¡Hola! Muchas gracias a todos los que leen esta historia, tanto a los que dejan como a los que no dejan review. :D
FortuneLadyStar: Agregada al face :D gracias XDDDDDDDD Me mataste con eso de "se lo carga el payaso" jamás lo había oído XDDD Sobre lo de Rafa... bueno, no será tan pronto, por desgracia ;_; Gracias por lo que me dices, me haces muy feliz :D YO TAMBIÉN ME MUERO POR VER LA PELI! Pero hay que esperar hasta noviembre ;_; es mucho tiempo! Espero verte en el face, aunque hasta ahora no hemos tenido la suerte de coincidir por ahí ;_; besos y gracias :D
Dragonazabache: Habrá más, de hecho este jeje y me pienso seguir (ojalá la musa no me abandone jeje) XDDDDD Eso de la bomba a Oroku Saki sería genial, en medio del café matutino XDDDDDDDDD que malas somos , ni dejamos que se lo termine XDDD Gracias por tus comentarios y aquí andamos ;) Besos.
Nicole2029: Gracias :D Aquí andamos con el nuevo cap, ojalá te guste :D muchísimas gracias.
Invasor'sQueen: XDDD Bueno, es que no sabes como se pone el tráfico en estos días, estacionarse es difícil jejeje. Gracias por tus comentarios; oye, pobre Cinna, no lo amenaces no tiene la culpa de estar bajo los encantos de Leo ;_; y bueno, que quieres, el chico es inexperto, por eso no se da cuenta... supongo XD Pobre Rafa, ¿también le quieres pegar?XDDD Y créeme que Leo de buena gana habría hecho, pero prácticamente su familia es "rehén" del gobierno y cualquier acción que Leo haga repercutiría en ellos, por eso no puede... por ahora XDD Gracias por lo que me dices y espero que te guste este cap :D Besos.
Iukarey: XDDD no, tú tienes derecho de llamarte como quieras, uno tiene que prestar atención (si sirve algo como disculpa, soy medio miope y para colmo odio usar mis lentes jeje) XDDD quieres llamar a Olivia y Elliot? (Law and order SVU?) xDDDD Ya me los imagino agarrando a Cinna y metiéndole una mega madrina por mirar a Leo con esos ojos... ok, ahora sí estoy alucinando XD Sí, de hecho para Belle fue un golpazo ser elegida como tributo y desde ahí comenzó su desequilibrio, el acabose fue dentro de la arena; no toda la gente puede soportar cosas como esas, es cuestion de estabilidad mental o caracter y el de ella por desgracia no era lo suficiente como para algo así =/ Habría sido genial eso de llevar a la familia al Capitolio, pero el gobierno no es tan magnánimo =/ pero ya los verá pronto que es lo bueno :D Por cierto, te encontré en el face, pero no sé si es mi cuenta o qué la que trae el fallo, no hallé como enviarte una solicitud de amistad; te mandé un mensaje y me dijo la página que te lo dejaría en la carpeta "otros" porque no estamos aun agregadas, a ver si lo encuentras y ya sea que te permita a ti agregarme o me desbloqueén a mi lo que trae la mía que no me dejó hacerlo. Gracias por todo y besos :D Por cierto, ¡Me encantó tu imagen de Mickey en el face! *.*
Yuriko Hime: Bienvenida! Me halaga que hayasa leído el fic tan de corrido O.O Muchas gracias, y también lo que me dices, de verdad me hace muy feliz. Vieras que no había considerado lo que me dices sobre Rafa y el Sinsajo, la cosa está en que Leo es un sinsajo a nivel nacional por muchas razones, lo de Rafa por desgracia solo es a nivel privado, pero sí, se puede decir que él también es un sinsajo. Gracias por leer y por darme ese punto en el que no había reparado. Besos y espero que te guste este cap.
Violeta: Gracias. La verdad también a mí lo del libro me dio escalofríos y me pareció terrible, el sólo imaginarlo XO Respondiendo a tu pregunta; sí, pienso acabar este aquí y seguir los otros por separado, recomendación de mi beta que me sugirió que un fic con muchos capitulos podría resultar cansado y que era mejor hacer esto como una "trilogía" por lo que acabo este y me sigo en otro con la secuela :D Gracias por todo y muchos besos!
Megumi-Elric-x: Gracias! Disculpa mi ignoracia, me traduces lo de Yandere/Yangire? Leo es bien despistado, creo que por eso no se dará cuenta aun XD Lamento mucho que te quemaran lo de Prim O.O pero bueno, aun te falta leer como pasa eso y aunque ya lo sepas, dios! leerlo es estremecedor ;_; XDDD Fan normal, con razón, es raro encontrar fans normales, bien por ella :D aunque a lo mejor algún día se anima a adentrarse más en los fandosm, no pierdas la fe ;) Gracias y muchos besos :D
SSMinos: XDDD Gracias! creo que eres de las pocas que le dan permiso a Cinna para eso jeje. Eso es lo malo, que no ha hecho enojar a cualquiera sino al dueño, amo y señor de Panem, eso sí que está difícil =/ XDD y lo de Rafa me dio tanta pena ponerlo, pero era lo mejor, por ahora, ya veremos después :D Gracias por comentar, de verdad me anima mucho :D espero que te guste el cap. Besos y gracias :D
Disclaimer: Los juegos del hambre y Teenage mutant ninja turtles; personajes, situaciones y demás no me pertenecen a mí, sino a sus respectivos autores: Suzanne Collins, Peter Laird y Kevin Eatsman.
Gracias a mi beta, Haoyoh Asakura, sin ella este fic no podría ser.
Capítulo XIV
El resto del viaje, Leo pasó la mayor parte de su tiempo en el camarote.
Por fin sintió que el tren se detenía de nuevo, por lo que se asomó por la puerta para buscar a Haymitch. Justamente en ese momento, el mentor se acercaba por el pasillo; al ver al muchacho, le sonrió.
-Hemos llegado.
El rostro de Leonardo se iluminó cómo nunca en esos últimos días, con los ojos brillantes y una enorme sonrisa, sincera y feliz, salió de la habitación y se apresuró a llegar a la puerta, ansioso de abandonar el tren y abrazar a su familia. Haymitch, riendo como pocas veces solía hacerlo, le detuvo en el camino.
-¡Espera, espera! No puedes salir así, debes arreglarte primero, recuerda, afuera hay cámaras, todavía continúas en el circo muchacho, tienes una última representación que dar... por ahora.
-De acuerdo.- El chico suspiró con fastidio, dando la media vuelta y volviendo a su habitación; ya ahí se arregló un poco y echó un vistazo al espejo; no estaba tan impactante cómo cuando Cinna y el resto del equipo se encargaban de su arreglo, pero se veía presentable, además, los artificios del maquillaje y la ropa glamorosa eran excelentemente sustituidos por la felicidad que le embargaba en ese momento y con ello le bastaba para estar radiante.
Antes de salir de la habitación, tomó su broche, y se lo colocó en el pecho. Le había acompañado en los peores momentos hasta ahora, justo era que estuviera también en los momentos de felicidad. Salió de la habitación, Haymitch le hizo algunos últimos arreglos y por fin lo llevó a la puerta del vagón.
El chico estaba emocionado, con el corazón palpitando como un loco y las manos temblando, conteniendo las ansías de salir corriendo y abrazar a los suyos. La puerta se abrió y apareció el alcalde, que se hallaba en el andén rodeado de cámaras y periodistas. Fue el primero en acercarse para saludarlo.
-¡Bienvenido, muchacho! ¡Es maravilloso verte de nuevo!
-Gracias...- Murmuró el chico algo descorazonado; obviamente no era a él a quien deseaba ver primero.
El alcalde también saludó a Haymitch; Leo aprovechaba ese lapso para mirar a su alrededor, en busca de su familia, tratando de localizarlos entre la gente. Todo el distrito doce parecía haberse reunido ese día en la estación.
El alcalde le sonrió al muchacho y se movió a un lado.
Detrás de él, Donny y Mickey se encontraban de pie, con los ojos tan brillantes y los rostros tan sonrientes cómo el de Leo. Olvidando todos los protocolos al alcalde, la gente y los periodistas, los tres hermanos acortaron la distancia lo más rápido que les fue posible y se abrazaron fuertemente, llorando de felicidad.
-¡Volviste... lo lograste!- Sollozaba Mickey, colgado del cuello de Leo y con el rostro, el cual se hallaba cubierto de lágrimas, oculto en su pecho. Donny había intentado mantenerse sereno, pero no había podido evitarlo y también terminó llorando como un niño en los brazos de su hermano.
-Sí... lo logré; gracias a ustedes estoy en casa.- Leo lloraba también; habría deseado no hacerlo, no ahí con tanta cámara robándoles su intimidad, pero no pudo evitarlo y era obvio que sus hermanos tampoco pudieron y ni pensaban en ello; además, había anhelado tanto ese momento, había soñado estar ahí, así, junto a ellos desde hacía mucho tiempo... ahora sólo quería disfrutar de esa gran recompensa.
Detrás de Donny y Mickey se encontraban Abril y su madre, llorando y sonriendo al mismo tiempo; Leo abrió los ojos y las vio; sonriendo las instó a acercarse y pronto toda la familia se halló reunida en un sólo abrazo. Sin embargo el momento de "intimidad" no les duró mucho, pues los reporteros se acercaban para hacer preguntas y el alcalde les pedía le acompañaran, por lo tanto la verdadera reunión familiar se daría en cuanto estuvieran en casa. La gente del quemador se encontraba cerca del andén, y Leo al verlos, les saludó, sonriendo, deseando acercarse para abrazarlos a todos y agradecerles por todo a cada uno de ellos; aunque era obvio que en ese momento no podría, en especial porque no quería soltar a sus hermanos; pero ya tendría tiempo después de ir a verlos y agradecerles su regalo y todo su apoyo de manera apropiada.
Les llevaban al auto que habría de llevarlos a la recepción oficial, cuando Leo, sin querer, echó un último vistazo al tren.
Del penúltimo vagón, un grupo de operarios sacaba la caja que contenía los restos de Belle. Cerca de esta se hallaban los padres y hermanas de la chica.
Y lloraban cómo quizá Belle jamás les vio llorar en su vida.
Una desazón se apoderó de su corazón al verlos así; la madre de Belle lloraba de manera convulsa, con los ojos anegados en lágrimas mientras miraba el cajón y estiraba la mano hacia él al tiempo que era colocado en la parte trasera de una camioneta cubierta; el padre, tomaba a la mujer de los hombros, intentando contenerla y brindarle su apoyo, a pesar de que en sus ojos y la expresión de su rostro podía verse que no estaba en mejores condiciones anímicas que ella; la hermana mayor de Belle miraba fijamente la caja, mientras abrazaba a la más joven, que no paraba de llorar con el rostro oculto en el pecho de su hermana. Era una ironía; La pobre Belle había llevado una vida familiar marcada por las peleas, las amarguras y la desunión; ella decía que sus padres vivían discutiendo, sus hermanas no le expresaban cariño alguno y ahora... ahora venían a volcar sus lágrimas en el momento menos oportuno, cuando ya nada de esto tenía ningún caso, cuando ya no podían expresar lo que verdaderamente sentían hacia aquella persona, cuando su amor y sus gritos ya no podían llegar a ella, pues Belle ya no estaba ahí para saberlo, para darse cuenta o para poder disfrutarlo; la habían abandonado cuando más los necesitaba y sólo ahora era cuando parecían arrepentirse de ello.
Rodeó a Donny con uno de sus brazos y a Mickey con el otro, aferrándolos con aún más fuerza hacia él al tiempo que ellos le abrazaban sin deseos de soltarlo. Los tres, seguidos por las O'neil, se dirigieron al auto.
Esa noche cenaron en la casa del alcalde, en una fiesta oficial en la cual sólo fue admitida la gente importante del distrito doce (los cuáles no eran muchos); no hubo opción, era cuestión oficial y la familia tuvo que tolerar aquel hecho. Pero a cierta hora, Haymitch intervino por los Hamato, diciendo al alcalde que Leo había tenido muchas emociones en un día y eso, aunado al viaje, lo tenía exhausto, por lo cual era mejor que se retirara a dormir.
Después de todo, al día siguiente aún tenía que confrontar la mudanza.
Así que dejando atrás por fin a los periodistas, la familia Hamato logró llegar a la veta, aunque aún eran seguidos por algunos de sus vecinos, que no paraban de felicitar al muchacho por su triunfo y a la familia por tenerle de regreso.
Al llegar ante la vieja choza, Leonardo se sintió feliz y aliviado. A pesar de todos los lujos del Capitolio, de sus puertas electrónicas y sus duchas multifuncionales, aquella casita representaba todo para él, era el lugar dónde había crecido, dónde a pesar de las carencias, había llevado una infancia feliz a lado de su padre y sus hermanos; ese lugar guardaba muchos recuerdos preciados y sí, temía no volver ahí nunca jamás; y ahora que se encontraba ante su puerta se le aparecía cómo el lugar más hermoso en todo el mundo, a pesar de sus paredes negras por el hollín que volaba hasta ahí desde las minas, y su techo y ventanas mil y un veces reconstruidas por él y sus hermanos cuando los vientos fuertes las hacían caer. Aquel lugar era su hogar.
Y odiaba la idea de tener que abandonarlo de nuevo a la mañana siguiente.
Pero por ahora lo disfrutaría; se le estaba concediendo esa última noche en su viejo hogar y no lo desaprovecharía en lo absoluto. Se despidieron de los vecinos y, los Hamato y las O'neil, entraron en la casa, cerrando la puerta, consiguiendo así por fin la tan anhelada intimidad.
Al quedar solos, Leo volvió a abrazar a sus hermanos y estos le aferraron con fuerza, casi fusionándose en uno sólo con aquel gesto; Magda, la madre de Abril, abrazaba a su hija mientras ambas miraban a los tres hermanos sin dejar de sonreír y con los ojos brillantes por las lágrimas.
-No saben cuánto esperaba este momento.- Susurró el chico, aun abrazándolos; había luchado tanto por conseguir aquello, por lo tanto, no quería soltarlos, ¡no quería soltarlos nunca!
-Pero ya estás aquí…- La voz de Mickey volvía a quebrarse y un sollozo escapó de sus labios sin poder evitarlo; ocultó aún más el rostro en el pecho de su hermano.- Lo… lo siento mucho, ¡perdóname!
-¿Qué? ¿Por qué dices eso?- Preguntaba Leo con voz alegre, pensando que su hermanito se estaba disculpando por volver a llorar otra vez en lo que iba de la noche, y la verdad nadie podía culparlo por ello, siendo que él y Donny tampoco habían parado de hacerlo desde que el tren arribó en el distrito.
-Perdóname… ¡por mi culpa tuviste que pasar por todo eso! ¡Perdóname!
Leonardo se quedó estático; un escalofrío le recorrió el cuerpo… jamás se habría imaginado que Mickey se sentiría de aquella manera, era algo que no había meditado jamás y eso era porque para él, Miguel Ángel no tenía que sentirse culpable de nada; sin embargo ahí estaba, su pequeño hermano, disculpándose por algo de lo que no tenía culpa alguna, ahogado en un mar de llanto por algo que no debía; con la angustia reflejada en su inocente rostro, siendo que Leo se había ofrecido gustosamente para evitarles cualquier sufrimiento… aunque era obvio que a pesar de todo no iba a ser posible, sólo había remplazado un sufrimiento por otro.
-No seas tonto.- Le reprendió cariñosamente, aferrándolo con aún más fuerza, estrechándolo más contra él.- Haría lo que fuera por ustedes… ¡ustedes son mi vida!- Tanto Donny como Mickey sonrieron sin poder evitarlo ante aquellas palabras.- Tú no tienes la culpa de nada, yo decidí hacerlo y estoy feliz con la decisión que tomé.
-Pero… tú… la arena…-Sollozaba Mickey, levantando su rostro para mirar a su hermano.
-La arena quedó atrás, ¿entendido? Quedó atrás y no pensaremos en ella, no vale la pena.-Le sonrió.- Lo importante es que estamos aquí y ahora, después de todo, estamos juntos y eso es lo que cuenta; no quiero volver a escuchar que dices esas cosas, ¿está bien? Aquí nadie tiene la culpa de nada.
Ambos chicos asintieron; Mickey esbozaba una enorme sonrisa que a Leonardo le pareció la mejor de las recompensas; Donny también sonreía, pero en el fondo sabía que las cosas no serían tan fáciles; si bien sabía que las palabras de Leo en cuanto a Miguel Ángel eran sinceras y que no le culpaba de absolutamente nada, dudaba mucho que aquello de "la arena ha quedado atrás" pudiese considerarse del todo real.
Avanzaron juntos hasta el centro de la pequeña casa; Leo se sentó en una de las viejas sillas del comedor, Mickey, se sentó en el piso, a su lado y Donny en otra silla cercana a él; Abril ocupó la que se hallaba del otro lado de la mesa y su madre la situada en la cabecera. Leo sonrió al verlos a todos ahí, a su alrededor.
-Extrañaba tanto esto…- Murmuró, mirando alrededor suyo y sin dejar de sonreír.
-¿Qué tal es el Capitolio?- Preguntó Abril, ansiosa; su madre la miró con reprimenda, al tiempo que le daba un leve manotazo en el brazo.- ¡Auch!
-¡Niña, no preguntes esas cosas!
-Es enorme.- Respondió Leo con serenidad, mirando dulcemente a Magda, dándole a entender que no tenía inconveniente alguno en responder aquellas preguntas.-La verdad, lo que muestran en televisión es poco a comparación con la realidad.
-El… el fuego…- Interrumpió esta vez Mickey, mirando a su hermano con sus enormes e inocentes ojos.- el del traje del desfile…
-¡Eso estuvo fantástico!- Añadió Abril con emoción.- ¡Y el de las entrevistas también!
-¿Era real?- Completó Mickey lo que quería preguntar.
-No, era una creación de Cinna, no era real, así que no manaba calor y no quemaba… la verdad no sé cómo hizo eso.
-Debió ser algo de alta tecnología…- Murmuró Donny, pensativo; le habría encantado poder conocer cómo se hacían esas cosas.
-Cinna…- Dijo Abril con tono pícaro y mirando a su amigo con una expresión similar.- ¿Así que… es "tuyo"? Eso dijiste, ¿No?
-¡¿Qué?!- Soltaron a la vez Mickey y Donny. Ellos no habían visto la transmisión en vivo de aquella pequeña discusión sostenida entre Leo, Usagi y Tyrene en la cueva, sólo habían visto las repeticiones dónde mataban a la chica del siete y Leo disponía de Dominus, y en esas no pasaban aquella amena convivencia entre tributos, por lo tanto, no sabían de lo que Abril estaba hablando.
Leo miró a su amiga, sonrojado, con una mezcla de azoramiento y ganas de matarla.
-Sí, es mi estilista, ¿contenta?- Desvió la mirada y el rostro, con un gesto de incomodidad que le sentaba muy cómico. La pelirroja se echó a reír mientras su madre le susurraba que se comportara.
-¿Cómo es que te hiciste de un club de fans?-Preguntó esta vez Mickey, cuya mente, siempre llena de preguntas, pasaba página sobre la pertenencia de Cinna y quería saber más sobre lo que su hermano hizo en la ciudad.
-Bueno, de hecho eso fue gracias a ti.
El niño no entendía las palabras de su hermano; Leo, al notarlo, rió suavemente.
-Debo admitir que cuando Haymitch me dijo que debía hacer que el público me quisiera… para obtener patrocinadores y esas cosas, me sentí en un aprieto, es decir… ya saben… yo no soy del tipo conversador y eso…
-Lo sabemos.- Contestaron Mickey, Donny y Abril a coro; Leo los miró algo enfurruñado.
-…pero…-Añadió, tratando de hacer cómo si no lo hubieran interrumpido.-… me puse a pensar, ¿cómo hace Miguel Ángel para salirse siempre con la suya?- El aludido dio un respingo y esbozó una gran sonrisa; Leonardo continuó.- veamos, pone los ojos así… sonríe así… hace esa expresión de que no rompe ni un plato cuando de hecho ya casi se acabó todos los que tenemos…- Mickey se enfurruñó un poco, pero Leo le pasó la mano por la cabeza, acariciándolo cariñosamente.- Y listo, dio resultado… así que, gracias, por ti logré salir airoso en las entrevistas y que la gente me quisiera.
-Salir de las entrevistas, lo creo.- Replicó Mickey, apoyando sus brazos sobre la pierna de Leo y colocando su mentón sobre estos.- Pero que la gente te quisiera… eso lo lograste tú solito.
Leo le sonrió de nuevo, volviendo a acariciar su cabeza; luego se giró hacia Donny.
-Y gracias.- Añadió.- Si no fuera por ti no habría logrado curarme del veneno de rastrevíspulas ni despistarlas.
Esta vez fue Donatello quien sonrió cómo un niño pequeño que no cabía en sí del orgullo y la alegría que sentía al saber que sus "escasos" conocimientos le habían servido a su hermano; aquellos detalles, por muy pequeños que fueran, les daba a ambos la sensación de haber estado en compañía de Leonardo en aquel lugar, como si hubieran podido estar a su lado, dentro de la arena, apoyándole y cuidando su espalda. Leo le acarició la cabeza igual que cómo hizo con Miguel Ángel.
-Gracias a ustedes estoy vivo… por ustedes tuve lo necesario para salir de aquel lugar.-Donny y Mickey volvieron a abrazarlo con fuerza.
-Nos da tanto gusto que estés aquí, Leonardo.- Dijo Magda, mirándolos con una dulce sonrisa.
-Será raro no tenerlos en la veta.- Agregó Abril.- Pero vendrán a visitarnos a menudo, ¿verdad?
Leo dio un respingo y las miró atónito.
-¿Qué están diciendo? Ustedes vendrán con nosotros.
-¿Qué? ¡Oh, no, Leo, no podemos!- Alegaba Magda, algo turbada. Abril escuchaba sin lograr procesarlo todo.
-No pensarás que las dejaremos aquí, ¿o sí?- Insistió el muchacho.- Esas casas son muy grandes, hay espacio para todos y además, ustedes son parte de la familia.
-Bueno… sí, somos como familia, pero…
-No sólo somos "como" familia, Mag, eres como nuestra madre… eres nuestra madre.- Se corrigió Leo.-Además tú eres legalmente responsable por nosotros, la ley te obliga a seguirnos, no tienes alternativa.- añadió con una sonrisita triunfal por aquel argumento ineludible que acababa de usar.
La mujer sonrió, vencida.
-De acuerdo… muchas gracias, muchacho.
-¿Entonces… nos vamos también?- Preguntó Abril, incrédula, mirando a su madre y luego a Leo.
-No pensabas que íbamos a dejarte aquí sola.
La pelirroja sonrió, abrazando al muchacho con alegría.
Después de varias horas de charlas y risas, todos fueron a dormir, Leo no dejó que las O'neil abandonaran la casa para ir a la suya, siendo ya tan tarde, por lo que todos se acomodaron en los cuartos como les fue posible.
Leo, acompañado de sus hermanitos en la misma cama, les miraba con dulzura mientras estos dormían tranquilamente. Le alegraba tanto estar ahí, de nuevo con ellos.
Es verdad que aún había muchas cosas que de sólo pensarlas le preocupaban y asustaban; el fantasma que había visto en el desfile y cuya visión jamás compartiría con sus hermanos a fin de ahorrarles un mal rato, el odio que el presidente Saki le profesaba por haberle ganado en su propio juego, el hecho de pensar en que, dentro de un año… y de hecho todos los que le quedaran de vida, tendría que volver al Capitolio haciendo lo mismo que hacía Haymitch, acompañando a un niño o una niña a su muerte, luchando desde fuera por hacerle el paso por aquella arena lo más llevadero posible.
Había muchas incertidumbres en su futuro… pero como dijo Cinna, ahora estaba vivo, estaba con sus hermanos, eso valía todo lo que pudiera haber en ese mundo y por ahora quería disfrutarlo al máximo.
Seneca Crane había sido llamado por el presidente nuevamente, justo al día siguiente que el tren con el vencedor había partido al distrito doce.
¿Tenía miedo? Sería una mentira decir que no, sobre todo tomando en cuenta que no había conseguido lo que le habían encomendado; el presidente quería muerto a ese chiquillo y no sólo no lo había matado, sino que incluso había salido vencedor de los juegos, orillando al presidente a la muy humillante situación de coronarlo.
Crane temblaba de un modo inevitable, sus manos sudaban y su corazón se aceleraba a cada paso que daba, por muy lentos que fueran, por muy entrecortados, aquella agitación obviamente no era producto del esfuerzo físico, era el estrés a todo lo que daba.
Entró al lugar donde había sido citado. No había nadie, respiró algo aliviado al notarlo, pero igual trató de mantener la compostura; si entraba el presidente no quería que pensara que le faltaba al respeto.
El presidente entró; Crane se irguió e hizo una reverencia con sumo respeto.
-Señor, me dijeron que usted me había…
Pero no pudo completar la frase, pues Saki había llegado hasta él, atravesándole la garganta con las cuchillas de un guante que traía puesto en la mano. Retorció las hojas dentro del cuello del ex vigilante en jefe, al tiempo que este abría los ojos desmesuradamente y la boca como si buscara lanzar un último grito o bien, obtener aire, sin lograr ni una u otra cosa. Pronto cayó al piso, convulsionando, ahogándose en su propia sangre.
-Retírenlo.- Dijo, dando la media vuelta y saliendo de aquel salón por la misma puerta por la que había entrado, pasando a su oficina; se quitó el guante y lo dejó en el interior de un cajón de su escritorio.
-Hagan pasar a Heavensbee.- Dijo en voz alta. Segundos después, un hombre no muy alto, rubio, rollizo y de aspecto simpático a la par de respetable, ingresó en el lugar. Saki lo miró detenidamente.-Espero que tú no me falles, Plutarch.
-Procuraré no hacerlo, señor.- Replicó este, haciendo una pronunciada reverencia. Oroku Saki lo observó, complacido.
Rafael y Casey llegaron al distrito trece la misma tarde que Leo llegó al distrito doce.
En cuanto pusieron un pie en el perímetro del distrito, en aquellas áreas quemadas y arrasadas por el fuego en los Días Oscuros, un grupo de soldados les rodeó y los llevó con el general; este, furioso, los llevó ante la presidenta Coin.
Los dos chicos se hallaban ante el escritorio de la presidenta, como dos chiquillos ante el escritorio del director de la escuela. Casey se hallaba apenado por su conducta, pues jamás había faltado a las reglas del distrito, había crecido con ellas, eran los hábitos naturales que habían formado su carácter a fuerza de la costumbre, y jamás había hecho algo ni faltado a una regla que lo hubiese hecho acreedor de ser convocado ante aquella mujer; aunque sin embargo, por muy apenado que se sintiera, no estaba arrepentido, pues todo lo había hecho por un amigo y para él, la amistad era la base de todo, en especial en un ejército que pretendía luchar por la libertad y el bienestar de Panem; si no había una sólida amistad a prueba de todo que sustentara aquella armada, entonces la batalla, desde ahora, ya se hallaba perdida.
Rafael por su parte se encontraba sereno, con aquella tranquilidad que sólo puede dar el cinismo y lo "cara dura" cuando se tiene en el carácter desde el nacimiento. Sabía que había faltado a las normas del distrito trece de manera flagrante, pero no se arrepentía en lo absoluto e incluso, si tuviese que hacerlo otra vez lo haría sin dudarlo; sólo lo sentía por Casey, pues él sólo había pretendido ayudarlo y Rafa lo que menos quería era meterlo en problemas; así que si de algo servía, aceptaría tranquilamente y sin el menor de los problemas el ser expulsado del distrito, si eso querían, con tal de que perdonaran a Case.
Pero de ahí a renegar de sus acciones, jamás, ni enfrente de un pelotón de fusilamiento.
La presidenta entró en la oficina, pasó por un lado de los dos chiquillos y se sentó detrás de su escritorio; miró unos papeles que se hallaban sobre este con indiferencia, para luego mirarlos a ambos con cierta dureza y frialdad. Casey al notarlo se encogió un poco en su lugar; Rafael parecía mostrar aburrimiento en su expresión.
-Así que decidió ir al Capitolio durante su licencia, ¿Eh, soldado Jones?
-Sí, Señora Coin.- Replicó el chico de manera escueta y marcial.
-¿Y usted, soldado Hamato?
-Yo lo invité, así, que sí, también fui allá y todo fue idea mía, Casey no tiene la culpa de nada, acepto toda la responsabilidad.
-Fueron por los juegos, ¿No es así?
-Así es.- Repuso la tortuga sin chistar, incluso parecía aún más aburrido que al principio. La presidenta arqueó una ceja al mirarlo.
-Por tu hermano, ¿no es así? Tu hermano es Leonardo Hamato, ¿cierto? El "Chico en llamas".- La presidenta arqueó una ceja al tiempo que decía aquello.
Rafael la miró, arqueando también una ceja a su vez; algo en el tono de voz de aquella mujer le hacía desconfiar, había algo que no le agradaba; sin embargo sería una tontería negar la verdad, en especial cuando el mismo Leonardo había mencionado su nombre durante las entrevistas; por mucho que el Capitolio hubiese pretendido exiliarlo de la vida de sus hermanos, era obvio que para algunos no pasaba desapercibido y mucho menos por los apellidos y la especie.
-Sí.
La mujer dejó los papeles sobre el escritorio.
-No quiero que vuelvan a repetir estas excursiones al Capitolio sin permiso, recuerden que debemos ser cuidadosos, cualquier movimiento, cualquier descuido, podría ponernos en peligro y eso no puedo tolerarlo; ¿está claro?
-Sí, señora.
-Sí, ya que...
-Pueden retirarse.- Dijo la mujer sin mirarlos, aparentemente sin interés en ellos.
-Sí, señora.-Casey hizo un saludo militar y dio un codazo a la tortuga para que hiciera lo mismo; el chico no tuvo más remedio que imitar a su amigo, aunque sin ganas.
Los dos abandonaron la oficina; Casey respiró con tranquilidad.
-¡De la que nos salvamos! Temí que la presidenta quisiera exiliarnos o peor aún, nos echara del ejército... eh... ¿qué te pasa?
-Esto fue muy raro, ¿no te parece?
-Sí, no lo niego, a otros los han sacado de los escuadrones o les han quitado privilegios por menos que esto... ¿Por qué no nos habrá castigado?
-Simple... porque soy el hermano del "Chico en llamas".
-¿Qué quieres decir?
Rafael bajó más el tono de su voz; ambos seguían caminando, alejándose por el largo pasillo.
-Simple... que al parecer el Capitolio no es el único que está interesado en mi hermano.- Miró hacia atrás, a la oficina de Coin. Aquella mujer parecía tener un plan para Leonardo...
...aunque ella no contaba con que su hermano lo tenía a él para cuidarlo.
En cuanto amaneció, el alcalde del distrito doce apareció ante la puerta de la choza de los Hamato.
Era el responsable de escoltar a Leo y su familia a su nueva casa en la Aldea de los Vencedores; detrás de él ya se hallaba toda una horda de reporteros con sus cámaras listas para captar el gran momento, cuando la familia abandonara su vieja "pocilga" para entrar en el nuevo mundo que la "bondad" del Capitolio les brindaba.
Con desgano, la familia tuvo que tolerar la compañía de los reporteros, aunque le aseguraron a Leonardo que sólo serían las tomas de su arribo a la Aldea de los Vencedores, la toma de posesión de las llaves de la nueva casa y unas cuantas imágenes del interior de la misma; después de eso les dejarían instalarse en paz.
Y eso era lo que el chico anhelaba, más que nada porque traer las cámaras tras la espalda todo el tiempo ya le tenía harto.
El alcalde le hizo entrega de las llaves y Leo abrió la casa. Esta era enorme, de dos pisos, toda de madera, pero con elegantes acabados, tenían un amplio y florido jardín delantero, las paredes de afuera eran rojizas, y el interior amarillo suave; amueblada con elegante mobiliario de madera tallada y brillante, alfombra en la sala de pared a pared, y piso de duela brillante, con todos los servicios necesarios y los enseres de última tecnología, más un patio trasero, verde y enorme. Los reporteros tomaron algunas de sus impresiones, preguntando a la familia cómo se sentían del cambio, a lo que todos respondieron escuetamente y con tranquilidad.
Cómo lo prometieron, después de hacer alguna toma del interior del nuevo hogar de los Hamato, los reporteros se despidieron de Leonardo, prometiendo estar presentes para cuando las celebraciones oficiales dieran inicio. Leonardo respondió a eso con una amable y cortés despedida, más un suspiro de hastío.
Al quedar solos, la familia pudo entrar a la enorme casa de dos pisos y tomar verdadera posesión de ella en paz. Comenzaron recorriéndola con cuidado, casi como si se hallaran en una casa ajena y temieran romper algo que los endeudara de por vida; pero después, Mickey comenzó a correr por los pasillos, abriendo cada puerta que se le ponía enfrente, mirando cada cuarto y salón, tocando todo lo que se le ponía enfrente.
-¡Es enorme!-Gritaba el niño desde el extremo de uno de los pasillos, para luego correr alegremente a otro punto de la casa.- ¡Cuantos cuartos! ¿Ya vieron las tinas? ¡No son de madera!
-Miguel Ángel.- Le llamaba Donny, tratando de alcanzarlo.- deja de correr así, te vas a...
-Vamos, Donny, déjalo, está contento.- Le pedía Leo, con una sonrisa. El aludido esbozó una media sonrisa, derrotado.
-Lo consientes demasiado.- Le acusó, negando con la cabeza al tiempo que reía al ver pasar a su hermanito corriendo de regreso para ver otros puntos de la casa que había pasado por alto.
-¿Vamos a escoger habitaciones? ¡Yo quiero la grande!-Dijo Mickey, regresando ante sus hermanos después de su última carrera a la cocina.
-No, esa será la de Leonardo.-Le aclaró Donny.- Recuerda que él es la cabeza de la familia.
-Aaaw...
-De hecho, esa será la de Magda, ella necesita más espacio y es mayor que nosotros.- Replicó Leonardo, sonriéndole dulcemente a la mujer.
-No, hijo, no necesito algo así...- La mujer sonrió, apenada.- Ya has hecho demasiado por nosotras como para aceptarlo.
-Tomarás esa habitación y no discutas más, ¿Sí? Es la más apropiada para ti y me enfadaré mucho si sigues rechazándola.
-De acuerdo...- Suspiró la mujer, nuevamente derrotada.-Gracias.
-¿Entonces cuando nos vamos a instalar?- Preguntó Abril, casi tan emocionada como Mickey por la nueva casa.
En compañía de Magda; Leo y Donny trajeron las cosas que querían conservar de sus viejos hogares; la mujer había traído sus objetos personales y los de su hija, pues salvo eso y las cosas que quedaron de recuerdo del señor O'neil, no había mucho que quisieran llevar; Donny y Leo cargaron con las cosas personales de Mickey y las suyas, más las que habían quedado de Rafael y Splinter; entre ellas, el viejo sillón desvencijado que este último solía usar al llegar del trabajo; estaba raído y lleno de hollín, pero los hermanos lo consideraban invaluable, por lo que lo ubicaron en un lugar preferente en la sala, cerca de la chimenea, con aquellas cosas de repuesto que tenía en casa para ir a la mina, su fiambrera de cuero que solía suplir a la de lata cuando a esta se le descomponía la cerradura (aquella había quedado enterrada junto con su dueño en la mina), o su segundo casco, pues todos los mineros contaban con un par, lo cual era casi una gran cortesía por parte de la compañía minera.
Llegaban de la veta en una camioneta y un ayudante que el alcalde les había facilitado. Bajaban las pocas cosas y las metían en la casa entre todos.
-Buenos días... vecinos... ¿Qué tal va la mudanza?- Dijo una voz aguardentosa desde la casa contigua. Los chicos se detuvieron y vieron a Haymitch, recargado en el marco de la puerta de entrada de dicha casa; la suya. Tenía un aspecto deplorable, con la ropa desaliñada y el cabello revuelto; al parecer había estado bebiendo toda la noche y apenas podía sostenerse en pie; tenía una botella de licor blanco en la mano y los miraba ir y venir con una sonrisa socarrona en el rostro.- ¡Brindemos por eso!- Añadió, levantando la botella y luego dando un largo trago directamente de ella, para luego darles la espalda y entrar en el edificio, tambaleante, cerrando la puerta detrás de sí.
Leo suspiró; al parecer ya se le hacía tarde a su mentor para poder retomar sus viejos hábitos, ciertamente el haberse mantenido sobrio durante todos los juegos y las celebraciones posteriores ya había sido todo un récord para él... y ahora que lo conocía más, ahora que él mismo había pasado por lo que Haymitch pudo haber pasado en la arena, hasta lo comprendía; tomó el sillón de su padre y entró en la casa, ya visitaría a Haymitch después. Donatello por su parte miraba hacia la casa del vecino y luego miraba a su hermano, con un nudo en la garganta y la desazón apoderándose de su corazón.
Luego de meter todas las cosas y despedir al de la mudanza, fue la repartición de habitaciones; aquella casa contaba con una habitación principal, la cual era la más grande y espaciosa, y siete habitaciones extras que pese a no ser tan grandes como la otra, no dejaban por ello de ser enormes; cada una contaba con su propio baño, camas con dosel y sus pisos, como el de la sala, se hallaban alfombrados de pared a pared.
Leo dejó a Magda en la habitación principal y no aceptó un "no" cómo respuesta. La habitación más cercana fue para Abril, quien no cabía en sí de la emoción de tener semejante espacio para ella sola, pues siempre había dormido en el mismo cuarto que su madre.
La contigua fue para Miguel Ángel, y aunque el niño lamentaba el no dormir junto a sus hermanos como siempre solían hacerlo, tampoco podía negar que le encantaba la idea de tener su propio cuarto, el cual ya amenazaba con dejar hecho un verdadero desastre; Donny tuvo que advertirle que no le permitiría tenerlo en desorden o sucio y que le revisaría constantemente que lo mantuviera en condiciones; esta vez él tuvo que imponerse ante el hiperactivo hermanito, pues Leo parecía demasiado ocupado en reírse como para llamarle la atención; viéndolo revolotear de un lado a otro mientras derribaba cosas en su distraído paso.
-En serio, lo consientes demasiado.- Repitió Donny, negando con la cabeza.
La siguiente habitación fue la de Donatello; y aunque no lo demostrara tanto, el chico estaba feliz con ella; Leo pudo saberlo por aquel brillo especial en sus ojos y la sencilla sonrisa que adornaba su rostro.
La siguiente habitación la tomó Leonardo, y en la siguiente a la suya dejó los objetos personales de Rafael, acomodándolos en los muebles como si él estuviera ocupándola. El resto de la familia no dijo nada al respecto, dando así su muda aprobación a la decisión del mayor; ellos también consideraban que Rafael merecía un cuarto en aquella nueva casa... aunque no pudiera ocuparlo nunca.
Leonardo se sentó en la sala, escuchaba el ir y venir de su familia que aun terminaban de instalarse y acomodar las cosas en sus nuevas habitaciones. Suspiró, sonriendo al fin. Aún con las dudas sobre lo que el futuro pudiera depararle, pero sintiendo que por lo menos, bajo aquel techo, tenía todo lo que podría ayudarle a enfrentar cualquier cosa que viniera.
Fin del Fic I
Nota: Sí, respondiendo a muchas que lo preguntaron y para los que se lo pregunten ahora. Me pienso seguir con el resto de la saga, pero en dos fics extras; así que pronto subiré el siguiente: "Boy on Fire" Espero que les haya gustado esta historia y contar con su compañía en la siguiente. Gracias :D
