra.
-No me mires a mí, ya lo has oído –y siguió al peliplateado caminando.
-¿Gisela?
-No –dijo, rotundamente, y se marchó.
-¿Por qué? –se preguntó en voz baja, pero luego lo gritó- ¡¿Por qué nunca nadie quiere ayudarme?!
-¿Por qué se ha marchado sin decir una sola palabra? –preguntó la muchacha, quien ahora se encontraba frente al ventanal, mirando cómo las criadas preparaban la merienda en el jardín.
-Porque te has excedido –regañó el Maou.
-¿Lo cree?, ¿acaso no me presenté como es debido?
-"Futura esposa" es una denominación mucho más atrevida que la que deberías haber utilizado.
-¿Quería que dijese que soy su prometida?
-No, realmente –susurró, más para sí mismo que para ella.
-El compromiso es una promesa de casamiento. Decir que somos prometidos o futuros esposos es lo mismo, su Majestad –le comentó, y volteó a verlo-. De todas formas, no cambiará el hecho de que en unos meses, usted y yo vamos a casarnos.
Unos golpes suaves a la puerta dieron el punto final a la conversación. Al otro lado, la voz de su hermano mayor se hizo oír.
-Wolfram, estamos aquí.
-Adelante –ordenó-. Retírate ahora, Arabelle.
-Sí, su Majestad –hizo una reverencia y se marchó de la habitación, dando paso a los nobles que ingresaron y cerraron la puerta, tras sí.
La reunión había comenzado.
-¡Yuuri! –Greta se precipitó sobre su asiento, al ver la figura del soukoku ingresar al salón de té.
-Greta, ¿puedo hablar contigo, sólo por un momento?
-S..sí –contestó, con una mirada triste, y volvió a sentarse.
El moreno imitó el gesto, ubicándose en un sillón, frente a ella. Ya era entrada la tarde, y ellos dos eran los únicos en la habitación, dado que el resto de los habitantes del castillo se encontraban en sus diversas tareas o merendando en el jardín.
En contraste con la princesa, quien mantenía los ojos fijos en su taza de té, porque no se atrevía a mirarlo, el Maou examinaba cada milímetro de su apariencia, apreciando los cambios que la naturaleza humana le había provocado en los últimos veinte años marcados por su ausencia.
-Te has vuelto toda una mujer, Greta –dijo, sin pensar-.
-¿Te has enamorado alguna vez, Yuuri? –la pregunta le tomó por sorpresa.
-¿Q..qué? –balbuceó, sin saber, verdaderamente la respuesta.
-Me he enamorado, una vez en mi vida, pero lo he hecho –y tras decir eso, le miró-. Y la persona que he amado, ha perecido en la Gran Guerra.
-Greta…-estupefacto y afectado por la noticia, le miró con los ojos abiertos.
-No importa quién era, no importa su procedencia, ni siquiera importa su edad. Ninguno de los del castillo podría decirte cómo se llamaba, porque no era noble y, a duras penas, tenía un puñado de personas a quienes podía llamar familia. Una vez –comentó con lágrimas en sus ojos- me dijo que le gustaría que yo fuera una de esas personas.
-Greta…yo…lo siento –aunque buscaba las palabras indicadas para consolar a su hija, no lograba hallarlas. En su mente, sólo bailoteaban los remordimientos de creer que él había sido el culpable de aquella muerte y de tantas otras más.
-No lo necesito.
-¿Eh?
-No necesito que te compadezcas de mí, Yuuri –se mofó, apoyando la taza sobre la mesa -. He vivido, durante estos años, como una princesa, en un principio, y como una reina, más tarde. He sufrido lo que debía por tu muerte, hice mi duelo. Pero he visto morir a muchas personas más, en las dos últimas décadas, y puedo asegurar que he vivido muchas más experiencias que me forjaron como persona, que me hicieron adulta.
Ahí estaba de nuevo, alguien hablando de él como si hubiera muerto. Le molestaba muchísimo y, aunque lo comprendía, no podía evitar sentirse así.
-Ya no tienes que seguir actuando como mi padre, Yuuri. No es necesario que lo hagas. Mejor dicho, no quiero que lo hagas.
-Greta... –se extrañó el menor.
-Tú siempre te preocupaste por mí, lo mismo que Wolfram, cuando aun estabas tú. Por eso, siempre les estaré agradecida. Pero, ahora, puedo cuidar de mí misma. Por eso…
-Greta –le interrumpió-, no es necesario que continúes. Muchas cosas han cambiado, pero mis sentimientos no lo han hecho. Creo que soy el único que carga con esa maldición, o quizás, sea un regalo; no lo sé, después de todo. De lo que sí podemos estar seguros es de que yo siempre estaré aquí para ti, y, si no me quieres como padre, piensa en mí como un amigo –le sonrió-. Y, así, estaremos bien.
-Yuuri…-la muchacha meditó la propuesta en la afonía, durante unos segundos- Sí –sonrió-, estaremos bien.
En los minutos subsiguientes, el último rayo de sol se escondió tras las remotas montañas, y Shin Makoku se vio ahondada en la opacidad.
El gran pórtico de la sala de reuniones continuaba clausurado, y todo indicaba que así permanecería.
A la hora de la cena, las criadas ataviaron la mesa con toda clase de manjares, era la cena de celebración por la llegada de Arabelle von Roshvall al castillo del Pacto de Sangre.
-Es irónico que tu prometido no esté aquí, celebrando con nosotros tu llegada –comentó la muchacha humana de cabellos caoba, a la agasajada.
-Su Majestad está en medio de una reunión cardinal, por lo que no me preocupa que no se encuentre presente –contestó ella, tratando de restarle importancia a la provocación.
Yuuri no pudo evitar formular una sonrisa de satisfacción, ante el comentario de Greta. Ipso facto, cayó en cuenta de que el compromiso de Wolfram con aquella joven no le despertaba ninguna simpatía. Inmediatamente, borró la mueca de su cara, no quería provocar ninguna discusión, porque sabía de buena gana que él tampoco simpatizaba a la mujer.
-Vaya, vaya, Shibuya Yuuri ha despertado.
Todos los presentes se giraron en sus asientos para dirigir la mirada a un extraño recién llegado.
El dueño de la voz era un muchacho joven que aparentaba tener un par de años más que el Maou. Llevaba un par de gafas, cubriendo sus ojos azules. Su cabello era color ceniza y lo llevaba atado en una cola de caballo. Su piel era pálida y su voz sonaba burlona.
-¿Quién eres tú? –preguntó el soukoku, debatiendo su ánimo entre sorpresa u ofensa.
-¿Cómo has logrado entrar al castillo? –preguntó una Annisina más que preocupada.
-Sus guardias no son demasiado educados –comentó un hombre imponente, que acababa de ingresar a la habitación, limpiándose las manos con un pañuelo, como si hubiera acabado una pelea, recientemente.
-¡¿Quiénes son ustedes?!, ¡¿qué sucedió con los guardias del castillo?! – Rugió Greta, irguiéndose repentinamente y golpeando la mesa con ambas manos (gesto que fue imitado, a excepción del golpe, por Annisina, Cecilie, Gisela, Arabelle y Yuuri.
-Mi nombre es Norbert Kauffmann, soy el soberano de Pequeño Shimaron, es un placer conocerlos.
-¡¿Qué?! –se exaltaron, los presentes.
-Lamento no haber avisado de mi visita al castillo –aunque por la forma en que lo dijo, era evidente que no se lamentaba en lo absoluto. Acto seguido, se sentó en la cabecera de la mesa, lugar que le correspondía a Wolfram-. Pero, como veo que tienen comida de sobra, aceptaré una invitación a cenar –y sonrió, con malicia.
De vuelta, luego de ¿cuánto?, ¿dos años?..con este fic abandonado. Una historia muy de mi aprecio como para terminar olvidada y muerta en algún rincón de FFnet
Lamento no haberme tomado las molestias de anunciar un paro temporal y casi demasiado largo como para serlo, la próxima vez (si es que hay una próxima vez), juro que lo haré.
En este último tiempo estuve mucho menos inspirada y hasta creía haber perdido la pasión por la escritura. Gracias a Dios, descubrí que estaba totalmente equivocada.
Por si les interesa saberlo, ayer me llegó un mail de una persona francesa que se tomó la molestia de escribirme un texto, ponerlo en el traductor y enviármelo, contándome que le encantaba mi historia y pidiéndome que la continúe (yo creo que, con eso, se lleva el premio de fan nº1, jeje). Así que, si a alguno lo puso feliz que haya actualizado, denle gracias al fan misterioso :p
Sin más, los dejo, prometiendo que intentaré actualizar antes de fin de mes.
Atte: Shiko.
