Disclaimer: Bakugan no me pertenece.
Keith Clay se limpió las lágrimas… Al leer la ¿ultima? Carta de su primo.
Ni más ni menos, que una petición de entregar sus cartas a su ángel-conejo
Con un suspiro cansado, giro su vista hacia las cartas, y con duda… tomo una, ninguna tenia remitente, ni siquiera el nombre de a quien iban dirigidas…
Con más cansancio aun, se dejó caer en una silla y se tallo los ojos…
¿Lo haría? ¿Sería capaz de ir y entregar las cartas a la vez que le decía aquella persona que su primo había muerto?
Aunque… ¿Quién diablos era esa persona?
