He despertado en una habitación cubierta de oscuridad, las ventanas y la puerta han sido cerradas con llave. Intente levantarme de la cama pero mis piernas no me respondieron por lo que golpee de lleno contra el piso, he intentado levantarme un par de veces más pero no lo he conseguido y la verdad estoy muy asustado. El sonido de la puerta me pone en alerta, a rastras intento escabullirme debajo de la cama pero no lo he conseguido a tiempo, una hermosa mujer de largos cabellos negros ha entrado a la habitación acompañada de un hombre quien me levanta con inmensa facilidad y me deposita nuevamente en la cama para luego abrir las ventanas.

La intensidad de la luz lastima mis ojos y me ciega momentáneamente, justo en ese momento puedo sentir un pinchazo en mi muñeca izquierda; no pasa mucho tiempo antes de comience a sentirme mareado y desorientado, escucho la voz de la mujer muy lejos a pesar de que ella está sentada a mi lado solo he distinguido de sus palabras el nombre de Pandora. Siento la boca seca y mucha sed, me cuesta trabajo mantener mis ojos abiertos pero lo que más me preocupa es que mi cuerpo esta entumido ¡¿Que está pasando?! No puedo moverme, mi voz no la escuchan y por más que trato no puedo evitar el caer en la inconsciencia.

Pandora sonrió complacida al ver al joven inconsciente, mociono al hombre que la acompañaba y este salido dela habitación inmediatamente. - ¡No te preocupes, te prometo que todo pasara pronto! – Susurro la mujer al oído del peliverde. Minutos después el joven se encontraba recostado sobre una plancha metálica, sus manos habían sido fuertemente atadas a esta, Farao sacaba lentamente de la piel del menor la larga aguja de la jeringa con la cual inocularon un fuerte sedante, todo estaba listo solo tenía que esperar a su señora.

- ¡Farao!, ¡¿Que demonios estas esperando?! ¡Hazlo de una vez! – Ordeno la mujer frente a él.

El aludido giro sobre sus talones para tomar un sello, aquel sello estaba hecho de metal y llevaba varias horas en el fuego, a la señal de Pandora Farao lo coloco en medio de la espalda y la cadera del mucho sin embargo la joven pelinegra no estaba satisfecha por lo que ordeno al egipcio que hiciera la marca tan profunda como fuera posible. Aquel metal al rojo vivo destrozaba a su paso la nívea piel del menor quemando y atravesando capa tras capa de carne cual si fuesen mantequilla, pero si la joven deseaba una marca profunda era lo que debía hacerse.

Shun despertó gritando de manera desgarradora, debido al intenso dolor su cuerpo temblaba de manera incontrolable, copiosas lagrimas escapaban de sus ojos pero no había nada que pudiera mitigar el intenso dolor de su cuerpo. Lo habían marcado cual ganado y tan profundamente como les fue posible, en medio de su agonía llamaba desesperado a su hermano y clamaba a los dioses piedad pero parecía que estos no estaban dispuestos a escucharlo; se retorcía pidiendo ayuda, por lo menos que lo desataran para atenderse el mismo aquella herida. ¡Ayúdenme! ¡Por piedad, se los suplico! Era lo que gritaba una y otra vez, fueron varias horas de sufrimiento hasta que un joven de cabello blanco atendió a sus suplicas, sedándolo para no sentir más.

Despertó de nuevo en aquella plancha, había pasado varios días después de aquello y su herida había cicatrizado casi por completo. Intento ponerse en pie pero sus piernas estaban entumidas por lo que se desplomo casi de inmediato, tratando de ponerse en pie se apoyó de algunas mesas y mueble que no soportaron su peso, solo la plancha donde minutos antes estuvo recostado le sirvió para incorporarse un poco. No sabía dónde estaba o como había llegado allí o por qué le habían hecho algo tan horrible solo tenía claro el hecho de escapar.

- ¡Vaya! Asi que ya despertaste – Dijo una voz a sus espaldas

Shun se giró para encarar a su interlocutor sin dejar de apoyarse en la plancha, hizo acopio de todas sus fuerzas para ponerse en pie sin embargo cuando intento avanzar golpeo de lleno contra el piso. Aquel hombre se burla descaradamente del peliverde, era como si disfrutara del sufrimiento del menor. Lentamente se acercó mirándole directamente a los ojos, aquellas esmeraldas reflejaban el miedo y la confusión que Shun tenía en ese momento; el cuerpo del menor comenzó a temblar y en vano intento escapar de su captor pero todo era inútil su cuerpo no reaccionaba como debería, los efectos del sedante aún estaban presentes en su cuerpo haciendo sus movimientos demasiado lentos y torpes.

- ¡Escúchame bien mocoso! – El hombre de piel morena mientras tomaba al menor de los cabellos - ¡Jamás podrás escapar de este lugar, ni siquiera con la muerte! – Espeto mientras sacudía violentamente la cabeza de Shun

Con suma facilidad el egipcio levanto a su interlocutor y literalmente lo arrojo contra la plancha, el joven había dado de lleno contra el frio metal y a causa del impacto comenzó a tener dificultades para respirar; una aguja fue insertada en su muñeca izquierda, esta descargo lentamente un líquido extraño en el interior de su cuerpo, pronto comenzó a gritar y a retorcerse de nuevo sentía como si un corrosivo acido le quemara por dentro. No paso mucho tiempo antes de comenzar a convulsionarse sobre la plancha, los violentos ataques incrementaban su intensidad, sus pupilas estaban sumamente dilatadas, de su boca y nariz escurrían hilos de sangre ante la mirada indolente de su captor hasta que de la nada el menor dejo de moverse.