El día de las primeras audiciones había llegado pero Tori estaba muy triste para asistir a eso y a Hollywood Arts. Ese día para su madre estaba enferma y para Trina era la oportunidad de conseguir el papel como Liliana. Estaba dando vueltas y vueltas por su recamara mientras leía el libreto de Jumeo y Pregullo. Había considerado la posibilidad de dejar la obra y dejarle el camino libre de preocupaciones a Jade.
Esa mañana su teléfono había sonado unas veinte veces, eran mensajes de Beck, llamadas de Beck y mensajes de voz de Beck. Mientras ensayaba la página del libreto en la que Lyon le decía a Liliana: Tú significas un nuevo comienzo para mí, por eso seré siempre tuyo; Le entró un nuevo mensaje de voz de Beck
—Tori, por favor responde. —dice esperando un rato con la esperanza de que va a responder. —Está bien, si quieres no respondas. Pero por favor escucha. Estos ensayo son importantes, esta obra es importante. —dice y al parecer no tiene nada que decir a diferencia de los otros veinte mensajes. — ¿Sabes qué? No tienes que llegar a los ensayos pero ve a la hora de almuerzo al Karaoke Doki. —dice todavía con una esperanza. —Este es el último mensaje que te dejaré. Pero no me rendiré. —y lo deja muy en claro, no dejará de insistir.
Tori está cansada y piensa en dormir pero descarta la idea ya que si duerme, soñará con Beck. Él beso que ella le dio anoche fue tan intenso que era difícil olvidarlo.
—No será fácil olvidarte, Beck. —se dice para sí misma dejándose caer en la cama. Voltea su cabeza y se encuentra con una foto de ellos dos que él le regaló para su cumpleaños. —Pero será lo mejor.
Mientras tanto en Hollywood Arts…
Cat y Robbie estaban ensayando una de sus escenas románticas mientras Beck miraba cada cinco minutos su celular para verificar si hay nuevas respuestas, pero es en vano.
— Beck, dale su tiempo. —dice André sentándose a su lado.
— ¿Sabes algo de ella? —le pregunta decepcionado.
—Puede ser. —e inmediatamente la expresión de Beck cambia completamente. —Beck, no. —desaprueba inmediatamente André en el momento que leyó sus pensamientos.
—Vamos, André. —ruega Beck.
—No. —repite firme y fiel a su amiga.
—Vamos, André. Sólo necesito verla una vez. —insiste Beck.
—Está bien. —cede André después de unos momentos. —Pero sólo una vez.
—Gracias viejo. —agradece emocionado Beck. —Tengo un plan. —dice y le susurra en el oíd su idea.
—Brillante. —se sorprende André.
Mientras tanto en casa de Tori…
Tori estaba muy estresada, tenía tanto dolor dentro de ella y no sabía como liberarlo. De repente, como un relámpago a su cabeza, le llegó una idea. Se sentó en su piano de madera fina y colocó unas partituras.
Say you're sorry
That face of an angel comes out just when you need it to.
As I paced back and forth all this time
'Cause I honestly believed in you
Holding on, the days drag on
Stupid girl, I should have known I should have known
That I'm not a princess, this ain't a fairytale
I'm not the one you'll sweep off her feet
Lead her up the stairwell
This ain't Hollywood, this is a small town
I was a dreamer before you went and let me down
Now it's too late for you and your white horse to come around
Luego de esas palabras pensó que iba a llorar desconsoladamente, pero al contrario. Ya no había lágrimas en ella. Ya no le quedaban las suficientes fuerzas para seguir sufriendo, ese era un avance. El timbre suena en su puerta, suspira cansada.
— ¿Quién es? —grita Tori.
—Soy André. —dice. —Abre. Tengo una sorpresa. —ruega André muy emocionado.
Tori se levanta lentamente, abre la puerta y se dirige hacia su cuarto.
— ¿Qué pasa André? —pregunta tirándose en su cama y estrellando una almohada sobre su cara.
—Quería saber como estás.
—Estoy mejor. —dice quitando la almohada. —Pero no voy a hacer la obra.
— ¿Qué? —pregunta con su ton o chillón.
—Planeaba hablar con Sikowitz esta tarde. —dice volviendo a estrellarse la almohada.
—Tori no lo hagas. —dice una voz familiar… pero no es la de André.
En cuanto escucha esas palabras la piel se le pone chinita y queda completamente helada. Su pena en ese momento es tan grande que ni siquiera se quita la almohada para decir las siguientes palabras:
— ¿Qué haces aquí, Beck?
—No llegaste al Karaoke Doki. —dice.
—Quiero que te vayas.
—Tori, yo…
— ¡Quiero que te vayas! —grito Tori poniéndose en pie, es entonces cuando nota que André está en la puerta de su cuarto y Beck está, ahora, a menos muy poca distancia de ella.
—Tori. —dice oliendo su perfume. —De aquí no me voy sin hablar contigo.
Tori se quedó perpleja y se sorprendió de lo insistente que puede llegar a ser Beck, y pensando muy bien lo que iba a hacer dijo ferozmente:
—Si no te vas tú, me voy yo. —dice dirigiéndose hacia la puerta pero André no se mueve. —Hazte a un lado, André. —dice pero André no se mueve. — ¿André?
—Lo siento, Tori. —dice André empezando a cerrar la puerta y antes de eso le dice: —Creo que deberías de hablar con él.
Cierra la puerta y Tori frustrada se vuelve hacia Beck.
— Plan tuyo, ¿no? —insinúa ella.
—Sí, ingenioso, ¿no crees?
—Beck, ¿por qué estás aquí? —pregunta dirigiéndose hacia la ventana.
—No llegaste a los ensayos y…
—Renunciaré a la obra. —le dice antes de que fingiera que se preocupó por ella, se preocupó por el plan.
—No lo hagas. —le susurra al oído, le acaricia el brazo y Tori queda embriagada por el momento. Beck desde atrás le da un beso en la mejilla, y al ver que Tori no reaccionó violentamente, se fue acercando a sus labios. En menos de dos besos, estaba saboreando los labios de su soñadora.
Tori se deja llevar por un momento, sabiendo perfectamente lo que está haciendo, lo besa una, dos, tres veces hasta que se da cuenta de que sus besos le agradan cada vez más. Cuando el beso acaba, Beck la toma por el rostro y la besa una vez más, sin ganas de que ese momento acabara. Cuando se separan, Tori le estampa una estruendosa bofetada en la cara.
— ¿Ahora qué hice? —dice y siente que está volviendo a los tiempos de Jade.
—No te cansas de burlarte de mí. —dice con los ojos hundidos en lágrimas.
—No me estoy burlando de ti. —aclara desesperado. —Trato de demostrarte cuanto significas para mí.
— ¡Yo no significo nada para ti, Beck! —dice haciendo un ademán de exasperación.
—Siéntate, Tori. —dice tomándola del brazo hacia la cama. — ¿Sabes? He tratado de ponerme en tu lugar, y he entendido que, después de vernos a Jade y a mí cantar, abrazarnos y besarnos en los momento más inoportunos pienses las cosas más equivocadas. Pero si sólo sintiera una amistad por ti, yo no actuaría de la manera en la que tú lo estás haciendo. Y por más que repaso esos escenarios en mi mente, no logro ubicarme en el momento en que las cosas se desviaron.
Esas palabras le hicieron ver a Tori que no esa la única que está pasando por un mal momento, tal vez le debía a Beck un último voto de confianza.
—Es porque ni siquiera yo estoy segura de cuando empezó todo esto, Beck. —suspira. —No estoy segura si fue en mi primer día en Hollywood Arts, si fue la primera vez que cantamos tú y yo o… —hace una pausa y recoge fuerzas para el resto de la conversación. — O si fue en las audiciones.
— ¿En las audiciones? —rectifica Beck y ella asiente con la cabeza. — ¿De la obra de Sikowitz? —dice todavía incrédulo. —No te sigo, Tori.
— ¡El beso de la audición! —lo agita por los hombros tratando de hacerlo reaccionar y bajo un descuido lo acerca mucho a ella, y cuando lo nota lo aleja. —No sé porque. No tengo idea de porque ahora y no antes, de porque en estos momentos justamente. —dice sintiéndose una niña cursi de primaria. —Lo único que sé, es que desde ese momento… pienso diferente. —suspira.
—Pero no dejes la obra. —insiste Beck.
—Beck… —dice Tori dispuesta a olvidar el asunto.
—No, Tori. —dice tomándola de las manos y por instinto, y costumbre, Tori las aparta. —No me dejes solo en eso. Si no lo haces por mí, hazlo por ti.
¿Por mí?, pensaba Tori.
—Por ti Tori. —dice Beck. —Me siento terrible por haberte herido.
—No era tu intención. —susurra tratando de justificarlo incluso en esos momentos.
—No es excusa. —prosigue Beck. —Por eso no te estoy pidiendo que sigas por mí sino por ti. Por ti Tori. Yo no merezco tu sentido del humor, tu buena vibra, tu sonrisa luminosa que sale en los buenos y malos momentos y como te encanta tanto sonreír siempre dibujas una en los labios de la persona que esta a tu alrededor. Pero yo, después de lo que hice, nunca seré digno de eso. Demuestra que vales mucho más que un patán, como el que está sentado junto a ti. Demuestra que nadie, mucho menos un tarado sin ingenio puede herirte porque eres fuerte, independiente, digna, feliz, astuta y… —dice y al querer concluir se encuentra con sus ojos. —Soñadora.
Tori lo estaba mirando pero no con la pared que ha intentado construir entre ellos sino con una sonrisa que le hubiera dirigido si nada de lo que ha pasado hubiera pasado.
—Está bien. —cede Tori. —Por mí.
André abre la puerta y se detiene antes de entrar.
— ¿Todo bien? —pregunta. —No he oído tantos gritos como creí que iba a oír.
—Se me acabaron los gritos. —responde Beck sin quitarle la mirada de encima. —Y también las palabras.
