Estoy tratando por todos los medios cumplir el reto y, a la vez, mantener cierta coherencia respecto a los prompts intentando no sonar desganada ni que me quede mal. Os digo esto porque no me parece que le haya hecho mucha justicia a esta canción, y eso me pone triste. Es preciosa y me hubiera gustado que hubiese salido más adelante, porque en serio, suena a canción de folleteo -pero folleteo del bonito- y ha sido muy awkward escribir con esto de fondo xDD
También tengo que confesaros que he hecho un poco de trampa. Kuekuekue. Si alguien sabe decirme por qué, os doy un lindo premio.
Ojalá hubiese podido dar más de mí con este. Sigh. Aquí la tenéis: /watch?v=udBP7poismk.
¡Muchas gracias a las que aún seguís ahí! Sois amor del bueno.
Disclaimers: Evidentemente, Sherlock y todos sus personajes pertenecen a Sir Arthur Conan Doyle. La imagen del avatar es un dibujo de la artista Reapersun. Los títulos de los capítulos, así como la frase introductoria de cada uno, hacen alusión a canciones del grupo The Beatles.
6
Something
Me preguntas si mi amor crecerá. No lo sé, no lo sé. No te alejes y quizá lo veas.
Algo primigenio en él estaba despertando. Era inminente, Sherlock lo sabía y supuso que John lo deducía. No porque el doctor fuera inteligente, no. Al moreno le hizo gracia ese pensamiento y lo ocultó en una media sonrisa. Era porque Sherlock era el mecánico, el técnico, el lineal, y John el sentimental, el emocional. Tenía que haberse percatado de ello. Esperaba que así fuese, porque él no podía encontrar las palabras para aquello. Más que una cuestión poética o lírica, era un asunto de incapacidad y falta de entrenamiento.
Y es que Sherlock no estaba preparado para los días aburridos en los que John se pasaba todo el tiempo en la clínica. O cuando se iba un fin de semana a visitar a Harry. O cuando salía con una mujer.
Sobre todo cuando salía con una mujer.
Tocó el violín mientras John escribía en el blog. Cerró los ojos y se movió por la habitación, simplemente pensando en la música, sintiéndola en la yema de los dedos. Ya no tocaba para sí mismo, sino para John. Por John. Muchas cosas de las que hacía eran ya por el doctor. La mejor parte de Sherlock era John.
Culminó con una nota alta y algo estridente, pues desafinó a propósito por la rabia. John dio un respingo. No estaba dispuesto a perderlo, ni a compartirlo. John era suyo. Estaban enlazados, uno era el nexo del otro. Siempre había escuchado eso de las almas gemelas, pero no esperaba que le fuera a pasar a él, ni a ese nivel.
—John, quiero proponerte algo.
El doctor dejó de teclear y se volteó en la silla, viendo cómo Sherlock apoyaba delicadamente su violín y el arco en el sofá. Alzó una ceja, expectante.
—¿De qué se trata?
Sherlock empezó a caminar, meditabundo, y juntó las yemas de los dedos cerrando y abriendo las palmas. Entrecerró los ojos, cavilando.
—Partiendo de la base de que nuestra relación ha llegado a un punto en el que no solo compartimos alquiler, espacio e incluso historia, sino que hemos llegado a compenetrarnos de una forma íntima y puramente platónica, instaurando una especie de pauta exclusiva entre nosotros que no repetimos ni ejecutamos con otra clase de personas, no me importaría considerar realizar un cambio en la ruta de nuestra relación en el ámbito emocional, no físico, ni pondría objeción a sopesar la posibilidad de que dejáramos de negar que somos pareja.
Sherlock miró a un confuso John y le dio tiempo para que asimilase la información. El simplón y cortito John Watson. Podía esperárselo de Irene Adler, o incluso de Jim Moriarty, ¿pero enamorarse del doctor John Watson?
Fácil, porque no estaba enamorado, se repetía a sí mismo siempre. Era algo más importante y significativo que eso.
Frunció el ceño cuando John rió. Se carcajeó tan fuerte que se retorció en la silla y se apretó la barriga con una mano. Sherlock dobló los labios. No había sido una risa despectiva ni socarrona, pero aún así no le gustaba. Quería que John se quedase anonadado, como solía ocurrir, no que se riera de él.
—Espera un momento, Sherlock... ¿Me estás pidiendo que salgamos juntos?
—Si te parece una idea tan hilarante entonces será mejor que lo olvidemos.
—No es eso, idiota, lo que pasa es que la cosa no funciona asi. Cuando le pides algo así a alguien tienes que procurar que no suene como un contrato.
Sherlock arrugó la nariz y dibujó una mueca de desconcierto, casi de fastidio. John sonrió de lado. Tal y como él suponía.
—¿Entonces qué se supone que se requiere para ser una pareja?
—Bueno...—torció los labios y miró hacia el techo, meditándolo.—Supongo que no se necesita requerimientos, simplemente surge y ya está. No se trata de marcar a alguien como si fuese tu propiedad, si no de... No sé, tener cierta afinidad tanto afectiva como física. Querer abrazarse y besarse con esa persona, salir algunas veces, hacer cosas juntos... Ese tipo de cosas. ¿Entiendes lo que te quiero decir?
El gesto de Sherlock se descompuso en uno de completo disgusto y acabó levantando una comisura, mostrando su desacuerdo. John suspiró, resignado.
—Parece bastante tedioso. E innecesario.
—Sabía que pensarías así.
—De todos modos nosotros no funcionamos como los demás. No necesitamos esas cosas para ser una pareja.
John rodó los ojos y se prometió ser paciente. Sonrió y se levantó resoplando levemente, colocándose frente a Sherlock. Quiso reconfortarlo, pero no sabía cómo hacerlo sin tocarle. Desde el inicio de su relación había comprendido que si quería algún tipo de acercamiento, tenía que esperar que el moreno la iniciase para que no fuera violento ni obligado. No iba a invadir su espacio personal sin permiso, Sherlock avanzaba a un ritmo distinto que el de las demás personas. John era consciente de ello, y aún así no le importaba.
—No se trata de hacer esas cosas como si completases una lista. Sherlock, no me voy a ir a ninguna parte. Sea lo que sea, pase lo que pase, esperaré. No te agobies. Sé que aún no puedes corresponderme, simplemente no lo fuerces.
Sherlock apretó la mandíbula varias veces, parecía consternado. John le dio una simples palmadas en el brazo, calmándolo. Últimamente se sentía más una madre que otra cosa. El detective hizo un ademán, se veía como si fuera a acercarse al doctor, pero no terminó la acción. John no preguntó.
—Gracias.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Sherlock sonrió de verdad.
